All language subtitles for La Embajada 2016 E03

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Original subtitles

Esta mierda no funciona.

Encima se queda con el dinero.

¡Panda de chorizos!

(Golpes sobre chapa metálica)

(Bote rodando al cajetín)

No es difícil, hay que saber dónde dar.

"Señoría, tenemos que aceptarlo".

En todas las instituciones, todos los partidos

y todos los organismos hay corrupción.

Quien diga lo contrario, miente.

La corrupción es patrimonio de todos.

No me refiero solo a economía o a política.

Si traicionamos a un compañero, si llamamos a un amigo

para que nos adelante en la lista de espera...

La amistad es una cuestión moral.

¿Está justificando la corrupción?

No. Por supuesto, señoría. Nada más lejos de mi intención.

Quiero decir que la corrupción existe, está ahí,

que lo realmente importante es saber cómo debemos actuar

cuando se descubre a un corrupto.

Y aseguro que nosotros reaccionamos de inmediato cuando lo descubrimos.

(Móvil)

¿Diga?

"Buenos días, embajador. Francisco Cadenas".

¿Quién? Francisco Cadenas.

"Ah. Dígame".

Seguro que llamo en mal momento. Siempre me lo dicen.

Bueno, nunca es buen momento para molestar, ¿verdad?

"¿Cómo está su hija? ¿Se ha recuperado ya?".

Hay cosas de las que uno no se recupera nunca.

Pero sí, está mejor, gracias.

"Me alegro, me alegro muchísimo, de verdad".

¿Qué es lo que quiere, Cadenas?

Mire, si no fuera importante, no lo llamaría.

Bueno, importante para mí, porque a usted no va a costarle nada.

Se trata del primo del rey, llevo semanas detrás de él

intentando que me dé una cita, pero no lo consigo.

¿Eh? Es por lo del tren.

"Ya sabe que aquí lo que dice la familia real va a misa.

Bueno, aquí y en todas partes, ¿verdad?".

¿Le importa que lo dejemos para otro día?

"No, ese es el problema. Se va mañana de viaje.

Su secretaria me está dando largas. Me dice que me va a recibir hoy,

pero no me fío, no sería la primera vez que me da plantón".

Lo siento, Cadenas, pero...

"Invítelo a comer o tomar el té,

pero consiga que nos sentemos juntos un rato.

Al embajador de España no va a decirle que no.

¿Embajador?

Yo le di todo mi dinero".

¿Así que era eso?

"No, no, entiéndame bien.

Lo hice muy a gusto, era una buena causa.

Pero me he quedado a dos velas

y lo único que le pido es que haga una llamada, una.

¿Qué me dice?

¿Le digo a mi secretaria que le pase datos?".

Está bien, dígaselo.

Muchísimas gracias, embajador.

Ya sabía yo que no me iba usted a fallar.

Muchas gracias.

Ya está.

Bueno, tampoco dramatizamos.

Es una cita con el primo del rey, no con un delincuente.

Voy a procurar que el encuentro sea en la embajada.

Lo que tenga que hacer, que sea a la vista de todos.

A primera hora daré orden para que manden esto por valija.

¿Estás seguro?

No, no, no, el evento del Cervantes no se cancela.

El embajador no me ha dicho nada, no sé si a vosotros sí. Julio.

-No. De todas formas, ya está pagado el cáterin y el alquiler del equipo.

Si cancelamos, perdemos un dineral. -Con lo de la hija del embajador,

pensaba que quizás... -Tiene que ser mañana.

A saber cuándo pillamos hueco en la agenda del ministro.

(Móvil)

Hola. ¿Qué tal?

-¿Vamos? -Un segundo, que apago el ordenador.

-¿Tú cómo estás?

-¿A qué te refieres?

-Eduardo.

-¿Tanto se nota?

-Tenéis que tener más cuidado.

Igual que lo he visto yo, lo puede ver cualquiera.

-Bueno, no te preocupes, que esto se va a acabar pronto.

Tú no sabes cómo es Eduardo.

De hecho, ninguno sabéis cómo es, os tiene engañados a todos.

¿Sabes cuando empiezas un día a tontear, sin darle importancia,

y de repente te despiertas por las mañanas con ganas

de estar un rato a solas con él?

¿Que, conforme más imposible es, más lo deseas?

Pues eso es lo que me pasa mí.

¿Entiendes? -Me hago una idea.

Cónsul, ¿va a comer a casa?

(Motor arrancando)

(Golpes en el portón)

(Motor apagado)

¿Qué tal? ¿Te encuentras mejor?

¿Por qué lo dices?

El embajador no ha aparecido.

Lo que más le importa ahora es su hija.

Lógico.

La embajada funciona sola. si es listo, nos dejará trabajar.

¿Vas a comer a casa? Sí, sí. Me están esperando.

Dale un beso a Olga y a los niños. De tu parte.

(Motor arrancando)

A ver, cariño, vamos a intentarlo otra vez.

Una, dos y...

Venga, Samuel, mi vida.

Venga, ahí está. Lucas, cómete el yogur, cielo.

Venga, cómete el yogur y deja eso de una vez.

-¿Ha llamado el embajador?

-No. ¿Por qué iba a llamar aquí el embajador?

Venga, amor.

-¿No han ido al colegio?

-No, no han ido. Hoy tenían revisión.

Acabamos de llegar del hospital.

Te lo dije esta mañana, Bernardo.

(HABLA EN INGLÉS)

¿Qué pasa?

-Tenía que estar él ahí, en mi coche, justo cuando yo salgo.

¡Joder, me ha puesto de los nervios! -A ver, a ver.

Él, ¿quién? -Eduardo, Eduardo.

Se ha dado cuenta. Es como si me leyera la mente.

-¿Dado cuenta de qué?

¿De qué?

-Llevo casi un año...

guardando las facturas de la trituradora.

Se las he dado al embajador.

Sí, sí. ¿Qué esperabas que hiciese? ¿Eh?

¿Que me quedase esperando a que vengan a por nosotros?

Gracias a eso, vamos a tener protección.

-Si lo tuvieras tan claro, no lo harías a escondidas.

-No sabes lo mal que lo estoy pasando.

-Sí tengo idea. -No te imaginas aguantar a Eduardo.

Si se entera de lo que he hecho... -¡Basta ya!

Has hecho lo que tenías que hacer, ¿no? Pues ya está, ya está.

No le des más vueltas.

-¿Y eso cómo se hace, Olga? ¿Cómo?

Me siento culpable por lo que he hecho,

por lo que no hecho, incluso por lo que hacen los demás.

Tengo la culpa aquí metida. -¿La culpa?

La culpa, siempre la culpa, Bernardo.

Ya deberías estar acostumbrado a vivir con ella.

(ESTER RECUERDA, VOCES FEMENINAS EN TAILANDÉS)

(VOCES FEMENINAS EN TAILANDÉS)

(ESTER TOSE Y LLORA)

(ENFADADA) Si mandas esto a Madrid, tardarán meses en decirnos algo.

¡Meses! Y tendrás que seguir conviviendo y trabajando

con los que ha hecho todo eso! No vas a saber ni quiénes son

ni qué delito han cometido en nada. Por favor...

¿Has pensado que quizá tienen algo que ver con lo ocurrido con Ester?

Y si son capaces de algo así, ¿hasta dónde son capaces de llegar?

¡Dame esa bolsa, coño!

Vamos a ver, Claudia. Imaginemos por un momento que tienes razón.

¿Cuánto crees que tardaremos en sacarlo?

No sé, pero podemos llamar a alguien que nos ayude.

¿A quién? A alguien de confianza, por dios.

¿Cuánto pagasteis para que me soltaran?

Ah... No.

Solo queríamos que salieras... Papá, te estoy preguntando.

Nada, olvídalo. No pienses en eso. ¿No me vas a contestar?

No, Carlos.

Déjame a mí.

600 000 dólares.

¿Qué?

Ajá.

Lo sabían.

Sabían que ibais a pagar lo que les diera la gana, mamá.

Se inventaron lo de la droga para conseguir el dinero,

era una trampa seguro. ¿Y qué querías,

que te dejásemos ahí encerrada? ¡Mamá, tengo inmunidad!

No tenían ningún derecho a detenerme,

ni menos a meterme en esa puta mierda de cárcel, joder.

No ha sido fácil, Ester, y menos para tu padre,

que ya lo conoces.

Y cada minuto que pasabas allí,

te juro, cariño, que se nos hacía insoportable verte encerrada.

Ya lo sé.

Ya lo sé, pero... no va a servir de nada. ¡De nada!

Volverán a pedir más dinero cuando salga el juicio.

Ester, pues cuando salga el juicio ya lo solucionaremos.

Olvídate de todo ahora. Prométeme vas a dejar de darle vueltas.

Mamá, ¿sabes qué pasa? ¿Sabes qué pasa?

Que tú puedes salir del país, pero yo estoy aquí encerrada.

No tengo pasaporte y no puedo salir de Tailandia, ¿entiendes?

Y yo no me voy a marchar sin ti.

No me voy a marchar hasta que no puedas irte.

No. Tú vuelves a tu trabajo,

porque que te quedes aquí no va a solucionar nada.

Parece que llevamos aquí dos años y solo llevamos dos días.

Dos días de mierda.

Nunca pensé que la vida podía cambiar tan rápido.

¿Sabías que mis padres pagaron para sacarme de la cárcel?

-Fui yo a llevar el dinero.

-¿Tú? ¿A quién?

Carlos, ¿a quién le pagaste el dinero?

-Hubiese hecho cualquier cosa por ti.

-Es un puñetero círculo, ¿entiendes?

Los que me metieron la marihuana luego os pidieron el dinero.

Por favor, cuéntame la verdad. -Te estoy contando la verdad.

-¿A quién le pagasteis?

-Al dueño de un local en el Barrio Rojo.

Un funcionario de la cárcel; o eso me dijeron, no lo sé.

-¿Cómo coño sabíais a quién pagar? -Me lo dijo Roberto.

-¿Roberto?

-Me llamó para verme y me dio la dirección.

Pero no creo que haya sido él quien montó todo esto

para sacaros el dinero.

No lo sé. No sé.

Tal vez fue el funcionario este de la prisión...

Supo que habían detenido a la hija del embajador

y usó a Roberto para contactarnos, no lo sé.

No lo sé.

-Déjame sola, por favor.

¿Ester? Bien, mejor.

La verdad, está bastante bien, después de lo que ha pasado.

Venga, gracias, te llamo luego. Venga, hasta luego.

Schultz.

¿Es el anterior embajador? (CARLOS) A Luis no le gustará esto.

A Luis hay muchas cosas que no le gustarían.

Vamos a hacer una cosa.

Separemos de estas las amarillas. No son muchas.

Empecemos por ahí. ¿Qué haces? Para, para.

Ayudarte.

Por Ester.

Quiero saber qué hay detrás de todo esto.

Además... ¿Qué?

Sé tailandés.

(Llaman a la puerta)

Si nuestro amigo no aparece pronto, damos esto por terminado.

Más no puedo hacer. Tranquilo. Entendido.

Tiene que aprender a relajarse, esto no es España.

Aquí llevan otro ritmo. Y, aparte, va a ser divertido.

Aquí no se avergüenzan por hacer negocios.

¿Quiere decir que aquí es normal que se pague una comisión

a cambio de un contrato público? ¿Está de broma, embajador?

Aquí, allí...

Cobrar, presente de indicativo: yo cobro, tú cobras, él cobra...

El sistema es el mismo en cualquier lugar del mundo.

¿Quiere que se lo explique? Es muy ilustrativo, verá.

Mire, esta servilleta es el presupuesto total

de una obra pública.

Esto es para mí.

Esto para el que consigue el contrato.

"El Correa", para entendernos.

Esto para el político de turno.

Y esto para costes.

Y con esto se tiene que poder hacer la obra y tiene que sobrar.

Y si somos listos, todos ganamos mucho dinero.

Eso es lo que ha llevado a nuestro país al borde de la ruina.

Así ha sido siempre.

Y es verdad, algunos se han arruinado y otros se han forrado.

Así son las cosas. No, las cosas son

como nosotros hacemos que sean.

Sí, es verdad, y por eso usted cogió mi dinero,

para cambiar las cosas.

Dígame una cosa, Cadenas.

¿Le ha pagado usted comisiones a alguien de esta embajada?

Lo malo de ese tipo de preguntas es que luego nadie

quiere creerse las respuestas. ¿Qué prefiere que le diga?

(Llaman a la puerta)

(Puerta abriéndose)

Disculpen. Ya están aquí.

Le presento al excelentísimo señor...

(NOMBRE TAILANDÉS)

(SE SALUDAN EN TAILANDÉS)

Por favor, dígale que le agradezco enormemente

que aceptara mi invitación.

(TRADUCTORA, EN TAILANDÉS) Para mí es un honor

recibirlo en esta embajada, que puede considerar su casa.

Y...

Sintiéndolo mucho, va a tener que perdonarme,

pero no podré acompañarlos durante la comida;

tengo un asunto urgente que me reclama.

Pero le ruego que atienda

al señor Cadenas... como se merece. (TRADUCTORA, EN TAILANDÉS)

No creo que capte su fina ironía.

Muchas gracias, embajador, todo un detalle.

(SALUDA EN TAILANDÉS)

(HABLA EN INGLÉS)

Cuando tenga una reunión así, comuníquemelo con cierta antelación.

O con alguna antelación.

Lo entiendo perfectamente.

Para un miembro de la familia real

hay que montar un dispositivo especial.

Como están las cosas, cualquier prevención es poca.

Ha sido improvisado, estas cosas pueden pasar.

Embajador...

Verá, estoy aquí para ayudarlo.

Pero mi trabajo solo puede serle de ayuda

si me comunica sus planes.

Embajador, una cosita.

Eres testigo de que los dejo solos en la sala.

Me he limitado a facilitar el encuentro.

Por supuesto.

Le iba a decir que hoy hemos quedado como cada martes

en mi jardín, en la piscina.

Es una reunión informal,

pero se ha convertido casi en obligatoria.

Y ni que decir tiene que están ustedes invitados.

Los cuatro. Ya son casi de la familia, así que...

La embajadora todavía no conoce mi casa, es imperdonable.

Bien, te lo agradezco.

No estoy seguro de que podamos ir; tengo algunas cosas pendientes.

Pero gracias. Gracias. De nada.

Es el logo de las mudanzas, pero ¿por qué Bernardo guardaría

unas facturas trituradas de las mudanzas?

¿Por qué?

¿Todas las mudanzas de la embajada se contratan a la misma empresa?

Claro.

Tenemos algo. ¿Estará el concurso manipulado?

Carlos, ¿quieres dejar de mirarme así?

No lo puedo evitar.

Ester puede llegar en cualquier momento.

Ya lo sé.

Claudia... Esto tampoco estaba en mis planes.

Trato de hacer como si nada hubiera pasado, pero no puedo.

Y tú también me miras. No, eso no es cierto.

¿Y por qué te molesta si te toco?

Nadie sabe que era yo el que estaba contigo en el hotel.

Nadie me conoce. La habitación estaba a tu nombre...

Nadie sabe quién soy. Eso no lo puedes saber.

Tú no lo puedes saber.

Si alguien hubiera dicho mi nombre, ya lo sabríamos.

¿Quieres que vaya al hotel

y averigüe... No, no, no lo hagas.

...si alguien dijo algo? No quiero que hagas nada.

Gracias. ¿La embajadora ha salido? (HOMBRE) No sé.

Solo dime una cosa.

Si yo no fuera su novio,

si no estuviera con tu hija, ¿cambiaría algo entre nosotros?

¿Qué hacéis?

¿No dijimos que mandaríamos estos papeles a Madrid?

No, no, no, Luis, por favor, un momento.

Ha descubierto algo Carlos. ¿Así piensas ganarte mi confianza?

Trato de ayudar, Luis. Danos solo unos minutos,

que te contamos, ¿vale?

Todas las mudanzas que encarga la embajada

se contratan con la misma empresa. Y de manera fraudulenta.

¿Estáis seguros de eso? (AMBOS) Sí.

Bueno, pues si lo que decís es cierto,

alguien debe una explicación.

Canciller, su ayudante, ministro consejero...

Los tres a mi despacho.

(MALAI PREGUNTA EN TAILANDÉS) (RESPONDE EN INGLÉS)

(Puerta cerrándose)

Como evidentemente sabéis,

son necesarios tres presupuestos para cada concurso.

Pues bien, he estado inspeccionando personalmente

seis contratos de mudanzas de esta embajada y los seis...

han sido adjudicados a la misma empresa.

Esta.

Será la más solvente, ¿no?

-Puede ser.

Las otras empresas también son siempre las mismas.

Siempre se presentan y siempre pierden.

¿Han protestado?

No, porque no existen.

Ambas empresas tienen la misma dirección,

un domicilio que no es real. Son empresas fantasma.

Julio, tú eres el responsable de los traslados.

¿Tienes algo que decir? -Sí.

Que nunca nadie se ha quejado de esa empresa.

Elena tiene razón. -Julio, ni se te ocurra nombrarme.

Es una estafa.

¿Por qué lo has hecho? ¿Te pagaban una comisión?

Qué vergüenza.

Quedas suspendido de todas tus funciones.

Vuelves a Madrid mañana. -Pero...

No hay peros, es intolerable.

Lo mejor es que presentes tu renuncia por asuntos personales

y que entregues los datos a la superioridad.

Es la salida más honrosa, ¿no?

Piénsatelo. Dame una respuesta lo antes posible.

En el ministerio están informados del caso.

Dile a Maite que vaya gestionando tus billetes.

Perdone, embajador,

pero ¿dónde han encontrado las facturas, en la basura?

¿Qué pasa, qué te ha dicho el embajador?

-Me voy, la he cagado.

-¿Por qué, qué te ha dicho? -Este va de pureta listo.

Que vaya bien. Me toca chupar pasillo en Madrid.

Bernardo, ¿puede venir, por favor? -Sí, ya voy.

No quiero limpiezas. Rompe el disco duro, que no pueda abrirlo,

y antes de que haga tonterías.

-Julio nunca ha tenido acceso a datos sensibles.

Por si acaso, lo haces y ya está.

-¿Qué pasa, qué le ha dicho a Julio? Julio está despedido.

Que la prensa lo ponga grande: tolerancia cero con la corrupción,

Todo ese rollo. Nos darán por vacunados.

-El embajador estará encantado. Va a parecer un héroe.

¿Tienes idea de cómo cojones ha podido conseguir esas facturas?

-¿Qué facturas? -Yo las dejé en el contenedor

tras triturarlas. Pues alguien nos está jodiendo.

¿Querías que me quedara esperando al camión?

Y si tiene esas tiene alguna más. Pues nada, tenemos un topo.

¿No serás tú, Bernardo? -¿Yo?

¿Y por qué iba a hacer algo así? No sé, dímelo tú.

Es absurdo; caeríamos todos a la vez, ¿no?

-Es todo culpa del yerno, que sabe "thai".

Y no nos libraremos de él mientras la hija esté pendiente de juicio.

Pagaron para ponerla en libertad e irse a España...

y, de repente, les entra la avaricia.

Es dinero fácil, ¿por qué no pedir más?

Lo peor es que mientras que la hija no pueda salir del país,

los tenemos pegados al culo.

(Llaman a la puerta)

Sí. -Embajador quiere verte, cónsul.

-¿A mí? ¿Para qué?

Ya le he dado toda la información que tenía, yo no puedo hacer más.

Ahora le toca a usted. Ese era el trato, ¿no?

Yo lo dije claro, que quiero ser testigo protegido.

Bien, pero eso solo puede decidirlo un juez.

Voy a mandar los papeles a Madrid, pero llevará meses recomponerlos.

Y puede que al final no consigamos encontrar

nada verdaderamente concluyente.

¿En la casa ya lo saben? ¿Han dicho algo?

Saben lo de Julio, no les he hablado de ti.

Sinceramente, Bernardo, tengo...

tenemos miedo de que se sepa antes de tiempo

y que alguien pueda empezar a destruir pruebas.

Cuando revelemos tu nombre, será mucho mejor que tú ya estés

muy lejos de aquí, ¿no crees? Sí, sí.

Si saben que he sido yo, estoy acabado.

Pero usted me prometió protección.

Dijo que el juez aceptaría el trato.

Mira, Bernardo, si colaboras con nosotros, tendrás protección,

no lo dudes, yo mismo convenceré al juez, pero ahora...

quiero que me digas qué más sabes,

quién más está implicado.

No puedo seguir aquí. Van a empezar a sospechar.

Está bien, pero aquí no podemos hablar.

Ni aquí ni ahora.

Sí.

No, si la recepción es el día 12...

(FISCAL) "En los tres años que trabajó usted

junto al cónsul Bernardo Moraleda,

¿notó algún comportamiento extraño?

No sé a qué se refiere, señoría".

¿Nunca le habló de sus negocios? No.

¿No tenía usted conocimiento de que el citado cónsul habitualmente

obtenía dinero a cambio de conceder los visados?

Con que hubiera tenido una sospecha, por supuesto,

lo hubiera comunicado al ministerio. Es mi deber.

Mire, señoría.

Sé que quizá no debería sentir pena por él,

pero antes de todo esto, para mí Bernardo era

sobre todo un amigo. Estábamos muy unidos.

Estábamos lejos de casa, nuestras familias estaban muy unidas.

Mi hija jugaba con sus hijos, pasábamos juntos las Navidades....

Incluso habiendo fallecido Bernardo es difícil verlo de otra forma.

No sé si me entiende, señoría.

Hola. Hola.

¿Se van a quedar?

Sí, claro.

Gracias.

Bernardo, tenemos tiempo.

Lo mejor es que empieces por el principio.

El principio.

Ya no sé cuál es el principio.

Eduardo.

¿Eduardo?

¿Eduardo qué?

Eduardo.

Eduardo y Patricia, ellos controlan todo.

¿Qué quiere decir todo?

Todo lo que pasa por delante de la embajada y puede ser negocio.

Cobramos por vender visados,

por influir en las autoridades tailandesas, por prestar dinero...

Se cobra un 5%

de los negocios que hacen las empresas españolas en Tailandia.

Eso es muchísimo dinero. 50 o 60 millones, puede que más.

-¿Y dónde está todo ese dinero? -De eso se ocupa Patricia.

Cuentan conmigo porque soy el cónsul,

pero nunca han confiado en mí.

Se saca el dinero clandestinamente del país en efectivo.

El resto está en cuentas en Hong Kong.

Cuentas opacas, con testaferro.

Estoy pensando montarme con él en el primer avión

y presentarme en el ministerio. O en el juzgado.

¿No dices nada?

¿De verdad quieres saber mi opinión?

Si es capaz de repetir lo que ha dicho ante un juez...

¿Qué?

No serviría de nada, porque no tenemos pruebas.

Sería su palabra contra la de Eduardo.

Y sabes que él es bastante convincente.

Eduardo.

Yo lo he aceptado como mi mano derecha

desde que he llegado aquí, y... Escúchame.

Debemos aprovechar que no se lo espera,

que no sabe que lo sabemos. ¿Y cómo?

Necesitamos una conversación que los delate.

Le decimos a Bernardo que lleve una grabadora

y que intente sonsacarles. -No podemos pedirle eso.

No tiene que hacer nada, solo dejar que hablen.

Claudia, ¿te has vuelto loca? No encuentro a Ester.

No está en la piscina, no está en su cuarto...

No atiende a mis llamadas y el coche oficial no está.

(HABLA EN TAILANDÉS)

-Ester.

Ester, no te esperaba por aquí. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

Tienes mejor la marca de la cara, ¿no?

¿Te duele mucho? -Quería hablar con Roberto.

¿Está en casa?

-Sí, está en su estudio, trabajando.

Bueno, al menos eso nos dice.

Creo que nos engaña a todos y en realidad está durmiendo.

¿Puedo ofrecerte algo de beber? -No.

-¿Quieres un té, un café? -No, no. Solo serán cinco minutos.

Gracias.

-Bueno, pues si quieres esperarlo en el jardín,

mientras lo avisamos y...

Ester...

Me alegro mucho de que hayas venido.

Nos tenías a todos muy preocupados.

(Móvil)

(Móvil)

Dime.

(FÁTIMA) "La pequeña embajadora ha venido".

¿La hija? "Sí, ella solita.

Y con muchas ganas de ver a tu hermano.

No sé qué secretos se traen.

¿Vas a tardar mucho en venir?".

Voy para allá.

¿Cómo lo ves?

Añade ahí: "Fuentes de la embajada

aseguran que no consentirán...

que jamás consentirán... ...comportamientos ilícitos...

...el más mínimo comportamiento ilícito...

...que puedan empañar la imagen de nuestro país.

...la imagen de nuestro país que tanto nos ha costado construir".

Envíaselo a Romero. Hoy mismo, sin remitente, en persona.

No te preocupes, lo haré.

(Puerta cerrándose)

Pensaba que no querías verme.

-¿Fuiste tú? -¿Qué?

-Que si tú metiste la droga en mi bolso.

-¿Por qué iba a querer hacer algo así?

-Por dinero, por mucho dinero. 600 000 dólares, ¿te suena?

No te hagas el tonto, por favor.

Seguro que fue una trampa para sacarle dinero a mis padres.

Mucha casualidad que me llevaras al Paradise

y le dijeras a mis padres a quién sobornar.

-¿Qué película te estás montando? No conocía al tipo.

-Le diste a Carlos el nombre y la dirección.

-Me dijeron que era donde llamar. -¿Te dijeron?

¿Quién?

¿Quién te lo dijo?

-Mi hermano.

Me lo dijo mi hermano. Eduardo.

Él conoce muy bien el país.

Sabe a quién llamar y a quién no, y también quería que salieras.

Ester.

Yo solo...

Me pareciste muy guapa y... quería sacarte a bailar, nada más.

Si llego a imaginarme la que se montó...

Lo siento.

Solo le falta ponerse de rodillas.

Has hecho bien en llamarme.

(Pasos acercándose)

Ester, guapa, ¿no te quedas a merendar?

Cuídate.

(CARRASPEA) ¿Qué quería esa chica?

¿Ester? Nada, nada. Solo quería darme las gracias.

Sabe por Carlos que salió gracias a mí.

¿Se lo ha contado?

¿Y tú qué querías? ¿Qué le has dicho?

¿Qué le has dicho?

¿Qué pasa? ¿Es un interrogatorio esto? ¿Eh?

-Es la hija del embajador. Un embajador que nos ha declarado

la guerra desde que llegó. -Vale, vale. Ya lo has dicho.

¿Algo más? No te pongas así con nosotros, ¿eh?

No nos lo merecemos. Queremos lo mejor para ti.

¿Sabes lo que nos ha costado conseguir esto?

Papá estaría orgulloso, y por respeto...

Oye, escúchame cuando te hablo. No me toques.

Relájate y date un baño antes de que llegue la gente.

No pienso ver a nadie.

Se le pasará.

Ester, ¿dónde has estado? En casa de Roberto.

¿Y qué le has contado? Nada.

Ester, por favor. No le he contado nada, ¿vale?

Quería verle la cara cuando le preguntase

si metió la droga en el bolso. -¿Y qué dijo?

Por favor, dijiste que te ibas a olvidar de todo.

-Es importante lo que dijo. -Lo siento, no puedo.

No puedo. No me quedaré sentada. Tú hubieras hecho lo mismo.

-Mientras no sepamos las intenciones de Roberto,

sería mejor que no hables con él. Tiene razón.

-Mientras, ¿qué hago? ¿Me quito de en medio?

¿Os quedáis más tranquilos? No es eso.

Por favor, que no tengo 15 años.

¡Ester! ¿Te lo han contado? ¿El qué?

El cónsul nos ha revelado que Eduardo está detrás

de la corrupción de la embajada.

¿El hermano de Roberto?

¿Qué significa "detrás"? No lo sabemos con exactitud,

pero mientras tomemos precauciones. ¿Qué más queréis que haga?

De verdad, no puedo salir del país, tampoco puedo salir de casa.

Ester, por favor, entiendo que estés enfadada.

Pero, por favor, escúchame, deja que te lo cuente con calma.

(Arriba, puerta cerrándose)

(CARLOS) ¿Me perdonas?

-¿Qué tengo que perdonarte?

-No sé.

¿Estás enfadada conmigo?

-Yo debería pedirte perdón a ti.

Yo te dije que vinieras. Te dije que esto era un paraíso y mira.

-Tú no podías saber lo que nos iba a pasar.

-Me creí el cuento de mi padre una vez más.

"La familia unida", qué tontería,

si somos lo último que necesitan. -Eh.

Tu padre tampoco sabía lo que pasaba en la embajada.

-No.

No lo defiendas, no tienes ni puñetera idea de cómo es.

Cuando estaba en México, engañó a mi madre con una compañera.

Fue tan desagradable...

Sobre todo porque mi madre fue la última en enterarse de todo.

No consigo entender cómo ha podido perdonarlo.

No sé si voy a poder mirarlo a la cara, a Eduardo,

después de lo que nos ha contado el cónsul.

No lo voy a poder mirar a los ojos.

Nos ha invitado a una... a una barbacoa en su casa.

Ha insistido mucho en que tú vayas también a esa fiesta,

y quiere enseñarte su casa, por lo visto.

Lo ha dicho así, con su mejor sonrisa.

Vamos a ir.

Tenemos que ir. Sí. Vamos a hacer lo mismo que él.

Que no note nada raro.

Que ni se imagine que podemos hacer algo contra él.

Gracias por venir.

Podría decirle que he interrumpido algo para venir, pero no.

Estoy deseando saber por qué... ¿Conoce a Bernardo Moraleda,

el cónsul de la embajada?

Claro. Bien.

Necesito que me haga un favor.

¿Cuento con su discreción?

Esa pregunta no se le puede hacer a un periodista. Debería saberlo.

Tomás me ha dicho que podía confiar totalmente en usted.

Entonces, no se debe fiar de él.

¿Tiene que ver con la muerte del anterior embajador?

¿Ha descubierto algo?

No.

No ha sido buena idea. Déjelo. No tenía que haberle llamado.

Espere.

Dígame qué tengo que hacer.

(Timbre)

Perdón, atasco para variar.

-Lee esto. -Una noticia escrita.

Con su titular y todo.

¿Por qué no lo mandas a mi agencia?

-Porque entonces no te pagarían.

Y si no te pagan,

no me puedes invitar a cenar por darte la noticia.

El primer párrafo será la versión oficial:

"Dimisión por motivos personales".

-"Julio Carretero, ayudante de la canciller".

"Estafa".

¿Y por qué quieres que esto se sepa? -Lo han despedido

sin contemplaciones.

Tolerancia cero contra la corrupción.

Ponlo clarito, ¿eh? "Tolerancia cero".

-"Jamás se consentirá en un futuro el más mínimo...".

¿Quién ha redactado esto? ¿Tú?

Se te ha ido un poquito la mano. -Ni se te ocurra tocar una coma.

Ven.

¿Qué haces?

¿Qué haces? ¿Que qué cojones haces?

-¡Eh, eh, eh!

Buscaba esto, mi grabadora. -¿Tuya?

-Sabía que me la había dejado aquí. -Ya.

¿Y te he dejado yo dejar tus cosas aquí?

¿Te he dado permiso? ¿Eh? Dime, ¿cuándo?

-¿Y cómo ha descubierto esa estafa el embajador?

¿Se ha puesto a investigar?

-¿Para qué quieres saberlo? -Para trabajar un poco.

Copiar y pegar no es muy divertido. -¿Tú a qué vienes aquí? ¿A follarme?

¿O a sacarme información? -Hay tiempo para todo.

¿La canciller no sabía nada? Qué raro, ¿no?

-Adiós, tienes trabajo. Y yo me tengo que ir.

-¿Ella no será expedientada? -Una pregunta más

y no te dejo pisar mi casa en la vida.

¿Ves? Así pareces mucho más interesante.

(OLGA) Lucas, el bañador verde te queda pequeño, ponte el rojo.

Ay, por fin.

Cámbiate si quieres, te esperamos.

Llegamos tarde a la barbacoa de Eduardo.

-No, no, yo no voy, no puedo.

-Bernardo, nos están esperando.

-Han despedido a Julio.

Han reconstruido las facturas de las mudanzas.

-¿Ya? -No sé cómo se han dado tanta prisa.

-Pero nadie sabe que es porque se las has dado tú, ¿no?

-Olga, lo han despedido. -¿Y qué querías que hicieran,

que le pusieran una medalla? -Mamá, mamá, ¿nos vamos ya?

Me quiero bañar. -Sí, cielo,

yo también me quiero bañar.

Venga, sube con tus hermanos, no los dejes solos.

Es mucho peor si no vienes con nosotros.

A Eduardo le va a extrañar mucho que no estés.

¿No faltas nunca y no vas hoy? -Si pregunta, dile...

Dile lo que quieras.

Voy bajando, ¿vale? No tardes.

-Estás guapísima.

(Timbre)

¿Eso tampoco puedo decirlo? No.

Han llamado la puerta, ¿no?

No os preocupéis, ya abro yo.

Embajador. Estaba por la zona

y quería agradecerle el favor de esta mañana.

¿Qué tal la comida? Eduardo no me he contado nada.

Estupendamente. Una lástima que no pudiera quedarse,

una lástima que no pueda cumplir con su deber.

¿Tanto le costaba?

¿Qué pasa? ¿No soy de su clase? ¿Le doy asco? ¿Huelo?

Perdone, no le consiento que me hable así.

No, perdóneme usted a mí.

Cuando vino a pedirme dinero para su hija, yo no le puse ningún pero.

Porque somos españoles, porque estamos lejos de casa.

Bonita planta.

¿Cómo se llamará? Yo no sé nada de plantas. ¿Y usted?

Tampoco, la verdad.

Ya, es que hay muchas cosas que no sabemos, embajador. ¿Verdad?

Bueno, creo que ya le he agradecido el favor de esta mañana.

No se moleste en acompañarme.

Se nota, se nota mucho.

¿No puede ser en otro sitio?

Con un móvil sería mejor, ¿no? -Vamos a ver, levántese la camisa.

Tiene memoria para varias horas. -¡Ah! Cuidado.

-Le damos antes de entrar y después se olvida.

A ver, siéntese un momento.

Pero tiene que llevarlo usted. Para que se admita como prueba,

debe grabarlo alguien que tome parte en la conversación. Eh...

Ya está. A ver ahora.

¿Qué sabe de la muerte del anterior embajador?

-¿Por qué me pregunta eso? -No fue un accidente, ¿verdad?

-No sé, yo me enteré por los periódicos, como todo el mundo.

-Grábelos. Así quedará claro para el juez que no es uno de ellos.

-¿Qué le ha contado el embajador sobre mí?

¿Por qué lo han llamado para esto? -No se preocupe.

Estoy aquí para ayudarlo.

Levante los brazos, a ver si se mueve.

Listo. Vámonos.

¡Ay, Nerea!

Olga, ¿y Bernardo? Ay, mira, ni me hables.

Debía hacer algo en la embajada. ¿Ahora?

Sí. Si ya lo conoces, siempre llega tarde.

(CANCILLER) "¿Sí?" Elena, soy yo, Eduardo.

"¿Está por ahí Bernardo? Le estoy llamando y no lo coge".

Pues no, no está aquí.

Se fue hace mucho. Me he cruzado con él en la puerta.

¿No ha vuelto desde entonces?

"¿Quiere que mande a alguien a su casa a buscarlo?".

No, no te preocupes, ya me encargo yo. Muchas gracias.

-Creo que se te ha quedado poco hecha.

Vendréis mañana a la embajada, ¿no? A lo del Cervantes.

No podéis faltar, va a venir todo el mundo.

El adaptador, el ministro, los actores...

Venga, por favor, venid. Ya que nos tenemos que aburrir,

por lo menos que nos aburramos todos juntos. ¿No?

Nos está mirando.

-Que haga lo que quiera.

No voy a pedir el traslado, ¿eh? No voy hacer lo que él quiere.

No pienso cambiar mi vida por él. Voy a seguir haciendo

lo mismo que hacía hasta antes de que él llegara.

-No te des la vuelta, viene para acá.

Tenemos que hablar, vamos dentro. -No, ya hemos hablado

todo lo que tenemos que hablar. Qué menos que me dediques

cinco minutos. Que no.

De toda la gente que ha venido, eres la única que quería ver.

Por favor.

(MUJER) Hola. Hola.

-¡Hola! Pero qué bien que hayáis venido.

Qué bonita casa. Gracias.

Estaremos solo un rato, nada más. ¿Está Eduardo?

Sí, Eduardo está en casa, resolviendo un asunto rápido.

No tardará mucho en salir. Conociéndolo, un par de minutos.

Por favor, pasad. ¿Qué queréis beber?

Gracias. Cualquier cosa.

Suerte.

Te espero aquí.

Señor embajador, señora embajadora, muchas gracias por venir.

Mi casa es su casa, bienvenidos. Gracias.

¿Qué están tomando, zumo? Ajá.

Me acaban de traer un licor que hacen especialmente para mí.

Si quieren probar... No, gracias.

Estamos bien con el zumo. Gracias.

Bueno, ¿Qué les parece? Curioso esto, ¿no?

Estamos aquí todos juntos,

que a lo mejor en España no seríamos ni amigos.

Y aquí, a miles de kilómetros de distancia,

somos como una familia. Sí.

Nos gusta pensar que, si uno tiene un problema,

los demás lo respaldan. Cualquier problema.

Por cierto, ha sido una suerte que apareciera su pasaporte.

Lo encontró la Policía en un hotel de la playa.

A saber cómo habrá terminado allí.

Pues no lo sé. Me imagino que se me perdería,

que alguien lo encontró, se hospedaba en el hotel

y allí lo abandonó.

Supongo yo. Claro.

Sí, habrá sido eso probablemente.

(NIÑO) ¡Hola, papá!

-Cuidado, cariño, cuidado. -Por fin.

Deja a papá, cielo.

Eduardo ha preguntado por ti. -¿Por mí?

-Ajá. Le he dicho que estabas en la embajada.

-¿Por qué no las dicho que estaba en casa?

-Porque no es tonto. -¡Papá, mamá, mirad lo que hago!

-¡Lucas, te vas a partir la crisma!

Discúlpenme.

¿Por qué no me lo habías contado?

Ah, ¿lo del pasaporte?

No sé, se me pasaría.

Fátima me lo trajo el otro día a casa.

Ya era hora, ¿no?

¿Te has hecho cónsul para trabajar? ¿No me digas?

-Bueno, a veces toca pringar, no te creas.

Un tipo me ha tenido dos horas con su visado y hasta que...

Ya sabes cómo va esto.

No has estado en la embajada en toda la tarde.

Eduardo, si vengo justo de la oficina, de todo el papeleo.

Sabes de qué va. He hablado con Elena.

¿Por qué mientes a tu mujer?

¿Por qué me mientes a mí?

Eduardo, no...

No le digas nada a Olga, por favor.

No se lo digas, no quiero que se entere.

Qué cabrón.

Esto no me lo esperaba de ti.

¿Tailandesa?

Sí.

Bueno, la próxima vez me lo cuentas y te cubro,

porque casi meto la pata.

Que Olga no se chupa el dedo.

Gracias.

Me alegro de que hayas decidido socializar un poco.

-No te ilusiones, cojo esto y me subo.

Entiendo que estés enfadado con el mundo,

pero yo soy tu hermano y voy a seguir siéndolo.

Ya. Es como una enfermedad, ¿no? Incurable.

(HABLA EN INGLÉS)

De puta madre.

No tengo trabajo. Me han echado antes de empezar.

-¿Supieron que has estado detenida? -No, ni lo han mencionado.

Todo muy "polite", que ha habido un cambio de planes.

-Si se portan así, mejor no trabajar para ellos.

Ya saldrá una cosa... -¡Quiero irme de aquí ya, por favor!

¡No puedo más! ¡Quiero salir de este puto país!

¿Qué hago aquí?

¿Cuánto va a tardar en salir mi juicio?

-Un mes, a lo sumo dos, según el abogado.

-No. Un mes, dos, no. -Sí.

-No, por favor. Tengo que hacer algo, Carlos.

Tengo que buscar un pasaporte como sea.

-Hey, tranquila. Tranquilízate.

No hagas ninguna locura. Si te pillan, vas a empeorar todo.

Eh... Amor.

¿Sí? -Sí.

-Va a estar todo bien.

-Perdóname.

Voy a cambiarme, ¿vale?

¿Ester?

(Motor arrancando)

¡No!

¡Ester!

¡Ester!

(Móvil)

Sí, Carlos, dime.

Perdón, pero Ester se ha marchado.

"Se ha ido de casa con mi auto".

¿Cómo que se marchado? ¿Adónde?

"Quiere conseguir un pasaporte y marcharse del país".

Sí, embajador.

Entiendo.

Ahora me pongo con ello.

Sé cómo es el coche.

¿Por qué lo sé, señor? Porque es mi trabajo saberlo.

No puede haber ido muy lejos.

Lo llamo en cuanto sepa algo.

Claudia, tenemos que irnos.

¿Por? Tu hija, se ha marchado de casa.

¿Qué pasa?

¿Quién le ha dado eso?

Hay que sacarlo de aquí ahora. Vale.

Déjalo, si solo tiene que esperar a que hable.

(RÍE) -Sí. Gato por liebre...

Bernardo.

Necesitamos para mañana unos visados,

un miembro de la familia real, su mujer y sus dos hijos.

-¿Cuatro en total? -Ajá.

-Ah. ¿Y quién es?

Que te lo diga ella, que sabe mejor el nombre.

(RÍE) -Es el excelentísimo... Dale, dale.

(MENCIONA NOMBRE EN TAILANDÉS)

(RÍE) No sé, algo así, ¿no?

-¿Y porque tiene tanta prisa?

-Porque Paco Cadenas lo ha regalado un ático en Marbella

y lo ha convencido para que vaya a España a verlo.

Y gracias al embajador, que le ha conseguido una cita.

-¿Al embajador?

¿Al de ahora, al nuestro? -Sí, claro. ¿Qué te creías?

Aquí todos pasan por el aro, y ese no va a ser menos.

Tiene que darle ya la concesión de los trenes a Paco

y que nos deje en paz.

-Mientras nos siga pagando lo que nos paga, que siga la fiesta.

-Papá, papá, tírate con nosotros a la "pisci".

-No, ahora no. Llévate a tu padre y que espabile.

(BERNARDO) Olga, Olga. -¡Papá!

-Venga, vale. ¡Venga, vamos!

-Que sí, hombre. ¡Vamos, al agua!

-¡Que voy vestido! -Que sí.

Venga. Venga. ¡Uno! -¡No, parad!

¡Dos! ¡No, parad!

¡Parad, joder! ¡Dejadme en paz ya!

(Llaman a la puerta)

Está ocupado.

Bernardo, ¿te encuentras bien?

Sí, sí, estoy...

Estoy bien. Tengo la tripa suelta y...

Abre. Abre un momento. Estoy bien, Eduardo.

Ahora salgo. Abre, Bernardo. Bernardo, abre.

¡Abre, abre, abre!

¡Abre! ¡Ya, ya salgo!

Eduardo. ¿Sí?

Estás aquí.

Ahora sí te aceptaría el licor ese de lichis que me has ofrecido.

¿Puede ser? Por supuesto.

Le va a encantar, embajador.

(Pasos alejándose)

¿Te has quedado con hambre?

No te preocupes, sobrará comida.

Si quieres, le digo a la cocinera que venga

y te prepare algo para llevar.

-Muchísimas gracias. Qué encanto.

Ya sabes que lo de esta casa me gusta mucho.

De hecho, me lo voy a llevar todo.

Bueno, a ver qué les parece, pero sean sinceros.

Y si les gusta, se quedan un ratito más.

¿Me pones uno a mí también? Toma, mi amor.

¿Quieres follártela en mi propia casa?

La próxima vez te lo piensas dos veces.

Tito Edu, mira lo que me he encontrado en el váter.

¿Me lo puedo quedar?

Del váter no se coge nada. Te lo cambio por una hamburguesa.

(ROMERO) ¿Ya? ¿Lo tienes? -No tengo nada.

Yo no valgo para esto. -Pero ¿te han descubierto?

-Casi. He tirado la grabadora. -Tranquilo.

Ya habrá otra oportunidad. -No, no la habrá. Se acabó.

-Oye... -No intentes convencerme. No.

Vuelve a llamarlos, Villar, las veces que haga falta.

Ve con ellos.

Claro que no me fío. ¿Te fiarías tú en mi lugar?

Es mi hija. Tienen que encontrarla.

Y asegúrate de lo le que hacen cuando la encuentren.

Me entiendes perfectamente, hablo muy claro.

¿Cómo has dejado que se marchara? (RESOPLA) Sí, dime, dime.

Lo siento. ¿Estás seguro de que lo sientes?

¿Y si yo hablo con ellos?

Está bien. ¿Qué le dijiste para que se fuera?

Yo los llamo. Sí, sí, ahora mismo voy.

¿Pensás que estoy mintiendo?

Claudia, no le he dicho nada.

Pensé en contárselo, pero no tuve el valor.

¿Tú nunca tuviste ganas de contárselo?

-"Diplomatic".

(HOMBRE, EN INGLÉS)

Te conozco.

-Me llamo Pablo. -¿Quién eres? ¿Quién te manda?

-Se me conoce por el apellido. -Te manda Carlos o mi padre.

-Soy Villar, el jefe de seguridad.

-No tienen derecho a hacerme esto.

Soy hija de diplomático. No tienen derecho, es ilegal.

-Eso les acabo de explicar.

La llevo a casa, vamos. -¿Dónde, a España?

-Ester...

La próxima vez que quiera hacer algo así, dígamelo,

y trataré de conseguirle un pasaporte. Hablo en serio.

Pídame lo que necesite.

Yo le diré lo que puede hacer, pero no vuelva a irse por su cuenta.

Quizá la próxima vez no pueda sacarla.

-Gracias.

-¿Quiere que entre con usted?

-"Lo siento".

Lo siento mucho, mamá.

Sé que es peligroso. No sé por qué lo he hecho.

-No hace falta hablarlo ahora.

Mañana habrá tiempo para que nos cuentes lo que quieras.

Ahora descansa.

(Ladridos)

¿Estás borracho? -Un poco.

Solo un poco.

-¿Por qué te fuiste? -Me llamaron de la embajada

por algo urgente.

Fui y salí y me encontré con el cónsul inglés,

y nos fuimos a un bar y nos liamos. -Bernar, no, no.

-Nos liamos. -He hablado con el embajador.

Ha llamado aquí y también te ha estado llamando a ti.

-Tenía que haber dicho que no.

Yo no valgo para esto.

He ido a casa de Eduardo

con una grabadora debajo de la camisa.

Me pidieron... Me convencieron para que lo grabase.

-¿Grabar a Eduardo?

¿Por qué?

-Porque hacen falta pruebas para el fiscal o para el juez,

yo qué sé.

Pero al final mandé la grabadora al váter, a la mierda,

porque si me pilla Eduardo, me mata.

-Ber...

Ber, ¿y si nos vamos?

¿Y si sacamos el dinero y nos vamos mañana?

No decimos nada, nos largamos de aquí.

¿Sí? -No puedo sacar el dinero.

-¿Por qué no? Es nuestro.

-Hace falta la firma de Patricia.

Vámonos sin el puto dinero.

Vámonos adonde sea. A tomar por culo.

A empezar... A empezar de nuevo, tú, yo y los niños.

No. No, no. No podemos.

Lo único que nos puede salvar es que yo siga ayudando al embajador

y que detengan a Eduardo antes de que me descubra.

Porque si no, voy a acabar como el anterior embajador,

en el fondo del río... alimentando a los peces.

(OLGA CHISTA)

-Olga, estoy muerto...

Y los muertos dicen lo que quieren.

Hola. Soy Olga.

Sí, sí. Está aquí, está aquí.

Pues está fatal y yo estoy muy asustada.

Me gustaría hablar contigo.

Bien. ¿Podría ser mañana?

Muchas gracias, Eduardo.

Creo que no lo estoy haciendo bien, amor. (ESTER CHISTA)

Calla, por favor.

-Que no te estoy dando lo que necesitas.

Lo siento mucho.

Lo siento. -¿Por qué dices eso?

No sé. Lo siento. -Carlos...

Casi no me quedan fuerzas, pero sé que saldremos de esto.

-¿Por qué estás tan segura?

-Siempre consigo lo que quiero.

Y tú también.

Mañana mandamos los documentos a Madrid,

aunque no sé si lo que debería mandar es mi renuncia.

Tú no vas a renunciar.

No sabes.

Claudia, ¿qué he conseguido en menos de dos semanas?

Intentan destruir mi matrimonio con unas fotos falsas,

meten a mi hija en la cárcel,

y yo, para poder sacarla, debo pedir prestado dinero negro.

¿En qué me estoy convirtiendo?

Eso es porque te tienen miedo.

Y saben que puedes acabar con todo esto;

y, si es necesario, con ellos.

No merecerá la pena si con eso acabo con mi familia.

Claudia, ¿qué te pasa?

Tengo que contarte algo.

Tienes derecho a saberlo.

¿Te acuerdas dónde encontraron mi pasaporte, el hotel?

Ajá.

Pasé la noche allí.

Y no estaba sola.

¿Cómo?

Me acosté con otro hombre.

Lo acababa de conocer. No sabía ni cómo se llamaba.

Lo siento.

Lo siento.

No sé cómo pasó. No lo sé. Lo siento.

Eh, Claudia...

Y no volverá a pasar, te lo prometo.

Bien...

¿Ya está? ¿Eso es todo?

¿Se te ha olvidado besarme?

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