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Zulu
Ten piedad, padre, porque he pecado.
Me confesé hace unos cuatro o cinco días.
He tomado el nombre de Dios en vano unas 68 o 70 veces.
Hice unas cuantas cosas malas,
como escuchar un chiste malo y reírme.
Unos niños miraban a unos perros
y les dije algo grosero.
Arranqué la foto de una chica desnuda.
Pegué a Bobby Craik porque me llamó apestoso.
Le quité dinero a mi madre para el cine.
Y…
Mentí un par de veces o puede que más.
¿Eso es todo, Arturo?
Seguramente olvide algo, padre,
pero lo siento hasta por esas cosas.
Está bien.
Tendrás que rezar tres avemarías
y dos padrenuestros.
Gracias, padre.
ROCKLIN, COLORADO, 1928
¡Me cago en la hostia!
¡Joder! Cuántas veces tengo que decírselo a ese mocoso.
Pon el trineo lejos de la entrada.
Qué mal.
¿Svevo?
Arturo rompió la ventana de la cocina.
¿La rompió? ¿Cómo?
Tiró a Federico de cabeza.
¡El muy hijo de perra!
No fue adrede, estaban jugando.
¿Y qué hiciste? Imagino que nada.
Fue un accidente, Svevo.
Maldito renacuajo del demonio.
- Lo has malcriado. - Es como tú.
Eras muy travieso.
¿Lo era? Un carajo.
No tiré a mi hermano de cabeza
contra nada.
Eso es porque no tuviste hermanos.
Odio el invierno.
Las navidades están al caer.
Pídele a Dios que sea una buena Navidad.
¿Por qué tendría que pedírselo?
Ni siquiera se pone de mi parte en una mísera partida de póquer.
¿Cuánto has perdido?
¿Más de cinco dólares?
Diez.
Abrázame.
Nieve.
Hola, amantes del deporte.
Estamos aquí, en el vestuario de los Yanquis de Nueva York.
Y mirad, ahí está Arturo Bandini, preparándose para la difícil misión
que le espera en el campo.
Arturo, ¿cómo te sientes?
¿Arturo? Date prisa, llegarás tarde a clase.
Ya voy.
Suerte, bateador.
Otra vez huevos.
Siempre hay huevos.
Agradécele a Dios que tengas algo para comer.
No seas tan santo, August.
Así que…
Tiraste a tu hermano de cara contra la ventana.
Cállate.
Que te tiren contra la ventana,
veamos si tú no lloras.
¿Y bien?
¿Por qué tiraste a Federico de cabeza contra la ventana?
No lo sé, lo hice y ya está.
¿Y cómo sabes que no te daré una paliza?
Svevo. Svevo, por favor.
¿Qué quieres?
No lo hizo a propósito, Svevo. Fue un accidente.
Son cosas de niños.
"Son cosas de niños".
Ese renacuajo tira a su hermano contra la ventana,
pero son cosas de niños.
Dime, ¿quién pagará la ventana?
¿Quién pagará al médico cuando tire a su hermano por un barranco?
¿Quién pagará al abogado cuando lo metan en la cárcel
por matar a su hermano?
Un asesino en la familia. Dios mío, ayúdanos.
Míralo, pobrecito.
¿Quién pagará por su funeral?
No será necesario, papá. Me encargaré yo.
¿Tú?
¿Has visto algún cura que moje la cama?
Dime.
¿Crees que quieren a un cura que moje la cama?
Svevo, ¿qué hacemos con la ventana?
Yo qué sé, me asfixian las deudas.
Podría escribirle a mi madre.
Ni te atrevas.
No necesito ayuda de nadie y mucho menos de tu madre.
- Esa vieja… - Por favor, Svevo.
Hay niños delante.
Comed. Conseguiré una ventana.
¿Podría hablar con el señor Helmer?
Espere un momento.
Señor Bandini.
Quería hacerle una visita pero ya ha venido usted.
¿En qué puedo ayudarle?
¿Podemos pasar a su oficina?
¿Por qué motivo?
Bueno, señor Helmer, este es el asunto.
Como bien sabe, es invierno.
Y, como también sabe, apenas hay trabajos para los albañiles
durante el invierno.
Como le digo a mi mujer: "Sin trabajo, no hay dinero".
Así que me preguntaba,
si podría pedir algún tipo de préstamo al banco.
Señor Coxal, ¿me daría el expediente de este señor?
Señor Bandini, ¿sabe por qué quería hacerle una visita?
Quería visitarle porque el alquiler de la casa que nos pertenece,
y en la cual vive con su familia, no se ha pagado
desde hace tres meses.
Así que, como puede ver, no puedo concederle ningún préstamo.
De hecho,
querría que usted me pagase.
Sospecho que no puede, ¿verdad?
Soy un hombre paciente, pero no tiente a la suerte, señor Bandini.
Esto es un banco, no el Ejército de salvación.
Bueno, nos veremos en primavera.
Venid todos vosotros,
fieles alegres y triunfantes.
Venid, venid
a Belén.
Venid y contempladlo…
¿Svevo?
¡Svevo!
- ¡Hola, Rocco! - ¿Cómo estás?
Tengo malestar, pero en el alma.
Estoy arruinado, Rocco.
Yo estoy igual, pero mira lo que hice.
"Rocco Saccone. Todo tipo de reparaciones.
Llame al hotel Rocky Mountain".
- Soy yo. - ¿Te funciona?
No lo sé, es el primer día que aparece.
Al menos sales en los periódicos, ¿no?
Sí, tengo que ser conocido.
Lo que sea por salir de este infierno, ¿no?
Lo que sea.
¡Increíble! Menudo golpe.
Se dirige directamente al centro del campo.
Espectadores, ¡qué maravilla! Qué gran jugador de béisbol.
Otra victoria para los Yanquis de Nueva York.
Otra victoria para Arturo Bandini, el bandido bateador.
Y desde la tercera base llega su fantástica mujer, Rose.
Una chica increíble para un chico increíble, Arturo Bandini.
¿Arturo Bandini?
¡Bandini!
¡Bandini!
La oigo.
La oigo, hermana Celia.
Te advertí de qué pasaría si te distraías.
Hoy te quedarás hasta las 18:00, siéntate.
¿Rose?
¿Podrías mostrarle a Bandini lo que esperamos de él?
"Brindaré una buena medida, eterna.
Y arrojaré a los corazones airados,
la dulce respuesta que aleje la ira,
porque estoy seguro de que no volveré de nuevo.
Quiero dar a los demás esperanza y fe.
Quiero hacer todo lo que el maestro dice.
Quiero vivir bien el día a día.
Porque estoy seguro de que no volveré de nuevo".
Condenado alemán…
Diciendo que le debo dinero.
¿Qué le pasa? Un sporcaccione, eso es lo que es.
Ese cabronazo alemán de Helmer.
¿Quién se cree que es?
Y solo porque le debemos unos meses de alquiler.
¿Qué es esto?
¿Otra vez viene la vieja bruja?
No lo sé. Me dijiste que no abriese sus cartas.
"Para María Pascale".
¿No sabe que te apellidas Bandini? ¿Pasa algo malo con mi apellido?
Svevo, no la leas. Hará que te enfades.
"Mi querida María:
Hoy es la gloriosa festividad de la bendita Virgen María.
He ido a la iglesia para rezar por tus desgracias.
No sabes cuánto sufro por ti y por tus pobres hijos,
que tienen que padecer la trágica situación en la que vives.
He pedido a Nuestra Señora que tenga compasión de ti
y que lleve un poco de alegría a esos pequeños
que no merecen lo que les ha caído encima.
Te visitaré el domingo por la tarde.
Todo mi amor y muchos besos para ti y los niños.
Donna Toscana".
Svevo.
- ¿Cómo está tu madre? - Bien, supongo.
¿Cómo que supones?
Tu madre es una buena persona. Una hermosa persona.
¿Va tu padre a misa los domingos?
Claro.
No me mientas, nunca lo he visto allí.
Qué pena que un hombre pase el domingo santo en un billar.
Él dice que si Dios está en todas partes, también está en los Billares Imperial.
Prefiere pasar los domingos allí.
¡Qué vergüenza!
Saldrás, pero con una condición.
Irás al Santísimo Sacramento
y pedirás que bendigan a tu madre
y tenga la felicidad que se merece.
La pobrecita.
La pobrecita…
Te dije que no te casases con la hija de Donna Toscana.
Lo sé.
Joder, odio a esa estúpida bruja.
Me culpa de todo.
¿Se cree que me gusta?
Ni siquiera puedo comprarles un regalo por Navidad a mis hijos.
Siempre lo hace ella.
¿Sabes lo que les regala?
Pijamas.
¿Pijamas?
Diablos, ¿quién narices necesita pijamas?
Pijamas.
Oye, Rocco…
No volveré a casa.
¿Puedo quedarme unos días?
Claro.
Los hombres tenemos orgullo.
Hola, señora Johnson.
Han preguntado por usted. Lo he anotado todo.
Vale, gracias, señora Johnson.
Esto es un hotel, no un servicio telefónico.
Lo sé, señora Johnson.
- Svevo. - ¿Qué pasa?
Alguien ha leído mi anuncio.
No le funciona la chimenea.
Quiere que vaya a arreglársela ya.
- Me alegro por ti. - Gracias, tengo que irme.
¿Por qué no vas tú?
Tal vez puedas conseguir algún dinero extra para Navidad.
No podría hacerlo, es tu trabajo, Rocco.
Es trabajo para un albañil y, además, yo no tengo familia.
Ve tú.
- Señora Hildegarde. - ¿La conoces?
- He oído hablar de ella. - Es viuda.
Una zorra ricachona.
Rocco, no sé qué decirte.
No digas nada.
Yo traje la leña, a ti te toca el carbón.
- ¿Y mamá? - En la cama.
Vendrá la abuela Donna.
- ¿Papá está ya borracho? - No está en casa.
¿Por qué va a venir la abuela?
Papá siempre se emborracha.
- Es una vieja pelleja. - Eso es pecado.
- Son dos pecados. - ¿Por qué dos?
Por decir palabras feas
y por no honrar a tu padre y a tu madre.
- La abuela Donna no es mi madre. - Es tu abuela.
- Que le den. - Otro pecado más.
¡Cállate, santurrón!
Va a arder en el infierno, ya verás.
Buenas noches, vengo por la chimenea.
Pase, por favor.
¿Es usted Rocco Saccone?
¿Cómo está?
Soy amigo de Rocco, señora Hildegarde. Rocco está indispuesto.
Soy Svevo Bandini.
¿Puede reparar una chimenea?
Está por aquí.
¿Puede verlo?
Hará falta mucho trabajo, señora Hildegarde
Me temo que le costará bastante dinero.
Diría que unos 15 dólares.
Incluyendo los materiales.
Siéntese, señor Bandini.
Por favor.
- Bandini… ¿Es italiano? - Así es, señora Hildegarde.
El verano pasado viajé a Italia. Es un país precioso.
Estará muy orgulloso de su cultura.
¿Ha visto el camposanto o la basílica de San Pedro?
¿Los frescos de Miguel Ángel?
Lo siento pero no he visto nada de eso, señora Hildegarde.
Soy de los Abruzos.
Los Abruzos. ¡También los conozco!
¿Ha leído las obras de D'Annunzio? También era de los Abruzos.
He oído hablar de él, pero no he leído nada suyo.
Tiene una casa magnífica, señora Hildegarde.
La construyó mi difunto marido.
Creo que es un poco extravagante.
Pero de todos modos no suelo estar aquí. Solo vengo por negocios.
Rocklin es una pueblo diminuto, ¿verdad?
Me gustaría vivir en California algún día. Detesto la nieve.
Yo también.
En fin, creo que ya es tarde como para empezar el trabajo.
Sí, coincido con usted.
¿Podría regresar mañana temprano?
¿Sí?
Póngase el sombrero, señor señor Bandini. Se va a resfriar.
Adiós, hasta mañana.
Mamá.
¿A qué huele? ¿Se te ha quemado algo?
No, mamá, yo no huelo nada.
Es un olor desagradable.
- ¿Está vuestro padre en casa? - No, abuela, no está.
¿No está?
Vamos a ver, ¿cuál de mis nietos es el más sincero?
El que lo sea, se ganará dieci soldi.
Contestadme rápido.
- ¿Está vuestro padre borracho? - ¡Mamá!
Estoy jugando con los niños.
¿Y bien? ¿Está borracho?
Svevo no está borracho, está trabajando.
Escuchad a vuestra madre.
Hasta teniendo edad como para saberlo,
nunca tiraba de la cadena del retrete.
Y ahora intenta convencerme de que ese hombre no está borracho.
Pero lo está, ¿verdad? ¿No, August?
Por dieci soldi.
No lo saben, abuela, de verdad.
Hijos idiotas de unos padres idiotas.
- ¿Dónde está? - Svevo está trabajando.
Tiene algo nuevo entre manos.
¿Un domingo?
¿Cómo sabes que no está con una puttana?
Svevo no es así.
- Idos a la cama. - ¡Estúpida!
Todos los hombres son iguales. En especial, con el que te casaste.
Está trabajando muy bien, señor Bandini.
Estoy encantada.
Gracias, señora Hildegarde.
¿Sabe algo?
Espero que no le importe que diga esto,
pero no parece un albañil.
No, quiero decir que es muy bueno,
pero su cara es tan…
delicada.
Siempre he sido albañil, desde que cumplí 12 años.
Señor Bandini, no estaré para cuando termine el trabajo hoy.
Me pregunto si podría pasarse mañana por la tarde
y traerme la factura.
Digamos que…
¿sobre las 20:00?
¿Arturo?
¿Arturo?
¿Arturo?
¿Qué quieres, mamá?
Entra y te lo diré.
¿Qué pasa? Tengo prisa.
Ve a la tienda.
Sé por qué quieres que vaya yo.
No pienso ir.
Ve, por favor. Ya conoces al señor Voss.
- ¿No puede ir August? - Le da miedo.
¿Qué le da miedo?
Yo no voy a ir.
TIENDA DE ALIMENTACIÓN VOSS
Buenas tardes.
Hace mucho frío últimamente.
Verá… ¿Son fresas de California?
PAGO EN EFECTIVO Y PRECIOS BAJOS
¿Y bien?
Vamos, señora Bandini.
Le estaba esperando.
¿Qué quiere, señora?
- Creo que… - Rápido, señora Bandini.
- Quiero… - ¿Quiere patatas?
- ¿Cuánto cuestan, señor Voss? - Igual que siempre.
Señora Bandini, lleva años comprándomelas.
Cuestan lo mismo, igual que siempre.
Deme cinco centavos entonces.
Dígame, ¿cómo lleva Svevo estos días?
Está bien.
Vi a Svevo anoche.
Lo vi cerca de la casa de Effie Hildegarde. ¿La conoce?
No, no la conozco.
Será mejor que vigile a Svevo.
Que no lo pierda de vista.
Effie Hildegarde tiene mucho dinero.
Y es viuda.
Es una mujer imponente, señora Bandini.
Muy imponente.
¿Algo más?
Un poco de harina.
Algunas judías.
Algo de pan.
Y un poco de sal.
Por el amor de Dios.
Esto de dejarlo fiado tiene que terminar.
No puede continuar así.
Se lo diré a mi marido.
No servirá para nada.
Buenas tardes.
He traído la factura, tal y como me pidió.
Sí.
Gracias.
¿Quiere pasar un momento?
Ya veo que funciona bien.
Arde muy bien, me alegro.
Aquí tiene, Svevo.
¿Le importa si le llamo Svevo?
Para nada, señora Hildegarde. Llámeme como quiera.
Por Dios, es muy bueno.
¿Quiere un puro?
- No… - No, por favor, cójalo.
Es lo mejor que he fumado en mi vida.
Svevo.
Le tengo una sorpresa.
Señora Hildegarde,
no puedo aceptarlos.
- No sea tonto, Svevo. - No.
No, señora Hildegarde, yo me compro mis zapatos.
Usted me da el trabajo, pero yo me compro mis cosas.
Svevo,
por favor, solo pruébeselos.
Son de piel de canguro.
Se los pagaré, señora.
Reste de la factura lo que le hayan costado.
Nunca he tenido unos igual.
Hiciste muy buen trabajo, Svevo.
Gracias, señora Hildegarde.
Bueno, creo…
Será mejor que me vaya.
Por supuesto…
Adiós, señora Hildegarde.
Vaya, qué despistada soy.
Casi me olvido.
Hay un montón de piedras en el patio que sobraron tras construir la casa.
¿Querría echarles un vistazo antes de irse?
Podría decirme qué hacer con ellas.
Desde aquí podrá verlo mejor.
¿Lo ve? Están ahí.
Puede hacer muchas cosas con esas piedras.
Construir una acera o levantar un muro alrededor del jardín.
Disculpe.
Hay algo más de lo que…
Me gustaría hablar con usted de…
¿De qué era?
Era algo…
Era…
Esta es mi habitación.
Es…
Es muy acogedora, ¿no lo cree?
Se está…
muy a gusto aquí.
Creo que es mejor que me vaya, señora Hildegarde.
Ten piedad, padre, porque he pecado. Me confesé hace cuatro días.
He tomado el nombre de Dios en vano,
unas 60 o 70 veces.
Tuve malos pensamientos.
Tuve malos pensamientos con una chica de clase.
No pude evitarlo.
Intenté alejarlos, pero no se iban.
Así son los malos pensamientos, Arturo, hay que resistirlos.
Lo sé, padre, no me gustan.
Muy bien.
Tendrás que rezar tres avemarías y dos padrenuestros.
Gracias, padre.
¿Sabes lo que me molesta?
Todos quieren ir al cielo, ¿verdad?
- Sí. - Entonces, ¿por qué nadie quiere morir?
No lo sé.
Porque le temen al infierno.
Y casi todo lo que te guste te envía allí.
Por ejemplo, tú.
¿Qué te gusta?
Las chicas, supongo.
- Todas son pecado. - ¿Todas?
Todas.
- Hay una forma de evitarlo. - ¿Sí?
La confesión.
Tienes que confesarte. Da igual lo que hagas, te salvará.
- Por eso yo tengo una chica. - ¿Sí? ¿Quién?
- ¿Me prometes que no lo contarás? - Lo prometo.
- Rose Helmer. - Creía que no le gustabas.
Sí, claro que le gusto. Guárdame el secreto.
¿Qué es eso?
¡Mira! ¡Es un perro!
No, perrito, espera.
Ven aquí, perrito, espera.
No te vayas.
Espera, vuelve, perrito, ven aquí.
- Una bicicleta. - Sería un buen regalo, Steven.
Seguro que tendrás lo que quieras.
¿Rose? ¿Qué te gustaría por Navidad?
No estoy segura. En realidad, no necesito nada.
Mientras el regalo sea con amor,
no importa lo que sea, para mí será muy especial.
Eso es muy bonito, Rose.
¿Arturo? ¿Qué te gustaría tener?
Un anillo de diamantes.
Por favor, Bandini, sé serio.
Bueno…
Me vendría bien un bate y algunas pelotas.
Eso es más razonable, tal vez los tengas.
Sí, claro…
Venid todos vosotros,
fieles alegres y triunfantes.
Venid, venid
a Belén.
Venid y contempladlo…
Venid y adorémoslo a él.
Venid y adorémoslo a él.
Venid y adorémoslo a él…
Serán unas navidades pésimas.
Puede que la abuela nos de regalos.
Solo nos regala pijamas.
¿Quién necesita pijamas?
¡Mira!
¿Nos habrán visto?
- No. - ¿Estás seguro?
- La rodeaba con el brazo, ¿verdad? - Eso no está bien.
Sale con otra mujer.
- Es el noveno mandamiento. - Cállate.
- Pobrecita mamá. - Cállate.
- Es pecado. - ¿Qué sabrás tú de eso?
Apuesto a que es un pecado mortal.
Eres tonto.
- No sabes nada. - Sé qué es un pecado.
Cierra el pico, August.
Vámonos.
Seguro que lo sabe todo el pueblo.
¿Por qué no pueden?
Eres como los demás.
Solo porque papá es pobre y porque es italiano.
Es un pecado.
Me da igual lo que sea y también su pobreza. Es un pecado.
Eres tonto, un entrometido.
Eres pequeño para saberlo todo.
Se lo diré a mamá.
- No dirás nada. - Sí y ella le dará su merecido.
- No vas a decir nada. - Incumple un mandamiento.
Es nuestra madre y se lo diré.
¿Lo ves? Es lo que tendrás si hablas.
Venga, pégame. Se lo voy a contar.
Promete callarte o te pegaré.
Venga, adelante, se lo contaré.
No vas a contárselo, joder.
Por favor, te daré todo lo que tengo.
Te daré el dinero que me den. Podrás dormir en el lado que quieras.
Lo contaré.
Está bien, August. Levántate.
¿Estás bien?
¡August!
Si se lo dices a mamá, le contaré a todos que mojas la cama.
- Arturo, no. - Sí, señor. A todo el mundo.
Le diré que August Bandini moja la cama.
Escuchadme todos. August Bandini moja la cama.
Tiene diez años y sigue mojando la cama.
Por favor, no grites, no se lo contaré.
Pero no grites más, ¿vale?
- ¿Me prometes que no se lo dirás? - Te doy mi palabra.
Vale, entonces volvamos a casa.
¿Qué?
¿La puerta trasera está abierta?
Hace muchísimo frío.
Federico, ¿dónde está mamá?
No lo sé, acabo de llegar. No la he visto.
¿Mamá?
¿Mamá?
Hace frío, ha dejado que se apague la estufa.
Y no hay más leña ni carbón.
Conseguiré un poco.
Tranquilos. Seguramente habrá ido a algún sitio.
- Ya volverá. - ¿Por qué no viene papá a casa?
¡Mamá!
Mamá, ¿qué haces aquí fuera?
Mamá, ¿qué estás haciendo?
Mamá…
Por favor, entra, hace mucho frío. Te pondrás enferma.
Vamos.
Joder, papá.
¿Te gustan?
Es el mejor puro que he fumado.
Fuma todo lo que quieras. Puedo traer muchos más.
- Quiere casarse conmigo. - No me digas.
Se puso de rodillas y me suplicó que dejara a Maria.
¿Qué le dijiste?
- Estoy casado, Rocco. - Sí…
Por eso duermo aquí todas las noches.
No. Cuando sea Navidad, volveré a casa.
- ¿Se lo contarás a Maria? - ¿Qué tengo que contarle?
Soy una víctima, Rocco. Todo es culpa de la viuda.
¿Me entiendes?
Me prometió 100 000 dólares si me casaba con ella.
- ¿Qué le dijiste? - Te lo he dicho, estoy casado.
Esto es una cuestión de honor.
- Eres un burro. - ¿Y qué harías tú?
¿Serías capaz de vender tu honor por dinero?
¿Por 100 000 dólares?
Mira esto, no solo vendería mi honor,
vendería mi cuerpo y mi alma.
Rocco, Rocco, Rocco…
Solo puedo decir que Maria tiene suerte por no estar casada contigo.
¿Se pondrá bien?
Sí, se pondrá bien.
Vosotros idos al colegio, ¿vale? Yo me quedaré.
¿Estás bien, mamá?
Déjame sola.
¿Quieres la botella de agua caliente?
No, déjame sola.
Ve a clase, llegarás tarde.
¿Busco a papá?
Ni se te ocurra.
Voy a buscarlo, eso es lo que voy a hacer.
¡Arturo!
No vayas a buscarlo, ¿me oyes?
Ni se te ocurra.
Le has visto, ¿verdad?
Está con esa mujer.
¿Qué mujer?
Mírame, Arturo.
- Le has visto, ¿verdad? - No.
Ya entiendo.
No entiendes nada, solo dices tonterías.
- ¿Cuando le viste? - Te digo que no le he visto.
Vete a clase.
Estoy bien, no necesito a nadie.
- Pero mamá… - Te he dicho que te vayas, ¡vete!
Mi amigo, Rocco Saccone… también es buen albañil.
Es muy buen hombre.
Entiendo.
Casi olvido pagarle.
Adiós, Svevo.
Adiós.
Y feliz Navidad.
Igualmente.
- ¿Este está bien? - No.
¿Y este? No espera…
- ¿Este? - No.
¿Hola?
¿Dónde está mamá?
Vaya, si está ahí.
Podríamos ir al centro antes de que cierren las tiendas.
Vosotros, yo… y mamá, todos juntos.
Para comprar regalos de Navidad para todos.
Yo quiero una bicicleta.
Claro, tendrás una bicicleta.
Este año tendremos unas buenas navidades.
La mejor de todas.
¿Y qué le compramos a mamá?
Mira cuánto dinero.
Es mejor dárselo todo a mamá, ¿no?
Todo este dinero,
se lo ganó papá jugando a las cartas.
Papá es un jugador estupendo.
¡Dios mío!
¡Mis ojos! ¡Mis ojos!
Joder.
¿Papá?
¿Qué es lo que quieres?
- Nada. - Entonces, lárgate.
Entra ahí y quedaos con esa loca.
Feliz Navidad para vosotros tres.
Coged el dinero, id al centro y compraos lo que os apetezca.
¡No!
Feliz Navidad.
¿Quién se lo habrá contado?
¿Cómo podría saberlo?
Es de la puerta lateral.
Espero que te quedes.
No quiero que te quedes más con Rocco.
Le pagaré el alojamiento y la comida.
Da igual el coste, se lo pagaré.
Svevo, esto no es una pensión,
es mi casa.
Es muy buena, señora Hildegarde.
No seas ridículo.
¿Bandini?
Has comenzado el año fiel a ti mismo. ¿Me lo explicas?
Fui a la iglesia a rezar el rosario.
Quería pedirle a la Virgen que este año fuera bueno.
Me gustaría creerte, pero no puedo.
Siéntate.
¡Gertie! Oye, Gertie, ¿dónde está Rose?
No lo sé.
- ¿Está enferma? - No lo sé.
- ¿Está yendo a otro colegio? - No lo sé.
Si pasara algo…
No podéis…
No es posible, necesito una niñera.
E iré a bailes con él…
¿Sí?
¿Dónde está mi padre, Rocco?
Y yo qué sé. Es tu padre, no el mío.
Creía que vivía contigo.
Tu padre vive solo.
- ¿Dónde vive? - No sabría decirte, niño.
Ya no nos vemos.
¿Conoces a una tal señora Hildegarde?
¿A Effie Hildegarde? No, para nada.
¿Quién es esa mujer? ¿Y por qué quieres saberlo?
Por nada.
Oye, niño.
¿Adónde vas ahora, niño?
A mi casa.
Eso, bien. Los niños tienen que quedarse en casa.
¿Mamá? Le he visto.
Está en el Rocky Mountain, solo él y Rocco.
¿Mamá?
¿Arturo?
¿Arturo?
- ¿Qué te dijo? - ¿Quién?
Entiendo.
Dijo que quería volver a casa.
Y que no le dejarías.
Que lo echarías de casa y por eso le da miedo volver.
Se lo merece.
No puede hacerme algo así.
Lo vi sin color y triste. Parecía enfermo.
Quiere volver a casa, mamá, se arrepiente.
Mejor si es así. Dejemos que esté por ahí unos días.
Vendrá suplicando de rodillas, ya lo conozco.
Eres muy bueno, Arturo.
Creo que me iré a la cama.
Estupendo.
¿Qué quieres, jovencito?
Me gustaría ver a Rose, señora. Estoy en su clase.
No puede ver a nadie.
Pero tengo que verla. Necesito decirle algo.
Te lo he dicho, no puede ver a nadie. Márchate.
Por el amor de Dios.
Poneos todos en pie y arrodillaos.
Acabamos de recibir una trágica noticia del Hospital Universitario.
Debemos ser valientes y rezar.
Nuestra querida compañera, nuestra querida Rose Helmer,
ha muerto hoy mismo a las 14:00, como consecuencia de una pulmonía.
Por favor, silencio. Recemos.
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Oye, Arturo, ha muerto tu chica.
Hemos rezado por ella.
No era mi chica.
¿Rose Helmer ha muerto? ¿Cuándo?
Esta tarde, ha muerto de "pulmomía".
De pulmonía, tonto.
¡Arturo!
¡Arturo!
¿Arturo?
Toma.
Ve a la tienda.
Cómprate un helado con esto.
¿Arturo?
Procura volver antes que tu padre.
HELADO
SALA DE BILLAR
Hola, señora Hildegarde.
Soy…
- Soy… - Debes de ser Arturo.
Sí.
Me lo imaginaba.
Pasa, Arturo.
Pasa, acércate al fuego, caliéntate.
Tiene un coche muy bueno, señora.
Sí.
Tiene 65 caballos.
- No lo sé. - Los tiene, lo leí por ahí.
Mi padre me mataría si me viera aquí.
¿Qué haces aquí, Arturo?
Bueno, es que…
mi padre…
Verá…
él odia a Donna Toscana.
Se trata de mi abuela. Y no se equivoca al respecto.
Yo también la odio.
Dice que mi madre no debería haberse casado con él.
Que no es bueno
y que por ese motivo se marchó.
No es mi madre, es Donna Toscana.
Mi madre… ella lo echa de menos.
Así que tuve que mentirle.
Le dije…
Le dije que él vive con Rocco.
Ella no sabe que vive aquí.
Le dije…
Le dije que quiere volver.
Y ahora le está esperando.
Tuve que mentir.
Le echa de menos.
Ella…
Ella le quiere.
Todos le queremos.
¿Arturo?
No, Arturo. ¿Arturo?
¿Arturo?
Bambino mio…
"Arturo: El desayuno está en la mesa.
No tienes que ir a clase hoy".
¡Vaya!
Ven aquí.
Ven, perrito.
Vamos, perrito.
Ven, chico.
Acércate, eso…
Sí, venga, ven.
Ven aquí.
Sí, eso es, come. ¡Muy bien!
Quédate aquí conmigo.
Ahora eres mío y te llamas Jumbo.
Muy bien, Jumbo.
Vamos, métete. Necesitas un baño.
Hueles fatal.
Venga, adentro.
Mira, es agua. Hueles muy mal, entra.
¿Qué pasa aquí?
Es mi perro, se llama Jumbo.
Sácalo.
- Pero, mamá… - Sácalo.
Venga, vamos.
Vamos, eso es Jumbo.
Sabes que a tu padre no le gustan los perros.
Pero es muy bueno, ¿no podemos quedárnoslo?
Increíble, mamá.
¿De dónde sacaste tanto dinero?
La abuela me lo dio.
Es una sorpresa para tu padre.
- ¿Viene a casa? - Vendrá hoy.
¿Cómo lo sabes? ¿Le viste?
No.
Solo sé que vendrá a casa.
¿Puedo quedármelo, mamá? Por favor.
Ya veremos qué dice tu padre.
Bien, perrito.
Por aquí, por aquí.
¿Y el colegio?
Mamá me dejó no ir.
Ha muerto alguien de clase.
- ¿Quién? - Rose Helmer.
- ¿Cómo está Federico? - Está bien.
- ¿Cómo está August? - Bien también.
¿Cómo estás tú?
Bien.
¿Cómo está mamá?
Quiere que vuelvas, papá. Me lo dijo.
Quiere que vengas.
- ¿Ya no se comporta como una loca? - No.
Ha preparado espaguetis para cenar, eso no es de locas.
No quiero más problemas.
No sabe ni que estás aquí. Cree que vives con Rocco.
Es que vivo con Rocco.
Llevo allí todo este tiempo, desde que me echó.
Lo sé, se lo dije.
¿Se lo dijiste?
¿Cómo lo sabías?
Me lo dijo Rocco.
Entiendo.
Papá, ¿cuándo volverás a casa?
Puede que no vuelva nunca. ¿Qué te parece?
Pero mamá te quiere.
Puede que vuelva y puede que no.
- ¿De quién es el perro? - Es mío, se llama Jumbo.
Llévatelo de aquí.
Saca a ese repugnante perro de aquí.
¿Ese perro es tuyo?
Sí.
¿Quién es este chico?
Es mi hijo mayor.
Bien, chico, saca a esa cosa horrible de mi propiedad.
No es una cosa horrible, es medio lobo.
Me da igual lo que sea. Llévatelo o llamaré a la policía.
Ni se le ocurra, joder.
¡Arturo! Esas no son formas de hablar.
Me encargaré yo.
Arturo, haz algo.
¡Arturo!
Svevo Bandini, ¿dejarás que este jovencito se salga con la suya?
Malditos campesinos extranjeros. Todos sois iguales.
Tú y tu perro y todos vosotros.
Señora Hildegarde, es mi hijo.
No puede hablarle de ese modo. El chico es norteamericano.
Me refiero también a usted.
¡Puttana!
Andando, nos vamos a casa.
¡Jumbo! Ven, Jumbo.
- ¿Y tus herramientas? - No son mías, son de Rocco.
Que termine el trabajo él, es lo que quería.
Perro de mierda.
Es un buen perro, papá. Es un poco perdiguero.
Claro.
¿Puedo quedármelo? Mamá dijo que podía si te parecía bien.
Si a ella le parece bien, a mí también.
¡Sí! Gracias, papá.
Muy pronto llegará la primavera.
Seguro.
Huele bien.
Lo hice esta vez con romero.
Solo una pizca. Hay que tener cuidado con el romero.
Si pones demasiado, se estropea todo.
Tienes razón, completamente.
¿Sabes lo que me gusta? Os lo diré.
Me gusta el orégano.
Basta con solo un poco.
Podrías usarlo otro día.
Lo haré.
Ahora, todos…
¡a comer!
Ten piedad, padre, porque he pecado. Me confesé hace cuatro días.
He tomado el nombre de Dios en vano, unas 60 o 70 veces.
Mentí a mi madre.
Le hice creer cosas que no eran ciertas.
O sea, hice que creyera cosas que no habían pasado…
Y también le mentí a mi padre.
Puede que les dijese cosas ciertas, pero no estoy seguro del todo.
Me gustaría arrepentirme por todo esto…
pero supongo que a veces tienes que decir muchas mentiras.
Arturo, Dios solo te perdonará si te arrepientes de verdad.
¿Te arrepientes?
- Claro, me arrepiento. - Muy bien.
Tendrás que rezar tres avemarías y dos padrenuestros.
Gracias, padre.
Subtítulos: B. Rodríguez Farfán
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