Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Los hechos y personajes de este episodio son ficticios.
Cualquier parecido a personas reales vivas o muertas,
es coincidencia, ¡y no es culpa nuestra!
AVENIDA DE LAS PULGAS
- En un minuto atacaremos. - Todo está a punto, señor.
Bien.
¡Soldado Laurel!
Haga guardia en la trinchera hasta ser relevado.
Ojalá pudiera ir con vosotros.
- Ve con cuidado. - No te preocupes, volveré.
Todos volveremos.
Hasta luego.
ARMISTICIO
AVENIDA DE LAS PULGAS
¡Idiota! ¿Qué pretendes?
- Deja ese fusil. - Es la guerra, cumplo una orden.
- ¿Qué orden? - Guardar esta trinchera.
La guerra terminó hace 20 años.
Me da igual. Cuando me ordenan algo...
- ¿Cómo dice? - Que la guerra terminó hace 20 años.
La guerra terminó hace 20 años.
¡Cómo pasa el tiempo! ¡Parece que fue ayer!
- ¿Qué ha dicho? - Ya me has oído.
- Ya entiendo. - ¿El qué?
Que hay mucha tranquilidad.
Vente conmigo, podrás volver a tu casa.
La guerra terminó hace...
Prefiero continuar aquí.
Muchas gracias.
- ¿Seguro que terminó? - Sí, puedo demostrártelo.
Si no es cierto alguien estará en un lío, créame.
Luego no diga que...
¡Diario! ¡Diario de la mañana!
¿Estaban bien los huevos esta mañana?
¿Algo más, cariño?
Casi me quemo el dedo al freírlos.
¿Estás preocupada por algo, nena?
No puedes engañar a tu bebé Oliver.
Oliver, ¿no recuerdas lo que pasó hace un año?
Me caí de la bici y me abrí la rodilla.
¡No, Oliver! Trata de recordar.
Fue algo relacionado contigo y conmigo.
Me rindo, no recuerdo a qué te refieres.
Si no es el día de nuestra boda. ¡Eso es!
¡Hace un año que te apoderaste de mi corazón!
¿Cómo podía olvidarlo?
Enhorabuena, Sra. Hardy. Claro que no lo he olvidado.
Lo celebraremos. Daremos una fiesta.
¡Oliver!
¡Estoy emocionada!
Prepararé la cena para los dos, como el año pasado.
- Eres encantadora, y yo un canalla. - ¡No, cariño!
Haremos lo que tu corazoncito desee.
Cenaremos los dos juntitos
y nos sentaremos con las manos entrelazadas
y te diré al oído dulces palabras de amor.
¡Oliver!
Es maravilloso, tú eres maravillosa.
Cariño, ¿me puedes dar un dólar más hoy?
- ¿No te basta con 75 centavos diarios? - Hoy es diferente.
No me preguntes qué haré con él. Es sorpresa.
Claro que sí. Te daré 1,25 dólares más, hoy.
Otra cosa, ¿te importa que coja el coche?
Solo estaré fuera una hora.
No, pero ten cuidado. Volverás enseguida, ¿ verdad?
Gracias.
Siquiera me despediré de ti, preciosa.
Discúlpame una hora.
Que sea una hora corta.
Buenos días, Sra. Gilbert.
- Buenos días, Sr. Hardy. - Precioso día, ¿ verdad?
- Cálido, alegre y luminoso. - Sí, un día muy bonito.
Un gran día para mí.
El aniversario de mi boda con la Sra. Hardy.
- También un día señalado para mí.
Mi marido vuelve tras pasar dos meses cazando en África.
Los dos tenemos motivos para celebrarlo.
- Felicidades. - Gracias.
No se moleste, yo lo recojo.
¡Hola, cariño! Es el Sr. Hardy.
- Mi marido el Sr. Gilbert. - ¿Cómo está, Sr. Gilbert?
Ha llegado inesperadamente, ¿no?
Se me cayeron los periódicos y el Sr. Hardy me ayudaba.
Sí, nos cogíamos la mano, nos dábamos la mano.
Y se le cayeron los periódicos.
Ya podemos levantarnos.
Ya podemos marcharnos, encantado de haberle conocido.
Perdone, lo siento.
Gracias. Adiós. Adiós, Sr. Gilbert.
- ¿Quién es ese idiota? - El Sr. Hardy, nuestro vecino.
Pasa, cariño, me alegro de tenerte en casa.
- Buenos días, James. - Buenos días, Sr. Hardy.
- ¿Qué dice la prensa? - Uno ha estado en la trinchera
20 años después de acabar la guerra porque no lo sabía.
- ¿Cómo puede ser tan estúpido? - No sé, aquí está su retrato.
EL SOLDADO STANLEY LAUREL RECIBE UN PREMIO DE HONOR
No me explico cómo se puede ser tan tonto.
Ahora ya está claro.
Paso, por favor.
- Gracias. - De nada, señor.
¿Baja?
ASCENSOR
CASA DE LOS SOLDADOS NACIONALES
No lo veo.
- Le encontrará en los jardines. - Gracias.
- ¡Ollie! - ¡Stan!
Quieto, no te muevas.
- ¿Cómo me has encontrado? - Te vi en el periódico.
- ¿De veras? - Sí.
- ¿Qué tal estoy? - No has cambiado.
Ni tú tampoco. Si no te veo, no te hubiera conocido.
- Qué contento estoy de verte. - Yo también.
- ¿Me has echado de menos? - Ni te lo imaginas.
- Y yo a ti. ¿Qué tal va todo? - Estupendamente bien.
- ¿Sabes? Me casé. - ¡Te has casado!
- Sí. - ¿Con Fifi?
- No. - ¿Lulú?
- No. - ¿Camilla?
- No. - Ya lo sé. Con Fanny.
No, no la conoces. Es una chica de aquí.
Tengo ganas de que la conozcas. Es encantadora.
- No me digas. - ¡Y sabe cocinar!
- ¿De veras? - Sí.
Espero que pongas las piernas bajo la mesa...
Perdona. Espero que pongas la pierna bajo la mesa
y le hinques los dientes a uno de esos filetes jugosos con setas.
Y a esas galletas calientes con mantequilla derretida.
Y esos pasteles de chocolate con nata por encima.
- ¿Y judías? - Tendrás judías si quieres.
Podrás comer lo que te apetezca.
Me alegro de que hayas venido. Espero que volvamos a vernos.
- Tengo que irme. - Stan, ¿adónde vas?
- Es la hora de ir a comer. - Tú no entras allí.
Vendrás conmigo y te presentaré a mi mujer.
- ¿De veras? - Y comerás un gran y jugoso filete.
- Gracias, Ollie. - De nada, Stan.
Y de ahora en adelante mi casa es tu casa.
- Gracias, Ollie. - De nada, Stan.
Y nunca volveré a perderte de vista.
- Gracias, Ollie. - De nada, Stan.
Quietecito. Descansa.
- ¡Qué contento estoy de verte! - Ahora ya estamos
igual que en otro tiempo. Otra vez juntos.
Eso mismo iba a decir.
- Solíamos divertirnos. - Ya lo creo.
- ¿Recuerdas lo torpe que era? - Sí.
- Ahora estoy mejor. - Me alegro de saberlo.
- Espera un momento. - ¿Qué quieres?
- Beber agua. - Quieto, no te muevas.
- Yo iré a buscarla. - La manguera está ahí...
¿Y cómo irías? Tú no te muevas. Volveré enseguida.
Fuera de esa silla.
Un momento. ¿Cómo trata así a mi amigo?
- Esta silla es de mi compañero. - Se la daré cuando me parezca.
- ¿Sí? ¿De veras? - Sí. De veras.
- ¿Está dispuesto a dármela? - Pensándolo mejor, sí.
No hagas esfuerzos. Te llevo en brazos.
Vamos.
¿Estás cómodo así?
Gracias, Stanley.
Ahora ya falta poco para llegar.
Ya hemos llegado.
- ¿Es tuyo el coche?
¡Ven aquí!
No me has dicho que tenías dos piernas.
No lo has preguntado.
- Sube, anda. - Las he tenido siempre...
Estás mejor así.
Di que muevan el camión.
Date prisa.
- Aquí no hay nadie. - Pues quítalo tú mismo.
Quietos. Atención. Gracias.
Este jabalí ha sido el mayor que se ha cazado en la India.
Me ha tenido dos meses lejos de mi mujercita.
Muy interesante. ¿Cómo lo cazó?
Me dio más trabajo que una manada de elefantes.
Es más seguro cazar caballos.
Iba a pie, me salió al paso y me atacó.
Dejé que se acercara y disparé.
Se encasquilló el rifle y me escapé.
- ¿Pero cómo lo hizo? - Sé que mirándome
no imaginan que sea tan ligero de cascos.
Digo, de pies. Me aparté a un lado.
- Vaya lío. - No por mucho tiempo.
Si se conserva la sangre fría todo sale bien.
Yo la conservaba, tenía frío en la espalda.
Saqué mis dos revólveres y le pegué 12 tiros.
Seis y seis.
Por poco la deja viuda, Sra. Gilbert.
Nunca me inquieto por mi marido. Cuando apunta, da en el blanco.
No hago lo que otros. No dejo las piezas vivas.
Muertas las traigo y regreso con vida.
¿También son de la India esos colmillos de elefante?
No, de África. Estaba con mi safari...
- Safari quiere decir grupo de nativos. - Ya.
Llevaba el rifle de cazar leones.
Es más pequeño que el de cazar elefantes.
De pronto Jumbo se abalanzó sobre mí. Tuve que dispararle todo un cargador.
¿Creen que eso le molestó? Pero le irritó. Se puso furioso.
Derribó cinco o seis árboles y reanudó el ataque.
Yo, tranquilo, me arrodillé, apunté con el ojo izquierdo y disparé.
- Apuesto a que acabó con él. - Aquí está lo que queda.
Ahora recuerdo que debo ir a la armería.
Me están haciendo un rifle especial.
Para los elefantes.
- Adiós, encanto. - Adiós, cariño.
Me disculparán.
Será un reportaje interesante. Gracias, Sr. Gilbert.
- ¿Quién ha abierto la puerta? - Nadie.
- Se abre automáticamente. - ¿Cómo?
¿Ves esa placa?
Si pasas por encima, la puerta se abre.
Nunca he visto una cosa así.
- ¿Te importa que la pruebe? - No. Arranca marcha atrás.
Dale ahora hacia adelante.
¡No!
NO FUNCIONA
- ¿Qué dice aquí? - "No funciona".
- ¿De dónde lo has sacado? - Estaba colgado ahí.
- Lo puso uno cuando tú no mirabas. - Hay que subir a pie.
- ¿En qué piso vives? - En el 13.
- ¡Cuántas escaleras! - No, llegaremos enseguida.
- ¿De veras? - ¿Qué son 13 pisos?
¿Suben?
- El quinto. - Eso es, ya falta poco.
Sexto.
- ¿Cuánto íbamos a tardar en llegar? - Enseguida.
¿Cuándo es enseguida?
Lo que tarda una oveja muerta en parar el rabo.
Nunca creí que tardara tanto. Hay cosas sorprendentes.
El séptimo.
¿De siete a trece cuántos van?
- Seis. - Nos faltan solo seis tirones de rabo.
Ya queda menos.
- Octavo. - Noveno.
Descansemos un poco.
Ha sido una buena idea.
No obstruyan la escalera. Dejen paso.
- ¿Con quién cree que habla? - Con Ud., sapo vitaminado.
De mí no se ríe nadie.
De no estar en una casa respetada, limpiaría el suelo con Ud.
- No se contenga. - Baja con él a la calle.
- ¿A la calle? - ¿Lo ves? Tiene miedo.
¿Quién tiene miedo? Cuando Ud. Quiera.
- La mejor ocasión es esta. - A mí nadie me amenaza así.
¡Y a mí nadie me insulta!
¡Qué manera de tratarte!
- Va a haber una pelea. - Sí, señor.
- Va a haber pelea. - Lo pagará caro.
- Ollie. - ¿Qué?
- ¿Por qué te ha llamado sapo? - Luego te lo diré.
Va a haber pelea.
Va a haber pelea.
Va a haber pelea.
- Se llevará su merecido. - ¡Va a haber pelea!
No fanfarronee.
- Yo te ayudaré. - No, déjamelo a mí.
- Está bien. - Acabaré con él de un soplo.
Va a haber pelea.
Ahora le enseñaremos a ese...
Si quiere disculparse está a tiempo.
- ¿Disculparme? - Sí.
¿Por qué? Por haber dicho que soy un sapo.
A mí no me insulta nadie sin llevarse su merecido.
De acuerdo. Retiro que Ud. Es un sapo.
- Así tan amigos. - Es un gordinflón.
Eso es otra cosa.
No sé lo que insinúa. Pero todos no pueden equivocarse.
- Pues calle y pelee. - Ya lo creo que pelearé.
Es una gran idea. Ya han oído. Vamos, a la calle.
Le daré otra oportunidad. Si quiere disculparse, está a tiempo.
Está bien, lo siento. Le ruego que me disculpe.
Ya sabía que era un cobarde.
¿Un cobarde?
Duro con él.
- Llame a una ambulancia. - Sí, señor.
Va a haber pelea. Dígales que...
- ¿Qué ha ocurrido? - Se ha acabado.
- ¿Qué le has hecho? - No tiene importancia.
¿Por qué dijiste que bajáramos cuando podía haberme pegado allí?
Podíamos haber hecho lo mismo en el décimo piso.
Yo no sabía a...
- ¡Ollie! - ¡Lulú, cuánto tiempo sin verte!
- Te acuerdas de Stan, ¿ verdad? - ¿Quién puede olvidarse de él?
Hoy he vuelto a encontrarlo después de 20 años.
Pensaban que estaba muerto.
- ¿ Y cómo averiguaron que no? - En realidad...
- Me vio retratado en el periódico. - Sí.
- ¿Qué harás ahora? - Voy a presentárselo a mi mujer.
- ¿Tu mujer? - Sí.
- ¿Estás casado? - Así es.
Y con la mejor mujer del mundo.
- Y cocina filetes... - Ollie, ¿no has recibido mi carta?
- ¿Cuál? - Una que te acabo de mandar al piso.
Solo la puedes leer tú.
- ¿Y qué dice? - Solo ciertas confidencias.
- Hay que coger la carta. - Ollie.
- ¿Qué? - Cuando la tengas, quémala.
- Lo haré. - Resulta que...
¡Vamos a buscar la nota!
8:30.
¿Por qué ha tirado mi pelota?
- Lárgate y no molestes. - Papá, sal enseguida.
Ese gordo me ha tirado la pelota abajo.
Venga aquí.
¿Va a haber pelea?
Vaya abajo y recoja la pelota enseguida.
- No puedo, tengo... - ¡Vamos! ¡Andando!
- Sí, señor. - Sí, señor.
- Baja y recoge la pelota. - ¿Por qué tengo que ir yo?
- ¿No has sido tú? - Debo recuperar la carta.
- Es cuestión de vida o muerte. - Pero yo no quiero ir.
- No quiero. - Vamos, baja. Date prisa.
- ¿Dónde está la pelota? - Ya va mi amigo.
- Le he dicho que fuera Ud. - Yo tengo que recoger una cosa.
- Baje y traiga la pelota. - Sí, señor. Ya voy.
No me moveré de aquí hasta que la traiga.
No bajaré corriendo para recoger la pelota.
Désela al niño, y que no vuelva a ocurrir.
¡Papá! Ese tío me ha dado una patada.
¿Por qué no le pones un poco de hielo?
Vamos.
¿Por qué no has dicho que ya tenías la llave?
- Porque no me lo has preguntado. - Con que no...
- ¡Qué bonita ropa interior! - No seas descarado.
Sr. Hardy.
Diga, Sra. Gilbert.
Han dejado esta carta en mi piso.
- Gracias. - ¿De quién es?
De Lulú. Digo, no sé. ¿Cómo quieres que lo sepa?
Es un amigo mío el Sr. Laurel, Sra. Gilbert.
- Tanto gusto. - La Sra. Gilbert es nuestra vecina.
- Pasará una temporada con nosotros. - Me alegro.
- ¿Cómo está su señora? - Tan encantadora como siempre.
Ya le he contado lo bien que cocina.
Sí, es una gran cocinera. Feliz estancia.
- Adiós. - Adiós.
- Adiós. - Adiós.
Vamos, entra.
¡Nenita!
¡Cariño!
¡Encanto!
Ha ido a comprar. Vuelve enseguida. Siéntate, estás en tu casa.
- Tienes una casa muy bonita. - Sí, no está mal.
- ¿Me das un cigarrillo? - No fumo nunca.
¿Le importará a tu mujer que fume en pipa?
No, a ella le parece bien todo lo que me parece a mí.
- Algunas mujeres son especiales. - La mía no. Te lo aseguro.
¿Qué es eso de llamar a mi esposa una mujer?
Hola, encanto.
¿Solo ibas a tardar una hora?
- ¿Es tu esposa? - Sí.
- Creí que habías dicho... - Bromea. Quiero que la conozcas.
Es muy bromista.
¡Cariño, monada! Te presento a un buen amigo mío.
No me llames monada. Y ya te he dicho...
que no quiero que traigas a tus amigotes.
Encanto, no había visto a Stan desde hace 20 años.
- Y yo no querré verle ni dentro de 100. - Cariño, no juzgues así.
- Le he contado lo bien que guisas. - ¿De veras?
¿Por qué no prepara uno de esos filetes jugosos
- y un pastel de chocolate? - ¿Quién le ha metido eso en la cabeza?
- Has sido tú. - Si crees que voy a molestarme
en guisar para cada farolero que traigas, estás equivocado.
Perdone.
- Pero, chatita, Stan es distinto. - Ya veo que es distinto.
Y no me llames chatita.
¿Qué es un farolero?
Los que encienden los faroles de la calle.
- Y no me molestes más. - Bueno.
- Estoy dispuesto a escucharte. - Ya estoy harta. Me marcho.
- Creí que no te importaría. - Me encontrarás en casa de mi madre.
- Que se quede a vivir contigo y verás. - No toleras nada.
¡Calla!
Si lo conocieras más lo apreciarías más.
He ido a buscarlo para que probara uno de tus filetes.
Vamos, sal de ahí.
Y apaga la pipa.
- Deja que te lo explique. - No pienso aguantar esto.
- Parece mentira. - Me arrodillo ante ti.
No te portas como es debido.
¿Quieres apartarte de mi camino?
- ¿Cómo me pides eso? - Sé razonable.
- No me quedo aquí. - He sido un marido cariñoso.
No cocinaré para ti y tus amigos.
- ¿No puedes complacerme? - ¡Adiós!
Adiós.
- A ver si te sirve la lección. - ¿Qué?
No te cases nunca.
Gracias por todo, Ollie.
- Nos vemos pronto... - ¿Adónde vas?
- AI Hogar del Soldado. - ¿Por qué?
Tengo hambre.
Comerás aquí aunque lo tenga que preparar yo.
- Eso es difícil... - Ve a encender el horno.
Y yo pondré la mesa.
- Se llevará un chasco. - Claro que se lo llevará.
De mí no se ríe nadie.
- Ollie. - ¿Sí?
- ¿Tienes cerillas? - ¿Para qué?
- Para encender el hornillo. - Siéntate, me pones nervioso.
Yo lo encenderé.
Si quiero que una cosa se haga bien debo hacerla yo.
- Sr. Hardy, ¿qué ha sucedido? - Un pequeño accidente.
Estaba preparando la cena para mi amigo y...
- Pero, ¿y su señora? - Por fortuna había salido.
- ¿Qué diría si viera esto? - Tiemblo solo de pensarlo.
- Le ayudaré a limpiarla. - Gracias, Sra. Gilbert.
- ¿Dónde has estado? - Creí que era un terremoto.
Apaga el horno y tráeme un ponche, estoy deshecho.
Y otro para la Sra. Gilbert.
Déjalo. Lo haré yo mismo.
Si quieres que algo esté bien hecho es mejor hacerlo tú mismo.
- Perdone, Sra. Gilbert. - Desde luego.
Estará todo limpio enseguida.
Apaga el gas.
Tráeme unos vasos.
Cuánto lo siento, Sra. Gilbert.
No importa. Un accidente es un accidente.
- Secaremos el vestido. - No se moleste, iré a mi casa.
No tardaré ni un minuto.
- Vuelvo enseguida. - Qué amable es Ud.
¿Qué ha ocurrido?
¿Qué ha ocurrido?
¿Qué pasa, Sra. Gilbert?
He dejado la llave en el piso y está cerrado.
- Tal vez le sirva algo de mi mujer. - Bien, gracias.
Aquí tiene, Sra. Gilbert. Es lo único que he encontrado.
Entre y quítese este vestido mojado.
Mientras llamaré abajo para que le suban otra llave.
- Gracias, Sr. Hardy. - De nada, gracias a Ud.
¿Oiga?
¿Oiga? ¿Oiga?
- ¿Oiga? - ¿Diga?
- Soy el Sr. Hardy. - Encantado.
- ¿Cómo está Ud.? - Bien. ¿ Y Ud.?
- Bien, gracias.
- Hace buen tiempo, ¿ verdad? - Un día precioso.
La Sra. Gilbert no puede entrar en su piso.
¿Puede subirle otra llave?
- ¿Qué número tiene? - Un momento, no se retire.
1314.
¿Por qué he de enviarle una llave? No tengo nada que ver.
Si ella ha salido, yo...
Sra. Gilbert, el teléfono está estropeado.
Voy a bajar a buscarle la llave.
- ¿No le molesta, Sr. Hardy? - No, voy en ascensor y vuelvo enseguida.
No tardes mucho.
- Mi esposa, aquí llega. - Tranquilo, yo se lo explico.
No con ese pijama. Ud. No conoce a mi esposa.
- ¿Qué vamos a hacer? - Escondernos.
- Buena idea. - Deprisa.
- Buscaremos sitio. - Venga conmigo.
- No hay donde esconderse. - Hay que encontrarlo o me matará.
- Siéntese en el aire. - ¿Cómo?
Igual que una silla. Así. Y no se mueva.
Ahora, quietecita.
¡Corre, escondámonos aquí!
- ¿Qué ha pasado aquí? - Queríamos freír un filete y...
No importa. ¿ Y el gordinflón de mi marido?
- Se ha escondido. - ¿Dónde?
- Ahí dentro. - Conque sí...
Pues no estará en el escondite mucho tiempo.
"Anda, ve a ver al abuelito. Y el abuelito, se reía, dijo..."
- Hola, monada. - ¡No me llames monada!
¿Por qué está mi coche destrozado?
- Verás, nena... - ¡Siéntate!
El coche está destrozado y la casa hecha una ruina.
- Deja... - ¿Qué has hecho? ¡Siéntate!
- ¿Habéis jugado a los soldados? - No he hecho nada...
- He trabajado como una esclava... - ¿Por qué discutirán?
- Para tener arreglada la casa. - Un momento.
¡Siéntate!
- No me iré a casa de mi madre. - Deja que me explique.
¿Por qué discutirán así?
Yo no discutiría. Al fin y al cabo es inútil.
Vaya jaleo. Yo no tengo nada que ver.
Es una tontería discutir así. Yo no he dicho nada.
Si no quieren que esté, estaré hasta que quieran.
Yo no he dicho nada.
No volverás a engañarme como esta mañana.
- Si te doy 1,25 dólares... - Lo que ha ocurrido...
Qué tontería...
¿De qué ha servido ser tan complaciente contigo?
Encima, voy a comprar, y me encuentro con el farolero.
¿Por qué no dejarán de discutir? Es lo más ridículo que...
¿Crees que soy idiota?
- Estás muy equivocado. - Pero atiende, cariño.
Ya he aguantado bastante.
Es lo más ridículo que he visto. Es horrible.
- ¿Dónde? - ¡Levántate!
He limpiado la cocina y ahora está destruida.
¿Qué habéis hecho con mi cocina?
- Hemos encendido el horno... - Tan arregladita...
- Y ahora déjame... - Estoy harta de todo esto.
- ¡Siéntese! - ¡Levántate!
- ¡Siéntese! ¡Aquí mando yo! - ¡Levántate!
- ¡Siéntese! ¡Siéntese! - ¡Levántate!
- Estoy harta. Siéntese y no se mueva. - ¡Levántate!
- Ya te puedes largar. - Ahí te quedas.
¡Siéntate! ¡Levántate!
Y ahora te voy a decir una cosa: No vuelvas.
¡Levántate!
- ¿No me has oído? - Me has dicho que me sentara.
- Si quiero sentarme, me sentaré. - ¡No vuelvas!
¡Haré lo que quiera! Ella ha dicho que me sentara...
¡Qué cocina!
¡Valiente estúpido!
- Mi precioso... - ¡Al baúl!
Corre, vamos, deprisa.
- ¡Póngase aquí! - Sí, póngase aquí.
Agáchese.
Y ahora voy a decirte otra cosa...
- Y yo voy a decirte... - ¡Siéntate!
Y escúchame bien. No toleraré...
- Ya he aguantado bastante. - ¿Cómo te atreves?
Yo soy quien se va de casa y no pienso ir a ver a mi madre.
Perdona. ¿ Vamos, Stan?
Un momento. ¿Adónde piensas ir?
He hecho el equipaje y me voy a Honolulú.
- ¿Quién te ha metido eso en la cabeza? - Stan. Cree que debo huir.
Y un viajecito me sentará bien.
- ¿Conque ha sido él? - Sí.
Me destroza la casa y quiere llevarse a mi marido.
Ya le arreglaré yo.
- ¿ Va a haber pelea? - Vamos.
- ¡Quieto! No saldrás de aquí. - Me voy con mis cosas.
Llevo mucho tiempo aguantándote.
- No te llevarás nada. - Escúchame...
¿Quieres pelea?
- Soy yo quien está harta. - Me iré. ¿Qué te has creído?
- ¿Qué sucede? - Ahora mismo se enterará.
Ese gusano, ese impostor intenta destruir nuestra felicidad.
Llamaré a la policía. Que lo manden al Hogar del Soldado
- de donde no ha debido salir. - Conque destruye la felicidad ajena...
Tiene Ud. Aspecto de dedicarse a estas cosas.
¿Sabe lo que haría si alguien tratara de interponerse entre mi mujer y yo?
Cogería mi rifle y
le haría volar.
Yo no tengo nada que ver. ÉI me trajo aquí
- porque quería darme un filete. - Da igual. ¿Qué ha pasado?
Tiene una chica metida aquí y no quiere que se entere su esposa.
- Me pidió que lo ayudara... - ¿Por qué se lo has dicho?
Porque me lo ha preguntado.
En ausencia de la esposa los ratoncitos juegan.
¿Pero por qué la ha traído a su casa? Eso es ridículo.
Tiene que venir conmigo. Sé dónde hay rubias estupendas.
¿Por qué cree que voy a Borneo tantas veces?
Tiene que venir conmigo algún día. Y Ud. También.
Buenos días. ¿Qué le parece si?
¡Mi mujer! ¿Qué han hecho?
¡No escaparán!
¡Miserables canallas!
¡Alguna vez tengo que acertar!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.