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RICO DEPORTISTA SE MATA EN CARRERA NÁUTICA
DEJA GRAN FORTUNA PERO NO HEREDEROS
GEORGE GROVES MUERE EN DESASTRE MARÍTIMO
EL REY DEL COBRE DEJA MILLONES PERO NO HEREDEROS
DEPORTISTA MILLONARIO MUERE EN ACCIDENTE AÉREO
NI TESTAMENTO NI HEREDEROS PARA LA FORTUNA DE MACBETH
DE WITT BARCLAY SE MATA
NOBLE JINETE SE ROMPE EL CUELLO MUCHOS RECLAMAN SUS MILLONES
MAGNATE DEL PETRÓLEO MUERE EN CHOQUE DE TRENES
NO SE ENCUENTRAN HEREDEROS PARA LA FORTUNA DE WILLIAMS
Hola, oficina del Sr. Corrigan.
¿La Sra. Greenbaum? Me pareció reconocer su voz.
¿Quiere saber si el Sr. Corrigan le envió copia del testamento de su tía?
Un momento. Eh, Jitters, ¿ya ha salido eso?
No. ¿Qué crees que soy, un pulpo?
Sí, Sra. Greenbaum, ya está en el correo.
De nada.
Hola, oficina del Sr. Corrigan.
Pon también el anuncio de Roger Clinton en los periódicos canadienses.
Sí.
Sí, y repite el anuncio de la Sra. Oppenheimer.
Eso es, sí.
Hola, hola, ¿ya ha llegado Louie?
No, Sr. Corrigan, todavía no ha llegado.
¿No? Mándame a ese gusano en cuanto llegue.
Sí, claro, ya se lo diré.
Si ese Louie sabe lo que le conviene, es mejor que no venga.
Eh, Bessie, ¿ya ha llegado Louie?
Aún no. Pero cuando oigas caer algo, eso será Louie.
No, Sr. Corrigan, probé en su casa.
Bien, volveré a probar.
- Hola. - Aquí está.
- ¿Tuve alguna llamada? - ¿Alguna llamada? ¿Dónde estabas?
- ¿Quién quiere saberlo? - Es solo un interés amistoso.
El jefe estaba buscándote por todas partes.
- ¿En serio? - Segurísimo. ¿Dónde estabas?
Salí a buscar una heredera.
Oficina del Sr. Corrigan.
Tiene la línea ocupada.
- Hola, Jitters. - Anda ya, el jefe está que trina.
No te preocupes, cielo. Sé cómo manejarlo.
Apuesto a que sí.
Estúpido cretino atontado.
Cara de mono.
- Escucha, Jimmy. Deja que te explique, ¿quieres?
No sé por qué no te parto la cara.
Ni siquiera sabes lo que voy a decir.
- Ni tú tampoco. - De verdad, Jimmy.
Espero no vivir para ver viva a mi madre.
¿Sabes que esos tipos llevan ahí fuera desde las 8 de la mañana?
- ¿No hablaste con ellos? - ¿Quién, yo?
¿Sin una presentación? ¿Así va a llevar su oficina un caballero?
- Lo siento. - ¿Dónde has estado?
- ¿Yo? - ¡Yo no, tú!
Estaba buscando a la heredera de esa Esmée Bayard.
- ¿Qué heredera? - Ya sabes.
Esa de la que me diste el soplo.
Los herederos de la señora que se cayó en la bañera.
- ¿Y qué? - Por fin encontré a la chavala que encaja en la descripción.
Una chica muy guapa.
He estado trabajando por las noches.
- Por la noche, ¿eh? - Encaja a la perfección.
- ¿Sí? - Rubia, ojos azules, algo más de metro y medio descalza.
- Sigue. - Y tiene un pequeño lunar en la cadera izquierda.
¡Para ya!
Lo primero, no era un lunar, era una verruga.
Lo segundo, no era en la cadera, era en la espalda.
Lo tercero, no era una mujer, era un tío.
- Debe haber un error. - Sí, el error eres tú.
Si no te necesitara para presentarme a esos tipos de ahí fuera...
te daba de patadas.
¿Qué haces en mi silla?
Quita de ahí.
Mira qué camisa. Ponte bien la corbata, bobo.
Venga, sal.
¡Sal ya, vamos!
- Buenos días. - Hola, Lou.
Vosotros dos, los nuevos, quiero presentaros al jefe.
El Sr. Corrigan, muchachos.
Un tipo genial.
Estos son Stew Hatkins y Eddie Marrigan.
- Hola. - Encantado de conocerle.
Un par de buenos tipos.
El jefe quiere deciros unas palabras.
Sentaos, sentaos todos.
Veamos...
Para empezar, sacaos de la cabeza que esto es un chanchullo.
Esto es un negocio respetable, selecto, de primera.
Y vosotros vais a tener la ocasión de ganar una buena pasta.
Solo tenéis que procurar que no os metan en la cárcel.
¿Lo veis?
Esta es la idea.
Por ahí tirado en los bancos de todo el país hay un montón de dinero.
Millones de dólares legados a herederos legales que nadie encuentra.
Bien, los encuentro yo.
Y por una pequeña comisión, nunca mayor del 50%,
yo les pongo en contacto.
¿Y si no puede encontrar a un heredero legítimo?
¿Entonces vais a dejar que todo ese dinero vaya a la basura?
- Ah, le entiendo. - ¿Qué hacemos nosotros?
Vosotros buscáis pistas de gente que ha fallecido.
Louie y yo nos encargamos de los detalles.
Louie busca marcas de nacimiento.
Vais a cobrar los gastos y 15 pavos a la semana.
Y el 10% de lo que resulte si sale bien.
- ¿Os parece bien? - OK.
- Por mí, está bien. - Muy bien, muchachos...
aquí tenéis las tareas para hoy.
Atención, todos. Mike, tú vas al Hospital Central.
Acaban de llevar a un viejo soltero.
- ¿Está muerto? - No, pero ya lo estará.
El médico que me lo sopló está operándolo.
Pete, vete a la funeraria de Barnum.
Tienen allí a un fiambre que tiene buena pinta.
Y llévate a Stew. Será una buena práctica. Vete con él, Stew.
Grant, vete al ayuntamiento y mira la herencia del testamento de Johnson.
Eddie, tú vete con él.
- Gracias. - Adiós.
Ferris... ¿dónde estás?
Entérate de todo lo del caso Evans.
De todo. Que no se te escape nada.
Hailey, vete a la morgue de Jersey.
- Y sigue la pista a esto. - Vale, jefe.
Venga, Les, vete con él.
¿Qué quiere que haga yo, jefe?
Quédate ahí sentado como de costumbre.
El de la limpieza vendrá a las 5 y te quitará el polvo.
Parece que va al Hospital de los Franciscanos.
Siempre serás un desastre. ¿No reconoces esa sirena?
- Eso es de urgencias. - ¿Urgencias?
- Sí, urgencias. - Bueno, entonces estamos fuera.
¿Quién dice eso?
Wallingham tiene eso cogido, ¿no?
- Lo tiene comprado. - Sí, él paga y yo lo consigo.
- Canalla. - ¿O sea que también estás metido allí?
Escucha, idiota. Allí no tengo nada, ¿entiendes?
No tengo nada. Lo tiene todo Wallingham.
Pero cuando llega algo interesante a urgencias, el pequeño Jamesy se entera.
Deprisa, muchachos.
- Hola, Johnny. - Hola, Paddy.
- ¿Qué pasa esta vez? - Solo una anciana.
- No me digas. - Andaba por el café de Babcock.
Vivía de comer lo que dejaba la gente.
- No me digas. - Sí.
Un idiota decidió quitarse de en medio poniendo cianuro en su sándwich.
- No me digas. - Sí, y se quitó de en medio.
- ¿Sí? - Sí, se comió la mitad y tiró la otra mitad.
- ¿Sí? - Y ella se la comió.
- ¿Y se murió? - Se murió.
¿Entonces, qué?
Se acabó, está muerta.
Mira bajo la ropa, Benton,
a ver si encuentras alguna marca distintiva.
- Pobrecita... - Muerta de hambre.
Un crimen. eso es lo que es.
Una vergüenza para nuestra civilización.
En medio de la abundancia, esta pobre criatura se muere de hambre.
Doctor, haga el favor de mirar esto.
¡Doctor Forbes, bonos!
Bonos del ferrocarril. Su ropa está forrada con ellos.
- Válgame Dios. - Quite ese forro.
Mire, acciones, bonos.
Más bonos.
Llaves, acciones, bonos, más bonos...
- Llaves de cajas de seguridad. - Más bonos...
Apuesto a que esto son joyas.
- Santo cielo... - ¡Qué preciosidad!
Oro. Era un banco ambulante.
Póngame con el 57521
Oficina del Sr. Wallingham.
No cuelgue, por favor, le paso.
La Srta. Martin al aparato, la ayudante del Sr. Wallingham.
Sí, un momento.
Blair, de urgencias. Solo quiere hablar contigo.
Adelante.
Hola, Wallingham al aparato.
- Hola, Blair. - ¿Hola?
Fenomenal.
Lo has hecho estupendamente.
Un momento, ¿cogiste los números de las cajas de seguridad?
No se me ocurrió.
Bien, lo haré, de acuerdo.
Si haces el favor. Llámame. Gracias.
¿Un buen soplo?
- Quizás. - ¿Qué es?
Una anciana indigente con la ropa forrada de valores de primera.
Qué emocionante. Una buena oportunidad para nosotros.
Me encanta tu entusiasmo.
Bueno, ¿es que no te emociona a ti un poco?
Bueno, francamente, sí.
Confieso que siento un hormigueo cuando pienso en el solterón ajado...
o en el pobre oficinista acosado
a los que llevarás la buena nueva de que acaban de recibir una gran fortuna.
Eso diría yo.
Hay mucho interés humano en este chanchullo.
Mi querida niña...
Por favor, no te refieras a nuestra empresa como chanchullo.
Nunca.
Nosotros sacamos comisiones, ¿no?
¿No merece el obrero su salario?
Tienes tantos sentimientos hacia esos pobrecitos.
No eres un tramposo o un marrullero como...
Como algunos de nuestros competidores.
¿A quién te refieres?
Yo no digo ningún nombre.
Creo que sé a quién te refieres.
La Srta. Martin al aparato.
Sí.
Blair. El Sr. Wallingham está aquí.
Sí, Blair.
Sr. Wallingham...
Tengo los números de esas cajas de seguridad.
Bien. Apunta esto.
7, 8, 0, 9, 10 y 11. ¿Farmers Loan and Trust?
Bien. Ya verás que no soy desagradecido, Blair.
Adiós.
Es mejor que atiendas este caso personalmente.
Me pondré con ello antes de que Jimmy Corrigan y sus Tarzanes se enteren.
Un momento. Corrigan no recibe soplos de urgencias.
No me fio de él. Sobornaría a un cadáver para que se levantara y llamara.
Pareces saber mucho de ese Jimmy Corrigan.
¿Cómo no? Trabajé en su oficina 10 meses, no lo olvides.
No hay mucho acerca de Jimmy Corrigan y sus métodos que yo no sepa.
Es inestimable tenerte aquí
sabiendo tanto de Corrigan y de sus peculiares métodos.
Eres muy estimulante.
Necesito un corte de pelo.
¿Oiga?
Póngame con Farmers Loan, por favor.
¿Eres tú, Viola?
¿Dónde está Ronnie?
Acaba de salir a por tabaco, Srta. Martin.
¿Ah, sí?
Bien, Viola.
- Qué raro. - ¿Qué?
Cada vez que nos llega un soplo a esta oficina,
Ronny Gatson sale a comprar un paquete de cigarrillos.
Ya veo, y tu instinto femenino te dice...
Me dice que voy a salir a por un gran cigarro puro.
Hace tiempo que tengo esta sospecha.
Haz el favor de coger la llamada de Farmers Loan
y entérate de a nombre de quién estaban registradas esas llaves.
Gracias.
Parece un buen soplo, Sr. Corrigan.
El Sr. Wallingham estaba todo exaltado con ello.
¿Qué? Oh, no se preocupe, Estoy llamando desde abajo, en el vestíbulo.
Ya sabe el viejo truco de salir por tabaco.
Mejor se pone con ello, Sr. Corrigan. Nuestra oficina ya está trabajando.
Acuérdate de poner los calcetines, chaval. Santa Claus no te va a olvidar.
Bien, adiós.
Adiós, chaval.
Apúntale otra a Corrigan.
- Un momento, Sr. Gatson. - Srta. Martin...
- Buen trabajo, ¿cuánto te paga? - Bueno, seguro que yo no...
No es bastante. ¿Qué pasa con el desgaste de tu reputación?
- Yo le juro... - No me vengas con esas. Lárgate.
Srta. Martin, Srta. Martin, le juro...
Te tiraré el sombrero por la ventana.
Ese tramposo ha estado pagando a todas las enfermeras e internos de urgencias.
Estupendo, si pudiéramos darle la vuelta al asunto,
podríamos hacer que algunos de esos caraduras trabajaran para nosotros.
¿Cómo? ¿Y dejar sin trabajo a todos esos buenos chicos?
¿Y qué hay de nuestro estilo, de la libertad, de la democracia?
- Chico, eres un fenómeno. - Hago mi papel, nada más.
Mira...
Vas a ir al Farmers Loan and Trust Company
y soborna al tonto de las cajas para que te lo diga todo sobre la anciana.
¿Entendido?
¡Y mira! Como te dejes algo, prepárate.
¡Eh! Y dile a ese de afuera que te descuente 5 dólares por ese cristal.
Bueno, despedí a esa serpiente.
Todo fue culpa de Corrigan.
Mi querida niña, no debes dejar que estos contratiempos te perturben.
Después de todo, ¿qué significa para ti Jimmy Corrigan? - Nada de nada.
- Solo... - ¿Sí?
Odio pensar en él
O en cualquiera tan rastrero.
¿Es que no lo ves?
A menos que evites la vida, como cualquier cobarde,
tienes que entrar en contacto con los Corrigans de este mundo.
Negocios, política, toda nuestra moderna civilización exige
que la gente con ética se implique en la lucha por la decencia.
Tú lo has dicho. Así que voy a ir ahora mismo
a decirle a Jimmy Corrigan lo que pienso de él, aunque sea lo último que haga.
Muy bien, ¿qué edad tenías cuando te fuiste de Atlanta, Georgia?
Eh... tenía 14 años, señor.
Bien. ¿Y cómo se llamaban tu padre y tu madre?
- Elizabeth Ann y Roger Smith Worthington. - Bien otra vez.
¿Tenías hermanos o hermanas?
- Sí, tenía una hermana. - ¿Y cómo se llamaba?
Caray, nunca me voy a acordar del nombre de esa mujer.
¡Abigail, imbécil, Abigail!
Abigail. Sí, señor.
Solíamos llamarle la pequeña Abby. Verá, estaba un poco confuso.
¿Por qué estabas confuso?
¡Porque la última vez no tenía hermana! La pusiste ahora.
Calla ya.
Recuerda que eres un caballero sureño, cretino, un caballero sureño.
Dile otra vez cómo se dice.
Vale, jefe. Mira, caballero sureño,
- tienes que decir "por zupuezto". - ¿"Por zupuezto"?
- Sí. Y tienes que decir "vozotroz". - Vosotroz. - Vozotroz.
Vozotroz podéis confiar en mí.
Un Worthington, señor. Un Worthington de Georgia.
Bien, Eddie. Llévalo con esos abogados.
Y como empiece a meter la pata, pégale en las espinillas.
Y como la arme,
le atas un yunque al cuello y lo tiras al agua.
- Venga. - Vale, jefe.
Mira, Coronel Abigail,
si te quedas en blanco, canta "My Ole Kentucky Home".
- Sí, señor. - Sí, señor.
Vaya, vaya.
Pero si es la pequeña Joanie.
¿Cómo estás, nena? Pasa.
- ¿Un cigarrillo? - No, gracias.
- He estado pensando en ti, nena. - Ojalá no lo hicieras, Jimmy.
- ¿Qué? - Pensar en mí.
- ¿Qué pasa? - Puedo pillar algo si ando por tu cabeza.
Hace meses que no te veo y lo primero que haces es insultarme.
- Sí, si es posible. - Pues no empiezas mal.
- ¿Qué quieres? - Ronnie Gatson.
Esa pequeña rata. ¿Se chivó?
- No, le pillé yo. - Oh, qué lástima.
- ¿O sea que lo sientes, Jimmy? - Claro que sí. Me estropeó el montaje.
Ah, era eso.
No me gusta que pillen a nadie.
Ya, te da igual lo que hagan, solo te importa que los pillen.
¿Qué tiene de malo? Me dedico al negocio, ¿no?
- Un negocio sucio. - Todos los negocios son sucios.
Firmado, Jimmy Corrigan, el muchacho de la vista rastrera.
Solo hay dos clases de personas en los negocios,
las que pillan y las que no.
¿Te haría sufrir un instante
saber que hay muchos hombres que no ven las cosas como tú?
Dime uno... deja, ya lo sé.
Ese baboso para el que trabajas.
- Te molesta, ¿eh? - Sí, como una piedra en el zapato.
Siempre te molestará, Jimmy. Tiene algo que tú no tienes.
Lo único que tiene que yo quiero eres tú,
- algo que él me quitó. - Te dejé yo por cuestión de decencia.
¿Es decente sobornar a las enfermeras e internos de urgencias?
No los soborna. Les paga por un servicio honrado.
Y para evitar que hagan para mí el mismo servicio.
Para ayudar a la gente a que reciba lo que les corresponde.
Y de paso una buena porción para él.
Pero él tiene principios.
Como si tiene finales.
La única diferencia entre él y yo es que tiene un estilo más suave.
¿Nada más?
Sí, y un cuchillo más afilado que te clava entre la cuarta y la quinta costilla
y no te enteras que estás muerto hasta que llegas a casa.
- No puedes hablar así de él - Hablo de él como quiera.
No puedes limpiarte tú ensuciándolo a él.
- Es un estafador, igual que yo. - Es un caballero, y tú un sinvergüenza.
Parece que ya te ha dado un repaso.
¿Qué quieres decir con eso?
¿Quieres que te haga un esquema?
¡Principios! ¡Principios! ¡Yo te enseñaré quién tiene principios!
¿Tengo o no tengo principios?
- Claro, jefe, claro que sí. - ¿Entonces por qué me sujetas?
Escucha, jefe, ya tengo toda la información sobre la anciana.
¿Soy un caballero o no?
Claro, jefe, toda la vida has sido un tío con clase.
¿Entonces qué le pasa a esa Jane?
- ¿Qué Jane? - Voy a romperle ese cuello perfumado.
Yo le enseñaré quién es el caballero.
Sea tan amable de transmitir mi agradecimiento al Sr. Wallingham
por sus esfuerzos en mi nombre.
Lo haré encantado, Madame.
Solo hemos cumplido nuestro deber. Nuestro lema es servir.
- Monsieur. - Buen día, Madame.
Las 4. Hora del té.
Haz el favor de servir primero al Sr. y Sra. Norton, Horton.
Tomará el té, ¿verdad?
El Sr. Wallingham lamenta tanto tener que hacerles esperar.
La puntualidad es nuestro lema.
- La Srta. Martin, por favor. - Cómo no, Sr. Chalmers.
Gracias.
- ¿Puedo ayudarle en algo? - Sí, quería ver a Joan.
¿A la Srta. Martin?
- ¿A quién debo anunciar? - Diga solo Jimmy.
- ¿El Sr...? - Corrigan.
¿No quiere sentarse, Sr. Corrigan?
- Que sea rápido. - Veré si la Srta. Martin está libre.
- La Srta. Martin, por favor. - Claro.
¿Puedo ofrecerle un té?
¿A mí también me toca?
- ¿Azúcar? - Sí.
Otro.
Otro más.
Venga, otro terrón.
Por aquí, Sr. Corrigan.
Cómo está usted, Sr. Corrigan. Me llamo Coote. Chester Coote.
Encantado. Quería ver a la Srta. Martin.
Veré si está ocupada. ¿No quiere sentarse?
Será solo un momento.
Un poco de té.
Gracias.
- ¿Azúcar? - Sí.
Gracias.
Por aquí, Sr. Corrigan.
¿Qué quieres?
No tienes derecho a llamarme sinvergüenza.
¿Así que te llamé eso?
Mis disculpas a los sinvergüenzas.
¿Qué te he hecho yo para que te burles de mí?
Intenté hacer de ti un caballero.
Sin ningún éxito.
Ya empiezas otra vez.
Joan, ¿no nos queda alguna de esas esponjas para dedos?
- Oh, usted disculpe. - El Sr. Wallingham, el Sr. Corrigan.
Cómo me alegro. Creo que no nos conocemos.
Encantado de conocerle.
Le he visto por ahí.
¿Quiere tomar una taza de té con nosotros?
Sí, claro, tengo mucha sed.
¿Crema o limón, Jimmy?
Un poco de cada.
¿Me permites?
No tomas azúcar, ¿no?
No. No, gracias, nunca pongo azúcar.
Siempre le digo a Joan que poner azúcar en este té de jazmín es un pecado.
Sí, claro, eso pienso yo.
¿Una galletita?
Gracias.
¿Una galletita, Sr. Corrigan?
Gracias.
No salió muy buena, ¿eh?
Sabe, James... No le importa que le llame James, ¿verdad?
No, adelante, está bien.
¿No ha pensado que aquí en USA no nos tomamos seriamente la comida?
Creo que depende de cuánto coma, ¿no?
Muy agudo.
Por ejemplo, piense en la mortadela en Italia.
La marmita en Francia,
o el "columarius consultienta" en España.
Disculpen.
Estoy loca por viajar.
Me hubiera encantado enseñarte París.
- ¿Más té, Jimmy? - Ah, sí, sí, gracias.
Sigo teniendo sed.
Disculpen.
¿Hacen esto a menudo?
- ¿Qué? - Todo esto del té.
Religiosamente.
¿Por qué no traer las costumbres sociales al mundo de los negocios?
Eso es lo que yo digo. ¿Por qué no?
Disculpen, es mi teléfono.
¿Le apetece un cigarro?
No, no, no. Deje, mire.
Tengo una propuesta para usted.
Siéntese ahí. Mire.
Está todo ahí, absolutamente todo.
La anciana que se comió el sándwich envenenado y dejó toda esa pasta
se llamaba Sarah Barton.
Su pariente más cercano es su sobrino Monty Barton. Está ahí todo, es todo suyo.
Ya estamos en paz. Esto es lo que puede hacer por mí.
Dígame. ¿Quién le hace esos bonitos trajes?
¿De dónde saca tanta clase para este tugurio?
¿Y cuánto me va a llevar a un zoquete como yo hablar esa jerga?
Hola, jefe.
¿Qué pasa, jefe? ¿No te encuentras bien?
No, no me encuentro bien.
Ya sé lo que te conviene.
Mi abuela me lo enseñó.
Cuando no te sientes bien, solo tienes que tomar una buena taza de té.
¿Té? Así que té, ¿eh?
Té, cabeza de chorlito cara mono.
¡Estoy hasta aquí de té!
Venga, largo de aquí. Fuera...
Dedúceme otros 5 pavos de mi paga.
Se pagará una generosa recompensa por información sobre el paradero
de Monty Barton, o de cualquier otro pariente de la difunta Sarah Barton
Estoy convencida, Srta. Barton,
de que tiene derecho a reclamar todo el dinero de Sarah Barton,
y haremos todo lo posible para que se reconozca legalmente.
Desde luego el dinero es mío,
de eso no hay duda.
A no ser que aparezca ese inútil de mi padre.
Si Monty Barton fuera a aparecer, creo que lo hubiera hecho hace tiempo.
Espero que esté muerto.
No me gustaría haber gastado en el autobús para venir desde Baltimore.
Haremos todo lo que podamos.
- Nos pondremos con ello inmediatamente. - Gracias.
No hay de qué. Tendrá noticias nuestras muy pronto.
Esos documentos que nos deja serán de gran ayuda, seguro.
- Buen día. - Adiós, Srta. Barton.
Ahí tienes. Partida de nacimiento, licencia matrimonial, seguros, todo.
Espléndido, espléndido.
Es la hija de Monty Barton, sin duda.
Has hecho un gran trabajo en este caso, Joan.
Eso me recuerda, gracias por el aumento.
Lo mereces de más de una manera.
Gracias. Hago lo que puedo.
Tenemos que tenerlo todo arreglado antes de que Jimmy Corrigan nos la juegue.
No creo que tengamos que preocuparnos mucho por él.
¿No has notado cómo se ha calmado desde hace unos meses?
Sí, ¿también lo has notado tú?
Bastante.
- Me pregunto qué le habrá pasado. - Demasiado té.
Buenas tardes, oficina del Sr. Corrigan.
¿Con quién? Un momento, le paso.
- Su té, Srta. Finch. - Gracias.
Muy bien, Srta. Huffer, el Sr. Corrigan se alegrará mucho.
¡Eh, no seas tan rácana con los terrones! ¿Diga?
- Vale. - Speedy, no te olvides de tu tía Emma.
- Sí... - ¿Disculpe?
¿Con quién?
¿Con quién le gustaría hablar?
Cuando el Sr. Corrigan se entere de que mi familia procede de Catalina de Medicis,
va a hacer que me den las joyas de la familia.
Stew y Eddie están aquí, Sr. Corrigan. Han traído a un tipo...
- un caballero. ¿Cómo se llamaba? - Hendrickson, Lady Verdervere.
El Sr. Hendrickson, tiene noticias de Monty Barton.
¿Sí?
Hay un tipo ahí fuera que sabe dónde está Monty Barton.
Si, que pase. Que pase ahora mismo.
¿Qué quieres de Monty Barton?
Pensé que le habías dado el soplo a Wallingham.
No pensarás que alguien como yo va a dejar pasar algo, ¿no?
¿Cómo quieres que mantenga este tugurio?
Con qué voy a pagarte, ¿con vitolas de puro?
- Hola, muchachos. - Sé que no tenía que haber venido aquí. - Hola, jefe.
Jefe, le presento al Sr. Hendrickson.
- El Sr. Corrigan. - Hola.
Conocimos al Sr. Hendrickson en casa de Rick.
Dijo que conocía a Monty Barton,
así que se lo trajimos para que hable con usted.
Sé que no tenía que haber venido aquí. Mire...
- Mire, así es como me pongo. - Sí, ya veo, bien...
Siéntese, descanse un poco.
Sabe, yo... Verá...
- Necesito mi medicina. - Sí, comprendo.
Me han dicho que sabe algo sobre Monty Barton.
¿Qué me va a dar? ¿Cuánto me va a dar?
Seré justo con usted.
Le doy 50 pavos.
Guárdelos. Guarde su sucio dinero.
No soy de los que se chivan, amigo.
Muy bien. No le pido que se chive de nadie.
Démelo, démelo...
- ¿No ve que lo necesito, no lo ve? - Sí, sí, mire.
Dígame...
¿Están los polis buscando a Monty Barton?
Así que sí.
¿Por qué?
Asesinato.
- ¿Ah, sí? - No irá a delatarlo, ¿verdad?
- No soy un chivato, lo juro... - Bueno, bueno.
Jefe, espera un momento.
Yo no he oído de ningún Monty Barton buscado por asesinato.
Porque no usa ese nombre, ¿entiende? Pero yo sé que se apellida Barton.
Eché un vistazo por él ayer en la consigna.
Él no se atreve a asomar la cara.
Miré en la caja, y allí estaba.
Monty Barton, pero ese no es el nombre que buscan.
Bien, ¿cuál es ese nombre?
- Joe Rector, el jugador. - ¿Joe Rector es Monty Barton?
Es él, es él, y ahí está la mujer que le vio hacerlo.
Ya está bien, ya está bien.
Yo iré delante. Dame 5 minutos para entrar.
Y gritad fuerte, me oyes, gritad fuerte.
Quédate un buen rato frente a su casa.
Es en la manzana al otro lado de la calle.
- En el número 863, ¿lo tienes? - 863.
¡El gran jugador capturado! ¡Joe Rector capturado!
¡Joe Rector!
¡Joe Rector capturado!
¡El pez gordo capturado!
¡El gran jugador!
¡Extra! ¡Léanlo todo!
¡El gran jugador capturado! ¡Joe Rector!
¡El pez gordo Joe Rector!
Eh, chico, dame un periódico.
Eh, chico, dame uno de esos periódicos.
Dame un periódicos, ¿quieres? Date prisa, dame un periódico.
Joe Rector capturado, el gran jugador.
Hola.
Creo que puedo hacerlo.
¿Busca esto?
Ahí la tiene, Joe.
Eso demuestra mi posición.
- ¿Qué quiere? - Déjalo, déjalo.
Siéntese.
Venga, siéntese.
Quiero hablar con usted.
Escuche. No estoy en absoluto interesado en el tipo llamado Joe Rector.
No sé nada de él. Ni siquiera he oído nada de él.
¿Me entiende?
Pero estoy buscando a alguien llamado Monty Barton.
¿Y quiere saber por qué?
Porque acaba de recibir 200.000 pavos.
¿Cómo?
¿Tiene una cerilla?
200 de los grandes.
Es un tipo con suerte.
¿Recuerda a su tía Sarah de Filadelfia?
- Sí. - Su pariente más querida.
Se comió un sándwich envenenado y estiró la pata.
Caray...
- ¿No es una pena? - Oiga, ¿quién es usted?
James Corrigan.
Genealogista. Léala cuando tenga tiempo.
¿Qué hago para conseguir la pasta?
Solo vaya y diga quién es.
Ir y decirles quién soy, ¿eh?
Estupendo. Solo tengo encima una acusación por asesinato.
Sí, es verdad.
¿Me está pidiendo que me siente en la silla eléctrica?
¿Y que espere a ver qué pasa?
Puede contratar un montón de abogados con 200.000 pavos.
Mire, si me cogen, lo único que impediría que me frieran...
sería un cortocircuito.
Puede contármelo a mí.
¿De verdad se cargó a ese Burke?
Sacó una pistola y empezó a disparar,
así que le metí seis tiros con mi pistola y lo enterraron al día siguiente.
Saque sus propias conclusiones.
No tiene en contra una acusación de asesinato.
- Disparó en defensa propia. - Claro. Ahora intente convencer al jurado.
Había una mujer en la habitación cuando empezó el jaleo.
- ¿Quién? - La chica de Burke.
- ¿Su novia? - Sí. Irá a declarar como testigo
y contará tal historia que el juez y el jurado formarán una partida de linchamiento.
- ¿Cómo se llama? - Gladys Farrell, trabaja en un club nocturno.
- ¿Está casada? - No.
- ¿Y usted? - No.
¿Cuánto vale quitarle la acusación y quedarse además con la pasta?
Oiga, ¿ha estado empinando el codo?
Estoy completamente sobrio y le hago una pregunta.
¿Cuánto vale para usted?
Lo repartiría con usted.
Póngalo por escrito.
Eh, ¿qué está haciendo?
No tiene nada que perder, ¿no?
O yo o freírse.
Es mi apartamento.
Un momento, un momento, cielo.
Espera un momento.
¿Diga?
Sí, jefe, soy yo.
Estaba esperando, como me dijiste.
No, jefe, he estado buscando a esa heredera.
¿Está contigo ahora?
No, que no se vaya.
Me encantaría conocerla.
Vaya, qué atento, jefe.
Yo sé que le caerá bien.
Se llama Mabel.
Es una perfecta mujercita.
Seguro, debe serlo.
Dime, Lou, dime...
¿Está casada?
Bueno, más o menos. Ella y yo hemos pensado en liarnos.
Ya veremos eso más tarde. Ahora mira, chico. Mira, Lou...
Vete al ayuntamiento y saca una licencia matrimonial para Monty Barton.
- ¿Qué está tramando? - Suélteme el brazo.
Debe ser adivino.
¿Cómo se llama el pastelito con el que va a casarse Barton?
Fanny Brown.
Sí. Con "F".
"F" de fraude.
Venga, póngase el abrigo, ahorre tiempo.
Mira, Lou. Mira, chaval.
Trae un juez de paz contigo.
Sí. Uno tonto.
Sí, de acuerdo. Sí, adiós.
Adiós, chaval.
¿Está listo?
El dinero no habla.
Grita muy fuerte.
- Tengo que irme, nena. - Mira, Louie...
¿Dijiste a Pete en serio lo de casarnos?
Bueno, tú sigue insistiendo. Puede que ceda.
De acuerdo. Toma el sombrero.
Toma, nene.
Pastelito, soy fiel a ese anillo.
Sé amable con el Sr. Corrigan cuando venga. Es un fenómeno.
- De acuerdo. - Tendremos un buen regalo de bodas si le caes bien.
Adiós. Louie, ven aquí.
¿Te gustan las uñas del mismo color?
No hay nadie. No se preocupe por nada. Todo irá bien
Vamos, entre ahí
Está bien, Ben. Adelante.
Vamos a mi casa. Se va a sentir como nuevo.
Bien, ya llegamos. Estamos en casa.
¿Qué le apetece beber? ¿Escocés, whiskey, bourbon?
- Solo. - Pues solo.
Me llamo Corrigan.
Sr. Corrigan, Louie me ha contado todo sobre usted.
Dijo que era usted un fenómeno.
¿Seguro que dijo fenómeno?
Vaya, vaya.
- ¿Cómo va eso, nena? - ¿Cómo va qué?
- ¿Cómo va todo? - ¿Cómo voy a saberlo? Llevo solo un par de meses en la ciudad.
Ven conmigo.
Ven aquí.
- Le presento a la novia. - ¿De quién? ¿Suya?
No, de usted.
De ninguno de los dos, Sr. Corrigan.
Un momento, tranquilo.
- Un momento. - Yo, yo...
- Oh, perdón. Tú dirás. - ¿Qué quiere decir?
Déjalo.
- Toma, todo tuyo. - Salud.
Mira, nena. ¿Qué harías por 500 pavos?
Haría todo lo posible.
Bien, mira, escucha...
Quiero que te cases con este caballero.
- ¿Cuándo? - Ahora.
Primero tengo que ir a la peluquería.
Siempre digo que eso es media batalla.
La silla eléctrica ya no me parece tan mal.
Un momento, tranquilo.
No se impaciente.
Mabel, Mabel...
¿Cómo te llamas?
- Mabel. - Muy bien.
Ahora mira.
Aquí tienes 250 pavos,
250 a cuenta.
¿A cuenta de qué?
A cuenta de que te llamas Fanny Brown.
¿Podrás acordarte?
Claro, a cuenta.
Se pilló la cabeza en una puerta cuando era una niña.
- Diez, veinte... - Encárguese usted un momento.
setenta, ochenta... Hola, cielo.
Ya llegamos, juez.
Iré a buscar al Sr. Corrigan.
Ya está aquí. Jefe...
- Quiero presentarle a... - Hola, juez.
- Encantado de conocerle... - Me llamo Corrigan. Siéntese aquí.
Tengo que hacer un par de cosas. Siéntese ahí, enseguida vengo.
Ven, Lou, ven.
- Hola, Louie. - Hola, nena.
- Saluda al Sr. Barton. - Encantado de conocerle
Va a casarse con tu novia.
- No te preocupes, Louie. - ¿Cómo?
- Él se casa con ella. - ¿Quién lo dice? - Lo digo yo.
Mira, Louie. Me han dado un anticipo.
- Estamos en un apuro, Louie. - Pero es mi chica.
Yo no la quiero.
- Supongo que le parece poco, ¿eh? - Espera un momento, idiota
- Mira, es toda tuya. - Es de mentira, Louis
Nadie va a molestarla. ¿Dónde está la licencia? Dámela.
- Vamos. - Sabía que no debíamos haber hecho el tonto.
Ya tienes bastante de momento.
Ahora quita de en medio.
Toma, vosotros haced como que estáis locos el uno por el otro.
Guarde esto.
Y tú compórtate respetuosamente. Quedaos ahí.
Hola, cupido.
Bien, juez, todo arreglado. Venga ahí dentro.
Muy bien, hijo mío.
Junten su mano derecha.
¿Tomas a esta mujer como tu legítima esposa?
Sí, quiero.
¿Tú tomas también a este hombre como tu legítimo esposo?
Sí, quiero.
El anillo.
Repita conmigo.
- Con este anillo yo te desposo. - Con este anillo yo te desposo.
Yo os declaro marido y mujer. Felicidades.
Felicidades.
- Felicidades. - Gracias, juez. Muchas gracias.
Hizo un trabajo estupendo.
¿No vas a besarme?
¿Le parece bien?
Claro. Usted se marcha, ¿no?
- Claro. - Entonces adelante.
Vamos, Louie, vamos, chaval. Tenemos un buen trabajo por delante.
Te necesito, date prisa.
¡Un momento!
- ¡Eh! - Ven aquí, ven aquí.
Dame ese anillo, dame ese anillo.
¿Vas a dejar solos a esos dos?
¿No crees que sería lo mejor?
Seguirán ahí cuando volvamos, venga.
Escucha.
Conocemos también a un juez de paz en Jersey, ¿no?
Sí, el viejo Joe Clooney.
Vete hasta allí y trae una licencia matrimonial para Monty Barton.
¿Otra?
Otros dos días y ese tipo va a estar emparentado con toda la ciudad.
- ¿Quién es esta vez la chica? - Gladys Farrell.
¡Principios!
Y trae contigo al juez de paz.
¿Quién es Gladys Farrell?
La testigo estrella del Estado contra Monty Barton.
Alias Joe Rector.
Jefe, no entiendo todo esto.
Si lo entendieras no sería bueno. Ahora lárgate. Venga.
Ya sabía que nos entenderíamos. Mira. nena, escucha.
Dime, Gladys.
¿Qué harías por una bonita cantidad de pasta?
- Qué no haría. - Ya se sabe, pero esto son negocios.
Bien, pues negocios. ¿Cómo agarro la pasta?
No testificando contra Joe Rector.
Así que era eso.
Voy a mandar a esa hiena a la silla y le pondré una tachuela de paso.
Bien, bien, mira. Supón que no lo mandas a la silla.
¿Te da algo el fiscal? No.
¿Te da algo el Estado? No.
¿No serías idiota si dejaras pasar un montón de pasta?
Para empezar no podría evitar testificar contra él aunque quisiera.
- ¿Por qué no? - Porque ya le he dado toda la información al Fiscal del Distrito.
Pero no se sostendría.
El fiscal no podría hacerte testificar contra él. Sería ilegal.
- Si fueras la mujer de Joe Rector. - ¿Cómo? ¿Casarme con ese sapo?
No tendría que significar nada.
Te digo que no. "N" de no, "O" de no. No, ¡N-O!
Muy bien, Joe Rector acaba de heredar 200.000 dólares.
- Pero el dinero no cuenta. - Eh, espera un momento.
¿Quién le dejó a ese mono 200.000 dólares?
Aquí está. Lee esto.
La anciana era su tía.
Vaya, si no lo veo, no lo creo.
Mira, eres el único testigo que tiene el Estado contra él.
Y le salvas de la silla eléctrica.
Y Monty hereda 200.000 dólares.
- Y yo me llevo el gran premio. - Eso y la mitad de la pasta.
Porque en este estado, la mitad de los bienes comunes son para la esposa.
¿Cuánto saco al final, neto?
100.000 pavos.
Por el 10% de eso, me caso con King Kong.
¿Tomas a esta mujer como tu legítima esposa?
Sí, quiero.
¿Y tú tomas a este hombre como tu legítimo esposo?
Sí, quiero.
Necesito un anillo.
¿No pensarás mal de mí por olvidar el anillo?
No pasa nada, cuando mudes la piel, mándame el cascabel.
- Aquí tiene. - Gracias.
Coloque el anillo en su dedo. Siempre en el tercer dedo,
y repita lo que yo diga.
- Con este anillo yo te desposo. - Con este anillo yo te desposo.
En calidad de mi cargo como juez de paz,
yo os declaro marido y mujer.
- Felicidades. - Gracias. - Felicidades.
- Felicidades. - Muy bien, Joe.
Tenga la pasta. Y no se olvide. Que no se enteren los periódicos.
- No se preocupe. - De acuerdo, muy bien.
- Bueno, adiós, King Kong. - Adiós, Sra. Barton.
No te olvides de mandarme las invitaciones a tu funeral, ¿eh?
- No me olvidaré. ¿Harás algo por mí? - Lo que sea, nena.
Ponte esto sobre el pecho, cariño.
Gilipollas.
No dirás que no viene de buena familia.
- ¿Cuándo cobro? - En cuanto tenga todo resuelto.
- Ya te avisaré. - OK. - Ya te llamaré.
- Bien, adiós, nena. - Adiós.
¡Eh, tiene mi anillo!
Olvídalo, ya te conseguiré otro.
Vamos, esto merece una pequeña celebración, ¿verdad, chicos?
Servíos una copa, venga.
Oiga, ¿Jefatura de Policía?
Hola, póngame con el teniente Costello.
- Oficina de Detectives, eso. - Eh, ¿a quién llama?
Dese prisa.
Vamos, póngame con el detective Costello, dese prisa.
- Sucio traidor. - ¡Cállate, so bígamo!
Suéltame, suéltame...
¿Cómo esperas conseguir toda esa pasta si no te absuelven?
Oiga, oiga...
Dígale que Jimmy Corrigan quiere hablar con él.
No dijo nada de los polis.
¿Cómo van a absolverte sin juicio?
Hola, ¿detective Costello?
- Me las pagarás. Aquí Corrigan al aparato.
¿Cómo vas a ir a juicio si no te cogen primero?
Hola, teniente Costello, mire...
Tengo a Joe Rector aquí en mi apartamento.
Sí, de verdad que lo tengo.
- Hijo de... - Date prisa, jefe, que me mareo.
Está aquí ahora mismo.
Sí, quiere entregarse.
¿Cómo? Bien, que suban. Es en el piso 12.
¡Bájame de este tiovivo!
Vengan ahora mismo. Dense prisa.
JOE RECTOR CAPTURADO
El presunto asesino de Harvey Burke se entrega
¿Estamos en buena posición o estamos en buena posición?
Con Corrigan detrás no estoy tan seguro.
La cosa parece fácil.
Tus coloquialismos son un poco confusos.
- Barton va a la silla eléctrica. - Eso seguro.
Su hija recibe todo el dinero y nosotros nos llevamos el 10%.
Sí, pero el dinero no lo es todo, querida.
Tienes razón, como siempre
Bueno, no tenemos que coger la comisión. Estaría bien no hacerlo, ¿no crees?
Oh, no. Tenemos que aceptar la comisión, no importan los riesgos.
Es nuestro deber hacer que paguen los que reciben el dinero, por su bien moral.
Me muero por ver la cara de Jimmy Corrigan cuando vea cómo acaba este caso Barton.
Buenas tardes, Srta. Martin
Hola, nena.
¡Jimmy!
- Estoy impresionada. ¡Qué elegancia! - Coqueto, ¿eh?
¿Coqueto? Es colosal. Y mírate a ti. ¡Qué elegancia!
- ¿Te gusta? Toca y verás. - Suave como la seda.
165 pavos
Y fíjate en esto. Mira, de todos los temas.
- ¿Qué es? - La antología de Harvard en 150 volúmenes.
Pero idiota. La antología no es de 150 volúmenes, es de 50.
Eso es para la gente corriente. Yo compré tres.
Principios, eso es lo mío. Principios a lo grande.
Jimmy, ¿por qué hiciste esto?
Por ti.
- ¿Cómo? - Sí.
- ¿De verdad, Jimmy? - Sí.
Pero quería que lo aprobaras.
Quería que estuvieras orgullosa de mí.
Oh.
Y pensar que vine a alardear porque te habían pisado el caso Barton.
- Y ahora no puedo. - No pasa nada, no me importa.
De todos modos quiero dejar esto. En cuanto acabe este caso, lo dejo.
¿Y qué vas a hacer?
Cuidarte, si tú me dejas.
Haremos una sociedad.
Tú te pones a ti misma y yo pongo el mundo entero.
¿Qué pasa, nena?
¿Ya no te gusto?
Claro que sí, ya lo sabes.
Siempre me has gustado.
Pero tengo miedo de que cada vez que entre en la oficina de Correos
podría ver tu foto en la pared.
¿Qué tengo que hacer para convencerte?
¿No le pasé el caso Barton a tu jefe?
¿No renuncié a 100.000 dólares?
Jimmy, ¿seguro que no te volverás atrás en este caso?
Que me dé un infarto si lo hago.
Ni siquiera voy a ir al juicio.
- Haz que te respete. - Lo haré, nena, ya lo sabes.
Sabes que lo haré.
Tras el examen completo de todas las pruebas presentadas en este caso
y un estudio cuidadoso de las pertinentes circunstancias,
la petición del acusado, Monty Barton,
de desestimar el caso, es concedida.
Este tribunal opina que el Estado ha fracasado por completo
en aportar pruebas suficientes para fundamentar la acusación de asesinato.
Por más reacio que sea a tomar esta decisión,
la falta de testimonio probatorio anula la acusación planteada.
Y eso a pesar de que la acusación se basaba en circunstancias
de naturaleza aparentemente incriminatoria.
El acusado Monty Barton, alias Joe Rector,
según la información de este archivo,
queda libre de cargos.
Lo siento mucho, Sra. Barton.
¿Eso significa que pierdo la herencia?
Lo que nos derrotó es que se casó con el único testigo
que podía testificar contra él.
Fue un buen truco.
Vámonos.
Lo siento, Joan.
Mala suerte.
Fue un buen truco, ya lo creo.
Cosas de la guerra.
Jimmy, ¿tienes alguna cosa hoy en el juzgado?
No... no, no tenía nada que hacer así que pasé por aquí.
Vámonos. Esto está muy cargado.
¿Te dejo en algún sitio?
Es curioso, iba a preguntártelo yo a ti.
Au revoir, Corrigan.
Filet mignon, Wallingham.
JUGADOR ABSUELTO RECLAMA GRAN FORTUNA
Monty Barton reclama al Tribunal los 200.000 $ de víctima envenenada
Orden en la sala.
El Tribunal de Sucesiones, tras examinar las demandas presentadas,
ha estimado probado sin la menor sombra de duda,
que el demandante aquí presente está debidamente justificado.
Y las propiedades y dinero dejado sin testar por la citada Sarah Barton
se ordena que sea entregado inmediatamente a Monty Barton,
sobrino de la difunta.
Siguiente caso.
- Felicidades, muchacho. - Felicidades a ti también.
Cariño, ¿no es fenomenal?
Sí, vamos.
Orden en la sala.
Aquí tienes, Monty. Todo arreglado, como dijiste.
Firma aquí.
- Gané hasta el último céntimo. - Toma.
Hiciste un gran trabajo, Jimmy.
Bueno, todos lo hicimos.
- Bien, chaval. - Hola.
¿Haciendo regalos?
- ¿Quién quiere saberlo? - ¿No te acuerdas de mí?
Soy tu mujercita, Gladys. Sinvergüenza.
Tendrá que perdonarme, señora. Conozco a tanta gente.
¿Te refrescaría la memoria un certificado de matrimonio?
Aquí lo tienes, chico. Firmado, sellado y entregado.
Puedes recuperarlo por la mitad de la pasta que acabas de heredar.
No vale ni el papel en que está escrito.
¿Ah, sí? Pregúntale si una esposa no tiene derecho a la mitad en este Estado.
Escucha, Gladys,
ha ocurrido algo hace un rato de lo que no sabía nada.
Para mí fue también una tremenda sorpresa.
Me enteré no hace ni 10 minutos de que además de ladrón y estafador,
- este tipo es también bígamo. - ¿Cómo?
- Perdón. Hola, cielito. - Nos engañó también a nosotros.
Ya estaba casado con ella cuando lo hizo contigo.
Aquí lo tienes, nena, firmado, sellado y entregado.
Estoy casado con este pastelito.
- Cómo me gusta que me llames así. - Sucia serpiente traidora...
Tranquila. Así no vas a sacar nada.
No me toméis el pelo. Ellos o todos vosotros.
¿Quién trata de tomarte el pelo?
Yo también soy víctima de las trampas de ese tipo.
Escucha, estoy casado con ese mono y o saco la mitad de lo que tiene
o voy a testificar y lo mando a la silla eléctrica.
Yo no lo haría, Gladys.
La gente hundiría tu reputación pensando que hiciste un falso matrimonio
para no tener que testificar contra él.
Eso además del hecho de que lo hiciste por dinero.
- Estafador rastrero. - Tu palabra no valdría nada contra la suya.
Y podrías acabar en la cárcel.
Además, no tienes ninguna base legal para reclamar su fortuna, así que mira,
no quiero dejarte tirada sin nada,
así que tengo un bonito cheque preparado para ti.
Cuando dices bonito, quieres decir pequeño.
Mucha gente trabaja todo un mes por 100 pavos.
Espera un momento.
Si no te importa, lleva mucho tiempo en mi familia.
Menuda gratitud.
Vamos, cielo, vamos a casa. Adiós.
Eh, un momento. No pensarás que estás casada conmigo, ¿no?
Claro que sí. ¿No te llamas Monty Barton?
Cierto. Pero tú no te llamas Fanny Brown.
Es verdad, acabo de acordarme.
Me casé con un nombre falso.
Aquí tienes a tu novia, Louie, radiante y todo.
Vamos, cielo, vámonos a casa.
- Venga. Lárgate. - ¿Ya no me quieres?
No soy plato de segunda mesa.
¿Quién dijo nada de comida?
¡Venga, pírate!
¡Monty, yoo-hoo!
Monty, espérame.
¡Monty!
- Hola, Louie. - Hola.
- Felicidades. - ¿Por qué?
Por vuestro trabajo en el caso Barton. Fue todo mérito vuestro.
- ¿Te lo contó Jimmy? - ¿Crees que Jimmy tiene secretos para mí?
Bueno, no lo sabía.
- Creo que tú fuiste el cerebro, Louie. - Bueno, yo no diría tanto.
Bah, no seas modesto. Conozco tu trabajo.
Bueno, diré que Jimmy no lo habría conseguido sin mí.
Sin querer quitarle su mérito, ya me entiendes.
Claro, lo sé.
Pero lo que no entiendo es,
¿qué pintaba la otra chica?
- ¿Mabel? - Sí, Mabel. - Oh, es un cielo.
Se casa primero con Barton,
de modo que el segundo matrimonio con Gladys Farrell ya no es legal.
Pero Gladys no lo sabe.
Ella cree que está casada con Barton, y también lo cree el fiscal,
así que no puede testificar contra él por ser su mujer.
Tendrías que haberle visto la cara cuando Jimmy le cobra 100.000 $ a Barton
y se da la vuelta y le dice que a ella no le corresponde un céntimo.
Y el colmo es que el otro pastelito, Mabel, tampoco tiene derecho a nada.
Se había casado con un nombre falso.
Hola, nena. Justo ahora iba a darte un anillo.
¿Qué ocurre?
Puedes caer más bajo, quedarte allí más tiempo,
y salir más sucio que nadie que haya conocido.
¿Pero qué le pasa a esa mujer?
Yo no lo entiendo.
Primero me dice que está orgullosa de mí, y cuando le doy detalles...
¿Detalles?
Cara tonto zoquete mono chismoso...
Me has destrozado todos mis planes amorosos, ¿te das cuenta?
Eh, ¿qué ocurre?
Nada, ¿no es así?
Sí.
Le agradecería mucho que prestara atención inmediata a este asunto,
ya que estoy deseando cerrar nuestros archivos del caso Barton.
Vamos, vamos, Joan. No te lo tomes así.
Él no se lo merece.
Cualquier hombre que te traicione como él hizo...
No estoy triste, estoy furiosa.
Enfadada conmigo misma por creer en él.
Tienes suerte de haberte librado de él.
Venga, vamos, vamos, cálmate.
Eres demasiado buena para mezclarte con alguien así.
Toma, espera un momento.
Usa esto.
Necesitas que te aprecien de un modo más delicado,
una relación más madura.
Necesito un maquillaje nuevo.
- Estoy hecha un desastre. - No, no, estás encantadora.
Quizás un poco cansada.
Lo que necesitas es un buen descanso.
Y yo sé dónde puedes conseguirlo.
¿Podría pagar, digamos, 10 dólares ahora y...
10 dólares al año?
Joan, querida.
Soy un poco torpe para estas cosas.
¿Pero por qué no me dejas cuidarte?
- Sr. Wallingham... - No me trates de señor, por favor.
Te tengo un gran afecto.
- Sr. Wallingham... - Nos llevaríamos tan bien.
He intentado tanto que fueras mía.
Mejor salgo de aquí antes de decir que sí.
Por favor, no te vayas.
Espera un momento.
Por favor, di que sí, por favor.
Podríamos pasar un tranquilo fin de semana.
- Tengo miedo. - ¿De qué, cariño?
De que no voy a hacerte feliz.
- Querida mía. - Prometo intentar con todas mis fuerzas...
Dulce tontita.
...ser una buena esposa.
¿Eso fue tu teléfono?
Yo no oí nada.
Oh, soy tan feliz.
Pase, Sr. Corrigan.
- ¿Corrigan? - Sí, el Sr. Corrigan.
Será el primero en felicitarnos.
Jimmy, el Sr. Wallingham me ha pedido que me case con él.
Así que llego justo a tiempo.
Solo te deseo lo mejor. Ya lo sabes, Joanie.
Gracias.
Y a usted también, Sr. W.
Es un caballero afortunado.
Muy amable de su parte.
- Daría mi ojo derecho... - Y resultaría ser de cristal.
Un momento, Joanie, un momento.
Vine aquí para demostrarte que estoy a tu altura.
Eres el mayor estafador desde Miguel Ángel.
- Bueno, si me disculpan... - No, no se vaya, por favor.
En realidad vine a verle a usted.
Tome.
- ¿Qué es? - Mi cheque por 100.000 dólares.
El dinero de la hija de Barton.
- ¿Cómo? - Es mi parte del caso Barton.
Se lo devuelvo a ella.
- Pero viene a mi nombre. - Sí, ya lo sé.
Es porque no pude localizarla.
Además, es su cliente. Solo tiene que firmarlo
y endosárselo a ella.
No está del todo completo.
¿Cómo que no está del todo completo?
Le falta el sello que dice "sin fondos".
Apuesto a que rebota como una pelota de tenis.
No tienen que aceptar mi palabra.
Usted se lo endosa a ella y deje que ella lo cobre.
Si el cheque es bueno, habrás planeado liquidarla antes de que pueda cobrarlo.
¿Por qué dices eso?
Porque sé por experiencia que eres capaz de robar dos zapatos del pie izquierdo.
Vale, Joanie. Di lo que quieras.
Pero quiero decirte una cosa.
No dejaría toda esta pasta por nadie más que por ti.
Preferiría que tuvieras una buena opinión de mí
que poseer cualquier otra cosa en el mundo.
No lo olvides.
Adiós, Wallingham.
Cuídela bien.
Bueno, esto se acabó.
Y fue un buen trabajo.
Abrázame.
Haz que te quiera.
¡Haz que te quiera, tienes que hacer que te quiera!
Bueno, si vamos a irnos el sábado,
hay que hacer unas pocas cosas antes.
¿Te refieres a la licencia?
¿Cómo lo adivinaste?
Sí, era una buena idea, pero no resultó.
- Estamos fastidiados. - No te pongas nervioso.
Démosle a ese idiota un par de minutos más.
No me importaría perder a mi chica con un tipo normal, pero con ese bobalicón...
Yo todavía tengo esperanza. Este solo enseña una cara.
Está ansioso por pillar efectivo.
Su sastre me dijo que llevaba 3 años sin pagarle.
- Y además... - ¡Deja de parlotear!
Estamos fastidiados.
Voy a anular ese cheque.
Un momento, un momento, ahí está.
Espere, por favor.
¿Qué te dije, qué te dije?
- Venga. Vete a ver qué hace. - Sí, sí.
Aquí tiene. Certificado.
Muchas gracias.
Este es el único exterior con baño que nos queda, Sr. Wallingham.
- Claro que si quiere uno interior. - No, prefiero el exterior, por favor.
- Entonces le sugiero el B-65, muy cómodo. - Estará bien.
- ¿Va a viajar solo? - Solo, sí.
Encontrará el B-65 muy cómodo. Está en la cubierta de paseo.
Muy bien, me lo quedo.
Zarpo para Inglaterra a las 10 en el Atlantis de la línea Blue Anchor,
camarote B-65. Reúnete conmigo sin falta. Ya te explicaré.
¿No puedes poner algo para que parezca más de su estilo?
¿Cómo qué?
Alguna palabra de Inglaterra.
Solo acabé la mitad de la estantería de libros.
No sé nada de esas cosas inglesas.
¿Qué tal...?
¿Cheerio?
Oye, sí, eso suena muy inglés.
Cheerio. ¿Cómo se deletrea?
Pase.
¡Joan!
¿Y bien? Aquí estoy. Recibí tu mensaje hace solo una hora.
Oh.
Ah, recibiste mi mensaje.
Qué feliz soy.
¿Por qué el telegrama?
- ¿Qué telegrama? - El que me mandaste.
Ah, sí, claro, el telegrama que te mandé.
¿Por qué no me llamaste?
No pude. Recibí el soplo hace solo dos horas.
- ¿Soplo? - Sí, verás...
El Conde de...
...¿cómo se llama?
Treacher, Stephen Treacher, Conde de Wessex.
¿Qué pasa con él?
Nada. Solo que se murió y dejó 8 millones de libras.
Y un montón de desagradables demandas.
La familia mandó llamarme.
Debo estar el martes en Londres.
- Qué maravilloso. - ¿No es maravilloso?
Tú estás aquí y yo estoy aquí...
¿No va a ser terriblemente divertido?
Debemos hacer que nos case el capitán inmediatamente.
¿Cómo adivinaste que iba a casarnos el capitán?
Iré a buscarlo.
¿Sabes algo del cheque de Jimmy?
Sí. Fui al banco esta tarde y el cheque no era bueno, claro.
Es un mentiroso redomado, ese cheque es bueno.
- Lo tiene en el bolsillo ahora mismo. - Hizo que se lo certificaran esta tarde.
¿Qué hace aquí? Fuera de aquí. ¡Es el colmo!
Escucha, Joan, deja que te explique.
Este tipo se marchaba con el cheque de 100.000 dólares.
Él no mandó el telegrama, fui yo.
Pídele que te enseñe el pasaje del barco.
Si hay más de uno, me lo como.
¿Es esto cierto?
Si lo preguntas, ya puedes irte con ellos.
¿Va a enseñar ese pasaje?
Lárguense de aquí o llamo al sobrecargo.
Contesta.
Agua con hielo, señorita.
Mira, Joanie, mira.
Míralo tú misma. Este pasaje es para uno solo.
Y mira. Le di este cheque para probarte que es un ladrón y un farsante.
Tú...
¡Fallé!
- Justo en la bolsa. - Jimmy...
- o sea que de verdad ibas a dar este dinero a Posey Barton. - Sí, claro.
Si quieres convencerme, mándale por correo este cheque.
Es lo que siempre pretendí hacer.
- ¿De verdad? - Sí, ¿no irás a dudar de mí?
No si se lo mandas ahora mismo.
Prácticamente ya se lo está gastando.
Louie, Louie, ven aquí.
- Louie... - Es el colmo.
Venga, sal de ahí.
Ven. Tráeme una pluma.
Voy por un sobre.
Ya está. ¿Dónde dijiste que estaba?
- Apartado 372, Baltimore, Maryland. - 372.
Louie, ingresa este cheque en mi cuenta.
¿Qué es eso?
Fue sin querer. La fuerza de la costumbre.
Dímelo otra vez.
Srta. Posey Barton,
Apartado 372, Baltimore, Maryland.
372, Baltimore, Maryland.
Muy bien, aquí lo tienes.
Envíalo por Pony Express.
Y dile al capitán que queremos verle.
- No tengo sellos. - ¡Lárgate de aquí!
Después de tanto jaleo.
Dame eso.
¿Qué haces?
Principios, cariño, principios.
Estoy hasta arriba de principios.
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