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�Informa!
La caballer�a de Spartacus ha roto nuestro flanco oeste.
Ese puto salvaje.
Da la se�al para reagruparse hacia el sur.
�Matadlo!
�Debemos irnos!
�Spartacus!
Los romanos han tocado a retirada.
Hemos ganado la batalla.
No hemos ganado nada.
Cossinius y Furius otra vez se nos escurren entre los dedos.
No puede decirse lo mismo
de muchos de los que iban con ellos.
El campo est� sembrado de cad�veres.
Un final merecido.
Para todos aquellos que quieren volver a encadenarnos y azotarnos.
�Otro estandarte perdido?
Es una grave herida infligida a la Rep�blica, Cossinius.
Habr�amos sufrido una peor,
si no nos hubi�ramos retirado de la batalla.
Se me escapa al puto entendimiento.
�C�mo puede un pu�ado de esclavos errantes seguir importun�ndonos?
Me temo que su n�mero ha sido tristemente subestimado
dentro del Senado.
La horda de perros de Spartacus ha crecido
con cada victoria,
desde la derrota de Glaber en el Vesubio.
Reclutaron a miles
liberando las minas de Lucania.
Esclavos por toda la Rep�blica,
humildes y agradecidos a sus amos
durante tantos a�os, se han sumado a la traici�n
a la estela de la siempre creciente leyenda de Spartacus.
Innumerables se han sumado a su causa
despu�s de que Scrofa cayera a sus pies a orillas del Calor.
Sus estandartes y sus insignias caen ante el enemigo,
como el hombre mismo.
Tanto caos y muerte a manos
de un puto esclavo.
Te encontrar�s a ese puto esclavo
a las puertas de la misma Roma,
si no env�an refuerzos.
Lucullus lucha contra Mithridates cerca del mar Negro.
Antonius navega contra los piratas que abarrotan Creta.
Pompeyo a�n se bate con el renegado.
Sertorius est� en Hispania.
Los recursos del Senado
est�n exhaustos por estos conflictos.
No tenemos ni los hombres ni el dinero para conseguirlos.
Hay uno de entre nosotros que podr�a poner fondos
de su propio bolsillo.
Y nunca verse muy afectado por su coste.
Hab�a esperado evitar involucrar al hombre.
No querr�amos estar en deuda con �l m�s de lo que lo deseas t�, Metellus.
Danos una alternativa, y optaremos por ella.
Muy bien.
Regresar� a Roma y rogar� a Crassus
que ayude a aplastar a Spartacus y su rebeli�n.
Y con ello, intentar reparar la grave herida
infligida al honor de la Rep�blica.
Hemos despojado el campo de armas y caballos.
La p�rdida de los romanos de nuevo se convierte en nuestro bot�n.
�Qu� hay de Gannicus?
Quiero su informe tambi�n.
Conoces bien al hombre.
Le gusta celebrarlo despu�s de una victoria.
A menudo durante muchos d�as.
Algo que felizmente bendecir�a.
Despu�s de que Cossinius y Furius ya no sean un problema.
Han demostrado que no son est�pidos.
Y a�n podr�an intentar una maniobra osada.
Doblad nuestros centinelas en las colinas circundantes.
No quiero que nos cojan desprevenidos.
Das a esos mierdas m�s cr�dito del que merecen.
Subestimar a tu oponente es t�pico de los romanos, Agron.
No lo hagas t� tambi�n.
Cossinius y Furius se acercan al final de sus d�as.
Con cada d�a que pasa, cientos de esclavos
rompen sus cadenas para unirse a nuestra causa.
Agron no est� equivocado.
Pronto tendremos la ventaja num�rica.
Eval�a la habilidad de todos los que se nos han unido,
y prep�ralos.
Quiero golpear de nuevo a la menor oportunidad,
y volver a advertir a esos est�pidos de Roma
que quieren aplastarnos bajos sus botas.
Cada d�a durante meses lucha con el hombre,
gimiendo y gru�endo.
Tu padre es un alumno aplicado.
Y yo tengo que ser testigo de las lecciones,
cuando hay asuntos m�s importantes a los que atender.
Disculpas, Dominus.
Me pierdo en el calor del combate.
No es ni un ara�azo.
Merec�a m�s por no anticipar el golpe.
Eres r�pido aprendiendo.
Aun as� descuidas tu flanco
cuando crees que tienes ventaja.
La ruina de muchos hombres dentro del Senado.
Retomemos las lecciones despu�s de la cena.
Dominus.
Los rumores son ciertos, Crassus.
Te instruyes de un esclavo.
Hilarus se mantuvo campe�n de la arena durante muchos a�os.
Pagu� al lanista m�s monedas de las que ver�s jam�s
para comprar al hombre,
y que me ense�e lo que aprendi� en los juegos.
Y de los hombres que vertieron su sangre en la arena.
Gladiadores.
Ese es precisamente el motivo de mi visita.
�Si pudi�ramos hablar en privado?
Tiberius est� bien entrenado en las artes de los hombres.
Quiero exponerlo tambi�n a los senadores.
Al asunto,
hemos sufrido unas complicaciones imprevistas
en nuestro conflicto con el rebelde Spartacus.
�Cossinius y Furius han ca�do?
Viven, pero necesitan
refuerzos.
Algo caro de adquirir,
en estos agitados tiempos.
Debe dolerles el culo por el varapalo
que les ha dado Spartacus, para venir a rogarme.
Nadie est� rogando.
Est�n pidiendo ayuda
a un leal miembro del Senado.
�Cu�nta ayuda?
Diez mil hombres.
Costar�a una considerable suma y esfuerzo
reunir tales fuerzas.
Y a cambio se te ofrecer� un mando.
Bajo Cossinius y Furius, por supuesto.
Preferir�a recibir esa oferta de ellos mismos.
Se han retirado a una villa en las afueras
de Nuceria, a poca distancia
de lo que queda de su legi�n en el norte.
Spartacus contin�a reuniendo fuerzas
en el valle de Campania.
Sabes que no habr�a venido
si la situaci�n no lo demandara.
No. No lo habr�as hecho.
Sus t�rminos son aceptables.
Les llevar� el mensaje inmediatamente.
Mejor env�o a mis propios hombres,
para asegurarme de que llega al destino correcto.
Como desees.
A decir verdad, hab�a esperado que presionar�as
con tu inflado t�tulo como m�nimo,
tal como hizo Pompeyo para tomar su cargo contra Sertorius.
Mi inter�s radica �nicamente en ganar t�tulos y honor.
Mis disculpas por haber pensado otra cosa.
�Acceder�s a servir bajo las �rdenes de Cossinius y Furius,
sin un mando de verdad?
Parece ser que s�.
He o�do c�mo los criticas,
que est�pidos y vanidosos crees que son ellos y el senador Metellus.
- Padre... - El tiempo de hablar ha pasado.
Spartacus debe caer,
y har� todo lo que deba hacer
para ver ese d�a m�s cercano.
Por la gloria de Roma.
�Lo vi con mis propios putos ojos!
En el fragor de la batalla, con sangre y sesos hasta la rodilla.
�Y Gannicus, en medio de todo!
Se saca la polla,
berreando a los romanos que se arrodillen ante �l
�para recibir el dorado homenaje!
En mi defensa, hab�a bebido mucho vino aquel d�a,
y no esperaba que Spartacus se volviera y atacara Scrofa.
�Hay m�s vino?
Mis amigas, est�n sedientas.
�Tu mujer trae regalos!
Regalos, s�.
No para ti.
Fuera.
Fuera.
Es mi puta tienda.
Fuera.
Encontraremos otra.
Ojal� que tan bien equipada.
�Me lo imagino yo, o nos elevamos a alturas
desconocidas tras la batalla?
Como lo hacen todos los hombres, cuando se ba�an en sangre y victoria.
Cuando caiga Roma, me temo que
dividiremos los cielos con la celebraci�n.
Y nos follaremos a J�piter
cuando caiga a la tierra.
�Ahora crees que follas como un dios?
Presumo, pero habiendo dado pruebas.
Un par de palabras orgullosas acompa�adas con vino,
son siempre mejor recibidas.
Te manejaste bien hoy en el campo de batalla.
�Te sorprende?
Siempre he cre�do en ti, Nasir.
Incluso cuando a�n eras un peque�o opositor
esclavo sirio.
Mis ojos a�n estaban cerrados.
Siempre estar� en deuda con Spartacus, por abr�rmelos.
Una deuda igualmente compartida por todos.
Una que pagaremos con vidas romanas.
�Me has llamado?
No tendr�a que haberlo hecho.
Si me hubieras informado con Crixus
y con Agron hace d�as.
Asuntos urgentes reclamaron mi atenci�n.
�Mujeres y bebida?
�Entonces hay algo m�s?
No pueden pasar d�as sin que informes.
Luchamos.
Ganamos.
�Basta con eso?
Has demostrado ser un activo valioso
contra los romanos.
Sin embargo, me gustar�a que fueras algo m�s
que solo otra espada.
Que ocuparas el lugar que te corresponde junto a Crixus y a m�,
como un l�der.
Dar� la vida por tu causa,
en honor de Oenomaus.
Puede que un d�a llegue a creer en ella yo mismo.
Pero no soy un l�der, ni busco serlo.
Hay muchos que ya te ven como tal.
Un n�mero a�n mayor te seguir�a en la batalla.
�Quieres decir morir por m�?
Por la causa.
No me pondr� por encima de mis hermanos,
creyendo que soy m�s grande de lo que soy.
Como muchos empiezan a pensar de ti.
No es mi deseo.
Y aun as�, as� es.
Comienzan a hablar de ti como un dios.
Y puede que reaccionen mal cuando demuestres que eres mortal.
La victoria contra los romanos es lo �nico que me preocupa.
�Y qu� la define?
�Cuando Cossinius y Furius
sean apartados de este mundo?
Sabes que no va a ser el final.
Roma enviar� m�s y m�s tras ellos.
Entonces ellos tambi�n caer�n.
�Y cuando hayamos arrasado la poderosa Rep�blica?
�Hacia qu� dirigir�s tu ira entonces?
Los hombres que te condujeron por este camino,
los hombres que te arrebataron a tu esposa.
Se han ido de este mundo. Sus mujeres tambi�n,
en noticias pasadas sobre la ca�da de Lucrecia e Ilithyia.
Un millar de vidas no se equiparar�an a la de Sura.
Una vez os� amar a una mujer.
Cuando era esclavo de Batiatus.
�A�n vive?
Dar�a el mundo por que as� fuera.
Un destino muy com�n para los hombres como nosotros.
Tuve mi venganza, como t�.
Y me qued� igual de vac�o.
Hasta que Oenomaus perdon� la traici�n.
�Oenomaus?
Era su esposa con quien perd� mi coraz�n.
Incluso cuando gan� la libertad,
las cadenas
de lo que hab�a hecho a los que amaba permanecieron.
Con su �ltimo aliento, Oenomaus rompi� las cadenas
que me ataban.
Ya no queda nadie que ame,
con la que intercambiar estas palabras bals�micas.
En su ausencia, un hombre debe dec�rselas a s� mismo.
Las palabras tambi�n me negaron.
�Las buscas en la voz de miles, clamando sangre?
No pude salvar a mi esposa.
Y puedo luchar para ver un d�a
en que no haya vidas inocentes despreciadas tan f�cilmente.
Un d�a en que los romanos y su crueldad
no sean m�s que un recuerdo lejano.
Que encuentres la paz con su llegada, hermano.
Compartamos el vino y las mujeres,
y dejemos de lado tales duros ??pensamientos de mierda.
La oferta es bien apreciada.
Entonces beber� y follar� en tu nombre.
Luchar� cuando sea necesario.
En los mism�simos pelda�os del Senado romano
si ah� es donde te conduce tu locura.
Aumenta la oferta a 350 denarios
y dos iugera de tierra.
Debemos elevar nuestro n�mero r�pidamente.
Enviar� a Sabinus para que se ocupe.
Pens� que estabas en la cama.
Tiberius ha llenado sus o�dos con palabras de guerra.
La batalla ruge en su cabeza, quit�ndole el sue�o.
�Es cierto?
�Cabalgas con un ej�rcito a enfrentarte a Spartacus?
S�, a defender la Rep�blica,
como es el deber de todos los romanos.
Yo soy romano. Ir� contigo.
Me gustar�a que tuvieses la edad,
para estar al lado de tu padre.
Ahora a la cama, Publius,
y sue�a con futuros laureles.
S�, padre.
Te seguir�a hasta las orillas
de la otra vida, si as� se lo ordenaras.
Igual que Tiberius.
Ocupar� un lugar entre mis tropas cuando marchen.
�Un lugar?
Merece una posici�n de val�a,
digna del nombre que lleva.
A�n no tiene los a�os
para el t�tulo de Tribuno.
El dinero y la persuasi�n podr�an
apartar a un lado esas reglas.
No se lo ha ganado.
Tiberius promete mucho como soldado.
Aun as� carece de estrategia y claridad de mente.
Entonces instr�yelo.
Mis lecciones nunca cesan.
Es asunto suyo aplicarlas.
�Tu trabajo se dilata hasta la noche?
Y amenaza con prolongarse hasta el amanecer.
Har� que traigan comida y vino.
Kore atender� mis necesidades.
Por supuesto.
Tu cama espera.
Si as� lo deseas.
Es un honor muy merecido, que le den un mando.
Uno que hallar� bajo Cossinius y Furius.
Nunca he visto que tu padre
permanezca bajo la �rdenes de nadie durante mucho tiempo.
Quiz�s los a�os hayan aplacado el deseo
de laureles y la adulaci�n de las muchedumbres.
�Y qu� hay de tus deseos?
El mismo Apolo se quemar�a en ellos.
Recordar� no acercarme demasiado,
para no quemarme las alas.
No te tendr� lejos de mi lado en esto, Sabinus.
Ni los mismos dioses podr�an apartarme de tu lado.
Conseguir� elevar la oferta e incrementar los efectivos.
Gracias.
Recuerdo un tiempo en que t� y Sabinus erais tan solo ni�os,
jugando a la guerra con palos de madera.
Tales juegos son cosa del pasado.
Algo a�n por demostrar a tu padre.
No le des motivos para dudar m�s de ti.
Cualquier duda ser� borrada de su mente,
cuando la sangre de nuestros enemigos cubra mi cuerpo.
�Mira a tu izquierda!
�Cuida el balanceo!
�Levanta la puta guardia!
Tu chico es m�s fiero cada d�a.
Pronto hasta yo temer� llamarle hombrecillo.
Al menos ahora ser� capaz de entenderte cuando te rindas,
pu�ado de mierda.
Spartacus...
�El siguiente! �En posici�n!
�Venga! �Vamos!
�Comenzad! �Vamos!
Estamos probando a los �ltimos que se nos han unido.
�Qu� te parecen?
Entusiastas.
Pero con poca habilidad.
Muchos de nosotros fuimos as� una vez.
Pronto ser�n m�s dignos.
Tal vez no todos.
�Siguiente hombre!
No hables de esto.
Ve.
�Diotimos?
�Y si lo fuera?
Dentro.
R�pido.
No puedo darte m�s que esto,
as� que no pregunt�is.
Gratitud, gratitud.
�Has matado a un caballo?
Baja la puta voz.
No quiero seguir a este animal
y ser el siguiente en acabar hecho trozos de carne.
�Qui�n ha dado permiso?
Un hombre montado a caballo en batalla vale m�s
que diez andando.
Fue gravemente herido por los romanos.
Deber�a haber buscado permiso
del gran hombre de la colina,
pero el Rey Spartacus est� demasiado ocupado con la guerra
para preocuparse por estas tonter�as.
�Qu� te hace pensar eso?
Abre los putos ojos y tendr�s tu respuesta.
Empiezo a cuestionarme el haber dejado la calma de la brisa marina
y la seguridad que ofrecen los muros de mi ciudad.
Entonces, �eras un hombre libre?
No desde hace mucho.
Trabajaba bajo el tal�n de la m�s insoportable mierda
del Valle Sinuessa.
Aunque al menos nos prove�a de nuestras putas necesidades.
�Cre�as que la libertad vendr�a sin un coste?
No.
Pero si no hay un puto plan para vestirse o alimentarse
debemos ocuparnos del asunto nosotros mismos.
O arriesgarnos a morir prematuramente esperando a que el que trae
la puta lluvia nos bendiga con una ducha muy necesitada.
Pronto llegar� el fr�o,
- Y con �l... - �Spartacus!
Una partida de romanos cabalgan desde el norte,
intentando sobrepasar nuestra posici�n.
�Eres Spartacus?
- Mis disculpas, yo... - A�n puedes hablar.
Puede que no tengas siempre la barriga llena o una capa que te arrope,
pero mientras tenga aliento eres libre
de decir lo que piensas.
Incluso contra el gran hombre sobre la colina.
Que se jodan los dioses.
�T�!
�Qu� te trae tan cerca del campamento de los rebeldes?
�Qui�n m�s est� contigo?
Habla de una vez.
�Qui�n est� contigo?
La muerte.
Debemos seguirle.
No. Una lanza. R�pido.
Me mantengo a tu nivel con la espada.
Pero me tienes jodido con la puta lanza.
Spartacus.
Este portaba un mensaje.
�Qu� dice?
�Diez mil?
Dirigidos por Marcus Crassus en persona.
Cossinius y Furius ver�n aumentadas sus filas,
quit�ndonos la ventaja.
Podr�amos tenderles una trampa. Aqu�, sobre la v�a Apia.
Cogerlos por sorpresa antes de que tengan oportunidad
de unirse a sus hermanos.
Eso nos colocar�a en medio.
Crassus avanzando desde el norte
y Cossinius y Furius en el sur.
No tenemos hombres para enfrentarnos a los ej�rcitos en ambos frentes.
Debemos golpear a Cossinius y Furius
antes de que la balanza se desequilibre.
Les hemos infligido herida tras herida.
Aun as� durante meses hemos fallado en acabar con ellos.
Quiz�s las cabezas de sus comandantes
tra�das ante nosotros los haga desistir.
Trofeos que han demostrado ser dif�ciles de conseguir.
En el campo de batalla, s�.
Por lo que est� escrito aqu�, el mensaje no estaba dirigido
adonde acampan las tropas.
Habla de la esperanza de que los encuentre a salvo
en la villa.
�Se han ocultado?
Un ba�o caliente y el consuelo de mujeres,
si mis d�as en Roma han valido para algo.
�D�nde est� la villa?
No lo dice.
Entonces volvemos al principio.
Interceptamos a los hombres de Crassus aqu�, cabalgando hacia el sureste.
Cossinius y Furius buscar�an estar
a una distancia razonable de sus hombres.
Situar�a su villa
en alg�n lugar de esta regi�n.
�C�mo adivinamos cu�l es la suya?
No son idiotas, como has dicho.
Sabremos la ubicaci�n porque habr� centinelas.
Y sin duda tendr�n una numerosa fuerza
fuera de la villa para brindarles protecci�n.
Entonces caemos sobre ellos con cada espada que tengamos.
No.
Nos arriesgamos a que nos descubran yendo hacia la villa con muchos hombres.
Cossinius y Furius se dar�n cuenta,
y podr�n volver a escurrirse entre los dedos.
Pero unos pocos podr�an penetrar las defensas sin ser detectados...
Unos pocos contra muchos.
Como en los viejos tiempos.
Gannicus, Crixus. Os quiero a mi lado.
�Y yo me quedo quieto, con un brazo metido por el culo?
Has de liderar en mi ausencia.
Reune cada hombre y mujer que pueda sostener una arma.
�Con qu� prop�sito?
Uno de vital importancia, si queremos lograr la victoria.
Es un plan nacido de una mente febril.
Como los que suelen surgir de su frente.
- Aun as� si podemos hacerlo... - Si.
Una palabra que siempre siembra dudas.
Brillas lo suficiente como para iluminar la noche m�s oscura.
Hablo de preocupaciones y t� ofreces adulaci�n.
Ofrezco la verdad.
Tu fuego resplandece hasta rivalizar con el puto sol.
Estas manos, una vez temblaron con recuerdos rotos,
ahora se mantienen tan fuertes como el acero que manejan.
Gracias a ti.
Gracias a que tu coraz�n es fuerte.
Y tu voluntad innegablemente fuerte,
como he descubierto a menudo.
No me apartar�a de tu lado.
Ni yo del tuyo,
pero esta noche debe ser as�.
Permanece cerca de Agron,
y sigue las �rdenes.
Mata muchos romanos.
Y vuelve a mis brazos
con su sangre
caliente sobre ti.
Que los cuerpos de los muertos
sean todo lo que d� la bienvenida a Crassus y su ej�rcito.
Espada.
Todav�a hay mucho que hacer,
si vamos a ir contra Spartacus.
Mucho.
Y aun as� malgastas las horas luchando con un vulgar esclavo.
�Acaso no fue una vez Spartacus tenido por uno?
�Lo desde�ar�as a �l tambi�n tan banalmente?
No. Pero pese a todas sus victorias
Spartacus sigue siendo un esclavo.
Es un hombre.
Ni mejor ni peor que cualquier otro.
�Le pondr�as a la misma altura que un romano?
En algunas cuestiones, ha demostrado estar incluso por encima.
�Crees que la riqueza y la posici�n te garantizan
ventaja sobre aquellos debajo de ti?
Creo que estamos por encima de un esclavo en todo,
no importa c�mo se llame.
Entonces equipara las palabras con los hechos,
y demu�stralo.
Bueno, has sido bien entrenado
en los modos de combate romanos.
Seguro que puedes ganar a un vulgar esclavo.
Mis disculpas, Dominus. No quer�a...
Solo has ense�ado una lecci�n amargamente necesitada.
Igual que Spartacus ense�a a aquellos que se consideran dioses,
situados muy por encima de los hombres inferiores.
Y se r�e mientras caen de los cielos.
Son demasiados.
Incluso para nosotros.
Entonces hagamos una pausa.
Y hagamos que los n�meros desciendan.
La suerte est� echada.
No podemos retraer el brazo.
No ha habido noticias de Metellus.
Ha pasado demasiado tiempo.
�Y con qu� premura podr�amos esperar
respuesta de Longinus sobre la ayuda?
La Galia Cisalpina est� dos veces m�s lejos que Roma.
Al menos considera mandar un mensaje...
Pretor.
El ej�rcito rebelde se congrega cerca de nuestras legiones en el norte.
Da �rdenes a Mummius para que la primera
y la segunda cohortes se muevan para apoyarlos.
A la mierda Crassus.
Reuniremos a nuestros hombres y capturaremos a Spartacus nosotros.
�Coged la armadura y la espada! �R�pido!
Agron avanza a la posici�n
al norte alej�ndolos.
No todos.
Los dioses han o�do mis plegarias.
No hay m�rito en una victoria f�cil.
Permanece en las sombras.
Y acabemos esto.
Me habla como si fuera un ni�o.
Entonces demuestra que se equivoca, y no hagas pucheros como uno.
Un ej�rcito que a�n no ha alcanzado su madurez.
Se ignora la preparaci�n para largas marchas y campa�as.
Todo para enfrentarse a este jodido bruto.
No entiendo su forma de pensar.
Deja a un lado el orgullo herido y piensa como lo har�a �l.
Y despejar�s las dudas.
R�pido. Antes de que los descubran desde sus puestos.
No sabemos cu�ntos esperan dentro.
Recemos para que no sean muy pocos.
Estoy rodeado de unos putos locos.
Y empiezo a contarme como uno m�s.
Los Dioses nos favorecen.
Spartacus no cree en ellos.
Rezo para que esta noche demuestren que me equivoco.
Dominus, lleva tiempo dominar la t�cnica.
S� bien que puede provocar frustraci�n.
Mis frustraciones no recaen en m� mismo.
�Dominus? Si he hecho algo para ofender ...
La �nica ofensa recae en lo que no haces.
Te contienes en los ataques.
�Crees que no soy digno?
�Como el Senado me cree indigno de un verdadero mando?
No, Dominus.
Nadie es m�s digno de respeto que t�.
Entonces mu�stralo.
Ven a por m�.
Como lo har�as contra un rival en la arena,
sin pensamientos de misericordia.
Padre...
Todos tenemos lecciones que debemos aprender.
Quiero que esta sea mi prueba final.
Y al completarla, saber que estoy listo
para enfrentarme a aquellos entrenados en tus artes sobre el campo de batalla.
Me pides que te mate.
Te ordeno que lo intentes.
Entonces ordenas mi muerte.
Si vences, ser� a costa de mi vida.
Si caes ante mi espada, mi vida ser� igualmente tomada.
Tiberius. S� testigo.
Si Hilarus me derrota
que se le recompense con la libertad
y diez mil denarios.
No puedes estar hablando en serio.
El verdadero enemigo del hombre es la duda.
Algo que no portar� conmigo a la batalla
contra Spartacus.
Dec�dete.
O muere donde est�s.
Como desees, Dominus.
Mis manos.
La primera y segunda guarnici�n cabalgan para unirse a la legi�n.
Spartacus no tiene a favor los n�meros
para la decisiva victoria.
�Qu� piensa para atacar as�?
Veamos su cabeza partida en dos,
y leamos sus putos pensamientos esparcidos en el suelo...
Spartacus.
Permaneced juntos.
Debes detener esto.
Ha dado la orden.
Debe ser obedecido.
�Vamos!
Debemos poneros a salvo.
No le dar� la espalda otra vez.
Entra en raz�n. Regresaremos con m�s hombres
y llevaremos a Spartacus hasta su destino.
�No dej�is que escapen!
�Vamos!
Estabas esperando...
a que pensara que hab�as cometido el error del que te advert�...
Conocimiento y paciencia.
Lo �nico que cuenta para mejorar la habilidad.
Has sido bien ense�ado.
Has de saber que tu servicio
no ser� olvidado.
El dinero que te promet� si me ganabas
se usar� para erigir un monumento
al legendario gladiador Hilarus.
Ha sido el mayor de los honores
haberte servido, Dominus.
El honor fue m�o.
Los putos salvajes nos han bloqueado la salida.
Refugiaos aqu�.
No voy a caer atrapado como un maldito animal.
Vuestra causa est� perdida.
El error es m�o.
Al no prever que atacar�as de noche,
como los ladrones y asesinos que sois.
Un error que no cometer�is otra vez.
Di los t�rminos de la rendici�n,
y acabemos con esto.
No hay ninguno que confiar�a al honor de un romano.
Coged sus cabezas.
Un giro de lo m�s desafortunado.
Y a�n as� las malas noticias
no terminan con sus muertes.
Sin un liderazgo adecuado,
me temo que los hombres de Cossinius y Furius
pronto estar�n esparcidos a los cuatro vientos.
S�, fue muy inoportuno
que sus l�deres cayeran antes de mi llegada.
Incluso m�s inoportuno que tu mensajero pareciera
haber tomado las rutas que pasan
tan cerca del campamento rebelde.
Dilo en voz alta.
Si t� eres hombre de reflexi�n.
Dejemos atr�s el tortuoso pasado
y fijemos nuestras miras en el futuro.
El mando y la responsabilidad de llevar a Spartacus
a su merecido final son ahora tuyos.
Junto al t�tulo de Imperator, si as� lo deseas.
Yo sirvo a la gloria de Roma.
Como lo hacemos todos.
T� planeaste esto.
Desde que Metellus te ofreci� el mando
bajo Cossinius y Furius.
La casa de Crassus no se inclina ante nadie.
�C�mo supiste que Spartacus
atentar�a contra sus vidas,
en vez de huir cuando tuvo conocimiento
de que tu ej�rcito avanzaba desde Roma?
Porque es lo que yo hubiese hecho.
Mummius y el resto de romanos
huyen hacia el oeste.
El ver las cabezas de sus l�deres clavadas en picas
ha quebrantado sus esp�ritus de mierda.
Deja que les demos caza, y as� tengan el mismo destino.
Hemos conseguido nuestra victoria.
Quiero estar lejos de aqu�
por delante de Crassus y su ej�rcito.
�El poderoso Spartacus se retira de una batalla que no se puede ganar?
Nuestro ej�rcito ha crecido m�s all� de nuestras expectativas.
Pese a ello el invierno pronto caer� sobre nosotros.
Enfrentarnos al hambre y al fr�o al mismo tiempo que a Crassus
ser�a nuestra perdici�n.
Debemos buscar suministros y refugio.
Uno que pueda ser defendido,
hasta que llegue la primavera.
No hay ninguna villa en estas tierras
que pueda resguardarnos a tantos.
No, no la hay.
Solo una ciudad puede ahora guarecernos.
Y arrancaremos una de la carne de Roma,
y echaremos sal en la herida mortal
con sangre y muerte.
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