All language subtitles for the trojan women 1971 Spanish

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic Download
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian Download
da Danish
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French Download
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German Download
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian Download
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean Download
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish Download
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish Download
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese Download
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

Downloaded From www.AllSubs.org

LAS TROYANAS

Diez a�os,

diez veces se recogi� la simiente antes de caer Troya,

de perecer bajo los griegos.

Donde hab�a hogares hay desierto y cae sangre de los templos sagrados.

Mientras, los griegos se apropian del tesoro troyano.

Oro, montones de oro, armaduras, ropajes...

arrancados a los muertos.

Troya era muy rica.

Durante a�os,

los griegos miraban al este y tem�an la amenaza b�rbara.

Cuando Helena de esparta huy� con Paris dejando a Menelao,

estaban listos.

Oh, insensatos que recogen los despojos de la ciudad,

tambi�n ellos morir�n.

el lamento de su gente retumba como el trueno.

Muchas mujeres cautivas lloran.

Sus se�ores se las han sorteado.

Unas ir�n a Arcadia; otras, a Tesalia.

Otras, con los hijos de Teseo, se�ores de Atenas.

estas son las que han sido elegidas para los grandes capitanes.

entre ellas, una prisionera de excepci�n:

la espartana Helena.

Pero la desgracia en persona se halla aqu�.

Junto a las puertas yace H�cuba.

Ha perdido a su marido, a sus hijos.

Todos muertos.

Levanta.

Levanta del suelo.

La fatigada cabeza

y el maltrecho cuello.

Esto ya no es Troya, ni nosotros sus se�ores.

Vamos.

El camino del destino es el del viento.

Destino y viento, ambos siempre a la deriva.

Todo es nada.

Siempre nada.

En silencio.

Entre llantos.

�Por qu�? �Para qu�?

Este cuerpo dolorido...

Este...

R�pido, debo moverme.

Me tambalear� a uno y otro lado

al son del llanto.

Al son de las l�grimas cayendo

por siempre.

Oh, griegos,

con vuestros v�stagos a lo largo de los puertos del mar oscuro

llegasteis a nuestra ciudad sagrada

y trajisteis vuestros sones b�licos.

�Por qu� vinisteis?

�Por una mujer!

�Qu� bajeza, qu� verg�enza!

Por ella ha muerto Pr�amo, el rey, padre de mis hijos.

Y me ha arrastrado a m� al crep�sculo de la destrucci�n.

�Qui�n soy yo?

Esperando aqu� las palabras de un rey griego.

Una anciana triste y sin hogar,

esclava de la humanidad.

Oh, esposas

de todos los que aqu� yacen muertos

y j�venes,

ni�as,

aterradas...

�Veis?

S�lo queda humo donde antes hubo dicha.

Lloremos.

- �Por qu� lloras, H�cuba? - Estamos muy asustadas.

Temblando te preguntamos.

Mirad all�,

esas grandes naves griegas.

- �Avanzan! - �Hay marineros en la proa!

- �Qu� har�n? - �Nos llevar�n en ese barco?

�Ya est�n llegando!

�Crees que nos matar�n?

Me pregunt�is y nada s�, pero temo lo peor.

- Moriremos. - Nos llevar�n con ellos.

- �De qui�n ser� esclava? - �De qui�n ser� esclava yo?

�Y yo? �Una esclava!

�De qui�n?

�D�nde, c�mo?

Una pobre anciana condenada de por vida.

Que ya no puede protegeros.

S�lo una imagen de lo que fue, un fantasma.

Guardar� la puerta de un se�or.

Criar� a sus hijos.

Yo, que fui reina de Troya.

�Mirad!

Es un heraldo griego.

Algo extra�o va a ocurrir.

- �Qu� vendr� a decirnos? - Oh, dioses...

Es la hora.

Avanzad, troyanas, los griegos han arribado.

Casandra no, ella no.

Le han hecho perder el juicio. Protegedla.

Nada de verg�enza.

Ni ante �l.

Me conoces, H�cuba, tra�a mensajes a Troya desde Grecia.

Taltibio.

Traigo nuevas.

Ya ha llegado, troyanas,

lo que tem�amos.

Os han sorteado, si eso tem�ais.

- �Sorteado? - Una para cada uno, s�lo una.

�Qui�n con qui�n?

�De una en una!

Mi hija.

�Qui�n se la lleva?

Dime.

Casandra.

El rey Agamen�n.

�Para servir a su mujer?

No. Para su lecho.

Nunca.

Realiz� unos votos sagrados y los cumplir�.

Virgen por siempre.

Le gusta por esa extra�a pureza.

El lecho real no est� mal.

Mi otra hija. Os la llevasteis anoche.

- �Pol�xena? - S�.

�Qui�n la tiene?

Custodiar� la tumba de Aquiles.

�Custodiar una tumba?

�Mi hija?

�Qu� extra�o ritual es ese, amigo m�o?

Puedes considerarla afortunada.

Esas palabras...

�Por qu� hablas as�? �Est� viva!

Podr�a ser peor.

As� al menos no tendr� problemas.

�Y la esposa de mi H�ctor?

�Qui�n se llevar� a Andr�maca?

El hijo de Aquiles.

�D�nde est�?

Los griegos la cogieron cuando hu�a con su hijo.

�Y yo?

�A qui�n servir� esta pobre vieja?

A Ulises, rey de �taca.

Golp�ame, �golpea mi cabeza!

�Desgarra mis mejillas esclavas!

�C�mo se puede ser tan vil?

�Tortura salvaje y despiadada, implacable!

�Lloradme, mujeres de Troya!

�Traidora e impura es mi condena!

Traed a Casandra.

�Encontradla!

�Debemos llev�rnosla,

junto a todas las dem�s!

�Hay llamas all�!

Nada arde aqu�.

Es mi hija Casandra.

Est� loca.

Tengo el fuego, tengo mi antorcha.

�El fuego de este lugar sagrado!

Virtud.

Virtud.

Bendito el novio, bendita yo, yaciente en el lecho del rey,

en su lecho en Argos.

Madre,

llora por nuestra patria perdida.

Ser� su esposa.

�Alcemos esta llama de gloria, de esplendor, de regocijo!

Bailad, bailad sin cesar.

Oh, bendita dicha,

baila por mi padre muerto,

mi padre muerto.

Bailad por �l.

�Atrapadla!

Apolo,

t�.

Abrigada por la arboleda, he servido a tu altar.

�Adelante!

Cuidado.

Baila, madre.

Ven conmigo y canta.

Canta.

Canta por las gloriosas nupcias, por la novia, llena de dicha.

Mujeres de Troya, regocijaos.

Honrad mi matrimonio.

Y honrad tambi�n a aquel

con quien el destino me ha llevado a compartir el lecho.

Hija m�a, dame esa antorcha.

No la aguantas con firmeza y tu caminar es err�tico.

Sufrir nunca te ha tra�do lucidez.

Escucha.

Esta uni�n no merece c�nticos, sino l�grimas.

Madre, corona mi triunfo con flores.

Al�grate, voy a casarme con un rey.

Env�ame a �l

y si me echo atr�s, ll�vame con fuego.

Si a�n hay dioses,

mi matrimonio ser� m�s sangriento que el de Helena.

Agamen�n el Grande, se�or de Grecia.

Le matar�, madre, pagar� por la muerte de mi padre y hermanos.

Pero no debo hablar de eso.

Ni del hacha que cortar� mi cuello, y el de otros,

ni del asesinato de una madre perpetrado por sus hijos.

Ven.

Esta ciudad es m�s dichosa que la de los griegos, madre.

S� que estoy loca, pero esc�chame.

Por una vez, no deliro.

Vinieron buscando a una mujer, Helena,

y muchos han muerto.

�Por qu�?

Nadie atac� sus fronteras ni siti� sus ciudades.

Pero los griegos ca�dos en batalla jam�s vieron a sus hijos.

Sus mujeres no los envolvieron en sudarios en sus tumbas.

Yacen en tierras extra�as.

Y sus hogares est�n llenos de dolor.

Mujeres que murieron viudas,

hombres que esperaron a hijos que nunca volvieron.

Esa fue su gran victoria.

Pero nosotros hemos dado la vida para salvar a nuestro pueblo.

La mayor gloria.

Nuestros ca�dos regresaron de manos de amigos

y descansan en su tierra,

entre los suyos, para toda la eternidad,

a diferencia del lejano dolor de los griegos.

Y el dolor de H�ctor, tu H�ctor... �Esc�chame!

Muri� como un h�roe porque los griegos vinieron.

Si no, no le habr�amos conocido.

Es una verdad firme que la sabidur�a rechaza la guerra.

Pero si acontece, la muerte gloriosa ser� aquella por la patria.

As� pues, madre, no llores por Troya o por m�

o por mi boda.

Escucha.

Por tu demencia ignorar� tus agravios contra Grecia.

Que el viento se los lleve.

Ven a la nave.

No volver� a ver a mis hijos.

Mi coraz�n, aqu� enterrado, ya no volver� a latir.

el cielo est� oscuro, el sol ha huido.

La hierba no volver� a crecer.

esta tierra es nuestra, nuestra, siempre ha sido nuestra.

esta tierra es nuestra, nuestra, siempre ha sido nuestra.

Nunca la abandonaremos, pues nuestras ra�ces est�n en ella.

Nunca la abandonaremos, pues nuestras ra�ces est�n en ella.

No volver� a ver a mis hijos.

Mi coraz�n, aqu� enterrado, ya no volver� a latir.

el cielo est� oscuro, el sol ha huido.

La hierba no volver� a crecer.

esta tierra es nuestra, nuestra, siempre ha sido nuestra.

esta tierra es nuestra, nuestra, siempre ha sido nuestra.

Nunca la abandonaremos, pues nuestras ra�ces est�n en ella.

Nunca la abandonaremos, pues nuestras ra�ces est�n en ella.

Qu�date aqu�, anciana.

Debes esperar la hora de irte con Ulises.

Eres sabia, dicen.

�Vamos, mujeres!

�Dejad que me lleven!

Pronto ver�is al novio y a la novia en la casa de la muerte.

�No ver� m�s a mis hijos!

Oh, rey griego, con tus sue�os de grandeza por venir,

mezquino eres y ser�s.

Y tinieblas, todos muertos.

Y yo, all� en las colinas,

arrojada por la tempestad, todav�a cercana.

All�, muerta,

expulsada, desnuda,

comida para las bestias.

Soy yo, s�.

La sierva de Apolo.

Fuera, no quiero todos estos velos sagrados.

Con mi cuerpo a�n puro, te los devuelvo.

- �Vete! - �Izad las velas, el viento sopla!

Adi�s, patria m�a.

Madre, madre m�a, no llores.

Hermanos, que la tierra os guarde.

Padre, pronto estar� contigo.

�Dejadme!

La amabilidad no deseada es descortes�a.

No me tengo en pie, sufro demasiado.

Dios m�o, te llam�, pero no me has ayudado.

D�as mejores quiero recordar,

d�as en que fui reina al casarme con el rey, en que fui su esposa

y le di muchos hijos,

buenos y valientes todos ellos, lo mejor de Troya.

No puede haber mujer m�s orgullosa de sus hijos que yo.

Los vi caer bajo flechas griegas.

Mi cabello cort� ante sus tumbas.

Y su padre... No supe por terceros que deb�a llorar por �l,

estos ojos lo vieron.

Le vi morir asesinado en el altar cuando la ciudad cay�.

Mis hijas...

Siervas educadas para casarse con reyes.

Se las han llevado.

Para los griegos las eduqu�.

Es el fin,

anciana mujer.

Ir� a Grecia,

abrir� y cerrar� puertas y agachar� la cabeza.

Pobre H�ctor.

Oh, hija, t� conoc�as la gracia y el misterio de tu dios.

Cu�ntos encantos perdidos con tu virginidad.

�Y t�,

Pol�xena?

�D�nde est�s?

�Por qu� levantarme? �Qu� esperanza me sostiene?

No cre�is jam�s que los opulentos son dichosos

hasta su muerte.

Un carro de cuatro ruedas

trajo el caballo de madera hasta las puertas.

Doradas eran las riendas y las bridas.

Mortales sus entra�as.

"Arriba Troya", gritaba el pueblo.

"Paz al fin, acab� la guerra. "

Traed la escultura, es una ofrenda al dios que nos da la paz.

- �Qu� joven se lo habr�a perdido? - �Qu� viejo no habr�a acudido?

Cantos y gozo al abrir las puertas a aquel caballo de madera

que escond�a en su interior la destrucci�n de Troya.

Con cuerdas de retorcido lino,

un oscuro casco de barco entr� a la ciudad.

Lo llevamos al templo de piedra,

por calles que pronto se llenar�an de sangre.

Y cant�bamos.

Cay� el atardecer y segu�an sonando

melod�as troyanas.

Las casas estaban llenas de luz, nadie dorm�a.

- Un grito atraves� la ciudad. - Dej� un r�o de sangre.

- Un ni�o aterrado... - ... se aferra a su madre.

Y la guerra sali� del escondite que los griegos idearon.

En los altares nos masacraron.

En sus camas yacen hombres sin cabeza.

J�venes asesinados en la flor de la vida.

Ese fue el triunfo de Grecia.

Engendramos hijos para que sufran

el dolor y la verg�enza de nuestra patria.

Es Andr�maca.

- Trae la armadura de H�ctor. - Y viene con Astianacte.

H�ctor.

Oh, dolor.

Nuestro dolor.

�Por qu� lloras? El dolor es m�o.

- Oh, dioses. - S�lo m�o.

Mis nobles hijos, perdidos...

- Ha llegado el dolor. - Para m�.

Para la ciudad. En una nube de polvo.

�Esperad!

�No, mi esposo!

�Yace en la tierra, mis hijos han muerto!

- �Mi esposo! - �Mi hijo!

- Dadme muerte. - Muerte.

- Qu� gran dolor. - As� es el nuestro.

Nuestra ciudad ha ca�do.

Bajo estos tormentos.

Por tu hijo Paris, que dej� Troya por buscar un amor prohibido.

Hombres muertos, cuerpos, sangre... todo ha acabado.

Madre de aquel que mat� con su lanza a innumerables griegos,

mira a tu alrededor.

Tratados como ganado, como partes del bot�n,

mi hijo y yo.

La impotencia asusta.

Sus hombres acaban de llevarse a Casandra.

Me la han arrebatado.

Te compadezco. �Algo m�s ha ocurrido?

Enumera todas mis desgracias.

Cada una ser� peor que la precedente.

Pol�xena yace muerta sobre la tumba de Aquiles,

como ofrenda al cad�ver.

Mi dolor.

Eso quer�a decir Taltibio.

No entend� sus palabras.

- Era tan sencillo. - Cubr� su cuerpo con mi t�nica.

�Mi hija!

�Mi pobre hija, sin verg�enza asesinada!

Muri� sin pena, m�s dichosa que yo, viva.

La muerte es la nada, en la vida queda esperanza.

No, madre, no es cierto.

Morir es s�lo dejar de ser.

Prefiero la muerte a una vida de amargura.

Tu hija ha muerto, es como si nunca hubiera nacido.

No conoce el mal que la mat�.

Pero yo...

Puse todo mi empe�o y logr� llegar a la cumbre de la felicidad.

Y la perd�.

Consegu� alcanzar todo lo que en una mujer se considera virtud.

En casa de H�ctor cumpl� con mis obligaciones.

Le ofrec� obediencia.

Silencio y tranquilidad le serv� siempre a mi esposo.

Esa fama ha llegado a los griegos, para mi desgracia.

Servir� al hijo de Aquiles,

a los que mataron...

�H�ctor, mi amado!

�Deber�a...? �Cre�is que deber�a...

entregarme a mi nuevo esposo y traicionar al difunto?

�O aborrecerle y hacer que me deteste?

Una noche, dicen que basta una noche en el lecho conyugal

para calmar a la mujer.

Oh, H�ctor,

amado m�o...

Siempre fuiste

noble, sabio,

valiente y pr�spero.

Nadie me hab�a tomado antes.

Me encontraste pura en el palacio de mi padre, y me tomaste.

Has muerto.

Y yo debo ir a Grecia como esclava.

�Y t� lloras por Pol�xena?

�Acaso sufre ella como yo?

Para vivir se necesita esperanza. Y yo ya no tengo.

Naves.

Nunca he estado en una, pero he o�do hablar de ellas.

Cuando les sorprende una tormenta,

los marineros trabajan: uno en la vela, otro al tim�n...

todos colaboran.

Pero si el mar les domina,

se arrodillan ante el peligro, se rinden a la bravura del oleaje.

De la misma forma me rindo yo ante mis desdichas.

La gran ola divina me ha vencido.

Esc�chame.

Deja atr�s a H�ctor y lo que le ha ocurrido.

Tus l�grimas no resucitan.

Ve y honra a tu se�or.

Usa todos tus encantos para seducirle.

Hazlo y traer�s esperanza a tus amigos.

Criar�s al hijo de mi hijo

y ser�is de gran ayuda a Troya.

Y si tienes m�s hijos,

podr�n reconstruir

Troya, nuestra amada ciudad.

Una idea me lleva a otra.

Esposa de H�ctor, el m�s noble de los hombres de Troya,

no me odies.

Aunque no quiera, debo anunciarte algo.

- Los griegos han decidido... - �Qu�?

Tus palabras presagian males.

Que el ni�o...

�No podr� venir conmigo, con el mismo se�or?

Jam�s ser� este ni�o esclavo de griego alguno.

Pero...

�Dej�is aqu� al �ltimo de los troyanos?

Ninguna palabra podr� dulcificar lo que voy a decirte.

Eres gentil,

pero no traes buenas nuevas.

�Tu hijo debe morir, esas son las terribles nuevas!

Fue idea de Ulises, dijo que el hijo de un h�roe no debe crecer.

�Seguir� el mismo criterio con sus hijos?

�Ser� arrojado desde las almenas de Troya!

Vamos.

No te resistas, ser� mejor.

Su�ltalo y afronta el dolor con valent�a.

No pidas ayuda, nadie podr� prestarte auxilio.

Piensa.

Tu ciudad y tu marido han ca�do, est�s sola.

�Una mujer sola!

�C�mo luchar�s, c�mo le proteger�s?

�Silencio!

No maldig�is a los griegos.

Si al hablar enfureces al ej�rcito,

el ni�o perder� su valor.

No tendr�n compasi�n.

As� que acepta tu destino como mejor puedas.

Le dar�n digna sepultura

y ser�n m�s complacientes contigo.

Muere, hijo de mis entra�as.

Mi tesoro.

Te matan por la nobleza de tu padre.

Salv� a otros, pero no pudo salvarte a ti.

Por su nobleza.

Mi cama, mis nupcias... Todo reducido a desgracia.

Cuando engendr� a mi hijo en casa de H�ctor

no fue para d�rselo a los griegos, sino para que llegara a reinar.

�Lloras?

Lo siento, hijo.

Vamos, vamos...

�Acaso sabes qu� te espera?

�Por qu� con tanta fuerza te aferras a m�?

Vuelas demasiado alto bajo mis alas.

Y H�ctor no vendr�.

No vendr�.

Abandonando la tumba, lanza en mano para salvarte.

�C�mo ser�?

Arrojado desde lo alto.

�Terrible!

Agonizando, con el cuello roto

y nadie que le ayude.

T�, muerto en mis brazos, hijo m�o,

mi ni�o precioso.

Dulce es tu olor.

�Oh, inmenso dolor!

Dame un beso, vamos, y abr�zame.

Adelante, dame otro beso.

Oh, griegos,

descubr�s nuevas torturas que no os son propias.

Un ni�o, una criatura inocente.

Y quer�is matarle.

Helenos, asesinos de vuestros padres.

Locura, odio, muerte...

Todo veneno que d� la tierra.

Que los dioses os maldigan. Esos preciosos ojos

han llevado la ruina y la verg�enza a los campos de Troya.

R�pido.

Cogedlo.

Matadlo y devoradle.

Los dioses me han destruido y no puedo...

No puedo salvar a mi hijo de la muerte.

Ocultad mi cuerpo avergonzado y llevadme ya a vuestra nave.

Vamos, chico.

Su�ltala.

Ll�vatelo.

Un heraldo con �rdenes tales no deber�a mostrar piedad.

Ni verg�enza.

No como yo.

Agua.

�Atr�s, atr�s!

�Agua!

Agua.

Agua.

- Que venga Menelao, r�pido. - �Qu� ocurre?

Quieren matar a Helena.

- Me encantar�a verlo. - S�, pero a m� me colgar�an.

- Si dijeron que la matar�an. - �Helena debe volver con vida!

Debe estar en el desfile triunfal de los griegos.

- Es un trofeo ensangrentado. - Pero como si fuera de oro puro.

- Eso es lo que buscaban. - Y ella les dio la causa.

�Matadla, matadla!

T�, soberano del mundo,

cuyo trono est� en lo m�s alto,

y a quien nuestro entendimiento no alcanza.

�Qui�n eres?

Dios, necesidad de lo que es debido, raz�n de nuestra raz�n,

�d�nde est�s?, yo te imploro,

viendo la senda silenciosa por la que a todos llevas a la justicia.

Se har� justicia.

He tra�do mi ej�rcito a Troya,

no por ella, como dicen,

sino por aquel que fue mi hu�sped y luego se la llev�.

Y por los dioses que lo ha pagado.

�l y toda su patria.

Me la entregan para que la mate,

o, si quiero, para llevarla a Argos.

M�tala, Menelao,

te alabar� si lo haces.

Pero ev�tala, no la mires, o el deseo por ella te cegar�.

Se apodera de la voluntad de los hombres con la mirada.

Ante ella sucumben hombres y ciudades.

De ella sale fuego que quema casas, magia mortal.

La conozco,

al igual que t� y todos los que han sufrido.

�Cogedla, sacadla de ah�!

- �Matadla, matadla! - �Hay que matarla!

Menelao, estas cosas pueden atemorizar a una mujer.

Tus hombres me arrancaron de mis aposentos.

Se propasaron.

No has cambiado.

De eso estoy segura.

Casi segura.

Me detestas, pero aun as� te pregunto:

�cu�l es tu decisi�n y la de Grecia?

�Vivir� o no?

Desde luego que no, la decisi�n es un�nime, morir�s.

�Puedo defenderme?

Te demostrar� que la m�a ser�a una muerte injusta e inocente.

- No he venido a o�rte. - D�jala.

Debe ser escuchada.

Luego yo le contestar�.

T� ignoras el da�o que ha causado a Troya, yo se lo explicar�.

�De acuerdo!

Que hable, pues.

Lo admito por ti, no por ella, pod�is estar seguros de eso.

Puede que no importe si crees que digo la verdad.

No me hablar�s, pues me consideras tu enemigo.

Aun as�,

intentar� responder a lo que dir�as si expresaras tus sentimientos.

Soy tan culpable como t�.

Primero, �qui�n comenz� todo esto?

Ella.

Al dar a luz a Paris.

�Qui�n m�s es culpable?

El rey Pr�amo,

que sab�a de la condici�n de su hijo y le dej� marchar.

Hundi� a Troya.

Y a m�.

S� lo que piensas: �por qu� me fui? �Por qu� hu� de tu casa en secreto?

Ese hombre, Paris,

o como quieras llamarle, maldito sea.

Cuando vino a m�,

una poderosa diosa le acompa�aba.

Amor. Afrodita.

Me dijo que lo har�a m�o.

Y t�, pobre infeliz, �qu� hiciste?

Abriste tus puertas a tus hu�spedes y desplegaste tus nav�os por Creta.

Dejaste Esparta,

le dejaste a �l en tu casa.

No te pregunto a ti, sino a m� misma,

qu� habr�a en mi coraz�n para irme con �l.

Un extra�o

por quien olvid� mi hogar, mi patria.

No me castigues a m�, sino a Afrodita,

la m�s poderosa de los dioses, pues esclaviza el coraz�n.

Ella es

mi absoluci�n.

Me fui

y mira qu� ocurri�.

Mi rapto trajo gran dicha a toda Grecia.

No os gobiernan tiranos ni extranjeros con sus lanzas.

Bueno para Grecia, no para m�, condenada por mi belleza.

Acusada de infamia cuando merezco la corona.

Dejadla terminar.

Habr�a sido lo justo, dir�s,

que al morir Paris

yo hubiese vuelto a Grecia.

Eso intent� hacer.

Muchas, muchas veces.

�Embustera!

Tengo testigos. Los guardias, los vigilantes, todos.

Muchas veces

me vieron salir de la fortaleza, atada con cuerdas,

luchando por salir.

Los troyanos ya no me quer�an

y De�fobo, el hombre que luego me tom�, a la fuerza,

jam�s

me habr�a dejado marchar.

Esposo,

�debo morir?

�Y en tus manos? �Es esa tu justicia?

Me forzaron con violencia.

He vivido una vida desdichada.

De dolor.

Una vida de amargura.

Querr�a

como un pintor

borrar la belleza de mi rostro

y tener uno vulgar.

Reina, defiende tus hijos y tu patria.

Esas palabras son intolerables.

Los dioses me aplaudir�n cuando exponga sus falacias.

No uses a los dioses para lavar tu culpa.

Mi hijo era apuesto y gentil.

Lo viste y lo deseaste, sin necesidad de diosa alguna.

Lo viste con su brillante atuendo y ca�ste a sus pies.

Pensaste que una vez fuera de Esparta, en Troya,

donde cre�as que el oro flu�a,

podr�as gastar hasta que tu derroche desangrase la ciudad.

Todos tus lujos, tus insolentes excesos...

La casa de Menelao se hab�a quedado peque�a para ellos.

Por la fuerza dices que te llev�.

Y que gritaste.

Nadie en Esparta oy� nada.

Y cuando viniste, trajiste tras de ti a los griegos

y la guerra y la muerte en la batalla.

De haber imaginado la victoria griega de hoy,

habr�as hecho que Menelao

se enfrentara a mi hijo, quien le tem�a como rival.

Pero entonces Troya era invencible,

y Menelao no significaba nada para ti.

Buscas estar del lado victorioso, �no es cierto? Como siempre.

Dices que te ataste con cuerdas para salir, �acaso alguien te vio?

�No ten�as un cuchillo y una soga?

Eso usar�a cualquier mujer decente en tu situaci�n.

Te dije: "Ve, hija, yo te ayudar�, te enviar� a los barcos griegos".

Pon fin a esta guerra.

Pero no me escuchaste y en casa de Paris te mostrabas insolente.

Te gusta hechizar a los hombres.

Mira c�mo vas vestida, �es forma de recibir a tu esposo?

Los hombres deber�an escupirte.

Cabizbaja, humilde, temblorosa y harapienta.

As� deber�as venir, con verg�enza en lugar de descaro,

por todo el mal que has causado.

S�lo una palabra m�s, rey.

Dale a Grecia una corona digna de ti.

M�tala.

- Rey, recuerda tu linaje. - Te llaman afeminado.

Haz lo que es debido.

- S� fuerte. - S� noble.

- �Cast�gala! - Estoy de acuerdo en lo que dec�s.

Te marchaste por propia voluntad, Afrodita no te exculpar� de esto.

Vete, tu muerte se acerca, no volver�s a deshonrarme.

No, no.

De rodillas me pongo y te suplico.

Fueron los dioses.

Por ella murieron muchos de los tuyos.

Y ni�os.

- No los traiciones. - Basta, anciana.

No es nada para m�.

La muerte en Troya no es lo apropiado, me la llevar�

en mi nave m�s veloz

y en Grecia la entregar� a los parientes de los ca�dos.

Llevadla a la nave y custodiadla.

Ojal� el rayo fulminante de los dioses caiga sobre esa nave

�y la reduzca a cenizas!

Una nave ha partido ya, H�cuba.

En ella viaja Andr�maca, madre de este ni�o.

En tus manos quiso que lo dejase

para que lo cubrieses si a�n te queda alg�n ropaje.

Me pidi� que reposara con este escudo de H�ctor.

Y que lo cubrieras con flores.

Cuando lo hayas dispuesto todo, embarcaremos.

Que sea lo antes posible.

Te he evitado algo.

Ped� que lo llevasen al arroyo para que el agua

lavase sus heridas.

Voy a cavar su tumba.

Si lo hacemos juntos,

partiremos pronto hacia casa.

Deja el escudo en el suelo.

Hijo m�o,

qu� horrible muerte.

Si hubieses ca�do luchando,

si hubieses sido

joven, fuerte, amado

y con poder divino...

No has conocido la felicidad,

si es que existe.

Pero...

Te arrojaron desde las murallas, �ngel m�o.

Te han arrancado los rizos que tu madre acariciaba

y donde te besaba.

Tus huesos, rotos y maltrechos...

Estas manos,

iguales a las de tu padre.

Preciosos...

labios, cerrados para siempre.

Cosas bonitas me dec�as siempre que me ve�as.

Siempre me dec�as:

"Abuela, cuando t� mueras, me cortar� un mech�n de pelo

y har� que mis soldados

velen tu tumba".

Y al final soy yo,

una vieja sin hogar y sin descendencia,

quien te entierra a ti.

Tan joven.

Una...

muerte injusta.

Un poeta podr�a grabar en tu tumba:

"Aqu� yace un ni�o a quien los griegos tem�an y asesinaron".

El miedo aparece cuando desaparece la raz�n.

Te doy todo cuanto tengo, hijo m�o.

Aunque no lograste grandes haza�as

para admiraci�n de tus compa�eros,

la madre de tu padre deposita aqu� estas ofrendas

y sobre todo cuanto fue tuyo, coloca esta flor.

Este fue el gran pr�ncipe de nuestra ciudad.

Te habr�a vestido en tu boda,

y la m�s bella de las princesas de oriente, habr�a sido tu novia.

Con tejidos de lino

cubro tus heridas.

Bellas palabras, aunque s�lo in�tiles entre los muertos.

Tu padre te cuidar�.

Adelante,

depositadlo en su tumba.

Poco les importa a los difuntos su entierro.

Es pura vanidad de nosotros, los vivos.

�Capitanes, se os ha encomendado quemar esta ciudad!

�R�pido, que no queden inm�viles vuestras antorchas!

Mujeres,

el sonar de la trompeta es la se�al, id hacia las naves.

Anciana, mi profundo pesar.

Vamos.

�Vamos, no os deteng�is!

�Quem�is nuestra ciudad!

Nuestra ciudad.

R�pido. La queman.

Debo darme prisa.

Debo despedirme de ella.

Cogedla

y custodiadla.

Oh, padre que nos has dado la vida,

�no nos ves sufrir,

merecemos esto?

- Las llamas iluminan la ciudad. - El fuego devora todo.

�Troya se desvanece, reducida a polvo y humo!

Escuchad, vuestra madre os llama.

Muertos est�n aquellos a quienes hablas.

Arrodill�monos con los miembros doloridos sobre nuestra tierra.

- Los m�os est�n en este lugar. - Esposo, oh, esposo m�o.

Nos arrastran fuera de nuestra tierra.

Dolor, inmenso dolor.

- El polvo se alza sobre nosotras. - No consigo ver mi casa.

Su nombre desaparece de la tierra, Troya se extingue

para siempre.

�Hab�is o�do?

�Hab�is visto?

�Troya ha ca�do!

Terremotos e inundaciones.

Es el fin de la ciudad.

Levanta,

levanta del suelo,

cuerpo maltrecho.

Tr�mulos miembros,

deb�is llevarme

a mi nueva vida de esclavitud.

DEDICAMOS ESTA PEL�CULA

A QUIENES SE HAN OPUESTO SIN MIEDO

A LA OPRESI�N DEL HOMBRE A MANOS DEL HOMBRE.

Downloaded From www.AllSubs.org

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.