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Victoria, entiendo que la prensa podemos llegar a ser incómodos.
Pero, joder, la gente tiene derecho a estar informada.
Informada, no intoxicada.
Perdona, no hemos contado ni una mentira del caso del justiciero. Ni una.
Ya, porque en el DNI del fugitivo ponía "justiciero", claro.
¿No había otro nombre?
Sospechoso, exconvicto...
Joder, Martos, ya sé que nuestro trabajo no siempre es impecable, pero...
¿La gente ya ha dejado de necesitarnos?
Mi periódico no ha cuestionado la necesidad de policía.
¿Por qué somos los malos?
Gracias a vosotros, hay quien piensa que ni deberíamos existir.
A mí no me eches el muerto, eh.
La mala fama os la habéis ganado.
La gente es idiota, hostia.
Somos como borregos.
Cuando quieras.
Vale, dame un segundo.
Lo siento, me tengo que ir.
¿Qué quieres exactamente de mí?
Que te busques otra noticia a la que sacarle punta.
Dejadnos trabajar, joder.
Entiendo.
Quieres que os dejemos trabajar prohibiéndome trabajar a mí.
Dime al menos quién es, quién os filtra la información.
Ya sabes que no puedo delatar a una fuente.
Necesito el nombre de esa rata.
Mira, ¿sabes qué? No somos tan distintos tú y yo.
La sociedad, todo, se está yendo a la mierda.
Aquí los dos lo único que intentamos es salvar el culo lo mejor que podemos.
Sí.
Y haciendo eso solo aceleramos el caos.
¿Quién nos lo iba a decir, Martos?
Con lo que hemos sido tú y yo.
Vale.
Grabando.
Los seis testigos del triple homicidio ocurrido dentro de ese bus
acordaron, presuntamente, encubrir al asesino Dante Bazán.
Que nadie se mueva del autobús.
Esperad aquí.
¿Y ahora qué? ¿Qué va a pasar con nosotros?
No sé, pregúntale a la listilla.
Comisaria, ¿sigue con los del comité?
No, estoy en casa.
Tenemos algo que contarle. Vamos para su casa.
- ¿De esto cuántos años pueden caernos? - ¿Años?
No lloréis tanto. O morían ellos o moríamos nosotros.
Temíamos por nuestras vidas.
Cualquiera se hubiera defendido. Cualquiera lo entiende.
- Incluso un jurado popular. - Chicos.
- ¿Qué hacen ahí? - Que no se muevan.
Vamos con la comisaria y ya gestionaremos la prensa.
Nadie entra aquí excepto la inspectora Quirós y yo.
- ¿Entendido? - Entendido, sí.
Yo no me encuentro bien. Yo voy a salir.
No se mueve nadie.
En esto estamos todos juntos hasta el final.
Lo siento.
Tenías razón.
- Comisaria. - Adelante.
Buenas noches.
Perdone las horas, pero no podíamos esperar a mañana.
Ya es mañana, Quirós. ¿Queréis tomar algo?
¿Una copa, un agua, un té?
Tenemos algo que contarle sobre el caso.
Algo que lo cambia todo, comisaria. Absolutamente todo.
Dante Bazán es inocente.
Es inocente.
¿Sabéis cuál fue mi primer gran caso?
- Comisaria... - Hace la tira.
Cuando este trabajo importaba.
Un doble homicidio.
Un desgraciado acusado de asesinar a dos mujeres.
La prensa se frotaba las manos.
Fue tan mediático que, para cuando llegó el juicio,
el jurado tenía más información sobre el sospechoso que el propio fiscal.
Durante el juicio la defensa demostró que, cuando se cometieron los asesinatos,
el sospechoso estaba a más de 500 kilómetros del barrio.
Ya no estaba ni en el mismo país.
Llega el día del veredicto y el jurado le condena a 30 años.
La pena máxima.
En esta vida no hay nada tan resistente como las creencias.
La gente se aferra a lo que cree por absurdo que sea.
¿Y sabéis por qué?
Porque las creencias... están conectadas con la emoción.
Y cuando la emoción sube...
la razón baja.
Para la gente Dante Bazán es un héroe.
Y nosotros su enemigo.
- No podemos hacer nada para cambiarlo. - Sí podemos.
Tenemos pruebas que desmontan el relato.
Esta noche se ha presentado
esta mujer en una comisaría a declarar.
- ¿Quién es? - La hermana de Dante.
- ¿Qué ha contado? - Asegura que hoy ha estado con él.
Dante Bazán no solo sobrevivió al barranco,
sino que se cascó 40 kilómetros a pie.
¿Cómo contactó con Dante?
Una persona en común nos situó a mis hermanos y a mí.
Nos envió una hora y un lugar de reunión.
¿Alguien sabe por qué nos han citado aquí?
Está claro, ¿no? ¿O no has puesto la tele?
¿Creéis que sabe algo de Dante?
Dios lo quiera, sí.
Estás loca. No quieras que el padre nos cuente nada de Dante.
Álvaro...
Si sabemos algo de Dante no vamos a tener más remedio...
Estoy bien.
Dante.
Estoy bien.
¿Y papá? ¿Cómo está?
Sigue vivo.
- Pero la cabeza... - Se entera de más de lo que pensáis.
Si pone la tele, se le romperá el corazón.
Todo es mentira.
Todo lo que dicen de mí. Yo no maté a esos atracadores.
- ¿Por qué dicen lo contrario? - No lo sé, pero mienten.
- Todos. - Claro.
Tú eres el único que dice la verdad.
¿Por qué no volviste a la cárcel?
Ahora te quedaría muy poco.
Nunca pensé que llegaría vivo al primer permiso.
En la cárcel, cuando te hacen la marca del chivato,
se convierte en un infierno.
En un infierno de verdad.
Por eso hui del autocar antes de que llegara la policía.
Abra la puerta.
Bajé de ese autocar antes de ningún disparo.
Lo único que quería era veros a los tres.
Hace cuatro años que no sabemos de ti.
¿Te das cuenta en el peligro que nos pones?
Lo sé.
Pero necesitaba contaros la verdad.
¿La verdad de qué?
Sobre Lucía.
Hay maneras rápidas y sin dolor.
No digas eso.
No lo digas.
Dante.
Mi cuerpo se convertirá en mi propia cárcel.
Lucía...
Júrame que no vas a volver ni a pensarlo.
Por favor.
Tranquilo, no puedo hacerlo.
Si lo hago, le jodo la vida a Álvaro.
Odiaba depender de los demás.
Pero no lo hizo por ti.
Porque sabía lo que iba a hacer el banco con tu casa.
El seguro no pagaría la hipoteca de su piso y tu perderías tu casa.
Por eso mentí. Os mentí a vosotros.
Mentí al tribunal.
Usted vio que la puerta del piso de su hermana había sido forzada.
Enseguida pensé en los dos hombres que vi bajar las escaleras.
Nadie huyó del piso de Lucía.
¡Chao!
Estaba todo arrasado.
- ¡Lucía! - Parecía realmente un robo.
Pero no había ningún ladrón.
Y entonces la vi.
¡No, no, no! ¡Lucía, Lucía!
Lucía, ¿qué has hecho? ¡Mírame!
No...
No, no.
No quiero vivir.
Solo quiero descansar.
No me condenes a una vida que no quiero vivir.
No quería seguir viviendo.
Y yo la dejé morir.
La dejé morir.
Tiene que parecer un robo.
Dante...
Dante, apareces después de tanto y despareces de nuestras vidas otra vez.
Cuánto menos sepáis, mejor.
Ya has pagado por tus errores. Y con creces.
Cuéntale a la policía la verdad.
Ya sabéis cómo se fue Lucía.
Lo demás no importa.
Su hermano. ¿Dónde está ahora?
No lo sé.
Nos contó la verdad y se fue.
¿No le dijo dónde iba?
No.
Por eso estoy aquí.
Encuéntrenle.
Le deben una.
Ustedes más que nadie.
Que Bazán no mató a los atracadores encajaría con tu intuición.
- Ya no es una intuición. - Sí, sí que lo es.
En homicidios los relatos se demuestran con pruebas.
No con el testimonio de la hermana del sospechoso.
Tenemos pruebas.
Los testigos han confesado.
Podemos demostrar que Dante no mató a nadie dentro de ese bus.
Igual podemos.
¿Pero debemos?
Antes de que llegarais he recibido otra llamada.
La guardia civil anticontrabando.
- Mira, la poli. - Es un coche...
Buenas noches, caballeros.
¿Qué pintan los aduaneros aquí?
Esta noche una patrulla ha parado unos contrabandistas de tabaco
en un sendero cerca de Francia.
Muy bien, señores.
Las manos sobre el vehículo.
Vamos.
Estoy hasta las pelotas de escucharte, tío.
Limpios.
Envía sus nombres a la central a ver qué tenemos.
¡Eh, alto! ¡Alto!
¡Alto, joder!
¡Alto!
Mierda.
¿Dante Bazán está...?
Está en coma.
No se sabe si despertará o no.
Las próximas horas son cruciales, pero no pinta bien.
Todo es culpa nuestra.
No es culpa de nadie. Las cosas pasan y ya.
Podía ser inocente y lo hemos perseguido como criminal.
La prensa nos va a comer
cuando sepan que un policía ha dejado en coma a Dante.
No lo sabrán.
Joder...
Joder.
Creen que han mandado a la UCI a un tal Jorge Díaz Donoso.
Eso es lo que publicará la prensa.
Salvo los tres aquí presentes,
nadie sabe que ese paciente de la UCI es Dante Bazán.
Y, la verdad, no veo porqué alguien más debería saberlo.
En el barranco le perdimos la pista.
Podría seguir vivo.
Y fugado.
Ni policías ni médicos lo han reconocido.
No estás hablando en serio.
- No podemos mentir. - Le hemos dejado en coma.
Ni en sueños lo contaremos.
Dante Bazán no mató a nadie en ese bus.
Se nos comerán vivos, tú lo has dicho.
La gente que...
¿No sabrán la verdad?
La verdad...
La verdad no le importa a nadie.
A nadie.
Si algo es cierto o no, qué más da. A la gente le gusta quejarse
y sentir que tienen la razón, la tengan o no.
¿Sabéis que es lo peor?
Si lo que creo es mi verdad
y lo que el otro cree es su verdad,
no hay punto de encuentro. No hay conversación posible.
Cuando desaparece el diálogo, ¿qué queda?
La violencia, la ley del más fuerte.
Y se supone que, en teoría,
para eso estamos, para mantener el orden.
Pero hay gente que nos cree prescindibles.
Llevo 30 años en el cuerpo, 30 años.
Para que este trabajo... se valore.
Importe.
No cavaremos nuestra propia tumba.
En un par de días aparecerá una noticia más viral.
La gente se olvidará de Bazán.
Y lo más importante...
se olvidará de nosotros.
¿Algo más?
Sí.
Lo dejo.
Cogeos unos días.
Los dos. Descansáis, cargáis pilas...
y luego a otra cosa.
¿Para qué?
Si lo has dejado bien claro.
Nuestro trabajo ya no tiene sentido.
Fran.
Fran.
- ¡Fran, Fran! - ¿Qué?
¿Y los testigos? ¿Qué pasa con los testigos?
No son mi problema, tú verás.
No hablas en serio.
No puedes dejarlo y menos ahora.
La comisaria tiene que saber quiénes son los asesinos.
Ya lo sabe, Rebeca. Lo sabe todo el mundo menos tú.
Dante Bazán. Caso cerrado.
¿Ves lo que eso significa?
Si Dante es culpable, ¿qué pasa con los pasajeros del bus?
¿Qué pasa con ellos?
Sinceramente...
me importa una mierda, Rebeca.
Esta noche podemos ofrecerles, en exclusiva,
la identidad de los testigos que, por razones desconocidas,
siguen detenidos en comisaría.
Podéis esperar fuera del autobús.
Por aquí.
Manuel Navas, el conductor del bus.
Alejandro Pineda, 39 años.
Miren Luján, 36 años.
Marga Sarabia, 69 años.
Balter Bayona, 33 años.
Elisa Peña, 29 años.
Seis personas muy distintas
que, sin embargo, parecen compartir que Dante no merece ser castigado.
Venid conmigo.
Aunque son muchas las personas a favor de que los testigos protejan
al justiciero,
la policía insiste en tratar a los seis como criminales.
Manuel, Marga, Miren, Balter, Alejandro y Elisa.
- Salen. - Seis personas...
Vale, vamos a por ellos.
Por favor, por favor...
Podéis salir.
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