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El Bank of America apoya con orgullo
a la película "La Guerra de Vietnam", de Ken Burns y Lynn Novick
porque al fomentar diferentes perspectivas
y la discusión civil, acerca de temas importantes,
promueven el progreso, la igualdad
y una sociedad más conectada.
Subtítulos por Juan C. Germi
Este es 2-6, llegando.
Los tenemos a la vista y los estamos atacando ahora.
Roger.
Los helicópteros son máquinas fantásticas.
Puedes flotar en el aire.
Puedes ser como Dios.
Volaba a menos de 150 metros de altura.
Por encima de los 150 metros era una zona de muerte.
Es mejor estar por debajo de los 60 metros. Cuanto más bajo mejor.
Mi trabajo era que me dispararan.
Mi trabajo era atraer al fuego enemigo.
Yo era un pato, un señuelo.
Me dispararon muchas veces.
Atraje mucho al enemigo.
Gritas lo más fuerte que puedes para intentar cubrir el sonido
de las balas que pasan,
porque cuando pasan al lado del oído,
puedes escuchar un chasquido.
Uno no escucha el disparo.
Pero un arma calibre 50 te acaba de disparar
lanzando 1/2 pulgada de plomo volando hacia tí.
¡Y el aparato hace… vruum!
Estás volando, estás a 90º para el otro lado,
y te estás… te estás derribando tú mismo,
porque las palas del rotor están justo enfrente tuyo.
Estás tratando de evitar que el arma se trabe
porque estás girando así.
Y si tu arma se atasca, estás acabado.
Vietnam fue la primera verdadera guerra de helicópteros.
Los pilotos de helicóptero hicieron más de 36 millones de vuelos.
Sus tripulaciones lanzaron panfletos de propaganda sobre el enemigo
y volcaron un fuego letal sobre sus posiciones.
Transportaban tropas, suministros y artillería a la batalla.
Levantaban a los heridos del campo de batalla tan rápido,
que la mayoría llegaba a un hospital de campaña en unos 15 minutos.
Ron Ferrizzi, hijo de un policía
del vecindario Swampoodle de Filadelfia del Norte,
llegó a Vietnam en noviembre de 1967.
Era el jefe de la tripulación de un helicóptero explorador
de la 1ra. Caballería Aérea,
que salía de la zona de aterrizaje Two-Bits, en el Altiplano central.
Un día, después de regresar de una misión de combate,
una periodista lo abordó.
Y me encontré con esta...
era una hermosa mujer.
De ojos redondos, escultural. Una mujer de ojos redondos,
con un cabello hermoso, lucía muy bonita.
Me dijo… "¿Puedo hacerle un par de preguntas?"
"¿Cómo fue andar por ahí afuera?"
¿Qué se siente cuando un arma calibre 50 abre fuego
disparándote un trozo de plomo de 1/2 pulgada?
Cuando tú… es difícil de describir.
Es una porquería.
O sea, ¿Acaso no es obvio qué se siente?
¿Quieres saber qué se siente?
Ve a ver qué se siente.
Ve allá afuera.
Ve a ver los cadáveres.
Estuve a punto de golpearla.
Quería hacerla explotar.
¡Estaba a punto de... cielos!
¿Quieres saber qué se siente?
¡Ahí lo tienes!
Te lo voy a dar ya mismo.
¿Quieres sentirlo? ¿Quieres sentirlo?
Te lo daré si eso es lo que quieres.
¿Es eso lo que quieres?
No quiero decirte qué se siente,
porque no quiero recordarlo.
Esa es la locura que te saca afuera.
LA GUERRA DE VIETNAM
El enemigo ha sido derrotado batalla tras batalla.
Continúa esperando que la voluntad de perseverar de EE. UU.
pueda quebrarse.
Pues bien, está equivocado.
1968 probaría ser un año de inflexión
en la historia de la guerra de Vietnam, y de Estados Unidos.
Al comenzar el año,
había 485,600 tropas estadounidenses en Vietnam,
y los líderes prometieron
que la victoria por fin estaba a la vista,
que de verdad había "una luz al final del túnel".
Pero entonces Norvietnam preparaba una ofensiva masiva
que terminaría siendo una terrible derrota para ellos,
pero que a la larga resultaría ser
una victoria mayor aún.
Estados Unidos se vería convulsionado por asesinatos
y batallas en las calles, por la guerra, y los derechos civiles.
Un presidente estadounidense,
un maestro de la política, acostumbrado a cumplir sus metas,
seguiría encontrándose sitiado por problemas
que no podía resolver.
Robert Kennedy, el hermano del asesinado presidente
que había incrementado la presencia estadounidense en Vietnam,
escribió ese año un editorial que parecía hablar por muchos.
"La mera anarquía está suelta por el mundo", dijo,
citando al poeta William Butler Yeats.
"Todo se cae a pedazos; el centro no puede mantenerse."
EPISODIO 6
Las cosas se desmoronan Enero-Julio, 1968.
General Westmoreland, usted dijo
que nunca había estado más confiado
en los 4 años que ha estado en Vietnam,
pero algunas críticas, por otra parte,
nunca han sido más desalentadoras.
Me pregunto si podría detallar una, dos o tres cosas
que lo hacen sentirse tan confiado.
Podría citar algunas estadísticas significativas,
tales como las carreteras que se están abriendo,
la creciente cantidad de enemigos que han sido abatidos,
y otra información estadística,
que sugiere que estamos progresando
y que estamos ganando.
Y siento que una actitud de confianza y de creciente optimismo
impera en todo el país.
Para mí, esta es la evidencia más sólida
que le puedo dar, que se está logrando un progreso constante y real.
En la noche del primero de enero de 1968,
Ho Chi Minh transmitió un poema por Radio Hanoi.
Que el Norte y el Sur se imiten
en combatir a los invasores estadounidenses.
¡Adelante! la victoria total será nuestra.
Los comandantes comunistas interpretaron que esto significaba
que la batalla final,
la Ofensiva General, y el Levantamiento General
que habían estado planeando durante meses, era inminente.
El primer secretario del partido, Le Duan,
quien había insistido en la ofensiva
y había desplazado a quienes se oponían,
creía que ella por fin terminaría la guerra.
Unidades del Viet Cong, apoyadas por tropas norvietnamitas
iban a atacar simultáneamente ciudades y bases
en todo el Sur.
Le Duan prometió a esas tropas que cuando la lucha comenzara,
la gente de Survietnam se sublevaría
y derrocaría al gobierno de Saigón,
tal como los vietnamitas se habían sublevado en contra de los japoneses
en agosto de 1945.
Con la derrota de Saigón, los estadounidenses no tendrían más opción
que retirarse de Vietnam.
Los ataques sorpresa comenzarían a finales de mes,
al comenzar la celebración del Año Nuevo Lunar, llamado Tet.
Escuchamos el poema del tío Ho.
¡Adelante! Lograremos una victoria total.
Sentimos que este sería el final.
El Viet Cong ya estaba infiltrando
cantidades de ciudades y pueblos.
Decenas de miles de tropas norvietnamitas
ya estaban en lugares de Survietnam.
Toneladas de armas chinas y soviéticas habían sido
transportadas de contrabando hasta los objetivos elegidos, en sampanes,
carros de flores y camiones de doble fondo,
y luego enterradas en arrozales, basurales y cementerios
hasta que llegara el momento de sacarlas.
Para operar durante el día,
teníamos que parecer civiles.
Así que simulábamos ser agricultores o funcionarios títeres.
Nos ordenaron vestirnos de mujeres...
y colocar los AK bajo el vestido.
Más de 10.000 estadounidenses de inteligencia,
militares y civiles, trabajaban
en Vietnam del Sur.
Pistas de todas partes sobre lo que se venía
subieron por la cadena de mando.
Las unidades enemigas se estaban movilizando de forma inexplicable.
Informes enemigos capturados describían próximos ataques
en diferentes ciudades.
11 agentes fueron capturados en la ciudad de Qui Nhon
con cintas grabadas llamando a la población local
a sublevarse contra el Gobierno de Saigón.
Todo eso nos indicaba
que algo iba a pasar.
Pero no sabíamos exactamente qué era.
El general Westmoreland pensó que sabía.
"Creo que el enemigo intentará
mostrar su poderío en todo el país justo antes del Tet".
Envió un mensaje a Washington, "El evento principal será en Khe Sanh".
Unas 30.000 tropas norvietnamitas se habían reunido
cerca de Khe Sanh, el fortín más occidental
debajo de la zona desmilitarizada (DMZ)
que era custodiado por tan solo 6.000 marines.
Westmoreland creía que Vietnam del Norte quería aislar
y aniquilar a esas fuerzas estadounidenses,
como el Viet Minh había hecho con los franceses en Dien Bien Phu
14 años atrás.
Westmoreland estaba seguro de que los ataques del enemigo
en otros lugares, sólo serían una distracción.
El general estadounidense Frederick C. Weyand, no estaba tan seguro.
Logró convencer a Westmoreland de que retirara a la mitad
de las tropas que estaban en la frontera con Camboya
para ocupar posiciones defensivas a las afueras de Saigón, por si acaso.
Este es un búnker subterráneo en Khe Sanh,
uno de los dos refugios de cemento que quedan
de los primeros días de la guerra
cuando las Fuerzas Especiales defendieron esta base.
Es oscuro, húmedo y lúgubre.
Se percibe algo en el ambiente, sobre la construcción.
No sé, uno podría…
casi sentirlos trabajando de noche por ahí.
¿A quiénes?
Al ejército norvietnamita.
El 21 de enero,
los norvietnamitas comenzaron a bombardear Khe Sanh.
Los marines estadounidenses estaban en una situación muy dura.
Bajo presión y rodeados.
Westmoreland dijo que sería el Dien Bien Phu de los estadounidenses.
Dijo que sería una batalla decisiva.
Pero ya habíamos llevado a la mayoría de nuestras fuerzas a otro lugar.
Cuando se enteró del ataque en Khe Sanh,
Lyndon Johnson hizo firmar a los miembros del Estado Mayor un compromiso
de que la base nunca caería.
"No quiero ningún maldito Dien Bien Phu", dijo.
El presidente tenía un modelo a escala del campo de batalla instalado
en la Casa Blanca, para poder seguir los combates
hora por hora.
Pero la suposición básica de Westmoreland y Johnson estaba errada.
Khe Sanh era la distracción.
Los ataques a ciudades y pueblos que estaban a punto de comenzar,
a lo largo de todo Survietnam, serían el evento principal.
Pero los supuestos básicos del primer secretario Le Duan
también estaban a punto de ser probados.
Para que la ofensiva que se acercaba tuviera éxito,
el ejército de Survietnam, el ARVN, tenía que colapsar,
y la gente del sur
tenía que unirse a la revolución.
El eslogan era, "una oportunidad como ésta
se presenta una vez cada mil años".
Teníamos confianza.
Nos dijeron que debíamos llevar sólo nuestro uniforme nuevo
para usarlo cuando tomáramos Saigón.
"Nuestros pensamientos estaban enfocados en acabar con el enemigo",
recordó un general norvietnamita.
"Estábamos intoxicados por ese pensamiento."
La preparación fue tan minuciosa
que en muchos lugares, antes de dejar sus bases en la jungla,
los soldados destruyeron sus equipos para cocinar y quemaron sus chozas.
Creían que nunca tendrían que regresar.
Bueno, tenemos a nuestros tres G.I. heridos a bordo,
al menos uno está muy malherido.
Al médico le esperan unos minutos bastante agitados
antes de que regresáramos.
A medida que se acercaba la fecha para la ofensiva del Tet,
la guerra continuaba para cientos de miles
de estadounidenses en el país.
Pude ver la realidad de la guerra.
Educación de verdad para un joven doctor.
Desde nuestro punto de vista, la guerra parecía estar yendo muy bien.
Parecía que la guerra estaba yendo perfecto, muchas gracias.
El capitán Hal Kushner era un recién graduado de la escuela
de medicina de Danville, Virgina. Tenía 26 años.
Padre de una niña de 3 años
y con un bebé en camino.
Se ofreció como voluntario para servir en Vietnam
y se convirtió en cirujano en vuelo con la 1ra. Caballería Aérea.
Se suponía que debía dar
una clase, irónicamente, sobre los peligros de los vuelos nocturnos.
Y lo hice.
Esa noche teníamos un clima terrible.
Estaba oscuro, estaba lloviendo y había mucho viento.
Cuando estábamos volando
vi que nos habíamos desviado hacia el oeste de la carretera.
Sabía que eso era malo.
En la neblina y la lluvia,
el helicóptero de Kushner se estrelló contra una montaña.
Lo siguiente que percibí fue
que estaba colgando cabeza abajo en un helicóptero en llamas.
El mayor Porcella estaba muerto.
Simplemente salté del helicóptero
y de repente hizo "usssh", y se incendió totalmente.
En el helicóptero había una ametralladora M60
y las balas empezaron a explotar por el calor.
Una o varias de esas balas me atravesaron el hombro,
mi hombro izquierdo.
Vi al oficial superior Bedworth en el suelo.
Estaba muy mal herido.
Le entablillé la pierna con algunas ramas.
La norma era que debíamos esperar junto a la aeronave hasta que nos rescataran,
así que simplemente nos sentamos ahí.
Esperamos un día.
Esperamos dos días.
No teníamos ni comida ni agua.
En la mañana del tercer día, Bedworth falleció.
Simplemente se fue.
Fue algo muy, muy triste.
Pensé que mi mejor elección era abandonar la aeronave
e intentar bajar la montaña.
A Kushner, herido, le llevó cuatro horas
bajar tambaleando la colina.
Cuando finalmente llegó a nivel de suelo miró hacia atrás
y vio dos helicópteros estadounidenses sobrevolando el lugar del accidente.
Sus pilotos no lo vieron.
Vi a un campesino trabajando en un arrozal
y él me vio a mí.
Tenía insignia de capitán y un Caduceo, un símbolo médico,
en mi cuello.
Él dijo, hablando en vietnamita,
capitán doctor, capitán doctor.
Me llevó otro 1,5 km a una choza, una casita,
me sentó en el frente
y me trajo una lata de leche condensada.
Me la estaba tomando
y era lo mejor que había comido en mi vida.
Escuché que alguien más dijo, (frase en vietnamita)
"Se rindió, no lo maten."
Había allí un escuadrón del Viet Cong.
Alcé un brazo
y me disparó con una carabina M2.
Creo que estaba más nervioso que yo.
Me dio justo donde me había dado la M60.
Me atravesó el cuello y salió por detrás.
Me ataron los brazos con fuerza, con alambre común.
Revisó mi billetera y tomó mi tarjeta de la Convención de Ginebra,
que era blanca con una cruz roja.
Y la rompió.
Y dijo en inglés, "no prisionero de guerra.
Criminal, criminal".
Entonces me quitaron las botas.
Y comenzamos a marchar.
Caminamos durante un mes,
treinta días, casi siempre de noche.
Mis pies estaban lastimados.
No pensé que pudiera sobrevivir.
Nos dijeron que nos preparáramos
para una gran ofensiva contra las ciudades.
Un ataque total y una sublevación total.
Estábamos en las afueras de las ciudades.
Podíamos entrar y salir con facilidad.
Así que pensé que podríamos tener éxito.
El 30 de enero,
comenzó una tregua informal de 36 horas por el Tet.
Miles de soldados del ARVN habían ido a casa por las fiestas.
El enemigo no lo hizo.
Nuestras unidades celebraron el Tet con anticipación.
Comimos dulces para fiestas, carne y brotes de soja encurtidos.
Estuvo delicioso. Todos estaban contentos.
La noche siguiente cruzamos el río Saigón
y marchamos hacia el occidente de la ciudad.
Ese mismo día, el cabo de marines Roger Harris
debía salir de Vietnam.
Su asignación de 13 meses había terminado.
Pero él y su unidad seguían resguardándose
de los constantes bombardeos sobre Campo Carroll, justo al sur de la DMZ.
Bien, cuando recibí la orden,
me despedí de todos mis amigos
y me acerqué a la zona de aterrizaje.
Cuando los helicópteros llegaron,
puse las bolsas con los cadáveres en el helicóptero
y después me subí.
Aterrizamos en Dong Ha, el cuartel general de la división.
Cuando estábamos a 200 metros de la pista
comenzaron a dispararle a la pista.
Voy pensando si Dios se da cuenta
de que cometió un error porque algunos de los chicos que murieron,
que estaban conmigo, eran buenos cristianos, nunca habían tenido sexo,
y no maldecían.
Y yo había sido un pecador.
Pienso que Dios se dio cuenta de que se equivocó.
Mató a los cristianos y yo me salvaba.
Así que ahora la muerte me perseguía.
Nos dijeron que en más o menos una hora
iba a llegar un avión.
Cuando llegó, comenzó a disparar la artillería.
Saltamos dentro del avión y este despegó.
Luego aterrizó en Danang.
Después salió el sol, fuimos a la pista
y subimos a los aviones.
Todos estábamos sentados allí,
dándonos palmadas y chocando los cinco.
Lo logramos.
De repente…
comenzaron a atacar la pista de Danang con artillería.
Y yo pensé que era por mí.
Era por mí.
Dios no quiere que salga de aquí.
En las primeras horas de la mañana del 31 de enero de 1968,
84.000 tropas del Viet Cong y de Norvietnam atacaron
36 de las 44 capitales provinciales de Survietnam,
docenas de bases militares estadounidenses y del ARVN,
y las seis ciudades más importantes del país,
incluyendo a Hue, Danang y Saigón.
Sus comandantes les informaron que el objetivo era
"agrietar el cielo y hacer temblar la tierra".
En Saigón, el general Westmoreland confundió las primeras explosiones
con fuegos artificiales festivos.
Su subcomandante, el general Creighton W. Adams
estaba dormido, y sus asistentes no se preocuparon por despertarlo.
No había un solo comandante de alto rango en el "Pentágono Oriental",
el inmenso cuartel general del MACV, en la base aérea de Tan Son Nhut,
en las afueras de Saigón,
cuando los morteros y cohetes comenzaron a agujerear las pistas.
Nos ordenaron atacar el aeropuerto de Tan Son Nhut.
Estaba amaneciendo
cuando entramos a la base aérea.
De acuerdo con el plan,
se suponía que unos camiones nos llevarían al palacio presidencial,
pero no aparecieron.
Ha comenzado.
Los soldados del Viet Cong se dispersaron para atacar objetivos específicos
dentro y alrededor de la capital.
La guerra había llegado a las calles de Saigón.
Si el general Weynard no hubiera insistido en apostar tropas
alrededor de la ciudad,
Saigón mismo hubiera estado en mucho mayor riesgo.
Escuchamos disparos,
y nuestra primera reacción fue, "debe ser otro golpe de estado".
Y luego escuchamos que el Viet Cong había atacado Saigón
y que seguían atacando.
Para nosotros fue muy impactante, porque siempre pensamos
que Saigón era segura, el lugar más seguro de todo Survietnam.
Un escuadrón del Viet Cong logró
llegar al palacio presidencial,
pero fue detenido por tanques survietnamitas.
Los supervivientes se atrincheraron en un edificio al otro lado de la calle
y fueron muertos por tropas del ARVN y policías militares estadounidenses.
En todo Saigón, nada estaba saliendo de acuerdo con el plan.
Las unidades del Viet Cong
estaban sufriendo fuertes bajas por tropas americanas
y fuerzas survietnamitas muy decididas.
El enemigo contraatacó.
Algunos de mis camaradas murieron.
La señorita Tram gritó
que le habían dado.
Ella murió en mis brazos.
Una hora más tarde me dieron.
Estaba herida.
Aún tengo metralla en mi pierna.
Esta es la principal estación de radio en idioma vietnamita
en Saigón.
En este momento hay adentro un número no determinado de Viet Cong
ocupándola.
El Viet Cong se las ingenió para tomar
la estación de radio nacional de Vietnam del Sur
y se prepararon para transmitir un mensaje grabado de Ho Chi Minh
que instaba al pueblo a sublevarse.
Pero un técnico envió un mensaje a la torre de transmisión
para que los desconectaran, y que transmitieran en su lugar
valses vieneses y canciones de los Beatles.
Bien Hoa, un suburbio de Saigón, también estaba siendo atacado.
Las fuerzas enemigas estaban atacando tanto su base aérea
como Long Binh,
la instalación más grande de Estados Unidos en Vietnam.
Había muchos Viet Cong allí dentro moviéndose por todas partes.
Muchos disparos y mucha confusión.
Nosotros estábamos disparando por la ventana
y mi esposa recargaba.
Cuando nos quedábamos sin municiones,
deslizábamos los cargadores para abajo por las baldosas.
Ella estaba allá abajo, en la otra punta,
los recargaba y los devolvía.
Los comandos del Viet Cong lograron atravesar los alambres
en Long Binh y detonar un gran depósito de municiones.
Una nube con forma de hongo se elevó sobre el aeropuerto,
tan grande que algunos estadounidenses pensaron que había sido
una explosión nuclear.
La explosión voló la puerta del edificio de Brady.
Se fueron contra los alambres de Long Binh
y pagaron un precio espantoso.
Eran capas y capas de cadáveres.
Los estadounidenses los eliminaron.
Hola, soy Johnny Carson.
Como saben, este es el horario usual de inicio
del "Tonight Show".
Pero dada la crítica situación de la guerra en Vietnam,
en especial en los alrededores de Saigón, NBC, durante los próximos 15 minutos,
les presentará un programa especial de noticias vía satélite.
Justo después de la medianoche hora local,
un grupo de atacantes del Viet Cong hizo estallar una central eléctrica
y atacó dos estaciones de policía de Saigón.
Todo se agrega a la más ambiciosa serie
de ataques comunistas visto hasta ahora,
llevando la violencia a al menos diez capitales provinciales,
además de bases aéreas estadounidenses e instalaciones civiles
ubicadas todo a lo largo del país.
Pero nada tuvo mayor impacto psicológico
que el asalto a la embajada estadounidense en Saigón.
En las primeras pocas horas de combate,
19 comandos especialmente entrenados se abrieron camino con explosivos
hasta dentro del inmenso complejo de la embajada de Estados Unidos.
Hay una arremetida… están atacando a la embajada.
Eso es fuego viniendo ahora desde el otro lado de la calle,
afuera de la embajada.
Están intercambiando disparos a través de la calle.
se pueden ver pasar a las balas trazadoras.
Eso es afuera de la embajada.
Esto es Waco, Roger.
¿Pueden llegar a los portones?
¿Están abiertos los portones y puedes llevar a una fuerza allí adentro
para limpiar a la embajada ya mismo?
Al parecer los Viet Cong están atrapados en el sótano
de este edificio lateral. Una situación increíble.
Fuego violento de ambos lados.
Don North, ABC News en la embajada de Estados Unidos en Saigón.
Todos los invasores fueron muertos o capturados.
Qué espectáculo.
Una ranita saltando sobre un charco de la sangre
que sale de la cabeza de un Viet Cong,
que yace en el verde prado de la embajada de Estados Unidos.
Siento una gran admiración por el ataque a la embajada.
Esos comandos
lograron controlar la embajada durante horas.
Eso despertó a Estados Unidos.
Un marine estadounidense y cuatro policías militares del ejército murieron
en la embajada.
General, ¿cómo calificaría
las acciones de ayer y de hoy?
¿Qué hace el enemigo? ¿Son ataques importantes?
O…
Creo que eso es el equipo de explosivos desactivando un par granadas de M-79.
El enemigo, muy deshonestamente,
se aprovechó de la tregua del Tet
para poder generar la máxima consternación.
En mi opinión esto es una distracción.
Los primeros informes reportaron erróneamente
que el Viet Cong había logrado entrar a la embajada.
Se encontraron algunas tarjetas de identificación
de la embajada en algunos Viet Cong.
Las primeras imágenes televisivas no ayudaron
a calmar al público estadounidense.
¿Está Saigón asegurada ahora?
Hasta donde sé, Saigón está asegurada.
¿Ya no hay combates en las calles?
Puede haber aún algunos en las afueras,
no estoy seguro, no sé.
No estoy seguro de eso.
Saigón estaba lejos de estar asegurada.
Unos escuadrones asesinos del Viet Cong,
algunos guiados por espías norvietnamitas,
se movilizaban por las calles con la orden de matar a los que llamaban
enemigos "de sangre" del pueblo…
burócratas, oficiales de inteligencia, comandantes del ARVN,
soldados rasos en casa de permiso y sus familias.
Fui a casa a visitar a mis padres
y los encontré medio acurrucados, las puertas cerradas,
las ventanas cerradas, muy oscuro.
Estaban muy asustados porque nuestra casa estaba ubicada
cerca de un barrio marginal.
Siempre supusimos que había muchos agentes del Viet Cong
viviendo entre los pobres, donde podían ocultarse muy fácilmente,
y que iban a salir a buscar
funcionarios del gobierno
y militares para matarlos.
Mis padres estaban muy asustados por eso.
A los agentes de seguridad pública del partido
se les asignó matar traidores.
Realizamos muchas operaciones.
Intentamos asesinar a un viceministro
y al primer ministro.
En el segundo día de combates,
un agente del Viet Cong llamado Nguyen Van Lem,
fue llevado ante Nguyen Ngoc Loan,
jefe de la Policía Nacional de Vietnam del Sur.
Cuando un fotógrafo de la AP y un camarógrafo de la NBC estaban viendo,
Loan le ordenó a otro oficial que matara al prisionero.
Cuando dudó, Loan lo hizo él mismo.
Loan dijo,
"Yo te ejecuto."
Sacó su Colt 45,
le apuntó y lo mató.
El jefe de la Policía Nacional de Vietnam del Sur,
brigadier general Nguyen Ngoc Loan, lo estaba esperando.
Buenos días señor presidente.
Hola, Jack.
Señor, necesitamos orientación esta mañana.
¿Orientación?, ¿eso es todo lo que quieres?
- Sí, señor. - Ninguna frase.
- Así es. - Ninguna atribución,
ninguna conexión,
No le des absolutamente nada.
Absolutamente nada.
Todos los días tu prensa miente como marineros borrachos.
La primera cosa con la que me desperté esta mañana fue tratar de imaginar,
después de ver a CBS, las noticias,
y leer los periódicos matutinos, ¿cómo podemos ganar,
cómo poder ganar, y sobrevivir como nación,
si tenemos que combatir las mentiras de la prensa?
Sí, señor.
Estoy intentando proteger a mi país,
y me están azotando.
Ningún hijo de perra dijo nada sobre Ho Chi Minh.
Hablan sobre nosotros bombardeando, y además estos hijos de perra
vienen y bombardean a nuestra embajada, y 19 tratan de irrumpir en ella.
Los matan a los 19 pero aún culpan a la embajada.
No lo entiendo.
Creo que hemos matado a 20.000 y nuestras bajas han sido 400.
Pensamos que por supuesto es malo perder a alguien,
a cualquiera de esos 400,
pero pensamos que el Señor ha sido muy bueno con nosotros,
que es una victoria muy importante, substancial.
Me pregunto, ¿qué hubiera pasado
si nosotros hubiéramos perdido 20.000 y ellos 400?
Te pregunto.
Cielos, hubiera sido terrible.
Al parecer un mortero o un cohete cayó aquí,
y bueno, tengo sangre en los pantalones.
Supongo que me dieron.
Bueno, estas son las calles de Saigón
y allí es donde está la guerra en este momento.
Howard Tuckner, NBC News.
La prensa estadounidense se enfocó casi por completo
en los combates en Saigón.
Pero la ofensiva del Tet estaba ocurriendo casi por todas partes.
La mayoría de los asaltos fueron rechazados rápidamente por el ARVN
y las fuerzas estadounidenses.
El enemigo estaba sufriendo bajas terribles en todas partes.
Tomamos la fortaleza de Quang Tri.
La mantuvimos durante un día y una noche.
De mi unidad entraron 600.
Más de 300 fueron muertos.
Unos 100 fueron capturados.
Todos los comandantes de nuestro batallón murieron.
Fue atroz.
Los estadounidenses solicitaron fuego aéreo y de artillería masivos
para desalojar a un regimiento del Viet Cong de la ciudad de Ben Tre,
en el delta del río Mekong.
Posteriormente, un reportero citó a lo que habría dicho un mayor estadounidense
"fue necesario destruir la ciudad para salvarla".
En este momento, los botes del ejército y la armada que también llevan suministros
subiendo al río Perfume, tienen que soportar fuerte fuego
de morteros y armas ligeras al tomar las curvas del rio
aquí en la misma Hue.
La zona de aterrizaje aquí en el lado sur del río
ha estado casi constantemente bajo fuego de morteros y armas ligeras.
De todos modos, hoy Hue está aislada.
La batalla más larga y sangrienta de la ofensiva del Tet
se estaba peleando en las calles
de una de las ciudades más hermosas del país,
la antigua capital imperial, Hue.
El río Perfume dividía a Hue en dos.
El enemigo, soldados norvietnamitas regulares
y guerrilleros Viet Cong,
se habían apoderado de ambos lados de la ciudad.
Sólo el complejo de asesores estadounidenses en la orilla sur
y el cuartel general de la 1ra. división del ARVN,
dentro de la fortaleza de gruesas paredes en el lado norte,
les oponían resistencia.
Hubo una organización comunista secreta
en Hue durante años.
Cuando las fuerzas revolucionarias tomaron la ciudad,
salieron de la clandestinidad
para establecer un gobierno revolucionario.
Creían que liberarían toda la ciudad.
El cabo marine Bill Ehrhart estaba al final de su asignación
y se preparaba para ir a casa.
Pero cuando a su compañía se le ordenó
socorrer al complejo estadounidense sitiado en Hue,
eligió ir con sus camaradas.
Llevaba 12 meses en Vietnam buscando a quien dispararle,
pero no hubo nadie.
Y de repente,
pareció que aquí estaban todos los soldados norvietnamitas del mundo
tratando de matarme a mí y a mis amigos.
Era una clase de pelea completamente distinta.
Ehrhart y su unidad soportaron una sangrienta emboscada
y finalmente lograron llegar hasta el complejo del MACV.
Entonces, comenzaron días de brutales batallas manzana por manzana,
para recuperar los vecindarios circundantes.
Cada casa se convirtió en un campo de batalla.
"Era emocionante", recuerda Ehrhart.
"Estaba asustado, completamente tonto,
pero fue la mayor carga de adrenalina
que he experimentado alguna vez".
Fue feo, una pelea fea.
Literalmente teníamos que despejar casas, de a una habitación por vez,
un piso por vez, una casa por vez.
Y luego íbamos a la siguiente casa.
Cuando cargaban,
si no les disparábamos
seguramente nos dispararían.
Tenía que disparar primero.
Cuando los encontraba, les disparaba.
Un estadounidense, no muy lejos,
a unos tres metros.
Abrió fuego.
Levanté mi AK. Apunté.
Tenía que dispararle.
Y cayó.
El 5 de febrero me hirió un cohete B40.
Quedé completamente sordo.
En otras circunstancias me habrían evacuado.
Pero podía ver, caminar y disparar.
Así que me quedé.
El combate continuó.
"Tuvimos que abrirnos camino volando cada pared de cada casa",
recordó un marine.
"Es una lástima que tuvimos que dañar una ciudad tan hermosa".
Por supuesto todos estos civiles habían sido arreados
hacia la universidad.
Todos fueron allí para alejarse
de las granadas arrojadas en las salas de sus casas.
Uno de los muchachos se acercó y dijo,
"encontré a esta chica que tendrá sexo con todos nosotros por raciones C."
Yo pensé,
"Un momento, estamos en medio de una gran batalla."
"y yo voy a ir y…"
Yo tenía 19 años y todos mis amigos iban a… y yo sólo…
me demostré a mí mismo qué poco coraje tenía en realidad.
Desde entonces he vivido con eso, pero lo hice,
porque no iba a decir,
"Oigan muchachos, no deberíamos hacer algo así."
Aún más que de los asesinatos,
esa es la cosa de la que más me avergüenzo
cuando rememoro el tiempo que pasé allí.
Creo que es porque mi madre es mujer, mi esposa es mujer,
y mi hija es mujer.
Cuando alguien recibe un disparo, no es bueno.
Ves a alguien que escapa,
y no sé, podría haber sido del Viet Cong.
¿Pero esa mujer?
No.
Tuve la oportunidad de negarme.
Al día siguiente, en medio de otro tiroteo,
un teniente en su jeep estacionó enfrente del edificio
desde donde Ehrhart y otros cinco marines le disparaban
al enemigo.
"Vamos, Ehrhart", gritó.
"El helicóptero está en la zona de aterrizaje.
¿Quieres ir a casa o no?"
Desde el helicóptero que lo levantó y sacaba
de la ciudad en ruinas y humeante,
pudo ver a un agricultor y a su búfalo acuático
trabajando en un campo inundado.
Y mujeres con sombreros cónicos llevando pares de canastos
apurándose entre los arrozales como si no hubiera ninguna guerra.
De regreso en Hue, el Viet Cong y las tropas norvietnamitas
se encontraron atrapadas dentro de la ciudad.
Tenían que escapar,
luchar para poder salir.
Iba a ser una retirada sangrienta y muy difícil.
A los marines les llevaría
dos semanas de lucha el poder cruzar el rio
para apoyar al ARVN,
que había obstinadamente impedido al enemigo
tomar el cuartel general de su división en la fortaleza.
¿Cuál es la parte más difícil?
Lo peor de todo es no saber en dónde están.
Deambulando, corriendo por las cloacas, por las alcantarillas,
en cualquier parte.
Pueden estar en cualquier parte.
Solo espero sobrevivir y tomarlo día a día.
Todos sólo quieren volver a casa y a la escuela.
De eso se trata.
¿Has perdido amigos?
Unos cuantos.
Perdimos uno el otro día, un buen amigo mío.
Todo esto apesta, a decir verdad.
La batalla fue realmente feroz.
Ambos bandos lucharon fieramente.
Y sufrieron muchas bajas.
Todavía está vivo.
Resistimos entre 25 y 26 días.
Cuando ya no pudimos más, nos retiramos.
Nos apenamos por nuestros camaradas que habían muerto,
pero no podíamos llevarnos sus cuerpos.
Estábamos decididos a vengarlos y a recuperar sus cuerpos.
Pero al final no lo pudimos hacer.
Después de 26 días de amargo y sangriento combatir,
la bandera de Survietnam nuevamente flameó sobre la fortaleza.
Finalmente, los comandantes de los norvietnamitas
y del Viet Cong supervivientes les permitieron
salir de la ciudad.
Alrededor de 6.000 civiles murieron entre los escombros.
De los 135.000 habitantes, 110.000 quedaron sin hogar.
Todo lo que quedó de Hue, escribió un reportero,
fueron "Ruinas divididas por un río."
El hecho más importante es
que el propósito declarado de la sublevación general,
una victoria militar o una psicológica,
ha fallado.
El ataque a la estación de radio
comenzó a las 2:30 de la mañana.
Noche tras noche, durante semanas,
las pantallas de TV estadounidenses habían estado llenas de imágenes
de sangre, violencia y devastación
que el público raramente había visto antes.
El enemigo estaba en todas partes y en ninguna.
Pero hubo una fotografía que para muchos
definiría la ofensiva del Tet.
Recuerdo que él tenía puesta una camisa a cuadros.
El fotógrafo se había acercado mucho
y presionó el obturador
justo cuando el oficial apretó el gatillo.
Así que la cámara y el arma se dispararon al mismo tiempo.
Pudimos ver hincharse la cabeza del hombre, del lado
por donde la bala estaba a punto de salir.
Estábamos ahí, cara a cara con este hombre que estaba muriendo,
justo ahora, muerto.
Es devastador ver algo así.
Creo que muchos estadounidenses comenzaron a preguntarse
"¿Estamos apoyando ahí a los tipos equivocados?"
Y yo creo que trajo a casa, a la mesa de la cena,
o a la del desayuno, si lo ve en el periódico,
la brutalidad de esta guerra,
y el hecho de que parecía que nunca iba a acabar.
Pero lo que sabemos es el precio que pagamos por esa fotografía.
Ese fue el punto de quiebre.
Porque eso puso al gob… a los estadounidenses, a decir,
"Vean, miren, ¿queremos gastar dinero
y las vidas de nuestros jóvenes
para proteger un sistema así?"
Durante un mes, los captores de Hal Kushner lo habían hecho caminar
más y más hacia el interior del altiplano central,
siempre de noche
para que no los vieran desde el aire.
Me llevaron a ese sitio que supongo era un hospital.
Era una serie de cuevas,
pero había muchos heridos yaciendo allí.
Una enfermera se me acercó y me examinó la herida.
Luego, me dio un palo de bambú para morder.
Me hizo acostar y me dio el palo de bambú para que lo mordiera.
Después tomó una varilla para limpiar rifles,
la calentó en el fuego hasta que estuvo al rojo vivo.
La tomó y la atravesó por mi herida,
una y otra vez.
Fue muy doloroso.
Fue muy, muy pero muy doloroso.
Luego me puso mercurio-cromo en la herida
y me dio una aspirina.
Pensé, ¿qué más me pueden hacer?
Más tarde, Kushner llegaría a un campo remoto en la jungla,
para unirse a un puñado de otros prisioneros estadounidenses.
Se me acercó un oficial vietnamita que hablaba inglés.
Fue la primera persona que en verdad hablaba inglés que había visto.
Tenía una pequeña grabadora de carretes de cintas.
Una grabadora accionada por baterías.
Me pidió que grabara un mensaje para mi familia
para que supieran que estaba a salvo.
Y que podría hacerlo si hacía una declaración
en contra de la guerra.
Le dije en tono desafiante
que prefería morir antes que hacer una declaración
en contra de mi país.
Entonces me dijo,
"vas a ver que morir es muy sencillo.
"Vivir será lo difícil.
Vivir es lo difícil".
A comienzos de marzo, dos semanas después
de que Hue fuera finalmente recapturada,
el teniente segundo Phil Gioia de la 82 división aerotransportada
lideraba a su pelotón a lo largo del río Perfume
en busca de armas que el enemigo hubiera podido
enterrar en su retirada.
El sargento de Gioia, Reuben Torres,
vio algo que sobresalía en el terreno arenoso.
Era un codo.
Nos pareció que esta simplemente sería una tumba
donde el enemigo había enterrado alguna de su gente
durante la retirada de Hue.
El sargento Torres dijo, "Sabe, señor,
creo que mejor comenzamos a cavar aquí".
El primer cuerpo que encontramos era de una mujer.
Tenía una blusa blanca y un pantalón negro.
Tenía las manos atadas a la espalda
y había recibido un disparo en la nuca.
A su lado había un niño que también había recibido un disparo.
Luego encontramos a otra mujer.
En ese momento nos quedó claro que estos, estos no eran
enemigos norvietnamitas ni del Viet Cong.
Cuando nuestros soldados se retiraron de Hue,
las fuerzas secretas de la Revolución ya habían quedado expuestas.
Si ellos liberaban a las personas que ellos habían arrestado,
entonces esas personas podrían identificar a los revolucionarios.
Antes de abandonar la ciudad,
los comunistas habían ejecutado sistemáticamente
al menos a 2.800 personas a los que llamaban "hooligans"
y "reaccionarios".
Hanoi siempre negaría
que cualquier civil inocente hubiera sido asesinado.
No sé si la orden vino de un comandante local
o de un nivel más alto.
Mataron personas que trabajaban para el gobierno survietnamita
y para el ejército estadounidense.
Pero también mataron a personas que habían sido arrestadas por error.
Fue una masacre.
Fue una mancha. Una atrocidad de guerra.
En Hue, la eliminación y purga
en la administración de Saigón fue brutal.
Rara vez hablamos de eso. Yo estoy dispuesto a hablar del tema,
pero muchos otros no.
Les digo la verdad como yo la entiendo.
Así que por favor tengan cuidado al hacer
su película porque me podría traer problemas.
El presidente Johnson insistió en que la ofensiva del Tet había sido
"una derrota devastadora para los comunistas".
Militarmente, tenía razón.
Los supuestos básicos sobre los que los norvietnamitas montaron
su ofensiva habían demostrado ser todos erróneos.
Los líderes de Hanoi supusieron que el ARVN se iba a derrumbar,
que los soldados de Vietnam del Sur se les unirían.
En cambio, ni una sola unidad desertó.
El populacho civil que Hanoi esperaba se rebelara,
podían no haber estado satisfechos con su gobierno,
pero tenían muy poca simpatía por el comunismo.
Cuando el enfrentamiento comenzó, se escondieron en sus casas
para escapar de la furia en las calles.
No tengo idea de por qué los comunistas pensaron
que cuando sus fuerzas avanzaran, el pueblo se iba a sublevar.
Yo creo que cometieron un error muy grave.
El general norvietnamita Vo Nguyen Giap,
quien desde un principio se había opuesto a la ofensiva,
más adelante recordó que el Tet había sido una "lección costosa,
que se pagó con sangre y hueso".
Muchos oficiales de alto rango del ejército norvietnamita se rindieron.
Eso nunca había sucedido antes.
Ninguna unidad quedó intacta.
Algunas compañías quedaron con sólo dos o tres hombres.
De las 84.000 tropas enemigas que se estima
participaron en la ofensiva del Tet, más de la mitad,
unas 58.000 entre hombres y mujeres, en su mayoría del Viet Cong,
se cree que fueron muertos, heridos o capturados.
El comando del ejército estadounidense celebró la ofensiva del Tet
como una victoria.
Vinieron finalmente a por nosotros y los acabamos.
lo cual fue básicamente cierto.
Pero la administración le había estado diciendo al público estadounidense
durante la última parte del 67 y el primer mes del 68,
que se estaba ganando la guerra,
que el FNL y los norvietnamitas estaban contra las cuerdas
de tal forma que ya podíamos divisar el fin de la guerra
con una victoria.
La ofensiva del Tet había forzado a nuestros generales a revaluar…
Cuando el Tet golpeó, contradijo todo
lo que la administración y el grupo de Saigón
le habían estado diciendo
a los estadounidenses a través de sus periodistas
durante los últimos cuatro o cinco meses.
John Lawrence, CBS News, Saigón.
Quebró la voluntad de Estados Unidos de pelear esa guerra.
Fue tan fuerte el shock que disipó los últimos vestigios
de la ficción y las fantasiosas interpretaciones
que nos habían llevado por este camino primaveral hacia el desastre.
Después de eso, no se pudo convencer a nadie.
Entonces surgió el argumento más atroz posible
dentro del gobierno estadounidense,
porque los halcones de la guerra dijeron,
"El Tet fue la última boqueada de Vietnam del Norte."
"Fue su último intento por ganar la guerra"
"y fallaron."
"Los derrotamos y este es su fin".
Y les dijimos, "después de todos estos años de guerra,"
"si esto es lo que son capaces de hacer,"
"deberíamos aprender algunas lecciones sobre su compromiso"
"con esta guerra, y su costo para nosotros."
El 10 de marzo, el New York Times informó
que el ejército estaba pidiendo 206.000 tropas adicionales
para Vietnam.
Muchos estadounidenses se preguntaron: pero si EE. UU.
estaba ganando la guerra, y el Tet había sido en realidad un desastre
para el enemigo, ¿por qué todavía se necesitan más hombres?
Más y más miembros del propio partido del presidente
se sintieron en libertad de expresar sus dudas.
"Nuestro enemigo por fin destruyó la máscara de la ilusión oficial",
dijo el senador Robert F. Kennedy.
"Incapaces de derrotarlo o de quebrar su voluntad,"
"tenemos que buscar activamente un acuerdo de paz."
Walter Cronkite, el respetado pilar de las noticias vespertinas de CBS
había regresado al país después de cubrir la ofensiva del Tet,
convencido de que la victoria ya no era posible.
Muchas veces nos hemos decepcionado con el optimismo
de los dirigentes estadounidenses, tanto en Vietnam como en Washington,
como para seguir teniendo fe en los resquicios de esperanza que encuentran
en las nubes más oscuras.
Decir que estamos hoy más cerca de la victoria es creer,
de cara a la evidencia,
en los optimistas que se equivocaron en el pasado.
Sugerir que estamos al borde de la derrota
es ceder a un pesimismo poco razonable.
Decir que estamos sumidos en un estancamiento
parece ser la única conclusión realista, si bien insatisfactoria.
Pero cada vez es más claro para este reportero,
que la única salida razonable será entonces la negociación,
no como vencedores, sino como gente honorable que vivió de acuerdo
a su promesa de defender la democracia
y que hicieron lo mejor que pudieron.
Soy Walter Cronkite.
Buenas noches.
En 1966, en 1967,
y de nuevo en 1968,
muy recientemente oímos las mismas afirmaciones vacías, de progreso
y avance hacia la victoria.
Sin embargo, el hecho es, como supimos por los eventos de las últimas semanas,
eventos que a uno casi lo entristecen informar,
es que el enemigo se ha vuelto más audaz que nunca.
En la noche del 12 de marzo,
el presidente Johnson miraba llegar los resultados
de las primarias presidenciales del Partido Demócrata en New Hampshire,
en donde se enfrentó a un reto inesperado.
Las más recientes encuestas habían sugerido
que él derrotaría a Eugene McCarthy por 2 a 1.
Pero Johnson tan sólo obtuvo el 49.6% de los votos
frente al 41.9% de su oponente,
a pesar de que aquellos que votaron en su contra
de hecho, querían que continuara la guerra más vigorosamente.
Johnson supo que estaba en problemas.
… por la presidencia de los EE. UU.…
Y había más por venir.
No me postulo a la presidencia simplemente para oponerme a un hombre…
Solo 4 días después de las primarias de New Hampshire,
Robert F. Kennedy presentó su candidatura a la presidencia,
y las encuestas sugerían que era más popular que Lyndon Johnson.
… sobre lo que se debe hacer.
Me postulo porque ahora es totalmente claro
que podemos cambiar estas políticas desastrosas y conflictivas
con sólo cambiar a quienes las están haciendo ahora.
Creo que lo que tenemos que hacer también,
es salirnos de la postura de ser sólo el candidato de la guerra
en la que nos colocó McCarthy y ahora nos está colocando Bobby,
en la que los jóvenes nos están poniendo,
y los periódicos también.
Tenemos que pensar en algo.
¿Qué le parece? Queremos ganar,
pero no ganar la guerra.
Queremos ganar la paz.
Eso es.
Eso les daremos
y nuestro eslogan podría perfectamente ser,
ganar la paz con honor.
Pero necesitamos algo nuevo y fresco que encaje allí
junto con la afirmación de que vamos a ganar.
Correcto.
Pero debemos ser muy cuidadosos
cuando decimos que vamos a ganar.
Correcto.
Ellos piensan: "Bien, demonios, eso significa que vamos a
seguir enviando hombres hasta que ganemos militarmente."
Y eso no es lo que queremos en realidad.
Oh, no vamos a ganarnos a las palomas,
pero podemos neutralizar el país
para que deje de seguirlas
si se nos ocurre algo.
El 26 de marzo, los Hombres Sabios,
un grupo de guerreros veteranos de la guerra fría
que antes habían instado al presidente para que se mantuviera
en Vietnam, ahora le aconsejaron cambiar el rumbo.
Dean Acheson, el secretario de estado de Harry Truman,
habló por la mayoría.
"Ya no podemos hacer el trabajo que nos propusimos hacer
en el tiempo que nos queda", dijo,
"y debemos comenzar a dar los pasos para retirarnos".
El presidente aceptó enviar a Westmoreland tan solo 13.500 tropas más
en lugar de las 206.000 pedidas por los generales,
Además, decidió llamar a William Westmoreland a Washington
como jefe de estado mayor del ejército,
reemplazándolo con su segundo, el general Creighton W. Adams.
Su rostro era una máscara de agotamiento y derrota.
Era muy triste verlo.
Eso lo devastó.
El 30 de marzo, Gallup informó
que el 63% del público no aprobaba
el manejo de Johnson de la guerra.
El punto más bajo de su presidencia.
La noche siguiente, el 31 de marzo de 1968,
el presidente pidió tiempo en el aire a las tres redes.
Buenas noches compatriotas.
Esta noche quiero hablarles
de paz en Vietnam y en Asia Sudoriental...
Johnson anunció que había decidido dejar de bombardear
las áreas densamente pobladas alrededor de Hanoi y Haiphong
con la esperanza de que Norvietnam por fin aceptara
ir a la mesa de negociaciones.
Sólo la mitad sur del país
y las áreas relevantes al norte de la DMZ,
seguirían siendo atacadas.
Luego, sorprendió al país y al mundo.
No creo que deba dedicar una hora,
o un día de mi tiempo a ninguna causa partidista personal
o a cualesquiera otras tareas que no sean las extraordinarias de esta oficina,
la presidencia de su país.
Por lo tanto, no buscaré ni aceptaré,
la nominación de mi partido para otro período presidencial.
Aterricé en California y tomé un avión de allí a Boston.
Me sentía bien porque sobreviví
y porque había peleado por mi país.
Me bajé del avión en Logan y caminé un poco por ahí
sintiéndome muy feliz de estar en casa.
Tenía puesto mi uniforme, caminé hasta el cordón de la vereda,
y los taxis pasaban de largo, seguían pasando de largo.
Había un policía estatal parado ahí.
Yo no me di cuenta de lo que estaba pasando.
De repente salió a la calle, detuvo a un taxi
y dijo, "tiene que llevar a este hombre."
"Tiene que llevar a este soldado".
El taxista me miró y dijo,
"no quiero ir a Roxbury".
No me veían como un soldado.
Me veían como a un negro regresando a casa
y que vivía en Roxbury.
Yo pensé, soy un marine.
Soy un marine
y peleé por mi país durante 13 meses en un área de combate.
Y no puedo conseguir que un taxi me lleve a casa.
Tengo noticias muy tristes para todos ustedes,
y creo que son noticias tristes para todos nuestros compatriotas
y para aquellos que aman la paz en todo el mundo.
Han matado a tiros a Martin Luther King.
Fue asesinado esta noche en Memphis, Tennessee.
En este día tan difícil,
en esta época tan difícil para Estados Unidos,
puede que sea pertinente preguntar qué clase de país somos
y en qué dirección queremos avanzar.
En la semana siguiente, los afroamericanos
dolidos, frustrados y enojados,
salieron a las calles en más de 100 pueblos y ciudades,
incluidas Nueva York, Oakland, Newark, Nashville,
Chicago, Cincinnati, Baltimore
y Washington DC,
en donde hubo incendios a tan sólo dos cuadras de la Casa Blanca.
Cuando mataron al Dr. King le abrieron los ojos
a muchos negros que tenían miedo de tomar las armas.
Ahora iban a tomar esas armas.
Vivimos en un mundo enfermo.
Esta sociedad racista en la que vivimos
es tal que en verdad tiró del gatillo.
La violencia sólo engendra violencia, La represión engendra venganza,
y solo limpiando toda nuestra sociedad
podemos quitar esta enfermedad de nuestras almas.
Decenas de miles de guardias nacionales,
tropas regulares del ejército y los marines,
incluyendo la unidad local de Roger Harris,
recibieron la orden de patrullar las calles del país.
Estaba listo para salir,
hasta que vi lo que nos estaban dando.
Pensé que nos iban a dar bastones
y que nos íbamos a parar enfrente de los edificios,
para proteger comercios.
Pero empezaron a pasar chalecos antibalas, cascos
y M-16 con munición real.
Lo mismo que teníamos en Vietnam.
Cuando vi eso, dije… dije, "No voy a ir.
No voy a ir".
Dije, "tengo familiares en Washington DC".
El comandante de mi compañía me dijo, "Suba al camión, marine."
Le dije, "no voy a ir."
No me nombraron sargento porque me rehusé a ir.
46 estadounidenses murieron y 2.600 resultaron heridos.
20.000 fueron arrestados.
Más tarde ese mes,
estudiantes en contra de la guerra tomaron varios edificios
de la Universidad de Columbia en Manhattan.
La ocupación duró una semana,
y fue la primera vez en la historia de EE. UU. que los estudiantes obligaron
a cerrar una universidad grande.
Al final la policía expulsó a los manifestantes
de los edificios
y envió al hospital a más de 100 estudiantes.
Ahora EE. UU. parecía estar más dividido
que en cualquier época desde la Guerra Civil.
En esa primavera, los manifestantes también salieron a las calles de Londres,
París,
Berlín,
Praga,
Río,
y Yakarta.
El mundo parecía estar desintegrándose.
La interrupción parcial de los bombardeos del presidente
Johnson había tenido el efecto deseado.
Por primera vez, Hanoi aceptó conversar con Washington.
Los negociadores comenzaron a reunirse en el hotel Majestic de París.
Pero los comunistas habían adoptado ahora una nueva doble política.
La llamaron
"hablamos mientras peleamos, peleamos mientras hablamos".
¡Ahí vienen!
El 5 de mayo, lanzaron otra ofensiva
que Le Duan esperaba, conseguiría de alguna manera
lo que no había logrado la ofensiva del Tet.
El enemigo atacó 119 objetivos en lo que se llamó Mini-Tet.
Hubo nuevos enfrentamientos en las calles de Saigón.
La mitad de la ciudad fue arrasada.
Pero el Viet Cong y el ejército norvietnamita volvieron a fallar.
Estaban aún muy lejos
de derrocar al gobierno de Vietnam del Sur
y sufrieron 36.000 bajas más.
Para EE. UU., mayo de 1968 fue el mes más sangriento
de la guerra de Vietnam.
Murieron 2.416 estadounidenses
en lugares cuyos nombres sus compatriotas en EE. UU.
no podrían recordar con facilidad:
Dai Do, Phu Lam, Kham Duc,
Cholon y la Llanura de las Cañas.
Una victoria militar total no está a la vista
y no está a la vuelta de la esquina.
Puede que de hecho esté fuera de nuestro alcance.
En un momento de esa primavera
parecía que Robert Kennedy iba a ganar
la nominación demócrata a la presidencia.
Prometió poner fin a la guerra, y parecía representar
la esperanza de hacer un puente sobre el creciente abismo
entre estadounidenses negros y blancos.
Pero en junio, después de derrotar a Eugene McCarthy
en las primarias de California, él también fue asesinado.
¡Oh, Dios mío! ¿Por qué?
La gente quedó impactada, y estaba asustada.
Aquellos a quienes habíamos admirado nos están siendo arrebatados.
Definitivamente nos puso, a los que estábamos yendo por cuenta propia,
en un camino que se sentía incierto.
Cuando Martin Luther King fue asesinado,
y Bobby Kennedy fue asesinado,
le dieron una enorme importancia.
Dijeron que era parte de la lucha de los estadounidenses
en contra de su gobierno.
Y que había revueltas en las calles.
El comandante del campo nos dijo,
"Puede que ustedes maten a 10 de nosotros por cada uno de ustedes.
"pero su gente se volverá en contra de esto.
"Y estaremos aquí por 10, 20 o 30 años,
"lo que sea necesario.
"Y a menos que ustedes nos maten a todos nosotros,
vamos a ganar esta guerra".
El 4 de julio,
sabíamos que era 4 de julio.
Pero no nos dejaban cantar canciones patrióticas.
Pero a veces cantábamos, por lo bajo, en las noches.
Y entendíamos que a pesar de tener diferentes orígenes,
situaciones socioeconómicas diferentes,
razas y religiones diferentes,
todos éramos estadounidenses.
El pueblo estadounidense elegiría una nueva dirigencia
ese otoño, y todos parecían estar de acuerdo,
escribió un corresponsal británico,
"sin importar quién se quede con la presidencia este noviembre
"estará obligado a ponerle fin al conflicto
"en cuestión de meses.
"Cómo se debe hacer eso, o qué concesiones deberán hacerse
es en gran medida una cuestión de detalles".
Antes de que esos detalles fueran elaborados,
pasarían casi siete años más,
y 27.184 estadounidenses más,
y cientos de miles de laosianos, camboyanos,
sur y nor vietnamitas más, tendrían que morir.
Subtítulos por Juan C. Germi
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