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Subtítulos de Juan C. Germi
Los soldados se adaptan.
Vas allá con una mentalidad
y luego te adaptas,
te adaptas a las atrocidades de la guerra.
Te adaptas...
a matar y morir ¿sabes?
Con el tiempo no te molesta.
Bueno, digamos que no te molesta tanto.
Cuando llegué a Vietnam, hubo...
ocurrieron algunos hechos interesantes
que me hicieron cuestionar a algunos de los marines.
Me hicieron entender que esto era una guerra y que esto es lo que hacemos.
Eso se grabó en mi mente.
Ésta es una guerra y
esto es lo que hacemos.
Después de un tiempo lo asumes...
Esta es una guerra,
esto es lo que hacemos.
Esta noche, vine aquí para hablarles sobre Vietnam.
Hemos avanzado en la guerra misma.
Un gran avance considerando la situación
que prevalecía cuando enviamos a nuestras tropas en 1965.
El poder de los Viet Cong sobre la gente se está debilitando.
En el verano de 1967,
los observadores de la guerra en Vietnam,
permanecieron públicamente optimistas,
aún si en privado pudieran tener dudas.
El Comando Militar Americano en Vietnam, el MACV
afirmaba haber matado a 200.000 soldados enemigos
y le informó al presidente
que el importantísimo punto de quiebre,
el punto en que Estados Unidos y las fuerzas ARVN eliminaran
a más soldados Viet Cong y norvietnamitas
de los que el enemigo podía reemplazar aparentemente se había alcanzado
en casi todo Vietnam del Sur.
Pero Estados Unidos había sufrido
cerca de 75 mil bajas.
Para el 4 de Julio, 14.624 estadounidenses habían muerto
y extra oficialmente,
muchos oficiales eran mucho menos optimistas que sus comandantes.
desde Saigón, R. W. Apple del New York Time, resumió
sus opiniones: "La victoria no está al alcance de la mano."
"De hecho, quizás está fuera del alcance".
Era cierto que el enemigo rara vez ganaba una batalla
en el sentido militar tradicional de expulsar
a los americanos del campo.
Pero también era cierto que ninguna victoria americana
parecía importar.
Las golpeadas unidades enemigas eran rápidamente reforzadas y rearmadas.
La pacificación… ganar los corazones
y las mentes de los survietnamitas, no estaba funcionando.
Saigón sólo controlaba una fracción del país,
apenas del tamaño de Florida,
y su gobierno seguía siendo
impopular y plagado de corrupción.
El presidente Johnson se vio obligado a subir los impuestos
para cubrir los siempre mayores costos de la guerra.
Su ambicioso programa social, su Guerra a la Pobreza,
estaba en retroceso.
Ese verano, los disturbios raciales
se apoderaron de las ciudades estadounidenses.
El presidente tuvo que enviar el ejército a Detroit
para acabar con cinco días de disturbios
que dejaron 43 muertos y cientos de edificios destrozados.
26 más murieron en Newark, New Jersey,
demostrando, de nuevo, lo grande que era la brecha
que aún había entre blancos y negros estadounidenses.
Solo un tercio del país veía alguna señal de progreso en Vietnam,
y la mitad del país desaprobaba
el manejo que el presidente le daba a la guerra.
Mientras tanto, Le Duan y sus camaradas,
que gobernaban Hanoi, estaban planeando en secreto,
una nueva ofensiva que creían podría destruir
lo que ellos llamaban el gobierno marioneta de Saigón
y convencer a Estados Unidos de que nunca ganarían la guerra
en el campo de batalla.
Hay una vieja historia apócrifa que dice que en 1967
bajaron al sótano del Pentágono,
cuando las computadoras centrales ocupaba todo el lugar
y pusieron en las viejas tarjetas perforadas todo
lo que era cuantificable, barcos,
aviones, tanques, helicópteros,
artillería, ametralladoras, municiones. Todo lo que pudieran contar,
y preguntaron: ¿cuándo triunfaremos en Vietnam?
Se fueron un viernes,
esa cosa trabajó todo el fin de semana.
Regresaron el lunes y había una tarjeta en la bandeja de salida
que decía: "Ganaron en 1965".
El problema fue que el enemigo tenía votos
y esos no estaban en las tarjetas.
Episodio 5 Esto es lo que hacemos
Había cerca de medio millón de soldados americanos en Vietnam
para mediados de 1967,
y miles más en camino.
Sólo el 20% entraría en combate,
los demás servían en unidades de apoyo.
A ninguno le habían explicado mucho sobre la gente
contra la que peleaban o por la que se les pidió que pelearan.
Las tropas llamaban a los vietnamitas "gooks"
un término usado primero por los marines para referirse
a la gente de Haití y Nicaragua,
durante la ocupación americana de esos países.
Luego lo aplicaron a los enemigos asiáticos en Corea.
O "slopes", epíteto para los japoneses durante la guerra del pacífico,
o "dinks" un término australiano para los chinos.
En el entrenamiento básico te decían
que ibas a pelear contra "gooks".
Era parte de lo que cantabas
mientras trotabas por la carretera.
Mientras te entrenaban con la bayoneta,
no hablabas de vietnamitas.
Siempre hablabas de "gooks".
Los vietnamitas podían ser humanos, pero los "gooks" eran…
eran casi animales.
Los GIs llamaban a las casas vietnamitas "hooches",
una deformación de la palabra "vivienda" en japonés,
que habían aprendido durante la batalla de Okinawa
en la Segunda Guerra Mundial.
Los soldados llamaban a las ancianas vietnamitas "mama sans",
un término que usaban para las mujeres que manejaban prostíbulos...
en la ocupación de Japón.
Los Viet Cong y los norvietnamitas
llamaban a los GIs “invasores”, “imperialistas”
y "Zac My",
bandidos americanos.
Vietnam del Sur había sido dividido en 4 zonas tácticas.
En el verano de 1967, las tropas americanas estaban
peleando en las cuatro.
En la cuarta zona, la "Armada de Aguas Marrones",
patrullaba los ríos, canales y pantanos
del densamente poblado delta del río Mekong,
buscando al enemigo.
En la tercera zona, el ejército continuó barriendo las espesas junglas
del Triángulo de Hierro, el santuario del Viet Cong
cerca de Saigón, que se suponía había sido permanentemente arrebatado
al enemigo por las grandes operaciones estadounidenses de inicios del año.
En la segunda zona, una serie de sangrientas batallas
en los altiplanos centrales, alrededor de Dak To, condujo temporalmente
a las tropas norvietnamitas hacia Camboya y Laos.
Pero algunos de los combates más intensos tendrían lugar
en la primera zona, formada por las 5 provincias más al norte
de Sur Vietnam, donde los marines soportarían
el peso de la batalla.
Más de dos millones y medio de personas vivían allí.
Todos menos el 2%
vivían en los estrechos valles fluviales arroceros
a lo largo del Mar del Sur de China.
Los marines querían erradicar a los Viet Cong de allí
y darle seguridad a la gente,
pueblo tras pueblo, aldea tras aldea.
Las grandes y casi despobladas altiplanicies
que se extendían hasta Laos, podían dejarse al enemigo,
según los marines.
"La verdadera guerra es entre la gente ,
decía el Teniente General de marines, Víctor Krulak.
no en las montañas",
Pero el General William Westmoreland,
el comandante americano, temía que miles de soldados
del ejército de Norvietnam, los NVA,
estuvieran planeando apoderarse de las dos provincias más al norte.
Encontrarlos y destruirlos, era su principal meta.
Insistió en que la Tercera División de Marines
fuera al norte a enfrentar ese reto.
Que estableciera una base en Dong Ha y apostara hombres en Gio Linh,
en Con Thien, Cam Lo, Camp Carroll, el Rockpile y Khe Sanh.
Khe Sanh, permitía vigilar la ruta 9, la carretera este-oeste,
por la que un día Westmoreland esperaba llevar tropas americanas
a través de la frontera con Laos, por donde suministros y tropas
norvietnamitas se transportaban hacia el sur, por la Ruta Ho Chi Minh.
Pero los miles de marines que vigilaban la frontera,
quedarían al alcance de la artillería y lanza cohetes
altamente precisos de Norvietnam,
ocultos en la zona desmilitarizada.
Dime…
¿Llegaste aquí con toda tu fuerza?
Tenía 13 hombres al llegar.
Han pasado cuatro días, ¿cuántos te quedan?
Seis.
Los rifles se atascaron, el lodo ha sido…
todo se volvió lento,
la artillería llega a todas partes y...
todo se vuelve inútil
y frustrante a veces.
No es que esté aterrado, pero tengo miedo.
Sabes que en algún momento te llegará
y no puedes hacer nada,
solo mirar a Dios.
El soldado de 1ra. clase John Musgrave
de Fairmount, Missouri, quien se había ofrecido como voluntario
para la 3ra. División de marines,
fue enviado al campo de batalla alrededor de Con Thien,
a pocos kilómetros al sur de la zona desmilitarizada.
Los marines del 1er. Cuerpo del Norte, Tercera División,
en la primavera y el verano de 1967, llamábamos a la DMZ
Dead Marine Zone. Zona del marine muerto.
El primer batallón de Musgrave ya había sufrido tantas bajas
en una serie de sangrientos encuentros
que se creía que eran un grupo de mala suerte.
Los llamaron, Los Muertos Vivientes.
Me uní a los marines para estar en el equipo universitario.
Y no me parecía estar en él, a menos que estuviera en el norte
peleando con el NVA.
Nunca me arrepentí de eso.
Había momentos, cuando estábamos bajo fuego de artillería,
en los que pensaba: "¿En qué estabas pensando...?"
Estamos en una cáscara de nuez. Si viviera hasta los 63,
no querría mirarme al espejo alguna mañana,
y ver a un sujeto que me diga que no hice todo lo que pude
por mis creencias,
dejando que otros hicieran el trabajo pesado.
Cada encuentro grande que recuerdo con los NVA, fue iniciado
por ellos emboscándonos.
Sólo atacaban si eran más que nosotros
y estábamos en su territorio.
Conocían la zona, nosotros no.
Eran realmente muy buenos.
Los americanos tenían una debilidad.
Ellos fumaban y dejaban una huella
que podíamos seguir fácilmente.
Los norvietnamitas usaban AK-47 de fabricación
soviética que parecían indestructibles.
Los marines, tenían que luchar con los recién fabricados rifles M-16
que tuvieron por un tiempo fallas de diseño potencialmente fatales,
necesitaban continua limpieza
y con frecuencia se bloqueaban en medio del tiroteo.
Sus rifles funcionaban, los nuestros, no.
Los M-16 eran una mierda.
No podías lanzarles tus balas al enemigo
de forma efectiva.
Esos rifles nos fallaban repetidamente.
Cuando uno de sus soldados era herido o muerto,
y otros corrían a recuperar el cuerpo,
- podíamos dispararles a esos también.
Mi odio hacia ellos era puro.
Puro.
Los odiaba muchísimo.
Pero también les temía.
Ellos me aterraban
y cuanto más los temía, más los odiaba.
- Había odio y simpatía mezclados,
pero en el campo de batalla,
predominaba el odio.
Los americanos estaban decididos a matarnos
y nosotros estábamos decididos a matarlos a ellos.
Yo solo maté a un hombre en Vietnam
y era el primero que mataba.
Me enfermó la culpa por haberlo hecho
y pensé que iba a tener que hacerlo de nuevo
durante los siguientes 13 meses.
Me iba a enloquecer.
Vi a un marine pisar una mina saltadora Betty,
y fue cuando hice mi pacto con el diablo
y dije, nunca volveré a matar a una persona
mientras esté en Vietnam.
Sin embargo, despacharé a todos los "gooks" que encuentre.
Acabaré con todos los dinks que halle.
Me fumaré a cada zip que encuentre.
Pero no mataré a nadie.
Conviertes a un sujeto en un objeto.
Es racismo máximo.
Resulta ser una herramienta muy necesaria
cuando tiene a chicos luchando en la guerra,
para que mantengan la mente sana al hacer su trabajo.
Patrullando una mañana temprano, Musgrave vio
a un avión americano bajar en picada descargando napalm sobre el enemigo,
oculto tras uno setos.
Él pudo escuchar a los AK-47 dispararle al avión,
hasta el instante en que ellos ardieron en llamas.
"Si el enemigo está dispuesto a morir así", pensó,
"'ésta será una larga guerra."
Ellos sabían que si nos emboscaban de cerca
y quedaban entre nosotros,
no podíamos o dudaríamos en pedir ataque aéreo sobre nosotros mismos.
Así que a eso lo llamábamos riñas.
Eran muy íntimas
y muy mortales.
Eran totalmente aterradoras.
Los marines se extendieron demasiado para poder retener los territorios
tomados, por los que habían luchado tanto.
Eran enviados una y otra vez de una base
a otra a lo largo de la zona desmilitarizada
en busca de soldados enemigos.
Me empecé a desilusionar cuando regresaba
a pelear en sitios en los que ya habíamos peleado antes.
Habíamos luchado, capturado y luego nos íbamos,
y los NVA volvían de inmediato.
No te gusta ser herido
en lugares donde ya luchaste antes.
La guerra es un negocio de bienes raíces.
Nosotros debíamos quitarle las propiedades al enemigo
y negarles luego el acceso al lugar.
En la mañana del 2 de julio de 1967, el primer batallón lanzó
otro ataque en el área noreste de Con Thien.
Cuando llegaron a un cruce de rutas llamado "The Marketplace"
a tan sólo dos kilómetros de su base, fueron emboscados.
Una compañía fue virtualmente aniquilada.
La compañía de John Musgrave corrió a rescatar a los sobrevivientes
sólo para ser inmovilizados también.
Fue uno de los peores días soportados por el cuerpo de marines en Vietnam.
53 muertos y 190 heridos fueron sacados del campo de batalla.
Otros 34 cadáveres tuvieron que ser dejados allá.
Cuando los marines volvieron, dos días después,
a recoger los cuerpos, descubrieron que muchos
habían muerto porque sus M-16
se atascaron mientras el enemigo se acercaba.
Muchos fueron ejecutados, disparándoles en la cara
o en la nuca a quemarropa.
Algunos cuerpos habían activado trampas caza-bobos
y otros mutilados.
Los cuarteles generales de la fuerza de anfibios de la marina
estaba tan desesperada por conseguir prisioneros norvietnamitas,
que nos ofrecieron 3 días libres en el campo,
por cada prisionero.
Sí. Buena suerte.
¿Sabes?
¿No sabes quién… lo que hacemos aquí?
¿Sabes contra quien peleamos?
Quiero aclarar algo, no torturamos
ni mutilamos prisioneros.
Pero para ser prisionero tenía que llegar por detrás.
Si alguno estaba con… y caía en nuestras manos…
pues pobre él.
No sé cómo explicarlo para que tenga sentido.
Roxbury, donde crecí,
era el vecindario de afro americanos
y el sur de Boston era el bastión católico irlandés.
Había mucho odio.
La gente del sur de Boston nos odiaba y nosotros a ellos.
Irónicamente...
vas a parar a una guerra.
Y a los vietnamitas no les importaba
si eras de Roxbury o del sur de Boston.
Nos vieron como americanos
y querían matarnos por ser americanos.
El soldado Roger Harris se unió a los marines en parte, dijo,
porque quería ser un "gladiador"
y matar a los enemigos de su país.
El 28 de julio, dos semanas después
de que el casi destrozado primer batallón de John Musgrave fuera retirado
para descansar, y recuperarse,
Roger Harris y el segundo batallón salieron de Con Thien
hacia la parte sur de la zona desmilitarizada.
Queríamos que el ejército de Norvietnam
se expusiera.
Les pusimos una carnada
para luego llamar y atacarlos con todo.
El batallón de Roger Harris avanzó dentro de la zona desmilitarizada
por un difícil camino de carros que los llevó al río Ben Hai.
Pero los planificadores, no vieron que el puente de concreto
sobre una corriente imposible de vadear,
era muy angosto y muy débil para soportar vehículos blindados.
Los marines no tuvieron más remedio que violar una de las normas básicas
de las tácticas de infantería…
dar la vuelta y tratar de regresar por donde habían venido.
El enemigo, estaba esperando.
Emboscadas masivas...
y... mucha muerte,
y…
locura.
Los marines fueron obligados a correr bajo mortíferas ráfagas de morteros,
ametralladoras y granadas cohetes.
Tenía el máximo respeto por los soldados del ejército de Norvietnam.
Cuando ves a alguien aparecer saltando y enfrentar un tanque,
que tiene una ametralladora calibre 50
y un cañón de 90 milímetros
y aun así el individuo se sube al tanque...
Pienso que eso significa algo.
La compañía de Roger Harris cubrió la retaguardia
rodeada de enemigos por todos lados.
Los marines retrocedieron, saliendo de la zona desmilitarizada,
junto a los abollados blindados
con montañas de muertos y heridos americanos.
El batallón sufrió 214 bajas.
No fue un buen día para los marines.
Mucha gente murió,
o les volaron las piernas,
o los arrollaron con tanques.
No quiero hablar de eso porque es...
no fue un buen día, no lo fue.
Perseguimos dos compañías americanas por tres días,
ellos nos buscaron, pero nosotros los burlamos.
Mi compañía se infiltró en medio de las posiciones americanas
y destruimos ambas compañías.
Pero el costo que pagamos fue alto.
Yo tenía 90 hombres,
entre 60 y 70 murieron o quedaron heridos.
Cuando regresamos a nuestra base,
estuvimos de luto por varios días.
No pude comer ni dormir, por la pérdida de mis hombres. Sólo lloré.
Recibí la medalla "Heroico matador de americanos"
pero pagamos un precio
con la sangre de nuestros camaradas.
Este es Bau Cu, el día de elecciones en Vietnam,
y es un día solemne en el pueblo de Hung Thao Phu
y en otros pueblos de todo el país.
Esta gente se puso sus mejores ropas de domingo.
El primer ministro de Sur Vietnam, Nguyen Cao Ky
aplastó a sus oponentes budistas en 1966,
Pero había sido forzado por los americanos
y sus rivales políticos a hacer movimientos tentativos
hacia la democracia, con la elección de una asamblea nacional,
una nueva constitución y la promesa de elecciones de
presidente y vice presidente.
Pero cuando el viejo adversario de Ky, Nguyen Van Thieu, declaró
que quería retar a Ky por el puesto más alto,
las cosas en Saigón amenazaron con quebrarse de nuevo.
Veíamos la rivalidad entre Thieu y Ky.
Eso era un juego.
En Vietnam, el país miraba como...
como viendo una película.
Thieu y Ky estaban mirando
no quién tenía el apoyo del pueblo,
sino quién tenía el apoyo de los americanos y de la Casa Blanca.
Ellsworth Bunker, el embajador americano,
llamó a los dos hombres a su residencia y les advirtió que
Estados Unidos no toleraría otra lucha de poder.
Thieu y Ky tenían que reunirse con sus generales amigos
y decidir quién se postularía como presidente
y quién sería su compañero de campaña.
Thieu quedó a la cabeza.
Era modesto e imperturbable,
interesado en gran medida en acumular poder
y riqueza personal, y se pensó que era poco probable
que avergonzara a Washington.
Ky sería su vicepresidente.
Juntos, ganaron, con tan sólo el 35% de los votos.
A ninguno de los que pedían finalizar la guerra,
se le permitió participar.
Muchos budistas sabotearon las elecciones
y la intimidación del Viet Cong, mantuvo a muchos otros lejos de las urnas.
Pero el Departamento de Estado de inmediato declaró
a las elecciones un importante avance.
Algunos survietnamitas creyeron que finalmente
se había alcanzado algo de estabilidad.
Otros no estaban tan seguros.
En términos de corrupción, sí, eran corruptos.
Tanto Thieu como Ky abusaban de su posición.
Pagábamos un alto precio por tener líderes
como Thieu y Ky
y seguimos pagando por ello.
Mi padre estaba en el ejército de Estados Unidos
y entonces, cuando apareció la Fuerza Aérea, él se cambió
para la Fuerza Aérea.
Crecí fuera del país en lugares donde no había segregación.
Solía ser la única niña negra de la clase.
Y si miras mis fotos de la escuela, parezco
la chispa de chocolate del helado de vainilla.
Siempre fui buena estudiante.
Recuerdo que la gente decía: "Hablas muy bien".
Pero el resto no dicho de la frase era "para ser morena",
tal vez niña negra o de color, en ese momento.
El padre de Eva Jefferson había servido un año en las bases aéreas
de Vietnam y volvió a casa convencido de que Estados Unidos
no tenía nada que hacer allí.
Pero cuando su hija entró a la Universidad Northwestern
en el suburbio Evanston, de Chicago, en septiembre de 1967,
la guerra no era lo más importante en la mente de los estudiantes.
En realidad la guerra no era un tema.
Pensábamos: "Bueno, el presidente
"cuida de nuestros intereses de corazón,
“y él sólo entraría en una guerra
que tuviera sentido".
Yo creo que la mayoría de los americanos pensaba igual.
En la Universidad de Nebraska,
Jack Todd, también apoyaba la guerra.
Se sentía tan comprometido que, en 1966, se alistó
para entrenarse como oficial de los marines.
Me alisté en el Cuerpo de Marines,
pensando que era lo que más quería.
Es decir, mi meta era ser comandante.
Comandante de un pelotón en Vietnam.
Pero el tiempo pasó y la guerra siguió.
Todd y muchos de sus compañeros estudiantes
comenzaron a cambiar de idea.
Todos los jóvenes van pasando por cambios.
Pero nosotros pasamos por cambios astronómicos
con gran rapidez.
Toda la música, la cultura, lo que oíamos,
todo lo que pensábamos estaba cambiando,
y el centro de todo era Vietnam, Vietnam, Vietnam.
Estuvo allí, presente en segundo plano.
Primero fue como un ruido de fondo
para pasar después al primer plano
y luego fue algo imposible de ignorar.
Y no podíamos escapar a ello.
Todd fue a entrenarse como oficial
en Camp Upshur, en Quantico, Virginia.
Pero las dudas sobre la guerra lo siguieron hasta allí.
Creo que las cosas impactantes que pasaban,
en el terreno, las fotografías que veíamos, las imágenes en las noticias
y el hecho de que no había un avance notorio,
comenzaron a carcomer nuestros pensamientos.
En el verano del 67 yo estaba en Camp Upshur
deseando ir a matar a gente vietnamita.
Pero en octubre, estaba totalmente en contra de la guerra.
Westmoreland vino anoche a verme
y me dijo que en la última semana ha concentrado más ataques
y bombardeos en la zona desmilitarizada
y que ellos han concentrado más sobre nosotros de lo que se ha
concentrado en cualquier período equivalente
de la historia de la guerra…
Sí.
Mucho más de lo que se lanzó
sobre Berlín o Tokio,
y que su única defensa en la zona desmilitarizada para detener
esta agresión de los norvietnamitas
que trataban de entrar en ella, era bombardear sus posiciones de artillería.
Sí.
Que sería un suicidio si paramos los bombardeos
como dicen estos idiotas.
Cuando se habla de parar las bombas,
se habla de "matar más marines americanos".
Eso es lo que significa.
Sí.
Si detenemos el bombardeo, sin conversaciones
y sin que haya reciprocidad de su parte,
significa matar más americanos, significa sólo eso.
Sí.
Ni los bombardeos actuales en el norte,
ni el bombardeo concentrado en la zona desmilitarizada,
ni las ofertas tras bambalinas del
presidente Johnson de detenerlos,
tuvieron efecto alguno sobre Le Duan
y los otros hombres que dirigían Norvietnam.
Pero Le Duan, al igual que Lyndon Johnson,
estaba en problemas ese verano.
La guerra con los americanos estaba resultando
un sangriento callejón sin salida.
Algunos comandantes Viet Cong en el sur
se resistían a la insistencia de Hanoi de dirigir sus tácticas.
Muchos civiles norvietnamitas estaban agotados por la guerra
y los bombardeos que habían afectado sus vidas
y destruido tanto de su infraestructura.
Las figuras más veneradas del país,
Ho Chi Minh y Vo Nguyen Giap suplicaban paciencia
y continuar con una guerra de desgaste que creían que,
al final, valdría la pena.
Además, los patrocinadores soviéticos y chinos de Hanoi,
daban consejos opuestos.
Para silenciar a sus críticas y romper el estancamiento,
Le Duan empezó a diseñar y promover
una nueva y más arriesgada versión de un plan para la victoria
que había intentado en 1964.
Él lo llamaba "Ofensiva General, Levantamiento General".
Los norvietnamitas y las unidades del Viet Cong lanzarían
muchos ataques coordinados sobre ciudades,
pueblos y bases militares de Sur Vietnam.
Le Duan creía que esa ofensiva
iba a detonar un levantamiento civil.
Esos ataques simultáneos destruirían el régimen de Saigón
y no le dejaría a Washington más opción que retirarse.
Yo creo que Le Duan
estaba totalmente confiado en la victoria.
Hanoi se preparó para tomar el gobierno en el sur.
Imprimieron dinero e hicieron nuevos uniformes para la policía,
para el momento en el que tomaran el control
de las ciudades del sur.
Creíamos que las ciudades estaban oprimidas
por los americanos y survietnamitas.
Que la gente estaba lista para levantarse.
Un líder nos dijo que las ciudades
eran como peces preñados, llenos de huevos.
Sólo había que rozarlos un poco
y todos los huevos saldrían.
Hablamos de nuestra propia arrogancia.
Había algo de arrogancia de su lado también.
Y una vez que se convencieron
de que eso sería un gran éxito,
es lo que muchos burlones llaman, creerse su propia historia.
Decidieron que sería una gran victoria,
aunque había gente en el sur que decía:
"Oigan, esa no es una buena idea".
Pero esa gente fue acusada de ser subjetiva
y básicamente les dijeron que guardaran silencio y continuaran.
Le Duan neutralizó a quienes se oponían a su plan.
Miembros del equipo del general Giap fueron arrestados,
al igual que el secretario de Ho Chi Minh.
- El general Giap estaba mal de salud.
En julio, fue enviado a Hungría, para recibir tratamiento médico.
Ho Chi Minh fue enviado a China
para recibir tratamiento, médico en septiembre.
Cientos de figuras menos prominentes, periodistas, estudiantes,
incluso héroes condecorados de la guerra con Francia,
también fueron acosados.
Muchos fueron encerrados en la vieja cárcel francesa,
que los prisioneros de guerra estadounidenses,
también confinados allí llamaban,
el "Hilton de Hanoi".
El día elegido para el ataque, sería
el 31 de enero de 1968,
el primer día en que se celebra el Año Nuevo Lunar de los vietnamitas,
conocido como Tet.
Primero cientos, luego miles de soldados norvietnamitas
vestidos de civil, comenzaron a infiltrarse en el sur
para unirse a decenas de miles de Viet Cong, ya en el lugar.
De repente, se nos ordenó recordar a nuestros soldados
del campo de batalla.
Nos dieron más armas y municiones,
arroz, sal, pescado seco.
Incluso azúcar y leche condensada.
Íbamos al frente sur por un largo período de tiempo.
Las ceremonias de despedida que vi en mi pueblo
fueron escenas realmente entusiastas,
organizadas por los comunistas.
Los soldados estaban muy entusiasmados por ir al sur a pelear.
Mi hermano mayor gritaba de felicidad,
cuando pasó su examen físico, y fue aceptado en el ejército.
Algunos jóvenes de mi pueblo que no pesaban lo suficiente
pusieron piedras en sus bolsillos para calificar.
Nadie estaba triste.
Nadie imaginó que tal vez no regresarían,
o vio venir la tragedia.
Como preparación para la inminente ofensiva,
los norvietnamitas esperaban atraer a las fuerzas
estadounidenses y survietnamitas lejos de las ciudades
y grandes bases militares.
Para ello, montarían una serie de asaltos
en puestos remotos situados cerca de Camboya, Laos y la zona desmilitarizada.
Estos ataques preliminares fueron llamados "batallas fronterizas".
Con Thien sería la primera.
En septiembre y octubre,
los equipos de John Musgrave y Roger Harris
se turnaron para defender a Con Thien
mientras los norvietnamitas cerraban el círculo a su alrededor.
La única manera de entrar o salir era en helicóptero.
Con Thien en vietnamita es "colina de ángeles"
La estadía en Con Thien, fue una estadía en un barril.
Éramos los peces, y ellos tenían las armas de fuego,
Se acercaban al barril y disparaban.
A algo le pegaban con cada tiro.
Con Thien era un área muy pequeña
y ellos la machacaron con artillería
de Norvietnam. No podían errar.
Su situación era terrible. No podían reabastecerlos o retirar sus muertos.
Nunca tuve tanto miedo
De hecho, por eso hoy nada me asusta.
O sea…
no puedes hacer nada,
solo oír el sonido de los cohetes cayéndonos.
Sólo rezar para que no te cayeran encima.
La pregunta parece ser
si los norvietnamitas pretendían o no invadir Con Thien.
Los marines han triplicado el número de tropas
en puestos fronterizos
y han desplazado más batallones para estar listos
como refuerzo.
Me senté en el agua,
dormí en el agua,
comí en el agua, porque nuestros agujeros estaban inundados.
Un agujero inundado, podía ahogar a un hombre herido.
Pasar el día llenando sacos de arena,
tratando de hacer barricadas, colocando una capa…
y otra más.
Mucho lodo... sangre…
y artillería.
Había arcilla roja allá arriba,
y era pegajosa que podía atraparte
y hasta arrancarte las botas.
Era difícil correr ahí,
y correr, cuando estás en un lugar
donde te disparan con artillería pesada,
correr es muy importante.
Durante el asedio en el otoño de 1967,
recibíamos periódicos en el correo
de nuestras familias y nos llamaban El Álamo.
Sabíamos lo que era El Álamo,
y lo que pasó ahí.
Casi cada hora había una andanada.
La gente volaba en pedazos, literalmente en pedazos.
Encontrabas una... una bota, con la pierna en ella.
¿Era una pierna negra o blanca?
¿Quién era el marine negro o blanco que estaba aquí?
¿Quién era el negro?
Tratabas de recordar, la marcabas
y la ponías en una bolsa verde.
Y eso se enviaba, sabes,
como Cabo Primero de Marines, etc.
Pero a veces no estabas seguro, porque el cuerpo
había explotado en pedazos y lo único
que quedaba era un pie o una parte de un brazo.
Yo llevaba un calendario de cartera, de la aseguradora Clifford Forlow.
Era el agente de seguros de mi padre.
Yo marcaba cada día religiosamente.
Luego, en octubre, regresamos a Con Thien
y dejé de hacerlo, porque pensé: es inútil,
no podré… no volveré nunca a casa.
No lo voy a lograr,
entonces qué importa
y dejé de marcarlos.
Tuve la oportunidad de llamar a mi madre.
Le dije lo que estaba pasando en ese lugar
y le advertí que no debía creer
lo que veía en los diarios o la televisión
porque estábamos perdiendo la guerra.
"Probablemente nunca me volverás a ver", le dije.
"Somos el puesto más al norte de los Marines,
sabe.
Podíamos ver dentro de Norvietnam.
Veíamos los destellos de cuando nos disparaban.
Le dije, "todos en mi unidad están muriendo,
quizás no volveré".
Pero ella dijo, "No, tú regresarás.
Hablo con Dios todos los días y tú eres especial,"
tú volverás."
Le dije: "todas las madres piensan que
sus hijos son especiales.
Estoy poniendo pedazos de personas especiales en bolsas."
Pensé que mi madre lo estaba negando.
Que no quería enfrentar el hecho de que su único hijo
iba a morir en Vietnam.
Le dije: "mamá, esto no es broma.
todos aquí están muriendo, ¿sabes?
todos mueren."
Y ella dijo: "Tú no vas a morir,
no vas a morir".
Lo último que me dijo fue:
"Dios tiene planes para ti".
Le dije, “sí, correcto”.
Y colgué.
Sr. Stout ¿Durante qué período de tiempo estuvo en Vietnam?
Desde septiembre de 1966 hasta
septiembre de 1967. Un año.
¿Y en qué unidad?
Con la Primera Brigada Aerotransportada 101.
En el tiempo que estuvo en Vietnam
¿fue testigo de alguna atrocidad
por parte de las tropas americanas?
Sí, lo fui.
Dennis Stout, de Phoenix, Arizona, se alistó
en el ejército a los 20 años y sirvió 9 meses en combate.
Fue herido tres veces, y se convirtió en corresponsal militar
cubriendo al regimiento 327 del 101 Aerotransportado.
Pasó la mayor parte del tiempo con un solo pelotón comando,
llamado "Fuerza Tigre".
Pequeños grupos muy selectos. Capaces de estar
en la selva durante semanas,
muy rápidos y mortales,
destinados a vencer a la guerrilla con guerrilla.
La Fuerza Tigre peleó en seis diferentes provincias
y continuamente sufrió muchas bajas.
Si pierdes a tu mejor amigo y quieres venganza,
los oficiales te dicen: "No, no puedes hacer eso"
y si lo haces, hay consecuencias.
Pero cuando los oficiales, incluidos el líder del pelotón
y el comandante del batallón, te dicen que eso es
lo que debes hacer, entonces se va de las manos.
Algunos en el MACV estaban preocupados de que ese grupo sin límites,
operando por su propia cuenta, fuera difícil de controlar.
Pero el General Westmoreland y los comandantes de campo
admiraban a la Fuerza Tigre por su confiable ferocidad.
En el verano de 1967 la Fuerza Tigre fue enviada
al fértil valle Song Ve,
toda la población había sido sacada
de sus casas y agrupada en un campo de refugiados.
Pero algunos habían regresado para retomar los cultivos
como siempre habían hecho.
El valle había sido oficialmente declarado zona de fuego a discreción,
y los oficiales de la Fuerza Tigre lo tomaron al pie de la letra.
No hay amigos, les dijo un teniente a sus hombres,
disparen a todo lo que se mueva.
Durante un periodo de siete meses, mataron innumerables
civiles desarmados.
Entre sus víctimas había dos hermanos ciegos,
un anciano monje budista, mujeres, niños y ancianos
que se escondían en refugios bajo tierra,
y tres granjeros que trataban de plantar arroz.
Todos fueron informados como enemigos muertos en acción.
Estas atrocidades fueron cometidas por soldados
de unidades a las que yo fui asignado como reportero
de los diarios del ejército.
La Fuerza Tigre no fue el único pelotón,
de los que cubría Dennis Stout, que cruzó la línea.
Uno de tales incidentes fue la violación y asesinato
de una chica vietnamita.
Fue capturada y retenida para interrogarla.
Durante dos días fue violada, luego,
en la mañana del tercer día la mataron.
¿Fue violada por más de una persona?
Sí, por todos menos el médico y yo,
y tal vez otro hombre del pelotón.
¿Protestó?
¿hizo algo para detenerlos?
Sí, después del incidente me quejé
al sargento mayor del pelotón y su respuesta fue que
esas cosas pasan en todas las guerras,
que no debía mencionarlo, que era algo común.
Luego fui a ver al capellán y le hablé al respecto.
Él investigó y descubrió
que era verdad, y fue conmigo
a ver al sargento mayor.
El sargento mayor le dijo al capellán
que se limitara a la religión,
lo envió lejos y a mí me dijo que me callara,
que no tenía que regresar de la siguiente operación.
Años después apareció otro soldado
con más acusaciones de crímenes de guerra
y una investigación del ejército encontró causa probable
para juzgar a 18 miembros de la Fuerza Tigre por asesinato o asalto.
Pero nunca se presentaron cargos.
Los informes oficiales fueron enterrados en los archivos.
Deberían haber ido todos a la cárcel.
Eran culpables de asesinato.
Punto.
Al mismo tiempo, pensé que ese incidente,
que considero una aberración, no lo normal,
manchó a todos los veteranos y hay cientos de miles
de veteranos que cumplieron con su deber
de la forma más honorable que pudieron
y quedaron manchados por igual.
Una de las cosas que aprendí en la guerra,
es que no somos la mejor especie del planeta solo por ser amables.
Somos una especie muy agresiva,
lo llevamos dentro.
Se habla mucho de que los militares convierten
a los niños en máquinas de matar y por el estilo.
Siempre diré que es justo al terminar la escuela.
Lo que hacemos con la civilización es que aprendemos a inhibir
y controlar estas tendencias agresivas.
Pero tenemos que reconocerlas.
Me preocupo por todo un país que no las reconoce.
Piense, ¿cuántas veces tenemos roces como nación
porque siempre creemos que somos los chicos buenos?
A veces pienso que si no creyéramos que somos siempre
los buenos, quizás entraríamos en menos guerras.
Señor Rubin
¿Cómo espera, en términos reales, cerrar al pentágono?
El Pentágono representa el asesinato de personas
en todo el mundo.
Los americanos no tenemos control
sobre lo que el gobierno está haciendo.
Así que vamos a ir allá muchos miles
y bloquearemos las puertas, llenaremos los pasillos
para parar el trabajo del Pentágono.
Porque el trabajo del Pentágono debería parar.
Lo único que hay que hacer con el Pentágono es cerrarlo.
había una gran protesta en Nueva York
o en Washington en cada otoño y cada primavera.
Decidimos que iríamos a la protesta
en Washington, en el Lincoln Memorial, en el otoño del 67
pero sacaríamos tanta gente como pudiéramos,
de la protesta, para llevarlos hacia el Pentágono.
Y allí trataríamos de hacer algo más militante
que simplemente estar parados y dar discursos en contra de la guerra,
que era en lo que se habían convertido estas protestas.
Cuando llegó el momento de sacar a la gente
del Lincoln Memorial y llevarla hacia el Pentágono,
50 mil personas marcharon.
Bill Zimmerman, ahora profesor asistente de sicología
en la Universidad de Brooklyn, había estado en contra de la guerra
desde el principio.
Cuando llegamos allí, descubrimos perímetros defensivos concéntricos
colocados alrededor del Pentágono para mantenernos
alejados del edificio.
Los empujamos y tumbamos los cercos.
Yo estaba trabajando ese día del fin de semana.
Las secretarias que estaban trabajando en mi área estaban
aterradas por lo que pudieran hacer los manifestantes contra Vietnam.
Creyeron que entrarían al edificio
a violarlas.
De hecho, algunos saltaron los muros.
Era un ambiente de revolución.
Sólo Dios sabe lo que haríamos al entrar.
Algunos, los hippies,
decían que iban a levitar el edificio.
Otros querían hacer vandalismo adentro,
otros querían repartir literatura contra la guerra,
hablar con la gente en el edificio.
Sólo la idea de entrar en el cuartel general
del ejército de Estados Unidos...
Era la primera vez que opositores a la guerra
confrontaban al personal militar activo.
No los considerábamos enemigos.
Los veíamos como víctimas de la guerra.
Pero empezamos a ver a nuestro propio gobierno como nuestro enemigo.
El presidente Johnson creyó que el comunismo internacional
estaba tras las protestas.
Había instruido a la CIA que consiguiera pruebas
y se puso furioso cuando no se encontró ninguna.
Eisenhower: ¿Señor presidente?
Johnson: Sí.
Habla el General Eisenhower,
¿cómo está Sr. presidente?
J: Estoy bien, dadas las circunstancias.
E: Pero esto aquí fue un infierno y estos estudiantes universitarios…
Lo puse a Hoover a investigarlos.
Marcharon hasta acá, arrestamos a 600,
y a 29 les dimos un mal rato.
Descubrimos que la mayoría realmente eran enfermos mentales.
Hoover arrestó a 256, que supuestamente
destruyeron sus tarjetas de reclutamiento.
J: Así que está lidiando con problemas mentales.
Pienso que hablamos mucho
sobre libertades civiles y derechos constitucionales
de los individuos y muy poco
sobre los derechos de las masas.
E: Por eso tenemos esto.
Tenemos personas elegidas libremente
y hay que respaldarlas.
J: Creo que su gobierno está en problemas, general.
Pienso que... no quiero decir esto.
Pero creo que estamos en mayor peligro
ahora por estas influencias de izquierda,
del que hemos enfrentado en los 37 años que llevo aquí.
J: Y están trabajando desde el interior de mi partido
y Bobby cree que va a conseguir la nominación.
Allard Lowenstein, un abogado de 38 años, de Nueva York,
compartía el fervor de los manifestantes contra la guerra,
pero creía que la forma más efectiva
de detener el conflicto, era trabajar dentro del sistema político,
no desde fuera.
Él decía que la respuesta, era evitar que Lyndon Johnson
lograra un segundo mandato como presidente.
Había viajado todo el año por el país buscando a alguien
que aceptara retar al presidente en las siguientes elecciones
primarias demócratas.
Le pidió al senador Robert Kennedy de Nueva York,
quien había empezado a criticar a la administración Johnson
por la guerra.
Le preguntó al teniente general James Gavin,
al senador George McGovern de Dakota del Sur.
Pero todos se negaron.
Lowenstein, siguió buscando.
En Fuerte Sill, Oklahoma, el 17 de noviembre de 1967,
los amigos y la familia de un soldado caído se reunieron
para un funeral, uno de los cinco funerales militares
celebrados allí ese mes.
El sargento primero Pascal Cleatus Poolaw había sido muerto
mientras intentaba arrastrar a uno de sus hombres herido
en el campo de batalla cerca de la aldea de Loc Ninh.
Fue un soldado notable, había sido galardonado con una estrella de plata
en la Segunda Guerra Mundial, dos más en Corea, y recibió una cuarta,
a título póstumo, por su valentía en Vietnam.
Era un indio kiowa.
Él y tres de sus hijos estaban entre
los 42.000 nativos americanos que sirvieron en Vietnam,
la tasa de servicio per cápita más alta de cualquier grupo étnico
de los Estados Unidos.
Su viuda habló en la ceremonia:
"Él ha seguido la huella de los grandes jefes,
su gente lo honra y lo tiene en la más alta estima."
“Ha dado su vida por el pueblo y el país
que tanto amó".
No oí la palabra "hippie" hasta que estuve en Con Thien
y alguien recibió una Playboy en el correo, lo cual
obviamente era muy importante para nosotros.
Había un artículo sobre Haight-Ashbury
y fotos de las chicas que corrían por ahí
sin sostén, ya sabe, amor libre.
Eran hippies,
y pensamos que era "jip pie" porque tenía dos P.
Al volver queríamos
ser uno de esos "jip pie"
porque las chicas andaban desnudas
y se iban a la cama con cualquiera.
Hasta yo podría hacerlo.
Pero lo único que sabía del movimiento por la paz,
era por medio de Stars and Stripes,
y ese no era un diario muy objetivo.
Así que yo los odiaba
incluso antes de conocerlos.
Las lluvias de los monzones siguieron haciendo miserable
la vida de John Musgrave y los otros marines en Con Thien.
A principios de noviembre, lo peor de los bombardeos terminó.
Los ataques aéreos, la artillería y el fuego de la marina estadounidenses,
habían infligido inmensas pérdidas al enemigo.
Antes del amanecer del 7 de noviembre, dos compañías del equipo de Musgrave
fueron enviadas un kilómetro en el campo
al noroeste de la base para limpiar el área otra vez.
Entramos en una zona con viejos setos
que habían crecido con la jungla.
Era difícil ver a lo lejos.
En un área despejada aparecieron tres norvietnamitas
que empezaron a disparar 30 rondas de sus AK
y su reserva.
El comandante de la compañía dijo: "Quiero sus cuerpos,
traigan sus cuerpos".
Todo se trata de contar cuerpos ¿no?
Le dijimos: "Ese es un truco tan viejo como Custer,
Esos tipos se dejan ver para que vayamos
y así emboscarnos.
"Teniente, no haga eso.
Por favor, esos sujetos son carnada".
Bien, el jefe dijo que había que ir,
tocaba ir…
y fuimos.
No puedo contarle mucho sobre la emboscada,
pues fui de los primeros en recibir disparos.
Una ronda me tumbó.
Mi granadero también cayó. Tratamos de recuperarlo.
Los marines, desde el primer día de entrenamiento,
aprenden que no dejan a sus muertos
y jamás, jamás, abandonan a un herido.
Es por eso que estoy vivo.
Cuando el primer marine salió por mí, yo estaba boca abajo.
Él me alcanzó, pasó sus brazos bajo mis hombros y me levantó.
Pero la ametralladora estaba muy cerca de nosotros,
a unos... 2,5 a 3 metros de mí.
Fue una emboscada muy cercana.
Era una riña.
Dispararon una ráfaga a mi pecho que me arrancó
de los brazos del marine que me sostenía, y él fue abatido.
Otro marine joven y muy valiente, de 18 años, de Luisiana,
era su primera batalla, vio lo que pasaba y
sin embargo vino por mí.
Llegó hasta mí y le dispararon creo que en el antebrazo,
quedando en el suelo, a mi lado.
Yo tenía un hueco en el pecho tan grande
como un puño,
estaba muriendo y lo sabía.
Escuché unos gritos horribles,
y traté de saber quién estaba gritando así,
porque sonaba tan...
y luego descubrí que era yo.
Cuando empezaron a sacarnos a rastras, los perseguían
los norvietnamitas y ellos nos soltaban y se
acostaban sobre nosotros,
sabían que ambos estábamos muriendo.
El granadero estaba herido en el lado derecho del pecho.
Sabían que moriríamos,
pero aún estábamos vivos,
así que no nos iban a dejar.
Morirían antes que dejarnos.
Nos cubrían con su cuerpo, respondían el fuego a los NVA,
luego saltaban y nos arrastraban un poco más,
para luego soltarnos y acostarse encima nuestro.
Yo seguía diciéndoles que me dejaran,
que era en serio, lo era.
Pero, de repente tuve miedo de que en verdad me dejaran.
Me evaluaron tres veces
y el médico en jefe dijo:
una bala le atravesó los pulmones o el corazón.
No puedo hacer nada por él".
Dio la vuelta y se fue.
Dije: "Está bien".
Luego llegó un helicóptero,
y me arrojaron adentro de él.
El médico en el helicóptero se inclinó sobre mí,
me observó, miró al artillero de la puerta
y ordenó que me sacaran del camino.
No podía hacer nada por mí,
era hombre muerto.
Me volaron a Delta Med en Dong Ha.
Yo pensé, bien ya llegué hasta aquí.
Un doctor vino y me miró,
yo estaba consciente,
y lúcido.
Revisó un par de cosas,
yo tenía un gran hueco,
el me miró a los ojos y dijo:
"¿De qué religión eres, marine?"
Yo le dije, soy protestante.
Él dijo: "Traigan a un capellán,
no puedo ayudar a este hombre."
Y luego se fue.
Otro cirujano pasó por ahí, me miró.
Me enseñaron a ser siempre amable con las personas.
Cuando me miró, sonreí y moví la cabeza.
Él dijo: "¿Por qué nadie está ayudando a este hombre?"
Y pensé para mí,
"Sí ¿por qué nadie lo está ayudando?
Cuando me durmieron pensé:
Esto es todo.
Dije algo como: "Está bien, Dios,
en tus manos dejo mi espíritu".
Pensé que se había acabado.
Cuando desperté en la sala de cuidados intensivos quirúrgicos,
que era un cobertizo de metal corrugado,
pensé: "Santo cielo".
No podía… no podía creerlo.
Ayer en Hanoi,
tres aviones estadounidenses fueron derribados
y al menos dos de sus pilotos capturados.
Uno de ellos era el teniente comandante John McCain III,
hijo del comandante naval estadounidense en Europa.
Recuerdo que era domingo.
Los cielos de Hanoi estaban llenos
de aviones de guerra estadounidenses,
y muchos fueron derribados.
Los pilotos usualmente se eyectaban muy lejos,
pero éste cayó muy cerca de donde estaba bombardeando.
Lo vi todo desde nuestra calle.
Aunque el bombardeo todavía continuaba,
salimos corriendo para capturar al piloto.
Pero cuando llegamos, los soldados ya lo tenían.
Muchos pilotos estadounidenses fueron capturados,
pero por John McCain, anunciaron por radio su nombre.
Hanoi estaba tan complacido por haber capturado al hijo
de un almirante estadounidense, que le permitieron a un periodista francés
entrevistar a McCain en el hospital.
Le acaban de reubicar los huesos rotos, sin darle ni una aspirina
para el dolor.
¿Cuál es su nombre?
Teniente comandante John McCaine.
¿Cuántas incursiones hizo antes de la última?
Unas 23.
¿En qué circunstancias fue derribado?
Estaba volando sobre la ciudad de Hanoi,
estaba bombardeando y... fui alcanzado por un misil
o fuego antiaéreo,
no estoy seguro qué. El avión cayó en picada.
Yo me eyecté y me rompí una pierna y ambos brazos.
Caí en un lago con el paracaídas.
Me recogieron unos norvietnamitas
y me trajeron al hospital, donde casi muero.
Sólo quiero decirle...
a mi esposa...
que voy a estar bien.
Que la amo y que espero verla pronto.
Después de la entrevista, McCain fue golpeado,
por no expresar suficiente gratitud a sus captores.
Durante todo el otoño de 1967, los norvietnamitas
y el Viet Cong continuaron su serie de "batallas fronterizas"
como preparación para su ofensiva sorpresa,
varios meses después.
Con Thien, donde John Musgrave fue herido,
había sido la primera.
Luego vino la base del ARVN en Song Be.
El puesto survietnamita adyacente
a la capital provincial de Loc Ninh fue el siguiente.
Allí, grandes unidades de norvietnamitas
y Viet Cong, montaron un ataque coordinado
y lucharon durante cinco días para defender el terreno
que habían ganado, algo que nunca habían hecho antes.
Los comandantes americanos, estaban perplejos.
Luego, a principios de noviembre, le llegaron informes al MACV
que cinco regimientos norvietnamitas
y un batallón Viet Cong, con unos 7.000 hombres en total,
habían comenzado a agruparse en el altiplano central,
alrededor del campamento de las Fuerzas Especiales en Dak To.
Entre los soldados norvietnamitas estaba Nguyen Thanh Son,
quien estaba tan ansioso de pelear que también llenó sus
bolsillos con piedras para pasar el examen físico.
La estrategia de nuestros comandantes
fue atraer a los estadounidenses allí arriba...
para que pudiéramos destruirlos en el Altiplano Central.
Cuando el NVA desplegó sus tropas,
Westmoreland envió a las suyas a Dak To,
exactamente lo que el enemigo quería que hiciera.
Entre los estadounidenses estaban los hombres
de élite de la 173 Aerotransportada,
La "Brigada de Fuego de Westmoreland".
De alguna manera todos sabíamos que no nos traerían de nuevo
si no estuviera pasando algo grande.
Tú sólo sabias que el área estaba plagada de norvietnamitas
y que ellos no estaban allí para evitar el contacto con nosotros,
sino que estaban ahí para entrar en contacto.
El teniente primero, Matthew Harrison, estaba ahora
con la compañía Alfa, del segundo batallón,
la misma compañía que fue emboscada
y tan vapuleada en junio, en las laderas de la colina 1338,
a sólo 22 kilómetros al este.
Esto no era como con los del Viet Cong, que si podías hallarlos,
podías matarlos.
Nuestro problema no era encontrarlos.
Sino qué haríamos con ellos al hallarlos.
El regimiento 174 de las NVA, estaba esperando.
Nguyen Thanh Son y sus hombres ya estaban atrincherados
en el terreno alto, que sabían que los americanos querían tomar,
la colina 875.
Llegamos allí un mes antes
para cavar hoyos, bunkers, y una trinchera alrededor de la colina.
Los hombres nos preguntaron
“Esta selva está tan apacible y hermosa".
"¿Por qué estamos aquí?"
Les dijimos: "Sigan trabajando. Ellos vendrán".
El domingo 19 de noviembre de 1967, por la mañana,
las compañías, Alfa, Charlie y Delta, recibieron órdenes
de tomar la colina 875.
Matt Harrison había sido herido en un encuentro anterior
y no se le permitió acompañar a sus hombres.
Con ansiedad siguió su progreso por la radio.
Artillería pesada y aviones F-100 bombardearon la ladera
delante de ellos, a fin de acabar con las posiciones enemigas
antes de que los paracaidistas llegaran hasta ellas.
La cima de la Colina 875 quedó desierta.
No quedaron árboles.
Los americanos los destruyeron a todos.
Mientras caían las bombas,
estábamos a salvo en nuestros bunkers.
Las tres compañías subieron por las laderas,
Charlie y Delta a la cabeza
y Alfa en la retaguardia.
Los paracaidistas llegaron con cautela a un claro
lleno de árboles derribados por el bombardeo de la mañana,
a tan sólo un poco más de 250 metros de la cumbre.
Mientras ellos subían la colina, contuvimos el fuego.
Ellos llegaron a sólo cinco metros
de nuestras trincheras.
Cuando pudimos ver sus rostros, gritamos, "¡Abran fuego!"
Miles de ráfagas de armas automáticas desgarraron el aire.
Unas granadas de fabricación china fueron rodando y saltando
hacia abajo por las laderas.
Los norteamericanos buscaron refugio donde pudieron, detrás de árboles caídos,
escarbando la tierra con sus cascos,
tratando de cavar pozos de protección.
Las compañías Charlie y Delta fueron inmovilizadas
y hechas pedazos.
Mientras tanto, al pie de la ladera,
otras tropas norvietnamitas sorprendieron a la compañía Alfa
por detrás.
Primero los vio moviéndose hacia arriba entre los árboles,
un soldado del Bronx llamado Carlos Lozada.
Mientras su compañía subía por la ladera
arrastrando a los heridos,
Lozada los cubrió como pudo,
disparando su ametralladora M-60 desde la cadera,
hasta que una bala le diera en la cabeza.
Fue galardonado con una Medalla de Honor póstuma.
En casa, la batalla encabezaba las noticias de la noche.
La batalla de Dak To está ahora en su día 19,
y se califica ya entre las campañas más sangrientas
de la guerra de Vietnam.
Aún no hay indicios del final.
Durante el fin de semana, tres compañías
de la Brigada 173 Aerotransportada, descendieron por este valle fluvial,
donde los norvietnamitas solían infiltrarse,
hasta que llegaron aquí al lado de la Colina 875.
Luego vinieron bajo fuertes ráfagas desde la colina.
Dos de las tres compañías cargaron contra la colina
y la otra se quedó atrás, cuidando la retaguardia.
Encontraron un…
Al comenzar la tarde, las tres compañías habían sido
básicamente decapitadas.
Los comandantes habían muerto,
la mayor parte de los oficiales con mando y los sin mando, habían muerto.
Los sobrevivientes de las tres compañías se agruparon
en un claro e hicieron todo lo posible por establecer
un círculo defensivo.
Bombas norteamericanas y napalm golpearon las posiciones enemigas
hasta que fue demasiado oscuro para ver.
El napalm envolvió nuestras trincheras
y ardió como un dragón.
La mayor parte de nuestra posición
quedó totalmente quemada.
Yo también me quemé.
Mi rostro, nariz, manos y pies estaban en llamas.
Me convertí en una antorcha.
Empecé a correr sin rumbo.
Mis soldados me tiraron tierra encima
para ahogar las llamas.
Entonces, otro avión americano rugió y lanzó dos bombas.
Una cayó sobre las tropas enemigas ocultas,
la otra, cayó directamente sobre los norteamericanos.
En una fracción de segundo, murieron 42.
Un teniente muy mal herido, logró encontrar una radio que funcionaba.
"No más malditos aviones", gritó.
"Nos están matando aquí abajo"
La batalla en la ladera continuó.
Los hombres se quedaron sin agua, y comenzó a acabarse la munición.
Los helicópteros que trataban de abastecerlos eran derribados.
Al día siguiente, Matt Harrison pudo aterrizar.
Era un caos.
Muchos hombres habían hecho zanjas y
cavaron hoyos detrás de los árboles.
Eran hombres que no tenían agua desde hacía dos días,
en ese calor.
Casi todos estaban heridos.
Había cuerpos por todos lados,
hombres muertos a tiros, o por las bombas.
Este era el tercer círculo del infierno.
El 23 de noviembre, dos batallones de refresco de la 173,
por fin llegaron a la cima de la colina
por la que tantos habían muerto.
Pero la noche anterior,
las tropas norvietnamitas sobrevivientes se habían escapado
por el otro lado y desaparecido en Camboya y Laos.
La dirigencia decidió que era importante
para nosotros, para nuestra moral, estar en la toma de la cima de la colina.
Me quedaban 26 hombres de una compañía que comenzó con 140,
y los 26 estaban heridos.
Luego a Harrison y sus exhaustos hombres, los llevaron en helicóptero
a la cima de otra colina.
Era el Día de Acción de Gracias.
Helicópteros Chinook descendieron de los cielos,
llevando grandes contenedores de pavo caliente, puré de papas
y salsa de arándanos para que la 173 tuviera su
cena de Acción de Gracias.
Si hay sitos más remotos y peligrosos que éste
para pasar el Día de Acción de Gracias en Vietnam,
entonces la mayoría de estos hombres no los ha visto.
Había un camarógrafo de TV y un periodista a nuestro lado
usándonos como escenario.
Recuerdo que escuché al periodista
decir: "Hoy es 23 de noviembre, Día de Acción de Gracias".
Yo estaba realmente enojado.
Era como si fuéramos la animación.
107 estadounidenses murieron en la toma de la colina 875,
otros 282 fueron heridos
y 10 más desaparecieron.
El número de bajas norvietnamitas es desconocido,
pero se cree que sus pérdidas fueron inmensas.
En junio, Matt Harrison había perdido dos compañeros de West Point
en la colina 1338.
Perdió dos más en la colina 875.
De los ocho que sirvieron con él en el segundo batallón,
cuatro estaban muertos y dos habían sido heridos.
Tomar las cumbres de montañas cubiertas de árboles en una selva,
a lo largo de la frontera con Camboya y Laos, no logró
nada de importancia.
La batalla por la colina 875 fue, en mi opinión, hoy,
apenas una muestra de lo que estábamos haciendo y lo que salió mal
en Vietnam.
No había razón para tomar esa colina.
Literalmente llegamos a la cima de la colina
al mediodía del 23 de noviembre y nos sentamos allí durante,
no sé, media hora, una hora,
sólo para agruparnos y juntar todo.
Los Chinooks llegaron, y nos sacaron de la colina.
Y dudo que haya estado un americano en la colina 875
desde el 23 de noviembre.
No logramos nada.
Una nueva fase está comenzando.
Hemos alcanzado un punto importante en el que el final
comienza a estar a la vista.
Mientras Matt Harrison y sus hombres peleaban por la colina 875,
la administración Johnson estaba en medio de
una "Ofensiva para el Éxito".
Una campaña de relaciones públicas
destinada a reforzar el apoyo a la guerra y
la forma en que se libraba.
El MACV publicó un nuevo estimado sorprendentemente bajo
de las fuerzas enemigas, para mostrar el gran daño que Estados Unidos
les había hecho.
Era sólo dos tercios del total sugerido por la CIA,
porque después de un amargo y largo debate
tras bambalinas, Westmoreland había decidido
excluir las guerrillas de tiempo parcial,
los granjeros, ancianos, mujeres y hasta niños,
que ayudaban a poner minas, granadas y trampas personales,
que provocaban más de un tercio
de las bajas estadounidenses.
El general Westmoreland también le dijo a la prensa,
que el impresionante conteo de cuerpos que informaban sus comandantes,
era muy, pero muy conservador,
y que probablemente representaba
tan sólo el 50% o menos, de los enemigos muertos.
El embajador Ellsworth Bunker se unió al coro
utilizando una metáfora usada primero 13 años antes
por el comandante francés en Vietnam,
poco antes de su gran derrota en Dien Bien Phu.
Pienso que estamos empezando a ver la luz
al final del túnel.
Señor embajador, usted habla de una luz al final del túnel.
¿Qué largo tiene el túnel?
Bien, no creo que una situación así
pueda ponerse dentro de un marco de tiempo particular.
La "Ofensiva para el Éxito" de Johnson triunfó.
La cantidad de estadounidenses que creyeron que Estados Unidos
hacía progresos en la guerra, creció.
El Secretario de Defensa, Robert McNamara
no participó en la campaña de relaciones públicas.
Estaba tan desilusionado con la guerra por la que había hecho tanto
para planear y llevar adelante, que le escribió
otro memorándum secreto al presidente,
aconsejándole congelar la cantidad de tropas,
entregar las operaciones terrestres a los survietnamitas
y detener los bombardeos de Norvietnam,
"para abrir el camino a negociaciones".
"No hay razón para creer", escribió McNamara,
"que el infligir graves bajas durante un tiempo prolongado,”
“o el fuerte castigo de los intensos bombardeos,”
“serán suficientes para quebrar la voluntad de los norvietnamitas”
“y los Viet Cong.”
“La continuación de nuestro actual curso de acción”
“en el sureste asiático, sería peligroso, costoso en vidas”
“y no satisfactorio para el pueblo estadounidense".
Johnson nunca respondió.
En lugar de eso hizo arreglos para nombrar a McNamara
presidente del Banco Mundial.
McNamara guardaría silencio durante los siguientes 28 años
sobre las dudas que él había expresado
desde el principio de la guerra terrestre.
Su sucesor como Secretario de Defensa sería
Clark Clifford,
un prominente abogado de Washington y consejero confiable de
los presidentes demócratas, del que Johnson estaba
seguro que apoyaría la guerra.
Estudiantes de Harvard…
Entre tanto, el largo año de búsqueda de Allard Lowenstein,
de un retador demócrata para el presidente,
había dado frutos.
El 30 de noviembre de 1967, el senador de Minnesota, Eugene McCarthy,
anunció su candidatura.
Este es un tema, que debe ser llevado
ante los ciudadanos en la campaña de 1968.
Para finales de 1967,
20.057 estadounidenses habían muerto en Vietnam.
El General Westmoreland dijo que "Había llegado la hora,”
"de una gran ofensiva en todos los frentes".
Pero el enemigo estaba a sólo un mes de lanzar
su propia ofensiva general.
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