All language subtitles for La macchina ammazzacattivi (La máquina matamalvados) 1952, Roberto Rossellini VO

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Original subtitles

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La restauraci�n digital se ha realizado con los mejores medios disponibles hoy,

un m�ster positivo y una banda sonora,

que se hab�an conservado en los Estudios Cinecitt�.

Las im�genes se escanearon con una resoluci�n de 2K.

Tras el escaneo, las im�genes fueron estabilizadas y limpiadas digitalmente

eliminando las se�ales del tiempo: manchas, l�neas, rayones y marcas de cortes.

Dado el estado de conservaci�n de los elementos,

se necesitaron muchas horas para la limpieza digital de las im�genes.

La nueva versi�n ha tratado de recuperar

la luminosidad y la riqueza de la fotograf�a original.

La banda sonora se limpi� digitalmente,

reduciendo el ruido de fondo causado por el uso a trav�s del tiempo,

pero manteniendo la din�mica y peculiaridades del sonido original.

La restauraci�n se llev� a cabo en la Cineteca de Bolonia,

en el laboratorio L'Immagine Ritrovata, en 2011.

LA M�QUINA MATAMALVADOS

Damas y caballeros, vengo a presentarles el pr�logo de esta historia.

Necesitamos un d�a claro, un mar en calma

y nubes blancas en el cielo.

Despu�s, una monta�a de cart�n, desierta, desnuda, triste,

que ahora recubro con las casas.

Aqu� est� el ayuntamiento con su fuente

y los caserones donde viven los ricos.

Ahora que he acabado el escenario, procedo a presentar los personajes.

Holgazanes, intrigantes, vanidosos,

bribones, gandules, tramposos e idiotas,

desgraciados y prepotentes, quejicas y cascarrabias...

al final, guapos o feos, son como todo el mundo.

Que empiece aqu� la comedia en todo su esplendor.

Escuchad y os reir�is desde el fondo de vuestros corazones.

La mina de oro. Aqu� est�.

Este es justo el sitio... Perdona, querida.

Este es el lugar en el que Joe y yo desembarcamos

junto con miles de americanos para echar a los alemanes.

- Justamente. - Estabas nervioso, �eh, cabo?

�Yo? T�, sargento, acu�rdate.

Si no llego a empujarte, a�n seguir�as ah� abajo.

- �D�nde est� la mina de oro? - All� est�.

�Est�s loco! �Ese mont�n de rocas?

S�, ese mont�n de rocas.

Escucha mi idea.

50.000 hombres desembarcaron en esta costa

y otro medio mill�n de americanos afirma que lo hicieron.

A�ade sus mujeres,

sus madres, sus padres, sus novias,

y tendr�s dos millones de personas que quieren venir aqu�.

- Dos millones de clientes. - �Clientes de qu�?

De nuestro hotel. Escucha, este es el plan.

Compramos ese castillo y lo derribamos.

Construimos un hotel con piscinas, terrazas,

caf�s, salas de juego, de baile,

y una torre enorme que se vea desde kil�metros.

�Seguro que puedes conseguir el terreno?

Seguro. Llevo a�os trabajando en ello. Ya solo faltan los permisos.

Ya sab�is que el alcalde es amigo m�o.

Solo necesitamos el permiso del Gobierno, de la Comisi�n de Artes,

del Ministerio del Interior y del Arzobispo.

- �De nadie m�s? - Esto est� hecho.

�Por qu� tantos permisos?

Es por el cementerio.

- �Qu� cementerio, Bill? - Ver�s, tesoro...

Aqu� hay muchas rocas y poca tierra,

as� que primero ponen all� los muertos,

y luego llevan los restos al castillo.

�C�mo? Vosotros sois un par de criminales.

�Quer�is bailar sobre los cad�veres?

No, no digas tonter�as.

Nos encargaremos de los cad�veres. Joe me lo ha explicado todo.

Trasladaremos los cad�veres.

�A d�nde? �Al mar?

Ya tengo otro lugar.

Los muertos estar�n bien all�. Nadie va a molestarlos.

Ya os lo ense�ar�.

"Viva San Andr�s."

San Andr�s es el patr�n del pueblo. Hoy es su fiesta.

Deprisa o llegaremos tarde.

Espero que el alcalde se acuerde de m�. Han pasado tantos a�os.

Seguro que s�. Estar� encantado de hacer negocios.

Hoy estar� muy contento por ser el d�a de la fiesta.

Es el que suministra todo para la fiesta, cintas, luces, tiovivos, desfiles...

Un gran negocio, ya ver�is.

Joe, �qu� has hecho?

�Ten�a que pasar aqu�!

Lo que yo dije, sois un par de criminales.

�C�llate!

- Mirad debajo del coche. - Aqu� no hay nada.

- Habr� ido por encima del muro. - No...

�Ves algo?

Era un fantasma de la torre.

Venga, v�monos. Entra, r�pido. V�monos de aqu�.

No te alteres.

- Esta es una tierra de locos. - Ya lo s�.

�Celestino!

�Celestino, corre! Ya sale el santo.

Trae la c�mara. Est�n sacando a San Andr�s.

Ya voy. Un momento.

- Escucha, tocan las campanas. - Bien.

Siempre es un gran acontecimiento.

Hasta ha venido el obispo a bendecir las barcas. �Lo hab�is visto?

Do�a Amalia, han llegado los americanos.

Est�n en la casa de Joe. Ha vuelto de Am�rica.

Puede devolver a tu padre lo que le debe.

- Ese es el santo. - Es San Andr�s.

Todo el pueblo me debe dinero, pero ninguno paga.

Mandar� a todos a la c�rcel, hasta al alcalde.

El dinero del ayuntamiento...

Mira a Do�a Amalia, esa vieja bruja prestamista.

- Pap�... - Mira la procesi�n.

Y el teniente de alcalde. Tambi�n nos debe dinero.

Mira, pap�. Son los americanos que llegaron hoy.

- �D�nde? - All�. Mira.

Qu� chica tan guapa.

�Hola!

Van a estar en casa de Joe.

- Para, pap�. - Mira a San Andr�s.

Eso, rezad a San Andr�s.

A�n as� ir�is todos al infierno. Sois todos unos sinverg�enzas.

- Fuera de ah�. - �Por qu�?

Venga, fuera de ah�.

Estoy aqu� para tomar fotograf�as.

- Estoy haciendo fotograf�as. - Aqu� mando yo.

�Entendido? Aqu� mando yo. Fuera de aqu�.

�Largo!

�Qu� quiere a estas horas de la noche?

�Es usted Celestino Esposito?

S�, �por qu�?

Quisiera quedarme aqu� esta noche. Las posadas est�n todas llenas.

No tengo d�nde ponerlo.

D�jeme una silla para esta noche. Ma�ana seguir� mi camino.

- Muy bien. Pase. - Gracias.

Nada de formalidades. Esto es muy peque�o.

- Si me lo permite. - Adelante.

Si tiene cosas que hacer, no se preocupe por m�.

- Con permiso. - Por supuesto.

�Ha o�do los fuegos artificiales?

Se han gastado 200.000 liras y el santo no se ha despertado.

Celestino, los santos no duermen.

Esperemos que no. Pero San Andr�s se ha olvidado completamente de nosotros.

Ya no piensa en nosotros.

Los limones se pudren y nadie los recoge.

Nadie quiere comprar nuestro pescado.

Los ricos solo piensan en s� mismos.

Si seguimos as�, moriremos de hambre todos.

Celestino, yo soy el primero que se muere de hambre.

Si San Andr�s no nos hace un milagro...

- Los milagros hay que merecerlos. - Claro.

La gente es mala y los santos se han vuelto taca�os, y hacen bien.

Hay gente mala, pero tambi�n hay gente buena.

�Y qu� hacen los buenos? Nada.

�Y qu� pueden hacer?

As� los malos ser�n siempre malos.

Los buenos deben hacer algo, si no, son c�mplices de los malos.

El d�a del Juicio Final, el Se�or los castigar�.

- �Pero qu� van a hacer? - Los buenos deben matar a los malos.

�Qui�n es?

�Qui�n ser� a estas horas?

- Hola, Celestino. - Buenas noches.

�Est�s loco? �A estas horas de la noche?

Date prisa. Un d�a de estos vas a comprometerme.

- No te preocupes. - Eso es f�cil decirlo.

Pero su padre puede verte.

�No hagas ruido! Vas a despertar a todo el edificio.

- �Fuma? - No. �Qui�n es el joven que ha entrado?

Romeo Cuccurullo. Su padre es uno de los m�s ricos del pueblo.

Es el amo del negocio de la pesca,

vende limones y tiene diez camiones y una f�brica de hielo.

El hijo est� enamorado de Giulietta del Bello.

Y como las dos familias est�n enemistadas,

se ven en secreto y yo los ayudo.

A cambio de cigarrillos.

No, lo hago solo por compasi�n.

Celestino, recuerda que debes honrar a tu padre y a tu madre,

si quieres vivir feliz en esta tierra.

S�, cierto.

�Le interesan? Aqu� hay fotograf�as de dos generaciones.

Mi difunto padre tambi�n era fot�grafo.

�Ah, s�? Me interesan.

Dime una cosa...

�Por qu� te ech� el guardia durante la procesi�n?

Ah, el canalla de Agostino.

Cree que porque lleva uniforme puede ser un dictador.

Me odia por causa de una mujer. Pero es una mala persona.

Es un abus�n, pero no s�lo conmigo, sino con todo el pueblo.

�S�, eh? Ya es hora de encargarse de ese Agostino.

- �Tienes una foto de ese tipo? - Claro que s�. Con uniforme.

- D�jame verla. - Tengo su fea jeta aqu�.

Mire que obra de arte.

�Agostino es este del brazo alzado?

El mismo. Hablando de traicionarnos.

�Ah, s�?

Ven conmigo.

�Qu� va a hacer?

Presta atenci�n a lo que voy a decirte.

Tienes que fotografiar esta fotograf�a.

- �As�! - �Pero qu� quiere hacer?

- Haz lo que digo. - De acuerdo.

Este pueblo de verdad me necesita.

Es a San Andr�s a quien necesitamos.

�Ya est�? Venga, Celestino, date prisa.

Listo.

Est� hecho.

"Hecho" no es la palabra adecuada. Deber�a decirse lo contrario.

- �Qu� has hecho? - �M�ralo!

- �Y qu� es lo contrario? - Deshecho.

Destruir a los malos. Vete a ver.

�Agostino!

�Qu� pasa?

�Agostino, date la vuelta!

�Agostino!

No se mueve.

Agostino, �qu� has hecho?

�Est� muerto!

- �Muerto? - Muerto...

�D�nde est�?

�D�nde est�?

Ha desaparecido.

Ay Dios... �La placa!

�Qu� ocurre?

�Qu� haces? �A d�nde vas?

Vamos. Deprisa, cari�o. Ven conmigo.

- Un momento. - Vamos, Giulietta.

No, no pod�is pasar por aqu�.

Nadie va a enterarse. Nos vamos para siempre, Celestino.

No. A casa.

Deb�is honrar a vuestro padre y vuestra madre.

Celestino, por favor d�janos pasar. Hazlo por nuestro amor.

- �Nunca has estado enamorado? - Vais a ser mi ruina.

- �No sufriste? - �Y c�mo!

�Y vas a destruir nuestro amor como ellos destruyeron el tuyo

cuando la pobre chica se cas� con Agostino?

Est� bien, adelante.

- Ven, Giulietta. - Un beso. Gracias.

- Gracias, Celestino. - Venga.

Y que Dios os acompa�e.

San Andr�s...

Era �l. Era San Andr�s.

San Andr�s...

Jes�s...

Jes�s...

Jes�s...

He visto a San Andr�s.

�Qu� noche!

�Anchoas! �Venid a ver! Hemos vaciado la mar.

�Deprisa! Las barcas est�n llenas de peces.

- Eh. - �Qu� pasa?

- �Qu� sucede? - Montones de peces.

- San Andr�s hizo un milagro. - �Un milagro?

Don Gaetano, �cu�nto quiere por estos peces?

Cuccurullo, d�game usted cu�nto quiere darme.

- �Yo? �Son suyos los peces? - Se entiende que son m�os.

Digamos que 300 liras.

- �300 liras? �Est� borracho? - �Borracho?

Las anchoas se pagan como mucho a 200 liras el kilo.

- Estas anchoas son especiales. - Para pizzas.

- Anchoas especiales... - �Ya te dar� yo especiales!

- �D�nde est� el alcalde? - No est� aqu�. �Qu� pasa?

Ha llegado una carta del ministerio. De Roma.

- �De qu� ministerio? - Del de Obras P�blicas.

- �D�nde est� al alcalde? - �En casa? �En el Ayuntamiento?

Fue al funeral de Agostino.

Vamos pues al cementerio. Corramos, muchachos.

El milagro de los peces... Agostino muerto...

�Ay, San Andr�s! No fue un sue�o.

- Ap�yese en mi hombro, Sr. Alcalde. - Gracias, Baldassare.

Yo tengo la misma talla que el pobre Agostino. Su uniforme me quedar�a bien.

Pero el uniforme se lo ha llevado con �l.

No, s�lo la camisa.

- �Qu� camisa? - La blanca, Sr. Alcalde.

Menos mal.

El idiota se muri� brazo en alto. Ha hecho falta un ata�d especial.

En Amalfi, los nuevos guardias municipales miden al menos un metro ochenta.

�Y qu�?

Cuando Agostino dirig�a el tr�fico, nadie pod�a verlo.

Pero si aqu� no tenemos tr�fico, solo unas pocas furgonetas.

- Sr. Alcalde, la gente alta come mucho. - �Y los bajos no?

Sr. Alcalde...

Sr. Alcalde, espere un momento.

Una carta de Roma. Del ministerio.

Ah, s�. Bien, gracias.

Espere. Tiene que leer la carta ahora mismo.

- �Cree que me la voy a comer? - S�.

Yo, como teniente de alcalde, tengo derecho a saber lo que dice.

- Todos tenemos derecho. - Yo lo hac�a por respeto al difunto...

Vamos, l�ala.

De acuerdo.

�C�mo voy a leerla si est�n todos encima?

Adelante.

"Se�or Alcalde,

"de acuerdo con sus numerosas peticiones a este Ministerio de Obras P�blicas,

"tenemos el placer de informarle de que su petici�n ha sido aceptada

"y se le ha concedido una subvenci�n extraordinaria de 11 millones."

�11 millones!

"Su pueblo puede disponer de esta suma seg�n sus necesidades..."

�11 millones!

�Sr. Alcalde! �El discurso para el difunto!

�Qu� es lo que quiere? Este no es momento para discursos.

Pero su bendita alma...

�Y si fuese una coincidencia?

No. No. Tengo el poder.

Es mi oportunidad.

�Y si probase...?

�So! Espera.

�Camina!

�Jes�s! �Muerto!

En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp�ritu Santo, amen.

- �Don Gaiella! - �Qu� pasa, Celestino?

Vete fuera un momento, chaval.

Debo hablar con usted, reverendo.

Ya no s� si estoy vivo o muerto. Ha pasado algo extraordinario.

Ya lo s� todo, querido Celestino.

- Ha sido un milagro de la Madonna. - No, de San Andr�s.

Bueno. Tambi�n de San Andr�s.

Celestino, es el man� celestial que cae sobre nosotros.

Por fin podremos demoler esta vieja iglesia.

No aguanto m�s este falso barroco.

Podremos reedificar la antigua bas�lica bizantina.

Una nueva iglesia con columnas de p�rfido y mosaicos aut�nticos.

Perdone, Don Gaiella, �pero de qu� milagro est� usted hablando?

De los 11 millones.

He escrito al arzobispo para que el ayuntamiento lo destine a esta obra santa.

�Cu�ntas oraciones para conseguir esta gracia!

�Has entendido, Celestino? �S� o no?

Claro, lo he entendido todo.

Adi�s y felicidades, Don Gaiella.

Sal�n de Plenos

�Qu� quiere?

- �D�nde est� el alcalde? - En una reuni�n.

Es urgente que hable con �l.

Hoy es un mal d�a. No recibe.

- �Callaos! - Dejadme hablar.

Deb�is admitir que soy un gran profeta. Os dije que esos millones llegar�an.

Y finalmente...

Calma, se�oras y se�ores.

Comprendo vuestro estado de �nimo y el entusiasmo

por el hecho de que finalmente el Gobierno ha accedido a nuestra petici�n.

Pero no debemos olvidar el trabajo de nuestro diputado.

No...

No es momento para discusiones.

Estoy seguro de que nuestro sentido c�vico, el amor a nuestra ciudad,

permitir� aunar las pretensiones

en el uso de los fondos amablemente donados por el ministerio.

Protesto por la palabra "donados". Indica una mentalidad antigua y servil.

- Borb�nica. - Eso. Borb�nica.

Hablemos del uso de esos millones en vez de insultarnos.

Bien dicho. Hablemos de eso.

Tenemos que ser claros.

Ser� claro, de lo m�s claro.

Escuchadle. Tenemos que ser claros.

Dejad que hable Del Bello.

Yo soy un hombre pr�ctico. Yo no s� hacer discursos.

As� que digo,

amigos, se�ores, compa�eros, bienvenidos sean los millones.

Bienvenidos esos millones

que permitir�n finalmente iniciar la construcci�n de un dique

que proteger� las barcas de nuestros pescadores de la furia del mar.

�Las barcas de los pescadores? �Pero si son todas suyas!

- Qu� m�s da... - �Olvide a los pobre pescadores!

Te voy a...

Los concejales deben usar un lenguaje m�s apropiado.

Todos pueden expresar su propia opini�n respetuosamente.

- Yo pienso que... - Usted piensa demasiado, Sr. Alcalde.

No hay mucho que pensar.

Los millones deben servir para terminar los trabajos del t�nel,

uniendo la costa con el interior y facilitando el transporte.

�El transporte? Necesitamos hospitales para los ni�os.

- Muy bien. - �Han o�do eso?

- Pero si es el due�o de los transportes. - El m�o es un negocio honrado.

Calma, calma.

Calma, calma.

Tenemos que ayudar a los parados.

- �Y el teatro? - �No diga bobadas!

Perd�nenme. Enseguida vuelvo. Debo solucionar una cosa.

- Vamos a hacer las cuentas. - Cuando quiera.

- �D�nde est�n? - Fuera.

Sr. Alcalde, yo tengo el arma milagrosa que har� triunfar la justicia.

- Celestino, no digas tonter�as. - Sr. Alcalde...

- Olv�dalo. - Tiene que escucharme.

Sr. Alcalde...

Buenos d�as. �C�mo est�?

- �Recuerda al sargento Bill? - Pues claro.

Le traigo un regalo.

- Una bonita corbata. - Como las que yo usaba.

- Qu� amable. - Es mi socio en lo del castillo.

- Ah, el negocio del castillo. - Eso es.

Vengan conmigo, as� podremos hablar... libremente.

- Qu� feo se pone cuando se r�e. - Sinverg�enza.

- Tramposo. - Corrupto.

- Cornudo. - Cornud�simo.

Queridos amigos, vuestro proyecto es algo magn�fico.

Pero tenemos que andar con pies de plomo. Debemos luchar contra el oscurantismo.

Me enfrento a una banda de criminales.

Gente viciosa, oportunistas, fan�ticos, gente corrupta.

- Venceremos. - �Qu� ha querido decir?

Se refiere al castillo. Venceremos.

"Venceremos."

Estaba escrito en todos los muros cuando desembarcamos.

- �Dec�a eso? - No les trajo buena suerte.

Os gusta, �eh?

- �Yo me la llevar�a a casa! - S�.

Aprovechemos este momento de calma...

�Pero qu� calma?

Tomad asiento.

Vamos a discutir con una sonrisa los graves problemas que nos afectan.

Creo que nadie mejor que yo conoce los problemas de nuestro pueblo.

En mi opini�n, el m�s importante es el suministro de agua.

�El suministro de agua? �Pero qu� est� diciendo?

Para m� no es problema porque yo no tengo barricas de vino.

- Ustedes no tienen sentido c�vico. - �Sentido c�vico?

- �El t�nel! - �El hospital!

- �El teatro! - �Qu� teatro?

He sabido, porque yo siempre lo s� todo,

que van a llegar al ayuntamiento 11 millones de Roma.

No se pongan a hacer planes

porque los 11 millones deben ser para la memoria de mi difunto marido.

- �Para hacerle un monumento? - Para hacerle un monumento.

Al difunto caballero, mi marido.

Un gran poeta, el caballero.

S�, el gran poeta que les ha prestado a todos y ha hecho tanto bien al pueblo.

S�, exprimi�ndonos como usted.

Como no le hagan el monumento, les reclamo los pr�stamos,

ya sean de 100 liras o de un mill�n.

- Lo que nos faltaba. - �De verdad era poeta?

Escribi� una postal en verso cuando hac�a la mili.

Vosotros re�ros, pero podr�a mandarnos a todos a la c�rcel.

�Y t� qu� quieres?

Sr. Alcalde, debo hablar con usted. Es urgente.

- Echadle fuera. - Que se largue.

�C�mo se atreve a entrar aqu�, sinverg�enza?

�Hay que ver, entrar aqu�!

Algunos quieren gastar los 11 millones en reconstruir la iglesia,

Cuccurullo quiere un t�nel, Del Bello quiere un dique.

Lo cogen todo, lo gastan,

y nosotros los pobres seguimos muri�ndonos de hambre.

�Sab�is lo que pienso?

Deber�amos decidir nosotros en qu� se gastan los 11 millones.

Los recolectores de limones somos los esclavos de este pueblo.

Los ricos a los que servimos pondr�n el dinero en sus bolsillos

y se olvidar�n de nosotros.

Enfrent�monos a esos canallas.

S�lo piensan en s� mismos.

A los pescadores nos explotan siempre.

Los millones del gobierno deber�an ser para nosotros.

- �Mirad eso! - Es una de las americanas.

�No le da verg�enza! �Mira qu� descocada!

- Celestino, ven al puerto. - Ya voy.

- Date prisa. - Ve t� delante.

- �Puede echar un ojo a la tienda? - Claro, vaya tranquilo.

- �Qu� quer�is? - Necesitamos fotos de ella.

�Has visto alguna vez una mujer m�s guapa por aqu�?

- Venga. - Vete por la c�mara.

- Saca una fotograf�a, Celestino. - �Qu� quieres?

- Date prisa. - Largo de aqu�.

- �Y t� qu� haces en esa silla? - �Est� prohibido sentarse?

- En esa silla, s�. - Yo me quedo aqu�.

Qu� caradura. Esa silla es s�lo para clientes.

- �Y yo no soy clienta? - �T� una cliente? �Qu� quieres?

Me manda Do�a Amalia. Quiere una gran ampliaci�n de esta fotograf�a.

Dice que es urgente y que tiene que quedar bien.

No necesitamos consejos.

- Lo quiere tama�o natural. - �Para ponerlo en la plaza?

Es para el escultor que va a hacerle un monumento.

Los millones hay que gastarlos en el alcantarillado, no en un monumento.

A Do�a Amalia el monumento es lo que m�s le importa.

Ya, porque ella vive all� arriba.

Si viviera aqu� abajo, oler�a esta peste.

Yo pago muchos impuestos y espero que arreglen el alcantarillado.

�Alcantarillas! �Alcantarillas!

Es usted un ingrato.

Los deseos de Do�a Amalia deber�an ser �rdenes para usted.

Hace 34 meses que no paga renta.

Mira, guapa, estoy pagando un inter�s del 600 por ciento, �comprendes?

�Y c�mo dice eso delante de la gente?

�Delante de otras personas?

�Qu� ocurre?

Han pillado a Giulietta y Romeo.

�Giulietta y Romeo!

�Largo!

�Dejadnos en paz!

�D�nde los hab�is encontrado?

- �Giulietta! - �Esa desvergonzada!

C�llate. No entiendes nada.

Es una buena chica. Ellos se quieren.

�Giulietta! �Giulietta!

�Romeo! �Romeo!

- �Desvergonzada! - �No ten�is verg�enza!

�Romeo!

�Giulietta!

�Giulietta!

�Giulietta!

Venid r�pido. Es aqu�.

Bien.

Por aqu�.

Me parece que esa no es la ventana de la americana.

- No, es la otra. - �Seguro?

- Venga, adelante. - Dijeron que era aquella.

Toma la trampa.

- Dame la mano. - Seguid tocando.

Mira, es esa ventana.

Vamos.

Camina.

S�, est�n aqu�.

- �Y ahora qu� hacemos? - Coge la escalera.

Ap�yala en la pared.

Traer� todas las ratas del pueblo si con ello viene a mi casa.

- �Y por qu� no a la m�a? - Calla. Da igual.

No hag�is ruido.

- �La veis? - Espero que se quite la bata.

Esperemos.

Es preciosa.

Ya lo creo.

Mirad, chavales. Mira qu� cosa.

- �Est� ah� el rat�n? - S�, est� dentro.

Recuerda, no lo dejes salir antes de tiempo.

All� va.

�Qu� pasa?

�Joe, despierta! �R�pido! Aqu� hay un animal.

�Qu� ocurre?

Joe, dijiste que tus antepasados hab�an vivido aqu� por cuatro generaciones.

- Cinco generaciones. - �Cinco generaciones?

Joe, esto es un zoo, no una casa.

- �Qu� dice? - Que nuestra familia vive en un zoo.

�Vosotros deber�ais estar en un zoo con vuestras mujeres desvergonzadas!

- �Retire esos insultos! - D�jalo. Est� chapado a la antigua.

�Que le den!

�Qu� pasa aqu�?

Largu�monos.

�De verdad crees que los ratones son insectos?

�Ese viejo loco va en serio?

Ah, s�.

�Hasta un monumento!

- �Qui�n anda ah�? �Un ladr�n! - �Al ladr�n!

Vine a recuperar lo que es m�o.

Devu�lvame mis pagar�s o si no...

�Do�a Amalia? �Do�a Amalia?

�Do�a Amalia! �Do�a Amalia!

�Do�a Amalia! �Do�a Amalia!

�Do�a Amalia! Do�a...

�Est� muerta! �Est� muerta!

�Venid r�pido! �Do�a Amalia est� muerta!

�Est� muerta! �Est� muerta!

�Venid r�pido! �R�pido!

�Doctor! �Venga r�pido!

�R�pido! �Doctor!

�Venga r�pido!

�Doctor! �Doctor!

�Doctor! �Doctor! �Doctor...

El doctor est� durmiendo. No se le puede molestar.

Est� muerta. Est� muerta. �Est� muerta!

�Est� muerta!

�Est� muerta!

- �Por qu� grita? - Busca al doctor.

- �Pero qu� pasa? - Busco al doctor.

- �D�nde est� el doctor? - Est� durmiendo.

Doctor, baje. Alguien lo busca.

- �Doctor! - �Qu�?

- �Qui�n me busca? - Ha muerto Do�a Amalia.

- �Qui�n? - Do�a Amalia.

Si est� muerta, tienen que llamar al cura.

- �C�mo muri�? - La mataron. Tiene los ojos abiertos.

Vamos a verlo, Doctor.

Zina, tr�eme la chaqueta. Caterina, el malet�n.

- Volved a la cama. - Vamos r�pido, Doctor.

Me acuesto temprano y me sacan de la cama.

Doctor, est� muerta y tiene los ojos abiertos.

�Qu� pasa en este pueblo?

- Par�lisis psicomotora completa. - �De verdad?

Causada por un trauma nervioso.

Ser�a por miedo a que le robaran.

El miedo de los ricos. Llevadla all�.

Coge por all�, Luigi.

Con cuidado, no os hag�is da�o.

Pobre Do�a Amalia.

Fijaos c�mo ha quedado.

Venga, camina. Y llora, idiota, llora.

Pobre t�a Amalia. Qu� desgracia.

Celestino, haz el favor de ir a la farmacia y trae estas inyecciones.

Ahora mismo, Doctor.

S� que es una desgracia, despertarnos en plena noche.

Yo esperaba que...

O sea, cre� que estar�a muerta. Pero no...

- �Acaso es culpa m�a? - No es broma, Doctor.

�Usted cree que sobrevivir�?

�Qui�n sabe? Podr�a vivir un d�a o 100 a�os.

Ya.

No podr�a hacer algo para...

- �Para hacerla morir? - �Pero qu� dice, Doctor?

- Pobre Do�a Amalia. - No hace falta todo eso.

- No est� muerta. - �C�mo?

- No est� muerta. - �Lo ves? No est� muerta.

- �De verdad? Entonces... - Nadie hereda nada.

- De momento no hay herencia. - Es que nos dijeron que...

Par�lisis psicomotora total.

- Ella no habla. - Ni oye.

Ni habla, ni oye, ni se mueve. Entrad.

Pobrecita.

- Usted primero. - No, por favor, usted primero.

Pobrecita.

Qu� hip�critas. Me ponen enfermo.

Pobre Do�a Amalia.

�Qu� te parece? �Habr� otros parientes?

- Se est� muriendo. - �S�?

Pobre t�a. Debe estar sufriendo mucho.

Ser�a mejor que el Se�or se la llevase.

Don Felice, tiene cal en los pantalones.

- Ah, s�. Gracias. - �C�mo ocurri�?

Y usted tiene cal en la manga.

Ah, s�.

Don Gaetano, esta noche usted ha estado aqu�.

- S�, como usted. - S�, como yo.

- Debemos portarnos como hombres. - Los negocios son los negocios.

D�jeme a m�.

Es usted m�s sinverg�enza que yo.

Aqu� est�.

"Para ser abierto tras mi muerte."

- �El testamento? - S�.

"Dejo todos mis bienes muebles e inmuebles a las tres personas m�s pobres del pueblo."

�A las tres personas m�s pobres del pueblo!

- �Miserable prestamista! - �Espero que Dios la castigue!

Estamos a tiempo de evitar esta injusticia.

Cuidado.

- Qu� desgracia. - �Qu� hacemos ahora?

Sr. Alcalde, �puede usted encargarse de sus intereses durante su enfermedad?

Claro, no tengo ning�n problema.

Pero s�lo si sus parientes y herederos est�n de acuerdo.

- �Qui�n mejor que usted? - Nadie.

Adelante. Lo que usted haga, bien hecho estar�.

Si me disculpan, debo marcharme.

Mis barcas est�n a punto de llegar. Con permiso. Buenas noches.

- �Celestino! Las inyecciones. - Perdone, Doctor.

Qu� tonto soy.

Don Gaetano, pare.

- Don Gaetano, pare. - D�jeme. �Qu� es lo que quiere?

Don Gaetano, vuelva ahora mismo y deje el testamento donde estaba.

�Pero qu� dice? �Est� loco? �Qu� testamento?

Lo sabe muy bien. Vuelva ahora mismo.

No le entiendo. D�jeme pasar.

Don Gaetano, escuche. Robar a los pobres es peligroso.

Claro que es peligroso.

Voy a darte una lecci�n, canalla.

�No te parece?

No. Escucha. Ajo, aceite y pimiento.

- Bueno. - Algunos a�aden anchoas y or�gano.

�Qui�n es? Es Celestino.

Debe estar herido.

Debe haber resbalado. Llev�moslo hasta la fuente.

B�jalo ah�.

Despierta, Celestino.

�C�mo habr� pasado?

Siempre anda corriendo como un loco, y con todas estas malditas escaleras...

- Siempre he dicho que es un pueblo maldito. - Es verdad.

En cuanto pones un pie fuera de casa, hay que subir o que bajar.

- �C�mo te sientes, Celestino? - Robar a los pobres es peligroso.

Es m�s peligroso robar a los ricos.

- �No es cierto, brigadier? - Tiene raz�n.

Estate quieto.

As�.

Han llegado los americanos. Se han mudado otra vez.

Por aqu�, seguidme.

P�deles un cigarrillo.

- Unos escalones m�s. - �M�s escalones?

Ya casi llegamos.

Y ahora a bajar, que es m�s c�modo.

En mi vida he visto tantas escaleras.

Mi padre quer�a arreglar estas, pero no era f�cil con los alemanes aqu�.

O puede que fueran los americanos. No me acuerdo.

Demasiadas escaleras para acordarse.

Se llevaron tantas cosas que pap� pens� que no val�a la pena arreglarlas.

�Ya llegamos?

Pasen.

- Aqu� no hay ratones. - �De verdad?

Esta es la casa m�s limpia de todo el pueblo.

- Hasta tiene dos entradas. - Una casa preciosa.

Cuidado con las escaleras.

�Qu� pasa?

Pasen, pasen.

Miren esto. Todo del siglo XVII.

Algo muy especial.

Entramos en el sal�n verde. Miren.

Miren esos cuadros, el piano.

A�n no han visto nada. Hay hasta una capilla privada. Se la ense�ar�.

- Miren qu� cosa tan hermosa. - Maravillosa.

- Muy especial. - Es una obra de arte.

Hasta tenemos "La Huida a Egipto". Miren,

Es del siglo XVII.

Perdone, �tienen tambi�n aseos?

Ah, el ba�o, el servicio. Est� en la terraza.

- �D�nde? - En la terraza.

Esto est� mucho mejor. Tienen ba�o con terraza.

- Vengan. Miren este cuadro. - Es bonito.

Es un cuadro aut�ntico del mism�simo pintor D'Amato.

Esta es una radio original�sima, marca alemana.

O americana, No me acuerdo.

Aqu�, como ve, hay muchos m�s cuadros.

Pase para ac� para verlo mejor

Las se�oras pueden sentarse si est�n cansadas.

Eso, all�.

Y ahora pasamos al gran sal�n,

d�nde hay todav�a muchos m�s cuadros.

Tenemos muchos cuadros, pero pocos cuartos.

Venga. Pase, pase.

Mire esto.

Esa es la abuela de mi padre. Esos son mis t�os.

Est� lleno de antepasados que yo no conozco

porque son de siglos antes de nacer yo.

Aqu� hay m�s cuadros antiguos.

Abuelos, bisabuelos, tatarabuelos.

Aqu� hay muchos. Como en un cementerio.

- Pase, Doctor. - Despu�s de usted.

- �As� que vino usted tambi�n? - Usted fue m�s �til.

Fue la voluntad del Se�or.

- �A qui�n esperan? - �Qui�n sabe?

Los trajeron los se�oritos. Hablan como los soldados americanos.

�Le apetece un caf�, reverendo? �Una copita, Doctor?

Una taza de caf�. P�nganse c�modos.

- Buenos d�as, reverendo. - Buenos d�as.

Venid, venid. Vamos.

- Buenos d�as. - Buenos d�as.

Aqu� debe haber pasado algo.

- Te ruego que no me dejes sola. - Giulietta, ten valor.

Buenos d�as.

Siempre est�n en medio.

Buenos d�as.

Por aqu�.

�Pero qu� te pasa? No llores, idiota.

- Pobre Sr. Del Bello. - Aqu� nadie hereda nada.

- �Abra! - �Qui�n es?

- Los carabineros. - �D�nde est�n los carabineros?

�D�nde est� el testamento? D�melo ahora mismo.

�Qu� testamento? �Yo voy a vivir hasta los 100!

Esto no es cosa de broma. Usted rob� el testamento de Do�a Amalia.

Usted es un loco o un estafador. Voy a llamar a los carabineros.

Cuccurullo, su tiempo acaba ma�ana a mediod�a.

- Pap�, los americanos est�n aqu�. - �Los americanos? Bien.

- Entren. - Est�n en su casa.

- �Hola! �C�mo est�? - Muy bien, gracias

Usted y yo tenemos que hablar de negocios.

En este pueblo hay mucho que hacer. Podemos ser socios.

Yo pongo mis conocimientos y usted pone la pasta.

- La pasta, �eh? - No, el dinero. Liras.

Pap�, �tienes un momento?

Pap�, tienen que irse o me voy yo.

- T� eres idiota. - Pero si hablamos de traerles.

�T� no eres amigo de los americanos?

Claro que soy amigu�simo. Pero es por su sobrina.

Entonces es que no le gusta mi sobrina.

Claro que s�, pero estoy comprometido.

- T� eres idiota. - Por favor, disc�lpelo.

"Cavalleria rusticana".

Don Felice, le he dado hasta ma�ana por la ma�ana.

Si no devuelve el testamento, har� que acabe como Don Gaetano.

�Qu� hace?

Est� espantando el mal de ojo.

Pongo cuernos, para quitar el mal de ojo.

Ya est�, San Andr�s. Se ha hecho justicia.

Mi casa es un para�so, est� tranquilo.

Solo hay un par de ni�os, pero son educad�simos.

- S�. - �Otra vez sin casa los americanos?

�Dec�a que la casa estaba cerca?

- S�, ya falta poco. - Gracias a Dios.

- Solo 20 escalones. - �20 escalones?

- S�. - �20 escalones!

Valor...

Ya llegamos. Podr�a quedarse 100 a�os en esta casa.

Nadie tiene intenci�n de morirse. Solo unos pocos pelda�os.

Quise que vinieran aqu� desde el primer d�a.

Pero todos hubieran dicho que abusaba de mi autoridad como alcalde.

No tiene idea de lo que la gente osa pensar o decir en este pueblo.

Sobre todo de m�.

Ya no hay respeto por la autoridad.

�Han llegado los americanos!

Est�n ustedes en su casa.

Estos son mis ni�os. Son educad�simos.

- �D�nde est� la se�ora? - En su habitaci�n.

Av�sala. Nuestros invitados est�n aqu�.

�Callaos! �Qu� han dicho?

- Celestino est� en el sal�n. - Que se largue.

- La fotograf�a... - �Qu� fotograf�a?

Quiere hablar con usted, y si no, se queda a dormir.

�Tambi�n �l? Acompa�a a los se�ores al cuarto de invitados.

- Disculpen. Enseguida vuelvo. - Por supuesto.

- Sr. Alcalde, con respecto a... - Venga ma�ana al ayuntamiento.

Espere, por favor. Es una cosa muy urgente.

- Ma�ana ser� demasiado tarde. - �Pero qu� es?

Sr. Alcalde, �sabe lo que hay aqu� dentro?

�Qu� es esto? �Un acertijo? Yo qu� s�. �Una carta?

- Es el testamento de Do�a Amalia. - �C�mo? �El testamento?

- �C�mo lo ha encontrado? - No me pregunte como ha llegado a m�.

No se lo dir�a ni aunque me maten.

�C�mo est� en sus manos?

Quer�an destruirlo, pero yo lo he impedido.

- Bien hecho. - Se lo conf�o a usted.

Tiene que hacer que se respete la �ltima voluntad de Do�a Amalia.

�Comprende? Cuando el Se�or se la lleve...

Claro. Cuando el Se�or se la lleve...

Celestino, �t� lo has le�do?

Claro que s�. Es maravilloso.

�Qui�n habr�a pensado tal generosidad de su parte?

No, es verdad.

Es una maravilla. Pi�nselo, Sr. Alcalde.

Los tres m�s pobres del pueblo, ricos de repente.

�Ricos! Ya no sufrir�n m�s. �No le parece una maravilla?

Cierto, una maravilla. Pero no te excites tanto, Celestino.

- Est�s muy nervioso. C�lmate. Si�ntate. - Gracias.

Es la Providencia quien te ha tra�do a mi casa, �comprendes?

Menos mal que San Andr�s vela por nosotros.

�Alguna vez te han hablado de econom�a?

Siempre, por desgracia, desde el d�a que nac�.

No hablo de econom�a dom�stica. Yo hablo de la ciencia.

Si�ntate. Hablo de la ciencia llamada econom�a.

Esa ciencia demuestra que el capital fraccionado se dispersa y se pierde.

- No entiendo. - Me explico.

Si los millones de Do�a Amalia acabaran en manos de tres miserables

que, por falta de costumbre, no sabr�an c�mo administrarlos,

�qu� ventajas tendr�a eso para nuestro peque�o pueblo?

Ninguna. �No est� claro?

Pero s�... enti�ndeme bien...

si esos millones fueran administrados

por una persona capaz, inteligente y honesta,

sobre todo honesta,

podr�an representar una fuente de riqueza para todos.

�Has entendido, Celestino?

S�, lo he entendido. Es tan malo como los otros.

�Celestino!

- Disculpe. - Espere un momento.

- �D�nde est� el aseo? - �Qu�?

- El aseo. - �Qu� es el aseo?

- El tocador. - Ah, el tocador.

- Junto a la cama. - �Tocador de cama?

- S�, junto a la cama. - �Junto a la cama?

�Celestino! �C�mo?

- No es posible. - �No? Entonces use el balc�n.

- Celestino. - �Mamma mia!

Celestino, �a d�nde vas corriendo?

- Le beso la mano. - Yo te bendigo, hijo.

Si�ntate con nosotros. �A d�nde vas con este calor?

Lo siento, Doctor, pero tengo que hacer algo urgente.

�T� crees que el reverendo y yo no tenemos cosas urgentes?

A m� me espera alguno para nacer.

A �l lo espera alguno para morir.

Mientras esperan salen ganando. Si�ntate.

Doctor, le gusta bromear, pero le aseguro que no tengo tiempo para bromas.

Pero Celestino, �qu� te ocurre?

Perdone, pero no puedo dec�rselo.

Usted me bautiz� y debe creerme

si le digo que trabajo por la justicia,

por el bien de todos y contra el mal de unos pocos malos.

Y yo te creo, hijo, te creo.

Tienes suerte, Celestino, si distingues el bien y el mal.

Yo a�n no puedo despu�s de tantos a�os.

Siempre caminan juntos y es f�cil confundirlos.

�No es cierto, Don Schiavone?

Lo que cuenta es la intenci�n.

Dios ve en nuestros corazones y �l juzgar�.

Y mientras tanto los malos triunfan y los buenos siempre pierden.

Debemos hacer algo, Doctor. Combatir.

Debemos exterminar a todos los malvados.

Solo as� podremos entrar en el reino de los cielos. Solo as�.

- Debo irme. - Celestino, p�rgate.

Siempre est� burl�ndose de �l.

Celestino es un alma simple.

A �l le resultar� m�s f�cil entrar en el reino de los cielos.

Vamos, reverendo.

Si no, corremos peligro... �Malditas escaleras!

Corremos peligro de que usted llegue despu�s del bautismo

y yo despu�s del funeral del paciente.

Escaleras... Siempre escaleras en este maldito pueblo...

Tenga, Do�a Amalia. Le he tra�do el testamento.

Esos canallas quer�an destruirlo,

pero yo lo he salvado por el bien de todos, Do�a Amalia.

Le beso la mano.

Dejarle todo a los m�s pobres del pueblo.

As� puede morirse contenta. Y le haremos un monumento. Lo prometo.

No... No... Qu�malo. Qu�malo.

No le dejo nada a nadie. Me lo llevo todo conmigo.

�Malditos sean todos!

�Jes�s! �Jes�s! �Milagro! �Do�a Amalia habla!

�Do�a Amalia habla!

Diga algo. Hable.

De momento pongo el testamento en su sitio.

�Maldita bruja! �Condenada prestamista!

Ya est�. Esta tambi�n est� lista.

�Moscas malditas! �Cu�ndo arreglar�n el alcantarillado?

�Malditas criaturas! Todo lo ensucian.

Eh, Celestino.

Doctor, cierre la puerta, por favor. Si no, el estudio se llena de moscas.

�Qu� tal va la cabeza, Celestino?

Mi cabeza va bien. Es la cabeza de otros lo que no funciona.

Todos dicen eso, hasta los locos. Si es que hay alguien que no est� loco.

�Qu� calor!

�No notas el calor y el hedor?

Me han llamado los parientes de Do�a Amalia, parece que est� peor.

Doctor, una vida malvada merece un mal final.

Esa es dura de pelar.

Doctor, est� muerta.

�Muerta? �Por fin!

No me malinterpretes, lo siento por ella,

pero as� me libro de tener que subir all� arriba.

El certificado de defunci�n pueden recogerlo en mi casa.

�C�mo es posible que tenga que subir tantas escaleras

por los cuatro cuartos miserables que me paga el ayuntamiento?

Qu� calor, Celestino.

Me gustan los pobres, pero no por sentimientos democr�ticos,

sino porque viven abajo, mientras los ricos est�n en lo alto.

Demasiado en lo alto, Celestino.

�Vamos a hacernos la foto!

- �Qu� quer�is? - Una fotograf�a.

- �Qui�n paga? - �l.

Estaos quietos o Celestino no os har� la fotograf�a.

Uno, dos, tres.

Quieto.

�Est�! El siguiente.

Uno, dos, tres.

Quieto. Saluda.

�Hecho!

- �Montones de dinero! - �A qui�n has robado?

No te muevas.

Uno, dos tres.

Hecho.

- Ah� va el ata�d de Do�a Amalia. - Y el de Cuccurullo.

- �A d�nde vais? - Al cementerio.

Dad la vuelta. Tenemos que dejar de llevar los muertos a la torre.

Es una costumbre b�rbara.

Yo te dir� lo que es b�rbaro.

El canalla del alcalde vendiendo el cementerio a los americanos.

�Lo hab�is o�do? �Han vendido nuestro cementerio!

�Lo hab�is o�do? El alcalde ha vendido el cementerio.

�El alcalde! Ha vendido el cementerio con todos los muertos.

A los americanos. �Qu� verg�enza! Lo venden todo.

�Os hab�is enterado?

�Qu� pasa?

El alcalde vendi� el cementerio a los americanos.

Yo lo arreglar�.

En nombre de la ley, yo, Girolamo Fulchignoni, notario del distrito de Amalfi,

llamado por los herederos de la difunta Amalia Scapece, leer� su testamento.

Un momento. Tengo una objeci�n.

El sobre que lo contiene est� rasgado y abierto.

Sr. Alcalde, esto est� registrado.

Puede apelar a las autoridades judiciales.

- Siga adelante. - Es igual. L�alo.

"Estas son mis voluntades.

"Yo, Amalia Scapece, en pleno uso de mis facultades,

"dejo mis bienes muebles e inmuebles

"a los tres pobres m�s pobres del pueblo."

�Calma, se�ores!

Un momento, Calma. Dejadme hablar.

Notario, ese testamento fue escrito por una demente.

Estaba mentalmente perturbada. Podemos probarlo.

Hagan lo que quieran, pero este es el testamento.

�Sr. Alcalde? �Qu� le pasa?

�Se puede saber cu�nto quieres por las anchoas?

�Tengo que dec�rtelo yo? Eres t� quien quiere comprarlas.

- �Y qu�? Las anchoas son tuyas. - Claro.

- Digamos que a 300 liras. - �300 liras?

- �Por esas anchoas? - Son anchoas especiales.

�Especiales? Son diminutas.

�Ahora lo entiendes! Ahora me toca a m� estafar a la gente.

�Estaf�bamos nosotros? Sin nosotros todos se hubieran muerto de hambre.

�Grandes benefactores!

Tu padre era el que estafaba a todo el mundo.

- �Cuidado con lo que dices! - �Qu� pasa?

�No te permito que insultes a mi padre, canalla!

�Has visto, Celestino? Y t� dec�as que hab�a que terminar con los malos.

Pero en cuanto el Se�or se lleva a uno, surgen otros dos.

Se r�e demasiado, Doctor.

En este pueblo no hay m�s que escaleras.

Solo unas pocas m�s.

Hola. Bienvenidos de nuevo.

- Estoy agotado. - Ahora descansar�s.

Hola, querida Helen. Dame esa maleta.

Cuidado.

- Todo recto, Bill. - No te preocupes.

Qu� desgracia, en cuatro d�as han cambiado cuatro veces de casa.

Tienen mal de ojo. En todas las casas se ha muerto alguien.

- �Bobadas! - No, todos tuvieron muertes raras.

- Esos tienen gafe. - Eso son bobadas.

La muerte siempre es algo raro.

Siempre me asombra cuando veo a alguien

que poco antes viv�a, hablaba, razonaba,

y luego de repente ya nada.

�Viva Do�a Amalia! �Ha dejado el dinero a los pobres!

�Ha visto?

Ahora que Do�a Amalia est� muerta, todos hablan bien de ella.

Claro. Ahora todos van tras los mendigos que heredaron su patrimonio.

�Ten�an que ser ellos los que se quedaran con todo el dinero!

Hizo bien. Es la �nica buena acci�n que hizo en su vida.

Al final esos pobres tendr�n una vida decente.

Los tres m�s pobres al fin podr�n comer y vestirse.

�Pero qu� pobres? Luigi y su banda eran los mayores ladrones del pueblo.

- �Pero qu� dices? - Tambi�n le robaba a Do�a Amalia.

�Tambi�n �l? �Nadie va a salvarse!

Ahora ver�s, miserable.

�Viva Luigi!

�Los pobres han heredado!

�Queremos el testamento!

�Apartaos!

Dejadme pasar. Apartaos.

- �Luigi es rico! - �Es rico!

�Est� muerto!

- �Celestino! - Hay un gafe en este pueblo.

�Celestino! �Celestino!

�Abre, Celestino! �Abre!

�Celestino!

Celestino, �qu� has hecho?

Usted no cree en milagros, �no? Cree s�lo en la ciencia.

Pero d�jeme decirle que Celestino Esposito, el �ltimo de los desgraciados,

es m�s potente que la bomba at�mica.

Mire, Doctor. Esos hip�critas, miserables y rufianes.

- Tengo el poder de terminar con ellos... - �Celestino, detente!

�Qu� tratas de hacer? �Te has vuelto loco?

�Eres un criminal!

�No!

�Doctor?

Est� muerto.

Lo he hecho yo.

Soy un criminal.

No...

�Maldito sea!

Soy un criminal.

Soy despreciable.

Soy un malvado.

S�, soy un malvado.

Me castigar� con mis propias manos.

Esto...

Pero primero debo destruir a la persona que me dio el poder de destruir.

T� has sido mi ruina.

- �Me has llamado, Celestino? - �Criatura maldita!

�Se puede saber qui�n eres?

- D�jalo. - Ya lo s�.

No eres San Andr�s. No puede ser. Eres el demonio.

�Podr�a ser un santo si te ense�� a matar?

�Maldito! �Maldito! Te destruir�.

No puedes destruir nada. Yo ya estoy muerto.

�De verdad? La m�quina te destruir�.

�Muere!

El diablo. Sat�n.

S�, soy el diablo. Un pobre diablo solo y desgraciado.

Nada me sale bien.

No me mandar�n m�s a la tierra.

Me lo dijeron, "Eres demasiado viejo."

Yo que esperaba tanto de este invento m�o.

Esperaba destruir todo el pueblo.

�Qu� maravilloso invento! �No ves que has condenado a 6 personas?

Sus almas no se salvar�n.

No digas tonter�as, Celestino. Al infierno ya no va nadie.

El de arriba es tan bueno, que los salva.

Con que haya hecho una sola buena acci�n y se arrepienta,

le perdona inmediatamente.

�De verdad?

Palabra.

Con este invento

esperaba hacer carrera y labrarme una reputaci�n.

Porque hasta en el infierno hay categor�as.

Ahora volver� all� abajo.

Espera. Escucha un momento.

�No puedes resucitar a mis v�ctimas?

Soy un pobre diablo, pero tengo ese poder.

Claro que puedo hacerlo.

pero cuando vaya abajo, tendr� problemas.

Pues entonces no vayas.

- �Y qu� hago? - Qu�date aqu�.

Si me quedo aqu�, perder� mi derecho a la inmortalidad.

Y ya soy tan viejo. Tengo 113.000 a�os.

Perder�s la inmortalidad del diablo, pero entonces...

Vamos, haz la se�al de la cruz.

No, as� no. Espera.

No te han ense�ado la se�al de la cruz. Hazla conmigo.

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Esp�ritu Santo.

Amen.

�Qu� fue eso?

Un milagro.

- Dime cu�nto me quieres dar. - �Yo?

Es la voz de Del Bello, y Cuccurullo. �Entonces no est�n muertos?

Claro que no.

�El doctor! �D�nde est� el doctor?

- �No ha venido? - No, el doctor a�n no ha venido.

- �Y los otros? - Celestino...

No puede estar aqu�. Mu�vase.

- �Tambi�n el guardia! - Est� bloqueando el tr�fico.

Menos mal. �No quiere una tacita de caf�?

Le dir� a la gente que es un viejo pariente.

Un pariente, s�.

De la parte de Ca�n.

Ya quitan el decorado, se�oras y se�ores, la comedia ha terminado.

Esta es la moraleja.

Haz el bien, sin exagerar.

Evita el mal si quieres salvarte.

No te apresures a juzgar.

Y pi�nsalo tres veces antes de castigar.

Y ahora me voy, pero antes de irme

Saludo al p�blico y me despido.

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