All language subtitles for Confessions.of.a.Frustrated.Housewife.1976.v2

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Original subtitles

LA MUJER DE MI PADRE

BUEN VIAJE

¿Qué pasa?

Nada, nada.

Pero...

Nada.

No sé qué me pasa.

Estaba pensando en una cosa que quizás deberíamos...

- Deberíamos... - ¿Te parece éste el momento?

Bien...

Perdóname.

Buenas noches.

Y según tú, ¿qué debo hacer?

- ¿Me lo preguntas a mí? - ¿Y a quién se lo pregunto?

¿A los de los consultorios eróticos de las revistas semanales?

¡Maldita sea!

¿Quieres decirme qué te pasa?

Tu forma de hacerlo... ¡Me irrita, me exaspera!

Cada vez siento... que tengo que pasar un examen.

Es insoportable, una pesadilla.

Por eso no puedo hacerlo.

¿Por qué no me dices que hay otra mujer?

¡Por eso no puedes hacer el amor conmigo!

Sólo nos queda una solución.

¿Cuál?

Mira, si vamos a continuar así, será mejor que nos separemos.

Lo que tú digas, de acuerdo. ¡Lárgate!

No soportas vivir conmigo, ¿eh? ¡Entonces vete!

Siete años juntos no significan nada para ti, ¿verdad?

Sin embargo, al principio no era así, ¿eh?

Bueno, allá vamos.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Dígame, la escucho.

Antonio... estoy aquí.

Estoy esperando a que me digas qué hacer.

- ¿Y me lo preguntas a mí? - Claro que te lo pregunto a ti.

Fuiste tú quien decidió el tipo de vida que debíamos llevar,

si no me equivoco.

Una vida inútil, superficial...

Noches aburridas de charlas, whisky y póquer.

Lo único que hacemos es siempre lo mismo,

bebemos, decimos tonterías,

fingimos disfrutar un montón,

sólo que nunca encontramos un momento para nosotros.

Un matrimonio es una cosa muy distinta.

Un matrimonio es sobre todo amor, ¿no?

Sí, desde luego, pero también comprensión...

Tolerancia.

Padre, yo acepté todo de él... Siempre.

Y ahora quítate esto de encima. ¡Vamos!

Deprisa. ¡Vamos!

Un hombre que acabó por considerarme

una cosa para usar en su tiempo libre.

¿Y a qué atribuye ese comportamiento hacia usted?

¡Tu forma de hacerlo me exaspera!

Antonio...

Quizás... estás un poco cansado.

- Deberías descansar. - ¡Bah!

- Tal vez ver a un médico. - ¡Vete por ahí!

No necesito ningún médico.

¿Por qué repites siempre lo mismo?

Perdona, me gustaría ayudarte, pero tú me lo impides.

Si hablases más conmigo...

Me siento como si me hubiera convertido en una desconocida.

Ya no sé nada de tu trabajo.

No conozco tus preocupaciones.

Lo que no me gusta es que me atosigues.

Odio que me preguntes adónde voy,

qué hago, cómo estoy, qué demonios pienso.

Soy tu mujer,

y todo lo que te concierne a ti también me concierne a mí,

¿o me equivoco?

¿Y desde hace cuánto vives esa situación?

Pero al principio no era así, ¿verdad?

¿Tienes algo que reprocharme?

Cuando te casaste conmigo todo era perfecto.

Todo estaba bien, la provincia, esta ciudad...

Mis ingresos, mi trabajo...

Pero en aquel momento, para ti,

yo era la solución ideal a tus problemas familiares, ¿eh?

Ahora estás tratando de convencerte

de que nunca hubo nada bonito y sincero entre nosotros.

Hasta ahora, si lo he entendido bien,

me ha dicho que su matrimonio está en crisis debido a, sobre todo,

a los defectos de su marido, al que ha descrito como un hombre

tosco y arrebatado.

Pero en confesión uno cuenta sus propias faltas, no las de los demás.

¿No cree que su problema tiene su origen en errores cometidos por usted?

La búsqueda del placer es uno de los fines lícitos del matrimonio.

¿Se ha preguntado si usted, por su parte,

ha hecho todo lo posible para que la vida conyugal sea satisfactoria?

Reflexione, analice el pasado.

Basta, tengo que dejar de jugar contigo.

Lo único que hago es adelgazar, y ya lo estoy bastante.

¿Sabes cuál es mi problema?

Como poco y follo mucho.

Uno se hace viejo, no hay remedio.

¿Sabes? Folla menos y come más.

Y venir aquí un poco más a menudo,

para nosotros es el mejor tratamiento, ¿sabes?

Oye, que el médico soy yo, no tú.

Se sabe que los médicos son los peores pacientes.

¿Sabes que te envidio?

- ¿Por qué? - Tienes una mujer preciosa.

Os queréis.

Llevas una vida ordenada y tranquila.

Si estás en forma se lo debes a ella.

Yo, en cambio, empiezo a estar harto de la vida que llevo.

- ¿Y tu mujer? - Dejemos eso.

Bueno...

Todos tenemos problemas, ¿sabes?

Por cierto, precisamente quería hablarte de eso.

El caso es que eres demasiado formal.

Si engañases a tu mujer como hacemos todos los maridos del mundo,

estarías de buen humor.

¿Por qué...?

¿Por qué no pruebas... con una adolescente, eh?

Déjalo ya...

Uno de estos días iré a verte a tu consulta.

Me gustaría conocer tu opinión.

Cuando quieras, amigo mío.

Si tienes algún problema, como amigo y como médico...

- Hablamos. - Gracias.

Pero ahora no...

Tenemos tiempo. Sin prisas.

Dentro de los boletos, todos dentro.

- ¿Quién lo saca? - Yo, lo saco yo.

Sentaos.

Un poquito de silencio, por favor.

Silencio, por favor.

Atención, ¿cómo era la primera pregunta?

Ah, sí. ¿Qué es lo que más te gusta de él?

Respuesta: el pajarito.

¿Qué te había dicho?

Continúa Patricia, continúa.

Callaos.

¿Qué te gustaría que no tuviera?

60 años.

¿Qué te gustaría que tuviera?

Cuernos.

Bien...

¿En quién piensas cuando haces el amor con él?

En el chico de la lechería.

¿Y cuando haces el amor con el otro?

En una apisonadora.

¿Cuál es tu deseo más ardiente?

Escuchad... Ser sodomizada por Marlon Brando.

Con mantequilla...

No, es más barata la margarina.

¿Por qué no probáis con jabón de lavandería, eh?

Callaos todos...

Ahora viene la parte más divertida.

Hay que adivinar quién lo ha escrito.

- En mi opinión, lo escribiste tú. - Yo creo que también, ojo.

Agua, agua... Imagíname escribiendo estas cosas como una colegiala.

Yo no digo pajarito, digo polla.

Oh, vamos, colegiala... Sigamos.

Yo creo que lo ha escrito Laura.

Vamos Sheridan, explica por qué.

Con ese aire suyo tan sosegado...

parece que lleva puesta una corona.

Ah no, por favor, deja en paz a Laura.

Laura es una mujer perfecta.

¿Por qué, a una mujer perfecta no le gustan los pajaritos?

En ese caso es el marido el que no es perfecto.

¿Insinúas algo?

No, porque si tienes algo que reprocharme, hazlo públicamente.

- ¿Alguna vez te ha faltado algo? - Mejor me callo.

¡Vamos, queremos saberlo todo!

Vamos, atrévete.

Es evidente que para ti es agotador hacer estos viajes constantes.

Si pudiéramos estar juntos un poco más...

Hemos vivido tantos momentos felices en el pasado...

Verás Laura, no puedo bajar el ritmo.

La situación de la fábrica no es fácil.

Cabe el riesgo de que tanto trabajo y sacrificio

acaben yéndose al garete.

Tengo una responsabilidad para con Claudio,

contigo y conmigo mismo.

Creía que las cosas empezaban a ir mejor.

Es cierto.

Si puedo cerrar este contrato,

podremos volver a respirar, ya lo verás.

Espero que entonces estés más tranquilo.

El trabajo no lo es todo en la vida.

Tienes razón.

Cuando vuelva nos tomaremos unas pequeñas vacaciones.

Vayamos al Caribe.

Será nuestra... segunda luna de miel.

Me lo has prometido tantas veces a lo largo de los años...

Esta vez cumpliré mi promesa, ya lo verás.

A mí también me importa.

- Hasta pronto. - Buen viaje.

¿Qué quieres, ésto? ¡Toma!

Te gusta el espectáculo, ¿eh? Pues mira, mira...

Soy una mujer, no soy una santa...

¡Vamos, leoparda!

- ¿Me llamas a mí? - Vamos, sube.

¿Tú y yo?

¿Tienes algo en contra?

Por Dios, basta que pagues y que pagues bien.

- ¿Adónde vamos? - Vamos a mi casa.

Está aquí al lado.

Pero, por un tema así, serán al menos 30.000, ¿eh?

Está bien, entra.

Mira por dónde, la señora...

Bueno, por variar un poco...

Venga, vamos.

¿Qué es lo que quieres saber de mí?

Venga, vamos, habla. No puedo perder el tiempo.

Bueno...

¿Qué suele hacer para excitar a un hombre?

Te tiras en la cama, abres las piernas lentamente

hasta que te vea las bragas,

y entonces finges que no puedes más.

Vamos, cariño, ven.

Oye, y si no se excita... ¿qué haces?

¿Cómo que qué hago?

Si no se le levanta, que descanse en paz.

Mira, no te he pagado para que te lo tomes a broma.

Si quieres conocer los secretos del oficio, suelta antes otros 10 pavos.

Primero contestas y luego te doy el dinero.

Dime una cosa...

¿De verdad no sabes cómo?

- Le provocas un poco. - Sí, pero ¿cómo?

Vamos, venga... Se la chupas, ¿no?

¿Quieres que pase a las explicaciones?

A mí no me supone ninguna dificultad

porque me importa un carajo.

Pero yo no soy como tú.

Bueno, por eso los hombres acuden a nosotras.

Prueba por empezar a besarle...

Y después...

¡No!

¡Basta!

Es inútil.

Es inútil.

Yo... Yo he hecho todo lo que he podido por ayudarte.

Si no, dime tú qué debo hacer.

Soy una mujer normal y necesito una vida normal,

¿puedes entenderlo, sí o no?

Sí, sí, sí...

Lo entiendo, lo entiendo, sí.

Yo te soy fiel.

No tengo ninguna intención de engañarte.

Pero así no puedo seguir, todo tiene un límite.

¡Decídete, haz algo tú también!

Antonio, ¿quieres entender que tienes que cambiar, que todo depende de ti?

Ah, ¿así que es culpa mía?

¿Tuya no?

Las mujeres no tenéis otra cosa en la cabeza, ¿eh?

¡Joder y que os jodan!

¡No os interesa otra cosa, nada más!

- ¡Maldita sea! - ¡Antonio!

No me trates así, por favor, no me lo merezco.

¡Haz algo, Antonio, porque ya no aguanto más!

¡Entonces lárgate!

¡Lárgate! ¡Ahí tienes la puerta!

¡Largo!

¡Lárgate!

¿De verdad quieres que me vaya?

No Laura, no me dejes...

Por favor, perdóname.

Perdóname... No me dejes.

No me dejes.

Sí, sí, sí...

Sí...

Tu problema es psicológico, no físico.

Es lo que ahora está de moda llamar estrés.

Trabajas mucho.

- Eso es todo. - Ya.

Un problema muy común hoy en día.

Yo no lo llamaría... impotencia.

Vamos viejo, bebe.

Recuerda algunos de los polvos que echamos, ¿eh?

Has dicho que es por los nervios.

Por un factor psicológico, si lo prefieres.

Más o menos es lo mismo, ¿no?

Bueno, ¿hay alguna cura?

Te lo he dicho, trabaja menos, duerme mucho, distráete...

Deberías hacer un viaje.

Y no me digas que no te lo puedes permitir.

Cualquier sitio es bueno.

Escucha, lo importante es que dejes atrás

todos tus problemas y preocupaciones, ¿entiendes?

- Es fácil decirlo... - Perdona...

Tienes un hijo, ¿no?

Lo mandaste a Bruselas a estudiar todo el año...

Bueno, a hacer como que estudia...

Ese esta el día entero follando, seguro.

Y su padre se destroza la salud.

¡Menudo negocio!

Claudio debe hacer su propia vida.

Y tú te pones enfermo.

En resumen, él tiene todos los derechos y tú ninguno.

Dime una cosa...

Pero se te ha olvidado cuántos sacrificios has hecho

para llegar a donde estás, ¿eh? ¿Eh?

Déjale que se preocupe un poco también, ¿no?

No veo a cuento de qué sacas a mi hijo, ¿qué tiene que ver?

Hablemos claro.

Si no quieres que tu problema se vuelva crónico,

déjalo todo.

Pero habrá alguna otra solución, ¿no?

Eres médico. Dame la cura.

Ya te he dicho y repetido que sólo hay una cura.

- Descansar... y mucho. - Ya...

Le cedes el puesto a tu hijo y tú te vas.

Te lo advierto,

para poder hacer el amor hay que tener la mente despejada,

y tú, amigo mío...

Además, hay una segunda razón, aunque sea un hecho normal,

un problema muy común...

Después de cinco o seis años de matrimonio,

tu mujer ya no te atrae sexualmente, ¿sabes?

Acostarte con ella ya ni te va ni te viene.

Es algo rutinario y, por tanto, te aburre.

O peor, porque te sientes obligado a follártela y ella así lo espera...

¿Y qué ocurre, eh?

Un gatillazo.

- Pero quiero mucho a Laura. - ¿Y eso qué tiene que ver?

El afecto, el cariño, son cosas muy bonitas, pero son poco excitantes.

No despiertan la fantasía ni provocan emociones.

Para hacer el amor... se necesita el sabor de la novedad.

No es que me ayudes mucho, ¿eh?

Pero te he hecho un diagnóstico.

Pero es un análisis de cuatro duros, perdona.

A ver, te sugiero un remedio al alcance de la mano, ¿eh?

Sí, un safari...

No, estaba pensando en otra cosa...

Quieres una cura a toda costa y yo te la doy.

¿Sabes qué quiere decir... "Reunión de amigos"?

- ¡Chinchín! - ¡Salud!

El brindis, en tu caso no...

En invierno, encerrado en el balcón en ropa interior...

¿Y cómo acabó la cosa?

Ah bueno, con las cinco extremidades congeladas.

Sí, más vino... hasta arriba.

No exageres, Antonio. Ahora un brindis por Magda.

¡Viva Dinamarca!

No, esto es un brindis oficial,

deberías decir "viva las danesas".

- Muy buena esa. - ¿Verdad que sí?

- No lo pillo. - Si no lo has pillado, bebe.

¿Todo bien? Antonio, ¿estás bien?

- Eso espero. - ¡Un brindis por la esperanza!

Sí, yo también tengo esperanza...

- Bueno el champán, bueno... - Tú también estás buena...

Tu amigo es muy simpático... pero tú me gustas más.

- Tú eres más guapo. - Tienes muy buen gusto.

Bueno, ya no bebas más porque podría sentarte mal.

"El vino, en la botella", dice un viejo refrán italiano.

Como médico...

te recomiendo un breve reposo...

Es sólo una forma de hablar, ¿eh?

¿Ves? Tu amigo...

no quiere que bebas.

Pero es médico, así que tenemos que obedecerle.

¿Vienes?

- ¡Reposad bien! - Gracias, muchas gracias.

¡Vamos!

Ahora nos acabamos botella...

y luego vemos.

Bonito nombre, Magda...

¿Te has establecido definitivamente en Italia?

Sí.

Ah, bien, bien...

¿Y de dónde eres?

Copenhague.

Me gusta Italia.

Me gustan mucho, mucho...

los italianos.

¡No, espera! Bésame primero, bésame...

Me ha dicho Magda que has estado muy bien.

Vamos, amigo... Sigue mis consejos...

¿No crees que ahora, con Laura, sería posible?

Sí, puede ser. ¿Por qué no?

Ya te lo he dicho, depende de tu paz mental,

de tu serenidad.

¿Sabes lo que dicen en Sicilia?

La picha no quiere pensar.

¿Cómo quieres que no piense?

Con una fábrica a mis espaldas...

Sin saber lo que pasará mañana.

Claudio puede sustituirte perfectamente, llámale.

Si no, ¿para qué están los hijos?

¿Sabes qué te digo? Que me has convencido.

Ya era hora.

Sí, tienes razón. Tengo que dejar de trabajar por un tiempo.

Y reconectar con Laura.

No sé cómo, pero... tengo que hacerlo.

Dime la verdad, papá.

- ¿Ha pasado algo? - No.

Tu telegrama me ha preocupado, ¿sabes?

Hacerme volver tan rápido,

cuando el curso aún no ha terminado.

¿Ocurre algo grave?

Que no... Nada grave.

Estoy un poco cansado y necesito tu ayuda.

Está bien, entendido...

No es el momento.

Significa que hablaremos de ello más tarde con calma.

Sí, claro, hablaremos luego.

- ¡Hola, Laura! ¿Cómo estás? - ¡Bienvenido!

- Te veo muy bien. - Tú también tienes buen aspecto.

- ¿Qué le pasa a papá? - Sólo está un poco cansado.

¿Me dejas conducir?

- Toma, conduce tú. - Gracias.

Es estupendo volver a casa después de tanto tiempo.

Sí, está bien volver de vez en cuando,

pero estar aquí siempre, te lo aseguro, es otra cosa.

¿Verdad, Laura? ¿Tú qué dices?

El plan de esta noche incluye un juego fantástico.

Es un juego que consiste...

No le veía desde hace un par de años, está bastante pálido.

Yo le veo bien. Todavía tengo que conocerle mejor.

- Di la verdad, te lo tirarías, ¿eh? - ¿Y tú no?

He conocido a gente muy diferente.

Temo que sea un juego difícil o incluso aburrido.

Yo, en cambio, te aseguro que es divertidísimo, nada aburrido.

Se reparten las cartas, se apagan las luces...

y cada uno se ocupa de su papel...

Quién tenga el as de picas, es el asesino.

En ese momento elige a su víctima...

Cuando ésta es atacada, grita pidiendo ayuda...

y se queda en su sitio.

Entonces el comisario enciende las luces

y les pide a todos que se queden quietos,

y pobre del que se mueva en ese instante...

Entonces, comienza el interrogatorio.

¿Y tú dices que es divertido?

Claro que sí.

Ojo, que el asesino...

no ataca inmediatamente.

Primero se esconde entre las sombras...

Va en busca de su víctima...

Debe elegirla al tacto, porque no puede verla...

Te aconsejo, asesino...

que no ataques inmediatamente.

Antes, deja que nos divirtamos un poco.

No seas malo, vamos.

Deja que disfrutemos de la emoción de la búsqueda, de eso se trata.

Hay que aprovecharlo, ¿no?

Mariposas que revolotean en la oscuridad, de flor en flor...

Flores que se cierran, flores que se abren...

Flores que te embriagan con su belleza...

¿Y cuándo termina?

Pues con el descubrimiento del asesino.

Cuando el comisario crea que lo ha identificado,

le pedirá que muestre su carta.

Si tiene el as de picas, pagará la pena.

¿Me he explicado?

- ¿Queda claro? - Sí, sí, claro.

Patricia, acércate a la lámpara.

Entonces, ¿lo hemos entendido todos?

- Claro que lo hemos entendido. - Lo hemos entendido, sí.

Qué maravilla.

Os recomiendo no fumar.

El cigarrillo también puede servir como elemento de identificación.

Toma.

Ten la carta boca abajo, ¿eh?

Por favor. Ten.

Cógela.

Preparaos, la caza está a punto de comenzar,

y será el reino del terror. Toma.

O del placer, si lo preferís.

Para ti.

Bueno, entonces estamos listos para empezar.

Atenta, Patricia, mano al interruptor, ¿lista?

Sí, sí, listísima.

¡Oscuridad en la sala y subid la música!

- Vámonos de aquí. - Para.

Vamos, Laura... Lo sé todo.

Puedo satisfacerte mejor que Antonio.

Eres un cerdo en todos los sentidos. ¡Vete!

Está bien.

- ¿Por qué? - Porque no me gustan los jovencitos.

No voy a montarte una escena de celos.

Créeme, no me importa nada.

Si eres uno de esos pervertidos que buscan jovencitas, te compadezco.

- Te compadezco. - Pero, ¿qué has visto?

Estábamos jugando, ¿no?

No soy una estúpida.

Igual que te he visto yo, te han visto los demás.

La hija de Martini no tiene ni 18 años.

Es demasiado joven hasta para tu hijo.

¡Vamos! Tanto alboroto por una tontería...

Y aunque así fuera, tengo derecho a hacer lo que quiera,

por todo lo que hay entre nosotros.

Tengo la conciencia tranquila, ¿sabes?

Lo que más detesto es la hipocresía.

No quiero estar viviendo en una mentira.

¿Me has dicho que me vaya? Estoy harta, no puedo más.

¡Ya está, me largo!

No...

Tú no te vas, porque no te lo permito.

¡Tu sitio está aquí!

¡Aquí, en esta casa!

Y recuerda... que aunque te fueras...

te haría la vida imposible, hasta el fin de tus días.

Y te diré más,

nadie te querrá jamás.

Siempre estarás sola como un perro,

porque harás que todo el mundo se sienta una mierda,

como has hecho conmigo, ¿entiendes?

Ten la decencia de callarte, al menos eso.

¡Eres impotente, esa es la verdad!

Un pobre maníaco que, en vez de tratarse,

va babeando detrás de putillas de 16 años.

- No grites. - ¿Y por qué?

¿Tú puedes gritarme todos lo que quieras y yo tengo que callarme?

¿Tragar y callarme?

Escucha, Claudio, quería decirte...

- A propósito de Laura... - ¿Que ya no estáis bien?

- ¿Es eso lo que querías decirme? - No... No era eso, no.

Sí, es cierto, discutimos de vez en cuando...

Le pasa a todo el mundo.

Pero ella me importa mucho.

Últimamente, como ya te he dicho, he estado muy ocupado.

Estoy un poco cansado, nervioso...

Papá, me has hecho volver para que te eche una mano.

Me ocuparé de la fábrica, no te preocupes.

No, no es por la fábrica... es por Laura.

Siempre está muy sola, siempre en casa, ¿me entiendes?

Por culpa de mi trabajo, puede que la haya desatendido un poco.

En el fondo, todavía es joven.

Mientras esté de viaje...

Sácala algún día, no sé...

A cenar, a un espectáculo, al tenis...

¿Te importa? ¿Eh?

No, pero no creo que sea mi compañía lo que necesita.

Lo sé.

Cuando haya resuelto las cosas urgentes, estaré más pendiente.

Eso es. Ese es exactamente el tema, papá.

- ¿Te gusta? - Sí.

Una viene tan poco a las discotecas...

Aún eres joven, estás llena de vida...

No entiendo cómo puedes quedarte encerrada en casa todo el día.

En determinadas condiciones, todo problema se convierte en drama.

Por qué fastidiarte la existencia, no es justo.

Los malos recuerdos hay que olvidarlos.

El viejo sabio de la montaña ha hablado...

- ¿Conclusión? - Primero...

Tener una charla con mi padre.

Segundo, salir conmigo un poco más a menudo.

- ¿Ah, sí? - Sí, señora.

¿Me concedes este baile?

Cuidado, que puedes dar una mala imagen,

bailando con una madura como yo.

Eres la mujer más fascinante que he conocido en mi vida.

- ¿Sí? - Lo juro.

¡Camarero!

- ¿Quieres algo? - Un whisky, con hielo.

Dos whiskys con hielo, por favor.

¿Se los sirvo aquí o en un reservado?

No, esta noche no, gracias.

Debo tener pinta de buscona.

Ah, no, soy yo quien tiene pinta de seductor.

¿Puedo?

Sí.

No soporto la música clásica, pero esta me gusta.

¿Por qué te gusta?

No lo sé...

Es una música sobria, incluso melancólica.

Es verdad...

es melancólica, pero llena de ternura.

Te sientes muy sola, ¿verdad?

¿Sabes? Tengo una idea.

Papá ha llamado desde Bormio...

Mañana es vuestro aniversario, ¿verdad?

Prepara las maletas, en menos de tres horas nos plantamos allí mañana,

y así disfrutarás de unas buenas vacaciones en la nieve.

Ha sido una sorpresa muy agradable.

Gracias por acordarte de nuestro aniversario.

- Bueno... - ¿Brindamos?

Claro.

- Salud, entonces. - Salud.

Salud.

Bueno, ahora que hemos brindado, me voy.

¿No quieres quedarte a cenar con nosotros?

No... Os dejaré solos.

¿Qué pinto yo? Además, sabes que estoy ocupado.

- Adiós Laura, felicidades. - Gracias.

Adiós, papá. No tienes que preocuparte de nada.

- Yo me ocupo de todo. - Muy bien, de acuerdo.

- Adiós. - Hasta luego.

¡Adiós!

- Por favor, no corras. - Tranquilo.

¡Ah!

¡Qué tonto!

Tengo aquí un regalo por nuestro aniversario.

Lo siento, pero no he podido envolverlo.

Toma.

Espero que te guste, ¿eh?

¡Qué maravilla!

Es muy bonito... Precioso.

Gracias, cariño, gracias. Es un regalo magnífico.

- Me alegro. - Has sido muy amable.

Basta, Antonio. Por favor, ven aquí.

Tenemos que brindar.

Vamos...

Basta, por favor, déjalo ya.

Sabes que te sienta mal, te lo ruego.

No, tú también tienes que beber.

Hoy es un día muy importante para nosotros, tenemos que celebrarlo.

- Toma. Bebe, vamos. - No bebas...

Voy a hacerte un café, ¿quieres?

- Vamos a la cama, por favor. - Ah, no...

¿Qué dices? Ven aquí.

Aquí, quiero meterte mano aquí.

Vamos, déjate, déjate...

Déjame tocarte, lo necesito...

- Déjame. - Venga, vamos...

- ¡Déjame! - Vamos... Ayúdame.

¡Apestas!

¿Será posible que si no estás borracho

no puedes hacer el amor conmigo? ¡Me das asco!

¡Basta!

Qué aniversario más bueno.

- Hola, Laura. - Hola, Dada.

Cuánto tiempo sin verte, ¿dónde has estado?

- En las montañas. - ¿Era bonito?

Sí, una maravilla...

- Hola. - Hola.

¿Dónde te escondes? Nunca se te ve...

Desde la fiesta de tu vuelta has desaparecido de la circulación.

Estoy muy ocupado.

Sí, ya veo... ¿Con Laura?

- No, todo el día en la fábrica. - En la fábrica se trabaja de día...

Pero quedan las tardes...

Las noches... Los fines de semana...

Las tardes en la piscina...

¿O estás tan ocupado que... eh?

Podrías llamarme, al menos. ¿O quieres que te llame yo?

Me alegrará siempre que me llames.

No quiero molestarte demasiado...

Ni que te pongas susceptible.

Entonces te llamaré yo, tranquila.

A las 11:00 de la mañana es lo mejor, entre las 11:00 y mediodía.

Adiós.

- ¿Cómo está el agua? - Muy buena.

Entonces me meto yo también.

Enhorabuena, te veo muy bien. Estás en buena forma, ¿eh?

Bueno, ¿cómo has resuelto tus problemas existenciales?

¿Has dejado a tu marido, o le has puesto los cuernos?

Ninguna de las dos. Lo siento, ¿quizás te he desilusionado?

No, no me esperaba otra cosa,

nos atuvimos a las reglas del juego.

Hay que tener valor para tomar ciertas decisiones.

¿Te parece un hecho valiente convertirte en una amante?

Pues claro que sí.

Si asumes toda la responsabilidad.

Eso es muy fácil de decir.

Pero cuando llevas muchos años unida

sentimentalmente a un hombre, ¿qué haces?

Yo no corro ese riesgo, si alguien me gusta me acuesto con él.

Pero sin tus connotaciones sentimentales,

es eso lo que lo fastidia.

Cómo se nota que nunca has estado enamorada.

Cómo se nota que te has quedado en la Edad Media.

- ¿Y por qué? - Porque la mujer de hoy ha cambiado.

Nosotras podemos prescindir de los hombres.

Son ellos los que lloran si se sienten perdidos.

Así que, querida, cuando te apetezca te vas con uno,

nunca te van a decir que no.

Mira a Claudio, es un chico guapo, ¿no?

El día que quiera, me lo llevo a la cama,

sin tantos problemas, ni para mí, ni para él.

De todos modos, cuando quieras, hablamos. Adiós.

¡Claudio!

¡Sí...!

Gracias.

Chinchín.

Me gusta estar pegada a ti...

Me gustaría dormir sobre tu espalda.

Claudio, ¿por qué no pasamos la noche juntos, eh?

Sabes perfectamente que eso no es posible.

¿Por qué?

Bueno, por muchas razones.

Si quieres saberlo, esta noche tengo una cita, por ejemplo.

De trabajo... y no puedo perdérmela.

Además, ¿tú no tienes un marido?

¿Qué le vas a contar por pasar fuera toda la noche?

Mi marido se cree todo lo que le digo.

Y aunque no se lo crea, me da igual.

Con la excusa de que es médico, hace de las suyas.

¿Te crees que no lo sé?

Además, es muy sencillo...

Le digo que voy a ver a su hermana,

ella me sigue el juego y luego le devuelvo el favor.

Fácil, ¿verdad?

Vamos, vístete.

¿A qué esperas?

Se me ha hecho tarde.

¿No quieres que te acompañe al coche?

Vamos, date prisa.

Tienes prisa por librarte de mí, ¿eh?

Sí, ya... No lo apruebas.

Te parece escandaloso que vaya de una cama a otra.

Pero qué quieres que hagamos las mujeres

con los maridos que tenemos...

En este ambiente tan aburrido,

Donde todo es viejo, igual que hace cien años.

¿Ha vuelto mi padre?

No, creo que ha llamado a la señora.

Vuelve mañana. ¿El señorito ha cenado?

No, ponme una bandeja con cualquier cosa fría.

Está bien.

- ¿Está la señora en casa? - Está viendo la televisión.

- Llévame allí la bandeja. - Bien.

No te pongas así... Laura...

¿Por qué no me habré ido antes?

Habría sido mejor para todos, para mí y también para tu padre.

Pero piénsalo, no puedes irte así...

a la desesperada.

- ¿Y qué otra cosa puedo hacer? - Si de verdad quieres irte...

Encuentra al menos una ocupación.

Cualquier cosa que te entretenga,

para no sentirte de repente en el vacío.

Verás...

Yo quiero mucho a mi padre, pero te comprendo.

Y también te quiero a ti.

Laura...

Estoy convencido de que eres una mujer extraordinaria,

y de que te mereces mucho más de la vida.

- ¡Pero, Laura! - Perdóname.

¿Quiere té, señora?

No, sólo un poco de café, pero ya me sirvo yo, gracias.

He de ir enseguida a la fábrica, tengo que ocuparme de un envío.

Bueno, al principio no fue fácil, ¿sabes?

Pero ahora empiezo a controlarlo un poco.

¿Por qué no vas a recoger a papá al aeropuerto?

Tiene que llegar esta tarde, ¿no?

Sobre las tres...

- ¿Crees que serviría de algo? - Le encantaría.

Me gustaría que vosotros dos...

Sí, tienes razón, será mejor que vaya.

Gracias.

Me voy corriendo.

Señora, es para usted, he pasado aquí la llamada.

Gracias.

¿Diga?

Ah, Antonio, ¿eres tú?

¿Por qué?

Te habría ido a buscar al aeropuerto.

Oh, no, Antonio... Vuelve, te lo suplico.

¡Te lo ruego!

Pero, ¿por qué has cambiado de planes de repente?

Lo entiendo, está bien. Como de costumbre...

Sí, no importa, haz lo que tengas que hacer.

Adiós...

Sí, adiós.

¿Así que ha dicho que tampoco está seguro de volver mañana?

Sí.

Exacto.

Eso ha dicho, que no sabe cuándo podrá volver.

Peor para él.

Verás que nos las arreglaremos igual de bien.

Pide un deseo.

- Te será concedido. - No bromees.

No puedo...

No puedo, Claudio, no lo soporto más.

Laura...

- ¿Qué estás haciendo? - Me voy.

¿Te vas?

- ¿Qué quieres decir? - Que me largo.

La situación en la fábrica se ha normalizado.

¿Esas tenemos?

Te pedí que me ayudaras,

porque me encuentro en apuros.

¿Se puede saber de dónde sale esa decisión repentina?

¿Tendrías la bondad de responderme, por favor?

Ya te lo he dicho.

Ya se han solventado las mayores dificultades de la fábrica.

Y yo... he pensado que si vuelvo a Bruselas...

Bueno, que quizás pueda terminar el curso.

Llevo un año sacándome esa especialidad,

y podría serme útil el día de mañana.

Sería una tontería desaprovechar todo lo que he hecho hasta ahora.

No te creo.

Quiero que me digas la verdad.

Esa es la verdad.

De todas formas, tengo la impresión de que mi presencia aquí,

no te ayuda a resolver tu verdadero problema,

que es Laura.

Y eso lo debes afrontar tú, papá.

Entonces, te voy a decir yo la verdad.

Eres un egoísta.

Sólo piensas en ti mismo.

Pero recuerda, tu título,

tu buena educación, tu posición social,

me lo debes todo a mí.

Sí, lo sé... ¿Quién lo niega?

Me he sacrificado toda la vida para darte lo que tienes.

Es verdad, te has sacrificado...

Pero ahora estás sacrificando a los demás.

Primero a Laura y luego a mí, ¿y para qué?

¿Por dinero?

Eso no es lo único que necesita la gente.

Está bien, como quieras.

Pero que sepas que si te vas...

no conseguirás nada más de mí...

ni ahora, ni nunca.

- Eso es un chantaje. - Esas son mis condiciones.

Lo tomas, o lo dejas.

De hecho...

Esta es una lista de pedidos.

Vete hoy mismo a la fábrica y prepara el plan de trabajo.

Tengo que irme otra vez.

Dentro de unos días, cuando vuelva...

quiero que todo esté ya en marcha.

Entonces, estamos de acuerdo, ¿eh?

¿Qué opinas?

¿Y si en cambio...?

¿Y si hay... una razón sentimental?

¡Ah, aquí están!

- Hola, cariño. - Nuestras danesas...

¡Cariño!

- ¿Y si hubiera pasado, eh? - ¿El qué?

Lo siento, pero tengo que irme.

Pero, ¿por qué? ¿Ya no quieres hacer el amor con Magda?

¿Ya no quieres hacer el amor conmigo?

No, perdóname, pero tengo que irme.

- Tu amigo se va. - Un momento.

- ¿Pero qué le has dicho? - Yo qué sé. No he dicho nada.

¡Antonio!

¡Antonio!

¿Qué te pasa?

Presiento que Laura se va.

Quién sabe, una breve separación podría ser bueno para ambos.

No, la necesito, sobre todo en este momento.

Discúlpame.

- Buenas noches, señora. - Hola.

¿Debo preparar también la cena para el señorito?

No lo sé. ¿Qué ha dicho cuando ha salido?

El señor se ha ido, les oí discutir.

Al señorito Claudio no lo vi salir.

- Yo me ocupo, puedes irte. - Sí, señora.

¿Claudio?

¿Claudio?

¿Qué ha pasado con tu padre?

Oh, Claudio...

Estoy tan feliz y tan desesperada... Créeme.

Te juro...

Te juro que he hecho todo lo que humanamente podía hacer.

Soy sincera, ¿sabes, cariño? Tienes que creerme...

Pero es un hombre insensible.

Siento que ya no tengo ninguna obligación hacia él,

es sólo por ti que me siento culpable.

No quiero hacerte daño.

Te quiero.

Yo también... pero no está bien.

Te he enfrentado a tu padre, debería irme.

- Y tú deberías olvidarme. - No, no digas eso.

Yo te quiero, Laura.

Te quiero.

Conocerás a otra chica mucho más joven que yo...

Puede que más de una... y te enamorarás de verdad.

Basta, no digas nada más.

Te deseo como nunca he deseado a ninguna otra mujer.

Con el asado, en mi opinión,

no hay nada mejor que los vinos piamonteses.

¿No te parece?

¿Eh?

No sé, supongo...

Pues es muy importante.

El vino está en la historia de la cultura.

Verás, nosotros comemos por necesidad,

pero el hombre civilizado no se conforma con alimentarse...

de cualquier manera.

Exige delicadeza...

Respeto...

Discreción.

Así que le gusta un mantel bonito, una vajilla bonita,

comida bien preparada...

Y los vinos que sean... selectos.

Bien añejados.

- ¿No te parece? - ¿Qué quieres decir?

Es una cosa extraña, ya sabes...

A veces el apetito humano...

puede despertarse sólo con...

pequeños y fútiles detalles.

Y en la raíz de todo, está el buen gusto...

que procede de la educación...

del tipo de ambiente familiar...

Todo es posible, pues.

Está bueno este vino.

Tiene un buen bouquet.

¿Por qué no la sacas a bailar?

- ¿Cómo? - Sí, sácala a bailar.

¿Ahora?

Es una música muy bonita.

Laura estaría encantada, lo sé.

Pero claro, no conmigo.

No soy de los que bailotean.

¡Vamos!

¿Es que os da vergüenza porque estoy yo?

Vamos, ánimo.

Eso es.

- Ven. - Venga, Claudio.

¿Ernestina?

- ¡Hola! - Hola, Laura. ¿Cómo estás?

Bien. ¿Qué haces por aquí?

Busco a alguien que me invite a un chocolate, estoy sin blanca.

Ven, yo te invito.

- Aquí tienen. - Gracias.

Hasta ahora, nos hemos relacionado muy poco,

no nos conocemos lo suficiente.

- Es una lástima. - Sí, es verdad.

Puede pasar que se viva en el mismo sitio

y apenas si te encuentres.

¿Puedo hablar con franqueza? Es decir, sin que te cabrees.

Naturalmente, no veo por qué debería.

Bueno, mi madre se cabrea cuando digo ciertas cosas.

Conmigo puedes decir lo que quieras, no soy tu madre.

Tú no te llevas muy bien con tu marido, ¿verdad?

Preferiría que no tocaras ese tema.

Sería mejor hablar de otra cosa, ¿no?

Pero si todo el mundo sabe lo tuyo con Claudio.

Puede que finjan ignorarlo con la excusa de la conveniencia,

pero lo saben, hablan de ello.

Ah... ¿de verdad?

Compréndelo, es la comidilla, pero tú pasa de eso.

Por mí, ya sabes que en cuanto a relaciones sexuales soy muy abierta.

- Eso lo sé. - Tú, en cambio, tienes muchos miedos.

Es precisamente por esos miedos por lo que los hombres nos esclavizan.

Y es sólo por liberarse del miedo atávico a la castración,

que nos oprimen a fuerza de prohibiciones.

Pero el régimen ha llegado a su fin.

No somos ángeles domésticos, el amor es un derecho universal.

La solución justa es un sistema equitativo.

Yo te doy lo que tú me das.

Para mí, el principio es convincente, pero...

me temo que pocos hombres lo compartan.

Tendrán que asumirlo a la fuerza.

Pero, ¿te das cuenta de que los pobres no saben

resolver ni sus problemas más pequeños?

¿Cómo quieres que resuelvan los nuestros?

Probablemente tengas razón,

pero no sabes qué tipo de educación ha recibido.

Desde que era niña...

ha habido alguien que ha pensado por mí.

Pero vamos...

Manda a la mierda tu buena educación.

Piensa más bien en vivir tu vida.

Dime una cosa...

¿Tú no tienes una casa en las montañas, en Bormio?

Sí que la tengo, ¿por qué?

Te propongo una cosa,

vamos allí, y a cambio de tu hospitalidad,

yo me ocupo de tu reeducación.

Es una propuesta curiosa, pero no está mal.

Me lo pensaré. Termínate el chocolate.

- Adiós. - Adiós.

Buenas noches, señorito.

Buenas noches. ¿Está en casa mi padre?

No, ha cenado y luego me ha dicho que tenía que irse.

Me ha dado un sobre para usted.

- Hola, Pasquina. - Buenas noches, señora.

¿Aún no ha cenado?

No importa, yo me encargo, puedes irte.

- Buenas noches, gracias. - Buenas noches.

- ¿De qué se trata? - Pedidos.

Se ha vuelto a ir...

Es muy extraño, ¿no?

- Laura... - ¡Sí!

Lo siento, sólo había jamón y queso.

No gracias, no me apetece, no tengo hambre.

Éste no es el momento.

Laura...

Tenemos que hablar sobre nosotros.

De esta absurda decisión tuya.

No te vayas, no tienes que hacerlo.

Así, lo haces todo más difícil.

Salgo por la mañana, voy a Bormio.

Díselo a tu padre cuando vuelva.

- Explícaselo todo. - ¡Si tú te vas, me voy contigo!

No voy a dejarte, yo también me siento responsable.

Eso es precisamente lo que no quiero,

que te sientas responsable.

- Que te sientas en la obligación. - Pero Laura, yo también debo...

Lo decidí yo sola...

y me iré yo sola.

Déjame unos días para encontrarme a mí misma.

Entonces te lo haré saber,

y tú podrás decidir lo que quieras.

Reflexiona, Claudio.

¡Papá!

Tienes que convencerla de que no se vaya, te lo ruego.

Pero, ¿qué haces aquí? ¿No te habías ido?

Nunca me fui, estaba aquí...

Lo he visto todo.

Lo he oído todo.

¿Lo sabías todo?

¿Lo has visto todo?

¿Estabas ahí, mirando?

No debe marcharse.

Ya te lo he dicho.

¿Sabes? Cuando supe que eras tú...

Lloré.

Después me dije, mejor así, todo queda en familia...

¡Basta, déjalo ya!

Lo que estás diciendo es espantoso, no lo soporto.

Pero, ¿por qué?

¿Por qué quieres irte?

Estaremos... estaremos bien, ¿sabes?

En esta... en esta casa.

No, lo siento, me marcho.

¡No, no puedes irte!

Yo no... ¡Debes quedarte aquí!

- ¡No! - Conmigo, con Claudio.

Aquí estaremos bien juntos, ya verás. Yo te quiero.

- ¡Te quiero! - ¡No!

Y tú también me quieres.

- No tienes que irte. - ¡No, déjame!

- ¡Nunca, nunca, nunca! - ¡Déjame!

- ¡Nunca, nunca! - ¡No, papá!

- ¡Ayúdame! - ¡Déjala!

¡Estás loco!

Escúchame papá, cálmate.

Por favor, ¡por favor!

Quizás Laura tenga razón.

Ha pasado algo que nadie podía imaginar.

Algo sobre lo que tenemos que pensar.

Laura necesita estar a solas.

A solas consigo misma.

¿Entiendes que necesita estar a solas?

Pero yo la necesito.

Es inútil, no puedo quedarme en esta casa, ya lo he decidido.

El jabón, Ernestina.

¡Ahí lo tienes!

- Ahora vas a ver... - ¡Venga, vamos!

Ernestina, ¿está lista la macedonia?

- Ya va. - Vamos, date prisa.

Ya está lista.

La señora está servida.

- Et voilà. - ¡Magnífico!

- ¿Un poco más? - Gracias.

Si está tan buena como la pinta que tiene...

¿Cómo está?

Buena.

¿Quién vendrá a molestar a estas horas?

- Pues... - Voy yo.

Me voy arriba.

¿Qué has venido a hacer aquí?

Te aseguro que no quería venir.

Me metí en el coche sin darme cuenta.

Ya no sé ni lo que hago.

Créeme, me gustaría encontrar la manera de olvidar...

De poder borrar todas las cosas horribles que han pasado.

Me he quedado solo.

Claudio también se ha ido.

No sé nada más de él.

Estoy solo.

Si al menos pudiéramos hablar de nuevo...

Intenta comprenderme.

Ayúdame.

Ojalá pudiera hacer algo por ti, pero es inútil.

No serviría de nada porque todo volvería a ser como antes.

Falsedad, vergüenza, hipocresía...

Y ese estúpido orgullo masculino tuyo que te lleva

a salvar la cara ante los demás a cualquier precio.

Sí, pero eso también forma parte de nuestra vida.

No Antonio, de tu vida, no de la mía.

Yo me quedo fuera...

Para siempre.

¡Vamos, a ver quién llega antes!

¡Espera, no he salido, no vale!

¡Ah, te has caído!

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