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- Jerry Ryan, qué bien que hayas venido. - Me alegro de verte, Oscar.
¡Nunca me habría imaginado que tendría noticias tuyas!
Después de un mes, necesitaba ver alguna cara familiar.
- Veo que sigues pintando. - Pinto, claro que sí.
Jerry, ¡imagina que habría sido de mí de haberme quedado en Nebraska!
Nueva York me ha salvado la vida. ¡Me sale de dentro lo que pinto!
- Tengo un nuevo... - ¡Oscar!
Ven a ver los espaguetis, se van a pegar.
¡Y qué más da! Ven aquí.
Sophie, te presento a Jerry Ryan, de Nebraska.
Estos artistas de "qué más da". Encantada, Jerry.
Dile que vaya a ver los espaguetis.
- Claro. Oscar, estaré bien. - Ahora vuelvo.
Ponte algo de beber. Relaciónate.
¿La comunicación es la meta del arte? ¿Sí o no?
Perdón.
Esa forma de preguntar es típica de tu actitud. Dogmática. Conformista.
Llegar a un acuerdo. Ya has visto mi improvisación.
¿Estaba clara mi motivación?
A decir verdad, la cuestión plantea cierta dicotomía.
Tu motivación y la motivación de...
¿Te crees Rockefeller? ¿Sales siempre a cenar?
Con una nevera te ahorrarías una fortuna.
Intento ayudarte. ¿Por qué desconfías? ¡Cinco pavos me harán rica!
Yo seré cinco pavos menos rico.
¿Qué vale una ensalada de requesón? Al menos un pavo, ¿no?
En envase, 20 centavos, a la nevera y haces negocio.
Si cambias de opinión, llámame, estoy en el listín.
Gittel Mosca. M-O-S-C-A, ¡Mosca!
¿Tienes fuego?
Deja el sombrero o pensarán que te has equivocado de fiesta.
Tengo una historia para ti. Con gracia final y todo.
Asquerosa...
¿Sí? ¿Diga?
¡Diablos!
Descuidada. Descuidada. Descuidada.
- ¿Diga? - ¿Srta. Gittel Mosca?
- Soy yo, ¿quién es? - Jerry Ryan. El de la fiesta de Oscar.
- ¿Sí? - ¿El que te dio fuego?
El que se equivocó de fiesta.
El del sombrero que no decía nada.
- Existen sombreros parlantes. - ¿Eh?
Es por la nevera que vendías. ¿Puedo pasarme y echarle un vistazo?
Se la di a un imbécil que me envió Sophie.
Se la regalé. ¿Por qué no me lo dijiste ayer?
Habría sido demasiado.
Hoy he decidido unirme a los vivos. Hace diez minutos.
- Había pensado pasarme por allí. - No la tengo.
No importa, había pensado pasarme y...
Sí, bueno, gracias de todos modos.
Diablos.
¡Un momento, que se me sale!
¡Hay leche por toda la cocina!
¿Sí? ¿Diga? ¿Diga?
¿Hay alguien ahí?
- No. - ¿Eh?
- ¿Oiga? - ¿Está Oscar?
Sí.
¿Tienes el número del amigo del sombrero?
¿Hormigas en el culo?
Deja de pensar con la faja. Mira si Oscar lo tiene ahí apuntado.
No sabía que fueras tan delicada. Un momento.
Gittel, es el Circle 5-9970. ¿Lo tienes?
- 9-9-7-0, sí. - No seas ingrata y dame las gracias.
Muy graciosa, te daré comisión.
- Diga. - He pensado en lo de la nevera.
Podría llevarte y podrías ofrecerle un pavo.
Igual la suelta. Se la di gratis.
- ¿Sigues ahí? - Aún no lo sé.
- ¿Quién te ha dado mi número? - Sophie. Oscar lo tenía.
- ¿Qué opinas de lo de la nevera? - No creo que llames por eso.
- ¿Eh? - No tienes nada mejor que hacer.
¡Tengo once cosas diferentes que hacer!
Diferentes, pero no mejores. ¿Por qué no las haces?
¿Qué he hecho mal? ¿Has llamado por lo de la nevera o no?
- No. - Me he perdido. Me has llamado tú.
Te he llamado porque no soportaba más la soledad.
He llamado para relacionarme con alguien del sexo débil, que es más débil.
Vale, aquí estoy. Relaciónate.
Te he llamado para invitarte a cenar esta noche. Y a una función, si quieres.
- ¿Por qué no lo has hecho? - Temía que dijeras que sí o que no.
- ¡Habría dicho "claro"! - Ya tenemos problemas.
- ¿Qué función? ¿Dónde cenamos? - ¡Espera! Ya no lo tengo claro.
No sé si quiero implicarme. Suena muy complicado.
- Ah. - Yo soy la chica, ¿no? El hombre eres tú.
Aclárate, pídemelo y yo me aclararé también.
- Llevo un mes intentándolo. - ¿Invitarme a cenar?
No, despegarme de la tira atrapamoscas.
Después de romperte una pierna, dudas al dar el primer paso.
Te he colgado porque no quería decirte: "Ayúdame, por favor".
He quedado con unos chicos. Estaré ocupada hasta las 18:30.
¿Quedamos a cenar a las 18:45?
- A las 18:45. - ¿Te gusta la comida china?
- Sí. - Hay un sitio llamado el Peacock,
en la plaza Sheridan. Sale en la guía. Un cantonés.
- ¿La tienes bien para hacerlo? - ¿El qué?
- ¡La pierna! - ¡Puede que me haya afectado la cabeza!
Pero quedaré contigo. En el Peacock, el cantonés, a las 18:45, ¿de acuerdo?
De acuerdo.
- Llego tarde. - Sí, ya lo sé.
- La próxima vez me pondré sarcástico. - ¡Habrá próxima vez!
COMIDA CANTONESA
Algo rápido, vamos a una función.
- Sí, señora. - Arroz. ¿Lo prefieres frito?
- No. - Arroz blanco. Y té.
- Sí, señora. - Yo quiero un café primero.
Sí, señor.
Entonces... eres de fuera, ¿eh?
- De Nebraska. - ¿Nebraska?
- ¿Eso está en California? - No, creo que lo confundes con Nevada.
- Está en California. - ¿Qué haces en Nueva York?
Sobre todo caminar, día y noche.
- Es monótono pero saludable. - ¿Cuándo duermes?
No tengo tiempo. ¿Quién te ha tenido ocupada hasta las 18:30?
Un grupo de baile.
Querían ver si podía ayudarles con los trajes.
- ¿Lo has hecho? - Un éxito, me han dado trabajo.
Le he dejado 75 centavos al coreógrafo,
pero sacaré algunos pavos con los trajes.
- ¿Vives de eso? - De eso y de aquello.
El resto, del seguro de desempleo.
¿Tú a qué te dedicas? ¿Qué hacías en Nebraska?
Era abogado.
- ¿Vas a practicar la abogacía aquí? - Sólo he tenido tiempo de caminar.
- ¿Está todo bien? - Gracias.
Prueba uno, está buenísimo.
¡No! Mójalo en la salsa.
¿Gittel? Suena exótico.
- ¿De dónde es? ¿Italiano? ¿Esquimal? - ¡Judío!
- ¿Mosca? - Ese es exótico.
Mi nombre artístico. El de verdad es muy largo. Moskowitz.
- ¿Actúas? - Bailo.
- ¿Lo has dejado? - ¿Dejarlo? ¡Me dedico a eso!
He estudiado con José durante años.
- ¿Qué José? - ¿Bromeas? Lemien. ¡El mejor!
- ¿Te parece importante? - ¡No habría tirado 7,50 a la semana!
Entonces...
¿Cómo es Nebraska? Nunca he salido de Nueva York.
Del Bronx a Manhattan y a Brooklyn, así es tu vida, Gittel Mosca.
Una vez iba a irme a Florida, hasta tenía el dinero. A Miami.
Me casé, él se fue a Florida, me divorcié...
- ¿Tú también? - ¿Estás casado?
Mi mujer está en Omaha y quiere el divorcio.
- Un paisano. - ¿Eh?
Es un tipo del mismo país. ¿Cuánto duró el tuyo?
- Doce años. - Un montón.
- ¿Se muere por otro tipo? - No, se muere por verme desaparecer.
¿De verdad quieres ir a una función?
No sé. ¿Te molesta hablar de matrimonio y de divorcio?
Ah, no. Estaba pensando en otra cosa.
¿Cómo decidimos si realmente queremos ir a una función?
- Con un interrogatorio. Eres abogado. - Por favor, esto es más exótico.
Hay que ser un murciélago para poder moverse por aquí.
Algunos amigos míos son murciélagos. Yo tampoco soy muy estable.
¿Por qué no me escuchas?
Daría igual. Más del 60% de los accidentes ocurren en casa.
Para vivir seguro, no tengas casa.
Mejor ser atropellado en la calle. ¿Cola, cerveza o agua de Seltz?
- ¿Y tú? - Leche caliente.
¿Leche caliente? Soy demasiado viejo para ti. Tomaré una sofisticada cola.
Tiene cafeína, te daré una cerveza, relaja más.
No eres una enfermera. Perdona. Llevo doce años pareciendo un enfermo.
Me han cuidado, mimado y animado.
- ¿Tu mujer? - Una cuidadora llamada Tess.
Se ha cuidado de destrozarme.
- Cola. No importan las consecuencias. - Vale, si no duermes, no duermes.
Que sea una cerveza.
Empecemos de nuevo, Jerry. ¿Cola o cerveza?
Leche caliente. Me estoy relajando, por qué disimular.
- ¿Qué cama tienes, que no duermes? - Un catre del Ejército de Salvación, 8 $.
No me extraña. Toca esta. Venga, tócala.
¿Sabes cuánto me costó el colchón? 59 pavos.
No podría vivir sin una buena cama. Pasas un tercio de tu vida en ella.
- Debes llevar una vida muy recta. - Vale. La mitad.
Si tuvieras una buena cama, no caminarías tanto.
Si no dejo de caminar, no podré permitirme acomodar a mis chinches.
- Es un círculo vicioso. - ¿Chinches?
Sí, entre otras cosas.
Abogado o no, ¿no trabajas, Jerry?
Despegarme de la tira atrapamoscas es un trabajo muy complicado.
No, no.
Yo sé por qué bebo esto. ¿Y tú?
- Tengo una úlcera de duodeno. - ¿Es grave?
Creía que las úlceras femeninas las producían los nervios.
¿No es una enfermedad de hombres?
- Bueno, yo la tengo. - Por cierto, ¿tú de qué tipo eres?
¿De las anticuadas o de las de "mismas reglas para todos"?
¿Qué importa eso?
Puede influir en que me beba esto y me vaya o pase aquí la noche.
Tú no sueles preparar el terreno, ¿no?
¿Quién es Mr. América? ¿Es tu ex?
Wally no duró lo suficiente para hacerse fotos. Es Larry, mi compañero.
Parece que te falte algo ahí.
La úlcera te hace engordar.
Tienes que hacer seis comidas. ¡En la última hemorragia engordé 8 Kg.!
- ¿La última? - Espero. Tengo demasiada sangre.
- ¿Cuántas has tenido? - Dos.
Y cuando ya estaba como una rosa, ¡me operaron de otra cosa!
Apendicitis. En serio. Soy una ruina física.
Por tu físico, aunque sea una ruina.
Y eso tengo de malo. ¿Qué tienes tú de malo?
No tengo nada de malo, excepto nuestro problema.
- Aclárate. - ¿Que aclare qué?
¿Me quedo a dormir? Agradezco la invitación pero no insistiré.
No te entiendo, Jerry.
No sabes si cenar conmigo y ahora quieres ir a la cama. ¿Cómo es posible?
Estaba probando. ¿Cómo sabré qué pensar sin oír lo que digo?
¿Así es como lo decides todo, con la cabeza?
Me ahorra muchos pasos en falso. ¿Cómo decides tú las cosas?
Mentalmente, no. Un par de pasos en falso te llevan más lejos.
No corramos. Examinemos adónde conduce esto.
¿Quién ha dicho que sí? ¿Intentas seducirme así?
- ¿Entonces es un no? - ¡Madre mía!
Bueno, buscaremos un método más convencional, un poco de música.
Algo que echaba de menos.
- ¿Es que no tienes ni una radio? - Tampoco tengo televisor.
Todo el mundo tiene radio. Puedes comprar una por 19,95.
- Jerry, ¿estás arruinado? - ¿Por qué lo preguntas?
Estás lejos de casa, no trabajas.
¿Nadie puede prestarte nada?
Sólo tú.
¿Cuánto necesitas?
Eres una chica muy generosa. Demasiado.
Si alimentas a un lobo, puede morderte.
- Estás arruinado. - Eso lo has dicho tú.
El año pasado gané 30.000 $.
¡Me quedan 18 pavos para acabar el mes e intento ayudarte!
- Creo que eres una víctima nata. - ¿De qué?
- De ti misma. - Me apiado de ti. ¿Qué tiene de malo?
- ¿Te apiadas de mí? - Claro.
- Gittel, ¿cuántos años tienes? - 29.
Deja de hablar como si tuvieras 28. Preocúpate de ti misma.
No te va bien. Un poco de aquí y de allá, el seguro de desempleo.
- ¡Tengo cosas en mente! - ¿Qué cosas?
Mi proyecto con Larry, preparamos un recital de baile.
Estoy buscando un local para dar clases...
¿Qué es lo que te fastidia? ¿Que me apiade de ti?
Creo que no me resultas asequible.
No estoy preparado para una persona tan débil...
- ¿Qué te importa? ¿Quién se ha ofrecido? - Yo, pero lo retiro.
Ahora mismo no estoy preparado para responsabilizarme de nada.
Y menos de una boba ingenua. Eso me fastidia. La decepción.
- ¿Qué significa ingenua? ¿Lista? - Tonta. Inocente.
¡Vivo sola en el Village desde los 16 años!
¿Para qué? ¿Para jugar al tejo?
- Asústate por tus cosas. - ¿Eres una mujer de mucho mundo?
Bueno, lo de mucho es otra historia.
¿Te acuestas con Mr. América?
Ya te he dicho que es un bailarín.
Somos buenos amigos, pero ¿crees que soy una rarita?
- ¿Lo eres tú? - ¿Si soy qué?
Marica.
Has ido demasiado lejos.
- ¿Desde cuándo vives en abstinencia? - Un año.
¿Dónde has estado, en la cárcel?
No nos exaltemos.
Come una galleta y cálmate. Será mejor que te vayas.
¿Irme? ¿Es que he dado algún paso en falso?
No, Jerry.
Tengo una regla de oro. No me acostaría ni con Colón en la primera cita.
¿Quieres que sea una promiscua?
Además, este numerito que me has organizado,
parece que lo hayas planeado para que te rechace.
Estás probando, ¿no te parece?
¿Sabes a quién estás probando? A mí, no. Quieres saber qué sientes tú.
¿Me estás acosando? ¿Por qué he de acostarme contigo?
¿Es una cura? No sé qué bicho te ha picado.
Yo te he contado mi vida y tú, nada de nada.
La información es escasa, pero ahí va.
Yo tenía trabajo, casa y esposa. Y todo se fastidió.
En cuanto a mi brillante presente,
vivo en una celda que cuesta 31 $ al mes, con la entrada llena de basura.
Me despierto asfixiado por no tirarme por el puente la noche anterior.
- ¡No puedo pagar 19,95 por una radio! - ¡Chist!
Lo de los 30 de los grandes, ¿era por presumir?
No quería quitarle a la niña su caramelo. Vine al este con 500 $.
Intento sobrevivir con 3,50 al día.
¡Esta noche te has gastado 16,80!
- Un derroche. Mi cumpleaños. - ¿Tu cumpleaños?
Y he comprado un puro de un dólar.
¿Te has comprado tu propio regalo?
- ¿Por qué no me lo has dicho, Jerry? - ¿Por qué?
- ¿Me habrías regalado algo? - Claro.
Gracias, pero no voy pidiendo limosnas a cualquier niña chiflada y solitaria.
No digas "vete" si quieres decir "ven". No es propio de una dama.
¿Cómo que no vas pidiendo limosnas?
- ¿Cómo? - Lo has hecho toda la noche.
- Hablas de chinches, de tristeza, de ruina. - ¿Chinches de tristeza?
De chinches. De tristeza. Que si no duermo contigo, aparecerás muerto.
- ¿Quién ha dicho eso? - Tú.
En la basura o tirándote por un puente, porque estás solo. Me lo has dicho.
Eso era sólo retórica de aproximación,
pero no llevo toda la noche así.
¡Lo primero que me has dicho por teléfono ha sido "ayúdame"!
- No. Te he dicho que no te diría... - ¡Has dicho "ayúdame"! ¡Y yo: "Claro"!
Yo no me quejo, pero me has llamado de todo y ¿aún quieres conquistarme?
¿He dicho algo que te molestara?
Estaba resentida. Quería vengarme. Es normal.
No, es que tienes razón en lo que has dicho.
- ¿Qué he dicho? - Que voy pidiendo limosna.
Nunca me había pasado, pero hoy ha sucedido delante de mis narices.
- Y si es así... - ¿Adónde vas ahora?
De vuelta a la soledad. Ahí voy.
Si odias tanto tu apartamento que no quieres volver, quédate.
Tengo un sofá. Quédate la cama.
- ¿Me quedo? - Si duermes bien, te sentirás mejor.
¿Vale? Arreglado.
¿Te importa dormir con mis sábanas? Están limpias, me he bañado.
- No, Gittel, sólo... - ¿Qué? Tu cama tiene chinches.
Mañana compras queroseno y verás cómo empiezan a salir.
Eres una chica muy dulce.
Bueno... Tú también eres una chica muy dulce. El aseo está ahí.
- Duerme bien y... - Mañana me sentiré mejor.
- Gittel. - ¿Sigues dándole vueltas? Yo ya no.
Después de decir lo de las limosnas, ¿no te parezco un débil?
¿En tu cumpleaños?
La almohada. Perdona.
- ¿De verdad debería quedarme? - No me marees. ¿Quieres quedarte?
Pues quédate.
¡Qué diablos! ¡Feliz cumpleaños!
¡Un hombre de su edad debería estar acostado!
QUERIDO JERRY: ¿NO PIENSAS COGER EL TELÉFONO?
SÓLO QUERÍA DECIRTE FELICIDADES Y QUE TE QUIERO. TESS.
No deberías haber regalado la nevera.
- Si sigues así, vas a... - ¡Hola, Jerry!
¿Estás bien?
Bien. He encontrado otro puente, el Queensboro.
- Gittel, te dejé plantada. - Ya me di cuenta.
- ¿Por qué cambiaste tu regla de oro? - ¿Eh?
No pude resistirme a tu sombrero de bobo.
¿Seguro que fue eso y no la caridad?
Ya me han tratado con caridad y no volverá a pasar.
- ¿Por eso te largaste? - En parte.
Estaba preocupada por ti y te llamé un par de veces, pero no hubo respuesta.
¿Te dejo plantada y aun así me llamas?
- Dos veces. - Gittel.
Necesitas cuidarte, no te preocupas de ti.
- Deberías quejarte más. - ¿Por qué?
Como ahora. ¿No te enfadas por la hora que es?
- ¿Qué hora es? - Las cinco.
- Necesitas practicar. Venga. - ¿Venga, qué?
¡Quéjate! ¡Grita! ¿Quién soy yo para llamar a estas horas? Si te molesta, dilo.
- ¿Por qué gritas? - Por tu propio bien.
No me gusta gritar, me pone nerviosa.
- Además, me alegro de que llames. - ¿Por qué?
¿Por qué eres tan idiota? ¡Estaba preocupada por ti!
Eso está mejor. Sólo necesitas práctica.
¿Práctica? ¿Crees que estoy loca? ¡Mira qué hora es!
¿Me llamas a las cinco para que grite?
No. Te he llamado para decirte que eres una chica maravillosa.
- No regales nada hasta que te vea. - ¿Eh?
Parece que me lanzo al mercado a por una persona completa.
Por toda tu persona, con úlceras y sin apéndice.
¡El Queensboro debe ser un gran puente!
Sí, la vista es genial.
Con la vela de cumpleaños que encendiste llegó la luz hasta Omaha.
- Omaha, Nevada. - ¿Donde te trataron con caridad?
Tragué hasta quedarme sin amigos y sin nada que fuera mío.
Aunque se haga por amor,
no sirve para hacer que un hombre se sienta...
hombre, digamos.
Sólo para entenderte, explícamelo como si fuera una niña pequeña, ¿vale?
Está bien. Conocí a Tess el último año de bachillerato.
Su padre, Lucius, un fanfarrón sin igual,
era tan rico que no le preocupó que yo no lo fuera, ¿está claro?
- Sí, sigue. - De acuerdo.
Entre los dos, me absorbieron.
Me consiguieron una beca para estudiar Derecho y entré en su bufete familiar.
Lucius hizo la casa en la que vivimos Tess y yo.
Una gran casa. Una caseta demasiado lujosa para un perro sin pedigrí.
Y eso es todo.
¿Qué viste cuando la vela volvió a iluminarlo?
Que me lo había buscado.
Podría haber dicho basta o haberme ido, pero no lo hice.
La mitad de mi vida he vivido de limosnas.
Al verlo, anoche dejé plantada a alguien. A ti.
No era una buena forma de comenzar.
¿Sabes qué? Eres muy desconcertante.
¿Desayunamos juntos e intento concertarte?
Claro. A las nueve me quitan una muela, así que más tarde.
Me pondré a escupir sangre, así que...
Quiero decir que no podremos hacer nada.
¿Por qué no te acompaño al dentista?
- ¿Para qué? - Porque quiero.
Nos vemos luego. ¿Qué haces cuando te sangra una muela?
- ¿Te ha pasado? - Me refiero a ti.
¿Eh? Ah, dejo que sangre hasta que pare.
- ¿Por qué? - No importa.
- Gittel. - Sí.
¿Es muy bueno el Dr. Kruger?
Es un experto en algodón.
Te agujerea, te da algodón, cinco dólares, hasta la semana próxima.
Vuelves, más algodón, cinco dólares, hasta la semana próxima.
Y sigues así hasta volverte loca, entonces te empasta el diente.
¿Por qué vienes al Bronx a su consulta?
Es el dentista de mi madre, ¿adónde voy a ir?
Con que no dolía, ¿eh?
- Hola, Gittel. - Hola.
Pase, Sr. Molinari.
¿Quiere pasar primero? Yo no tengo prisa.
Yo tampoco, gracias.
Jerry, la muela no me da problemas desde hace dos días.
Ha pasado mucho tiempo. Quiero conservarla. Vámonos.
Front Street, en el Village.
2,98 $ por una bolsa de hielo y un taxi. Te estoy costando una fortuna.
Bueno, estoy a punto de hacerme rico.
¿Vas a volver a ese puente a atracar a alguien?
He quedado con alguien para un trabajo. Taubman. Un abogado muy importante.
- ¿Cuándo? - En cuanto te acueste.
Con la bolsa de hielo... temporalmente.
Por el amor de Dios, eres muy convencional.
¿Por qué no me has traído dulces en una caja con forma de corazón?
No las reciben hasta San Valentín.
- Bueno, esperaré. - Gittel...
Espera. Tengo que ponerlas en agua.
Con lo que cuestan, espero que te lo hayan dado.
- Mañana empiezo a trabajar. - ¿Vuelves a ser abogado?
No puedo trabajar de abogado hasta aprobar el examen.
- Prepararé los expedientes. - ¿Qué significa eso?
Buscar los precedentes de un caso.
Cuando un chiflado demanda a otro y el juez no sabe quién está más chiflado,
se basan en un caso similar de otro tribunal de 1890.
Aparta.
- Me gustaba más sin mangas. - Muy bien, la tuya la haré sin mangas.
- ¿Es divertido preparar expedientes? - Se paga bien.
Ahora que vamos a ser uña y carne...
- ¿Alguien quiere sangrarte? - No, pero las chicas costáis mucho.
Flores, bolsas de hielo... ¿Qué tal la muela?
- Bien. - Y alquilar locales para bailar.
- ¿Vas a alquilarme un local? - ¿Por qué no?
Quiero que me utilices.
- ¿Quieres parar de moverte? - Estoy nerviosa.
Y yo, pero tanto paseo no nos ayuda en nada.
Estaba esperando a que me detuvieras.
¡Huele a muerto!
Por las pieles. Si abre la ventana, no huele.
- ¿Puedo hacerlo ahora? - Usted mismo.
Si quieren saber mi opinión, es un local de primera clase.
Es el único más grande que un armario y más pequeño que una bolera.
Hay que pulir el suelo para bailar, pero es perfecto.
- ¿Sr. Jacoby? - Sí.
¿Cómo va a acondicionar el sitio?
No pienso mover un dedo. 60 $ al mes, tres meses por adelantado.
- Si quieren hacer algo, háganlo. - ¡60 $ al mes!
- ¡Por un sitio sin tigre! - ¿Sin qué?
- Sin un baño. - ¡Un aseo!
Un piso más abajo, al fondo, limpio, con toallas de papel.
¿Qué quieren? ¿Vivir aquí?
¿Quieren retrete? No es un apartamento. Nadie vive aquí.
- ¡No alquilo a "modernos"! - ¡No se ponga así!
Quiero montar una academia de baile, alquilarla para dar clases.
- ¿A niños? - Puede ser. ¿Por qué?
Si vienen niños, quiero una declaración. Lo que rompan, lo pagan.
¿Qué van a romper? ¡Esto es tan bonito!
Algo encontrarán.
Jóvenes queridos, abajo tengo un negocio de confección.
¿Por qué no lo discuten ustedes y ya deciden?
Si lo quieren, bien. Si no, vayan con Dios.
Sea como sea, devuélvanme la llave. Gracias.
¡Maldita sea! ¡60 pavos al mes!
Cálmate, tu úlcera se va a despertar.
Hemos visto cien locales en cinco semanas.
- Este está bien. - ¡Pero son 60 $!
Gano más del doble en una semana.
- ¿Y tengo que ser una sanguijuela? - Hazme un favor, sé una sanguijuela.
- Vamos a ver más. - No puedo, cielo.
- Taubman quiere verme a las 17:00. - ¿Te va a echar?
¿No estarás contenta hasta que me mantengas?
No seas tan listillo.
Iré a ver más, tú ve a ver qué le pasa a Taubman
y en la cena lo hablamos tranquilamente.
Está bien, pero nada de hablarlo tranquilamente.
Joven querido, ¡nadie vive en un local así!
- Eso bastará. Siéntate. - Gracias.
Es ridículo que trabajes de administrativo.
¿Por qué no haces la prueba y te colegias?
Sería mucho esfuerzo. Hace siglos que no estudio.
Evítate eso, que te admitan en una moción.
- Yo te propondré. - Muy amable por tu parte.
Han de recomendarte abogados importantes de Nebraska.
El jefe de tu antiguo bufete podría arreglarlo.
Si se lo pido. Pronto se convertirá en mi ex suegro.
Piénsalo. Nos gustaría que te quedaras.
- Sólo por interés, ¿cuánto ganaría? - Podría ofrecerte 10.000 al año.
Bueno, yo podría no aceptarlo.
Si valgo para trabajar a tiempo completo, eso serían 12.500.
Me atraparías con 14.000, así que deberíamos hablar de 15.000.
Vayamos a Saint Regis a beber algo.
- Vamos a regatear de verdad. - Creo que debo advertirte
de que eso me hace subir los precios.
Curioso, a mí bajarlos.
- Hola, cariño acabo de... - No te muevas.
Huele bien, ¿qué es? Pollo.
Y ensalada en la mesa y patatas y vino en la nevera.
Una ganga, 59 centavos la botella. Debe ser viejo.
- ¿Qué es tan divertido? - Tú.
- Quería decirte... - ¡Eh! ¡Cortinas!
¿Crees que vengo aquí sólo para verte?
Un momento. Quedará mejor con velas. Acogedor, ¿eh?
Maravilloso. Va a parecer un sitio turístico.
- ¿Qué hay en la bolsa? - Hay de todo.
- ¿No querías un estropajo de alambre? - Sí.
Postre. Pastel de soja. Sin sal ni mantequilla ni sabor.
Un regalo. De mí para ti.
Me muero por saber qué es. ¿Qué es?
Ella abre el paquete de su amor, cree que son dulces.
Es un diamante, arrancado del ojo de un ídolo. Ella grita...
- ¡Pastel de jabón! ¿Necesito un baño? - Ni se te ocurra.
Es Chanel No. 5. 5 $ la pieza. Nos lo comeremos a cucharadas.
Creo que el loco de los dos eres tú, aunque no lo creas.
- 5 dólares que no nos comeremos. - Ah, claro que sí.
- ¿Cómo va tu estómago? - He tomado antiespasmódico y se fue.
- ¿No del todo? - ¿Crees que estoy gorda?
- Dios Santo, no. - ¿Muy delgada?
- Eres una nave de femineidad. - Eso significa sexy, ¿no?
- Pero en bonito. - ¿Soy demasiado sexy? ¿Una obsesa?
Creo que eres una nave desorientada.
Bien pensado, diría que tu culo es fantástico.
Una nave. ¡Parezco un barco encallado!
Se va a quemar el pollo.
Te quería decir que vas a recibir una conferencia.
- ¿De quién? - De tu mujer.
He hablado con ella. Se lo ha pedido a la operadora.
Al principio ha sido raro, luego he pensado:
"Lleva años casada con él. ¿Por qué no iba a llamarlo
para preguntarle cómo está?".
Me he relajado y he observado el pollo.
- ¿Cuándo ha llamado? - Un par de veces. Llamará a las 20:00.
Dios mío, tiene que estar forrada.
Yo sólo he puesto una conferencia una vez.
Con Tallahassee, Florida, después de casarnos.
Wally trabajaba allí. Eso me dijo, pero era una pelirroja.
- No me dio un ataque, lo llamé... - No quiero hablar con Tess.
Pues no lo hagas. Me dio un ataque al recibir la factura.
No lo cogeré, es lo mejor.
- ¿Quieres traer el vino? - Ya lo creo.
Tenemos que celebrar.
Espera que te cuente mi sesión con Frank Taubman.
¿Qué pasa, cielo? ¿Es porque no quiero coger el teléfono?
Se ha acabado. Es historia. Y quiero que siga siéndolo.
Así que... hablemos de algo más agradable.
¿Has encontrado un local mejor que el de Jacoby?
- ¿Eso es agradable? No. - Bueno. Mañana cerraremos el trato.
Alquilaré un local cuando tenga trabajo. En Schraffts buscan chicas.
- ¿Schraffts? ¿Para servir mesas? - Para lo que sea.
Cuando trabajé en el mostrador de dulces, engordé 3 Kg.
- Había buenos dulces. - Tonterías.
- ¿Qué tiene de malo Schraffts? - Que trabajes allí. Nada de Schraffts.
Descanso para la fiscalía.
El pollo está fabuloso. ¿Qué le da sabor a ginebra?
- La ginebra. - Fabulosa.
Me refiero a ti. Cocinas, coses...
¿Por qué comes patatas fritas? Sabes que no son buenas para ti.
- ¿Cuántas te has comido? - Tres.
Ya son demasiadas.
Está bien, te dejo comer una más.
Toma esto... a cambio.
He leído sobre la úlcera. Come lo que puedes.
¿Sabes qué? He olvidado su voz. ¿Qué te ha parecido?
¿A qué te refieres? Maravillosa. Me ha parecido maravillosa.
¿Quieres oírla? Habla con ella.
No lo entiendo. ¿Quieres que hable con ella?
Estoy contigo, en el Paraíso, como Adán y Eva.
¿Por qué buscar a la serpiente? Ya nos hemos librado de las chinches.
Bueno, Jerry, ya que hablamos de chinches, hay algo que me chincha.
Dices que es historia. Muy bien. Lo mío con Wally también es historia.
Pero si llamara, haría una mueca, pensaría si debo hacerlo y lo cogería.
Es humano, igual está enfermo o necesita algo.
- Averiguas por qué llama. - Tess nunca me ha necesitado.
Wally significa demasiado para no hablarle.
Vosotros sois así. Yo no actúo del mismo modo.
- No. - Hablemos del local.
Cielo, eres bailarina, es hora de que lo demuestres.
Así que mañana lo alquilamos, ¿de acuerdo?
Voy a por el café.
Puedo permitírmelo. De verdad.
Haces café para el Fort Knox y no lo sabes.
Taubman me quiere a tiempo completo.
¡Genial! ¿Trabajarás en los juzgados, como tú querías?
No puedo, a no ser que acepte favores de mi ex suegro,
que sería retomar un antiguo mal hábito.
O que haga el examen del Colegio, que me parece enervante.
- Puedes con ellos. - ¿Por qué lo crees?
Me da esa impresión.
No me sé las leyes de tráfico y soy mayor para ir al cole.
Si hay abuelas universitarias. Con once nietos...
¿Parezco una abuela?
Empezamos con que te quiero ayudar y acabas metiéndome en la universidad.
No necesito ayuda, me las arreglaré. Tendrás que hacer el examen.
No tengo ninguna prisa.
¿Estás de vacaciones y no tienes prisa?
Lo que quería decir es que...
Déjalo. No sabes ni por qué discutes.
¿Ves esto?
Es el Manual práctico de Clevenger del estado de Nueva York.
Llenaría esto y toda una biblioteca con todo lo que no sé.
¿Sabes qué creo que te sobra? Falta de confianza.
Si eras un abogado tan famoso en Nevada, ¿qué diferencia hay?
- Nebraska, cariño. A 1.600 Km. - Hablo en serio.
- Hueles mejor que el Chanel. - ¿Por qué eras famoso?
- Hacía 70 golpes. - ¿Qué?
- Birdies. - ¿Te hiciste famoso matando pájaros?
Condenado.
- No puedo más. - No contestes.
- ¿Diga? - Soy yo.
- Cuelga. - ¡Es Larry!
- ¿Por qué no me has llamado? - Acabo de llegar.
- ¿Qué te ha dicho la YMCA? - 625 dólares.
- ¿Cuánto? - ¡625! ¿Qué vamos a hacer?
No lo sé, pero ahora no puedo hablar. Estamos cenando.
- ¿Podemos usar el local? - Aún no, pero ahora no puedo hablar.
¿Qué te ha hecho esa dama?
- Quererme. Casarse conmigo. - Dejarte. Es un encanto.
Le di razones para ello. Es lo mejor que podía hacer.
Si todo iba tan bien, ¿por qué te fuiste de Nebraska?
- Por lo menos tenías trabajo. - Me quedé un tiempo.
Todo fue bien al principio. Estaba ocupado, Tess rehizo su vida.
Encontró a alguien. Un tipo que estaba enamorado de ella y se casarán.
- ¿Eso te dolió? - Yo pensaba que estaba bien...
- Pero ¿te dolió? - Bueno...
No paraba de encontrármelos.
Cuando llevas 12 años casado con alguien,
vives con alguien durante 12 años, no te separas así.
No lo olvidas como si fuera... Pero bueno, corté por lo sano. Huí.
Deja de huir, has llegado al Atlántico.
- Ya no huyo. - ¿No lo ves?
Si no hablas con ella, estás huyendo.
Pídemelo. No trates de ayudarme. Pídemelo y puede que lo haga,
- si te parece importante. - ¡A ti!
Yo no quiero. ¿Tú quieres? ¿Sí o no?
- No. - ¿Que haga el examen?
- ¡No! - ¿Qué quieres de mí?
¡Maldita sea! ¡Nada!
Deja eso. Fumar es malo para tu estómago.
Yo me encargo de mi estómago. Llevo 30 años con él, nos apañamos.
Pero no te apañas. No paras de mentirte a ti misma.
Seguro que te las apañas. Vives al día, cambiando de trabajo, de hombre,
pero no hay nada fijo. Todos se largan a Tallahassee.
- ¿Le pagaste el billete? - Estaba arruinado.
¡Dios mío! ¡Lo hizo!
Si pagas el transporte, cualquier vago se apunta al viaje.
Y nunca sabes por qué se acaba el viaje, ¿no? Te lo voy a decir.
Si un hombre quiere echarte una mano, tú le das un donativo.
Podrías escupirle. Únicamente te utilizan y se marchan.
Ya no es un juego, ya no eres una niña. Estás sola.
¿A quién le importas, además de a mí?
No me escupas, Gittel. Tess no lo necesitaba, pero tú sí.
Reclámale algo a un hombre, sólo una vez. Te sorprenderá.
- ¿Entiendes lo que digo? - Claro.
Eres un gran abogado, Jerry. ¿Cómo eres tan tímido?
- ¿No me has entendido? - ¡Claro!
Como jurado, me doy cinco años.
- No bromeo. Necesita a alguien. - ¡Suéltame!
- Necesita a alguien. - ¿O qué? Suéltame o grito.
- No lo harás. - ¡Socorro!
- Lunática. Va a venir alguien. - No vendrá nadie, esto es Nueva York.
Suéltame. Me vas a hacer daño, bruto.
- Me voy antes de que me pegues. - ¿Pegarte?
¿Es eso lo que esperas de tus romances?
En materia de hombres, me espero lo peor.
- Coge el teléfono si eres tan fuerte. - ¿Quieres que lo haga?
Claro que quiero. No sé a qué atenerme.
Si grito como una loca, no vendrá nadie.
- ¿Con quién puedo contar aparte de mí? - ¡Conmigo!
¡Si me apoyo en ti, acabaré en Nevada en algún agujero!
- Sí. Diga. - Sr. Jerry Ryan, por favor.
- Al habla, operadora. - Conferencia desde Omaha.
- Hola, Jerry. - Hola, Tess.
- ¿Sabes cuántas veces te he llamado? - Lo sé.
- No sé por qué. - ¿Por qué?
- Para hablar del divorcio. - No hay nada de que hablar.
El divorcio está en proceso, eso es todo.
- ¿Qué haces? Me preocupa. - No te preocupes.
Tengo una chica y trabajo, estoy bien.
Me alegro, Jerry. No te enfades, podemos ser amigos.
No quiero que seamos amigos. Sal de mi vida. Quiero olvidarte.
- Yo no puedo olvidarte. - Lo siento, Tess.
Lo intento, pero no puedo.
No llores, Tess, por favor.
Tess, ¿quieres parar de llorar?
- Gittel... Gittel, yo... - No es por lo que has dicho.
- No estoy disgustada por ella, es el baile. - No, cariño.
Larry dice que la YMCA pide 625 pavos.
- Ahora huyes tú. Es por ella. - Es por la YMCA, el recital.
- ¿Por qué alquilar un cochino local? - Olvídalo. Cielo...
- Ayúdame. - ¿Qué?
Dame algo a lo que agarrarme. Utilízame, aunque sea por un cochino local.
Pero yo también tengo miedo. No sé en lo que me estoy metiendo.
- ¿Por qué aventurarme? - Porque yo lo hago.
Ambos reclamamos nuestros derechos. Es el comienzo. Seamos iguales.
- ¿Con lo del local? - Con lo del local.
Vale, apaga la maldita luz, ¿quieres?
Y rebotad. Arriba y rebotad. Bien.
Estáis aprendiendo. Y rebote y rebote y rebote y arriba
- y vamos con un poco de retraso. - Vale.
Y empujad y empujad y empujad y juntos y empujad y empujad y empujad.
Y juntos. Estirad a la derecha...
Estirad a la izquierda...
Bien. Bien. Y ahora giro, giro, giro, giro...
Y giro y giro y giro...
Giro y giro y giro...
Y toque, toque, toque, toque...
- Atrás, atrás, atrás... - ¿Diga?
- Gittel, soy yo. - Hola, Sophie.
- ¿Cómo te va? - El estómago me da el coñazo,
por lo demás no me quejo.
- ¿Vienes a una fiesta el viernes? - ¿Viernes?
Lo hablaré con Jerry, veré qué tiene en mente.
- Yo también quisiera saberlo. - ¿Qué tipo de comentario es ese?
- Por decir algo. Lleváis ya tiempo juntos. - No tanto.
- Con Wally lo supiste enseguida. - Con Wally fue diferente.
- ¿Qué hay de Max? - ¿Qué Max?
El Max de Rosendale.
Ninguno me ha comprado un local y Molly va a dar otra clase.
- Seymour siempre se portó bien. - Me compraba chocolatinas.
Aún me debe 70 pavos.
Hasta que conocí a Jerry, yo era una víctima nata.
¿Por qué no puede...?
- ¿Eh? - Llévale a casa, preséntale a tu madre.
¿Crees que estoy loca? Si la conoce, huirá de Nueva York en globo.
- El sindicato de la dueña no es bueno... - Espera, Sophie.
De los jefes... Ahí tienes tu sucio dinero. Me sangras.
- 12 pavos. - Con esto tienes hasta el día 10.
- Sí. - ¿Necesitas un préstamo?
No si tengo que devolvértelo.
- Ya estoy. - Sigue con lo de Jerry.
No entiendes lo de Jerry.
Juega al golf. ¿Conozco a alguien así?
- ¡Qué importante! - ¿Qué sabrás tú?
¡Si no pinta, es un don nadie!
No discutamos. ¿Estás trabajando?
Trabajo en el recital. Bueno, lo intento.
Es duro seguir después de tanto tiempo.
- Sería mejor dedicarme al golf. - Deberías dedicarte al matrimonio.
¿Qué prisa hay? Aún no se ha divorciado.
¿Ha de ser bígamo?
- ¿Lo habéis hablado? - Aún no.
- ¿Por qué no? - Me vas a volver loca.
- ¿Por qué? - Me agobias.
- Soy tu amiga. - ¡Sé mi enemiga y deja de agobiarme!
- Bufete Taubman. - Soy Gittel Mosca.
- ¿Está el Sr. Ryan? - Está al teléfono.
- No tengo nada que hacer, esperaré. - Es con Omaha, Nebraska, puede tardar.
Bueno, entonces no esperaré.
Las conferencias con Omaha pueden alargarse mucho.
- Sí, ¿diga? - Hola, cariño.
- Hola. Jerry, justo me iba. - He oído por ahí que me has llamado.
La operadora me ha dicho que tenías una conferencia con Omaha.
No era importante.
Sophie y Oscar han preparado algo para el viernes, ¿quieres ir?
Taubman también ha preparado algo. ¿Y si vienes tú conmigo?
Tú vas a lo tuyo y yo a casa de Sophie. Ambos lo pasaremos bien.
No tenemos que estar pegados.
- ¿Qué te pasa, cielo? - Nada. Tengo prisa, sólo eso.
- ¿Quedamos a tomar un café? - No, no puedo quedar para nada.
- ¿Por qué no? - Bueno, porque...
Tengo que bajar, cruzar la plaza, coger un autobús
e ir a casa de Larry. Luego hablamos.
- Hola, Sophie. - Creía que estabas en una fiesta de lujo.
Me he ido. Quería sorprender a mi chica.
Gittel no está aquí.
- Se han marchado hace una hora. - ¿Ellos?
Sí, seguro. Un amigo. Un invitado.
No hay problema, ¿no? Es soltera y puede ver a otras personas.
Por supuesto. Sophie, dime, ¿por qué eres tan grosera?
- ¿No te importa que pregunte? - No, no me importa.
- Soy amiga de Gittel. - Yo también.
No lo creo.
Cuando vea que me he equivocado, me alegraré de pedir disculpas.
- Bien, gracias. Buenas noches, Sophie. - Buenas noches.
Venga, dame un beso.
- ¿Diga? - ¿Dr. Kurtzman?
- ¿Quién le llama? - Yo, ¿quién es usted?
¿Está realmente ahí o es un contestador?
- Estoy de servicio. ¿Es importante? - Es urgente.
- ¿Quién le llama? - Gittel Mosca. Estoy muy mal.
- ¿Cuál es su número, por favor? - Canal 6-2098.
- El doctor la llamará. - Gracias.
Hola, Jerry. ¿Lo has pasado bien en tu fiesta?
No tanto como tú.
- ¿Estás borracha al menos? - Sí, he bebido algo.
Tenía mucha sed y no me he parado a pensar.
- Ni pensado en parar. - ¿Con quién estabas?
¿Eh? Jake. Es un pintor muy moderno.
¿Por eso le has besado? ¿Eres una mecenas del arte?
- ¿Dónde estabas? - Llevo toda la semana a un paso de ti.
No le he besado, me ha besado él.
¿No has ido a casa de Frank Taubman?
Enciende el fuego, ¿quieres? Tengo mucho frío.
- Ya has bebido suficiente. - Es agua.
¿Qué te pasa? ¿No me crees?
Después de irte de casa de Sophie con ese, ¿adónde has ido?
Si has estado a un paso de mí, lo sabrás. En su casa.
¿Durante dos horas? ¿Haciendo qué? ¿Mirando sus pinturas modernas?
- ¿Qué ves, el destino? - El tuyo. No me gusta.
Dios mío, me he tomado seis copas. ¿He arruinado mi vida?
No hablo de tu borrachera. ¿Te has acostado con él?
¿Tienes ganas de llorar, Jerry? Yo tengo ganas de llorar.
Lo has hecho, ¿verdad?
- Pobre Jerry. - ¿Te has acostado con él?
¿Y qué si lo he hecho? ¿Se acaba el mundo?
¿Por qué?
- ¿Por qué? - ¿Qué importa?
¿Qué importa? ¿De verdad te preocupo yo tan poco?
- Jerry. - ¿Y tú misma?
- Tengo otras preocupaciones. - ¿Por qué lo has hecho?
No lo sé. Además, ¿quién dice que lo haya hecho?
Vas a hacer que me dé a la bebida. ¿Por qué has ido a su casa?
Hace un par de años estuve saliendo con Jake. He tomado unas copas.
- Por los viejos tiempos. - ¿Por qué bebes?
¿Qué haces? ¿Analizarme? Ibas a ir a casa de Taubman.
- Te pedí que vinieras. - No quiero ir allí. Son unos estirados.
- ¿Por qué has ido a su casa? - Estaba borracha, ¡te lo he dicho!
- ¿Quieres una confesión escrita? - No te vayas. Te estoy hablando.
¡Venga! ¡Habla! ¡Vaya con los abogados!
Te emborrachas y envías la relación a freír puñetas por algo.
- ¿Qué he hecho? ¿De qué te quejas? - ¿Quién se está quejando? ¡Tú!
- ¿No tengo derecho? - No cambies de tema.
- No cambio de tema. Hablo de nosotros. - Ese nunca ha sido el tema, Jerry.
¿Qué te he hecho para que te vayas con ese imbécil cómo se llame?
- Jake. - Un imbécil.
Quieres que me vaya a casa, ¿no?
¿Librarte de mí y buscar a cualquiera que lleve pantalones?
Déjame en paz, me duele la cabeza.
Está bien.
Hablaremos mañana, cuando puedas mantenerte en pie y pensar con claridad.
- ¿Jerry? - ¿Qué?
- ¿Ya no me quieres? - Te odio. ¿Soy lo suficiente pasional?
Venga, date la vuelta.
- Yo lo hago. - No lo hagas. Te lo pido por favor.
Tú no me odias. Sólo sientes pena por mí.
¿Qué te hace pensar que das tanta lástima? Estira.
Si me vieras bailar en el local, te daría lástima.
Me quedo sentada buscando ideas, como si estuviera atrapada.
¿Sabes qué, Jerry?
- No soy una bailarina. - ¿Por eso te has emborrachado?
¿Si te preparo leche, te la bebes? Para asentar el estómago.
¿Por qué sólo hablamos de mi estómago? ¿No tengo más encantos?
¡Apártate de mí! ¡Yo lo hago!
No quiero tus malditos favores.
¿Así es como piensas dormir la mona?
Gittel, ¿me voy o me quedo?
Me voy.
¿Dejo el fuego encendido?
Sí.
¿Puedo hacer algo por ti?
No. Claro que no.
¿Jerry?
- ¿Jerry? - ¿Qué?
¿Por qué sigues ahí?
No puedo dejarlo para mañana.
No quiero seguir preparando expedientes, quiero volver a los juzgados.
- ¿Por qué no haces el examen? - Tengo miedo.
No sé si soy tan bueno sin Lucius.
- ¿Qué otra cosa puedes hacer? - Regresar a mi Colegio.
¿Porque tu mujer no va a casarse con otro?
- ¿Porque podría darte otra oportunidad? - ¿Qué posibilidades tengo aquí?
- Vamos. - Contesta.
No quiero hablar, deja que suene.
- ¿Quién es tan tarde? ¿Tu amigo? - ¿Quién sabe?
- ¿Vas a regresar o no? - ¿Por qué no? ¿Qué me retiene aquí?
¿Un batacazo en el examen? ¿Jake? ¿Dolores de cabeza? ¿Arenas movedizas?
¿Y yo no estoy hasta el cuello? ¿No me hundo?
Muy bien.
Pues dímelo. Llevas toda la semana callándote algo.
¿Por qué no lo escupes? ¿O es más fácil irte con el primero que encuentras?
¿Por qué actúas como un trapo con el que cualquiera se seca las manos?
- Está bien. ¿Cuándo? - ¿Cuándo qué?
¿Cuándo te vas?
No me envíes a Tallahassee, no me iré tan fácil.
Tengo mis propios planes. Creo que volveré con Jake.
Tiene mucho que ofrecerle a una chica, ¿sabes? Te sorprendería.
No significo tan poco. No mientas. Di la verdad de una vez.
- ¿Cuántas? - Dos.
Si te duele, ¿por qué no vas al médico?
- Dice que no tengo sentimientos. - ¿Estás mal? ¿Te he hecho daño?
Claro que me has hecho daño. ¿Crees que tengo la cabeza de plomo?
- No me has pedido perdón. - Lo veías venir, ¿no?
- Claro. - Lo siento.
Te dije que me pegarías y lo has hecho.
Si te hace tan feliz, lo haré cada hora.
¿Quién es feliz? ¡Oye! ¡Qué bofetada!
- Entonces, ¿no te vas? - ¿La bofetada no ha borrado nada?
Gittel, mira, no sé qué hacer.
Lo nuestro lo cambia todo.
Dime, ¿por qué ha ocurrido lo de hoy?
Muy bien, Jerry.
No ha sido una única cosa. Por un lado, has ido a casa de Taubman.
- ¿Por qué no querías venir? - No habría encajado.
Ni con ellos ni con ningún amigo tuyo.
Tienen mucha clase. ¿Para qué engañarnos?
Tonterías. Yo te llevaría a cualquier lado.
Cargarías conmigo como con un leño.
Mira. Yo soy muy descuidada. ¿Crees que no lo sé?
Eres una mujer preciosa.
Yo no diría eso. Tengo el cuello demasiado largo.
Además, esa no es la cuestión.
La cuestión es que no soy ella. Ella habría encajado.
Ese es el problema, Jerry. No nosotros. Tú y ella.
Y ese ha sido el problema desde que nos conocimos.
- No. - Sí.
¿Qué es Jake para mí? Un caramelo de un centavo.
Si tienes un centavo y estás junto a la máquina, lo echas.
Si no, pues no. Pero ella...
Como cuando era pequeña, solíamos besarnos en la entrada.
Ella está siempre dentro de ti y yo estoy fuera, en la entrada.
Todo lo que has hecho aquí era para demostrarle algo a ella.
- A ti. A mí mismo. - A ella.
Con ella no podías mantenerte en pie y conmigo lo harás,
pero yo tengo que depender de ti. Se lo demostrarás.
Con ella aceptabas limosnas, conmigo las das.
Locales, regalos. Aunque no los quiera, se lo demostrarás.
Si estás triste, no he de preocuparme de lo que he hecho.
Ha llamado, no ha llamado. Ha escrito una carta, no lo ha hecho.
Siempre se trata de ella.
Está bien.
Y luego dices que me necesitas. Yo te necesito.
¿Quién pone eso por escrito?
Cuando alguien te preocupa, no dejas que te pregunte.
Como si fuera una factura pendiente. ¿Es eso dar algo?
Y cuando me dices que me entregue en bandeja de plata...
¿Qué me das tú, Jerry? ¿Qué recibo yo?
Con un centavo, consigo un caramelo de un centavo. Pero tú...
Eres una gran caja de 10 pavos y a mí sólo me toca el celofán.
Timas a la gente. Haces ver que das cosas, pero no lo haces.
Así que eso es lo que he hecho.
- También se lo hice a ella. - No estoy hablando de ella.
A eso me refiero, a lo que haces ahora.
No, es verdad. Es verdad. Una parte de mí no ha llegado a esta ciudad.
- Lo he intentado con Jake. - Claro.
Ambos somos un fracaso.
No. Ambos no. Tú no.
He intentado cambiarte y que te parecieras a mí y a los demás.
Tacaños, contenidos, posesivos con lo poco que tenemos.
Si recibes algo, devuelves el doble.
No, no eres un fracaso. Eres un regalo, criatura.
Bajo esa cara preciosa, hay una luchadora.
Y debajo de eso hay alguien a quien nadie ha conseguido contaminar.
Así es como deberían ser las personas. Así eres tú.
He intentado convencerte dándote un gran regalo... A mí mismo.
Sólo que en parte era un fraude.
Te vas a la cama con canallas como Jake, como yo.
Mañana hablamos de ello.
Me encanta que tengas el cuello largo.
Jerry.
Jerry, no te vayas.
Jerry, me encuentro mal.
Por eso tenía tanta sed. Ayúdame, Jerry.
¿Por qué no me lo has dicho? Lunática. ¿Quién es tu médico?
Es quien ha llamado. Kurtzman, está en la guía.
Por eso llevaba tanto rato donde Jake. Por nada más.
- Me encontraba mal. No quería decírtelo. - ¿Serás tonta?
No me odies, Jerry.
- Estoy muy avergonzada. - Calla ya, lunática.
No quería decírtelo. No quería retenerte.
- ¿Retenerme? - Tengo mucho miedo, no me dejes.
Tranquila. Estoy aquí y no me voy a ningún sitio.
La inyección está haciendo efecto.
Eres demasiado joven para ser médico.
Su mujer debe sentirse como una reina.
Les advierto que deben estudiar el programa
y familiarizarse con la Ley de Fraudes.
Presten atención a las excepciones y reglas
que pueden utilizarse en acuerdos extrajudiciales.
Hoy nos detendremos aquí.
Mañana repasaremos el examen de 1951. Preparen las preguntas.
- Perdona, Molly, no lo he podido evitar. - No es por la tardanza, son los niños.
El salón de baile es todo vuestro. El miércoles vuelvo. A tiempo.
De acuerdo. Un momento. Tengo un cheque para Gittel.
- Bien. - ¿Cómo le va?
Bien. Llámala o pásate.
Esos monstruitos ya han roto una ventana.
¡Atascan el retrete con palos de helado!
Le dije que ocasionarían daños.
Eso demuestra que tiene visión de futuro, Sr. Jacoby.
¡Ni que lo diga! ¡Eh! ¡Vuelva!
¡60 $ de alquiler al mes y 6.000 $ de follones al mes!
Está mucho mejor, gracias. ¿Quiere saludarla?
- Hola, Gittel. - Hola, cielo.
- Tonto. - Espero que tengas hambre, cielo.
He de darme prisa y estar de vuelta a la 1:30.
- Eso es hace dos minutos. - Si me doy prisa, ¿llegaré tarde?
Deja un sándwich. No deberías deslomarte por diez minutos.
Te lo he dicho cien veces.
No alimento a mi chica con sándwiches. Te lo he dicho mil veces.
- ¿Alguna otra queja? - ¿Quién se queja? Soy educada.
- ¿Cómo ha ido la mañana? - Así, así.
- ¿Has estado ahí tumbada? - Casi voy sola al tigre.
- Cuando las ranas críen pelo. - ¡Saldré en los periódicos!
Esperé a que viniera Sophie.
- ¿Jerry? - ¿Sí?
Mañana intentaré ir sola. Aún estoy un poco débil.
¿Qué quieres, escalar el Everest?
¿Para eso van allí?
¿Sabes dónde me gustaría estar?
En la cama.
En Central Park. Sobre la hierba.
No le saco mucho partido a Central Park.
Sobre todo en un día como hoy. Aún no es primavera, pero ya está ahí.
Si el viernes te levantas sola, te llevo a Central Park.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa el viernes? - ¡Que habrá acabado mi examen!
- ¿Es eso una cita? - Qué ganas tengo de que se acabe.
Igual dejas de correr y puedes decir "hola".
Igual dejas de estar ahí y puedes decir que es una cita.
Tú y ese médico. "Srta. Mosca, ¿ya patalea?".
¿Ya patalea? ¿Qué lenguaje es ese?
Cruzo las piernas. Estoy débil, como un huevo roto.
Me he acordado de algo.
Igual esto te da fuerzas.
De Molly.
Tendré que tener cuidado. ¡Pronto me querrás por mi dinero!
¿Por qué otra cosa te iba a querer últimamente?
- ¿Cuándo tienes tiempo? ¿Ahora? - Tras la batalla, hija mía.
¡El filete!
Viernes a las 15:30 y en adelante, a cualquier hora.
¿Por cuánto tiempo?
¿Has dicho algo?
He dicho que te quiero.
Cuando quieras decirme algo así, no murmures.
Muy bien, gritaré.
No te preocupes, no muy a menudo. Dos veces a la semana.
No te preocupes. No me cansaría de oírlo.
Deja de hablar un rato, cotorra.
- ¿Ya has comido? - No tengo tiempo.
Cogeré un sándwich y comeré en la oficina.
¿Qué dices? ¿Quieres que te dé una crisis nerviosa?
Te estás matando.
A trabajar, a estudiar, corriendo como la Western Union.
- Me cuidas día y noche. - Me gusta hacerlo, lo sabes.
No digas tonterías, cómete el filete y cúrate.
No quiero aprovecharme de ti, de verdad.
Si me preguntas qué me pasa... Tengo miedo.
- ¿Miedo de qué, cariño? - Bueno...
Me he acostumbrado a tenerte aquí.
A ver tus cosas, tus corbatas por la casa.
En cuanto me levante, tus corbatas volverán a tu casa.
Igual sigo aquí por eso, plantada como una patata.
El amor mejora tu carácter, ¿eh?
No hay nada de qué hablar.
- ¿Qué haces? - Escribirle a mi casero.
Para decirle que me marcho.
¿Por qué no me habías dicho lo de las corbatas? Puedo traer más.
Debería haberlo hecho hace semanas. Supongo que no lo había pensado.
Atentamente, Jerry Ryan.
- Ahora mismo la envío. ¡Gittel! - Quédate ahí.
- Cariño, ha estado genial. - Sí, vuelvo a ser una muñequita.
Pero nunca he sido una chantajista y no lo voy a ser ahora.
Ni para atraparte. Así que toma. Atentamente, Gittel Mosca.
Me gusta estar aquí, me gusta tener aquí mis corbatas.
Y lo quiero así. ¿Lo entiendes? ¿Lo entiendes?
- Sí. - Bien.
¿Puedo ir a trabajar y dejarte sola? Si no voy, me van a echar.
No podré permitirme ni a una chica que no se oxide.
Y acuéstate pronto, pero no demasiado pronto.
Mastica bien el filete antes de tragar.
Tómate la medicina. Abróchate la bata, eres cosa mía.
El Sr. Appleton le espera en la biblioteca desde hace media hora.
Han dejado recado de que llame...
El viejo Appleton está dando golpecitos en la mesa.
- Lo siento, Frank. - Su mujer intenta localizarle.
Tiene que llamar a Omaha, operadora 12.
Hazlo ahora. Tranquilizaré al viejo Appleton. Utiliza mi despacho.
Pásale la llamada, Jessie.
- ¿Oiga? - ¿Jerry?
Hola, Tess. Siento que hayas tenido problemas para localizarme.
¿Cómo te sienta la libertad, Jerry?
- ¿Cómo me sienta qué? - Estar divorciado. Porque lo estamos.
- ¿Cuándo ha sido? - Ayer.
Así que... ¿ya no somos familia?
¿Y esos tarros? ¿Los empaqueto aparte?
- ¿Aparte de qué? - De los platos.
No lo sé.
Claro.
¡Socorro!
- ¿Qué ha pasado? - La maldita barra.
Nunca llegué a arreglarla.
Supongo que no tenía pensado...
- ¿Qué? - Nada.
Quédate en tierra, poca cosa.
¿También quieres que baje las cortinas?
Si quieres bajarlas, bájalas.
- ¿Qué es lo que te come? - Un plátano.
- ¿Qué? - Un plátano. ¿Quieres un mordisco?
- No. Te pregunto que qué te come a ti. - Ah, ¿a mí?
- ¿Qué te come a ti? - Yo he preguntado antes.
- Querer saber lo que te reconcome a ti. - Ya veo.
A mí me reconcome querer saber lo que te reconcome a ti.
Supongo que eso pone fin a la investigación.
¿Y los ángulos? ¿También los quieres?
- ¿Eh? - Yo no quiero ni una maldita cosa.
- Si tú los quieres. - Está bien, ¿los queremos?
- Claro, cuestan dinero. - Diez centavos. Cogeré el destornillador.
- Entonces, no. - Cielo, escucha.
Sólo pregunto que si realmente necesitamos tanta chatarra.
¿Cómo que chatarra? Todo está bien. 47 centavos el metro, rebajada.
- Puedo sacar 11 cosas de aquí. - Dime diez.
Dejémoslo, ¿vamos a cenar a algún sitio?
- Pareces cansada. - No estoy cansada.
- ¿Por qué estás triste? - No lo estoy, esto es el séptimo cielo.
Deja de intentar salvarme, me mata tu amabilidad.
Deberíamos estar celebrando que he aprobado el examen.
- Recogiendo, para vivir juntos. - Embalar la caja me hace sentir peor.
- ¿Por qué, cielo? - No lo sé.
Es como si algo no encajara.
Dejemos de hacer el tonto y casémonos.
Cuando consigas el divorcio.
Tengo muchos planes, Jerry. No seré sólo una carga.
Voy a aprender taquigrafía.
La taquigrafía es algo que faltaba en nuestra relación.
Y cuando abras tu propio despacho, tendrás una secretaria taquígrafa.
Te ahorrarás mucha pasta.
Y, además, voy a arreglar el piso.
No podemos invitar a nadie. Saldría un comité de cucarachas a saludar.
- ¿Piensas invitar a mucha gente? - ¿Por qué no?
A clientes. Compañeros, si los tienes. A los Taubman.
Delincuentes, si quieres. No vas a invitarles a un basurero.
Supongo que no.
¡Sería chocante que un drogadicto que mata a su madre
viera una cucaracha!
Podríamos irnos a un apartamento de verdad, a una casa.
¿Sabes qué he querido tener siempre en mi casa?
- ¿A mí? - Un ascensor.
Con un ascensor, puedes invitar a quien sea.
Supongo que sí. Nunca lo visto de ese modo.
La radio y la tostadora. Creo que empezamos a hacer estragos.
- ¿Jerry? - ¿Sí?
¿Has hablado últimamente con tu mujer de Omaha?
Sí. De hecho, me ha llamado esta semana varias veces.
- ¿Por qué? - Ah, por nada.
Me preguntaba si te había dicho algo del divorcio.
Deben estar a punto de concedéroslo.
Nos lo concedieron el día 14. Hace dos semanas.
¿Por qué no me lo has dicho, Jerry?
Supongo que me ha afectado un poco más de lo que esperaba.
Necesitaba tiempo para hacerme a la idea.
No querías que lo supiera.
No, supongo que no. No hasta que lo superara.
Lo siento.
Ya que hablas tanto con ella, ¿le hablas de mí?
- ¿De que vives conmigo? - Sí.
¡Canalla asqueroso! No me lo habías dicho.
¡Rómpelas todas! ¿Quién las necesita? Me voy de aquí.
- Gittel... - ¿Por qué no me lo habías dicho?
- No podía. - Pero a ella le hablas de mí.
Hasta divorciado, le cuentas los secretos a ella.
¡Si te casas conmigo, se enterará ella y yo no!
- No te vayas. - ¡Ten cuidado!
Siéntate.
En toda mi vida no he sido capaz de poder con un maldito hombre.
No es justo.
Escucha, Gittel. Le hablé de ti por una razón.
Porque me pidió que volviera. Quería que volviera a casa.
- Yo quiero que estés aquí. - Estoy aquí.
Pero quiero que estés aquí todo tú. Quiero decir...
No quiero que...
Jerry... escucha.
- ¿Somos amigos? - Somos amigos.
Entonces dime la verdad.
¿Podrías...? ¿Podrías decir alguna vez "te quiero"?
- Sólo lo he dicho una vez. - Puede haber una segunda vez.
Le pasa a muchos. Dijiste que el matrimonio se estropeó.
Dijiste que querías que fuera historia.
Es historia, viva. Mira.
Aquí dice: "Los lazos del matrimonio se rompen y se reducen a cero".
Cuando dos personas viven tanto tiempo juntas como Tess y yo,
tan unidas como... No es posible saber dónde acaba una y empieza la otra.
Es como... Mira, una vez en una fiesta conté un sueño que había tenido
y justo a mitad, vi que Tess dibujaba una sonrisa
y me di cuenta de que era un sueño suyo.
Esto... Esto no es cierto.
En cualquier tribunal del mundo te dirán que es cierto, pero no lo es.
Los lazos no pueden "reducirse a cero".
¿Cómo vas a mudarte hoy? ¿Por qué le dijiste que no?
Te dije que me reclamaras cosas y me necesitaras. Te obligué a hacerlo.
Gittel, me preocupo por ti. No quiero hacerte daño, ni perderte, ni engañarte.
¿Qué futuro nos espera, Jerry? ¿Pensarás menos en ella?
¿El tiempo pasará y todo irá bien?
¿Cómo voy a competir con ella?
¿Con hemorragias? ¿Te atraparé así?
En parte te tengo por ser una ruina, ¿vamos a seguir así?
Tenías que decepcionarme, Jerry.
- He intentado no hacerlo. - Eso es lo que no encaja.
Lo mucho que te has esforzado. ¿Quién se esfuerza tanto si todo va bien?
No estamos equilibrados, Jerry. Tú lo das todo.
Lo que tengo que ofrecer no lo quieres. Lo que quiero no puedes dármelo.
No importa que aprenda taquigrafía o a tocar la corneta haciendo el pino.
Si no me quieres, no me quieres.
Y el tiempo no hará que eso cambie.
Jerry, soy yo quien está acorralada.
Si vienes a vivir conmigo, te... Te obligaré a que nos casemos, lo sé.
Y, entonces, ¿qué me quedará?
No quiero pasar el resto de mi vida suplicando.
No me parece bien, Jerry. Ya no.
Quiero a alguien que sienta por mí... lo que has dicho tú de ella.
¿Qué te parece si rompemos?
¿Por mí? ¿Para que pueda volver?
No. Te quedes o no.
Si te soy sincera, Jerry,
desde la hemorragia no he podido ni respirar.
Quiero salir de esto para respirar.
- ¿Sí? ¿Diga? - Cielo, ya estoy listo. Todo embalado.
Hola, Jerry.
He dejado unas cajas con cosas, de cocina sobre todo,
- por si quieres algo. - No quiero nada.
Si quieres algo, algo importante, estaré en el hotel Commodore de Lincoln.
Lincoln, en Nebraska, no en Nevada.
No en Nevada.
Y si necesitas algo urgente, llama a Frank Taubman.
No tienes que explicar nada. Está todo arreglado. Llámalo.
- Sí. - No. Prométemelo. Sé generosa, Gittel.
- Está bien, te lo prometo. - Bien.
Estoy bien, Jerry, de verdad. Doy saltos como un muñeco con muelle.
- Encuentra lo que buscas. - Lo intentaré.
No cometeremos los mismos errores.
Tendremos lo que gane, una mesa, un teléfono, un lápiz y mis ideas.
- Te deseo lo mejor. - Yo también te deseo lo mejor.
Eres la sal de la vida, cielo. No lo eches a perder.
No lo haré.
Es una gran ciudad. Habrá algún hombre esperándome. Lo encontraré.
Ahora me valoro más.
Voy a tomar más decisiones.
Te enviaré alguna tarjeta de cumpleaños, ¿eh?
- ¿Dos a la semana? - Gittel, ¿qué estoy haciendo?
Haces lo correcto. Tampoco quiero limosnas, eso no me ayudará.
No, supongo que ambos lo sabemos.
Y tampoco voy a aceptar cualquier cosa.
Quiero a alguien... Que nos cuidemos mutuamente. Que sea sólo mío.
No como Sam o Jake. No podrían cuidar ni de un pollito.
Ahora me parece todo diferente.
- Me has hecho mucho bien, Jerry. - ¿En serio, Gittel?
- ¿De verdad? Porque si lo creyera... - Me has ayudado.
Por primera vez, acabo con más que con lo que empecé.
Lo que soy ahora, te lo debo a ti.
Gracias.
Te lo debes a ti. Más de lo que sabrás nunca.
Bueno... Hasta la vista, cielo.
Te quiero, Jerry.
A lo largo de tu vida, recuerda que lo último que me oíste decir
fue que te quería.
Yo también te quiero, criatura.
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