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EL CIELO PROTECTOR
Bien.
"Terra ferma".
Los primeros turistas desde la guerra.
No somos turistas sino viajeros.
¿Qué diferencia hay?
Un turista sólo piensa en regresar a casa
nada más llegar, Tunner.
Un viajero puede no regresar nunca.
¿O sea que yo soy un turista?
Sí, Tunner.
Yo, mitad mitad.
...doce, trece, catorce...
-¿Ninguna profesión? -No que yo sepa.
Vamos, Monsieur.
La señora es escritora.
El Sr. Tunner es un hombre de negocios.
Usted hará algo.
Mi mujer escribió una obra hace cinco años.
Me pareció maravillosa.
Pero las críticas fueron comedidas.
El negocio del Sr. Tunner es dar fiestas en su casa.
De uno en uno.
Mi marido es compositor.
Pero hoy prefiere ser modesto.
¡Claro! Un artista.
Muy bien.
¿Cuántos días se quedarán?
El Sr. Tunner se quedará unas tres semanas.
Mi mujer y yo, un año o dos.
¿Dos años?
¿Aquí?
¡Se acabó!
Italia concede el voto a la mujer.
Otros tres Pernods.
Hay un tren hasta Bussif. Luego, autobuses.
Tú sabrás. Ya has estado aquí, Port.
Seguiremos tus planes.
No tengo planes.
Bien.
Lo que tú digas.
Ya que Kit y Port
nunca habían vivido de forma sistemática
cometieron el grave error de considerar
el tiempo como inexistente.
Todo era igual.
Las cosas ocurrirían por sí solas.
Tuve un sueño extraño anoche.
¡Port!
Los sueños de los demás me aburren.
Lo sé.
Pero si no lo cuento, lo olvidaré.
Estaba en un tren.
Vi que íbamos a chocar
contra una montaña de sábanas.
Consulta el "Diccionario Onírico" de Madame La Hueff.
Calla.
Sabía que íbamos a chocar pero... ¿Qué?
¿Qué?
¿Por qué te empeñas en aburrirnos?
Quizá le interese a Tunner.
Los sueños son lo mío.
Entonces,
supe que podía evitarlo
si abría la boca y gritaba.
Pero me di cuenta que era demasiado tarde.
Había levantado la mano.
Me había arrancado los dientes como
si fueran yeso.
Empecé a sollozar.
Esos horribles sollozos soñados que te sacuden
como un terremoto.
No pasa nada. Déjala.
¿Llora?
Kit tiene días donde nada es lo que parece.
Cobra otro significado.
Un Mercedes blanco no puede ser sólo eso.
Debe tener un significado secreto
en nuestras vidas. Todo es un presagio.
Nada puede ser lo que es.
Me las vendió el botones.
Eran del General Montgomery. ¿Qué crees?
Yo también lo creo.
Disculpen.
¿Están en el Grand Hotel, por casualidad?
¡Qué bien!
Soy Eric Lyle. ¿Qué tal?
Por cierto,
quizá puedan
dejarme veinte céntimos.
Es que no tengo cambio para un jerez...
Muchísimas gracias.
¡Eric!
¡Sapo asqueroso!
¿Qué estás tramando?
Hola, mamá.
Iba a comprar cigarrillos.
¡Embustero!
Querías beber, ¿no es así?
¡Ya sabes lo que dijo el médico!
¿Qué, cielo?
Nada.
¿Por qué contaste tu sueño delante de Tunner?
No delante de él, sino a él.
Y a ti también.
Ya sé que los sueños te aburren pero, ¡Dios!
¿Por qué tomas todo tan a la tremenda?
¿Qué es un sueño?
No me fío de Tunner.
-Es un cotilla. -¿Tunner?
¿Y con quién puede cotillear aquí?
Olvidas que algún día volveremos a Nueva York.
Puede que algún día.
Me da igual que lo cuente a toda la Costa Oeste.
¿Qué importa?
¿Y por qué no te fías de Tunner?
No me siento cómoda con él.
Haberlo dicho antes de que cruzáramos el Atlántico.
-Tú le invitaste. -Él se invitó.
Le dejamos venir.
Le dejaste venir. No me entiendas mal.
Es alto, muy rico
y guapo.
Me cae bien.
Pero no te fías de él. ¿Qué significa?
-Debe significar algo. -Claro que significa algo.
Pero no tiene importancia.
Voy a dar un paseo. ¿Vienes?
No, gracias.
Me apetece estar aquí después de tanto barco.
Voy a dar un paseo. ¿Vienes?
No, gracias.
Me apetece estar aquí después de tanto barco.
-Voy a dar un paseo. -No, gracias.
¿Qué te apetece?
¿Y si me frotaras la barriga?
Sé lo que piensas.
Hueles muy bien.
¿Por qué no te fías de él?
Port, déjalo ya, ¿quieres?
Está bien.
Además, Tunner es más asunto tuyo que mío.
¡Port!
Buenas tardes.
¿Qué buscas?
¿Qué quieres?
Nada.
Me llamo Smail.
Estuve en el Quinto Batallón de Francotiradores.
Mira.
Luché en la guerra.
Mucha gente murió.
No había nada que comer.
-Estás triste, Monsieur. -No, estoy cansado.
La vida es corta.
Es mejor reír.
Divertirse.
Sí, lo sé.
Le llevaré a alguien.
Una chica.
Preciosa.
Más que la luna.
O sea, una puta.
¿Una puta?
¿Hago la habitación, Madame?
No, gracias.
Como quiera.
Ven, Monsieur.
Velo tú mismo.
Monsieur, escucha.
Es muy tarde. ¿A dónde vamos?
Allí. Esa es su tienda.
Ven, Monsieur. Ven.
¿No te quitas los zapatos, Monsieur?
No, gracias.
Tú le pagas por ocupar su tiempo. Nada más.
¿Por qué hablas en un susurro?
Por los hombres en las tiendas.
Se llama Mahrnia.
¡Basta! ¡Basta!
¡Dios mío!
¿Quién es?
Yo.
¿Estás despierta?
No mucho.
Es la mejor hora. No la desperdicies.
Enseguida estoy.
¿Estás bien?
Hola.
-Hola. -Hola, Tunner.
¿Una sesión de espiritismo?
Tu buen humor es repugnante.
Es que te miro.
¿Qué le pasó a Port anoche?
Le esperé.
¿Le esperaste?
Habíamos quedado en el café.
Luego, leí hasta tarde.
No había regresado a las cuatro.
No ha dormido mucho, ya se ha ido.
O sea, aún no ha vuelto.
¿Me pides el desayuno?
Uno de esos horribles cafés y un croissant de yeso.
Eres muy extraña.
Difícil de entender.
Deja de hacerte el interesante.
Te queda fatal.
Eres demasiado guapo.
¿Lista?
-Te llevo de compras. -¿De veras?
Antes de que haga calor.
¿No querías comprar una mosquitera?
Eso era ayer. Hoy estoy agotada.
No sé lo que quiero.
Vístete.
Esperaré en el cuarto de Port.
Hasta cerraré la puerta.
¿Compartís alguna vez la misma habitación?
Cuando se viaja durante meses,
es la norma a seguir.
Si te refieres al sexo,
no debe confundirse con el sueño.
Además, Port trabaja de noche.
Ya. Ronca.
O tú roncas.
Qué plomo, qué plomo.
¿Puedo pasar?
Sí, claro.
¿Qué ha pasado?
Kit.
-Port. -¿Y eso?
-Es Tunner. -¿Qué hace en mi cuarto?
Mira, Kit.
He decidido que me necesitas.
Port, sólo estaba esperando que me vistiera.
-Lo sé. -Basta.
Termina.
¡Vaya, vaya!
¿Qué pasa aquí?
¿Has ido a la guerra?
Eso parece.
Kit y yo íbamos a dar un paseo.
¡Dios! ¿Te has visto?
Necesito un café.
¿Os importaría mucho largaros de una vez?
Vamos, Tunner.
Hasta luego. Duerme.
¡Qué calor! Un día repugnante.
Sospecho que vuelve la malaria.
Se parece al asesino de Massachusetts.
El que degollaba a los niños.
Creo que el asesino tenía mejor aspecto.
¡Este agua me da náuseas!
No la bebas, ¡mariquita!
¡No paras de quejarte de la mugre y los bichos!
¡No bebas!
¿A quién le importa?
Son monstruosos.
Ella escribe guías
turísticas y tienen un Mercedes blanco.
También van a Bussif mañana.
¡Dios mío, qué horror!
Debemos elegir entre dos torturas.
Ir en tren o con ellos.
No sufras hasta que ofrezcan llevarte.
¡Lo que faltaba!
Otro presagio.
¿Otra vez?
¡Inútiles!
Sí, por favor. Quisiera
una brocheta
con un...
Por cierto, ¿qué pasó con Tunner esta mañana?
Parecía haber dormido
en mi habitación.
No quería que supiera que no habías vuelto.
¿Acaso está mal?
Es muy considerado.
Pero no me has dicho qué hacía allí.
No me has dicho dónde estuviste.
No me lo has preguntado.
Ni voy a hacerlo.
Seguro que nos lo ofrecen.
Los trenes me dan terror.
Odio deber elegir.
En vez de intentar suavizar
las pequeñas tensiones
había decidido ser intransigente al máximo.
El reencuentro tan anhelado llegaría tarde o temprano.
Pero él debía dar el paso.
Tenías razón.
El joven monstruo acaba de despertarme.
Dice que salen para Bussif dentro de una hora.
Y, gran alegría...
nos han invitado.
¡Lo sabía!
El coche es más rápido.
Cinco horas en vez de once.
También es más seguro.
¿Por qué está tan oscuro?
Si hace un día precioso.
Hay un pequeño problema.
No cabemos los tres.
Problema resuelto.
No abandonamos a Tunner.
¿Cómo que no le abandonamos?
No es nuestro invitado.
No tenemos que estar siempre con él.
No, tú no.
¿Y tú sí?
No dejaré a Tunner solo por subir a ese coche nazi
con ese horrible criminal pelirrojo.
¿Criminal?
Me da dentera.
Pero puedes hacer lo que quieras.
Iré en tren con Tunner.
Kit.
Los trenes te dan pavor.
He tomado una decisión.
¿Irás con Tunner?
¿Tienes bastante luz?
Sólo miro las fotos.
Lo siento. Los trenes me ponen muy nerviosa.
Escucha.
No pienses más en eso.
Me encargaré de que no te pase nada.
Registran las habitaciones.
Lo roban todo y hasta fisgonean.
Lo siento.
-Pero, ¿quién? -Los árabes, claro.
Son una raza de espías. ¿De qué cree que viven?
Nos odian. Los franceses también.
¡Los que más!
Los árabes me parecen simpáticos.
Porque son serviles.
-Pero si se descuida... -Una vez, en Mogador...
¡Cállate!
¿A quién le interesan tus idioteces?
-Vamos, mamá. -¿Qué "Vamos, mamá"?
¿Cómo te atreves? Necesitas una bofetada.
¿Un poco de medicina?
¡No puede ser champán!
-Órdenes del médico. -Estamos salvados.
A Port le daría algo.
Port no está.
¡Mire, un burro!
Me recuerda a España, qué país tan horrible.
Lleno de militares, curas y judíos.
¿Judíos?
Son los amos, como en todas partes.
Pero en España se hacen llamar
¡católicos!
-No, hagámoslo durar. -¿Por qué?
Es mágico. Puede detener un tren.
Tengo mucha magia.
¿Es una voz de hombre?
Es difícil saberlo.
Bebe.
No estoy hecha para vivir.
Vamos, Kit.
Traje champán porque sé que te pone nerviosa.
No lo tomes tan a pecho.
Tómatelo con calma.
-¿Quién dijo...? -No, Tunner.
Champán, sí. Filosofía, no.
¡Jesús!
¡Qué pintoresco!
Bueno, sí.
Su presencia completa el cuadro.
¿Ha llegado su encantadora esposa?
Sí, anoche. Aún no la he visto.
-Duerme. -Claro.
Salimos hacia Ain Krorfa mañana.
Delicioso.
Al parecer, allí hay un hotel decente.
No tan magnífico como éste, claro.
¿Magnífico?
Querido, Sr. Moresby,
esto es un verdadero lujo.
Dicen que es el mejor hotel de aquí al Congo.
De ahora en adelante, no hay agua corriente.
Nada de nada.
Sr. Moresby.
¿Me permite?
Bussif es muy aburrido, ¿no cree?
Y con mi madre, es aún peor.
Me preguntaba si podría dejarme algo...
Nada del otro mundo, ¿unos diez mil francos?
Digamos, ¿5.000 francos?
Es un préstamo, claro.
No soy tan estúpido como para creer
que todos los americanos son millonarios.
Verá, mi madre está loca. No quiere...
No me da dinero.
Y, dígame, ¿qué puedo hacer?
Con 500 francos
podría fumar dos semanas.
No me lo devolvería nunca.
Y tampoco me sobra.
Pero le daré 300 francos si le sirve de aIgo.
Observé que fuma una marca local.
Por suerte, es muy barata.
¡Dios mío!
¡Despierta!
¡Despierta, Tunner!
¿Qué?
-¿Qué pasa? -¡Estás en mi habitación!
Vete ahora mismo.
¡Dios!
-¿Qué hora es? -Casi mediodía.
¡No recuerdo nada!
Te veré luego.
Seguro.
-¿Queda champán? -¿Qué?
Champán. No controlo.
-La última. -Gracias.
¿Ronco?
¿Que si roncas? No.
"Port y Kit..."
"Port y Kit..."
Os quiero, Port y Kit."
"Os quiero, Port y Kit."
¿Me dejarás la tuya si se me rompe la cadena?
Si Tunner no hiciera esas siestas,
nunca estaríamos solos.
Está enamorado de ti.
No digas tonterías.
Han pasado cosas más tontas.
No se separa de ti, dice banalidades.
La forma que te mira con el DDT en la mano.
¿Qué más?
La ferocidad con la que cuenta tu equipaje.
También cuenta el tuyo.
No es lo mismo. Mira.
Un día de estos, echarán a los franceses de aquí.
Con esos pantalones, no es de extrañar.
"Dije, ¡oh, Susana!"
"No llores por mi culpa."
"Vengo de Alabama
y traigo un banjo."
¿Aguantas hasta el puerto?
¡Espera!
¡Espérame!
-¡Adiós! -¡Espera!
¡Espera!
Añoro momentos como éste,
lugares como éste
más que nada en el mundo.
Lo sé.
Quería que vieras esto. Este lugar.
¡Ven!
Aquí
el cielo es tan extraño.
Casi sólido.
Como si nos protegiese de lo que hay detrás.
Mira.
¿Qué hay detrás?
Nada.
La noche.
Quisiera ser como tú, pero no puedo.
Quizá ambos temamos lo mismo.
No lo mismo.
Tú no temes estar solo.
No necesitas nada.
Ni a nadie.
Podrías vivir sin mí.
Kit.
Amar, para mí, significa amarte a ti.
Por muy mal que estemos, no puede haber otra.
Port...
Quizá ambos temamos amar demasiado.
Vámonos de aquí.
De acuerdo.
De acuerdo.
Estamos en Ain Krorfa.
¡Peor que Pearl Harbour! ¡Nos atacan!
¡Dios!
Ya verá en el pueblo. Las llaman "la nieve negra".
¿Y el próximo autobús?
Sale uno los domingos para Bou Noura.
A veces, un camión a Messad.
Ya está, ¡iremos a Messad!
Una semana aquí y habré muerto.
Buenos días.
¡Buenos días!
¡Dios mío!
¿Y esas moscas?
¡Bienvenido a Ain Krorfa!
¡Bienvenidos!
Tengo una buena habitación.
No. Tres habitaciones.
¿Crees que Port sospecha algo?
Creo que lo sabe.
Pero no sabe que lo sabe.
¿Qué es esa canción?
Todos la cantan.
"Abd-el-wahab."
"Lloro sobre tu tumba."
Lloro por una ginebra con tónica.
Aunque, según Port, uno se acostumbra a todo.
Si eso fuera verdad, no habría progresado.
No, si será verdad.
-Pero, ¿será bueno o malo? -Ni lo uno ni lo otro.
Quizá sea el único hotel del pueblo,
pero habrá algo mejor en el mercado.
Cadáveres.
Son gorgojos. Estarían en los fideos.
Ahora están en la sopa.
Está llena.
Podéis comer en un cementerio de primera,
pero habrá algo mejor en el mercado.
Hasta la vista.
Muy bien.
Al menos, la mala comida nos permite estar solos.
Está muy malo, ¿no?
Malísimo.
Quizá tengan huevos.
¡Deshazte de esos mocosos!
Ven, mamá.
¡Vete, niño asqueroso!
¡Largo, apestoso mocoso sarnoso!
¡Largo!
¿Serías feliz aquí?
¿Feliz?
¿Feliz, cómo?
¿Te gustaría quedarte aquí?
¿Cómo voy a saberlo?
¿Por qué me haces este tipo de preguntas?
No puedo contestarlas, de verdad.
¿Qué quieres que diga? ¿Que seré feliz en África?
Me gusta mucho Ain Krorfa.
Pero no sé si quiero quedarme o irme mañana.
No puedes irte mañana aunque quieras.
No consigo saber cómo salir de aquí.
No hay autobuses, nada. Nadie habla inglés.
¿Os apetece una copa?
Yo no, gracias.
Buenas noches.
¿Seguro?
Te lo agradezco, pero no.
Buenas noches.
Port...
Buenas noches.
Adelante.
Soy yo, Eric.
Espero
no molestarle.
¿Por qué anda de puntillas?
No lo sé.
El dinero que me prestó.
Quiero devolverlo.
No hace falta, era un regalo.
De verdad, quiero devolvérselo.
Bueno, aquí tengo
trescientos...
Eran 300 francos, ¿no?
Es que mamá y yo nos vamos mañana
y sabía que estaba aquí. ¿Tiene cambio de mil?
¿Lo compruebo?
Por favor.
-¿A dónde van mañana? -A Messad.
¿No me diga?
Allí
es donde se empeña en ir mi amigo.
El Sr. Tunner.
Bueno, es que saldremos al amanecer.
Puedo decírselo ahora mismo.
No le importaría llevarle, ¿verdad que no?
¿Quiere uno de los míos?
Sí, gracias.
Olvidemos el dinero.
Bueno...
De acuerdo.
Ya que
quiere librarse de él.
Discúlpeme.
Gracias.
"Me he ido a Messad con los Lyle."
"Quizá pueda encontrarte más champán."
"Nos veremos en Bou Noura."
"Besos, Tunner."
¿Y Tunner?
Se fue con los monstruos.
Me dejó su cojín.
Qué bien.
Se supone que nos veamos en Bou Noura, ¿no?
Más o menos.
¿Más o menos?
Menos que más.
-Port, ¿haces el equipaje? -Sí, eso es.
He descubierto un autobús para Bou Noura.
¿Hoy?
Sí. Sólo sale por las tardes.
Qué extraño. Ayer, ni siquiera existía.
Ya sabes cómo son las cosas aquí, se improvisan.
Este baúl...
Compusiste la "Obertura Mexicana" en este baúl.
¿Sí?
¿Nos vamos solos?
Llevamos tiempo casados.
Diez años no me parece mucho tiempo.
¿Qué haces?
Estoy celebrando.
No sé qué pero da igual.
Creí morir si no veía mi ropa.
Vivimos como refugiados.
No había desempaquetado desde el barco.
El único problema es que no hay espejos.
¿Qué tal estoy?
Pues...
¿Has visto mis gafas de carey?
¿Las de las pinzas?
¿Has visto mi pasaporte, el de la foto?
-Lo he perdido. -No puede ser.
Si tú lo dices... Pero sí, lo he perdido.
¡Dios, qué pesadez!
¿Ha entrado alguien en mi habitación?
¿Has buscado bien?
¿Tienes frío?
Sí, un poco.
Iré a notificarIo.
Cuanto antes mejor.
¿Tú crees?
Por cierto,
estás muy bien.
No perdí el pasaporte, me lo robó Eric Lyle.
Te dije que era un criminal.
El teniente dice que irá a parar a Messad,
El teniente dice que irá a parar a Messad,
a la Legión, donde se venderá caro.
Allí es donde se dirige el joven Eric.
Sabes, Port,
me extraña que alguien tenga frío
en septiembre en medio del Sahara.
Me sentiré mejor en El Gaa.
¿El Gaa?
Es la ciudad más bella del Sahara.
Me resulta raro estar aquí, indocumentado.
¿Cuándo vamos a El Gaa?
El autobús de mañana está lleno.
No te preocupes, haré tu equipaje.
¿Y nuestros planes?
-¿Y Tunner? -¿Qué pasa con Tunner?
Ya nos alcanzará. Puede que aún estemos aquí.
Estamos en un cementerio.
¿De verdad?
Fíjate en esto.
Ni un nombre, ni una fecha.
Sólo trozos de cerámica.
¿No crees que deberíamos parar?
¿Quedarnos un tiempo en un sitio?
¿Parar?
Parar parándonos.
Quizá en El Gaa.
Dicen que es precioso y hará más calor.
Timbuctú o El Gaa, da exactamente igual.
Pero si te hace feliz,
si te sientes mejor, iremos a El Gaa.
Y nos quedaremos en El Gaa.
Pon tu enfermedad en venta o no encontrarás comprador.
No te salvarás.
¡Es maravilloso!
Encontraron su pasaporte en Messad.
Fue el Sr. Tunner. Llega mañana.
-¿El Sr. Tunner? -Sí, su amigo.
-¿Mañana? -Trae su pasaporte.
No, ya se lo he dicho.
Hace una semana que no hay plazas en El Gaa.
¿Por qué lo ha tirado?
¿Está enfermo?
No, mi mujer está muy enferma.
Debemos irnos hoy.
No es posible.
Es posible.
¿Es posible?
-¿Es posible? -Es posible.
¿Americano?
Port.
Vamos, Port.
Te dolerá la espalda.
Vamos, Port, siéntate.
Por favor.
Vamos, siéntate. Te ayudaré.
Por favor.
Port, vamos.
Eso es.
Deja que te tape, estás helado.
¿Mejor?
¡Dios mío!
Me pasa algo grave.
¿Qué es?
¿Cuándo...?
¿Cuándo llegaremos? ¿A mediodía?
Necesitas dormir, cariño. Apóyate aquí.
Necesitas dormir.
¿De acuerdo? ¿Puedes descansar?
Te sentirás mejor si duermes.
Hacía más de un año que no me llamabas
cariño.
¡El Gaa, Madame!
Todo llega a El Gaa.
La sal del Sudán, plumas de avestruz,
hasta pieles de leopardo. ¿Lo ve?
¿Estás bien?
Gracias. Las maletas.
¿Estás bien?
Sí. Dormí muy bien.
-Esto es precioso. -¡Dios mío!
-El viento. -Es fantástico.
Fíjate.
¿Has reservado la mejor suite?
Y el restaurante de cuatro tenedores.
Tomaremos un copa en la terraza.
Me encantan cuando están juntos.
Pero no individualmente.
No quería decir eso. ¿Por qué...?
Port, ¿qué pasa? ¿Qué ocurre?
¿Puedes levantarte?
¿Dónde está el hotel? ¿Dónde?
Port, por favor. Intenta ponerte de pie.
¿Puedes andar?
Por favor.
¿Me oyes?
¿Me oyes?
Levántate, apóyate en mi hombro.
Me he mordido la lengua.
-Ven por aquí. -Estoy bien.
-¿Dónde está el "fonduk"? -Allí, señora.
Ya sé que se siente al morderse uno la lengua.
Port, ¿puedes andar?
-¿Puedes andar un poco más? -No... no lo sé.
Si dejamos de viajar, te pondrás bien.
Por favor, levántate.
¿Estás bien?
¿Tengo fiebre?
Sí, estás ardiendo.
Por favor, Port.
No te preocupes, cuidaré de ti.
Ese hotel
en Salzburgo con
renos en los platos.
-¿Puedes quedarte aquí? -Sí, estoy bien.
Deprisa, date prisa.
Voy corriendo.
Por favor, ¿el hotel Du Ksar?
¿Hotel Du Ksar?
-¿Estarás bien? -Sí, bien.
Tengo frío.
Enseguida vuelvo.
Más deprisa, por favor.
¿A dónde vamos?
-¿Y el hotel? -Por aquí, no queda lejos.
¿Queda lejos?
-¿Queda lejos? -Muy cerca.
¿Falta mucho?
¡Deprisa!
¿Qué ocurre?
¿Por qué no abren?
¡Abran, por favor!
-¿Quién es usted, señora? -¿Es usted la dueña?
No puedo dejarla entrar.
No nos hemos librado de la epidemia hasta ahora.
Señora, ¿qué epidemia?
¿Es que no lo sabe?
Vamos, señora, márchese.
Vamos, cálmate. Piensa.
-Venga. -¿A dónde?
-Al "fonduk". -Sí.
Debemos marcharnos.
Irnos.
-¿Ahora? -Sí, ahora.
Un camión, un coche,
un autobús, no importa lo que cueste.
¡Basta!
¡Basta!
Debes ayudarme. No puedo sola.
Vamos, ven conmigo.
¿Y las flautas?
-Tocad. -Port, ¿me oyes?
Más música.
Porter, ¿me oyes?
Encontré un camión.
Va a Sba, un pueblo.
Allí hay un fuerte.
La Legión está allí.
Todo saldrá bien.
Se arreglará.
¡Cuidado!
¿Estás bien, cielo?
¿La tifoidea es mortal?
No siempre.
Le traerán un colchón.
No estará muy cómoda.
¿Qué podía esperar?
Esto no es París sino Sba.
Dele las píldoras cada dos horas.
Tenga valor, Madame.
Debes tomártelas.
Dos píldoras.
Trágatelas.
Toma.
Agua.
Port.
Es la hora.
Las píldoras.
Toma.
Tómatelas.
Un poco de agua.
Intenta tragar.
¿Ya?
Voy a salir.
¿De acuerdo?
Voy a tomar el aire.
Enseguida vuelvo.
Ha bajado la fiebre.
Port.
Intenta tomar sopa. Parece estar buena.
Siéntate.
Eso es.
Toma.
Port.
Intenta tragar.
Inténtalo otra vez.
Toma un poco más. Está caliente.
Port.
Toma.
He mezclado las píldoras con leche caliente.
Intenta tragarlo.
¿Lo intentas?
Inténtalo.
Te prepararé más.
Traga, cariño. Trágatelo.
¿Puedes tragar?
¿Lo intentas?
Traga, por favor.
Por favor.
Kit.
Kit.
Intentaba volver.
Ahora he vuelto.
¿Hay
alguien ahí?
¿Cómo?
¿Hay alguien ahí?
No, no hay nadie.
¿Cómo estás? Me alegro de verte.
¿La puerta está cerrada?
¿No hay...?
Tenía muchas cosas que decirte
pero ya no me acuerdo.
Eso es por la fiebre.
¿Quieres leche caliente?
Creo que...
No tengo tiempo.
-No lo sé. -Iré a por leche.
Por favor, quédate.
Me alegro que estés mejor. Estaba medio loca.
No hay nadie con quien habIar.
Me alegro tanto que estés mejor.
Kit, escúchame.
No debería tener miedo, pero lo tengo.
A veces
no estoy aquí.
Y allí
está tan lejos.
Estoy solo.
Solo y no creo
que nadie pueda llegar.
¿Tú no...?
Kit...
No, Port. Debes quedarte.
Lejos, Kit.
Si supieras lo horrible...
¿Lo sabes?
Sabes...
Kit...
Todos estos años
viví para ti sin saberlo.
Y ahora lo sé.
Sí, lo sé.
Port, estoy aquí.
Pero ahora te vas.
No, no me voy. Estoy aquí.
Estoy aquí, Port, aquí.
Quédate.
¿Te quedarás?
Quédate aquí, por favor.
Port, estoy aquí.
No, no puedes.
Quédate.
No te vayas, por favor.
Quédate conmigo.
¡Mírame!
Aquí, estoy aquí.
¿Me ves?
Por favor, quédate.
Porter, Porter.
Por favor, no te vayas.
No te vayas, por favor.
Por favor.
¿Hay un médico?
Ayúdenme.
Un médico.
¿Dónde coño se ha metido?
Debí haberla encerrado.
Ayúdame.
¡Ayúdame!
¿Hay un médico?
¿Un médico?
¿Puedes ayudarme?
¡Por favor!
¡Que alguien me ayude!
Por favor.
¿Puedes subirla?
Por favor, cógela.
Dedos.
Rodillas.
Muslos.
¿Te gusta?
Adiós.
Vaya.
Mira.
-Es el tal Tunner. -¿Qué?
Sigue aquí.
Vamos.
Bienvenida, señora.
¿Ha tenido buen viaje?
¿Está muy cansada?
¿Querrá la misma habitación?
¿Qué tal? ¿Cómo estamos?
Le creía en Estados Unidos.
Y bien,
¿cuánto tiempo lleva en Bou Noura?
-Tres meses. -¿Con los Moresby?
Son encantadores.
¿Tiene noticias suyas?
Sí, están bien.
¿Me disculpa?
Venga, señora. Venga a descansar.
El equipaje, rápido.
Venga, por favor.
B. se ha ido de viaje.
Toma, toma.
Cógelo.
Cógelo, es dinero. Dinero de verdad.
Es dinero francés.
Cógelo.
¿Qué hacéis?
Dejadme en paz, por favor.
No, dejadme marchar.
Soltadme.
¡Socorro!
Soltadme, por favor.
¡Dejadme!
¡Dios mío!
Por favor.
No puedo respirar.
No puedo respirar.
¡Soltadme!
¡Por favor!
¿La Sra. Moresby?
Soy de la Embajada.
Debe estar agotada.
He venido hasta aquí para llevarla.
¿Cuánto tiempo lleva aquí?
Se alojará en el Grand Hotel, estará más cómoda.
No es maravilloso,
pero será mejor que donde estaba.
Por cierto, un amigo suyo, el Sr. Tunner,
lleva meses mandándonos telegramas y cartas.
Le hemos comunicado que la encontramos.
Espero que disculpe mi intromisión.
En cuanto supe que vendría aquí,
telegrafié al Sr. Tunner.
No me sorprendería que estuviera aquí,
en el Grand Hotel.
Ya estamos.
Seguiré con el mismo taxi.
Iré a comprobar.
Kit.
¿Se ha perdido?
Al no saber cuándo moriremos,
pensamos que la vida es inagotable.
Pero todo ocurre sólo un cierto número de veces.
Y son muy pocas veces.
¿Cuántas veces más recordará
una cierta tarde de su infancia?
Una tarde tan arraigada en su ser
que no puede concebir su vida sin ella.
Quizá tres o cuatro veces.
Quizá menos.
¿Cuántas veces contemplará la luna llena?
Veinte quizá.
Sin embargo, nada parece tener límite.
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