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COLUMBO
ASESINATO CON DEMASIADAS NOTAS
Señor McEnery.
Oiga, señor McEnery.
Damas y caballeros, creo que es hora de terminar la sesión.
Muchas gracias. 10 minutos, descansen.
¿Cuántas veces he de decirle que, por favor, no puede subir a la azotea?
Sr. McEnery, ¿me escucha?
Vamos, Freddy, sabe que siembre estoy aquí cuando dirige el maestro.
- Aquí me inspiro. - Algún día inspirará mi despido.
Después de todo, su amigo, el Sr. Crawford,
no paga las primas de seguridad de este estudio.
- Hola. - Hola.
¿Cómo te ha ido?
No mal. hay cosas interesantes, pero otras no aportan nada.
- Lo he estado pensando. - ¿Se lo vas a pedir?
Sí.
Está de buen humor. No te excites mucho porque tardarías el doble de tiempo.
Gracias, enfermera. Por cierto, me gusta el piano.
- ¿Y la pianista? - No está mal.
Oh.
- ¿Cómo sonó arriba hoy? - Cristalino, Sr. Crawford.
- ¿Algo interesante? - Algunos detalles muy imaginativos.
- Muy imaginativos, ¿no? - Sí, así es.
- ¿Quieres hablar de ello? - Sí, creo que sí.
Sígueme.
- Una joven muy agradable, Rebeca. - Soy un tipo con suerte.
- ¿Se casarán pronto? - Bueno, en cuanto me establezca.
Bonita palabra; "establecerse".
Nathaniel, asumo que esto último te gustó, o hubiera oído algo de ti.
Buena toma, Sr. Crawford. Lo tengo todo, ¿quiere oírlo?
Luego. ¿Por qué no se toman un descanso?
- Les avisaré cuando esté listo. - Lo haré.
Vamos, chicos, vamos por cafeína y donas, ¿está bien?
Veamos, qué gemas saldrán de la boca de niños e infantes.
Tengo unas cosas en varios puntos,
pero quisiera empezar al final de la secuencia,
con una sugerencia que espero le guste.
¡No!
Gracias.
- Findlay, muchacho... - ¿Sí, Sidney?
- Lo has vuelto a hacer. - ¿Te gusta?
¿Gustarme? Me encanta.
Este final bajando la música en el apuñalamiento, y los gritos... Genial.
- Gracias, muchachos, buen trabajo. - Gracias, Sidney.
Hacia el final sentí que los efectos de sonido
tendrían una fuerza mucho más dramática sin música.
Y no nos olvidemos de que tú la dirigiste.
Una vez que brindas tu magia a la escena final,
creo... no creo, lo sé, esta será otra grande.
Bien, tengo que irme.
Iré a ver al guionista para la siguiente. Estoy rindiendo mucho.
Quédate aquí hijo. Sé inteligente y aprende del maestro.
- Concierto mañana por la noche. - Pues claro.
"Crawford dirige a Crawford." Nos divertiremos. Hasta luego.
Me apetece una copa.
¿Qué me dices si vamos al bungalow a celebrarlo?
Claro, vamos a celebrarlo. Y a hablar.
Has entendido la idea. Buena charla, charla de música.
- Me dijo: quédate aquí, hijo. - ¿Sidney?
No tiene mala intención. Te tiene mucho afecto.
- ¿Cuánto tiempo lleva con Sidney? - ¿A parte de mi otra obra?
Creo que he hecho todo lo de Sidney los últimos 20 años. 8, 9 películas.
¿No puedes usar un vaso? Pensé que te había quitado el hábito de la botella.
- Mal habito, muchacho. - ¿Muchacho? ¿Mal habito?
Quédate aquí, hijo. Voy a cambiar muchos hábitos para mejor.
Nunca te había visto así.
Tómate una copa, te calmará. Es hora de celebrarlo.
De que usted lo celebre. Musicalmente, yo no existo aquí.
Gabriel...
He visto todas sus obras en video. Muchas veces.
Por eso estoy aquí.
Era genial. El mejor.
Pero cuando yo entré en escena, empezó a perderlo.
- ¿Perder qué, Gabriel? - El talento.
El don, la chispa de la creación.
Han pasado 5 años desde que entré como su aprendiz,
y estoy agradecido por su formación,
pero me necesitaba,
y no pasó mucho, cuando ya le hacía casi todas sus orquestaciones.
En la que trabajamos ahora, el 75 % es mía.
¿Y esta? ¿Con la que ganó el gran premio?
¿Esta? Esta, es toda mía.
Para demostrarlo, tengo copias del original
y de todo lo que escribí para ganar el gran premio.
¿Y aún así, ni una palabra de reconocimiento? Yo no existo aquí.
Voy a hablar con Sidney Ritter, le voy a contar toda la historia,
y él me encontrará trabajo.
- Sí, voy a avanzar. - Aún no, aún no, Gabriel.
Lo recuerdo también.
Tienes razón, hace 5 años.
Freddy, el guardia de seguridad,
me dijo que había un hombre en la azotea dirigiendo mi música.
Con mucha curiosidad dejé la orquesta.
Te observé.
Quedé muy impresionado.
Hablamos. Me enseñaste tus materiales originales.
Te tomé como mi aprendiz, ¿recuerdas?
Pero ese cuento de hadas no tiene un final feliz. Adiós, Sr. Crawford.
Aún no, aún no, Gabriel. Aún no.
He sido negligente.
Ni siquiera sé si voy a ser capaz de perdonarme a mí mismo.
Pero mi forma de agradecértelo, alegrará tu corazón.
Por favor.
¿Sabes qué es esto? El concierto.
"Crawford dirige a Crawford."
"Un concierto benéfico de música y asesinatos de películas."
"Temas de El Asesino, Coartada, Extinción", etc, etc.
"Caballeros: saco y corbata. Damas: trajes de noche."
- Disfruté escribir esta última frase. - Ah, ¿sí?
¿Te gustaría dirigir tu música de "El Asesino"?
- ¿Qué? ¿En la azotea? - No, no, no.
Con mi orquesta. En el podium, ante la audiencia.
Tu pieza será la primera después del intermedio. Yo te presentaré.
Es una broma. No lo dice en serio.
Todo lo contrario. Es la pura verdad.
Tengo intención de llamar a Sidney Ritter esta noche y explicárselo todo.
Bueno, tal vez no todo. No tengo intención de humillarme a mí mismo.
Pero tengo intención de hablarle de tu enorme talento,
y recomendarle que te deje ponerle música a su próxima película tú solo.
Me escuchará. ¿Qué dices tú?
Impresionado, ¿no?
Sr. Crawford... lo siento.
¡Tonterías! Tenías razón. Sé que estaba completamente equivocado
y vamos a prescindir de la payasada de Sr. Crawford.
De ahora en adelante me llamarás Findlay.
- ¿Sellamos el trato? - Sí, gracias, Sr. Crawford.
- ¡Findlay! - Gracias. Gracias... Findlay.
Bien... gracias.
Tengo que irme a... ¡escalar una montaña!
1 minuto, 58 segundos.
¡Gabriel! ¡Llegas temprano!
Hola, Jack. Sí, hay una sorpresa para esta noche. Voy a ensayar.
Tendrás el estudio para ti solo más tarde.
¿Qué pasa con el ensayo? ¿Cuál... cuál es la sorpresa?
- ¿Vas a venir esta noche? - Claro, habré acabado mi turno.
Bueno, luego lo verás.
Hasta luego.
No Abrir Hasta Llegar al Estudio!!
"Querido Gabriel, en ocasión por tu primera vez con la batuta.
¡Notas de amor para siempre! Tu Rebeca."
Vaya.
Oh, Rebeca.
"Querida Becca, mis notas de amor para ti. Para siempre. Gabe."
Sí.
Vaya, vaya. Qué agradable verte vestido apropiadamente.
Quería ensayar mi pieza de esta noche con este traje.
Sabe, no estoy acostumbrado. Quería ver cómo me siento.
- No lo esperaba tan temprano. - Oh, llamé a tu casa.
Quería que vinieras, tengo más noticias. Pensé que estarías muy interesado.
¿Tiene más noticias?
¿Habló con Sidney?
Tuvimos una charla.
¿Y qué le dijo?
Por supuesto, le contaste a Rebeca el trato que hicimos con Ritter, ¿verdad?
No, no. Sólo lo de dirigir esta noche.
Quería mantener lo otro como la gran sorpresa hasta que estuviera confirmado.
- ¿Y lo está? - Pensé que se lo contarías a alguien.
- Nunca. No hasta que esté seguro. - Estaba frío cuando salí de casa.
Quizá un poco tibio,
pero seguro no te importará cuando te diga lo que tengo que decirte.
Findlay, por favor. Dígame qué dijo.
Bebe... maestro.
- ¿Dijo que sí? - Se quedó asombrado
cuando le hice mi propuesta.
No tenía ni idea, como puedes imaginar, de tu talento,
pero confió en cada palabra que le dije.
Tienes su película. La orquestarás tú mismo.
Si le gusta, estás en el negocio.
Salud.
- ¿Cómo... cómo puedo agradecérselo? - Bebe, celébralo y di salud.
- ¡Salud! - ¡Salud!
- No debería beber. - ¡Tonterías! ¿Un vaso pequeño de esto?
Faltan casi 2 horas para el concierto. Tómate otro.
¡No! No, por favor. Casi nunca bebo.
Tal vez uno que otro vaso de cerveza, pero...
quiero estar despejado para esta noche.
Envidio tu control.
Uno debe de ser suficiente.
- Estúpido de mí, lo siento. - No te preocupes, se puede limpiar.
¿Por qué no pones el CD y ensayamos juntos? Dos maestros.
No sé lo que me pasa. Me siento como...
Todo va a salir muy bien.
Seguro que todo va a salir de maravilla.
- Buenas noches, Sr. Crawford. - Buenas noches.
Hola, George, ¿tienes la hora? Mi reloj está extraño.
Exactamente 7 min. y 14 seg. para las 8.
Gracias. Estoy listo.
Temo que me lo perderé. Buena suerte en el concierto.
Gracias, George.
Está a punto de empezar. El concierto empezará enseguida.
El acomodador los llevará a sus asientos. Vamos, amigos.
- Tres minutos. ¿Dónde está? - Tranquilo. Findlay nunca llega tarde.
¡Ajá! ¿Que te había dicho? Hola, Findlay.
Hola, Sidney.
- ¿Están las partituras? - Sí, señor.
- ¿Y la batuta? ¿Está ahí? - Creí que la tendría usted.
Oh, maldición. Iré por ella.
Sidney, por favor, empieza la introducción.
Fuera audiencia.
Ilumina el podium.
Gracias por la ovación, amigos.
Supongo que la mayoría de ustedes se preguntarán:
¿quién diablos es este tipo?
Pues les diré que he dirigido todas las películas cuya música van a escuchar.
Sidney Ritter, para servirles.
Gracias.
El programa dice que esta es una noche de asesinato y música de películas.
¿Qué sé yo de asesinatos?
Debo saber algo porque llevo haciendo películas de asesinatos más de 20 años.
9 en total, y ninguna de ellas ha funcionado
sin las bandas sonoras, escalofriantes,
llenas de suspenso, espectrales y magnificas,
compuestas por Findlay Crawford.
Por cierto, habrán notado cámaras de TV aquí filmándoles.
Y con algo de suerte se verán en TV muy pronto.
Nuestra primera película fue "Coartada."
La más reciente, "Extinción."
La música es ánimo, la música es historia.
Y para Findlay Crawford,
la música es asesinato.
Damas y caballeros, las bandas sonoras de Findlay Crawford
hacen todo lo que la música de las grandes películas deben hacer.
Es un gran amigo, un gran compositor
y un gran músico.
Y él debe saberlo porque me dio esta introducción a mí...
Como un placer especial, queremos abrir el concierto de esta noche
con una pieza de Crawford. Un trabajo especial.
Damas y caballeros, aquí está para dirigir selecciones
de nuestra película de pronto estreno, "Sacacorchos",
Findlay Crawford.
- Cariño, date prisa que llegamos tarde. - ¡No puedo correr más!
¿Tienes las entradas?
Intento encontrarlas, no sé si las guardé.
- Ya comenzó. - ¡Las voy a encontrar!
Oh, Dios mío.
- ¡Ha habido un terrible accidente! - ¡Se cayó!
¡Un tipo se cayó del techo!
¿Dónde, dónde? ¡Tomy, abre la puerta!
¿Desde allá arriba?
Aquí Peter, estoy en el patio 28. Tengo una emergencia.
¡Necesito una ambulancia ya!
Señorita...
Santa madre...
Una tragedia.
Tan joven, con tanto talento.
Pobre Rebeca.
Así que llagaban tarde y entonces vieron al fallecido caer del tejado.
No, lo vimos aterrizar. Prácticamente tropecé con el chico.
Corríamos cuando de pronto hizo "bang", y cayó justo ahí frente a nosotros.
- Bang. - "Bang."
¿Escuchó eso, teniente? ¿Teniente?
Estoy aquí, sargento.
No lo había visto. Perdone, teniente.
No se preocupe, sargento.
Sucede todo el tiempo.
- ¿Escuchó lo que dijeron? - La mayor parte.
- ¿Terminó? - Una más.
Saque esto.
De acuerdo, amigos, todo suyo.
- La última parte, cuando cayó al suelo. - Bang.
He oído el bang. Justo antes del bang, señora, ¿qué pasó?
Como le dije al sargento, íbamos corriendo para llegar al...
- Te retrasaste, como siempre. - Buscaba las entradas en mi cartera.
- Pierde las cosas. - ¿Y miró hacia arriba?
- No. No lo hice. - No miramos.
Entonces vieron al fallecido...
- Cuando cayó a nuestros pies. - Casi tropieza con él.
- Nunca hemos visto nada como esto. - Estas cosas pueden ser inquietantes.
Esto es muy importante, ¿no lo vieron caer?
¿Sólo llegar al suelo?
- Correcto. - ¿Tiene sus nombres y dirección?
- Aquí mismo, señor. - Gracias, Sra., Sr. Es todo por ahora.
- Gracias. Buenas noches. - Buenas noches. Muchas gracias.
Sargento, déjeme ver sus notas.
¡Señora! ¡Señor!
¡Esperen un momento!
¡Señora! ¡Señor!
- ¿Sí, teniente? - Siento molestarlos de nuevo.
Quiero que piensen claramente. Con cuidado.
¿Recibieron algún aviso de que iba a caer?
- Señor, no sé qué quiere decir. - ¿Aviso? ¿Qué aviso?
Está en su declaración, señora,
que usted gritó cuando él llegó al suelo.
Sí.
¿Alguno de ustedes oyó al fallecido gritar antes de llegar al suelo?
- Yo grité. - Sí, lo hizo, y muy alto.
¿Y ese fue el único grito? ¿Están seguros?
Completamente.
- Gracias. - Sí, señor.
Gracias.
- Aquí es donde estaba, teniente. - ¿Qué hacía aquí arriba solo?
¿Dirigiendo para la luna?
- Estuvo aquí durante todo el día. - Estaba aquí a menudo.
- ¿Y sabía su jefe que estaba aquí? - Todos lo sabían.
Era un verdadero músico, teniente. Según su novia,
tenía programado dirigir una pieza en el concierto de esta noche.
Sí, eso explica el esmoquin, pero, ¿cómo escuchaba la música?
Tenía un micrófono conectado a la sala.
Llevaba la música hasta su radio y luego a los altavoces.
Comprendo. O sea, este chico... tenía cerebro.
¿Qué es esto?
Oh.
Un atril de música. ¿Y dónde estaba?
Justo ahí. Ese era su sitio.
Le hacía sentir como si estuviera en una sala de conciertos. Era algo excéntrico.
Excéntrico, sí.
Está un poco cerca de la orilla, ¿no, teniente?
Toda una caída.
Dígame, sargento, si se sintiera caer al vacío desde esta altura en la oscuridad,
¿usted gritaría?
Me oirían en Timbuktu.
Pues el joven Gabriel no dio ni un solo grito.
Cayó y murió en silencio.
Es una conjetura, pero yo diría que estaba muerto o drogado.
- Señor... - No, sargento, piense en ello.
Sí, señor.
¿Dice que este era su sitio?
Aquí es donde siempre se ponía a dirigir.
¿Qué encontraron en su cuerpo?
- Un pañuelo y una hoja de papel. - ¿Algo bajo el cuerpo?
Creo, señor, que fue usted quien miró bajo el cuerpo.
No quiero entrar en eso. ¿Sus hombres registraron dónde cayó el cuerpo
y a lo largo de este callejón de aquí?
- ¿Me presta su linterna, por favor? - Sí, señor.
Gracias.
"El asesino." Sí, la recuerdo.
Mi mujer la vio una vez y me arrastró con ella cuando fue la segunda vez.
No está mal.
"Música compuesta por Findlay Crawford."
- Sí, es famoso. Ganó un premio. - ¿Dónde está?
En el bungalow de abajo, cerca de este edificio.
- ¿Quién es? - El teniente Columbo, señor. Policía.
Pase.
Siento molestarlo, señor.
Comprendo que es un mal momento.
Sírvase. Es un buen momento para beber.
No, ahora no. Gracias, señor.
Estoy de servicio.
¿Le importaría, señor, si... me fumo un pequeño puro?
No, por supuesto. Me gusta un buen puro a mí también.
Hay una caja de puros ahí. Sírvase usted.
No, estoy habituado a estos. Gracias.
Como quiera. Enciéndalo. Siéntese. Esta es su casa.
- Aunque ya no la del pobre Gabriel. - Ha sido una desgracia, señor.
Una tragedia, Sr. Columbo. Una tragedia.
Un maravilloso joven con un gran futuro.
Eso he oído, señor.
Era como un hijo para mí.
Pongamos música.
- Chaikovsky. - Verá, señor, yo...
- Tal vez prefiera escuchar Rock & Roll. - Yo no diría eso.
En una cabaña, bajo un cañón, excavando en una mina
Vivía un minero del 49
Y su hija Clementine
Oh, mi amada, oh, mi amada, oh, mi amada Clementine
Estás perdida y para siempre
Lo siento mucho, Clementine
Al menos hemos establecido parte de su gusto.
Pero es hora de una música triste. Más conveniente al ánimo de la noche.
Algo de violonchelo, quizá.
Nada llora como un violonchelo.
Ahora, Sr. Crawford...
Sr. Crawford, seguro que puede poner una música maravillosa toda la noche,
pero tengo unas preguntas. Yo comprendo que haya sido un shock,
- pero hay que hacerlo. - ¿Qué quiere, Sr. Columbo?
¿Dónde estaba usted cuando el fallecido cayó de la azotea?
En el escenario, dirigiendo un concierto.
¿Y cuándo fue la última vez que vio al Sr. McEnery vivo, señor?
Eso fue anoche, aquí, en el bungalow.
¿Y en qué estado de ánimo estaba?
Ya que le acababa de informar de que dirigiría el tema de "El asesino"
en el programa de esta noche... ¿extasiado?
Extasiado el día anterior. El día anterior...
¿Y no estaba aquí cuando llegó usted hoy?
Llegué al estudio pocos minutos antes de la representación.
No vi a Gabriel. Asumí que según su costumbre
estaría en la azotea dirigiendo junto a mí,
y aparecería cuando debía salir al escenario.
O sea que... ¿la primera vez que usted le vio hoy,
estaba en el suelo?
- Puedo imaginar cómo se sintió, señor. - Estaba destrozado.
¿Y qué hizo usted después?
Algunos miembros de la audiencia habían salido a mirar.
Les dije que volvieran a entrar.
Anuncié que la representación de esta noche se cancelaba,
y aseguré a los presentes que las entradas sirven para el próximo sábado,
y que una pieza original se añadiría al programa.
Una pieza que compondré yo mismo como... como tributo a Gabriel.
Muy buen gesto, señor.
Y dígame...
el Sr. Gabriel, cuando dirigía, ¿siempre usaba batuta?
Claro. Todos usamos batuta.
- ¿Por qué lo pregunta? - Bueno...
Pues, porque nunca se sabe, señor. Alguien dijo que era un poco excéntrico.
No tan excéntrico. Es hora de ir a casa.
¿Hay algo más?
Veo en el sofá una bolsa de trajes de alquiler. ¿Pertenecerá a...?
Es de Gabriel. De su esmoquin, me imagino. No tenía ninguno.
- ¿Se cambió de ropa aquí? - Sí, esta era su casa, lejos de casa.
- ¿Hay más cosas de él? - Claro.
Hay algunas cosas suyas en el armario. Y, por supuesto, su mochila.
- ¿Le importa si me los llevo? - Adelante.
Se lo agradecería.
No necesito recordatorios de lo que podría haber sido.
Todo lo de Gabriel está a la izquierda.
- ¿Esto es suyo? - Sí.
Bien. Ha sido de gran ayuda, señor.
Muchas gracias.
- Y buenas noches. - Buenas noches, Sr. Columbo.
- Ese otro coche, ese Sedan... - Es de Gabriel.
Habrá que confiscarlo.
Como quiera.
Tengo la llave. Haré que lo trasladen mañana.
¡Maldición!
- ¿Disculpe? ¿Señor? - ¿Más preguntas?
Oh, no, señor. Es que pienso que no es buena idea que Ud. maneje esta noche.
- ¿De qué está hablando? - Perdóneme, señor,
pero le vi tomar unas cuantas copas, y la policía es intransigente con...
¡Qué tontería! Siempre me tomo un par de copas por la noche. Me relajan.
Manejo mejor. Busque, busque golpes en el coche.
Mire, no cuestiono eso, pero, incluso un buen coche como este,
puede tener un foco o un intermitente roto,
y si por alguna razón lo detuvieran con whisky en el aliento, lo arrestarían.
Usted es policía, arrésteme.
Me temo, señor, que no quiero hacer eso con lo que ha ocurrido.
Pero tengo una idea...
¿Por qué no me sigue en su camino a casa?
Iremos por calles tranquilas,
y si pasa algo, yo me ocupo de ello.
Perdón, señor. Lo olvidé.
¿Dónde vive?
En el 16 de la calle Mateo, Bel Air.
Ah, conozco la calle.
Está cerca del museo. Mi mujer va ahí de vez en cuando.
Pues, cuando quiera, teniente.
Ahora mismo, señor. Sígame.
La batuta que dijo que usaba el Sr. McEnery, no la encontramos.
¿Alguna idea de dónde está?
No tengo ni idea. ¿Vamos a estar aquí toda la noche?
Oh, lo siento, señor. Se me ocurrió. No es importante. Ya aparecerá.
Será mejor que sigamos, ¿verdad? Llegaremos enseguida.
Malas noticias. La gasolina.
- ¿Qué dice? - Me quedé sin gasolina.
¿Le importa si meto estas cosas atrás?
- Sólo por ahora. - ¡Se acabó! Me voy de aquí.
No, señor. No puedo dejarlo correr ese riesgo. Tengo una idea mejor.
¿Tiene un teléfono a mano?
Es usted increíble. Realmente increíble, Columbo.
- Me resigno a mi destino. - Ese es el espíritu.
- ¿Qué número? - 555-0169.
Aquí tiene.
¿Eres tú, Jack? Sí, soy yo, Columbo.
Tengo un problema. No tengo gasolina.
Llama a Degarmo y que traiga un bidón de 10 litros a...
- ¿Dónde estamos, señor? - Calle Chancellor.
- Calle Chancellor. - Dos calles al este de Laverne.
Dos calles al este de Laverne. ¿Lo tienes?
Y que se lleven mi coche. Las llaves están bajo el asiento...
al 16 de la calle Mateo en Bel Air.
Lo recogeré ahí. Tan rápido como puedas.
¿Lo entendiste? Gracias, Jack.
De un modo macabro, estoy empezando a disfrutar de esto.
¿Cómo es eso, señor?
La última vez que me llevaron en limusina fue camino a los premios.
Eso debió ser emocionante, señor.
Dígame, ¿dónde vivía Gabriel? ¿En algún colegio mayor o en un hotel, o un motel?
Ni idea. Nunca tuve el placer de visitarlo.
Lo digo porque encontré esto en su bolsillo.
Tal vez pueda ayudarme. Mírelo.
¿Ve? En la llave del coche pone "Volkswagen".
Y luego está esa llavecita, quizá la del buzón, y otras dos.
Tal vez de un armario o una caja de herramientas.
Pero no hay llave de casa ahí.
¿No tienen casi todas las llaves de casa más o menos el mismo tamaño y forma?
No sé nada de llaves.
Ah, caerse de una azotea. Qué muerte tan horrible, ¿verdad?
¿Puede imaginar el instante cuando sabes que te estás cayendo?
El terror, ¿eh? El grito.
Sí, horrible.
Bueno, dejemos de hablar de eso.
¿Qué tal algo de música?
Me gusta. Tiene buen movimiento.
Debería cambiar alguna vez de la primera.
Hay que tener mucho cuidado, señor.
Ya llegamos, señor.
Sanos y salvos.
Espero que no le haya importado.
Ha sido... una experiencia.
¡Está bien lo que bien acaba! Es de Shakespeare.
Me llevaré este coche de aquí.
Buenas noches.
¿Teniente? Tenía medio tanque de gasolina.
No se lo diga a nadie.
- ¿Qué tiene, sargento? - No mucho, teniente.
32 dólares en billetes, algunas monedas.
Su cartera. Nada inusual.
Tarjetas de crédito, licencia, la foto de su novia.
Un recibo de una tienda de alquiler por un esmoquin.
Ah, la tienda del esmoquin.
- Porque... nunca se sabe. - Así es, sí.
Partituras, cuadernos y lápices.
Su licencia. No sé dónde vivía este chico.
- En alguna parte del valle, creo. - Necesitaré esto.
- Hemos acabado con esto. - Ah, las llaves, sí.
Las he visto antes. ¿No había otra llave como de puerta de casa?
No encontramos ninguna, pero todo esto estaba en su coche. Un par de zapatos...
¿Y la hoja de papel? ¿Dijo que había una hoja de papel en el esmoquin?
Sí, sí. Una hoja de papel. Y un pañuelo.
- Eso lo veré luego. - Está bien.
Notas musicales.
¿Hay algo aquí que indique que el chico estaba drogado o muerto antes de caer?
- Yo no diría eso, sargento. - Oh.
Aún no.
- Buenos días, Archivald. - ¿Qué tal, teniente?
- Bonita mañana, ¿verdad? - Sí, es una mañana muy bonita.
- ¿Cree que puede ocuparse de esto? - Veamos qué tiene para mí.
- El número 143B. - De acuerdo.
Ah, sí. Está fácil.
Una cerradura antigua. ¿Le importa? Se lo enseñaré.
Sí, uno.
Ah... Dos.
- Ahí está, teniente. - ¿Por qué tarda tanto?
Veamos.
Está un poco duro. Está abierto.
Cierre la puerta cuando termine. Estaré en la comisaria si me necesita.
- Gracias, Archivald. - Fue un placer, teniente.
Fotografías.
Oh.
Vaya.
Mira eso.
Ahí están otra vez.
Ah, le gustaban los vaqueros y los tenis.
Con el Sr. Crawford.
Me pregunto...
Tal vez.
Tal vez.
¡Gabe!
¿Quién es usted? ¿Qué está haciendo aquí?
Lo siento. Lo siento, señorita. No tenía idea de que hubiera alguien aquí.
Soy de la policía. Me iré ahora mismo.
Usted...
Usted es Rebeca.
Yo...
vine aquí anoche para... estar cerca de él.
No podía dormir. Tuve que tomar una pastilla. Lo siento.
Por favor, señorita... es...
Es un momento terrible para usted.
Siento la intrusión. Me iré ahora mismo.
Ah, una cosa. ¿Puedo llevarme esta fotografía?
- Sí. - Gracias.
La dejaré en paz.
No en paz.
- ¿Qué puedo hacer por usted, teniente? - Es un recibo de uno de sus alquileres.
Con fecha de ayer.
Yo no me ocupé de esto. Estuve en la otra tienda hasta las 12.
Esto es para ese joven Gabriel McEnery. Espero que no tenga ningún problema.
- No, no se preocupe por eso. - Me alegra oírlo. Es un buen chico.
La primera vez que vino aquí, quería un traje para llevar a su chica a bailar.
Solo tenía 21 dólares. Se conformaba con medio traje.
Me cayó tan bien que se lo di completo.
Me preguntó que si le haría un descuento si no alquilaba los zapatos.
- ¿Dijo que no necesitaba? - Tenía sus propios zapatos.
- ¿Quién estaba aquí ayer? - Sería Antonio.
- ¡Antonio! - Señor.
- ¿Tiene registros, medidas, esas cosas? - Por supuesto.
- ¿Sí, señor? - Antonio, este caballero es policía.
Quiere preguntarte algo.
¿Alquiló este traje y estos zapatos ayer?
¡Sí! Estuvo aquí por la mañana.
Antes de que abriéramos, estuvo aquí esperando.
Quería un traje, lo quería rápido.
- Estaba... - Excitado.
Sí, sí.
Llevaba... música en las manos.
- Y estaba haciendo esto. - Dirigiendo.
Sí. Se sentó haciendo así. Fui por el traje.
Volví con el traje, pero...
- Sí, aquí está. - Disculpe, señor.
Sí. No hay número de zapatos.
Le pregunté su número; no escuchó.
Estaba haciendo... ya sabe, esas cosas musicales.
Así que no me oyó. No me lo dijo. Calculé su número.
Metí los zapatos y...
Saco 38, regular. Cintura 80. Cuello 39.
Sin número de zapatos.
¿Puedo llevarme está tarjeta y estos zapatos durante un par de días?
- No hay problema. - Gracias, Antonio.
Gracias a ambos, caballeros.
Ha sido un placer...
tratar con ustedes.
Por favor, no se queden dormidos, caballeros.
Oliver, necesito el oboe. Empecemos otra vez.
¿Pero qué rayos está...
Ah, es usted. Buenos días.
Acaba de destrozar una buena toma.
No fue mi intención, señor.
Estaba sacando esta tarjeta de alquiler del bolsillo.
En estas sesiones se requiere un decoro apropiado.
Aunque sería una tontería de mi parte esperar eso de usted,
teniendo tan poco conocimiento de la música más sofisticada.
No obstante, está aquí, y démosle una bienvenida adecuada.
- Venga, venga. - No, señor, no quiero interrumpir.
¡En absoluto! Venga, venga, venga.
Damas y caballeros, les presento al teniente Columbo,
del departamento de policía de Los Ángeles.
Y, llamándose Columbo, yo diría que es... ¿italiano?
Oh, esa me la sé, señor.
Me gustaría preguntarles algo.
¿Les perecería extraño
que un policía del departamento de Los Ángeles
no aprecie la música de Chaik...
- ¿Cómo se dice, señor? - Chaikovsky. Obertura 1812, señor.
Sí, eso es.
¿Les parecería extraño?
Lo extraño es que haya oído a Chaikovsky.
Y otra cosa.
Ustedes amigos, tocan música para películas,
y el Sr. Crawford, aquí presente, ganó el premio por una. ¿Verdad, señor?
Sí. Con la ayuda de mis estimados colegas.
Pero lo curioso es que cuando alguien sabe que he visto una película
y me pregunta si me gustó la música,
normalmente nunca recuerdo la música.
Sólo se recuerda la música cuando es mala.
A menos que sea un musical como "Oklahoma" o "Sonrisas y Lagrimas".
Pero cuando la música de películas se hace como debe hacerse,
nunca se recuerda.
Pero sí se recuerda lo que representa.
Disculpe, Chris.
Le tocaré un fragmento ahora,
y usted me dice lo que ve mientras lo escucha.
Un baño...
Un cuchillo...
Una mujer apuñalada...
¿Y el titulo?
Tal vez algo como estar loco o...
¡Psicosis!
Psicosis.
Dios, qué susto.
Imagínese esta.
Ni una persona hubiera gritado en ese cine.
Ahora esto.
El pez... el pez...
La película del pez...
¡Tiburón!
Tiburón. ¡Sí!
- Nathaniel. - ¿Sí, señor Crawford?
Veamos si nuestro amigo adivina el titulo de esta.
Pon una sección del concierto que grabamos anoche.
- Pero me temo que está... - Tú ponla.
Después de la introducción de Sidney.
Sí, señor.
¡Corta! ¡Corta! No me dijiste que la toma no era buena.
Iba a hacerlo, señor, pero no pude por la interrupción de anoche.
Bien. Que no vuelva a ocurrir.
Todo está bien hoy. Lo hemos comprobado, el sonido es limpio.
Muy bien. Creo que deberíamos parar para comer.
Los quiero a todos aquí a la una en punto. Gracias, damas y caballeros.
Ahora, teniente. Lo siento mucho.
Y estoy seguro que no ha venido aquí solamente por su amor a la música.
Al ser tan intimo del Sr. McEnery, pensé que tal vez pudiera ayudarme.
- Porque algo me tiene perplejo, señor. - Dígame qué es.
Verá, fui al departamento del Sr. McEnery
y vi muchas fotografías ahí,
y en todas, pero en todas, llevaba tenis.
Es normal. Siempre vestía con ropa informal.
Llevaba tenis incluso con el esmoquin, señor.
- Seguramente no. - Sí, señor.
Cuando estaba con usted.
Es difícil de ver, señor,
pero...
lo verá mejor con esta lupa.
¡Qué extraordinario!
Sí.
Al ser de color oscuro, son fáciles de ocultar,
a menos que se mire con atención.
Ya lo veo.
Nunca me fijé que los llevara. Era un chico tan excéntrico.
Sí, pero anoche, señor, llevaba puestos estos.
Y me he estado estrujando el cerebro intentando saber
por qué cambiaría sus hábitos.
- Deje de hacerlo. - ¿Dejar qué, señor?
Anoche iba a ser la noche más extraordinaria de toda su vida.
Iba a dirigir la orquesta en directo ante el público.
¿Se imagina que iba aparecer vestido indebidamente en una noche así?
Sí, eso podría explicarlo.
Pero no explica esto, señor.
Esto, ¿ve? No hay número de zapatos en la tienda de alquiler del esmoquin.
- ¿Y? - ¿Y qué, señor?
Estaba cambiando su vida. Cambiando sus hábitos.
Y les diría que se llevaría unos zapatos de vestir y ellos se los dieron.
- Seguro que tenía prisa. - Eso dijeron, señor.
Siempre con prisa, Gabriel.
Aunque, ¿por qué olvidaron anotar su número de zapatos? No puedo entenderlo.
- Pregúnteles. - Eso haré, señor.
Siento haberle hecho perder su tiempo.
He disfrutado de la música.
Se aprende algo nuevo cada día, señor.
Ahora ya me voy.
Gracias, señor.
No hay de qué.
Por cierto, calzaba del 39 en los tenis.
¿Ah, sí?
Fascinante.
Me retrasé un poco, amigos. Perdón por hacerlos esperar.
- ¿Hubo suerte? - Nada.
- Registramos cada centímetro del lugar. - Esto no tiene sentido.
No estaba donde cayó y no está aquí arriba.
¿Dónde está?
Esta puerta tiene bisagras en ambos lados y una división en medio.
Sargento, ¿tiene esa navaja de bolsillo?
Sí, nunca salgo sin ella. Podría escribir un libro sobre sus usos.
Sí, y creo que tiene otro capítulo en camino.
Esta ranura parece que tiene menos de dos cm. Deme algo para levantarla.
Tome. Pruebe con esto.
Hay un gran agujero. ¿Qué es esto?
Estaba antes que yo; me dijeron que lo usaron para rodar una película una vez.
Un ascensor para subir la cámara. No se ha usado desde entonces.
¿Quién sabría que está aquí?
Los camarógrafos, supongo, si puede encontrarlos.
¿Sabe quién lo sabría? El señor Ritter.
Ha rodado todas sus películas en estos "platos". Conoce el sitio a ciegas.
- Llámelo por teléfono, sargento. - ¿Cuál es su número?
Déjeme ver, 555-0148.
Es una línea directa.
El Sr. Ritter, por favor. De parte del teniente Columbo.
Sí. Gracias.
¿Sr. Ritter? Le paso al teniente.
Hola, teniente. ¿Ha sido una explosión?
No, sólo fue la puerta de hierro en la azotea del "plato" 28.
"La maldita." Hay una historia sobre ella.
- Me encantaría que me la contara. - Lo haré con mucho gusto,
pero ahora mismo estoy en una junta de guionistas. Terminaré tarde.
- ¿Podría pasar por mi oficina a las 9? - Ahí estaré, señor.
- En recepción le dirán dónde estoy. - Muchas gracias.
Bien hecho, Gabriel.
El tipo que lo hizo construir fue por un tiempo el salvador del estudio.
Se hicieron una serie de intentos, y de pronto, sin que nadie lo esperara,
este tipo hizo una película. Ganaron una fortuna.
Así que después, cualquier cosa que quería la tenía. Presupuesto sin límite.
Se volvió loco.
Hizo construir esto para una toma. Yo veía hacerlo y no podía creerlo.
Tenía que haber una media docena de formas de hacer esta cosa
a una décima del precio, pero como muchos jóvenes estos días,
cuando el éxito llega, sube directo a la cabeza.
Y esto del ascensor es típico.
De todos modos, llamó a la película: "Descanse en paz", y así fue.
Es cuando él descansó en paz, porque la película fue un desastre.
Estaba en los videoclubes una semana después de su estreno.
- ¿Qué le paso a él? - Fue su fin.
No le llamaban de ningún estudio en la ciudad.
Lo último que sé es que estaba dirigiendo una telenovela en la TV.
- ¿Este hueco llega directo a la azotea? - Sí.
- ¿Con el ascensor dentro? - Sí.
- ¿Dónde está el ascensor? - Vamos abajo. Se lo enseñaré.
Aquí está el bebé.
El tipo metió una cámara, una metralleta, un par de luces,
y lo llevaba a la azotea para disparar a los malos.
No sé de qué puede servirle esto a usted.
- Investigamos un homicidio. - ¿Un homicidio?
- Está en mi campo. ¿Cuál es la premisa? - ¿La qué?
La premisa. La razón por la que se comete. Es como se empieza un guión.
Yo no sé nada de sus guiones,
pero esto no ha sido un accidente.
No lo entiendo. Todos queríamos a ese chico.
¿Ve estos botones?
Hay polvo y telarañas por todas partes. Nada en esos botones.
A este cajón lo acaban de mover.
Había marcas en el polvo antes de que lo tocara.
- Pero nadie ha usado esto en años. - Bueno, pronto lo veremos.
¿Qué le dije?
Tal vez sí.
Y tal vez no.
Mire, este polvo está removido.
- ¿Encontró una pista? - Es una buena pregunta, Sr. Ritter.
Me encantan las pistas.
Sí.
A mí también.
Por favor, quédese. ¿Quiere un café?
No, gracias. Ya me siento bastante despejado.
Lo entiendo muy bien.
- Por favor, siéntese. - Gracias.
Srita. Rebeca, sé que es un mal momento para usted,
pero... es algo que los policías tenemos que hacer.
Perdóneme por preguntar, pero, ¿vio usted a Gabriel ayer?
Estuvimos juntos hasta que él se fue al estudio.
Yo lo acompañé a su coche.
Le di un beso y un regalo.
Luego... se fue.
- ¿Qué le dio usted? - Una batuta.
¿Para dirigir?
¿Y esa batuta la llevó Gabriel cuando vio al Sr. Crawford en su bungalow?
Ahí es donde se fue a ensayar él solo.
Ajá.
¿Es esta la batuta?
Sí.
Sí, y...
yo le escribí algo aquí.
Algo personal que él apreciaría.
¿Puedo?
Rebeca, quisiera llevarme esto.
- Es algo que me gustaría conservar. - Me aseguraré de que se la devuelvan.
¿Gabriel dirigía en público?
De hecho... el concierto de anoche iba a ser su primera vez.
¿Por qué razón?
Estuvo bajo el control de Crawford mucho tiempo.
Creo que Crawford se sintió culpable y le dio una migaja.
Una migaja.
- Por la música que hizo para él. - ¿Cómo cual?
Por ejemplo: "El asesino."
¿La música del gran premio?
Cada nota de ella, era de Gabriel.
¿Hay una copia?
Aquí es donde guardaba todas sus partituras.
La tenía en un sobre café.
No está aquí.
- ¿Dónde está? - No está, Rebeca.
No está.
Teniente, le garantizo que el tipo de ahí nos va a decir "muerte por impacto."
Si estaba vivo cuando se cayó de la azotea,
le garantizo que estaba inconsciente.
Pero, consciente o inconsciente, es muerte por impacto.
Yo digo que cuando estaba en la azotea, o estaba muerto o inconsciente.
- ¿Qué diferencia hay? - No hay ninguna diferencia.
A menos que pueda probarlo.
- Hola, teniente. - ¿Cómo está, doctor?
Quiero ver el expediente de Gabriel McEnery. Llegó hace un par de noches.
McEnery... Gabriel McEnery... Sí, veamos aquí.
McEnery...
Aquí está, Gabriel McEnery.
"Causa de la muerte: impacto por una caída."
- Muerte por impacto, sargento. - Es lo que le dije.
"Hora de la muerte: aproximadamente, 8:02."
"Análisis de sangre: pequeña cantidad de alcohol, lo demás, limpio."
"Cabeza: dos fracturas."
"Sangre del impacto confirma la hora de la muerte."
- Ahí está escrito, teniente. - Quisiera ver el cadáver.
El número 14.
Eche un vistazo a esto.
¿Lo han analizado?
Asumo que eso va con el apartado; "sangre del impacto."
Tal vez sí, y tal vez no. Esta sangre estaba seca cuando examiné el cadáver.
La sangre de la cabeza, no. Estaba húmeda. Compruébelo por mí.
No estuve a cargo. Es posible que no lo hayan visto.
De una manera u otra, analícelo tan pronto como pueda.
Y, sargento, averigüe cuándo empieza hoy la grabación el Sr. Crawford.
Sí, señor.
- ¿Cómo le va? - Nada, ni una huella a la vista.
Eso no me sorprende. Siga con ello.
¿Alguien tiene una linterna?
Ven, Mick. Dale al teniente tu linterna.
Chicos, prepárense para un apagón.
Los que tengan linterna, enciéndanla.
En una cabaña, bajo un cañón, estaba...
¿Qué está haciendo, sargento?
No será la primera vez que me agarra despistado.
De acuerdo, sargento.
Creo que hemos terminado aquí por ahora.
- ¿Qué te pareció, Sidney? - Voy a salir.
Descanso.
- ¿Estás bien, Findlay? - Nunca mejor.
Bien, ya me conoces, le llamo al pan, pan.
- Esa música apesta. - No me digas.
No tiene tu toque actual. Tal vez algo te preocupa.
Pero mi problema es que la fecha del gran estreno se acerca
y necesito que la termines pronto.
¿Alguna sugerencia?
Sí. Tenemos el asesinato, hemos agarrado al malo.
Ahora, el romance final, no esta espesa sopa de guisantes.
- Puedo darte romance. - Bien. Arréglalo.
Que trabajen horas extras, las pagaré. La necesito mañana por la mañana.
No me deprimas, cariño. Hazme feliz.
Disculpe, señor. ¿Me dice la hora?
- Lo siento. ¿Qué dijo? - La hora, si la tiene, señor.
- Mi reloj me toma el pelo otra vez. - 3:21 y 11 segundos.
- ¿Seguro que está bien? - Siempre está bien. Es digital.
Yo tengo este antiguo. A veces se me olvida darle cuerda.
Hablando de la hora, tengo cosas que hacer. Discúlpeme.
Y yo también, señor. Tengo que resolver un homicidio.
¿Un homicidio? ¿Qué clase de homicidio?
El normal.
- Alguien mató a alguien. - Pero, ¿a quién mataron?
Estoy seguro de que el Sr. McEnery fue la víctima,
y esperaba que usted me ayudara a encontrar quién lo hizo.
No veo cómo yo iba a poder guiarle en esa dirección.
Verá, hay una música que tiene que ver, señor,
y Ud. es la mayor autoridad que conozco en la materia.
- Necesito su ayuda. - Tendré tiempo mañana.
Tendrá que ser hoy. No queremos que la persona se nos escape.
- Oh, ¿es un cliente escurridizo? - Nunca se sabe, señor.
Mire, esto es muy inconveniente.
Tengo unos minutos, pero hablaré con los miembros de la orquesta antes.
- Puede esperar aquí. - Quisiera ir también. Si no le importa.
Como quiera.
Damas y caballeros.
Nuestro amigo del departamento de policía aún está con nosotros.
Llegará a gustarles; cada vez que llega él, tienen un descanso.
Aprovéchenlo bien. Tendrán muchas horas extras. Va a ser una larga noche.
Señor. El caballero del control. ¿Cómo se llama?
- El mezclador de sonido es Nathaniel. - ¿Nathaniel? ¡Nathaniel!
¿Sería usted tan amable de quedarse?
Lo necesitaremos, señor, para alguna música.
Que disfruten, amigos.
No tardaremos mucho.
- ¿Intenta dedicarse a dirigir? - No, señor. Esa no es mi especialidad.
Le alegrará saber que encontré el ruido
que estropeó la grabación del concierto del día que tanto nos preocupa.
Disculpe, señor.
Súbalo, sargento.
- ¿Qué rayos es ese ruido? - Todo a su tiempo, señor.
Nathaniel, ponga esa sección del concierto con la interferencia en ella.
Nathaniel, ¿puede bajar la música?
Gracias, Nathaniel. Bájelo, sargento.
¿De dónde diablos vienen esos horribles ruidos?
De un ascensor, señor.
- ¿Un ascensor? - Ahí abajo en el sótano.
- ¿En serio? - En serio.
Eso es lo que causó la interferencia en la grabación,
antes de que la otra interrupción lo detuviera completamente.
Creí que sólo era un lugar de almacenamiento ahí abajo.
No hay duda al respecto, señor. Hay un ascensor ahí. ¿Le gustaría verlo?
¿Por qué no?
Dejemos a ese bendito ascensor sin funcionar de una vez por todas.
Mi teoría es que este ascensor se puso en marcha
durante la introducción del Sr. Ritter,
y se elevó hasta la azotea mientras usted dirigía. Vamos, podemos subir.
No es necesario. Me interesa más dejar esta cosa sin funcionar.
Eso se hará, señor, cuando hayamos terminado.
Necesito su consejo sobre más música.
Qué gracia tiene usted.
Qué extraño es.
- Muy bien, pero dese prisa, ¿quiere? - Me daré prisa, señor.
Después de usted.
- ¿Ha ido al zoológico, sargento? - Claro.
- ¿Ha visto las morsas? - Sí, simpáticas.
Eso creo yo. ¿Usted qué piensa?
No son de mi interés.
No tardaremos mucho.
Ya podemos salir.
¿Qué es esto, una especie de broma?
Señor, cuando el Sr. McEnery estaba aquí dirigiendo,
tenía esto con él.
¿Se acuerda que no podíamos encontrarla?
Bien, señor, es lo que me dio la certeza de que el ascensor subió
y tiró al Sr. McEnery. Y la batuta...
Se cayó dentro.
Seguro Gabriel hubiera oído aproximarse al ascensor y se hubiera quitado.
Y además, ¿ve esta ranura?
La batuta podía haberse colado por ella.
El mango no hubiera cabido, pero esa era una pregunta muy interesante.
¿Por qué el muchacho no oyó el ascensor?
Ahora, sabemos, señor,
que él usaba tenis del 39.
Claro, eso sugiere otra pregunta.
¿Por qué la noche de su muerte llevaba zapatos del 11?
Claro, también está la cuestión de...
¡Tony! ¡Marcia!
Este es el maestro Crawford.
Le adoran, señor. Son sus grandes fans.
- Absolutamente, esto es un honor. - Es todo un honor, señor.
- Encantado de conocerlos. - ¿Le importaría firmarme...?
Venían corriendo al concierto, cuando el cuerpo de Gabriel cayó justo ahí.
Bang. Justo frente a ellos.
- Marcia, usted gritó, ¿verdad? - Sí, lo hice. Yo grité.
- Sí. Y muy alto. - Sí, ella gritó.
Gabriel cayó 25 metros, cuatro pisos, y se mató en silencio.
¿Por qué no gritaría, señor?
Así que tenemos muchas preguntas.
Tomé esta fotografía. Pueden relajarse ya.
Sí, señor. Gracias.
Pequeñas gotas de sangre café seca.
¿Le es familiar el secobarbital, señor?
Sí. Cuando murió mi esposa, me ayudaba a dormir.
Bien, se metaboliza muy rápido.
No hallamos rastros de él en la sangre de Gabriel.
Pero esta sangre no estaba dentro del cuerpo. Estaba afuera.
Estaba por aquí, señor, en su mano.
Debió haberse cortado mucho antes de caerse de la azotea,
porque cuando vi la sangre, ya estaba seca, señor.
Además... fíjese en esto.
Estaba llena de secobarbital.
O sea, Gabriel no gritó porque estaba drogado.
Estaba... Estaba...
Caramba...
Sargento, ¿qué palabra estoy buscando?
- Inconsciente, señor. - Inconsciente.
Esa es la palabra que estaba buscando.
Y si está inconsciente, señor,
no puede quejarse si alguien le pone zapatos en los pies,
que son dos números más grandes,
y no se daría cuenta si alguien le roba la llave de su casa.
Dígame, señor.
¿Quién tenía un motivo para robar
la partitura original de la película " El asesino",
que fue la base de que alguien ganara el mayor premio de Hollywood?
Bien... sabemos quién ganó el premio.
La misma persona que robó la llave de su casa.
De hecho, la misma persona que lo drogó.
Porque el motivo para robar la partitura de Gabriel,
es el mismo que apretar el botón, hacerlo subir,
y tirar al chico de la azotea.
Lo que no hubiera funcionado, a menos que estuviera drogado,
porque como usted dijo, señor,
el chico hubiera oído el ascensor.
Rebeca, por favor, diga y toque estas notas.
G-A-B-I.
B-E-C-C-A.
Notas de amor, Sr. Crawford.
Para Gabi de Becca,
en esta batuta.
Un regalo de amor.
Pero estaba muy ocupado para notarlo.
Toque la otra serie, por favor.
B-E-C-C-A.
G-A-B-I.
"Querida Becca."
"Mis notas de amor para ti."
"Siempre, Gabi."
Llévenselo.
Gracias a todos. Hemos terminado.
Discúlpeme, señor Crawford. ¿Podría firmarnos un autógrafo?
- Oh, señor, lo adoramos. - Claro que sí.
Señor Columbo, es usted una fuente de información.
¿Conoce alguna penitenciaría con un programa decente de música?
Me dijeron que una vez probaron una banda de viento en San Quintín.
- ¿Por qué no le pregunta al juez? - Gracias.
Te lo aseguro, estos autógrafos van a valer mucho algún día. Podríamos...
Rebeca, mi esposa siempre tatarea una sonata cuando está limpiando la casa,
y es siempre la misma.
Si pudiera enseñarme cuáles son esas notas,
se lo agradecería
y podría tocarlas para ella en su próximo cumpleaños.
- A ella le encantaría. - ¿No puede recordar cuál es?
Oh. Esa. Bueno, es sencilla.
Es esa.
Bien, sólo enséñeme unas pocas notas.
Muy bien, toque aquí.
Traducción: HectorA Corrección: Kynito
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