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El corazón tiene el tamaño de un puño cerrado

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y la forma de una pera con la punta hacia abajo.

El corazón es el símbolo del amor, sigue el ritmo de la emoción.

En una persona adulta

el corazón se contrae 70 veces por minuto.

En una persona enamorada, mucho más,

a veces llega a 100 sin darse cuenta.

El corazón es el último en irse,

continúa latiendo aun cuando se le aparta del organismo,

cuando tu amado te abandona,

cuando no quieres sufrir más.

No lo controlas tú.

Al estar enamorado,

cuando tu corazón late por otra persona,

ya no lo controlas tú, sino él mismo.

Este manual sobre el amor

os guiará por las fases del sentimiento eterno.

Una verdadera guía que no pretende enseñar nada,

pero que sabe que hay gente

que cuando está enamorada, tiene problemas

y necesita ayuda.

En este manual se atraviesan las arterias más cálidas del amor.

El hombre no sabe por qué se enamora,

se subyuga y basta. A veces se vuelve ridículo,

a veces confuso, a veces hasta peligroso.

Os ayudaremos.

Si con constancia seguís el camino con nosotros,

entenderéis mucho sobre el amor.

Ahora coged el mando

y buscad el corte número uno de este CD.

Buena suerte.

He terminado. Nos vemos el jueves.

Aquí estoy.

Soy una estadística de desocupación juvenil.

Sin trabajo, sin dinero

y sobre todo, sin mujer.

Necesitamos chicos con seis años de experiencia.

Doctor, para usted.

Sí, esta no. ¿Cuántos años hace que trabaja?

-¿Habla inglés?-Yes.

-¿Habla francés?-Oui.

-¿Habla alemán?-Da.

No, "da" no. "Da" es ruso.

¿Cuántos años lleva de representante?

Ah, seis...

¿Cuántos?

Seis, justamente.

Pero, ¿cuántos años tiene?

Veintitrés, veintisiete... Seis.

¿Cuántos quería?

Bien. Hasta pronto.

-Adiós. -Adiós a usted.

¿Qué puede pasarme que sea peor que esto?

Un gato negro.

¿Y esa qué hace? Ha parado por él.

Esto es algo increíble.

Ha parado para darme su mala suerte.

Se hace la despistada. Has escogido el día equivocado.

Vamos, vamos.

Vamos, vamos.

Por favor, vete. Sé perfectamente cuál es tu juego.

-¿Qué? -La virgen,

el gato negro, la mala suerte es tuya.

Aprende a vivir con ello. Qué egoísta eres. ¡Egoísta!

Egoísta de mierda. Toda para mí.

¿Qué? He venido a buscar a una amiga que vive aquí.

¿Qué gato negro?

¿Qué gritas, Carlotta?

Yo no, este cretino. Habla de un gato negro.

La mala suerte del gato. Un idiota.

No, no, es que...

Parecía que se hubiese parado por el gato.

No sé.

Muy bien.

-¿Dónde estaba Briciola? -Por aquí.

Bien, señorito,

paso yo,

¿de acuerdo?

La mala suerte será para mí,

por partida doble, porque el gato negro es mío.

Lo siento.

No sabes que día estoy...

estoy teniendo hoy.

Hoy todo me sale mal.

Intenta controlarte porque estás nervioso.

Un poquito, sí.

Vámonos.

Así que, recapitulando...

Dos entrevistas de trabajo fatales.

Y un ridículo que roza la perfección.

Bravo, Tommaso. Hay días en los que no hay que levantarse.

¿Cretino?

¿Cretino?

Realmente eres un cretino.

Cretino.

¿No te avergüenza creer en gatos negros?

-¿Qué haces ahí?-¡Cretino!

Virgen santa.

Virgen santa. Virgen santa.

EL ENAMORAMIENTO

¿Qué hago aquí?

¿Qué hago yo aquí?

Si sale, ¿qué le digo?

"Soy el del ridículo, he venido a hacer otro".

-Carlotta, voy. -Hola.

Perdona, no soy Carlotta...

Soy el de ayer, el del gato negro.

Hoy también pasaba por aquí y he visto que Briciola

ha vuelto a escaparse y lo he traído.

-Voy enseguida. -Vale.

-Gracias. -De nada.

Vamos, vamos. Buen chico. Vamos.

Ven aquí. Quédate aquí.

Tranquilo, tranquilo.

-Ah, hola. -Hola, aquí lo tienes,

Te he traído a Briciola.

¿No temes que dé mala suerte tenerlo en brazos?

No, no. Soy un poco alérgico al pelo, pero...

Tampoco la otra vez pensaba en la mala suerte.

Bueno, oye.

No he pasado

por aquí por casualidad para traerte el gato.

He venido a disculparme contigo

y con tu amiga, porque la agredí de un modo vergonzoso.

-Perdona un momento. -Claro.

¿Diga?

Hola, Carlotta. ¿No vienes?

Voy sola, ¿qué voy a hacer?

No sé. Cogeré un taxi ahora, me arreglaré.

Adiós, adiós.

Oye, ¿te llevo?

Tengo la moto fuera. Si quieres te acompaño yo...

donde tengas que ir. Hoy no tengo nada que hacer.

Oye, no sé ni cómo te llamas.

No sé quién eres. ¿Quién eres tú?

Esta Giulia está muy buena.

¿Quién soy? Me llamo Tommaso.

Tengo 23 años

y soy parado. Bueno, no lo soy, lo estoy por el momento.

Mis padres están separados,

lo que no es necesariamente malo,

porque le saco dinero a uno y a otro.

Salí con una chica que me engañaba con su ex.

De ahí viene mi obsesión por los ex.

Los ex son una clase de gente que me tocan las narices.

No tengo nada, ni la Vespa, que es de Dante,

un chico con el que vivo desde hace dos años.

No hay nada más que decir de mí. Increíble, pero cierto.

-¡Las diez menos diez! -¡Gracias!

-De nada. -Has sido muy amable.

-¿De qué trabajas? -Soy intérprete.

Y a veces llevo a la gente de paseo.

-Pero... -Sí, soy guía.

Muy bien.

-Debo irme. Gracias. -Oye, Giulia.

Quería pedirte algo.

Dímelo rápido, que llego tarde.

Sí. Me gustaría verte,

si tú quieres.

Podrías darme tu teléfono y, no sé,

te llamo. A mí me gustaría volverte a ver.

3, 3, 3.

33.

78.

-7, 8. -8, 2, 1.

-8, 2, 1. -Vale.

-Gracias. Adiós. -Adiós.

Ya voy, ya voy.

Genial.

La llamo.

"Giulia, soy Tommaso".

Hola.

¿Está Giulia?

No, número equivocado, no.

No te voy a dejar. No te voy a dejar. Vamos.

La estatua de Bernini, posicionada delante de la nave principal...

de la iglesia de Borromini.

Su mano está en una posición como para protegerse...

de la posibilidad de que la iglesia caiga sobre él.

De esa forma, Bernini expresaba su aburrimiento...

con el trabajo de un artista de un artista considerado en el siglo XVI...

Excuse me. Señorita.

Una pregunta.

¿No le parece un poco antiguo dar un número equivocado

a quien la ha acompañado amablemente al trabajo?

Perdona. Ven.

Sí.

Es sólo un momento.

Perdón.

-Oye, chico. -Me llamo Tommaso.

Bien, Tommaso, ¿se puede saber qué quieres de mí?

Sí, tranquila. Tranquila, ¿vale?

Calma.

Quiero que cuando termines

con los japoneses me des una hora.

Ya está. Solo eso.

Oye, no me gustas, ¿vale?

¿Está claro?

¿Ahora te vas?

No.

¿Por qué eres tan pesado?

Tengo una idea, hagamos esto: yo espero que termines

y entonces nos vamos juntos.

No esperes aquí, vete.

¿Y dónde nos vemos?

Dime dónde nos vemos.

Mira, nos vemos delante de mi casa

a las cinco y media. Ahora vete, gracias.

Bien, me voy enseguida, así terminas de trabajar antes.

Estaré allí. Así si Briciola se escapa, lo cogeré.

-Bien. -Genial.

-Genial. Bien. -Adiós.

Que trabajes bien. Nos vemos.

¿Por qué no hay policía si la buscas?

No. ¿Y ese qué quiere?

Mierda. Me había olvidado totalmente.

¿Qué hago?

Antes he visto a Briciola meterse en ese jardín.

He intentado cogerlo, pero se me ha escapado.

¿Qué tal?

Bien, pero nos vamos, tenemos que ir a un sitio.

De hecho...

Es que ha pasado algo.

¿Qué ha pasado?

Un accidente, porque su madre...

Esta mañana ha tenido un problema

y tenemos que ir al hospital.

No es grave. No, está bien, pero...

Está bien, pero debo ir.

Claro, lo siento.

Oye, Giulia, si me dejas tu número, te llamo luego.

Es el mismo, con un seis al final.

Vale, vamos.

Toma el mío por...

Sí, claro. ¿No me has oído?

Todo es un lío, deberíamos haber ido hace una hora.

-Sí, espera. -Dame.

-3, 4, 7 -Sí.

-2, 1, 1, 0 -Sí.

8, 3, 1. Tommaso, ¿vale?

-Vale. -Adiós.

-Lo siento mucho. -Adiós.

¿Por qué? ¿Por qué no contesta?

Suena, pero no contesta.

Si un amigo se enamora, no sabes qué hacer.

O usas la violencia y le haces volver en sí,

o te conviertes en su confesor.

Te cuenta todo y a ti no te importa,

porque los problemas de los enamorados son idioteces.

Acaban por no entender cosas simples como esta.

Haz la prueba del anónimo.

¿Qué es?

Llámala desde otro número, el mío.

Si responde, misterio resuelto, no quiere hablarte.

¡Eres astuto, Dante!

De cabeza pequeña, pero cerebro comprimido.

Dios, ¿y si me responde?

Hola, Giulia.

Hola, soy Tommaso.

Oye, nada, quería...

Si no tienes nada mejor que hacer hoy...

Al cine con Carlotta.

Bueno, entonces...

Quizás, mañana.

Hablamos mañana.

Espero que me llames tú.

No espero que me llames. Te llamo yo.

Te llamo yo. Es mejor.

Sí. Vale.

Adiós. Vale. Adiós.

-¿Qué dices? -Que eres un capullo.

Ya sé que me miente, que no va al cine,

pero está bien, juega a mi favor. Porque ella miente, no yo.

-¿Me prestas el coche? -No.

Sí.

Gracias, Dante. Gracias.

Eres un amigo de verdad. Gracias.

Vamos.

Nos vemos más tarde. Pídeme cualquier favor que quieras.

¿Veis? No escucha a nadie.

Porque está en la fase hedonista

y solo cuentan él y sus problemas.

¡No cojas el coche!

-¿Dónde están las llaves? -¿Veis?

Es el momento de hacer una promesa.

Si me va bien con ella, juro que dejo de fumar.

Lo juro solemnemente.

¿Cómo era la llamada anónima?

Cancelar, 31, cancelar. Ahora te engaño yo.

¿Diga?

Soy Tommaso. Perdona por la hora.

Hola, Tommaso. En realidad es un poco tarde, ¿no?

Quería preguntarte qué tal el cine y desearte buenas noches.

Gracias. La película ha estado bien.

Oye, ¿aún estás con Carlotta?

No, Carlotta se ha ido.

Ahora estoy en la cama.

Perdona. Estarás cansada.

En realidad, oye,

debo levantarme a las 7:30, tengo españoles...

Bueno, te dejo.

Solo quería decirte

que mientes muy bien. Felicidades.

Perdona, ¿qué dices?

Hola.

¿Qué haces aquí?

Nada.

Solo quería ver hasta dónde llegabas.

Buenas noches.

¡Escúchame!

No me gusta que me persigan

y no tengo por qué explicarte lo que hago.

-¿El del beso? -Son cosas mías.

Te he pillado.

¿Me has pillado en qué? ¿Qué quieres de mí?

¿Quién eres? ¿Cómo te atreves a venir a espiarme?

Tenía razón Carlotta, estás loco.

-Oye, niña... -Me llamo Giulia.

Sí, bien, Giulia. Mira,

debes tratar mejor a tus admiradores.

Porque si fueras bajita y gorda saldrías conmigo a cenar.

No me conoces, pero ya me has dicho que no te gusto.

Vale, no te gusto, bien.

Pero sé que el del beso es un ex.

El del beso es un ex.

Eres como todas las demás,

si te sientes sola y abandonada

miras atrás y no adelante.

Oye, buenas noches.

Es un ex.

Hagamos una cosa.

Iré al cine contigo si me prometes que no intentarás nada

y que no me pondrás en la situación absurda

de intentar besarme.

No tendrás que hacerlo. Te lo prometo.

Sal. Aunque estés tres horas en la ducha

seguirás siendo el mismo idiota.

Si me dejas sin agua caliente, te mato.

¿Me dejas 20 euros?

No pagas el alquiler desde hace tres meses,

la compra la hago yo, no nos dividimos las tareas.

¿Qué hago? ¿Qué tengo que hacer?

Dante, aún debo pedirte dos cosas.

Me tienes que dejar el coche y la camiseta del 8.

No, la camiseta no, está limpia.

¿Me la querías dar sucia?

Gracias, Dante. Gracias.

Gracias, Dante. Lo sabía. Genial.

Genial. Lo recordaré.

-No, oye... -Lo recordaré.

No, te he dicho que no. Escúchame cuando hablo.

Si te digo no, no me des así. Me da rabia.

No estoy en contra de la cirugía estética.

Mi madre es una antigua.

Habla de la naturaleza.

No importa. La naturaleza cambia.

¿Qué le digo yo a este?

¿Por qué acepté su invitación?

Es uno de esos cretinos que te halagan.

No voy a poder aguantarlo.

Dios, tengo pelo de bomba atómica, parezco una seta.

Esa mierda de acondicionador de Dante.

No podía fiarme, lo sabía. Cuando pille a Dante, lo mato.

Lo mato.

Hola.

Oye,

¿tú crees

que yo

parezco una seta?

Sí.

¡Lo sabía!

-¿Qué vamos a ver? -No lo sé.

Oye, ¿por qué no vamos a cenar fuera?

¿Quieres salir a cenar?

¡A cenar, no! Sólo tengo 20 euros.

¿A un restaurante?

Ni en el bar de Cáritas entramos con 20 euros.

No.

¿Cómo que no?

Quedamos en ir al cine.

No hemos reservado nada.

Y me he vestido de cine,

tendría que ir a cambiarme para ir al...

¿Pescado?

-En el mar... -¿Cuál?

No, es que conozco un sitio

precioso.

Esperemos que esté abierto, si no...

Si no, me muero.

Livia, tienes razón, pero no podía decirle que eras mi hermana.

Parece una seta.

-¿Qué? -El pelo, una seta.

Sí, vale, bueno.

No quería quedar como un idiota pobre,

que no quiere gastar, porque no es que no quiera,

es que no tengo dinero. Hazme este favor.

Cuando salgas, finge no conocerme.

Soy un cliente normal.

Traes la cuenta, te doy la tarjeta y eso.

Finge, Livia, te lo pido por favor. Finge. Ya está.

-¿Qué te pido? -Una gilipollez.

¿Qué es una gilipollez?

Todo este montaje es tonto.

¿Cómo quiere el agua, dulce o salada?

¿Perdón?

-Es una broma, ¿con o sin gas? -Sin, gracias.

Al señorito le gusta con gas.

-¿A quién? -A Tommaso.

¿Viene a menudo aquí?

Sí. A comer lo que quiere, su hermana no le cobra.

-¿Esa es su hermana? -No iba a ser su madre.

Ya está, perdona, he ido al lavabo un momento.

Un momento... Vale.

Perdón por el lío, hace poco que hemos abierto.

Está vacío, pero así es más íntimo.

Sí, decididamente.

¿Qué pescado quieren comer?

¿Gambas frescas?

-¿Por qué no me la presenta? -Vivas, ¿quiere verlas?

No hace falta, nos fiamos.

-Sí, nos fiamos. -¿Para beber?

¿Vino?

Vino blanco de la casa.

¿De nuestra casa?

¿De su casa? ¿Ha dicho de su casa?

Bien, el de su casa.

Adiós.

Un poco tonta, pero...

No es lujoso, pero se come bien.

¿Por qué esta farsa?

¿Qué farsa?

Me han dicho que sois hermanos.

Levántate, dale las gracias

y desparece dignamente para siempre.

¿No dices nada?

El camarero...

El camarero te ha dicho...

Vaya.

Es increíble.

Tommaso, cada vez más alto, pero más llorón. Bebe agua.

Gracias. ¿Él?

¿Él te lo ha dicho? Es increíble.

¡Qué absurdo!

Los hombres son así, dicen tonterías.

¿Por qué hacerlo?

Incluso he pensado que no le gusto como hermana.

Pero qué mala suerte tengo.

No hay otro camarero igual.

Va por las mesas y dice:

"Ese es su hermano, el primo de aquel".

Tío, tío.

¿Qué haces tú aquí?

Hola, tesoro, mi amor.

Va, a la cama.

Ni hablar.

¿Con que esas tenemos?

Sí, estamos solos ella y yo,

yo y esta cosita.

Este Tommaso es verdaderamente tierno.

Un idiota tierno.

Este cielito.

¿Queréis que lea un poco?

No, por favor.

Sí, lee.

No importa vuestra edad, pero si habéis superado los 40

aconsejamos que sigáis al pie de la letra este camino,

porque a cierta edad, las penas de amor son devastadoras.

¿Ves las tonterías que leo?

Me dan 300 euros cada vez que voy a grabar.

Es un CD... La serie se titula

"Manual de amor".

Que ocurra un milagro y te enamores de mí.

Mírame, ¿por qué no te gusto?

-¿Estás cansada? -Un poco.

Es un tímido.

Te arrancaría el vestido a mordiscos.

Giulia, no te dejes llevar por la ternura.

Bien, entonces vamos a dormir.

Ahora voy a decir una idiotez.

Podemos ser amigos.

¿Amigos?

No, no, amigos no, amigos no, amigos no, amigos no.

No, no es eso, no. Amigos no.

Oye, Giulia, no estoy enamorado de ti,

pero estoy bastante cerca.

Lo siento.

¿Giulia?

¿Te puedo abrazar una vez?

No seas tonta, dile que sí, por favor.

No, mejor que no.

Adiós.

¡Vaya golpe!

¿Por qué dejo que se vaya así? ¿Qué pedía? Un abrazo.

¡Tommaso!

¡Tommaso!

Tommaso, quería decirte...

Quería decirte,

quería decirte que

me he dejado el bolso en el coche.

El bolso, es verdad.

Pero yo nunca he besado a nadie por error.

Es verdad.

Cuando se enciende el amor se enciende todo lo demás.

He encontrado trabajo en una librería.

El jefe debe ser gay.

Quizás yo le guste, me da 900 euros al mes.

Giulia vive en casa.

Dante no está contento porque ocupamos el baño,

o está celoso de mi felicidad.

¿Quién es esta bola de pelo?

¿Quién es esta bola de pelo negro?

¿Qué hago con este chiquitín,

con este morrito,

con esta cosita?

Bueno, yo me voy.

Adiós a todos.

-Amorcito. -Sí, amor.

Adiós. Nada.

El verdadero mal de los enamorados es que no oyen a nadie.

Feliz Navidad.

Sí, ven aquí. Ven aquí, chiquitín de papá.

-¿Giulia? -¿Sí?

¿Te casas conmigo?

Dilo otra vez.

¿Te casas conmigo?

Te lo haría repetir mil veces.

Otra vez.

Esa frase nos impresiona.

¿Te casas conmigo?

Qué bonito. Parece un rito de amor.

Gracias a Checco y Mónica.

El espectáculo de Checco y Mónica

está dedicado a Tommaso

y a Giulia,

que han venido de viaje de novios.

Un aplauso.

Por favor, a la pista,

los recién casados.

¡Los recién casados

quedan bien con salsa!

-¿Vamos? -Sí.

-¿Vamos a dormir? -Sí, sí.

Los esposos, la salsa...

¿Estás despierto?

Despierta, tengo que decirte algo.

Dime, dime.

Quiero ir al curso de Checco y Mónica.

¿Quién?

El curso de Checco y Mónica, los que bailaban con fuego.

Hacen un curso por la tarde.

¿Viste cómo bailaban?

Había intensidad y...

Cuando se pasaban la antorcha

era como si se pasaran energía.

-Cuando hablas así, das miedo. -¿Por qué?

¿Me ves saltando e intercambiando intensidad y energía?

Demuestra que por una vez te interesa algo que me gusta.

No sé, finge.

¿Qué te cuesta hacer el curso?

Me da asco ese curso.

Quiero hacer paracaidismo.

Quiero colgar todo el día de un paracaídas. ¿Vale?

Bien, me callo tres días y te arruino las vacaciones.

LA CRISIS

¿La calefacción está puesta?

¿Por qué no te pones un jersey?

Sí, un jersey, pero ¿la calefacción está puesta?

Mira la caldera y así lo sabrás.

¡Cochis!

¡Siéntate! ¡Mira la tele!

Son animales, mira.

Si a ti no te gusta, imagínate a mí.

Puedes cambiar. No me interesan los animales.

No, lo decía por decir, a esta hora no hay nada.

No me importa.

Tengo sueño.

Me voy a la cama. Cochis, ¿vienes?

-Buenas noches, amor. -Buenas noches, amor.

Buenas noches, amor.

Buenas noches, amor.

Buenas noches, amor. ¿Por qué?

Dios mío, no lo soporto, no lo soporto.

¿Por qué hace eso?

¿Dónde va, señora? Señora, a la derecha.

¡Vieja, apártese!

Señora, ¿qué hace?

¡Ponga las manos en el volante! Vamos, por favor.

No puede, volvamos atrás. Bien, volvamos atrás, eso.

¡Es usted muy nervioso!

Me hace sufrir, en serio.

Déjeme a mí. Poco a poco.

¿Poco a poco? Seamos sinceros, no tiene reflejos.

¿Oye por lo menos? No tiene reflejos.

Apunta a los peatones. No puede hacerlo.

-¿Quién lo dice? -Yo. Es una loca en la calle.

A su edad, el permiso caducado se queda caducado. ¿Vale?

Qué malo es. ¿Qué tiene aquí dentro?

Antes no comía así.

Mira cómo mastica.

Despacio. Sin ruido.

Cada día es peor.

Se transforma,

ya no es él.

Invasión de los ultracuerpos.

-¿Qué miras? -No, nada, estaba...

¿Cómo que nada?

Me miras fijamente y dices que nada. ¿Me tomas el pelo?

Estaba pensando...

Vamos.

Dime qué pensabas.

Empecemos a decir qué pensamos

cuando pensamos algo, ¿no?

Si pensamos algo.

Vale, te lo digo, si lo quieres saber.

Pero, cuidado, que los pensamientos son un poco directos.

No te preocupes.

Pensaba que me das asco cuando comes.

Es verdad, esos pensamientos son directos.

Para eso, mejor te callas.

No. Marco, has cambiado, en serio.

¿Por qué has cambiado? ¿Por qué?

Ya no hablas de ti, del trabajo.

Cuando te conocí no eras así, ¡no eras así!

Sonreías, tenías luz en los ojos, te gustaba la gente...

Te gustaba hablarme.

¿Qué dices? La gente, el trabajo, "las colinas en flor".

¿Qué quieres que te diga?

¿Que una vieja ha chocado contra un muro? ¿Cilindros?

¿Quieres que hablemos de cilindros?

No, un motor de explosión.

Un motor de explosión, combustión con chispa.

¿Me has pegado?

Sí.

Disculpa, perdona.

Cógele la mano, vamos.

-No, no. -Vamos.

No, no, por favor, cuando son pequeños me da miedo.

La primera semana tampoco quería cogerle en brazos.

Ahora le cojo, le giro, le agarro...

Podría desmontarlo.

¿Y lo sabrías volver a montar?

Lo que me gusta de los niños es su olor.

Como Achille, de pequeño.

Volvía del trabajo y le olía un cuarto de hora.

Es verdad, mira qué olor.

Huele. ¿Es talco? ¿Leche? Algo así...

Es un olor especial, sí...

Pero encuentro un poco fuerte el olor del talco.

¡Lo acabo de cambiar!

Pero Lapo,

cariño, ¿qué has hecho?

¡Todo lleno! Ve con papá.

El cagoncete de papá, vamos. Ven aquí, ven.

Vete, que lo cambio yo. Vete. Ven, ven.

El momento del pañal es un ritual.

Marchaos, marchaos.

Lo he hecho sin atún. Recordé que eras alérgico.

Sí, gracias.

Achille, ¿qué has hecho?

-¡Puta! -La virgen.

No, Katia, recuerda qué nos dijeron:

"Fingir que no pasa nada".

No hay problema, lo arreglamos.

Normalidad, normalidad.

-Dos bofetones, ¿no? -No, normalidad.

Escuchad, escuchad.

Cuando hace así está soñando.

¿Cómo lo sabes?

Me lo dijo el pediatra, pero además mueve los ojos, las manos

y los pies.

Es un animalito pequeñito.

Es un animalito pequeñito.

¿Me das la sal?

-Pongo poca por la leche. -Claro.

¿La sal va a las tetas?

¿Qué he dicho?

Sí, la sal va a las tetas.

Mirad, está por salir. Mirad, mirad.

Es increíble.

Gritaba como una loca y ahora

no me acuerdo.

Estos están locos.

¿Qué muestran? El vídeo del parto no es el de las vacaciones.

Esto es asqueroso.

Las imágenes son bastante fuertes.

No, Marco, ¿por qué? Es la naturaleza.

Pero después de comer, que nos deje digerir.

Eso no se puede ver.

Perdonad. Es bonito, muy bonito.

Vaya, se acabó la batería.

¡Soy Aníbal el caníbal!

¡Está con el niño!

-Achille, eres insoportable.-¡Marica!

¡Ven aquí!

Lo que hay que oír.

Bofetones no, ¿eh?

¿Por qué no tenemos uno?

¿Qué?

Un hijo, tuyo y mío.

¿Lo propones tras una noche como esta?

Yo esta noche mataría a todos los niños.

Ya lo sabía.

Has visto lo peor de la noche.

No es que...

El vídeo del parto, todos como locos,

y los niños traviesos. No has entendido que

detrás de la caca de un niño hay vida.

¿Qué ha salido de esa boca?

Detrás de la caca hay vida.

Vaya pedazo de frase.

Sí...

No, vale, no te enfades. Lo he dicho sin pensar.

Te salió una gran frase.

Eres muy susceptible, no se te puede decir nada.

Has dicho algo un poco, un poco filosófico.

He hecho una broma, pero lo entiendo.

Tras la caca hay vida.

Bárbara.

No se pueden tener niños para salir de una crisis.

No es justo, es algo criminal.

Antes se resuelve el problema y después se tiene un niño.

Te haré los que quieras, pero antes, la crisis.

¿Y yo qué hago?

Perdona, ya no soy una niña.

Dime cuánto va a durar la crisis.

No sé, Bárbara, ni siquiera sé por qué la tenemos.

No sé cuándo acabará.

Tú no haces nada,

lo noto, no haces nada para arreglarlo.

Cuando propongo algo, doy una solución,

te ríes de mí como si fuera tonta.

No pones voluntad para salir, porque te gusta esta crisis.

Sé sincero contigo mismo.

No es verdad. ¿Por qué dices esa idiotez?

¿Qué soluciones?

¿Qué propones? Propones Checco y Mónica.

-¿Y qué? -¿Cómo y qué?

-Checco y Mónica. -¿Y entonces?

Checco y Mónica. Checco, soy Checco, soy Mónica.

Con el fuego, Checco y... Checco...

Estoy caliente, me pones caliente.

Toma energía, dame energía. Vamos, Bárbara.

¿Así se resuelve la crisis?

Así nos dejamos para siempre,

es causa de divorcio para toda la vida.

Perdona, perdona.

Quiero salir de este lío tanto como tú,

pero debemos encontrar el modo, juntos.

Un modo inteligente,

no esas idioteces.

Seguid vuestros impulsos.

Abandonaos.

¿Qué es vuestra pareja para vosotros?

Dibujadlo en esta hoja en blanco.

Sin vergüenza, sin pudor.

Abandonaos.

Escuchad la música.

¿Solo un punto negro?

-¿Es poco? -Sí...

Bueno, pero...

Me voy, ¿eh?

Andrea Conti, diez.

-¿Qué haces? ¿Dónde vas? -¿Cómo dónde voy?

El cumpleaños de Cinzia, me había olvidado.

Si quieres venir estás a tiempo.

No, Bárbara, prefiero... ¿Ves?

Se me va la voz, me estoy resfriando.

Mejor me voy a dormir. Si no mañana...

Todo son parejas.

Os fastidiaría.

Os contagiaría a todos.

Sí, quizás sí. Adiós.

-Adiós, amor. -Adiós, Cochis.

¿Bárbara?

Todo parejas, ¡qué aburrimiento!

¡Acábatelo!

Y ahora, ahora...

Basta, basta, ya no más.

-¿Nombre? -¿Qué?

¿Cómo se llama?

¿Qué juego es?

Una pista, Ro...

¡Romolo!

No, no.

-Se llama Roberto. -No, basta.

-Debes beber. -No.

-¡Venga, a beber! -El último.

Vaya noche.

Hay que aprovecharla. ¿Te gusta el baloncesto?

¿Qué se hablaba en el curso?

¿Alemán, inglés? ¿Qué?

¡Beso, beso, beso!

¿Qué idiota hace cálculos a las dos de la mañana?

¿Sí?

Cinzia.

¿Bárbara?

-¿Dónde está? -Allá.

No quería volver y nos quedamos aquí.

Vomitó, le hice un café, la tumbé en la barra,

pero quería volver a casa. Quería verte.

Te llamé. Al saber que venías ha vuelto a vomitar.

¿Otra vez?

-Bárbara. -Estamos en crisis, amor.

Hay que resolverla, o no sé cómo acabaremos. Me duele.

La cabeza me hace bum, bum.

Bum, bum. Ven.

-No quiero. -Vamos, ven aquí.

Cuidado con la cabeza.

-He vomitado mucho. -Sí.

-Mucho. -Cógete, cógete.

Despacio, despacio.

Ya está, espera.

Tengo frío.

¿Tienes frío?

No te preocupes. Ten, aquí tienes.

Ven... ¿Qué pasa?

¿Por qué un punto negro?

¿Por qué lo hiciste? Yo no soy un punto negro.

Está bien.

Toda la noche con el punto negro. ¿Qué es?

No sé, Cinzia, está borracha. Está borracha.

Marco, ¿algo va mal?

Todo, Cinzia. Nada va bien. Nada.

Suerte.

-Igualmente. -No estoy bebida.

-No, no. Vamos. -No. No estoy bebida.

-No. -No voy a casa.

Deberíamos ir a un hotel.

-Vamos a un hotel. -A un hotel.

-Un hotel. -Vivamos allí.

Vivamos en un hotel.

Si hubiera estado sola,

de vacaciones, ¿qué habría pasado?

Te habría engañado.

Seguro. Te habría engañado.

Marco, estamos en verdadero peligro.

-Bebe, se va a enfriar. -No, gracias, estoy mucho mejor.

Es inútil continuar.

En este caso hay que tomar una decisión.

Ella no la tomará nunca,

tengo que ser yo.

Bárbara, te dejo.

Bárbara.

Bárbara, te dejo.

¿Tienes celos por mí?

Claro que sí, ¿qué preguntas haces?

Soy celoso, sí.

-¿Si te digo que he besado a otro? -¿Cuándo?

Esta noche.

Bárbara, no me gustan estos juegos.

He bailado sin parar

y después le he besado.

Un beso largo, largo.

Él me ha metido un poco la lengua

y he visto que ya no...

¡Mierda!

No, es una broma.

Estoy contenta por tus celos.

No, joder, se lleva el coche.

Oiga.

Disculpe.

Oiga, por favor.

Oiga, estaba con mi mujer, estábamos hablando.

Habrán pasado diez minutos.

Hasta ha venido la grúa, no han sido diez minutos.

Oiga, por favor, yo trabajo con el coche.

Pago ahora, le pago la multa.

Si se lo lleva, me arruina la vida.

He pasado una noche horrible.

Mi mujer no está bien, ha bebido, ha vomitado.

Ha vomitado mucho, estaba muy mal.

Si se me lleva el coche, me hunde.

Me mata.

No nos divierte poner multas.

Fue usted el que dejó

el coche de cualquier modo.

Mire, llévese el coche.

Desguácelo, lléveselo, no quiero verlo más, lléveselo.

Es un momento horrible, a la mierda.

Momento de mierda, me cago en la puta.

¡Idiota de mierda!

Desengánchalo, vamos.

¿Quién paga la llamada?

Tranquilo, hablaré con el depósito.

Desengánchalo.

¿En serio?

-Pero la multa sí. -Se lo he dicho, la pago.

Gracias.

Muchas gracias, estaba... Gracias.

Un placer, colega. Gracias.

Pedazo de idiota.

Dicen que los vigilantes son...

No es verdad.

-Buenos días. -Buenos días a usted.

¿Por qué estás tan amable hoy?

¡Qué te importa!

-Ahora sí que eres tú. -Vamos.

Esos dos están fatal.

Una historia acabada. Mira cómo se abrazan.

¿Qué dices? ¿Qué sabes tú?

Es una gran historia de amor.

-Ahí está mamá. -Hola, Andrea.

Hola, Ornella. Coge al monstruo. Hoy ha estado peor que nunca.

Le he tenido que reñir. Mira qué ha hecho.

Andrea. ¿Qué has hecho?

Perdona, ¿qué puedo hacer?

La llevo a la tintorería.

Si quieres te compro otra.

No, Ornella.

Estoy acostumbrada. Y somos novios, ¿no?

¡No!

Me ha dejado.

Por cierto,

en la obra de teatro tu marido es el conejo.

¿Se le olvidó?

No, practica todas las noches. Salta.

Hasta mañana, adiós.

Adiós.

Vamos, Gabriele, no es difícil. Cualquier primate puede.

Es delicada, no querrás...

Se atasca. Se rompe.

Andrea, a caballo del tío.

No soy el tío, soy una cebra.

Ah, una cebra.

Andrea quería decir que ha acabado de cenar.

Ahora se va a dormir, pero antes

quería un besito.

Claro.

Sobre la cebra,

a caballo de la cebra.

Vamos, la cremallera.

Se ha roto.

No te preocupes, es culpa mía.

Sí, por hacerte hacer esto.

Se te da bien la lija,

la cremallera es muy evolucionada.

El amor es fisiológico. No dura más de tres años.

Está demostrado, lo leí en el diario.

Primero el sexo, que dura un año y medio.

Después la pasión, que dura meses.

Después llega el afecto.

¿Y eso?

Puede durar toda la vida. Pero más de 5 o 10...

Cuando tengo turno contigo lamento no poder tocarme los huevos.

-Buenos días. -Buenos días.

Esas motos no pueden estar en la acera.

Son nuestras.

Sí, son del edificio, pero un día haré una masacre.

Se me descongelan los guisantes.

Por fin...

Buenos días.

Hola. La señora Fiaschi me para cuando cojo el ascensor.

Parece que me espere.

No importa. ¿Va al telenoticias?

Sí.

¿Me da alguna primicia?

¿Alguna noticia política suculenta?

Siempre lo mismo.

Un reportaje sobre las gaviotas de los basureros.

Quizás lo grabe.

Debo irme. Entramos en 40 minutos.

El uniforme de verano le queda bien.

Adiós.

Gracias.

Macho.

Macho, macho, macho.

Vaya, ¡qué lío!

Hola.

¿Cuántas veces te he dicho que vayas al garaje?

¡Joder!

La virgen, los marcos.

Willy, has metido el morro en la lata de cola.

Estás guapo con la cara rapada.

Vas a la moda.

Tienes que arreglar tu aliento,

porque todavía es un poco fuerte, pero...

Con un ruido impresionante que hiela la sangre de aquellos

a quienes despiertan,

las gaviotas...

He preparado calabacines rellenos.

... las reinas de la ciudad.

Escenas salvajes...

El 85% de los maridos italianos engañan a sus mujeres

y el 60% de las mujeres, a sus maridos.

Mi marido es bueno, dulce,

no me falta de nada,

Incluso sexo, esporádico, pero intenso.

Le amo. Es tranquilo y confuso, pero le amo.

¿Por qué engañarle?

Pero cuando veo a Alberto Marchese,

pierdo el norte.

LA TRAICIÓN

Y había un conejito

que hacía...

¿Qué hacía?

No sé, ¿qué hacía?

Mira, no tiene sentido del ritmo, va a destiempo.

Lo sé. Se lo he dicho mil veces.

Los conejos saltan en horizontal, no en vertical.

¿Que la cuente otra vez?

Hace lo que quiere.

Yo me voy un momento.

Un tigre vio una hormiga que dijo:

-¿Y el tuyo? -El orangután.

¡Qué grande eres!

Y el tigre dijo: ¡Qué pequeña! Y la aplastó.

Basta, basta, basta. Espera.

Quítame esta cosa.

No, no, espera.

Vamos allá.

¡Joder!

Amor. ¿Estás?

Vete, vete.

Qué aroma.

Hola.

-¿Y Andrea? -Con mi hermano.

¿Qué pasa?

Nada.

Ve a lavarte las manos.

CARA DE CULO

Cariño,

¿qué hay escrito en el baño?

CERDO ASQUEROSO

PUERCO DE MIERDA

El hada, esa puta.

¿Un conejo y una hada?

¿Qué pasa? Un argumento narrativo.

Es un juego, una fábula.

Un cuento de hadas.

Me das asco.

¿Qué argumento narrativo?

¡Eres ridículo!

-¿Qué? -Eres ridículo.

-No entiendo. -Un conejo

que quiere un trabajo extra.

No te sigo, no...

¡Te he visto! ¡Te he visto besarla!

Le lamías la oreja.

Me das asco. Con esa cara de niño bueno,

de imbécil, de molusco.

¿Cómo has podido engañarme con ese protozoo?

¿Qué? Espera, déjame hablar. Déjame. No es lo que tú crees.

No mientas, Gabriele, no mientas.

Amor, puedo explicarlo. Perdóname.

Eso puede ocurrir.

Y una mierda, amor.

Y una mierda, amor. Una mierda.

¿Sabes qué?

No solo no te perdono, me voy.

Hago las maletas y me voy.

Si fuera mi casa,

te cogería por eso que te cuelga y te tiraría por la escalera.

Pero este antro de mierda

lo ha comprado la bruja de tu madre,

con la pensión del descerebrado de tu padre.

No te quiero más. ¿Entiendes?

No quiero nada de ti,

¿entiendes, cerdo asqueroso?

¡Joder!

-Se acabó. -Ornella.

Hemos terminado. No quiero verle.

-Ornella. -Se atreve...

No hables así, tienes que pensar en el niño.

¿Debo ser la cornuda?

Pero Andrea necesita un padre.

-Y una sola madre. -Es él.

Bueno.

Nada, nada, no haré nada. Estamos aquí y no bajo.

O bajas tú o...

-¿Qué? -Bajo yo.

Y lo mato a golpes. Elige.

-¿Bajo? Bajo. -Gracias.

Bajo, no hagas más ruido.

Bien, bien.

La comunidad. Ya bajo.

Negarlo siempre.

Aun ante la evidencia. Mentir.

Sí. Pero, ¿qué le digo?

Si se atreve a decirme que no se han acostado

se traga las palabras y los dientes.

Solo ha sido sexo.

Me romperá la nariz de un cabezazo, la conozco.

Le rompo esa nariz de ratón.

Ha sido solo una cosa platónica.

Sí. Somos amigos.

Sí, nos besamos, lo ha visto.

Una media verdad, sí, una media verdad.

Nos besamos, pero nada más.

Cerdo. Gusano. Gusano.

Amor.

Amor, no puedo vivir sin ti y el niño.

Dime si es tu última palabra.

¿Qué hago solo en el mundo?

¿Qué hago?

Sí, ¿qué haces tú en el mundo?

-¿Eh? -¿Qué haces en el mundo?

Mira que me mato.

Bien, bien. ¿Dónde? ¿Cuándo? Dime dónde, que te ayudo.

Bien, todo ha terminado.

Todo ha terminado.

Terminado, sí.

Sí, todo ha terminado.

Todo ha terminado.

Ya no eres un hombre.

¿No? ¿Qué soy?

Eres moho.

¡Moho!

Es abuso de poder, no puedes aprovecharte, por favor.

Es abuso de poder.

Ornella.

Tienes razón.

Hablemos.

Déjalo. Licencia y papeles.

No quería hacerte daño.

Nos hemos visto muy pocas veces.

Licencia y papeles.

¿Sabes qué me da rabia?

Que esto se sabe cuando ha terminado.

Ornella, se acabó,

nosotros sabíamos que era una locura.

Triángulo,

rueda y chaleco.

¿Chaleco?

Señorita, el código es claro.

Debe llevar un chaleco fosforescente.

¿Y si tiene que cambiar una rueda?

Baja, un camionero no la ve,

la coge de la blusa,

la arrastra adelante

y atrás por el asfalto, cree que es un animal,

una oca salvaje,

una serpiente,

una perra...

¿Qué hace? Sigue adelante y atrás y usted...

¿De usted qué queda?

Un cadáver deshecho. Un cuerpo arruinado.

¿De quién es la culpa? Medio punto menos.

Ornella, no pasó nada. Fue un error,

un momento de debilidad.

Las ruedas están pinchadas.

¿Y el limpiaparabrisas?

-¿Qué le pasa? -Está roto.

No, Ornella, eso no está bien.

Ornella, lo siento, por favor.

"Ornella, lo siento".

Señorita, un poco de huevos, por favor.

Encienda luces e intermitentes.

Enseguida.

Busqué el modo de hacerla razonar,

pero no pude, no atendía a razones

y se convirtió en una leyenda metropolitana.

Fría, determinada, vengativa e imparable,

como las mujeres heridas de amor, ponía multas a la mínima.

Solo a los hombres, que eran las víctimas elegidas.

Fue empeorando, una carnicería. 27 permisos retirados,

72 cepos,

54 grúas.

Todo en quince días.

Y la pelea que cortó el tráfico

en la avenida Civilidad en el Trabajo...

Joder, ¡qué día!

He dicho hiena y confirmo la palabra hiena.

¿Se da cuenta de lo que dice?

Lo siento, no encuentro palabra mejor que hiena.

¿Qué ha dicho?

He dicho hiena.

Insultar a un agente.

¿Insultar? ¿Por qué?

Está abusando de su poder...

¿Qué dice?

Abusa de su poder.

No se le pone multa a alguien tranquilo en su coche.

Usted no me parece tranquilo.

Estaba en doble fila

con una astuta estrategia.

Está ahí, no hace nada, llega la vigilante,

pide disculpas y así se libra.

Me podría haber siIbado,

no pegarme en la ventanilla. No puede.

Así que yo me dedico a siIbar.

¿O golpeo ventanillas?

-No, ¿sabe? -Ese dedo.

¿Sabe a qué se dedica?

Se acerca escondida a los coches,

oculta como una hiena.

¿Ve a qué palabra volvemos? Hiena.

-¿Otra vez? -¡Hiena!

-¿Sabe? -¿Qué?

-A los tribunales. -Genial.

Nos vemos allí, en el regional,

allí nos vemos.

Pero tenga paciencia.

Mire lo que ha liado, por favor.

¡Muérase!

¿Se están peleando, se matan?

Párate ahí.

Bueno.

Estamos esperando.

Paren, ¿qué ocurre aquí?

¡Calma! ¿Qué sucede?

Este idiota ha aparcado en doble fila.

Y no puede ni abrir el coche.

Tranquilos. Nadie está borracho. Soy un hombre con problemas

que se reflejan en su equilibrio vital.

Pero mantiene el equilibrio.

¡Miren!

Bien, entiendo, circulen.

Se acabó la escena, adiós.

Aparte, que lo apartamos.

Deme la llave del coche.

No puede conducir así.

-Mire, yo... -Lo he visto.

-Soy bueno. -Sí, mucho, pero...

-Estoy sobrio. -Tengo las llaves.

Tengo un problema de conexión, pero nos conocemos, ¿verdad?

Vigilante, piso de abajo.

¿Qué hace usted en este estado?

No, quería mover el coche...

Pero, usted, un hombre guapo,

que presenta el telenoticias, tan serio y...

-¿Lo ha visto? -Sí.

Suba que le acompaño.

Yo me ocupo, vete.

¿Todo bien?

Sí. Le conozco.

-¿Puedo irme? -Adiós.

¿Qué pasa? ¿Las luces son de mentira y el coche también?

¿Es un ballet?

¿Sí? Te ríes. Va a ser una noche divertida.

Licencia y papeles.

No vomite sobre el uniforme.

Es bonita la camisa.

Sí.

-¿Qué marca es? -La marca...

-El uniforme. -Del Estado.

Oiga, lo dejo aquí.

Llamo al ascensor y se va solo.

-Ya no te veo una vez al día. -¿Solo?

Bonitas enaguas.

No, no, ahora no.

¿La camisa? ¿Uniforme de noche?

Abajo las manos.

Qué situación de mierda.

-Te pongo multa. -Despacio.

-Los puntos del permiso. -¿Y la luz?

-Por aquí. -Ah.

Me gusta la oscuridad.

-Así vemos algo. -Te gusta el arpa.

-Despacio, espera, no. -A la habitación no.

Aquí, rápido, eso es. Aquí.

Ofensa a un agente.

Espérame, vengo enseguida.

Dos segundos, espérame.

¡Qué tipo! Tiene una bata de raso como los boxeadores.

-Pórtate bien. -Serás cretino.

-Cretino por ti. -Espera, espera.

¡Preciosa!

Calla, calla, Willy.

Willy, calla, calla.

Ornella, ¿qué haces aquí?

He...

-He venido a por el correo. -¿Ahora, con los zapatos en la mano?

No necesito tacones para hacerlo.

¿Me has perdonado?

Sí.

¡Vamos a casa!

Señores, solo pido un poco de comprensión.

Hablamos de una persona, de un hombre,

que tras 10 años casado, es abandonado

por su esposa.

Una decisión violenta que ha convertido a mi cliente

en un trapo viejo y olvidado.

Es evidente que ese día, el de la disputa,

el de la pelea entre la señora y Goffredo Liguori,

es evidente que mi cliente usó la palabra "hiena"

no contra un oficial,

sino contra una mujer,

una figura hostil en un momento

dramático de su vida.

Abogado, termine, por favor, que tenemos diez vistas más.

Sí, señor juez.

Apelo a su sensibilidad, a su comprensión.

Porque es un caso desesperado.

Disculpen, pido disculpas.

He estado media hora para encontrar un taxi.

He hecho una visita y me han puesto un cepo.

A pesar del cartel de médico visitando.

-Bien, pase. -Gracias, buenos días.

-Hola. -Siéntese con su abogado.

-Perdón. Lo siento. -Ven, ven Goffredo.

-Perdón. -El discurso.

Buenos días.

-Enumerábamos los hechos. -Sí.

Buscaba una solución emotiva.

-¿Seguro? -Sí.

Señor juez, perdón, mi cliente desea

retirar los cargos.

Otra vez piénsenlo mejor antes,

porque no saben la cantidad de trabajo que hacemos.

-Buenos días. -Buenos días.

Señora. Señora.

-¿Sí? -No, aquella señora.

Señora.

Quería darle las gracias. Aquel día dije cosas

que no están en mi vocabulario, estaba muy alterado.

Su abogado ha dicho que estaba...

¿Qué ha dicho?

Que era una época un poco...

-¿Difícil? -Difícil, sí.

-Eso, eso. -Que su mujer...

Mi mujer... ¿Mi mujer qué?

-Que se fue de casa. -No, no se fue,

está momentáneamente ausente, esa es la verdad.

-Momentáneamente. -Momen...

-Pero le ha engañado. -¿Engañado?

-¿Lo ha dicho ante todos? -Sí.

-Ante todos... -Se le ve en los ojos

que ha sufrido un golpe.

Después de nueve años, de improviso, sin motivo...

-Siempre hay motivo. -Debe haberlo.

-Excave dentro. -¿Qué?

-¡Excave! -Excavo, sí.

-Exacto. -¡Buena suerte!

Gracias. Igualmente.

¿Qué dice este abogado? ¿Qué dice?

Yo me muero.

EL ABANDONO

-¿Si aprieto te duele? -No.

¿Nada? Abre la boca.

La película era un poco intelectual.

-Perfecto. -Querido doctor, gracias.

-¿Por qué? -Adiós.

Adiós.

Mi hijo continúa vomitando. Por favor, llámeme.

Señora Venturini.

Hola, Margherita, soy yo.

Sé que es tarde y te pido disculpas.

Estos días he intentado llamarte al móvil,

pero una voz dice que tu número está desactivado.

Yo... Debo hablarte,

porque he reflexionado sobre nuestra situación.

He excavado y he descubierto

muchos fallos míos.

Margherita, ¿recuerdas cuando decía

que no tenía el valor de decir "te amo"?

¿Recuerdas que me parecía

obvio, banal, infantil,

que me avergonzaba?

Margherita, he sido un idiota,

un verdadero idiota. Te pido perdón.

Esas palabras, "te amo",

te las quiero decir hoy, no una vez, sino mil,

hasta llenarte el contestador.

Margherita, yo te amo.

Te amo, te amo, te amo.

Te amo, te amo, te amo.

Te amo, te amo, te amo.

Te amo, te amo.

Yo te amo, te amo, te amo.

Te amo, te amo, amor, te amo.

¿Quién toca los huevos a estas horas de la noche?

¿Qué amor ni que...?

-¿Quién eres? -¿Sí? ¿Quién es?

¿Cómo que quién soy? ¿Y tú? Son las tres.

Perdón, ¿no es el 679 7726?

No, 259 458, cambia de camello.

-Disculpe, he marcado mal.-¿Disculpar, idiota?

Ni siquiera sé marcar un número de teléfono.

-¿Quién era? -Un capullo que me ama.

¿Cómo que me ama?

-¿Necesita ayuda? -¿Eh?

¿Necesita ayuda?

Sí, no, miraba el Manual del amor de Wolfang Freedman.

¿Es un libro que se escucha?

-Sí, un audio book. -Ah.

Hay un CD, y se puede leer al mismo tiempo.

Puedo llevarme un CD de un solo tema.

Claro. No sé, el que le resulte más adecuado.

Sí.

No sé. ¿Puedo? ¿Este está bien? ¿Le interesa?

No, el enamoramiento no. Este.

Ah, el abandono.

-Sí. -Sí.

No es para mí, es un regalo para un amigo. Quíteme el precio.

-Sí. -Gracias.

Se lo quito, sí.

Este disco representa un proceso de reconstrucción,

de autoeducación de la psique.

Seguid el camino en el corte número cuatro,

porque a cierta edad, las penas de amor son devastadoras.

Hay que evitar encarecidamente tres situaciones:

no insistir en la reconquista del objeto de vuestro amor.

Evitar la tentación de los mensajes y correos.

Nunca llorar ni lamentarse con los amigos.

Mantener la compostura y la dignidad.

Evitar cenar solo,

quizás una comida ligera en un restaurante o una pizzería.

Buenos días. Vamos a ocuparnos del cuerpo.

Pon en funcionamiento los músculos. Mueve los brazos

horizontal y verticalmente.

Debes estar muy concentrado

porque tienes que repetirlo 250 veces.

Debes ser feliz porque tu cuerpo es feliz.

-Una bella sonrisa. -Cuatro, cinco...

Siempre se puede volver a empezar.

Los afectos, los familiares, las personas de tu juventud.

Vayamos a buscarles.

¿La primera por la que latió tu corazón?

¿Quién es? ¿Dónde está? ¿Qué hace?

Rachele, la rubia que lo hacía con todos,

menos conmigo.

No tengas miedo del tiempo. Búscala. Encuéntrala.

-Buenas noches. -Buenas noches, ¿cenará solo?

-Espero a una persona. -Bien.

-Mesa para dos. -Bien.

-Se puede sentar. -Sí, gracias.

Gracias.

-¿Sí? -Rachele, soy Goffredo. ¿Dónde estás?

-Estoy aquí. -¿Dónde?

-En el restaurante. ¿Y tú? -Yo también.

-¿Aquí dónde? -Aquí.

-¿Aquí dónde? -Aquí, en Roma.

Porque he tenido que hacer una visita pediátrica fuera,

y al volver me han llamado por un caso de peritonitis

Y me voy corriendo al hospital.

Goffredo, no te oigo bien, voy a moverme.

¿Te mueves? Oye, Rachele,

me temo que no vamos a poder vernos.

No, tesoro. Ya viene la anestesista.

-¿Dónde estás? -En primeros auxilios.

Pero voy a entrar a quirófano.

-¿En serio? -Una intervención grave.

No se puede. Trabajamos.

No se puede, no, señora, váyase.

Los padres del niño querían entrar a quirófano. Tesoro.

-Lo siento. -Te llamaré.

Quizás quedemos para pasado mañana

o para otro día. Porque tengo muchas ganas de verte.

La próxima vez será. ¿Qué voy a decirte?

Bien, perdona. Adiós, querida.

-Hasta pronto. -Adiós, adiós.

Dios mío. Bueno, ha ido así.

Ha ido así, Judas.

Bueno, es un ciclo. Es un ciclo.

No dejes el acto sexual de lado.

Sé que el sexo suele ser lo último que se te ocurre,

pero hay que prestar atención, mucha atención,

para que la abstinencia no sea habitual.

No te avergüences de tener sueños eróticos,

déjalos libres de la jaula de la depresión e intenta concretar.

Doctor, la primera cita de mañana es a las nueve y media.

Gracias.

-Doctor. -¿Sí?

Nada, es que...

¿Es que?

Quería decirle que siento mucho lo que le ha ocurrido.

Perdone si soy demasiado atrevida,

pero es que...

Quiero que se recupere.

Usted es un hombre muy generoso, simpático.

No se eche a perder.

Luciana, ¿puedo hacerle una pregunta?

Claro, doctor.

-¿Es feliz? -Bueno...

Lo que tenemos por el momento es un poco...

Conteste a mi pregunta, ¿es feliz?

No lo sé.

-¡Desnúdate! -Ya me desnudo.

¡Ven aquí!

Lo quiero hacer contra la pared.

Sí, bésame, bésame, doctor.

Ah, qué bien.

-Sabes a hierba Luisa. -¿A qué?

-Hierba Luisa. -Calla.

¿Dónde vas?

Doctor, ¿le puedo hablar de usted?

-Te excita. -Sí, mucho.

-Háblame de usted. -Sí. ¿Doctor?

Ládreme. Hágame el perro.

Otro ladrido.

-Venga conmigo. -¿Dónde?

-Venga conmigo. -Pero...

-Desnúdese. -Vuestra cama.

-No me importa, doctor. -¿No volverá?

No, acaba el turno mañana a mediodía.

Hace tres meses que no me excitaba.

¿Qué? Qué mala eres.

Estás envenenada. Espera, espera.

-Fuera los pantalones. -Quítamelos.

Eres increíble, pero hay algo, Luciana.

¿Sí?

Estamos mezclando el trabajo con el placer. ¿No es una locura?

-¡Pensémoslo bien! -Cállese, doctor.

-¿Qué haces? -Hace un año que lo pienso.

-¿Sí? -Dios, qué labios sensuales. Dios.

¿Cariño? Cariño, estoy en casa.

Dios, es tu marido.

-Andrea. -¿Andrea?

-Dios. Qué mala suerte. -La ropa.

-Dios. Qué mala suerte. -¿Me voy?

Bajo la cama.

¿Bajo la cama? Es una broma.

-Amor. -Amor, una mierda.

Amor, qué sorpresa.

Hola. ¿No volvías mañana?

Estoy hecha polvo. No, amor, el perro hoy, no.

-¿El perro no? -Me duele la cabeza.

No me encuentro bien. Estoy hecha polvo, no lo haría bien.

¿Has trabajado con el cornudo?

-¿Qué dices? No es un cornudo. -Es un cornudo.

Todo el mundo lo sabe. Ven.

Ven aquí. No como siempre. Despacio. Despacio.

-Despacio. -Si a ti te gusta así.

-Que hay gente. -¿Qué gente?

Los vecinos, oyen el ruido. Despacio, despacio.

Despacio. ¡Amor!

-Amor. -¿Qué pasa?

Sigue, sigue. ¿Qué pasa?

He cambiado el timbre. Sigue.

Hola, Margherita.

Estoy entrando en la estación. ¿Hablamos luego?

Estoy en la vía. Sí, cariño.

Ladra, ladra. Sí, sí.

-Amor, ¿una ducha? -Al baño.

Sal ahora. Rápido. Hemos terminado.

Corre.

-Maldición, es una locura. -Vete.

No sé qué me has hecho, ni quiero verlo.

Te preparo una infusión Y volvemos a empezar.

¿Dónde vas? Te vas a matar.

No me toques los huevos.

-Date prisa, que viene. -No vuelvo bajo la cama. Mira.

-Vale, vete, rápido. -Oye.

Abre la ventana cuando se duerma.

Es la ventana de los vecinos, dos ancianos.

-Cuando se duerma, ábreme. -¿Y la malva?

-Vale. Dios. -Dios.

-Voy. -Cuidado, que me mato.

Dios mío.

Estoy en el baño, Ernesto. Un minuto.

No, señora. Estoy fuera.

¿En qué coño pensé? ¿En qué pensaba?

Dios mío, ayúdame.

Dios.

¡Señor! ¡Señor!

¡Amigo!

Dios mío. Dios. Todo da vueltas.

¡Ah! ¡Ah! Dios mío.

-Doctor, ¿aún está aquí? -¿Pensabas que había saltado?

Dios, doctor, entre, que mi marido se ha ido.

Malditos seáis tú, tu marido, el edificio, todos. Para.

-Le ayudo. Dios, Dios. -Dios, Dios.

-¿Tienes antiinflamatorios? -Sí, debo tener.

Tengo la ciática destrozada. ¡Malditos!

Doctor, ¿entonces me echa?

-Hola. -Hola, mira cómo estás.

-Bueno. -He hablado con Margherita.

-¿Qué te ha dicho? -Luego te lo digo.

Anticípame algo.

-¿Qué te ha dicho? -Luego te lo digo.

Dime qué quería, porque me llamó.

Apagó el móvil y no sé nada de ella.

-Nada. Una tontería. -¿Cómo una tontería? ¿Qué quería?

Saber si había dejado algo en casa.

-¿Qué? -Los esquís.

-¿Los esquís? -Los esquís.

Llama a esa guarra de tercera

y hazle dos preguntas, porque debo oírlo.

¿Por qué me ha dejado? Y si es verdad que ya no me quiere.

-No es eso. -¿Cómo que no?

Luigi, mira que busco tu nombre y lo tacho de mi agenda.

Por favor. Vamos, por favor.

-Vale. -Te lo pido por favor.

Lo haré, lo haré. Pero así te haces daño.

¿Más daño? ¿No ves cómo estoy?

-Que sea creíble. -Sí, silencio.

Tranquilo, tranquilo.

Hola. ¿Quién es?

-Margherita, soy Luigi. ¿Qué tal? -¿Luigi? ¿Qué Luigi?

Luigi, el abogado.

Ah, Luigi, hola, dime.

Oye, yo...

No me he enterado de lo que ha pasado.

Y Goffredo se lo queda todo dentro, es introvertido, ya sabes.

No lo entiendo, porque erais una pareja muy unida.

¿Por qué se ha acabado

así, de improviso?

Luigi, me parece extraño que me digas esto

dos meses después de que lo dejáramos.

No hay mucho que decir, lo poco que sabes

no puedo decírselo a Goffredo.

Le quiero, ¿qué te crees?

Le quiero mucho, pero le quiero como a un hermano.

¿Qué es ese lío?

-Luigi, ¿qué estás haciendo? -Margherita, perdona.

Siento un eco, ¿dónde estás?

Nada, he tenido un problemilla con el teléfono.

-¿Qué has dicho? -Un problema con el teléfono.

Luigi, ¿qué le digo? ¿Que me he enamorado como una niña

y que soy feliz con Paolo como nunca?

Paolo es un cielo, es maravilloso.

Ese Paolo, ¿quién es?

¿Quién es ese Paolo?

-Lo conoces hace poco tiempo. -No, ¿cómo que poco tiempo?

Hacía mucho tiempo que llevaba una doble vida.

Me avergüenza decírselo a él. Seis meses.

Seis meses de mentira, de engaño, y Goffredo no se dio cuenta.

Yo había cambiado. Él se dormía a las nueve y media.

El trabajo, el trabajo. Solo existía eso para él.

Pero él todavía te quiere.

Sufre, sufre muchísimo.

Piensa que le he visto llorar.

Luigi, no puedo hacer nada.

Por eso no quiero verle.

No soporto la idea de hacerle sufrir más.

Soy una egoísta, lo sé. ¿Qué puedo hacer?

Ya no le quiero. Estoy bien con Paolo, quiero formar una familia.

Quiero tener hijos, quiero estar bien.

-Yo también quería hijos. -¿Qué haces? Me vas a arruinar.

-Déjalo. -¿Por qué no quería hijos conmigo?

¡Puta!

Eso debe decírmelo mirándome a los ojos,

-no puede decirlo por teléfono. -Sí.

Ha sido una llamada asquerosa.

Estaba clarísimo que había 35 personas contigo.

Margherita, asumo la responsabilidad.

Admito los fallos que me achacas,

anteponía mi trabajo a algunas de tus exigencias.

Pero me niego a creer

que tras nueve años de matrimonio,

tras los altibajos, más altos que bajos, hayas escapado.

Has huido dejándome solo en esa casa que antes tenía sentido

y ahora parece una jaula de hierro.

Debes decirme con toda franqueza

si en esta crisis hay una tercera persona

que se ha entrometido.

Debes decírmelo, mirándome a los ojos,

-mirándome, o... -Cornudo, conduce recto.

Mirándome... Eso es.

Tengo derecho a saber... Bien.

Estás precioso, Bobo.

Aquí te tratan bien. Tienes espacio para correr.

-Hola. -Buenos días.

-¿Cómo estás? -Bastante bien. ¿Y usted?

La misma lista de achaques. ¡Qué bonita sorpresa!

Había venido a hablar con Margherita,

tengo un par de cosas que decirle.

No está, se ha ido de fin de semana y vuelve el lunes.

-¿Dónde? -Ha ido a esquiar a un sitio.

Me dijo el nombre, pero lo he olvidado.

-¿A esquiar en junio? -A esquiar en junio.

Ya la conoces, hace siempre lo contrario.

No voy a poder. No voy a poder.

Yo también lo pensé cuando murió mi marido.

Pero han pasado diez años.

Aún eres joven, eres una buena persona.

Olvídala.

Lo siento.

Bueno, me voy.

El doctor Goffredo hoy no está para nadie, para nadie.

A la mierda. Estoy mal, no voy.

¿Cómo decides dejar de amar a alguien?

Yo no tengo un carácter fuerte.

No soy de los que dejan de fumar un buen día,

se ponen el parche y lo dejan.

Una vez lo intenté.

Pero por la noche cogí el paquete de la basura.

-¿Qué pasa? -¿No estás muerto?

¿Muerto? ¿Por qué tengo que estar muerto?

¿No eres el que se metió en el mar y no encontraron más?

No, ¿qué dices?

¿Te busca la policía?

¿A mí? ¿Por qué me va a buscar la policía?

-¿Eres mayor? -Lo bastante para no hacer el capullo.

-No se dice capullo. -Tienes razón, perdona.

He venido, me he bañado y...

Esta noche me he quedado a dormir aquí. ¿Vale?

¿Quién eres? ¿Dónde vives?

-Allá. -¿Eso es un bar?

No, el restaurante de mamá.

Si le pido un café, ¿me lo hará?

Sí, pero primero tienes que comer.

Puedo tomarlo con el estómago vacío, no pasa nada. ¿Vamos?

-¿Te busca la policía? -¡Todavía la policía!

¿Tengo cara de fugitivo? No, me bañé y me puse a...

Dormí bajo la barca, porque me bañé vestido.

No me busca la policía.

Yo creo que te busca la policía.

Bueno, me busca la policía. Vamos.

Mamá, mamá, hay un señor que quiere tomar un café.

Pero antes debe comer.

-No, no debo comer... -¿Dónde has estado?

-Hola. -Buenos días.

Ve a lavarte los dientes.

He encontrado a la niña en la playa

y me ha dicho que podría tomar café.

-Claro. -Gracias.

Siéntese.

Si quiere pasar un día en la playa

por cuatro euros le doy sombrilla y tumbona.

Por ser de los primeros clientes, incluyo desayuno y diario.

¡Vaya!

Es para distinguirme de la competencia.

-¿Cree que funcionará? -Sí.

Toma. Zumo de pomelo y cruasán.

-Servicio completo. -Todo incluido.

Gracias.

Como te decía, perdona,

la última vez que le vi, era un punto lejano

allá en el horizonte.

Iba a una regata oceánica, estaba obsesionado.

-Teníamos que ir juntos y... -Entiendo.

-Era el padre de... -Sí, era su padre.

Me encontré solo de la noche a la mañana.

Como solo, hablo solo,

duermo solo. Es duro.

Hacía tiempo que no se reía así.

Es que yo a los niños los entiendo enseguida.

Les miro a los ojos y sé qué tienen, si están mal o bien.

Pero en mi vida, ha sido así,

me he ocupado de los niños ajenos, no he pensado en tenerlos.

Piensa un poco. ¿Entiendes?

-Más vuela, vuela. -Amor, no,

porque hay un límite que se llama hernia discal.

Vamos, basta.

Muchas gracias, ha estado muy bien.

-¿Qué dices? -Ahora que sé

donde estás, pasaré a saludarte.

-Bien. -¿Vale?

-Te espero. -Adiós, vuela, vuela.

¡Adiós!

Si no nos damos los teléfonos, será difícil.

Es verdad, perdona.

Claro.

-Dime. -333 10

-28. -¿Sí?

-599. -99. Bien.

-Te llamaré. -Adiós.

-¿Sí?-Hola, soy yo.

Hola.

Bueno, te quería preguntar, cuándo te debo llamar

para saber cuándo podemos vernos.

¿Qué pregunta es esa? No lo sé.

Cuando quieras.

Pues te lo pido ahora. Oye...

Por ejemplo, mañana, ¿Quieres salir a cenar?

No, no. Mañana no puedo.

¿Pasado mañana?

Lo siento, tengo que hacer de tía.

Voy a ver a mi hermano. Ha tenido un niño.

Bueno, ya me dirás cuándo puedes.

Esta noche, estoy libre esta noche.

¿Esta noche? ¿Qué hago, te espero aquí?

Si, cojo...

Cojo la bolsa y voy.

Vamos. Estamos listas.

¿Sabes qué pensaba?

Es la primera vez que ceno con una mujer con una llamada.

-Un golpe seco. -¿Te hace dudar de mí?

No, no.

En este manual recorreremos las arterías más cálidas del amor.

El hombre no sabe por qué se enamora,

se subyuga y basta.

A veces se vuelve ridículo, a veces confuso,

a veces hasta peligroso.

Si tenéis la constancia de seguir este curso,

entenderéis muchas cosas sobre los ciclos del amor.

¡Buena suerte!

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