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- ¿Has perdido la mano? - Todo el mundo tiene un pasatiempo.
- ¿Qué tal? ¿Tienes morriña? - He venido por Adé.
¿Qué ha hecho esta vez?
OTRO ASESINATO EN EL MUNDO DEL HAMPA
LA POLICÍA DETIENE A XAVIER ADÉ TRAS UN CHIVATAZO ANÓNIMO
Dice que no lo hizo él.
Ya, pero está en el trullo. Y quieres que yo lo saque, ¿no?
- Pensé que deberías saberlo. - Da igual.
El hampa... ¿Qué hacía con esos payasos?
- Su socio lleva un club de juego. - ¿Su socio?
Estará encantado de que Adé esté en la cárcel.
- ¿Conoces a su socio? - Se llama Villanova.
Se fue al campo.
- ¿Adónde? - No lo sé. Su mujer sigue en la ciudad.
- Él la quiere. - Qué guapa.
Demasiado guapa para estar soltera tanto tiempo.
Si hiciera el tonto, Villanova no tardaría en volver.
Levántate. Tengo hambre.
- ¿Qué hora es? - Las doce y media.
Me espera alguien esta tarde.
Te vas a enfriar.
- Tengo hambre. - ¿Dónde comemos?
En el mismo sitio de ayer.
- ¿Por qué comemos siempre ahí? - Me gusta.
- ¿Qué van a tomar? - Lo mismo de ayer. El plato picante.
No puedo dormir, pero no me importa.
- ¿Supiste algo? - Nada.
- ¿Está bien Adé? - Yo voy a ver a su hermana.
Muy bien.
- ¿De dónde es? - De México.
- ¿Lo conoces bien? - No más que tú.
- ¿Qué te ha dicho? - Que es un honor tenerte aquí.
Deberíamos hablar para variar.
¿Conoces a un tal Xavier Adé?
¿Adé? Todos lo conocíamos. ¿Por qué?
Por nada.
"Todos" es mucha gente.
Villanova lo conocía mejor que los otros.
- Tenían negocios juntos. - ¿Eso es todo lo que sabes?
¿Por qué te interesa tanto ese Xavier Adé?
- Vine aquí a buscarlo. - Ya.
Entiendo.
Piénsalo bien. Dime todo lo que sepas.
Lo vi solo una vez.
No pensé que seguirían juntos por mucho tiempo.
A Villanova le resultaba un poco pesado.
- ¿Nada más? - Eso es todo lo que sé.
Aparte de lo que he leído en los periódicos.
Creo sinceramente que su amigo es inocente, Sr. La Rocca.
Pero es un caso complicado. Los informes son condenatorios.
El cadáver de la víctima apareció en su coche
y el arma estaba debajo del asiento.
Unas pruebas tan obvias son desfavorables en la acusación.
- ¿Lleva mucho tiempo en esta ciudad? - 20 años, como abogado.
- ¿Quién le pudo tender una trampa? - Adé tenía fama de violento.
Sus socios temían que llamara la atención de la policía.
- Alguien quería deshacerse de él. - ¿Alguien?
Solo un hombre, su socio. De nombre Villanova.
Se llama Roberto La Rocca.
- ¿De dónde es ese La Rocca? - No lo sé.
- Lo conocí en Monte Cassino. - ¿Jugaba a los soldados?
Ese cabrón no es tan listo como cree.
No es tan difícil. No le dejaré escoger.
O Maude o nos lo cargamos.
Ya conocéis mi opinión. Vosotros decidís.
La decisión está tomada.
Ahí fuera hay muchas chicas, pero tuvo que enamorarse de la mía.
Él es Villanova, el hombre de Maude.
Los otros son unos amigos.
- ¿Nadie se ofreció a ayudarte? - No he buscado.
Creíste que vivía con sus padres. Y que era virgen, por si fuera poco.
No pregunté. Estábamos bien juntos, eso es todo.
Estás a punto de sentirte muy mal.
Te paseaste con Maude por toda la ciudad.
¿No te pareció raro que todo el mundo la conociera?
Todo el mundo va a lo suyo.
¿Robas las mujeres de otros cuando están de viaje?
- De viaje o no, da igual. - ¿Qué quieres decir?
Que me gusta esa mujer. En cuanto al resto...
El resto somos nosotros. Eres joven, no das la talla.
Dinos dónde está Maude y lárgate de la ciudad.
Te has librado.
Vamos. Estamos escuchando.
Me gusta esta ciudad. La chica también.
Te damos una oportunidad. No la desperdicies.
Qué amables.
Escucha. Sería mejor si ella volviera.
- No deberías haberlo hecho. - Por algo había que empezar.
- ¿Por qué has hecho eso? - Por algo había que empezar.
- Podemos llegar a un trato. - Espero que nos entendamos.
Esa chica le gustaba.
Pero no valía la pena.
Puedes irte si quieres.
Me hubiera gustado evitarlo. Pero ya lo has visto. O él o yo.
¿Qué vamos a hacer con él?
Un amigo se merece un entierro.
Conoces la zona mejor que yo. Encuentra una esquina tranquila.
Mientras tanto, mételo aquí.
Busca una sábana y unas correas. Nos lo llevaremos esta noche.
- Quédatela. - Me deforma los bolsillos.
- ¿A qué hora cerráis? - A las tres o cuatro de la madrugada.
Aparte de Maude, ¿quién conoce sus negocios?
Nosotros dos.
Ocupaos del club como si no hubiera pasado nada.
Confía en nosotros.
Hasta la noche.
Vengo de muy lejos. Dijo que me recibiría hoy.
Si espera un poco, su socio vendrá enseguida.
- Tal vez Villanova le hablara de usted. - De acuerdo. Esperaré.
Pero si es nuevo.
Se mira, pero no se toca. Deja marca.
Te han vuelto a timar, ¿eh? ¿Te dijeron que era inglés?
- ¿No tienes una chica en la ciudad? - Está bien. No te entretengo.
- ¿Qué tal? - No muy bien.
- ¿Qué ocurre? - Ese tipo de ahí.
Dice que tenía una cita con Villanova.
Hablaré con él.
¿Quería ver a Villanova? Soy su socio.
Tenía una cita con él. Me llamo Cipriano.
¿Por negocios?
- ¿Y bien? - Quiero establecerme en la ciudad.
Villanova me vendió su club.
¿Le sorprende? Es su socio. Debería estar al corriente.
Claro. No podemos hablar aquí. ¿Su hotel queda lejos?
- Aquí al lado. - Será mejor que vayamos.
- ¿Y Villanova? - Se lo explicaré.
Vuelvo enseguida.
Carta.
- Estoy pelado. - Nadie te obliga a jugar.
Esta noche no estás muy sociable.
Tu traje...
- ¿Qué le pasa? - Tiene un defecto.
¿Un defecto? ¿Dónde?
En el hombro.
Sí. Aquí. Está arrugado.
¿Te parece?
Hay un tipo en la puerta. Dice llamarse La Rocca.
Voy a ver.
- No te esperábamos tan pronto. - No está mal cuando hay gente.
- Está más animado. - Cerramos dentro de 15 minutos.
- No podemos. - Díselo. Ya verás.
De acuerdo.
- Cerramos dentro de 15 minutos. - ¿Qué?
Que cerramos dentro de 15 minutos.
- Cerramos dentro de 15 minutos. - ¿Estás loco?
- Cuatro manos más. - Bromeas, ¿no?
- Así es la vida. - ¿Y lo que hemos ganado?
- A mí qué me cuentas. - ¿Y esto?
Son órdenes, caballeros.
- Cerramos en 15 minutos. - ¿Por qué?
Se acabó el juego.
- No te había visto antes por aquí. - No me gusta jugar.
No me extraña. Yo no he tenido suerte.
Toma. A ver si lo recuperas.
- No hace falta. - El dinero va y viene.
Pues gracias. Hasta luego.
No me gustan sus formas. Villanova nunca haría algo así.
- Guárdate la suerte para mañana. - No funciona. 200.
Vamos, señores.
El del fondo no hace caso. Lo conozco. Es un tipo duro.
Mira... Algunos se quedan para ver qué pasa.
- Vamos a cerrar. - ¿Quién es este?
¿Tienes muchos amigos?
El que habla soy yo, no ellos. Y no me voy.
- ¿Cuánto has perdido? - Un dineral.
- Espera... - Déjalo.
Coge una carta. La más alta gana.
Si ganas, la casa paga. Si pierdes, te vas como estás.
Qué generoso.
Elige una carta.
No le dejes.
Estamos en paz.
Con esa habrías ganado.
- Has tenido tu oportunidad. - No le conocemos.
- Nadie lo conoce. - Nosotros sabemos quién es.
Creo que deberías marcharte.
Tiene razón. Vamos.
Cierra.
- Buenas noches. - Hasta mañana.
- Tranquilo. El traje está impecable. - Lo sé.
- ¿Habéis pensado en un sitio? - Sí.
Hay un pozo abandonado donde las minas de carbón.
- ¿Está lejos? - Aquí mismo.
Ya hemos llegado.
Es ahí abajo.
- No es muy alegre que digamos. - Perfecto para lo que queremos hacer.
Vamos. El pozo debe de estar ahí.
Venga.
¿Es profundo?
Bastará.
Ve a por él.
- Ayúdame. ¿A qué esperas? - Me destrozará el traje.
Volveremos.
- Si lo cepillo, adiós. - Pues no lo cepilles.
- Hasta mañana. - Estaré en el club.
- Podrías haber avisado que te ibas. - ¿Qué has dicho?
- ¡Que podías habérmelo dicho! - Estabas durmiendo.
Tengo miedo de que te pase algo.
- Villanova ha vuelto. Estoy segura. - Lo sé.
- Lo vi. - ¿Y?
¿Y? Se volvió a marchar.
- No me lo creo. - Es cierto.
Vamos a dormir.
¿Ahora mismo?
No soy más que un hombrecito.
Buenas noches.
- Tu dinero. - ¿Recuperaste el tuyo?
- Más o menos. - Quédatelo.
- ¿Quién es? - Yo.
Pasa.
Acaba de llegar.
Estos jóvenes engreídos. Y pensar que mató a Villanova.
- Le disparó por la espalda. - Repasemos.
Tú entras primero. Yo espero un momento.
Entro, identifico a tu hombre y vuelvo aquí.
Es imposible equivocarse. Le daré una palmada en el hombro.
Carta.
Hoy está tranquilo, ¿no?
El tipo de anoche no ha vuelto. Menudo imbécil.
- Gracias a ti. - Es verdad.
¿Nadie ha preguntado por Villanova? Perfecto.
Será mejor que vaya al club. Hablaremos luego.
Espérame.
- ¿Al club? - Un cabaret. Lo lleva su mujer.
- ¿Dónde? - Rue Toubano. Se llama La Cigale.
¿Qué...?
- ¿Te marchas? - ¿Seguro que no sabes nada de él?
Ya te he dicho que acaba de llegar.
Sería mejor para ti que no hubiera venido.
- ¿Lo conoces? - Sí, tuve ocasión.
Desenfunda demasiado rápido.
Así que te rindes.
- Vigila esa boquita. - De acuerdo. Es tu dinero, no el mío.
Tengo dinero...
- Y pienso disfrutarlo. - Bien. Me ocuparé de ello.
- ¿Qué haces? - ¿Es tu coche? Daremos una vuelta.
- ¿Por dónde? - No te preocupes por eso.
- ¿Adónde vamos? - A tu casa. A La Cigale.
- Estuve allí ayer. No te vi. - Me encontré con un amigo.
Tienes buenos amigos.
Pero trabajas demasiado. Estás cansado.
- No... - Sí que lo estás.
Le dirás a tu mujer que necesitas vacaciones.
- Te aseguro... - Saldrás de viaje esta noche.
- ¿Lo decidiste así sin más? - Tenía que aprovechar la oportunidad.
Nuestro amigo no está siempre disponible.
- No me importa... - Buenas noches.
- Es un poco repentino. - Ya lo creo...
Necesitamos un cambio de aires.
Tendrán prisa por largarse de la ciudad.
No me importa cuidar del club.
Es una buena señal.
Temía que te fueras.
- ¿Adónde iba a ir? - No lo sé.
- ¿Cuándo empiezo? - Mañana.
¿Mañana?
En ese caso...
- No hay tiempo que perder. - Eres de ideas fijas.
¡Roberto!
- Has cambiado mucho. - Me alegro de verte aquí.
No he podido venir antes.
- Él no fue. - Lo sé.
Pero hay que probarlo.
- ¿Lo visitas a menudo? - Todas las semanas.
- Si no está en el calabozo. - ¿Cuándo volverás?
- El viernes. - Iré contigo.
- ¿No necesitas nada? - No.
Hoy no.
Roberto está aquí. Ha estado con tu abogado.
¿Qué?
Dile que se vaya. No quiero que se meta en mis asuntos.
De acuerdo, Xavier.
Y dile también que me alegro de que haya venido.
- ¿Qué tal está? - Bien.
Mejor. Pero dile que se vaya.
- Adiós. - Adiós.
- ¿Y bien? - Quiere que te marches.
Estará nervioso.
Solo nos queda esperar al juicio.
¿Vienen a hacer la visita?
- ¿Por qué no? ¿Te apetece? - Les gustará.
Dos entradas. Gracias, señor.
¿Conocen el pabellón? Es un capricho del siglo XVII.
En 1664 el cardenal de Vendóme, gobernador general de la Provenza,
lo construyó para su amante la condesa.
- Hacía bien las cosas. - Tenía de dónde picotear.
Era primo de Luis XIV.
Es una arquitectura de gran belleza.
¡En pie!
En vista de las pruebas y las deliberaciones según la ley,
el tribunal declara, por decisión mayoritaria,
que el acusado debería pagar por su repugnante crimen.
En consecuencia, y de acuerdo con el código penal,
condenamos a Xavier Adé a diez años de trabajos forzados.
El acusado tiene tres días para presentar una apelación.
¡Yo no lo hice, banda de gilipollas!
Llévense al condenado.
- ¿Qué pasó con Adé? - Le dieron diez años.
- Diez años. - Lo llevaron a la cárcel.
- ¿Qué vamos a hacer? - Vamos allá para mejor volver.
- ¿Cuándo? - Mañana.
¿Eso funciona? Toca algo.
- ¿Estás sola? - Sí, ¿por qué?
Muy peligroso. Muchas peleas, ¿no?
Depende. Paul cuida de nosotros.
Paul no bueno. Yo ayudar.
- Y tú ayudar a mí. - ¿Cómo?
Yo pobre. Tú dar dinero a mí. Yo dar seguridad a ti.
Entiendo...
Bueno... Me lo pensaré.
- ¿De acuerdo? - Sí.
Adiós...
...bella señorita.
Yo volver mañana.
¿Y las consumiciones?
Habría que cerrar. Rápido.
- ¿Ellas no quieren ir? - Es demasiado lejos.
- ¿Tú vendrás? - No lo sé.
Venga...
¿Qué pasa?
Muy bella. Tú contento.
Si le interesa, es fácil.
Prefiero el negocio. ¿Usted pensar?
Sí... No es posible.
Yo, yo no rico. ¿Usted me entiende?
Sí... Sam, no quiere pagar.
Tal vez pensar más, ¿no?
- ¿Qué haces aquí? - Cuánto me alegra verte.
- ¿Qué ha pasado? - Esos tipos, desertores americanos.
Eran unos desagradables. Aterrorizaron a todos.
Tranquila. Nos ocuparemos de ello.
- ¿Bella patrona aquí? - No hay patrona. Se fue.
Ahora patrón.
Entiendo. ¿Quién patrón?
Yo soy el patrón. ¿Qué quieres?
¿Bella señorita no decir nada?
Sí... Pero no voy a pagar.
Tendrás que marcharte.
Sam.
Ahora pagar más caro.
Roberto La Rocca...
Condenado a trabajos forzados por el tribunal de Aix en Provence...
Aquí mando yo y no me gustan los que van de cabecillas...
Así que tranquilícese y todo irá bien.
El siguiente.
- ¿Llevas aquí mucho tiempo? - Cinco años.
- ¿Conoces a Adé? - Sí.
Trabaja abajo, pero ahora está en el calabozo.
Se peleó.
¿No has terminado eso, Laurins?
Sí, jefe.
Gilipollas.
Llámame si me necesitas.
Hasta luego.
¿Ya estás tranquilo?
Hola.
- ¿No es demasiado largo? - No...
- ¿Has estado en el calabozo? - Dos semanas.
- ¿Viste a Adé? - Sí...
Pero no ha estado en el patio estos últimos días.
¿Por qué no?
El ordenanza es un canalla. No aguanta a Adé.
Se olvida de darle de comer con demasiada frecuencia.
- ¿Hasta cuándo? - No lo sé.
Pero Adé estará abajo un mes más.
- Gracias. - No hay de qué.
Pero olvida que te lo he dicho yo.
¿Quién se ha creído que es? ¡Apague eso!
Después de comer, es el mejor del día.
Hará una cura de desintoxicación. En el calabozo.
¡Albert!
Venga conmigo.
En pelotas.
- ¿Preparado? - Sí, jefe.
- ¿Cuánto te ha caído? - Dos semanas.
Mételo en la cinco.
- ¿Qué es eso? - Lo tenía antes de entrar.
- ¿Eres nuevo? - Sí.
Sí, jefe.
Sí, jefe. Cuidaremos de ti. Número ocho.
- ¿Otra vez aquí? - Sí, jefe. No tengo suerte.
Y que lo digas. A la tres.
Es la hora del paseo.
La hora del paseo.
Trae eso.
¡Hora del paseo!
¡Hora del paseo!
Oye, cabrón. ¿No sales a dar un paseo?
Que te den.
Las manos fuera de los bolsillos.
Entra.
- ¿Qué es eso? - A ver.
Una palabra y estás muerto.
- ¿Está vivo Adé? - Sí.
Llámale. Quiero oír su voz.
Número seis...
Háblale como sueles hacerlo.
- Cabrón, ¿por qué no contestas? - Que te den.
Mírame. ¿Es verdad que no le das de comer?
- No. - Escucha.
Si no sale al patio mañana, te rajaré el cuello.
Recuerda. La llevo siempre conmigo.
¡Hora del paseo!
¿Vas a salir?
Bien, número seis.
El ordenanza te dejará en paz.
Procura portarte bien. Vuelve a tu taller.
Ahora él tiene la navaja, así que trátalo bien.
No le caes muy bien.
Confía en mí.
Eso espero. Por tu bien.
Cuando apaguen las luces, cambia de cama con Adé.
Perfecto.
¿Echas de menos tu pequeña celda?
Ojalá hubiera matado a ese cabrón.
Habrías adelantado algo...
Al menos me habría quedado tranquilo.
Ya no aguanto más.
Me estoy volviendo loco.
- Por una vez soy inocente. - ¿Qué diferencia hay?
Ya, ninguna. Pero tenemos que salir de aquí.
Evita el calabozo. Trata de pasar desapercibido.
Haz tu trabajo. Cierra la boca. Luego ya veremos.
La pequeña vendrá a verme mañana.
Está cambiada, ¿verdad?
Sí.
Se alegrará al saber que me las arreglaré.
¿Qué voy a hacer ahora? Estoy solo.
Escúchame, eres joven. Piensa primero en ti.
Todo saldrá bien. No te preocupes.
En cualquier caso...
No estarás sola por mucho tiempo.
No te preocupes. Ven a verme cuando puedas.
¡En pie!
Los presos voluntarios para limpiar las minas
pueden solicitarlo al Ministerio de Justicia.
Cada caso se examinará según la pena restante.
A cambio de los riesgos, las condenas podrían reducirse.
Los voluntarios darán sus nombres a un supervisor.
¡Silencio!
No es suficiente. Cava mejor.
No te arriesgas mucho, ¿no?
Está bien. Apártate.
Llévalo.
No es peligroso.
¡Roberto!
Creíste que era yo, ¿verdad?
Claro. Estaba en tu lado.
No había llegado mi hora.
- Alto. - Estás loco.
- ¿Sí, señorita? - Mi hermano está preso aquí.
- Lo siento. No puede verlo. - Me ha costado mucho venir.
No lo dudo, pero las visitas están prohibidas.
Bueno... ¿Puede entregarle esto?
- El nombre está ahí escrito. - Descuide, señorita.
Gracias.
- ¿La has cavado tú? - Sí.
La posición no está muy bien.
Tendrás que intentarlo de nuevo.
- ¿Qué? - Aquí van a construir chalés.
Con piscinas. Valdrá la pena venir a verlas.
Si no la has palmado antes.
¿Vienes a comer?
Un paquete para Xavier Adé. ¿Lo conoces?
Sí.
Espera. Iré a por él.
- ¿Adónde ha ido? - Allí.
Xavier...
¡Déjalo!
¡No te acerques!
- Que no te acerques. - Déjalo.
Está vivo. Ve a pedir ayuda.
A todos nos llegará un día la hora.
Los muebles y el material están incluidos en el precio.
Dos millones de francos al contado y el resto después.
Doce hectáreas de buena tierra...
incluidas cuatro más cerca del río.
- Mire. Tóquela. - Es muy buena.
Me alegra ver a gente que le guste el campo.
Me gustaría trabajar en el campo.
- A mí también. - Necesitamos dos millones.
Dense prisa. Tienen de plazo hasta el viernes.
Toma, para la cena.
- ¿Qué tal? - Bien.
- Eres bastante hábil. - He estado practicando.
Prueba... No, con la izquierda.
No es lo mío.
No entreno todos los días.
No está mal.
- Prefiero con la derecha. - Siempre gastas demasiado.
- Hoy estamos de celebración. - ¿Por qué?
- Un aniversario. - ¿Cuál?
Hace dos años que estoy más ligero de este lado.
Es verdad.
Gracias.
- He encontrado trabajo. - ¿Dónde?
En una tienda de ropa. Propiedad de una señora mayor.
Si nos entendemos bien, tal vez me deje la tienda.
- Eso está bien, ¿no? - Claro.
¿Y tú? ¿Has salido?
Veo a la gente por la ventana. Pásame la mostaza.
Roberto...
- Xavier se ha ido hasta el viernes. - ¿Adónde?
No lo sé. No me lo dijo.
¿Me seca, por favor?
Gracias.
- ¿El señor quiere ver al señor? - Llévame con Nevada.
- ¿Le espera? - Me conoce.
Adelante. Le seguiré.
Te pones morena enseguida, ¿verdad?
Tú tardas más, pero estás igual de guapa.
- Un amigo desea verle. - Que pase.
Está aquí.
- Adé, querido amigo. - Hola, Nevada.
Perdiste un brazo. Qué mala suerte.
Yo las dos piernas. Siéntate.
- ¿Tomarás algo? - No. Quisiera hablar contigo.
- En privado. - Entiendo.
Daos un baño, chicas.
Venga, venga.
Son obedientes, ¿verdad?
¿A qué se debe el placer de tu visita después de tanto tiempo?
Necesito dinero.
Siempre igual. No has cambiado.
- ¿Cuánto? - Cuatro millones.
- ¿No hablarás en serio? - Sí. Muy en serio.
Estás loco.
La vida ya no es lo que era. Son tiempos difíciles.
- No tengo tanto dinero. - No te quejes.
No te vendría mal relajarte un poco con las chicas.
Bien...
Vamos a tu despacho. No hagas ninguna tontería.
Perdí un brazo, pero sé utilizar el otro.
¿El mismo sitio de siempre?
Bien, adelante.
¿No tienes suficiente?
Y esto por tu reticencia a pagar.
- No está bien lo que haces. - Necesito la pasta.
Para ti no es tanta molestia.
No hagas ninguna tontería. O volveré. Y no será a por dinero.
Hasta pronto.
Con Paris Mercadet 3558.
¿Qué desean?
- ¿Está Adé aquí? - Mi hermano no está en casa.
- ¿Qué quieren? - ¿Nosotros? Nada.
Es Nevada. Le gustaría charlar con él.
- ¿Quién es Nevada? - Le prestó dinero a Adé.
- Demasiado. - Quiere su dinero.
- Y rápido. - Se lo diré.
Bien. Para que no se olvide, nos llevaremos a la señorita.
Ella no tiene nada que ver. Ella se queda aquí.
Póngase un abrigo y acompáñeme.
¿Qué...?
Geneviéve.
¿Y esa cara?
Toma. La casa es nuestra.
¿Qué pasa?
¿Dónde está Geneviéve?
Geneviéve...
¿Quién ha sido?
¿Quién ha sido?
Tú... Sí, tú.
Te buscaban a ti. No pude hacer nada.
- ¿Quién? - ¿No tienes ni idea?
- Nevada. - Por fin. Pero siempre llegas tarde.
- Roberto... - Que te den. Lárgate.
No quiero verte nunca más. Largo.
- Mi pobre manco. - Cállate. No te pases.
Mi más sentido pésame.
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