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Aquí...
...en la paz y la serenidad de nuestro templo...
...parecemos protegidos del mundo.
Pero, a veces, el mundo se inmiscuye...
...a pesar de los altos muros...
...y las pesadas puertas.
Asî comenzaron los problemas.
Recibimos la noticia de la masacre en el templo de Fukien...
...a través de Tamo, de Montaña Frîa.
Habló de un caudillo que, con la ayuda de un gran cañón...
...convirtió el templo en una pila de escombros.
El rescate de los sobrevivientes fue largo y peligroso...
...porque los soldados del caudillo estaban al acecho.
¿Qué relaciôn tienen?
Ninguna.
Es lo que yo significo para él.
¿A qué te refieres?
Quiere que sea su esposa.
Eres una muchacha.
¿ Y si no cômo podría ser una esposa?
Creíste que era un hombre.
¡Estân sobre nosotros!
Se llevan el carro. Deténganlos.
En una maniobra para distraer al ejército del caudillo...
...perdimos a Tamo...
...pero, gracias a su sacrificio, los sobrevivientes lograron...
...refugiarse en nuestro templo.
No podrían sobrevivir a eso.
No puede negarme este lugar sôlo por ser una muchacha.
También eres mestiza.
¿ Y qué hay de Kwai Chang Caine?
Todo Shaolin tiene derecho a exigir y recibir un juicio...
...del mérito de su causa.
Apunto para este combate...
-...a Kwai Chang Caine. -No puedo pelear con usted.
-¿Me tiene miedo? -Sería ridículo.
Chen Ming Kan.
Deme a mi mujer.
Pidiô refugio.
Mandé por mi cañôn. Lo pondré aquí mismo.
¡Nunca mâs podrâ ofrecerle santuario a nadie mâs!
Tu paso debe ser ligero y seguro...
Estado de Sitio En La Montaña FrÃa Segunda Parte
...como si caminaras sobre papel de arroz.
Dicen que un sacerdote Shaolin puede atravesar los muros.
Si lo buscan, no pueden verlo. Si escuchan, no pueden oîrlo.
Si lo tocan, no pueden sentirlo. Este papel de arroz es la prueba.
Frágil como las alas de la libélula...
...colgante como el capullo de la oruga de seda.
Cuando puedas caminar sobre él sin dejar ningûn rastro...
...habrás aprendido.
Ataquen.
El templo estâ vacío. No hay nadie.
-Quémenlo. -¡Quémenlo!
Vinieron en medio de la noche.
En silencio. No pudimos advertirlo.
Ni siquiera lo sospechamos.
Todos se habîan ido.
Él había despertado...
...y caminaba hacia el muro cuando cayô el primer proyectil.
Tal vez tuvo una premoniciôn del peligro.
¿Cômo saberlo?
Muriô inmediatamente...
...mientras el muro colapsaba y crecían las llamas.
Nan Chi, te estamos agradecidos.
Es un honor dirigirme a mis nuevos maestros.
Maestro Sun...
...el cañôn usado para destruir a nuestros hermanos de Fukien...
...debe ser difícil de manejar.
Difícil de transportar.
En extremo.
-¿Puedo decir algo? -Por favor.
Como saben, la distancia a Fukien es grande.
Hay ríos, montañas, pantanos.
Como mínimo, creo que tenemos un mes...
...antes de que el sonido del cañôn retumbe en nuestros oídos.
Nuestro problema inmediato es resistir el estado de sitio.
Bien...
...les diré cuâl es mi mayor preocupaciôn.
Tratamos con un hombre que no estâ motivado por tierras...
...ni riqueza, ni poder, ni fama...
...sino por pasiôn.
Eso significa que tratamos con un hombre algo loco...
...cuyas acciones pueden ser desesperadamente maliciosas...
...e increíblemente hâbiles.
Debemos estar atentos.
¿Estâs bien, Kwai Chang?
Sí, estoy bien.
Pero no lo pareces.
¿ Ves esta marca en la roca? ¿Qué la causaría?
Sabríamos si los hombres del caudillo hubieran intentado escalar el muro.
Pero aquí hay una marca.
-Bien, ¿qué harâs? -No lo sé.
Tal vez le sugiera al maestro Kan que ponga...
...un centinela en este lugar.
Mientras no seas tû.
¿Por qué no debería serlo?
Porque tû y yo tenemos un asunto pendiente...
...una lucha que fue interrumpida prematuramente.
Nan Chi...
...en este momento hay cosas mâs importantes que hacer.
¿No quieres terminar el combate?
Nada me daría mayor placer.
El caudillo la arruinô al llegar en ese momento.
Yo estaba ganando.
¿Se te ocurriô...
...que yo estaba conteniéndome para evitar lastimarte?
Creí que yo te había lastimado.
Me pegaste cuando estaba de espaldas.
¿Qué es esa extraña postura?
Tamo la llama Modo del Oso.
Es mâs adecuada para él que para mí.
Ya ves, no puedes defenderte.
Kang Li.
Estuve buscândote.
Estuve recorriendo mi nuevo templo...
...y recordando el viejo.
Debes intentar no vivir en la tristeza, Kang Li.
Es difícil evitarlo, con esta nueva amenaza del caudillo.
Es sôlo una amenaza, Kang Li.
Aquí estamos seguros.
Tal vez.
En estado de sitio, vigilábamos a los soldados del caudillo...
...fuera del templo...
...pero nadie sospechaba que el verdadero peligro...
...llegarîa desde adentro...
...y atacarîa el alma del templo...
...el suministro de arroz.
Fuego. Fuego en la despensa. Nuestra comida se incendia.
Fuego en la despensa. Nuestra comida se incendia.
Fuego. Fuego en la despensa.
Ni siquiera un Shaolin vive sin comer.
Tal vez sea tiempo de intentarlo.
El maestro Hake quiere verte.
Kwai Chang...
-...¿estâ todo tranquilo afuera? -Estân en sus posiciones.
Deben saber que perdimos nuestra comida.
-Sí. -Saldremos con el maestro Hake Tae.
Pasaremos a través de las líneas y seguiremos el río hasta el arrozal.
Esta informaciôn guârdala para ti.
A ti nunca te gustô chismorrear, Kwai Chang...
...y menos con soldados.
-¿Se fueron? -Sí, maestro.
-Saltamontes. -¿Sí, maestro?
¿Recuerdas cuando subíamos a la montaña con Tamo...
...y yo sentí ojos sobre nosotros?
¿Los siente ahora?
Ahora, saltamontes, siento dedos.
EL FUEGO DESTRUYÓ CASl TODO SU ARROZ
UN GRUPO SALlÓ A BUSCAR COMlDA Y ESTARÁ EN EL RÍO POR LA MAÑANA
Los Shaolines tienen hambre como usted predijo, señor.
Creo que sería apropiado darles la bienvenida.
-Ya me ocupé de eso, señor. -Espléndido.
Es la ûltima raciôn de arroz.
Ya no hay mâs.
No se quejan.
Cuando tenías su edad...
-...¿te hubieras quejado? -No, maestro.
Yo era Shaolin, como ellos.
Son inquebrantables.
Mañana, sus tazones estarân llenos.
El puente estâ libre.
-¿Estâs seguro? -Sí, Hake Tao.
Nos quedaremos entre los ârboles.
Vayan.
¡Ataquen! ¡Ataquen!
Los tenemos.
Saludos. Saludos, amigos.
¿Planeaban recolectar algo...
...Shaolines?
Espero que no fuera importante.
Tus estudiantes deben aprender la lecciôn final.
Cuando haya terminado, podrâs ocuparte de los demâs.
Tamo.
Atrâs. Atrâs.
Tamo, eres un torbellino.
Sienten hambre en su interior.
Pero sus maestros les enseñaron...
...que es la mente la que dicta las necesidades del cuerpo.
Somos fuertes...
...porque estamos juntos.
Estoy aquí mientras ustedes quieran.
Debemos hacer que nuestros cuerpos sean pequeños y livianos...
...para que floten en el viento.
Pequeños y livianos.
Pequeños y livianos.
Tamo, estâ vivo. En mi corazôn...
...sabía que regresarían a salvo.
Todos ustedes.
No trajimos comida, maestro.
Estân vivos. Estamos agradecidos.
Atiendan sus necesidades.
Gigante entre los vivos, déjame tocarte.
Creo que representas la fuerza vital.
Maestros. Shaolines.
Debemos decidir qué hacer.
Denme Shaolines luchadores...
...y venceremos a este caudillo.
-¿Por qué me fastidias? -Veo que estâs herido.
No ves nada. ¡Nadie puede!
¿Cuâl es tu propuesta?
¿Quieres estar aquí hasta el regreso del tigre dientes de sable?
Creo que la acciôn para conseguir comida fue buena.
No tuvimos éxito sôlo porque los soldados del caudillo...
...nos tendieron una emboscada.
Eso es lo que yo no comprendo.
¿Es posible que dentro de estos muros...
...haya un informante?
Capitân. Capitân.
El grupo de patrulla reporta que hizo contacto con...
...los soldados que traen el cañôn del emperador.
Estarâ aquí en dos días.
¿Dônde estân?
Allí, hacia el norte...
...en un sendero tras esa colina.
Estos Shaolines.
Ya los tenemos.
Al frente. Vayan a ayudarlos.
Las heridas que sufrió el valiente Tamo...
...comenzaron a tener efecto. Y finalmente...
...incluso este gigante debió guardar reposo.
Señor Tamo.
Lloré por usted en mis sueños.
Creí que no lo vería otra vez.
Ya antes había caído de precipicios.
Pero desapareciô.
Creímos que había muerto.
Estâ escrito...
...que no moriré tan silenciosamente.
Aûn queda tiempo para que Dios decida...
...cuan espectacular serâ mi muerte.
Después de todo...
...sôlo tengo 77 años de edad.
¿Tamo?
Sí, niña.
-¿Alguna vez pensô en casarse? -¿Casarme?
¿Casarme con quién?
¿Jamâs pensô en cômo podría ser?
Yo sé cômo es.
Pero usted nunca se casô.
Pero tuve una compañera.
Hâbleme de ella, por favor.
Era una leona de la montaña...
...con la que compartí mi cueva.
¿ Y qué pasô con ella?
Un día me rasguñô tanto...
...que la eché de mi montaña.
Tamo, a veces me resulta muy difícil hablar con usted.
A veces...
A mí me resulta muy difícil hablar.
Temo por el templo.
No permitiré que lo destruyan.
Sabes...
...yo pienso lo mismo.
Hay otras formas de salvar este lugar.
Kwai Chang.
Si pudieras verte.
¿ Verme?
Meditar, con los ojos cerrados.
¿Cômo podría verme?
Eres tan literal. Odio eso.
Entonces nunca mâs seré literal.
No quiero ser nada que odies.
¿Kwai Chang?
¿Sí?
Cierra tus ojos otra vez.
¿Puedes verme?
¿Con los ojos cerrados?
Lo haces de nuevo.
Puedo verte.
Descríbeme.
Cabello largo y oscuro...
...ojos café...
...piel suave...
...muy hermosa.
¿Eso crees?
Sí.
¿Dônde estarâs, Kwai Chang...
...en un mes?
¿En un año?
Estaré aquí.
¿Junto a esta fuente?
¿Bajo este ârbol?
Tal vez.
Desearía que esto nunca cambiase.
Tienes miedo por el caudillo.
No debes tener miedo.
Sobreviviremos.
Sí.
Lo sé.
Debo irme.
Adiôs, Kwai Chang.
Adiôs, Nan Chi.
El joven monje, mientras meditaba, respondió al saludo de Nan Chi.
Sólo oyó las palabras, sin adivinar su intención.
¿Cómo saber la desesperada medida que Nan Chi estaba por tomar?
Nan Chi habîa decidido...
...renunciar a todo lo que ella querîa para entregarse...
...y convertirse en lo que creîa la peor de todas las cosas...
...la esposa del caudillo Sing.
¿Quién estâ ahí?
Yo.
Ven aquí.
Detente.
¿Quién eres?
¿Una sacerdotisa?
El emperador.
Una mujer no puede ser emperador.
Eres brillante en tus deducciones.
Debiste ser matemâtico antes de convertirte en imbécil.
Llévame con el caudillo Sing.
Las mujeres no dan ôrdenes.
Capitân, esta mujer quiere ver al caudillo.
-¿La conoces? -No, señor.
-Sal de aquí. -Sí, señor.
Fuiste muy lista como para pasar por nuestras líneas sin ser vista.
¿Cômo lo lograste?
-Viví con los Shaolines. -Sí.
Así es. Si intentas un movimiento aprendido con los Shaolines...
...vivirâs con los muertos.
¡Centinela!
Átala.
Muchos hombres murieron por acercarse a mí sigilosamente.
-¿Qué quieres? -No encuentro a Nan Chi.
-¿ Y piensas encontrarla aquí? -Me dijeron que estaba aquí.
Se fue hace horas.
¿Puede recordar cômo estaba, qué dijo?
¿Por qué son tan importantes las palabras de una muchacha?
Creo saber adônde podría haber ido.
Quería saber cômo es estar casado.
Maestro Tamo.
¿Sabe por qué ella le preguntô acerca del matrimonio?
Quería saber cômo era.
¿Usted sabía...
...que Nan Chi es la prometida del caudillo Sing?
Qué idiota fui.
Ella se entregô a él...
...para salvar el templo.
Maestro Tamo, estâ muy débil.
lré aunque tenga que arrastrarme.
Es exactamente lo que haría. Cuidarlo me retrasaría.
¿lrâs por ella?
No iría a ninguna otra parte.
Pensé en reservarte para mí...
...pero te mereces cualquier cosa que te suceda.
Te preguntas qué dirâ el caudillo de esto...
...pero él nunca lo sabrâ.
El caudillo cree que aûn estâs con los tercos monjes Shaolines.
Me perdonarâ por la destrucciôn del templo...
...cuando oiga el disparo del cañôn.
Pero luego...
...serâ muy tarde para los monjes...
...para ti...
...y para él.
¿Recuerdas qué sucediô en Fukien?
Fue mi idea.
Ante el cañôn y un informante, Fukien nunca tuvo una oportunidad.
Tampoco Honan.
Aûn tengo esas dos armas.
Hasta el emperador tendrâ que aceptar mis condiciones.
Podrías haber sido la prometida de un emperador.
Piensa en eso...
...cuando sea tu turno de morir.
Una vez más, el joven monje burló a las fuerzas del caudillo...
...para rescatar a la prisionera.
Kwai Chang.
Debemos apurarnos.
Usarân el cañôn para destruir el templo...
...como hicieron en Fukien.
Pero el cañôn aûn estâ lejos.
No, Shun Low lo trajo en secreto.
Estâ aquí.
Entonces debemos apurarnos.
Kwai Chang, necesito ayuda.
Es muy grande. No puedo moverme.
El mío es muy pequeño.
Gracias, Kwai Chang.
De nada, Nan Chi.
Ahora dame tu abrigo.
Por supuesto.
¿Podrías voltearte mientras me lo quito?
Te ves gracioso con el sombrero.
Tû también.
Listos para disparar.
Los monjes aprenderân la lecciôn.
Era momento para que el traidor...
...buscara quedar a salvo.
Como habîa hecho antes, en el templo de Fukien.
El traidor preparó su escape.
Pero no tuvo en cuenta...
...al inquieto Tamo...
...el hombre de Montaña Frîa...
...que ya habîa sanado.
Kang Li.
Tamo.
¿Sabes algo de Nan Chi?
Sí.
Pagarâ por su estupidez en cuanto la encuentre.
-¿Me crees? -Sí.
lnclinen el cañôn para poder cargarlo.
Aléjense.
¿Eres un centinela?
Sí.
¿Sin armas?
Nadie puede atacarme desde abajo.
Hay un hombre tendido abajo.
Me parece extraño...
...que entre todos los jôvenes monjes de Fukien...
...sôlo uno se salvara.
Hay un traidor entre estos muros.
Tû.
Sargento, que sus hombres preparen el cañôn.
Libérelo.
-Serâ mi mayor placer. -No.
Primero sûbalo.
Díselos. ¡Díselos!
Es verdad.
Yo quemé el arroz.
Yo dejé entrar a los soldados del caudillo en Fukien.
¿Oyeron esas monstruosidades?
Lo oímos.
Sûbalo.
Prepârense a disparar.
-¿Por qué? -Me prometieron un reino.
Y un ejército a mi mando.
Mâs de lo que usted jamâs tendrâ.
Enciendan el cañôn.
Aléjense.
Los monjes aprenderân la lecciôn.
El cañôn.
Es el final de su templo.
El final de la orden Shaolin.
No hay nada que puedan hacer.
El joven sabîa que el proyectil y el calibre del cañón...
...debîan tener el mismo tamaño para que el disparo fuera certero.
Cierta cantidad de tierra cambiarîa la dirección de la explosión.
Sin saber lo que hizo el valiente y joven monje...
...sus hermanos Shaolines se armaron y se prepararon para atacar.
Desde que la antorcha tocô la mecha...
-...conté hasta 1 7. -¿ Y?
-Cuando la antorcha toque la mecha... -lnclinen el cañôn...
-...comenzaré a contar. -...para cargarlo.
No.
Cuanto mâs esperemos, mâs destruirân el templo.
Aléjense.
Kwai Chang.
Si no mueres por la explosiôn, te matarân los soldados.
Es por mis hermanos del templo...
...no hay otra salida.
Kwai Chang...
...te amo.
Gracias.
Por favor, no lo hagas.
Por favor, morirâs.
¡No!
Enciendan la mecha.
¡Kwai Chang!
Kwai Chang, te mataron.
Es el monje Caine.
Por fortuna para él, ya estâ muerto.
El caudillo descubrió la traición de su capitán...
...pero no antes de que éste diera su golpe más cruel.
¿Por qué no me dijeron que el cañôn estaba aquí?
¿Por qué no me dijeron que dispararían?
¿Te atreviste a traer el cañôn sin que lo ordenara?
¿Ordenaste el disparo?
¡Lo estropeaste!
-Le juro, señor, fue el monje Caine. -¿Tamo?
-Nan Chi, ¿estâs viva? -Caudillo Sing.
¿No sabías que Nan Chi se entregô a ti...
...para evitar esta batalla?
-Es mentira. -Tamo jamâs en su vida mintiô.
Capitân Shun Low, eres un traidor.
No, no tan fâcilmente.
Átenlo.
Tengo años para pensar una manera deliciosa de hacerte pagar por esto.
Servirâ para compensar lo que le hiciste a mi cañôn.
Nan Chi.
¿Quién es ese hombre que acaricias?
Un valiente...
...y noble...
...monje...
...Kwai Chang Caine.
El corazón del caudillo se detuvo...
...ante esta trágica revelación.
Y dejó al joven monje y a la muchacha solos...
...para pasar sus ûltimos segundos juntos...
...en esta Tierra, juntos.
¿Nan Chi?
-¿Estâs herida? -No.
No.
Querido Kwai Chang.
-Estoy muerta. -Nan Chi.
¿Jugarías conmigo, Kwai Chang...
...a algo que solía jugar de niña?
Tû eres mi esposo, y yo tu mujer...
...y tenemos un niño.
Vive, Nan Chi, y serâ verdad.
Nunca serâ posible.
Nunca serâ posible.
Kwai Chang...
...te amo.
Rendimos tributo a nuestra amada Nan Chi.
El sabio dice...
...que el hombre nace suave y débil.
Al morir, es duro y frío.
Las plantas son tiernas y estân llenas de savia.
Al morir, estân marchitas y secas.
Por eso...
...rigidez y firmeza son discípulos de la muerte.
Suavidad y flexibilidad son discípulos de la vida.
Que nuestra suave y encantadora Nan Chi sea consagrada a la vida...
...aûn en su muerte...
...y que encuentre la paz eterna.
No la perdimos para siempre, Tamo.
Ahorra tu consuelo para los sacerdotes y los niños.
¿No hay consuelo para ti?
Si hubiera lanzado mi flecha una fracciôn de segundo antes...
...ella estaría viva.
Fue por mi vida...
...que ella sacrificô la suya.
No lamento tu vida, muchacho.
Ella lo deseô así.
¿Cômo podemos consolarte, Tamo?
Hagan que el mundo...
...tenga sentido.
Hagan que viva otra vez.
No podemos.
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