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La bolsa de Nueva York mostraba indicios de agitación,
aunque los más optimistas
no parecían preocupados.
Buenas noticias para los solteros. La competencia
dejará de ser tan fiera puesto que Nickie Ferrante, el gran mujeriego,
se casa.
Por fin se ha dejado atrapar.
El Sr. Ferrante llega hoy de Europa,
y la Srta. Lois Clarke le estará esperando en Nueva York.
Lois y sus hermosos 600 millones de pavos. ¡Vaya un trato!
No sólo todas esas lechugas, sino también un espléndido tomate.
Seguimos con la sección de los chismes.
Nickie Ferrante contraerá matrimonio con una de las damas
de la nobleza industrial americana.
Roca y gravilla, me parece.
Una tal Srta. Lois. . .
Clarke.
Sí.
Bien.
Bien. . . eso es todo.
¿Sr. Ferrante?
¿Está a bordo?
Chico, soy yo.
¿El Sr. Ferrante? Tiene una llamada desde París.
¿Le importaría firmarme esta fotografía?
Me llaman por teléfono. Gracias.
¿Diga? Sí, soy Ferrante.
¿Quién llama? Pásemela.
-Cerdo. -Hola, Gabriella.
No me hables.
¿Para qué me has llamado, entonces?
¿Cómo me pudiste hablar de amor, decir las cosas que me dijiste,
estando a punto de casarte?
¿Recuerdas lo que dijiste cuando te di la pitillera?
Por supuesto, cariño. Te dije. . . Te dije. . .
¡Oiga! ¿Me oyes? Se va a cortar la línea.
No se va a cortar nada.
¡Operadora! Es una lástima.
¡Hipócrita! Tengo un cuchillo en la mano.
Ojalá lo tuvieras clavado en la espalda.
¡Pero si es el Sr. Ferrante! Me llamo Hathaway. Ned Hathaway.
- ¿De veras? - Bienvenido a bordo.
¿Haría el honor de acompañarme
en una partida de bridge?
Lo lamento, Sr. Hathaway. Hago trampas.
Es una adicción.
Disculpe. Creo que esa pitillera es mía.
Mejor que confiese. Soy ladrona de joyas.
No me lo creo.
Iba a dársela al sobrecargo. La encontré en el. . .
¿Cómo sé que es suya?
Tiene una inscripción en el interior.
"Para Nicolo. . ."
No me diga que es usted el famoso. . .
He leído tanto sobre usted en todas las revistas y. . .
¿También en Cocina y Hogar? ¿Me devuelve la pitillera?
Un momento.
Es terriblemente íntimo.
Sé el suficiente francés para avergonzarme.
¿Me lo podría refinar un poco y resumir lo que dice?
En resumen, dice. . .
"Como recuerdo de tres noches inolvidables a bordo de La Gabriella".
Es su yate.
Entonces, seguro que es usted.
¿Escribió usted la canción "Jamás volveré a sonreír"?
No.
Pero a lo mejor escribo una titulada "La luna sobre La Gabriella".
¿Cree que llegará a sustituir al fútbol de los domingos?
Espere, por favor.
Estoy metido en un lío.
Se lo podría haber dicho yo, tonteando en yates. Pobrecito.
Necesito hablar con alguien.
No soy muy buena para eso.
No sé guardar secretos. No puedo evitarlo. . .
Tiene una cara muy honesta.
- ¿De veras? - ¿Puedo confiar en usted?
- Sí, me imagino. - Venga conmigo.
El capitán tiene cara honesta.
¿Por qué no le cuenta sus penas?
- ¿Vamos a su cabina o a la mía? - A la mía.
- La mía está aquí al lado. - La mía es ésta.
No es que sea una mojigata.
Mi madre me enseñó a no ir a habitaciones de hombres en los meses acabados en "e".
¿De veras?
Su madre no solamente es hermosa, también es lista.
- ¿Cómo se llama? - Terry McKay.
Terry McKay, y viajo sola.
¿Eso es lo que le preocupaba?
Sí.
- ¿Me permite? - Por supuesto.
Gracias.
Lo puede dejar aquí.
Qué velada tan agradable. Me ha salvado la vida.
No había visto ni a una mujer atractiva a bordo.
Estaba preocupado.
Pensé: "¿Ya no viajan las mujeres hermosas?"
Entonces la vi, y eso me salvó. . . espero.
¿Le ha surtido efecto ese tipo de táctica?
¿O me sorprendería?
Si se sorprendiera, yo me sorprendería.
Vaya un comentario más cínico. Yo también podría hacerlos, si quisiera.
- No lo dudo. - De acuerdo.
La escucho.
¿Su prometida conoce a la señorita del yate,
Gabriella?
Por supuesto. Es su mejor amiga.
Qué grupito tan sociable.
Este barco va demasiado rápido.
Deberíamos aprovechar cada minuto.
¿No cree que la vida debería ser alegre, brillante
y espumosa, como el champán?
Me gusta el champán rosado.
A ése me refiero.
¿Hay alguna razón por la que este viaje no debiera ser como el champán rosado?
¿Cuál?
Vaya por Dios.
- ¿No le haría gracia? - No.
- ¿Marido? - No.
- Aun así, ¿no le gustaría? - No.
¿Por qué no viaja con usted?
Tuvo que ir a Tejas para hacer un gran negocio.
Pensó que sería una buena idea
que fuera de viaje mientras él cerraba el trato.
Yo no tengo cabeza para los negocios.
No entiendo por qué cuanto más dinero pierde una empresa
más gana, por los remanentes y las cancelaciones de las deudas.
El secreto es fusionar una empresa con deudas y una gran corporación,
y así, todos contentos.
- Qué cosas. - No es que él crea que soy tonta,
pero tampoco muy lista. . . para esas cosas.
No es necesario serlo.
- Gracias. - De nada.
- ¿Confía en usted? - Ciegamente.
¿Sin equivocaciones? ¿Sin errores?
Cinco años de honestidad.
Suena horrible, ¿verdad? Pero es cierto.
Ya veo.
- ¿Un cigarrillo? - No, gracias.
No. . .
Lo podría encender con la pasión de la inscripción.
Eso me gusta. Debo estar alerta con usted.
Tiene mucha suerte. Debe de ser un hombre extraordinario.
Imagínese lo atractivo que es,
si puedo resistirme a alguien tan encantador como. . .
Lo entiendo. Ha sido un placer.
Todavía quedan los juegos en cubierta, el bingo.
No me diga que se siente incómodo.
A decir verdad, sí.
- Lo lamento. - No se disculpe.
Espero no haber herido su amor propio.
No se preocupe.
Sacaré a mi amor propio a pasear.
- A no ser que quiera. . . - ¿Cenar con usted?
Me encantaría.
Aquí viene mi amigo Ferrante.
Sr. Ferrante, permítame presentarle a mi hermana
y a mi esposa. . .
Cuando era pequeño,
¿qué le leía la niñera antes de dormir?
- Déjeme pensar. . . - ¿Las Memorias de Casanova?
Cada noche. Y, después, apagábamos la luz.
- ¿"Apagábamos"? - Era sólo así de alto.
- Debió de ser un niño feliz. - Sí.
- Y mujeres. . . - Mujeres.
- Ha conocido a unas pocas, ¿verdad? - No sé.
Quizá "pocas" no sea la palabra.
Digamos que no es precisa.
Disculpe, Sr. Ferrante.
¿Desea que le reserve esta mesa cada noche?
- ¿Por qué no? - Gracias.
¿Por dónde íbamos?
Todas estaban locamente enamoradas de ti.
Lo dudo.
No las has respetado demasiado.
Al contrario.
Siempre ha sido justo con ellas.
He sido más que justo. Las idealizo.
A cada mujer que conozco la pongo aquí.
Claro que, cuanto mejor la conozco. . .
Resulta difícil mantenerlas ahí.
El pedestal se tambalea pronto
y después se cae.
C'est la vie. Etcétera.
Ahora, hablemos de usted.
No. Esta noche no.
Hablaremos de mí en otro momento.
- No tenemos planes para mañana. - Yo sí.
Oh, no.
Hablaremos de mí mañana.
Qué día tan hermoso.
Hace mucho calor. Gracias.
¿Por dónde íbamos? Iba a contarme dónde nació.
- Eso es. Pues. . . - ¿Sr. Ferrante?
- Telegrama. - Gracias.
Disculpe, Srta. McKay.
- ¿Srta. McKay? - ¿Sí?
También tengo uno para usted.
- Gracias. - De nada.
Disculpe, Sr. Ferrante.
- ¿De él? - ¿De ella?
¿Por dónde íbamos?
Estaba a punto de contarle dónde nací.
Nací en Boston.
- Estoy impaciente por que se haga mayor. - Tenga paciencia.
Crecí. . . rápidamente.
Fui a Nueva York, y trabajé de cantante en un club,
de diez a tres de la madrugada.
El jefe me perseguía por la oficina hasta las cuatro,
después. . . me iba a casa.
- ¿Alguna vez. . .? - No.
Una noche. . . él apareció.
Ése es el tipo.
Me dijo:
"Éste no es sitio para ti".
¿En serio?
Yo le contesté: "¿De veras?"
Entonces. . .
- ¿qué? - ¿Qué de qué?
Creí que había dicho algo.
- No he dicho nada. - Disculpe.
Tenía razón.
Dijo que mi sitio estaba en un ático de Park Avenue,
con vistas espectaculares al río.
Un lugar ideal para perfeccionarse.
Sí. Estudié mucho.
- ¿Canto? - Y música y arte. Literatura.
Para convertirse un día en una esposa perfecta.
Ésa era la idea general. ¿Tiene algo de malo?
- No, nada. - Eso pensaba.
Con eso ya estamos al día.
Ahora mi vida es como un libro abierto.
Eso es sólo una página.
Es la única página.
Disculpen.
Gracias.
- Mala idea. - Espere un momento.
Una cámara interesante. ¿Puedo verla?
Por supuesto.
Es nueva, ¿verdad?
¡Por favor! ¡Pare!
Qué mala suerte.
Eso no ha estado bien.
- No debería haberlo hecho. - Lo sé.
No es prudente que nos vean juntos.
Bien o mal, la gente hablará. Mejor que nos despidamos.
- Es una lástima. - Adiós.
¿Qué pasa? ¿Tiene miedo?
- ¿De usted? - Sí.
No.
Nos quedan varios días de viaje,
y no soporto la monotonía.
Siempre puede dar largos paseos al sol.
¿Y si llueve?
Es imposible.
Es especialmente imposible para usted.
Sí.
Estar con usted da que hablar,
y no quiero ver mi fotografía en la prensa.
Yo iré por mi lado
y usted vaya por el suyo.
¡Socorro!
Espera. Déjame. . .
- Cómo pesas. - ¿Necesita ayuda?
Sí. Pesa mucho.
Vamos, amigo.
- Suelta. - Sujételo por el otro lado, papá.
Gracias. Es usted de gran ayuda.
¿Cómo te metiste en ese lío?
Me enredé.
¿No podías bajar?
Eres todo un muchachote.
- Tú también eres todo un muchachote. - ¿Sí? ¿Por qué?
Todo el barco habla de ti.
- ¿En serio? ¿Qué dicen? - No lo sé.
Cada vez que empiezan a hablar de ti, me hacen salir de la habitación.
No lo entiendo.
Le toca a usted.
Tienes que ir con cuidado. Podrías hacerte daño.
Cuando era niña, caí y me rompí una pierna.
¿Cómo la tienes ahora?
- Creo que bien. - Entonces, ¿de qué te quejas?
No me qué. . .
Perdona.
Cóctel de champán, por favor.
- ¿Tiene tabaco? - El camarero de la sala de fumadores.
- ¿Tiene champán rosado? - Sí, señor.
Póngame de ése.
Buenas noches.
Un cóctel de champán, por favor.
- ¿Tiene champán rosado? - Sí, señora.
Gracias.
Hola.
He cambiado mi mesa por una individual.
Yo también.
Es una lástima,
después de la cena tan agradable de ayer.
- ¿Habla gaélico? - Perfectamente.
¿Cómo diría "Salgamos de aquí"?
¡Vaya, vaya, vaya!
¡Vaya!
Qué bien.
A eso se le llama engañarlos a todos.
¿Qué dice?
A eso se le llama engañarlos a todos.
No la oigo.
¿De quién cree que se esconde? Todo el mundo nos mira.
Es horrible.
- Me voy. - No, no. Permítame.
Siéntese.
Perdón, señor. Es el monedero de la señora.
Lo sé. Iba a. . .
No, espere un momento. Ése es. . .
Qué piscina tan pequeña.
Tiene mi pitillera.
No la llevo encima.
Vamos a hacer una parada de cinco horas.
- ¿Va a bajar? - Voy a visitar a una dama.
Una en cada puerto.
Es mi abuela.
- ¿No me cree? - ¡No!
- ¿Le gustaría conocerla? - Me encantaría.
Tiene una cita.
- ¿Sorprendida? - De acuerdo.
¿Un regalo para su anciana abuelita?
Sí.
¿No le parece hermoso eso de abajo?
Sí.
- ¿Quiere oír un chiste muy viejo? - ¿Cuál?
- Si es tan hermoso, ¿por qué. . . - . . .estamos aquí arriba?
Es un chiste muy viejo.
¿Está seguro de que su abuela no es también un chiste?
Ojalá confiara en mí.
Qué lugar tan hermoso.
Es perfecto.
Empiezo a creer que tiene una abuela.
Increíble.
Trataré de encontrarla y de demostrarlo.
No está ahí.
Mire.
Debe de estar en la capilla.
¿Qué tal, amigo?
¿Qué tendrá este lugar?
Hay algo que me hace querer hablar en susurros.
Es tan apacible. Es como otro mundo.
Es el mundo de mi abuela.
Hábleme más de ella.
Mi abuelo trabajaba para el servicio diplomático.
Viajaron mucho.
Cuando se retiró, vinieron a vivir aquí.
Está enterrado detrás de la capilla.
Ella se quedó para estar cerca de él.
Debe de estar esperando
al día en que pueda reunirse con él.
- ¿Es ésa la chica? - No.
Cariño, te presento a Terry McKay.
¿Cómo está?
Pensaba que eras la chica con quien me voy a casar.
Pardon. Decía que me gusta usted mucho.
Gracias. Me alegro.
Si me perdonáis, debo sentarme.
Ahora paso más tiempo rezando.
¡Mis rodillas!
Son tan viejas como yo.
Es un lugar hermosísimo.
- Gracias. - Podría quedarme aquí para siempre.
¡Oh, no! Es demasiado joven para eso.
Es un buen lugar para sentarse y recordar,
pero todavía tiene que crear sus recuerdos.
Es una capilla fascinante.
- ¿Quiere entrar? - ¿Le importa?
- Je vous en prie. - Gracias.
¡Nicolo!
¿Cuándo fue la última vez que entraste en una capilla?
- Yo. . . - Cuando eras monaguillo.
- Lo sé. - Entra. No te hará mal.
De acuerdo.
Prepararé el té.
Déjame ayudarte.
- Te presento a Marie. - ¡Hola!
Éste es mi amigo Marius.
Ha tenido tres hijos desde la última vez que lo vi.
Marius dice que Francia necesita hombres.
Por eso tiene siete hijas.
- Venga a ver al resto de mi familia. - Sí, ve.
¿Seguro?
Quiero charlar con la Srta. McKay.
Janou, sé amable.
No te traicionaré.
- ¿Puedo ayudarla? - Gracias, querida.
Me alegro de que no seas como tantas chicas,
que no se ocupan de las tareas domésticas.
En mi familia éramos diez. Teníamos que ayudar,
o nos quedábamos sin cena.
¡Qué habitación tan espléndida!
Mi esposo era un gran coleccionista.
Le gustaban las cosas hermosas.
A mí también.
Debería tener una asistenta, pero ya he sobrevivido a dos.
Soy demasiado vieja para enseñar a otra.
Además, no me importa decirlo, había planeado vivir sólo hasta los 80.
Tengo 82.
Si no voy a morirme, mejor que empiece a ahorrar para cuando sea vieja.
Es usted muy sabia.
¿Te gusta?
Es precioso.
- ¿Nickie? - Lo pintó hace mucho tiempo.
¡Es excelente!
Tiene mucho talento.
Disculpe. No podía saberlo.
Desgraciadamente, también es muy crítico.
El artista que lleva dentro, crea. El crítico, destruye.
- No ha hecho nada desde entonces. - Qué lástima.
Y ha estado demasiado ocupado "viviendo", como lo llaman.
- ¿Me permite? - Gracias, querida.
Tome.
Esta visita ha sido una gran conmoción.
Trato de parecer tranquila.
- ¿No te parece que lo hago bastante bien? - Lo hace maravillosamente bien.
- Aquí tiene. - Gracias.
Quiero mucho a Nicolo.
Cuando era un niño,
nos cautivaba a todos con el piano.
Después estudió pintura.
Lo malo es que lo hace todo muy bien.
¿Un chico para todo?
Todo le resulta demasiado fácil.
Le atrae el arte que no practica,
el lugar donde no ha estado, la chica a la que no ha conocido.
Quizá no debiera haberlo conocido.
Tú eres distinta.
No me importa confesarlo,
he estado preocupada por él.
- A veces me asusta. - ¿El qué?
Que la vida le pase factura algún día,
y que no pueda pagarla.
Pero, cuando te veo con él, me siento mejor.
- ¿Yo? ¿De veras? - Sí.
Ojalá estuviera yo tan segura.
Lo estarás cuando tengas que estarlo.
Es tu forma de ser.
Nicolo no tiene nada
que una buena mujer no pueda solucionar.
Vi a toda la familia de Marius. ¡Siete hijas!
Estuve charlando con su esposa.
Deberías haber charlado con él. No te sientes encima de mi sombrero.
¿De qué habéis estado hablando?
- Te sorprenderías. - Seguro que sí.
Seguro que fue Janou quien estuvo hablando.
Me ha dicho que, cuando eras niño y no te salías con la tuya,
te tirabas al suelo, pataleabas y te ponías rojo.
¿En serio?
Deberías haber guiñado el otro ojo.
¿Qué has dicho?
Que ahora ya no lo haces.
No.
Ahora, cuando no te sales con la tuya, te incomodas.
¿Quieres té?
Recuérdame que no te lo cuente luego.
Sí, quiero té.
Janou, tengo un regalo para ti.
- Ven a verlo. - Soy demasiado vieja.
Nadie es demasiado viejo para eso.
No deberías derrochar el dinero.
No me ha costado mucho.
- ¿Cómo lo hiciste? - De memoria.
Gracias.
¡Es André!
Mi esposo.
Parece tan real. Como era él.
Qué cara tan extraordinaria.
- ¿Lo hiciste de memoria? - Sí.
¿Te gusta?
Es maravilloso.
Lo pinté hace mucho tiempo, pero no sabía si dártelo.
Te dije que tiene talento.
- Para ti. - Gracias.
Gracias.
Para mí.
Bien.
Me gustaría proponer un brindis.
No sé muy bien cómo expresarlo.
¿No tendrá nada que ver con el feliz matrimonio de su nieto?
Digamos. . .
Que vuestro viaje de regreso sea placentero.
Gracias.
Me temo que tendremos que irnos pronto.
Ha sido un día maravilloso.
Antes de irnos, tienes que tocar el piano para nosotros.
Vamos.
Por favor.
- Miradme las manos. - Sin excusas. Adelante.
Janou era concertista de piano.
Era.
Recordad que vosotros me lo pedisteis.
No me gustan las sirenas de los barcos.
¿No debería ponerse esto sobre los hombros?
Gracias, querida.
- Es maravilloso. - ¿Te gusta?
Me encanta.
- Un día te lo mandaré. - No.
Me gustaría hacerlo.
Os acompaño hasta aquí.
Estos son los límites de mi pequeño mundo.
Es un mundo perfecto.
Gracias por permitirme entrar.
Adiós.
Que Dios te bendiga.
Au revoir, querida Janou.
Volveré a verte muy pronto, y te escribiré a menudo.
- Por favor, hazlo. - Lo haré.
Dulces pensamientos, cariño.
Adiós.
Te he estado buscando por todas partes.
Llamé a tu cabina vari. . .
Has estado llorando.
La belleza me produce ese efecto.
Nickie, yo. . . Quiero darte las gracias por. . .
el día más hermoso y más memorable de toda mi vida.
Fuiste muy amable con mi abuela.
Le escribiré.
Eso le gustará.
Caminemos.
No más lágrimas.
Te lo dije. La belleza me produce ese efecto.
Vamos camino de un viaje sin retorno.
Lo sé.
Hoy cambiamos nuestro rumbo.
¿Te acompaño a tu cabina?
Mejor que no.
Buenas noches.
Un momento.
¿Por qué has venido? Es peligroso.
Tenemos mucho de qué hablar.
Si nos vieran juntos, podría traernos consecuencias desastrosas.
Tenemos que pensar rápido.
Nos hemos metido en un problema.
Lo sé.
No lo compliquemos aún más.
Al ser mujer, soy mucho más cauta
y pienso con más claridad cuando no estás.
Vete a pensar a tu habitación, y yo pensaré en la mía. . .
- De acuerdo. - Mientras nos echamos de menos.
Lo que acabas de decir es muy bonito.
- Muy buenos días, caballero. - Lo mismo le deseo.
Escucha. . .
- No te pares. - Vaya por Dios.
Espera. No te vayas.
¿Has llegado a alguna conclusión?
No. No te pares.
- Te extraño. - Yo también.
- ¿Por qué no me llamas más a menudo? - Lo intentaré, pero ya sabes. . .
- ¿Ibas a decir algo? - No iba a decir nada.
¿No podríamos ni comer juntos? ¿En tu habitación o en la mía?
Todo el barco lo sabría antes del primer plato.
La tripulación también habla.
Cambia de lado. Me estás mareando.
A mí también me irá bien el cambio.
Espera un momento. ¡Cariño!
Escucha, querida, yo. . .
Qué raro.
- Buenas tardes. - ¿Está cenando la Srta. McKay?
- Sí, señor. ¿Desea acompañarla? - No, prefiere comer sola.
Casi ha terminado.
Pide la bullabesa. Es exquisita.
- Merci mille fois. - Pas de quoi.
Cállate.
Adelante.
- ¡Hola! - Hola, Sr. Hathaway.
Srta. McKay. ¿Dónde está Ferrante?
¿Cómo lo voy a saber?
¡Venga ya! Un pajarito me ha dicho que tal vez estuviera aquí.
Es usted un impertinente.
- No he visto al Sr. Ferrante. . . - Hola, Terry.
Pensé que te gustaría leer este libro.
Ya lo he leído.
Hace días que no te veía.
Pensaba que habías bajado.
No hemos amarrado en ningún puerto.
Por si no la vuelvo a ver, Srta. McKay, feliz regreso.
Gracias, Sr. Ferrante. No crea que no ha sido un absoluto. . .
Un momento. ¿Les importaría a ambos hacerme un enorme favor?
¿Qué favor?
¿Me las podrían autografiar?
Hemos comprado una distinta cada uno.
- ¿Las ha comprado? - ¿A quién?
Al fotógrafo del barco.
Tiene un montón en la cubierta.
Está haciendo un gran negocio.
Tendremos que pensarlo.
¿Dónde puedo encontrarle?
Estaré en el bar o, cómo no, en el comedor.
Cómo no.
- Ésta no está tan mal. - No bromees.
¡Es terrible!
Después de todo lo que hicimos para engañar a todo el mundo.
Lo lamento especialmente por ti.
No me sabe tan mal como pensé.
Fue estúpido esconderse como fugitivos.
Lo sé.
Para dar algo más de que hablar, ¿vamos con los demás?
De acuerdo. ¿Por qué no? No tenemos nada que perder.
Es la última noche. Aprovechémosla.
¿Cómo está, Hathaway?
Hágame un favor, cambiemos de parejas.
Es la última noche, todo el mundo lo hace.
¿De veras? Qué interesante.
En su caso, haremos una excepción.
Vaya un tipo más raro.
Un viaje estupendo.
Hola.
- Vamos a tomar el aire. - Te enseñaré el timón.
Cogeré el abrigo.
¿Por qué no hacemos esto toda la vida?
He hablado con el capitán. No funcionaría.
¿No?
Dice que no puede dar la vuelta.
Casi todo el mundo quiere regresar a casa.
¿No te parece estúpido?
Entiendo su problema.
Navegar por el océano con sólo nosotros dos a bordo.
Si me preguntas en qué pienso, me tiro por la borda.
Bien. . .
Mañana por la mañana, Nueva York.
Sí.
¿Te estará esperando?
¿Y ella?
Sí.
¿Quién hace las cosas tan difíciles?
¿Las personas?
¿Estás enamorada de él?
Ahora, no.
No he trabajado en toda mi vida.
Lo sé. Lo he estado pensando.
- ¿Qué dices? - No he dicho nada.
- Sí. - ¿Qué?
Has dicho que me gustaban las cosas caras,
las pieles, los diamantes y esas cosas.
- ¿Dije eso? - Y el champán rosado.
Ése es el estilo de vida al que estamos acostumbrados.
Podría resultar un poco difícil. . .
- ¿Te gusta la cerveza? - Es un cambio.
Mi padre bebía cerveza. Por la mañana.
¿Le gustaba la cerveza?
Por la tarde bebía cualquier cosa.
Qué frío será el invierno para quien no guarda recuerdos cálidos.
La primavera ya ha pasado.
Ésta es probablemente mi última oportunidad.
Y la mía.
Es ahora o nunca.
Nunca es una palabra aterradora.
Seríamos estúpidos de dejar escapar la felicidad.
Por el simple hecho de que no hayas. . .
¿Trabajado? No quiere decir que no pueda.
Es cierto.
Supongamos. . .
Tardaré un poco, digamos seis meses, en saber si. . .
- ¿Si qué? - Imagínate. . .
- Sé realista. - De acuerdo.
Si trabajara duro durante algún tiempo, digamos seis meses,
¿dónde estarías?
¿Qué tratas de decir?
Quiero ser. . . digno de pedirte que te cases conmigo.
Ésa es la cosa más bonita. . .
Se te ha quebrado la voz.
- Eso es porque yo. . . - Sí, lo sé.
Me voy a la cama.
A dar vueltas
y a pensar en ello.
Te lo diré por la mañana.
Será una noche interminable.
Para mí también.
El matrimonio es un paso muy serio para una chica como yo.
Lo sé.
- ¿Te gustan los niños? - Sí.
Estaba tan preocupado. . .
No he tenido tiempo de vestirme. ¡No pude dormir hasta las cinco!
Yo no he dormido nada.
Escúchame atentamente.
Si todo sale bien para ambos, dentro de seis meses. . .
- Toma. He empezado a escribirla. - ¿La leo ahora?
"Cariño", ¿Ése soy yo?
"Tienes una cita el 1 de julio a las 5 de la tarde".
- Pero no dices dónde. - Decide tú el lugar y yo obedeceré.
No se me ocurre.
¿En lo alto del Empire State Building?
Es perfecto.
Es el lugar más próximo al cielo de Nueva York.
En el piso 1 02. No te olvides de coger el ascensor.
No lo olvidaré.
- Si las cosas no salen bien. . . - No digas eso.
- Si uno de los dos. . . - Ambos estaremos allí.
Piensa en ello.
Cuídate.
¡Nickie, cariño!
Me alegro de verte.
Estoy tan contenta. ¿Tuviste buen viaje?
Algo agitado, pero agradable.
Una fotografía, por favor.
¿Me permiten una a mí también?
¿Qué tal así?
¿Puedo tomar otra? Muchas gracias.
Disculpen, tengo una cita importante.
Es maravilloso que estés aquí.
Es maravilloso estar aquí, Ken.
El coche está por allí.
- ¿Nos vamos? - Sí.
- Tengo el coche ahí fuera. - Bien.
Tenemos que hablar.
Entremos ahí para poder estar solos.
¿Qué demonios es todo esto?
¿No te lo dije?
Querían hacerme una entrevista. Acepté
si hacían una donación a mi entidad benéfica favorita.
Es por una buena causa.
- Deberías habérmelo dicho. - ¡Te conozco!
Si te lo hubiera dicho, no habrías bajado del barco.
Cámara uno, planos cortos.
El Sr. Lewis nos entrevistará.
- Sr. Fulton Q. Lewis. - Robert.
Robert Fulton, encantado.
No, Robert Q. Lewis. Les pasa a todos.
Llega un poco tarde, Sr. Ferrante, tenemos que retransmitir.
Siéntense aquí.
Les haré algunas preguntas, y entonces. . .
¿La cara? Brilla.
¿Le importa que le pongamos algo de maquillaje?
- Terminaremos pronto. - Eso espero.
Esa camisa blanca. ¿Qué tal se ve?
Deslumbra.
- ¿No tendrá una camisa azul? - No la llevo encima.
No se preocupe, nos las arreglaremos.
Les voy a hacer algunas preguntas sobre cómo se conocieron,
sus planes futuros y cosas así.
Pónganse cómodos.
Cinco segundos, Sr. Lewis.
Miren a la cámara. Si la luz roja está encendida, estamos en antena.
Está encendida.
Bienvenidos a otro programa "En Casa Con...",
presentado por la firma Benton de alimentos para bebé.
Recuerden, niños más sanos con Benton.
Hoy estamos en el hogar de la Srta. Lois Clarke,
heredera de una de las mayores fortunas del país.
En breve, les presentaré a la Srta. Clarke y a su prometido, el Sr. Nickie Ferrante,
y hablaremos sobre su maravilloso idilio,
que ha aparecido en los titulares de todo el país.
Un idilio que ha cautivado al mundo entero.
¿Cree que están enamorados?
- ¿Cómo iba yo a saberlo? - Me muero por ver al tal Nickie Ferrante.
No sé cuál sería la pregunta del millón,
pero está claro que conocía la respuesta.
Aguafiestas.
Terry, cariño.
Recuérdame que te pregunte por qué tus besos no son como antes.
Quizá hayas perdido la práctica. . . espero.
No necesitamos la televisión, ¿verdad?
Aún no te has cambiado.
Creía que te había dado tiempo para. . .
Tenemos tanto de que hablar. . .
Pienso mejor con esta ropa.
Esperaba que este viaje te sentara bien, pero. . .
No tienes muy buen aspecto.
¿Qué te pasa? ¿Tuviste un viaje agitado?
Sí, un poco.
Nos podríamos haber divertido viendo ese programa.
Iban a entrevistar a Lois Clarke y Nickie Ferrante.
No me interesa, pero si te divierte. . .
- Sí. - De acuerdo.
Debe de haber vivido experiencias maravillosas en Europa.
Sí.
¿Le importaría ampliar esa frase?
No.
Olvidé que Ferrante iba en el mismo barco que tú.
- Sí. - ¿Lo conociste?
¿Era encantador?
¿Fascinante?
¿Irresistible?
Perdona.
Retiro ese comentario.
¿Es ésta su primera experiencia de felicidad connubial?
¿Le importaría volver a formular la pregunta?
Quiere decir que si es la primera vez que te casas.
Sí.
¿Tiene intención de mantener a su mujer
- de la forma en que... - Sí.
- Qué gracioso. - ¿ Cómo?
Voy a volver a pintar.
Así mantendré a mi esposa.
Va a tener que pintar mucho.
Ya tienen la casa llena de obras de arte.
No sabía que ibas a...
- Aun así, voy a pintar. - ¿De veras?
Creía que habías dejado todo eso.
No debería haberlo hecho.
Seguro que Nickie tiene todo tipo de planes.
Los tengo.
¿Cuándo piensan casarse?
- Tan pronto como... - Espera un momento, cariño.
Dentro de seis meses.
¡Seis meses! Seguro que no lo lleva al altar.
¿Seis meses? Muy bien.
Muchas gracias, Srta. Clarke, y a usted, Sr. Ferrante.
Con esto termina nuestra entrevista...
Terry.
Quiero volver a hacerte esa pregunta.
¿Encontraste a Ferrante irresistible?
Ken, lo siento.
Estas cosas no se prevén. Ocurren.
Cariño, no tiene sentido.
Lo sé.
Tienes que ser realista.
¿Con el amor?
Ya sabes lo que todos dicen de él.
Sí, lo sé.
¿Qué vas a hacer?
No lo sé.
Creo que
regresaré a Boston y trataré de encontrar un trabajo o algo,
volveré a cantar, hasta que él. . .
¿Hasta que él, qué?
Nunca podrá mantenerte.
Terry, escúchame. Quiero casarme contigo.
Debería habértelo pedido antes.
Es culpa mía, pero no es demasiado tarde. No es posible que lo sea.
Terry, mírame.
¿No ves que estoy enamorado?
Yo también.
¿Crees que podrás venderlo?
Lo intentaré.
- ¿Lo hiciste sin una modelo? - No podía permitírmela.
¿Qué pasa? ¿Me falla la memoria?
- Se está volviendo un poco borrosa. - ¡No!
¿Y éste?
Éste sí es de memoria. Era mi almuerzo.
- Es una mujer. - Ya.
¿No te gustaría que la vieran a tu lado?
Lo dudo.
Si me dejaras decirle a la gente,
me refiero a las mujeres, quién lo pintó,
podría venderlo, y muchos otros como éste.
No. El viejo Ferrante ha muerto.
La firma "Rossi" no significa nada. Si usas tu propio nombre. . .
El viejo Ferrante ha muerto y el nuevo Rossi se muere de hambre.
¿Qué esperabas en tres meses?
Recuerda, el pincel obedece a la mano.
No sabe que estás acostumbrado a salirte con la tuya.
Estás consentido. El pincel no lo sabe.
No puede seguirte la corriente.
Lo sé. Esperaba que hubieras vendido algo.
Quiero sentir la emoción del primer dólar.
Tendré que buscar trabajo.
¿Y dejar de pintar?
No voy a dejarlo. Es lo único que sé hacer.
Pero tengo que ganar dinero. Y rápido.
Mientras tanto, te invito a almorzar.
Me lo devolverás cuando seas famoso.
Por fin me das ánimos.
Ésa debería ser una de las pocas cosas que recuerdo.
Qué le vamos a hacer.
EL CLUB MÁS ELEGANTE DE BOSTON PRESENTA A TERRY McKAY CADA NOCHE
Buenas noticias.
He vendido a una de tus mujeres. La del. . .
Saqué 200 dólares por ella.
Tu primer dólar.
¿Qué te pasa?
Amigo mío, soy feliz. Soy pintor.
¿Y qué? Yo llevo años pintando y no soy feliz.
Gracias, señoras y caballeros.
Ésta es mi última noche,
y me gustaría interpretar una canción que significa mucho para mí.
- ¿Se ha abrochado el cinturón? - Sí.
- Ahí está el Empire State Building. - Gracias.
Srta. McKay,
mi clienta predilecta. Me alegro de que haya vuelto.
Gracias.
Srta. Webb, mire quién ha venido.
Precisamente estábamos diciendo: "¿Dónde estará la Srta. McKay?"
- Tiene un aspecto estupendo. - Es cierto. No lo compré aquí.
- ¿Dónde ha estado estos últimos meses? - En Boston.
- La hemos echado de menos. - Gracias. Yo también, Srta. . .
- Lane. - Srta. Lane.
Quiero algo muy especial para. . .
La Srta. Webb la atenderá con mucho gusto.
Disculpe, tengo que ir a la oficina.
Estaré encantada de ayudarla.
¿Qué está buscando?
Algo irresistible, asequible, y rosa.
Por supuesto. Lo tenemos.
El más hermoso. Lo tenía apartado para usted.
Dé a la Srta. McKay lo que quiera,
y siga hablando con ella hasta que yo llegue.
Eso es todo lo que queríamos saber.
¿Le preocupaba su crédito?
¡Me sorprende usted!
- Éste es precioso. - Un poco corto, ¿no?
- Con éstos. - Oh, no.
Tiene que probarse éste.
Precioso, pero quiero el que había elegido.
Se lo enviaremos.
Ya les daré la dirección, porque no estoy del todo segura.
- Aquí tiene. - ¿No lo carga en cuenta?
No.
Lo sé, pero. . . no.
- ¡Ken! - Terry, ¿cómo estás?
¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo sabías que. . .
Ya veo. Muchas gracias por todo.
Perdona, Ken. Llego tarde.
- ¿Qué hora es? - Las cinco menos cinco.
Me alegro de haberte visto, Ken.
Tenemos tanto de que hablar.
Disculpa. Tengo mucha prisa.
¿Podemos tomar algo?
Llego tarde.
- Tengo tanto que decirte. . . - Llámame otro. . .
Eso tampoco, porque voy a casar. . .
¿Vas a casarte?
Sí, y llego muy tarde.
- ¿Qué hora es? - Casi las cinco.
Adiós, Ken.
Espero que encuentres la felicidad, y si alguna vez necesitas algo,
como a alguien a quien amar, no dudes en llamarme.
Lo haré. Adiós, Ken.
Adiós. Buena suerte.
¡Qué cabeza la mía! Creía que el Empire State Building
estaba por ahí.
Me bajo aquí, tengo mucha prisa.
- Quédese con el cambio. - ¿Adónde va con tanta prisa?
Voy a casarme. Quiero que sea el primero en felicitarme.
- Gracias. - ¿Para eso corre tanto?
Planta 1 02.
- ¿Baja? - No, gracias.
Último piso.
- ¿Baja? - No. ¿Tiene hora?
Las cinco y diez.
Sé lo que hago. Quiero hacerlo.
Den marcha atrás.
Den marcha atrás al barco.
Nickie, ayúdame a dar marcha atrás.
Eres mucho más fuerte que yo.
No puedo hacerlo sola.
No puedo.
- Debe tranquilizarse. - Le necesito.
Nickie, te necesito.
Ayúdame a dar marcha atrás al barco.
Debo. . .
¿Baja?
Sus radiografías no son alentadoras. No sabemos si volverá a andar.
Tardaremos algún tiempo en saberlo.
Dios mío.
Se habrá dado cuenta de que no soy el hombre al que llama.
Iba camino de casarse con él.
- ¿Conoce él su estado? - No.
Hasta que usted sepa lo que dice que tardará un tiempo en saber,
prefiere que él no lo sepa.
Parece una buena chica.
Lo es.
- Quiere verle. - Entraré dentro de unos minutos.
- Hola, Ken. - Hola, Terry.
Le dije que no sabía si hoy estaría entre nosotros.
Le engañé, padre.
Le he explicado la situación al padre.
Dice que me encontrará un trabajo. ¿Verdad, padre?
- Será mejor que te recuperes primero. - Tiene razón.
Después te buscaré algo.
Tómatelo con calma.
- Srta. McKay. - ¿Sí?
Quiero agradecerle lo que está haciendo por mi hijo.
Ahora ya no será tan estúpido como yo.
Es usted demasiado modesto, Sr. Bugsy.
Soy tan estúpido que no soy ni ignorante. Gracias otra vez.
Agradézcaselo al padre.
- Él me dio el trabajo. - Gracias, padre.
Atentos, por favor.
La pobre Molly tiene el sarampión. Yo cantaré su parte.
¿Todos listos?
Ahora ya estamos listos.
Fijaos bien. No debemos equivocarnos.
¡Vaya! Entra.
¡Nickie! Qué alegría verte.
- ¿Cómo está mi crítico más estricto? - Vamos a ver.
Veo que los tienes todos en orden. Adelante con esa crítica.
El trabajo de seis meses. No has desaprovechado el tiempo.
Gracias. Deberías haber visto los 50 que tiré al mar.
Deberías haber tirado ése también.
Me inclino a pensar lo mismo.
Puedo leer tu estado de ánimo cuando los pintaste.
Te lamentabas de tu suerte cuando pintaste éste.
Lo pinté en agosto.
Aquí estabas furioso. Estabas superando tu mal de amores.
- ¿Mal de amores? Eso no va conmigo. - Me alegra oírlo.
Vamos a este lado. Vamos a ver.
Aquí te convertiste en pintor.
Gracias. A mí tampoco me parece del todo mal.
Tenía muchas cosas que decir, y lo dije con pinturas.
El estar lejos, solo durante tanto tiempo, te ha dado ese toque de. . .
Yo contesto. Recuerda lo que decías. Quiero oír más.
Pinturas y Barnices Courbet.
¿Nickie? Leí que llegabas hoy.
¡Lois! Qué agradable sorpresa. ¿Cómo sabías que estaría aquí?
Llamé a tu hotel. Me dijeron que estabas en este número.
He pensado en ti día, tarde y noche.
Y también entre medio.
Me preguntaba si tal vez. . .
Pues. . .
Es una oferta tentadora, pero esta tarde no puedo.
Si no puedes. . . ojalá pudieras.
Gracias de todos modos. Es lo mejor que me ha pasado hoy.
Podrías venir a la función esta noche.
Dejaré una entrada en taquilla.
Trata de venir. Y, Nickie. . .
Hagas lo que hagas, no hagas planes para después de la función.
- Estas butacas son estupendas. - ¿Qué?
Digo que me encantan estas butacas.
- Una función estupenda. - Gracias por invitarnos.
Fue un placer. Si no les importa, el Sr. Ferrante me acompañará a casa.
Buenas noches.
- ¿Adónde te gustaría ir? - Decide tú.
Ésta es tu noche.
He estado tanto tiempo fuera, que no sé dónde va la gente.
Mi abrigo.
Hola.
Te ruego que me dejes decírselo.
No.
- Voy a buscarle. - No, por favor.
Qué mala suerte.
La primera vez que puedes salir, y te encuentras con él.
Lo único que supe decir fue. . . "Hola".
La función ha terminado.
El chico consiguió a la chica. ¿Vamos?
Vuelvo enseguida.
Buenas noches, Lois, y gracias.
Llevarte al teatro esta noche no fue una buena idea.
Feliz Navidad, Lois.
Feliz Navidad, Nickie, y. . .
Es una lástima tener que llevarte a casa
cuando todo el mundo sale.
C'est la vie. Etcétera.
Quiero volver a pedírtelo.
¿Por qué no dejas que te ayude?
Te lo volveré a explicar.
Si pagases mi rehabilitación, a él no le gustaría,
por lo que a mí tampoco.
Si me recuperase con tu ayuda y me fuera con él, a ti no te gustaría.
Él debería saberlo.
¡No! Si se enterase, insistiría en hacerlo él mismo,
si tuviera el dinero, cosa que dudo.
Y, si yo no me recuperara. . . sería terrible.
A menos que pueda andar hacia él, y quiero decir "correr", nunca lo sabrá.
Estoy bien. Tengo mi trabajo y un presupuesto.
Si las cosas salen bien, y si soy una chica muy buena,
las próximas Navidades tendré lo que quiero.
¿Entiendes?
Felices Pascuas.
¿Cómo se encuentra, Srta. McKay?
Niños, tengo malas noticias.
El doctor no me deja ir con vosotros.
Podría estar de vuelta en un par de horas.
Es la función de Navidad.
Es su primera aparición en público. Es mi equipo.
- Es nuestra preparadora, doc. - ¡Norman! "Doctor".
Es nuestra preparadora, doctor.
Si no le sentara bien, ¿querríais que fuera?
No.
¿Por qué no lo intentáis sin mí?
Lo único que os puede costar es empezar.
- ¿Srta. McKay? - ¿Qué quieres, Tyrone?
Pensaremos en usted mientras cantamos,
deseando que se ponga buena pronto.
Gracias, Tyrone.
Un momento. ¿Dónde está Sally? ¿No ha venido hoy?
La expulsamos. Canta demasiado alto.
Es una fardona.
Sally creía que era una broma,
y tenía muchas ganas de salir al escenario.
Ven aquí, cariño.
Sal al escenario con los demás.
Vuelves a estar en el equipo,
pero tienes que prometer que no cantarás tan alto.
De acuerdo, Srta. McKay.
- ¿Listos? - Sí.
De acuerdo.
Lo haréis bien sin mí.
Vamos, niños. Tenemos que irnos.
Feliz Navidad. Que Dios os bendiga.
Sed buenos.
Feliz Navidad.
Feliz Navidad, cariño.
No serán unas Navidades felices para usted.
- Estaré bien. - Aquí tiene.
- ¿Puede acercarme el. . .? - Claro.
Muchas gracias.
Puede venir a comer el pavo con mi esposo y conmigo.
Guárdeme un muslo para luego.
De acuerdo.
Si necesita cualquier otra cosa, grite.
Muchas gracias. Lo haré.
Es usted muy amable. Feliz Navidad.
Para usted también.
¿Está la Srta. McKay. . .
Hola, Terry.
Me. . . alegra verte.
A mí también.
- ¿Te encuentras bien? - Sí.
- Estoy descansando. - Estupendo.
Ha pasado mucho tiempo.
Es cierto.
Me alegra verte.
Eso ya lo has dicho.
- ¿Puedo. . .? - Por supuesto, siéntate.
Será sólo un momento. ¿No te importa?
Claro que no.
¿Son éstas las vistas espectaculares?
No soportaba la altura.
Seguro que te preguntas cómo te encontré.
Pues sí.
Estaba buscando en el listín a alguien llamado McBride
y encontré el nombre "T. McKay".
Me dije:
"¿Es posible que sea Terry McKay, mi antigua amiga?"
- Y lo era. - Sí.
Entonces me dije:
"No fui muy amable con la Srta. McKay".
"Después de todo, tenía una cita con ella y no me presenté".
No te presentaste. . .
No.
Y me dije,
porque hoy en día hablo bastante conmigo mismo,
"Ésas no son formas de tratar a una antigua amiga como la Srta. McKay".
"Debo disculparme".
¿No es cierto que, cuando alguien falta a una cita,
debería disculparse?
Estoy totalmente de acuerdo.
Lo mínimo que se puede hacer
es pedir disculpas, o. . . algo.
Y aquí estoy.
Eres muy amable.
Eso pienso yo.
A menudo me he preguntado
- cómo estarías. - ¿De veras?
De veras.
Yo también he pensado mucho en ti.
¿No te enfadaste porque no fui a la cita?
Seguro que lo estabas, al principio.
Pues. . .
Sí, lo estaba.
Al principio estaba furiosa.
Me dije: "No puede hacerme esto. ¿Quién se cree que es?"
¿Esperaste mucho tiempo?
Digamos. . . pues sí.
- Esperé hasta. . . - Medianoche.
¿Qué hiciste después?
Me puse realmente furiosa.
Imagínate, allí de pie, en. . .
Sí, en medio de la tormenta.
¿Una tormenta?
¿Y qué pensaste?
Me dije: "Iré a casa y me emborracharé".
- Pero no lo hiciste. - ¿No?
No.
Bueno, tal vez un poco,
cada hora, durante un mes.
- ¿Me lo reprochas? - La verdad es que no.
Lo mínimo que podría haber hecho era enviarte una nota.
¿Quizá cuando lo pensaste
no sabías dónde enviarla?
Te juraste que, si me volvías a ver, me lo preguntarías.
No.
Dijimos que, si podíamos ir, allí estaríamos.
Y si uno de nosotros no iba,
sería por una muy buena razón.
¿Dijimos eso?
Eso es exactamente lo que dijimos.
¿Cómo qué, por ejemplo?
Así que no habrá más preguntas. Espero.
- ¿Quieres un cigarrillo? - Gracias.
Gracias a ti, Nickie.
¿No te parece maravilloso?
Vine hasta aquí sólo para. . .
Y no puedo ni preguntarte por qué no estabas allí.
¿No te parece raro?
Solíamos saber lo que cada uno iba a decir.
Ya no es así, ¿verdad?
No.
- No parece. . . - Lo sé.
No sé lo que me sucede cada vez que. . .
Veo que no llevas anillo de boda.
- No. - Creía que el. . .
¿Ayer, en la función?
Era sólo. . .
No.
No quise ofenderte.
¿Cómo te van las cosas, Nickie?
¡Tú sí puedes hacer preguntas!
Creía que todo iba bien hasta que te vi ayer por la noche.
Entonces supe que debe de haber algo entre nosotros,
aunque sólo sea un océano. Y me compré un pasaje.
¿Te vas?
Esta noche.
- Eres feliz, ¿verdad? - Sí.
- ¿Y tú? - No lo sé.
Me preocupa el futuro y lo que pueda pensar la gente.
Dirán: "Ahí va el pintor loco.
¿Qué le pasa? No le gustan las mujeres".
¿Por qué iban a decir eso?
Porque navega los siete mares, y a cada mujer que conoce le pregunta:
"¿Dónde estarás dentro de seis meses?"
- ¿Y están allí? - En todas partes.
En lo más alto de las pirámides, en la Torre Eiffel.
Las pone en un pedestal.
Las hace esperar.
¿Dónde está él mientras tanto?
Esperando.
No puedes seguir así.
No es lo que quieres. Ojalá pudiera decirte que estás equivocado.
Lo estuve una vez.
¿Cambiamos de tema?
Por favor. Feliz Navidad.
Casi lo olvido.
¿Quién hubiera pensado, hace seis meses,
que pasaríamos las Navidades juntos?
Te he traído un regalo.
Lamento no tener nada para ti.
No pensé que iba a verte.
No te preocupes, no esperaba ninguno. En realidad, no es un regalo de Navidad.
Por eso me devolvían las cartas.
Te lo habría enviado, pero hasta hoy no sabía tu dirección.
Quería que lo tuvieras, ¿recuerdas?
Así que. . . por eso he. . .
Adiós, Terry.
Adiós, Nickie.
Te había pintado así, con el chal.
Ojalá lo hubieras visto. Courbet decía que era uno de los mejores.
No pensé que lo vendería,
pero no había motivo para guardarlo.
No podía cobrar por él porque, ya sabes. . .
Courbet me dijo que una chica entró en la galería y. . . le gustó.
Vio en él lo que esperaba que tú vieras, y. . . le dije a Courbet que se lo diera.
Porque dijo que no tenía dinero y, además, estaba. . .
Estaba. . .
Le dije que se lo diera.
Courbet dijo que lo quería con tantas ganas. . . Le dije que se lo diera.
Es Navidad, y todo eso.
Ya me conoces, me gustan las tradiciones.
Cariño, no me mires así.
¿Por qué no me lo dijiste?
Si tenía que pasarle a uno de los dos, ¿por qué a ti?
Fue culpa mía.
Estaba mirando hacia arriba.
Era el lugar más próximo al cielo.
Tú estabas allí.
Cariño.
No te preocupes, amor.
Si tú puedes pintar, yo puedo caminar.
Todo es posible, ¿no crees?
Sí, cariño.
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