All language subtitles for Juarez (1939)

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Original subtitles

JUÁREZ

1863. Con su heroico presidente Benito Juárez, la República de Méjico

había defendido su existencia durante dos años contra la poderosa

maquinaria de guerra de Napoleón III Emperador y Dictador de Francia.

Yo, Louis Napoleón, Emperador de Francia empeño riqueza,

y lo mejor del ejército, no pensando en la conquista

sino en una cruzada para devolver a nuestro redil

y al resto del mundo civilizado, nuestra antigua fuerza y prestigio.

Que el mundo sepa que la conquista de Méjico es sólo el comienzo

del cumplimiento de una santa misión.

El ejército confederado del General Lee ha sido derrotado

definitivamente en Gettysburg el 3 de julio,

y se halla en franca retirada.

¿Qué significa esta carta para nosotros, Louis?

¿Qué significa? La guerra civil americana puede acabar pronto.

Y el norte será el vencedor. ¿Qué crees que significa?

Emprendimos la conquista de Méjico confiando en la victoria del sur.

Y que una América dividida no podría imponer la doctrina Monroe.

Tú... Eres el responsable, Randon.

Nos convenciste de que el sur era un triunfo seguro.

La batalla de Gettysburg es incomprensible.

Es tu deber como ministro de la guerra saber quién va a ganar una batalla.

Majestad Imperial... Reconozco mi error, pero...

¿Tu error? ¿Lo llamas error?

No puedo permitirme el lujo de cometer errores.

Eso queda para los monarcas constitucionales, presidentes, etc.

No para un supremo dictador.

He empleado millones en la conquista de Méjico. Millones de francos,

más hombres, naves, municiones...

Hubiese conquistado media Europa con menos gasto.

Tú y tus amigos los banqueros me habéis metido en esto.

Vuestra Majestad es injusto.

El cobro de las deudas mejicanas no tenía gran importancia.

Intervino en Méjico para evitar que se propagara la democracia americana.

¡Democracia! Un ganado conducido por un ganado y para el ganado.

Abraham Lincoln. Parlamentos, plebiscitos, proletarios

y una mas intoxicada con ideas de igualdad. ¡Ganado!

¿Voy a dejarme destruir por tal cosa? ¿Lo crees?

¿Qué me aconsejas ahora?

¿Evacuamos Méjico?

¿Admito la derrota del imperialismo francés a manos de Benito Juárez,

Un indio bandolero y me enfrento con una revolución aquí mismo?

¿O esperamos a que los yankis acaben con nosotros en Río Grande?

Si evacuamos Méjico es seguro que tendremos alborotos aquí.

Según lo veo, se perdería todo con una inmediata retirada.

No dudo que sea tu forma de verlo, De Morny

Cálmate, Louis. No tenemos grandes problemas en este asunto.

¿Insinúa Madame que ve una solución?

Toma una lección de tu tío.

¿Cómo logró el primer Napoleón retener Holanda?

Colocando allí un monarca.

¿Cómo retuvo Suecia? Dando a los suecos un monarca.

¿Por qué no has de retener Méjico de la misma forma?

Dándole a Méjico un monarca que sea suyo.

Pero Eugenia, has olvidado la doctrina Monroe.

Habla de la expropiación de tierras americanas por las potencias europeas.

No de los asuntos internos de aquellas naciones.

Por lo tanto, los EE. UU. no tendrían derecho para quejarse

si Méjico tuviese un emperador que favoreciera los intereses de Francia

Los miembros del partido conservador mejicano, que representa

el sr. Montares, se alegrarían ante la perspectiva de un monarca.

¿Un monarca que nos devolviera las tierras requisadas por Juárez?

Qué magnífica idea.

Excelente. Y puesto que la idea ha partido de madame,

le concederemos el privilegio de nombrar al futuro emperador.

Hay que estudiarlo.

Está el príncipe Albert de Hamserv. Pero es protestante. No sirve.

No, es muy viejo.

El archiduque Maximiliano de Austria.

Pero es un Habsburgo y claro, no podría aceptar.

¿Ni aunque el mismo pueblo mejicano le ofreciera el trono por plebiscito?

Inténtalo.

¡Aviso! Viernes 4 de diciembre de 1863

PLEBISCITO NACIONAL para decidir si la nación mejicana

deberá adoptar una forma de gobierno monárquica, ofreciendo la corona

a Su Alteza Serenísima, el Archiduque Maximiliano de Habsburgo.

- ¿Cómo te llamas? - José de la Cruz.

- ¿Sabes escribir? - No.

Pon aquí una marca.

- ¿Cómo te llamas? - Juan Molina.

¿Sabes escribir?

No deis los nombres, compañeros. Nos engañan.

No queremos un emperador. Tenemos un presidente.

Benito Juárez, que nos dio las tierras.

Si viene un emperador, nos las quitarán otra vez.

Pasaremos hambre y seremos esclavos.

- ¿Cómo te llamas? - Antonio Rosales.

- Firma ahí. - ¡No firmaré!

¡Viva Juárez! ¡No firmaré!

¡Es un engaño! ¡No queremos un emperador!

A su excelencia, Benito Juárez, Presidente de la República de Méjico.

Apreciado Sr. Presidente. Permítame expresar mi profunda

admiración por el valor y dedicación con que usted y sus compatriotas

republicanos han defendido los principios democráticos.

Dios mediante, nuestra propia guerra civil terminará pronto,

y cuando esto ocurra, le prometo que haré todo cuanto esté en mi mano

para ayudarle en su lucha. Suyo sinceramente, Abraham Lincoln.

"El presidente constitucional de la República, al pueblo de Méjico.

"Mejicanos, el delito de Napoleón III, cuya avaricia de conquista

"ha destruido a miles de mejicanos, el delito de los traidores que

"nos venden, entregándose en manos de extranjeros, por el privilegio

"de explotar a sus compatriotas, el delito de los que han conspirado

"para cometer el mayor crimen contra la civilización,

"como despojarnos de la libertad de un pueblo libre,

"toma cuerpo ahora en la persona del usurpador Maximiliano de Habsburgo.

"Hagamos que cuando venga a nuestras costas para gobernarnos como un tirano,

"sepa que la causa de la democracia no ha muerto ni nunca morirá.

"Que sepa que para nosotros, la defensa de la democracia es un deber imperativo

"ya que es la defensa de nuestro honor, de la dignidad de nuestras mujeres

"e hijos, de la dignidad de todos los hombres.

"Que sepa que la lucha del derecho contra el poder no cesará en Méjico

"hasta que el último patriota caiga entre los miles que han caído,

"inmolando sus vidas en aras de la verdad, la libertad y la justicia.

"Dado en Saltillo, el uno de mayo de 1864".

Mariscal Bazaine, le confirmo la más absoluta confianza de su majestad.

Durante mi estancia en París, expresó su alegría por tenerle al mando

- de sus tropas aquí, en Méjico. - Agradezco mucho su confianza.

- Bien, ¿qué tal? - Éxito total del plebiscito.

A favor de la monarquía, 6.020.758. Contra la monarquía, 60.420.

- Siendo una mayoría de 5.960.346. - Es decir el 99 % de los votos.

Una mayoría abrumadora para su amigo el Archiduque.

Gracias por su colaboración. Sólo falta esperar a su Majestad Imperial,

por la gracia de Dios y el deseo del pueblo, Emperador de Méjico.

En este momento histórico, cuando Vuestras Majestades pisan por

primera vez esta tierra, el ansioso corazón de Méjico está demasiado

lleno de orgullo y gratitud para decir algo más que esto.

Bienvenidos.

Con un sentimiento de profundo respeto ponemos el pie en esta tierra, señor.

Somos conscientes de nuestra obligación.

Con ella y con aquellos que han puesto su destino en nuestras manos.

Con permiso de Vuestra Majestad, el liberador de Méjico,

Mariscal Achille Bazaine.

Majestad Imperial,

es un honor para mí transmitir la felicitación del ejército francés.

Estamos agradecidos al ejército y a usted personalmente, Mariscal.

¡Está vivo!

Es uno de los servidores más valiosos de Vuestra Majestad.

Los buitres de Méjico están protegidos por la ley.

Son los barrenderos. Consumen la basura y mantiene las calles limpias.

Coronel López, al mando de la escolta de seguridad de Vuestras Majestades.

Una escolta numerosa, coronel. ¿Posibilidades de que puedan atacarnos?

Ninguna, Sire. Sólo deseamos proteger a Vuestras Majestades.

Nos sentiremos muy seguros a su cargo, coronel López.

Viajarán por la misma ruta que siguió Hernán Cortés en su conquista.

¡Qué extraño, Maxi! Muchas banderas, muchos soldados...

Pero ni un solo mejicano.

Coronel López, las calles parecen vacías, salvo por los soldados.

¿Por qué no ha salido el pueblo a recibirnos?

- Por culpa de la plaga, Majestad. - ¿Qué plaga?

La peste negra, Majestad.

Hay una epidemia en la ciudad y las aglomeraciones están prohibidas.

- ¿Qué tienes? - Nada.

Desde que bajamos del barco, me siento como rodeado de misterio.

Como si todo lo que miramos tuviese un significado oculto.

Yo también lo siento, Maxi.

Y me hace arrepentirme de haberte animado a aceptar este compromiso.

No debes dejar nunca que mis opiniones influyan en tu propio deseo.

Siempre he confiado en tu influencia, amor mío.

Tienes una comprensión que llega al corazón de las cosas.

Hiciste bien, situándome en la ruta de mi evidente destino.

Maxi, está empezando a refrescar. Dame la manta.

¿Qué es esto?

"Si Vuestra Serenísima Alteza es un hombre honorable,

"le diré que está siendo víctima de un fraude,

"tramado para hacerle creer que el pueblo de Méjico desea un monarca.

"Y le aconsejo que salga de Méjico y no vuelva nunca en el papel de Emperador.

"Pero si Vuestra Serenísima Alteza no tiene honor

"y forma parte de este fraude, le encomiendo a su propia conciencia

"y al inapelable juicio de la historia. Benito Juárez".

Habíamos salido de San Vicente y empezábamos a subir la montaña

cuando encontraron su carta, señor presidente.

Maximiliano y Carlota se quedaron en silencio mucho tiempo tras leerla.

- ¿Lleva un uniforme muy brillante? - Sí, señor. Él es espectacular.

Alto y fuerte. De ojos azules y barba rubia como la paja.

Los indios pensaban al verle pasar que era el dios Queztacoatl, que volvía.

El dios rubio de los aztecas que prometió volver algún día.

No les tendrá por un dios cuando les quite sus tierras.

Si hubieran visto su entrada en la ciudad de Méjico,

fue muy distinta a la recepción que tuvieron a su llegada.

Todos los aclamaban, incluso muchos que odian a los franceses.

Sangre debería brotar de tanta magnificencia.

Los criados de palacio dicen que Maximiliano se cambia de ropa,

de arriba a abajo, cuatro veces al día.

Una por la mañana, cuando monta a caballo.

Otra cuando se reúne con sus ministros.

Otra cuando pases con Carlota al estanque del parque.

Y otra antes de sentarse a cenar.

¿Has dicho que pasean junto al estanque del parque?

¿Tienen guardas cuando pasean por allí?

Muy bien, Manuel. Vete y procura averiguar todo lo que puedas.

Hay macizos junto a ese estanque... muy espesos.

Donde un hombre puede esperar con un cuchillo.

No, Carvajal. No somos asesinos.

Ni somos lo que Napoleón quiere hacer creer al mundo.

Un puñado de bandidos salvajes.

Un gobierno responsable no apuñala a un hombre por la espalda.

Su delito debe ser juzgado de acuerdo con la ley de la nación.

Es el pueblo mejicano quien castigará al hombre

que se llama a sí mismo su Emperador.

Tiene razón, sr. presidente.

Nuestra causa ha sufrido bastante debido a la impresión en Europa

de que ninguno de nosotros es persona de cultura.

Me preocupa menos lo que piense Europa de nuestra escala social

que el saber que los indios tomen a Maximiliano por un dios.

La primera conquista de Méjico se debió a que su pueblo creyó

que los españoles eran dioses.

Ese es el inevitable curso de la tiranía. Desde César a Napoleón.

Los tiranos siempre hacen su aparición en los grandes palacios

porque para existir, necesitan, como los dioses,

ser el objeto de la fe ciega del pueblo.

Una fe que esclaviza, en lugar de elevar.

Y cuando el pueblo está suficientemente debilitado,

sólo entonces, el déspota se atreve a desenmascararse.

Pero es demasiado tarde. Porque el pueblo ya es esclavo.

Nuestra tarea es despojarle del manto de dios que se ha puesto

y mostrarlo al pueblo de Méjico como es en realidad.

Eso no va a ser tan fácil, don Benito.

No debemos desanimarnos.

- General Regúlez, Palacios. - Diga, general.

¿Tienen la bondad de acompañarme a mi cuartel?

Gracias, sr. Tejada.

Lo que tengo que decirle, me produce profundo dolor y enorme violencia.

Pero como usted mismo es el primero en afirmar, la causa de la libertad

debe anteponerse a todo. Incluso al afecto personal.

¿Bien?

Los que estamos unidos a usted nos damos cuenta de su valía,

de su humanidad, de su capacidad para gobernar.

Pero a los ojos del mundo, a los ojos de muchos mejicanos,

es usted un indio.

Bien.

Y bajo la influencia de ese Habsburgo, ¿cree que las fuerzas combatientes

están bien representadas en la figura de un hombre como usted?

¿Un indio?

¿No hace eso que nuestra causa parezca una lucha racial y no la de un pueblo?

Bien.

Mire, don Benito, me cortaría la lengua para no decirlo.

Pero pienso que debe ceder su puesto a otro.

Yo renunciaría a favor de un hombre con sangre europea.

¿Usted, como vicepresidente de la república, sería mi sucesor?

Quienquiera que ocupase el despacho, lo haría sólo en apariencia.

Usted seguiría siendo el verdadero poder.

Su voz nos mandaría y sería obedecido.

Usted es español, ¿no es cierto, sr. Uradi?

Sí. No hay una gota de otra sangre en mis venas.

Tiene mucho mérito lo que dice. Su interés no está encubierto.

Fue, tal vez, gran negligencia por mi parte

no recordar a los oprimidos y a los hambrientos

que me eligieron, que por culpa de mi sangre india

era indigno de reclamar para ellos su herencia humana.

Y ellos, con la ansiedad de verse libres de la opresión y la miseria,

olvidaron ese importantísimo detalle.

Es cierto, soy la pobre y fea figura de un indio triste.

¿Cómo voy a oponerme a Maximiliano? Él tan magnífico...

que es tomado por un dios,

por mis despreciados y destruidos hermanos.

Pero no es la lucha de unos destruidos solamente, sino la de todo un pueblo.

Y, desde luego, usted, sr. vicepresidente,

no puede sugerir que los abandone ahora

sólo por ser uno de los suyos.

Queda entendido que la esclavina de armiño debe aumentarse 8 pulgadas.

Y las pequeñas colas con una separación de 6 en lugar de 12.

Es lo que me distingue de un archiduque, coronel López.

Disculpad que ignoremos esos refinamientos aquí, en Méjico.

- Claro, es natural. - Majestad... La quinina.

Me esclaviza usted como un esclavo, dr. Basch.

- ¿Sabe dónde está la emperatriz? - No está en palacio ahora, majestad.

- ¿A dónde ha ido? - A una peregrinación, Majestad.

Santa María...

Madre de Dios.

Pon tus ojos en mí.

La última, la más humilde de tus fieles servidores.

Te suplico que no me sigas negando,

la pena y el dolor que tú sufriste,

no me niegues, tú, bendita tú eres entre todas las mujeres.

La alegría y el éxtasis que tú tuviste.

Dótame de una parte de tu Santa Gracia.

Haz que pueda ofrecerle a mi esposo un hijo.

Y a ti...

hago un voto ante ti, Reina de los Cielos.

Este agradecido y humilde corazón.

Te haré una capilla con cúpula de lapislázuli.

Un altar de alabastro.

Y tu imagen fundida en el oro más puro.

Por la gloria de tu santo nombre.

Amén.

Samuel, amigo...

A veces pienso en si hemos hecho bien en no decirle que no puede tener hijos.

La esperanza, aún la más leve, es el gran consuelo para su corazón.

Rota esa esperanza, ¿quién sabe qué consecuencias podría haber?

No, sire. No estoy arrepentido de haberle ocultado la verdad.

Majestad, el sr. Bazaine y el sr. De Montares solicitan audiencia.

Los recibiré en mi despacho.

Ah, señor. Señor mariscal.

Deseamos consultaros sobre los lugares que han de ocupara los diplomáticos

en la ceremonia de la coronación.

No tendremos problemas por eso, sr. Montares.

- Déjeme ver la lista. - Aquí la tiene, Majestad.

Los diplomáticos tienen preferencia de acuerdo con el tiempo de servicio.

Y yo... No hay lugar previsto para el representante de los EE. UU.

No hay representante de los EE. UU. En la corte de Vuestra Majestad.

¿Insinúa que siguen viendo a Juárez como jefe del gobierno mejicano?

Si le han enviado un representante legal a Juárez, no lo sé.

Mariscal Bazaine, ¿con cuántos hombres cuenta Juárez?

Con unos 25.000 en sus fuerzas del norte.

- ¿25.000 hombres? - Y en el sur unos 12.000.

Mariscal...

No tenía idea. No la tenía.

Me dijeron que el país estaba completamente pacificado.

Que no existía un gobierno republicano organizado.

Y que las fuerzas republicanas de resistencia estaban extinguidas.

La situación no es tan grave como pueda parecer a Vuestra Majestad.

Las fuerzas republicanas son chusma sin disciplina.

Pobremente armada y sin un jefe que pueda...

No soy militarista, mariscal. No he venido a conquistar.

Sino a gobernar en paz.

Con ese fin, entremos en negociaciones con Juárez inmediatamente.

¿Negociaciones? Es como llegar a un acuerdo con una fiera de la selva.

Látigos, balas y bayonetas es el único lenguaje que puede entender.

Vuestra Majestad no debe seguir preocupándose por Benito Juárez.

En 30 días, ese indio estará muerto, capturado o expulsado.

El emperador Napoleón ha enviado como refuerzo 15.000 hombres.

Totalmente equipados para una ofensiva que realizaremos en todos los frentes.

Todo listo, don Benito.

Camilo, el retrato.

¿El del "gringo"?

Sí, Camilo... El "gringo".

Coma.

Estamos atrapados. Salvo que lleguemos al desfiladero antes que Bazaine.

¿Qué importa que podamos cruzar el paso o no?

Es hora de enfrentarse con la verdad del peligro.

- ¿Qué quiere decir? - Deberíamos pedir un armisticio.

- ¿Armisticio? - Es don Benito quien decide.

¿Espera que resistamos a dos ejércitos con un puñado de hombres maltrechos?

Esto lo veía venir. Estamos totalmente derrotados.

¿Vamos a sacrificar vidas por una causa muerta?

Actuemos con sentido común y no con brutalidad.

Don Benito, debemos abandonar Saltillo. Hay que cruzar el paso esta noche.

Y cuando crucemos el paso, ¿qué?

Entonces... habrá que empezar de nuevo.

Pero no libraremos más batallas campales contra los franceses.

Impediremos que Bazaine luche a su manera...

y le haremos luchar a la nuestra.

El ejército será desarmado.

Oficiales y soldados se dispersarán y volverán a sus estados.

Ocultos, pero sin perder contacto entre ellos hasta recibir órdenes mías.

¿Dónde podrá estar el gobierno? No lo sé, ahora.

Una semana aquí, un día allí...

El capitolio viajará sobre ruedas. Mi coche.

Sin duda se verá obligado a alejarse más y más.

Incluso hasta la frontera de los EE. UU.

Pero nunca la cruzará, porque mientras el gobierno constitucional

permanezca en suelo mejicano,

la república de Méjico continuará existiendo.

Artillería francesa. Estamos atrapados.

No, aún no.

- ¿Qué vamos a hacer? - Atacar a los franceses.

Detenerlos hasta que nuestras fuerzas puedan llegar a el paso.

Es una locura arriesgar vidas en una lucha sin esperanza.

¡Compañeros, victoria o muerte!

Fue aquí, Majestad, donde hicimos prisionero a Porfirio Díaz.

¿Y Juárez?

O se ha ocultado en Chihuahua o ha cruzado la frontera.

Entonces toda organización republicana de resistencia ha dejado de existir.

Sí, Majestad. Lo garantizo.

Le estamos sumamente agradecidos. Y a los soldados de Francia.

Era mi deber, Majestad.

También estamos agradecidos a las brigadas mejicanas que han participado.

Es nuestro deseo que el general Miramón sea ministro de la guerra.

General Mejía, ostentará el grado de comandante en jefe del ejército.

Es demasiado honor, Majestad. No puedo aceptar.

Por ser indio, no lo merezco.

¿Qué tiene que ver la raza con su acierto en el mando?

- Tiene mucho que ver. - Pero... no lo entiendo.

Pertenecer a la nobleza azteca significa que corre por sus venas

una de las sangres más puras.

Es nuestro deseo que asuma el puesto que le hemos asignado,

en la confianza de que lo desempeñará con honor.

Ahora, señores, los asuntos civiles.

Majestad, ¿puedo presentaros a la firma el más urgente de los decretos?

Un acta restituyendo a sus legítimos dueños ciertas tierras.

¿A qué se refiere esto?

A propiedades confiscadas a sus legítimos dueños por Juárez.

¿Y en manos de quién cayeron esas propiedades?

En manos de más de un millón de peones, Majestad.

¿Es que Juárez repartió las tierras entre ellos?

Es lo que pretendía. En la actualidad han salido a subasta.

¿Y quién recibió el dinero pagado en esa subasta?

Sus dueños, sire. Pero una ridícula suma.

Nada comparado con su valor real.

¿Qué cantidad de tierras incluían esas transacciones?

El 80 por ciento de las mejores tierras de Méjico.

¿Y a cuántos propietarios individuales afecta?

A 85, Majestad. A 85 estados.

No podemos intervenir ni alterar un documento que podría perjudicar

los intereses de una gran mayoría de nuestros súbditos.

Los derechos de propiedad son sagrados.

Pero esos peones, ¿de qué vivirían si se les arrebataran las tierras?

¿Qué importa que se queden sin ellas? No las tuvieron 300 años antes de Juárez.

Cuando los derechos de propiedad de 85 particulares se enfrentan

con el bienestar de la nación, el bienestar debe prevalecer.

- Esas son las palabras de Juárez. - ¿De veras?

La derogación de estas ventas es una exigencia del partido conservador.

El partido que os ha llevado al trono.

No dependemos de ningún partido político, sr. Montarez.

Nos causaría profundo dolor abandonar tan pronto en consejo del reino.

Su renuncia está aceptada, señores.

No permitiremos que nadie infrinja nuestra prerrogativa de proteger

los intereses de una gran mayoría de nuestros súbditos.

Una gran mayoría de nuestros súbditos.

Al entregar mi cartera a Vuestra Majestad,

¿permitís que exprese el deseo de que podáis confiar en esa mayoría...

si los necesitáis?

Pueden retirarse, señores.

- Tienen nuestro permiso. - Al servicio de Vuestra Majestad.

Quedo muy agradecido, señores.

¿El sr. Tejada no ha llegado de El Paso?

Tendrá noticias de Washington, ya que la guerra civil ha terminado.

No, no ha llegado, pero aquí tiene las últimas noticias de Washington.

WASHINGTON TIMES. EXTRA. ASESINATO DE LINCOLN.

El presidente fue disparado anoche en el teatro.

Todas las banderas de la república ondearán a media asta.

Todos los oficiales y miembros del gobierno llevarán brazalete negro

en señal de luto por un amigo.

Con él muere nuestra última esperanza de ayuda de su gobierno.

¿Quién es este muchacho? ¿Y qué quiere?

- Soy Pepe. - Es Pepe.

Sí, mi hijo. Y trae un mensaje para usted.

Del sr. Pérez. Dice que todos están dispuestos a luchar de nuevo.

Si les envía armas y municiones.

- Eres un muchacho valiente, Pepe. - Y un buen pastor, también.

Yo fui pastor, como tú.

Dime, ¿fue buena la primavera este año para la hierba en Oaxaca?

No. Fue muy mala, don Benito. Tuve que llevar mi rebaño a las tierras altas.

Y un lobo hambriento me mató tres corderos.

- ¿Y qué hiciste? - Echarle a mis perros.

Al principio no sabían cómo luchar, pero enseguida aprendieron.

¿Y cómo aprendieron, Pepe?

Comprendieron que volvería a cazar por mucho que le mordieran.

Entonces formaron un gran círculo a su alrededor.

Cuando alcanzó a Malo, Pinta se tiró a morderle las patas.

Cuando se volvió contra Pinta, Chico le pegó un mordisco a un lado.

Y cuando la emprendió con Chico, Cea empezó a morder por el otro lado.

Y cuando atacó a Cea, Malo dio un salto y empezó a morderle como antes.

Cuando ya estaba demasiado cansado para correr más,

se acercaron todos y lo mataron.

Sí, Pepe... Esa es la forma de vencer al lobo.

Una ciudad pacífica en apariencia, Majestad.

La plaza tan tranquila y normal como siempre.

Todo lo mismo que cualquier otro día de la semana.

Y de pronto, un infierno.

Las guarniciones de Salinas, de Santiago y otras 50, destruidas.

Llegarán los refuerzos y no hallarán más que una ciudad desierta.

Ni un alma viviente para poder contar lo que pasó.

¿Cree que son revolucionarios locales o Juárez está detrás de ellos?

Juárez es sin duda el instigador.

Aquí está el mapa. Empezaron en Muchoacán.

Envié allí refuerzos desde el sur. Pararon la lucha y empezó en el este.

Envié fuerzas al este. Suspendieron la lucha y empezaron en el oeste.

La situación de los alborotadores y las órdenes que obedecen demuestran

que todo forma parte de un plan diabólico.

¿Conque Juárez no está acabado? ¿Qué medidas debemos tomar?

Medidas represivas, Majestad.

No tenemos que enfrentarnos con auténticas fuerzas,

sino con un enemigo disfrazado de pacífico ciudadano. Con traidores.

- Hay que eliminarlos sin piedad. - ¿Y quiere que ponga mi firma?

Cualquiera que sea encontrado en posesión de armas sin autorización

será ejecutado en el plazo máximo de 24 horas.

Pero sr. mariscal, ¿la pena de muerte no es para aquellos que actúan,

aunque equivocadamente, por principios?

Debéis hacer frente a la realidad.

Prescindir de la compasión y actuar con fuerza y resolución.

Debemos destruir al enemigo para que no nos destruya.

El instinto que impulsa al patriotismo es el más noble de la humanidad.

A los que creen luchar por su patria no se les debe tratar como criminales.

¿Considera a alguien como el prisionero general Díaz como un criminal?

Pues mi médico, el dr. Basch, que atiende sus heridas,

dice que la sinceridad de Díaz es tan digna de aprecio como su reputación.

En el imperio habrá un lugar para él y para otros como él

cuando se convenzan de que obro con idéntica sinceridad.

No jugaré una mala pasada, sr. mariscal.

No. No firmaré este decreto.

Nunca.

Majestad, he de hablar francamente.

No podemos perder tiempo para vencer toda resistencia a vuestro reinado.

La guerra del norte ha terminado.

Y, a no ser que vuestro gobierno se establezca sin oposición,

los EE. UU. pensarán que su presencia es una violación de la doctrina Monroe.

¿Qué tiene que ver esa doctrina con mi presencia aquí?

Habla sólo de la extensión de los sistemas europeos a los americanos.

Yo no dependo de ningún poder ajeno a Méjico.

Los EE. UU. pueden pensar otra cosa.

¿Con qué razón? A la vista de un medio tan democrático como el plebiscito,

por el cual acepté el trono.

¿Qué significado tiene un plebiscito en un país como este, donde

la mayoría del pueblo no sabe leer, escribir ni comprender?

¿Pretende que el plebiscito no fue la sincera expresión del pueblo?

Parte de la gran mayoría que votó a favor eran ignorantes peones,

que no sabían a quién ni qué estaban votando.

¿Debo deducir de eso que se les obligó?

Muy buenos días, sr. mariscal.

¿Qué ocurre, Maxi?

Acabo de enterarme de algo que me pone, como emperador de Méjico,

- en una situación vergonzosa. - ¿Qué es?

El nombre de Habsburgo se ha usado para ocultar la más inicua empresa.

Napoleón se ha burlado sin piedad.

- ¿Lo que decía Juárez es cierto? - Sí, Carlota.

Me elevaron al trono de Méjico mediante un falso plebiscito.

Un fraude.

Y ahora, esperan que para poder mantenerme en él

acabe con un pueblo que ni me conocía ni me deseaba.

- Maxi, querido, debemos hacer algo. - No puedo elegir.

No hay más que un camino para salvar mi honor.

Debo abdicar.

- ¿Abdicar? - Un Habsburgo no es un usurpador.

La soberanía es la obligación más sagrada del hombre.

Piensa que abdicando obligarías al mundo a creer

que cuando aceptaste la corona sabías que el plebiscito era falso.

Y que después de pactar con Napoleón, tuviste miedo al fracaso...

y proclamaste tu inocencia a sus expensas.

¿Voy a imponer mi presencia a un pueblo por esa razón?

¿Qué juramento prestaste cuando colocaron la corona sobre tu cabeza?

Proteger y defender al pueblo aún dando la última gota de mi sangre.

Pues hazlo así. Demuestra que nada terrenal te impedirá cumplirlo.

Piensa, Maxi, piensa. No en abandonar a tu patria en un momento de necesidad.

Sino en la forma de salvarla de las manos de sus enemigos.

Tiene que haber un medio. Creo que hay un medio...

¿General Porfirio Díaz? Soy Maximiliano de Habsburgo.

Quiero hablar con usted.

- ¿Tenemos algo de qué hablar? - Bastante, creo yo.

Lamento mucho que este encuentro tenga lugar en la celda de una prisión.

Sólo podía ser en la celda o en el campo de batalla.

Por bien de los dos, prefiero que nos encontremos aquí.

Si mis generales no se equivocan es usted el mejor soldado de Méjico.

No lucho por la gloria, sino por la libertad.

- Por eso necesito su ayuda. - ¿Mi ayuda?

¿A qué precio? ¿Un puesto en su ejército? ¿Una medalla? ¿O dinero?

Si se le pudiera comprar con algo material, yo no estaría aquí.

- ¿Cómo puedo ayudarle? - Poniendo paz en Méjico.

Tan sólo un hombre puede poner paz en Méjico. Juárez.

¿Cómo es Benito Juárez que inspira a hombres como usted, general?

Dígame... ¿Cómo es?

Un hombrecillo feo, con una levita raída. Ese es Benito Juárez.

Nacido en la miseria, viviendo de unos granos de maíz al día.

Trabajando para educarse. Ayudando siempre a su pueblo,

que le eligió como su representante. Encarcelado y exiliado por un dictador.

Pero derrocó al dictador y liberó a Méjico.

Creó la constitución. Le nombraron presidente. Gobernó con justicia.

Hasta que traidores, terratenientes y especuladores

llamaron a los franceses para hundirle y ponerle a usted en su puesto.

¡A usted! ¡Maximiliano de Habsburgo!

¿Qué quiere ese hombre?

Poner fin a las cosas que sufrió en su propia carne.

Educarnos, liberarnos, dignificarnos por la democracia.

Lo único que nos separa es una palabra, general Díaz.

En lo demás, Juárez y yo, estamos de acuerdo.

- ¿Una palabra, señor? - Una única palabra.

Democracia.

Convengo con Juárez que, en teoría, es el sistema ideal.

En la práctica, un gobierno del pueblo puede ser el gobierno de la chusma.

Una chusma que sigue siempre al demagogo que más le promete.

Y contra eso, sólo un monarca puede proteger al estado.

¿Por qué un monarca más que un presidente?

Porque un presidente es un político y se debe a su partido.

Pero un rey está por encima de los partidos.

Un presidente puede ser pobre y dejarse llevar por la tentación.

Pero un rey, puesto que lo tiene todo, no desea nada.

¿Pretende convencerme de que no puede existir un rey corrupto?

¿Qué me dice de su amigo Napoleón?

Napoleón no es un verdadero monarca, ni tampoco es un aristócrata.

Los reyes han nacido para sus tronos.

Napoleón ciñó la corona de Francia por la fuerza.

Napoleón es un dictador, y los dictadores no gobiernan con justicia,

sino con desprecio. Esa es la diferencia con un rey que es rey.

Una mayor obligación recae sobre los que recibieron la corona en la cuna.

La obligación de defender su propio honor. Que es el de sus antepasados.

Y el honor de los que deben sucederle.

Quizás sea sincero, excelencia. Y pienso que lo es.

Pero no soy un político y no entiendo de esas cosas.

Quién sabe qué tirano os sucederá impuesto por Napoleón.

No tenéis un hijo.

Le doy mi palabra, como Habsburgo, de que la sucesión se regulará,

sin influencias extranjeras y pensando en el interés de la nación.

General Díaz, ¿quiere llevar un mensaje mío a Benito Juárez?

¿Un mensaje? ¿Qué mensaje?

Dígale que le quiero como primer ministro de Méjico.

Llegará junto a Juárez dentro de tres semanas.

Si acepta todo Méjico estará en tus manos.

Napoleón, Bazaine, los conservadores se inclinarán ante ti.

Maxi, ¡qué sublime arte pones en gobernar!

El destino quiere que me una a las fuerzas de Juárez.

Somos opuestos, sí. Pero si nos unimos, como polos magnéticos,

nos reforzaremos los dos. Sí, Carlota. Es el destino.

Es grandioso, pero no más que mi fe en tu capacidad para gobernar.

Serás la antorcha que ilumine una nueva era de la monarquía.

Escucha... Escucha, Maxi.

- Bonita música. - La canción de una paloma.

La melodía más bonita que he oído.

- ¿Conoces la letra? - Sí. Es una conocida habanera.

Aquí la canta todo el mundo.

Méjico...

"Si a tu ventana llega una paloma,

"trátala con cariño, que es mi persona.

"Cuéntale tus amores, bien de mi vida.

"Corónala de flores, que es cosa mía."

Debe ser terrible separarse de la persona amada.

No podría vivir separada de ti, Maxi.

Todo empezó en Bruselas, cuando una niña de ojos claros y asustados,

solía seguirte por el palacio de su padre, como un sabueso.

Como un cuento de hadas, ¿verdad?

Sobre la misma colina de Moctezuma está el emperador en persona.

Y abajo, en el hermoso parque, árboles verdes que le están contemplando.

¿Qué pensarán esos árboles de nosotros? ¿De ti y de mí?

En este momento sería la mujer más feliz del mundo si...

- Carlota... - ¿Sí?

Voy a pedirte que te unas a mí en un gran sacrificio.

¿Un sacrificio?

Sí. Es necesario que la nación cuente con la seguridad de una sucesión.

Aunque signifique que la corona no pase a nuestro posible descendiente.

¿No pasará a un hijo nuestro?

Tal vez recuerdes haber leído que el desdichado emperador Iturbide

intentó establecer una monarquía en Méjico hace unos 40 años.

Bien, parece ser que hay un nieto suyo, aún muy niño.

Pero creo que puede tomársele en consideración.

Ya que tiene cierto derecho al título de la corona.

¿Entonces es urgente?

Creo que contribuiría a la paz de Méjico que tomásemos a esa criatura,

de pura sangre mejicana, bajo nuestra protección, educándole para el futuro.

¿Hablas... de adoptarlo?

Inevitablemente, habría que cumplir formulismos legales.

¿Quién te ha impulsado a hacer esto? ¿El dr. Basch?

¿El doctor Basch?

Tal vez Dios, en su infinita sabiduría, juzgue que es lo mejor.

Puede ser beneficioso para Méjico tener un sucesor de sangre mejicana.

Repúdiame. Toma una mujer que pueda darte un hijo.

Un Habsburgo que lleve tu sangre.

Te quiero lo suficiente, para alegrarme de que así sea.

Para hacer cualquier cosa...

Nunca habrá un hijo de mi sangre que no lleve la tuya, Carlota.

Deja que lo haga yo. Permíteme ofrecerte...

a ese pobre niño Iturbide como si fuera nuestro.

He hecho un largo viaje hasta alcanzarle en la frontera.

- Lograste escapar, Porfirio. - No. Me pusieron en libertad.

Maximiliano lo ordenó.

- ¿Le viste? - Fue a la prisión. A mi celda.

Solo.

Me habló. Al principio sospeché que era un truco, pero luego...

Dime de qué te habló.

De sus ideas para gobernar.

No daba crédito, porque escucharle a él era escucharle a usted.

Las palabras que salían de su boca eran las de usted, sr. Juárez.

- Quiere ayudar a nuestro pueblo. - ¿Cómo?

Protegiéndole y defendiéndole de todos sus opresores.

La virtud es un arma formidable en manos del enemigo.

Pero él no es su enemigo. Ambos piensan lo mismo.

Dice que una sola palabra, democracia, se interpone entre los dos.

- ¿Una palabra? - Es sincero, sr. Juárez.

Reconocerá su sinceridad cuando le de su mensaje.

Luego... ¿hay un mensaje?

Quiere nombrarle primer ministro de Méjico.

En una monarquía basada en los principios de su propia constitución.

Pero es la constitución de una república, Porfirio.

Jura que defenderá esos principios contra políticos e intereses egoístas.

Dice que esos principios deben ser defendidos por alguien como él

que está sobre todas las ideas y partidos.

Maximiliano dice que sólo una palabra se interpone entre él y yo.

Sólo la palabra democracia.

Porfirio, ¿qué significa esa palabra?

¿Democracia? Pues... significa libertad, para que un hombre diga lo que piensa.

Para que respeten sus creencias, significa igualdad de oportunidades.

No... No. Ese no puede ser su significado, Porfirio.

Maximiliano nos ofrece todas esas cosas sin democracia.

¿Qué es entonces lo que quiere arrebatarnos?

Sólo el derecho a gobernar nosotros.

Ese debe ser el significado de la palabra, Porfirio.

El derecho a gobernar nosotros.

El derecho de todo hombre a regir su destino y el de la nación en la que vive.

Y puesto que ningún hombre se gobierna en la esclavitud,

quiere decir que la libertad mana de ella como el agua de la sierra.

Le he entendido, sr. Juárez.

Te digo que confiar el destino a individualismos superiores

es traicionar el espíritu de la libertad.

Ese espíritu por el que todo hombre debe alcanzar el nivel de la dignidad,

donde no hay hombre superior a ningún otro.

Donde hasta el más humilde puede elevarse por el valor de sus obras.

Por su capacidad para gobernar con justicia y tolerancia a su pueblo.

¿Cómo no voy a saberlo, Porfirio?

¿No soy yo el más humilde?

He sido un tonto, sr. Juárez.

Sólo una palabra, democracia, puede interponerse entre Maximiliano y yo.

Pero es una barrera insalvable.

Ambos representamos principios irreconciliables.

Y uno de los dos ha de acabar pereciendo.

Mira, Porfirio, cuando un rey se equivoca, él cambia al pueblo.

Cuando un presidente se equivoca, el pueblo le cambia a él.

Mariscal Bazaine, sabemos por el general Díaz que la respuesta

de Benito Juárez estará en nuestro poder esta tarde a las cuatro.

¿Cómo se puede confiar en la palabra de Benito Juárez?

- Os engañarán, Majestad. - No lo creo así.

Coronel López, encárguese de entregar el mensaje durante la ceremonia.

Si llega antes de aparecer en el balcón con el príncipe coronado

esperamos anunciar al pueblo el fin de las hostilidades

y el establecimiento de la paz en Méjico.

La única forma de establecer la paz es firmando el decreto

autorizándome a tomar medidas represivas.

He dicho que nunca firmaré ese decreto. Puede retirarse.

¿Estás dispuesto para ser investido esta tarde?

Sí, Majestad.

¿Has aprendido de memoria el juramento?

Repítelo ante tu padre.

Yo soy vuestro vasallo, en alma y vida, sinceramente honrado.

- ¿No hay mensaje, coronel? - Aún no, Majestad.

Os lo entregaré en el momento en que llegue.

Yo soy vuestro vasallo, en alma y vida, sinceramente honrado.

Presentamos, para que le conozcáis, a nuestro hijo.

Su Alteza Imperial Agustín, príncipe coronado de Méjico.

Debo aconsejar a Vuestra Majestad que no se aventure más.

- Algún fanático podría tender... - Gracias, López.

Tenemos la satisfacción de presentaros

a Agustín, príncipe coronado de Méjico.

Su persona será una garantía para el futuro de este reino.

Un futuro de paz, basado en la unidad de todo Méjico

y no en la presencia de un poder extranjero.

¿Qué ha pasado?

Juaristas disfrazados de ciudadano, han volado el depósito de pólvora.

Esta es la respuesta de Juárez.

Mariscal... el decreto.

Dice que todos los republicanos hechos prisioneros serán fusilados.

Dice que todo el que tenga un arma en su casa será condenado a muerte.

Dice que...

Ten piedad de nosotros. Líbranos de ese emperador que mató a mi hijo.

Mira, y no lo olvides.

Camilo, ven rápido. Es tu hijo Pepe.

Lo encontramos herido en el camino de Chihuahua.

Llévame a don Benito...

Don Benito... los franceses tomaron Chihuahua.

Incendiaron las casas y...

matan a los hombres.

Dicen que esa es la ley.

Porque...

Porque está escrito aquí. "Todo el que lleve un arma..."

Su excelencia mister John Bigelow, embajador de los EE. UU. de América.

Su excelencia disculpará la informalidad de esta recepción.

Pero se debe terminar el retrato para la exposición de los cuadros.

Parecía más importante conceder la audiencia urgente que ha solicitado

- que respetar el protocolo. - Indudablemente, Majestad.

Tome asiento. Continúe.

He recibido ciertas instrucciones de nuestro secretario de estado.

Me han encargado preguntaros por qué la bandera francesa está aún en Méjico.

Y qué relación tenéis con el archiduque Maximiliano que se llama emperador.

El archiduque es austriaco, lo sabéis, y demanda soberanía independiente.

Las tropas francesas le ayudaron a mantener el orden hasta

que el cobro de las deudas se llevase a cabo.

Pero según la doctrina Monroe...

No veo que se vea afectada por las actuales circunstancias de Méjico.

Mi gobierno tiene otro punto de vista. Se propone reforzarlo, si es necesario.

El general Grant ha recibido orden de concentrar cuatro cuerpos de ejército

en la frontera mejicana. ¿Cuándo cree Su Majestad que acabarán los cobros?

Pronto. Muy pronto.

El asunto parece estar próximo a su término.

Esperemos que así sea, Majestad.

Ya que mi gobierno ha concedido un préstamo de 30 millones de dólares

para equipar al ejército republicano de Méjico. Buenos días, Sire.

Y otro cargamento de cañones, rifles y pólvora.

¿Podemos considerar que el equipo para el ejército del norte está completo?

Estará completo en cuanto el general Carvajal se haga cargo de diez baterías

norteamericanas en el campo de Matamoros.

Su mensaje al pueblo en relación con la ayuda de los EE. UU. está listo.

Don Benito, no puede firmarlo.

- ¿Por qué no? - Porque su plazo oficial ha expirado.

No tiene poder legal para actuar. Ahora ya no es presidente.

¿Qué está diciendo?

El sr. Uradi está pensando que en la constitución está previsto que

en ausencia del elegido, el vicepresidente ocupará la presidencia.

Difiero con don Benito en muchas cosas relacionadas con la constitución.

La fecha para una elección presidencial debió haber sido hace cinco meses.

¿Cómo pueden celebrarse elecciones con medio país en manos enemigas?

¿Y por qué no mencionó este tema antes de ahora, sr. vicepresidente?

¿Acaso porque prefirió esperar a que la fruta madurase para comerla?

No se trata de mis aspiraciones a la jefatura.

Pero quien la ostente, debe tener poder para actuar con absoluta legalidad.

Y la marcha del país debe ir adelante.

Lo que olvida es que cuando el congreso se vio obligado a dispersarse

concedió poderes ilimitados al señor Juárez para proteger la constitución.

No puede dejar de cumplir ese deber hasta una nueva reunión del congreso.

¿Cree que los poderes deben llegar más allá del término de su mandato?

- Así es. - Otros discutirían esa opinión.

Si se atreve a poner en peligro la causa por su ambición personal

estoy dispuesto a impedirlo como sea.

No debes interpretar mal a Alejandro.

La pregunta que ha hecho no se puede contestar con amargura.

Debes respetar su sinceridad porque es un compañero.

Un viejo amigo de la causa.

Ahora no haría nada para traicionarnos.

- ¿Estoy en lo cierto, Alejandro? - Naturalmente, don Benito.

Buenas noticias.

Majestad, Uradi acaba de abandonar a Juárez.

Las tropas enemigas se descomponen.

- ¿Ha comprobado eso, coronel? - Sí, Majestad.

Uradi se ha apoderado del depósito de municiones de Matamoros.

Y de todas las provisiones que los EE. UU. habían suministrado a Juárez.

Es nuestra oportunidad. Bazine atacará y pondrá fin a las hostilidades.

- Gracias, coronel. Gracias. - Majestades.

- Maxi, es la victoria. - Sí. La victoria.

Conseguida por tu fe, Carlota.

A tu propia fe debemos agradecer lo que ha pasado.

Mariscal, ya nos han dado la noticia. El enemigo está a nuestra merced.

Saldrá para el norte inmediatamente para dar el golpe final en persona.

Con vuestro permiso, Majestad.

El mariscal Bazaine recibirá órdenes en este mismo correo de concentrar

todas las tropas francesas en Méjico para su inmediata evacuación

por la salida de VeraCruz. L. Napoleón

¿Conoce el contenido de esta carta, Mariscal?

Tengo una idea, Majestad.

Me han ordenado concentrar todas las tropas para la inmediata evacuación.

¡Qué infamia!

¿Quiere decir que se retirará cuando la victoria completa está en sus manos?

Soy militar, Majestad, y debo obedecer órdenes.

Su emperador no puede retiraros sin mi consentimiento.

Niego su autoridad para hacerlo. Rechazo de plano su comunicado.

Hay un tratado entre Napoleón y nosotros. El tratado de Miramar.

Que garantiza la presencia de tropas francesas en Méjico hasta

que el imperio esté consolidado.

O sea que nos deja a merced de nuestro enemigos.

No se trata de abandonaros a merced del enemigo.

Su majestad puede abdicar y dejar Méjico protegido por el ejército.

Sr. Mariscal, al firmar el decreto establecí un compromiso con Méjico

que no puedo eludir.

Soy responsable de la matanza que usted consintió bajo la autoridad de mi nombre.

- ¡No, no abdicaré! - Ni usted evacuará Méjico.

Porque yo iré a París a enfrentar a Napoleón con sus obligaciones

en el tratado de Miramar. Si se niega a respetarlas le denunciaré ante Europa.

Le diré al mundo cómo nos arrastró a Méjico con mentiras y falsas promesas.

Cómo utilizó el nombre de Habsburgo para encubrir una empresa vergonzosa.

Será la ruina de su emperador, si se atreve a mover una mano.

- Esa son mis órdenes... - Mariscal. Puede retirarse.

Maxi, tú no tienes la culpa de nada. Fui yo quien dijo "acepta la corona".

Y fui yo quien dijo "no abdiques".

Soy la única responsable. Y voy a ayudarte.

- Debo ir a París inmediatamente. - No, Carlota.

Es preciso hacerlo. Es preciso.

No será mucho tiempo, Maxi.

No puedo imaginar la existencia sin ti.

Nuestros pensamientos salvarán la distancia.

Mi amor no te dejará nunca.

Abre tu alma a la mía y estaré contigo,

arrodillada en la capilla,

leyendo junto a ti en el parque por la mañana.

Y acompañándote al anochecer en la terraza.

Mi alma estará siempre abierta a tu amor, Carlota.

Adiós.

- Adiós, mamá. Adiós. - Adiós.

- Adiós. - Hasta pronto, Agustín.

No le mimes demasiado, Maxi. Prométeme obedecer a Basch.

Mucho cuidado con tu salud, sobre todo.

- ¿Lo prometes? - Lo prometo.

Toma la quinina todos los días.

Adiós.

Llega en mal momento. Las municiones que consiguió en EE. UU.

Han sido confiscadas por Uradi, que se ha proclamado a sí mismo.

Estoy enterado, compañero.

Conque Uradi es un traidor.

Debemos atacar Matamoros enseguida.

No, Carvajal. Sin municiones quedaríamos indefensos en pocos días.

Nuestras fuerzas serían dispersadas y sería el fin de la república.

Podríamos volver a las guerrillas.

Con dos reclamando la presidencia quedaríamos divididos por una parte

y desacreditados por otra.

No caeremos nunca sin luchar contra quien sea.

- Sólo hay una esperanza, señores. - ¿Qué esperanza, señor?

Que yo vaya a Matamoros solo.

- ¿Dónde está Uradi? - ¿Con qué propósito?

Ya veremos.

Como si una hormiga se metiera en el nido de una tarántula. Le matará.

Es posible.

"Yo, Alejandro Uradi, presidente de la república de Méjico,

"garantizo el verdadero espíritu de un gobierno constitucional".

¿Qué he dicho? Léamelo.

Sr. presidente, Benito Juárez está aquí.

- ¿Nos han atacado? - No. Ha llegado solo.

- ¿Solo? - Acompañado de su cochero.

- ¿Te has vuelto loco? - He hablado con él. Quiere verle.

Llame a mi escolta militar.

- Tiene que ser una trampa. - Tal vez quiera hacer un pacto.

Juárez no hace pactos. Le digo que es una trampa.

¿Por qué iba a poner la vida en sus manos?

Tiene que saber que no saldrá de aquí con vida.

Tiene razón, general. Nunca saldrá de aquí con vida.

- Debe estar loco para venir. - Le matarán.

Ahí viene, con la gente. Hacia la plaza.

Hay que impedir que se acerque. General Negroni.

- Dispare si es preciso. - ¿Contra la gente del pueblo?

Hay que despejar la plaza aunque tengamos que llegar a todo. ¿Me oye?

Sí, señor presidente.

¡Preparados!

¡Apunten!

¡Fuego!

¡Fuego! ¡Fuego, imbéciles!

¡Fuego!

¿Pero qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Por qué no disparan?

¡Fuego! ¡Fuego!

- Va a entrar aquí. - No lo permitiré. Cierren las puertas.

El sr. Uradi me acusa de abusar de los poderes que me dio el congreso

para comportarme como un dictador.

Me acusa de haber sacrificado la causa de la república

a mi vanidad y ambición.

He tenido que venir a enfrentarme con el sr. Uradi

en presencia de todos, para que vosotros mismos podáis juzgar.

- Exigidle que salga. - ¡Uradi, salga! ¿Es un cobarde?

- Si no sale, le obligaremos. - ¡Salga y conteste!

Tiene que salir. Salga a enfrentarse con él.

Sr. Uradi, he venido a denunciarle como traidor

en presencia del pueblo al que ha engañado.

Ha conspirado con el sr. Montares y sus terratenientes

para traicionar la república.

Está recibiendo su apoyo y el precio que ha aceptado pagar

es la tierra de los peones.

¡Miente, amigos! ¡Es un engaño!

¿Qué prueba os puede ofrecer?

La prueba está aquí, ante vuestros ojos, compatriotas.

¿Por qué no matáis al que pensáis que os ha traicionado?

¡Detenedle! ¡He dicho detenedle!

Louis, nadie la persuadirá de que salga de París sin haberte visto.

No. Su presencia aquí es una enorme amenaza.

Si el pueblo supiera la verdad de Méjico, habría barricadas en las calles.

Tenemos que alejarla. Que vaya con su hermano a Bruselas,

- a la corte austriaca, donde sea. - Louis...

Tú y yo debemos irnos inmediatamente. Antes de que solicite audiencia.

Disponga que salga un boletín en la gaceta de la corte.

Anunciando que su majestad parte para Vichy esta tarde

ante la insistencia de su médico.

- Para una estancia indefinida. - No me corte el paso, ¿cómo osa?

He venido, sire, con una misión.

Que afecta tanto al honor de Vuestra Majestad como a nuestro interés.

Su Majestad y el consejo tendrán gusto en oír en qué puede serviros Francia.

Respetando las condiciones del tratado

que indujo a Maximiliano de Habsburgo a aceptar la corona de Méjico.

¿En qué punto específico hemos dejado de cumplirlas?

Dando órdenes a las tropas de Bazaine de evacuar Méjico.

Sire, no comprendéis la situación. No podéis.

De lo contrario hubieseis revocado inmediatamente esa orden.

Los ejércitos juaristas no están vencidos. Falta el golpe final.

Eludirlo sería una pérdida de todo lo empleado. Planes, dinero y vidas.

Difiero de Vuestra Majestad en cuanto a la situación militar.

Nuestra situación en Méjico es sumamente precaria en este momento.

Para asegurarla harían falta grandes refuerzos.

¿Tal vez no esté enterado de que Uradi y sus seguidores están contra Juárez?

¿Es posible que Su Majestad no conozca los últimos acontecimientos?

Uradi ha muerto. Asesinado.

Sus seguidores se han unido a Juárez que se acerca a San Luís de Potosí.

No lo puedo creer.

Si los juaristas llegan a San Luís de Potosí

algo más que el imperio está en peligro.

La vida de mi esposo.

Y sabiéndolo, ¿pudisteis abandonarle? Contestadme, sire.

Dejando a un lado mis sentimientos, estoy en manos de mis ministros.

¿En manos de vuestros ministros?

¿Quién concibió el diabólico plan para encubrir una infamia

con el limpio nombre de mi esposo?

¿Quién le engañó para aceptar el trono por medio de un falso plebiscito?

¿Quién le aseguró que contaría con las tropas francesas

hasta que el imperio de Méjico ocupase un lugar entre las naciones?

- ¡Contestadme, sire! - Calmaos, Carlota.

¿Son vuestros ministros los que figuraban en el tratado de Miramar?

¿Firmaron ellos esta carta?

"Os ruego contéis siempre con mi eterna amistad.

"Podéis estar seguro de que mi apoyo nunca os faltará

"en la empresa que tan valerosamente habéis emprendido".

- ¡Contestadme, sire! - Es inútil, señora.

Ni un solo franco, ni un hombre más. Hemos roto con Méjico.

¿Qué otra cosa podía esperar de la palabra de un burgués Bonaparte?

¡Sois un charlatán!

Pero no os atreveréis a dejar que muera.

Os denunciaré ante todas las cortes de Europa como lo que sois.

¡Un asesino! ¡Un asesino!

¡Es veneno!

Intenta envenenarme.

¡Intenta envenenarme!

Majestad Imperial...

Majestad Imperial, soy yo. El príncipe Metternich.

El príncipe Metternich.

Quieren matarme.

¿Quién sería capaz de algo así?

- Él. - ¿Quién es él, Majestad?

El maligno. Quiere envenenarme.

¿Por qué, Majestad?

Porque teme que revele cuál es su verdadero nombre.

La gente cree que él es un emperador porque lleva una corona en la cabeza.

Pero le descubrí. Él odia a la humanidad.

Su propósito es degradar a la humanidad.

Despojarnos de nuestra espiritualidad hasta enfrentarnos unos a otros.

Y que nos destruyamos como bestias.

Debo irme.

Tengo que contarle a mi esposo todo cuanto sé.

Sólo él posee el poder para someter al maligno.

Majestad, ¿una taza de caldo?

¿Lo ves, Metternich? Él está en todas partes. Quieren envenenarme.

Estaré en peligro hasta que... me reúna con Maxi.

Ayudadme. Ayudadme, príncipe.

Ayudadme a volver a casa. Necesito volver con mi marido.

Avisaremos al doctor Rialt de Viena para que venga enseguida.

- Este salón está frío. - ¿Queréis que encienda el fuego?

Si hace el favor.

Majestad, sé que contravengo vuestras órdenes.

Muy bien, las contravengo. Pero es mi deber.

Entonces cumpla con su deber. A la mayor brevedad.

Majestad, olvidad resentimientos personales si podéis.

Seguid mi consejo en lo que vale.

Cuatro ejércitos enemigos van a caer sobre vos.

Lo único que habrá entre ellos y el capitolio donde vamos,

son las brigadas nativas mejicanas.

El imperio está desahuciado, Majestad.

Os digo, como militar, que habéis perdido la lucha.

Abdicad.

No. No abdicaremos.

Majestad Imperial... Adiós.

El correo, Majestad.

Por fin.

Espero que la carta de la emperatriz contribuya a que abandonéis

- esta desdichada aventura. - Mi deber es quedarme, Samuel.

Aquí no viene nada de Su Majestad.

¿Metternich?

Samuel, ¿has oído hablar de un tal doctor Rialt de Viena?

Desde luego. Es un especialista en enfermedades mentales muy renombrado.

¿Qué sucede?

- Carlota, Carlota... - Majestad.

La pesadilla. El sueño que he tenido esta noche...

Estaba sumido en la oscuridad y oía en la oscuridad su voz.

Repetía una vez y otra, como asustada.

Yo contestaba, pero no podía oírme.

Sé que no podía oírme porque sus gritos se repetían con el mismo terror.

Nos iremos, amor mío.

Embarcaremos para Europa en cuanto esté ultimada mi abdicación.

"Yo, Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria,

"por la presente renuncio para mí y mis herederos

"a los derechos, títulos y honres del trono de Méjico para siempre."

Mi leal y noble López.

Majestad, no lloro sólo yo. Tomás Mejía, el indio, llora también.

¿Sabe Vuestra Majestad lo que significan las lágrimas de un indio?

No lloran ni cuando son niños.

Si Tomás Mejía llora, no por su destino fatal,

llora por el dolor de lo que pierde.

¿Su destino fatal? ¿Qué quiere decir, López?

Comprenderá lo que le espera a Tomás Mejía,

a Miguel Miramón, a Márquez, a Méndez,

a todos los que hemos arriesgado nuestras vidas por Vuestra Majestad.

¿Vuestra Majestad no se da cuenta de lo que pasará cuando os vayáis?

Nuestra causa se derrumbará por falta de quien la mantenía unida.

Sin una causa no puede haber unidad.

Nuestras fuerzas se dispersarán, y Juárez...

nos perseguirá lentamente hasta matarnos uno a uno.

- Majestad. - Basch...

He estado ciego ante mis responsabilidades.

Ha sido López quien ha abierto mis ojos.

El amor a mi esposa.

Por él iba a abandonar la causa por la que ella ha dado más que su vida.

¿Qué causa? Convenía a los propósitos ajenos hacernos creer que la había.

De principio a fin fuisteis engañado. Por todo el mundo, incluso por vos.

Basch, por favor.

Fuisteis inducido a exponer vuestra vida.

Exacto. ¿No es deber sagrado de un monarca sacrificarse por su pueblo?

¿Vuestro pueblo? ¿Qué tenéis que ver con Méjico? Sois austriaco.

Os debéis únicamente a vos mismo y a vuestra esposa.

Dr. Basch, se está excediendo. Puede retirarse.

Señores... He decidido permanecer entre ustedes.

República de Méjico. Maximiliano de Habsburgo,

Ya me dirigí una vez a usted, diciéndole que dejara Méjico.

Ignoró mi advertencia. Le pido de nuevo, en nombre de la humanidad,

que abandone una lucha sin esperanza antes de que la nación quede asolada

y se desangre hasta la última gota Si no sale de Méjico ahora, esa sangre

caerá sólo sobre su cabeza. Benito Juárez.

Emprenderemos la lucha final y definitiva contra Benito Juárez,

que decidirá el destino de Méjico para siempre.

En un desesperado intento de obtener victoria de la derrota, Maximiliano

decidió atacar a cada ejército juarista que rodeaba la ciudad fortificada

de Queretaro. Pero el éxito de su plan dependía de la rápida llegada

de las potentes tropas de Miramón desde el sur.

- General Miramón. - Majestad.

Lamento comunicar que mis fuerzas fueron atacadas por Porfirio Díaz.

Estos son los único supervivientes.

Díaz nos sorprendió en San Lorenzo.

Cayó sobre nosotros antes de que supiéramos que estaba allí.

- Sus avanzadillas están muy cerca. - Nos han cortado la retirada.

Estamos atrapados, Majestad.

- ¿Qué hacemos, señores? - Al asalto. Hay que abrirse camino.

Es imposible. Nos matarán a todos.

Alguno conseguirá pasar. Y los que mueran, morirán como soldados.

Que los hombres decidan por sí mismos.

Es mi orden expresa que se les diga que no es deshonor permanecer atrás.

Lleve sólo a los voluntarios.

Majestad, vais a enfrentaros con una muerte segura.

Hay un medio mejor.

Vuestra Majestad y los demás pueden cruzar disfrazados de peones.

Sé que le hace hablar su afecto, López. Pero lo que sugiere, no es posible.

Suplico a Vuestra Majestad...

Hagan los preparativos para atacar a medianoche.

Pero antes quiero que cenemos juntos. Aún tengo unas botellas de vino.

Aprovechemos la ocasión para abrirlas.

Última voluntad y testamento de Maximiliano de Habsburgo.

- Buenas noches, señores. - Buenas noches, majestad.

¿Vuestra Majestad no pensará llevar ese uniforme en el ataque?

- Sí. - Os convertirá en el blanco.

- ¿Quién faltará? - El coronel López, Majestad.

¿Dónde está?

- ¡Alto! ¿Quién vive? - El coronel López y su patrulla.

Adelántese para que lo vea.

Pase.

Por Méjico.

El vino está alterado y muy turbio.

Sé que al vino embotellado le afecta el cambio de estación.

Pero los vinos mejicanos no están en las vides ahora, ¿verdad general?

No, Majestad. Estaban en las vides hace un mes.

En las riberas del Danubio sí lo están.

Lo sé, Basch. ¿Pero cómo puede eso afectar al de mi vaso?

Es la primera vendimia de vinos austriacos que plantó en Méjico.

Lo sé, pero ¿por qué no responde a las estaciones de Méjico

y sí a las de una tierra que está a miles de kilómetros de aquí?

Porque el vino es algo viviente, Majestad.

Por muy lejos que se lleve una planta de su tierra, algo de su nacimiento,

el sol, el suelo, las estaciones permanecen en el vino y en las vides.

Rápido, el enemigo está abajo. ¡Salven a su majestad!

Rindan sus armas.

Los oficiales que me siguen no tienen más culpa que la de cumplir con su deber.

Ruego que se les libre de todo daño.

- No le conozco, señor. - Soy el emperador.

No hay emperador en Méjico.

Compañeros, estos dos señores pueden pasar. Son ciudadanos.

- ¿Usted, López? - Sí, Majestad.

Fui yo quien vendió a la ciudad, por salvaros la vida.

Venid. Vuestra huída está preparada. Rápido.

- General. - Continúe al mando.

Señor, exijo que aceptéis mi espada. Soy Maximiliano de Habsburgo.

Mariano Escobedo. Comandante en jefe.

Soy su prisionero.

Sr. presidente, le comunico que la ciudad de Queretaro ha caído.

El archiduque Maximiliano se encuentra prisionero.

Es la espada de un Habsburgo, señor presidente.

La de un descendiente de Carlos V, cuyos ejércitos vinieron a conquistarnos.

Y no debemos olvidar, don Benito,

que también es la espada de un hombre que firmó un decreto ordenando que

a todo aquel que tuviera un arma se le fusilara a las 24 horas.

Maximiliano de Habsburgo será juzgado de acuerdo con las leyes

de la república de Méjico.

Usted será el responsable de la custodia del prisionero.

Según el veredicto del tribunal, el acusado, Maximiliano de Habsburgo,

es culpable de haber aceptado la corona de Méjico por una fraudulenta minoría.

Es culpable de haber usurpado la soberanía de la nación

asentándose en su territorio.

Es culpable de haber desencadenado una guerra contra la república,

ayudado por los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

Y finalmente es culpable de franca rebeldía contra las leyes del gobierno.

Por lo que dicho Maximiliano de Habsburgo será ejecutado al amanecer

por un pelotón militar el día 19 de junio de 1867.

Dios tenga piedad de su alma.

Y en lugar de consolar el sacerdote a Maximiliano,

era Maximiliano quien consolaba al sacerdote.

Sr. Juárez, no puede dejarle morir. No es culpable de corazón.

La única acusación que se puede hacer contra él

es haber dejado que le engañen todos.

Y pide a Dios que después de correr tanta sangre en Méjico,

la última que se derrame sea la suya.

Y suplica que tenga usted clemencia con Miguel Miramón

y Tomás Mejía.

¿Eso es todo?

Eso es todo.

Archiduque Maximiliano, tengo el deber...

de comunicarle que el presidente de la república se niega firmar el perdón.

Está ordenado que la sentencia se cumpla mañana al amanecer.

¿Qué sabe de Miramón y de Mejía?

Ambas sentencias se cumplirán a la misma hora.

Si hay algo que pueda hacer por usted...

Nada.

Espere.

Hay una canción que me gustaría volver a escuchar.

"La paloma" creo que se llama. Es... era la favorita de mi mujer.

¿Sería esto posible?

No acabo de creerlo.

¿Cómo puede negarse Juárez?

Porque es honrado.

Si, por el contrario, fuese ambicioso e interesado

me pondría en libertad ganándose el aplauso del mundo.

Pero Juárez es honrado.

Mi muerte demuestra que es honrado.

¿Vuestra Alteza tiene algo que decir?

Reparta este dinero entre sus hombres y dígales que disparen al corazón.

Perdóname.

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