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Original subtitles

UN ABISMO ENTRE LOS DOS

Perdona, Bárbara, tengo que irme.

¿Por qué, Lisa? - Lo siento.

Voy a recoger el abrigo.

Gracias.

Vámonos.

¿Qué ha pasado? ¿Han suspendido el vuelo?

No, he cambiado de idea.

Creí que te esperaban en Casablanca mañana por la mañana.

Sí.

Bob, ¿cuándo dejarás de portarte como un niño?

¿Dónde has aparcado? - Ahí, a la vuelta de la esquina.

Podías haber telefoneado.

Sabías que iba a cenar con Bárbara.

Luego decidieron ir a tomar una copa.

No había estado nunca en ese local.

¿Quieres conducir?

¿Bueno qué?

¿No va bien la relación?

Estás perdido y yo te he encontrado.

¿Lo hacemos?

Ven, cariño, te consolaré.

Vaya, veo que no tienes prisa.

Escucha, ¿cuánto te debo?

¿Has cambiado de idea?

¿Qué pasa?

¿Ya no te gusto?

¿Cuánto?

¿Me tomas el pelo?

Eres mayor para abofetear a una mujer...

pero el resto sólo en la imaginación, ¿no?

¿Y qué pasa con la habitación?

¿Tengo que pagarla yo? Dos mil.

Dos mil.

Una tiene su dignidad.

Hola.

He tenido que venir a pie, no se encuentra un taxi por ninguna parte.

Sí, reconozco que hice mal. Perdóname.

¿Me perdonas?

¿No vas a contestar?

Lisa, ojos de ángel, la mujer más preciosa...

que yo encontré en el autobús que iba a Nápoles.

Por favor, por favor, perdóname.

Lisa, es que significas mucho para mí.

A veces, como esta noche, la idea de que pudiera perderte...

me pone al borde de la locura.

Lisa, si un día me abandonaras...

no sé qué haría. Te juro que no lo sé.

Atención, por favor.

Afroair lamenta comunicar un pequeño retraso en la salida...

del vuelo 486 a Casablanca y Dakar.

Póngame otro.

¿Crees que no es una buena idea?

El martini seco es lo único que tenemos los ex-pilotos...

para defendernos en la era de los jets.

¿Y por qué vuelas?

Porque a Casablanca no puedo ir ni en tren ni andando.

¿Y no podrían enviar a otro en tu lugar?

¿Sólo porque soy un viajero nervioso?

¿De veras no quieres tomar algo? - No, gracias.

¿Ya estás otra vez mirando el reloj?

Es porque tengo que llamar a Bárbara antes de que cierre la tienda.

¿También va los sábados por la tarde?

Le pagarán las horas extras.

Verás, le prometí... - Que cenarías con ella de nuevo.

Vosotras dos deberíais escribir a medias un libro.

"Lugares curiosos del alegre París...

propios para que coman señoritas solas".

Atención, por favor, se ruega a los pasajeros...

del vuelo 212 para Niza y Bastia...

se presenten en la puerta número 2 para salir inmediatamente.

Atención, por favor, se ruega a los pasajeros...

del vuelo 212 para Niza y Bastia...

se presenten en la puerta número 2 para salir inmediatamente.

¿Oiga? ¿Alan?

Escucha, me temo que llegaré un poco tarde.

La compañía SAS anuncia la salida...

de su vuelo 158 para Copenhague.

Espero que sobre las cinco.

¿Te parece bien?

Sí, a las siete y media en punto.

De acuerdo.

¿Hablaste con tu incansable trabajadora amiga?

Sí. ¿Tienes noticias de tu vuelo?

Aún no.

Déme el Herald Tribune. - 50 francos, señor.

Gracias.

Volveré el martes en el vuelo 511 a la una y media.

¿Crees que Bárbara te dejará a tiempo para recibirme?

Todavía no sé si estaré aquí el martes.

¿Por qué?

Bob, no hay ninguna esperanza y tú lo sabes.

Pero, cariño...

Te aseguro que no puedo más, de verdad.

Voy a dejarte.

¿Sólo por lo de anoche?

No es únicamente por lo de anoche.

Afrontemos la realidad de una vez para siempre.

Nuestro matrimonio no es un matrimonio ni lo fue nunca.

La unión de un chico malcriado con una niñera.

Pero una hermosa niñera.

Bob, por favor.

Acepto que soy un fracasado.

Y tienes razón, somos una pareja muy rara.

Pero, aunque tú no lo sepas, me necesitas tanto como yo a ti.

Nuestra clase de amor hace que el mundo de vueltas.

Quizá sea un poco agitado, pero las vueltas no cesan.

Afroair anuncia la salida inmediata de su vuelo 486...

para Casablanca y Dakar.

Es tu vuelo, Bob.

¿Hay alguien más, Lisa?

Ya sabes que no. Sólo que yo... - ¿Qué?

Ahora no, es mejor que te vayas.

Está bien.

¿No harás nada hasta que vuelva?

Prométemelo. - Sí.

¿No vas a decirme adiós?

Adiós, Bob.

Bien, saluda de mi parte a Bárbara.

A propósito, espero que sea Bárbara...

porque si fuese otro hombre yo podría...

Chao.

Siempre te lo he dicho, Lisa, debías haberme aceptado como amante.

Sin un amante, el matrimonio es insoportable.

Por favor, Alan.

¿Soda o agua? - Soda, por favor.

Lo siento, Alan, te pareceré una histérica llamándote siempre.

Pero necesito tu ayuda.

Bueno, ¿qué te pasa?

Qué estúpido. Bob, claro. - Sí.

Le dije que voy a dejarle.

Quiero obtener el divorcio.

¿El divorcio? Eso no es tan fácil.

¿Está bien así? - Sí.

Con franqueza, en primer lugar lo que nunca he entendido...

es cómo llegasteis a casaros.

Bien, ¿y él qué dijo?

No quiso creerme.

Ya sabes que no acepta aquello con lo que no quiere enfrentarse.

Pero, Alan, esta vez es preciso.

Porque si no lo hago ahora, tú ya le conoces...

es como un... - Un pulpo.

Es duro juzgar así a un muchacho que conozco desde niño...

pero es lo que es.

Un pulpo encantador, desde luego, muy cariñoso.

Pero cuando sus inocentes tentáculos empiezan a entrar en juego...

cuidado.

Coge una de éstas. - No, gracias.

No te preocupes, será la portera con el correo.

Tome, señor Stewart.

Gracias, madame Irma. Está estupenda esta noche.

Se va furiosa, no ha podido ver con quién estaba.

Alan, no sé lo que me ha pasado durante todo este tiempo.

Tal vez le quieras.

¿Quererle?

Bueno, le quisiste, si lo prefieres.

¿Le quise?

Puede que cuando nos conocimos.

Luego no tardamos mucho en darnos cuenta de nuestra equivocación.

Él nunca lo admitiría, ni en su fuero interno.

Ésa es la causa de todas nuestras ridículas peleas y escenas de celos.

En parte tú tienes la culpa. Siempre le dejaste salirse con la suya.

Lo reconozco. Varias veces he estado dispuesta a irme de su lado.

Y entonces él sonreía como si fuera un niño y...

57 MUERTOS EN EL VUELO PARÍS-CASABLANCA

NO HAY SUPERVIVIENTES

¿Oiga? Con información.

Hola, Jean, soy Alan Stewart.

¿Qué sabes del accidente del avión París - Casablanca?

¿Cerca de dónde?

Se ha confirmado.

Voy a traer el coche.

Pobre Bob, dejó la aviación porque decía que su suerte se acababa.

Si necesitas nuestra ayuda, Lisa, no dudes en llamarnos.

Así lo haré.

Mañana tengo que irme, pero antes pasaré a verte.

Gracias, Phil.

Buenos días, señora. Señorita.

Hola, madame Duval.

¿Quiere que le haga un poco de té o una infusión?

No, gracias.

Lisa, no quiero ser pesada, pero deberías intentar dormir.

Eso haré.

Ya está otra vez esa mujer con su música.

¿Es que no para nunca?

¿Diga?

Sí.

Sí, espere un momento.

Creo que es Alan.

Lo siento, la señora Macklin no está.

Dígale que telefonee mañana.

Gracias. Adiós.

Estoy cansada.

Terriblemente cansada.

Anda, tómate esto. Un poco fuerte, pero es lo que te hace falta.

Madame Duval. - Sí, señorita.

Haga el favor de prepararle la cama. - Claro.

Vamos, querida...

lo que necesitas es echar un sueño largo y tranquilo.

¿Te quedan todavía píldoras de aquellas tan estupendas?

Sí. - ¿Dónde las tienes?

Ahí, encima del tocador.

Madame Duval, ¿hará el favor de traerme un vaso de agua?

Enseguida, señorita.

Aquí hay una carta para ti.

Es de una compañía de seguros.

¿La abro?

Sí, haz el favor.

Lisa, ¿es que Bob se hizo un seguro de vuelo en el aeropuerto?

Sin duda, siempre se lo hacía.

Creía que eso daba buena suerte.

Es una carta un poco extraña, escrita con tinta violeta.

Toma tu píldora.

Aquí dice que les llames hoy, ¿les digo que no puedes?

Sí, te lo agradeceré.

Acuéstate.

Así, buena chica.

Y ahora a dormir.

Luego vendré a verte.

Si la señora Macklin me necesita estoy abajo.

Gracias.

¿Oiga? ¿Elysées 314?

Deseo hablar con el señor Dompierre.

¿Bárbara?

¿Quién es?

¿Quién es?

Hola.

¡Bob!

No te asustes.

Sólo soy yo.

¿Pero qué ha ocurrido?

Muchas cosas.

No creí que pudiera llegar.

Estás herido.

Un poco.

Nada grave.

Cómo tienes la cara.

Si la hubieras visto hace unos días, era un mapa.

Lo mejor será llamar al médico.

No, no. - ¿Por qué no?

Nada de médicos, me basta con coñac.

Está bien.

Toma. - Gracias.

¿Por qué no me avisaste?

¿Por qué no me avisaste, por qué no me llamaste?

¿Llamarte? Pues por muchas razones.

Rectifico, por una sola razón.

¿Y cuál es?

Deja que el coñac haga un poco de efecto.

¿No hay nada de comer en casa?

Claro, voy a traértelo.

EL VUELO PARÍS-CASABLANCA SE ESTRELLÓ CERCA DE BURDEOS

NO HAY SUPERVIVIENTES

Toma.

Estupendo.

¿Te caliento un poco de sopa? - No, está bien así.

A los fantasmas les gusta la comida fría.

Contrasta con el infierno.

Los aviones hacen cosas raras antes de estrellarse.

Éste me escupió por la salida de emergencia.

O eso es lo que supongo.

De pronto me encontré en lo alto de una colina rodeado de oscuridad.

Y allá lejos, el mundo parecía estar envuelto en llamas.

"Pobres diablos", pensé.

Y a renglón seguido pensé: "Pobre Bob Macklin...

creo que después de todo has tenido un poco de suerte".

¿Tienes un pitillo?

Creo que no me queda ninguno.

No he pensado en comprar desde... - No te preocupes.

Déjame que te ayude.

Ésa es mi chica. - ¿Qué te pasa en la pierna?

¿Seguro que no es grave?

No, no tiene importancia, sólo es un rasguño.

Así está mejor.

¿Te alegra ver a tu pobre marido?

Bob, nada en el mundo te hará cambiar.

Pues he cambiado y mucho.

Aquel pobre irresponsable con quien estabas casada...

ya no existe, nena.

Soy un Bob Macklin nuevo.

¿No decía yo que los seguros me daban suerte?

60 millones de francos, 120.000 dólares.

¿De qué estás hablando?

¿No lo entiendes?

No te avisé por esa razón.

Nadie sabe que estoy vivo, ni nadie lo sabrá.

Ojos de ángel, te compraré diademas de brillantes...

abrigos de visón y un yate lleno de velas flotando al viento.

Y un palacio en Cachemira.

Hoy en día los palacios en Cachemira deben estar tirados.

Lisa...

no le digas nada a nadie.

Dame algún tiempo y todo será maravilloso para ti y para...

tu muy nuevo, muy amante...

muy rico y muy difunto...

marido.

Ven, pequeño, ven. ¿Me sigues por todos lados?

Lo siento. ¿La he despertado, señora?

No, usted no tiene la culpa. Es que no podía dormir.

¿Quiere que vuelva más tarde?

No, la llamaré si la necesito.

Muy bien, señora. Tiene la cafetera al fuego y la leche en la nevera.

¿No se lo has dicho?

No.

Déjame que te vea esa herida.

Parece infectada.

No, no es nada. Sólo un leve principio de gangrena.

Duele mucho.

Iré a la farmacia a buscar algo para curarte.

¿No volverá madame Duval?

No lo creo.

Tráeme tabaco, llevo tres días sin fumar.

Está bien.

Nada ha cambiado aquí, nuestra amiga sigue arriba.

¿Has visto esta nota?

¿Qué nota?

Once y media. Jueves.

Compañía de seguros. Te quiere, Bárbara.

Sí, enviaron una carta. Bárbara les telefoneó.

No malgastan el tiempo.

Oye, Bob, todas aquellas locuras que dijiste anoche, supongo...

Paciencia, dije que te lo explicaría.

Pero Bob, es que...

¿Qué?

Nada. Enseguida vuelvo.

Señora.

Quiero un frasco de alcohol, algodón...

y una venda un poco ancha, por favor.

Sí, señora.

Y un antibiótico en polvo, si puede ser.

¿Es para una herida o para una infección?

Para una infección.

Infección. Un momento, por favor.

Perdone, señorita, ¿me permite? - Hola, Lisa.

Fui a verte y la portera me dijo que estabas aquí.

Hola, Phil. - ¿Cómo vas?

Estoy bien.

Tenías preocupada a June.

Aquí tiene, señora.

Alcohol, algodón, venda y penicilina en polvo.

Gracias.

¿Para quién es todo eso? ¿Te has herido?

No, no.

Una de las chicas de la tienda me encargó que lo comprara.

¿Vuelves a trabajar?

Me parece buena idea.

¿Quieres que te lleve? - No, gracias, tengo mi coche.

Bien, cuídate mucho.

Y no olvides que si necesitas algo... - No lo olvidaré.

¿Cuánto le debo?

31 francos.

Gracias.

31 francos, por favor.

¿Me permite telefonear? - Claro, señora.

Tome. - Gracias.

Comunica. Llamaré luego. Gracias.

¡Taxi!

¡Alan!

¡Alan!

He intentado telefonearte pero comunicabas.

Siento mucho decepcionarla, acertó la casa pero no el inquilino.

Alan fue llamado a los Estados Unidos, se fue anoche.

Comprendo.

Si en algo puedo servirle.

Me temo que no. Lamento haberle molestado.

No lo sienta. Es lo mejor que me ha ocurrido desde que estoy aquí.

¿No quiere tomar nada? - No, muchas gracias.

¿Tampoco le gustaría quedarse a ver mi colección de sellos?

A veces se gana y a veces se pierde.

Afilador de cuchillos, tijeras y navajas de afeitar.

Afilador de cuchillos, tijeras y navajas de afeitar.

Afilador de cuchillos, tijeras y navajas de afeitar.

Oiga, aquí, por favor.

Sexto izquierda, escalera G.

¡Bob!

¿Qué te pasa?

Temí que fuera madame Duval.

Tendremos que establecer una señal.

No te habrá visto entrar.

¿Madame Duval? No.

Menos mal. - ¿Por qué?

Los cigarrillos, sabe que tú no fumas.

Hay que tener cuidado con estos detalles.

Mira, Bob, he intentado convencerme de que todo esto...

era una loca fantasía.

Pero vas en serio, ¿verdad?

Claro. ¿No son para tomar en serio 120.000 dólares?

Maldita sea.

¿Traes algo para curarme?

Sí.

Ven aquí.

Encontré a Phil Wade en la farmacia.

Pude decírselo, pero no le dije nada.

Esto lo empezaste tú y eres tú quien debe terminarlo.

Claro, nena, una vez empezado el trabajo...

Por Dios, Bob, da gracias por haber salvado la vida.

Y no sueñes con un dinero que no te pertenece.

Al fin y al cabo tú tienes un buen empleo.

¿Empleo? No tengo ningún empleo.

Hace tres semanas que me despidieron.

Bob, ¿a qué viene ahora esa mentira?

Es la verdad, te lo juro.

Hubo un lío financiero, no pudieron culparme, pero...

Y si te habían despedido, ¿por qué te enviaban a Casablanca?

No era así, iba por mi cuenta en busca de otro trabajo.

¿Por qué no me lo habías dicho?

Las apariencias, ¿comprendes?

Lo que salvas ante las personas que nos quieren.

¿Vas comprendiendo ya?

A un lado un marido sin empleo y con mala reputación.

Al lado opuesto 120.000 dólares.

Nena, nadie tiene más de una oportunidad en la vida.

Ésta es la nuestra.

Saldremos... - No pluralices.

Te lo dije en el aeropuerto.

¿Aquella rabieta tonta?

¿Quieres la verdad, Bob?

Cuando desde aquella puerta agitaste la mano graciosamente...

deseé que no volvieras jamás.

¿Deseaste eso?

Sí, Bob, sí, lo desee.

Bueno, si es así, ya no hay nada que discutir.

De acuerdo, nena, te has hastiado y no te lo reprocho.

No sé cómo me has resistido tanto tiempo.

Pero Lisa, ¿qué voy a hacer ahora?

¿Te desharás de mí así?

Piensa que tal vez no encuentre trabajo en muchos meses.

Lo que pasó en mi oficina fue peor de lo que he dicho.

¿Diga?

Bárbara.

Sí, me encuentro mejor.

Sí, ya la encontré.

Tal vez vaya.

No te molestes.

Ya pasaré luego por la tienda.

Bien.

Adiós.

¿Qué quería?

Recordarme que tengo que ir a la compañía de seguros.

Nena, piénsalo sólo un instante.

Con 120.000 dólares podría salir de Europa...

y empezar en otro sitio.

Tombuctú, por ejemplo.

Y tú te verías libre de mí. ¿No es eso lo que quieres?

La cosa es bien sencilla, no hay ningún riesgo.

¿Y sabes por qué?

Si fuera mal, yo aparecería diciendo:

"Perdone, querida compañía, es que he tenido amnesia".

Nena, hay mucho tiempo, ahora sólo debes pensar en eso como si fuera...

un regalo de despedida para mí.

Señora.

Desearía que me informase respecto a una póliza de seguro.

¿Qué clase de seguro, señora?

Se llama seguro de vuelo, según creo.

Bien. ¿Y qué quiere saber?

Verá, es que he recibido esta carta.

¿Puedo verla? - Sí.

Sí, señora.

Tercer piso. Siniestros y accidentes.

Señor Dompierre. - Gracias.

¿Señora Macklin? - Sí.

Siéntese, por favor.

Permítame expresarle mis condolencias.

Sé que son momentos muy duros en la vida.

Aunque gracias a la previsión de su marido...

puede considerarse más afortunada que otras.

¿Me permite su pasaporte? - Sí.

Gracias.

Nació usted en Nápoles. Enhorabuena, hermosa ciudad.

¿Haría el favor de decirme quién suscribió esta póliza?

Mi marido.

¿Estaba usted presente?

Sí, señor.

¿Ésta es la firma de él?

Sí.

Bueno, parece que todo está en orden.

Necesitará ciertos documentos.

Su partida de matrimonio y las de nacimiento y defunción de su marido.

Era ciudadano norteamericano, ¿no? - Sí.

¿Residente en Francia?

Entonces debe obtener el certificado de defunción...

del consulado norteamericano.

Parece muy complicado, volveré en otro momento.

No es tan difícil como aparenta ser. En realidad es muy sencillo.

Con el señor Williams, del consulado norteamericano.

Gracias, pero no es necesario. - Encantado de poder ayudarla.

¿Oiga? ¿Oiga?

Aquí Raymond Dompierre, de Seguros Nacionales Unidos.

Está en mi despacho la mujer de Robert Macklin.

Irá a verle para obtener el certificado de defunción...

de su marido recientemente fallecido.

¿Qué?

¿Mañana a las tres?

Bien. Muchas gracias, señor Williams.

Sí, no faltará. Adiós.

Bueno, ya está el primer paso.

Muchísimas gracias.

¿Tendría usted la amabilidad de firmar estos formularios?

En el consulado tendrá que presentar el certificado de residencia.

Se lo dará la policía.

Firme aquí, señora Macklin.

Bueno, aquí estamos otra vez.

Será el destino, es más fuerte que nosotros.

Cualquier amigo de Alan, es amigo mío.

Hola, Lisa, qué alegría volver a verte.

Gracias.

Lisa, ¿qué haces tú por aquí?

¿No te dijo Bárbara que no tuvieras prisa en volver?

Sí, pero estaré más distraída trabajando que sola en casa.

¿No habrá inconveniente? - Claro que no.

Encantada de que hayas vuelto.

Lisa. - Sí.

Hay un señor que pregunta por ti.

Por las señas que ha dado he supuesto que eras tú.

¿Quieres hacerme un favor?

Averigua qué quiere. - Está bien.

La señora Macklin está ocupada, ¿puedo ayudarle?

No, dígale a la señora Macklin que volveré en otro momento.

Muchas gracias.

Adiós.

Lisa, estaba preocupada. He llamado varias veces y no contestabas.

¿Estás bien? - Sí, muy bien.

Buenos días, Bárbara. - Madame Lafont.

¡Bárbara, te llaman! - Ya voy.

¿Comes conmigo? - No, hoy me salto la comida.

Lisa, tendremos que hacer algo contigo.

Oiga, Passy 6784.

¿Cómo estás?

Anda, ven.

¿Qué te pasa?

¿No estás de humor?

La hora del desayuno.

Bueno, ¿qué noticias traes del mundo?

¿Ha vuelto a subir el pescado?

Oye, llevas un bonito abrigo.

Mi mujer te lo envidiaría.

Sí, cuando se casó conmigo creyó que se iba a forrar de visón.

Bueno, pronto lucirá cibelinas hasta los pies...

y recobraré el prestigio perdido.

¡Señora Macklin, señora Macklin!

Ha debido salir.

Puedo venir otro día, si quiere.

No, no, entre.

Pero la próxima vez mande aviso de que va a pasar.

Mejor que cierre la puerta.

Bueno, venga por aquí.

Ahí lo tiene. - Ya lo veo, gracias.

¿Qué haces tú aquí? ¿Me tienes que seguir a todas partes?

Es curioso, al ver a aquel hombre con su aire triste, nervioso...

presentía que le ocurriría una desgracia.

¿Ha terminado? - Un momento.

¿Dónde se habrá metido?

Le falta una revisión en el séptimo.

Sí, en casa del señor Piollet.

Vamos allá.

¿Bob?

¿Estás bien?

Te llamé desde la tienda.

Supuse que eras tú, pero no cogí.

La próxima vez llama, cuelga y vuelve a llamar.

¿Fuiste? - Sí.

¿Qué pasó?

Me hicieron muchas preguntas.

Y luego, antes de darme cuenta, me dieron a firmar unos papeles.

¿Y qué?

Los firmé, ¿qué podía hacer?

Bien. ¿Qué más?

Bob, no es tan sencillo como imaginas.

Hay que ir al consulado y a la policía.

¿Para qué?

Certificado de defunción.

Sí, claro, es natural. ¿Y qué más?

Tu partida de nacimiento.

Eso es fácil, un cable a mi hermana Ellen.

El pobre Bob murió en el accidente, etc...

Sentirá más alivio que pena...

y recibirás la partida inmediatamente.

¿Sabes cuánto tiempo llevará la tramitación de este asunto?

¿Cuánto? - Tres meses.

¿Tres meses?

Sabes que es una locura.

No puedes quedarte encerrado en este piso durante tres meses.

¿Por qué no?

Te aseguro que se está muy bien aquí.

Incluso tengo un entretenimiento, mover estas fichas de un lado a otro.

La mayor somos tú y yo y las pequeñas son nuestros problemas.

Hay que sacar a la mayor.

Te puedes pasar horas.

El tiempo pasa volando.

¿Diga?

¿Señora Macklin?

Sí.

Soy David Barnes, el inquilino del piso de Alan Stewart.

Tuvimos un breve encuentro esta mañana.

Desgraciadamente no sabía quién era usted y me excedí un poco.

Desde entonces mi mente inquisitiva ha estado trabajando.

Y ahora ya sé quién es usted. Le pido perdón.

No tiene importancia, muchas gracias.

¿Me perdona?

Desde luego.

Adiós.

¿Quién era?

Un amigo de Bárbara.

Tendré que creérmelo, no puedo comprobarlo, estoy muerto.

Será mejor que no me mientas. - Bob, no empieces otra vez.

Lo siento, perdóname.

Lo siento, lo siento.

Ahora tendrás que hablar con el cónsul americano.

Bob, no sigas antes de que sea demasiado tarde.

Nena, no será demasiado tarde.

Si algo pasase, sacaré a relucir mi amnesia.

Ésa no es la cuestión, no puedes robar el dinero de...

¿Dinero de una compañía de seguros?

Déjame hablarte sobre las compañías de seguros.

En todo el mundo, millones de personas pagan algún seguro.

Y cuando no les pasa nada se preguntan:

"¿Para qué estamos gastando tanto dinero?"

Si alguna vez no se incendiara una casa o robasen en alguna tienda...

las compañías de seguros desaparecerían.

Un accidente como el mío les beneficia más...

que cuatro páginas a todo color en la revista Life.

¿Sabes qué estamos haciendo?

Les ayudamos a contratar más pólizas.

No, no.

Cariño, si no me escuchas, ¿cómo lo vas a entender?

Te lo explicaré de otra manera.

Bien. Su apellido.

Macklin. Señora de Robert Macklin.

Macklin.

¿Dónde nació su marido?

Westlake, Wisconsin.

Un momento, ¿cómo?

Westlake, Wisconsin.

Westlake...

Wisconsin.

¿En qué fecha?

3 de octubre de 1931.

Fecha de la muerte.

La fecha del accidente.

El día 12 de octubre.

Lugar de la muerte.

¿Dónde ocurrió?

En el vuelo de París a Casablanca.

Cerca de Arcachon.

Causa de la muerte. ¿Un accidente de aviación?

Sí.

Ya está, señora Macklin, el vicecónsul la atenderá enseguida.

Póngase en pie. Levante la mano derecha.

Jura solemnemente que las declaraciones aquí consignadas...

son la verdad y nada más que la verdad.

Sí es así, conteste: "Sí, juro".

Sí, juro.

¿Diga?

Sí, cariño.

¿Qué hay del consulado?

Desde luego tenías que hacerlo.

Deberías llamar a la compañía de seguros.

¿No podría ser un poco antes?

Sí, naturalmente, es mucho más importante que yo.

Nada. Bien, esperaré.

Hola, ¿puedo entrar?

Claro.

Yo me llamo Johnny, ¿y usted?

Yo tengo varios nombres.

¿Es americano?

Tal vez.

Yo sí.

Descubrir dónde vivía usted no me ha sido fácil.

Lo intenté ayer pero mi padre...

¿Dónde está?

En la oficina.

Ayer vino temprano pero casi siempre estoy solo.

¿Y dónde está tu madre?

Ella vive en Inglaterra.

¿Tiene Coca Cola?

Sí, Coca Cola, opio, heroína y marihuana.

Tomaré una Coca Cola.

Aquí tienes.

Le puse nervioso con mi espejo el otro día, ¿no?

Sí, desde luego.

Deje, no hace falta vaso.

Oye, creo que deberías estar en la escuela.

He tenido el sarampión.

Ahora estoy bien, pero me tendrán en cuarentena dos semanas más.

Es una lata.

¿Usted también está en cuarentena?

Sí, algo por el estilo.

He visto que nunca sale usted de su casa. ¿Por qué?

Johnny, ¿sabrás guardar un secreto?

Claro.

¿Juras no decírselo a nadie? - Lo juro.

Todos los gángsters de Chicago andan buscándome.

¿Han venido de Chicago?

Y si descubren mi paradero...

¡Atiza!

Así que ni una palabra.

Cualquiera puede ser un espía de Al Capone.

¿Quién es Al Capone?

Al Capone es el más poderoso de los gángsters y quiere mi sangre.

¡Madre mía!

Bueno, será mejor que me vaya ahora.

Recuerda, ni una palabra o...

No se preocupe.

Hasta la vista.

Aquí está, dos de pollo frío.

Aquí tiene, señor. - Gracias.

Bueno, aquí estamos, al fin lo hemos conseguido.

Aunque debo admitir que no es lo que yo había planeado.

Está enfrente de la tienda y la comida es buena.

Y así terminará más pronto conmigo.

¿Todo bien, señorita Lisa? - Sí, gracias.

Le confieso que no tenía la menor intención de venir a París.

Iba conseguir un nuevo cargo cuando me encontré en Ginebra con Alan.

Y sin darme cuenta ya estaba instalado en su piso y usted llegó.

Y tuve la feliz idea de que usted iba incluida.

Un imperdonable error, lo reconozco.

Luego nos encontramos en la calle, el destino.

El destino.

Lo sé, es más fuerte que nosotros.

Aunque sospecho que no fue el destino el que le hizo seguirme.

No, fue la típica curiosidad del periodista con olfato...

y más si hay una bella mujer por medio.

Además me pareció que estaba usted en un apuro.

¿Qué le hizo pensar eso?

Tengo intuición, aparte de que hice una llamada telefónica.

¿En serio?

¿A quién llamó? - A Alan Stewart.

Es usted muy sagaz.

¿Cómo está Alan? - Estupendo.

Dijo que todavía es verano en Nueva York.

¿Y qué averiguó usted de mí?

No mucho.

Pero lo suficiente para saber que mi corazonada era cierta.

¿Qué corazonada?

Que sigue usted en apuros.

¡Lisa!

¿Así que me dejaste por él?

Bárbara Ford, David Barnes. - Encantado.

¿Ha comido ya? - No, comer es anticuado.

Pero tomaré café, gracias. - Muy bien.

Te ha llamado un tal señor Duval. Dijo que era muy urgente.

¿Cuándo llamó? - Hace una hora.

Perdonadme un momento. - Sí, desde luego.

Gracias.

Bueno, Lisa le tenía bien escondido.

¿Hace mucho que la conoce?

No hace todavía lo bastante.

¿Has llamado?

Sí, ¿dónde estás?

Al otro lado de la calle, comiendo.

¿Con quién?

Con Bárbara.

La graciosa y divertida Bárbara.

Hay buenas noticias, la partida de nacimiento está en camino.

¿Has oído lo que he dicho?

Sí, te he oído.

Nos entendemos, ¿verdad?

Escucha, ve a una agencia de viajes...

y pide información de los vuelos para América del Sur.

Hay que estar preparado.

El certificado de nacimiento de mi marido...

y la partida de matrimonio.

El certificado de defunción se lo enviará el consulado norteamericano.

Bueno, me parece que todo está en regla.

Lo haré pasar enseguida a la sección de reclamaciones.

Disculpe, ¿puedo preguntarle...?

¿cuánto tiempo tardará todavía?

Ése es un punto que ignoro.

Llévela a la sección de reclamaciones.

Allí podrán darle una respuesta más satisfactoria.

Si en algo más puedo servirla, le ruego que no dude en consultarme.

Por aquí, señora.

En fin, señora Macklin...

por lo que veo aquí no es fácil decir cuánto tardará.

Yo calculo unas tres semanas o un mes.

¡Un mes!

Puede que no esté enterada, señora Macklin...

de que muchos cadáveres no han podido ser identificados o hallados.

Sí, lo sé.

La violencia del incendio...

Bueno, no es necesario remover esto, señora Macklin.

La llamaré en cuanto tenga noticias para usted.

Gracias. - ¿Tengo su teléfono?

Sí, aquí está.

Buenos días, señora Macklin.

¿De veras no quieres venir?

Es que no tengo humor, perdóname.

Claro. Buenas noches, cielo.

Chao. - Chao.

Hola, Bárbara. - Hola.

Éste es David Barnes. Ghislaine, Eric Ostrum...

y Jacques Waldnere. - Hola.

Todo lo que hayas oído de nosotros es cierto.

Y Mark Hastings. - Encantado.

Siéntese, voy a buscar otra silla. - Gracias.

¿Será mi pareja? - No.

Por desgracia tu pareja no vendrá.

He ganado mi apuesta.

¿Quién era? - Lisa.

Hola.

Creí que estarías durmiendo.

Qué boba.

Hubo trabajo y luego he acompañado a Bárbara.

No tienes que darme explicaciones, nadie se las da a los fantasmas.

No, nena, este espíritu va a echar otro trago espirituoso.

¿No has comido nada?

No, solamente alimentación líquida.

Pero tenías comida en la nevera.

Sí, pero es que las bisagras chirrían...

el suelo cruje...

y el gas suena al encender en fogón.

Así que me puse a dieta de Whisky.

Esta botellita es muy silenciosa.

¿Me acompañas? - No, gracias.

¿Por qué no? Acompáñame.

Acompáñame, hay que celebrar esto.

"Estimada señora Macklin:

el certificado de defunción de su marido...

ha sido enviado a la compañía de seguros, bla, bla, bla.

Firmado: El vicecónsul de la Embajada Norteamericana".

Bueno, no falta mucho.

Tu difunto estará viviendo en Río de Janeiro dentro de muy poco.

Ésa es mi próxima etapa.

Sudamérica...

alá me voy.

Nena, ¿no tendrás celos de todas aquellas chicas...?

¿tan atractivas de Río de Janeiro?

Bob, suéltame.

Suéltame, Bob.

Bob, por favor, no volvamos a las andadas.

Claro.

Hemos hecho un trato, ¿no?

Me has comprado, no puedo quejarme.

Mi pobrecita napolitana explosiva.

Casada todos estos años con un tipo...

que la ha convertido en un iceberg.

Rectifico, no en un iceberg.

El 98 por ciento de un iceberg se halla bajo el agua...

y tú no estás en esa situación. - ¡Bob!

Todavía eres mi mujer, ojos de ángel.

El deber de una esposa es querer y cuidar a su marido...

aunque éste ya no figure entre los vivos.

Bob, si sigues así te dejaré, en serio.

Saldré de esta casa y no volveré jamás.

Puedes morirte de hambre o entregarte si quieres.

¡No me importa lo que hagas!

Qué lejos queda ya Scafati, ¿verdad?

Tan complaciente y cariñosa como eras en Scafati.

Pero entonces sentías tal ansiedad por salir de aquel estercolero...

que cualquier tipo con un par de dólares...

¿Quién es? - No lo sé.

Maldita radio.

Abre, saben que estás aquí.

Gracias, guapa, por habernos invitado.

¿Te acuerdas de Mark, tu enamorado platónico?

No ha habido manera de disuadirles.

Vamos, guapa, ven con nosotros. - Lo siento, pero...

Nada de excusas, te llevaremos a la fuerza.

Oye, no tan alto.

Hola, Lisa.

Hola, David.

Yo en su caso llamaría a la policía.

Magnífico, me gusta la gente de uniforme.

¿Dónde está el bar, cariño? - Ven aquí.

Por aquí, muchachos, por aquí.

¿Dónde está el baño?

Por aquí, tonta, pasado el dormitorio.

¡Venid todos, el bar está abierto! - Un enorme Whisky para mí.

Un Whisky para Ghislaine.

¿Es por aquí? - Sí.

Qué oscuridad. ¿Dónde está la luz?

A la izquierda.

¿Dónde? No veo nada.

Vaya.

Gracias, amable desconocido.

¿Qué quieres?

¿Qué quiero? Lavarme las manos. ¿Puede ser?

Anda, puedes entrar. - Gracias.

Lamento haberla sorprendido...

así.

Francamente, no comprendo... - Lisa, ¿estás lista?

Perdón.

No creo que la señora Macklin esté de humor para salir.

Anda, Lisa, ven.

Yo no he dicho nada, en realidad me gustaría salir.

Chicas, no encontramos el hielo.

Te enseñaré dónde está. - Gracias, Bárbara, eres un ángel.

Lo he intentado.

Bárbara, ¿dónde está el hielo?

El hielo suele estar en la nevera...

y la nevera suele estar en la cocina.

No, no, ya he tenido bastante.

Vaya, y sigues todavía.

Cuando te saco quieres entrar y cuando entras quieres salir.

Estoy harta.

Otra vez has cambiado de opinión.

Estoy hasta arriba.

¿Qué pasa, Marie?

No me hables, con estos chuchos no se está nunca tranquila.

No, no, es demasiado.

Atrapado.

Retroceda hasta aquí con las manos en alto.

Hola, Johnny.

Es usted. - ¿Qué haces aquí arriba?

Estoy haciendo de Al Capone.

Éste es mi cuartel general.

Nadie puede entrar sin un pase.

¿Sí? Pues yo no tengo.

Bueno, por tratarse de usted...

Pero escóndase, que no le vean.

Déme los bazucas, ¿quiere?

Están ahí.

Tómalos.

¿No te reñirá tu padre a estas horas?

Ha llegado y se ha ido, como siempre.

Agáchese.

Perdona.

¿Esperas que nos ataquen?

Claro, la otra banda.

Esos tipos quieren mi sangre.

Usted vigile ese otro lado. Será mi centinela.

Igual que en Chicago, ¿verdad?

Cuando le perseguían los gángsters.

Sí, sí.

Vaya, esos tipos quieren sorprendernos.

Ya están ahí. - ¿Quiénes?

Los de la otra banda. Los de la casa de al lado.

Que no le vean.

Quieto. - ¿Qué le pasa?

Recuerda lo que te dije.

¿Sobre los espías? Descuide, estos son buenos chicos.

¡Quieto te he dicho!

Suélteme, ¿qué le pasa a usted?

Estúpido mocoso.

Ven, Johnny, sólo es... Lo siento.

Perdona.

Anda, ven.

Es un juego, no tengas miedo.

Te he dicho que lo siento.

Espera, Johnny, vuelve aquí.

¡Johnny!

¿Qué os pasa, no os gusta bailar? - Sí.

Vamos, Jacques.

Vamos.

¿No le gusta el twist?

No, ahora no.

Buena noticia.

¿Es usted budista o lo lleva para que le traiga suerte?

Para que me traiga suerte.

Espero que así sea.

Lo olvidaba, usted no fuma.

Algunas veces.

¿No debería volver a casa?

Estará muy solo.

¿De qué habla?

Nada, olvídelo.

Vamos, no sea usted enigmático.

¿Prefiere que sea sincero? - Sí.

De acuerdo.

¿Por qué tanto misterio?

Estamos en París, no en Kansas City.

¿O incluso aquí es demasiado pronto para que una viuda tenga un amigo?

Venga, ¿por qué no lo intentáis? Es fácil.

Sólo tres clases. No está mal, ¿verdad?

Estupendo.

¿Cómo ha llegado a tan interesante conclusión?

Simples indicios, los suficientes para ahorcarla.

Los reportajes policíacos son lo mío.

Sigue pensando en aquel cigarrillo, ¿no?

Y la chaqueta de cuero colgada...

y otras muchas cosas.

Simples indicios.

No sé por qué se lo explico...

pero el cigarrillo era mío y la chaqueta de cuero de mi marido.

¿Debí destruirla? - No.

Y de no ser porque me parece que empiezo a conocerla...

me habría conmovido.

Tiene usted razón, será mejor que vuelva con mi amante.

Usted gana. ¡Camarero!

Otro Whisky. ¿Y usted?

Tomé un gin tonic antes.

Ya lo ha oído.

Buenas noches.

Buenas noches.

Lisa. - ¿Sí?

Si le preguntara si puedo subir a tomar una copa...

¿qué me diría?

Le diría que no.

Lo suponía, por eso no se lo pregunto.

David, es tarde y tengo que trabajar por la mañana.

¿Cuándo volveré a verla?

Ya le avisaré.

Lo que me temía.

Bien, déjeme que le diga algo.

Si alguna vez necesita consejo o ayuda...

o se siente sola, lo cual es improbable...

siempre encontrará al doctor Barnes en la misma dirección.

Chao. - Buenas noches.

¿Bob?

Bob.

¿Diga?

Lisa.

Sí. ¿Dónde estás?

Reúnete conmigo en la estación de metro.

La que hay junto a la farmacia.

Lisa, necesito dinero. Date prisa.

¿Qué ha pasado? ¿Dónde te has metido?

Casi me ven en la escalera de atrás. Me escapé por el tejado.

No te habrán visto, ¿verdad?

No, no lo creo.

¿Qué hay de tus encantadores amigos?

Pues dejaste un cigarrillo en el dormitorio y un amigo lo vio.

¿Quién?

Mark.

¿Qué dijo?

Insinuó que yo no vivía sola.

Eso es peligroso para tu reputación.

¿Cuánto dinero llevas?

Unos 20.000 francos. ¿Por qué?

Porque no puedo seguir en el piso, es demasiado peligroso.

¿A dónde piensas ir?

No lo sé, buscaré un sitio.

Te llamaré mañana.

Cruza los dedos, ya falta poco para llegar al final.

Bueno, me voy.

Oye, no seas demasiado feliz sin mí.

Chao.

¿Tiene una habitación?

Sí.

¿Lleva usted pasaporte?

¡Louis, Louis! - ¿Qué pasa?

¿Tengo que arreglar la 14? - Sí, venga.

La policía exige que lo pidamos.

¿Cuánto cuesta?

200 francos. - Muchas gracias.

Calle abajo a la derecha verá una boite llamada "La Pomme d'Eve".

Dígale al portero que le envía Roger.

Muchas gracias. - Gracias.

Buenas noches. - Buenas noches.

¡Por aquí, pasen!

¡El mejor espectáculo de Pigalle!

¡Las chicas más guapas de París!

¡Preciosas chicas, precios reducidos!

¡Pasen, señores, pasen!

Señor.

Roger dice que usted puede ayudarme.

¿Qué puedo hacer por usted?

Entre, le veré dentro de un minuto.

Señor.

Empieza a hacer fresco. - Sí.

No es divertido este oficio en invierno.

¿Señora Macklin? - Sí.

Por aquí, por favor.

Buenos días, señora. Siéntese, por favor.

Lamento molestarla, pero necesitamos su ayuda...

en un asunto de identificación.

Hace unos días encontraron este abrigo...

a un kilómetro del lugar del accidente...

en el que su marido perdió la vida.

¿La reconoce usted?

No puedo asegurarlo, es muy difícil.

Es usted italiana, ¿verdad?

Sí.

¿Su marido vivió con usted en Italia durante algún tiempo?

Sí, allí nos conocimos.

Según la etiqueta, esta prenda fue comprada en Nápoles.

¿Le sirve de ayuda?

Mi marido estuvo en Nápoles antes de venir a París.

Creo que el nombre de su marido era Robert.

¿No es eso? - Sí.

¿Y no está todavía segura de que esto fuera suyo?

No estoy segura, lo siento.

Está bien, señora Macklin, no debe disgustarse.

Esperábamos que pudiera usted ayudarnos, esto es todo.

Pero si no está segura... Gracias de todas formas.

Dígale a la señorita Renée que venga a verme enseguida.

La señora Harrington la está esperando, Lisa.

Llegó hace veinte minutos. - Lo sé, lo siento.

Si fuese otra no tendría importancia, pero ya sabe cómo es.

Lisa, por fin.

Lo siento, señora Harrington, no pude evitarlo.

No me importaría lo más mínimo, si no fuese porque hoy...

tengo una comida a 1:45.

Por aquí, señora Harrington.

Será un minuto.

Señorita Renée, rápido, prueba para la señora Harrington.

Lisa, te llaman al teléfono.

¿Diga?

Sí, soy yo.

Dime.

¿Dónde estabas? Llevo toda la mañana llamándote.

He tenido que ir a la policía.

¿A la policía? ¿Para qué? - ¡Lisa!

¡Lisa! ¿Dónde se ha metido?

No puedo hablar. ¿Dónde estás?

Anota. Café de la Marine - Sí, lo tengo.

Lisa, te llama la señora Harrington. Renée está con ella.

Sí, voy enseguida.

En cuanto pueda estaré allí. Adiós.

Gracias.

Vaya, han ido a dar con el maldito abrigo, qué mala pata.

Lo mejor es que llames a la compañía de seguros.

No, espera, el hallazgo del abrigo es una prueba de que iba en el avión.

No importa que fuera a un kilómetro. Había restos por todas partes.

Buenos días.

¿Podrías dejarme algo de dinero?

Me piden 50.000 francos por un cuchitril arriba...

y si no los pago mañana, fuera.

¿Podrías pedirlos prestados? - No tengo que pedirlos.

He recibido una carta de tu compañía.

Dice así.

"Estimada señora Macklin: Adjuntamos cheque...

por la liquidación de salario...

que aún tenía que percibir su difunto esposo".

287 dólares y 50 centavos.

Bien. ¿Ves como todo se arregla en el momento oportuno?

Déjame acabar.

"Nosotros..." Sí, aquí está.

"lamentamos sinceramente que nos viéramos obligados...

a prescindir de sus servicios a causa de las nuevas leyes laborales".

Sí. ¿Eso es todo?

¿No dijiste que te habían despedido por un desfalco o algo peor todavía?

¿Lo dije?

Sí, bueno, es que el momento era difícil...

y quería que resultase lo más convincente posible.

¿Alguna otra cosa, señor? - No, gracias.

¿Tienes dinero suelto? Dejé el mío arriba.

Crees que siempre puedes salirte con la tuya, ¿no?

Bueno, hasta ahora no me ha ido mal.

¿Quieres irte ya?

Vuelves a la civilización furiosa conmigo, como siempre.

Vamos, ánimo, otro pequeño esfuerzo y quedarás libre.

¿Diga?

¿Quién?

Claro que quiero hablar con ella.

Hola, el doctor Barnes al habla.

¿Cómo está, Lisa?

Yo muy bien, aunque bastante emocionado de oír su voz.

¿Mañana por la noche?

No podría hacer nada mejor.

Iré a esperarla a la tienda a las siete. Magnífico.

Adiós.

Estaré en un minuto, sólo tengo que cambiarme.

¿Aún hay terreno acotado?

No sea tonto, venga.

¿Qué está buscando?

Algo para remover esto.

En el cajón de la derecha.

¿Lo ha encontrado?

No, pero no se preocupe, ya lo encontraré.

En el cajón del aparador.

Gracias.

Era un muchacho agradable su marido.

Perdone, es que me equivoqué de cajón mientras buscaba una cuchara.

¿Qué quiere usted saber?

Nada.

¿Estaba enamorada de él?

Creo que lo estuve algún tiempo.

Eso quiere decir que no duró mucho.

No, no duró.

Pero no se abandona a la primera señal de disgusto.

Se intenta arreglarlo a toda costa.

Cuesta trabajo decir: "Lo siento, me equivoqué. Chao".

¿Pero por qué quiere saber eso?

Porque presentía que usted quería contármelo.

¿Qué?

Puede que lo haga algún día, pero no esta noche.

Bueno, ¿y usted?

¿No le toca responder algunas preguntas?

¿A mí? La verdad es que no hay mucho que contar.

Hasta ahora he logrado evitar todas las complicaciones.

Creo que soy una especie de neutral no declarado.

No me enorgullezco, pero... - Pero se ha librado de contratiempos.

Hasta ahora sí.

Pero nunca puede decirse.

A lo mejor el tranvía del destino pasa en el momento oportuno.

¿Y entonces?

No porque suene hay que contestar.

Es cierto, vámonos.

Gracias.

Hola. - Hola, Johnny.

Oiga, siento lo de la otra noche, pero es que me asustó.

No fue ésa mi intención.

Luego pensé que todo era parte del juego, ¿verdad que sí?

Sí, sí, eso era.

Y en cuanto a esos chicos, descuide, no les he dicho ni una palabra.

Bien.

Estuve a punto de subir anoche...

pero papá llegó cuando estaba usted en la ventana.

¿Me viste anoche en la ventana?

Sí, removiendo una bebida.

Bueno, tengo que irme ya.

¿Qué le pasa?

Nada. - Bueno, hasta la vista.

Hola.

Te sentías sola y pasaste la noche con Bárbara, ¿no?

¿Dónde has estado?

¿A ti qué puede importarte?

Estuve llamando hasta las dos y luego esta mañana.

No lo pongo en duda. Quizá por eso no volví.

Quería olvidarme del teléfono, de ti, de esta casa y de todo lo nuestro.

¿Y qué has hecho, bailar toda la noche?

¿Ver amanecer desde el Sena y tomar sopa de cebolla en Les Halles?

Pues más o menos fue lo que hice.

Excepto que no contemplé el amanecer y la sopa no fue en Les Halles.

¿Supones que voy a creerlo?

No, pero el caso es que es la verdad.

¿Quién es? ¿Quién es?

Dímelo antes de que... - ¿Antes de qué?

Sé que hay otro hombre. ¿Quién es?

Ni siquiera has podido esperar a que me fuera.

Por lo visto debe tratarse de algo bueno.

¿Te marchas?

Sólo porque no bendigo tu proceder.

Porque no doy saltos de alegría y grito:

"Viva, viva, mi mujer ha pasado la noche fuera de casa".

¿Eres tan estúpida como para creer que voy a dejarte pasar esto?

Contéstame.

Está visto que nunca aprenderé.

¿Por qué tendré estos arrebatos?

¿Llevaré dentro de mí algún diablo perverso?

Nena, por Dios, no te enfades. Ya sabes que no quería decir eso.

¿No quieres mirarme aunque sea un segundo?

Buenos días, señora Macklin.

Esto es para usted.

¿Qué es eso?

Una carta certificada.

¿Qué te parece, nena?

Lo hemos conseguido.

Entregarán el cheque mañana.

120.000 dólares.

No es malo el regalo que nos cae, ¿verdad?

No renunciarás a esa pasta...

después de lo que hemos pasado.

Si lo hicieras, no hay razón para que siga muerto.

Aparecerá la víctima de la amnesia...

volveremos a ser los desdichados señores Macklin...

tal como éramos antes de empezar.

Basta, Bob, no me importa lo que digas, ya no puedo más.

¿Me oyes?

No puedo más. - Nena, nena.

Nena, no te pongas histérica. - Ya he soportado demasiado.

¿No puedes más? De acuerdo.

Seamos prácticos. Recoge esa pasta y tus sueños se harán realidad.

No volverás a verme, te lo juro.

Me esfumaré en el aire como si nunca hubiese vuelto.

Como si realmente fuera un pobre cadáver esparcido por el campo.

Macklin, Macklin.

Aquí está, señora Macklin.

El cheque va a su nombre.

Son 60 millones de francos.

¿Tendrá usted la bondad de firmarme este recibo?

Ahí consta que no tiene nada más que reclamar a la compañía.

Señora Macklin, firme las dos copias.

Señora. - El señor Nikandros, por favor.

¿Su nombre?

Señora Macklin. - Un momento.

¿Oiga? Oiga, Ginebra, por favor no corte.

Pregunta por usted una señora llamada Macklin.

Sí. - Pase, por favor.

440.000.

Pero es para hoy, ¿se da cuenta?

Sí, sí. Bien, volveré a llamarle.

Buenas tardes, señora.

Usted conocía a mi marido, Robert Macklin.

Sí, desde luego. ¿En qué puedo servirla, señora?

Tengo un cheque que me interesaría cambiar en dólares.

Bien, no hay ningún inconveniente.

¿Me permite usted verlo? - Sí.

Es una fuerte suma, señora Macklin.

¿Lo quiere todo en efectivo?

Pues verá, es que me voy de París y quisiera...

Comprendo. ¿Es el pago de un seguro?

Sí, mi marido murió en un accidente aéreo.

No sabe cuánto lo siento.

Le advierto que será un poco caro. Le costará un 3 o un 4 por ciento.

Claro que puede... - No, está bien, no importa.

¿Me permite un momento, por favor?

Señora Macklin, tendrá usted ahí su pasaporte, ¿verdad?

Sólo es para la identificación formal. Gracias.

Un cheque de una compañía de seguros...

a nombre de la señora Macklin.

No, mejor que no vengas aquí, alguien podría seguirte. ¿Dónde estás?

Ya. ¿Llevas el coche?

Bien, baja por Port Maillot, el último café a la derecha.

¿Entendido?

Sí, eso es, el último a la derecha.

Disculpe, ¿es usted la señora Macklin?

Sí.

La llaman por teléfono.

Lisa, ahí hay demasiada gente, no me sentiría seguro.

He visto tu coche, sube en él y espérame.

Si no aparezco antes de un cuarto de hora, te llamaré luego a casa.

¿De acuerdo?

Mira qué guapa.

¿Por casualidad no quiere usted?

Venga, vamos. Déjala.

Dame, dame, dame. - Espera un minuto.

¿Lo has contado?

Nikandros lo contó.

Nena, ¿no te dije que era muy fácil?

¿A dónde quieres que te lleve?

Sigue adelante.

¿Llevas tu pasaporte?

Sí.

¿Por qué?

Lo necesitarás en la frontera.

No creerías que iba a irme sin ti, ¿verdad?

¿Qué iba a dejar que algún asno se alegrase de hallar...?

¿una hermosa, triste y atractiva viuda?

Vamos, nena, ¿por qué clase de idiota me has tomado?

Lárgate. - Pero, nena...

Coge ese dinero y sal del coche.

Jamás pensé en este dinero sin ti.

Es tuyo por estar casada con este pobre fracasado de Wisconsin.

Mira, esto nos conducirá a Río.

Ya verás, cuando estemos en Copacabana, lucirás joyas y pieles.

Nos admirará toda la playa.

Bob, si no bajas del coche... - Está bien.

¿Lo quieres así? Bien.

¿Ves aquel guardia?

Sólo tengo que llamarle y decirle: "Agente, somos los señores Macklin.

Mi mujer ha timado a una compañía de seguros 120.000 dólares.

Yo no quería participar, pero ya sabe cómo son las mujeres.

¿Crees que bromeo? Haz la prueba.

Eres tú quien ha jurado, firmado y cobrado.

Eso significa por lo menos quince años.

¿Qué prefieres?

¿La cárcel o Río?

De todos modos, me tendrás a mí.

Dentro de 15 años, cuando salgas de la cárcel...

estaré en la puerta esperándote pacientemente.

Bueno, ¿a qué espera?

Venga.

Tú tienes la palabra.

Vamos, le he dicho. - Perdone.

Venga, venga.

Sí, sabía que serías razonable.

Es una de las cosas que me gustan de los italianos, sois gente razonable.

Ve por el túnel a la Porte de la Villette.

Iremos por la carretera 1 a la frontera belga.

176 y 23.

Hay unos 200 kilómetros de aquí a la frontera de Bélgica.

Si hay suerte, llegaremos allí a medianoche.

Buena hora para que el fantasma vuelva a la vida.

Sigue.

¡Sigue!

Sólo nos faltaría tener que ir de testigos.

¿Todavía me odias un poquito, nena?

No te preocupes por eso.

Esas tonterías con que pintan el amor son para los pájaros.

El amor no es una cosa bonita como un lazo en el pelo.

El amor es dos seres atados de tal forma...

que ni el juicio final puede separarlos.

Estás atada a mí, nena.

Para lo bueno y para lo malo.

Eres la señora Macklin hasta más allá del juicio final.

Lisa, ¿recuerdas nuestra boda en Scafati?

Tus tíos atiborrándose de Chianti y aquel rebaño de cabras...

colándose en la iglesia y balando en mitad de la nave.

DESVÍO

¿Qué ha pasado?

Creo que hemos tenido un pinchazo.

¿Dónde? - Delante.

Voy a verlo.

ADUANA FRONTERA

Mira, nena...

a 8 kilómetros de la medianoche.

¿Qué estás haciendo?

¡Lisa!

¡Lisa, todo lo que te dije era broma!

¡Ya se terminó!

¡Espera, espera!

¡Detente, nena, escúchame sólo un segundo!

¿El teléfono, por favor?

Sí, a la izquierda, por ahí.

¿Diga?

¿David?

¿Eres tú, Lisa?

Oiga.

Oiga.

Oiga.

Oiga.

¿Cuánto le debo?

¿Dónde llamó? - París.

4 francos, por favor.

Quisiera un café, por favor.

Sí, señorita. - Muy fuerte.

Sí. Siéntese.

¿Un cigarrillo, señorita?

¿Un cigarrillo?

¿Pero qué? - ¿Qué le pasa?

Traiga agua.

Habrá que buscar al médico en Chantilly.

No, no necesito un médico.

Estoy bien, gracias.

No, no es nada.

He conducido toda la noche y...

¿Cuánto le debo por el café?

Debe descansar un poco.

No, tengo que volver a París.

Tengo que volver a París.

¿Es suyo esto, señorita?

No, creo que no.

Pues en el bar dicen que lo vieron caer de su bolso.

Sí, tiene razón.

Gracias. Muchísimas gracias.

A sus órdenes, señorita.

¡Lisa, soy David!

¡Sé que estás ahí, déjame entrar!

Creí que tendría que derribar la puerta.

Lo siento, estaba en el dormitorio.

Parecía que llamaban en el piso de arriba.

¿Te parece bien que pase?

Sí.

Gracias.

¿Llamaste esta madrugada y luego colgaste?

¿Llamarte?

Alguien llamó, estaba seguro de que eras tú. Por eso he venido.

No, no. No fui yo.

Entiendo.

La portera me ha dicho que te levantaste y saliste. Te vio entrar.

Sí, tuve que salir a comprar algunas cosas.

¿Ese zapato tal vez?

Perdona, no me había dado cuenta de que lo llevaba.

Estoy haciendo el equipaje.

¿A dónde vas?

A Nueva York, me envía la tienda.

Ha sido todo tan rápido que no...

Debo estar horrible.

Discúlpame, no tardaré ni un minuto.

Hola.

No quería entrar, de veras.

Quería ver si era de aquí.

Estaba seguro, pero creí que lo mejor era probar.

Sí que lo es.

Vaya, qué interesante.

¿Me permites ver eso un momento?

Claro.

¿De dónde has sacado esto?

Lo encontré anoche en la azotea.

Por eso supe que era de él.

¿De él?

Sí, estuvimos jugando arriba hace un par de semanas.

Supongo que se le caería.

Comprendo.

Pasa. - Bueno.

¿Usted también es amigo suyo? - Sí, claro.

Tú y nuestro amigo estuvisteis jugando en la azotea...

hace un par de semanas, ¿no? - Eso es.

Estaba muy bien con ese uniforme, ¿no cree?

No era cierto que se escondía de los gángsters, ¿verdad?

¿De los gángsters? No, bromas suyas.

Ya me lo suponía yo, pero él me lo hizo creer durante algún tiempo.

¿Dónde está? ¿Ha vuelto a Chicago?

¿Quieres dejarme este llavero?

Yo se lo enviaré. - Muy bien.

Perdona si te he hecho esperar, David, pero es que...

Hola.

¿Quién eres tú?

Soy Johnny, vivimos ahí al lado.

Está bien, Johnny, ahora vete a casa.

Está bien, ya nos veremos. - Claro.

Bueno, ¿no te sientas, David?

No habrás desayunado, ¿quieres una taza de café?

No, gracias.

Dime Lisa, ¿llevas todavía aquel amuleto?

¿Qué amuleto?

El que es igual que éste.

¿Dónde lo has encontrado?

¿Qué importa eso?

Tienes que decirme dónde.

Tu marido lo perdió en la azotea hace dos semanas.

Qué bobo he sido, ¿verdad?

El pitillo encendido, la chaqueta de cuero.

Lo tenías escondido para cobrar el seguro.

¿Verdad que era eso?

¿Escondido? ¿Aquí?

Bob no está aquí. - Estaba hace dos semanas.

¿Dónde está ahora? ¿Escondido en algún sitio esperando el dinero?

Bob está muerto.

Está muerto.

¿No te das cuenta de que es inútil mentir?

Por el amor de Dios, Lisa, ¿por qué hiciste eso?

¿Qué? - ¿Por qué hiciste eso?

Yo no sé...

Lisa, sólo trato de ayudarte. ¿Has cobrado ya el dinero?

Sí.

¡No, yo no! ¡Yo no!

Es fácil comprobarlo, telefonearé a la compañía de seguros.

No, no llames. - ¿Lo tienes? ¿Qué has hecho con él?

¿El dinero? - ¿Dárselo a tu marido?

¿A Bob?

No, Bob no lo tiene. - ¿Pues dónde está?

El dinero.

Espera un momento.

Toma, no lo quiero. Nunca lo he querido.

No sé ni quiero saber cómo te mezclaste en tan sucia maniobra.

Devolviéndolo quizás se avengan a enterrar este asunto.

En caso contrario, irás con un buen abogado a la compañía...

¡No, por Dios, no me hagas ir a la compañía de seguros!

Si fueras tú en mi lugar les podrías decir que no estoy bien...

o que me han enviado a Nueva York...

o que el coche se había averiado.

Sí, eso es, diles que tenía un neumático pinchado.

Lisa, ¿qué tonterías estás diciendo?

¿Qué coche, qué neumático pinchado?

No, no, soy una estúpida.

Lo del neumático no debes decirlo...

porque no son amigos míos.

Pero tú sí lo eres y te das cuenta.

Era el único medio.

Hubiera seguido y seguido toda la vida así.

Es decir, mientras él viviera.

Y ocurrió el pinchazo.

En realidad no se había pinchado el neumático.

¿Pero cómo lo hubiera hecho yo si él no sale del coche?

Le veía claramente por el parabrisas.

Y de pronto deje de verle.

Y el coche brincó arriba y abajo varias veces.

No creo que continúe en el río.

Pero nunca se sabe.

¿Qué estás haciendo?

Telefoneo a mi oficina.

Sí, es verdad.

Siempre tienes que llamar a tu oficina.

Walter, ¿cuál es el número de aquel médico amigo de Pete?

Bueno, pues dame el nombre.

¿Vas a llamar ahora al abogado?

Es un buen abogado, ¿verdad?

Sí, sí.

Tiene que ser muy bueno porque Bob le engañará.

Mentirá con su sonrisa de niño.

Les hará bailar a todos a su capricho.

Pero Lisa, ¿no habías dicho que Bob estaba muerto?

Sí.

Pero el abogado ha de ser enormemente listo...

porque tú no conoces a Bob.

Jurará que se marchará.

Dirá: "Tú dame el dinero y enseguida me iré".

Pero no se marchará.

Es preciso que el abogado comprenda eso.

Porque, francamente...

no creo que yo sea capaz de volver a soportarlo todo.

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