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HAY QUE QUEMAR A UN HOMBRE
¡Tengo ganas de abrazaros a todos, compañeros míos!
Rocco, Vanni, Turi...
Vincenzo, Antonio...
Un poco lentos, pero trabajáis...
¡Bien, no es vuestra tierra!
Pero por poco todavía.
Ahora he vuelto yo.
¡Vanni! ¡Rocco!
¡Bastiano!
Cola es quién grita.
- ¡Rocco! - Cola, ¿qué pasa?
Oíd lo que dice.
¡Ahora ocuparemos la tierra! ¡La ocuparemos!
- ¿Por qué? ¿Qué sucede? - ¡Ha vuelto Salvatore!
¿Y quién es Salvatore, un fantasma?
¡Eh, soy un fantasma, Bastiano Bugno!
La mafia... ¿qué preparará para mi retorno?
¿Me dará un aviso?
¡La matanza de gallinas!
¡Esto es por Salvatore!
¡Y esta es mi bienvenida!
Ludovico...
¿Creéis que me asustáis así?
¡Son métodos anticuados!
¡Id a la escuela! ¡Al continente!
Como yo.
¡Los mismos de siempre!
Rosario, Iachino, Ludovico.
Pero ahora...
todo el pueblo hablará de mi.
Desde los Tuminello... Nascordio... Beppinelli...
Los Cosimano...
¡Bárbara!
Ha vuelto.
¿Cómo la encontraré?
¿Cómo la encontraré?
"Como el sol, que vuelve cada día... "
¡Salvatore!
¡Madre!
Salvatore...
¡Pueden verte!
La espalda, tápate la espalda.
Madre.
¿Qué te pasa?
No lo sé ni yo.
Sufro mucho.
¿No has llamado al doctor?
No necesito a nadie que me cuide.
¡Te has olvidado de tu madre!
¡Sólo piensas en los demás!
Ah, Rocco me ha dicho...
que me esperan para ocupar el latifundio.
¿El latifundio?
Si haces eso me acabarás matando. Ese será el único remedio.
No hay otra manera más fácil. Hemos estado separados durante dos años,
podemos estar otros dos.
Pasa, yo sé lo que tengo que hacer.
Madre...
- ¿Dónde la has comprado? - En el continente, 2.100 liras.
En la hacienda a los mafiosos no les gustará verte tan impecable.
¿Han matado gallinas?
En el gallinero de los Scordio.
No te lo puedes ni imaginar, tan cerca del camino.
¿No me lo imagino?
¿Te cuento yo la escena?
- Te lo habrá dicho Rocco. - No.
Tengo una cámara aquí.
¡Te lo habrás imaginado!
Puedo ver lo que me espera.
Déjalo, esta película no me gusta.
La matanza la han hecho por mi vuelta, garantizado.
¡Gallina muerta... hombre avisado! ¿No?
"Cuando el sol brilla... "
¡Y él canta!
Lo sé, soy una tonta...
Así que don Gaetano manda ahora hacer la matanza, ¿eh?
No, él no. ¿Qué has entendido?
don Gaetano ya no matará más gallinas.
¿Está muerto?
Están haciendo ahora el funeral.
Me voy ya mismo a la plaza.
¿Quieres la brillantina?
Aún estoy a tiempo.
Ha venido incluso el abogado de Palermo.
¿Quién es ahora el capo?
Entonces, abogado, los asuntos de don Gaetano quedan en mis manos.
Debemos discutirlo en Palermo.
- Por favor, Señora. - Voy.
No eres el único en el pueblo, también está Carmelo.
Claro.
Nos damos cuenta que no es fácil substituir a don Gaetano.
- ¿Verdad, Vincenzo? - Claro.
Nina, ¿está listo el almuerzo para el abogado?
- Sí. ¿Viene ya? - Sí.
No.
¿Pero tu mujer sabe conducir?
¿Tiene miedo? Vaya tranquilo, vaya.
La mujer de Vincenzo... se lo lleva.
- Hasta la vista. - Adiós.
¿Qué hace tu mujer?
Pensaba decírtelo. El abogado tenía prisa...
así que Francesca le acompaña directamente a Pale...
¡A Palermo!
- ¿Francesca? - Yo no conduzco. Ya sabes, mi corazón...
¡Quieres decir que querías quitármelo de en medio!
¡Te oyen, te oyen! ¡Dentro, dentro!
Le haces la corte.
Quieres que el abogado te entregue las riendas.
¡Y no me pongas esa cara!
¡Quieres el puesto de don Gaetano!
Los dos. Están en esto juntos, marido y mujer.
¿Y esto?
Le habías preparado un buen almuerzo al abogado.
Pero ningún amigo invitado, ¿eh?
Un buen almuerzo hace milagros, y la cocinera es buena.
¡La cocinera sigue órdenes!
¡Siempre antepones a las mujeres y no me gusta!
Bravo, se os oye desde afuera.
¡Sólo falta que en mi casa no pueda hacer lo que quiera!
Y mientras los dos peleáis, mirad cómo disfruta el tercero.
¿Quién?
Salvatore.
Aquí está.
Se ha civilizado.
¡Saluda como si fuera el alcalde!
¿Pero a quién saluda? ¿Qué saluda?
¡Fuego! ¡Habría que darles fuego a quién siembra cizaña!
¿Y por qué no lo quemas,
antes de que ponga los pies en nuestra tierra?
¡No la tocará jamás!
¡Sí, grita, grita!
Pero tus gritos no han impedido que se apropien del latifundio.
¡Apropiado sobre el papel!
¡No está firmado!
¡Todavía está en nuestras manos!
- No, hoy aquí no come nadie. - ¿Por qué?
¡Cuándo el gallo tiene hambre, hace "kikirikii"!
Quítalo todo. ¿Está el abogado? No, entonces no come nadie.
Es un pecado tirar tanta gracia de Dios.
¡Muy bien, señora! Y ya que estamos...
Entonces, buen apetito.
- ¿Quién ha abierto? - Ludovico.
¿Qué haces?
¡Cretino! ¡Cierra!
¡Cierra esa ventana!
Ludovico, dime...
¿dónde fue aquél golpe que te cascó el cerebro?
Ya ha dejado de boxear, déjalo estar.
¿Pero qué mira?
¿A Rocky Marciano en el ring?
¡Tío, de él no te lo permito!
Eso, el "último clavo del carro" no me lo permite.
Ten cuidado...
¡Fuerte, fuerte! Pero no con las manos,
con la cabeza querido mío, cuándo se trata de gente como Salvatore.
A lo mejor el aire del continente le ha aclarado las ideas.
En el fondo es un viejo zorro.
Acerquémonos a él.
Para mi tan sólo es un charlatán.
Un paso en falso como los tuyos, y adiós a la tierra.
La ley está de su parte. ¡Ahora necesitamos métodos nuevos!
El método con el que le haces la corte el abogado, tu mujer y tú.
¡Pues mira que mesa habías puesto tú para complacerlo!
¿Ah, no te gusta? ¡Nina, limpia la mesa!
- No he terminado la pasta. - ¡Quita la mesa!
Sí, limpie señora.
Cuántas veces tengo que repetir las cosas, ¿eh?
¡Nina, quita la mesa!
Unos llegan y otros se van.
Salvatore llega...
y don Gaetano se va.
Está muerto.
- Eh, ¿Salvatore lo sabe? - No.
Nosotros estamos vivos, somos duros de corazón,
y nos aprovecharemos de la confusión.
A quien crea en Salvatore...
¡Deja... déjame pasar!
Os hago una promesa,
la ocupación del latifundio...
este mes.
Mañana, ¿eh?
Mañana.
¿Mañana, qué?
Mañana a las cuatro, ocuparemos la tierra.
¡Mañana, Salvatore! ¡Mañana ocuparemos el latifundio!
- ¡Mañana! - ¿Lo oyes, Salvatore?
¡Mañana, Salvatore!
- ¡Salvatore! -¿Estás contento? - ¡Mañana!
¡Don Carmelo no se espera esta traición!
¡Mañana!
¡Le demostraremos quiénes somos los dueños!
Te hemos preparado una buena sorpresa.
- ¡Una desagradable sorpresa! - ¿Quién es?
¿Quién crees que es? Mi sobrina Bárbara. Bromea, ¿no?
Yo bromeo, pero Salvatore no.
¡Le ha sentado mal!
Quién sabe lo que se imaginaba.
¡Creía que no seríamos capaces... que esperaríamos a nuestro "jefe de cocina".
- ¡Y le ha sentado mal! - ¡Rocco!
¡Rocco! ¿Dónde está Rocco?
- Es Bastiano. - ¿Bastiano?
Bastiano, me lo han dicho todo. ¡Bravo!
¡Rocco, voy a Ragossa!
¿Qué le digo?
¿La cita de mañana en la plaza, o en la calle?
- ¡Te mando a Rino, lo sabe todo! - ¡Espera!
Rocco, me voy con él a Ragossa. ¡Voy!
¿Adónde vas?
¿Adónde vas?
Adiós. Hasta la noche.
¡Voy, espérame, Bastiano!
¡Nos vemos en la plaza!
¡En la plaza!
¿En la plaza?
Cuanto más se te vea en la plaza, mejor.
Eres una persona importante. La mafia está pendiente de ti.
- Bien, me dejaré ver en la plaza. - Eso es.
A la plaza lo mandas.
No se resiste. No está acostumbrado.
Ahora él quiere las plazas del continente.
¿Verdad, Salvatore? Las plazas de Roma.
Basta ya.
Estoy toda sudada.
¡Eh!
¿Qué miras?
Envejecida, ¿eh?
- ¿Pero tú con Bárbara aún...? - No.
Está envejecida.
¡Todos están así de cambiados!
¿Hay mujeres en Roma?
¡Se va el autobús!
¡Voy a Riesi, tengo un ligue allí!
¿Por qué todo es tan diferente de como uno se imagina?
¡Ciertas cosas las habría adivinado...
pero que hubiesen organizado ya la ocupación del latifundio... no.
Por otro lado, mejor así.
Recordaba más grande la plaza.
¿Por qué he vuelto?
No, sólo quiero decir que en el continente he dejado muchas cosas...
La ciudad.
Wilma.
No debo pensar en Wilma. No sirve de nada.
Si pienso en ella no resisto aquí ni hasta esta noche.
Mezzara es mi hogar, no el continente. ¡Me sirvió y ya está!
Una puta.
¡Maligna!
No debo pensar en Wilma.
Mañana, la ocupación del latifundio.
Corría...
cuando la esperaba en su casa...
"Cuando rompe el alba... "
"Cuando el sol brilla... "
"Suave en su esplendor... "
Mañana, me sucederá una desgracia.
¿Qué desgracia?
Algo malo.
Porque hoy estoy muy feliz, cantarín.
Me indigestas de felicidad. Mañana, lo sentiré.
Me espera aceite de ricino.
Uno como tú se desperdicia en Sicilia.
Deberías quedarte aquí...
en el continente.
Piensa lo que dirían mis amigos si aparecemos juntos en el pueblo.
No creerían lo que ven sus ojos.
Se los haría tocar con las manos.
¿Qué les harías tocar?
¿Qué has entendido?
¡Esto, les haría tocar!
¡A Rocco!
¡Y esto!
¿Y esta?
¡Y esto!
Me lo quito sola.
¡Luz! ¡A la luz!
¡Cierra, cierra!
Bienvenido, Salvatore.
Suena, suena...
¡No, por aquí! ¿Qué hacéis? ¡A la hacienda de don Carmelo!
¡Antes tenemos que reunirnos todos en la hacienda de don Carmelo! ¡Cola!
¡A la hacienda! ¡A la hacienda!
¡Id, id, pero con orden!
¡Dividámonos en dos grupos! ¡Vosotros con Ignacio!
¡Y vosotros con Giuseppe!
¡Parad! ¿Qué es todo este lío? ¡Y no empujéis!
- Salvatore, elige a un jefe de grupo. - Voy.
- ¿Quién es vuestro jefe de grupo? - ¿No tenemos ninguno?
Ven tú que eres el más mayor.
- ¿Yo? No... - ¿Por qué no?
- ¡Vamos! - ¿Para hacer qué?
Para organizar el grupo de Ragossa.
- Que lío. - Estoy listo.
Yo también.
¿Entonces voy?
¡Entonces voy!
- ¿Quién es la mujer? - Él.
¿Es usted? ¡Ahora te enseñaré cómo se hace!
- ¡Suéltame! - ¿Qué festejáis?
Esta es la tercera vez que ocupamos la tierra, ¿y luego qué?
¡Volvemos a casa y no cambia nada!
¡Bailad, bailad!
¿Y si empezásemos a hacer como que la tierra es realmente nuestra?
¿Qué quieres decir?
Arar, sembrar...
La ley permitirá que la cosecha pertenezca a quien la ha sembrado.
El que siembra, la recoge.
Nosotros no tenemos semillas, arados...
¿No?
¡Carmine!
Carmine, ¿qué llevaste el otro día al almacén de don Carmelo?
¿Qué le llevaste a don Carmelo?
Diez sacos de semillas.
- ¿Quieres reventar el almacén? - Con eso no me contento.
Lo que se debía hacer ya lo hemos hecho.
Sólo le hemos mordido la cola a la mafia.
¡Hay que comérsela!
¡Eh, vete de aquí! ¡Largo de aquí, Ludovico!
¡Corred, corred! ¡Venir y ver quien es! ¡Corred!
Cuidado...
Sabéis que soy campeón de boxeo, pero si queréis...
- ¿Quién es el primero? - ¡Yo!
¿Qué se te está pasando por la cabeza?
¿Qué me hacéis?
¿Qué me hacéis?
¿Qué me vais a hacer?
¡No!
¡Quieto! ¡Lo tiene cogido!
¡Lo tiene, quieto!
¡Quieto!
¡Lo estrangulo! ¡Si os acercáis, lo estrangulo!
¡Si os acercáis lo estrangulo!
¡Mierda! ¡Es mierda!
¡Es mierda! ¡Es mierda!
Apestas.
Veinte contra uno.
No he podido hacer nada ni siquiera yo.
¿De verdad? Ni siquiera tú, ¿eh?
Siempre lo pensé.
No tienes nada que ver con ellos.
- Hace mucho frio. - ¿Qué hacemos aquí?
- Mañana a las seis me voy. - Yo, también.
Yo también vuelvo.
Los podrían encerrar a todos.
¿Encerrarlos?
Sí, a todos.
Querían entrar en el almacén de tu tío Carmelo.
Robarle los arados, las semillas...
Eso tiene pena de prisión.
Dices que si mañana encontrasen reventado el almacén...
terminarían todos los campesinos a la sombra.
¿Adónde vas?
¡A buscar un hacha! ¡A reventar el almacén!
¡Salvatore!
Ninguno lo ha entendido. ¡Eres un capo... como yo!
¡Sí, ríe, pero es verdad!
Os lo demostraré, a ti y a ese abogado de Palermo.
¡Lo haré correr por todo el pueblo!
¡Vosotros volved a casa esta noche!
Sí, sí, no te preocupes.
- ¡Me has asustado! - Coge esta manta.
- Caminas como los gatos. - Hay mucha humedad.
¡El almacén, el almacén!
!Han reventado el almacén!
¡Venid, venid!
¡Qué contratiempo, venid!
!Salvatore, corre!
¡La han reventado con esto!
Nueve sacos reventados, nueve.
Alguien nos quiere comprometer, ¿pero quién?
¡A casa, a casa!
¡Os lo digo yo, a casa!
¡A casa! ¡Volvamos a casa!
¡Dame el hacha!
- ¿Qué haces - ¡La Mafia nos la va pagar!
¿Pagar qué? ¿La tierra es nuestra?
¡Han reventado una puerta... y nosotros reventamos la otra!
¿Son o no son nuestras estas tierras?
¡Es nuestra, Salvatore!
- ¡Nuestra! - Aún no. Manda la Mafia.
¡Y nos mandarán a todos al infierno!
Si al infierno nos quieren mandar...
que estemos aquí o en casa no cambia nada.
Si te escondes en casa, ¿la mafia no conoce tu dirección,
o la vuestra?
El Infierno y el Diablo nada tienen que ver con esto. ¡Es obra de Dios!
Ha sido la mano de Dios la que reventó esta puerta...
para obligarnos a quedarnos aquí,
- y llegar hasta el final. - ¿Qué haces?
- Nos oirán hasta en Palermo. - Tiene razón.
¡La ley abrirá los ojos!
¡Terminaremos en la cárcel como vulgares ladrones!
Con arados, con azadas en las manos es como nos encontrarán.
¡Entonces nos llamaremos ladrones, delincuentes... o campesinos!
¡Ayudadme a levantar este arado!
Las semillas, las semillas...
Salvatore, ¿quién crees que lo ha hecho?
Vamos, Bastiano.
"Quien lo sabe, quien lo sabe... "
Madre mía...
Tres...
¿Qué te dije, tío?
Lo han reventado todo.
Cuatro...
¡Salvatore!
¡Salvatore!
¿Qué haces? ¿Adónde vas?
¿Dónde está Salvatore?
¡Ya lo he visto! ¡En media hora quiero el almacén listo y la tierra despejada!
- ¿Qué hacéis? - Largo, largo. Marchaos.
Venid. ¡Volved aquí!
¡Todos, conmigo!
¡Todos aquí!
¡Me han dado! ¡Dios, me han dado!
- ¡Me han dado! - ¿Qué pasa?
¿Qué hacéis?
¡Me hacéis daño!
¡Puedo andar solo!
¿Pero qué...?
¿Qué haces?
Quieto.
¡Quieto!
¡Quieto!
¡Apartaos!
¡En el almacén hay un herido!
¡Ahí!
¡Apartaos!
Me alegro. Me alegro de que ustedes vean con sus propios ojos...
que los campesinos de Mezzara respetan la ley.
- Aran... siembran su tierra. - ¡Largo, largo!
¡Despacio!
Los pies, así... ¡Al pueblo, rápido!
¡Vamos!
¡Despacio!
¡Fuera de ahí!
- ¡Han venido buscando sangre! - ¡Y vosotros reventasteis el almacén!
¿Sabes lo que pienso? que lo hicieron para comprometer a los campesinos...
pero les salió todo mal.
¡Toma, de recuerdo!
Sí señor, pero ahora los líderes vienen conmigo a Mezzara.
Y no quiero chiquilladas. Vosotros volved a casa.
¡Cada uno a lo suyo!
- Giulio, yo abro. - ¡No, es peligroso!
Abro.
¡Giulio!
¡Han cogido a Salvatore!
Bastiano...
Rocco...
Cola...
Están todos en la plaza.
¡Que les disparen por la espalda!
Han hecho su juego.
La ocupación se acabó. ¿Cómo es que no lo entienden?
Venga, el tren sale a las 11. No hay tiempo que perder.
¿Crees de verdad que les asignarán las tierras del latifundio?
Al menos las partes que hemos cogido Carmelo y yo.
Son las primeras en la lista de asignación.
Pero hasta ahora el abogado ha logrado posponerlo.
No es la primera vez que ocupan la tierra.
Esta vez han sembrado.
Saldrá en los periódicos, ya lo verás.
Y nosotros tendremos el contrato de la cantera.
Te lo aseguro.
Podría ser el primero de los contratos.
La nueva carretera atravesará toda la isla.
120 millones a tocateja.
¿Hay otros que quieran el contrato?
En Palermo, sí.
En el pueblo seguro que no.
Tienes razón. Carmelo aún estará en la tierra
recogiendo las semillas, una a una.
- ¡Los han soltado! - ¡Los han soltado!
- ¿Y el presupuesto? - En la mesilla. También están las cartas.
Una copia para el abogado y otra para los amigos de Palermo.
Y a Carmelo...
¿no sería mejor prometerle algo?
¡Carmelo!
Carmelo se hará cargo...
de la dirección de los trabajos.
Eh, que el abogado no se confunda entre él y yo, ¿eh?
Le aclaras...
- que la idea del contrato es mía. - Sí, sí.
Tú asegura en Palermo que lo haremos con ese presupuesto.
Nuestra mano de obra hará 12 horas al día en lugar de 8.
Y si el abogado sigue sin convencerse...
si no queda convencido...
¿No lo ves? Me preparo para un viaje más largo.
Iré a Roma a ver al senador.
¿Al senador?
- Sólo lo hemos visto una vez. - ¡Me recibirá!
Dime que debo prometerle.
¿Prometerle? Recordarle, dirás.
El escaño está en Roma, pero los votos están aquí, en el pueblo.
¿Te quedarás en Palermo?
A la vuelta. Hasta el lunes, en casa de mi prima.
Bien... cómprame los medicamentos.
Tenías razón tú, ¿sabes?
Los sueltan.
Les estamos transmitiendo: "Música por la mañana".
Salvatore se ha puesto delante.
Es el sitio del cobrador.
- ¿Llegaremos puntuales? - A las 9:30
- Pero el horario dice a las 9:10 - A las 9:10...
Es que nos esperan para una asamblea importante en el teatro de la ciudad.
¡Eh, levántate de ahí!
¡Sí, figúrate!
¡El senador de Mezzara!
¡Ya, ya, ya! ¡Agradezco los aplausos pero ya está!
- Pasemos a leer la moción. - Soy de Mezzara.
A) La experiencia de Mezzara ha tenido éxito...
pero la situación es mucho más compleja de lo que parece.
Esta quinta Asamblea debe...sellar el fin de cualquier tendencia sectaria.
Hay que adoptar métodos diferentes de lucha
para no aislar a los agricultores del resto de la opinión pública.
¡Pido la palabra!
¡Está bien, métodos de lucha diferentes,...
pero expliquémoslo bien a los campesinos sicilianos!
¡Si ya hemos hablado durante una hora!
¡Se acabó con el miedo!
¡Nosotros somos los Sansones de la tierra!
Campesinos que sufrís...
que tenéis derecho a la tierra...
"Taratira taratera, vamos a la revolución... "
¿Eh?
Así dice tu cancioncilla, ¿no, Salvatore?
¡Salvatore dice bien!
- ¡Bravo, Salvatore! - ¡Ya, ya, ya!
Hemos discutido toda la mañana.
Sometámoslo a votación.
¡Votación!
¿O tendremos que salir del teatro e ir a la plaza?
Espera, espera.
Estoy a favor de los resultados de Mezzara.
¡Demasiado arriesgado!
¡Demasiado arriesgado!
¡Estos métodos funcionaron en el pasado!
¡Hoy la ley está de nuestra parte!
¡A Salvatore le gusta recibir leña!
¡Leña!
Salvatore, ¿adónde vas?
¿Entonces ya es la hora de leer la moción?
Empezamos llamando a las delegaciones:
- Delegación de... - Vanni, ¿qué te pasa?
- ¿Qué sucede? - ¿Es el aire de Palermo?
¿Sabes lo que hay allí fuera a 100 metros del teatro?
- ¿Cómo quieres que lo sepa? - El hospital donde han llevado a Nino.
- ¿Y más arriba? - ¡Déjame!
La cárcel.
Eh, vosotros, ¿qué está pasando ahí?
Nada, ¿qué debería pasar?
¡La cárcel! Por un pelo no hemos terminado allí...
condenados por destrozos, robo...
Esas acusaciones reservémoslas para quien entró en el almacén...
para la mafia.
No fue Salvatore quien os comprometió.
¿Quién lo sabe? ¿Estabas tú?
¿Qué dices?
- Nada, nada. - Cuidado.
Le vendrá mal hacerse amigo de la mafia.
¡Y con Ludovico mucho peor!
¿Eh, Salvatore?
¿Adónde se ha ido?
- ¡Para! - ¡No, se lo quiero decir a la cara!
¡Hace mucho tiempo que se lo quiero decir!
¿Dónde te has escondido?
¡Basta de bravuconerías! ¡Yo también puedo comportarme así!
¿Y si fuéramos todos así? ¿Pero quién se cree que es?
No te gusta que te juzguen, ¿eh? Pero los honores sí, ¿eh?
¡Y todo ello para ti!
¿Dónde estás?
¡No, dejadme estar!
Eh, Salvatore, vamos, ven. No hagas el crio.
- ¡Quiero que todos me escuchen! - No, no quiero, no.
Estás acostumbrado a salirte con la tuya, pero ya está bien!
¡Y si no te convences, si sigues cantando, te pondremos un bocado!
Bastiano, desde ahora Salvatore hará un pequeño sacrificio.
Se contentará con cantar "a coro", con nosotros.
Ya está.
No era necesario enfadarse tanto.
- ¡Eh, tú, es mediodía! - ¿Y qué?
Tengo que bajar el telón para el cine.
Pasemos a la votación.
Quién esté de acuerdo con la moción, que levante la mano.
¡Unanimidad!
No, un momento.
¿Qué pasa, empezamos de nuevo?
Si pudiera hacéroslo ver con mis ojos, quizás...
Puede ser que haya cometido algunos errores,
pero la mafia, la mafia de Mezzara...
Esa pequeña porción de tierra que hemos tomado, ¿es suficiente para todos?
¡No!
Puedo verlos.
Nos esperan en la cueva, nos preparan la trampa...
Llamadme tonto, pero es allí donde debemos volver.
Bajo ellos, cada día,
en la vieja hacienda.
Exacto.
Decía, en la vieja hacienda.
Vamos Salvatore. Ven también tú, venga.
Mañana, reunión general.
Nos oye.
La asamblea lo decide, Salvatore no.
¿A quién ponemos en su puesto?
A él, quizás.
Nos oye.
FIN DE LA PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE
¿Quién es? ¿Tío, es usted?
¿Quién es?
¿Qué haces aquí? Está el niño...
¡Si no te vas, grito!
- ¿Qué pasa, Bárbara? - Nada, duerme.
- ¿Estás mala? - No estoy mala, duerme.
- Yo estoy mal. - ¿Quién es?
Nadie, duerme.
Vamos, ven aquí.
Eso.
Siéntate. ¿Qué tienes, qué te sucede?
Llevas más de dos meses encerrado en casa.
Tenía que hacerlo.
¿Por Palermo?
¿Palermo? Si...
No.
Estoy enfermo...
Escupo sangre.
- ¿Tísico? - Si.
No es posible.
Dime la verdad.
Siempre has sido un poco impresionable.
Quizás sea impresionable, pero lo de tísico me lo dijo el médico.
- ¿El médico? - El médico de cabecera.
"Una tos húmeda", me dijo.
¿Pero qué estoy haciendo aquí?
¿No ves que te estoy comprometiendo?
Ya no razono bien. Meto en líos a los que están a mi lado.
A mi madre, mis amigos, y ahora tú.
¿A mí? A mí, no.
Tu hermano está ahí.
- Me voy. - No.
No.
Con esa cara no sales de aquí.
Lo único que está comprometido aquí es tu salud.
¿Te ha dado medicamentos?
Dijo que iban bien estas que tenía en casa.
Te pongo el pinchazo.
Me encuentro mal.
- ¿Quién es, Barbara? - ¡Duerme!
¿Quién es?
¡Duerme, aún es temprano! ¡Duerme!
Tenía que decírselo a alguien..
Tenía que desahogarme.
¿A mí tenías que decírmelo? ¿A mi?
Tenían razón los de Palermo.
Ya no valgo nada.
Túmbate.
¡Desnúdate!
A sus órdenes.
Un momento.
Dice que esta enfermedad sólo tiene una ventaja.
Nunca dejas de hacer el amor.
- ¡Dame mi papel! - No.
Sí, me acuerdo muy bien de Salvatore.
No, últimamente no ha venido a verme.
Pero, los pinchazos que le estoy poniendo...
No le harán ningún mal. Es un reconstituyente.
Pero en cuanto a esta enfermedad...
¿Sabes si ha tenido últimamente algún shock?
¿Cómo?
Sí, shock, una contrariedad, una fuerte emoción...
- Déjeme pensar... - Molestia, sorpresa...
- ¡En el Teatro! - ¿El teatro?
Si, Palermo, en el congreso. Siempre habla de eso.
Lo obligaron a sentarse.
¡Entonces ahí está su diagnóstico! El mal de Salvatore está aquí, en la cabeza.
¿Quiere decir que él cree que está malo, y en cambio no lo está?
¡Rossella, cierra la puerta!
- ¡Se lo inventa, hija mía! - ¿Se lo inventa?
Barbara, eres la misma estúpida de siempre.
- No lo creo. - Pregúntale a su madre.
¡Si supieras cuantos sustos le ha dado!
Está enfermo...
Barbara, para curarse no me necesita a mí,
necesita a alguien que le "quite el clavo" que tiene en la cabeza,
alguien que lo consuele.
Ya está. Mándame a otro.
Le toca a usted.
- Mire arriba. - Doctor...
- ¿Qué? - Quizás usted no lo ha entendido.
¿Cómo?
Mire, Salvatore y yo... sí, vamos, que me considera su mujer.
Ya lo había entendido, hija mía. Lo entendí muy bien.
¡Nos llevamos bien, doctor!
Salvatore no tiene secretos para mí, me lo cuenta todo.
Incluso sobre lo que no tiene, ¡La excusa por lástima!
¿No me crees?
Tráelo aquí.
- No vas a encontrar a Salvatore. - ¿Qué quiere decir?
Que han venido a buscarlo y se ha ido.
¿Pero dónde puede haber ido? Yo sé dónde encontrarle.
- Lo encontrarás con don Carmelo. - ¡Mentirosa!
Yo misma lo he visto entrar en la almazara de don Carmelo.
¿Con la mafia? ¿Ahora también con la mafia?
¡Calla, te van a oír!
¡Que me oigan!
Venga, venga, date la vuelta. don Carmelo aún no se fía.
Muéstrale como han cambiado tus formas, vamos.
- Puedes hacer lo que quieras... - Voy yo al grano.
Tú sabes que nos han dado el contrato de la cantera.
Sí, lo sabe. Trabaja medio pueblo.
Ha sido un gran logro para nosotros...
y no queremos perderlo.
Necesitamos tener amigos..
y no enemigos...
particularmente tú.
¡Listo!
Ponle la etiqueta.
Lo garantizo yo.
Sabemos que estás sin trabajar desde hace dos meses...
que te has cansado de todas tus antiguas compañías...
¿De todas?
Se trata también de esto, de poner una piedra en el pasado.
Tendrás tierra.
Pero no puede ser para todos.
Aún hay muchas personas sin trabajo.
En la cantera lo hay.
Pero el trabajo tiene que ir rápido...
Especialmente con nuestros competidores.
Todo gracias a la señorita Francesca. Si no hubiese sido por ella...
¡A todos nos gustaría hacer ocho horas de trabajo, ojalá!
Doce horas en cambio es lo que piden.
Se lo hemos explicado a los canteros, y parece que lo han entendido.
Pero necesitamos a alguien que se los recuerde...
que los mantenga en orden...
y a ti los argumentos no te faltan.
Si tienes algo que decir, aún estás a tiempo..
¿Yo? Os lo dejo a vosotros.
¿Dices que hay que hacerlo? Pues hagámoslo. Enseguida.
No se trata de una misa cantada.
¡Ábrete!
Solo me queda que daros las gracias.
Las manos se hicieron para trabajar ¿no?
Y tendrán trabajo, hoy y mañana.
Y cuando las canteras se terminen, buscaremos otra cosa.
¿Qué me dirías del naranjal de detrás de tu casa?
Vivirás como un señor el resto de tu vida.
¿Carmelino, has visto? ¿Te has convencido?
¿Qué tenemos? Lo que decía yo. ¿Lo queréis contento?
Dadle trabajo... y quizás dos piernas debajo de una falda.
- ¿Y no es una lástima? - Échame una mano.
Te puedes presentar ya mismo en la cantera.
- ¿Encargado? Encargado, ¿no? - En la cantera.
Te han hecho jefe. Lo que necesitabas. Si no eres jefe, te pones malo.
Me han ayudado los pinchazos.
¿Los pinchazos, o tus nuevos amigos?
¡No! ¡Sermones, no!
¿Qué sermones? ¡Del shock te estoy hablando yo!
¿Shock?
Me han abierto los ojos. Te han dado importancia y te has curado.
- Buenos días. - Buenos días.
Buenos días.
No tienes necesidad de ser consolado. Ya no te sirvo de nada más.
¡Mírala, le molesta que esté bien!
¡He estado con el doctor, mentiroso!
¡Espera! ¿Adónde vas? ¡Espera!
¿Quieres saber lo que me dijo?
Que te debo seguir pinchando.
- Mañana. - Ya he hervido la jeringuilla.
- Mañana. - Mañana, ¿eh?
Mañana.
Mañana. Te espero mañana.
¡Arriba! ¡Arriba!
¡Arriba!
Cola, ¿tienes ahí debajo a una mujer?
Dos minutos... solo dos minutos.
¡Cuatro horas... pero de trabajo! ¡Arriba! ¡Arriba!
¡Eh, buen amigo tienes!
- ¿De quién hablas? - De Salvatore.
- ¿De quién? - ¡Salvatore!
- ¿De qué habla? - ¿No lo has oído?
¡Vamos! ¡Rápido, rápido!
¡Muévete!
¡Bajad, bajad! Órdenes del jefe.
¿Qué te ha hecho Salvatore?
Por favor, a mi nada. ¡A vosotros que nos os da tiempo de coger el aliento!
Pondré las cartas sobre la mesa: Descansos cortos, el horario es el horario.
Se comporta como un diablo.
- ¿Quién es un diablo? - Salvatore.
Ahí está. Ha encendido otra mecha.
Nos está mirando. ¡Descargar, descargar!
Doce horas en la cantera sin descanso nos matarán, ¿se lo has dicho?
¿Se lo has dicho?
"¿Y yo qué tengo que ver?", me ha dicho.
"Todos ellos han aceptado las doce horas como borregos."
Borregos, ¿eh? La familia es una, pero las bocas son ocho, nueve, diez
"Es vuestro problema", dice el jefe.
¿Doce horas son demasiadas? Haced ocho y marchaos,
pero si os quedáis nada de letanías. Con Salvatore se trabaja duro y basta.
¡Mirad que ojos tan malvados!
- Vámonos. Vámonos. - ¡Nos vamos!
Bastiano.
Mira esa roca. ¿No parece un pie?
Parece un pie.
Ahí está, Raimondo. ¡Cuidado!
¿Qué haces? ¿Te vas a casa?
A casa.
Ocho horas.
¡Ah! ¡Trabajad vosotros!
¡Trabajad!
¡Trabajad!
¿No venís conmigo?
¡El espectáculo de la noche!
¡Vanni, Turi!
Habéis tardado mucho en llegar desde la cantera aquí.
¡Llevo cuatro horas esperando!
¿O acaso habéis trabajado doce horas?
¡Madre mía qué cara!
¡Baciccia!
"Cuidado Baciccia, que tienes una mujer joven... "
"Cuidado Baciccia, que tienes una mujer joven... "
¡Cuidado tú!
- ¿Cuidado a qué, perdona? - ¡Déjame!
¡Déjame en paz!
¿Y yo debo asustarme de una cara como la tuya?
¿O como aquella?
¿O como la de ahí?
¿O como esta?
¿O como la de allá?
¿O esta?
¡Sí, me impresionan...
...porque dan pena!
¡Eh, manijero! ¡Viva el manijero!
¿Por qué no eres el manijero tú?
¿No buscas los intereses de los agricultores?
- Tengo mucho sueño para bromear. - ¿Quién bromea?
Con vosotros no se bromea.
He visto de lo que sois capaces. Lo reconozco.
En Palermo lo lograsteis.
Hacerte correr, ¿eh, Salvatore?
¡A hacerme sentir jodido!
¡Desde aquél domingo en el teatro...
este bonita cara mía me ha parecido la cara de un jodido!
¡Pero como he podido... la cara de un jodido!
¡Esta!
Pero ahora en cambio hay a quién le gusta, tu cara, ¿eh Salvatore?
Eso es. ¡Alguno que te la valora!
- Ya era hora. - ¿Por qué no nos dices el nombre?
¿No lo hago?
Lo grito,
la mafia.
No te vas a poner a gritar aquí.
¿por qué? ¡Lo grito!
¡Lo grito al mundo entero!
¡Dejadme gritar un poco!
¡Creía haberme quedado mudo!
Me he desahogado.
La mafia...
Son estúpidos don Carmelo y don Vincenzo.
¿A quién han tratado de comprar? ¡A quién podría darles problemas!
¿Vosotros por casualidad? No, Salvatore.
Y sin embargo veréis que las cantidades ni siquiera llega a ellos.
¡Iachino! Iachino, ¿qué haces?
¿Juegas al escondite?
¡Sal, te hemos visto!
¡Te hemos visto!
¿Es necesario montar tanto lío por lo de las ocho horas?
Bastaba con que tú las pidieses.
¿Lo habéis oído? Todo lo que necesitáis es pedir las ocho horas, y ellos os las darán.
- Habla más bajo. - No, la levanto.
¡Es para que me oigan!
Para abrirles los ojos.
A ellos.. y a los que hay detrás de las persianas.
¡Salvatore!
Don Carmelo, don Giuseppe, sacad el cuello! ¿Habéis oído?
¡Iachino aceptó las ocho horas! ¿Y vosotros?
¿Oyes lo que dice?
- Es grande, lo reconozco. - Ven, yo vuelvo a la plaza.
¿Tenéis miedo? ¿De quién, de Iachino?
Es grande.
¡Iachino, ven aquí! ¡Díselo también tú!
- ¡Don Carmelo! - No lo entiendo, pero es grande.
¡Don Carmelo!
- ¿Qué haces? ¿Qué haces? - Llamo a don Carmelo.
Es la única manera. Tiene el carácter del lobo.
- ¿Qué tiene? - Es cierto.
El carácter del lobo.
Cuando las cosas le van mal...
Oiréis esta noche como ulula con la historia de las ocho horas.
!Cuidado! ¡Iachino!
- ¡No, no delante del cuartel, no! - ¡Ha sido él!
- ¡Vamos, vamos! ¡Separadlos! - ¡Vamos, vamos!
- ¡Déjame golpearle! - ¡Separadlos!
- Pero por qué... - ¡Esta vez la has hecho buena!
¡La has hecho buena!
¿Pero qué es este pueblo? ¿En dónde estamos?
- ¡Quiero hablar! - Esta vez la has hecho buena.
¡Cómo se hace en cualquier parte del mundo!
- ¿Don Vicenzo? - Está mal.
Espera aquí, Raimondo.
- ¿Vincenzo? - Carmelo, pasa.
Salvatore, ¿no?
Desde ayer por la noche todo el pueblo se está riendo a nuestras espaldas.
Ah, ¿también estás tú?
- Hay que darle una lección. - ¿A él?
¡A ti te la daría yo! Tú nos lo trajiste.
Yo os lo traje, y yo os lo quitaré de la vista
- ¿Tú? - Por favor...
Ni él se imagina de qué están hechos los hombres así.
Si lo sabes, ¿por qué dejas que te tome el pelo?
¿Yo?
Yo, no.
Yo, no.
¡Anoche puede... te pegó un buen "tirón de cola", ¿eh?
- ¿Qué cola? - Hablemos de las ocho horas.
No, no, no, deja que nos lo diga. Me interesa.
¿Qué dijo Salvatore?
Que Carmelo tiene el carácter de un lobo.
Reid, reid, tenéis razón.
Casi me entran ganas de reír también a mí.
A esto es a lo que nos ha llevado,
a faltarnos el respeto incluso entre nosotros.
- ¿Comprendes? - Es cierto que son cosas graves.
Pero dinos la verdad ya que es entre nosotros.
¿Realmente tienes ese carácter?
Cuidado, Vincenzo... no tienes demasiado aliento para echarlo de aquí.
- ¡Francesca, mi gasa! - ¡Quema!
Me quito la chaqueta, disculpad.
Figúrate... si no me molesta tener que hablarte así.
¿Pero, qué hacemos con Salvatore?
¿Le perdonamos?
¿O es eso lo que has decidido?
Echarnos atrás.
No, no.
No.
Hablaré con franqueza.
Vincenzo, he venido a decírtelo. Aquí tú ya no tienes nada que hacer.
Entre la cama y el sillón, ya no puedes controlar la situación.
Me haré cargo yo de todo a la vieja usanza, ¿eh?
Iré a Palermo a hablar con el abogado.
Hay que apuntalar las cosas lo antes posible.
- Si, me parece bien. - ¿Eh?
Salvatore se para antes de que los otros vayan a más.
- Hay que tomar unas decisiones. - ¿Por quién?
Por el abogado y por mí. Ha puesto todo en mis manos.
No es verdad. No te has movido del sillón,
y Iachino no ha ido allí.
Yo no... Francesca.
Ahora estoy convencido.
Salvatore tiene razón.
¿Sobre qué?
Al decir que cuando la mujer sale de casa, el cornudo queda dentro.
- No, estas cosas no se dicen. - Salvatore no lo ha dicho.
- No lo aguanto más. - Échalos a la calle.
¡Venga, largo!
Largo.
Vamos, siéntate.
No, Salvatore no lo ha dicho.
- Espera un momento... - Cuidado...
El ungüento.
- ¿Le está dando un ataque? - Lo he visto peor.
- ¿Te molesta el sol? - Si, cierra.
Entonces, ¿qué ha decidido?
Si, sobre Salvatore.
¿Y bien?
Pregúntale a Vincenzo.
Raimondo está fuera. Ya ha recibido las órdenes necesarias.
"Y lloro, viéndote partir... "
"Por última vez te ofrezco mi amor... "
"¡Adiós! No me des la mano... "
¿Hay sitio? ¿Hay sitio?
Hay un mañana para nosotros...
"Sólo para nosotros... "
"¡Adiós! Te veo tan lejano. "
¡Si entras, te matan!
- ¡Sin ella no puedo partir! - ¡Te matarán!
...a mi lado.
"Y lloro, viéndote partir... "
"Por última vez, te ofrezco mi amor... "
Embarca, antes de que sea demasiado tarde.
Pero para ti, será el final.
¡No!
No puedo, tengo que salvarla. ¡Debo salvarla!
¡Podemos lograrlo!
¡Atrás!
¡El cojo!
"Por última vez te ofrezco mi amor... "
"¡Adiós! No me des la mano...
Hay un mañana para nosotros...
"Sólo para nosotros... "
"Adiós, pareces tan lejano... "
"Pero aún hay esperanza... "
"Junto a ti.. "
¿Qué me está pasando?
Ese marinero siendo asesinado me ha impresionado.
Y yo... quizás fui demasiado lejos la otra noche en la plaza.
Tengo que meterme en la cabeza de don Carmelo...
de don Vincenzo.
Estoy cansado.
No, debo prever...
lo que me preparan esos.
Alguno de ellos me querrá dar el último aviso.
¿Pero quién?
¡Dios me ha dado un nombre, llámame con él!
¡Salvatore!
Estás muerto.
- ¿Qué dices? - ¡Los oí!
¡Han decidido matarte!
¿Matarme?
¡Estoy perdido!
Tienes miedo, ¿eh?
¿Qué puedo hacer?
Huyamos al continente.
¿Huir?
Juntos haremos grandes cosas.
Yo volveré a boxear... y tú podrías...
¡No quiero nada contigo! ¡No quiero nada contigo!
¡No quiero nada contigo!
¡Salvatore!
- Espera. - No quiero hablar. Voy a morir.
- ¡Miedo! ¡Vergüenza! - ¿Vergüenza? ¿Qué dice?
Que no te quiere matar nadie. Que tienes que parar ya.
Tienes que acabar con esta fijación, eres el tonto del pueblo.
- ¡Madre... usted no lo piensa! - Sí, desde que eras pequeño.
Siempre exagerado, siempre con discursos. Tus amigos han creado una familia.
Entonces...
¿qué soy yo?
¿Qué soy?
¿Qué hago ahora?
Haz lo que hacen los demás.
¡No, Madre! ¡Madre!
Madre, perdóname. No soy un hijo como los demás.
Pero creo que me necesitan aquí.
- Tal vez hasta mi muerte. - ¡Calla!
¿Quién te crees que eres?
¿Jesucristo?
Hijo, hijo mío, hijo.
Hijo, hijo mío, hijo.
Adiós...
Amigos míos. Adiós Cola, adiós Bastiano...
Adiós madre.
Adiós a todos...
Ahora prepárate, Salvatore.
Prepárate.
...aún...
a tu lado...
A tu lado...
- ¡Vanni! - ¡Cola!
- ¡Baja! - ¿Qué pasa? ¿Qué quieres?
- ¡No entramos! - ¡Baja, rápido!
¡Para, que bajo!
Bajad.
- Hoy no entra nadie. - ¿Cómo?
Ocho horas o nada.
Don Carmelo...
No nos gusta los favoritismos.
Ocho horas él, ocho horas nosotros.
¿Qué hacemos?
¡Ve a decírselo! ¡Ve, que conozco todas vuestras conspiraciones!
¡Díselo, ve!
¡Si, dicen que quieren mi cabeza!
¡Todos deben saber el calvario que queréis prepararme!
¡Pero recordad que matarme a mí es como si se matase...
¡Cristo!
¿Qué quieres decir?
Lo que he dicho.
¡Que me han amenazado de muerte!
¿Cómo lo sabes?
¿Cómo? Lo sé.
Entonces, ¿por qué los provocas?
¿No temes perder la vida?
Por eso les provoco, porque quiero vivir.
Por esto levanto la voz...
Grito sus nombres en la plaza...
para atarles las manos...
para inmovilizar sus pies...
Nuestro silencio los hace más fuertes.
¡Bravo!
- Si lo dices tú... - Lo digo yo.
¡Vete a...!
¡La redención del trabajo...
de sus hijos obra será!
O viviremos del trabajo...
o peleando, o peleando moriremos!
O viviremos del trabajo...
o peleando, o peleando...
Bastiano...
Salvatore está embelesado.
Salvatore, ya estamos listos.
Vamos.
Tengo una idea para la reunión de mañana. ¡Ya verán!
¡No! ¡No! ¡No!
No, señora, no es su hijo, vamos.
¡Moveos, vamos!
¡Pasad, vamos!
Ya le dije señora que este no es su hijo. ¡Ahora atrás, atrás!
¡Son sus zapatos! ¡Reconozco sus zapatos!
¡He reconocido los zapatos!
¡No es su hijo!
¡Márchese, por favor!
¡Paradla, ayudadme!
¡Paradla!
¡La corbata! ¡Ayúdame a hacer el nudo!
La mafia no quiere que el funeral pase por la plaza.
- ¡Daos prisa! - Y nada de banderas.
Entonces iremos por detrás de la Iglesia.
¡Han llegado los compañeros de la ciudad!
FIN
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