All language subtitles for Il Mestiere delle Armi

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Original subtitles

�Qui�n fue el primero que invent� las espantosas armas?

Desde entonces hubo estragos y guerras,

y se abri� un camino m�s corto a la cruel muerte.

�A�n as�, el miserable no tiene la culpa!

Somos nosotros los que usamos mal lo que �l nos dio

para defendernos de las feroces fieras.

Al acercarse la hora

que los hados, con consentimiento de Dios,

hab�an prescrito para la muerte de nuestro se�or,

cada uno de nosotros, olvid�ndose de s� mismo,

lloraba lament�ndose de que la suerte, sin raz�n,

hubiese hecho morir, en medio de tanta necesidad,

a un capit�n tan noble y valeroso.

No le sucedi� muy a menudo en la �ltima guerra

que tuviera que usar las armas, como acostumbraba,

porque en estos tiempos se usan sobre todo

las intrigas y enga�os de la pol�tica.

Despacho de Federico de Gonzaga, marqu�s de Mantua,

a Alfonso d'Este, duque de Ferrara.

El se�or Joannino se hizo llevar ayer a Mantua

para curar la herida que recibi� en la pierna

en escaramuza con los alemanes del Frundsberg.

Pero los m�dicos consideran que hay peligro de muerte.

No basta con ser leales y gloriosos en el oficio de las armas,

si no confirm�is vuestra fama

con la religi�n de nuestra fe

bajo cuya observaci�n hemos nacido y vivido.

Al acercarse el d�a, volvi� en s� con tormentos

Al verme, me mand� que hiciese que Mar�a,

su consorte, le mandase a su hijo Cosimo.

En esto, la muerte, que lo reclamaba bajo tierra

le redobl� la tristeza.

Me orden� llevarle al lecho de campa�a

para morir como un soldado.

Hecho esto, la luz, que le intrigaba la vista

daba paso a las tinieblas perpetuas.

He sabido que incluso Su Santidad se ha conmovido.

y as�, sintiendo desaz�n por la mala fortuna de Giovanni,

su sobrino, el Santo Padre ha reconocido las partes malas

que hab�a en �l, que superaban las buenas.

Pero no hay nada m�s que decir, pues Dios lo ha remediado.

EL OFICIO DE LAS ARMAS

El ilustr�simo se�or Giovanni de'Medici

capit�n del ej�rcito de Clemente VII

fuit infirmo per die quatro et mortus est in contrada Grifone

ex febre, por haber sido herido en una pierna

por un disparo de artiller�a.

en Mantua, �ltimo de noviembre de 1526.

BOCCADIGANDA PO Dia primero

Carros alemanes.

�Volcad los carros!

Hoy, s�bado, por la tarde,

alcanzada la retaguardia de los lansquenetes en el Po

el se�or Giovanni de'Medici y su caballer�a

han asaltado con tal �mpetu, que el enemigo se ha retirado

abandonando algunos carros de provisiones.

�Herr general!

El capit�n de'Medici ha asaltado nuestros carros.

-El gran diablo con sus bandas. -Las �rdenes no cambian.

Evitar cualquier confrontaci�n.

El Medici, con sus incursiones, quiere retrasar la marcha.

Hay que evitar cualquier p�rdida y atravesar el r�o.

Los alemanes del emperador Carlos V son muy valientes.

Han invadido Italia con 18.000 infantes

y han probado el bot�n de alguna ciudad.

Pero a�n no han recibido la paga, y salvo arcabuces y mosquetones

no tienen artiller�a alguna.

Ha ido a detener la invasi�n de los alemanes

el general della Rovere, duque de Urbino,

comandante del ej�rcito pontificio,

con 8.000 infantes y 600 lanceros, precedido de Giovanni de'Medici,

con 600 hombres de armas, caballer�a y arcabuceros,

con prop�sito de incomodar la marcha alemana

con incursiones sorpresa, de d�a y de noche.

as� que ha hecho bru�ir las armaduras

para sorprender al enemigo en la oscuridad.

Hasta entonces se dudaba del camino de los alemanes.

A ocho millas de Mantua, parece que quieren pasar

el r�o en Borgoforte o San Nicol� Po.

Pero encontrar�n las barcas levadas

y tendr�n dificultades para cruzar.

teniendo que detenerse, con grave da�o de las gentes.

El comandante de los alemanes, Zorzo Frundsberg

quiere llegar r�pido a Roma, teniendo decidida a su gente,

presta al exterminio de los cl�rigos y al saqueo de iglesias.

Se jacta de una lazada de oro atada al arz�n,

y dice que quiere ahorcar al Papa con ella.

BORGO GABBIANA CAMPAMENTO PONTIFICIO

Prepara un despacho urgente. Mandad un mensajero.

Un mensajero listo para partir de inmediato.

�Un mensajero para el capit�n de'Medici!

Hay que desanidar a Frundsberg antes de cruzar el r�o

y encontrar libre el camino a Parma.

Es evidente que quiere evitarnos.

Quiere bajar directo a Roma y al Papa.

Es invierno. No encontrar� provisiones.

Sabe c�mo procurarlas, ese luterano.

Pero no puede aguantar mucho.

A Francesco della Rovere, duque de Urbino,

supremo comandante del ej�rcito pontificio.

Creo que siendo las tropas italianas

poco disciplinadas e insubordinadas,

nuestra infanter�a no puede

resistir el encuentro

en campo abierto con los alemanes,

aunque no tienen artiller�a.

Es m�s conveniente atosigar a los lansquenetes

con escaramuzas, fastidi�ndoles

sobre todo en las retaguardias. Es el �nico modo

de desordenar y vencer a gente tan disciplinada.

En fe y obediencia, Giovanni de'Medici.

Es buena recompensa para un soldado de hoy.

Una bala de arcabuz aplastada como una moneda.

Coronel Cuppano. Las armas de fuego cambian la guerra.

Pero son las guerras las que cambian el mundo.

Al ilustre Joanni de'Medici.

Vuestra se�or�a sabe que os soy tan aficionado

que siempre me pesar� no poder complaceros

no poder complacer en algo que me pid�is,

como pasa ahora con la artiller�a.

que me ha pedido,

y que de la que no me arriesgo a privarme.

Y no conozco persona por la que me privar�a

en tiempos tan atribulados.

Y por este motivo

os ruego, valeroso capit�n de'Medici,

me dispens�is si no os complazco

en esta petici�n.

Como devoto hermano, Alfonso d'Este, duque de Ferrara.

Cabello y barba larga son nido de piojos.

y a�n m�s f�cil presa para el enemigo.

Tengo tal hambre que me comer�a un cerdo entero.

Y yo una cerda que me caliente.

Estos ej�rcitos de toda raza y religi�n

hacen todo mal: violan, incendian...

matan al ganado, vac�an ba�les,

sin ning�n respeto por nuestros pueblos

ni las pobres gentes. La infanter�a del Papa

cobra poco, y los soldados, sin dinero...

�Basta!

sin dinero, son asquerosos.

Si nos libramos de los alemanes, nos libraremos de los pontificios.

que son peores que los turcos.

Canallas: hacen da�o al que deben defender

como al que deben atacar.

Pero para tener menos da�os

ser�a mejor si dejamos pasar al Frundsberg

por la puerta de Curtatone. El tudesco quiere cruzar

y liberarse del incordio de los pontificios.

Noche de niebla, ma�ana de nubes.

Bastar�a que los lansquenetes

llevasen un d�a de ventaja

y que se encontrasen en el camino a Mil�n.

- �Oficial de la guardia! - A sus �rdenes.

Informad al vicario de Curtatone

de que por orden de Federico Gonzaga,

esta noche puede pasar Frundsberg y su guarnici�n.

S�, excelencia.

In nomine Patris et Filii

et Spiritui Sancti, Amen.

Qu� se dir� en Mantua

cuando me vean

mendigar vuestros favores.

Vos ser�is censurado.

Esta es la retribuci�n de mi honor

que sin dudarlo he puesto en boca del mundo.

Todos conocen vuestro �mpetu en este amor.

Se sabe mi confianza con vos.

Se sabe bien que nunca os he privado de m�.

Es cruel que con este amor

que cre� que nunca se apagar�a

yo no haya conseguido m�s que perpetuo deshonor.

No me queda sino reencontrar en desgracia a mi marido

Solo espero un destino seguro e infamante.

La majestad imperial de Carlos V

ha enviado a un gentilhombre embajador

para recibir el privilegio de su investidura.

Y el contrato de matrimonio entre nuestro primog�nito Ercole

y su querida hija, la distinguida dama

Margarita de Austria.

Artiller�a denominada "falconetto"

Novedosa retrocarga: m�s rapidez,

m�s potencia de fuego.

[Bell�sima. Ser� muy �til

al general Frundsberg]

Moveos.

Hay que esconderlos a bordo.

Querida consorte: mandadme seis platos

escudillas, y tazas m�s grandes.

Y un par de manteles con 8 servilletas.

Y dos calzones de lana y piel, que en estas tierras

hay mucha humedad y hace mucho fr�o.

Despu�s de la �ltima carta no ha sucedido nada

digno de informar a vuestra se�or�a.

Y si escribirnos no fuese

hablar en ausencia

no molestar�a a vuestra se�or�a.

No os met�is en medio con ese tiro. Imb�cil.

�Tira!

Qu�date en la orilla. Vosotros, en la corriente.

�Soltad los cabos! �Cuidado con el retorno!

Rell�nalo para toda la noche.

Leedme algo.

Ved qu� escribe Maquiavelo.

"La fidelidad de los mercenarios no dura"

"�Por qu� te ser�n fieles si no te conocen?"

"�Por qu� Dios o por qu� santos jurar�n?"

"�Por los que adoran, o por los que blasfeman?"

"No conozco a los que adoran,"

"pero s� bien que blasfeman de todos."

"Es falsa la opini�n seg�n la cual"

"el dinero es el nervio de la guerra, antes incluso que la pol�tica".

Capit�n de'Medici.

�Qui�n va?

Luc'Antonio.

Hemos visto la guarnici�n de Frundsberg, en el camino a Mantua.

En Borgo de Montanara, camino a Curtatone.

Le precede un pelot�n con la ense�a de los Gonzaga.

�Es eso cierto?

Los ha visto una patrulla.

El gusano de Federico jura fidelidad al Papa

y luego protege a los alemanes.

Es la pol�tica, messer Aretino.

Como escribe Maquiavelo.

Ahora la pol�tica cuenta m�s que los ej�rcitos.

Pero el grueso de los alemanes ha dado la vuelta

para cruzar el Po en Ostiglia.

No podremos detenerlos.

Si detenemos a Frundsberg, detenemos la guerra.

Moverse de noche, en estas condiciones,

con el riesgo de los cenagales

que tanto perjudica a los soldados.

Toda la guerra es un fastidio, querido Luc'Antonio

Caballer�a y arcabuceros, preparados para partir.

�Ah de la guardia! �Un momento!

Esperad. Sale una carroza.

Dejadla pasar.

Subid la puerta, sin las cadenas.

Dos centinelas en la esplanada, que esperen �rdenes.

�D�nde va�s a estas horas de la noche?

�Busc�is el infierno?

�O llev�is los cuervos sobre el techo?

Almas condenadas sin descanso. De profundis clamo Te, Domine!

Buscamos el alojamiento de los pontificios.

�Buscad mejor la salvaci�n, ignorantes depravados!

Tiempos de mezquindad y triunfo de la bestia.

�No hay perd�n para vosotros!

�Hay alguien?

Responded.

Buscamos al capit�n de'Medici.

No queda nadie. Han levantado el campamento.

Se han ido todos.

�Adelante! Seguiremos buscando.

�Correo pontificio!

Informad al capit�n: los alemanes

est�n entrando por Curtatone.

No perd�is el paso. �Cerrad filas!

Vicario, formad la guardia.

Apagad antorchas y velas.

R�pido, que no nos vean de lejos.

Silencio.

Subid el puente, y cerrad con las cadenas.

De prisa.

Esta noche, orden de no responder ninguna otra llamada.

�Eh, vosotros! �A d�nde v�is?

�Quietos!

La dogana de Parma

�Qui�n sois?

Transporto sal de Ferrara a Mantua.

�Todo bien?

Siempre en regla.

Entonces �que te zurzan!

�A la vaca de tu madre!

�Y al cabr�n de tu padre!

Moveos.

Est�n borrachos.

Frundsberg me ha hecho saber que se da cuenta

del da�o por el paso de los soldados.

Pero que as� es la guerra, y nada puede hacerse.

Y que siempre os reconocer�

la ben�vola concesi�n de paso.

que le da ventaja sobre los pontificios,

para atravesar el Po por el puente de Ostiglia,

el �nico en pie. Pero para evitar toda sospecha

enviaremos un despacho a Su Santidad

pidiendo excusas por lo que os hab�is visto

forzado a hacer con gran disgusto.

Que no estaba en vuestras manos impedir el paso

a los lansquenetes, que toman los caminos que desean.

�Ah de la guardia! �Bajad el puente!

Es Giovanni de'Medici, capit�n del ej�rcito papal

el que pide paso.

Buscamos a los alemanes. �Abrid!

�Informad al vicario enseguida!

No respond�is.

�En nombre de Su Santidad y del rey cristian�simo

y del Padre eterno que os fulminar�!

�Abrid esta puerta!

�Traidores de la iglesia!

�Ma�ana os cortar� el cuello, el vicario el primero!

�Y tambi�n al putero de Gonzaga!

�Hijos de puta! �Cabrones!

�Bastardos!

�Qu� quer�is a estas horas?

El de'Medici se ha presentado en Curtatone

con sus soldados.

Quiere perseguir a Frundsberg aun de noche cerrada.

Ha amenazado al vicario,

y a vuestra se�or�a.

Que si no bajan el puente, ma�ana cortar� cabezas.

Aqu� hay le�a.

Para calentarnos.

�Mirad eso!

Menudo crucifijo.

Es el Cristo de los pobres,

de los que tienen hambre y fr�o.

Si las pagas de Roma tardan m�s, �qu� les decimos?

�Que se conformen con las bendiciones del Papa?

�Vino caliente contra el relente nocturno?

Querido Luc'Antonio. En Roma saben bien

que bendiciones sin armas no ganan guerras.

Apoyadlo sobre los pies y levantadlo de la cabeza.

�Cuidado, que te muerde!

O te manda al infierno

a quemarte el culo.

Yo por no pasar fr�o

quemo cristos y v�rgenes.

Querida consorte: no demores tu viaje a Roma.

Cuanto antes, mejor.

Sabes mi necesidad: decidle al Papa

que me encuentro en angustia de medios.

Y en guerra, si se quiere prestigio con los soldados,

es necesario gastar dinero.

He mandado hacer una litera.

La llevar�n dos hombres con poca fatiga.

Nuestro Cosimino lleva dos d�as con fiebre.

Pero se curar�, sin duda.

As� que hemos partido ya a Roma.

Aunque estos d�as ha comenzado a nevar.

DOMINGO 24 DE NOVIEMBRE

�D�nde est� el hijo de puta del vicario?

Vete a decirle al putero de Federico,

siempre ocupado cabalgando rameras,

que despu�s de los alemanes volver� aqu�,

a pedir cuenta a esos gusanos

que anoche me cortaron el paso.

�Les retorcer� las tripas hasta que vomiten mierda!

�Es culpa nuestra que el vicario respete la orden

de no abrir el puente ni al Santo Padre

despu�s de cierta hora?

Ilustr�simo.

Si al menos hubiese avisado con tiempo

como hacen los gentilhombres,

nosotros habr�amos ordenado gustosos

abrir Curtatone.

Pero Su Santidad sabe mejor que nadie

de qu� est� hecho Giovanni, siempre el peor

de todos los violentos. A�n un ni�o,

y ya hab�a atravesado a uno de sus amigotes.

�Virgen Mar�a, qu� ma�ana tan fea!

En el Po, cerca de Mantua,

Frundsberg ha recogido las cuatro piezas de artiller�a

dadas en secreto por Alfonso d'Este.

Despu�s, confiado en sorprender a los pontificios,

con los ca�ones, decide atravesar el Po

en Ostiglia, para liberarse

del capit�n de'Medici, que con sus soldados

lo sigue raudo para alcanzarlo

dirigi�ndose a Bagnolo San Vito, donde est� alcanzando ya

a la avanzadilla alemana, en marcha forzada.

Cuando hayan salido de nuestros territorios

Nos habremos librado del da�o de la guerra.

Parece la cabeza de la columna.

�La guarnici�n de Frundsberg?

�l no est�. Es una trampa.

Disponed la catafratta en el centro.

�Catafratta en el centro!

Manteneos en el terrapl�n.

�Manteneos en el terrapl�n!

A distancia de fuego.

�A distancia de fuego!

�Al ataque!

�Se retiran! �Reh�san la lucha!

�Canallas! �Bat�os como soldados!

�Qu� clase de hombres sois? �Bellacos hijos de puta!

A pesar de que el viernes y el s�bado pasado

el viento y la nieve fueron terribles,

anoche llegamos a Roma, a casa de nuestro padre.

sanos y salvos, y pronto nos recibi� Su Santidad

vuestro t�o, con todo amor y atenci�n.

Ya le he transmitido vuestra necesidad.

Y responde que nunca dejar� de cumplir

los compromisos que os asedian.

�Regresamos antes de oscurecer?

Antes de oscurecer...

... hay que hacer algo:

Desanidar a Frundsberg.

En fila de a dos.

Jinetes y arcabuceros. �En fila de a dos!

�De qu� os jact�is? �Desalmados!

�A d�nde cre�is que v�is, armados como asesinos?

No hacen falta vuestras armas para exterminar a todo el mundo.

�Escuchad, dementes!

�El castigo de Dios es m�s poderoso que todas vuestras espadas!

�C�llate, cura!

La verdadera riqueza no es de este mundo.

�No sois m�s que sombras, espectros vac�os!

Es �l.

�Al ataque!

�Es una emboscada!

�Retirada!

�Artiller�a!

El general della Rovere os informa

de que a�n no lo han llevado a su alojamiento.

Lo que es seguro es que lo han herido los lansquentes

que se hab�an ocultado cerca de unos hornos

en San Nicol� da Po, en Barco di Governolo.

Habiendo ido Giovanni con su caballer�a

les han disparado de improviso con falconetes.

El general della Rovere est� con gran angustia

porque no sabe c�mo ha conseguido la artiller�a.

Ya hab�amos avisado a Su Santidad

de que el marqu�s no tiene casi de tal artiller�a.

y que la poca que tenemos, es para defendernos.

No favoreceremos nosotros a quienes quieran usar

tales armas contra la Iglesia,

especialmente el Papa.

La artiller�a de los alemanes, por lo que sabemos,

es del duque de Ferrara, que se la mand� a Frundsberg

de noche, por agua,

en barcas como de sal,

porque es costumbre entre nuestros oficiales

no inspeccionarlas.

Mira como nieva. �Virgen Mar�a, c�mo nieva!

Giovanni de'Medici, capit�n del ej�rcito pontificio.

El �ltimo disparo de falconete.

Una bala desgraciada.

La desgracia es que ya no se da tregua a la guerra

ni en invierno, con el fr�o,

que hiere m�s que las armas.

Giovannino es el primero en empe�arse en luchar.

Hizo bru�ir las armaduras

para atacar hasta de noche. �Qu� hay peor?

Se�or general, el error fue molestar

a unos alemanes bien organizados, con ventaja ya

en el despliegue.

Si no quieren confesar su error,

que no nos hechen la culpa por lo de la puerta,

que se cerr� de noche como siempre,

desde que el mundo es mundo.

Messer Luis Gonzaga. El capit�n de'Medici

Ha pedido recuperarse bajo vuestra protecci�n solamente.

Que Dios recompense tanta bondad.

Es ya recompensa del cielo acoger al capit�n.

Herido en la misma pierna que en Pav�a.

Para m� fue un gran honor estar en el campo junto

a un hombre de armas como vos.

Vuestro primo, el marqu�s Federico,

acompa�a en la visita al general della Rovere.

Se�or general.

Messer Luis devot�simo.

Querido primo, a todos nos disgusta

la mala suerte de Joannino.

Sin el Medici en el campo,

el Papa tiene un buen motivo para preocuparse por

la suerte de la guerra.

Es extra�o que un general deje la guerra para

visitar a un inv�lido.

Sin embargo, debo complacerme de mi suerte

porque esta gran desgracia

me ha tra�do aqu�, a casa de messer Luis,

a quien siempre he sido devoto como a un hermano.

Y donde, si debo morir,

no tenga que aparecer ante el mundo

como enemigo vuestro o de los Gonzaga.

El ilustre marqu�s Federico

ha convocado al maestro cirujano Abraham

quien con su sabidur�a os cuidar�.

Y yo, por esta buena atenci�n, y otras,

estar� siempre agradecido, por nuestra vieja amistad,

y por su liberalidad.

Y os agradezco, ilustr�simos amigos,

pero sobre todo a Dios,

sin cuya voluntad nada se hace.

Ha llegado el maestro cirujano Abraham.

Dej�mosl� a su cuidado.

Es in�til. Las sanguijuelas no chupan.

Se ha intentado dos veces:

es se�al de que la sangre se pudre.

La herida est� purulenta.

Pasaron m�s de 20 horas antes de curarlo.

Los m�dicos consideran que hay peligro de muerte.

Aunque no se puede saber

hasta el cuarto d�a.

Por lo terrible de vuestra naturaleza

nunca os dign�steis a hacer uso

de mis posesiones como yo deseo.

Pedidme ahora cualquier cosa que se atenga

a nuestras condiciones.

Queredme bien

cuando haya muerto.

Por la putrefacci�n de la herida,

y para que no infecte el resto del cuerpo,

no hay m�s remedio que cortar la pierna.

Lo que haya que hacer...

... que se haga r�pido.

Aqu� necesitamos lino para hacer s�banas.

Pues ya no queda ni un ovillo,

y prometisteis mandar. Pero luego no se hace nada.

He mandado a vuestra se�or�a dos vestidos,

dos sayos y un jub�n.

Y dos saquitos de rosas.

para poner en la cama

y perfumarla.

�Todos fuera!

�Cortad!

Con la ayuda del omnipotente.

Me duele no poder mandaros las ropas de raso.

Como os he escrito, cuando sea m�s rica

podr� socorreros mejor.

�Estoy curado!

Escribid a Mar�a

que no se incline a creer en el mal.

Y que al primer cambio de luna

volver� a casa.

Solo quiero avisaros de que al presente

estoy a punto de parir.

Y estando segura de estar encinta de vos,

no quiero dinero alguno.

Pero pido, de gracia,

que le escrib�is una carta a mi marido,

para que por respeto a vos, mi siga haciendo

la buena compa��a que me ha hecho en el pasado.

Y solo por la salud de la criatura,

que sin embargo, ser� de vuestra sangre.

Ruego que me le�is cualquier cosa.

De profundis, clamo Te, Domine.

Domine, audi vocem meam. Fiat aures tuae intentae...

En estos a�os de mi vida

siempre he vivido

como un soldado.

Igual habr�a vivido como un religioso

de haber vestido el h�bito

que vos llev�is.

De lo m�s profundo te llamo, Se�or. Escucha mi voz.

Escucha mis s�plicas.

Si conservas el recuerdo de nuestras culpas,

�qui�n m�s podr� salvarse?

Ten piedad de m�, Se�or. Lib�rame de mis miserias.

Y seg�n la grandeza de Tu amor

perdona todas mis culpas.

�D�nde est�, muerte, tu victoria? �D�nde el hierro de tu espada?

El arma de la muerte est� en la ley del pecado.

Pero yo conf�o en T�, Se�or, mi alma conf�a en tu perd�n.

Y mi coraz�n te espera m�s que los centinelas la aurora.

El ilustr�simo Giovanni de'Medici,

capit�n del ej�rcito de Su Santidad,

fuit infirmo per die quatro, et mortus est

ex febre, por haber sido herido en una pierna

por un disparo de artiller�a.

en Mantua, �ltimo de noviembre de 1526.

Caminaron despu�s los alemanes, a lo largo del r�o.

Llegados a Ostiglia, cruzan el Po.

Y sin el capit�n de'Medici en la guerra,

los alemanes tienen v�a libre.

El general Frundsberg, gravemente enfermo,

abandona su ej�rcito y regresa a casa.

El ej�rcito alem�n del emperador Carlos V

y las tropas de los Borbones

saquean Roma en mayo de 1527.

Con motivo del infortunio

del capit�n Giovanni de'Medici,

los m�s ilustres capitanes

hicieron votos para que nunca m�s se usase

contra el hombre la potente arma de fuego.

Traducci�n: Javier Castro

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