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(Disparo)
Muy bien, Benito, te mereces un premio.
Vamos, muchachos. ¡Vamos!
(Trote de caballos)
(Gritos)
(Risas)
¡Eh, gringo, aquí tienes pistolas!
(Risas)
(Risas)
Hay que romperlo todo, vamos, deprisa.
Más deprisa. Todo roto.
Vamos, con eso.
Vamos, compadres.
Trae aquí eso.
Este café está frío.
Maldito.
-Cuidado, patrón.
(Disparo)
-¡Has matado a nuestro padre!
¡Asesino!
(Disparo)
-Canalla.
Como ya eran huérfanos...
Vamos, compadres.
Vamos, vamos.
Mira.
Buenos días, señor.
A mi compañero le gustaría tener un buen rifle.
¿Quiere usted vender el suyo? Lo siento, no está a la venta.
Esto vale mucho más que su Winchester.
Le he dicho que no lo vendo.
(Trote de caballos)
Muchachos, no quiere vender su rifle a nuestro amigo Pedro.
Está roto. No funciona.
(Disparos)
(Jaleo)
Escuchadme, escuchadme.
Escuchadme, amigos.
Sabéis tan bien como yo que la mina se está agotando.
El rendimiento diario de oro es mucho menos de lo que esperábamos.
Si os aumentase el salario, trabajaría con pérdidas.
Y vosotros sois lo bastante inteligentes
para saber que eso no puede ser.
Whisky.
Si deseáis continuar trabajando os debéis contentar con estos jornales.
Un momento.
Cuando nos con trataste
nos prometiste que participaríamos en los beneficios de la mina.
Nunca has cumplido esa promesa.
-¡Jamás! -¡Nunca!
Amigo, parece que te olvidas de que la totalidad de ese dinero
se emplea para pagar a los hombres que os protegen de los comancheros,
de lo contrario, ya os habrían matado a todos.
Pues si han de seguir así las cosas, no cuente más conmigo.
Me voy. -Y yo también.
Y estoy seguro de que mis hermanos también piensan como yo.
En cuanto a los demás, pueden hacer lo que quieran.
Vámonos. -Y nosotros.
¡Esperad!
Escuchadme un momento.
Os digo que me escuchéis.
Ya sabéis que en todo el territorio
no hay otra mina en la que podáis trabajar.
Si abandonáis este trabajo os moriréis de hambre.
Pensad en vuestras familias.
En vuestros hijos, pensadlo bien.
Escuchad, el que quiera trabajar puede hacerlo conmigo.
Tengo una mina de oro.
La mina más rica.
Cada golpe de pico son onzas de oro.
Mira este, la quiere comprar desde hace tiempo pero como si no,
jamás lo conseguirá.
Aunque tenga que explotarla yo solo.
(Risas)
-¿Qué esperas entonces?
(BURLÁNDOSE) -¿No lo has entendido? A que crezca el oro.
¡O a que salga el oro solo!
(Risas)
-Reírse, que cuando la mina de Ted esté vacía,
entonces me pediréis trabajo.
-Le esperan en su despacho, jefe.
Que se calle ese viejo, no me agrada lo que está diciendo a mis hombres.
-Venid, muchachos.
Venid todos a trabajar conmigo y en mi mina.
Si trabajáis conmigo estaremos unidos y así no podrán atacarnos.
¡Tú! ¡Que beban todos!
Ya te he dicho muchas veces que no aparezcas por el pueblo.
¿Cómo te atreves a entrar en mi despacho sin mi autorización?
Señor Sore,
mis hombres han trabajado mucho
y no podemos esperar a que se sienta usted cómodo
en pagarnos lo que nos debe.
Está bien.
Mil dólares.
No señor.
Dos mil dólares, tuve que luchar contra tres.
Mil dólares por la destrucción de la mina,
500 por la pelea.
Y otros 500 por el remordimiento, ¿Sabe?
No te daré ni un céntimo más de mil dólares.
¿Qué es lo que he dicho, amigo?
Vamos, hombre.
No hay razón para enfadarse.
Siéntate.
Hablaremos.
Además del sueldo,
cada uno de vosotros os daré un porcentaje de los beneficios.
-Basta ya, viejo.
¿Por qué no te vas a dormir a casa?
Así podrás soñar con todo el oro de tu mina.
(Risas)
-Oye, yo soy un ciudadano libre y tengo derecho a decir lo que quiera.
(Risas)
Me has manchado.
Es que me han empujado, yo no tengo la culpa.
No me vengas con excusas.
Tengas o no la culpa el caso es que me has manchado la camisa.
Voy a darte una lección para que aprendas a beber.
¿Es verdad que hay mucho oro en tu mina?
(Golpes)
-¡Quieto! No necesito nadie.
Mis hombres no trabajan a crédito.
¿Por qué no arreglamos las cosas de una vez, hombre?
No fumo.
De acuerdo, Bicho.
Te daré todo lo que te debo.
Está bueno, muchas gracias, señor Sore.
Ahorita me da por fumar. (RÍE)
Y ahorita vamos a hablar un ratito de negocios.
Usted recordará que para echar fuera a los Simpsons
me prometió mil dólares y solo me dio 500.
Luego, por el ataque a la caravana de Burton,
otros mil dólares que suman en total...
(Golpes) ¿Qué pasa, qué sucede?
Nada, probablemente Caña de Azúcar le está dando una lección a alguien.
(Golpes)
(Golpes)
Contra Gregor, perdí dos hombres.
Por ese trabajo me había prometido 10.000 dólares.
Que suman en total 15.000.
(Golpes)
Aquí los tienes.
Y ahora vete.
Lárgate,
no aparezcas más por aquí.
No quiero correr el riesgo de que nadie sospeche de nuestra amistad.
Está bien, señor Sore.
Y no se enrabie.
Nos vemos.
¡Oh! Perdone,
me había olvidado de que no fumaba.
(Cristales rotos)
(Golpes)
(Golpes)
Te voy a matar.
(Golpes)
(Cristales rotos)
Gracias, amigo.
No me des aún las gracias, yo nunca hago nada por nada.
Ahora será mejor que te lleve a tu casa.
Te acompaño. Vamos.
(Golpes a la puerta)
Hola, Tom.
Solo quería darte las buenas noches. Gracias.
¿Has visto a mi padre? Sí, estaba en el salón.
También estuve yo con mis hermanos.
Hemos dejado de trabajar para Ted Sore.
Susan, estoy dispuesto a trabajar con tu padre.
Yo te quiero y no habrá nada que me detenga.
Hablaré de esto con Peter y los demás y les convenceré.
Tom, yo también te quiero pero no corras riesgos.
Vamos a esperar a que...
(Grito)
(Trote de caballos)
Has vuelto a estar en el salón, ¿eh?
Sí.
-Bueno, será mejor que me marche.
Buenas noches, Susan. Buenas noches.
Hasta mañana, Sam. -Buenas noches, Tom.
Mira hija, este hombre me ha echado una mano
en una discusión que he tenido con las gentes de Ted en el salón.
Qué valiente. Sí, muy valiente.
Se ha portado muy bien. Se llama ... ¿cuál es su nombre?
¿Cómo se llama? Billy, Billy Walsh.
Esta es mi hija Susan.
Encantada, pero si su idea es pasar aquí la noche,
tengo que advertirle que en este rancho
no tenemos habitaciones para invitados.
Vengan, antes de que se enfríe la cena.
Venga, hay bastante sitio en el granero.
Recuerdo que cuando era joven me gustaba dormir más en el granero
que en mi propia cama.
Se marchará en cuanto amanezca, Susan.
Pero quizás tu amigo esté acostumbrado
a dormir en buenos hoteles.
¿Te molesta que cene con nosotros?
Vamos, padre.
Vamos a inundar la mina y a marcharnos.
Jamás te dejarán que la explotes.
Ellos son muchos y tú estás solo y estás viejo.
Perdona, no quería ofenderte pero es que estoy aterrada
y temo que cualquier día encuentren la forma de quedarse con la mina
y hacerte daño a ti.
Sabes que no pueden hacerlo.
Si me matasen, el gobierno se quedaría con la mina,
por eso quieren obligarme a venderla.
Pero yo, yo no la venderé nunca. ¡Nunca!
(Trote de caballos)
-Sam, me he enterado de lo que pasó ayer en el salón.
Como sheriff tengo que mantener el orden y la paz.
No quiero que anden por aquí vagabundos y perdonavidas.
El forastero ha de irse.
¿Se refiere a mí?
Sí, a ti me refiero.
Me llamo Billy Walsh y la próxima vez
que alguien se atreva a llamarme "vagabundo y perdonavidas"
le pego un tiro. ¿Crees que me asustas?
Sí.
Oye, tu cara me resulta conocida.
Es posible.
La llevo conmigo desde hace muchos años.
Ahora caigo. Billy Walsh, el pistolero de Prescott
en Colorado. Arizona.
Sí, ya recuerdo. Te buscaban por asesinato.
Me absolvieron. Legítima defensa.
A pesar de eso, tienes que largarte inmediatamente.
No queremos pistoleros aquí con nosotros
aunque hayan sido juzgados y absueltos.
Lo siento pero estoy aquí por negocios,
no puedo abandonar nuestra mina.
¿Qué mina? La de Sam. Yo soy su socio.
De modo que de ahora en adelante, me llamará usted señor Walsh.
¡Vamos!
Me has traído a casa a un vagabundo, a un verdadero...
¿cuándo te has hecho socio de este... de este?
Billy.
Señor Willy Walsh. Billy.
Bueno, mujer, cállate ya. Oye, ¿cuándo nos hemos asociado?
Ha sido idea mía.
No tienes más remedio que unirte a mí
si es que quieres explotar esa mina.
No tenemos ninguna necesidad de que nos ayude.
¿Por qué no se va?
Como socio tuyo, lo primero que quiero comprobar
es si esa mina es tan rica como dices.
-Ey. Tú eres Tom Davis, ¿verdad?
-Sí, ¿quiere algo?
Un pajarito me ha dicho que vas a trabajar
en la mina de Sam Wilson. ¿Es cierto?
-¿Por qué no se mete en lo que le interesa?
-¿Volverás? Eso es lo que estoy haciendo.
(Disparos)
-¡Quietos!
-Me atacó. Ha sido en defensa propia.
Tengo testigos.
-Verá que estoy desarmado, sheriff.
-Tengo que encerrarte, Buck.
-Pero, sheriff... -¡Llévatelos!
-¿Es que se ha vuelto loco?
-He dicho que le encierres.
-No, no podéis hacer eso. Soltadme, soltadme.
Me atacó. Ha sido en defensa propia.
¿Es que se ha vuelto loco?
¿Qué tal, sheriff?
Buenos días, señor Sore.
El forastero no sé cómo se las ha arreglado
para convencer al viejo Sam.
Le ha convertido en socio suyo y no le he podido expulsar
por vagabundo como pretendía pero he dejado un par de hombres
para que le vigilen. Bien.
No olvide que a un famoso pistolero también puede matársele.
Y mejor aún si quien le mata es su socio.
Ya he preparado todo para eso.
De acuerdo.
Bastará con que se sospeche que ha sido Sam
y con que no pueda probar su inocencia.
En cuanto eso ocurra, la mina saldrá a subasta.
Y a él le ahorcarán.
Y nosotros habremos ganado la partida.
-He ganado.
-Son ellos.
-Mira hacia arriba.
Si yo tuviese las fuerzas que tenía antes, podría hacerlo yo solo.
Hay oro mires por donde mires.
Fíjate, Billy. Mira esto.
Aquí hay por lo menos 2 onzas de oro.
Mira, a cada golpe sale oro.
No, no, no. Ahí no hay nada.
Eso mismo creía yo también el día que Perry Elliots y yo
empezamos a cavar. ¿Perry Elliots?
Sí, el hombre con el que descubrí esta mina.
Pero un día se cansó de cavar y desapareció.
Pues hoy esta mina debe valer una fortuna.
Pues claro, ya puedes decirlo, vale más de 100.000 dólares.
¿No notas algo raro?
No, ¿crees que pasa algo?
(TOSE)
-Cuando salgan le llorarán los ojos.
-Sí, naturalmente, no podrán ver nada.
-Tú tira contra el forastero yo le daré al viejo.
-De acuerdo.
(TOSE) -Billy, tenemos que salir de aquí como sea.
(TOSE)
Saldremos.
Van a salir de un momento a otro.
-¡Cuidado, cuidado!
(Disparos)
(TOSE)
Dos de sus amigos querían jugar pero perdieron la partida.
Antes de su marcha me pidieron que le trajese a usted esto.
No entiendo de qué estás hablando pero no me gusta nada ese tono.
Recuerda que yo soy el sheriff de este pueblo.
(RÍE)
-¿Inocente?
-Inocente.
-Decía que en este pueblo... Usted es el jefe.
(Risas)
-¿Estamos o no estamos en un país libre?
-Claro, nadie puede retener a un inocente en la cárcel.
(RÍEN)
¿Dónde podría encontrar a Ted Shaw?
En su despacho.
Gracias. A usted, amigo.
(Llaman a la puerta)
Adelante.
¿Qué quiere?
Permítame que me presente.
Le conozco y sé todo lo que a usted se refiere.
Es un pistolero de Arizona.
Maneja bien las cartas y el revólver.
Ha matado a varios hombres y en una ocasión pusieron precio
a su cabeza, pero usted se las arregló
para salir absuelto.
Alegó legítima defensa.
Puesto que me conoce usted tan bien, apreciará mejor la oferta
que vengo a hacerle.
¿Qué oferta?
Vengo a ofrecerle la mina del viejo Sam en 20.000 dólares.
¿Es él quién le envía? Nada de eso.
Entonces usted... Yo soy el socio de Sam.
Me pertenece el 50%.
Piénselo, con 20.000 dólares se libra de mí y la mina es suya.
¿Y cómo puedo saber,
cómo puedo saber que es usted socio realmente de Sam?
Mire esto.
Es legal. Pero usted solo puede ofrecerme la mitad.
Le ofrezco la mina entera.
Si el viejo muriese...
La mina pasaría a ser propiedad del gobierno,
así consta en los documentos que hay depositados
en el archivo del Registro de Gleville City.
Si él fuese el único dueño, sí.
Pero tiene un socio.
Y tal socio puede heredar la otra mitad.
Una muerte que pareciese un accidente.
Y claro está, para usted matar a un hombre
no representa ningún problema ni remordimiento.
Y además usted jamás podría dormir una noche en paz
durante el resto de su vida.
Ha cometido una grave equivocación, amigo.
No acepto ofertas de esa clase.
Desde luego me interesa mucho la mina de Sam,
pero si alguna vez la consigo será en forma legal.
¡Oh! Como yo digo resulta más económico.
Está bien señor Shaw,
creo que se arrepentirá de haber rechazado tan buena oferta.
Le advierto que, como socio de Sam, voy a explotar esa mina.
Hágalo usted, siempre es agradable ver cómo un vagabundo
sienta la cabeza y trabaja.
Tengo mucha sed, ¿quieres otra copa?
-Sí, pero por mi cuenta.
-(RÍE)
¿En qué puedo servirle?
Necesito buenas herramientas para trabajar en la mina.
Bien, bien.
Vamos a ver, ¿cuántos picos?
Claro, depende de cuántos hombres vayan a trabajar en la mina.
Pues, digamos cinco o seis.
Entonces se necesitan picos de reserva
para que no haya necesidad de interrumpir el trabajo
cuando se embota la punta. Necesitará una docena.
Sí, creo que con una docena será más que suficiente.
Palas, carretillas, dinamita ... ¡oh!
Claro que ... (TARTAMUDEA)
-Andando, viejo.
Quiero unas balas para nuestros revólveres.
Las que tenemos están enmohecidas.
-Sí, sí. Un momento.
Aún no ha terminado de atenderme a mí.
Amigo, aquí es norma atender primero a los del pueblo
y después a los forasteros.
Tú, viejo, ¿conoces esa norma, verdad?
-Sí, la conozco, sí.
-Vamos, sírvenos.
Espere.
Yo serviré a estos caballeros.
Vamos a seguir haciendo la lista.
¿La lista?
De verdad, papá, no lo entiendo.
¿Cómo has podido convertirte en socio de un forajido?
¡Pero si no es un forajido!
Es un forastero. ¡Bah! Nosotros también
somos forasteros para él.
¡Papá! Tranquilízate, hija.
A pesar de todo lo que dices, yo confío en ese hombre.
¡Pero cómo puedes confiar en un hombre que...!
¿En un hombre que me salvó la vida?
Bueno, puede que esto te extrañe, pero yo confío en él.
Es igual, de todos modos ya no está aquí.
Seguro que se ha marchado al salón y que volverá borracho.
Te equivocas.
Hola. Hola, Billy.
¿No decías que no venía?
Aquí le tienes.
Ya tenemos el nuevo equipo. Ahora podemos empezar.
Hay picos, palas, dinamita, de todo.
No, no. El burro hay que devolverlo.
Muy bien, Billy.
Eres un socio fantástico.
Pues tu hija no parece opinar lo mismo.
Sujeta esto.
¿Puedo ayudarle?
Gracias, no se moleste. Lo haré yo misma.
Lo has comprado todo.
¿Cómo te has arreglado para pagarlo?
Lo compré a crédito en el almacén. Pagaremos cuando encontremos el oro.
Oye, ¿has tenido problemas?
No muchos.
No será fácil pero lo lograremos.
Ahora vete tú a descansar mientras yo doy agua a los animales.
Le duele mucho, ¿verdad?
Siéntese un momento.
Ya verá cómo se encuentra mejor. Gracias.
¿Por qué nos ayuda a usted?
¿Quién ha dicho que les esté ayudando?
Vamos, no pretenda pasar por peor de lo que es.
Viene aquí por casualidad, se convierte en socio de mi padre,
le salva la vida y lucha por nosotros.
¿Por qué?
No pregunte el porqué de las cosas.
No es conveniente.
¡Tom!
Siento haberles interrumpido.
No digas tonterías, Tom.
Perdona. Susan, venía para hablar con tu padre
y decirle que mis hermanos y yo estamos dispuestos a trabajar
con él. Pero ahora creo que ya no hacemos falta.
Escuche, Susan le ha dicho que no diga tonterías.
¿Por qué se empeña en decirlas?
Le espero mañana en la mina.
Los hermanos Davis han aceptado trabajar con el viejo Sam.
Empiezan mañana.
¿Quiere que nos ocupemos de ellos?
-No, es un asunto para el Bicho.
¿Y Billy Walsh?
-Se ha ido a Gleville.
-Gleville city...
-Según este documento,
resulta que la mina está escriturada el día 14 octubre 1867,
firmado por Sam Wilton y registrado por la oficina del gobierno federal.
Gracias. De nada.
Era cuánto quería saber.
Vamos, muchachos, o se nos hará tarde.
-Buenos días, amigos.
¿Puede saberse dónde vais así tan temprano?
-Me parece que eso a ti no te importa.
-Este asunto es cosa nuestra.
-No, amigos, no es así.
Vamos a decir que vosotros vais a trabajar a la mina del viejo.
Y vamos a decir también que a mí no me gusta que vayáis a trabajar,
¿está claro? -¿Pretendes decirnos
que no vayamos a trabajar a la mina de Sam?
-¿Con qué derecho?
-Con el derecho del más fuerte, ¿te enteras?
-¡A casa, muchachos!
-(RÍE)
¡Vamos, muchachos!
¡Tratadlos con respeto, hombre!
(RÍE)
Peter, esto es un castigo del Bicho.
Enterradlos hasta el cuello.
Miguel, Pedro, soltadlos dentro de dos horas y que se vayan.
Esto es solo un aviso.
Los demás, al caballo. ¡Vamos, aprisa!
¡Vamos, al campamento!
(RÍE)
(RÍE)
Vamos, ya está bien por ahora.
¿Dónde están los hermanos Davis?
No sé. Yo no he visto a nadie por aquí.
Habrán cambiado de opinión o se habrán asustado.
No, yo estuve con ellos anoche y no son gente fácil de asustar.
Seguramente les habrá ocurrido algo grave.
Estoy seguro de que por aquí debe haber mucha plata escondida.
-Te equivocas.
(Risas)
Estás borracho.
(Risas)
Estás borracho.
-No sé lo que me pasa hoy.
No me sale nada bien ningún trabajo.
-¿Había por ahí algo que merezca la pena?
-Aquí hay otra botella de tequila.
-Dame una copa.
-Muchachos, ¿estáis cómodos?
(Risas)
(Risas)
-Lo bueno sería galopar con los caballos alrededor de ellos.
(Risas)
-Si me dices los nombres de quienes te han hecho esto, los mato.
Palabra de hombre.
Dímelo. Los mato.
Pobrecito. ¿Se ha muerto?
(Risas)
-Hijo de... Espera, Romero.
-Vamos a ver quién está más borracho.
-A ver si se la dejas bien puesta.
-Ahí.
-Mira qué guapo está el otro.
(Risas)
-Un sombrerito.
Mira qué elegante está este.
Este para ti.
(Risas)
A ver quién tiene más puntería. -Hay que darle a esto sin matarlos.
-Pobrecitos.
-Tú primero.
-Venga, dejadme que tire yo primero.
-No, que tire primero Romero que para eso le ha escupido la cara.
-Bueno, primero Romero y luego yo.
-Bueno, bueno.
(Risas)
Con cuidado.
-A ver.
-Muy bien, muy bien, muy bien.
-¡Qué buena puntería!
-¡Sal de ahí, forastero!
-O matamos a tus amigos.
-Tira el rifle.
-Ven hacia acá. Con las manos en alto.
(Disparos)
Bueno, muchachos, ya está bien.
Parece que ha pasado lo peor.
¿Le gusta cabalgar de noche?
Por lo visto usted también padece de insomnio.
No acabo de entenderle a usted.
Quizás lo haga a propósito para intrigarla.
Le veo anoche registrando los armarios de mi casa
y ahora le encuentro aquí.
¿Qué es lo que busca? Algo muy importante.
¿Dinero?
Puede ser.
No le creo.
Pues hace mal.
¿Qué fue hacer usted a Gleville City?
¿Por qué le interesa saberlo?
Porque desde que ha regresado de allí,
se comporta de un modo extraño.
Y tengo miedo... No temas, no debes tener miedo.
Nunca te haré ningún daño.
(Música suspense)
(Música suspense)
(Disparo)
(RÍE)
Toma.
(Disparo)
(RÍE)
¡Bravo!
(Disparo)
¡Cogedlo!
¡Traedlo aquí!
¡Vamos!
(Relinchos)
Hace falta mucho valor para venir a buscar al Bicho.
¿Qué quieres?
Vengo a hablar contigo de negocios.
No, patrón, no te fíes de él.
Este hombre es quien liberó a los hermanos Davis
y quién mató a Miguel Romero y a otros dos de los nuestros.
Déjamelo... ¡Espera!
Un momento.
Primero oigamos lo que quiere
y luego lo matamos.
El camino hasta aquí es largo.
Y tengo sed.
¿Habéis oído? El gringo tiene sed.
Traedle algo para beber.
¿Habéis entendido?
He de reconocer que tu amigo Ted Sore vive en una casa estupenda
allí en el pueblo.
Aunque quizás sea que tú prefieras vivir aquí en la miseria.
¿Qué cosa te pasa por la cabeza, amigo?
¡¿Quieres ofenderme en mi casa?!
¿A esto le llamas casa?
Por lo que yo veo parece más bien una pocilga.
¡Esperad!
Un momento... Lo he pensado mejor.
Vamos a matarlo ¡enseguida!
No tienes razón para enfadarte,
después de todo he venido para darte oportunidad
de tener dinero, una buena casa,
mujeres y una vida de lujo.
La vida más apropiada para un hombre de tu prestigio,
de tu poder y de tu valía.
(RÍE) ¡Qué bueno!
¡Espera, hombre, espera!
No seas loco.
¿No has oído lo que ha dicho?
¡Denle de beber! ¡Mucho!
Oye, ¿tienes la escritura de propiedad de la mina?
Si no, no vamos a conseguir nada.
-Claro que la tengo.
El propio Ted Sore la vio hace tiempo.
-¿Y dónde está?
¿Puedo verla?
-Está bien escondida, ¿verdad?
Aunque la robase no le serviría de nada,
porque hay una copia depositada en el archivo de Glenville City.
-Naturalmente.
Todo está en perfecto orden.
Gracias, Susan.
¡Qué buen aspecto tiene!
Tengo que estar en forma para mañana.
¿Mañana?
Sí, es que...
tengo una cita en Reston mañana,
a mediodía.
No sé por qué tenemos que reunirnos con él a las 12, no lo entiendo.
Pude haberle matado anoche.
Puedes matarle ahora, en cuanto nos venda la mina.
Llegas con 10 minutos de adelanto, veo que eres un hombre de palabra.
¿Traes los papeles?
Lo traigo todo.
¿Quieres que cerramos el trato aquí o arriba en mi despacho?
No, podemos discutirlo aquí, me agrada esta compañía.
Pero aún no hemos quedado de acuerdo en el precio.
Quiero 20.000 dólares por la mina.
¿Eso es un chiste?
No me gusta la gente que trata de bromear cuando habla de negocios.
Pues el Bicho estaba dispuesto a darme 20.000 dólares.
¿El Bicho?
¿Y quién es el Bicho? Un muerto de hambre.
Él y todos sus hombres.
¿Habéis oído eso, muchachos?
El Bicho ofrece 20.000 dólares por la mina del viejo Samuel.
Cree que tiene cierto derecho a ella.
Por él o a causa de él es por lo que yo vendo la mina,
o mejor dicho la cedo.
Mejor será que me entregues ya ese documento.
Primero, el dinero.
Si no me lo das, lo recogeré de tu cadáver.
¡Señor Sore!
Hola, ¿qué hay Bicho? Llegas a tiempo.
Tu amigo quiere comprar la mina por 10.000 dólares.
Yo quería vendértela a ti.
Pero él me dice que tú y tus amigos no tenéis ni para comprar
la soga con que os ahorquen.
Hola, bicho, espero que no creerás lo que está diciendo.
Este no sabe que nos conocemos hace tiempo.
Y que tú y yo siempre hemos sido buenos amigos,
lo que quieres enfrentarnos.
Puede que sea así, señor Sore, pero hablemos de la mina,
¿Quién se la va a quedar?
La mina será mía porque la voy a comprar.
¿Le habéis oído? Va a ser suya por 10.000 dólares.
Una mina que vale por lo menos 1.000.000.
¡Hacedle callar!
¡Quietos, quietos todos!
El gringo tiene razón.
No seas estúpido, no te das cuenta de que lo único que quiere
enfrentarnos a nosotros dos.
Sí, es verdad.
Pero, tú, la mina, la quieres solamente para ti.
Y sabes lo que te digo una cosa nueva, la mina será mía,
para mí y para todos vosotros, muchachos.
(RÍEN)
Sheriff, estos son el Bicho y su banda y acaban de amenazarme.
Haga usted algo.
Bicho, sígueme, tendrás que...
Bueno, ya está.
Tengo una idea para resolver el problema.
Tú quieres quedarte solo con la mina,
pero puede ser verdad que este quiera que nos matemos mutuamente
para quedarse con la mina.
¿Por qué no se matan entre los dos?
Un bonito duelo, sí señores. (RÍEN)
Así uno se muere y el otro se queda vivo,
entonces me da la mina a mí si quiere seguir viviendo.
¡Es una buena idea, hombre! (RÍEN)
Y tú, extranjero, ¿qué dices a mi propuesta?
Para mí lo único importante es vivir, así es que acepto.
Así se habla, me gusta este extranjero.
Y ahorita empieza a la diversión, seguidme.
(Risas)
Qué bueno.
(Risas)
Compadres, vamos a asistir a un bonito duelo.
¡Vosotros, los de arriba, vigiladlo todo!
Tendréis que dar 20 pasos para poder disparar.
¿Habéis comprendido?
¡Vamos, a sus puestos!
Listos.
¡Jia! ¡Jia!
¡Vamos, muchachos!
Hay que echar una mano al señor Sore.
¡Cuidado! ¡Cuidado!
¡Hay un hombre en cada barril!
¡Disparad!
(Relincho)
(Relincho)
¡Ah!
(Relincho)
(Relincho)
Quieto, gringo.
¡Apártate, Tom!
(Disparos)
Muy listo, amigo.
¡Quieto ahí!
Escúchame, aquí hay suficiente para los dos.
Vamos a repartirnos esto y larguémonos.
Justo, yo me llevo el dinero y tú tres balazos.
Las divisiones las hago a mi manera.
Pobre desgraciado.
(Disparos)
(Disparos)
¡Ah!
¡Amigos, el Bicho se va!
¡Tom!
¡Hay que salir del pueblo! ¡Seguidme!
¡Vuélvete y te mato!
(RÍE)
Me gusta.
Me gusta poder trabajar con unos muchachos como vosotros.
Y ahora vamos a echar un trago.
Por el viejo Sam y por su mina.
¿Qué pasa no queréis beber?
Billy, ¿qué haces? ¿Estás loco?
Brindo por el viejo Sam y su mina, el viejo Sam que murió hace 18 años.
Bill, no comprendo nada de lo que dices.
¿Que he muerto hace 18 años?
No, Perry, tú estás vivo, quien murió fue Sam.
¿Qué nombre me has llamado? Por el tuyo.
Tu nombre es Perry Elliot.
El socio de Sam Wilton.
Él descubrió la mina y repartió contigo ganancias
y trabajos, pero tú le mataste.
Apropiándote para siempre de su nombre y de su mina.
No, eso no es verdad.
Peter, no creais nada de lo que está diciendo.
Sí, yo claro que era socio de Perry pero él se fue y me dejó solo
con la pequeña Susan que entonces tenía tres años.
Te traicionaste al decir que no había oro en ese túnel.
Cuando hay tanto que se puede recoger con las manos.
Claro que también hay algo más que no querías que lo viera nadie.
Pero yo sí lo he visto.
Aquí está el viejo Sam.
No, ese no es Sam.
Puede ser Perry, el pobre Perry, pero no es Sam.
Entonces había muchos indios.
Basta, la familia de Wilton me contrató para que averiguase
lo que había pasado aquí.
Y me dieron un dato muy importante.
A Sam le faltaba el dedo índice de la mano derecha.
Por eso la firma de la escritura registrada por Sam en Glenville City
es casi ilegible.
Mientras que la tuya es firme y clara.
Mira.
Tú, Perry, tienes todo los dedos.
Mientras que Sam... En efecto, yo tengo dedo índice
y sé cómo manejarlo.
Hay seis balas en el revólver e ireis todos con el viejo Sam.
¡Al infierno! ¡Al maldito, viejo Sam!
¡Quietos todos!
Habéis tenido mala suerte. Muy mala suerte.
Adiós, Billy, descubridor de cadáveres.
Y adiós vosotros, pobres idiotas.
(RÍE)
¡Ah!
Siento mucho lo de Al,
si hubiera podido entregar antes a Perry al sheriff,
quizás hubiera evitado su muerte.
Tenía que demostrar su culpabilidad.
Tú no tienes la culpa.
¿De verdad quieres irte de aquí?
Ya te dije ayer que me marcharía, mi trabajo ha terminado.
Adiós, amigos.
Pero, la mina es tuya.
No, pertenece a Susan es el regalo de bodas que le hago a ella y a Tom.
A mí ya me ha pagado la familia de Wilton.
Yo trabajo a sueldo.
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