Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
(Canción en inglés)
(Música)
(Música tribal)
Hola, Hatta. Hola.
Hola. Venga, ya está bien, ya está bien. Idos a jugar.
Ha sido buena pesca. Sí.
Cada año que pasa, somos más pobres. -No lo dirás por este año.
He visto muchas pieles y provisiones para el invierno.
-Ya tienes bastante edad, Jonathan, y puedes recordar
cuando los cheroquis eran dueños de todas estas tierras.
Pero los dioses han huido de los bosques y de las montañas.
Ahí arriba no hay más que un desierto de piedras.
¿Lo has visto?
Tú también le viste cuando era un hombre. Un jefe.
Es vuestro maldito alcohol el que lo ha destruido de este modo.
Tenéis armas más poderosas que los mismos fusiles.
Y a la juventud, le pasa lo mismo.
Nos abandonan. Todos se quieren ir a Roxton.
-Pero tu hijo Hatta puede ocupar ya el puesto del viejo.
No te puedes quejar por ese motivo.
-Pero yo sé por qué Hatta no se aleja.
¿Crees que antiguamente un cheroqui hubiese soportado
lo que ha ocurrido aquí el otro día?
La ley la dictan los blancos.
Hace dos lunas,
los Masters nos han quitado las últimas praderas junto al lago.
¿Y por qué lo han hecho?
¿Tú crees que lo necesitaban? No. Para arruinarnos.
Nos odian.
-No todos los blancos son como los Masters.
El sheriff de Roxton, por ejemplo, Cole Birgham,
es un buen hombre, un hombre honrado.
-¿Qué puede hacer Cole Birgham solo contra todos ellos?
Además, Hatta no quiere recurrir al sheriff en contra de los Masters.
Ha puesto sus ojos en una mujer que no es de su raza.
Madre,
¿qué le estás contando al amigo Jonathan?
Nada de importancia. Nada.
¿Vienes con nosotros? Sí, ahora mismo voy.
No lo olvides,
tienes que darle al viejo búfalo
cinco gotas por la mañana y cinco gotas por la tarde.
Y que Dios te ayude, Minnea. -Gracias.
(HABLA EN OTRO IDIOMA)
Hola, Tomahawk.
Vámonos.
Quietos, quietos... (NIÑO) Yo también quiero ir.
-Apartaos.
(Música)
(RÍE)
Qué bobo eres, me has asustado.
Mi hermanita es la única mujer que me tiene miedo. Qué raro.
¿Adónde vas? ¿No vienes a casa?
Es que Sam se ha quedado hoy en el bosque
y voy a llevarle algo para que no se muera de hambre.
Date prisa y vuelve a casa. Tengo muchas cosas que contarte.
No me gusta que andes por ahí
como una criada, con la cesta al brazo.
Si hiciera caso de todo lo que dices,
no podría ni asomarme a la ventana.
(Música)
Tomahawk. (RÍE)
(Continúa la música)
Hatta, perdona, pero debo irme inmediatamente.
Pero si acabas de llegar. Tengo miedo de que me sigan.
Tengo miedo por ti y por mí.
He encontrado a mi hermano Nelson que volvía de Nashville.
Un poco más y me hubiera encontrado en el sendero del lago.
Y aunque tía Peggy me ayuda...
Antes no era tan difícil. Han pasado muchos años.
Entonces, éramos niños.
Y cambian tanto las cosas en la vida...
El hombre blanco ha cambiado.
Recuerdo a tus hermanos,
cuando bajaban al lago
a bañarse con nosotros sin prejuicios.
Ahora nos odian. Nos odian solamente.
Hatta, por favor, no quiero oírte hablar así.
Siéntate un poco conmigo.
Eres bonita, Mabel, muy bonita.
Yo solo pienso en verte. Pero resulta más difícil cada día.
Detrás de las montañas, en Georgia, hay buena tierra.
Nos iremos allá muy pronto, Mabel.
Nos llevaremos a mi madre
y, al cabo de un año, podremos vivir bien.
Y quizá, algún día, tus hermanos vayan a vernos.
Me gustaría tanto que eso fuera verdad...
Pero ya han hecho planes con respecto a mí.
Nadie puede decidir por nosotros, somos libres.
Y tú me quieres, ¿verdad? Mabel...
(Ladridos)
Ahora será mejor que vuelva a casa. Te acompañaré hasta el sendero.
(Música)
Eh, marca este.
Y este también.
(Continúa la música)
¿A qué vienes?
¿No sabes, indio asqueroso,
que a nosotros no nos gusta que os metáis en el agua?
Nuestros caballos la necesitan.
(Música)
No, espera un poco, Merlín.
Primero deja que Sam le dé una buena paliza a ese cerdo.
(Continúa la música)
¿No lo veis, idiotas? ¡Vamos!
Dale, Sam.
-Eh, vosotros, soltad a ese hombre.
En el nombre de Abraham os digo
que al primero que le toque le meto una bala en la cabeza.
Marchaos de una vez, malditos pecadores.
Vete de aquí, viejo imbécil.
Ten mucho cuidado, Sam, está loco. -Ahora habla en serio.
-Le conozco muy bien. Es capaz de leer la Biblia
y también de matarte con ese trozo de hierro.
Dejadlo, ya está bien. Vámonos.
(RÍE)
Algún día nos encontraremos. A solas.
Haz lo que te dice tu padre, no seas imbécil.
Sino, te dará una paliza cuando vayas a casa.
(RÍE) Viejo loco...
Esos cobardes...
Hatta, apóyate en mí. Yo te curaré.
(Música)
Cuando tengas ganas de pelea,
abre bien los ojos y fíjate que no haya ningún testigo.
Descuida.
(Música)
Eh, Tom, esta madera está muy apilada, sepárala un poco.
Muy bien, patrón.
Hola, Dingo.
Dindo, amigo mío, Moli te tiene siempre atado, ¿eh?
¿Ves? Menos mal que no hice caso a tu hermana, Masters.
Me dijo que no volverías hasta la noche.
¿Qué ocurre ahora? ¿Que qué ocurre?
Esto. ¿No es bastante?
Ya son cinco las cartas que me han escrito
los del ferrocarril y no sé qué contestar.
¿Qué quieres, que pierda el contrato?
En Nashville están esperando las muestras desde hace un mes.
Les había pedido algo de tiempo. Escúchame, Masters,
y abre bien las orejas.
Te conozco, es un zorro viejo y estás pensando:
"Yo ya he cobrado el dinero".
(RÍE) No digas tonterías, Lasky. Déjame hablar.
Has cobrado ese dinero, de acuerdo,
pero si no puedes entregar la madera, dilo claramente.
Tú sabes muy bien por qué te di ese encargo.
Si no puedes hacer el suministro, me devuelves el dinero
y quedamos tan amigos como antes.
Porque si yo no cumplo el contrato,
a mí los del ferrocarril me meterán en la cárcel.
Y tú vendrás conmigo.
¿De qué cárcel habla? Y tú también vendrás.
Porque este es un asunto que no se resuelve a puñetazos.
Eh... Te lo repito.
No se resuelve con los puños. Vaya, Lasky,
has venido a meternos miedo, ¿verdad?
Vamos, no te preocupes, siéntate y hablaremos. Peggy.
Peggy, tráenos algo de beber. Ya he bebido.
¿No habías ofrecido nada a nuestro amigo?
La tía Peggy sabe perfectamente cómo se trata a un caballero.
Ya me ha invitado antes a un excelente whisky.
No te vendrá mal repetir. Trae más.
¿Dónde está Mabel? Por ahí.
¿Qué le pasa?
Tu hija, cada vez que me ve, se esconde.
¿Qué tonterías estás diciendo? Si vive solamente para ti.
¿Crees? -Ya lo has oído.
Anda, ve allá y procura no poner mala cara.
Y si te es posible, sonríe.
Cuando me necesitan, vienen a buscarme, ¿eh?
Y que tenga yo que sonreírle a ese calabacín...
Eres una salvaje.
Como tu madre.
-¿Qué me han dicho que hagamos con esto? Ataúdes...
Y cuando ofrecí el dinero,
y te aseguro que lo hice con toda la diplomacia,
faltó poco para que me echaran a puntapiés.
Después dijeron que el contrato es de Lasky
y que solamente tratarán con él.
Te lo avisé, Nelson.
Tú te hacías ilusiones, pero esta vez se acabó.
O restituimos el dinero o vamos a la cárcel.
¿Por qué compraste esos pastos que de nada nos sirven?
Tenía que hacerlo.
¿Y tú qué crees?
¿Que he recorrido tantos kilómetros sin pensar en nada?
¿Sin estrujarme la cabeza? Todos se han vuelto honrados.
Miren, quieren la madera y la quieren buena,
con la medida justa de tantos centímetros.
Muy bien, la tendrán como la quieren.
¿Pero qué dices? ¿De qué madera hablas?
¿Tampoco tú te has dado cuenta
de la magnífica reserva que tienes delante de las narices?
¿El bosque indio?
Quítate esa idea, estamos a las puertas de la cárcel,
un paso más y se nos echará encima toda la región.
Los indios han hecho de eso una cuestión religiosa.
Hace siglos que no se tala ningún árbol de ese bosque,
lo consideran su bosque sagrado.
Y desde hace algunos años, en esta región,
hay quien se enternece por esos pieles rojas.
Yo estaba hablando de resarcimiento por daños y perjuicios.
No te entiendo.
Imagínate un día de viento.
Y que sopla hacia aquí, hacia nosotros.
Hacia nuestros árboles.
Y que a un indio se le ocurre la idea de encender un fuego.
(Música festiva)
Hola, sheriff. Qué sorpresa.
¿Cómo es que anda por aquí? Pasaba por aquí cerca y me dije:
"Vamos a tomar un trozo de tarta en casa de los Masters".
Yo soy muy apegado a las tradiciones. Muy bien. ¡Mabel, ven acá!
Vaya, Mabel, estás muy guapa.
¿Conoce a Mortimer Lasky? ¿Quién no le conoce? Hola.
-Buenas tardes.
-Mabel... ¿Quiere un poco?
Gracias. -¿Quiere bailar conmigo?
Sí.
¿Sabe? Son casi novios. ¿Quiénes?
Mabel y él. Ah...
(Música festiva)
Dispénseme un momento. Claro.
(Continúa la música)
Calla, Dingo, calla.
¿Qué haces aquí? ¿Te has vuelto loco?
Ya no podía resistir, tenía que verte.
Dime, ¿es cierto que estáis celebrando
vuestra fiesta de esponsales? No es cierto, Hatta,
yo te quiero a ti, solamente a ti.
Pero ahora tienes que irte, te lo ruego.
Te amo. Te quiero mucho.
Señorita, si me lo permite, me gustaría bailar con usted.
Hace 10 días... -¿Ya estás borracho?
¿Qué tendrás tú que decirle?
Deja a las chicas con los jóvenes de su edad.
Anda a casa, viejo borracho.
-¿Pero no estabas en casa con artritis?
-Sí, pero ya me curado. -Cariñito, déjame explicarte.
-¿Dónde está Mabel?
(Continúa la música)
¡Mabel!
¡Mabel!
(Ladridos)
Dingo, ven acá. Vuelve, Dingo.
¡Dingo!
¡Dingo, ven acá!
¡Dingo!
¡Dingo!
(Gruñidos)
(SUSURRA) Tomahawk.
¡Vamos, ven acá!
Tomahawk, Tomahawk.
Ven acá. ¡Tomahawk!
Tomahawk, Tomahawk.
(Ladridos)
Indio asqueroso, ¿qué haces en mi casa?
¡Vete! ¡Lárgate!
(Gruñidos)
Quieto, quieto.
Por última vez, ¡lárgate! ¡Quieto, Tomahawk!
(Aullidos)
¡No, Masters, no lo hagas!
(Murmullo)
¡Masters, no lo mates!
¡Masters!
¡Masters! ¡No!
Me pagarás su vida con la tuya, maldito Masters.
Esto no has debido hacerlo nunca, era el único amigo que tenía.
Pero yo te juro que me vengaré.
Hatta te lo jura.
Pagarás con tu vida. ¡Asesino!
(Música trágica)
Escúchame bien, Masters. Esta vez te has pasado de la raya.
Yo protegeré al que sea, blanco o indio,
a cualquiera que vosotros pretendáis avasallar.
¿De verdad, Cole?
Pues, entonces, recuerda una cosa. Dentro de unos días habrá elecciones
y... a lo mejor tenemos otro sheriff.
Ya puedes apostar a que pierdes, Birgham.
Tu estrella está cayendo.
(Música animada)
Esta vez les daremos una lección a esos criados de los yanquis.
-Cole Birgham ya puede ir quitándose la estrella de sheriff.
-Yo apuesto 50 dólares por Pat Keler. -Pat es un hombre muy capaz.
-Sí...
(Música)
Hatta...
Pobre Tomahawk. He llorado mucho.
¡No puedo seguir viviendo con ellos! ¡Les odio!
Lo he sepultado con un puñal entre los dientes.
¿Sabes lo que significa?
Mira. Esto lo he hecho para ti.
Para que te acuerdes de él.
Temí que no hubieras venido a verme.
Jonathan me entregó tu recado.
No sabía a quién decírselo. ¿Hice mal?
Puedes confiar en él.
Dime, Hatta, ¿me odias tanto como a ellos?
Tú eres distinta.
Debería haberte defendido el otro día,
pero te juro que es como si ellos me paralizaran.
A veces, parecen buenos;
pero, luego, les veo transformarse y tengo mucho miedo de lo que hacen.
Yo también tengo miedo, pero no de ellos.
Temo que estén embrujados y que te embrujen a ti.
No, no, Hatta, no digas eso. No lo conseguirían jamás.
Tú lo sabes, yo nunca he odiado. He hecho cuanto he podido
por que los míos olviden los antiguos rencores.
Lo sé. Tu padre no debió matar a Tomahawk.
Era mi amigo. Vámonos, Hatta.
Vámonos a donde tú quieras. Quizá la muerte de Tomahawk
haya sido una señal.
No tenemos ya ni un solo amigo.
También para mí lo era. Pobre Tomahawk.
Hemos de decidirlo enseguida.
Quieren que me case con Mortimer Lasky.
Ya no me queda ninguna salida.
No sé lo que voy hacer.
No pueden hacerlo. ¡Nadie puede obligarte!
(Viento)
Es el viento, ven.
(Música)
No serás de otro.
(Relincho)
El viento...
(Viento)
No, no es solo el viento. ¡Ven!
(Música intriga)
(Música tensión)
¡Está ardiendo el bosque!
Vamos por aquí.
(GRITA) ¡Fuego, fuego! ¡Señor Masters!
¡Está ardiendo el bosque! ¡Sam, Nelson, deprisa!
El fuego avanza rápidamente. ¿Desde dónde?
Desde la Montaña Roja a nuestro bosque.
¡Andando! Hay que cortarlo haciendo una zanja a lo largo del arroyo.
¡Pronto! ¡Id a por herramientas! ¡Vamos, muchachos! ¡Coged hachas!
-Puede que el viento sea demasiado fuerte.
Con la zanja y el arroyo podremos cortar el fuego,
pero será mejor alejar el ganado de allí.
Eso creo. ¡Slim, mi caballo! -Enseguida.
-¡Vamos, deprisa!
(Música tensión)
También este camino está cortado. Demasiado tarde.
¡Por ahí!
Vamos.
(Continúa la música)
(SUSPIRA)
Confiaba en pasar por este sendero.
Y está también cortado. ¿Y cómo voy a volver a mi casa?
Ve por el sendero del lago. Es más largo, pero más seguro.
Y envíame noticias con Jonathan. Sí.
(Música intriga)
(Ladridos)
¡Tía, tía Peggy!
(RESPIRA AGITADAMENTE)
Señorita Mabel...
¡Ama, pronto! Agua, agua....
¿Qué ha sucedido? -¡Mabel!
-Señorita Peggy... -Mabel, Mabel...
¿Dónde estabas? ¿Qué te ha pasado? Agua...
¡Agua, agua! Pero ¿dónde estabas?
Me quedé dormida en el bosque. Pronto, trae agua, Moli.
Dios mío... Ven, ven.
(Relinchos)
(Música tensión)
(Viento)
Vamos, vamos. Te lo pido por favor.
¿No ves que hay fuego y nos vamos a quemar?
¡Eh, tú!
Ven aquí.
Anda...
Voy a terminar asado por culpa de este cabezota.
Ahora se ha plantado y no quiere dar un paso.
Sí, pero cuanto más le pegues, menos andará.
¿Verdad, precioso, que ahora vas a ser obediente?
Ya lo tienes.
(RÍE) Los indios sois extraordinarios.
Vaya un podercito, ¿eh? Menos mal que el viento
iba en dirección contraria; si no, Bob Rusky
y esta bestia testaruda acaban bien asados.
Pero ven conmigo, acompáñame, veo que entiendes de esto.
No, yo voy hacia aquel lado. ¡Adiós!
¿Eh? ¿Qué prisa tienes? ¡Tú, ven aquí! Tú, anda...
(Pájaros)
(Música)
Vigila desde allá arriba.
Nelson, has tenido una idea estupenda.
Eso creo.
(Golpes)
Vamos, daos prisa con ese árbol, aún queda mucho que hacer.
Sí, señor Masters. -Bien, patrón.
(Pájaros)
(Música tensión)
(Vítores)
Buena madera, patrón.
-Sobre estos troncos, el ferrocarril puede correr
tranquilamente del Atlántico al Pacífico.
Sí.
¡Cheroqui, cheroqui!
(HABLAN EN OTRO IDIOMA)
(Murmullo)
¡Guerra a los blancos! -¡Hay que acabar con ellos!
(Murmullo)
(Pájaros)
¿Qué ocurre? Los Masters están talando
el bosque sagrado.
(Música tensión)
Los Masters...
¡Armas y caballos, cheroquis!
¡Deprisa!
(Barullo)
(Relincho)
(Música intriga)
(GRITA) ¡Guerra o muerte a los blancos! ¡Guerra!
¡Adelante, cheroquis!
(GRITAN)
(Música peligro)
(Música intriga)
¡Los indios, los indios! ¡Vienen los indios!
-¡Vienen los indios!
Malditos, ¿qué hacemos? Coged las armas,
pero sin disparar. Esperaremos. ¡Coged las armas! ¡Rápido!
¡Coged las armas y atrincheraos!
¡Ya los tenemos aquí!
(Música tensión)
(Relinchos)
(Disparos)
¡Ah!
-¡Ah!
(Disparos)
Ahí vienes más. No creo que podamos resistir.
Son mucho más numerosos que nosotros.
¿Qué hacemos, Nelson? Avisa a los demás, rápido.
(Disparos)
¡Ah!
¡Todos a caballo! ¡Volvamos al rancho!
-Al rancho, al rancho.
-Sam, ¿estás herido? No es nada, anda.
¡Vamos, salid, deprisa! -¡A caballo, a caballo!
Malditos pieles rojas...
Me las pagarán.
(Relincho)
Vamos, deprisa.
(GRITAN)
(GRITAN ALEGRES)
Ahora te pondré un vendaje. Sí, gracias.
La mejor solución sería hablar con ellos.
Tenemos muy poco tiempo. ¿Hablar con quién?
Con esos pordioseros y les prometemos a cambio
un poco de maíz o... algo de ganado. Tonterías...
Ya sabes que para ellos es una cuestión de religión.
Ya has visto cómo reaccionan. No tendrán más remedio que aceptar
o acabarán muriéndose de hambre. No pueden elegir.
Ya los conoces, papá. Esa gente es muy orgullosa
y están todos locos. No hay nada que hacer,
debemos darles una lección definitiva.
Acuérdate de la fiesta. Delante de todos
y en nuestra propia casa, se atrevió a amenazarnos.
Ese puerco indio...
Tiene razón, no hay otra alternativa.
Yo le ajustaré las cuentas a ese indio.
En cuanto al bosque, ellos lo han incendiado
y tienen que pagar. Naturalmente...
Todos vuestros abusos se convierten en leyes.
Mabel, vete a dormir inmediatamente. ¿Quiénes os habéis creído que sois?
La gente ya os conoce. Vivís abusando,
avasallando a todo el mundo.
¿Cómo te atreves a hablar así?
Siempre disponéis de mí para vuestros negocios.
Ahora os vais a lanzar como cuervos sobre la reserva india.
Firmáis unos contratos que jamás podréis cumplir.
No retrocedéis ante nada,
incluso series capaces de matar a personas que nada os han hecho.
¿Intentas defender a los indios? Sí, los defiendo.
Y os aviso que si estáis contra ellos,
¡estáis contra mí! Porque yo ya me he puesto
de su lado. Si los echéis en la reserva,
me echaréis a mí con ellos.
Porque me iré lejos de aquí, muy lejos.
Precisamente con aquel a quien más odiáis.
¡Cállate!
Esto no lo habíais previsto, ¿eh? No es lo que habíais pensado.
Escucha, si lo haces, te mataré. Recuérdalo bien, ¡te mataré!
¡Mátame, mátame si quieres!
¿A qué estás esperando? ¡Dispara ya!
¡Porque yo me casaré con él porque le amo!
Muchachos, ¿os habéis vuelto locos?
¿A quién amas? ¿Con quién te quieres casar?
Se ve que me he explicado mal, ¿eh? Me casaré con ese indio. ¡Hatta!
Mabel, ¿te has vuelto loca? Vete a tu habitación, anda.
Quién nos lo iba a decir, ¿eh?
¡La ovejita de la familia se casa con un indio!
(LLORA)
No, por favor... ¡Quita!
(LLORA)
(SUSPIRA) No... ¡No puede ser verdad!
¡Dime que no es cierto! Es la verdad, le amo.
Sí, te creo.
Pero si tú supieras...
Claro, no es culpa tuya.
Yo creí obrar bien, ¡pero me equivoqué!
¡No! ¡No hay ninguna equivocación!
Por desgracia, la equivocación existe.
Pero es solamente mía la culpa.
Debiste haberlo sabido y odiar a esa mujer desde que eras pequeña.
Es ella. Tu madre. Que sigue haciéndome la guerra.
Aún no está satisfecha con todo lo que ha hecho.
¿Qué estás diciendo? ¡No te lo permito!
¡Te prohibido que hables así de ella!
¿Qué podía hacer un hombre que ha sufrido todo cuanto se puede sufrir?
Qué ha sido insultado... Que ha conocido la humillación...
y la vergüenza.
Que ha perdonado y por eso se ha ganado aún más
el odio y el desprecio. No te comprendo.
Como no te expliques...
Yo amé a tu madre,
pero sé que ella no merecía mi amor.
No lo merece la mujer que enfanga el nombre de un hombre,
no reconoce a sus hijos
y lanza a la desesperación a toda una familia.
Tú sabes que murió en el lago. Eso es cierto.
Pero... no fue un accidente, como cree todo el mundo.
En realidad se suicidó.
Lo hizo para castigarme. ¿Comprendes?
Abandonó a sus hijos, tres pequeños, solo para hacerme daño.
Pero no os quedéis así. Tenéis que hacer algo.
Es vuestra hermana. -Siéntate.
Ha llegado el momento de que ella lo sepa.
Fue mientras estuve en la guerra.
Dos años fuera de casa.
Y cuando regresé...
la deshonra, las miradas maliciosas de los que me rodeaban.
Luego supe la verdad.
Ella me traicionaba con uno de esos pieles rojas, un indio cheroqui.
Y yo la perdoné porque la amaba.
Debí echarla de casa, pero la amaba demasiado.
Y desde aquel día ella me odió y os odio a todos vosotros.
Éramos su cadena, su condena.
Tú no puedes ahora matarme de dolor.
Te he criado yo en su puesto.
Papá...
Lo sé. Es terrible.
Ha sido terrible para todos.
Yo no hubiera querido decírtelo nunca,
pero es el destino.
Ahora reflexiona y piensa lo que vas a hacer.
Papá...
Vaya un pueblo de idiotas que es este.
Destituir a un hombre digno como Cole Birgham
para nombrar a ese tipo.
-Yo he votado por él y sé que he votado bien.
Hace falta una mano dura en esta región.
Paga. -Mano dura...
No digas tonterías, Robbie tiene razón.
Nada de mano dura. Ese tiene la mano demasiado ligera.
¿Sabéis por qué tuvo que salir de Kansas?
Yo os lo diré. Lo echaron por corrupción.
-Además ha sido el dinero de Lasky, Masters y compañía
el que le ha hecho ganar las elecciones.
-Con este son ya siete los sheriff que he visto cambiar
desde que vivo en este pueblo. -Claro.
A tipos como vosotros os basta con medio dólar para cambiar de ideas.
¿Y cuánto necesitas tú para cambiar de ideas?
Estamos en una democracia libre y pensamos cómo nos da la gana.
No estoy hablando contigo. Tú quítate de en medio, piojo.
Oh, perdone el amo de Roxton.
Hay algo que aún no has aprendido: a tener la boca cerrada.
Eh, muchachos, venid todos. Lo vamos a pasar bien.
Sam y Robbie están peleando. Mira.
(Música acción)
Eh, Sam, déjalo ya.
Ya es bastante.
Vamos a tomar una copa.
A ver si así se te aclaran las ideas, imbécil.
Y grita: "viva Pat Keler".
(Risas)
Sam, tu sombrero. ¡Sam! -¡Viva Pat Keler!
-¡Viva el sheriff! -¡Viva!
-Eh, Bob. -¿Qué?
¿Tienes crema para las botas? -Claro que la tengo, la mejor.
-He oído decir que ese animal te da mucha guerra.
¿Por qué no comprar otro? -Para comprar hace falta dinero.
-El dinero hace falta para todo.
De modo que el otro día...
estabas en el bosque.
-Sí, me llevé un susto de muerte.
-Menos mal que encontraste al indio. -Sí, menos mal.
(Música)
-¿Sabes dónde vive Hatta?
Vamos.
(Música)
¿Es esta la cabaña de Hatta? ¿Quién eres tú?
-Y tú, ¿quién eres, que entras de esa forma en mi casa?
-¿Es o no la casa de Hatta?
-¿Qué queréis de mi hijo?
Madre.
Madre.
¿Qué hacen aquí, qué quieren ustedes?
¿Eres tú Hatta?
Sí, yo soy Hatta, y esta es mi casa.
Vendrás con nosotros a Roxton.
¿A Roxton?
¿Para qué? Ya te lo dirá el sheriff.
Me despediré de mi padre.
Deja las armas, y no tardes.
(Música)
Padre, dame tu bendición.
(Continúa música)
Monta a caballo.
(Continúa música)
Señor Lasky, yo... yo he venido a pedirle un favor muy grande.
Usted dirá.
Debe renunciar a los suministros de mi padre.
¿La envían ellos?
No, no los conoce usted bien, ni siquiera saben que he venido aquí.
Estoy segura de que usted podrá encontrar la madera que necesita,
sin tener que recurrir a mi padre. ¿Qué significa?
¿Usted sabe que ya he desembolsado la mitad del dinero?
Me he fiado de ellos.
Pero solo usted puede impedir que continúen lo que están haciendo,
han hecho arrestar al indio Hatta,
le acusan de incendiar nuestro bosque, pero es falso,
es un pretexto para resarcirse cortando los árboles
del bosque indio, solo para cumplir el contrato.
Sin embargo, si usted quisiera...
A mí, ¿por qué me cuenta todo esto?
Dígaselo a su padre, a sus hermanos, y deje en paz el contrato, ¿entiende?
Y usted decía que me amaba. Y la amo,
pero no me gusta mezclar el negocio con los sentimientos.
Vuélvase a casa, Mabel,
no le van esta clase de comisiones.
¿Por qué se preocupa tanto de los indios?
Me pregunto qué podía esperar de usted.
Viene aquí tranquila, confiando en su amor,
pero veo que estaba equivocada.
Pues escúcheme, Lasky, voy a decirle una cosa,
una cosa que no saben ni mi padre, ni mis hermanos:
jamás conseguirá usted esa madera, declararé a favor del indio.
¿Recuerda el incendio del bosque? Pues yo estuve con Hatta,
y es uno de los días más hermosos de toda mi vida.
(FURIOSO) ¿Qué dices?
Es la pura verdad, aunque le moleste. Suélteme.
¿Qué es lo que te pasa en la cabeza?
Te diré una cosa, Mabel, por tu bien, y por el de toda tu familia,
pídele a Dios que tu padre gane la causa contra los indios cheroqui,
y pueda cumplir el contrato. De lo contrario,
lo meteré en la cárcel para toda la vida, lo arruinaré,
le quitaré las tierras, la casa, todo.
Recuerda bien lo que te he dicho, y ahora...
Todo depende de ti.
-Comienza el interrogatorio del testigo. ¿Su nombre?
-Bob Rusky.
-¿Jura decir la verdad, y nada más que la verdad?
Conteste "Lo juro". -Lo juro.
-Usted afirma que aquel día estaba en el lugar del incendio,
y que vio a un indio, ¿es cierto? -Sí, señor, era un indio.
-De la tribu de los cheroqui.
-De los cheroqui.
-Y ese indio que dice haber visto en el bosque,
¿le reconoce en el acusado? -Sí, claro que era él.
Recuerdo que dijo: "Vaya un fueguecito",
y estaba contento, muy contento,
como si hubiera hecho alguna travesura.
-¿Aún pretendes seguir afirmando que tú no incendiaste el bosque?
He dicho lo que tenía que decir, y lo he jurado.
Pero vosotros, los indios, no creéis en la Biblia.
En la Biblia creo que no está escrito
que un indio sea diferente de un hombre blanco.
Mi juramento vale tanto como el vuestro, he jurado por mis dioses.
Señor juez, este indio, cuando le detuvieron,
dijo al sheriff Pat Keler que tenía un testigo,
que podría probar su inocencia en cuanto al incendio.
-Es costumbre que los testigos tengan nombre y apellidos.
-Pero es que este indio ha sido amenazado.
-El acusado lo retiró todo espontáneamente,
la coartada era falsa,
estaba mintiendo.
-El testigo Bob Rusky puede marcharse.
-Gracias, señor juez.
-Que comparezca ahora Slim McClear, ¿se encuentra en la sala?
-Aquí estoy.
-Menos mal que tu padre no ha venido,
ha sido una suerte que esté enfermo en cama.
-¿Jura decir la verdad, y nada más que la verdad?
-Lo juro.
-Siéntese. -Gracias, señor juez.
-Y ahora, hablemos de aquel día de la fiesta,
cuando este indio azuzó a su perro contra Nath Masters.
¿Es cierto que juró vengarse?
-Lo menos 10 personas lo oyeron, dijo: "Me las pagarás, Nath Masters",
y creo recordar que también dijo que le incendiaría el bosque.
Fue él quien tendió la emboscada a Nath Masters y a sus hijos,
cuando subieron a Red River para apreciar la gravedad de los daños,
y fue él el primero que disparó.
-Señor juez, no se pueden tomar en consideración
las amenazas proferidas por el acusado la noche de la fiesta:
Hatta estaba furioso, Nath Masters le había matado el perro.
-¿Quiere volver a testificar, Cole Birgham?
Usted ya no es sheriff de Roxton, ¿o me equivoco?
-Entonces sí lo era, yo personalmente desarmé a Nath Masters.
-Está bien, eso ya consta en el sumario, continuemos.
Usted afirma que el indio Hatta, para vengar
la muerte de su perro, prendió fuego al bosque de los Masters.
-Sí, señor, así es.
(Murmullos)
(GOLPEA CON EL MAZO)
(GOLPEA CON EL MAZO)
-Silencio, silencio.
Continúe, por favor.
-Decía que él es el único culpable, él fue quien incendió el bosque.
-He dicho la verdad. -No, nos has traicionado.
(Música tensión)
No es cierto, has mentido, no debiste declarar eso,
Hatta huía igual que tú del bosque incendiado, y tú lo sabes.
-Yo he dicho la verdad.
-Por consiguiente, este tribunal declara que Hatta,
de la estirpe cheroqui, es culpable del delito de incendio intencionado,
y le condena a un año de cárcel,
que habrá de cumplir en la prisión federal.
(RÍE)
Muy bien, Slim. Ven a tomar una copa.
(Música)
(RÍE) -Ya lo decía yo,
es un cuento eso de que se está mal en la cárcel:
en toda tu vida habías tenido una cama tan cómoda como esta,
lo vas a sentir el día que tengas que marcharte,
si no fuera porque aquí hay barrotes.
Por favor, Jonathan, tú siempre te ríes de todo.
Dentro de poco volveré a casa,
tengo tantas ganas de ver a mi madre, a mi gente.
No, no, no, no.
¿Sabes cuál es la verdad? Ella, tu Mabel.
Sí, la tienes metida aquí, y no puedes olvidarla.
Pero no lo pienses más, hazme caso.
¿Que no piense mas?
Aquí no se puede hacer otra cosa, pensar,
atormentarse uno día y noche.
Y cuanto más se piensa, parece todo más increíble.
Bueno, no lo tomes así.
Esta noche voy a ver a tu madre, y quiero decirle que su hijo está bien.
Di a Minnea que la quiero mucho, cuando estoy con ella,
no sé explicárselo, no encuentro palabras.
¡Eh, pordiosero, se acabó el tiempo! -Ya voy.
Hatta, no pierdas el ánimo,
dentro de pocos días estarás libre,
se lo diré a tu madre, no te preocupes.
(Música)
-Todo el mundo vendrá a ver tu ajuar,
pocas chicas han llevado un ajuar como el tuyo.
-Esto, ¿dónde lo pongo? -Déjalo aquí mismo.
Ayer escribí a Roxton, acerca de tu vestido de novia.
Mabel, ¿qué te pasa? Pero, hija, no te comprendo,
parece como si la cosa no fuera contigo.
Es que son muchas cosas.
¿Qué esperabas? En la ciudad no es como aquí, en el rancho.
Tendrás fiestas, muchos invitados...
¿No sabes que Mortimer Lasky es un hombre rico, rico de verdad?
Es todo un personaje.
Pero no pongas esa cara, mujer.
Puede que Lasky sea no sé, un poco... Pero todos tenemos defectos.
En cambio, es paciente, cariñoso...
Otro no hubiera podido soportar tus desaires, tu cara larga continua,
y siempre aplazando, aplazando.
Bien, esperemos que esta vez vaya de veras.
¿Qué tienes, dime, qué te ocurre?
Está bien, no contestes. -¿Dónde pongo esto?
-¿Dónde lo pones? Anda, ponlo ahí.
Y oye, hazme un favor, vete a la cocina,
porque me arreglo mejor yo sola. -Sí, ama.
(Música)
-Baja.
Deprisa.
(Música)
No quería entrar en el pueblo con las esposas,
ya le dije que es el reglamento.
-Un año de cárcel no te ha bastado para ser obediente, ¿eh?
Mi consejo es que de ahora en adelante te portes bien,
vosotros, los indios... tenéis demasiados humos.
Te condenaron a un año porque no tenías antecedentes penales,
pero ahora ya los tienes, y al primer paso en falso que des,
te meto en la cárcel para toda la vida.
¿Entendido?
¿Ya me puedo ir? Sí, vete.
Indio.
¿No te han enseñado a despedirte cuando te marchas?
Buenas tardes, sheriff. (ASIENTE)
(Música)
¡Madre!
¡Madre!
¡Hijo!
(Música)
El jefe ya no está, el poblado lo ha honrado en tu nombre.
Aquí tienes su corona de plumas,
y tu cuchillo.
(Música)
Esto es lo único que nos ha quedado:
poco dinero, y en cambio un trabajo muy duro.
¡Los blancos han talado el bosque sagrado, lo han talado todo!
Eh, esos troncos, traedlos aquí.
La madera seleccionada hay que enviarla a Nashville.
-¿Esa? Sí, señor.
-Y que sierren los demás troncos. -De acuerdo.
Nelson, esta madera es para Roxton, encárgate de que la lleven.
Bien.
Slim, ven aquí. Llévatelo.
Tienes que preparar una expedición. Sí, señor.
Qué calor.
Vosotros dos, cuando terminéis lo que estáis haciendo, venid aquí.
Tom, trae la carreta grande,
tenemos que llevar toda esta madera a Roxton.
-¿Hoy mismo? -Sí, hoy mismo.
-¿Qué hay? Nada.
(RÍE) Qué graciosa estás con ese sombrerito.
(SUSPIRA) Ah, qué calor. Hace un calor terrible.
¿Por qué nos habrán estropeado el fin de semana
trayéndonos a la serrería?
Hija mía, nunca estás contenta,
ni quieres estar en casa, ni quieres estar fuera. ¿Qué quieres?
Ya sé lo que voy a hacer, voy a darme un baño.
¿Qué dices?
Acabas de comer, puede sentarte mal.
Además, una señorita en ropas menores...
Pero si en el lago nadie me ve.
Bueno, pero no te alejes demasiado, ¿eh?
Gracias, tía.
Ve a cargar esos troncos en el carro, date prisa.
-¿Por qué no lo aumentamos de precio?
La madera es estupenda, no tendremos mejor ocasión para hacerlo.
(Música)
Pero esta chica, ¿dónde se habrá metido?
(SUSPIRA)
(Música)
(GRITA)
¡Déjame!
¡Déjame, indio!
Estabas espiando, ¿eh? Ahora me vas a escuchar.
¿Por qué no declaraste en el proceso?
Te amenazaron, ¿verdad?
¿Por qué no querías verme? Sabías que había vuelto.
Yo no sé nada, déjame. ¡Te digo que me dejes!
Cómo te han cambiado, ya eres igual que ellos, una Masters.
Sí, soy una Masters, y pronto Lasky será mi marido.
¿Qué estás diciendo? Me casaré con él, y me iré lejos.
No me verás jamás, jamás. ¡Déjame!
(Música)
Por favor, hazlo por mí.
¡Déjame, te odio porque eres indio!
¡Odio tu raza, déjame!
(Música)
(Conversaciones superpuestas)
Hola. Hola, Sam.
-Caramba, Bob, te veo elegantísimo. -He liquidado todos mis negocios.
-¿Y a qué te dedicas ahora? -A...
-Puede que haya comprado acciones del ferrocarril.
-Qué más quisiera. -Menuda faena nos han hecho.
De buena tinta, me han dicho que el ferrocarril
pasará a 20 millas de aquí. -Como siempre.
Lo prometieron cuando las elecciones, pero ahora...
Aquí tienes al señor Lasky, él te puede hablar de eso.
Ande, Lasky, dígaselo.
-Aún no se ha aprobado el proyecto definitivo.
Este distrito necesita un buen diputado,
pero aquí nadie se ha dado cuenta de ello, ¿verdad, Sam?
Antes, tendrán que cambiar muchas cosas aquí.
¡Fuera! -¡Lárgate!
-Déjame en paz.
¿Has visto estos indios? Qué pesados.
-Eh.
¿Desde cuándo permites que esta gente entre aquí?
-Prueba a echar a las moscas, te las encuentras en todas partes.
Además, hoy es día de mercado, y hay que soportarlos.
-Les estamos soportando demasiadas cosas.
-Cam Sem y Jafet, todos son hijos de Dios.
-Harapiento,
si quieres comprar algo,
sal ahí fuera, y deja libre esta mesa.
Y vosotros, llevaos esas porquerías.
-Espera.
Deja aquí esta porquería. -¡He dicho que fuera!
Y si cambian las cosas como digo, no estaréis allí fuera tampoco.
Ya iba siendo hora de ello. Globo hinchado.
Estos indios me están vendiendo a mí, y resulta que esta mañana
me apetece muchísimo hacer compras.
¿De veras? Sí.
Compraré 4 de estos.
Uno.
Dos.
Tres...
Y cuatro. Aquí tienes tu dinero.
-¡Tú recoge tu dinero y vete! ¡Y vosotros, fuera, fuera de aquí!
No soporto vuestro olor. -Lasky tiene razón.
-Por lo menos aquí dentro, que nos dejen estar en paz.
-Sí.
-Espera un poco. -¡He dicho que fuera!
(HABLAN A LA VEZ)
Un ladrón dicta las leyes, ladrón y borracho.
¡Antes, a los tipos como tú los metían en la cárcel!
¡Suéltame! -Cierra la boca.
Recoge tu dinero, o hago que lo recojas con la lengua.
-¡Inténtalo! -¡Fuera!
-Huy, aquí corren aires de tormenta. Yo me voy.
(GRITAN A LA VEZ)
¿Recuerdas cuando recogías el estiércol de los indios
durante la guerra? ¿Era para vendérselo
a los confederados o para comértelo tú?
A ti lo que te gustan son las muchachitas indias, viejo verde.
¿Es que quieres que te hagan gran jefe? Espera.
(RÍEN) -Ya tienes el plumero.
-Viene el jefe indio.
-Ahí está, mírale.
Este hombre es amigo mío. Tiene derecho a comprar
como nosotros tenemos derecho a vender.
Y tú déjalo en paz, Sam Masters.
Sal de aquí, indio asqueroso, sal de aquí inmediatamente
si no quieres que te llene de plomo la tripa.
Saldré con mi amigo.
Y no será tu pistola la que me lo impida.
¡Quieto, quieto, maldito indio, o disparo!
(GRITA)
¡Quieto, no te muevas!
(Música tensión)
¡Vámonos, Jonathan, deprisa! ¡Cuidado, tiene un arma!
¡Deprisa!
No deben escapar, tenemos que acabar con ellos.
¡Dame tu pistola!
(Relincho)
¡Vámonos!
¡Fuera, fuera, aquí no os acerquéis!
-¡Tom, ve por detrás!
Sam, ven conmigo.
-Tú, esa ventana. Asesinos...
(Disparos)
(Trote)
(GRITA) ¡Ah!
¡Jonathan!
Jonathan.
Era su voluntad, Dios lo ha querido así.
Tom, por la puerta de atrás.
(FORCEJEAN)
Ahora te daré tu merecido.
(Música tensión)
¡Eh, ladrón! ¡Ladrón, ladrón!
(Continúa la música)
¡Todos a caballo!
(Continúa la música)
Han matado a nuestros compañeros, ahora los Masters persiguen a Hatta
para matarle también. -¿Dónde está?
-En las montañas, va hacia las rocas blancas.
-¡Mi manto! ¿Y mi caballo? -¿Qué será de nosotros
si también matan a Hatta?
(Música acción)
Quitad este cadáver de aquí. Tú, ocúpate de ello.
(Música acción)
¡Alto!
Ha ido hacia allá, seguidle, yo iré avisar a los demás.
(Continúa la música)
Y ya sabes lo ocurrido.
Así que Lasky ha muerto.
¿Sabes lo que eso significa? Nuestra ruina.
La ruina de todos nosotros.
¿Qué es lo que ocurre, Sam? ¡Prepara los caballos, deprisa!
El indio está en las rocas blancas, pretende pasar a Oklahoma.
Los hombres del pueblo le van siguiendo.
Conozco bien las rocas blancas, sé cómo adelantarle, vamos.
Es asunto mío, reuniré a mis hombres.
No hay tiempo, se escapará cruzando la frontera.
Se trata de un asunto privado, la ley no debe meterse en esto.
No podéis actuar por vuestra cuenta. ¡Es un asesino!
Danos media hora de ventaja, bastará que llegues un poco tarde,
solo eso, media hora.
Después, ya verás cómo te demuestro mi agradecimiento.
Quédate aquí hasta que nos hayamos ido
y luego ven a las rocas blancas pero dando un buen rodeo,
¿entendido? Un largo rodeo. Se trata de legítima defensa.
Sam, reúne a todos los hombres.
¡Nelson! ¿Dónde está Nelson? Ahí fuera.
Llámale.
(Música dramática)
¡En marcha!
(ARREAN A LOS CABALLOS)
-¡Nat!
(Continúa la música)
Es preciso que intervengas, Cole Birgham.
Nosotros solos, ¿cómo podemos hacer justicia?
-Pero es que yo ya no soy el sheriff.
-Eres siempre un hombre de ley y un hombre valeroso.
¿O debemos creer que hemos sido abandonados por todos?
Confiamos en ti. Nosotros, indios, pensamos que no todos los de Roxton
son unos malvados, como los Masters.
-Bien, debemos evitar más derramamiento de sangre.
Voy a buscar ayuda. Vosotros volved al poblado,
no quiero ver en Roxton ni a un solo indio, ¿entendido?
Confío en que cumplirás tu palabra. -Tienes mi palabra, Cole Birgham.
(Música tensión)
¡Ahí viene, ya es nuestro!
(Continúa la música)
¡Le tienen cercado!
(Continúa la música)
Intentaba cruzar la frontera, pero le hemos obligado a refugiarse ahí.
No tiene salvación. Le están atacando por el otro lado
y a la espalda tiene los despeñaderos de Red River.
Nelson, ve tú con Sam por el sendero de la derecha.
Yo iré por el de la izquierda y le cerraremos el paso.
Está bien. Y disparad en cuanto le veáis,
¿entendido?
(Música tensión)
(Música)
(Música tensión)
(Disparos)
¡Ahí está, tira!
¡Jack, llévatelo! Date prisa.
¡Nelson, Sam, rodeadlo!
¡Vamos! ¡Está bien!
(Música tensión)
¡No puede estar lejos, tú quédate aquí!
Le tienen rodeado allá arriba, ya no podrá resistir mucho.
(Disparos)
(Se encasquilla)
¡Nelson!
¡Nelson, Nelson, Nelson!
(Música)
Lleváoslos.
(Continúa la música)
¡Mabel!
¡Mabel!
Mabel, amor mío, no sabía que eras tú.
¿Por qué has venido? ¿Cómo iba a suponer que estabas aquí?
No, no es nada, no te preocupes.
He venido solo para pedirte que me lleves contigo a Oklahoma.
Nos iremos juntos. Cariño, te amo.
Te he amado siempre, Hatta.
(Música dramática)
Indio maldito...
¡Quieto, quieto, Masters!
¿No te basta con la sangre que se ha vertido?
A todo esto te llevo tu venganza.
¿También quieres matar a tu hija? Déjalos que se vayan.
(Continúa la música)
(Canción en inglés)
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.