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¡Alto!
¿Qué quiere, señor? Ahora vas a ver lo que quiero de ti.
(Grito femenino)
(Grito femenino)
(Grito desgarrador)
¡Marchaos! ¡Fuera! ¡Largo!
¡Fuera todos de aquí!
(GRITAN)
¡Dejadnos en paz! ¡Fuera!
Sálvalo.
Te lo ruego.
Sálvalo.
(Gritos)
(Gritos)
(Grito)
-¿Qué hará con él, padre Jerónimo? -Pues no lo sé.
Pero no lo puedo echar a la calle. Aquí lo han abandonado,
-y es una criatura del Señor. -¡Me lo quedo!
-Ya lo criaré yo. -Pero si tú acabas de tener una hija.
Me sobran arrestos para criar a los dos.
Mi pobre Diego deseaba un varón.
Está bien, Clara, será tu hijo. Pero antes lo bautizaremos.
Y puesto que esta es la misión de Nuestra Señora de Guadalupe,
le pondremos de nombre: Diego de Guadalupe.
-Vamos hacia la pila bautismal. -¡Vamos!
(Golpe)
(Golpes)
(Golpes)
¿Quién es?
Abra, por favor, estoy herido.
Necesito ayuda.
Pase.
(DOLORIDO)
-Gracias, muchas gracias. -¿Qué le ha ocurrido?
Los soldados del gobernador.
No haga ruido. No despierte a mis hijos.
¡Volved ahora mismo a la cama!
¿Eres soldado? No.
¿Cómo te llamas? ¿Vienes de muy lejos?
¿Te persiguen los soldados del gobernador?
¿Necesitas ayuda?
Cuenta conmigo. Dos espadas son siempre mejor que una.
¡Tres espadas! ¿Cómo sabéis que mi causa es justa?
Puedo ser un malhechor.
Los soldados solo persiguen a los hombres buenos.
¡Diego, cállate!
Como siempre están oyendo quejarse a los campesinos
y comentar los abusos y las detenciones...
Esta herida es bastante profunda.
Será mejor que avisemos al Padre Jerónimo.
Es el párroco de la Misión.
No tema, no le delatará.
María, trae un barreño con agua para limpiar la herida.
Diego, deja esa espada y ve a llamar al padre Jerónimo.
También yo tenía un hijo de su misma edad.
-Sí. -¿Ha muerto?
Hace muchos años. (DOLORIDO)
¡Alto!
Ahí lo tenéis. (RÍE)
-Mirad como cuelga. -(RÍEN)
(RÍE) Si parece un muñeco.
(RÍEN)
¡No te quejarás!
-Vas a pasar una noche al fresco. -(RÍEN)
-¡Así terminan todos los traidores! -¡Vamos! ¡Descabalguen!
-¡Mira cómo está! -¡A tierra!
¡Suéltame! ¡Sargento!
¿Adónde vas tú? ¡No te importa!
-¿Qué pasa, Pedro? -Parece que el chico busca algo.
¿Dónde ibas corriendo? No te importa, ¡suéltame!
Vamos a seguirle.
En marcha. ¡Vamos!
¡Sargento, dese prisa!
¡Arread a los caballos!
¡Madre! ¡Vienen soldados! ¡No abráis!
¡Ya están aquí! ¡No abráis!
El hombre que buscamos se ha escondido aquí.
-¿Hay otra salida? -Sí, la de la huerta.
Yo le acompañaré. ¡No!
No salgas, los soldados han cercado la casa.
-¡Maldición! -¡Abrid!
¡Abrid inmediatamente!
¡Vamos!
¡Abrid la puerta!
(Golpes)
¡Atención, firmes!
-¡Saluden! -Está aquí, excelencia.
¿Hay otras salidas? Hay otra, pero está guardada.
¡Abrid en nombre del gobernador!
No perdáis el tiempo. Derribad la puerta.
Vaya arriba con los niños, me quedo.
-¿Qué ha hecho para que lo busquen? -Mató a mi mujer y a mi hijo.
¿Puede un tirano justificar sus actos?
Escápate por el tejado. Demasiado tarde.
¡Váyase arriba!
A sus órdenes.
Mírale, capitán.
Todos esos hombres no han sido capaces de redimirlo.
Es un diablo. Es posible, excelencia.
Pero yo lo enviaré al infierno. No.
Lo quiero vivo.
Le reservo un infierno peor de lo que usted dice.
Tráigame a aquel muchacho.
¡Suelte a mi hijo!
¡Suéltelo! Déjeme.
-¡Suéltele! -¡Quieto, diablo!
¡Diego!
¡Quietos todos!
¡He dicho quietos todos!
Juan Ortiz.
Hace diez años que te persigo y por fin he conseguido atraparte.
Suelta tu espada y entrégate.
O de lo contrario...
¿Mataréis a ese niño? En efecto.
Lo has acertado.
No es la primera vez que matáis a un niño.
¡Diego, hijo mío!
¡Hacedla callar!
No te preocupes por mí. ¡Mátalos! ¡Mátalos a todos!
Basta, Ortiz. No puedo perder el tiempo.
¿Te rindes?
O ¿hago saltar la cabeza de este mocoso?
¡Diego! ¡Madre!
¡Madre!
¡Han matado a mi madre! ¡Cobardes!
¡Madre!
(LLORA) ¡Madre!
¡Madre!
Está bien.
Me rindo.
No soy capaz de combatir con vuestras armas.
-Soltad al muchacho. -Cuando entregues tu espada.
Tomad, he aquí mi espada.
¡Diego, ven!
Quieto.
Sigues riendo, maldito asesino.
Ríe, ríe por última vez.
¡Ríe!
Y ahora toma...
Diego, quieto.
Lleváoslo.
Vamos.
(GRITA) ¡María!
(TODOS) ¡María, María, María!
Baja, María. ¡Ven, guapa!
Ese lunar que tienes,
cielito lindo, junto a tu boca.
No se lo des a nadie,
cielito lindo, que a mí me toca.
Ese lunar que tienes,
cielito lindo, junto a tu boca.
No se lo des a nadie,
cielito lindo, que a mí me toca.
Ay, ay, ay, ay.
Canta y no llores.
Porqué cantando se alegran, cielito lindo, los corazones.
Ay, ay, ay, ay.
Canta y no llores.
Porqué cantando se alegran, cielito lindo, los corazones.
Mucho ambiente mexicano.
Mira, María, yo lo que quiero es irme contigo
-María. -¡Quieto!
-Yo quiero irme con María. -¡Bebe!
Una flecha en el aire,
cielito lindo, tiró Cupido.
Él la tiró jugando,
cielito lindo y a mí me ha herido.
Una flecha en el aire,
cielito lindo, tiró Cupido.
Él la tiró jugando,
cielito lindo y a mí me ha herido.
Ay, ay, ay, ay.
Canta y no llores.
Porqué cantando se alegran, cielito lindo, los corazones
Ay, ay, ay, ay.
Canta y no llores.
Porqué cantando se alegran, cielito lindo, los corazones.
Porqué cantando se alegran, cielito lindo,
los corazones.
Oye, guapa, ¿qué ocurriría si yo intentara abrazarte?
Que te daría una bofetada.
Pues no lo creo.
¡Por los bigotes de mi abuelo!
Esa mujer hasta tiene voz de ángel
y cara de querubín,
pero sus manos son de carretero.
¿No les han atendido? No importa, hemos estado escuchando.
Y admirando su hermosura. Muchas gracias
¿Qué van a tomar? Ay, quién pudiera decirlo.
Ya comprendo. Lupita, atiende a esta mesa.
Si estuviéramos casados nadie te ofendería.
Y ¿para qué necesito tu ayuda? Me arreglo muy bien sola.
Felipe le está pidiendo a María que se case con él.
¿No te cansas de estar sola? Y ¿qué si me canso?
Cuando estoy cansada me siento y en paz.
A propósito, ¿dónde está Diego?
Al lado de la sotana del padre Jerónimo.
Lástima que no hayas tenido vocación, hubieras sido un cura magnífico.
Si nunca me ha entrado el latín, Padre Jerónimo.
Es cierto. Por hoy ya no te necesito más.
Mañana no te olvides de repicar las campanas para los maitines.
-Hasta mañana, Diego. -Buenas noches.
¿El Zorro?
Mira lo que haré con el Zorro en cuanto se me ponga delante.
¡Esto!
Será si te da tiempo a defenderte.
El Zorro.
Un nombre que no trae mucha suerte.
Años atrás ya hubo otro al que llamaban el Zorro.
Pero aquel no llevaba antifaz.
Y ¿cómo terminó?
No quisiera estar en su pellejo.
El Zorro de ahora acabará como aquel.
Sí, seguro.
Pero antes de que podáis terminar con él os dará mucho trabajo,
porque no me negaréis que maneja muy bien la espada.
¿Y nosotros qué? ¿Somos mancos?
¿Por qué no charláis de otra cosa? Siempre hablando de El Zorro.
Pero si solo existe en vuestra imaginación.
Fantasías de soldados borrachos.
No son fantasías, el Zorro existe.
¿Tú lo has visto? Yo no.
Pero alguno de estos puede que sepa quién es.
Tú, por ejemplo.
O tú, María.
Anda, dinos cómo se llama.
Yo no sé cómo se llama, pero sé cómo te llamas tú.
¡Borracho!
No lo neguéis. Si no fuera porque le ayudáis a esconderse,
el Zorro no sería más que un cobarde cualquiera.
-El Zorro no es un cobarde. -¿Cómo?
-Es capaz de venir esta noche al Parador
y enfrentarse solo contra todos vosotros.
¡Ahí está!
(RÍEN) ¿El Zorro?
¿Cómo va a ser ese el Zorro con ese aire de sacristán?
Buenas noches a todos.
Buenas noches, María. Buenas noches, Diego.
He tenido que limpiar los candelabros de la misa.
Me parece que a alguno le voy a quitar las ganas de reírse.
Si estás cansado, vete arriba. No estoy cansado.
Tienes mucho trabajo, te ayudaré.
Como quieras.
Entonces, tú defiendes al Zorro. A ese cobarde.
Defiendo a los míos, a los que son como yo.
En un tiempo esta comarca era rica y floreciente.
Los campesinos tenían pastos y ganados.
Ahora están reducidos al hambre y la miseria.
-Estás hablando demasiado. -Y no nos gusta lo que dices.
-El Zorro ayuda a los pobres y no tiene miedo.
La recompensa que ha ofrecido el gobernador no servirá de nada.
Nadie le traicionará.
Eh, oye.
-Vuestro Zorro no tiene miedo. -Pero tú, en cambio, sí.
A ver si resistes. ¡Toma!
Quieta.
¡Es verdad! Aún se tiene en pie.
-Vaya con él. -El Zorro me vengará.
Pero sería mejor que en tu lugar estuviese el famoso Zorro.
¡Toma!
-Nos conformaremos con este. -(GIME)
¡Vamos a mantearlo!
Si queréis divertiros, probad conmigo.
¡Vamos! Aquí me tenéis.
¡Y ahí te va eso!
¡Apartaos!
¿Qué tal vas?
Aún no estoy muerto.
Patrona.
Dale de beber a este hombre.
No te importe el gasto.
Lo pones todo en la cuenta de estos brabucones.
¿Quién quiere cruzar su espada conmigo?
¡Vamos! Adelante, valientes soldados de California.
Yo estoy aquí solo y vosotros sois una docena.
¿Quién quiere ser el primero? ¡Vamos!
Pelea, pelea también conmigo, ¡Zorro!
¿Vas a luchar con él, borracho?
(GRITA) Quieto.
Ahí.
(Risas)
¡Déjate de bromas!
¡Atrás todos!
Eso es, así me gusta.
Ahora, alineaos.
¡Vamos! ¡Alineaos!
Muy bien, todos tan formalitos.
¿Os digo por qué he entrado?
Sentí bulla dentro.
Miré por la ventana y me quedé asombrado.
¿Que unos caballeros tan dignos como vosotros
tengan que ensuciarse las manos
para castigar la insolencia de ese arrogante hombre maleducado?
Eso no es justo.
Ha llegado el momento de haceros justicia,
valientes guerreros del gobernador.
¡Volveos!
Muy bien.
Perfecto.
¡Firmes!
¡Sacad el pecho!
¡Esa tripa!
Anda, págales en la misma moneda.
No pierdas esta ocasión.
Sí, señor.
Y no olvidéis que el primero que se resista
recibirá cuatro dedos de esta finísima hoja de Toledo.
Vamos, empieza.
Con mil amores, señor.
En pie, soldados.
¿No queríais justicia? Pues ya la tenéis.
Y recordad que sigo aquí dispuesto a que probéis el acero de mi espada.
Ya basta.
Que conste que si no continúo, no es por falta de ganas.
Ya está bien. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así, señor Zorro?
¿No se ha divertido bastante?
¿Quiere tenernos más tiempo en ridículo?
¿Qué ha pasado aquí? ¿Qué hacéis ahí todos parados?
Por la ventana de la huerta he visto a un hombre que huía en su caballo.
Iba vestido de negro y llevaba un antifaz.
No he podido verle la cara. ¿Ha estado aquí?
Pero si está aquí, a nuestra espalda.
¿Aquí? Sí.
Pero si aquí no hay nadie.
Alto, al caballo.
Es posible que aún podamos alcanzarle.
Qué buena broma.
Otra vez ese maldito Zorro.
Necesito tener a ese hombre lo antes posible, coronel.
Vivo o muerto.
Daremos una batida en gran escala, excelencia.
Y ojalá nos acompañe la suerte, porque es difícil atraparle.
Aparece y desaparece como un fantasma.
Bravo, coronel. ¿También cree en esas leyendas?
Es un hombre como los demás, que tiene ganas de pelea.
Será mejor para todos que me traiga pronto a ese bandido. Vivo o muerto.
Y sobre todo, será mejor para usted, coronel.
Mucho mejor.
(Puerta)
¿Quién es?
El marqués de Santana, excelencia. Hazle pasar.
Márchese, coronel,
y no olvide lo que le he dicho.
Bien.
-Marqués. -Coronel.
¿Me habéis mandado llamar, excelencia?
Querido marqués, dejad de llamarme excelencia.
Soy vuestro futuro yerno.
Mi consentimiento para casarse con mi hija no ha sido espontáneo.
Pero beneficioso.
Una palabra mía y os arruinaría para siempre.
Lo sé, excelencia.
¿Tengo yo la culpa de las hipotecas de vuestras tierras?
Por vos, excelencia.
Dad gracias que así sea.
Quiero a Virginia y espero hacerla muy feliz.
Y ahora ocupémonos de recibirla dignamente.
Dentro de dos horas estará aquí.
Ana, estás molestando a la señorita con tantas vueltas.
Pero es mi primer viaje, nodriza, y es tan bonito todo esto.
Tiempo tendrás de verlo.
Déjala, me gusta verla contenta.
Y a mí se me revuelve la sangre de verte tan callada.
Casi no has despegado los labios desde que salimos de Monterrey.
Yo en su lugar iría muy contenta. Con las ganas que tengo de casarme.
Ana, eres todavía muy joven para pensar en esas cosas.
Pero todas las mujeres debemos casarnos.
Yo estoy soltera, y muy contenta de estarlo.
Y no me faltaron rondadores,
pero los hombres son malos, muy malos.
A mí me parece maravilloso.
¡Los de la carroza, párense!
¡Deténgase!
Ay, Dios mío, los bandoleros.
¡Quietos todos! ¡Alto!
Si fuera hermana vuestra, me habría muerto de asco.
En la carroza va mi señora,
la prometida del gobernador don Manuel Paredes.
Caramba, espero que su excelencia no sea tacaño
y pague un buen rescate por su prometida.
¡Fuera de ahí!
¡Retiraos a la carroza!
¡Fuera he dicho!
Un enmascarado que está peleando con los bandidos.
Hemos salido de un peligro para caer en otro mayor.
¡Fuera! ¡Esto es asunto mío!
Bueno, nos vamos.
Qué guapo es.
Pero si tiene la cara tapada.
Zorro, ¿cómo no nos dijiste que esto era cosa tuya?
Pues te lo digo ahora. ¡Largo!
-Ha puesto en fuga a los bandidos. -Él solo.
Espero, señorita, que no habréis sufrido ningún daño.
Gracias a vos.
Con tal de que los daños no nos vengan ahora.
¿Es vuestra madre o vuestra abuela?
¡Grosero! Soy una señorita.
Perdonadme.
Tomad, en mi baúl llevo otras de más valor.
Con esto haríais felices a varios campesinos.
No os comprendo. ¿Qué queréis decir?
Vos no entendéis de estas cosas.
El camino está libre.
Gracias por vuestra ayuda. ¿No queréis quitaros el antifaz?
Lamento de veras no poder complaceros, señorita.
Al menos decidme quién sois.
Mi padre es el marqués de Santana y os recompensará.
Yo ya he obtenido mi recompensa.
Adiós, señorita. Me llamo Virginia.
Ah, adiós, Virginia.
Adiós. ¡Vamos, en marcha!
Es muy simpático.
¿Cómo estás, padre? Señor gobernador,
unos bandidos han asaltado la carroza,
y un hombre enmascarado vestido de negro ha venido en nuestra ayuda.
¿Cómo? Virginia.
¿Qué? Sí, sí, un enmascarado.
¿Enmascarado y vestido de negro?
Es el peor bandido de California.
Pues con nosotras ha estado de lo más gentil.
Y muy galán. Callad.
Tendremos que convenir, excelencia, que en esta ocasión
el Zorro se ha portado como un caballero.
Hubiera podido abusar de la situación y...
Sé lo que hubiera podido. Pero ¿qué pretende ese Zorro?
Burlarse del gobierno, de la ley, y de mí.
Dijo algo, a propósito, de los campesinos pobres.
Mentiras, para que el pueblo crea que sus fechorías son hazañas.
Pero olvidemos este asunto.
Necesita reposo después de tan largo viaje.
Te acompañaré a tus habitaciones.
Mi coronel.
¿Y si fuéramos desde ahora a cobrar los impuesto por la noche?
Pillaríamos desprevenido a campesinos y no avisarían al Zorro.
Magnífico.
Estupenda idea, capitán González.
Si me autoriza, la pondré en práctica esta noche.
Bien, de acuerdo.
Si no entregas el dinero, nos lo llevaremos todo de la casa.
No tengo los 50 pesos, se lo aseguro.
-La cosecha no ha sido plena... -No sigas mintiendo, dánoslos.
Pero si no los tengo.
Vamos, registrad la casa. Sacad todo lo que hay de valor.
Malditos campesinos.
Siempre se niegan a pagar los impuestos.
Capitán González, alguien ha prendido fuego al heno.
Vamos, ve a apagarlo enseguida.
Ayúdale tú.
Maldito.
¿Por qué los rebeldes habéis dado la señal para que venga el Zorro?
¡Eh, vosotros, daos prisa, antes de que sea demasiado tarde!
Ya es demasiado tarde.
Ahora.
Al suelo.
¡Eh, los que quedan!
El primero que dé un paso en falso, recibirá dos balas en la cabeza!
No se preocupe, patrón, que ya los tenemos "apuntaos".
Bien, pero mucho cuidado.
¿Capitán?
Dad 20 pesos a esta pobre gente para compensarle los daños causados.
¿Duele, capitán?
Vete al diablo.
Espero que por el dolor no olvidará la indemnización de 20 pesos.
Vamos.
Y ahora largo de aquí.
¡Largo de aquí! ¡Y no se os ocurra volver!
No tendríais tiempo de arrepentiros.
Bueno, basta ya.
Su idea ha sido una idiotez, capitán González,
y los 20 pesos os serán desquitados. Excelencia.
¡Basta!
¡Imbéciles!
Afortunadamente, tengo algo mejor para capturar a ese bandido.
La señorita Virginia es romántica, ingenua, soñadora.
Todas las mañanas da unos paseos a orilla del río
acompañada solamente de su nodriza.
¿No adivináis por qué?
Nada, he estornudado.
Qué manía de venir aquí todas las mañanas.
Con la humedad que sube del río. ¿Por qué no dejaste que venga Ana?
¿Ana? Solo piensa en coquetear con los soldados del gobernador.
Está bien, si te cansas, siéntate y espérame.
No faltaría más que eso. ¡Virginia!
¡Vuelve, Virginia! ¡Ven acá! ¡Vuelve!
(Relincho)
Siento que mi caballo relinchara. No quería asustaros.
Ya, os conformáis con verme de lejos, como todas las mañanas.
¿Lo sabíais?
¿Ignorabais que todas las mujeres tenemos un sexto sentido?
Sin embargo, es peligroso.
El peligro no está en los soldados, sino en vuestros ojos.
Recordad que estoy prometida.
Oh, cierto, lo olvidaba.
¿Puedo saber por qué?
Ese matrimonio es absurdo.
Debéis tener un motivo muy serio.
De lo contrario, no os uniríais a quien puede ser vuestro padre.
No hablemos de ello, por favor.
Está bien, no hablemos. Adiós.
Esperad, esperad, ¿por qué no me decís quién sois?
Todos os llaman bandido, pero sé que sois generoso y honrado.
Y desde ahora, enamorado.
Aunque por desgracia, no correspondido.
No esperéis que una mujer se enamore de vos sin veros la cara.
(Relincho)
¿Qué ocurre? (SILENCIA) Calla.
Venid conmigo.
Qué estúpido he sido.
Y pensar que he confiado en vos
porque no os creía capaz de traicionarme.
No os comprendo.
No os quedéis aquí, hay que rodearlo.
La trampa que me ha tendido el gobernador tenía esta vez
un cebo de categoría.
¿Qué cebo?
Vos. No.
¿Entonces esos soldados están aquí por casualidad?
Podéis estar orgullosa, habéis sido más lista que el Zorro.
Adiós, señorita.
¡Vamos, Salinero!
¡Seguidme todos! ¡Vamos!
¡A él!
¡Corre, caballito, corre!
¡Alto!
¡Alto ahí! ¡Detente!
¡Ahora!
¡Corre, Salinero, corre!
¡Coronel!
¡Venid, acercaos!
Estoy herido. Ha sido el Zorro, pero yo también le he herido a él,
-en el brazo izquierdo. -¿Qué dirección ha tomado?
-Por allí. -Sigámosle.
¡Adelante!
¡Deprisa!
¡Vamos!
Formad dos grupos y rodead la colina.
¡Alto!
Esta vez no ha podido escaparse. Debe estar aquí.
Buscad por todas partes. Si es preciso registrad la Misión.
¡Vamos!
Y ¿habéis mirado también en la Misión?
Por todos los rincones, excelencia.
Otra vez se nos ha escapado.
Pero esto es absurdo. Ese hombre no es un fantasma.
Tiene que esconderse en alguna parte.
¿Quién puede ser ese individuo?
Zorro, un hombre que me persigue desde hace tantos años.
solo había uno y lleva 15 años pudriéndose en la cárcel.
¿Quién puede ser ese otro?
No sé.
Excelencia.
¿Puedo hablar? Déjanos un instante, coronel.
Señorita. ¿Qué pasa?
He sido ofendida y exijo una reparación.
Dime quién se ha atrevido a ofenderte
y te prometo castigarle inmediatamente.
Me habéis puesto de cebo para que el Zorro cayese en una trampa.
Esa no es forma de comportarse un caballero.
Y eso a ti qué te importa. No me dirás que estás de su parte.
Esta mañana lo he estado.
He rogado a Dios para que lograse burlar a vuestros soldados.
Defendiendo a ese bribón te coloca a su misma altura
y puedes merecer su mismo castigo. Entonces arrestadme, excelencia.
Sigue hablándome en ese tono
y envío a tu padre al infierno.
¿No has pensado en cómo puedo escarmentar tu insolencia?
Si rompo el compromiso de boda, vivirá para siempre en la miseria.
No me importa. Pero a tu padre sí.
Sabes que te quiero.
Y por eso te perdono.
Pero mi paciencia puede agotarse
Si continúas dando motivo para ello.
¿Cuándo me entregaréis esos papeles que tenéis de mi padre?
Serán mi regalo de boda.
¿Excelencia?
Venid conmigo.
Perdonad que os interrumpa, señor. Adelante, Coronel Martínez.
Acaba de llegar el teniente Morel.
A la orden. Teniente Morel.
Sois un héroe.
Os felicito.
Buen servicio el vuestro.
Pero ¿estáis seguro de haber herido al Zorro?
En el brazo izquierdo y con un tajo profundo.
Señores, estamos de enhorabuena.
Hasta ahora al Zorro le bastaba con quitarse el disfraz
y mezclarse con la gente del pueblo para que no pudiéramos reconocerle.
Esta vez está marcado.
(RÍE)
Coronel. Diga, excelencia.
Buscad un hombre que tenga una herida en el brazo izquierdo.
Ese será el Zorro.
Si es preciso, doblad la recompensa.
Aumentad el número de espías.
Pagad bien cualquier confidencia.
Vamos.
Esta vez
sí que no podrá escapar.
Debe haber algún medio para avisarle.
Y ¿qué puede importarnos a nosotras? Es un bandido.
No te olvides que nos salvó en aquella ocasión.
Ahora debemos ayudarle.
¿Para que se entere don Manuel?
¡Ay, Dios mío! Todo se está complicando demasiado.
Quizás yo podría avisarle.
¿Tú?
¿Cómo?
Conozco un mozo que trabaja en el Parador del Sol.
Puedo pedirle que me lleve a hablar con el Zorro.
Allí deben conocerle.
Y ¿crees que confiará en ti?
Estás loca. Si los soldados te ven en la venta se descubrirá todo.
No necesito ir allí.
Ese mozo ayuda al padre Gerónimo en la iglesia de la Misión.
Iré ahora.
Buenas tardes.
(SUSURRA) Diego.
Buenas tardes, Diego.
Acércate.
Quiero saber dónde está el Zorro.
Eso mismo quiere saber el gobernador.
No es cosa de broma.
He de llevarle un mensaje.
Está en peligro.
El Zorro siempre lo está.
Esta vez lo cogerán.
Bueno, eso dicen siempre.
Diego, han herido al Zorro.
¿Que le han herido? ¿Cuándo?
No lo sé, pero lo están buscando.
Los soldados y el gobernador buscan a un hombre
que tenga herido el brazo izquierdo.
Tiene que enterarse a tiempo para que huya lejos.
¿Por qué quieres avisar al Zorro?
Mi ama y yo le estamos muy agradecidas.
Nos libró de unos bandidos.
¿Te ha enviado tu ama? No estoy autorizada a contestar.
Bueno...
Dime dónde puedo encontrarle.
Puedes irte tranquila.
El Zorro recibirá a tiempo tu mensaje.
Gracias.
Menos mal que me lavé esta mañana.
Pero ¿qué buscan? ¿Puedo saberlo?
El Zorro ha sido herido en un brazo.
No creerá que escondo al Zorro en mi parador.
No creo nada.
¡Eh, tú! ¿Dónde vas? No quieras pasar de largo.
Deja eso y arremángate. ¡Vamos!
Oye tú, ¿quieres tomarme el pelo?
No le comprendo, señor Coronel.
Me enseñaste el brazo derecho. ¿Yo?
Tú, claro. ¿Quién si no? ¿Tu abuelo? Vamos, levanta la manga izquierda.
Ya le tenemos, este es el Zorro. ¡Arrestadle!
Pero, pero ¿Qué he hecho yo, señor coronel? Yo no he hecho nada.
¡María! Ayúdame tú. Coronel.
Diles que yo. Estáis cometiendo un gran error.
¡Soltadme, por piedad, soltadme!
Pero cómo va a ser Diego el Zorro.
Si está siempre en la misión con el Padre Gerónimo.
Dime, ¿cómo te has hecho esa herida?
Pues...
hace unos días
estaba cortando rebanadas de un pan grande
y lo tenía cogido así, en el brazo.
Me distraje un momento mirando por la ventana y entonces me corté.
¿Verdad, María?
Sí, coronel. Así fue.
Desde luego es difícil pensar ni por un momento
que semejante tonto pueda ser el terrible Zorro.
Os lo juro, excelencia ilustrísima, yo nunca he hecho daño a nadie.
De verdad, llamad al Padre Gerónimo, él os lo dirá.
Pero, por favor, no me lleven. Por favor, no me lleven.
Mi coronel.
Mi coronel, mirad lo que me he encontrado arriba.
-El traje estaba debajo de una cama. -¡La ropa del Zorro!
-Pero ¿cómo puede estar aquí? -¡Dejadme ver! Ya no hay duda.
Y pensar que estuve a punto de soltarte.
Coronel, alguien escondió esas ropas arriba para culpar a Diego.
No sabías nada, ¿eh, bribón? Nunca vi esas ropas. Os lo juro.
Lleváoslo. ¡Soltadme!
Soy inocente, os lo aseguro.
Soy inocente.
María, avisa al Padre Gerónimo. ¡Soltadme, soltadme!
Yo nada tengo que ver con eso.
¡Soltadme! Yo no he hecho nada. Deja ya de gritar.
Fuera con él.
Mi cabeza. ¡Vamos!
¡Arriba, vago!
Entra. Al menos tendrás compañía, no te morirás de miedo por las ratas.
¿Hay ratas? Y muy grandes, hijo.
Pero no tengas pena, dándoles tu comida no te harán nada.
No quiero entrar. ¡Venga!
¿Quién eres?
Di, ¿quién eres?
Me llamo Diego de Guadalupe. ¿Y vos?
Si no he olvidado mi nombre, creo que me llamo Juan Ortiz.
Juan Ortiz.
¿Por qué te han detenido?
Me acusan de ser un bandido.
Dicen que soy el Zorro.
¿De qué os reís?
Yo también estoy aquí acusado de lo mismo.
¿Usted?
¿Desde cuándo?
Tú puedes decírmelo.
¿Qué día es hoy?
¿Qué mes y qué año?
Hoy es 10 de febrero de 1854.
Quince años.
¿Por qué? ¿Qué hicisteis?
Vengar a mi mujer y a mi hijo.
Muertos por la violencia que un déspota...
Don Manuel Paredes...
Teníamos un hijo de pocos meses.
Don Manuel Paredes llegó un día al poblado
y lo arrasó incendiándolo.
En el incendio
murieron mi mujer y mi hijo.
Durante diez años, luché contra el gobernador.
Los campesinos me llamaban el Zorro.
Porque a todos mis enemigos dejaba una "Z" marcada en la frente.
Hace quince años
el gobernador y sus hombres
me sorprendieron en un parador.
¿El Parador del Sol? Sí.
Me parece que sí.
¿Recordáis a un niño que estaba allí aquella noche?
Sí. Acaso...
¿acaso eres tú?
Había una mujer.
La asesinaron.
Fue por mí.
Por ayudarme.
(GRITAN)
¿Qué es eso? ¿Qué dice?
-¿Qué ha sido? -¡Una piedra!
Pronto, ¡vamos, lea, Coronel!
Creo que he olvidado las gafas.
Me parece que va llegando la hora de pasarle la reserva.
Dejadme ver.
Don Manuel Paredes.
Tus altanerías tocan a su fin, como ves
el hombre que buscas no es él sino yo.
Asómate y me verás.
¡El Zorro! Es él.
Den la alarma, pronto. Perseguidle, detenedle.
¡Guardias! ¡Guardias!
¡Detenedle!
¡Están dormidos!
Discúlpeme, querida.
La fiesta no puede continuar.
Vuelve a tus habitaciones, por favor.
¡Gandules!
¡Salid a perseguirle!
A la orden, coronel.
Vamos, adelante.
Pasa. Aquí te espera.
¿Quería verme? Sí, señorita.
¿Qué puedo hacer por usted? Me llamo María Vélez
y vengo a pedir la libertad de un hombre inocente encarcelado.
¿Y por qué me lo pide a mí? Su prometido, el gobernador,
No esté tan segura.
Dígame, ¿ese muchacho es su novio?
Es...
Es mi hermano. ¿Y de qué se le acusa?
De ningún delito. Le acusan de ser el Zorro.
¿El Zorro?
¿Le ocurre algo? No, nada, nada.
Se lo suplico, haga que suelten a Diego.
Le repito que es inocente.
¡Si es incapaz de sostener una espada en la mano!
Es un muchacho muy tranquilo
que pasa casi todo el tiempo en la Misión.
Le prometo que haré cuanto pueda. Pero no sé, no estoy segura.
¿Se lo pedirá a su excelencia? Esta misma noche.
Gracias. Muchísimas gracias.
¡Caramba!
La cárcel no te quita el apetito. (RÍE)
Si no me doy prisa, esas se lo van a comer todo.
Entonces, por lo que me has contado, no conociste a tus padres.
Sí, eso es. Es curioso.
¿Tiene alguna importancia?
Quizás, es posible...
Pero bueno, ¿sale o no mi hermano?
Os he traído salvoconducto del gobernador,
ha firmado la libertad de Diego.
¿Por qué lo mantenéis ahí? Cálmate, mujer.
Si no está ya libre, es porque él no quiere.
¿Que no quiere? Así es.
Ha dicho que no saldrá si no le traes una capa.
Que esta noche ha pasado mucho frío en la celda
y que teme pillar un catarro.
Venga usted hacia acá.
¡Cabo de guardia!
Tome usted, para que se abrigue. Bien.
Diego de Guadalupe, prepárate para salir.
Tu hermana te está esperando y te envía esto
para que no te enfríes. (ESTORNUDA)
(ESTORNUDA)
(RÍEN)
(RÍE) Pobre criatura. (ESTORNUDA)
(ESTORNUDA)
(RÍEN)
¡Ay, qué frío! (ESTORNUDA)
Ale, a la calle.
Cuidadito, no te pongas en las corrientes de aire.
(RÍE) Qué delicado es.
Aquí tienes a tu hermanito
y en cuanto llegues a casa, hazle una tisana.
Parece que no le ha sentado bien nuestra hospedería.
(RÍEN)
(ESTORNUDA)
(RÍE)
¡Arre, caballo!
-(RÍE) -¡Socorro, socorro!
(RÍE)
¡Ayudadme! ¡Socorro!
Válgame el cielo, ¿qué ha ocurrido?
¿Qué has hecho, maldito? ¿Qué pasa aquí?
En cuanto me disteis la capa, el hombre que estaba aquí
me arreó un golpe en la cabeza y ya no sé nada más.
(GRITA DE DOLOR) ¡Maldito canalla!
¡Bastardo!
¡Traidor, estúpido,
condenado idiota!
¿Por qué no has comprobado la identidad del preso?
Salid con todos los soldados disponibles
y dad una batida.
¡No perdáis un segundo!
Ese hombre, libre, ¡puede ser un peligro para todos!
Excelencia, ¿qué hacemos con Diego? ¡Echadle a la calle a patadas!
¡Venga! (GRITA DE DOLOR)
¡A la calle!
¡Fuera!
Padre Jerónimo, ¿os vais? Sí, he de visitar a una enferma.
Se trata de Matilde, la madre de Francisco,
la del cerrillo. ¿Volveréis pronto?
¿Te da miedo quedarte solo?
Un poco, no quiero que vuelvan a llevarme preso.
No creo que se atrevan, además, estarás acompañado.
El Señor está contigo.
Sí, claro. No te olvides de tocar el Ave María.
No, Padre, no me olvidaré.
Venid, os daré ropas para el viaje.
¿Por qué te arriesgas?
También se arriesgó usted por gente que no conocía.
¿Y tu hermana? ¿Estaremos seguros de ella?
(RÍE) Más que de nosotros mismos.
esa mujer, Clara, que se portó contigo como una madre,
¿dónde te recogió?
En esta misión. Justo en aquel confesionario.
¿Te acuerdas...?
Qué tontería, ¿cómo ibas a recordar?
¿Sabes la fecha en que te abandonaron?
La noche del 15 al 16 de abril, de 1830.
¿Por qué?
No...
No, por nada.
Correo para su excelencia el gobernador.
¿Me llamabais, excelencia? Sí, pasad, coronel.
El mayordomo tiene orden de daros una buena cena y cama cómoda.
Necesitáis descanso. Gracias, señor.
Ha venido a galope desde Ciudad de México
para traerme esto.
El gobierno federal me envía un delegado.
Mis enemigos no descansan, Martínez.
Este delegado que viene con plenos poderes
meterá sus sucias narices en nuestros asuntos.
¿Me aceptaríais un consejo? Sí.
Todavía tenéis buenos amigos en la capital.
Si no han perdido influencia, pueden impedir que el gobierno
envíe a ese delegado.
¿Por qué no salís inmediatamente para la capital federal?
Una vez allí, desarmaríais a vuestros enemigos.
Buena idea.
Saliendo mañana por la mañana,
puedo regresar a tiempo para celebrar mi boda.
Que preparen mi carroza y escolta.
¡Quieto, quieto!
Señor. ¿Qué diablos pasa?
La escolta, excelencia. ¿Qué ocurre con la escolta?
¡No está! ¿Cómo que no está?
Se ha ido, ha desaparecido.
(GRITA DE DOLOR)
¿Qué es eso? ¿Qué es lo que sucede?
¡Ay, el Zorro! ¡Nos va a matar! No sea idiota, ¡largo!
¡El Zorro! El mismo, excelencia.
Bajad.
Siento mucho haber interrumpido vuestro viaje.
(RÍE) Pero es mejor que no vayáis a la capital.
La ciudad de México está muy lejos.
Y temo que no estaríais de vuelta para vuestros esponsales.
Puesto que tendríais que hacer el viaje a pie.
(RÍE) Vamos, excelencia.
Si salís enseguida, podéis llegar a palacio
antes del anochecer. Andando, desde luego.
A lo mejor, con un poco de suerte, en el camino encontráis un caballo.
No os asombréis de que os perdone la vida.
No quiero que acaben tan pronto vuestros tormentos.
Hasta la vista, señor Gobernador.
Buen viaje, excelencia.
¡Arre, caballo! ¡Arre!
Bandido, canalla. ¡Adiós, don Manuel!
Bandido.
Ahora a pie con este calor.
So, so.
Ya ha hecho bastante por mí. Vuélvase al pueblo, María.
No quiero que corra más peligros.
No se preocupe por eso. Los soldados buscan un hombre solo.
Yendo en mi compañía no despertará sospechas.
Y, además, no tengo miedo.
¿Por qué hace todo esto? Cumplo mi deber.
Si el Zorro se arriesga por nosotros,
es justo que nosotros nos arriesguemos por él.
Vamos.
Si me reconocen, estamos perdidos. Sigamos.
¡Alto!
Buscamos a uno que se ha fugado de la cárcel
un tal Juan Ortiz.
Debe ser de tu edad más o menos. Vaya.
(RÍE)
Esto tiene gracia.
¿Pues no confunden a mi marido con un fugitivo de presidio?
(RÍE) Bien mirado, tiene razón.
Por su aspecto, tu marido no es capaz de matar ni una mosca.
(RÍE) Si lo sabré yo.
Oye, ¿y cómo se te ha ocurrido casarte con un carcamal?
¿Tú que crees? Pues...
que estarías mejor casada con un hombre joven
-¡Cuidado, María! -¡Quieta!
Atiende a tu compañero y largo de aquí.
Detengámosle, va a dar la alarma.
No le alcanzaríamos. Nuestros caballos están muy cansados.
Además, quizás sea mejor así.
A partir de ahora buscarán una pareja. Separémonos.
Vuelva a casa, yo puedo continuar solo sin peligro.
Quizás tenga razón.
Mañana por la noche estaré de vuelta.
Pero tome precauciones
y no vuelva por este mismo camino.
Mejor será que regrese por la cañada.
De acuerdo, ¡hasta mañana! ¡Suerte!
¡Adiós! ¡Adiós!
Bueno, ya está todo. Si no quieres nada más, nos vamos.
Ana, ¿has preparado el vaso de leche de la señorita?
-Sí. -¿Con su azúcar?
-Está preparado. -Bueno.
Buenas noches, Virginia. Hasta mañana.
Buenas noches, señorita.
(SUSPIRA)
Os creeréis muy galante, pero no es así.
Seguís portándoos como lo que sois, como un ladrón.
¿Quién no sentiría deseos de robaros un beso?
Os veo muy tranquilo y confiado.
¿No teméis que se trate de una trampa?
Podía haber salido esta noche al balcón por orden del gobernador
y atraeros a una celada.
No, sé que sois incapaz de ningún engaño.
Vaya. La otra mañana no pensabais de esa manera.
La otra mañana os juzgué mal.
Por eso quiero pediros perdón.
¿Y solo para pedírmelo os habéis arriesgado a venir aquí?
Y porque... tenía la esperanza de arrebataros un beso.
¡Virginia! ¡Virginia!
¿Te encuentras bien?
Sí.
Maravillosamente bien.
Me pareció un ruido. Perdona.
Buenas noches.
Buenas noches.
-¿Por qué no me lo dijiste? -Los soldados te perseguían.
No dormías dos noches seguidas en el mismo poblado.
-¿Te encontraría un pobre indio? -¿Dónde está el niño?
A la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe.
-Adiós. -Adiós.
(A LA VEZ) ¡Adiós!
¡María!
¡María, dame más vino! ¡Ya voy!
¡Dame más vino!
¡Tengo la garganta que parece una lija!
Ten paciencia. No eres el único que tiene sed.
Echa más vino, bonita.
Así me gusta.
¡Quieta!
¡Eh, eh! ¡Deja algo para los otros! Perdona, echa de beber.
¡Que mañana se casa el gobernador y hay que celebrarlo!
-¡Vivan los novios! -(TODOS) ¡Vivan!
¡Felipe! ¿Ya has vuelto? ¿No tienes miedo de que te prendan?
El gobernador perdonó los agravios con motivo de su boda.
¡Cántanos algo, María! Bueno, allá va.
Kikirikí, cantaba siempre mi gallo,
kikirikí, a la orilla del corral,
kikirikí, cuando miraba pasar,
kikirikí, a las gallinas del rancho.
Cuando me pongo a cantar,
el gallo de mi vecino... ¡Así es cómo se canta!
Me replica siempre fino con su cante natural.
¡Vivan las mujeres!
Kikirikí, cantaba siempre mi gallo,
kikirikí, formaban una algarada,
kikirikí, porque el gallo del vecino,
kikirikí, quería tocar las maracas.
Cántame, gallito, fino, cántame con muchas ganas,
porque vamos a escuchar música californiana.
Kikirikí, cantaba siempre mi gallo,
kikirikí, formaban una algarada,
kikirikí, porque el gallo del vecino,
kikirikí, quería tocar las maracas.
Cántame, gallito, fino, cántame con muchas ganas,
porque vamos a escuchar música californiana,
porque vamos a escuchar música californiana,
porque vamos a escuchar
música californiana.
Diego, en tu busca venía. Debemos ir mañana al palacio del gobernador.
¿Mañana? Hola, padre. ¿Un vasito de vino?
Si es bueno, ¿por qué no? No pongas mucho, Diego.
Tiene que acompañarme. Celebraré el matrimonio de su excelencia.
¿Usted, Padre? Es un gran honor.
Querían que lo celebrase el señor Obispo, pero no puede venir.
Está en cama con un ataque de reuma. Espero que no tendrás...
No. No tengo nada que hacer.
Pero ¿ir al palacio del gobernador? ¿Que me prendan de nuevo
y me encarcelen? No, gracias.
Pero ¡Diego! ¿Y las ratas?
¿No sabe que la celda se llena de ratas que recorren las piernas?
Nadie podrá acompañarme como tú. Ni aún Luisillo el del Faragatán.
No, no. Lo siento muchísimo, Padre. Lo siento. Pídame lo que quiera.
Lo que quiera menos eso. Está bien.
No puedo obligarte. ¿Qué le vamos a hacer?
Lo lamento. Buenas tardes. Adiós, María.
Escucha, María.
Oye, cuando oí al Padre Jerónimo hablar del matrimonio
me acordé de que hace tiempo que no te pido que te cases conmigo.
¿Qué contestas, María? Es posible.
Pero ¿hay que decirlo tan pronto? ¿Te parece pronto?
Tenéis el aire de dos enamorados. ¡Vaya! ¡Que sea enhorabuena!
Felicidades, María. Y a ti también, Felipe.
Hay que ver qué mujer te llevas.
No la hay más guapa en toda la comarca.
Vaya con cuidado. Si alguien le reconoce...
¿Qué importa eso? Si yo te he reconocido, hijo mío.
He hablado con el indio que te salvó de las llamas.
Lo que me dijo me confirmó lo que yo ya presentía
desde que te vi por vez primera.
¡Cuidado! Claro.
¿Cómo te encuentras, Virginia? Bien, Excelencia.
A pesar del antifaz, creo notar cierta tristeza en tu semblante.
Me habéis preguntado cómo me encontraba, no de qué humor.
He tenido paciencia y comprensión contigo.
Me pregunto ahora si no habré cometido un error.
Si queréis suspender el matrimonio, estáis todavía a tiempo.
Sabes perfectamente que no lo haré. Cuando quiero algo
la consigo siempre por encima de todo.
¡Prendedle!
(RÍE)
Pero ¡si es don García Pulido, excelencia!
-Mirad su invitación. -Buenas noches, excelencia.
Buenas noches, señorita de Santa Ana.
Original mi disfraz, ¿eh?
(RÍE)
¿Qué os parece? Sí, sí. Muy original.
¡Oh! Pero también muy peligroso.
(TODOS RÍEN)
-Aquí puede revestirse, Padre. -Gracias.
¿Don García? No, tío, soy Mauricio,
tu querido sobrino. Vaya una idea más tonta.
¡Disfrazarse así!
Pues creía haber sido muy original,
en este momento ya somos tres.
He notado una cosa, excelencia.
Dos o tres individuos están disfrazados como el Zorro.
¿Es cierto, coronel? Sois muy perspicaz.
Todavía estás a tiempo, Virginia.
Me avergüenza que por mi culpa... No debéis preocuparos.
Es mi deber y lo cumpliré aunque me contraríe.
Además que todo depende de...
¿De qué? No, de nada.
¿Qué me decís de los tres caballeros que han venido disfrazados de Zorro?
-¿Os parece de buen gusto? -Claro que no, querida Marquesa.
Y verlos así impresiona.
-¿Tenéis miedo al Zorro? -Pues, francamente, sí.
-Os creía un valiente. -Pero ¡bueno, coronel! Aún no se sabe
quién es ese maldito Zorro.
No me preocupa saber qué cara tiene.
Ya se la veré cuando esté colgado de la horca.
¿Y cuándo será eso, coronel? Muy pronto.
En cuando los soldados que siguen su rastro de cerca
descubran la guarida de ese maldito.
Sí, caballero. Falta poco para que el forajido
(RÍEN)
Atentos, atentos.
Piénsalo bien. ¿Quieres bailar?
¿Me permitís?
¿Quién es este joven? Don García Pulido.
Ah.
Señor gobernador, qué fiesta tan maravillosa, ¿eh?
Pero ¿cómo te has atrevido? (RÍE)
Tenía un plan,
pero esos idiotas disfrazándose como yo me lo han puesto más fácil.
¿Sabes que esta noche será mi boda? Falta una media hora.
En media hora puede haber sorpresas. ¿Por qué lo dices?
¿Estás segura de quererme?
Tú tienes que saberlo. Eso se adivina.
Nunca me has visto el rostro.
Pero sé lo que es un hombre honrado, leal y valiente.
Señor gobernador, el Padre Jerónimo ya está listo.
Bien, llegó la hora.
Virginia...
Debemos cambiarnos de ropa para la ceremonia.
Sí.
¡Niño!
Los novios están dispuestos. Puede pasar a la capilla, Padre.
¿Qué significa esto? ¿No ibais a casaros mañana?
Sí, pero decidí anticipar la boda y celebrarla íntimamente esta noche.
Seguid divirtiéndoos, en seguida estaremos con vosotros.
Querida...
Don Manuel...
habéis olvidado una cosa muy importante.
Ah...
Es cierto, les pagaré.
¡Esta boda no se celebrará! ¡Maldito! ¡Atrás! ¡Te voy a matar!
¡Atrás con la burocracia! ¡A mí la guardia!
¡Guardias! ¡Prendedle! ¡Vamos a por él!
¡Atrás todo el mundo! ¡Lucha conmigo!
¡Veremos quién cae primero, coronel!
¡Ven aquí!
¡Dejadme!
¡Vamos, todos!
¡Venid aquí, coronel!
-¡A por él! ¡Es nuestro! -¡Ya está acorralado!
¡Ya estamos aquí para defenderte! ¡Ya somos tres espadas!
¡No retrocedáis!
¡Atacadles!
-¡Vamos! -¡Ah!
¡Ahora ya estás desarmado!
¿Dónde están mis soldados? ¡Defendedme!
¡Miedosos! ¡Cobardes! ¡Seguid adelante!
¡Miserables! ¡A ellos!
¡Guardias! ¡Guardias!
¡A mí la guardia!
Tú también ¡A mí la guardia!
¡Prended a los Zorros! ¡A ellos!
¡Y a estos dos! ¡Imbéciles!
¡Aquellos!
¡Que ya están cercados! ¡A por él, muchachos!
¿Son los soldados de que disponemos? Todos, excelencia.
Los demás los mandé en busca del Zorro al pueblo.
¡Cobarde! ¡Pelea conmigo, Zorro!
¡Ven!
¡Vosotros! ¡Conmigo!
¿Y ahora, Coronel?
Ya no queda nadie dispuesto a morir por vos.
Ha llegado tu hora.
¡No! ¡No!
¡Ah!
Don Manuel Paredes.
¿Vos, Maldonado?
¿No me esperabais?
2Me envía el Gobierno Federal con amplios poderes.
¡Prendedle!
-Prended también al coronel Martínez. -A la orden.
"El Gobierno Federal de la Nación, en uso de su soberanía,
destituye de todos sus cargos a don Manuel Paredes,
degradándole militarmente, confiscando sus bienes y arrestándole
para que comparezca ante los tribunales de la nación."
¡Lleváoslo!
A partir de ahora se hará justicia con todos.
¿Cómo te ha salido ese golpe en forma de "Z"?
Espontáneo.
Lo llevaba en la sangre.
(RÍEN)
Señores, pero ¿qué pasa? ¿Qué ocurre?
Llevo media hora esperando a los novios en la capilla.
¡María!
-¡Diego! -¿Cuál es el famoso Zorro? Veo tres.
Sí, don José.
Tres espadas invencibles al servicio de una causa justa.
Confío ardientemente en que Diego será juzgado
-con... -¿Juzgarle?
¡Si hasta creo que tendré que darle las gracias!
Pero ¿por qué os tomáis tanto interés por él?
Creo...
Creo que va a ser mi yerno.
Como nadie bajaba para la ceremonia, he tenido que...
Perdone, Padre. Esta ceremonia ya no se celebrará aquí,
sino en su Misión.
Y el novio será otro. Una persona que usted quiere mucho.
¡Diego!
Y con... ¡Qué sorpresa!
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