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¡Vamos, vamos!
¡Venga, Jo, vamos!
¡Venga, avanza con la pelota!
¡Eso es, arriba, salta!
¡No dejes que se te escape, salta!
¡A por ella, Jo! ¡Vamos!
Eso es, venga.
¡Venga, Jo, concéntrate!
¡Muévete!
Este juego no se te da muy bien, ¿eh, Jo?
No, juego mal adrede.
- ¿Sales a bailar esta noche? - No puedo.
No sales nunca, ¿eh?
Para empezar, no tengo nada que ponerme.
- Y además... - ¿Qué?
Creo que nos vamos a mudarnos de casa otra vez.
Tu madre y tú sois como gitanos.
¿Y qué?
No es la primera vez que la oigo venir con sus amiguitos.
Ésta es una casa respetable y quiero que siga así.
Le avisé cuando se mudó aquí: pago regular, y nada de hombres.
Me debe el alquiler de dos meses. ¡Si no me paga mañana, tendrá que irse!
No quiero volver a ver a sus amantes por aquí.
- ¡Y es mi última palabra! - ¡Cállese ya! Le pagaré.
Nos vamos a fugar otra vez, ¿verdad?
A estas horas está siempre pegada a la tele, podemos salir por la ventana.
¡Venga, date prisa!
Haz algo útil, para variar.
¡Venga, rápido!
¡Vamos, rápido! ¡No hagas ruido!
¡Venga!
Venga, date prisa, Jo. ¿Puedes? Venga.
- Deja que te ayude. - Gracias.
Aquí es.
¡Ay, qué tonta es! Esta chica cada día está más vaga.
Muchas gracias. Adiós.
Adiós.
- ¿Esto es el dormitorio? - ¿Tú qué crees?
Otra vez compartiendo cama.
Es que no puedo soportar estar separada de ti.
Lo que daría por una habitación para mí sola.
Uf, ¿no es espantosa?
Pues no la mires.
Odio ver una bombilla colgando del techo así, sin lámpara.
- ¡Ay, cómo quema! - ¡Me sacas de quicio!
¡No toques nada!
- Mañana compraré una lámpara. - ¿Qué te hace creer que duraremos tanto vivas?
Hay goteras.
No, es vaho.
Hazme un café, cariño. Estoy rota.
Me duelen los ojos cada vez que muevo la cabeza.
- ¿Dónde está la cocina? - Al final del pasillo. Ay...
¿Sabes? Creo que tengo más que un resfriado. Quizás es gripe.
¿Por qué siempre tengo que hacértelo todo?
¡Porque los hijos tienen que obedecer a sus padres!
¿Qué botón es?
Enciéndelos todos, y así seguro que aciertas.
Cuidado con el gas.
¡Hala, qué ruidosa!
- ¿Y el café? - Mm... en la maleta marrón.
Quería lavarme el pelo, pero con este resfriado, mejor que no.
Date prisa, cariño. He quedado con Peter.
¿Quién es Peter?
- Bueno, no te metas en líos, Gladys. - ¡Anda ya!
¡Descarado!
¿Por qué me sigue a todos lados
y me espera al salir del trabajo?
¿Por qué? Porque me ama.
¿Por qué me limpia los guisantes, y me pincha la salchicha con el tenedor?
¿Por qué? Porque me ama.
Cuando le da lumbago en la espalda,
le pongo una cataplasma calentita.
¿Por qué siempre sonríe y nunca frunce el ceño?
Si las cosas van mal, él las arregla.
¿Por qué? Porque me ama.
¡Sigue!
No, no, sigue.
¿Por qué cuando su mujer me echa de la casa
él la echa a ella, y me vuelve a meter dentro?
¿Por qué? Porque me ama.
¿Por qué yo llevo ligueros con diamantes
y su mujer simples cordeles?
¿Por qué? Porque me ama.
Todas las mañanas le enjabono antes de que se afeite.
Hago pequeñas olas con la espuma.
¿Por qué se sienta y se sonroja
cuando le hago cosquillas con la brocha de la espuma?
¿Por qué? Porque me ama.
¡Cállate!
¡Basta ya!
Oh, no.
- Lárgate, cariño. Hoy no tengo el día. - Venga, venga...
¿Qué quiere la señorita, un anillo de compromiso?
Lo aceptaría de muy buena gana.
- ¿Quién es? - Mi hija.
- Ah, pues hola. - ¿Éste cómo se llama?
¡Vete a la cama!
- ¿Vienes? - Todavía no.
Pues te espero.
¿Es siempre así?
- Está celosa. - No contaba con eso.
- Debería estar en la cama. - Lo sé.
¿Me das un beso de buenas noches?
¡Espera y verás lo que te voy a dar!
Cuida de tu madre, que está enferma.
Ya sabes lo frágiles que son estas señoras mayores.
¡Lárgate!
Ay, qué tío más ruidoso.
¿Cómo es la cama?
Como un ataúd, pero no tan cómoda.
Ahí es dónde acabamos todos.
Venga Jo, apaga la luz y a la cama.
- ¿Vamos a dejar todo esto así? - Bah, a oscuras no se ve mal.
Sí, es la mejor forma de ver esta habitación, a oscuras.
Todo se ve mejor a oscuras.
Yo incluida.
No entiendo por qué te da tanto miedo.
No le tengo miedo a la oscuridad de ahí fuera.
Son las casas oscuras lo que me da miedo.
Oye, Jo, ¿qué harías si te dijese que voy a casarme otra vez?
Te encerraría en un manicomio.
- Has madrugado mucho. - El colegio está muy lejos de aquí.
Pero esto no va a durar mucho, gracias a Dios.
¿Sigues pensando en irte? ¿Qué vas a hacer?
Apartarme de tu vista lo antes posible. Ganar algo de dinero.
Bueno, es tu vida. Arruínala a tu gusto. Cuidar de mí misma me lleva mucho tiempo.
- Cariño, te has olvidado esto... Oh. - ¡Dame eso!
- Vaya. - Deja, yo los recojo.
- ¿Los has hecho tú? - Sí.
No sabía que tenía una hija tan talentosa.
No soy talentosa, soy genial.
¿Qué son?
Autorretratos. Ay, dámelos.
Entiendo que los hagas tú. ¿Quién te dibujaría, si no?
¡Oye! ¿Ésa se supone que soy yo?
Sí.
¿No tengo un aspecto un tanto miserable?
Eso sí, es muy artístico.
Jo, ¿no has pensado en apuntarte a Bellas Artes?
Estoy harta de estudiar.
Demasiadas escuelas, en demasiados lugares distintos.
Es que creo que estás perdiendo el tiempo.
¡Bueno, mientras no pierda el tiempo de los demás!
Y además, ¿por qué te intereso tanto de repente?
Hasta ahora no me habías hecho mucho caso.
Lo sé, soy una madre cruel y malvada.
"La voz que oigo en esta noche fugaz fue oída
En los días antiguos por el emperador y el payaso;
Es tal vez el mismo canto que se abrió un camino
Hasta el triste corazón de Ruth, cuando, añorante del lar patrio,
Se deshacía en lágrimas entre el trigo extranjero;
El mismo que tantas veces,
Encantó con mágicos sortilegios, abiertos sobre la espuma
De mares peligrosos, perdidas tierras de leyenda.
¡Perdidas!, la palabra resuena como una campana
Que tañe para arrancarme a ti y devolverme a mí solo.
¡Adiós! No puede la imaginación engañarnos
Tanto como dicen, elfo burlador.
¡Adiós! ¡adiós! Tu quejumbrosa cantinela se desvanece,
Atraviesa los cercanos prados, franquea el arroyo silencioso,
Sube por la colina; se hunde ya..."
¡Oh!
¡Hola!
¿No te acuerdas de mí?
Ah, sí, nos ayudaste a bajar del autobús.
Eso es. ¿Qué haces aquí?
¿Quién eres tú?
Soy el cocinero.
¿Qué te pasó en la rodilla?
Me caí por la escalera del colegio.
Tiene mala pinta. Te hace falta una venda.
Ven, te la pondré.
¿Dónde vamos?
Ven.
Están todos de permiso.
¡Venga!
Nunca había subido en uno de estos.
No importa.
Cuidado.
Así que aquí es donde cocinas, ¿no?
Eso es. Venga, ven.
Vamos a ver esto.
- Ah, qué guapo. - Ya. ¡Venga, vamos!
Tranquila, no te haré daño. Soy un profesional.
- Por cierto, ¿qué hacías por aquí? - Estaba haciendo tiempo.
No quería llegar a casa antes de que mi madre y su novio se fuesen.
Vengo mucho por aquí.
Tendrá que dormir un montón, ¡menuda trompa lleva!
Helen, vente a vivir conmigo.
Oh, vamos. No quiero.
- Puede que no te lo vuelva a pedir más. - ¡Oh, vamos!
Quiero hacer de ti una mujer decente.
- Ay, por favor. Estás borracho. - No, no lo estoy.
Podría ser tu madre.
Ah, pues me gusta esta relación madre-hijo.
¡Vale ya!
- ¿Llevas la faja puesta? - ¡Ya basta!
¡Bueno, lo que tú me provocas no son precisamente instintos maternales!
Tengo que entrar. Quiero buscar trabajo mañana.
¿Volveré a verte?
Ese barco no es sitio para una chica. ¡Podría pasarme de todo!
- Y casi te pasa, desvergonzada. - Porque te aprovechas de mi inocencia.
- Te gustó tanto como a mí. - ¡Calla!
Estas cosas pueden alterar la mente de una chica joven.
Tengo que entrar, necesito dormir para estar guapa.
Buenas noches.
Buenas noches.
¡Buenas noches, Jo!
¡Hola!
- ¿Te sorprende que te estuviese esperando? - No mucho.
- ¿Te alegra verme? - Sabes que sí.
Te acompaño a casa.
Qué triste, yo fui una vez un joven sin problemas.
Y ahora estoy atrapado en un culto primitivo.
- ¿Cuál? ¿Mau Mau? - ¡No, el matrimonio!
¡Qué cara! Fuiste tú el que me pediste casarte conmigo.
¿Tus antepasados son africanos?
No, de Liverpool. ¿Querías que el padre de tu marido tocase el tam-tam?
Pero conservas algo de salvaje.
- Tengo que irme a casa. - Tú mandas.
Bueno, adiós.
- ¡Oye! ¿No me das un beso? - Claro que sí.
Sueña conmigo.
Soñé contigo anoche.
- ¡Me caí de la cama dos veces! - ¡Adiós! ¡Te quiero!
¿Por qué me quieres?
¡Porque eres un tonto!
- ¿Eres tú, Jo? - Sí.
Pues llegas tarde. ¿Dónde has estado?
Con alguien.
Ah. Pues ese alguien sabe cómo ponerte colorada.
¿Por qué sabes que es un chico?
Espero que no sea una chica la que te ha dejado en ese estado.
Es un marinero.
Bueno, espero que hayas sabido controlar sus ardores marinos.
Jo, tengo algo que decirte.
Voy a casarme otra vez.
- ¿Con ese tal Peter Smith? - Él es el desafortunado, sí.
Tienes varios siglos más que él.
¿Es asunto tuyo? Además, solo le llevo ocho años.
¿Qué utilidad tiene una mujer de tu edad para alguien?
¡No me hables como si fuese una vieja impedida!
- Tampoco es que seas una novia joven. - Lo fui una vez.
Espero estar muerta y enterrada para cuando llegue a tu edad.
¡Llevas viviendo cuarenta años!
Lo sé. Debo de ser un fenómeno biológico.
No aparentas 40.
Más bien 60 bien llevados.
¡Mocosa descarada!
En fin,
nos vamos este fin de semana a Blackpool.
¿No me irás a dejar aquí sola?
No sería la primera vez.
Pues esta vez voy a ir contigo.
Vale, como quieras, cariño.
Tengo algo para ti.
¿Qué es?
¡Un anillo!
¿Qué dirá tu madre?
Da igual lo que diga.
- ¿No sabe que yo...? - No.
Será muchas cosas, pero no racista.
No te preocupa, ¿verdad?
No, siempre que te guste.
Sabes que sí.
Pero este anillo es muy grande. No podría llevarlo al colegio.
Pongámonos románticos. ¿Tienes un cordel?
Venga, mira en tus bolsillos.
Caray. ¡Cuánta basura lleváis encima los chicos! ¿Qué es eso?
- Un coche de juguete. - ¿Me lo dejas?
Claro.
No. Mira, va así.
Me gusta.
¿Me lo das?
Sí. Y mi alma y todo. ¡Todo!
Gracias. ¡Ya sé!
Puedo colgar el anillo de mi cinta del pelo.
Átamela.
Qué bonito cuello.
Me encanta que te guste. Es mi complexión de colegiala.
Vaya, tengo que irme.
- Voy a decirle que se dé prisa. - Vale.
¿No estás lista? Bert y Doris nos esperan.
No tardo nada, amor.
- ¿Llevas las medias azules? - Ay, calla.
Hola, papi.
Veo que se lo has dicho.
Sí. Y ahora, ¿podrías salir y dejarme sola un minuto?
¿Para qué se ha arreglado tanto?
Les acompaño, señor Smith.
Así es.
Ya te explicaré, cariño.
- Le he comprado estos bombones. - Pues dáselos, venga.
- Toma, para ti. - Intentando comprarme, ¿eh?
Aún así, voy con vosotros.
¡Vosotros dos! Id al otro cuarto mientras termino de arreglarme.
No tardo nada, de verdad.
Sé amable con él, amor. ¡Te ha traído bombones!
No se impaciente, señor Smith, las obras de arte llevan su tiempo.
¡Pío, pío, pío!
¿Por qué tienes un ojo de cristal?
Eh... lo perdí durante la guerra.
¿Y puedes sacártelo?
¡No preguntes memeces!
¿Lo llevas puesto en la cama?
Si quieres saberlo, ya sabes lo que tienes que hacer.
¿Me estás cortejando?
No, gracias.
Prefieres a las señoras mayores.
Bueno, así es el amor, ¿no?
- No quieres mucho a tu madre, ¿verdad? - Ni ella a mí.
No me sorprende.
¡Oye!
¿Seguro que perdiste el ojo en la guerra?
- ¿Estás casado? - No, sigo disponible.
- Ya está. ¿Qué tal estoy? - Fantástica. Vamos.
Vamos, cariño; y alegra esa cara, por Dios.
¿Tenemos que cargar con este incordio? ¡Qué fastidio de niña!
- ¡No hables así de ella! - ¡Uf, la familia feliz!
- Además, no hay sitio en el coche. - Podemos apretarnos.
- ¡Voy! - ¡Vamos, Helen!
Tengo que arreglar estos zapatos, están...
- ¡Venga, Jo! - ¡Oh, qué guapa!
Jo, ésta es Doris. Doris, ésta es Jo.
- ¡Sube de una vez! - ¡Cállate, malhumorado!
- Parece que va a hacer buen día. - A ver si es verdad.
Nos lo merecemos, ¿no?
- Bueno, felicidades, amor. - ¿Por qué?
Sorpresa para la señora. ¿Qué te parece esto?
¿Es para nosotros? ¿De dónde ha salido?
Uno de los del club quería venderlo, y se lo compré.
Oh, ¿no es genial?
Mirad, un chalet con ventanales y suelo de baldosas.
Mira, Jo.
Está bien. Ahora me siento mejor.
¡Vamos!
Ahora les presentamos "La fascinación", de Van Gogh,
que está en el Louvre de París.
Aquí tenemos a la bella Lorraine en su pose más exótica y excitante,
provocativa a más no poder.
Esperamos que siga con nosotros el resto de la temporada.
Y ahora, en contraste,
aquí está el horrible rostro de la parisina Georgette.
Antes hacía de Cenicienta, pero por el alcohol y las drogas...
ahora no podría ni hacer de genio de Aladino.
Y ahora una escena del famoso film "Drácula".
¡Muere, chica, muere!
La víctima muere a manos del...
...digo, de la vampira.
Ahora les presentamos "La fascinación", de Van Gogh,
que está en el Louvre de París.
"La fascinación".
Mirad, la gitana que me leyó la fortuna el año pasado; es genial.
- No me creo nada de lo que dicen. - Oye, ¿dónde vais?
Va a ponerse a llover.
Seguro que se tiran ahí una hora.
¿Le gusto yo de esa forma, señor Smith?
¿O prefiere responderme a solas?
- ¿Quieres portarte bien? - Estoy empapada y cansada.
No me sorprende. Lo que me extraña es que no estés enferma, de tanto comer bombones.
- ¡No me des órdenes, no eres mi padre! - ¡Anda, lárgate y déjanos en paz!
¡Déjanos en paz tú! ¡A mí, y a mi madre!
Sé que estáis planeando fugaros.
- ¿Y qué hay de mí? - ¡Eh, mi chaqueta!
¡Te vas a enterar, niñata celosa!
Se comporta así siempre que muestro afecto hacia alguien.
- Porque nunca has mostrado afecto por mí. - ¡No hables así a tu madre!
- ¡Cállate! - Ahora sí que has hecho enfadar a Peter.
¡Mándala a casa! No quiero verla ni un minuto más.
Me ha avergonzado delante de Bert y Doris.
Bueno, ya ha estado sola antes, supongo que no le pasará nada.
¡Venga, decídete! O se va ella, o me voy yo. ¿Qué decides?
Peter está muy enfadado. Tienes que irte a casa.
¡Vamos, Helen!
¡Oh, deja de gritar!
Voy a darle dinero para que vuelva. Toma, amor.
¿Te acompaño a la estación de autobuses?
Puedo ir yo sola. No me trates como a un bebé.
- ¡Vuelve con tus amigos! - ¡Siempre me dejas en ridículo!
Pero llegarás bien, ¿verdad?
No es la primera vez que te largas. ¡Que no te entren remordimientos ahora!
¡Vamos!
¡Y otra cosa, no quiero que viva con nosotros! ¡Tenlo presente!
¡Jo!
¡Jo!
¡Jo!
¿Qué te pasa? ¿Has llorado?
No. ¡Tenías que estar aquí, para verme en este estado!
Escucha, voy a irme pronto.
Me rompes el corazón.
Oirás mi barco cruzando el canal desde tu cama.
- ¿Sigues llevando mi anillo? - Sí.
- Pues póntelo. - Desátalo.
- Bonito cuello. - Me encanta que te guste.
Deja que te lo ponga.
¿Te costó mucho?
Eso no se pregunta.
- ¡Lo compré en Woolworth's! - En las rebajas, ¿no?
Da igual, lo que cuenta es la intención.
Me pregunto qué malvada idea te llevó a comprármelo.
¿Te quedas conmigo?
Si quieres.
Tú eres el que lo quiere.
Puede que no vuelva a verte. Lo sé.
¿Por qué dices eso?
Lo sé, eso es todo.
Pero me da igual.
Quédate conmigo ahora. Con eso basta.
Y si vuelves, aquí estaré.
Volveré.
De todas formas...
tras esto, puede que no quieras volver.
No tengo mucha experiencia en esto.
Yo sí.
No hagas eso.
¿Por qué no?
Porque me gusta.
Tengo que irme. ¿Estás bien?
Claro que sí. Estoy bien, date prisa.
- Zarpamos esta tarde. - ¿Hoy?
- Sí. No me olvides. - No.
- Adiós. - ¡Venga, date prisa!
¿Jo, sigues en la cama? Son las tres.
- Hace un sol radiante. - Sí. Blanca y radiante va la novia.
Le sigue atrás un novio amante.
¿A dónde vas?
Vengo a por mis cosas. Voy a casarme.
¿De verdad? ¿En una iglesia?
Sí. ¿Vas a venir a tirarnos ladrillos? Claro que no.
Oye, Jo.
Jo.
¿Qué te parece?
Seguro que alguien ha perdido a su gato.
Es un regalo de mi jovenzuelo.
¡Vas a coger frío! Usa tu pañuelo.
- No tengo. - Pues usa el mío.
- ¿Qué escondes? - Nada.
- Vamos a ver. - ¡Para, me haces daño!
- ¿Qué es esto? - Un anillo.
Ya sé que es un anillo. ¿Quién te lo ha dado?
El hombre con el que me voy a casar.
¡Estúpida golfilla!
¿Te refieres al marinero ése con el que andabas?
- ¿Te ha pedido en matrimonio de verdad? - Sí. Ya es como si estuviésemos casados.
¿Sabes qué habría que hacer con esto? ¡Tirarlo a la basura!
¡Si pudiera, te mataría!
¡Bueno, casi lo consigues!
Ay, Jo. ¿Por qué no aprendes de mis errores?
Lleva media vida aprender de los de una misma.
¡Ay, menuda cosa!
Me doy la vuelta un segundo, y ya has arruinado tu vida con ese marinero.
No te preocupes, Helen. Se ha ido.
No creo que le vuelva a ver en meses.
Ay, Jo, cariño.
Eres muy joven.
Disfruta de la vida, no te dejes atrapar.
El matrimonio puede ser mortal para una niña.
Déjame otra vez tu pañuelo.
- ¿Y tu marido? - Afuera, esperando por mí.
Ay, mira.
Otra arruga, qué horror.
- ¿Helen? - ¿Sí?
¿Cómo era mi padre?
- ¿Quién? - Mi padre.
Ah, él.
¿Tan horrible era que no puedes contarme nada de él?
No era horrible. Un poco simple, nada más.
- ¿En serio? - Claro que sí.
¡Mientes!
¿Ah, sí?
- No. - Pues ya lo sabes.
- ¿Era... idiota del todo? - Bueno, no era retrasado. Era...
no sé, tenía los ojos raros.
Como tú.
- No puedo perder más tiempo. - ¿Dónde está ahora?
- ¿En la cárcel? - Claro que no, está muerto.
¿Por qué?
¡Y yo qué sé! No preguntes eso.
Todos morimos antes o después.
Tengo que irme.
La locura es hereditaria, ¿no?
Por el amor de Dios, Jo.
Decide tú misma si estás loca o no.
Claro que no lo estás, y él tampoco lo estaba.
Me has dicho que era un idiota.
¿Por qué salías con un idiota?
No sé. Todos se reían de él, pero yo le encontraba muy mono.
Cuéntame.
Quiero entenderlo.
Mira, Jo.
Una noche...
bueno, más bien una tarde...
le amé.
No había estado antes con un hombre.
Fue mi primera vez.
Puedes acordarte de la segunda,
y de la tercera...
y la cuarta,
pero como la primera, ninguna.
Nunca se olvida.
Ay, lo siento, cariño, tengo que irme. Peter va a matarme.
¿No te da pena que me vaya?
No me da ni pena ni alegría.
No voy a esperar a que vuelvas.
Bueno, pues tú misma.
Y tómate algo para ese resfriado.
¡Verás qué torta te voy a dar!
- Buena suerte, Helen. - ¿No me das un beso de despedida?
- Hace siglos desde tu último beso. - Guárdatelo para él.
- Vas a estar bien, cariño, ¿verdad? - Claro que sí.
El lunes empiezo a trabajar en una zapatería.
Ah, genial. Nos vemos después de la luna de miel. Adiós, amor.
Adiós.
No, no, no me gustan.
- Voy a traerle otros. - No, no te molestes.
No tenéis mucha variedad aquí.
A lo mejor podemos encargarlos.
No, gracias, iré al centro, allí los tienen más modernos.
Tienes que acostumbrarte a todo tipo de clientes.
Cuando lleves aquí un par de semanas, los clientes así te darán igual.
Hizo que le sacase todas las existencias.
- Todavía no he vendido nada. - Tómate tu tiempo.
Jo, tengo que salir. Cierra tú, ¿vale?
Sí, pero si no le importa, me voy a las 6 en punto.
Tengo que ver un piso al que quiero mudarme. Necesito un cambio.
- Muy bien, adiós. - Adiós.
¿Puedo ayudarte?
- Sí, quería un par de zapatos. - ¿De qué tipo?
¿Tienes unos italianos...?
- ¿De sport? - Sí.
- ¿Qué talla? - Ocho.
- ¿Algún color en concreto? - No.
Pero que no sean muy chillones.
Estos son bonitos.
Sí. ¿Puedo probármelos?
- ¿Te quedan bien? - Sí, son muy cómodos.
¿Son muy caros?
No, están de oferta. 18 chelines.
- No están mal, ¿verdad? - No, yo los veo muy bien.
En realidad cuestan 24 con 11, son una verdadera ganga.
Vale, pues me los llevo.
No hace falta que los envuelvas, me los llevo puestos.
Te vendrán muy bien para el verano.
- Si llega algún día. - Sí.
- Dos chelines de cambio, toma. - Gracias.
- Adiós. - Adiós.
Pues éste es.
Tendrás que limpiarlo un poco.
¿No será muy grande para ti?
No, está bien. Siempre quise tener un piso solo para mí.
- 30 chelines a la semana, ¿no? - Eso es.
Se paga en viernes, supongo.
Eso es, el día de paga. Aprovecho que tienen el dinero fresco.
- Puedo darle un adelanto. - Ah, gracias.
30 chelines.
Múdate cuando quieras.
- ¡Hola! - ¡Hola!
Me alegro de verte. ¿Te lo pasas bien?
- Sí, siempre. - Y yo.
Oye, los zapatos son súper cómodos.
Sí, te quedan muy bien.
- ¿Estás sola? - Sí.
¿Quieres que vayamos a la feria?
- Ah, encantada. - ¿Sí? ¡Pues vamos!
Llevaba sin ir a una feria desde Navidad. Gracias, Geoff.
Me lo he pasado muy bien.
- Buenas noches. - Buenas noches.
- Buenas noches. - Buenas noches.
¡Oye!
¿No tienes sitio a dónde ir?
¡Claro que lo tengo!
¿Entonces por qué sigues por ahí?
Vente si quieres.
- ¿Enciendo la luz? - ¡No, ni se te ocurra!
Oye, esto es enorme, ¿eh?
Lo sé. Trabajo duro toda la semana para pagarlo.
Es el único sitio que he tenido que es mío y de nadie más.
Un poco grande para ti sola, ¿no, Jo?
- ¿Por? ¿Piensas mudarte aquí? - ¡Para nada!
- ¿Tienes sitio a dónde ir? - No, la casera me echó.
- ¿Por qué? - No es asunto tuyo.
- Quédate aquí si quieres. - Me retrasé con el alquiler.
- Menuda trola. - ¡Es verdad!
Venga, Geoffrey Ingham.
Vamos a aclarar esto.
- ¿Te pilló con tu novia? - Claro que no.
Oye, no sería con un hombre, ¿no?
Mira,
tengo un sofá muy cómodo. E incluso sábanas.
Puedes quedarte si me cuentas lo que haces.
Venga Geoffrey. Siempre he querido conocer a alguien como tú.
- ¡Vete al infierno! - ¡No me reiré, de verdad que no!
Cuéntame algo, venga.
Seguro que no se lo has contado antes a una mujer.
No me van las confesiones sensacionalistas.
Quiero saber lo que haces.
Quiero saber por qué lo haces.
¡Mira, me lo cuentas o te vas!
Vale.
Geoff, no te vayas. Lo siento, quédate.
¡Déjame! No soporto a las mujeres.
No quería ofenderte.
Venga, Geoff. Traeré sábanas y mantas y te prepararé una cama.
Me da igual lo que hagas. De verdad.
Por favor, Geoff, quédate.
Por favor.
- Solo tengo una manta. ¿Está bien? - Sí, muy bien.
- ¿Con qué vas a dormir? - En camiseta.
Ay, no sé si estarás muy cómodo en este sofá.
No estoy en condición de elegir.
- Ay, ni yo tampoco. - Anda, no te quejarás.
¡Pero qué sucio está esto!
- Necesitas que te cuiden. - ¡No, gracias!
- ¿Lo ha intentado alguien? - ¿El qué?
- Cuidarte. - Sí.
¿Y qué pasó con él?
Estoy tan cansada que casi no tengo fuerzas para meterme en la cama.
Despiértame el mes que viene.
¿A qué hora te tienes que levantar?
- Mañana no tengo clase. - ¿Clase? ¿Qué estudias?
- Diseño textil. - Ah, eres uno de ellos.
Escucha esto:
Me quedaré y ordenaré la casa. Y cocinaré para ti.
¡Oye!
¡Apaga esa luz, no sea que vaya a por ti!
- Buenas noches, Geoffrey. - Buenas noches.
¿Geoff?
¡Duérmete!
- ¡Geoffrey! - ¿Qué?
Eres como una hermana mayor para mí.
Llegas pronto.
- La cena estará enseguida. - ¿Dónde está?
En el horno. ¡Oye, tú!
- Buena pinta, ¿eh? - Sí.
¿Qué es eso, un autorretrato?
¡Jo!
¡No!
Levanta la mano y la otra también.
Y ahora, aguanta así.
Podías haberlas lavado primero.
¡No te olvides de las orejas!
Jo salió temprano, hoy tiene la tarde libre.
- ¿Habéis visto a Jo? - Está en los arcos.
Te estaba buscando. Te he hecho la cena, ¿no la quieres?
- No me apetece. - Bueno, hasta ahora no te he envenenado.
No quiero comer nada.
Voy a tener un niño.
Sí, me lo imaginaba.
- ¡Pero qué desastre eres! - Me da igual.
Te puedes librar de los bebés antes de que nazcan, ¿sabes?
Lo sé, pero eso es horrible.
- ¿Para cuándo es? - Para noviembre.
- Tu madre debería saberlo. - ¿Por qué?
Tendrás que comprar ropa, una cuna, un cochecito...
¡Calla! No tengo grandes planes ni grandes sueños para este bebé.
¿Sabes qué pasa cuando se hacen las cosas así?
El bebé nacerá muerto, o retrasado, o...
Estás un poco deprimida, eso es todo.
En cuanto te hagas a la idea volverás a la normalidad.
¿A la normalidad?
Mi normalidad es muy anormal. ¡Recuérdalo, Geoffrey Ingham!
¡Soy una persona extraordinaria! ¡No hay nadie como yo, ni nadie como tú!
- ¡Somos únicos! - ¡Jóvenes!
- ¡Inigualables! - ¡Geniales!
¡Somos maravillosos!
Geoff, tengo la tarde libre. ¿Nos vamos al campo?
¡Estupendo! ¡Vamos!
¿Quieres chocolate?
Venga, está relleno de fresa, te gustará.
Toma.
Oye, ¿qué harías si intentase algo?
- ¿Eh? - ¿Qué harías si intentase algo?
- En mi estado, desmayarme. - Después, quiero decir.
- No te quiero, Geoff. - ¿Qué pasa, te doy asco?
No te necesito. Yo me basto a mí misma.
- Me necesitas, Jo. - ¡Para, me haces daño!
- Nunca he besado a una chica. - ¡Practica con otra!
- ¿Puedo darte un beso, Jo? - ¡Ay, déjame en paz!
No quería hacerte daño, Jo.
Me gustas, Geoff.
- Pero... - ¡Cásate conmigo!
No quiero casarme con nadie.
Por el bien del bebé.
Me voy a las cavernas.
Cuando el agua llega a las cavernas, deposita cal en ellas.
La cal forma estalactitas en el techo, y estalagmitas en el suelo.
Cubre todas las paredes, como podéis ver en esta cámara.
Estos colores maravillosos se crean...
al manchar el hierro y el cobre la cal.
¿Cómo era él, Jo?
Todo lo contrario a ti.
Cantaba y bailaba muy bien. Era negro como el carbón.
- ¿Un negro? - Del África más negra.
- Un príncipe. - ¿Un qué?
Un príncipe, el hijo de un rey.
- Seguro que lo era. - El príncipe Ossini.
¿Le quieres?
Supongo que le quise.
- ¿Querrías que siguiese aquí? - No.
- Odio el amor. - ¿En serio, Jo?
Sí.
¡Dios, qué calor!
Jo, deja de dar vueltas.
- Estoy muy nerviosa. - Venga, siéntate.
A ver, bebé, veamos qué nos está haciendo la hermana mayor.
Jo, déjalo. Lo acabo de hacer. ¡Fuera!
- ¡Me apetece tirarme al río! - Yo de ti no lo haría, está muy sucio.
Toma.
Lee esto.
Cuando nazca el bebé, no sabrás ni qué hacer con él.
"Cuidar de un bebé". Qué bonito.
"Tercer mes".
"Ejercicios, relajación".
"Cuarto mes".
"Estreñimiento".
Toma esto y cállate.
- Odio la leche. - Pues emborráchate primero.
- ¿Dice cómo amamantar a un bebé? - Hasta tú sabes eso.
Sé que se le da el pecho.
No voy a dejar que un animalito me muerda. Eso es canibalismo.
Deja de hacerte la inhumana, no te pega nada.
Lo digo en serio. Odio la maternidad.
Bueno, ya que vas a ser madre, lo mejor que puedes hacer es hacerlo bien.
- Tengo dolor de muelas. - Y a mí me duele el corazón.
¿Tienes algo para el dolor de muelas?
La única cura para eso es ir al dentista.
¡Ay, Jo!
- ¿Cuánto va durar esto? - ¿El qué?
- Tu comportamiento. - Tú te mudaste aquí, ¿recuerdas?
Si no te gusta, te vas.
Pero no lo harías, Geoffrey. No tienes confianza en ti mismo, ¿verdad?
Tienes miedo a que las chicas se rían de ti.
- Te gustan los bebés, ¿verdad, Geoff? - Sí, bueno.
¿Quieres ser el padre de mi bebé, Geoff?
Sí.
Me... me asfixio aquí dentro.
- Me voy fuera. - Vale, voy contigo.
¡Qué mal huele el canal, qué asco!
- ¡Y esos niños tan sucios! - Es difícil no ensuciarse por aquí.
¿Por qué estás conmigo, Geoff?
Alguien tiene que cuidar de ti. No te vales por ti misma, está claro.
¿Crees que habrá tormenta?
No me extrañaría.
No creo que te venga bien estar conmigo todo el día.
Ahora no podría separarme de ti.
Pues deberías. No podemos estar juntos todo el rato.
Prefiero morirme antes que separarme de ti.
Lo dices como si fuese verdad.
Bueno, es que es verdad.
Antes de conocerte, me daba igual estar vivo o muerto.
Pero te conocí y bueno, ahora estar contigo es mi vida.
No tenemos por qué separarnos, ¿no?
¡Que llueva, que llueva!
¿Jo?
Me ha dado una patada, Geoff.
¡Una patada!
- ¿Puedo ayudarle? - Sí, quería informarme.
Mi mujer va a tener un bebé, y pensé que podrían darnos unos panfletos.
- Para enterarme de todo. - Seguro que podremos ayudarle.
- ¿Para cuándo espera al bebé? - Para dentro de un par de meses.
Bueno, quizás debería venir ella.
Es un poco tímida. Seguro que viene otro día.
Muy bien. Un momento, señora Walsh. ¿Espera aquí un segundo, por favor?
Llévele esto. Le servirá para practicar.
Supongo que es muy joven.
Que nos lo devuelva cuando haya terminado con él.
Es muy útil para que vaya aprendiendo a coger a un bebé.
Tome. ¿Todo bien?
Mira a aquel chico.
Qué sucio va.
Y mira su pelo.
No deberían permitírselo.
- ¿A quién? - A su madre.
Piensa en el daño que hace al tener niños.
Mira eso.
Está muerto.
Un poco de amor, un poco de placer, y terminas así.
No pedimos la vida, nos arrojan a ella.
- Dame la mano, Geoff. - ¿Qué?
- ¡Dame la mano! - ¡Jo!
Tienes las manos muy bonitas.
Duras.
Siempre quería coger a mi madre de la mano, pero ella no se dejaba.
- Me gustas. - ¡Oh!
- ¿Te gusto más que a ti misma, no? - Eso es muy irlandés.
Bueno, eres una irlandesa muy guapa.
¿Dónde murieron tus ancestros, en la batalla de Salford Town Hall?
El padre de mi madre era irlandés.
Y ella me tuvo con un irlandés.
El tonto del pueblo, según parece.
¿Cómo?
Retozando en un pajar una tarde.
Mi madre dice que él tenía ojos como los míos.
- ¿Te lo estás inventando? - No.
Estaba entre dos tierras, mi padre.
En la tierra de los tontos.
- ¿Helen te contó todo esto? - Sí.
Me lo imaginaba. A ésa le gusta mucho impresionar.
¿Pero tú te crees que Helen iba a salir con un auténtico idiota?
Gracias, Geoff, ya me siento mejor.
Oye, tengo algo para ti.
Bueno, me lo dieron en la clínica.
Así puedes practicar a cogerlo.
- El color está mal. - ¿Qué?
¡No va a ser de este color!
¡Le aplastaré la cabeza, le mataré!
¡No quiero a este bebé, Geoff!
¡No quiero ser madre!
¡No quiero ser mujer!
¿Jo?
¿Y qué puedo hacer yo?
De todas formas, nadie tiene por qué tener un niño si no quiere.
Bueno, pensaba que podría hacer algo.
Nada, ni hablar. Si no puede cuidar de ella misma,
es asunto suyo.
Y no te quedes ahí mirando como si fuese culpa mía.
Bueno, es su nieto.
¡Eso me hace tan mayor!
No puedo con esa chica, nunca he podido.
Bueno, eso es obvio.
¿Y qué papel interpretas en este melodrama victoriano? ¿El de niñera?
¡Helen!
¡Helen! ¿Me quedan camisas limpias?
Vale, iré a verla.
No es mi culpa. No sé dónde ha estado viviendo todos estos meses.
- No me hagas esperar, ponme algo de beber. - Ya has bebido bastante.
No voy a quedarme en este sitio asqueroso.
Espera dónde te dé la gana.
Si no estás de vuelta en 10 minutos, me voy.
Pues tú mismo.
¿Jo?
¡Jo!
Oiga, no le diga que fui a verla, ¿vale?
- ¿Dónde está, Romeo? - En la cama.
¿Y este basurero?
¿Qué te crees que haces, escondida en este corral?
Muchas chicas en tu situación tienen que trabajar y atender a su familia.
Venga, déjame echarte un vistazo.
Estás un poco pálida.
Bueno, normal.
Ay, no pongas esa cara. Te he traído dinero.
Te ha costado mucho llegar a esto, ¿eh?
- ¿A qué? - Al clásico gesto amoroso materno.
Desde que me enteré, me he pasado todas las noches sin dormir.
A partir de ahora te mandaré dinero todas las semanas.
¡Hasta que te olvides! Te largaste con aquel tío.
No me dejaste ni reaccionar.
¿Cómo llegaste aquí, por cierto?
¡Te acordarás de esto, Geoffrey Ingham!
¿Diriges un movimiento "vuelva con su madre"?
- ¿Trabajas en algo? - No le gusta que la gente la mire.
¡Haría mejor en trabajar que vivir de ti como una sanguijuela!
- ¡No vive de mí! - No, lo compartimos todo.
- ¡Y además somos comunistas! - Influencia suya, supongo.
¡Vuelve con tu maridito!
¿Sabes lo que te hace falta? ¡Que te dé una buena paliza!
- ¡No te muestres tal como eres! - Eso te gustaría, ¿eh?
Mira la pocilga en la que vives.
- Saldré de ella sin tu ayuda. - Te lanzaste al cuello del primero que viste.
Pues sí.
- Los hombres te vuelven loca. - Como a ti.
¿Sabes cómo te llaman por aquí? Una puta barata.
De tal palo tal astilla, ¿no?
¡Ah, te voy a arrancar la cabeza!
- ¡Deja que la pille! - ¡Venga, adelante!
¡Dejad de gritaros, ya está bien!
¡Cállate! Nos lo pasamos bien así.
- Y otra cosa... - Eh, ¿qué diablos pasa aquí?
¿Creías que te iba a esperar todo el día en la calle?
Te dije que me esperases fuera.
Deja de apuntarme con el dedo.
Hombre, la hija descastada.
Vaya, Josephine, qué grande estás, ¿eh?
¿Y éste quién es, el padre?
Dios, no.
¿Quién metió el pan en el horno, entonces?
¿Quién metió el pastel en el horno?
Lo siento. Ha bebido mucho.
¿Quién se viene a tomar algo, eh?
¿Qué os pasa?
¿Nadie quiere venirse a tomar algo?
¡Largo de aquí!
Tú calla.
Venga, Mary Ann, vente a tomar algo conmigo.
¿Andas regalando mi dinero?
Quédate con tu dinero.
¿Dónde está el baño?
Ay, sácale de aquí, Romeo.
Eso, Pollyanna, llévame.
Vale, guapo. Ya sé por dónde es.
¿Un cigarrillo?
No.
Bueno, sí. Para luego.
Jo, ¿por qué no te vienes a vivir conmigo?
- Tengo un sitio bonito, con mucha comida. - No, gracias.
Peter es majo, salvo cuando bebe más de la cuenta.
Mira, Jo, te estoy ofreciendo un hogar decente.
Cuidaré de ti, te ayudaré.
¡Esa putilla no vivirá con nosotros!
La mitad de la casa es mía.
Anda ya.
- No le hagas caso. - ¿Te vienes o no?
¡Quiero beber algo!
¡Sácale de aquí, menudo escándalo!
¿Quieres que me venga a vivir contigo?
No, gracias.
Bueno, te mandaré dinero.
Puede que lo necesites.
¡Esa señorita de Armentiéres no va a vivir con nosotros!
Mira, ya te saqué una vez de las cloacas.
Si quieres volver allí, es asunto tuyo. Es lo que te mereces.
Y no te preocupes por mí.
El mar está lleno de peces.
Me voy.
- ¿No es genial? - Sí, maravilloso, ¿no?
- ¿Y Jo? - Se fue al río.
Hola. ¿Pensando en tirarte?
No. Me gusta esto.
- Ya he visto 5 ratas de agua. - ¡Qué bonito!
- ¿Le sigues queriendo? - No.
Fue tan solo un sueño que tuve.
- Ay, tu príncipe negro. - ¿Cómo se llamaba?
- El príncipe Ossini. - No. Se llamaba Jimmie.
Bueno, el sueño terminó. Pero el bebé es real.
Mi madre siempre decía:
te acordarás de tu primera vez toda tu vida.
- Pero hasta ahora lo había olvidado todo. - ¿Recuerdas cuando te pedí que nos casásemos?
Sí.
El amor que hay entre nosotros, no es de ese tipo, gracias a Dios.
Necesitas a alguien que te quiera y tú buscas a alguien a quien querer.
¿Has sido infeliz conmigo?
¿Quién es feliz?
"Iba yo por Pippin Hill
muy por la mañana.
Me encontré con una chica muy engalanada.
Señorita, señorita, qué bonita se le ve
Si tuviera unas monedas las gastaría con usted".
- ¿Lo harías, Geoff? - Lo haría.
"Cogería al bebé en mis brazos.
Y te trataría bien.
Iríamos a ver la luna desde lo alto del andén.
Nos quedaríamos allí
y te abrazaría fuerte... y no dejaría de quererte".
- ¡Te lo has inventado! - Sí, pero es verdad.
Qué gracioso eres, Geoff.
Lo sé.
Eres único.
Siempre quise que estuvieses conmigo porque sabía que nunca me lo pedirías.
- ¿Dónde vas? - A casa.
Voy a hacer un pastel para tomar con el té.
Hala, mira esto, ¿no es maravilloso?
¿Cómo le vas a llamar?
- ¿Al pastel? - ¡Al bebé, idiota!
Le voy a llamar "número uno".
- Siempre será el primero en lo suyo. - Es cierto.
¿Hay alguien en casa?
He vuelto.
Bueno, ahora esto parece más alegre, ¿no?
Parece que he llegado justo a tiempo, ¿no?
- ¿Quiere una taza de té? - Ah, vaya. Sigues aquí, ¿no?
No va a haber sitio aquí para tres, ¿sabes?
- ¡No te metas con Geoffrey! - Da igual, Jo. Me da igual irme.
Por Dios, no tienes que venirte abajo cada vez que aparece ella.
Vale, me tomaré un té contigo.
Jo, te he traído unas cosas preciosas para el bebé.
¿Tienes las maletas hechas?
- ¿Las maletas? - Sí.
Pero si no voy a ir al hospital.
- No querrás tener el bebé aquí, ¿no? - No quería salir.
No puede dar a luz en este vertedero.
- El primer parto puede ser complicado. - Se está haciendo chequeos.
No la asuste.
¿Y tú qué sabrás? No estamos jugando a los médicos, ¿sabes?
Olvidé pagar el taxi. ¿Y mis bolsas? No tardo nada.
Bueno, Jo, ha vuelto.
¿Quieres un trozo de pastel?
No, gracias.
Te alegras de que ella haya vuelto.
No.
No tengas miedo de herir mis sentimientos.
Dios. ¿Qué esperas que diga, Geoffrey?
Te necesito a ti, no a ella.
Tengo que elegir entre dos señoras mayores.
Oh, gracias.
Y entre las dos, te elijo a ti.
Bueno, necesitarás a una mujer a tu lado.
- Alguien que ya haya pasado por esto. - ¡Pero qué dices!
Te he pedido que te quedes. ¿Por qué no me dejas en paz?
¡Deja de molestarla!
¿Yo? ¡Es usted la que llega aquí, pisoteando sus sentimientos!
¡Me costaría pisotear los tuyos, hijo!
¡No soy su hijo!
¡Dios, menuda farsa de madre ha resultado ser!
¡He venido aquí a ayudarla!
- ¡Usted lo único que hace es asustarla! - ¿Te has vuelto loco?
¡Dejadme en paz! ¡Los dos!
¡No aguanto más! ¡No puedo aguantarlo más!
Perdona. Quiero hablar a solas con mi hija.
¿Qué pasa, Jo?
Geoffrey tiene razón.
Quería que volvieses.
Pero en cuanto llegas, todo comienza a ir mal otra vez.
¿Por qué querías que volviese, amor?
- Quería saber cómo es. - ¿El qué?
¿Duele mucho?
Duele más el trabajar.
Pero no te preocupes, amor, ahora me tienes a mí.
Puedo arreglármelas sin ti.
Vaya, qué lista eres, ¿eh?
No me vengas con esos aires. Te ha dejado, ¿verdad?
Y ahora vuelves arrastrándote.
Bueno, fue bonito mientras duró.
- ¿Sabes lo que pienso? - ¿Qué?
Que todavía le quieres.
¿Yo? Qué tontería.
¿Qué pasó?
Se largó con una tía.
Así que estamos como al principio.
Jo, olvidé decírtelo.
He encargado una preciosa cuna.
Llena de corderitos y perritos.
Ya tenemos una.
La trajo Geoff.
Un poco anticuada, ¿no?
A nosotros nos gusta.
Venga, amor, túmbate.
- Te dará dolor de cabeza. - ¿Te extrañaría?
Venga, descansa un poco,
mientras yo ordeno todo esto.
- ¿Helen? - ¿Qué?
Quiero que Geoffrey se quede.
¿Entendido?
Le estoy haciendo una nota.
Cuando salgas, llévate esto.
¿Qué pasa, Jo?
Debía de estar soñando.
Tranquila, amor.
¿Y Geoff?
Te voy a hacer una taza de té, cariño.
¿Dónde está Geoffrey?
Se acaba de ir, amor.
- ¿Helen? - ¿Sí, amor?
Puede que el bebé sea negro.
¿Qué, amor?
Puede que el bebé sea negro.
¡Calla! Vas a tener pesadillas.
Es cierto.
¿Me estás diciendo que el marinero era negro?
Sí.
Ay, señor, necesito un trago.
Bueno, ¿y qué vas a hacer?
¿No es maravilloso?
¡Geoffrey!
"Adiós, Jo. Buena suerte. Te quiero, Geoff".
¡Eres un payaso, Geoff!
¡Un payaso!
Te haré una taza de té, amor.
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