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(Bocina tren)
(CANTAN EN RUSO)
(CANTAN EN RUSO)
Amelia, sígueme, por favor.
¡Rápido!
¡Amelia! ¿Dónde vamos, Anushka?
No puedo decírtelo. Dímelo. No pasa nada.
Tengo órdenes.
Solo te estoy preguntando adónde vamos.
(HABLAN EN INGLÉS)
(ANUSHKA HABLA EN INGLÉS)
¿Qué tipo de accidente?
Un accidente de coche.
¿Cómo va a haber tenido un accidente si está detenido?
¿De dónde sacas eso?
A mí me han dicho... ¿Qué te han dicho?
Estaba con otra persona.
Por eso había desaparecido.
Es impresionante.
¿Dónde lo encontraron?
No lo sé.
¿Cuándo?
Tampoco lo sé.
Pero cómo podéis ser tan miserables.
Lo único que me han dicho es que...
está en estado crítico.
¿Está consciente?
No lo sé.
Pero está vivo, Amelia.
(Sintonía serie)
(HABLAN EN RUSO)
No.
No.
¡No ha habido ningún accidente!
¿Está aquí? -¡Amelia!
¡Eh, eh! ¡Quiero verle! ¿Dónde está?
Por favor.
Pero si él era un revolucionario...
y una buena persona.
Por favor...
Amelia.
Lo siento mucho.
(HABLA EN INGLÉS)
(HABLA EN RUSO)
(Música lenta)
(CANTA EN FRANCÉS)
(CANTA EN FRANCÉS)
¡Buenas!
Hola. Hola.
¿Dónde van?
A casa de los señores Garayoa.
No, ya no viven aquí.
Ah, ¿no?
Cuando murió la señora, se mudaron.
Gracias.
(Timbre)
Edurne, ¿abres?
-¡Sí, voy!
(Timbre)
-Va, mujer.
-Ya abro yo.
Lo siento.
Hola.
Hola.
-Hola.
(Murmullos)
Estás igual.
¿Sí? ¿Tú crees?
Tú también.
Un poco más delgado.
¿Qué tal os dan de comer aquí?
Bien. Garbanzos...
y, a veces, arroz.
¿Duermes bien?
Bueno, en el suelo, pero tenemos mantas.
Y dormimos tan apretados que hasta calor pasamos.
¿Compartís celda?
Sí, estamos tu tío y yo y... bueno, unos cuantos más.
Pero estamos bien, hija. Estamos bien.
Lo único que...
¿Qué?
Que tu madre no está.
Pienso mucho en ella.
Pero quizá mejor así, ¿no?
Así no sufre.
Claro. Ya sabes cómo era.
¿Has ido al cementerio?
Sí, con Antonieta.
Si salgo de aquí, lo primero que haré será ir a verla.
Claro que vas a salir, papá.
Bueno, si nos conceden el indulto.
¿Has ido a ver a Javier?
Todavía no.
¿No?
No.
Primero tenía que venir a verte a ti.
Águeda.
-¡Edurne! -Hola.
-¿Cómo estás? Qué alegría verte.
-Sí.
Javier, mi amor.
Ella es Edurne.
¿Te acuerdas de ella? -Hola, Javier.
¿Cómo se va a acordar?
Hola, Javier. ¿Estás jugando?
¿Cómo está su padre?
-Todavía en la cárcel.
-Dios mío...
-Por eso vivimos en casa de sus padres.
-Claro.
-¿Cómo estás tú?
-Amelia ha vuelto.
-Ah, ¿sí? -(ASIENTE)
Quiere ver al niño.
-No.
Si se enteran sus abuelos...
No, no, lo siento.
-Águeda, es su madre.
-Pues no haberse ido.
-Solo lo quiere ver.
"La guerra ha acabado hace dos días,
y no conceden indultos así como así".
Es que nuestros padres no hicieron nada.
No mataron a nadie, no robaron.
-Si tuvimos a un cura escondido en casa,
al padre Molina. -Sí.
-Y a su padre le colectivizaron la fábrica.
-Ya, pero cuando has ganado una guerra,
una guerra civil,
no puedes demostrar debilidad.
-No es debilidad, Antonio. Es... Es justicia.
Sí.
-Si hubieran ganado, los rojos hubieran hecho lo mismo.
Con Franco, con los generales de la cruzada,
conmigo mismo, con mis padres. Nos habrían fusilado a todos.
-Mi padre y el suyo son buena gente, incapaces de hacer daño a nadie.
Lo sabes perfectamente.
Si coincidíamos con vosotros en Biarritz.
-Sí, sí.
Por eso os ayudo.
Si me pregunta por ellos cada día.
-Algo se podrá hacer. -Ya, pero no sé qué.
Solo veo...
¿Qué?
Barrios es el secretario del ministro.
Los rojos fusilaron a su hermano salesiano,
pero es medio primo de mi madre.
¿Puedes hablar con él?
-O vamos nosotras. -No, no, no.
Ya hablo yo con él.
Venid... Él viene los viernes.
Venid el viernes con tu madre.
Que os vea, y a ver si así lo ablandamos.
El viernes. Perfecto.
Gracias. -Gracias.
Que sí, Laura, que sí.
Yo no lo veo tan claro.
¿Cómo les van a fusilar si no han hecho nada?
Chist.
Fusilan a mucha gente, cada día.
Pero a ellos no, a ellos les van a indultar.
A veces pienso que si no hubiera ganado el Frente Popular
por tan poco,
no se hubieran levantado los militares.
No hubiera muerto tanta gente,
no habría tanto odio.
Y tu padre y el mío no estarían...
¿Nunca te planteaste volver?
Muchas veces.
Pero no pude.
Yo llegué a pensar que...
si no venías era por miedo.
O porque te habías olvidado de nosotros.
(LLORA)
Pero...
¿cómo me iba a olvidar de vosotros?
He hablado con mamá.
Que si os parece, Albert se podría instalar en casa.
Yo podría dormir con mi madre y dejarle mi habitación.
Así no tiene que gastar en hoteles.
Claro.
Bueno, se lo pregunto.
Y si nos puede pagar algo por la habitación y las comidas...
Claro. Y así nos ayuda.
Está perfecta.
Mucho mejor que la del hotel.
Además, me ahorro los cuadros de Franco.
Que estaban por todas partes.
El baño lo tendrás que compartir.
Estoy encantado, de verdad.
Solo os voy a molestar un par de semanas,
hasta que me vaya a Berlín.
¿Te vas?
Sí.
Me va a dar mucha pena que te vayas.
Igual se queda.
Ya verás las maravillas que cocina mi madre
con cuatro patatas y unas acelgas.
(RÍE)
-Amelia. Dime.
"Ya he hablado con Águeda".
"¿Qué te ha dicho?".
La echan, Amelia. Se enteran y la echan.
Que sí, que sí.
No nos podemos acercar, no le podemos decir nada,
porque se lo he prometido.
Si cumplimos, a lo mejor te lo dejan ver otro día.
¿Me has oído?
(JAVIER RÍE)
Cariño, ven.
Ven, cielo.
¿Mamá?
¿Dónde está?
Amelia, va, que tenemos que salir.
¡Mamá, ahora no es momento de...! -Me ha llamado Manuel.
-¿Qué Manuel?
-Carranza, que han soltado a su sobrino, a tu Santiago.
-¿Qué ha pasado? Han soltado a Santiago.
¿De verdad? Sí.
Venga, que os tenéis que ir.
-Toma. -El bolso.
Estoy bien. -¿Sí? Venga.
-Vamos.
-Mucha suerte.
He hablado con él cuando ha llegado. -¿Y qué?
-Le he explicado el caso, quiénes son vuestros padres
y bueno, a ver...
-Dirá que sí, ¿verdad? -Mamá...
Mira, ya sale. Esperadme aquí.
No, hija, no.
De aquí no vamos a salir.
Que sí, papá, que vais a salir.
-No me lo puedo creer. No me lo puedo creer.
Pero... Herrera nos ha hablado de un hombre que...
Que parece que tiene influencia en el ministerio y que...
Que igual nos puede ayudar. Eso no servirá de nada, hija.
Pero ¿por qué no?
Papá.
Papá,
que no te puedes venir abajo ahora.
No te puedes venir abajo.
Tienes que confiar en nosotras. Os vamos a sacar de aquí.
(Puerta abriéndose)
-¡Se acabó el tiempo! ¡Eh!
¿Me oyes?
-Sí. ¿Has visto a Javier? Sí.
Adiós, hija. Está muy grande y está muy bien.
El próximo día te lo traigo. ¿Me lo traerás?
¡Sí, sí, de verdad!
(LAURA) Adiós, papá.
(Timbre)
¿Está Santiago?
Dice que no quiere verla.
Lo siento.
Santiago.
Yo...
Hola, buenas. Hola.
¿Laura y Amelia Garayoa? Sí.
Por favor.
"Juan y Armando Garayoa".
¿Sus padres?
¿Empresarios?
Bueno, Juan, mi padre, sí, de Textiles Garayoa.
El suyo es abogado. Mercantil. Abogado mercantil.
-Del barrio de Salamanca, ¿no?
Sí.
¿Condenados a cuántos años?
A muerte.
¿Los dos?
Han pedido indulto...
y lo han denegado, claro.
A ver, el procedimiento es sencillo.
Se trata de conseguir que el fiscal militar revise el caso
y eleve al tribunal la petición
de concesión de indulto para sus padres.
Cuando es el fiscal quien lo pide,
la justicia militar lo suele conceder.
Pero para conseguir que el fiscal contemple el caso,
hay que hacer unas gestiones que...
claro, tienen un coste.
Claro.
A ver, hay que pagar a los funcionarios,
habrá que hacer algún donativo,
el fiscal también quiere lo suyo.
Y está la comisión de este despacho.
Serán...
50 000 pesetas.
¿50 000 pesetas?
Cada uno.
Ya sé que es una cantidad importante, pero...
-Pero no tenemos ese dinero.
-Tienen tres días para reunirlo.
Hasta entonces, no puedo hacer nada.
Tres días y apresúrense, el penal está muy lleno.
No paran de entrar presos...
y tienen que hacerles sitio.
Cuando consigan el dinero, no hace falta que vengan las dos.
Vale. Gracias.
(Puerta abriéndose y cerrándose)
Vendemos la casa de mis padres.
No, la casa de tus padres no.
-No se vende una casa en tres días.
-Podemos vender esto.
-Yo tengo esto.
-No.
-Que sí.
Con esto no vamos a hacer nada.
¿Tenéis llaves de casa?
Creo que sí, ¿no? -Sí.
-¿Qué vas a hacer?
Seguro que ahí encuentro algo que podemos vender.
¿Está Edurne? Sí.
¿Dónde puedo poner una conferencia internacional por aquí cerca?
¿Vas a la cocina y a los dormitorios?
Claro.
Yo busco por aquí.
Gracias.
(Música charlestón)
He encontrado esto en la cocina, pero están desparejados.
Y está este salero, que creo que es de plata.
¿Qué te pasa?
¿Te acuerdas de lo bonita...
y lo fácil que era la vida antes?
Te he echado mucho de menos.
(Campanadas iglesia)
(Puerta abriéndose y cerrándose)
(Pasos acercándose)
No hará falta que vendáis nada.
He conseguido el dinero.
¿Cómo?
He hablado con mi padre.
¿Con tu padre?
Sí.
Mañana llegará la orden del banco.
Gracias.
Sabes que no os voy a poder devolver ese dinero, ¿verdad?
No te preocupes.
Ya se lo pagaré yo.
Es un gran momento para los periodistas.
Y si todo va bien en Berlín,
están hablando de ofrecerme una corresponsalía en Nueva York.
Qué buena noticia, ¿no?
Sí.
Gracias.
(LLORANDO) Tu padres es el siguiente.
-No, mamá. -Tu padre es el siguiente.
-No.
-(LLORA)
No puedo, no puedo.
-Tía, tía, que no, que no.
No pasa nada.
Amelia...
Es que no nos han dejado ni ver el cuerpo.
Ya lo sé.
Ya lo sé.
(Puerta abriéndose)
Hola. Hola. ¿Qué hay?
Me he enterado de lo de su padre.
Créame, lo siento mucho.
Gracias.
Ahora, lo importante es salvar a su tío.
Sí. Armando era, ¿no?
Armando Garayoa.
¿Ha traído el dinero?
Claro.
¿Está todo bien?
Sí, parece que sí.
¿Cuándo cree que lo sabremos?
Bueno, saber, saber...
En realidad, no es tan fácil.
Pero si ya le he pagado, ¿no?
Sí, ya.
Pero falta lo mío.
Gracias.
¿Cómo va?
Ya está.
Mi última crónica.
A ver.
(HABLA EN INGLÉS)
No te acaba de convencer.
Eh...
Echaré de menos leer tus crónicas.
Pues vente conmigo.
Sí, a Berlín.
Claro. ¿Qué hago yo en Berlín?
Bueno,
leer mis crónicas.
Me podrías ayudar.
Tú hablas alemán, yo no hablo ni una palabra.
Siendo española, podrías abrirme alguna puerta.
¿Lo dices en serio?
Sí.
¿Qué vas a hacer aquí?
Ya no es tu sitio, ya no es tu país.
Tú eres una luchadora, Amelia.
Y la lucha aquí ha terminado.
Ahora la lucha está en otro lugar.
No, Albert. No puedo volver a huir.
No es una huida.
Huir sería quedarte aquí.
Además,
¿qué alternativa tienes?
Si te quedas aquí,
te irás marchitando hasta convertirte
en una sombra de ti misma.
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