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Los Nibelungos
Los Nibelungos
Dedicado al pueblo alemán
Sigfrido
Canto I
De cómo Sigfrido dio muerte al dragón.
Así habló Mime, el hábil herrero: "¡Sigfrido, hijo del rey Siegmund,
parte hacia casa, en Xanten! ¡Yo ya no puedo enseñarte nada!"
¿Has oído hablar alguna vez del castillo de Worms junto al Rin
y de los reyes burgundios que reinan allí?
¡Quiero ir allí para conquistar a Krimilda!
Muéstrame el camino hacia Worms o perderás la vida.
¡Que tengas buen viaje, Sigfrido, hijo del rey Siegmund! ¡Jamás llegarás a Worms!
Entonces, Sigfrido el Joven comprendió la canción que cantaba el pájaro:
si el que mata al dragón se bañara en la sangre del animal,
sería invencible, a salvo para siempre de las espadas y de lanzas.
Aquí acaba el Canto I
Canto II
De cómo Volker, el juglar, cantó de Sigfrido ante Krimilda, y de cómo Sigfrido llegó a Worms.
El violín sonó y cantó Volker: El que mató al dragón, el hijo de Siegmund,
se adentró en el reino de los nibelungos.
Ganó en lucha contra el dragón. No hay nadie en la tierra que se le iguale.
Así habló Alberich, el nibelungo:
"¡Perdonadme la vida y os daré mi yelmo mágico.
¡Quien lo lleve será invisible, o podrá adoptar la figura que desee!"
Los nibelungos forjan aquí la corona del rey de las tierras boreales, rey de los gigantes del hielo.
Ninguna espada del mundo se puede comparar con Balmung.
Los nibelungos la fraguaron en fuego de sangre.
Todo está perdido. ¡Maldita sea la herencia del heredero!
¡Volved conmigo a la piedra los que habéis sido tallados de piedra!
El violín sonó y Volker cantó: Sigfrido se convirtió en el verdugo del dragón,
en el señor del tesoro de los nibelungos.
Doce reinos sometió poderoso. Doce reyes fueron sus vasallos.
Krimilda, hija de Ute: "¡Volker, acepta esta capa,
que yo misma he bordado, como agradecimiento por tu canto!"
Sigfrido, con doce de sus caballeros, se halla a las puertas del castillo,
y pide audiencia con el rey Gunther.
Hagen Tronje: "¡Deja que el que mató al dragón siga su camino, rey Gunther! ¡No lo recibas!"
¡Que nadie pueda decir que en Worms no sabemos cómo se saludan los reyes!
¡Sigfrido, el hijo del rey Siegmund, será bienvenido!
Esta noche he tenido un mal sueño...
¡Y ahora ese sueño me viene a la mente!
Rey Gunther, ¡Vengo a pedirte la mano de tu hermana!
El rey Gunther también desea casarse. Ha puesto sus ojos en una doncella atrevida y poderosa...
Se llama Brunilda y es reina de Islandia. Su castillo rodeado de llamas...
se alza invencible en las tierras del norte.
¿Por qué me hablas de Brunilda? Sabes que ha puesto condiciones peligrosas:
tres veces tendrá el pretendiente que superarla en fuerza, o morirá.
¡Sigfrido, el héroe, inigualable, ha llegado a Worms en un momento oportuno.
¡Él puede ayudarnos a conquistar a Brunilda para ti!
Sois presuntuoso, señor Hagen. ¡Doce reyes son mis vasallos, pero no soy vasallo de nadie ni lo seré!
Prepárate para ir a buscar a la novia, rey Gunther, pues Sigfrido,
el héroe poderoso, conquistará a Brunilda para ti.
Aquí acaba el Canto II.
Canto III
De como Sigfrido conquistó a Brunilda para Gunther.
¡El barco del dragón trae héroes extranjeros a tus playas!
Los extranjeros se acercan al mar en llamas.
Si es lo bastante fuerte y el favorecido por los dioses, las llamas se consumirán solas y morirán.
¡Ayudadme, doncellas a ponerme mi armadura, será un combate como nunca lo he tenido!
¡Bienvenido, héroe, a luchar a vida o muerte!
¡Ni vida ni muerte deseo de ti, Brunilda. El rey Gunther pretende tu mano!
¡Antes de que anochezca, rey Gunther,
tus armas destrozadas adornarán mi sala!
Rey Gunther, concededme permiso para preparar al barco para vuestra real novia.
Antes del anochecer, izaremos velas de regreso a casa.
¡Empecemos la triple contienda, rey Gunther!
Deberás vencerme tres veces, rey: en lanzamiento de piedra,
en salto de longitud y en tiro de lanza.
No temáis, rey. Haced los movimientos y mi fuerza ganará cada prueba.
¡Arrojaré la piedra por ti y te sostendré en el salto!
Aquí acaba el Canto III
Canto IV
De cómo Brunilda llegó a Worms, y de cómo los reyes celebraron su boda.
¡Empezad los preparativos de la boda, el barco del rey se acerca!
¡Hemos llegado a nuestro destino, mi reina!
¿Eres realmente el hombre que me venció tres veces?
¡Soy tu prisionera, pero jamás seré tu mujer!
¡Cumple tu palabra, rey Gunther, como yo cumplí la mía!
Si Krimilda acepta, oh héroe, ¡hoy celebraremos una boda doble!
¿Desde cuándo es costumbre entre los burgundios entregar la hijas del rey a un vasallo?
Sigfrido no es un vasallo. Lo quiero como a un hermano.
¡Hoy mismo seremos hermanos de sangre!
La sangre se mezcla con sangre roja. Inseparables se unen las gotas.
¡Que sucumba en el camino, sin honra, el que sea desleal al hermano de sangre!
Brumilda ha sido vencida, no dominada. ¿Debe ser puesto el rey de Burgundia
en ridículo por una mujer obstinada?
¡Execrable es lo que se hizo a medias! ¿Abandonarás al amigo que te dio a su propia hermana?
El yelmo mágico te transformará en lo que quieras.
¡Adopta la figura de Gunther y rompe la voluntad de hierro de Brumilda!
Aquí acaba el Canto IV
Canto V
De cómo, medio año después, el regalo de boda de Sigfrido, el tesoro de los Nibelungos,
llegó a Worms, y de cómo las reinas disputaron entre ellas.
El esplendor de Burgundia palidece, rey. Necesitamos el tesoro de los nibelungos.
Sería una necedad rechazar lo que Sigfrido os ofrece fraternalmente.
¡Krimilda es más valiosa que todo el oro del mundo!
¡Mira qué he encontrado, enredado en mi velo nupcial!
Quítate el brazalete, Krimilda, guarda un horrible secreto.
¡La señora del tesoro de los Nibelungos no lo necesita!
¡Escucha, Krimilda, cómo gané el brazalete y calla!
El tesoro de Sigfrido ha llegado. ¡El enorme tesoro que ganó a los enanos!
¿Cuánto tiempo, mi señor rey, permanecerán vuestra hermana y su marido en la corte de Burgundia?
Por mi madre siguen aún aquí. ¿Tú, Brunilda, querrías tomar el lugar de la hija para la reina Ute?
El honor de tu hermano pende de este brazalete.
¡Jamás debe volver a verlo ningún ojo humano!
Creo que ya es hora, señor rey, de que enviéis a Sigfrido de regreso a Xanten.
¡Nunca lo haré irse! ¡Se irá cuando él decida!
Voy a misa, hija mía. ¡Sígueme pronto!
¡Quiero ir a la catedral con las galas de la reina de Burgundia!
Detente, Krimilda, la mujer de un vasallo no debe preceder a la reina de Burgundia.
¿Cómo has osado llamar a Sigfrido mi esposo?
Sigfrido se me presentó como vasallo y siervo de Gunther.
¡Hacía labores de siervo para mi esposo!
Tú, a quien él rechazó, tú, a quien él entregó, ¿osas menospreciar a Sigfrido?
¡Apártate del camino de la reina de Burgundia, esposa de un vasallo!
¿Reonoces este brazalete, reina de Burgundia?
¿Cómo ha llegado a tus manos el brazalete?
El que, llevando el yelmo mágico, te venció tres veces en la figura
de Gunther... Sigfrido, mi esposo, me lo regaló.
¡Rey! ¿Dice la verdad tu hermana?
¡Mata a Sigfrido!
¡Mata a Sigfrido!
Tu indiscreción, héroe ¡fue peor que un asesinato!
¡Mata a Sigfrido!
¡Sigfrido está a salvo de tu venganza! Él, que mató al dragón, es invulnerable.
¡Salvo en un lugar, donde se adhirió la hoja de tilo, donde es vulnerable como cualquiera!
¡Rey Gunther, déjadme castigar al que mató al dragón!
¡Somos hermanos de sangre! ¿Cómo puedo tomar parte en su muerte?
¡El que tomo mi brazalete, me tomó como su esposa! ¡Tomó mi virginidad!
Tronje, anuncia al pueble de Burgundia, que invito a todos a una cacería real,
para que matar a un perro rabioso y un cuervo.
Aquí acaba el Canto V
Canto VI
De cómo Gunther traicionó a Sigfrido.
¿Sabes guardar un secreto, Krimilda?
¡Una vez rompí la promesa de callar y no volveré a hacerlo jamás!
Bien, la próxima cacería puede convertirse fácilmente en una cacería de hombres.
¡Un mensaje secreto me avisa de guerra contra Burgundia!
¡Qué bien, Krimilda, que tu esposo sea el que mató al dragón, el invencible!
¿Quién me garantiza, que en el fragor de la lucha,
una lanza no le alcance donde le alcanzó la hoja de tilo?
¡Si quieres que lo proteja, debo conocer el punto exacto donde el invencible es vulnerable!
¡Tú, el más leal de los leales, no me aconsejas mal!
¡Yo misma le marcaré el punto con una pequeña cruz!
Vengo a despedirme, Brumilda. Vamos de cacería al bosque de Odenwald.
Recuerda mi juramento rey Gunther, ¡ni comeré ni beberé hasta que se haya reparado mi deshonra!
¡Oh mi amado señor, no me dejes! ¡Esa noche he soñado que un jabalí enfurecido te despedazaba!
¡Oh mi amado señor, no me dejes! Soñé además que dos montañas se derrumbaban y te enterraban.
Hoy mismo me reconciliaré con Gunther. ¿Qué otro enemigo tengo?
Madre, es como si de mi corazón goteara sangre.
La cacería en el bosque de Odenwald duró desde la mañana hasta la puesta de sol.
¡Un puñado de oro rojo por un trago de vino blanco!
Al carro que traía el vino se le ha roto una rueda. ¡Pero yo sé de una fuente fresca!
Siempre he oído que te alababan como al más ágil de los héroes.
Hagacemos una carrera, tú y yo, por el primer trago.
Gunther, hermano, ¡seamos amigos otra vez!
¡Cuando regreses de la fuente!
El desagradable Hagen habló: ¡la cacería ha terminado!
Aquí acaba el Canto VI
Canto VII
De cómo Krimilda juró vengarse de Hagen Tronje.
Estás libre de tu juramento, Krimilda. Sigfrido ha muerto.
Bienaventurado seas, rey Gunther. ¡Por la mentira de una mujer
has dado muerte al más leal de tus amigos!
¡Clamo justicia, rey Gunther! ¡Hagen Trojen ha matado a mi esposo!
¡Lealtad por lealtad Krimilda! ¡Su acción es la nuestra!
¡Su destino es el nuestro! ¡Nuestro pecho es su escudo!
Aunque te ocultes tras mis parientes, tras los altares de Dios,
o en el fin del mundo... ¡no escaparás a mi venganza, Hagen Tronje!
¡Comunicad al rey Gunther, mi hermano, que la reina de Burgundia ha muerto!
Así acaba la historia de Sigfrido.
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