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¿Y a ti qué te pasa?
Los policías y militares tienen cada vez más poder.
Les damos el poder para que después puedan protegernos.
Ya, pero cuando se vengan arriba, ¿quién nos va a proteger de ellos?
Hay un plan oculto circulando por ahí.
Nos lo van a vender como otra cosa, pero les van a matar.
Alguien se va a encargar de llevarlo a cabo aquí,
con un puesto que parezca técnico. No me gusta lo que estás insinuando.
Siento mucho el fallecimiento del ministro.
Tengo entendido que era muy amigo suyo.
Hemos encontrado a tu novia Julia, se hace pasar por su hermana Sara.
Si trabajas para mí, las dejaré vivir.
Vengo de parte de Álvaro.
¿Tu niño es suyo?
No para de repetir
que todos los niños están en peligro.
En esta casa sabemos muy bien de lo que es capaz este gobierno.
Ramón para ellos era un enemigo. ¿Y qué empezaba a ser Álvaro?
¿Qué puedes ser tú?
Nadie está por encima de la seguridad del estado,
por muy ministro que sea.
¡Ministro, al suelo!
¿Quién te ha pinchado así, hija? En el sitio ese médico.
Decían que éramos unos sujetos únicos.
La señora ha decidido que tú te encargues
de tu sobrino Sergio, tiene una enfermedad de nacimiento,
pero la señora le traza.
Me voy a dejar la vida para que tu hijo crezca
en un lugar que se parezca a ese país que algún día tuvimos
y que nunca debimos perder.
Mira que te lo dije, Álvaro. ¿Te lo dije o no te lo dije?
Joder, ¿a quién se le ocurre, macho?
Dicen que en un año estará seco del todo,
por eso no hemos pescado nada, Luis, los peces han salido pitando.
Y a ti te parece más importante despedirse del pantano
que estar en el parto de mi primer hijo.
Faltaba un mes, no ha sido culpa nuestra.
Venga, mételo todo, date prisa. Cierra bien.
Luis. ¿Qué?
¿Cómo que qué? Pues que tengas cuidado.
Como nos caigamos al río y te mueras, me toca hacerme cargo del niño.
Sí, claro.
También es cierto que ascendería en el gobierno.
Álvaro, cállate un poco, de verdad, estoy nervioso.
Escucha, vas a llegar a tiempo, todo va a salir bien
y vas a ser un padre de la hostia. Ya, seguro. ¿Y cómo sabes eso, eh?
Porque conmigo lo has hecho de puta madre.
Y eres lo más parecido a un padre que he tenido.
Venga, va, que en diez minutos estás con tu niño en brazos.
Ahora escucha esto. No, no estoy para canciones.
Luis, por favor, hazme caso. Joder, Álvaro.
Esta canción te recordará siempre el día que nació tu primer hijo.
Álvaro.
¿Álvaro?
"Aunque ya no está con nosotros, será siempre recordado.
Estas fueron las palabras que ha pronunciado el presidente
en el funeral por Álvaro Maichegui, excelentísimo ministro de Exteriores,
que ha terminado hace unos minutos.
Al acto ha asistido la plana mayor del gobierno,
así como una nutrida representación de todos los estamentos sociales
y numerosos ciudadanos anónimos
que han querido presentar sus respetos a un hombre
que encarnó los ideales de la nación
y los supo defender allende nuestras fronteras."
♪ Ya han florecido cipreses
♪ como gigantes cabezas
♪ que con órbitas vacías
♪ el horizonte contemplan.
♪ Salen los niños alegres ♪ de la escuela
♪ viendo en el aire tibio
♪ del abril canciones tiernas. ♪
¿Un té caliente?
Vale.
- Gracias.
Hola, Sara. Hola, señor.
¿Qué tal todo?
Todo bien, gracias.
Tenemos una conversación pendiente tú y yo.
Que no se te olvide. Comandante, ¿más vino dulce?
No.
Perfecto.
Perdóname.
¿Le has visto?
- ¿Sabes algo de tu padre?
- No sé, puede que esté en el ministerio.
- ¿Toda la noche y sin hacer una llamada?
- Joder, mamá, ¿qué hacemos?
- Le voy a decir a Enrique que mande alguien a buscarle.
Perdona.
Comandante, no nos han presentado, soy hermano de Laura.
- Le acompaño en el sentimiento. - Gracias.
- Por cierto, enhorabuena. - ¿Enhorabuena? ¿Por?
- Trabajo en Presidencia, un funcionario más,
- pero he escuchado los rumores. - ¿Qué rumores?
- Va a haber cambios en el gabinete
y su nombre suena en todas las quinielas.
- Yo no me fiaría de estos rumores.
Cuanto uno más suena, menos posibilidades tiene,
es de primero de política.
- ¿Y para qué cargo suena el comandante?
- Vicepresidente. - Oh.
Entonces te voy a robar al futuro vicepresidente un momento.
- No me lo habías dicho. - Me habías pedido distancia, ¿no?
- Necesito pedirte algo.
No sabemos dónde está Luis.
- ¿Quieres que me informe?
Laura.
Siento mucho no haber podido llegar, lo siento muchísimo.
No te preocupes, me ha contado Alma, sé que era una urgencia.
Laura, tengo que ir a hacer algo importante,
luego por la tarde iré a tu casa, estaré contigo, ¿de acuerdo?
Ahora quiero hablar contigo. Claro, ministro.
¿No tienes nada que decirme?
Siento muchísimo el accidente de su amigo.
No se lo pude decir en el funeral.
¿El accidente?
Ayer alguien intentó pegarme un tiro,
¿también fue un accidente? ¿Cómo?
- ¿A usted? - Sí, a mí.
A un ministro de este gobierno, igual que a Álvaro,
al que acabáis de enterrar.
Vaya. Yo solo sé que ayer hubo un tiroteo
para evitar la huida de una terrorista.
Pero usted no estaría con ella.
¿Verdad?
- ¿De qué estáis hablando?
Rosa, Rosa.
Dígame, señor.
En cuanto se marche el señor comandante,
quiero que abras todas las ventanas.
No quiero que mi casa huela a mierda.
Sí, señor.
- ¿Ha dicho que le han disparado?
- ¿A dónde vas? - ¿Tú le has visto?
Quiero saber si está bien.
- Ahora no es el momento.
Luis, mi amor, ¿qué te pasa?
¿Cómo que te dispararon?
¿Me puedes explicar qué está pasando, por favor?
Estoy bien, tranquila.
¿Cómo voy a estar tranquila?
¿A mí me decís que estás bien?
No, no estás bien. Y yo tampoco estoy bien.
¿Sabes la noche que pasé?
Y en el entierro todo el mundo preguntando por vos
y yo disimulando.
Entrás a casa como un loco, insultás al comandante...
Te vuelvo a preguntar, ¿qué te pasa?
Hablamos por la noche.
¿Cómo por la noche? ¿Te vas a ir otra vez?
Sí, es necesario.
Cuando pueda, te lo cuento todo. No, ahora, ahora.
Te exijo que me lo cuentes ahora.
Tú tampoco me cuentas todo.
¿Por qué decís eso?
¿Cuánto tiempo llevamos juntos? Una vida.
Por eso mismo sé que no me cuentas todo
desde hace unas semanas.
Yo no te lo exijo.
Tienes todo el derecho del mundo a callar lo que quieras,
pero no me exijas lo que no me das.
Luego hablamos.
Papá. Ahora no, Iván.
Y quita esa copa de ahí, se va a caer alguien por tu culpa.
Papá, por favor, no estás bien.
Ni yo tampoco.
Tía, ¿me vas a llevar a la piscina? Me lo prometiste.
- ¿Yo te he dado permiso para entrar? - Sergio, cariño.
Disculpe, señora... Llévatelo.
Llévatelo a la piscina, al jardín, donde sea.
Pero es sábado y nos vamos en un rato.
Me da igual, Sara. ¿Cuánto querés, cuánto vale?
Llévatelo con vos. De acuerdo.
Es lo mejor para él.
Vamos, Sergio.
En los últimos años se han desarrollado
paneles fotovoltaicos que se han adaptado...
Por su salud, está terminantemente prohibido
el paso a aquellos que no hayan superado
las revisiones médicas obligatorias o presenten...
Es el sobrino del ministro de Sanidad.
Aquí tiene la autorización. Trabajamos en su casa.
Quítate las gafas.
Venga. Gracias.
¿Tienes ganas de ver a Marta? Muchas.
¿Muchas? Venga, tira.
- Vaya aspecto tienes. - ¿Y?
¿Tengo que ir a una cela de gala o qué pasa?
- Basta de tonterías, vas a ir a esta dirección.
Tienes que encontrar un dispositivo como el que te va a enseñar Navarro.
- ¿Hay alguien en el piso? - No lo sé.
Y si lo hay, te lo cargas, sea quien sea.
- ¿Le habéis llevado las medicinas a mi madre?
- El inhalador y dos cajas de pastillas.
- Vamos, Navarro.
Aquí tiene.
Se lo apunto. Hola.
- Hola. - Has venido, qué bien.
Buenos días, Begoña. Buenos días, Sara.
Oye, ¿y este niño?
Este niño es el sobrino del ministro.
Anda, pues tendréis que cuidarle muy bien.
- ¿Todavía esto es vuestro? - ¿Puedo coger cosas?
- Claro. Mira, ven.
Tenemos alubias, piña, jabón, estropajos...
- ¿Puedo comer de esto? - Sergio, tú no puedes comer eso.
A ver, tú eres alérgico a los frutos secos,
¿te acuerdas o no? Esto es como los piñones, ¿no?
Exactamente, cariño. Y no puedes comerlo.
¿Te vas a acordar?
¿Te buscamos algo rico? Marta, ¿qué le damos?
- Mira, ven. - ¿Qué le pongo?
Ah, sí, sí. Aquí tenemos los caramelos.
- ¿Te gustan? - Sí.
- Dime.
"Me han quitado a mi bebé.
Van a venir a por nuestros niños.
¡Hay un francotirador, al suelo!
¡No os mováis, no os mováis!"
"Me van a quitar a mi bebé. No, nadie te lo va a quitar, ¿eh?
Se van a llevar a nuestros niños, se los llevarán de los colegios
y de las calles y de las casas.
Y de los parques y los columpios, se quedarán vacios.
Y los padres y las madres van a llorar a los niños."
Luis.
Emilia. ¿Qué haces aquí?
Joder.
No lo sé, no lo sé.
No sé, necesito saber qué pasó con mi amigo
y quizá aquí encuentre algo que me ayude.
¿Y tú? Clara, me ha pedido que viniera.
Hay algo escondido que quiere que me lleve.
¿El qué? No sé, Luis.
Documentos, pruebas, algo. No lo sé, yo tampoco lo sé.
"Por su seguridad, tengan a mano su documentación
y muéstrenla cuando se le solicite."
¿Qué, Sergio, te gusta el mundo real?
¿Qué están tocando? ¿Te gusta o no te gusta?
¿Cómo se baila? No sé, cómo quieras.
Ven aquí, anda. No, no, no.
¿Me vas a rechazar un baile? No, no me hagas esto, no, no.
Es que hace mucho tiempo que no bailo.
Pues ya va siendo hora. Ven aquí, ven aquí.
Papá. Sí.
¿Puedo bailar contigo? Claro.
Cambio de parejas. ¿Dónde está mi pareja, a ver?
Sergio. ¿Sergio?
¿Qué pasa? No está el niño. ¡Sergio!
¿Cómo que no está? Que no está el niño.
¡Sergio, Sergio! ¡Sergio!
¡Sergio! ¡Sergio!
Voy a mirar por aquí, a ver si está. Nosotros vamos por aquí.
¡Sergio!
¿Habéis visto a un niño con gafas por aquí?
¡Sergio! ¡Sergio!
¡Sergio!
¿Se ha colado un niño por aquí? ¿No lo habéis visto?
¿Habéis visto a un niño con gafas por aquí?
¡Sergio!
¿Sergio?
¡Sergio!
¡Sergio!
Cuidado. ¡Eh, pare! ¡Sergio!
Vámonos.
Perdón.
No es él, no es él.
Disculpen, ¿han visto a un niño más o menos de esta estatura?
Estaba solo. No, no sabría decirle.
Ha pasado mucha gente por aquí.
Llevaba una trenca, una trenca azul muy bonita.
Papá.
No lo encuentro, Hugo, no está el niño.
No te asustes, ¿vale? No está.
Escúchame, no te asustes. ¿De qué?
Igual no son las suyas. ¿Cómo que no?
¿Dónde estaban las gafas?
Las ha encontrado Marta en el suelo, allí.
¿Cómo que estaban en el suelo? Escúchame, igual está en el colmado.
Se ha asustado y se ha vuelto allí.
Vamos a ver a tu hermano. Sí, vamos.
¡Suéltame!
- ¿Sergio?
¿Quién es usted? ¡Eh, eh, eh, oiga!
- ¡Suéltame!
- ¿Dónde lo llevas? - ¡Suelta!
- ¿Qué le has hecho al niño? - ¡Suelta!
- ¿Estás bien, Sergio?
¡Eh!
- ¿Estás bien? - Sí.
- ¿Seguro? - Sí.
- ¿Vamos?
Joder. ¡Sergio!
Sergio, cariño. ¿Dónde estaba?
Cariño, ¿estás bien, estás bien?
¿Qué ha pasado? Se lo han intentado llevar.
Mira.
En la habitación ya no hay nada. ¿Has encontrado tú algo?
El teléfono de Álvaro, pero está vacío, lo han borrado.
Habrá sido Clara, estaba muerta de miedo la pobre.
Emilia, no deberías estar aquí, esto es peligroso.
Estoy aquí por mi nieta.
No puedo quedarme de brazos cruzados.
Al menos, quédate el móvil. Si pasa alguna cosa, me llamas.
No.
Déjame ayudarte. Llegas 25 años tarde.
¿No vas a perdonármelo nunca?
Emilia. Sí.
Mira.
La han forzado.
Tenemos que irnos.
Sí, alguien ha estado aquí antes. Recoge las cosas y vámonos.
Si encuentras algo entre tus cosas, me...
Te aviso.
Tú también.
Cuídate. Sí.
Buenos días. La señora está arriba, ahora le aviso.
- Si me acompaña por aquí, por favor... - Gracias.
- Adelante.
- Sonríe, Manuelita, por favor.
Vuelve pronto, que ya te echo de menos.
Comandante.
El que tengo aquí delante.
¿Qué, cómo están? Están bien, están jugando.
Parece que Sergio no le ha dado mucha importancia al tema.
Hay que joderse con los críos.
Y yo todavía estoy con el susto en el cuerpo.
Voy yo.
¿Sí?
- Perdone, ¿viven aquí los dueños del colmado?
- ¡Hugo, que es él, el cabrón que quería coger a Sergio!
- ¿Qué haces aquí otra vez? - ¡Por favor!
Vale, vale. Un momento, por favor.
Necesitamos entrar un momento. No, aquí no entra nadie.
Creemos que ahí dentro está nuestro hijo.
- Buenas tardes. ¿Qué pasa aquí? - Buenas tardes, Begoña.
Son unos amigos que han pasado a saludar.
Ya. Adelante, por favor, pasad.
Que tenga buen día. Lo mismo te digo, guapa.
Qué alegría verte.
No te pude pedir disculpas por lo de esta mañana.
- No importa. - Vengo a decirte algo mucho más grave.
- No me asustes.
- Siento mucho lo que te voy a decir, Alma,
pero quiero que entiendas por qué lo hago.
- Pues decime, por favor.
- Tenemos motivos para pensar que Luis, tu marido,
tiene dudas con respecto al gobierno y a este sistema.
- Imposible, Luis adora al presidente, daría la vida por este país.
- Este piso en el que está tu marido era propiedad de Álvaro,
vuestro difunto amigo, el ministro de Asuntos Exteriores.
En este piso vivía su amante.
Y no era un asunto menor, se querían y ella estaba embarazada.
Y ese piso no era solo un nido de amor.
En él conspiraban.
Álvaro era un traidor.
- Pará.
- ¿Conoces a esta mujer?
- Un poco. - ¿Ajá?
- Sí, son... Amigos de hace un tiempo.
- Ella también tiene antecedentes.
¿Sabes por qué Luis no estuvo en el entierro de Álvaro?
Estaba ayudando a esa chica, a su amante,
a escapar del país.
Él sabía que la estábamos buscando.
- No entiendo.
Es como si me estuvieras hablando de un extraño, otra persona.
- Quédatelas.
- No, no las quiero.
Yo lo voy a arreglar.
Luis está muy afectado, no sabe lo que hace,
seguramente cree que está ayudando a su amigo muerto.
Voy a hablar con él.
- Mamá, perdona. - ¿Sí, mi amor?
- ¿Estás ocupada? - No.
- Yo ya me iba.
- He pensado en pasar la tarde con Laura, ¿te parece?
- Me parece muy bien.
- Mamá, ese hombre...
- Ese hombre acaba de hacernos un gran favor.
Que no, lo siento, eso es imposible.
Vive en el sector uno, con su familia,
nosotros trabajamos para ellos.
Estoy segura de que es él, me lo dice algo por dentro.
- Dejadnos ver al niño, por favor. - Siéntate, por favor.
- Tranquilo. - Dejad que lo veamos.
No le vamos a decir nada, hace seis años que lo perdimos.
- Nuestro hijo mayor se puso muy malito
de un día para otro, le llevamos al hospital.
Nos dijeron que había cogido el bicho, ¿verdad?
- Nos hicieron pruebas a nosotros también.
Y nos dijeron que teníamos que llevar a Juan,
nuestro hijo pequeño, para ver si estaba bien.
¿Y tenía el virus también?
Ya no salieron de ahí, nos dijeron que habían muerto,
los dos.
No pudimos verlos.
Nos volvimos a casa sin ellos, sin nuestros niños.
- Y el mayor sí, estaba mal, pero mi Juan estaba bien.
Y mi padre lo ha visto en la tienda y lo ha reconocido.
- Era igual que mi hijo cuando era pequeño.
- ¿Puedo verlo?
Si lo veo, sabré si es él.
- Tiene... Tiene los ojos grandes, marrones.
Y ve mal por uno de ellos.
Además, tiene la nariz chata y es alérgico a las almendras.
- Y tiene dos lunares grandes detrás de la oreja.
Por favor.
¡Papá!
¿Quieres un trago?
¿Qué haces ahí? Ya ves.
Dame la botella, dame la botella.
Venga, sal del coche.
Vamos.
Venga, arriba. Joder. Venga, sal.
Ven, tranquilo.
¿Que no?
Venga, vamos.
Iván, ¿tú no vas a cambiar nunca?
No vas a durar mucho si continúas así.
Soy un mierdas, papá, soy un mierdas.
Yo quería mucho a Álvaro, le quería mucho.
Y no le dije nada porque él no me quería a mí.
Venga, no digas tonterías.
Álvaro te quería como si fueras su hijo.
Él te vio nacer, ¿eh?
Por poco, pero llegamos a tiempo.
Se te ocurrió adelantarte un mes según el horario previsto.
La única vez que he sido puntual.
No, adelantarse un mes no es ser puntual,
ser puntual es otra cosa Vamos, ¿vamos? Arriba.
Habíamos ido a pescar, ¿sabes? ¿A pescar?
Sí. ¿Y pescasteis algo?
Bueno, sí, un tiburoncito.
Un tiburoncito.
Dicen que los tiburones son peligrosos, pero no es verdad.
Lo que pasa es que son muy sensibles
y cuando se sienten en peligro, atacan, ¿verdad?
Papá.
El comandante, Enrique, ha estado con mamá.
No te fíes de él, te quiere joder.
Venga, vamos. Ten cuidado.
Vamos.
Hola, chicos. Hola.
Hola. Hola.
¿- Estáis jugando? - - Sí.
¿Sí? ¿Qué haces, cariño? Una cosita.
Qué bonito eres.
Hola.
¿A qué jugáis?
Oye, os están diciendo hola.
- Hola. - Hola.
- ¿Quiere jugar? - Sí.
- Pues esta es así. Y ahora...
Ah, se me ha caído.
Ahora a la cruz, así.
Necesito que hablemos.
No quiero que estemos así.
Más allá del amor, de la familia, de todo,
siempre fuimos un equipo, ¿no?
Un buen equipo. Alma.
Yo necesito unos días. ¿Unos días de qué? ¿Para qué?
Yo no creo que Álvaro muriera en un accidente.
Y necesito saber qué es lo que pasó.
Yo te entiendo perfectamente, pero...
Se dice que Álvaro estaba metido en algo raro.
Que conspiraba,
que ya no creía ni en el presidente ni en el proyecto.
¿Quién te ha dicho eso? Da igual.
No, no da igual, es muy fácil destruir a una persona.
Yo conocía a Álvaro hace más de 30 años,
tú también le conoces desde hace mucho.
¿Le creías capaz de hacer algo inmoral o injusto?
No lo sé. No.
Yo no confío tanto en la gente como vos.
Eh, mi amor, escúchame.
Te lo pido, te lo suplico.
Pensá en tu familia, no nos metas en problemas, mi amor.
Haré lo que pueda para manteneros al margen.
¿Al margen? ¿De qué margen estás hablando?
Ya no hay margen, Luis. Cálmate.
No puedo. Años apoyándote, años al lado tuyo,
atrás tuyo, todo lo que necesitaste siempre lo tuviste, todo.
Ahora me toca a mí, es mi momento, mío,
mi nuevo puesto de trabajo. Tanto lo peleé.
Es un puesto de confianza, me lo dio el presidente.
Y si desconfían de vos y creen que estás metido
en algo raro... ¿Qué quieres que haga?
Que no lo destruyas todo, mi amor.
Pensá en tu familia.
Y que te olvides de la muerte de Álvaro
y sigamos adelante como hasta ahora.
No me contestes, mirame. Vayamos a cenar.
Tomamos un vino.
No.
¿No qué?
No voy a olvidar.
Ni voy a parar de buscar por qué lo mataron.
Ni voy a perdonar a los que lo hicieron.
- Oye. - Mira, Laura lo está consiguiendo.
- Eh, eh, aquí, aquí. - Vale, una cresta, una cresta.
- Una cresta. - Sergio, ponle tú la cresta.
- Venga, la cresta. - Ya está listo.
- Vale, pues venga, que salga. - Entonces, que salga.
Me parte el corazón, Hugo.
¿Por qué les habrán quitado al niño? No lo sé, no lo sé.
Pero tenemos que llevarlo a casa
si no queremos que nos hagan preguntas.
Perdonad, perdonad. Ponle este.
¿Podéis salir un momento? Sí, claro.
Que no se vaya ese "pollicía" de aquí, ¿eh?
- Soy un pollo. - Un pollo vuela en el coche.
- Es él.
Escuchadme un segundo, se ha hecho tarde.
Si no regresamos con él, la familia con la que vive
se va a preocupar. No, no, a ver.
El niño no va a ningún sitio, se viene con nosotros.
- Hemos tardado más de cinco años en encontrarlo,
no os lo podéis llevar otra vez, es nuestro hijo.
Lo entendemos, tenemos una niña, sabemos qué es que te la quiten.
Os vamos a ayudar, pero hay que hacerlo bien,
es muy importante. Pero que no, hostias.
Nos robaron a nuestro hijo, se viene con nosotros
- y no hay más que hablar. - Un momento, por favor.
Ese niño vive en casa de un ministro,
el ministro de Sanidad, ¿eh?
Y si no dejáis que nos lo llevemos, podéis acabar en la cárcel o peor.
Quítate de en medio. Eh, tranquilo, guarda eso.
Quitaos de en medio.
- ¡Sara, ábreme, que soy Begoña!
¡Sara, sé que estáis ahí, abre inmediatamente!
Escucha, esa mujer es la informante del bloque.
Yo conozco al ministro, tenemos buena relación.
Estoy seguro de que si se lo explico,
lo entenderá.
Tenéis que confiar en mí, por favor.
¿Queréis recuperar a vuestro hijo?
Pues dejad que nos lo llevemos. Si no, no lo vais a volver a ver.
¡Sara, o abres ahora mismo o llamo a la Policía!
Guarda eso.
Guárdalo.
¿Por qué has tardado tanto?
Estamos jugando con los niños y no la hemos oído.
¿Qué tal, Begoña? Hola.
- Pronto llega el toque de queda, tenéis que llevarlo a su casa, ¿no?
Claro, ahora mismito lo llevamos.
Ayúdame.
- Se hunde. - Permíteme.
- No me escucha, no le importa nada, ni mis hijos ni yo, nada.
- Alma, Alma, es un hombre débil.
Y tú lo quieres en cierto modo. Y yo te respeto por ello.
- ¿Quieres una copa? - Agua, por favor.
¿Es tu padre?
- Es un hijo de puta, un borracho.
Hizo que mi madre nos abandonara para siempre.
Y le tengo ahí para no olvidarme, porque me duele, aquí.
Tanto a veces que me ahogo.
- Lo siento mucho.
- Solo se me olvida cuando estoy contigo.
Alma, yo cuidaré de ti.
Y cuidaré de tu familia.
Y te juro que haré lo imposible para que a él no le maten,
te lo juro.
Pero deberías dejarle.
Muy bien, échale pimienta, que les gusta mucho.
Y las rodajitas todas iguales, ¿eh?
Buenas tardes, Rosa. Hola.
Hombre, cariño, ¿cómo te ha ido, eh? A ver, déjame ver.
- Ay, ¿qué haces?
- Pues nada, corazón, comprobar que no se te ha pegado nada.
Hala, muy bien, venga.
Llévalo a la habitación hasta que esté lista la cena.
Rosa, ¿y los señores? No están.
Ya. ¿Y cuándo van a volver?
Ah, no te preocupes, que ahora les llamo y les pregunto,
que los criados son prioridad.
Necesito hablar con el ministro.
Pues tendrá que ser el lunes, porque aquí no hay nadie.
Ya.
Eh, venga, que nos vamos. ¿Qué?
Que nos vamos, venga. Te vienes a nuestra casa, a dormir.
¿Quieres ir con Marta o no quieres ir con Marta?
Sí. Pues venga, vámonos.
Vamos.
Qué sueño tiene mi niño. Duerme bien, ¿vale?
Un beso.
Precioso.
La madre que me parió, ¿sabes la que se va a liar?
Alex. ¿Qué?
Buenas noches.
No sé cómo no se te ocurre. No podíamos dejar al niño allí.
¿Pero cómo no lo vais a dejar allí? ¿Te quieres callar ya?
Habéis hecho bien. Habéis hecho bien y ya está.
Julia, Hugo, ¿por qué no salís a dar una vuelta, que os dé el aire?
Os va a venir bien. ¿Eh?
Yo me quedo con los niños, está Alex.
Sí, buena idea.
Sí, a mí me va a venir muy bien. Venga.
Es que no lo he pensado, ha sido un impulso.
Lo he visto ahí solo y no podía hacer otra cosa,
no podía dejarle ahí. Tranquila, no le des más vueltas.
Eso sí, mañana hay que llamar al ministro
a primera hora.
¿Por qué les habrá hecho eso a los padres, por qué?
¿Qué pasa?
Joder, aquí había un garito cojonudo.
Claro, El Elefante Blanco. ¿Lo conocías?
Pues claro.
¿Sabes que aquí me enamoré de tu hermana?
¿Mi hermana en un sitio como este? Te lo juro.
Eso sí que no me lo esperaba de ella.
Fue en la época en que empezaron a prohibir
la música en directo.
Bueno, no toda, la que al gobierno le molestaba.
Ya.
Un amigo que, por cierto, después me dejó tirado,
me chivó que aquí tocaba un grupo clandestino.
¿Cómo se llamaban?
Ah... "One..."
"One..." Era un tipo Los Malajes, sí.
La verdad es que no recuerdo ni una canción de ellos,
lo que sí recuerdo es ver a tu hermana, bailando,
libre, en la pista,
como si no le importara lo que la gente pensara.
Fíjate que vi después a tu hermana bailando muchas veces,
pero nunca más como aquella noche.
Sí, estaba preciosa.
No pude parar de mirarla en toda la noche.
Sí. Y cuando reuní el valor de ir a hablar con ella...
¡Policía!
¡Alto a la Policía!
Un día me la encontré por la calle, la invité a un café
y nunca más volvimos a separarnos.
Qué cosas, ¿no?
¿Qué ocurre? Nada.
Quizás no debería haber hablado de tu hermana.
No, de verdad, no tiene nada que ver con eso.
Está todo bien. ¿Entonces?
Que no pasa nada.
¿Qué?
Eras tú.
La chica que estaba bailando aquí esa noche no...
No era tu hermana, eras tú.
Julia. ¿Qué más da eso ahora, Hugo?
Lo importante es todo lo que ha pasado después.
¿No te parece?
Vámonos a casa. No, no.
Voy a quedarme aquí un rato, adelántate tú.
¿Seguro? Sí, estoy bien, sí, todo bien.
Luis. Emilia.
Tenías que salirte con la tuya con el móvil, ¿no?
No podía rendirme tan fácilmente.
Perdona, Emilia, quizá es un poco tarde para llamar.
No, si estaba mirando lo que había en las bolsas y...
No he encontrado nada, ¿eh? Ropa, facturas...
Bueno, seguiremos buscando. Sí.
¿Tú has encontrado algo?
No, no, nada, solo música.
¿La oyes? Sí.
Y además, es bonita. Sí.
Sí, lo es.
Abuela.
Ay, dime, que me está llamando mi nieta.
¿Hablamos pronto?
Buenas noches, Emilia. Buenas noches, Luis.
¡Oh!
Mi amor, ¿qué pasa?
Mi amor, mi amor, ¿estás bien? Estoy bien.
¿Qué pasa, qué haces aquí? Toma. Miradlo, es muy importante.
Marta está en peligro. ¿Qué dices?
Venga, hasta mañana.
Y hazme caso, que te vas a alegrar.
Espera. Tengo que irme.
Te quiero, te querré siempre.
- Hombre, Sara. - Buenas noches, Begoña.
¿Qué, y el niño del ministro? ¿Está ya donde tiene que estar?
Sí, lo hemos dejado allí, el pobrecito mío.
Muy bien, muy bien. Descanse.
Y tú también, bonita. Buenas noches.
Hasta mañana. Hasta mañana, Begoña.
Adiós.
¿Sujetos únicos?
Es todo niños y niñas. Sí, ¿pero qué hacen ahí?
Sergio.
¿Qué cojones es esto?
Oh, Dios mío, Marta.
Joder.
Están despedidos, no aparezcan más por casa.
¡Qué hija de puta!
Un grupo de padres buscaba a sus hijos desaparecidos,
decían que se los habían quitado en los hospitales con engaños
y que les aseguraban que estaban muertos.
Yo conozco a estos niños.
Aumentamos las dosis, pero murieron más de la mitad.
- Entonces, habrá que traer más niños, muchos más.
Uno de ellos era mi hijo.
Hay unas personas que dicen ser los padres de Sergio.
Juan, ese es su verdadero nombre, ¿verdad?
Decís unas cosas que parecéis de otro planeta.
Sí, uno donde la gente se quiere y se respeta.
Tu hija Julia, que hace ya muchos días que se marchó.
Eres un cabrón, Ray. Déjanos pasar, por favor.
¡Manuela!
¡Coja lo que quiera y váyase!
¿Cómo es, es...?
No lo voy a permitir, no me van a quitar otra vez a Marta.
Lo mejor para un niño siempre es estar con sus padres,
siempre.
¿Qué es lo que sabes?
- Que puede que esos niños estén vivos.
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