All language subtitles for Se.quien.eres.S01E15.1080p.WEB-DL.ViruseProject_Subtitles02.SPA

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Original subtitles

Cariño, ¿te duele algo?

Te voy a tocar, ¿de acuerdo?

Quiero comprobar

que todo está bien.

Si algo te molesta, me lo dices.

Pequeño corte en pómulo izquierdo.

Hematoma en hombro izquierdo.

Hematoma en costado izquierdo.

¿Te duele al respirar?

Muy bien, cariño. Ya casi estamos.

Corte en hemitórax derecho.

Vale, levántala. Levantamos.

Muy bien, muy bien.

Me llamo Martín Barros.

Soy el inspector que lleva tu caso.

No quiero que tengas miedo.

El hombre que te ha hecho esto

no volverá a acercarse a ti.

No te preocupes, lo sé todo.

Sé que viste cómo Elías mató

a un hombre,

que te dejó encerrada en un sótano

en la masía de Héctor Castro

y esta mañana Pol

te ha sacado del zulo.

He llamado a tu padre.

Está a punto de llegar.

Le dejaré entrar.

¿De acuerdo?

Volveré más tarde.

Ana...

Ana...

(SOLLOZA)

No lo he podido evitar...

Cariño...

Ay...

Ana.

¿Qué te han hecho, Ana?

¿Qué te han hecho?

¿Ha sido Elías? ¿Eh?

Ha sido Elías, ¿verdad?

Ana...

¿Qué te pasa?

¡Enfermera!

¡Enfermera!

¡Enfermera!

(Sirena)

¿Cree que sería bueno

llevarla a casa?

Físicamente Ana está bien.

En el aspecto psicológico,

hay que tratar cada caso

de forma particular, pero sí,

es muy posible

que un entorno familiar

y conocido le ayuden.

De acuerdo.

Quiero llevármela.

Muy bien.

Le proporcionaremos

asistencia psicológica

estas próximas semanas.

Sé que es un momento delicado

y difícil,

pero tenemos que hablar con ella.

-Ha pasado por un gran estrés.

Lo que necesita Ana ahora es

un entorno sereno y seguro.

-Lo que le dará

más seguridad es saber

que quien le ha hecho esto

está encerrado.

Necesito una confesión.

Un nombre.

Déjeme intentarlo

y no volveré a molestarla.

Es muy pronto para hacerle revivir

todo lo que ha pasado.

Tenemos que darle más tiempo.

-No lo tenemos.

Señor Saura,

sin la declaración de Ana,

todo lo que tengo

es circunstancial.

Juan Elías saldrá libre en horas.

Nadie quiere más que yo que Elías

pague por lo que le ha hecho

a mi hija,

pero no pondré en riesgo su salud.

Escúcheme, entraré con usted.

Lo haremos con precaución,

muy lentamente.

Si es necesario,

que entre también la psicóloga,

pero tenemos que intentarlo.

-Dado el estado de salud de Ana,

usted es su tutor legal

y puede negarse.

Seguiremos las instrucciones

de los médicos

hasta que se recupere.

Mientras, mantenga usted

a Juan Elías encerrado.

No podemos.

Sí que puede.

¿Cómo puede estar tan tranquilo?

No sabe ni cómo está su hija.

-Sabe

que si Julieta estuviera muerta,

ya se lo habríamos dicho.

El caso está resuelto.

Ana Saura ha aparecido

y lo contará todo.

-Faltaban minutos para que

Escalante cumpliera su amenaza

y él parece tan tranquilo.

-Bueno, estuvo a punto

de derrumbarse,

iba a contarlo todo.

-O puede que fuera a inventarse

alguna cosa para ganar tiempo.

-Eso ahora da igual.

Tenemos a Ana y estamos rastreando

la zona donde apareció.

Le tenemos.

Juan Elías es, ante todo,

un hombre pragmático.

No se vendrá abajo,

a no ser que sepa que no tiene

ninguna posibilidad

de salir limpio de todo esto.

-Que posibilidad no tiene ninguna,

¿no?

-¿Puedes rebobinar el vídeo,

por favor?

Dele para atrás.

Ahí. Le entrega algo a su mujer.

¿Lo ve?

"Elías, Elías..."

No sé qué ocurre, pero no me gusta.

Llame a Barros, que la presione.

(SUSPIRA)

El sueño es una defensa natural

tras las situaciones traumáticas.

Los psicólogos hablaron con ella

antes de venir. Estaba bien.

Se alegrará mucho

de verla de nuevo.

(Móvil)

¿Pol?

¿Mamá? Estoy en el kilómetro 13

de la comarcal 502.

Llamaré a la Policía para que vayan

a buscarte, ¿de acuerdo?

No te muevas de ahí.

Vale.

Escucha, no hables con nadie.

Con nadie.

Te mandaré un abogado, ¿de acuerdo?

Vale, vale.

Pol.

¿Sí?

Te quiero, cariño.

Todo va a ir bien, ¿de acuerdo?

Mamá, acabo de escuchar

lo de Julieta por la radio.

Lo siento mucho. De verdad,

si lo hubiera sabido...

Cállate, cállate. Pol...

Tú no tienes la culpa de nada.

Julieta está bien.

Ya hablaremos luego.

Ahora haz lo que te he dicho.

No te muevas de ahí.

Y cuando llegue la Policía,

no hables con nadie

hasta que el abogado esté contigo.

¿Entendido?

Vale, vale.

Tengo que hablar con Barros.

Está arriba.

¿Aquí, en el hospital?

Han traído a Ana Saura.

Pol acaba de llamarme.

Está en el kilómetro 13,

en la comarcal 502.

Él no tiene la culpa de nada.

Es solo un niño.

Que lo traten con cuidado.

Pol Elías, está en la carretera

C-502, kilómetro 13.

Llevadlo a la comisaría.

No le esposéis.

¿Cómo está Ana?

Recuperándose.

Me dijiste

que Julieta estaba en peligro.

Cuando sabías

que ya estaba a salvo.

Tenía que forzar

a Elías a confesar.

¡Haberme pedido que le mintiera!

No lo habrías hecho.

Si hubiera estado en la comisaría,

te habría apartado de él

y te hubiera contado la verdad.

Pero no estaba allí,

no podía arriesgarme.

Está claro que no tienes ni idea

de lo que significa

temer por la vida de un hijo.

Primero encontré a Julieta

y después hice mi trabajo.

No. La encontramos Elías y yo.

Tú fuiste a buscarla.

Podría haberte encerrado

ahora mismo por encubrimiento.

Llegaste a tocar el cuerpo

de Ezequiel Cortés hasta la casa

de Heredia.

Si no se lo he contado

al juez Santos, es por Julieta.

Quiero que cuando despierte,

a quien vea sea a su madre.

No puedes demostrar

nada de lo que dije en tu despacho.

¿Por qué sigues

defendiendo a Elías?

Protejo a mis hijos por encima

de todo como haría cualquier madre.

Pero está claro

que tú no tienes ni idea

de lo que eso significa.

No conviertas esto en un reproche.

No es de mí

de quien estamos hablando.

Tenéis un problema muy gordo

y debes asumirlo ya.

Si crees que no soy consciente

de en qué punto nos encontramos,

es que no me conoces en absoluto.

¿Qué te dio Elías en la comisaría

cuando iba a declarar?

Joder, Alicia, estoy intentando

ayudaros a ti y a Pol,

pero tenéis que declarar

antes que lo haga Ana.

Todo lo que habéis hecho puedes

justificarlo por amenazas de Elías

y miedo a que le ocurriera

algo a Ana, incluso a lo de Pol.

Es ascendente de Elías

sobre él será un atenuante.

Pero tenéis que declarar ahora.

¿Has intentado hablar con Ana?

Dices que nos conviene declarar

antes de que ella hable.

Pero has ido

a verla a ella primero.

Sí.

Claro.

Hacías tu trabajo.

¿Qué haces aquí?

-Tenemos que ser rápidos,

Ana aún no ha declarado.

Vamos a coordinar tu defensa

y la de tu padre.

-Quiero hablar con mi madre.

¿Sí?

Dile a tu hijo que me envías tú.

Pol, es cierto, escúchala.

Vale, mamá.

-Gracias, Alicia, luego hablamos.

Tu madre me ha dicho

que Ana puede contar una versión

que os exculpe.

No confesarás nada hasta que hable.

Si Ana os inculpa, tu padre

te ayudará a minimizar la condena

y aun así,

te caerían tres años de cárcel.

Eres la última persona

que ha visto a Ana.

¿Qué crees que contará?

-No lo sé.

-Pol.

-Es que no lo sé.

-¡Pol! Es importante.

-Hubo un momento que fue como...

Como si se rompiera.

Estaba completamente desconectada.

Cuando la he dejado...

Es que ni me oía, ni me oía.

Tenerla en libertad allí delante.

Iba caminando como...

Como una zombi.

Le hemos hecho mucho daño.

Nos delatará.

Cariño, cuando estés vestida,

nos iremos a casa, ¿de acuerdo?

Señor Saura,

¿puede venir un momento?

Sí.

La iglesia lleva abandonada

30 años,

el equipo la encontró

rastreando la zona.

Estamos a unos cuatro kilómetros

de donde apareció Ana.

-Ya.

-Está todo lleno de huellas

de la chica.

De momento, son las únicas,

siguen buscando.

-Que sigan trabajando,

pero que nadie mueva nada

de donde está.

-Hay una gotera en esa zona,

pudo abastecerse de ella.

-¿Algún resto de comida?

-Solo un envoltorio de galletas

y restos de fruta.

Todas las puertas

estaban atrancadas.

Pudo escaparse por aquí

haciendo un agujero con una barra.

Están sus huellas.

-Es imposible que haya picado

eso en cuatro horas.

-Si Pol Elías la trajo aquí,

ese agujero ya estaba hecho.

-Acompáñeme.

Diego Farelo, se le debió caer.

Héctor Castro quiere cargarse

a Ezequiel Cortés

porque le está extorsionando

y contrata a Diego Farelo,

un empresario.

-Sí, un empresario, Diego Farelo.

Acusado de doble asesinato

y que desapareció

de la noche a la mañana.

Conozco el caso perfectamente.

-Se deduce que Ana fue testigo

del asesinato de Ezequiel

por parte de Farelo,

que este la trajo aquí

y que ella, tras 13 días encerrada,

ha conseguido escaparse

por el agujero.

-Todo esto

lo ha preparado Juan Elías.

Debe haber huellas suyas o de Pol,

que las busquen

y que las encuentren.

¿Julieta?

Está bien.

Barros la encontró,

la están cuidando en el hospital.

¿Escalante?

Muerto.

Perfecto.

Se ha tirado por la azotea

antes de que lo detuviesen.

¿Y Pol?

Está detenido, Alicia me ha llamado

para que lleve su defensa.

¿A ti?

Quiere que firmes esto.

Si Ana habla y todo se descubre,

protegerás a Pol,

declarando que has usado

tu influencia sobre él

para condicionarle, atenuantes.

Y por nuestra parte nos

garantizamos tener a Pol controlado

y que no pacte con la fiscalía

a nuestras espaldas.

Te he conseguido un buen trato,

fírmalo.

¿Has hablado con Pol?

Está aquí al lado.

No puede oírnos.

¿Qué cree Pol que va a contar Ana?

Que os delatará, pero está en shock

desde la liberación.

La última vez

que la vi estaba muy nerviosa,

pero no tanto

como para perder la cabeza.

Se lo está pensando.

Aún no ha decidido qué versión

va a contar, está ganando tiempo.

Si sales de esta,

renunciaré a los activos

de tu empresa que me firmaste.

¿Por qué?

Porque si te exculpan y sales,

no quiero tenerte como enemigo.

Dejé la fiscalía porque quiero

ser parte de tu bufete.

Ana puede contar la verdad.

Vas a oír mi versión.

He dejado un rastro

que lleva hasta el hombre

que contrató a Héctor Castro.

Como responsable del asesinato

de Ezequiel y su cautiverio.

Si Ana nos secunda,

no podrán acusarnos.

Y Ana se lo está pensando.

¿Qué podemos ofrecerle?

Nada.

Si miente, tendrá el control

absoluto sobre mí.

Ya sabe que lo tendrá todo,

es una cuestión emocional.

Y Ramón Saura es un problema.

Te odia y sabe que has sido tú.

Pero no quiere que su padre sufra.

Mientras Ramón siga vivo,

Ana no declarará a mi favor.

¿Quieres que le mate?

Sería práctico, sí.

Sí, mucho.

Mira donde estás

por matar a Ezequiel.

Puede que Ana

esté esperando que muera

para contar mi versión.

Le quedan semanas a Ramón.

Pero si aún no lo tiene claro,

que Ramón esté con ella

es peligroso.

Solo hay dos personas

capaces de decantar a Ana.

Ramón

y Alicia.

Alicia hará cualquier cosa

para que Pol no vaya a la cárcel.

Esperemos que no le proponga

un trato a Ana que me excluya.

¿Sigue pensando

que fuiste tú quien la atacó?

No lo sé, pero tú sigue trabajando

para demostrar que fue Santi Mur

quien la apuñaló.

Y asegúrate que sepa

que en el bufete estamos trabajando

para encontrar pruebas contra él.

Hay un vídeo que incrimina a Marc.

Señalémosle a él.

No.

Alicia conoce a Marc igual que yo

y sabe que es

demasiado cobarde para matarla.

Mi mejor argumento de inocencia

es insistir en que fue Santi Mur.

Tienes que conseguir una duda

razonable en la cabeza de Alicia.

Es jueza, arguméntale

como si fuera un juicio.

Soy inocente,

no puede ser tan complicado.

Cuando creas que lo has conseguido,

entonces dile que hable con Ana.

Acompáñeme.

Julieta.

Mamá.

Mi niña.

Sabía que me encontraríais.

Ya está, mi amor, ya está.

Mi niña.

¿Te encuentras bien?

¿Quieres que hablemos?

¿Y papá?

Papá sigue en comisaría.

Julieta, no pienses ahora en eso.

Si papá no ha hecho nada,

le soltarán.

Entonces no le viste.

No, no le vi.

Pero pensé que podría ser él

y tenía que protegeros.

Lo siento, mi amor.

¿A él no lo crees?

Escúchame, has pasado por algo

muy duro, mi amor.

Ahora tienes que concentrarte

en pensar en ti misma.

Mamá, papá te quiere mucho,

él no puede hacerte daño, yo lo sé.

Julieta...

Pol dijo que teníamos que cuidar

de vosotros. Y lo haré.

¿Dónde está?

Está cuidando de papá.

¿Lo ves?

¿Sabes qué?

¿Qué?

Tenías razón.

Ana está bien. Ha aparecido.

Lo sabía, lo sabía.

¿Dónde está?

Ana.

Ana, Ana.

Lo sabía, lo sabía.

Lo sabía.

Sabía que estabas viva, lo sabía.

No me quito tu chaqueta

desde que te fuiste.

Te echado tanto de menos.

He hecho una cosa

para que te buscasen.

¿Lo has visto?

Ana.

Ana tiene que descansar.

Ana...

Julieta.

Vamos.

Ya habrá tiempo de hablar con Ana

cuando se recupere.

Vamos, cariño.

Espera.

A mí me funcionaron.

Julieta.

Vámonos, hija.

Me alegro de verte, Martín.

-Hola, Silvia.

-¿Sabéis algo de Marc?

-No tardaremos en encontrarle.

-Es culpa mía. Fui yo

quien le dijo que se marchara.

Vi el vídeo

y tuve el instinto de protegerle.

Pero sé que él no fue.

Vio a Alicia en un charco de sangre

y se asustó.

-¿Y por qué no llamó

a una ambulancia?

-La Policía

no ha parado de insinuar

que él ha tenido al que ver

con la desaparición de Ana.

En la prensa lo han señalado

por lo del embarazo.

Por eso tiene miedo

de que lo acusen de un crimen

que él no ha cometido.

Tienes que ayudarnos.

-Tenía un móvil.

Cogió el disco duro

y ha desaparecido.

Ahora mismo Marc

es el principal sospechoso.

-¿Y Elías?

Alicia ha dicho que lo vio.

-Alicia ha cambiado su declaración.

No vio quién la apuñaló.

-Mi hermana

está protegiendo a Elías.

Para que Marc parezca culpable.

La conoces, Martín,

y sabes de lo que es capaz

por Elías.

-¿Cuándo viste el vídeo?

-Ayer.

-Y después de verlo

fuiste al hospital.

-Elías y yo nos turnamos

mientras Alicia estuvo allí.

-¿Dormiste allí?

-Veo que sigo importándote

muy poco.

Vengo a pedirte ayuda para mi hijo.

-Espera.

-El respirador artificial

que mantenía con vida a Alicia

no emitió ninguna señal durante

un minuto, justo ella despertó.

El hospital lo achaca

a un error informático.

-¿Y?

-Intentaste matar a tu hermana.

-Estás loco.

-Silvia.

-Ni Marc ni yo le haríamos

nunca daño a mi hermana.

-O era para proteger a Marc,

o era para protegerte a ti misma.

La desconectaste.

¿Dónde estabas

cuando la apuñalaron?

-En casa.

-¿Alguien puede confirmarlo?

-Ramón.

¿Vas a acusarme formalmente

o puedo irme?

-Hablaré de esto con Alicia.

A ver qué piensa ella.

-Alicia está aquí.

Tal y como quedó todo de sangre,

es imposible que no te mancharas.

¿Qué hiciste?

-Cogí algo de la casa.

¿Un chubasquero?

-Arriesgado.

Y los Elías no echaron en falta

nada en el registro.

-Tal vez lavó la ropa.

-Es imposible eliminar

las partículas de sangre.

-Me desnudo.

-Hazlo.

Te quitas los zapatos,

pero no los calcetines.

No quieres dejar huellas.

El jersey...

y los pantalones.

Y entras.

Vale, para.

Es el informe forense.

Lee.

(LEE) "El agresor atacó por detrás

y le asestó la primera puñalada

a la víctima

en el omoplato derecho."

-Eh.

-El agresor le asestó la primera

puñalada en el omoplato derecho.

Ah...

"A consecuencia de la herida,

la víctima cae de rodillas

e intenta incorporarse de nuevo.

En ese momento el agresor le asesta

una segunda puñalada

en la clavícula derecha."

¡Ah!

"A consecuencia

de esta segunda puñalada,

Alicia Castro cae al suelo

e intenta desplazarse

arrastrándose.

Llega hasta el cristal

de la ventana.

Y cuando intenta apoyarse

para levantarse,

recibe la tercera

y la cuarta puñalada,

ambas en el costado derecho,

en la cintura y en las costillas."

-A pesar de los cuatro impactos,

la víctima

sigue luchando por escapar.

Consigue ponerse de nuevo a gatas.

Entonces recibe la quinta puñalada,

esta vez en la zona lumbar.

A consecuencia de esta puñalada,

la víctima pierde la conciencia

y cae bocarriba.

Entonces, el agresor

le asesta dos puñaladas más.

En el abdomen.

En ningún momento hay una evidencia

de que la víctima

estableciera contacto visual

con el agresor.

Estás en ropa interior

y manchada de sangre.

¿Qué haces?

-No puedo vestirme con la ropa que

llevaba o la mancharía de sangre.

Pero tampoco puedo ir desnudo.

Elías pudo ir con cuidado

de no manchar nada hasta la ducha.

Y limpiarse.

Hay huellas suyas por toda la casa.

Sin embargo, no hay ninguna

de Santi en el piso de arriba.

Y no pudo volver así a casa

sin que nadie se diera cuenta.

Sí, sí hay una manera.

Alguien que le ayudara,

alguien que le trajera ropa

o le llevara en coche.

Un cómplice.

¿Has montado

todo este circo para mí?

Fuera.

¿Eso es todo lo que tienes?

Es un crimen visceral.

Quien lo hizo se ensañó contigo.

Elías nunca lo hubiera hecho así.

Sí.

Para que pienses exactamente eso.

Ni por una buena coartada, Elías

te daría un muerte tan violenta.

Te quiere, Alicia.

¿Marta Hess usando el amor

como argumento?

No tienes nada.

Bueno, tenía unos poderes firmados

que me hacían propietaria

de este edificio.

Pero he renunciado a ellos

por defenderle.

Yo le creo de verdad.

Muy bien.

Entonces tienes tu ingenuidad.

Pero con eso no ganarás un juicio.

Presunción de inocencia, jueza.

Yo necesito pruebas.

No hay nada que le inculpe.

Eres tú quien tiene que demostrar

que fue él.

Si no, tu convicción

de que fue Elías quien te apuñaló,

es puramente emocional.

Estoy perfectamente lúcida.

Vamos, Alicia, piénsalo.

Conociendo todos los datos

que conoces,

si tú fueras la jueza de este caso,

no aceptarías nunca el testimonio

de la esposa implicada.

Cuyo marido y acusado la abandonó

por una examante el día anterior.

Eso no tiene nada que ver.

Volvió a mí

en cuanto recuperó la memoria.

Sí, pero sin memoria,

solo con las emociones,

Elías la escogió a ella.

Y eso te impide verle como antes.

Has perdido la confianza.

Y por eso

le crees capaz de apuñalarte.

Es un buen argumento.

Para desestimarme

como testigo en un juicio.

No vas a convencerme sin pruebas.

No tiene coartada.

Tenía un móvil y estaba allí.

Ahora mismo es tan sospechoso

como Marc o Santi.

Vale.

Me conformo con la duda razonable.

Tienes que hablar con Ana

y asegurarte de que no acusen

a Elías ni a Pol.

Claro,

para eso intentas convencerme.

¿Y tú quieres que te convenza?

Por eso ha dejado a Julieta sola

en el hospital

en cuanto te he llamado.

Está durmiendo.

Vamos, Alicia, supón por un momento

que no fue Elías

quien intentó matarte.

Ana está fuera, como te dijo.

Todo podría volver a ser

como antes.

¿De verdad dejarías

que fuera a la cárcel?

Soy la esposa abandonada.

He perdido la confianza.

¿No, abogada?

Habla con Ana.

Fue Santi quien te atacó.

Y tuvo un cómplice.

¿Sí? ¿Quién?

(RADIO) "Pero por las informaciones

que nos llegan de los testigos

que le encontraron,

la joven estaba muy desmejorada."

¿Lo tienes?

Querían hacerme esperar dos días

para la factura.

Estaba flipando.

La última llamada coincide,

más o menos, con el apuñalamiento.

¿Conoces el número?

Eva, yo quiero mucho a Santi, pero

todo esto que está pasando no...

De verdad,

no creo que él atacara a Alicia.

Lo sé, Lola.

Solo vamos a averiguar de quién es

el teléfono, ¿de acuerdo?

¿Qué vas a decir?

(Tono de llamada)

-¿Dígame?

Buenas tardes.

Mi nombre es Sara Casado

y soy la nueva directora

de su sucursal.

Perdone que le moleste,

pero le llamaba para recordarle

que mañana termina el plazo

de su crédito.

Lo siento, se equivoca.

Tengo sus datos delante

y este es el teléfono

que me aparece en su ficha.

¿Es usted el titular de la línea?

¿Disculpe?

Si no abona el importe

de 7.000 euros,

tendremos que retenerle la cuenta.

Yo no tengo ningún crédito.

¿De qué entidad llama?

Es usted el señor Víctor Martos,

¿verdad?

No. Soy César.

César Mur.

-El padre de Santi.

-¿Oiga?

¿Quieres que me quede contigo?

Estaré en mi habitación,

¿de acuerdo?

Luego pasaré a verte.

(HABLAN A LA VEZ)

(Timbre)

(Ladridos)

Hola.

Hola.

¿Vive aquí César Mur?

¿Qué quieren?

Soy Eva Durán, la abogada de Santi,

el hijo de César.

Me gustaría hablar con él.

-Santi.

-Entrad.

Papá.

Esta es Eva Durán, mi abogada.

Y ella, mi amiga Lola.

-Bienvenidas.

Santi me ha hablado de ti.

Me alegra

que haya tenido a alguien con él.

Sus padres

nunca hemos estado a la altura.

Sentaos, por favor.

-Cuando encontré

el móvil de Charry,

supuse

que no tardaríais en venir aquí.

¿Llamaste tú a tu padre?

¿Por qué?

Reyes,

¿nos puedes dejar solos, por favor?

-Claro, cariño.

Cuando fui a casa de Alicia

con el cuchillo en el bolsillo

y me encontré con Elías,

me di cuenta de la locura

que estaba a punto de hacer

y necesitaba hablar con él.

No sabía nada de lo de Charry,

¿vale?

-Hacía seis años

que mis hijos no me llamaban

ni yo a ellos.

Nunca me lo perdonaré, Santi.

-Papá,

cuéntales lo que necesitan saber

y ya está, ¿vale?

-Es que cuando vi

el nombre de Charry

en el teléfono, creí...

Pero ya estaba muerta.

-Papá...

-Me dijo que había muerto

y poco más.

-Solo hablamos un par de minutos.

-Señor.

Señor, la señora está aquí.

-Dijiste que estaba

en el comedor social.

-Una vecina me ha avisado.

-¿Qué hace aquí?

-Se presentó por sorpresa, cariño.

-¿Ya no te acuerdas

de lo que nos hizo?

Nos ha costado mucho recuperarnos.

-De eso hace seis años.

-Seis años.

Retiraste la denuncia

y no ha llamado una sola vez

en seis años.

¿Y estas quiénes son?

-Vámonos.

-Santi.

-Así es mejor, cariño.

Nos haría daño.

Llevo tu defensa, Santi.

Tú me lo pediste

y la única condición que te puse

fue que no me mintieras.

Así que o me contestas ahora mismo

o ya puedes irte buscando

a otro abogado.

No paraba de recibir mensajes

de pésame de gente

que ni conocía a Charry

diciéndome lo cojonuda que era.

Estaba harto

de esos mensajes hipócritas

y dejé mi móvil en casa.

¿Y el móvil de Charry?

Me lo dieron en el hospital

cuando murió

y seguía en el bolsillo

de mi chaqueta.

Cuando quise hablar con mi padre,

me acordé que lo tenía allí.

¿Y por qué no me contaste

lo de la llamada?

Por mantenerles al margen.

No quería

tener que volver a ver a mi madre.

¿Por qué?

Cuando nació Charry,

el parto se complicó

y mi madre

ya no pudo tener más hijos

y se amargó.

Se frustró la vida

que había planeado,

pero se repuso

y centró todas sus expectativas

en nosotros.

A medida que Charry se hizo mayor,

nos fuimos dando cuenta

que le gustaban las chicas.

Mi madre no lo asumió nunca.

Cada vez se alejaba más de ella.

Solo hablaba conmigo.

Se obsesionó en que yo tenía

que escribir con la derecha.

Decía que era una desviación

como lo de Charry.

Sí, soy ambidiestro.

Otra cosa que no te había contado.

Mi madre me ataba la mano izquierda

a la espalda

para que escribiera con la derecha.

Una imagen muy familiar.

Crecimos en un clima de mierda.

Durante la adolescencia

Charry y yo nos fuimos distanciando

cada vez más de mi madre,

hasta que un día

la descubrió con una novia

y se volvió loca.

Sacó toda la rabia que tenía

y la echó a patadas.

En medio de la calle,

delante de todos los vecinos,

le gritaba como ida.

¿Y tu padre?

Ya le has visto.

Mi padre tiene miedo

a quedarse solo.

Mi madre le domina.

Iba tras ella sin saber qué decir.

Yo salí de la casa

y fui a por mi madre.

Al verlo, él se puso en medio

y acabé pegándole un puñetazo

por rabia.

Supongo que odiaba su pasividad

de todos esos años.

Le rompí la nariz

y me llevé a Charry de allí.

Ya no volvimos nunca.

Mis padres pusieron una denuncia

y luego la sacaron.

Siento haberte mentido.

-Entra luz por una rendija

de la ventana.

Sabe que estamos aquí

y nos desafía.

¿Alguna novedad?

-Ni Pol, ni Elías, ni Alicia van

a hablar hasta que Ana lo haga.

-¿Cómo piensa que terminará esto?

-Si Pol no ha confesado,

es porque confía en que Ana cuente

la versión

que inculpa a Héctor Castro.

-¿Y por qué Ana

iba a proteger a Juan Elías?

-Puede ofrecerle cualquier cosa.

-No, no va a protegerle.

Ya ha visto lo que hizo con ella.

-Puede que Ana no esté tan mal

como quiere hacernos creer.

-¿Lo está diciendo en serio?

-Cada vez más.

-¿Por qué iba a fingir el shock?

Podría haber inculpado

a Héctor Castro

cuando le tomó declaración

en el hospital.

-¿Y si tiene dudas?

-No, no, no, no.

No, no.

Ese tío ha secuestrado a Ana Saura

durante dos semanas.

-Infravaloras lo pragmáticas

que pueden llegar a ser

algunas personas.

-Tenemos que ponernos en marcha ya.

-¿Qué le dio Elías a Alicia

antes de la rueda de prensa?

Quizá era un mensaje, algo de esto.

Vamos.

(Periodistas)

Alicia, ¿podemos hablar?

No puedes fumar estando así.

¿Qué te dio Elías

antes de la rueda de prensa?

Mi anillo de boda.

Lo unido permanece.

Era nuestra...

Ya,

pero Elías pensó que tenía

más sentido entre nosotros dos.

Es retorcido, pero funciona.

Ahora solo lo asocio al equipo

que he hecho con él.

Puede que te haya apuñalado o no,

pero tú crees

que Elías es capaz de hacerlo.

No permitas que salga libre

y se quede con tus hijos

con esa duda.

¡Pues demuestra que fue él!

¡No estoy seguro de poder hacerlo,

Alicia!

No tenemos nada.

Intento protegerte,

pero no me dejas.

Ayúdame a encerrarlo por lo de Ana.

Si me besas, te arranco la lengua.

No voy a firmar esa declaración.

No es una declaración.

Es un informe del hospital

que explica cómo despertaste.

Dice que hubo un error informático

justo antes de que despertaras.

Tu hermana Silvia estaba allí

en ese momento

y ya había visto el vídeo de Marc

entrando en tu casa.

Pensó que si despertabas,

delatarías a Marc.

Intentó matarte, Alicia.

-Ramón.

Tu presencia aquí

no creo que ayude, Ana.

¿Cómo?

¿Necesita que yo me ocupe...?

No.

Ha llamado el inspector Barros.

Quería saber si estábamos juntos

cuando apuñalaron a Alicia.

Estábamos aquí.

No.

Yo estaba arriba, descansando.

Yo no bajé.

No te vi en toda la tarde.

Ramón...

(Timbre)

No abras.

Creo que es mi hermana

y no quiero hablar con ella.

¿Sí?

-Buenas noches, señor Saura.

¿Puedo pasar?

¿Viene a hablar del apuñalamiento

de Alicia o de Ana?

Me gustaría hablar con su hija.

Mi hija no está bien

y no va a hablar ni con usted

ni con nadie.

Ya.

Puede que... Ana esté dudando.

¿Qué?

Usted y yo sabemos perfectamente

que Juan Elías es el responsable

del secuestro de Ana,

pero ha ido dejando pistas

que apuntan en otra dirección

y temo que Ana esté fingiendo

su estado para ganar tiempo

porque aún no sabe

qué versión va a secundar.

Mi hija acaba de sufrir

un ataque de ansiedad.

Ya lo sé, y es posible que...

Y no hablará

hasta que sea el momento.

Y ahora váyase, por favor.

Señor Saura,

llevo buscando a su hija

desde el día en que desapareció.

Fui yo quien descubrió

dónde la tenía Juan Elías y estoy

totalmente implicado en este caso.

Solo quiero estar seguro

de que no se nos escapa nada.

Hable con su hija, por favor.

Ayúdela

a tomar la decisión correcta.

¿Estás mejor?

Había mucha gente buscándote, Ana.

No te puedes ni imaginar cuánta.

Toda la universidad estaba volcada.

(SUSPIRA)

Estos días sin ti

he entendido muchas cosas.

Cuando murió mamá,

yo intenté estar a tu lado,

protegerte.

Sentía que me necesitabas

y me agarré a eso

para seguir adelante.

Y eso he estado haciendo

todos estos años

sin darme cuenta de que en realidad

quien me protegía eras tú.

El que te necesitaba era yo.

Sé que eres fuerte, Ana.

Superaste lo de mamá mejor que yo

y superarás lo que venga.

No me queda mucho tiempo

y no podré verlo,

pero estoy seguro

de que estaré muy orgulloso

de la persona

en la que te convertirás.

Tuvo que elegir

entre su hijo y su hermana

y al final decidió salvarle a él.

Es normal.

No es normal, Alicia.

La gente normal no hace esas cosas.

No tiene cadáveres a un lado

y protege a un asesino.

¿Vas a darme lecciones de moral?

No soy tu enemigo, Alicia.

No puedes seguir

protegiendo a Elías.

-¿Mamá?

Julieta, estoy aquí, mi amor.

-Hola, Julieta.

Julieta...

-Gracias.

-Solo hice mi trabajo.

-Sara, una amiga mía,

dice que todos tenemos

un ángel de la guarda.

Tú eres el mío.

-Qué responsabilidad.

Me alegro mucho de que estés bien.

Ahora debo irme.

Vamos, a la cama.

Anda, venga.

A dormir.

Vamos a conseguir

unas buenas condiciones para Pol.

Una reclusión de dos años,

como mucho,

en una cárcel controlada.

A ti te cubriré con lo de Ezequiel.

Nadie puede demostrar

que moviste el cadáver.

Julieta no puede quedarse sola.

Tienes que conseguir que Pol firme.

No voy a dejar

que Pol vaya a la cárcel.

Hablaré con Ana.

Le diré que acuse a Elías

y nos deje a Pol y a mí fuera.

Es lista, sabrá hacerlo.

Pero tú tendrás que ayudarme

con un informe policial

que apoye la estrategia.

-Ana.

Lo siento.

Lo siento.

Siento la pelea

que tuvimos aquella noche.

Siento

no haberte cogido la llamada.

Lo siento, lo siento, lo siento.

Ana, te quiero,

pero me conformo

con ser tu hermano

y no te voy a volver a fallar.

No te voy a volver a fallar.

Al entrar en la casa

me manché con la sangre de Alicia.

Luego,

mi madre vio la camiseta manchada

y me hice el corte para que pensara

que la sangre era mía.

Yo no fui.

Fue Elías.

Vi su coche.

Me crucé con él yendo por allí.

Y era bastante más tarde de la hora

en que se encontró con Santi.

Cuando lo vi no sabía

que era su coche.

Pero acabo de verlo en la tele.

Era el 4X4 azul que lleva ahora.

-O sea que no sabías

que era el coche de Elías,

pero lo guardaste en la memoria.

Ya. ¿Cuál es el último coche

con el que te has cruzado

antes de entrar en comisaría?

-No lo sé.

Solo sé que era el coche de Elías.

(Puerta)

-¿Lo ve?

-No.

-Ese momento de la grabación

es de 15 minutos antes

de que Marc Castro

llegara a la casa.

Ahí, abajo, en la esquina,

a la derecha.

-Vuelve a ponerlo.

-Hay alguien más.

-¿No podría ser un reflejo

de la propia Alicia?

-No. No, no, imposible.

En ese momento Alicia

estaba en la cocina.

Puede que Marc tenga razón.

Y cuando él llegó

ya la hubieran apuñalado.

-Fuiste tú.

¿A qué hora traen el desayuno?

Marc vio tu coche

y hemos encontrado un reflejo

en una de las cámaras.

Había alguien más en esa casa.

Claro que lo había.

Santi Mur.

Alicia hablará con Ana

para que confiese

que tú la has tenido secuestrada.

No tenemos nada

contra ella ni contra Pol.

Pero a ti vamos a encerrarte.

¿Ah, sí?

Y si lo tienes todo tan bien atado,

¿por qué vienes a hablar conmigo?

Es un gusto que me doy.

No vas a quedarte con mi mujer.

No va de esto.

Has matado a un hombre,

secuestrado a tu sobrina

y apuñalado a tu esposa.

Vas a ir a la cárcel.

Y Alicia

hará lo que quiera con su vida.

No es tuya.

Veo que todavía no has superado

que te dejara, ¿verdad?

¿Fue eso lo que te dijo?

Fui yo quien se marchó.

Ya lo sé, ya.

Una retirada a tiempo.

Pero esta vez no voy a irme.

Veremos qué ocurre

cuando estés encerrado.

¿Lo ves? Toda esa manía

persecutoria conmigo es por ella.

Claro, que seas un asesino

no tiene nada que ver.

-Marc Castro y Santi Mur no

coincidieron nunca en ninguna clase

y tampoco parece

que tengan amigos en común.

Marc sí que conocía a Charry,

pero tampoco...

-Señora Hess,

¿puede venir un momento?

-No.

-Creo que es importante.

-¿Quién es usted?

-Marta Hess. ¿Qué pasa?

-La abogada de Santi estuvo en casa

y no es usted. Me mintió.

-Sí, te mentí.

Llevo la defensa de Juan Elías,

el otro sospechoso del caso.

¿Qué quieres?

-No quiero que los señores se

enteren de que se lo he contado yo.

Por eso vengo a usted

y no a la abogada de Santi.

-Estás en el lugar correcto.

Cuéntame.

-Yo nunca entendí por qué la señora

echó de casa a sus hijos.

Mi Dios cree que eso no está bien.

Y ahora Santiago

tiene problemas con la justicia.

Porque creen

que apuñaló a esa jueza.

Mire, se lo voy a contar a usted,

pero no hablaré en ningún juicio.

-Te estás pasando con el suspense.

-El señor Mur,

el padre de Santiago,

va todos los días a misa de dos.

Yo llevo sirviendo en su casa

22 años y jamás ha faltado.

Bueno, lo sé

porque yo también voy a esa misa.

Pero ese día,

el día que apuñalaron a la jueza,

el señor no fue.

Al día siguiente le pregunté

qué había pasado.

Y se puso muy raro, muy nervioso.

Y me pidió que no se lo dijera

nunca a nadie.

Oiga, no irá a decirle

que se lo he dicho yo, ¿verdad?

-Ya veremos.

¿Barros? Tengo algo.

-Hagan lo que tengan que hacer.

No puedo ofrecerles

nada que no sea agua.

-¿Qué está pasando?

-Queremos hacerle

un par de preguntas.

Inspector Barros.

Si sus hombres me rompen algo,

voy a denunciarles.

-Señor Mur, ¿podría decirme

dónde estaba el día 17

a las dos de la tarde?

-En misa.

-Si no le importa,

se lo he preguntado a su marido.

-Todos los días voy a misa de dos.

-Es un buen creyente.

De hecho, ese día fue a misa de dos

y me acompañó

luego a misa de siete.

-Si fue a misa de siete,

es que no había ido a misa de dos.

¿Dónde estaba?

-Reyes, ¿eso es verdad?

¿No fue a misa de dos?

-No lo sé, señora, yo no le vi.

-¿Y dónde estabas?

¿Por qué no fuiste a misa?

-Hemos encontrado algo ahí,

en los geranios.

La hoja es de 18 centímetros

de largo y 2,5 de ancho.

Es solo una citación sin arresto.

Tranquilízate.

Papá.

¿Qué hace él aquí?

Siéntate, Santi.

Siéntese, por favor.

No tiene la obligación

de declarar sin un abogado.

Si quiere, puedo ayudarle.

Perfecto.

El mismo día

que apuñalaron a Alicia Castro,

llamaste desde el móvil

de tu hermana a tu padre.

¿Qué le dijiste?

-¿Se lo has dicho?

No. Esa llamada

no era relevante para el caso.

Si así hubiera sido,

le habría informado.

Te dije que no dijeras nada.

Mi madre se va a enterar de todo.

-Tu madre ya lo sabe todo.

¿Qué le dijiste a tu padre, Santi?

No pasa nada, contesta.

Le dije que Charry había muerto.

-¿Y qué más?

-Estuvimos hablando.

¿Qué está buscando?

¿Por qué está mi padre aquí?

-Hemos encontrado el arma

del crimen en su casa.

-Me dijo que la jueza Castro

era la responsable

de la muerte de mi hija.

-¡Papá!

-Me dijo que había estado a punto

de cometer una locura.

Lo tranquilicé...

como pude.

Y...

Le dije que se fuera a su casa.

Carla había muerto y yo...

-Papá, ¿qué dices?

-Al colgar investigué...

dónde vivía Alicia Castro.

Cogí el coche

y fui a casa de los Elías.

Encontré la casa.

Salté la valla

y me torcí el tobillo.

Esa jueza...

estaba de pie en el comedor.

Me acerqué por detrás...

y la apuñalé.

No recuerdo bien cuántas veces.

Pero no paré hasta que se quedó

quieta en el suelo.

-Bien. Venga conmigo.

-Papá, ¿qué has hecho?

Papá, ¿qué has hecho?

¿Qué?

-Enloquecí con las sospechas

sobre Marc.

Pero yo te quiero, Ramón.

Ahora que Ana por fin ha vuelto,

creo que podemos arreglar esto.

Ramón.

(Timbre)

(Timbre)

Tengo que hablar con Ana.

Ramón no quiere

que hable con nadie.

Pues entonces

hablaré primero con él.

Alicia, lo siento, no puedes pasar.

No...

¿Has llamado a alguien?

No.

Acaba de pasar.

¿Y por qué no me lo has contado

en cuanto he entrado?

Estaba en shock.

Solo he cogido lo que es mío.

Has dejado pruebas

por todas partes,

como cuando

intentaste desconectarme.

Has hablado con Barros.

Está mintiendo.

Yo no te haría daño.

No puedes pensar eso de mí, Alicia.

Soy tu hermana, no podría jamás.

Es cierto que vi el vídeo,

pero Marc nunca pensé

que te hubiera atacado,

le conozco.

Se ha entregado a la Policía,

él no fue.

Siempre lo supe.

Yo te quiero.

Querías proteger a Marc

y querías que yo no despertara.

Alicia...

Reconócelo.

Yo habría hecho lo mismo.

Entre tú y mis hijos,

siempre elegiré a mis hijos.

Yo no...

¡Basta de lloriquear!

Respeto que tuvieras el valor

de hacer lo que hacía falta.

Quítate la máscara de víctima.

Sé quién realmente es.

Es hora de hacerse mayor, Silvia.

Lo hiciste tú, reconócelo.

Fui yo.

Bien.

Ahora recoge los restos

que has dejado por todo el salón.

Cuando acabes,

esperas cinco minutos

y entonces subes a hablar con Ana

y decirle lo de Ramón.

Yo estaré con ella.

¿Vas a denunciarme?

No seas ridícula.

Eres mi hermana.

El mando.

¿Qué?

Sube el volumen.

"Fuentes policiales

han confirmado que César Mur,

padre de uno de los investigados,

ha confesado ser el autor material

del apuñalamiento

a la jueza Alicia Castro.

Tras las críticas recibidas

por la falta de información

sobre el caso, el portavoz

de la Policía ha declarado

que siempre han estado seguros

sobre la línea de investigación

y que el hermetismo alrededor..."

Hola.

He visto tu señal.

Los brazos en cruz,

como cuando jugábamos al Diplomacy.

¿Quieres negociar?

Aquí estoy. Hablemos.

Vamos a ahorrarnos

todo lo que ya sabes.

Siento

no haber podido ayudarte antes.

Sabes que lo intenté.

Y siento el horror

por el que has tenido que pasar

por culpa de Elías.

¿Qué quieres saber?

¿Qué pasó con Charry?

Tú la conocías mejor que nadie.

Era frágil. Se suicidó.

¿La amenazaste?

Sí.

Protegía a mi familia.

Vamos, Ana, estás enfadada

por todo lo que te ha pasado

y encima sales y te encuentras

con que Charry ha muerto

y tu padre tiene cáncer.

Entiendo

que quieras descargar tu rabia

contra bien, pero tienes

que controlar tus sentimientos

y usar la cabeza.

Charry se suicidó

y tu padre tiene cáncer,

nosotros

no tenemos la culpa de eso.

Voy a compensarte

el resto de tu vida

por lo que has pasado.

Quiero

todo lo que me prometió Elías:

socia del bufete

y apoyo total en mi carrera.

Lo tendrás.

Tendrás todo lo que quieras.

Dependemos de ti.

Espero que cuando entiendas

que somos tu familia

podamos estar tranquilos todos.

Pero eso ya lo sabías.

¿Para qué querías hablar conmigo?

Quiero a Elías en la cárcel

y que tú me garantices todo eso.

Si lo piensas fríamente,

Elías no tenía opciones.

Él más que nadie

ha hecho lo imposible

por sacarte de ese agujero;

si no, ya estarías muerta.

Tú no tienes ni puta idea

de lo que he pasado, Alicia.

Sí, sí lo sé.

No, no lo sabes.

Lo sé, claro que lo sé,

pero no puedes dejarte llevar

por tus emociones.

¿Por qué, Alicia? ¿Por qué?

Porque no es práctico.

¿Y qué?

Que te arrepentirás.

¿Me estás amenazando?

No. No, Ana, no.

Piénsalo, en cuanto le denuncies,

habrás perdido

el poder que tenías sobre él.

Elías

no es de los que van a la cárcel

para trabajar en las cocinas.

Irá a por ti, encontrará la manera.

Tendrás su sombra a tu espalda

el resto de tu vida.

¿Estás segura?

¿Eso es lo que quieres?

Ana, tu padre.

¡No, no!

Papá.

No puede ser.

Vi cómo disparaba

a Ezequiel Cortés.

Cargó el cuerpo en el maletero

y condujo durante un buen rato.

Yo estaba sentada en el suelo

de los asientos de atrás.

Estaba aterrorizada.

Llegamos hasta un bosque

y él sacó el cuerpo

para enterrarlo entre los árboles.

Yo intenté huir, pero me vio.

Corrió hasta mí, me alcanzó

y me golpeó con una pala

en la cabeza.

Me desperté

en el sótano de Héctor Castro.

Estuve 13 días encerrada,

los 13 días más horribles

de mi vida.

Fue Juan Elías,

él mató a Ezequiel Cortés

y me secuestró a mí.

Tomar las riendas

implica un riesgo,

nos aleja de lo familiar,

de lo cómodo,

nos obliga

a ver con nuestros propios ojos,

a ser críticos

con lo que nos rodea.

Es el conocimiento de uno mismo,

la pérdida de la virginidad,

de la inocencia.

Y una vez

hayáis atravesado esa línea,

ya nada volverá a ser lo mismo.

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