All language subtitles for Nadie oyo gritar (1973).es

af Afrikaans Download
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French Download
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German Download
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal) Download
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish Download
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

- I want to buy something. - All right.

- I'll see you here in two hours. - Yes, madam.

Good-bye.

Please, I'll leave the pack here.

And take me directly to the airport.

Very well, madam.

Faltan dos horas para que salga mi avión.

Elisa, siempre con prisas.

Es lo convenido, ¿no?

Esta mañana he hecho la transferencia a tu banco de Madrid.

Me encanta tu puntualidad y delicadeza al hablarme de estas cosas.

A lo mejor algún día acabo enamorándome de ti.

Vamos, vamos.

Tampoco es necesario llegar a esos extremos.

Me conformo con que sigas viniendo una vez al mes

a pasar un fin de semana.

Toma. Tu billete

para el mes que viene.

Atención. Iberia comunica

que el vuelo 342 con destino Londres

tiene 2 horas de retraso por causas técnicas.

Gracias.

Attention, please.

Iberia flight 342 to London

will be delayed two hours for technical reason. Thank you.

Buenas tardes, usted dirá, señora.

Buenas tardes. Quiero anular mi billete para el vuelo de Londres.

Por favor, que me devuelvan el equipaje.

Es posible que el retraso no sea tan grande.

Tal vez dentro de una hora puedan despegar.

De todas formas he decidido no ir.

Como usted desee, señora. ¿Me da el billete?

Gracias.

Vaya, creí que estaba usted de viaje, señorita Elisa.

He pensado no salir este fin de semana.

¿Cómo?

Que he pensado no salir este fin de semana fuera.

Ah, que se va usted la próxima semana.

He visto que lleva una maleta en el asiento trasero del coche.

¿Quiere que se la suba?

No. Quién sabe, a lo mejor de repente decido marcharme.

Ah, ¿que va a marcharse?

Bueno, bueno. Yo creí que se iba la semana que viene.

¿Cuándo viene su mujer del pueblo?

El lunes. El lunes llegan los nuevos inquilinos.

El apartamento tercero C se ha vendido.

- Así no estarán ustedes tan solos. - Me alegro.

Estas casas recién construidas y solitarias deprimen mucho.

Sí, sí. Parece muy buena gente. Son unos señores muy finos.

Bueno, bueno, hasta mañana.

Ya sabe, si necesita algo, me avisa.

Basta con que me dé una llamadita.

Hola.

Buenas noches.

Creí que estaba pasando el fin de semana fuera.

No salgo en esta ocasión. ¿Se ha estropeado algo?

Esta puerta se atranca a veces

y algún día alguien puede quedarse encerrado dentro.

Pues tenga cuidado.

Bueno, juego con ventaja.

Si estropeo este siempre queda el que ha utilizado usted.

Adiós.

Vamos, Miguel, deja de jugar con el ascensor.

Se nos va a ser tarde para salir.

Buenas noches.

- Buenas noches. - Buenas noches.

- Internacional. - Oiga, señorita.

Dígame.

Por favor, póngame con Londres.

- ¿Qué numero? - 7141121.

- Dígame el suyo por favor. - El 2797333.

- Le avisaremos. - Bien, espero.

¿Hallo?

Soy… soy Elisa.

¡Elisa! ¿Estás en Londres?

Acabo de llamar y me han dicho que tu avión traía retraso.

Verás… es que no voy a ir.

¿Que no vas a venir? Pero si habíamos quedado…

Ya lo sé. Pero no voy.

Eso no es serio.

Aunque tengas algo que te interese más yo ya tenía hechos mis planes.

Lo siento.

Te advierto que tardaré en regresar a Madrid.

Tendré que continuar todavía bastante tiempo en Londres.

También quería hablarte de eso.

Cuando regreses no me llames.

¿Existe alguna razón?

No, ninguna razón que yo sepa explicarte.

Ha sido una decisión repentina, ¿comprendes?

Pero…

No tiene importancia, Óscar. De verdad, ninguna importancia.

Escúchame, Elisa, no debes olvidar…

¡Oiga! ¿Me oye? ¿Me oye?

Sé que está al otro lado de la puerta.

Escuche. Tenemos que hablar.

Es preciso que hablemos.

No está actuando bien. Es inútil que se encierre.

Completamente inútil. ¿Me escucha?

Encontraré la manera de que podamos hablar.

¿Me oye?

Estoy seguro que encontraré la manera de que podamos hablar.

Oiga por favor. Debe escucharme.

Lo que he hecho no es tan horrible como usted piensa.

Es posible que usted acabe comprendiéndolo todo

cuando haya tenido ocasión de explicarle.

Ábrame la puerta.

Yo no tengo nada contra usted.

Y por otro lado creo que el diálogo es la única solución viable.

Sería absurdo que usted tratase de negarme la entrada a su apartamento.

Acabaría entrando de todas formas.

Estamos prácticamente solos en todo el edificio.

Por el momento su apartamento y el mío son las únicas viviendas habitadas.

El resto son oficinas y hoy es sábado.

¿Se da cuenta?

Los edificios de reciente construcción tienen grandes ventajas.

Pero ya ve.

En ocasiones también tienen sus inconvenientes.

Claro que supongo que usted será razonable. ¿Verdad?

¿Está usted ahí? ¿Pero no me oye?

Por favor, respóndame.

Oiga.

¡Oiga!

Me alegro que haya abierto.

Hubiera sido una pena tener que romper el cristal.

En este barrio cuando se rompe algo tardan mucho en venir a repararlo.

¿Qué va a hacer conmigo?

Eso es algo que me he estado preguntando

desde que la vi a usted en el vestíbulo.

Tiene usted buen whisky… realmente bueno.

En la vida real se imponen las mismas soluciones que en las novelas.

Suprimir al testigo.

Piensa matarme, ¿no?

Pues en un principio sí lo pensé.

Pero acumular dos cadáveres iba a ser excesivo, ¿no le parece?

Bueno… Hay una solución.

¿Cuál?

Que esté usted involucrada en todo lo que yo haga de ahora en adelante

usted me va a ayudar a hacer desaparecer el cadáver de mi esposa.

He llegado a la conclusión

de que simular un accidente en el ascensor

iba a ser un tanto ingenuo.

En cambio, si no hay un cadáver no hay asesinato.

Bueno, y si por un fallo imprevisible

la policía llegase a descubrir el crimen

usted pasaría por ser un cómplice mío. ¿Comprendido?

Yo no…

Naturalmente que sí.

Es usted lo suficientemente inteligente

como para saber que es mucho mejor estar viva,

siendo cómplice de un asesinato que víctima inocente pero muerta.

¿De acuerdo?

De acuerdo.

Y por favor, no perdamos más tiempo.

Vístase que tenemos mucho que hacer.

Es usted una mujer elegante, ¿eh? Un bonito vestido.

¿Regalo de algún admirador?

Piense lo que quiera.

Bueno, manos a la obra.

Ah, ya tiene línea en su teléfono. He colgado el mío.

Puede que la llame alguien y hay que procurar que todo parezca normal.

Pero usted no va a intentar ninguna tontería, ¿verdad?

¿Por qué ha quitado la cortina del baño?

No sabemos en qué estado de integridad se encontrará el cuerpo allí abajo.

Procuraré que toda la parte desagradable corra por mi cuenta.

Por cierto, necesitaremos una bayeta de fregar, agua y detergente.

A ser posible, detergente biológico.

No tengo nada de eso en el apartamento.

Todo lo trae la asistenta.

Bueno, estoy seguro de que en mi casa podré encontrarlo.

Nuria era una esposa que estaba siempre pendiente de todo.

Una esposa que estaba siempre pendiente de todo.

Absolutamente de todo.

Esa fue una de las muchas razones que me obligaron a…

¡Calle! Calle, por favor.

Bueno, voy a mi apartamento a por esas cosas.

Hemos quedado en que no va a intentar ninguna tontería. ¿Eh?

Policía, ¿dígame?

No me interrumpa, agente, por favor.

- Mi dirección es… -¿Diga?

Edificio Marmor, colonia del este.

- He presenciado un asesinato y… - Policía, ¡dígame!

y el asesino está conmigo.

- Rápido, por favor. - ¡Diga!

Aquí la policía, ¡dígame!

¡Diga!

¿Qué? Comprobando si había línea, ¿no?

¡Diga! ¡Dígame!

¿Por qué me ha obligado a emplear la violencia?

Yo soy un hombre pacífico.

Es usted un asesino. Y ha perdido su partida.

He hablado con la policía y están en camino.

Máteme si se atreve y…

y tendrá que pagar por dos asesinatos.

Es el micrófono de su teléfono.

Nadie la ha podido oír al otro lado del hilo.

¿Comprende?

Absolutamente nadie.

Era de suponer.

El cuerpo de la pobre Nuria debió golpearse

contra la pared del hueco del ascensor en su caída.

Pobrecilla. Con lo maniática que era de la limpieza.

Puede volverse de espaldas.

Comprendo que le resulte desagradable.

Tenemos que continuar a pie.

No conviene bajar el ascensor hasta el fondo.

Me temo que no sea nada agradable lo que vamos a ver.

Puede quedarse aquí.

Me basta con que esté cerca donde yo la pueda ver.

Tenemos que meter esto en el portamaletas.

Vamos por el coche.

¿Hay alguien ahí abajo?

Suba.

Haga que se vaya.

¿Quién anda por ahí?

Ah, buenas noches, señorita Elisa. ¿Pasa algo?

No, nada. Es que ha saltado el fusible de mi contador.

Ya lo he cambiado.

Ah, bueno, bueno. Estaba preocupado.

- He visto luz en el sótano… - No, no. Yo la encendí, puede marcharse.

Ah. Sí. Naturalmente que puedo ayudarle.

- Vamos por abajo. - Que no. Que ya he terminado.

No, no. Que no soy nada cansado.

Puedo ayudarle en lo que necesite, señorita.

Que no, que no, ¡no lo necesito! Puede marcharse ahora, de verdad.

¡No lo necesito!!!

Bueno, bueno, señorita.

Uno, ya se sabe, está para servir en lo que pueda.

- Hala, hasta mañana. - Hasta mañana.

Se ha portado usted muy bien. Gracias.

Ahora vamos al coche.

¿Supongo que iremos en el suyo?

No olvide que es usted mi cómplice.

Iremos en el suyo.

¿Siempre lleva usted una maleta tan grande?

No. Pensaba llevarla a mi viaje.

No pensará utilizar mi maleta para…

Naturalmente que no.

Simplemente le preguntaba por… por curiosidad.

No sea susceptible.

Si me dice, por favor, dónde vamos,

no tendré que preguntárselo en cada esquina.

A un sitio que usted conoce perfectamente.

Usted presumió en cierta ocasión de tener una lancha motora

y un bungaló en el pantano de San Juan.

Espero que no fuera pura presunción.

Es cierto.

Pero no comprendo a qué viene eso.

Esa lancha motora nos va a ser muy útil.

Mi mujer y yo nunca nos hemos llevado bien.

Desde hace un año yo tenía una amante.

Mi mujer es estúpida, recelosa, malpensada,

incapaz de sentir nada hermoso.

Usted se preguntará por qué me casé con ella, ¿verdad?

La más vulgar de las historias.

Ella era rica y yo estaba metido en una profesión

donde unos pocos ganan mucho dinero.

Soy escritor.

Y mire usted por dónde, no fui de los elegidos

que venden ediciones y más ediciones.

Mi amante no era una gran cosa pero…

pero en todo caso siempre mucho mejor que ella.

Al fin ha tenido que suceder lo de esta noche.

Cuidado con lo que hace.

Siga unos metros más y deténgase junto a la curva, por favor.

Mantenga la calma. Actue con normalidad.

Un momento por favor, que viene el cabo. Vale.

Buenas noches. Hubo un accidente. Hay muchos heridos

y la ambulancia de que dispone el ambulatorio del pueblo es insuficiente.

Tienen que llevar ustedes unos heridos hasta el primer pueblo que encuentren.

Por favor, señores, necesitamos su colaboración.

¿Serian tan amables de trasladar esa maleta al portaequipajes del coche?

Ese sitio tiene que quedar libre.

Lo único que me temo, señor agente,

es que la maleta no vaya a caber en el portaequipajes,

va demasiado repleto.

Con buena voluntad se encuentra un sitio para todo.

Oye, por favor. Retira esa maleta del asiento.

Vamos a ponerla en el maletero.

Dese prisa en guardar la maleta, no hay tiempo que perder.

Es que estoy seguro de que no va a caber.

Es preferible que deje la maleta aquí

y que la recoja cuando haya dejado a los heridos.

¿Hay algún inconveniente en abrir ese maletero?

No, no, no. Es un simple problema de espacio.

Si sacamos lo que lleva dentro del maletero

podremos distribuir el espacio mejor.

No, no, no, no.

Ve, va a romper lo que lleva allí dentro.

No, no, no, no.

¿Quiere que le ayudemos? La mujer herida parece grave.

Ya está.

Los nervios han estado a punto de traicionarme.

Ya.

Gracias por…

por no haber intentado ninguna estupidez.

Aquí vale.

Ten.

Llévelos con cuidado.

- Despacio. - Coge tú de las piernas. Así.

Despacio, muy despacio.

Muy buenas, señores.

El brazo. Perdonen tantas molestias.

Por favor, agente. Todo es poco cuando se trata de salvar una vida.

Lo que lamento es que aún nos vemos obligados a molestarles de nuevo.

Tienen que pasar al edificio un momento.

- ¿De qué se trata? - Son simples formalidades.

Pasen ustedes, por favor.

Oiga, por favor, el guardia nos dijo

que eran solo unos minutos para no sé qué tramites y…

Llevamos un buen rato y nadie nos atiende.

Lo comprendo pero tienen que esperar a que llega el juez.

¿El juez?

Es que el cadáver de la mujer que llevaban ustedes en el coche

lo ha complicado todo.

Pero…

Discúlpeme, estoy muy ocupada. El juez llegará pronto.

- ¿Cómo han podido…? - Calma.

Y no olvide dos cosas:

primero que es aparentemente usted mi cómplice.

Y segundo que llevo un arma en el bolsillo.

Pase. Buenos días.

Soy el juez de instrucción.

Supongo que son ustedes los que transportaban a la mujer muerta.

Pues… no comprendo.

Claro, claro. Ustedes no podían saberlo.

La mujer herida que transportaban en su coche llego ya cadáver aquí.

Qué desgracia.

Bueno, ya notamos que se encontraba mal cuando entró en el coche.

Ha sido una noche terrible.

En fin, no queremos retenerles más.

Únicamente van a dejarnos su dirección para que conste en el atestado.

Sí, sí, sí. No faltaría más. Como usted quiera, señor Juez.

Siempre es un placer colaborar con la justicia.

Llevo un rato observando algo extraño.

¿Ah, sí?

Algo que gotea desde el maletero.

Debe ser el líquido de frenos.

No. Es algo que viene del interior de maletero.

Este señor tiene razón, querido.

Es una lata de aceite que llevamos ahí dentro.

Tiene un tapón que no ajusta demasiado bien.

Pues tengan cuidado.

Se les va a estropear el equipaje.

No importa.

Lo que llevamos ahí dentro difícilmente podrá estropearse más.

¿Vamos, querido?

¿Quiere abrir portaequipajes?

¿No podríamos fumar antes un cigarrillo?

No conviene perder más tiempo. Es muy tarde.

Bueno. Tenga.

Seguro que está usted sorprendido de lo bien que le estoy ayudando en todo.

Se está portando usted muy bien.

¿Por qué?

No se equivocó usted al pensar

que una mujer como yo pudiera parecer la cómplice ideal.

¿Para que un honesto esposo se librara de su mujer.

Usted es un hombre decente honrado y digno.

Con una esposa no muy guapa pero también digna, honrada y decente.

Y aparezco yo, la mujer que vive lujosamente sin saber de qué.

Aunque todo el mundo se lo supone.

Y ese hombre tan honrado y decente deja de serlo poco a poco.

Y encuentra a su mujer mucho menos guapa.

Mucho menos, digamos, soportable.

Seguro que le creerían en cuanto usted dijera que la mató por mí.

Incluso… le disculparían.

Debo reconocer que he sido bastante hábil.

Me alegro que sea consciente de ello.

No debe confiar demasiado en su habilidad.

Bueno, manos a la obra.

Hemos perdido mucho tiempo.

Guárdeme la chaqueta.

Aquí está el revólver.

Pero como siempre ocurre en estos casos no tiene balas.

Sucede siempre en las películas y en las novelas policiacas.

Pero no juegue con el arma.

Se puede trillar un dedo.

¿Pero qué hace?

Compréndalo.

Con algo hay que sujetar las piernas.

Tuerza para allá.

Allí, en aquel recodo.

¿Por la izquierda?

Sí, por la izquierda.

¡Elisa, Elisa!

¡Sáqueme de aquí!

¡Elisa! ¡Sáqueme de aquí!

¡Vuelva! ¡Vuelva!

¡Elisa!

¡Vuelva!

¡Por favor!

¡Sáqueme de aquí! ¡Por favor!

¡Sáqueme! ¡Aún podemos ayudarnos!

No se culpe usted.

La herida me la hice al subir.

Le hubiera sido muy fácil matarme. Apenas sé nadar.

No necesitaba atacarme con la lancha.

Me di cuenta.

Pero yo no soy una asesina.

¿Por qué no entramos en la casa?

Creo que nos conviene descansar un poco antes de regresar.

Tiene usted una casa muy bonita.

No le falta a usted de nada.

Esa moto no estaba antes ahí.

- Es la moto de Toni. - ¿Quién es Toni?

¡Elisa! Creí que estabas en Londres.

Toni, este es Miguel. Miguel, este es Toni.

- Hola, Toni. - Hola.

Perdona, Elisa. Si hubiera sabido que ibas a venir, yo…

No importa, Toni, no importa.

¿Queda café ahí dentro? Nos sentaría bien una taza.

Creo que sí.

Y hay coñac también. A usted le vendría bien una copa.

¿Qué le ha pasado? ¿Algún accidente?

No, es el barro de la orilla que… que resbala mucho.

Creo que le he visto a usted en alguna ocasión.

- Pues no sé. - Miguel es el único vecino de mi casa.

Ah, claro. En el ascensor.

- ¿Cómo dice? - Sí, en el ascensor.

- Nos habremos cruzado una vez. - Es posible.

¿Estará usted incómodo con ese pantalón tan mojado?

Elisa y yo podríamos salir un momento mientras usted se seca.

En el baño hay toallas.

No, no es muy molesto. Además hoy hace un día muy caluroso.

Como quiera.

Era una disculpa

para que Elisa y yo pudiéramos hablar un momento en privado.

¿Vamos, Elisa?

¿Supongo que no tenderá usted inconveniente

en que salga un momento?

Puede estar tranquilo. Completamente tranquilo.

Ahí le dejo la llave del coche.

Y le aseguro que no montaría en la moto de Toni

aunque me persiguiera el mismo Jack el Destripador.

¿Por qué le has dejado la llave del coche?

¿Qué juego es ese?

Nada, era una broma.

¿Por qué está tan mojado ese tío?

¿Qué le ha pasado?

Ya te lo dijo él. Resbaló en el barro.

Aquí pasa algo raro.

- ¿Por qué crees eso? - No sé.

Ese individuo no es como tus acompañantes habituales.

Y otra cosa: ¿por qué no has ido a Londres?

Ya lo has estropeado, Toni.

Por un momento me había hecho la ilusión de que estabas celoso.

Elisa, sabes muy bien que esos viajes a Londres son muy importantes para ti

y para mí. ¿Para qué nos vamos a engañar?

Sí. Tienes razón.

¿Para qué nos vamos a engañar?

Quieres que os deje solos, ¿verdad?

Muy bien. Recogeré mi ropa y me iré al otro lado del pantano.

Me apetece nadar un rato.

Vamos.

Mi… mi tía me ha dicho que tienen que hablar ustedes de negocios.

Y me voy a dar un baño al otro lado del pantano.

Haces bien, muchacho.

Te puedo asegurar que en esta orilla el agua está tremendamente fría.

Bueno. Pues que ustedes lo pasen bien.

Tiene usted un sobrino muy desarrollado.

A un sobrino así se le quiere mucho, ¿verdad?

Lo suficiente como para tener la prudencia

de no quererlo comprometer en uno asunto como este.

¿Es cierto?

Sí, es cierto.

No contesta nadie.

Espere un poco. Pueden estar durmiendo todavía.

Ahora. Oiga, ¿es la casa de don Miguel Sener?

Le hablo desde el juzgado de guardia.

No, no ha pasado nada, no se preocupe.

Era para notificar que el día 11 tiene que personarse en el juzgado número 3

para prestar declaración.

Sí, sí.

El señor Sener y su esposa han recogido a unos accidentados,

uno de los cuales ha fallecido durante el trayecto.

¿Cómo?

¿Que no era su esposa quien le acompañaba?

Bueno, la señorita que le acompañaba.

En fin, de todas formas dele usted el recado.

Perfectamente. Gracias. Adiós.

Me parece que este se va a llevar una sorpresa al llegar a su casa.

Diga.

¿Diga?

Dígame, dígame.

¿Dígame?

¿Dígame?

Era una equivocación.

No se toque, se le puede infectar.

En cuanto llegue a casa le daré algo.

- Cómo escuece. - Vamos, no sea quejica.

Bueno, voy a mi apartamento.

Puede llamar alguien por teléfono.

Supongo que el juego se acabó ya, ¿no?

De momento sí.

¿Por qué no se acuesta? Se te está poniendo muy mala cara.

- Luego volveré. - ¿Para qué?

Tenemos que estar en contacto, pueden surgir complicaciones.

Bueno, si no queda otro remedio…

Bien, queda una cosa pendiente entre nosotros.

Vamos a tutearnos. Entre buenos vecinos es no normal, ¿no?

¿Cree que hay la suficiente confianza entre nosotros

como para eso?

- ¿Qué hago, abro? - Sí, claro. Con la mayor naturalidad.

Buenos días, señorita.

Esta mañana llamaron por teléfono

preguntando el número de su chalet del pantano.

Como usted me lo dio un día por lo que pudiera pasar…

¿No se acuerda? Cuando aquel primo que la visitaba tanto.

Ya, ya.

Pues nada, que esta mañana llamaron y le dije el teléfono.

- No le molestará, ¿verdad? - ¿Era hombre o mujer?

- ¿Cómo dice? - Que si era voz de hombre o mujer.

Ah, una mujer, la oí perfectamente.

Por favor, si llaman de nuevo, no dé el teléfono del bungaló.

Bueno, bueno.

Y perdone si he venido a interrumpir. Solo he subido a decirle eso.

- Muchas gracias, hasta mañana. - Nada, a mandar.

Era el portero.

Sí, ya lo oí.

Vio la chaqueta sobre el sofá del recibidor.

Un fallo por mi parte.

Este traje me lo ha visto en varias ocasiones el portero.

Ahora solo puede pensar dos cosas:

Que yo no estoy pasando el fin de semana fuera.

Y que nosotros somos posiblemente amantes.

Ninguna de las dos cosas me preocupa.

A usted… bueno, mejor dicho a ti, Puede que no te preocupe.

Yo de momento lo que voy a hacer es destruir ese traje.

Bueno, voy a mi casa.

A los dos nos conviene descansar un poco.

- ¿Quién es? - Abre, soy yo.

- ¿Qué tal has dormido? - Me ha despertado usted.

Bueno, tú.

- ¿Qué hora es? - Las ocho de la tarde.

Podría decirte que he venido para vigilarte, por simple precaución.

Pero la verdad es que… que quería estar contigo.

Yo hubiera preferido que me hubieras dejado dormir hasta mañana.

¿Tan pocas ganas tenías de verme?

Ninguna.

¿Desearías no volverme a ver nunca más, ¿verdad?

¿Acaso crees que existe alguna razón para que me resultes agradable?

Me has hecho vivir las horas peores de mi vida.

¿Sabes una cosa?

También tú mientes con gran habilidad.

- ¿Por qué dices eso? - Sí, sí, sí.

Con absoluta naturalidad.

Mentiste al portero. Mentiste a la policía.

Supiste mostrarte impasible ante el juez.

Me engañaste cuando pretendías matarme.

Y volviste a engañarme

cuando me sacaste del agua con aires de heroína compasiva.

Ahora pretendes mostrarte fría y llena de resentimientos.

Y esa, esa es la mayor de tus mentiras.

Déjame.

¿Por qué?

No vuelvas a intentarlo.

¿Pero por qué?

No entiendo por qué… por qué te pones así.

Para ti esto es una cosa muy…muy fácil.

Elisa, perdóname.

Por favor, yo no quería ofenderte.

Escúchame, mira,

podemos ir a cenar a algún sitio tranquilo

donde no nos vea nadie.

Luego podemos tomar una copa en algún club.

Te prometo ser bueno.

¿Quieres? Te lo prometo, de verdad.

- Por el cinismo. - Un extraño brindis.

Es un brindis sincero.

- ¿Y sabes por qué somos cínicos? - ¿Por qué?

Porque no hemos tenido ocasión de usar la verdad.

No nos hubiera resultado rentable.

Somos de la única manera que… que nos han permitido a ser.

Yo nunca busco disculpas para mí misma.

Una vez leí… no recuerdo quién lo dijo,

que por mucho que se intente dividir a la humanidad

al final solo encuentras dos clases de personas.

Los que compran y los que venden.

Tu y yo pertenecemos a estos últimos.

Y la sinceridad no ha sido nunca una virtud de vendedor.

Hubiera sido mejor haber ido a un club en donde hubiese más ruido.

Más estrépito.

Con parejas que bailan y luces de esas que marean.

- ¿Por qué? - Nos aturdiríamos más.

Ya estoy lo suficientemente aturdida.

No creas.

¿Por qué crees que estamos aquí?

Porque los dos tenemos miedo.

No queremos volver a esa casa.

Y encontrarnos a solas con la noche.

Y con la sombra de la muerta en cada rincón.

No creo en fantasmas.

Yo sí.

Aunque en realidad lo que tememos

es encontrarnos a solas con nosotros mismos

y descubrir que somos como… como dos monstruos.

Tan fríos, tan insensibles.

Capaces de jugar con la muerte sin… sin el menor reparo.

Capaces de jugar con el miedo sin… sin siquiera sentir miedo.

¿Qué te sirvo?

Ahí la tienes. No esperabas encontrártela, ¿verdad?

¿Y por qué no? Ya sabia que no estaba en Londres.

Ponme lo de siempre.

Viene con una nueva adquisición.

No tiene pinta de ser demasiado rentable.

Ándate con ojo.

Ahí está tu sobrino.

¿Por eso me has traído aquí? ¿Querías verle?

No sé. Tal vez.

Es muy joven, ¿verdad?

Sí, rabiosamente joven.

¿Hace mucho que le conoces?

Apenas un año.

¿Le quieres o le necesitas?

Me gusta, sencillamente.

Me gusta.

Oye, ¿por qué no me hablas de tu amante?

En el coche me dijiste que no valía gran cosa.

Efectivamente así es.

Mi amante era feúcha.

Con los ojos muy saltones, la nariz demasiado grande.

Sin embargo encontraba en ella lo que nunca encontré en Nuria.

¿Y por eso la quieres?

¿A pesar de los ojos saltones y la nariz grande?

Querer, lo que se dice querer, pues no.

Si de repente alguien me dijera que esa chica ha desaparecido para siempre

o que ha muerto

lo lamentaría mientras me fumo un cigarrillo o me tomo un whisky.

Después la olvidaría.

La olvidaría para siempre como…

como algo que pasó sin… sin importancia.

Me da la impresión de que eres incapaz de querer a nadie.

Tal vez tengas razón.

Cuando era joven, cuando soñaba con ser un escritor famoso,

cuando imaginaba

los escaparates de las librerías repletos de libros míos,

entonces si quería. Quería desesperadamente esa ilusión.

Como también quería ciertas ideas por las que luchaba.

Por las que me arriesgaba.

Pero en las librerías jamás se vendió un libro mío

y aquellos compañeros y aquellas ideas siguen en silencio.

Hola.

- Hola, Toni. - ¿Molesto?

No, no, de ninguna manera, nos íbamos ya.

Sí, ya nos íbamos.

Va usted a decir que soy un pesado.

Pero necesito volver a hablar en privado con Elisa.

Como usted quiera. Es usted su sobrino y no quiero meterme en líos de familia.

- ¿Me marcho yo? - No, espérame aquí.

Voy un momento con Toni a la barra.

Me sigue escamando ese individuo, Elisa.

¿Qué te pasa? Tú nunca te has dedicado a entretener vecinos.

No seas pesado, Toni. Ya te he dicho que no me pasa nada.

¿Era todo lo que tenias que decirme?

No. Mañana estamos a 26.

- ¿Y qué? - La letra. El último plazo de la moto.

- ¿Cuánto es? - 20.000.

¡Caray, Toni!

¡Cada vez son más caros los plazos de esa moto!

Oye, si no me lo quieres dar, dímelo.

Sí, Toni, sí. ¡Te lo voy a dar!

En la portería te dejaré un sobre con el cheque dentro.

No te molestes. Puedo subir a tu casa a por él.

- No subas a casa. - ¿Por qué no?

No quiero que vuelvas a casa nunca más.

¿Y me lo dices así, sin más?

Así de fácil.

Como empezó.

Pero Elisa…

Mira, Toni, eres muy joven. Y muy atractivo.

Yo sé muy bien lo que significa el ser joven y atractivo.

Puedes conseguir lo que quieras.

Pero ya no conmigo.

El tipejo de la barba y las gafas me escamó desde que le vi.

Pero no te engañes, Elisa.

Tú acabarás volviendo al señor de Londres y a mí.

Apunta esto a mi cuenta, Raúl.

Ah, y lo que han tomado los señores en la mesa.

¿Le sirvo alguna otra cosa, señorita Elisa?

No. Y dígale al encargado

que no se preocupe demasiado por la cuenta de Toni.

Seguramente le pagará mañana mismo.

No se preocupe. Toni es un cliente seguro.

Muy seguro.

Vámonos a casa.

Me gusta la luz de las velas.

Así, todo en penumbra.

Como en una fiesta de fantasmas.

Y con un poco de nostalgia.

Nostalgia incluso de aquello que no se ha llegado a vivir nunca.

Cualquiera diría que lo que nos une es una aventura sin importancia.

Y tú has cometido un crimen.

Yo no soy un asesino.

Bueno, quiero decir…

Tú no sabes lo que es sentirse como un objeto comprado,

continuamente perseguido por unos ojos

que siempre están pendientes de su propiedad.

Y el odio se va acumulando día a día, segundo a segundo,

hasta que la explosión se hace inevitable.

Los hombres siempre han compartido conmigo sus ratos de esparcimiento.

Sus alegrías, sus momentos de despreocupación.

Contigo ha sido distinto.

A ti te he tenido que ayudar.

Incluso proteger.

- ¿Qué llevas ahí? - Dos somníferos.

No es conveniente tomar estas cosas.

Siempre he querido dejar de tomarlos.

Puede que a partir de ahora lo consiga.

¿Y vas a tomar dos?

Sí.

Esta noche quiero tener un sueño muy profundo

y quedar como anestesiada. Y dormir horas y horas.

Nuria.

Por fin ha despertado usted.

Creí que no lo haría nunca.

He visto sus somníferos en el tocador.

Me he permitido arrancar la etiqueta para no olvidar su nombre.

Porque desde luego, no se puede dudar de su eficacia.

No tiene por que asustarse.

No soy ningún fantasma.

De verdad que no.

Comprendo su sorpresa.

Bien se ve que no está usted tan acostumbrada como yo

a las sorpresas.

Debo reconocer que me encantan las sorpresas.

Sí. Me fascinan las sorpresas.

Por eso el sábado sin advertir a Miguel interrumpí mi veraneo y volví a casa.

Presentí que a mi regreso tendría que hacer algo muy importante.

Usted no está casada, amiga mía.

Y no sabe que cuando una esposa regresa de vacaciones

debe hacer una gran limpieza en su casa.

No comprendo cómo has podido hacer eso.

Debería haberos matado a los dos.

¿Y ahora qué vamos a hacer?

¿Querrás decir qué vas a hacer tú?

Porque en definitiva tú eres el culpable de todo esto.

Pero tuvo que aparecer usted y verle.

No se lo reproche, querida.

A Miguel siempre se le han complicado las cosas más simples.

Era tan impulsivo.

¿Lo que no puedo entender es por qué le ha matado?

Si le quería.

Tal vez lo único que he hecho

ha sido terminar un trabajo que había dejado incompleto.

Usted sabía que entre él y yo…

Entre él y usted, entre él y aquella otra y otra y otras más.

El muy iluso.

Pretendió convencerme

de que yo tenía que pasar el domingo fuera del apartamento.

Para que usted no me oyese andar por la casa.

Claro. Tenía que vigilarla a usted mucho.

Era una medida de seguridad.

Aparte de cínico, era un imbécil, querida.

Si supiera usted lo convincente que resultaba

cuando hablaba de la forma de deshacerse de usted.

¡Cállese!

¿Es que acaso no ha tenido pruebas de su cinismo?

En algo fue sincero.

Cuando me decía que era usted a quien había matado.

No mentía.

En cada palabra, en cada deseo, la estaba matando de verdad.

Bueno,

no es cosa de que nos pongamos a discutir usted y yo, querida.

Por el contrario, me brindo a hacerle el desayuno.

Vamos a ver, ¿qué quiere? ¿Té, café?

Vamos, dígame qué le apetece.

¿Qué quiere?

Conviene que se alimente bien.

Porque ahora, amiga mía,

tendrá usted que ayudarme a hacer desaparecer ese cadáver.

Al fin y al cabo, no cabe duda que tiene usted una envidiable práctica.

Subtítulos y sincro: schschtsk, Héctor Lahoz

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.