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(Música dramática)
(Sirena de tren)
Toma.
¿Es la primera vez que te detienen?
No, la primera vez fue hace ocho años.
Pero era inocente. Esta vez no dirás que lo eres.
No, esta vez no.
Para pagar el abogado y las costas tuve que firmar un cheque sin fondos
y como salió bien, seguí haciéndolo.
Entraba en una joyería, me llevaba algunas joyas
y pagaba con un talón.
Hasta que me pescaron.
Pienso que podrías ganarte la vida honradamente.
Tú no tienes facha de choriza. ¿Por qué haces eso?
Lo hago para vivir.
Es el único camino que nos dejan.
Y encima me dirás que la culpa la tiene el Régimen.
(Sirena de tren)
¿Es la primera vez que te detienen?
No. Y no será la última.
Aunque me veas tan joven, ya tengo muchas horas de vuelo.
Así que no me mires con esa cara de madrecita,
que seguro que tengo muchas cosas que enseñarte.
Perdona. No, mujer.
Lo que pasa es que me molesta que la gente crea que soy una niña.
A mí siempre me agarran por lo mismo: el petardo, la droga.
Ya me entiendes.
¿Tú fumas?
No, solo tabaco.
Sí, tienes pinta de burguesa.
¿A que sí? ¿A que lo eres?
Bueno, hasta que me detuvieron por primera vez.
¿Cómo fue?
Trabajaba de contable en una fábrica de harinas.
Eran los tiempos del Servicio Nacional del Trigo.
Las vacas gordas de muchos sinvergüenzas.
Aquello funcionaba en régimen de estraperlo.
Con doble contabilidad.
Si vieras la cantidad de aditivos y porquerías
que le echaban a la harina.
Claro.
En este país, ni el robar a mansalva ni la salud pública importan.
¿Y qué pasó?
Al principio todo iba muy bien.
Cuando llegaba la inspección, con un sobre estaba todo arreglado.
Pero el día que se acabó,
no fue al dueño sino a mí a quien metieron en la cárcel.
Pero prefiero hablar de otras cosas.
Hay que joderse, siempre os mandan a la peor hora.
Y encima dos. Oye, yo a ti te conozco.
Y yo a ti. Te llamas Teo.
Estuve aquí hace un año, ¿no te acuerdas de mí?
No mucho.
Es que ahora las extranjeras abundan cada vez más.
Iros desnudando, que tenéis que ducharos.
Dejad la ropa ahí, en la banqueta.
Y esperad que os mire.
El otro día, una se había metido en el nido un paquete de hierba.
Y luego soy yo quien se la carga.
Daros prisa.
No te asustes, esta es una presa como las demás.
Pero con atribuciones.
Aquí las celadoras son monjas camufladas.
Teo está aquí por una riña callejera.
Mató a una vecina clavándole unas tijeras
y la condenaron a 12 años y un día.
A la que se cargó estaba embarazada.
Uy...
(SE QUEJAN DEL FRÍO)
Aquel grupo es el de vuestro dormitorio, el cuatro.
Suerte. Os dejo.
Gracias. Chao.
Vamos, veo caras conocidas.
Hola, Françoise. Hola.
¿Os han mandado al número cuatro? Sí. Esta es Berta.
Yo Mercedes. Soy la mandante del dormitorio.
Luego te ayudo a ordenar tus cosas.
¿Abandono de familia?
No, estafa.
Anda, vamos, te voy a presentar a las compañeras.
Están deseando haceros la ficha.
(Silbato)
¡Venga!
¡A formar!
(Silbato)
¡Vamos!
-"Dios te salve, María, llena eres de gracia.
El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús".
(A LA VEZ) Santa María, ruega por nosotros, pecadores.
Ahora y en la hora de la muerte. Amén.
¡Hum! Ya me había olvidado de los garbanzos.
Y con su bichito y todo, que lo que no mata engorda.
Y alguna piedra que otra.
Pero como los garbanzos están igual de duros, ni se nota.
¡Guarra! ¡Más que guarra!
Podías tener más cuidado. ¡Mira lo que has hecho!
"Pa" guarra tú, que no te lavas el nido ni cuando llueve.
Oye, te lo advierto: bofetón que pego, familia de luto.
Eso me lo cuentas esta noche si tienes cojones.
(Palmadas)
¿Qué pasa aquí?
-No pasa nada. -¡Silencio todo el mundo!
Que se ha caído un vaso sin querer.
Pues límpienlo.
Y las demás que sigan comiendo. ¡No quiero oír ni una mosca!
¿Quién es aquella? La del extremo, la última.
Senta, es una asesina.
Mira el colchón y la manta, una pura porquería.
Sangre, aceite, flujo... Hasta mierda.
Estará duro como una piedra. Crin y paja.
Pero no tiene inquilinos, los desinfectan cada mes.
Y hablando de desinfección, tienes que pasar por enfermería.
Te sacarán sangre para los análisis.
Fíjate bien en que hiervan la aguja antes
y que pongan en el tubo la etiqueta con tu nombre.
La que hace los análisis es una furcia
que de vez en cuando cambia las etiquetas
y organiza unos líos tremendos. ¿Aquí hay sifilíticas?
Claro que las hay.
Sobre todo en el tres, el dormitorio de las piculinas.
¿Y entre nosotras hay alguna?
Dos. Una de ellas andaluza. Tiene la manía del peine.
Fuera vivía de los hombres y, aquí dentro, de las mujeres.
Sobre todo de Adoración, que tiene perras.
¿Y la que está leyendo? Esa otra es María Cinta.
Cuando vaya al servicio, fíjate cuánto tarda en salir.
Se queda fregándolo para que no se vea la sangre.
Eso es peligroso porque se contagia.
No te preocupes, mujer, que ya he terminado.
Luego tienes que pasar a que la directora te conozca.
Te hará muchas preguntas. ¿Y qué preguntas hacen?
Uf, de todas.
Pero lo importante es aparecer virgen y pura.
Y nada de rebeldías. Como buenas monjas,
quieren que digamos amén a todo lo que ellas hacen.
¿Estado civil? Soltera.
¿Tienes novio? No.
¿Lo has tenido? Sí, pero hace tiempo.
¿Tuviste relaciones sexuales?
Solo lo normal entre novios. ¿Qué es para ti lo normal?
Las muestras de cariño.
¿Has tenido alguna enfermedad venérea?
No. ¿Has abortado alguna vez?
No. ¿Te gustan los hombres?
Me gustaba mi novio. ¿Y las mujeres?
¿Te has acostado alguna vez con alguna mujer?
No. Nunca he tenido relaciones de ese tipo.
¿Eres virgen?
¿Lo eres o no?
No. Ya lo sabía.
Lo he visto en el reconocimiento.
Y sin embargo dices que no tenías relaciones sexuales con tu novio.
Explícame eso.
Fue solo una vez.
Con un amigo.
Había bebido y... Las circunstancias no me interesan.
(Música piano)
Perdona si te he molestado, pero te oí tocar. Ya me marcho.
No, quédate.
¿Te gusta la música? Sí, mucho.
Antes tocaba el piano como tú.
Ahora no podría hacerlo y no podré jamás.
¿Por qué? A mí tocar el piano me libera.
¿A ti no?
Aunque vaya a estar entre rejas para siempre,
hace ya tiempo que estoy liberada.
No puedo tocarlo.
Mis manos están malditas, no podría ponerlas sobre el teclado.
Pero me gusta oírte. Toca un poco más.
¿Qué te gustaría oír?
¿Te acuerdas de aquella canción de Chopin
que se llamaba "Tristezas de amor"?
(Música piano)
¿Sabías que tengo una niña? No, no me lo habías dicho nunca.
¿Qué edad tiene? Un año.
Se llama Eva y es un cielo.
Está aquí conmigo. ¿Ah, sí?
A las que tenemos niños pequeños nos dejan dormir con ellos en el 6.
Un día te la enseñaré. Me encantaría.
Te estoy muy agradecida.
No sabes el bien que me ha hecho tu compañía.
¿Sabes por qué te he dicho antes
que mis manos están malditas?
No. No quiero saberlo.
Si tú no quieres contarlo. Sí quiero.
Es necesario que te lo diga.
Tienes que saber con quién estás hablando.
Berta...
Mis manos estrangularon a una mujer. Estoy aquí por asesinato.
¿Lo ves? Como todo el mundo.
Cuando la gente se entera, dejo de interesarles.
No, Senta. No digas eso.
(OFF) "No sé qué me pasó ni qué sentí dentro de mí.
Quizás fuera el ambiente, lo excepcional de la situación.
O tal vez el horror que me produjo aquella revelación.
Pero aquel primer contacto con Senta dejó en mí un sentimiento de paz.
Me sentí mejor. Menos sola".
Santas noches.
Santas noches a todas.
(Puerta se cierra)
¡Me tienes ya harta! ¡Estoy hasta los cojones!
¡Te voy a romper la cara! ¡Aquí no quiero líos!
Mañana en el patio os sacáis los ojos si os da la gana.
¡Pero aquí no!
Dale gracias a ella, que si no...
¡Se acabó! ¡Todas a la cama!
(Música dramática)
"Tardaba mucho en dormirme. No podía dejar de pensar en Senta.
Senta... Homosexual y asesina. Había conseguido leer su ficha".
-"Soledad García Cuesta, alias Senta.
Soltera, antecedentes penales por estafa.
Delito: asesinato.
Mató a su amante, una mujer de 45 años,
Nuria Fernández Lara, casada.
Separada del marido, con antecedentes por prostitución
y perversión de menores.
Alcohólica y homosexual.
La ahogó en el baño después de estrangularla.
Posibles móviles: ansia de liberación.
Condena: 20 años".
(Canto)
Este niño tiene sueño.
Tiene ganas de dormir.
Tiene un ojico cerrado
y otro no lo puede abrir.
(Canto continúa)
Tenía que hacerlo, Berta. Tenía que hacerlo.
Cuando la maté me sentí liberada.
Liberada del encadenamiento al que me tenía sometida
y de una pasión que me iba hundiendo cada vez más.
Casi ni se enteró. Estaba borracha y medio dormida.
La cárcel ha significado la paz para mí.
Yo no la quería, pero me tenía dominada.
La bebida y la droga la habían convertido en un animal.
Por eso quise tener a la niña, para liberarme.
Pero ella no quería dejarme ir.
Cuando se enteró de mi embarazo quería que abortara.
Incluso me pegaba para perjudicarme.
Por eso lo hice, por mi hija.
Aunque haya nacido en la cárcel y no sepa quién es su padre.
Tienes la mano fuerte, Berta.
Cuando aprietas la mía me siento menos sola.
Te necesito, Berta.
Te necesito.
(Sirena de tren)
Oye, guapa.
¿Por qué no me repites lo que me dijiste en el comedor?
A ver si aquí te atreves.
Claro que me atrevo. ¿Crees que te tengo miedo, so guarra?
¡Vamos! ¡Mátala! ¡Es una golfa! ¡No te dejes!
¡Separadlas! ¡Se van a matar!
Déjalas que resuelvan sus problemas a su modo. Es mejor no intervenir.
¡Lourdes! ¡Ánimo, mi alma! ¡Que es pan comido!
¡Hala, que se maten!
¡Dale, dale!
¡Muérdele las tetas! ¡No tengas miedo!
(GRITA)
Ahí viene la señorita. ¡La que se va a armar!
¿Se puede saber qué pasa aquí? ¡Fuera!
Virgen santa. Hay que llevarla a la enfermería.
Vamos, ayúdenme.
¿Estás bien?
Regular.
Esa hija de la gran puta por poco me las arranca.
¿Para qué se pelean? Honor de hembra.
Aquí nadie puede tolerar que lo avasallen.
Les va la vida en ello.
No. Tú nunca las entenderás.
Tú eres distinta.
Esas...
Esas se besan por la mañana
y por la noche son capaces de sacarse los ojos.
(Música sacra)
No esperaba un lleno tan grande.
Es lógico.
¿Tú por qué has venido?
Ya sabes que obligación no es.
Bueno, pienso que conviene, ¿no?
Pues lo mismo piensan las demás.
¿Es verdad que Denise se casa con el que le hizo la barriga?
Eso dicen. Aunque él también está en la trena.
Es cosa de la directora, que es una casamentera.
Menuda boda de chorizos.
Y chorizo francés, además.
Pues a mí me parece bonito. Si se quieren...
Esa no quiere ni a Dios, es todo cuento.
¿Para cuándo esperas? Falta muy poco.
La directora quiere que me case antes. A mí me da igual.
¿Pero no estabas enamorada de él? ¿De Pierre?
Es posible, pero casarse es una tontería.
Y más estando los dos en la cárcel.
Yo leí tu caso en los periódicos, pero no lo recuerdo bien.
¿Cómo fue?
No hables de ello si no quieres.
Al principio me importaba, ahora no.
Yo tenía 20 años y estaba cansada de vida familiar.
Conocí a Pierre y vinimos a España.
Él decía que era fácil,
que la policía estaba muy ocupada persiguiendo a los comunistas.
La primera vez lo hicimos en un banco de provincias.
Resultó bien.
Luego repetimos en Madrid, a lo grande: seis millones.
Y hubo complicaciones. ¿Os detuvieron?
No, yo tenía encañonado al guardia del banco.
Al marcharnos, él disparó.
Me puse nerviosa y apreté el gatillo de la metralleta.
Al aire, para asustar. Pero resultó una niña muerta.
¿Y no te horroriza haberla matado?
No lo sé. El vigilante también disparó, pudo ser él.
¡Hum!
Lo que hace el favoritismo.
Tienes a la directora en el bote.
A mí me manda fregar, y a ti limpiar el polvo.
Claro, como no fumas ni bebes, ni haces el amor ni nada.
A propósito de fumar,
mira lo que me han dado unas inglesas que han entrado hoy.
¿Qué, te animas? ¿Te has vuelto loca? ¡Guarda eso!
Podemos buscarnos un lío.
Bueno. Fuma tú si quieres.
Ahora me gustaría escuchar a Bach.
O leer a Tagore.
¿Te gusta Tagore? He leído algunas cosas suyas.
No muchas. Yo sí, conozco toda su obra.
Recuerdo que la primera vez que lo leí
hubo una frase que me impresionó mucho.
"Si de noche lloras por no ver el sol,
las lágrimas no te dejarán ver las estrellas":
Para mí, resume toda una filosofía.
Hay que buscar el placer allí donde se encuentre.
¿Te gustan las mujeres, Berta? ¿Te enamorarías de una mujer?
No lo sé.
¿Lo ves?
Todavía perteneces a esa sociedad aterrorizada por el sexo
que ha convertido en tabú lo más natural del mundo.
Pero cambiarás.
Veo en tus ojos una luz de curiosidad.
Ten cuidado, Berta.
A veces el ansia de conocerlo todo acaba con el desengaño...
...de descubrir que no hay nada.
Nada, Berta.
Absolutamente nada.
He agotado todas las posibilidades del amor y del sexo
y no me queda nada, lo he probado todo.
Absolutamente todo.
Y he tenido que recurrir a la droga
para olvidarme de que he bajado tanto, tanto...
...que ya no tengo fuerzas para volver a subir.
Gracias.
Gracias, Berta.
Nunca olvidaré este momento.
Eres de lo poco sano que aún queda en este infierno.
Tenía ganas de verte, Senta.
Desde el otro día he pensado mucho sobre tu caso.
No puedes pasarte toda la vida aquí, no podrías resistirlo.
Es inútil hacerse ilusiones, no tiene remedio.
Pues claro que lo tiene.
Podemos conseguir la revisión del proceso
y alegar todo tipo de atenuantes:
enajenación mental transitoria, arrepentimiento espontáneo,
e incluso la verdad: que lo hiciste para salvar la vida de tu hija.
Pero eso costaría mucho dinero y habría que buscar un buen abogado.
No. No es posible.
Yo tengo dinero ahorrado y conozco a gente.
Déjalo de mi cuenta.
¿Lo harías, Berta? ¿De verdad que lo harías?
Lo voy a hacer.
Ven conmigo, quiero enseñarte algo.
(Llano de bebé)
Senta, sabes que las otras internas no pueden entrar aquí.
Por favor, señorita, es solo un momento.
Bueno, pasad.
(Música dramática)
Berta, esta es Eva.
Es preciosa. ¿Me la dejas? Sí.
Eva es lo único que me anima a vivir y a soportarlo todo.
Bueno, no, eso era antes.
Antes solamente la tenía a ella, ahora también te tengo a ti.
¿Qué te pasa, Berta?
Me encuentro mal, no he pegado un ojo.
Llevo unos días con una descomposición tremenda.
Es la mierda de comida.
Igual estás una semana sin ir que te cagas patas abajo.
¿Has comido algo?
Llevo dos días sin probar bocado.
¿Qué hago? ¿Voy a la enfermería?
Ni se te ocurra.
Allí igual te dan las píldoras verdes para la diarrea
que unas que lo mismo sirven para dormir o para los resfriados.
Manolita te larga las que primero se le ocurren.
O las que tiene más a mano.
Quédate un rato en la cama.
(SUSPIRA)
(Puerta se abre)
Vamos, Berta, vístete. Tienes una visita.
(Puerta se cierra)
Hola, Berta. Hola, papá.
¿Cómo estás?
¿Te tratan bien?
Esto no es un hotel de lujo pero no me puedo quejar.
Hablé con el abogado.
Me ha dicho que el sumario está un poco parado
y que activarlo es cuestión de influencias.
Yo no sé a quién recurrir.
¿Por qué no se lo dices a don Eugenio?
Don Eugenio es un hombre muy ocupado.
No sé si querrá ayudarme.
Pero por intentarlo nada se pierde.
Visítale y se lo cuentas todo.
Lo haré enseguida. Le diré que si puede venir a verte.
Será mejor que tú hables directamente con él.
¿Y tú cómo estás?
Muy solo, Berta.
Las cosas van mal y no tengo quien me ayude.
La familia no quiere saber nada de nosotros.
Pero es mejor no hablar de eso.
Te he traído unas cosas.
Pocas. Luego te las darán.
Yo hubiera querido traerte más, pero...
No te preocupes.
Ya ha pasado el tiempo.
Despídanse.
(Música dramática)
Adiós, papá. Y cuídate mucho.
Adiós, hija. No te preocupes.
Don Eugenio vendrá a verte.
Yo me encargo de ello.
Vamos.
(Puerta se cierra)
(SE QUEJA)
(RESPIRA AGITADAMENTE)
Habéis de considerar diligentemente
el fin a que habéis de enderezar todas las obras de la vida
porque lo primero,
este sacramento se instituyó para tener sucesión
y que procuréis dejar herederos no tanto de vuestros bienes,
cuanto de vuestra fe, religión y virtud.
Y para que os ayudéis el uno al otro a llevar las incomodidades de la vida
que os seáis descanso y alivio el uno al otro
cortando de antemano todas las ocasiones
de disgustos y molestias.
Finalmente, el matrimonio fue concedido a los hombres
para que huyesen de la fornicación,
teniendo el marido su mujer y la mujer a su varón.
Estoy emocionada.
A mí estas cosas...
¿Qué te pasa, Berta?
Te veo muy mala cara.
Me encuentro mal. Pero se me va pasando.
-Berta.
¿Sabes lo de Senta? No, ¿qué pasa?
Que tiene la niña muy mala.
(Música dramática)
¿Ha venido el médico?
Sí.
Al principio no querían llamarlo, decían que no era nada,
que se le pasaría enseguida.
¿Y qué ha dicho?
No lo sé.
No han querido decírmelo.
Que tiene una bronconeumonía grave.
El médico ha dicho de llevarla al hospital.
Pero la directora no quiere ni oír hablar de eso.
Se va a morir, Berta.
Se va a morir...
Hay veces que creo que deja de respirar.
Tengo que inclinarme para oír que respira.
Para notar que todavía le sigue latiendo el corazón.
No sé qué hacer, Berta.
No sé qué hacer...
Sí, yo sé lo que hay que hacer.
-No y no. La niña no sale de aquí.
La atenderemos nosotros y no necesita a nadie.
Y no intentes ninguna treta. No está permitido y punto.
No voy a tolerar intromisiones de nadie.
¿Y si la niña se muere? Será que Dios lo ha dispuesto así.
Pero me alegra que hayas venido.
Quería hablar contigo. De Senta.
No me gusta tu amistad con esa chica.
Es igual que las demás.
Necesita ayuda y voy a dársela sea como sea.
No, no lo es. Está aquí por asesinato.
No sé si lo sabías.
Sí, lo sé. Y no me importa.
Pues debería importarte. Y no es eso lo peor.
Es una desequilibrada y una viciosa.
Ese tipo de amistades es muy peligroso aquí dentro.
No te acerques más a ella, Berta. Te lo digo por tu bien.
Estás en la cárcel. No lo olvides.
¿Cree usted que puedo olvidarlo?
(Música dramática)
"Sí, estaba en la cárcel y no podía hacer nada.
Pero lo hice, escribí a mi padre, a un médico amigo mío,
y también a don Eugenio, mi antiguo jefe.
Y lo conseguí, llevaron a la niña al hospital.
Luego me enteré que fue el médico quien lo hizo.
Don Eugenio no movió ni un dedo.
Había conseguido que le eligieran procurador en Cortes
y concejal del Ayuntamiento de Barcelona.
Era famoso por su enfrentamiento con el alcalde,
por sus ruegos y preguntas
y votar en contra en casi todas las votaciones.
Pero en el fondo era del Régimen y sabía que no se jugaba nada.
Vino a verme una noche a última hora para que nadie le viera entrar.
Me tenía estima.
Yo le escribía los discursos
y él los ensayaba más tarde con un magnetófono.
Hasta contrató a un actor conocido para que le diera clases de dicción
porque, como la mayoría de los franquistas, no sabía hablar.
Y nunca aprendería". Bueno, Berta, ya estoy aquí.
Espero que no tendrás queja.
Sí y no.
Cuando le escribí para hablarle de la niña...
Ah, aquel asunto.
Pero Berta, siempre serás igual.
Tienes problemas y encima pides favores para los demás.
No importa. Lo resolví por otro lado.
Me alegro. Lo intenté y no tuve suerte.
Pero lo importante es tu caso. ¿Qué dice el abogado?
Que todo está parado, que no acaban de cerrar el sumario.
Pues hay que activarlo. ¡Aceléralo!
Bueno... ¿Lees los periódicos?
Ya te habrás enterado del lío que he formado en el Ayuntamiento.
Estos acaban hablando catalán o yo dejo de llamarme Eugenio.
Y en las Cortes los tengo alucinados.
Berta, te echo de menos.
Cuando salgas hablaremos.
Podrías volver a la oficina, a tu antiguo trabajo.
Han llamado del hospital.
La niña está fuera de peligro. Gracias a ti, Berta.
Gracias a ti...
Pero mujer...
¿Ahora te da por llorar? Es de felicidad, tonta.
Perdona.
Estoy nerviosa, no sé lo que hago.
(Música romántica)
Dicen que cuando alguien bebe las lágrimas de otra persona
queda unida a ella para siempre.
Sí, Berta. Sí...
Estaremos siempre juntas.
Dentro y fuera de aquí.
Te lo juro, Berta. ¡Te lo juro!
Eso tiene un nombre, Berta: homosexualismo.
Y no estoy dispuesta a permitirlo.
Como tampoco puedo tolerar el engaño.
Te dije que no intervinieses en la enfermedad de la niña.
Y sin embargo lo hiciste. Gracias a eso la niña se ha salvado.
Es tu amistad con esa chica lo que no toleraré.
Así que se ha acabado.
He dado orden de que la lleven a una celda de castigo.
En cuanto a ti, he ordenado tu traslado.
Prepara tus cosas.
Sales mañana mismo.
Puedes retirarte. Pero...
¡Retírate!
(Música dramática)
"Aquello era una cárcel de hombres.
En la sección de mujeres estábamos solamente tres.
Me encontraba cansada y no podía dormir.
El recuerdo de Senta volvía doloroso,
llenándome de angustia.
Intenté pensar en otra cosa y alejarla de mí.
Traté de recordar cosas pasadas.
El paisaje de mi pueblo, entre dos sierras.
Sus calles, su plaza, su iglesia.
Me acordaba de cosas raras y pequeñas.
De mi abuela, de su miedo a la muerte.
Ella me crio. Me enseñó a leer, a contar, a tocar el piano.
Pequeñas cosas. Siempre pequeñas cosas.
De mamá, de la casa. No me acordaba casi de nada.
Todos menos mi padre murieron a tiempo
para no conocer la vergüenza de verme en la cárcel".
-Gracias por echarme una mano, Berta.
Con este tripón no puedo ni moverme.
Hay poco que ver aquí, ¿verdad?
Esta mierda de dormitorio y el patio es lo único que nos dejan.
El resto es para los hombres.
Ni comedor tenemos.
Y esa compañera, Pili, ¿por qué está aquí?
Era una señorona, la mujer de un médico.
Y se lo cargó.
Creo que se entendía con la enfermera.
El médico, claro.
Mira, ahí viene el sarasa con la comida.
Buenos días a todas.
-¿Y Pilar? -Hola, Pascualina.
La señora ha ido a la enfermería pero no tiene nada.
Que defeca demasiado.
-Vamos, que se pasa el día jiñando. -Hija, qué ordinaria.
Y no me llames así, sabes que no me gusta.
¿Tú eres la nueva? (ASIENTE)
Me llamo Pascual. Y yo Berta.
Encantado.
María, ya te faltará muy poco.
El día menos pensado.
¡Tengo unas ganas de soltarlo! (RESOPLA)
Hija, lo dices con una ilusión.
-Con lo hermoso que es ser madre. -Uy...
Bueno, guapas, os dejo. Que os aproveche.
-Adiós, reina de los mares. -Chao.
(Puerta se cierra)
Aunque lo veas tan marica es muy buen chico. Y muy sensible.
Estaba en la enfermería,
pero se mareaba con la sangre y lo tuvieron que quitar.
Ahora está de ordenanza.
Es el único hombre que viene por aquí.
Como es maricón, le tienen confianza. (RÍE)
Es muy gracioso, como de chiste.
Pues fuera habrá hecho lo que sea, pero aquí nada de nada.
Y ocasiones no faltan.
Otro que hubo antes que era peluquero lloraba cuando le soltaron.
Entre cortar el pelo y tomar por culo ganaba más que en la calle.
Pero este no deja que ninguno se le acerque.
(Chillidos)
¡Las putas ratas!
No te preocupes, vienen por la comida.
Les das un poco y tan contentas.
Si no lo haces es peor, se ponen de mala leche.
(Chillidos)
Para mala leche la de las decentes.
Pero de extender la mano todavía se puede vivir.
Yo un día me saqué 500 pelas como el que lava.
Era el cumpleaños de mi chico el mayor.
Se le antojó una tarta.
Salí por la mañana, y a las 15:00 ya había reunido los 100 boleros.
¿Cuántos chicos tienes? Cinco y lo que viene.
Todos repartidos.
Lo que te decía de las decentes, por culpa de una estoy aquí.
Por afanar un bolso. (SE QUEJA)
¿Y te han traído aquí directamente sin pedir fianza?
5000 pelas. ¿De dónde coño las saco?
(SE QUEJA) ¿Qué te pasa?
El "jodío" crío, debe ser que está a punto de salir.
No te muevas, te llevaremos a la enfermería.
¡Pili! ¡Ven corriendo que se acaba de poner de parto!
¡Contracciones! ¡Me acaba de dar otra!
No te preocupes, que no es nada.
¿Que no es nada? A ti te querría yo ver.
¡Será gilipollas! (SE QUEJA)
¿Cómo estás, María?
Mal. Muy mal, Berta.
Pero lo malo es la cría.
Pasa hambre y tiene una descomposición tremenda.
Si tienes problemas con la leche, lo mejor es que quitarle el pecho.
Yo de estas cosas entiendo un poco.
-Mi marido... -Eso es lo malo, que no me dejan.
De biberones ni hablar.
"Que lo alimente yo por medios naturales",
como ellos tienen la cara dura de decir...
¡La leche que les han "dao"! (SE QUEJA)
La puta de la niña...
Cada vez que mama parece que me saca el alma.
Yo creo que saca más sangre que leche.
Pero algo la alimentará, digo yo.
Porque solo faltaba eso, que no la alimentara
después de lo que me está haciendo pasar el angelito.
(SE QUEJA)
Pero esto... lo arreglo yo.
Vaya si lo arreglo.
(Sirena de tren)
-¡No! -Tranquila.
Esta va a ser tu noche de bodas. (RÍEN)
Ten cuidado, que a lo mejor es virgen.
Esta se traga lo que le echen.
Esta me la pagas, maricón de mierda.
-Gozarás. -¡Os mato! ¡Por mi madre que os mato!
¡Te mato a ti igual que al otro!
Creo que ha sido...
El Pascual se puso como loco.
A uno de los chicos le destrozó la cabeza
con un trozo de madera.
Al segundo se lo tuvieron que quitar de las manos.
¿Por qué ocurren esas cosas, Berta?
(LLORA) A veces...
A veces pienso que voy a volverme loca.
(LLORA)
(Pasos se acercan)
¡Berta!
Berta, tengo buenas noticias que darte.
Mañana nos trasladan. ¿Dónde?
A ti te llevan a Barcelona para el juicio.
A mí... al penal.
¿Te alegras?
No lo sé.
Y además me han entregado este telegrama para ti.
Ojalá sean también buenas noticias.
(Música romántica)
¿Una amiga tuya?
No te he preguntado por María. ¿Dónde la han llevado?
No la habrán dejado en enfermería con este lío.
María ya no está aquí.
Pagó la fianza y la han puesto en libertad.
Me alegro mucho. Es estupendo.
Sobre todo por la niña.
Es horrible. No debería decírtelo ahora,
pero tarde o temprano te enterarías.
Aunque...
...quizá esto sea lo mejor para la pequeña.
No entiendo. Ni lo entenderás.
Ni tú, ni yo, ni nadie.
Porque hay cosas que no caben en cabeza humana.
María, para pagar la fianza, para salir de aquí,
ha vendido a la niña por... 5000 pesetas.
(Música dramática)
¿Cómo estás, hija? Ya no podía pasar más días sin verte.
Estoy bien. ¿Y tú cómo estás? Bien, hija, bien.
Ahora lo importante es que todo se arregle.
Lo intentaremos, amigo mío. Lo intentaremos.
-Y ahora haga el favor de pasar. -Sí.
Quiero hablar unos minutos con Berta.
Adiós, hija. Mucha suerte. Gracias, papá.
No he querido decirte nada delante de tu padre
pero las noticias no son buenas.
El fiscal aprieta de lo lindo.
Habla de delito continuado,
de la locura desafiante de la acusada y de mil lindezas más.
Pide la pena máxima.
Ocho años.
Pero... ¿Y los atenuantes?
Mi confesión, el arrepentimiento espontáneo,
la buena conducta.
No los considera.
Piensa que eres reincidente y golpea duro.
No lo soy.
Esta vez he cometido un delito, sí. Pero antes era inocente.
De acuerdo, pero ellos no lo saben. Es más, no les importa.
Se guían por lo que está escrito, por la ley.
En fin, se hará lo que se pueda.
¿Vamos?
No es posible.
Ocho años...
Sí, ocho años.
Hemos hecho lo que se ha podido, pero...
Lo siento.
(Música dramática)
(Metro acercándose)
(GRITA)
"El suicidio de mi padre,
la vuelta a la cárcel,
la terrible condena,
el vacío, la ausencia de voluntad para seguir viviendo.
Y dos años sin ver a Senta.
Si no fuera por la esperanza de encontrarla de nuevo...".
Te he echado mucho de menos, Berta.
Y las compañeras también.
Desde que te fuiste se ha convertido en un infierno.
Se llevaron a las monjas
y en su lugar trajeron a un director que ni pincha ni corta.
Debieron pensar que esto les venía grande.
Pero la que corta el bacalao es esa hija de puta de la Holandesa.
¿La Holandesa? Sí.
Trini, la celadora jefe.
Ten cuidado con ella, Berta. Mucho cuidado.
Esa te saca hasta el alma.
Ella lo controla todo.
Te vende los cigarrillos, la comida, las compresas...
Si tienes dinero todo va bien.
Lo malo es cuando se acaba, y se acaba enseguida.
Entonces solo te queda una solución.
O morirte de asco o pasar por el aro.
¿Qué significa eso?
Eso significa hacer lo que ella quiera.
Desde encamarte con ella hasta servirle de espía.
Es una machorra.
Si le gustas, estás perdida.
No para hasta conseguirlo.
Eso le pasó a Françoise.
La ha destrozado.
Empezó vendiéndole drogas hasta que se le acabó el dinero.
Luego siguió dándoselas a cambio de acostarse con ella.
Cuando se cansó,
la dejó que se pudriera.
Ahí la tienes, como un alma en pena.
Hola, Françoise.
¿Cómo estás?
¿Te acuerdas de Tagore?
"Si de noche lloras por no ver el sol,
las lágrimas no te dejarán...
...ver las estrellas".
Tagore es una mierda. Como esto, como todo.
Déjala, no tiene arreglo.
De las antiguas compañeras
solo quedamos muy pocas.
Lourdes, Lulú, yo...
¿Y Senta? ¿Dónde está?
Senta está aquí.
Pero cuando se enteraron de que venías, la cambiaron.
La han puesto en el número tres, con las furcias.
Toma.
Me encargó que te diera esto para ti.
Pero no lo abras, escóndelo.
Ahora nos cachean continuamente.
De manera que tú eres Berta.
He oído hablar de ti.
Mucho malo... y poco bueno.
Para empezar, quiero que grabes bien dos cosas en tu linda cabecita.
La primera,
que aquí se hacen las cosas...
...como yo digo.
Los tiempos idílicos de las monjitas, como vosotras las llamabais,
se han acabado.
Sois demasiadas para andarnos con contemplaciones.
Desde las políticas
hasta las chorizas como tú y tus amiguitas.
Por eso me trajeron aquí.
Para poner orden.
La segunda es que todo, absolutamente todo,
tiene que pasar por mis manos.
Desde el cigarrillo que te fumes hasta el papel higiénico.
Si quieres algo, me lo pides.
Y ya veré yo si te lo concedo.
Dependerá de cómo te portes.
No. No lo has entendido.
Pero lo entenderás por las buenas o por las malas.
Tarde o temprano todas abrís los ojos.
No esperaba volver a encontraros. Pues aquí nos tienes.
Jodidas pero contentas.
Pero ya vamos quedando menos.
Ahora las que privan son las políticas.
Así las ahorcaran a todas. Son compañeras.
Gente como nosotras. ¡Qué coño!
Son unas señoritas que no se mezclan con nadie.
Son de la ETA y del FRAP, de esas que ponen bombas.
Había rumores de que nos iban a conceder un indulto.
Pero esas tías, a fuerza de matar guardias,
nos van a hacer la puñeta.
¡Estate quieta, "jodía" tonta! A ver si te meto una hostia.
Déjala en paz.
Y para que no nos falte de nada,
nos han metido en el dormitorio a esta gilipollas
que se caga y se mea encima.
Menos mal que esta es más gili que ella todavía
y es la que la atiende.
Por mí ya le podrían ir dando mucha morcilla.
Para lo único que sirve es para cazar moscas.
-Mira, ya ha enganchado una. -Y ahora se la jala, no creas.
No la dejéis hacer eso, es una porquería.
Pero es divertido y a ella le gusta.
¿Verdad que te gusta, Luisita?
¡Ah! (RÍE)
¿Quiénes son las políticas? Tengo un recado para una de ellas.
Una tal Arantxa. ¿La conocéis?
Ni idea, está prohibido hablar con ellas.
Son aquel grupo de allá.
Voy a preguntarles. Hasta luego.
Adiós.
Esta sigue tan fina como siempre.
¿Habéis visto su cara cuando la ha tocado la Luisita?
¿Qué quieres? Busco a Arantxa.
Traigo un recado para ella.
Es aquella.
¿Arantxa? Sí.
Me llamo Berta. Traigo un recado para ti de Iñaki.
¿Le has visto? Sí.
¿Cómo está? ¿Qué te ha dicho?
Está bien. Viajamos juntos cuando me trasladaron.
Al enterarse de que me traían aquí me pidió que te viera.
Me dijo que no te preocupes por él, que está bien.
Y que te quiere mucho. Al despedirse me dio un beso.
Era como si te lo hubiera dado a ti. No te importa, ¿verdad?
Claro que no. ¿Te ha dicho algo más?
También me dio esto. Son unos versos en vasco.
A lo mejor están un poco húmedos, tuve que metérmelos en la boca
para que no me los quitaran al cachearme.
Gracias, Berta.
Quién sabe cuándo le volveré a ver. Aquí no nos enteramos de nada.
Los periódicos llegan censurados o no llegan.
Dicen que les piden pena de muerte. ¿Sabes algo?
Vengo de la cárcel. Tampoco sé nada.
No los pueden matar, Berta. ¡No los pueden matar!
Se echarían el mundo encima.
No pueden matarlos. Es demasiado fuerte, no se atreverán.
No. No se atreverán.
"Claro que se han atrevido. Pobre Arantxa.
Se han atrevido ya con unas sentencias de muerte
que solo esperan ser confirmadas.
Pero tuve que mentir.
Porque Arantxa necesita creer en algo.
Ellas le echan la culpa al capitalismo, a la dictadura.
Yo pienso que aunque las cosas cambiaran,
para nosotros, para los comunes, todo seguirá igual.
Pero tengo que creer en algo, y solo me queda Senta.
Mi amor por Senta".
(Música piano)
Hola, Berta. De nuevo juntas. ¿Te dieron mi regalo?
Sí, lo llevo puesto.
Aunque no se vea lo llevaré siempre, toda la vida, pase lo que pase.
¿Cómo estás?
No me puedo quejar, sobre todo ahora que te tengo aquí.
Lo mío va bien.
He visto al abogado, dice que lo va a arreglar,
que pronto estaré libre.
Gracias a ti, Berta. ¡Gracias a ti!
-Muy bonito.
Realmente enternecedor.
Las amiguitas que se ven después de tanto tiempo.
¡Andando!
Tú con las putas, que es tu sitio.
Y tú ven conmigo.
Me acabo de enterar que te gusta mucho la música.
A ver qué tal tocas el piano.
Te crees muy dura, pero conmigo no te va a valer.
¡A ti te ablando yo cuando me salga del coño!
Ahí tienes el piano.
Empieza a tocar.
Vamos.
Te crees muy lista y eres una pobre imbécil.
¡Recoge la basura! Que yo lo vea.
Ponlo todo en el cubo.
Y tú, Lutera, cuando esta acabe con el cubo,
lo lleváis al patio y lo dejáis junto a la puerta.
Sacadlos todos.
Nos manda hacer este trabajo solo por joder.
A mí me hace cargar con peso para darse el gustazo
de verme echar un día al crío por la boca.
Pero a esa me la cargo yo. ¡Mua! ¡Por estas! (ESCUPE)
A esa y al Lucio me los llevo por delante.
¿Y quién es el Lucio? Mi hombre.
Yo estoy aquí con la tripa y se está encamando con otra.
De algo tiene que vivir el hombre, si tú ya no le quieres.
Claro que le quiero, más que a mi vida.
Si no le quisiera no tendría importancia.
Pero de tanto quererle,
en cuanto le eche la vista encima le pongo las tripas al sol.
Todavía no comprendo cómo está aquí.
Tendrían que llevársela a un sanatorio.
-Yo tampoco lo sé.
Creo que tiene que ver con la Ley de Peligrosidad Social.
Peligrosa una tonta... Tiene gracia.
Es como un niño pequeño.
¿Tú tienes niños?
Oye, ¿cuántos años te crees tú que tengo yo?
No sé. ¿Cuarenta?
No, 31.
Es que la mala vida envejece rápido.
Yo soy de pueblo, ¿sabes?
Y he trabajado más que una mula.
¿Y por qué estás aquí?
Mató a cuatro tíos en su pueblo. Y al perro.
Solo me arrepiento por el perro.
Por los otros no.
Me mataban de hambre.
Me trataban a palos.
Y encima se reían de mí.
Por eso les maté a todos.
Pero al perro no debí matarle.
Él me quería.
Me miraba con tristeza cuando se moría.
¿Puedes venir un momento?
Queremos hablar contigo.
Le he dado a Isa los versos de Iñaki que tú me trajiste.
A ella le han inspirado una canción que nos dedica a todos nosotros.
A Iñaki... lo han fusilado esta mañana.
Lo siento mucho, Arantxa.
De verdad que lo siento.
Yo ya lo sabía.
¿Lo ves? Al final se han atrevido.
Lo han hecho porque se sienten débiles.
Pero a mí... me han dejado vacía.
Ahora sí tengo envidia de ese último beso que tú le diste.
Era para ti, Arantxa.
Era para ti.
(Música guitarra)
-¿Lo sabe ya? -Sí.
Siento mucho lo que ha pasado con vuestro compañero.
No es cuestión de sentirlo, así no se consigue nada.
Pero es de eso de lo que queríamos hablarte.
Esta noche en el comedor organizaremos una huelga de hambre.
Invitamos a las comunes a que se unan. ¿Lo crees posible?
Me temo que no. Mira, te voy a ser sincera,
las compañeras no están de acuerdo con vosotras.
Os tienen miedo.
Dicen que ponéis bombas y os culpan de que no haya indulto.
Lo siento.
Es horrible, no se puede consentir que maten a nadie.
Pero tengo miedo.
Y las demás también.
¿Qué te había dicho?
Con estas no se puede ir a ninguna parte.
Está bien. Lo haremos solas.
Lo siento, Berta. pero, por favor, no te enfades.
Pilar es dura pero hay que comprenderla.
¿Me comprende ella a mí? ¿Comprende que me lo juego todo?
¿Que me lo juego a cambio de nada? Nosotros también nos lo jugamos todo.
Y sin conseguir lo que queremos la mayor parte de las veces.
Nos jugamos hasta la vida.
Aunque la batalla de la libertad se gane,
a Iñaki ya no le va a servir para nada.
Él la ha perdido definitivamente esta mañana.
¡Pero hay que luchar, Berta! ¡Hay que luchar por una causa justa!
No te equivoques, Berta. No te equivoques de bandera.
No dejes que la desesperación te degrade.
Degradación...
¿Qué sabes tú de eso?
Es como una escalera que se baja peldaño a peldaño.
Y yo ya he bajado demasiado.
Solo puedo seguir bajando hasta el fondo.
(Palmada)
¡Asesinos! ¡Asesinos! ¡Asesinos!
¡Asesinos! ¡Asesinos! ¡Asesinos!
-¡Asesinos! ¡Asesinos! -Por favor, sean razonables.
Si no quieren comer no coman, ¡pero guarden silencio!
¡Asesinos! ¡Asesinos! ¡Asesinos!
¡Asesinos! ¡Asesinos! ¡Asesinos!
¡Asesinos! ¡Asesinos! ¡Asesinos!
-Llévenselas. -¡Vamos!
¡Sin contemplaciones!
Arrastradlas si es preciso.
Llevadla a la celda de castigo.
¡Llevad a esta zorra!
¡Quieta!
(Silbato)
(Risas)
A la primera que se mueva me la cargo.
No sale de aquí en lo que le quede de vida.
¡Libertad! ¡Amnistía!
Tenemos que apoyarlas, hay que hacer algo.
Anda y que las folle un pulpo. Por esas no muevo yo ni un dedo.
No te metas, Berta. No te metas.
Ya ha oído a esa mala bestia.
Ellas tienen su mundo y nosotras el nuestro.
Acuérdate de lo que te digo.
Algún día nosotras tendremos un problema y nos darán de lado.
(Música militar)
¡Libertad! ¡Amnistía! ¡Libertad! ¡Amnistía!
Luisita, ¿por qué no comes?
No tiene cuchara.
Quiero esa cuchara ahora mismo.
Voy a creer que alguna la ha recogido del suelo
para que no se extraviara.
Tiene 15 segundos para entregarla.
Y no le pasará nada.
Ya estamos. Buscad por al lado de ella.
No hay nada. No está.
Ya han pasado los 15 segundos.
A la que se la encuentre va lista.
¡De pie todas!
¡Registradlas!
Y vosotras quitaros la ropa.
Si hubiera más disciplina, no pasaría lo que pasa.
(RÍE)
Tiene gracia veros así a todas.
Hay alguna que se salva, pero a la mayoría da asco veros.
¡Cacheadlas bien!
Estas son capaces de escondérsela en el mismísimo coño.
-Trae, dame. Vamos.
¡Quietas!
Aquí está.
La "jodía" tonta tenía que ser.
(RESOPLA)
"Españoles, si me permito turbar la intimidad de vuestros hogares
no es para exacerbar vuestra justicia".
¿Hasta cuándo aguantaremos
que nos congelen la sonrisa?
¿Hasta cuándo que se repitan esas cornadas
en vuestras tripas?
"Han pretendido inmiscuirse en la vida interna...".
Son las políticas que están cantando en el patio.
Es una canción que Isa dedica a las vascas. ¿Vamos a oírla?
"...vuestro coraje, vuestro profundo dolor
ante tanta hipocresía, falsedad e injusticia
como se ha derramado
para amasar esta intolerable agresión a la soberanía española...".
Estos son los que tienen la culpa de todo lo que les pasa.
Vamos.
-"...resonancia en el Gobierno,
que sintiéndola vehementemente,
tiene que sofocarla...".
¿Hasta cuándo aguantaremos sus presiones y su copla?
¿Hasta cuándo que difuminen el alarido
de vuestra boca?
De nuestros montes llega un "irrintzi"
que a la meseta hace vibrar.
Y el País Vasco...
"Gora Euskadi askatuta".
"...de prestar asistencia directa o indirecta
a las actividades terroristas o...".
De nuestros montes llega un "irrintzi",
que a la meseta hace vibrar.
Y el País Vasco...
"Gora Euskadi askatuta".
(DESAFINANDO) "De nuestros montes llega un 'irrintzi'...".
Dejadla en paz, coño. Si quiere cantar, que cante.
Y el País Vasco...
¡Vamos, mujer, baja!
¡"Gora Euskadi askatuta"!
Baja aquí a cantar conmigo.
Baja, por favor, que nos van a pelar a todas.
¡Y a la meseta hace vibrar! ¡Por favor!
Por favor, Françoise.
¡Ayudadme! ¡Cógela!
Françoise, por favor, escúchame.
(SIGUE CANTANDO)
¿Qué escándalo es este? Bajad inmediatamente.
Metedlas en celdas de castigo.
(BERREA)
A esta le quito yo la tontería en un momento.
¡No! ¡No! ¡Soltadme! ¡No!
¡No quiero! ¡No! ¡No!
¡No! ¡No!
¡Suéltame! ¡No! ¡No!
¡No!
¡No! ¡No!
(GRITA)
"Nos encerraron un mes en celdas de castigo.
A Françoise le ponían inyecciones de trementina.
Luego me enteré de que lo hacen con los presos rebeldes.
Produce intensos dolores, adelgaza,
y vuelve inapetente psíquica y físicamente.
Teníamos que dormir en el suelo
y la humedad calaba hasta los huesos.
Sentía el reúma crecer dentro de mí.
Un reúma que dolía y al que solo podía combatir
dando vueltas y más vueltas a la celda,
recorriendo a grandes pasos o a la carrera
sus seis metros cuadrados.
En un día se pueden dar hasta 45 000 pasos.
Hacía gimnasia, aprendí a depilarme sin pinzas,
a distinguir el caminar de las celadoras por sus pasos,
a saber a qué distancia se encontraban
o en qué calabozo se habían detenido.
Aprendí a hablar sola, a cantar y bailar,
repasando los juegos infantiles,
las canciones y poesías que aprendí en la niñez.
Hacía todo aquello que sirviera para olvidar mi situación.
Para soportar el lento transcurrir del tiempo,
en unos días que sumaban mucho más de 24 horas,
en los millones de minutos y segundos vacío,
comiendo el repugnante rancho carcelario,
defecando en un váter sin cisterna que se iba llenando de excrementos.
Me dejaba caer en el suelo y pensaba en Senta.
En mi amor por Senta.
Solo una vez pensé en Françoise, encerrada como yo.
Pero me equivoqué.
Françoise había escogido la libertad para siempre".
(Sirena de tren)
"Españoles, Franco ha muerto.
El hombre de excepción, que ante Dios y ante la historia
asumió la inmensa responsabilidad
del más exigente y sacrificado servicio a España,
ha entregado su vida...".
Guárdate eso, anda, te lo pueden ver.
¿Lo ves, Berta?
Al final las cosas van a cambiar porque la lucha va a continuar.
Y no habrá nada ni nadie que la detenga.
Acaba de nacer la democracia.
Ahora hay que luchar por la libertad, por la amnistía
y por el indulto para todas vosotras.
Lo conseguiremos, Berta.
Me gustaría creerte.
Pero no soy optimista.
Vosotras, tarde o temprano, lo conseguiréis, sí.
Pero nuestro caso es distinto, la sociedad no nos admite.
Ni esta ni ninguna.
Y aunque nos soltaran a todos, volverían a encerrarnos.
Te equivocas, una sociedad justa no va a consentirlo.
Mira...
Somos un monstruo,
un cáncer que ellos mismos han creado,
y no conocen más sistema para combatirlo que extirparlo.
Además, ya es tarde, la cárcel nos ha cambiado para mal.
Entramos aquí como deudores de la sociedad
para pagar nuestro delito.
Y a fuerza de humillarnos, de degradarnos,
nos convierten en acreedores que después reclaman sus derechos.
Nuestro caso no tiene solución. Somos carne apaleada.
Basura para todos excepto para nosotros mismos.
Tú eres una buena chica, Arantxa, y aunque ahora estés aquí
perteneces a esa sociedad que nos rechaza.
Durante todo este tiempo que has estado encerrada
no he hecho otra cosa que pensar en ti, que sufrir por ti.
¿Sabes? Tengo buenas noticias, Berta.
Me van a poner en libertad después de Navidades.
¿No te alegras?
Claro que me alegro.
Lo que pasa es que el día que te vayas
yo me quedaré aquí sola, tú empezarás a vivir...
...y yo me iré muriendo lentamente.
(Música dramática)
No digas tonterías, tú también saldrás enseguida.
Va a haber un indulto muy pronto.
Yo te escribiré y lucharé por ti desde fuera.
Y cuando salgas, te estaré esperando.
Estaremos siempre juntas. Libres, Berta. ¡Libres!
Un día me dijiste que cuando alguien bebe las lágrimas de otra persona
queda unida a ella para siempre.
Ya nada podrá separarnos.
Yo te quiero, Berta. Te quiero.
Yo también te quiero, Senta.
A veces el amor nos vuelve egoístas.
Al pensar que te ibas, me entró miedo.
Pero ya pasó.
Ahora estoy deseando que llegue la Navidad.
(Música navideña)
(INAUDIBLE)
(Tambor)
(Continúa la música)
Muy bonita la función del otro día.
Muy bonita, conmovedora.
Sobre todo al observar las miradas de Berta y las tuyas.
¿Os habíais creído que podíais ir por ahí haciéndoos arrumacos
y que yo lo iba a consentir?
¡Pues se acabó!
Esa zorra de Berta tuvo la culpa de Françoise se suicidara
y de que a mí me cargaran el muerto.
Y ahora me las va a pagar.
¡Vaya que si me las va a pagar!
Eso dígaselo usted a ella, yo no tengo nada que ver.
Tiene que ver mucho. Todo el mundo sabe que estáis liadas.
Tú te crees muy segura porque piensas que vas a salir enseguida
Pero te equivocas, eso depende de mí como todo lo demás.
No tengo nada más que dar un parte diciendo lo que sois
y aquí te quedas.
Y hasta puedo hacer que te quiten a la niña.
¡Para siempre!
¿Pero por qué? ¡Por qué!
¡Porque me da la gana!
Y para hacerle la puñeta a esa hija de su madre
donde más le duela.
Aunque pensándolo bien,
tú eres una buena chica que no tiene culpa de nada.
Es esa zorra la que te ha corrompido.
Yo, en el fondo, te aprecio.
Si eres lista y pones algo de tu parte
no tendrás problemas conmigo.
Ven.
Siéntate aquí.
¿Sabéis la noticia? La Holandesa se ha encerrado con Senta.
Seguro que se la está tirando. Pero esa se acuerda, por mis muertos.
La muy gilipollas se ha dejado la llave puesta
y las he encerrado.
Avisa a Berta, que está limpiando los lavabos.
¡Muy bien hecho! Ahora se puede armar una gorda.
Con un poco de suerte nos la quitamos de encima,
¡de una puta vez!
Ahora lo que hace falta es armar follón.
Que venga el director y las otras, y cuando vean que ella falta,
¡que la busquen! (RÍEN)
¡Luisita! ¡Ven acá!
(GRITA)
¡Toma!
(Grito)
¿Pero qué pasa?
A Luisita le ha dado un ataque
y vamos a joder la marrana a la Holandesa.
¡Y tú chilla como todas!
¡Chilla, Luisita! ¡Toma! A esa zorra de la Holandesa...
(Alboroto)
-¡Silencio todo el mundo! -¡Está enferma!
Quiero saber enseguida quién ha organizado este escándalo.
A Luisita le ha dado un ataque y nosotras nos asustamos.
¿Dónde está la señorita Trini? Está encerrada en su despacho.
La hemos llamado y no contesta. Debe de estar muy ocupada.
(GRITOS CONTINÚAN) ¡Basta ya!
Ustedes dos, lleven a esta pobre anormal a la enfermería.
¡Y que aparezcan inmediatamente
las llaves del despacho de la celadora jefe!
(Puerta se abre)
Tú eres quien ha organizado todo esto y lo vas a pagar.
Aunque me cueste el puesto.
Eres tú quien las va a pagar aquí y ahora.
Por Françoise, por Senta, por mí y por todas.
¡Aunque sea lo último que haga en la vida!
-¡Venga, Berta! -¡Dale, Berta, dale!
-Yo la sujeto. Venga, ahógala.
-¡Ahógala, Berta! -¡Mátala!
¡Así! ¡Sigue!
-¡Termina con ella! -¡Mátala!
-¡Duro, duro! -¡Mátala!
-¡Cuidado, Berta!
(SE QUEJA)
¡Mátala! ¡Mátala! ¡Mátala!
¡Acaba con ella! ¡Venga! ¡Mátala!
¡Vamos, Berta, vete a por ella!
¡Dale más!
¡Vamos a por ella!
-¡Te vamos a matar! ¡Hija de puta! -¡Te voy a matar!
¡Sujeta ahí que la mato!
¡Vamos a acabar con ella!
"Me encerraron otra vez en una celda de castigo.
Por lo demás, echaron tierra al asunto.
Como siempre.
A Senta la pusieron en libertad a los dos días.
A la Holandesa la trasladaron.
De nuevo era yo la que pagaba el pato".
¡Berta libertad! ¡Berta libertad!
"Las compañeras trataron de ayudarme.
Organizaron una huelga de hambre.
Las previsiones de Mercedes se cumplieron:
Las políticas no se sumaron al paro.
Sé que Arantxa hizo lo que pudo.
Pero las demás se negaron.
No merecía la pena arriesgar nada por nosotras.
Sin embargo, para las comunes sí merecía la pena.
A la huelga de hambre siguió un motín.
Pero duró poco.
Con promesas y con amenazas lograron convencerlas.
Les prometieron que no habría represalias
y que mi aislamiento solo duraría unos días más.
En parte fue verdad.
Me trasladaron a mi antigua celda, aislada.
Al principio, las cartas de Senta me llegaban con regularidad.
Luego se fueron espaciando.
Eran distantes y frías.
Me devané los sesos pensando en algo que me permitiera revisar el proceso
y obtener la libertad.
De pronto me acordé de una de las frases del fiscal:
'La locura desafiante de la acusada'.
Ahí estaba la clave: fingirme loca.
Me creyeron.
Creyeron que estaba loca y me condenaron a 15 meses.
Pero no llegué a cumplirlos.
El indulto tan esperado llegó al fin.
Volví a Barcelona".
(Música distendida)
"Necesitaba encontrar trabajo,
y aunque era difícil dados mis antecedentes,
finalmente lo conseguí.
Pero no encontré a Senta ni tuve noticias de ella
hasta que casi por azar di con su nueva dirección
en un pueblecito de la costa".
(Continúa la música)
Buenos días.
Por favor, ¿conoce a Soledad García, Senta?
Sí, claro que conozco a Senta. Trabaja aquí.
Aunque no creo que venga hasta dentro de un par de horas.
Lo mejor es que pregunte arriba, Marta le puede informar.
¿Marta? Sí, es la dueña del local.
¿Qué desea?
Perdone, busco a una amiga mía, Senta.
He preguntado abajo y... Senta está ocupada. Vuelva más tarde.
Necesito verla. No vivo aquí, acabo de llegar de Barcelona.
Por favor.
Está bien, pase.
Pase, pase.
Espere aquí. Senta, sal.
Aquí hay una que quiere verte.
No sabía que estabas en libertad.
Pensé que me escribirías.
He esperado tus cartas con más ansiedad
que los papeles del indulto.
Perdona, Berta, me ha faltado tiempo.
Tengo mucho trabajo. Y me tiene a mí.
De manera que usted es Berta.
En la cárcel se hacen extrañas amistades.
¿Qué tal está Eva?
La niña está bien.
La he mandado al campo con unos amigos.
¿Y tú? ¿Qué haces?
Vivo en Barcelona y he encontrado un trabajo.
Y tengo un apartamento.
Yo contaba con que vinieras allí, con la niña.
Me parece que usted no ha entendido o no ha querido entender.
Senta vive aquí conmigo.
Usted conoce a Senta y sabe lo que eso significa.
¿O no?
Me marcho.
Solo quería saludarte.
Y decirte que no ha cambiado nada dentro de mí.
Sin embargo, en ti...
Qué distinta.
Yo... ¿Quieres mis señas?
Sí, dámelas.
¿Has venido en coche? No, en autobús.
Entonces no puedes irte hasta mañana.
Si quieres, puedes quedarte a dormir.
Bueno, pero... no vamos a poder atenderla.
Es nuestra hora de trabajar.
Gracias.
Es mejor que me vaya. No, mujer, quédate.
(Gemidos)
Senta...
(Gemidos continúan)
(Música dramática)
Senta, amor mío,
ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos.
No sé cómo he podido soportarlo.
"Hoy por fin me atrevo a escribirte de verdad.
Tus llamadas telefónicas son breves, brevísimas".
Y solo así, escribiendo,
soy capaz de expresar lo que te quiero decir.
"De verdad que no aguanto más, no puedo vivir sin ti".
Te quiero.
No importa que yo no sea tu amor.
Tú eres el mío.
Mi primero, mi único amor.
Y sé que serás el último.
Te mando muchos besos
y te suplico que vengas.
"Querida Berta,
aunque dentro de poco estaré a tu lado,
me he decidido a escribirte.
Sí, me voy a Barcelona contigo. Para siempre.
Lo de Marta está acabado.
Ella no quiere que me vaya, me amenaza continuamente.
Sé que a tu lado voy a encontrar la paz que necesito.
Eva viene conmigo. Está muy guapa, ya la verás.
Y muy contenta de volver a verte".
(Música de órgano)
Ha sido un día maravilloso. Gracias, Berta.
Hacía mucho tiempo que no era tan feliz.
Me parece mentira estar aquí sentada a tu lado.
Es como si todos estos meses pasados se borraran de golpe.
Ya están olvidados.
¿Te gusta este sitio? Es muy bonito.
Y la música es agradable.
Espera un momento, vuelvo enseguida.
(Continúa la música)
¿Podría tocar "Tristeza de amor" de Chopin?
Sí, claro. Gracias.
(Música de Chopin)
¿Te acuerdas? Sí.
No había vuelto a oírla desde que nos separamos.
Pero sé que sin ti no habría sonado igual.
Y ahora tampoco.
Ese hombre toca muy bien.
Pero eran tus manos las que tenían algo especial.
Era que te quería.
Como ahora. Como siempre.
Quisiera decirte algo. Dime, ¿qué?
Bueno, nada. Después.
Lo que quería decirte es que, como siempre,
estoy mal de dinero.
Ya sabes que me duele pedírtelo,
pero no tengo otro remedio.
No te preocupes.
Chica, veo que nadas en la abundancia.
No lo creas.
Me han dado un adelanto en la editorial.
Pero mañana tengo que entregarlo en el banco.
Es para pagar el apartamento.
Esta mañana le di al dueño un cheque de 100 000 pesetas,
y con mis antecedentes, un cheque al descubierto.
Sí, claro.
No tiene importancia.
¿Es suficiente con esto? Sí.
(Música romántica)
Te quiero.
¿Me quieres, Senta?
Dímelo, por favor.
Calla. Sí, te quiero.
Pero tienes que ayudarme.
Tienes que confiar en mí.
Necesito ese dinero, Berta.
De verdad que lo necesito.
Dámelo, Berta. No...
Tú puedes arreglarlo, seguro que puedes.
Yo te lo daría todo.
Pero no puedo.
Todo lo que gano es para pagar este apartamento.
Para que te sientas a gusto.
Yo, personalmente, no tengo ningún gasto.
No quiero ir a la cárcel de nuevo, Senta.
No podría soportarlo.
Me dices que me quieres y eres incapaz de hacer nada por mí.
¿Sabes lo que te digo?
Métete tu cochino dinero donde te quepa
y no vuelvas a acordarte de mí. ¡No, Senta!
Amor mío, no te vayas, por favor.
Yo te quiero. Pues yo a ti no.
A quien quiero, a la única que quiero es a Marta.
Lo de antes lo hacía pensando en ella.
Me daba igual que fueras tú que la primera furcia
que me hubiera encontrado en la calle.
Yo solo necesito un pedazo de carne para hacerle el amor
y pensar que lo estoy haciendo con Marta.
Pero tú eso no puedes comprenderlo.
Tú te crees una pura, una intelectual, una romántica,
y en el fondo no eres más que una frígida
incapaz de sentir ni con hombres ni con mujeres.
¿Quieres que te diga lo que te pasa conmigo?
Que soy la única persona que te ha hecho gozar,
¡sentirte viva!
Pero eso tienes que pagarlo.
Porque a mí... ¡me da asco hacerlo contigo!
Y encima me pides que te diga que te quiero.
Pues te lo digo.
Te quiero...
...Marta.
¡No! (LLORA)
Perdóname, amor mío. ¡Perdóname!
Llévate el dinero.
Haz lo que quieras, pero por favor, no te vayas, Senta.
¡No te vayas!
Claro que me voy. ¡Déjame en paz! ¡Hemos terminado!
Me voy con Marta. Y tú puedes irte a la mierda.
¡Porque eso es lo que tú eres! ¡Una mierda!
¡Senta!
Senta...
No...
No...
(Música dramática)
(Sirena de tren lejana)
(Sirena de tren)
(Música dramática)
-"Los hechos y personajes descritos en esta película
son en su mayor parte reales,
aunque sus nombres se hayan alterado para evitar su identificación.
La novela sobre la que se basa esta narración
ha sido escrita por Inés Palou.
Inés Palou en Agramunt, Lérida, el seis de mayo de 1923.
Hija de Ramón y de Dolores, de profesión administrativa.
Después de haber permanecido varias veces en la cárcel,
Inés Palou se suicidó en Gelida en 1975,
bajo las ruedas del tren 2614 vía San Vicente rumbo a Barcelona.
Inés Palou vivía normalmente en una humilde pensión
y se suicidó pocos días después de firmar un talón sin fondos
por valor de 100 000 pesetas.
Se encontraron entre los restos
su carnet de identidad número 40675496
y algunos objetos personales".
(Continúa la música)
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