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Ahí fuera está sonando un móvil.
- Ese va a ser el mío.
Hola, tesoro, dime.
¿Qué pasa?
¿Qué le pasa?
¿Dónde estáis?
¡Que me digas dónde estáis!
- Llevamos tres días esperando un pedido de agua embotellada,
tres días.
¿Cómo que han llegado? ¿A ti te han llegado?
A mí no.
Un momento, te llamo enseguida, ¿de acuerdo?
Venga, hasta ahora.
- ¿Qué? - Alonso, que necesito irme.
Maite me ha dicho que me lleva y que...
- ¿Irte adónde? - Que mi hijo está mal.
- ¿Otra vez?
- Por favor.
- Idalia, te has sido ya en varias ocasiones.
Siempre te he dicho que sí, no te he puesto ninguna pega,
pero es que cada cinco días...
Por favor, trata de comprenderme.
- Ya lo sé y yo te lo agradezco, pero es que no depende de mí.
Mi hijo me necesita ahora mismo.
- Si no puedes estar aquí, no estés, nadie te obliga.
Pero esto es un puesto de trabajo y, encima, me estás diciendo
de llevarte a Maite.
¿Y quién cocina para los chicos?
¿Qué les pongo de comer hoy, cacahuetes con aceitunas?
- Por favor.
- ¿Tú me estás escuchando lo que te he dicho?
¿Entiendes algo de lo que te estoy diciendo?
- Que lo entiendo y te lo pido, por favor.
- Si quieres irte, vete.
Pero mañana no vuelvas a trabajar.
- Sabes perfectamente que necesito el dinero que gano aquí.
- Yo te he dicho todo lo que tenía que decirte.
Vete y haz lo que tengas que hacer.
Y, por favor, dile a Maite que si es ella la que te lleva,
- que no se moleste en venir mañana. - Entonces ¿quién me lleva?
- Idalia, ya.
Sí.
Sí, dígame.
Sí.
Sí, espera, que lo tengo por aquí. Un momento.
Eh... Este de aquí. A ver.
Sí, aquí lo tengo.
- ¿Estás sola? - Abre la puerta.
- ¡Contéstame!
- ¿Dónde está mi hijo?
¿Qué le ha pasado?
¿Qué le ha pasado?
- Que ha tomado demasiado, se le ha ido de las manos.
- ¿Por qué no has llamado a una ambulancia, hijo de puta?
- Porque iba a venir toda la Poli y me iban a pillar todo lo que tengo.
- No vuelvas a acercarte a mi hijo, ¿me escuchas?
O te juro que te mato,
te juro que te mato con mis propias manos,
hijo de la grandísima puta.
Y, ahora, vete de aquí.
- ¿Idalia Ochoa?
- Sí.
- Dídac está bien. - Oh, gracias.
- Puede estar tranquila, pero yo le recomendaría
que le internarse en una clínica de desintoxicación.
Es la tercera vez que viene por una sobredosis.
Necesita ayuda profesional, necesita alejarse todo esto.
Hágaselo ver.
¿Qué pasa?
- ¿Puedo llamarlo?
No, Dídac, no, ya hemos hablado de eso.
No puedes llamarlo.
No puedes volver a hablar con él y, mucho menos, volver a verlo.
- Mamá, lo echo de menos.
Lo echo mucho de menos.
- Dídac, ese Ignacio es un desgraciado.
Es una persona que se alimenta de tu luz y es él
el que te ha llevado todo esto.
- Pero él no pudo evitarlo.
Mamá, me quiere, yo te juro que me quiere,
me quiere de verdad.
- No, Dídac; la que te quiere soy yo,
más que a mi propia vida.
Lo único que él quiere es no tener que hundirse solo
y te está arrastrando con él y a mí también.
Nos está arrastrando a los dos.
- Pero podemos salir de esto juntos, mamá.
Él y yo apoyándonos.
Ahora está solo y yo no le puedo dejar así.
Quiero cuidar de él, tengo que cuidar de él.
Se lo prometí.
- ¿Y yo?
Dime.
¿Dónde quedo yo?
¿Dónde queda tu madre?
¿A mí quien me ayuda, Dídac?
Yo también necesito ayuda.
¿Es que no lo entiendes?
Me han echado del campamento, me han puesto una denuncia por robar
una furgoneta y no consigo trabajo por ningún sitio.
Ya no tengo dinero ni para la clínica que necesitas
ni para darte una puta comida decente.
Yo ya no sé qué hacer.
- No te preocupes.
No te preocupes, mamá.
Ya verás cómo las cosas van a empezar a arreglarse.
A lo mejor, hasta compramos tú y yo el campamento.
¿Te imaginas?
Serías la directora.
Yo podría ayudarte en lo que fuera.
¿Qué crees que podría hacer yo?
- Tú podrías hacer lo que tú quisieras, tesoro.
- Mamá, lo siento.
Mamá, lo siento mucho.
- Dídac.
Eres lo único que tengo en el mundo.
Por eso tienes que cuidarte.
Y cuidarme a mí también.
Y si haces eso,
pues, igual, algún día podemos tener todo lo que queramos.
Incluso, nuestro propio campamento.
¡Hola, tesoro!
¡Traigo buenas noticias!
Me ha dicho mi amiga Sole
que le mandé mi currículum para ver si puedo entrar a trabajar
en su empresa de teleoperadoras.
¿Qué te parece?
Bien, ¿eh?
¿Qué es esto?
¿Dídac?
¡Dídac!
¡Dídac!
¡Dídac, Dídac!
¡Dídac!
¡Dídac!
¡Eh! ¿Eres Idalia Ochoa?
- ¿Nos conocemos?
- ¿Quieres volver a ver a tu hijo?
- ¿Qué está diciendo?
- Conozco gente que puede ayudarte.
Ve a esta dirección y pregunta por un Cadillac solitario.
No tienes mucho tiempo.
¿Hola?
- ¿Idalia Ochoa?
- ¿Quiénes sois?
- Perdona, mi nombre es Jessica y este es mi compañero, Mauricio.
¿Quieres sentarte, tomarte un café, un vaso de agua?
- No, lo que quiero saber es por qué un desconocido me ha dicho
que puedo volver a ver a mi hijo.
- Siéntate, queremos contarte algo.
- Sabemos, querida, que tu hijo acaba de suicidarse.
- ¿Como sabéis eso?
- Simplemente, lo sabemos.
- Sin embargo, no es el final.
Él, ahora mismo está viajando a otra parte,
por decirlo de alguna manera, - En serio, ¿quiénes sois?
- Deja que se explique, luego preguntas lo que quieras.
- Vamos a ver; la vida y la muerte como tal no existen.
Es decir, son conceptos que hemos creado nosotros, tú, yo,
todos los que poblamos el planeta.
Todos tenemos la misma concepción sobre eso.
Pasa lo mismo con el tiempo y el espacio, por ejemplo.
Es decir, nuestras cabezas conjuntas hemos creado un universo,
un universo que tiene sus propias reglas.
Imagínatelo así.
Es como cuando Tolkien escribió "El Señor de los Anillos".
Cuando él lo hizo, creó un universo con sus reglas.
Los elfos o los hobbits, ¿existen?
En nuestro mundo no, pero en el que él creó sí.
Por eso ellos no se asustan cuando ven a elfo.
Igual que nosotros no nos asustamos al ver la fuerza de la gravedad.
- Cíñete a lo que le interesa, por favor.
- Dídac está de viaje ahora mismo, de viaje a otra parte,
pero es que tú puedes hacer que se detenga.
Tu hijo está muerto aquí, pero está viajando a otra dimensión.
Que la muerte no es el final como todos nosotros pensamos,
es otro comienzo.
Otro comienzo distinto que nos lleva a otra parte.
Mira, imagínate que Dídac está viajando en una autopista
y que tiene fijado un destino en el GPS.
Pero tú puedes hacer que se detenga en una estación de servicio.
Lo que te decía antes del tiempo y el espacio,
que es una invención de nuestra consciencia.
Es una invención... ¿Me sigues?
Idalia.
Es una invención de nuestra conciencia,
pero tenemos la capacidad de crear otra alternativa.
Nuestras mentes pueden hacerlo, tu mente puede.
- Mi mente. - ¡Eso es!
Tu mente puede hacer que Dídac se detenga
en esa estación de servicio.
¿Y cómo hay que hacerlo?
El primer paso es beberte eso y en segundo lugar...
- ¿Qué es eso?
- Veneno.
- Lo que quiere decir es que tú puedes crear un universo
entre la vida y la muerte para estar con Dídac.
Puedes crear ese universo, pero, bueno, lo primero tienes
que dejar que te matemos.
- Esto es una broma. - Te prometo que no lo es, Idalia.
- Esto es una puta broma.
- Esto no es una broma, de verdad.
- Sabía que era una idiota viniendo aquí.
- Os voy a decir una cosa... - ¿Quieres volver a ver a tu hijo?
- ¿Cómo me voy a creer nada de lo que me estáis contando?
- Porque estás desesperada.
Porque harías cualquier cosa por volver a tener a Dídac contigo.
Sí.
- ¿Qué pasa?
- Tenemos que irnos, ¡ya! - No podemos.
- ¡Están viniendo!
Jessica, escúchame; si nos pillan, se acabó el juego.
Lo entiendes, ¿verdad?
Voy a avisar a los chicos que nos ayuden a recoger todo
y nos vamos y...
Lo mejor que puedes hacer es irte.
- ¡No, no, no, por favor! - ¿Qué haces?
- ¿Y ahora qué?
- ¡Hay que hacerlo! - No podemos hacerlo,
no tenemos tiempo.
El veneno va a actuar en unos pocos minutos.
- No podemos explicarle todo. - Pues, venga, rápido, va.
Necesito que me escuches con atención;
el universo en el que vas a vivir no tiene nada que ver con este.
Todo, absolutamente todo lo que esté en tu cabeza
va a cobrar mucha importancia.
¿Me estoy explicando?
- Vamos. - Pero ¿será real?
- Todo lo que importa es que tu cabeza va a dar vida a cosas
que en este universo no son tangibles.
- ¿Cómo qué?
- Ilusiones, sueños, miedos, traumas.
- ¿Qué es eso?
- Esto es lo que hará que tu mente se expanda más allá
de los límites habituales.
- ¿Cómo una especie de droga o algo así?
- Jessica, escúchame.
El veneno te tiene que estar empezando a hacer efecto,
así que, te vas a quedar dormida muy pronto y puede que te falte
el aire, pero tienes que mantener la calma, ¿me escuchas?
Mantén la calma.
¿Entiendes?
Si no lo haces, todo puede salir mal.
- Va a salir bien.
A ver.
- ¿Qué es eso que estoy oyendo?
- Solo necesito que sepas una última cosa.
Quizá, la más importante de todas.
Cuando llegues al destino,
tienes que encontrar el elemento de referencia.
- Ah.
¿Elemento de referencia?
- Sí, un elemento de referencia es un elemento físico
que va a actuar como pilar central de tu universo.
Es lo que hará que se mantenga en pie, lo que hará que parezca real.
Mejor dicho, que se parezca al universo en el que vivimos ahora.
Pero si por algún casual el elemento no está o falla, quiero que sepas
que ese universo va a empezar a debilitarse.
- ¿Cómo voy a encontrar a mi hijo?
- No escuchas nada de lo que está diciendo, ¿verdad?
- ¿Cómo voy a encontrar a mi hijo?
- Bueno, creemos que lo encontrarás.
- ¿Creéis?
- Ahora te toca pensar a ti.
Eres tú la que va a generar ese universo.
Te corresponde a ti decidir qué va a pensar que está viviendo Dídac.
Recuérdalo; eres el Tolkien de tu mundo.
¿Tienes claro ya dónde quieres vivir?
Proyéctalo en tu mente y no pierdas esa imagen
por nada del mundo.
Desde aquí hasta final de tu tránsito.
- Esto es una locura.
No tiene ni idea de lo que se va a encontrar cuando llegue y nosotros
no sabemos nada de sus miedos, de sus traumas, de sus inquietudes.
Puede crear un infierno si esto sale mal.
- Es un riesgo que hay que correr. - No lo estamos corriendo nosotros,
sino ella.
- ¡Ah!
Ya se va. Actívalo.
¡Ah!
¡Dídac!
Dídac.
Dídac.
- ¿Es aquí la fiesta?
No estás tú sola, ¿eh?
Fíjate cuántos invitados han venido.
- ¿Quién eres?
- Soy Audrey, tu hada madrina.
Vas a tener que inventarte una muy buena historia antes
de que se despierten los niños, ¿no?
Esta chica se rajó las venas después de haber matado a su padre,
que, previamente, había matado a su madre.
¡Oh! Una película de Von Trier, querida.
Este chico...
tuvo una historia de amor preciosa con su entrenador,
que acabó en tragedia.
Los pillaron y acabó tirándose a las vías del metro.
Esta chica de aquí perdió a su madre,
a su padre y a su hermana en un accidente de autobús
en los Pirineos.
Ella no murió, pero acabó en silla de ruedas.
Encendió el gas, echa una siesta y, bueno, ¿qué te voy a contar?
Aquí la tienes.
Esta chica de aquí...
estuvo toda su infancia en el hospital
por una enfermedad rarísima rarísima rarísima.
Al cabo del tiempo,
se la volvieron a diagnosticar y no lo aguantó.
Se metió un tiro entre ceja y ceja.
Mucho sufrimiento.
- Pero, entonces, ¿todos se han suicidado?
- Pues no lo sé, reina. Este mundo lo has inventado tú, ¿no?
Como no lo sepas tú.
Vamos a ver; vas a tener que improvisar un poquito,
pero no pasa nada.
Ahora es el momento.
Cuéntales una historia que cuadre, una buena historia.
Será cosa tuya lo que piensen cuando vayan a caminar por tu mundo.
Qué responsabilidad, ¿no?
Aunque, bueno, también tienes la opción de no contarles nada
y, cuando se despierten, ¡boom!
Que cunda el pánico.
- ¿Y tú cómo sabes todo lo que sabes?
- Digamos que tengo el don de la lucidez.
- Está bien.
Estamos en un campamento.
Se llama Albanta.
Yo soy Idalia, la regente,
y Dídac es uno de los mentores.
Tú has llegado a este campamento porque te intentaste suicidar
después de la muerte de tu madre.
Tú estás aquí porque sufriste una fuerte depresión
cuando descubrieron que tenías una relación a escondidas
con tu entrenador.
Tu madre descubrió que tenías una fuerte depresión y pensó
que Albanta era el mejor lugar para ti.
- Ah.
Entonces, ¿va a ser esto como una especie
de campamento de autoayuda?
¡Oh! ¡Qué fantasía!
Has llegado aquí porque sufriste un abuso sexual.
Tú has llegado al campamento para trabajar como monitor,
porque, por tu culpa, por culpa de tu ludopatía...
se arruinó toda tu familia.
- ¿Y yo qué? ¿A mí no me cuentas mi historia?
- No me has dicho nada.
- Invéntate tú una.
- Pues tú has llegado al campamento porque no te aceptas como eres.
¡Uh! Qué clásico, ¿no?
Pero, venga, vale, aceptaré ese drama como mío.
Bueno, ¿qué, Idi? ¿Y ahora qué hacemos?
¿Adónde vamos?
- Vamos a llevarnos a los chicos fuera del campamento para que piensen
que han llegado en un autobús o algo parecido.
- ¡Uh! ¿En autobús?
- Sí. - En plan viaje de fin de curso
- a Torrevieja. - Sí.
- Me encanta.
Por cierto, reina.
Hay que tener cuidado con los límites del campamento.
¿Alguna vez has tenido una pesadilla?
Pues digamos que aquí hay personas reales
y cosas o gente
que no lo son.
- ¿Cómo fantasmas?
- ¡Fantasmas!
Jamás lo habría definido mejor.
- ¿Y tú eres uno de ellos?
- No.
Yo soy un chico
que nunca se ha aceptado a sí mismo
y por eso está en el campamento.
¿Hay alguien más?
¡Eh!
¡Eh, para!
- ¿Idalia?
- No puede ser.
- ¿Dónde está Dídac?
- Tú no puedes estar aquí.
- ¿Dónde está...?
- ¡Ah, ah, ah!
- Idalia.
Te presento a tu fantasma.
Pero una cosa te digo, mi amor;
yo que tú no me habría molestado tanto.
Los fantasmas no pueden morir.
Lo siento, mi vida, pero lo volverás a ver.
¡Ah!
¡Pero, bueno, qué maravilla!
¿No querías un autobús, Idalia?
Pues aquí lo tienes, aunque yo le quitaría el cartel
de Pirineos para no levantar...
ampollas.
¡Uh! Si no se puede fumar.
Qué mala soy.
Cuando despierten, bajad del autobús y enfiláis hacia el primer claro.
Estaré esperando ahí.
Por cierto.
No sé qué eres exactamente,
pero gracias.
- No me digas estas cosas ahora, nena, que me voy a poner a llorar.
Y mi rímel no es waterproof.
Olivia, querida, olvida todo lo que te han dicho.
Tú estás aquí, en Albanta,
para investigar la muerte de tu hermano Gonzalo,
que se suicidó tras salir de este campamento.
Está claro que alguien le motivó a hacerlo, así que tu propósito
va a ser descubrir quién y cómo.
Qué mona.
Despierta, despierta, despierta.
He oído que Marcos ha desaparecido.
Ahora tengo más sitio en la celda.
¿Y no estás preocupada?
Se ha fugado con Dídac.
¿Sí?
Pues a no ser que Dídac tenga un gemelo idéntico,
Marcos se ha ido solo.
- Chicos, voy a comer algo y reponer fuerzas.
Voy a buscar a Marcos. Vale.
¡Abel, Abel!
¿Dónde está la cabaña?
¿Perdón?
Sé que ese sitio existe.
Sé que tú lo has visto y quiero que me digas dónde está.
Quieres que te diga dónde está.
Sí.
¡En la imaginación de tu novia!
Perdón, cielo.
¡Abel!
¡No me toques!
No soporto que me toquen si yo no doy el permiso.
No sé a qué estás jugando,
pero sé que ese sitio existe y lo voy a encontrar.
Pues, Abel, mi amor, contacta con el camello de la rubia.
Y, ahora, ¿qué hacemos?
¡Olivia!
Sé dónde está lo que buscáis. La cabaña.
Es que no es una cabaña... Es una puerta
en mitad de la nada.
¿Qué? Sí, es una puerta,
en mitad de la nada, que te lleva a una cabaña.
¿Qué es este sitio?
Vale.
La puerta de la cabaña que buscáis creo que está allí,
detrás de los árboles. ¿No vienes?
No. No deberías estar sola, en serio,
hemos visto demasiadas cosas. Ya, yo también.
Me voy al campamento mejor. Pero estaré bien, tranquilos.
Pero ten cuidado, ¿ok?
Y gracias.
Mucha suerte y cuidado vosotros también.
¿Qué haces aquí?
¡Qué susto!
¿Y tú?
¿Cuánto tiempo lo llevas buscando? Un buen rato ya.
Bueno, seguro que aparece, porque es un niño con una pataleta,
nada más. Ya, ya lo sé.
Pero se ha enfadado por mi culpa.
Yo le prometí una cosa, hablé con mi madre,
cambié de opinión.
Un puto lío.
¿Y tú qué rollo te traes con tu madre?
¿Te hace de filtro de Tinder o algo así?
Mi madre ha hecho mucho por mí.
Mucho. ¿También te prepara la ropa
por las mañanas?
Mira.
Antes de que empezáramos este campamento,
yo era adicto, adicto a las drogas, y fue llegar aquí, poner un pie
en Albanta y todo empezó a cambiar. A ver, a ver.
¿Me estás diciendo que eras yonqui? Sí.
Tú. Yo.
Y llegaste aquí y se te pasó la adicción.
Sí.
Pues, con todos mis respetos, muy yonqui no serías tampoco.
Pues consumía heroína.
Mi madre es protectora conmigo sí, pero tiene razón.
He estado muy perdido en la vida y eso es lo que me gustaría
explicarle a Marcos.
A lo mejor, tendrías que intentar explicarle a tu madre
que tienes una edad ya.
Quiero decir, que no eres un crío.
Y a Marcos, ¿qué le vas a decir cuando lo encontremos?
Que lo siento.
Que lo siento, que me gusta y que quiero empezar a conocerlo.
Con calma o sin ella, da igual,
pero que quiero empezar a conocerle fuera.
¡Marcos! ¡Puta!
¡Marcos, Marcos! ¡Joder, joder, joder, joder!
¡Coge aquí, coge aquí, corta! ¡Voy, voy, voy!
¡Carolina! ¡Que voy!
¡Carolina, corta, joder! ¡Joder, joder, joder!
¡Corta!
¡Corta!
Marcos, ¿me oyes?
¡Marcos, Marcos! ¿me oyes?
¡Marcos, Marcos!
¡Marcos, Marcos!
¡Marcos, despierta, Marcos!
¡Marcos, por favor, Marcos!
¡Marcos, Marcos, por favor, Marcos!
¡Por favor, Marcos! ¡Marcos, no!
¡No, Marcos! Dídac.
¡Marcos, no!
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