All language subtitles for El Principe Y El Mendigo - The Prince and the Pauper DVDRip.Dual.ES-EN

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Original subtitles

¡Es un niño!

¡Ha nacido el príncipe!

¡Larga vida al Príncipe de Gales!

Bebed, bebed en abundancia.

El único coste de una jarra de cerveza es que se beba a la salud de su Alteza Real...

¡El Príncipe de Gales!

¡Larga vida a su Alteza Real el Príncipe de Gales!

Aquí.

Señoras y señores...

os pido que brindéis por mi hijo...

Eduardo Tudor.

Un momento.

Bebéis demasiado rápido.

Os aconsejo que así como bebéis, recéis por vuestro propio bien...

que mi hijo sea un buen rey.

Porque bueno o mano, enfermo o saludable...

cobarde o valiente, ¡él será Rey!

Bebiste poco, mi buen Norfolk.

El vino no me sienta bien, Su Majestad.

Una pena,

porque perder la cabeza a causa del vino...

es mucho menos duradero que perderla por traición.

Seguramente, Su Majestad no me creerá un traidor.

En absoluto, mi buen Norfolk. Pero sí capaz de serlo.

- Es un niño, Enrique. - Eso me han dicho.

- ¿Te alegras? - Mucho.

Y agradecido, señora...

no sólo por proporcionar a la Casa de los Tudor un heredero...

sino también por poder liberarme de tu existencia.

Pobrecito.

Traído a este mundo para llevar una corona le venga bien o no.

Esa corona le pesará...

y hasta deseará haber nacido del mendigo más mísero de Londres.

Pobrecito.

Pobre nada.

Es un mocoso sano.

¿Sano, de verdad?

Has tenido un hijo sano, cuando todo el tiempo...

sabes que son sólo los enfermizos los que pueden mendigar por una limosna hoy día.

Un príncipe nació esta noche también, pequeño.

Así que duerme e imagina que las campanas doblan por ti.

Aquí está. ¡Creo que a este villano habría que cortarle la cabeza!

Hervirle en aceite, quiero decir, Su Alteza. Merece ser asado.

Vamos a dárselo.

- ¿Qué ha hecho, mis señores? - No quiere jugar, eso pasa.

Deja que este miserable se arrodille ante mí.

Abajo, desgraciado.

¿Por qué no quieres jugar, tonto?

Porque no quiero que me hiervan en aceite. Dolería.

¡Cobarde!

Contén tu lengua. Él tiene razón. Dolería.

Un buen rey es un rey compasivo. Te mostraré la compasión.

¿Si te hago uno de mis lores, jugarás?

Sí.

Te nombro Sir Hawkins.

Levanta.

`Absit invidia'

¿Qué es eso?

Es latín. Y significa: "Que no haya envidia".

El Padre Andrew me lo enseñó.

Sería mejor que te enseñara cómo traer dinero a casa.

¡Te sacaré a golpes sus reales ideas de tu cabeza!

¡con gusto te daré un puñetazo en la cara!

¡Ahora, entonces!

Realmente está zurrando bien al Rey.

Puede que eso mantenga las lágrimas en tus ojos lo suficiente para pedir un penique para comida.

¡Fuera de aquí!

¿Puedo pasar?

Por supuesto.

Thomas, ¿has estado llorando?

No, señor. Es sudor. Ya ve, he estado corriendo.

¿Y como viniste así?

¿Tu padre?

No, señor. Mi padre no me pegaría. Yo le caigo bien.

Pido perdón.

Gracias.

Algún día voy a tener unas palabras sobre ti con tu padre.

No, yo no lo haría, señor.

Ya ves, parece que él no quiera ver a nadie...

a causa de que se siente mal porque yo tenga que mendigar.

Pensé que quizás me dejaría leer algo más de ese libro en latín.

Por supuesto.

Cuanto más leas, más oportunidades tendrás...

de salir de Offal Court cuando crezcas.

Pero usted ha leído casi todo, y está aun en Offal Court, Padre.

La voluntad de Dios y el y el capricho de un Rey son dos cosas...

que supongo no están hechas para que las entienda la gente corriente, Tom.

¿Por qué Su Majestad te echó de tu casa...

y te quitó tu pensión, cuando no le hiciste nada?

Me temo que hoy en día, el Rey sabe muy poco de sus súbditos.

Excepto los que viven en su corte...

que se toman muchas molestias para que no sepa...

la situación apremiante de otros menos afortunados que ellos.

¿Sabe que haría si yo fuera el Rey?

Mandaría al Príncipe a jugar con otros niños.

Entonces aprendería sobre la gente y sería un buen rey cuando creciera.

Una sugerencia bastante interesante.

Sigue con tu lectura mientras haya buena luz.

Si, es lo que voy a hacer, porque llevo dos días con ella...

y todavía César no ha cruzado el Rubicón.

Cuéntame todo.

Te lo diré, hay más oro allí del que jamás pensaste que hubiera en el mundo...

esperando que lo cojan.

- ¿Qué es eso que lees? - Un libro.

- ¿Robado? - No.

El Padre Andrew me lo dio. Para que yo lo tuviera.

¿No es muy amable por su parte?

Sí. Es muy valioso.

- Dámelo. - Por favor, no lo rompas.

¿Romperlo, tonto? Voy a venderlo.

Esto alcanzará para una buena ración de carne y cerveza.

Por favor, devuélveme mi libro.

Vamos, Hugo. Vamos al mercado de ladrones.

Una ganancia caída del cielo, lo llamaría yo.

Y si te pillo con ese dichoso cura otra vez...

¡os despellejaré a los dos!

Mi libro.

¡Fuera! ¡Sal de aquí! ¡Vamos!

¿Un penique, por favor?

Es hora de que hablemos de algunas cosas, Majestad.

Mi muerte entre ellas, supongo.

¿Muerte?

¿Que os hace pensar en la muerte, señor?

Entre otras cosas, ver un cuervo negro volando alrededor de mi lecho.

Olvidad ese pensamiento, señor.

- Sois aún un hombre sano. - Ni siquiera soy un hombre.

Soy una enfermedad.

Una dolorosa e insoportable. Sigue.

Se me ocurrió, señor, que cuando el Príncipe Eduardo llegue al trono...

puede que la corte le imponga al Duque de Norfolk...

como el Lord Protector.

Es lo más razonable, Hertford.

Es penoso ser un mal rey.

Preocuparse en tu lecho de muerte sobre tu dinastía...

y no sobre tu pueblo.

Ser capaz de perdonarle a un hombre sus pecados y no sus virtudes.

Y Norfolk tiene virtud.

Y la casa de los Tudor tiene pecados.

Pero no serán juzgados por los Howard.

Tienes toda la razón, Majestad.

El Protector será un hombre que mordisquee la mano de la corte.

Cuyo poder asuste sólo a las damas.

Y cuya ambición de poder sea construirse un nido seguro en el trono.

Me perdonará si digo que esa descripción se asemeje a la de una rata de palacio.

- Quiere decir... - Me refiero a ti.

No tengo palabras para mostrar mi gratitud por este honor, señor.

Pero me permitirá--

Celebrar mi defunción con el mayor placer posible.

Hay una persona, señor...

que podría oponerse a la elección que habéis hecho.

- ¿Quién? ¿Warwick? - No, señor.

El mismo Príncipe.

Norfolk le ha hechizado. Él le adora, le llama tío.

Pero por alguna extraña razón, a Su Alteza le desagrado.

Si deja la elección pendiente, hasta su muerte...

Su Pequeña Alteza indudablemente designará a Norfolk.

No.

Porque tengo la intención de solucionar diversos asuntos...

de manera que la muerte de Norfolk precederá la mía propia.

- Seguro, ¿Majestad? - Seguro.

Ahora, pide a Su Alteza que venga.

Creo que me gustaría jugar ahora.

¿Podemos jugar a las charadas, Alteza?

Lady Jane, le he dicho que odio las charadas.

Lo siento.

Está bien. Jugaremos a las charadas luego.

Después de jugar a algo que me guste a mí.

Quill, sugiere algo.

Y si no me complace, te golpearé.

Y si le complace, será un juego en el que me golpearé de todos modos.

Por tanto, podría ser...

la gallinita ciega.

Bien. Eso me divertirá.

- Juguemos. - Aquí está mi pañuelo.

- ¿Debo empezar yo, señor? - Grita para que sepa donde estás.

De acuerdo.

Dadle vueltas.

Ya está.

Ahora, adivinad donde estamos.

Alteza.

- Estáis herido, ¿Eduardo? - ¿Eduardo?

Disculpadme, Alteza.

Algún día te haré cortar la cabeza por llamarme así.

Aunque quizá sería mejor los pies. Para que no me molestes.

¿Por qué está aquí, milord?

Su Majestad espera, Alteza.

Muy bien.

Aún no podéis marchaos. Vuelvo enseguida.

Me alegra de que me mande llamar, Padre.

No me dejaron verte esta tarde.

- ¿Lo intentaste? - Sí.

- ¿Qué querías? - Nada. Sólo verte.

Ven aquí.

Siéntate.

Uno de estos días, Eduardo...

- Me marcharé. - ¿A la guerra, Padre?

No. A la paz, espero.

¿Pero, donde?

A presentarme al único ser...

que sabe que no existe el Derecho Divino de los Reyes.

Después de mi marcha, Eduardo, tú llevarás la corona.

- Pero... - Calla. Escucha y recuerda.

Sólo hay una corona en Inglaterra.

Pero hay muchas cabezas que la ambicionan.

Así que un Rey sabio elimina esas cabezas.

Así es la política.

Cuanto te sientes a juzgar...

recuerda que tu asiento no es sino una silla...

hecha de roble inglés, labrada por carpinteros ingleses...

y convertida en trono únicamente...

por la voluntad del pueblo inglés.

Eso es patriotismo.

Hay una cosa más.

Un Rey no responde ante ningún hombre.

Ni incluso a él mismo.

Tener conciencia es tener una grieta en tu armadura...

donde dejar entrar los puñales de aquéllos que amas...

y confías, y necesitas.

Recuerda lo que te estoy diciendo.

Nunca confíes tanto...

ames tanto...

ni necesites a alguien tanto...

que no puedas traicionarle con una sonrisa.

Esa es la paradoja del poder.

Supongo que eres demasiado joven para entender eso.

No, Padre. Puedo incluso entender a Aristóteles en su griego original.

Eres como tu madre.

- ¿Cómo era mi madre? - Una mujer simple.

- Ella te habría aburrido. - No, no lo habría hecho. La habría querido.

¿Donde está?

¿Tienes más galletas?

Su Majestad olvidó mencionar su elección a su Alteza.

Trae ese cofre.

- ¿Sabes qué es esto? - Sí, Padre. El Gran Sello de Inglaterra.

Hay una extraña magia en él, Eduardo.

Puede convertir un capricho real en ley.

Un hombre inocente en culpable.

Un hombre pobre en rico.

Un juguete peligroso para un niño...

y para un loco.

Te aconsejo usarlo de forma moderada y sólo ocasionalmente,

para que no selle tu propia perdición.

Te lo confío a ti.

Cuando llegue la hora de que lo uses...

Quiero que consultes...

- Otra vez los médicos. - Majestad.

No debéis ser molestado.

Milords, debéis dejar a Su Majestad en seguida.

- El reposo es el único remedio para curarle. - ¿No hay otra salida?

Tras una vida esquivando cañonazos, me vais a abatir con píldoras.

¿Su Majestad, puede eso ser una galleta?

¿Que piensas que es, la cabeza del Arzobispo?

¿Puedo pedirle a Su Alteza, y a usted, Lord Hertford...

que os retiréis por el bien del Rey?

Sí, por supuesto.

Majestad.

Mañana.

- Mañana. - Pero, Majestad...

¡Fuera!

¡Todos vosotros!

- Tú, también. - Sí, Padre.

Sí, Padre.

- Buenas noches. - Buenas noches, Padre.

¿Dónde están Lady Jane y Lady Elizabeth?

Su niñera vino a decirles que era hora de irse a dormir.

- Mi perro, ¿dónde está? - Se lo han llevado a las perreras.

- Traedlo. - Alteza, estamos de guardia.

Si lo abandonamos, tendremos que responder personalmente ante el Rey.

¿Es eso un perro lo que hay allí abajo?

- Es un chico. - Sal de ahí, pequeño mocoso.

- ¡Sal de ahí! - Sí, Padre.

Parece un poco impertinente.

¿Eres un ratero? ¿Cómo has entrado?

No soy un ladrón, señor. Sólo pido limosna.

Pues esta vez has pedido que te llenemos el pellejo de huesos rotos.

Puede que esto te enseñe a respetar a la Guardia de Su Majestad.

Puede que eso te enseñe a respetar a los súbditos de Su Majestad.

- Alteza, perdonadme, yo... - Silencio.

¿Estás herido, chico?

- ¿Estás herido? - No, señor, Alteza, señor.

- ¿Qué haces aquí, chico? - Estaba lloviendo, Alteza.

Únicamente me colé, para...

poder dormir debajo del banco donde estaba seco, Alteza.

No soy una mala persona, Alteza. De verdad, no lo soy.

Estoy seguro de que no.

Si lo fueras el que estaría debajo del banco sería el Capitán, no tú.

- Alteza, no comprendéis. - Silencio.

Ya me molestas lo suficiente cuando estás en silencio.

¿No estaréis pensando en decapitarme, verdad, Majestad?

No.

Pensaba si estabas o no demasiado sucio para jugar contigo.

No puede jugar conmigo. Soy un mendigo.

Puedo jugar con quien quiera.

Soy el Príncipe.

Vamos.

Cuando ese pordiosero salga de las alas de Su Alteza,

le daremos una paliza.

Nunca había imaginado que aún siendo bueno toda mi vida...

y yendo al cielo al morir podría ver algo como esto.

- Ni que conocería a un príncipe, tampoco. - No te molestes en halagarme.

Ya lo hacen bastante en la corte.

Debo recordar decapitar al Capitán cuando sea Rey.

No, no debéis.

No por culpa mía, al menos.

Damnant quod non intelligunt'

- ¿Sabes latín? - Sí. El Padre Andrew me enseñó.

Nunca he oído hablar de ese hombre.

Vuestro padre sí, y no le gusta en absoluto.

- Le quitó su casa y su pensión. - Debe ser un sacerdote.

Sí, lo es.

- Eso pensaba. - Te gustaría.

Nosotros los Tudors odiamos a los sacerdotes.

- ¿Por qué? - Porque nosotros...

Simplemente porque no nos gustan, supongo.

No creo que sea una buena razón.

Oí a Warwick decirle algo al tío Thomas...

es el Duque de Norfolk...

acerca de que mi padre quería tener una nueva reina...

y que los curas no querían.

Mi padre debió ganar la discusión, porque tuvimos dos reinas ese año...

y ahora hay otra nueva, Lady Parr.

Pero no podéis tener tres madres.

Ni tú tampoco.

Yo ni siquiera tengo madre.

- Murió cuando yo era un bebé. - Igual que la mía.

Pero, de cualquier manera, una reina es la madre de un príncipe.

Y decís que ha habido tres.

Seis.

¿Seis reinas?

Entonces, tendríais seis madres, pero no podríais haber tenido seis madres.

No lo entiendo.

Ni yo tampoco.

Puedes comer una pera si quieres.

¿Una pera? ¿Qué es una pera?

- ¿Nunca habías visto una pera antes? - No, pero he leído sobre ellas.

- Están buenas, ¿verdad? - Cómetela, chico.

¿Te gusta?

¡Caramba!

Sabe tan bien que me hace sentir como un príncipe.

Desde luego no lo pareces. A no ser que seas el príncipe de los mendigos.

Lo seré cuando vuelva a Offal Court...

y cuente que he estado en el palacio y he hablado con vos.

El único problema es que no me creerán.

¿Por qué no? Di.

Veréis, en Offal Court, un príncipe es...

un poco como San Nicolás.

Se oye hablar de él, pero nunca se le ve...

porque no se puede esperar que venga a ver a los pobres.

El Príncipe de Offal Court.

Sería divertido ver sus caras.

Te creerán porque cuando llegues, llevarás puesta mi ropa.

- Mi espada y todo lo demás. - ¿Vuestra ropa?

¿Por qué no? La vestimenta hace al príncipe.

¿Hay insectos en tu ropa?

Tan pocos que apenas los notará, Su Alteza.

Ve a lavarte la cara. Entra ahí.

Usa la toalla.

Un penique, por favor. Por favor dadme un penique.

No me molestes, muchacho.

Vaya, os parecéis a mí.

Querrás decir que tú te pareces a mí.

Eso es lo que he dicho, Alteza. Nos parecemos.

- ¿Conoces algún juego, chico? - Sí, Su Alteza, muchísimos.

- El gato y el ratón, el alguacil y el ladrón. - ¿Cómo se juega a eso?

Se necesita a tres para jugar: un ladrón, alguien a quien se le robe, y un alguacil.

Veréis, yo os robo algo y lo escondo.

Entonces vos se lo decís al alguacil, y él y vos tratáis encontrarlo.

Mientras lo buscáis, yo me escondo.

Entonces vos y él tenéis que encontrarme para arrestarme, como en la vida real.

- Bien. Me gusta. Juguemos. - Pero no tenemos un alguacil.

Traeré a mi perro. Será un estupendo alguacil.

Puede encontrar a cualquiera, sin importar dónde se esconda.

-Espera aquí. Voy por él..

- Ahí está, corriendo. - Cogedle.

Si se escapa, os arrepentiréis.

No tan rápido, muchacho.

- El capitán quiere presentarte sus respetos. - ¿Estáis locos?

¿Queréis perder vuestras cabezas? ¡Cómo os atrevéis a tocarme!

Escuchad. El Príncipe le ha hecho caballero.

Te voy a dar una lección, asqueroso mendigo.

¿Mendigo? ¿Estáis loco? Soy el Príncipe Eduardo.

Abran paso a Su Alteza Real, el Príncipe de la Basura.

Obtendré tu sangre por esto, y con mi propia espada.

Vuelve cuando quieras. La Guardia está orgullosa de poder entretener a la realeza.

¿Por qué Su Alteza no ha dormido esta noche en su cama?

Porque no llamó, Señoría.

Alteza.

¿Dónde está el Príncipe?

¿El Príncipe?

Sí, el Príncipe.

¿Dónde está?

Pero, Alteza, vos sois el Príncipe.

Por favor, milords, yo no soy el Príncipe.

Salió a buscar a un policía. Quiero decir, a su perro.

Y no volvió. Yo soy un mendigo.

No me decapitéis. Decidme que no.

Ahora no es momento para bromas, Alteza.

Desde luego que no, porque estoy metido en un lío.

Todo es muy complicado. El Príncipe me cortará la cabeza por llevar sus ropas.

Si el Rey lo descubre, me hará hervir en aceite.

El Príncipe no está aquí ahora, pero estoy seguro de que volverá.

Por favor, Alteza, dejad estas fantasías con nosotros.

Es eso. Yo no soy Su Alteza.

Soy Tom Canty, un mendigo, y desearía volver a serlo ahora mismo.

Me temo que Su Alteza está enfermo.

Muy enfermo.

- Será un golpe mortal para Su Majestad. - No debemos decírselo.

Por favor, Alteza, poneos en pie.

¿Qué diría vuestro padre si os viese?

¿Aquí?

Diría que alguien me metió por una ventana.

Es cierto. Su Majestad está gravemente enfermo. Es la voluntad de Dios.

E informarle de que sus pecados van a regir y vivir tras él...

en un muchacho chiflado, sería matarle.

Ni la alquimia ni la oración pueden burlar a la muerte de Su Majestad mucho tiempo.

Pero Inglaterra puede quedarse sin un rey legítimo...

si Su Majestad no proclama a su hijo...

y nombra a un Lord Protector antes de su muerte.

¿Y quién podría ser?

Alguien que no olvidase un favor hecho ahora.

¿Qué? ¡Traición!

Hablé con él anoche, y estaba sano como un obispo.

Lo sé, Majestad. Yo estaba presente.

- Es un milagro diabólico. - Estás mintiendo. ¡Mintiendo!

Lo haría si pudiera, Majestad, para evitaros la prueba.

¡Deja de hablar! ¡Trae al chico!

Está loco, dicen.

Demasiado estudio.

Estaba sano...

Ha perdido el juicio por completo.

Incluso no reconoce a nadie.

Majestad.

El Rey.

Ahora estoy perdido.

Ven, hijo mío.

Siéntate a mi lado.

Vamos a hablar, tú y yo.

Pero yo no soy yo. Soy Tom Canty, Majestad. Señor.

Tom, señor.

Ven, muchacho.

¿Negarías que soy tu padre?

Sí, padre.

No me atrevería a dejar que nadie lo pensara.

Qué amarga ironía me ha preparado el destino.

No conoce ni a su propio padre.

Pero sí que lo conozco, Majestad.

Es un ladrón y fue muy malo conmigo.

Por favor, no me decapitéis. Por favor, dejadme ir a mi casa.

Vosotros tenéis la culpa, locos pedantes.

Martirizando su mente con latín y griego hasta que ha roto el freno y se ha desbocado.

Ahora tomadle, curadle, divertidle, refrescadle.

Enseñadle los buenos principios ingleses de la caza.

Principios que un hombre pueda usar para regir un país.

¡No los parloteos extranjeros de curas y estudiantes!

No pasará mucho tiempo hasta que me reconozcas, pequeño Eduardo.

Por favor, Su Majestad. No soy Eduardo. Soy Tom.

Incluso éstas no son mis ropas. Soy un mendigo.

No me creerán. Por favor, diles que no soy vuestro hijo.

Éste, milords...

es mi hijo...

que se sentará en el trono y reinará.

Si no por razón de su inteligencia...

lo hará por razón del nombre de Tudor.

Convocad a toda la corte en la Sala del Trono.

Y pídanle...

diligencia.

Damas y caballeros.

En el pasado...

habéis guardado mis obsequios celosamente.

Pero pronto los compartiréis con los gusanos.

Y lo que quede probablemente vagará...

por los tiempos de los tiempos.

Inglaterra...

no pudo derramar lágrimas suficientes para limpiar el nombre de Enrique.

Pero os prometo...

que tampoco Inglaterra puede derramar sangre suficiente...

para arrancar el nombre de Tudor de la lista de los reyes.

No os engañéis a vosotros mismos.

No os estoy amenazando desde la tumba.

Mi poder será enterrado con mi cuerpo...

y se desintegrará con él.

Os amenazo con vuestras propias debilidades...

que he alentado durante años.

Alimentando la avaricia de unos con el engaño de otros.

Tolerando la traición.

Hasta que, damas y caballeros, estáis tan corruptos...

que sólo podríais ocultar la culpa en la sombra de los demás.

Por consiguiente, vuestras cabezas seguirán sobre vuestros hombros...

mientras un Tudor esté sentado en el trono...

para ocultar vuestras infamias al pueblo...

detrás de las purpúreas vestiduras de la realeza.

El viejo perro se muere...

pero las pulgas no abandonarán a su cachorro...

para no morir de hambre.

Es mi voluntad...

que mi hijo, Eduardo...

me suceda en el trono.

Y que su tutela y consejo...

sean encomendados...

a un Lord...

Lord...

a un Lord...

Lord Protector.

Y que él...

sea...

Majestad.

¿Quién ha de ser el Protector?

¿Quién?

Y ahora...

tendréis que hacer frente...

todo.

El Rey ha muerto.

Larga vida al Rey.

Recemos todos.

El cuerpo que era de Enrique...

volverá de nuevo a la tierra de donde salió.

El alma la confiamos a Dios.

El reino, a su real Majestad, Eduardo VI.

¿Puedo irme a mi casa ahora, por favor?

Permitidme , Majestad.

Repetid conmigo, y cuando haya acabado...

golpead mi hombro con vuestra espada.

- ¿No teméis que pueda cortaros? - Con la parte plana, Majestad.

Repetid: Que todos mis súbditos sepan...

"Que todos mis súbditos sepan..."

- Pero yo no soy el Príncipe. - ...y todo mi reino...

"Y todo mi reino..."

que por el presente testamento nombro al Conde de Hertford...

"Que por el presente testamento nombro al Conde de Hertford..."

como mi Lord Protector, para que dirija...

con sabio consejo, mi juicio no experimentado.

"Como mi Lord Protector, para que dirija con sabio consejo..."

- Mi juicio no experimentado. - "Mi juicio no experimentado."

La muerte puede haber estado del lado de Norfolk, pero un cerebro del nuestro.

Pero afortunadamente, uno loco.

Me siento honrado con su elección , Majestad.

- ¿Le he elegido para algo? - Sí, Majestad.

Desde ahora, soy yo, y no Norfolk, en quien confiaréis.

¿Quién es Norfolk?

¿No lo recordáis? Es una lástima.

Se necesita poco tiempo para conocerle.

Que tenga un buen día, Señor.

Por favor, mi señor.

Dijisteis que podía confiar en vos. ¿No puedo hacerlo ahora?

Esperad fuera.

Su Majestad desea discutir algunos asuntos de estado.

Sí, milord.

Bien, Eduardo, ¿qué queréis?

Por favor, ¿no me cree si digo que yo soy yo y no el Príncipe?

Vos no sois el Príncipe, Majestad.

Sois el Rey.

Soy Tom Canty, os lo estoy diciendo, y me fui a dormir a los jardines de palacio.

Su Alteza me hizo entrar porque...

me imagino que sentía que el Capitán de la Guardia me golpease.

¿Y qué pasó con el Príncipe? Decidme.

No lo sé. Eso es lo que me preocupa.

Tampoco nadie le creerá, porque lleva puesta mi ropa...

y no se parece a un príncipe.

Se parece mucho a mí, eso nos hizo mucha gracia.

Aunque supongo que no era tan divertido.

¿No me cree?

Creo que ha estado estudiando mucho, Majestad.

¿No le preguntará al Capitán por lo que le he dicho?

Si lo deseáis.

Sí, porque si no dice lo mismo...

entonces es que debo estar loco.

¿Cómo era el chico?

Era otro golfillo callejero, milord. De la misma edad y estatura que Su Majestad.

¿Estáis seguro de que no era Su Majestad?

Por supuesto. Ese chico estaba sucio, harapiento.

Entonces era el Rey.

No lo sé.

Él decía que sí, y pensé que se trataba de una insolencia.

¿Pero podía serlo?

Podía serlo.

O está sentado en el trono un príncipe loco o un mendigo.

Ahora, debo saber cuál.

Será fácil de saber, milord. Os ruego que no me acuséis de nada.

- ¿Cómo? - Su perro.

Ese animal no consentirá que le toque nadie excepto Su Majestad.

Milord, si no fuera él, usad vuestra influencia en mi defensa.

Si sólo pudierais salvarme esta vez...

Si os salvo, Capitán, no será por esto...

sino con vistas al futuro, donde podéis serme muy útil.

Os he traído un compañero, Eduardo.

- Un perro. ¿Es mío? - Vuestro.

No le gusto.

No, mi pequeño Patentado de la Pobreza. No le gustas.

- Entonces, ¿sabéis quién soy? - Sí.

- ¿Cuándo puedo marcharme? - Nunca.

¿Nunca?

- Pero, si no soy el Rey... - Tú eres el Rey.

El único modo de perder ahora la corona sería perder la cabeza con ella.

- Pero he dicho la verdad. - Y cometiste traición.

¿Sabes lo que eso significa?

No querrás que te corten esa linda cabecita, ¿verdad?

Ni que tu madre vea cómo los cuervos arrancan mechones...

de una calavera en el Puente de Londres...

y sepa que es en el pelo de su hijo donde hacen su nido.

No olvides nunca que eres Eduardo VI de Inglaterra.

Y que si volvieras a ser alguna vez Tom Canty...

sería tu muerte.

Sí, señor.

- Vuestros hombres os echarán de menos, Capitán. - No.

Voy a mandarlos lejos para que efectuéis una misión para los dos.

¿Sí, milord?

Parece que echasteis a un rey.

Entonces era él.

Vuestra gramática es pobre, Capitán.

"Era" es pretérito.

Es él.

Cuando vuelva, obtendrá mi sangre. Recuerdo esa amenaza.

Y si volviese...

Norfolk sería nombrado Lord Protector en mi lugar.

- Y no puedo defenderos del calabozo. - ¿Qué podemos hacer?

Nuestras dificultades se resolverían con la ausencia permanente de Su Majestad.

Pero, milord...

eso sería un asesinato.

Su vida o la vuestra, Capitán.

Será bastante fácil de localizar.

Partiréis esta noche.

Toque de difuntos.

De buena fe, doblan por Enrique...

sin saber que están doblando por la Casa Tudor.

Arrodillémonos para pedir consuelo a Dios Todopoderoso...

cuando el peso de la pena está sobre nosotros, mi pueblo.

Confórtanos, oh Señor...

porque somos como un niño sin padre...

o como un barco sin timón, o un cuerpo sin cabeza.

Lloramos a aquél cuyo arte de gobernar...

y sabiduría y consejo...

han sido un baluarte contra los enemigos de Inglaterra.

Tus deseos, no los nuestros, se cumplirán, o Señor...

pero danos fuerza en éste, nuestro tiempo de desconsuelo.

La pena de vuestro pueblo y su destino perecerán...

porque Enrique, nuestro Rey, ha muerto.

Y un niño se sienta en el trono de Inglaterra.

Dótale de tu sabiduría...

tu fuerza y tu misericordia, oh Señor.

Amén.

Padre.

Larga vida al Rey.

Sólo espero que este Rey no sea...

un borracho loco como el anterior.

¿Qué insidioso comentario has hecho sobre mi padre?

¿Niegas que has insultado al difunto Rey, mi padre?

Lárgate, o te daré un golpe en la cabeza.

Haré que te hagan pedazos por esto.

¿No te das cuenta de que estás hablando con tu Rey?

¿Tú eres el Rey? Mirad quién es el Rey.

Este medio penique de carne de gato no es otro que Su Majestad.

¡Eh! Suéltale.

¿No me has oído? Dije que lo soltaras.

¿Sabes lo que le pasa a la gente que mete las narices donde no le llaman?

Sí, esto.

Atrás, mi buena gente.

- ¿Por qué no consideramos esto? - Os pudriréis en el calabozo por esto.

¡Abrid paso a los hombres del Rey!

Creo que es hora de que nos marchemos.

- ¿Dónde se digna a vivir Su Majestad? - En palacio, por supuesto.

- ¿Carbonero? - Rey.

No volvamos a jugar más a esto. Es demasiado agotador.

¿Se atreve a contradecirme?

No, Su Majestad, sólo que...

sería más fácil si se tomara las cosas con más calma.

Como el Arzobispo Canterbury.

Le insisto que soy el rey.

Y le será de gran ayuda si no continúa usando ese lenguaje coloquial.

Muy bien, señor.

Estáis un poco cansado tras ese duelo.

Necesitáis descansar para reponer fuerzas.

Sois muy amistoso,

Le honraré su hospitalidad quedándome esta noche.

Por la mañana, vendrá a palacio conmigo para recompensarle.

Gracias, señor.

Una triste casucha.

Si, pero el Palacio de Windsor tiene mucha corriente.

Tengo hambre. ¿Que tenéis para saciar mi apetito?

Eso depende de lo que no se hayan comido los ratones.

- ¿Ratones? - Si. Tuve que cebarlos a todos.

Veréis, el gato amenazó con marcharse.

Estáis bromeando.

Amigo mío, siempre he evitado hacer chistes sobre la escasez de comida.

Entonces, ¿Sois pobre?

¿Podéis creer? Lo soy.

¿Quién sois, ciudadano?

Miles Hendon, Su Majestad.

Ese nombre no me es familiar. ¿A qué os dedicáis?

- Soldado de fortuna, señor. - ¿A mi servicio?

Al servicio de quien se pueda permitir tener enemigos.

Soldado de fortuna. Extraña profesión.

De las tres a las que un caballero sin medios se puede dedicar, es la más interesante.

Dedicarse a las cartas significa asociarse con gente aburrida.

Predicar el evangelio sería llevar sombreros estrafalarios.

- Mejor come, chaval. - ¿Chaval?

Mis disculpas, Majestad.

Espero que no penséis que esto es una pata de cordero.

Más bien es de una oveja que daba esa impresión.

¿Cómo es que os sentáis en presencia de su Rey?

- Bueno, verá... - De ninguna manera toleraré su actitud.

Le ruego que me perdone, Majestad.

Pero después de la buena tunda que les dimos, mejor sentarse.

Quizás.

No, la costumbre debe prevalecer. Permanecerá de pie.

Estaba hambriento.

- Me siento mejor ahora. - Me alegra saberlo, Majestad.

Estoy dándole vueltas al asunto, Estoy en deuda con vos por muchas razones.

- Sus servicios requieren una recompensa acorde. - Fue algo sin importancia, Majestad.

Puede tener la recompensa que desee. Sólo dígalo.

El privilegio de sentarse en presencia de Su Majestad.

Dad un paso, ciudadano, y dadme vuestra espada.

- ¿Es porque ha encontrado el cordero duro, Señor? - Arrodillaos.

Mientras Inglaterra perviva y la corona continúe...

Vos y vuestros herederos por siempre podréis sentaos ante Su Majestad.

Levantaos, Sir Miles Hendon.

Por amor de dios, sentaos.

Gracias, Majestad.

¿Tenéis dolor por causa de la tunda?

¿Por qué lo preguntáis?

Parecíais estar secándoos unas pocas lágrimas.

No soy hombre de quejarse por unos moratones.

De hecho, nosotros Los Tudors nunca lloramos.

- ¿Qué es lo que os pasa entonces? - Mi padre ha muerto.

Buenos días, Majestad.

Espero que Su Majestad haya dormido bien.

Si, señor.

- ¿Jugando a seguirme como perritos? - No, Señor. Hemos venido a vestirlo.

¿Voy bien vestido para la ocasión?

Por supuesto, Señor, todo está dispuesto.

¿Preparado para lavarse?

La tinaja y toalla de Su Majestad.

su Ilustrísima el Gran Lord Protector, espera a que le reciba...

y pide que se le informe que ha de firmarse una anotación en la tesorería.

Las arcas reales están vacías.

- ¿No hay dinero para pagar el palacio? - No, Majestad.

Supongo que habrá que mudarse a una casa más pequeña.

Recuerdo una bien bonita junto al mercado de pescado de Billingsgate.

El agua de rosas, Milord.

Tiene una dulce fragancia.

Por favor, Señor, ¿Cuánto más va a durar esto?

Es la última, Señor.

"Autoriza a subir los impuestos sobre las ventanas."

¿Quiere esto decir que tenemos un impuesto sobre las ventanas?

Puedo sugeríos que no os preocupéis por esto--

Soy el cabeza del Gobierno. Es mi obligación preocuparme por estas cosas.

Y pienso que un impuesto sobre las ventanas, es cruel, injusto.

El tesoro real está vacío, Señor.

Se debe hacer todo lo posible para llenarlo.

Si, pero ¿ventanas?

Cuando los pobres enferman, las ventanas son lo único que les protegen.

No tendrían nada bonito a lo que mirar si no fuese por las ventanas.

Y además, significa poner impuestos a la luz y el sol...

que no nos pertenece a nosotros, sino a Dios.

Su Majestad ha hecho un buen argumento.

Discutiremos esto en privado en otra ocasión.

¿Tenemos su permiso para retirarnos?

Si.

Pensaré una manera mejor de incrementar la tesorería.

¿Has visto un golfo saliendo de aquí?

Si, pero salir no fue la manera en que lo hizo.

Me dijo, "Quita de en medio," y marcho pitando.

- ¿A dónde fue? - Buenos días, Pam.

- ¿Cómo están los pequeños? - ¿A dónde fue?

No era uno, eran varios.

Un tipo con cara de baboso vino por el chaval.

Le oí decirle que tú lo habías mandado.

- El asunto me olía mal, pero... - Abrevia. ¿Por dónde fue?

Cruzando la calle hacia el Thieves Booth, y se lo llevaron a la fuerza.

¿Por quién?

Por un sucio viejo gruñón con una cara que parecía...

que tragó el mango de un hacha corta-cabezas.

- La cara me da igual. - A mi también. Sólo digo a que se parece.

Vendió un candelabro al perista.

- Vi cómo lo hacía. - ¿Quién vendió el candelabro?

El tipo de la cara.

- Que tenga buen día, Señor. - ¿Estáis buscando una ganga?

Si, tengo una piel con la que comerciar a cambio de información.

- ¿Una piel? ¿De armiño o marta? - Ninguna de las dos.

- De roedor. - La piel de rata no tiene valor.

¿No? Excepto para la rata, por supuesto.

Verá, resulta que la piel os pertenece.

Así que si queréis conservarla, decidme quién era el hombre...

- que se llevó al niño mendigo. - ¿Qué hombre?

El hombre a quien le compró el candelabro.

- No lo sé. - ¿No? Mal asunto.

¡Espere! Piedad.

No puedo decíroslo. Haría que cualquier ladrón de Londres me cortase la garganta.

Entonces le ahorraré el trabajo.

Se lo diré.

Se llama John Canty. Vive en Offal Court.

El chaval es su hijo, Tom, un poco ido con el asunto de la realeza.

Mil gracias, señor. Buen día, señor.

¡Deberías saber que no soy Tom porque no podrías ser tan mezquino con tu propio hijo!

¿Te atreves a contradecirme?

¿Pegarías a tu propio padre, verdad? ¡Ya te enseñaré yo!

¿A qué viene todo esto?

Soy su padre, y vos resultáis no ser el mío.

Así que no metáis las narices en esto.

- Si maltratáis al chaval de nuevo, le-- - ¿Que haréis?

Me olvidaré de que cuando se ponen las manos encima, se hace con cuidado.

¡Le advertí, viejo entrometido!

- ¿Está muerto? - Calla.

¡Vamos!

Simplemente se sienta ahí sin decir nada. El chaval está chiflado.

Y todo por esas enseñanzas del Padre Andrew...

No digas nada del Padre Andrew, ¿De acuerdo?

- ¿Te han visto hacer algo? - Calla.

- ¿Qué hay en el bulto? - El Padre Andrew.

- ¿Qué pasa con él? - Más muerto que un arenque salado.

Y ya circula que lo has matado.

¿Y cómo supones que es así?

Por golpearle la cabeza y no haberse vuelto a levantar.

Sería mejor que te fueses.

Mal asunto, ¿verdad?

Pronto te pisarán los talones si no coges la iniciativa.

Me voy.

No abras la boca delante de nadie que no esté al tanto.

- Nos dirigiremos al dique. - ¿No lo llevas contigo?

- ¿Para qué? - Lo ha visto todo, ¿no?

Cierto, lo vio.

Será un estorbo, pero mejor que tenerlo de testigo en contra.

Podríamos sacarle partido, también.

Tiene el tamaño para que entre por una ventana fácil y sigilosamente.

Es verdad.

Ya es hora de que me sirvas para algo.

¡Ven aquí!

Si veis a un niño así, os ganaréis cinco libras.

¿Cinco libras por un niño mendigo? ¿Que ha hecho?

¿Saquear la cámara real de los Windsor?

Otro de los antojos de Su Majestad. Ya sabéis que anda un poco trastornado.

Recordad, mirad atentamente.

¡Atentamente, por cinco libras! Una mirada mía le clavará a la pared.

¿Anda John por aquí? Tenemos que tratar unos asuntos.

¿No tendrá algo que ver con la ley, verdad?

Puede, si es que no lo veo. Mira, El y yo...

¿Quién eres?

Su madre.

Y teniendo en cuenta toda la bebida que me trae, mejor haber parido una botella vacía.

Bien, entonces...

quizás puede quedarse con su parte del candelabro que robamos juntos.

Eso una vez que yo tenga la mía.

Os lo agradezco muchísimo.

No tiene importancia. ¿Dónde puedo encontrar a John?

Él y el loco de su hijo tuvieron que irse.

- Van de camino de Roost. - ¿Roost?

Un granero vacío cerca de Stullington.

Se juntan todos allí con "El Arrugado" cuando la cosa se pone mal.

Si, claro. "El Arrugado".

¿Y dices que su hijo anda trastornado?

Está como una cabra. Se cree el Rey.

- ¿Lleva así desde siempre? - No.

Desde que John lo recogió hoy.

Probablemente le dio una buena en la cabeza...

y se la habrá partido como una nuez.

Necesito dinero para mantener los palacios, la corte y las posesiones reales...

para sostener la dignidad del Rey.

¿Puedo sugerir, milord, que quizás sea más importante....

mantener la dignidad de Inglaterra sobre los mares?

Dejadme recordaos que Inglaterra aún mantiene su flota.

Apenas.

En algunos barcos no se atreven a disparar un cañón por miedo a reventar el casco.

Con las miles de libras que ha gastado en un solo establo de Windsor...

se podría haber incrementado la flota una cuarta parte.

Observad, Milores...

qué divertidamente inútil es el lamento de un viejo lobo de mar...

una vez que sus dientes ya han sido arrancados.

¿Entiendo entonces que la marina no recibirá nada?

¿Y que pretendéis embaucar a un pobre niño demente...

para que firme esas disposiciones y saquear el tesoro?

Esa es mi intención.

Seguir los dictados de mi juicio y honor.

¿Tenéis honor?

- Presumo de ello. - Excelente.

Entonces no tendréis mas alternativa que defenderlo.

No quiero que se me despierte aún.

Despierta, mendigo, y presta atención.

- ¿Ya no soy rey? - Sí, mi más gracioso vasallo.

Bien. Me estoy acostumbrando a serlo.

Llamad a mi ayudante de cámara. Quiero comer algo.

- Firma esta orden. - ¿Qué es?

Firma.

- ¿Has visto el Gran Sello? - ¿El Gran Sello? No.

Nunca he visto ese sello.

¡Un sello, estúpido! ¡Un sello grande!

No, no lo he visto. ¿Lo habéis perdido?

El príncipe lo escondió.

Cuando encontréis al príncipe os dirá dónde lo puso.

- ¿Lo estáis buscando, verdad? - Si, lo estamos buscando.

"Es nuestro deseo que Thomas Howard, segundo Duque de Norfolk...

"guardián del tesoro, y Lord Almirante de la flota...

"sea arrestado, encarcelado en La Torre...

"y sea retenido hasta su ejecución por tramar traición...

"contra la corona y el bienestar público."

Firmado Eduardo, Rey.

Permitidme.

Esta orden está firmada por Su Majestad...

pero no tiene el Gran Sello.

No podéis ejecutarme.

Cierto, pero sí manteneos en prisión...

Hasta que aparezca.

Y os aseguro a su Ilustrísima que será pronto.

Habéis elegido un camino excelente de evitar un duelo.

Una manera propia de vos, Hertford.

Tenéis que acompañarnos, Milord.

Pobre niño.

Privado de la razón y en manos de un canalla sin escrúpulos.

Puede que La Historia sepa la verdad y perdone a Eduardo.

Esa canción me recuerda a Molly Un-Ojo. Era su favorita.

¿Qué pasó con la vieja Molly Un-Ojo?

Murió honradamente, cierto que sí.

Cobraba un penique por adivinar el futuro...

y sin dilación la quemaron por bruja.

Ardió como un frágil pergamino...

con su médula empapada de espíritus.

Se equivocó cambiando de ocupación.

No, su error fue nacer en Inglaterra.

¡Eh! ¡Nada de hablar de traición!.

¿Qué tiene de malo Inglaterra?

- Sus leyes. - ¿Qué sabes de la ley inglesa?

¿Eres juez?

No.

Sólo un ser humano a quien las aplican.

Un granjero honesto...

respetado, una esposa, tres hijos, una madre.

Todos condenados a una fosa común por la ley inglesa.

Nuestro primer pecado lo cometió mi madre...

cuando fue a cuidar a una vecina enferma.

Cuando la mujer murió y los doctores no hallaron la causa.

Lo resolvieron...

acusando a mi madre de bruja e hirviéndola en aceite...

mientras yo y mis hijos mirábamos...

aprendiendo el significado de la justicia inglesa.

Mendigamos de casa en casa.

Yo, con dos hijos de aquí para allá.

Al final, tuve que robar.

Para evitar que mi pequeño Joseph muriese de hambre.

Pero la ley inglesa decretó otra cosa.

Me atraparon, fui vendido como esclavo...

grabándome en la mejilla la letra "S".

¡"S" de esclavo!

Un inglés esclavo.

¿Lo entendéis? Un inglés esclavo.

El título más ultrajante que pueda soportar un inglés...

y que aún es otorgado por la ley inglesa.

Pero me libraré de el.

Un día me cogerán y me colgarán.

¡No lo harán!

Más aún, a día de hoy, esta ley ya no existe.

¿Qué pasa?

¿Quién se cree que es?

Soy Eduardo, Rey de Inglaterra.

Vosotros, vagabundos sin modales.

¿Este es el agradecimiento por la gracia real que he prometido?

Es mi hijo y está loco de atar. Se cree el Rey.

Soy el Rey.

¡Mientras que tú, asesino confeso, pronto aprenderás en las galeras!

¿Traicionarías a tu propio padre, verdad?

Si no tienes respeto por tu rey, tenlo al menos por "El Arrugado"...

o te enseñaré lo que es respeto colgado de una soga.

Bueno, chaval, si debes ser rey...

diviértete a tu manera, pero no como Rey de Inglaterra.

Es traición, y no habrá nada de eso aquí.

Puede que seamos un grupo de canallas...

pero somos ingleses y leales a La Corona.

¡Dios bendiga a Eduardo, Rey de Inglaterra!

Gracias, mi buena gente.

Deja eso, te he dicho. Elígete otro papel.

- Foo-Foo Primero! - ¡Rey de los sin techo!

¡Aquí tenéis vuestro traje, señor!

- ¡Una corona! - Aquí hay una.

Ha desaparecido, simple y llanamente.

¿Por qué se seguirá preocupando por él su Ilustrísima?

Porque eso pondría Inglaterra al borde de la revuelta y su cabeza en el cadalso...

habría dos Eduardos en la coronación mañana.

¿Y a nosotros que nos importa? Somos La guardia Real, sea quien sea el rey...

Eduardo o Bobo el hijo del carnicero.

!La una y sin novedad!

Acabad la bebida y a sus habitaciones. Es la hora del cierre. Vamos.

Ese es un buen consejo. Hay que partir al amanecer. ¡Arriba!

Cierto, señor.

Tres tragos más y listo.

Con calma, señor. No sea que cojáis hipo.

No. Es un ruido muy molesto.

Y este es el final de un largo día.

Sería un placer traeros otra.

¿De verdad? ¿No vais a dormir?

Puedo quedarme la noche en vela.

Especialmente cuando hay algo bonito a lo que mirar.

¿Vais a pasar aquí la noche?

- No. Mala suerte. - ¿Por qué no?

- Asuntos de dinero, querida. - ¿Significa que estáis sin blanca?

Ojalá estuviese. Hubiese echado a suertes esa moneda.

- ¿Pero a dónde vais? - A un sitio llamado Roost, cerca de aquí.

¿dónde se juntan los ladrones?

Pero no podéis ir allí a estas horas.

Si vais os cortaran el cuello seguro. Esa gente mata por un penique.

No es un panorama muy halagüeño.

Recuerda, si no haces lo que se te ha dicho...

te pondremos bandas.

Veinte de ellas. ¿Sabes lo que son las bandas?

Cuéntaselo, Hugo.

Unas pequeñas vendas con un poco de pasta...

hechas de jabón, cal viva y óxido de hierro.

Y cuando te las quitas, ves las peores llagas...

que haya podido ver nadie jamás.

Llagas que no se curan, se extienden como una plaga.

No.

Robaré.

No perdamos tiempo, entonces.

¡Socorro! ¡Asesino! ¡Guardias!

¡Detente!

¿Donde han ido?

¡Ayuda!

¿Que ha pasado?

¡Asesino!

Chico, para. Soy yo, Miles Hendon.

¿Que ha ocurrido aquí?

- Me han asesinado. - ¿Asesinado?

Me han matado.

- Dime, ¿Que ha pasado? - No lo se.

¿No lo sabes? Yo tengo una pequeña idea.

Fuiste a la habitación y no hiciste lo que se te dijo.

Ahora veras lo que es bueno.

Os estoy profundamente agradecido, Sir Miles.

Ciertamente tenéis unos amigos encantadores.

¿Está muerto?

No espero escuchar sus disculpas mucho antes del Día del Juicio.

Es lo justo. Era un asesino confeso.

Vámonos. Quiero marcharme de aquí.

¿Que habéis estado haciendo desde la última vez que os vi?

Aprender mucho sobre Inglaterra.

- No parece que os haya gustado. - No, no me ha gustado.

- ¡Alto o disparo! - Son ellos.

¡Sin duda! ¿Que están haciendo si no a estas horas de la noche?

No les dejéis escapar.

- ¡Dejad eso! ¿Que es lo que queréis? - Estáis arrestados por robo.

No sabemos nada de ningún robo.

Os llevaré a la posada. Allí lo aclararemos todo.

- Son ladrones, de acuerdo. - No hay duda.

Muy bien, aquí están. Los atrapamos.

No, señor. No fue este caballero señor. Se que él estaba haciendo otra cosa.

Hablarás cuando se te diga.

Si podéis reconocerlos...

pronto estarán en camino de aprender el castigo por apoderarse de lo ajeno.

Puedo reconocerlos. Muéstremelos.

Traedlos.

Puedo identificarles. Este llevaba mosquetón.

No, señor. Yo era el que dirigía la carga de caballería. ¿Recuerdas?

Mi elegante amigo, seréis más respetuoso cuando os aten al poste de los latigazos.

Y tú, mi gordo amigo, te verás más natural atado a un poste de señales.

- ¿Donde están los demás? - Los demás es él.

Aquí está, señor.

Es él.

Su Majestad.

- Preparad los caballos. - Si, señor.

- Es él. Estoy seguro. - Quita tus manos de mi. ¡cerdo!

- ¿Cerdo? Te voy a enseñar. - ¿Que?

- Sois un bonito par de matones. - Lleváoslos.

Un momento.

- Nos haremos cargo del chico. - Capitán, Yo...

¿Y quien sois vos para encargaros de mi prisionero?

- Soy el Capitán de la Guardia Real.

Dejadme ver.

El chico se ha escapado de un manicomio de Londres.

Y tiene una extraña locura ofensiva para la Corona.

Naturalmente , esta es nuestra responsabilidad.

Si, señor. Por supuesto, señor. Vuestro prisionero, señor.

Lleváoslo.

- Encantado de haberos servido, Capitán. - Buenas noches.

Capitán, ¿que sugerís que hagamos con éste, señor?

Parece capaz de digerir veinte latigazos.

Gracias, Capitán.

Cuando nos volvamos a ver, espero que seáis capaz de digerir 20 pulgadas de acero.

Vamos.

¿Como te atreves a ultrajar a mi persona?

No podíamos dejar saber al pueblo que no ha habido un rey en el trono...

hasta el día antes de la coronación.

Perdonadme. Es la mejor treta que se me ha ocurrido para liberaros.

¿Pero que va a pasar con Hendon? Quiero que le liberes.

Será libre por la mañana.

Esta noche nos iremos a Londres para llegar a tiempo mañana.

Muy bien.

Pero si le hacen algún daño a Miles Hendon, pagarás con tu vida.

- ¿Entendido? - Si, Majestad. Con mi vida.

- ¿Porque paramos aquí, Capitán? - Para que durmáis algo, Majestad.

Acampar durante unas pocas horas...

os refrescará para la ceremonia de la coronación de mañana.

Muy considerado, Capitán. Tengo mucho sueño.

Por aquí, Majestad.

Este lugar será ideal.

¿Me das tu capa, Capitán?

Dame la capa.

- Perdonadme, Majestad. - ¿Que es lo que has hecho?

Es por lo que he de hacer, pobre pequeño Eduardo.

¿Es ese el modo de dirigirte a tu Rey?

¿Como puede el Capitán de mi guardia comportarse así?

¿Agachándose como una mujer?

Dilo de una vez, ¿Que pasa?

Vais a reuniros con vuestro padre, Majestad.

¿Vas a matarme?

No puedes.

No puedes hacerlo.

Nadie puede ocupar el trono, salvo Mary o Elizabeth.

Y son niñas y no han crecido aún.

Diga sus oraciones, Majestad.

Espero que mi padre este dormido en el cielo.

No quiero que sepa que un Tudor va a morir a manos de un traidor Inglés.

Él estaría tan avergonzado de ti.

Pero no se avergonzará de mí.

"Padre nuestro, que estas en los cielos...

"santificado sea tu nombre.

"Venga a nosotros tu reino...

"hágase tu voluntad...

"así en la tierra como en el cielo."

Y viendo esto cómo puedo llamarme inglés.

Cállate, ¿puedes?

"Perdónanos nuestras deudas...

"así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

"No nos dejes caer en la tentación...

"más líbranos del mal."

¿Como está vuestra digestión ahora, Capitán?

¿Preparada para esas 20 pulgadas de acero que os prometí?

¡Miles Hendon!

- Majestad. - ¿Majestad?

- ¿Entonces me crees? - Sin duda, señor.

¿Que os pasa?

Estaba asustado.

Señores, os presento al Rey Eduardo...

sin duda heredero legítimo por las leyes de Dios y del hombre...

de la dignidad real y de la corona imperial de este reino...

cuya consagración, unción y coronación...

está fijada para este día.

¿Nobles, pares y comunes serviréis desde ahora...

y daréis vuestros mejores deseos y acatamiento...

a la consagración, unción y coronación...

como por deber os corresponde?

¡Si!

Sonríe, pequeño tonto. Sonríe y hazles una reverencia.

O Dios, que estás en el más elevado y santo lugar...

con los que también tienen espíritu humilde...

mira con misericordia a este tu siervo Eduardo, nuestro Rey...

que se humilla sumiso ante ti en tu templo...

y recibe graciosamente estas ofrendas...

en humilde conocimiento de tu soberanía sobre todos...

y agradeciendo tu generosidad en particular a él...

se ofrece a ti...

a través de Cristo, nuestro único mediador y defensor.

Amen.

¿Concederás, Eduardo, al pueblo de Inglaterra...

las leyes y libertades de este reino?

"Las concederé, lo prometo."

¿Mantendrás con la Iglesia y con el pueblo santa paz y concordia?

"La mantendré."

¿Intentarás con tu fuerza y poder obrar con...

equidad y justicia en todas tus condenas y juicios con misericordia y sinceridad?

"Así lo haré."

Las cosas que acabo de prometer las haré y las mantendré.

Con la ayuda de Dios y el contenido de este libro.

Besa el libro.

Estas manos se ungen con el óleo santo.

Este pecho...

se unge con el óleo santo.

Y esta cabeza se unge con el óleo santo.

Como fueron ungidos los reyes y los profetas...

y como Samuel fue ungido por David para ser rey.

Para que pueda ser bendecido y nombrado...

como rey en este reino, sobre este pueblo...

que Dios tu Señor te ha dado para que lo dirijas y gobiernes.

Amen.

O Señor...

protege a tus buenos y fieles servidores...

con misericordia y amor...

y sobre todo este, tu siervo Eduardo, nuestro Rey...

- Fuera de aquí. - Escúchame, buen hombre...

Ha ocurrido algo de la mayor importancia para todo el reino...

Os arrancaran las orejas si no os vais de aquí.

- Demando hablar con vuestro capitán. - El os dará 40 latigazos.

...teniendo una fe ciega y haciendo buenas obras...

pueda obtener la corona de un duradero Reino.

¡Alto!

¿Que es esto?

¿Que está haciendo?

¡Alto! lo prohíbo.

¿Quien se atreve a este sacrilegio?

Yo, Eduardo, el Rey.

Es verdad, él es el Rey.

La enfermedad de vuestra Majestad ha vuelto.

- Coged al impostor. - ¡Esperad!

O mi Señor y mi Rey, perdonadme.

Lo que has hecho es una traición vergonzosa.

La idea no fue mía Majestad.

Os lo juro.

Te creo, Tom Canty.

Pero otros responderán.

- Ultraje... - Calma.

Majestad, quizás podríamos continuar con la coronación...

si se os asegura que no caerá ningún mal sobre este muchacho.

Que asombroso parecido.

Algunos habéis perdido ya vuestras cabezas.

Pero los otros podéis evitarlo rindiéndome homenaje ahora.

Por favor, milord. Por favor creednos.

De verdad, él es el Rey.

Con vuestra venia, señor, ¿puedo hacer unas preguntas...

para aclarar nuestras dudas?

Te ordeno que lo hagas, las contestaré...

y se acabará tu entupida perplejidad.

¿Que hay junto a la puerta derecha de los aposentos de nuestro difunto Rey?

El Gran Herring.

Un modelo de buque de guerra diseñado por mi difunto padre.

Que Dios tenga en la Gloria.

¿Que fue lo que comió Lady Jane que se puso...

- indispuesta? - Granadas.

Y vomitó sobre el Mayordomo de la Casa.

¿A que hombre llamabais errónea pero afectuosamente tío?

Milord Norfolk, cuya ausencia me desagrada.

- Todas estas cosas son ciertas, señores. - Increíble.

Asombroso.

Bastante asombroso, pero el Rey podría hacer lo mismo. No son una prueba.

Es peligroso para el estado y para todos nosotros, mantener un misterio así.

Podría minar el trono, dividir a la nación.

- Arresten a este... - Un momento.

El misterio puede ser fácilmente resuelto.

Hay una pregunta que sólo el príncipe puede responder.

- ¿Donde está el Gran Sello de Inglaterra? - Él os lo dirá.

Debo haberlo puesto con todas las cosas de valor que se me confiaron.

Claro. Milord St. John...

ve a mi gabinete privado.

En el suelo, a la izquierda hay una cabeza de clavo.

Apriétala y se abrirá un joyero.

Allí encontrarás el Gran Sello. Seguro.

- ¡Ve ya! - Daos prisa.

Si, Majestad.

- ¡Tu caballo, Capitán! - Si, milord.

El sello, Majestad, no está allí.

Echad a este mendigo a las calles. Apedread al impostor. Lleváoslo.

¡Dejadle en paz!

Por favor, señor. Puede que su Majestad simplemente se equivocara de lugar.

- Puede ser, ¿no es verdad? - Es muy difícil, señor.

Un sello de oro macizo no pasa inadvertido.

¿Es grueso y redondo? ¿Y tiene letras grabadas?

Eso lo describiría, majestad.

Vaya. Eso es lo que os ha estado preocupando a todos.

Si me lo hubieseis descrito, lo tendríais hace tiempo.

Si vuestra Majestad sabe donde yace el Gran Sello...

no hay base para admitir las pretensiones de este muchacho.

quizás mejor debiéramos continuar con la ceremonia.

Pero con el verdadero Rey, porque el mismo escondió el sello.

¿Os acordáis, Majestad?

Hacerlo. Tenéis que ser rey. Porque a mi no me gusta nada.

Pensad.

No puedo.

- Hace tanto tiempo. - Cambiamos de ropa, ¿recordáis?

Eso nunca lo olvidaré.

Y me preguntasteis si sabía algún juego, y yo dije, el del Alguacil.

Y fuisteis a por vuestro perro.

Pero antes de marcharos, ¿que hicisteis?

Pensadlo.

- Esforzaros, Majestad. - No puedo.

Escuchad, intentad verlo. Os dirigisteis hacia la puerta.

Encima de una mesa. Estaba ese viejo chisme que llaman el sello.

Lo recogisteis y buscasteis un lugar para esconderlo.

Vuestros ojos vieron una...

Una armadura al lado de la puerta, en la pieza de la pierna.

Majestad. Lo habéis hecho.

- ¡Tu caballo de nuevo, Capitán! - Si, milord.

Es un hombre ocupado.

Ven conmigo, muchacho.

¿Si, Majestad?

A ti te debo mi trono, Tom.

Una deuda que he de pagar.

Pero dime, ¿como pudiste recordar donde había escondido el sello...

cuando ni yo mismo lo sabía?

Veréis, Majestad, lo encontré y lo utilicé.

¿Utilizarlo? ¿Para qué?

Para partir nueces.

Mi padre me dijo la noche en que murió...

que un rey inteligente ha de cortar la cabeza de aquéllos...

que tratan de quitarle la corona.

Pero supongo que no soy un rey inteligente.

Porque no quiero que te maten.

En su lugar, ordeno que seas expulsado de Inglaterra..

para el resto de tu vida.

Aprenderé de vuestra generosidad, señor.

Las actas, Majestad.

Damas y caballeros, mi padre...

Quiero decir, el difunto Rey...

me dijo que usara el Gran Sello moderadamente al proclamar leyes.

Pero si se hubiera mezclado con el pueblo sin su corona...

sé que me hubiera dicho que habría que abolir muchas.

Así, con estas actas, queda abolida la ley de mendigos...

modificadas la leyes del dominio eminente, y abolida la esclavitud.

Patán, ¿Te atreves a sentarte en presencia de tu Rey?

Si. Pero vos no debéis.

- ¡Majestad! - No es ninguna afrenta.

Es su derecho, otorgado por un Rey agradecido, cuya vida salvó.

- También, Sir Miles Hendon... - Si, ¿señor?

Hay en estos papeles un nombramiento para ti.

- Como Capitán de mi Guardia. - Gracias, Majestad.

¿No estas satisfecho con mi decisión?

Veréis, Majestad, el enemigo nunca vendrá a Windsor.

Y un Capitán de la Guardia no puede ir tras él.

Como mi oficio es el de soldado, no veo cuando tendré oportunidad de practicarlo.

Muy bien.

- Pero yo te debo algo. - Tres coronas para ser exacto, señor.

Las tendrás. Cien veces.

Si, y un condado, castillos, tierras...

- y un retén de sirvientes. - Majestad.

Espero que su Majestad no piense que soy un desagradecido...

pero os ruego que me permitáis rechazar todos esos honores...

con los que me estáis amenazando.

Para alguien con mi temperamento, la riqueza es una maldición.

Las posesiones, un verdadero azote.

Todo lo que quiero es una vida oscura y pacífica.

Pero no demasiado pacífica, por supuesto.

Cualquier cosa que te satisfaga, Sir Miles.

Pero recuerda, que estoy eternamente en deuda contigo.

Sellaré estos, y tenlos siempre a su disposición.

- Puedes despedir a la corte. - Si, señor.

Tenéis el permiso de su Majestad para retiraros.

- Tom. - Si, ¿Alteza?

- Ven aquí. - Si, señor.

Se han ido.

Siéntate.

¿Estáis seguro de que es correcto?

Si te sentabas siempre cuando eras Rey, supongo que ahora no tendrá importancia.

- Esto se refiere a ti. - ¿A mí?

- Serás mi protegido. - ¿Protegido?

- Eso significa que mientras vivas tendrás dinero para subsistir.

Y que si alguien no es amable o es cruel contigo...

cometerá una ofensa contra la corona.

- Oh, Majestad. - ¿Que pasa?

- No se que deciros. - Sólo di gracias.

Esto es bueno para partir nueces, ¿no?

Subtítulos traducidos por des_frankenstein, paulood, Quietman y jangelcm

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