All language subtitles for 1957 - Amanecer En Puerta Oscura Legendado - Com Francisco Rabal, Luis Pena & Alberto Farnese (1)

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Original subtitles

(Golpes)

(Ruido metálico)

(Estruendo)

(Silbato)

(Tren)

(Campana)

(Pájaros)

(Murmullo)

(Silbato)

(Estruendos)

(Música)

(Guitarra)

Venga...

-¿Ha visto a don Pedro, el ingeniero? -No.

-¿No sabe dónde puede estar? -¿Ha mirado en casa de su novia?

Puede que esté allí. -¿Dónde?

-La casa del señor juez, en la calle principal.

-Ah.

(Continúa la música)

Ah.

¿Don Pedro, el ingeniero?

(Pájaros)

¡125 tantos! Qué maravilla.

Papá, ya lleva 500. -Exactamente, 485.

-¡485! Qué maravilla.

-Usted tira, capitán. -Le está ganando

todas las partidas, Robert. -Oh, hay tiempo.

Hasta el día 15 no zarpa mi barco.

(RÍEN)

¡Don Pedro!

¿Qué hay?

Lo esperan en la mina, he venido a buscarle.

¿Qué ocurre?

Puede ser algo muy grave.

(JADEA)

Tienen que disculparme, señores. Debo ir a la factoría.

Ahora que íbamos ganando...

(RÍE) No será nada. Volveré a tiempo de terminar la partida.

Ahora le toca a usted.

-Han matado a Jonh Parry.

-¿Pasará algo? -Nada, aquí nunca pasa nada.

-¡Creíamos que no iba llegar! ¡Le están esperando!

-¡Señor, es terrible lo que ocurre! Los mineros...

¡Lo sé!

¿Dónde está el director? Con los otros ingenieros

en la sala de juntas. -Entre usted.

¿Qué han hecho los capataces españoles?

Se han unido a los revoltosos. ¿Y los extranjeros?

No los dejan entrar. Tienen dinamita,

se niegan a entregar el cuerpo de John Parry

a someterse y a volver al trabajo. ¿Qué quieren?

Que no se les castigue por la muerte de Parry...

y que se despida a los capataces extranjeros.

Están locos...

¿Sabe usted quién ha matado a Parry?

¿Quién ha organizado la revuelta?

No. Un antiguo conocido suyo.

Usted lo recomendó como capataz a la compañía.

¿Andrés Ruiz? Exactamente.

Andrés Ruiz, su querido amigo.

Yo...

lo siento. No pueden hacerme responsable de esto, Carter.

Únicamente lo que deseamos es que usted resuelva la situación.

¿Yo? Pero... ¿cómo?

Usted sabrá. No, yo no sé...

En esta situación, son peligrosos. Quizá...

avisar a la Guardia Civil. Es posible que no sea preciso

llegar a eso para restablecer el orden en la mina.

Nosotros iremos con usted.

Usted bajará a hablar con ellos y les convencerá.

¿Ustedes sabían que John Parry maltrataba a los mineros?

No.

Desde luego, no. Estaba siempre borracho.

¡Yo sé que los maltrataba! No puedo creerlo.

Parry era un buen especialista, tenía una larga experiencia.

Pero ustedes saben que España es un país difícil,

que somos muy irritables, que a la gente de este país

hay que tratarla con sumo cuidado. ¿Está defendiendo a los criminales?

No, claro que no. Discúlpenme si les he ofendido.

La compañía se juega mucho en esto,

es preciso que usted resuelva esta situación.

Haga todo lo posible.

Yo desearía que continuara con nosotros.

Sabe que siempre he sido discreto.

Casi me había olvidado de que usted tuvo la culpa

de aquel desprendimiento. ¡Cállese!

Un accidente fortuito...

Todo el mundo lo cree así.

¿Hasta cuándo va a durar su miserable juego?

Hasta que yo quiera, mi querido Guzmán.

Hasta que yo quiera. Vamos.

Ve al cuartelillo de la Guardia Civil.

Di que han matado a un hombre, que vengan.

Sí, señor.

(Música)

¡Arre!

(Continúa la música)

(Chicharras)

¿Qué harán con nosotros? ¿Qué pueden hacer?

No hay que preocuparse. Que vengan y verán

cómo los recibimos. Pero que vengan de una vez.

Lo malo es esperar.

-Lo peor es que no ocurre nada.

¡Andrés!

(ECO) "Andrés".

(Pájaros)

(VOZ LEJANA) ¡Andrés!

Es Pedro Guzmán. ¿Qué hacemos?

Esperar. Es mi amigo.

Puede que haya conseguido algo. ¡Dejadle pasar!

¡Es mi amigo Pedro!

Ah... Se acerca gente del pueblo. ¿Qué hacemos?

-Mantenerlos a distancia.

(Pájaros)

Andrés, es una locura lo que habéis hecho.

¿Has venido para decirnos eso? ¡Tenéis que volver al trabajo!

¡Están dispuestos a todo! Nosotros también.

¿Al primer capataz extranjero que se acerque... lo matamos.

¿Pero cómo ha sido?

¿Cómo ha podido ocurrir? Lo he matado yo.

Le estaba pegando a un compañero. Yo no puedo aguantar esas cosas.

Tendrás que entregarte. Eso no es posible.

No ha sido solo Andrés.

A Parry lo hemos matado entre todos.

¡Que nos lleven a todos! Perdóname, Pedro.

Yo sé que te harán responsable ante la compañía.

Me dieron este puesto por ti.

Perdóname.

Acompáñame, Andrés. Vamos arriba a hablar

con los extranjeros, a ver si se consigue algo.

Está bien. ¡Que no se mueva nadie!

Yo subo a hablar con esos. ¡No vayas!

Te cogerán. ¡Déjame!

(Murmullo)

Buena jugada, nos trae al cabecilla.

No hay que hacer otra cosa que atraparlo y se acabó el plante.

-No se puede cruzar. ¡Fuera! Es terreno de la compañía.

¿Qué pasa? No pasa nada.

¡Andrés!

¿Qué quieren de mí?

Ya saben las condiciones.

Si no tienen nada que decir, me vuelvo con los míos.

Me has hecho subir para ¿qué?

¡Un momento! ¡Quieto o disparo! ¿Qué has hecho?

¡Me has traído a una emboscada!

¡Éramos amigos! ¿Es posible que tú...?

(GRITA) ¡No, no!

(Disparo)

(Barullo)

¿Qué va a hacer? No le mate.

No dispare. ¡No dispare!

(Disparo)

(Gritos)

(Relincho)

(Barullo)

(Música trágica)

Le ha matado.

(Continúa la música)

No los alcanzarán. Han tenido tiempo de llegar

a la sierra.

¿Te duele? Tengo sed.

Allí tenemos agua. Vamos.

(Ranas)

No parece muy grave.

(Música fúnebre)

(Galope)

Quería hablar con uno de ustedes.

Tengo una noticia que puede interesarles.

Sí, señor, interesarles mucho. -Usted dirá...

-Mi hijo está abajo, en La Corta. Si no le pasara nada,

yo hablaría, yo diría dónde pueden encontrar a Andrés Ruiz.

-Vamos, hable. -Mi hijo se llama Luis Martín,

trabaja en la contramina. No se ha metido en nada.

-No le ocurrirá nada, hable.

-Rosario, la mujer de Andrés Ruiz, lo sabe todo.

Ellos vivieron en un refugio de la sierra la otra vez

que anduvieron perseguidos cuando Andrés hirió a un hombre

en una taberna de Málaga. Seguro que se han refugiado allí

y ella sabe dónde es. ¡Mi hijo se llama Luis Martín!

¡Trabaja en la contramina! -Quita.

-¡No se ha metido en nada! -Van a buscar a la mujer de Andrés.

-Deberíamos avisar a los guardias. -¿Dejarán libre a mi Luis?

-Quizá.

(GRITA)

Usted va a decirnos dónde está su marido.

Va a contestarme.

(GRITA)

Yo no lo sé. Sí, el refugio de la sierra,

donde ustedes vivieron antes. ¿Qué refugio? Yo no sé

de qué me habla. Vamos. ¡Hable de una vez!

¡Yo no lo sé! ¿No?

¡Socorro! ¡Las pagará!

-¡Cobarde! Suelte...

Usted no puede hacer eso, es la mujer del que mató

a nuestro compañero. Ella sabe dónde está.

Hay que coger a ese hombre... y castigarle.

Búsquenlo, búsquenlo. Tienen que encontrarlo.

-¡Salgan de aquí! Eso es cosa nuestra. ¡Márchese!

¡Vamos!

En un buen lío se ha metido Andrés, en buen lío.

Como lo cojamos, no va a pasar muy mal.

Lo siento, Rosario, esto es lo duro del oficio.

(Música)

Ah.

Aquí estuve con Rosario mucho tiempo...

hasta el nacimiento del niño.

(Continúa la música)

Gracias, Pedro.

Te lo has jugado todo por mí.

Ya ves que no tengo remedio.

Además, por mi culpa, se pierden mis amigos.

No sé qué hacer.

¿Cómo te encuentras?

Me duele menos la herida.

(Música)

Por la noche hace mucho frío.

Ah...

Todavía tiene aceite.

Parece un milagro.

¿Tú crees que habré matado a Carter?

Quizá no.

Nos encontrarán aquí.

Nosotros estuvimos bastante tiempo...

y nadie nos molestó.

Pero...

¿y después?

Es imposible quedarnos aquí para siempre.

¿Qué podemos hacer? Esperar.

Esperar.

A lo mejor no ha muerto Carter y a ti no te pasará nada.

(Música)

¡Andrés!

¡Andrés!

¡Rosario!

Oh...

Rosario, por Dios, Rosario...

¿No te ha seguido nadie? No creo.

¿Y el niño? Con mi hermana.

No debías haber venido. No podía estar sin ti.

Otra vez aquí, Rosario.

Otra vez...

¿Y Carter?

¿Qué pasó? Muerto...

(Relincho)

La Guardia Civil...

Han seguido a Rosario. Dame la pistola.

Va a ser peor, Andrés. Venga.

(Disparos)

¡Daos presos! ¡No tenéis salida!

(Disparo)

¡Manos arriba! ¡Quietos! ¡Venga, tirad las armas!

¡Vosotros, a los caballos! ¡Aprisa!

No te metas en esto, Juan Cuenca. Han matado a dos hombres.

Es un asunto grave.

Cuídate de lo tuyo. Hace siete años que me cuido.

Con Dios. ¡Fuera, fuera!

(Disparos lejanos)

(Música)

Bueno...

Ya hemos llegado.

Habéis tenido suerte de ir allí. Era el refugio

que me servía ahora. Gracias, le agradecemos mucho...

Le agradecemos mucho lo que ha hecho.

Vamos a verlo.

¿Qué quiere decir?

Que vamos a ver el agradecimiento ese que me tienen.

Se han quedado muy serios, ¿por qué?

No entendemos lo que quiere decir.

Me van a regalar todo lo que llevan encima.

¿Es que la acción no lo vale?

¡No puede hacer eso! Sí lo hago.

¡Venga, usted! ¡Tengo prisa!

¡Venga!

Eh, eh... Y tú, lo que tengas.

¡Yo no tengo nada! ¡Nosotros lo necesitamos!

Yo también.

¿Por qué nos salvó? Porque me ha dado la gana

y porque me cargan los civiles. ¡Con Dios!

¿Quién es? Juan Cuenca.

¿El Malagueño? Sí, mató a su mujer

y se echó a la sierra. De eso, hace ya mucho tiempo.

(Música)

¡Buenos días, don Francisco! Buenos días, hijo.

-Mis tejas, mis tejas...

(RÍE)

Ya está el de siempre, sin caballo.

-¿Qué te trae? Pues nada, Francisco.

Que pasaba por aquí y me dije:

"Voy a acercarme a ver a don Francisco".

Y de paso, a romper mis tejas.

(RÍE)

¿Quieres un trago? Vamos a echarlo.

Vino, vino... No es eso lo que merece.

-Tómalo tú mismo. Gracias.

Y a mí que me gusta su hermanilla...

Tú a mí, no. Lo siento.

(RÍE) Bah...

¿Ocurre algo, Juan?

Hoy estuvo por la sierra la Guardia Civil.

Perseguían a unos...

y yo me metí donde no me llamaban. ¿Qué hiciste?

Les eché una mano y, luego, los dejé a salvo.

¿Sí?

A lo mejor es que me estoy regenerando.

(RÍE)

A lo mejor.

Está bueno, ¿verdad? Superior.

Me traje esto.

Iba a una mujer con ellos, ¿no?

(ASIENTE)

Seguramente, dos hombres y una mujer.

¿Sabe usted quiénes son? No es gente de tu oficio,

aunque están en gran peligro. ¿En peligro?

Los persiguen por matar a dos extranjeros de las minas.

Bueno, ¿y a mí qué?

Juan, no tiene remedio.

Te has vuelto un ladrón de la sierra. ¡Me han vuelto!

Ah...

Cada uno es como quiere ser.

Si tú no hubieras hecho lo que... ¡No me sermonee!

Yo era un hombre decente.

Yo creí en un amigo y en una mujer.

Hay amigos y mujeres decentes.

Qué sabe usted, los curas no saben de esto.

Claro, de esto sabe más la Guardia Civil.

¡Calle!

¿Quién le dio vela en este entierro?

Cállate, niña... -Siempre me toca a mí callar.

Y lo suyo... ¿cómo va? Bah.

El tejado, casi bien.

Lo de la fundación no es suficiente.

Cualquier día, me hecho a la sierra contigo,

a ver si sacamos dinero para arreglar la ermita.

(RÍEN)

Cuando usted quiera.

Así que... ¿no querías nada? De vez en cuando,

gusta hablar con alguien un rato.

Vuelve por aquí. Conforme, don Francisco.

¡Arre! Vámonos, Perlo.

No tiene remedio.

-No me los espantes, Carmela. -Es un criminal, sí, señor.

Aunque tú lo recibas aquí. -Para eso se construyó la ermita.

-Una cosa es llevarle los sacramentos cuando se vayan a morir

y otra cosa el que te pongas de charla con ellos.

Y que tú no les hablas de Dios ni de nada,

los pones aquí a hablar de cualquier cosa.

Mira, Curro, tú no les das más que miel.

-No tengo otra arma. El Señor me negó la elocuencia.

-Acabaremos todos en la cárcel...

(Ranas)

¿Qué hora será? ¿Las cuatro, las cinco...?

No sé...

¿Qué hará el niño, Rosario? ¿Estará dormido?

A estas horas, otras tardes de dormía.

O estará llorando porque no estás tú.

Puede que esté llorando...

El pobre...

No quiero pensar que esté llorando. Me hace sufrir mucho.

No, no llora, Rosario. Está dormido.

Está dormido.

No sé hacer más que daño. No...

Hay que hacer algo. ¿Qué podemos hacer?

Yo he pensado una cosa.

Tengo que ver a María.

Su padre es juez. Él tiene que salvarnos.

¿Tú crees que hará algo por nosotros?

No lo sé.

¡Pero hay que intentarlo! Entonces, habrá que bajar al pueblo.

Sí.

Sería como meterse en la trampa. ¡Cómo entregarse a la Guardia Civil!

Y, sin embargo, habría que hacerlo.

Yo no tengo esperanza. Sé que a mí no hay quien me salve.

Pero habría que hacerlo, ¡aunque nada más fuera

por no estarnos quietos aquí! ¡Esperando a que nos cacen!

Maté a Carter.

¡Maté a Carter!

A estas horas, es como si estuviese firmada

nuestra sentencia de muerte. Esto es horrible.

¡Horrible! Habría que bajar.

Yo quiero ver a mi hijo.

Ah.

(Galope)

(Música)

¿Qué quiere ahora?

Tome.

A veces, uno no distingue. Es posible.

Sé lo de los extranjeros, ¿saben?

Y eso a mí me llega muy hondo. Habíamos pensado bajar al pueblo.

¡Le estoy hablando! Comida.

Tienen para unos días. ¿Cree que sería muy difícil?

Sí que lo es. ¿Será una locura bajar?

Eso según.

A la hora de la siesta, no queda nadie por las calles.

(SOPLA)

No me vendría mal darme una vuelta por allí.

Hace mucho que no bajo.

(SOPLA)

(Música)

Aquí, dentro de media hora.

(Ladridos)

No tardaré.

Andresito, hijo mío... ¡Pedro!

He sufrido tanto... ¿Cómo ha podido pasar algo así?

Cálmate. Tenemos que hablar, tengo poco tiempo.

Tiene que intervenir tu padre.

Es preciso que intervenga. ¿Qué puede hacer él?

No sé... ¡Algo! Si no, estamos perdidos.

Nos condenarán a muerte o nos matarán en la sierra.

Yo no quiero morir.

Yo te quiero.

Quiero casarme contigo.

Es que... ¿Qué te ocurre?

No, nada.

Dime lo que ocurre. Mi padre ha reaccionado mal.

Se ha puesto contra ti. ¿Contra mí?

Él sabe que todo fue un accidente, que yo no quise hacerlo.

Él es rígido, duro. No entiende...

Si alguien mata otro, es un criminal.

Hay que perseguirle, castigarle... Eso dice.

Tenemos que obligarle a que me defienda.

¿Pero cómo?

Vente conmigo.

Sí, vente conmigo. Tu padre tendrá que defenderte.

Que defendernos. Además...

te necesito.

María, no puedo estar sin ti.

Te quiero.

Es horrible estar allá arriba... solo con ellos.

Ven.

Vuélvete al monte, hijo mío, vuélvete al monte.

Solo allí estarás seguro, solo allí no te matarán.

-Sí, hijo, no bajes nunca. Que algunos del pueblo

te la han jurado y dicen que si te ven,

te acuchillarán y dejarán que te desangres.

-El padre de tu mujer anda diciendo por ahí que te matarán.

¿Ese también? Era su padre.

Y nunca pudo creer que su hija fuese una mujer perdida.

Que ella tuviera la culpa. Ramón... es rencoroso.

Bueno, es la hora, tengo que irme. No podemos estar sin él.

Es un sitio seguro. No le pasará nada, ya verás.

No le pasará nada.

Hoy han vuelto al trabajo en la mina.

Todo está allí como antes,

como si no hubiese ocurrido nada.

(Campana)

Ve corriendo al cuartelillo y avisa a la Guardia Civil.

Está en la tienda Juan Cuenca, nos robará todo.

(Golpes)

¡No encuentro la sal!

(ASIENTE)

¡Estoy harto de comer sin sal!

(GRITA) ¡La sal!

Ay... -¿A qué corres tanto, chaval?

-Voy al cuartelillo, está en la tienda Juan Cueca.

-¿Que Cuenca está en el pueblo?

No hay que avisar a los guardias.

Eso es cosa mía.

Deme eso.

Ustedes, los honrados, no saben lo importante

que son a veces las cosas tontas.

¿Me paga?

No se preocupe. Es robado, claro, debe ser bueno.

(RÍE)

(LADRA)

(RÍE)

Por fin has "bajao".

Llevo siete años esperándote.

Apártate, Ramón. Voy a salir.

Juré que te mataría. Quítate de mi camino.

Lo juré delante del cuerpo de mi hija muerta.

(Cristales rotos)

No te mato... porque no me da la gana.

¡Hazlo! Mátame como hiciste... ¡Ay!

Lo volvería hacer mil veces si mil veces la encontrara.

Me vais a acompañar hasta la salida del pueblo.

¡Y delante de mí!

Si vienen los civiles,

¡os mato!

(Campanas)

Tarda demasiado.

Voy a buscarle.

(ASIENTE)

Eh, venga, vamos... ¡Eh!

Ah, ah...

Maldito seas...

(Música)

Jesús, María y José.

(Trueno)

(Viento)

(SUSPIRA) Es imposible, Pedro.

¿Imposible? ¿Por qué?

María y yo estamos unidos ante los hombres.

De usted depende que lo estemos ante Dios.

Yo no puedo hacerlo. Necesito el consentimiento

de los padres. El matrimonio precisa trámites legales que...

Trámites legales...

(SOPLA)

Los de la sierra no podemos tener en cuenta esas cosas.

Yo sí las tengo.

Estoy en la sierra por mi voluntad.

Por si vosotros me necesitáis alguna vez.

Hoy le necesitamos. ¿Estás muy nerviosa?

Sí. Este día era para Pedro y para mí como un sueño.

Hablábamos siempre de él. Pensábamos en todos los detalles

de la ceremonia. Mi traje, los rostros amigos...

Y de pronto llega... y todo es tan inesperado.

Siento como miedo. -La primera boda

que se va a celebrar en Santa María va a ser bien sonada.

-Oh, perdónenme. No he querido ofenderlas.

Gracias.

Lo siento.

Yo había creído en sus palabras.

Está visto que solo sirve para echar sermones.

El altar está preparado.

-Yo... también lo lamento.

Pero solo podría celebrar este matrimonio

en el caso de que uno de los contrayentes estuviese

en peligro de muerte. Este es el caso.

Yo estoy en peligro de muerte.

Y yo, de parte de Dios todopoderoso, de los bienaventurados apóstoles,

san Pedro y san Pablo y de la santísima Iglesia...

(Llanto bebé)

(Truenos)

Y este sacramento entre vosotros bendigo

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

(A LA VEZ) Amén.

Levantaos.

¿Los anillos?

(BENDICE EN LATÍN)

Amén.

(HABLA EN LATÍN)

Pónselo.

Las arras...

Di conmigo:

(A LA VEZ) "Esposa, este anillo y estas arras

os doy en señal de matrimonio".

"Y yo las recibo".

-Y yo las recibo.

(Trueno)

(HABLA EN LATÍN)

Que seáis muy felices y que las amarguras que ahora pasáis

tengan pronto fin. Acompáñame, Andrés.

(Llanto bebé)

(TARAREA)

(DICTA) "Y María, hija de doña Cristina, difunta,

y de don Alberto Martínez, juez..."

Ha muerto también.

-¿Cómo no lo has dicho antes?

-Era día de su boda.

-El padre de María ha muerto. -El mismo día que estuvieron

en el pueblo. ¡Yo no lo maté!

Murió de un ataque al corazón. No digo que tú le hayas matado.

¡Pedro!

¿Por qué te has casado con María? Pues...

porque... la quiero. ¿Qué piensas hacer ahora?

Dime la verdad. Pues...

dejar que pase un poco de tiempo, que el padre de María se calme,

que se sienta solo.

Le citaremos en un sitio seguro y llegaremos a un acuerdo.

Nos ayudará a salir de esta situación.

El padre de María muerto.

No...

Hay que decírselo a ella. Es mejor que lo sepa

por uno de nosotros.

¿Qué te pasa?

Cuando yo era más joven, creía que por muchas cosas

que se me vinieran encima, podría aguantar.

Me estaré ablandando.

Un día, de pronto, vuelve todo, Juan.

Se encuentra uno rodeado de muertos...

y la sangre pesa en las manos.

Ese día, la vida se hace un horror, Juan.

¡Cállese! Déjeme en paz.

Yo no pertenezco a la Guardia Civil, Juan.

Yo no os persigo ni os denuncio. Tú lo sabes.

Estoy aquí por si un día los hombres de la sierra me necesitáis.

Por si un día sentís las necesidad de Dios...

¡Dios siempre me ha vuelto la espalda!

Si es que hay Dios... Sí lo hay, Juan.

Y tú eres algo muy importante para Él.

Y Él quiere perdonarte. ¿Cómo lo sabe usted?

Además, si lo hay...

si lo hay...

¡tendría yo que perdonarle a Él! ¡Sí! ¡Yo!

(Trueno)

¡Calla!

Cómo puedes decir...

Estás loco, Juan.

Quizá, algún día, Dios exista para ti...

y tú aceptes su perdón.

Porque tú, Juan, que eres un perseguido de la justicia,

que para los hombres no eres más que una alimaña

que hay que destruir...

Tú, Juan...,

eres todavía muy importante para Dios.

(Grito desgarrador)

¡María!

(GRITA) María, ¿a dónde vas?

(LLORA) Quiero irme a mi casa. ¡Quiero volver!

María, tranquila. ¡He abandonado a mi padre!

¡Tranquilízate, María! ¡Ha muerto! ¡Quiero volver!

¡Ha muerto! ¡Tranquilízate!

No me toques... Están ocurriendo muchas desgracias.

Nadie tiene la culpa. Déjame, déjame...

¡Parece como si alguien jugara con nosotros!

Es mucha desgracia, ya lo sé. Qué habremos hecho para merecerla.

(SOLLOZA)

María, no te desesperes. Hazlo por mí.

Pobre María. Éramos tan felices...

Te quiero.

Te quiero, me tienes a mí. No te abandonaré nunca.

(Trueno)

Buenos días, Juan.

Buenos días.

(Campana)

Te deseo que seas muy feliz. Gracias.

Ya eres una mujer como yo,

ya sabes lo que es la vida.

Penas y desgracias.

Ya conoces también lo que es un hombre.

(SOLLOZA)

Vamos a despedirnos de la Virgen y a rezar por ellos.

¿Has pensado algo? No. ¿Para qué?

Si es inútil. No hay por dónde escapar.

No hay más solución que quedarse en la sierra

hasta que nos agarren...

o nos muramos de hambre o de aburrimiento.

Venga, Perlo.

La sierra ampara.

Lo que habéis hecho lo aprueba todo el mundo

y, entonces, la sierra es muy segura.

Como lo era para mí cuando me eché al monte,

todos me comprendieron cuando acabé con aquella mujer.

Yo tengo un proyecto. ¿Cuál?

En este país estamos condenados.

¡Irnos de él!

¿Irnos?

Yo he pensado... en América.

¿Pero cómo? Se trata de llegar al puerto.

Dentro de tres días, sale el barco de mi amigo Robert.

Estoy seguro de que nos admitirá.

Para llegar allí, hay que salir de la sierra,

y si salen, están perdidos. No llegarán nunca.

Hay que intentarlo. Debe ser bonito aquello.

América...

Yo creía que ya no había nada que hacer.

Eso, por lo menos, es una esperanza.

Hay que jugárselo todo por esa idea.

O que nos maten una vez o, de pronto, estar en el mar,

libres...

Hasta que un día a lo lejos, una tierra,

una tierra nueva donde poder vivir.

Debe ser bonito aquello, ¿verdad? Más vale no confiar mucho.

Usted se vendrá con nosotros. No.

Creo que no podría. Esto es lo mío.

Yo soy de la sierra. Os acompañaré hasta la linde de sierra Amarga.

¿Hacia dónde vais?

¿Qué importa eso? Con Dios, don Francisco.

Gracias.

Adiós, padre. Adiós.

Adiós, padre.

Que Dios os proteja.

-¡Juan! Vengo del pueblo,

había muchos guardias. Parece que están organizando

una batida. Gracias, Carmela.

Id con Dios.

-A sus órdenes, cabo. -Hola.

-Hola, Curro. -Hola, buenos días.

-Cabo Alonso. Hola.

-Adiós, Jacinto.

Uh, caballo, caballo...

-El cabo Teixeira cerrará el Tajo. Lo patrullará hasta llegar a Jabugo.

El cabo Morán llegará hasta Álora. Se trata de vigilar

los puntos de salida y esperar. -¿Da usted su permiso?

-Adelante. -Se presenta el cabo Alonso.

-Pasa, Curro. Hombre, a ti te gusta el mar,

patrullarás Fuengirola. -¿Qué ocurre?

-Hay faena. Tenemos que cazar a tres hombres.

-¿Solo a tres? -Uno de ellos es tu amigo Cuenca.

-¿Cuenca?

(RÍEN)

En la costa, no. No bajará.

¿Qué ha hecho de nuevo ese pájaro? -No solo por él. Órdenes de arriba.

(Música)

Yo haré la primera guardia.

(Llanto bebé)

(SUSURRA) ¿Qué le ocurre?

El niño... no se encuentra bien.

¿Qué le pasa? No sé.

Está intranquilo y parece que tiene fiebre.

Es verdad.

Pero no será nada. ¿Tendrá frío?

(Llanto intenso)

(Música)

¡Mi hijo tiene frío! ¡Hay que aguantarse!

La lumbre, por la noche, se ve de lejos.

¡En marcha!

(Llanto)

Vamos. Es tarde.

Quieto...

¿Cómo está? Igual...

No podemos seguir, mi hijo está enfermo.

Ya dije que con mujeres y niños no se podría llegar.

Un día de descanso. Mi hijo lo necesita.

El barco sale mañana al amanecer. Pedro...

Nos va la vida a todos.

Entonces... nosotros nos quedamos. ¡No! Eso tampoco puede ser.

Os darían caza y hablaríais.

¿Has oído? Es que no podemos parar.

Es horrible, me da miedo este camino.

¡Es que no podemos parar! ¡Ya lo sé!

(GRITA) ¡Vamos! ¿Qué estamos esperando?

Es por todos...

Es tan pequeño...

(Llanto)

(Música)

(Galope)

Buenos días, don Francisco. -Y la compañía.

-Buenos días, hijos. -Pues nada,

que pasábamos por aquí y me dije: "Vamos a saludar a don Francisco".

-Carmela, dales este deber.

Habéis dado mucha vuelta para llegar. -Pasábamos y...

-¡Sí! Ya lo has dicho antes. En acto de servicio, claro.

-Cada día es más dura la tarea. A los que se echan a la sierra,

todo el mundo les protege.

-Los pobres...

Bastante llevan encima. -¿No estará usted de su parte?

-Soy cristiano y fraile.

(RÍE)

Eh, ¿para cuándo tenemos bautizo? -Para un día de estos.

Mi mujer, con perdón, ya ha salido de cuentas.

-¿Qué? ¿Muchos feligreses nuevos? -Bah, no crea...

También es difícil mi tarea.

La gente de aquí es dura y yo, por más que le pido a la Virgen,

no sé llegarles al corazón.

-Ah, por cierto, ¿no habrá visto usted por aquí...

a Juan Cuenca?

-Sí. -¿Sabe usted dónde iba?

-Cuando quieras bautizar a tu hijo, tráemelo, aquí me tienes.

-Gracias.

Aquí vendrá. -Adiós, don Francisco.

Es por ahí.

Yo no puedo seguir con ustedes.

Nunca pasé de aquí porque es peligroso.

Sierra Amarga, aquí viví dos años, me la conozco bien

y aquí me puedo defender. Más abajo, no.

Juan, venga con nosotros. No.

Sin usted no llegaremos.

No sé, a descubierto y con el niño enfermo, no me atrevo.

Llegaremos Juan, no se quede aquí. Pero va a ser difícil.

Alto.

Van derechos al mar. Cuenca ha salido de la sierra.

Esta vez, caerá. Vamos.

(Música)

Llegaremos al atardecer.

No podemos seguir. Estás asustada, cálmate.

Estamos matando al niño. Lo estamos matando.

Es horrible lo que estamos haciendo con esta pobre criatura.

¿A dónde vamos a llegar? Y ¿para qué?

¿Para enterrar allí a nuestro hijo? ¿Está peor?

Sí.

Al atardecer, llegaremos a Pueblo Viejo.

Allí está el barco.

En Pueblo Viejo también está el médico.

Vamos.

(Música)

Voy a buscar al médico.

(Continúa la música)

Vuelvo enseguida.

Voy a hablar con mi amigo.

Ten mucho cuidado, Pedro.

El niño.

Buenas, ¿podríamos dormir aquí? Es solo por esta noche.

Pasen. Gracias.

(Música)

Robert.

Pedro Guzmán.

Usted sabe lo que me ha ocurrido.

Solo sé que dejamos incompleta una partida.

Es usted muy generoso, Robert.

Solo soy un pésimo tirador. Pase.

Tenemos necesidad de salir de España.

¿María viene con usted? María es ya mi mujer.

Queremos ir a América.

Mi barco va hasta Holanda.

Desde allí es fácil encontrar otro que cruce el océano.

Salimos mañana,

pero habrá una barca en la caleta del torreón toda la noche.

Yo le esperaré a la salida del puerto.

No venimos solos.

El "D Robert" recogerá a todos los pasajeros de la barca.

Estará hasta el amanecer.

Oiga, ¿me hace el favor? ¿El médico del pueblo?

Ahí mismo. -En la casa de al lado.

Gracias.

(Música)

(Timbre)

No viene hasta mañana.

Salió para los molinos.

Sigue siendo amigo mío.

Está todo resuelto, María, todo resuelto, ¿comprendes?

Al amanecer embarcaremos y después...

No está el médico. No viene hasta mañana.

No podemos esperar, sería demasiado tarde.

Rosario y yo tenemos que esperar. ¡Es una locura!

¡Tenemos de plazo hasta el amanecer, me lo ha dicho Robert!

Iros vosotros. Yo no podría.

No podríamos.

Es lo único que tenemos.

Lo único que nos importa.

Yo también me quedo.

A mí, a fin de cuenta, no me llaman otras tierras.

Volveremos a la sierra de donde nunca debimos salir.

Ahí estaremos seguros.

Debemos quedarnos, Pedro.

¿Quedarnos?

No, no puede ser, os espera América, una vida nueva.

Quizá mañana aún sea tiempo.

Yo haré la primera guardia.

Ha debido superar la crisis esta noche.

Cosa de críos.

Un día parece que va a ser

y nada, no es nada.

De todas maneras, no le expongan demasiado al sol.

Le dan estos polvos cada dos horas disueltos en leche o en agua

o en vino, lo que le gusta al niño. No se preocupen, ¿eh?

Gracias.

Ah, si le vuelve a dar fiebre, me llaman.

Sí, señor.

Vamos, todavía puede haber tiempo.

(Música)

(GRITA) ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

(GRITA) ¡Eh!

Vuelve, nos ha visto.

(Música)

Aún hay tiempo, Rosario, aún hay tiempo.

(Música)

¡La Guardia Civil!

¡Alto, no os mováis! ¡Quito, no te vayas!

(Música)

Es inútil, Juan, ahora sí que no tienes escapatoria.

-¡Atadlo! ¡Vámonos!

No pasará nada, ya verás.

No pasará nada, saldré libre.

Algún día recordaremos esto y nos parecerá que no ha ocurrido nunca.

El niño.

(Música)

Parece que está mejor. Vamos.

Adiós.

Cuanta desgracia... -¡Traed a los presos!

-Venga. -Las mujeres se quedan aquí.

-Se han retrasado demasiado.

-Pase.

-He recibido tu recado.

Siéntese, por favor.

¿Ocurre algo nuevo?

¿Se sabe alguna noticia?

Que el día 24 es el juicio.

El 24. Sí.

¿Y María? Se ha encerrado en su casa

y no quiere ver a nadie. Se está volviendo loca.

Casi es una niña, ha sido demasiado para ella.

¿Qué vamos a hacer?

El 24,

ya está ahí la fecha.

¡Usted tiene que hacer algo!

Hija mía, no sé.

De verdad no sé que puedo hacer yo.

-Fallamos, que debemos condenar y condenamos a los procesados,

Pedro Guzmán, Andrés Ruiz y Juan Cuenca como responsables

en concepto de autores de homicidios, de resistencia a la autoridad

y de diversos delitos de bandidaje, a la pena de muerte.

Sentencia que se ejecutará el 3 de abril en el penal del puerto.

Así por esta nuestra sentencia, de la que se llevará certificación

al rollo de sala, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

-Audiencia terminada.

-Todavía hay una esperanza.

-Señor juez, hay un error.

Soy el padre Francisco, el fraile de la ermita de Santa María

y yo les digo que van a cometer un error.

-¿Un error? ¿En qué?

-Hay que someterlos a la justicia de Dios.

Los tres condenados son malagueños y estamos en cuaresma.

-Hay una real orden, señor juez, una real orden de Carlos III

que trata este asunto. -Dice que los condenados

cuya ejecución tenga lugar durante la cuaresma habrán de ser trasladados

a la cárcel de Málaga donde podrán acogerse

a la gracia de nuestro padre Jesús "El Rico".

Por eso dije, señor juez, que iban a cometer un error,

porque uno de los tres se salvará, aquel a quien señale la mano

del Señor.

-Estampas de nuestro padre Jesús "El Rico".

Cómpreme usted a San Pancracio, la salud y el trabajo, novenarios...

Ande usted, señorita.

Estampas de nuestro padre Jesús "El Rico".

Cómpreme usted...

-Para hacer bien por las almas de los que van a justiciar.

Gracias, señor. -Estampitas, estampitas benditas.

-Para hacer bien por las almas de los que van a justiciar.

-Para hacer bien por las almas de los que van a justiciar.

-Para hacer bien por las almas de los que van a justiciar.

-Presenten... ¡Armas!

-Debes impedir que entre o salga alguien sin el debido permiso

por esta puerta, solo dejarás el paso libre

a nuestro padre Jesús "El Rico".

¿Falta mucho tiempo?

Siempre llega el amanecer.

Ahora estarán preparando el trono, las flores y las velas.

Lo hacen en el puerta de la iglesia.

¿Recuerdas?

Había mucha gente que iba a verlo.

Tú te acordarás. Sí.

Yo iba algunas veces de niño.

Iba a robar cera para venderla después.

Me gustaba mucho la Semana Santa.

Tiene gracia. ¿El qué?

De pequeño yo admiraba a los hombres fuertes que llevan las "andas".

Decía que de mayor sería uno de ellos.

Les veía hacer aquel esfuerzo hasta sangrar

y decía:

"yo seré uno de ellos".

Y ahora, ¿qué va a pasar?

A mí ya me da igual.

Estoy cansado.

Como si ya fuera muy viejo. Es terrible esto.

Pensar que solamente uno de nosotros va a salvarse.

Uno.

Si hay Dios, bien muerto estoy.

Se equivocó don Francisco.

Un día me dijo que la penitencia la cumpliría en vida.

Dios salvará a Pedro.

Él está aquí por defenderme.

Solo te pido...

que no abandones a mi mujer y a mi hijo.

Se quedarán muy solos.

Te salvará a ti, por tu hijo.

Tú siempre has sido bueno.

Puede que yo sea el peor de todos.

Seguramente lo soy.

Sí, el peor,

aunque la gente no lo sepa.

Pero yo veo ahora...

La veo con mucha claridad...

Toda mi vida.

(Música procesión)

(TARAREA)

(CANTA) "Ay, como no tenía...

Lo coronaron...

La sangre de...

Que la sangre de...

Que por su cara

tan divina...".

-Vamos, es la hora.

-13...

¡Un!

(Música procesión)

(Tambores)

(Golpes)

-¿Quién vive?

-Nuestro padre Jesús "El Rico".

(Tambores)

(Música procesión)

Vengo en disponer

que a partir de este año de gracia y para siempre

en la madrugada del miércoles Santo se proceda por nuestro padre Jesús

"El Rico" y por el mejor juicio de Dios al indulto de un preso

de los condenados a muerte.

Yo, el rey Carlos III.

(Campana)

Dios mío, haz que se salve. Le necesito.

No.

Yo no.

Te has equivocado, Jesús. Te has equivocado.

No me lo merezco.

He robado.

He asesinado.

Tengo sangre en las manos.

¡Mira!

¿O es que no ves esta sangre tú

que lo ves todo?

Ellos, mis compañeros se merecen tu perdón.

Andrés tiene un hijo.

Pedro es bueno.

Te has equivocado, Jesús.

(LLORA)

(Tambores)

(GRITA) ¡Ah!

(LLORA) No.

-Juan.

Hijo.

-Hijo mío.

Hijo.

(Música procesión)

Mátame si quieres.

No es justo que yo viva. Mátame.

No,

yo no soy nadie.

Yo no soy nadie contra Dios.

(Música procesión)

(Música créditos)

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