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- ¡Sebas, dame la canica! - Que no.
- ¡Dámela! - Hay más.
- ¡Para! ¡Que me las des! - Que me dejes.
- ¡Trae, que es mía! - ¡Mis narices va a ser tuya!
¡Mamá, dile a Sebas que me la devuelva!
¿Eres idiota?
Vámonos.
Ya sabes que a mamá no le gusta que nos paremos en la casa de la vieja.
¡Julián!
Vámonos.
¿Qué haces?
Se ha metido dentro.
¿Hola?
Señora,
estoy entrando en su casa.
Vengo a por mi canica.
Señora,
¿me devuelve la canica?
¡Sebas! ¡Sebas!
¡Corre!
[Unos que nacen, otros morirán.]
[Penas y glorias, guerras y paz.]
[Siempre hay por qué vivir, ]
[por qué luchar.]
[Siempre hay por quien sufrir]
[y a quien amar.]
[Al final, las obras quedan, ]
[las gentes se van.]
[Otros que vienen las continuarán.]
[La vida sigue...]
[igual.]
- ¿Ya hemos llegado? - Venga.
- ¿Es aquí? - Ahí lo tienes.
¡Qué grande! ¿Todo esto es nuestra casa?
Todo no. Mira, es ese de ahí. ¿Ves?
El tercer piso. Qué bonito. Vamos a estar como reyes.
El cielo de Madrid para nosotros solos.
¿Los Olmedo? Por fin llegan.
- Esteban Ocaña, el administrador. - Pero yo hablé con don Felipe.
Sí, claro, mi jefe. Pero no hay problema, que yo ya estoy al día.
Pues nada. Manuel Olmedo Fernández. Y mi señora, Candela.
- Encantada. - Tanto gusto.
- ¿Vienen? - Sí, claro.
El portero está de baja, pero se incorpora la semana que viene.
Ya están en marcha los trámites para instalar el ascensor.
- Son solo unas pocas escaleras. - ¿Es un tercero?
A mi padre le costará mucho subir hasta aquí arriba.
Ya has oído al señor Ocaña, mujer. Pronto vamos a tener ascensor.
Precisamente por eso les ha costado a ustedes mucho más barato
un piso como este, con todas estas comodidades.
Han hecho ustedes una muy buena inversión, créanme.
Bueno, el piso no es nuestro, es del banco.
Y aun vendiendo todo lo que teníamos, hemos tenido que pedir una hipoteca.
¿Y lo cerca que vas a estar de tu trabajo qué?
Tiene una carta de recomendación para trabajar en Galerías.
Eso es estupendo. ¿Y usted a qué se dedica?
Yo siempre he trabajado en el campo,
pero uno del pueblo habló por mí y mañana empiezo en la fábrica de camiones Pegaso.
Pues aquí es, tercero B.
Pues... adelante.
- ¿Qué es eso? - Es... del Mateo.
No la he leído, ¿eh?
Abuelo,
¿qué hace ahí?
El salón.
Qué calor.
Sí, bueno, aquí es que los veranos se alargan hasta septiembre.
Ya se acostumbrarán. Como pueden ver,
está todo tal y como lo dejó el anterior propietario.
- ¿Qué le pasó? - Falleció.
- ¿Seguimos? - Sí, claro.
- Ventanas grandes. - Pues mire, son como las del pueblo.
Pero las vistas son mejores.
¿Qué? No me digas que no te gusta la casa.
- ¿Cuánto tiempo lleva cerrada? - Pues cuatro años, creo.
Eso me dijeron cuando vine a verla.
Mira, tenemos tocadiscos.
- Manolo, no hagas eso. - ¿Por qué?
Porque da mala suerte.
¿Para qué queremos nosotros una casa tan grande?
Candela, ¿qué hay en el pueblo?
- Nada. - Nada.
Estamos en Madrid. Madrid es el futuro.
Vamos a darles una oportunidad a los críos. Y a nosotros también,
que buena falta nos hace.
Venga, ya verás qué felices vamos a ser aquí.
[Si yo fuera reina de la luz del día, ]
[del viento y del mar...]
Disculpen, pero yo tengo que marcharme.
Espero que la disfruten.
Bienvenidos... a su casa.
¿Qué te tengo dicho, Rafael? Dentro de casa no.
¿Por qué pones eso ahí?
Para que nos pasen cosas buenas.
¿No nos va a pasar como en el pueblo?
- No, a partir de ahora todo irá mejor. - ¿Alguien me ayuda?
Anda, corre, ve. Ve con tu hermana.
- Yo te ayudo. - No, tú no, Rafita.
¿Cuál es mi habitación?
La del fondo.
¡Rafita!
- ¡Mamá, mamá, he asustado a Amparo! - Este niño...
Cuidado con los pies ahí.
Más para el fondo, al salón.
Ahí, junto a la mesa.
Cuidado. Cuidado, cuidado, cuidado.
- Perdón. - ¿Con eso lo arreglas todo?
Amparo, ven.
Vete a llevar tus cosas a tu cuarto, anda.
- Candela. - ¿Qué?
- ¿Dónde dejo esto? - Donde quieras.
¿Te gusta?
¿Por qué tengo que dormir yo con el abuelo?
- Porque es así, hijo. Es así. - ¿No puedo dormir con Amparo?
Tu hermana es mayor.
Amparo, ¿qué haces?
Ya sabes que a tu padre no le gustan las puertas cerradas.
No es mi padre. Bueno, es mi cuarto, ¿no?
Ya, pero este cuarto está en esta casa.
Ya lo sé, no hace falta que me lo recuerdes.
Puedes dejar la puerta abierta cuando te vayas.
- ¿La vas a tirar toda? - Sí.
Si quieres algo tú... Yo no pienso ponerme nada de esto, es horroroso.
Este es bonito.
Aunque el color verde...
no me convence.
¿Algo más?
Sí, ¿puedes ir bañando a Rafita?
- ¿Ahora? - Ahora. Yo voy a preparar la cena.
Y a partir de mañana tendrás que ocuparte
de tu hermano mientras nosotros trabajamos.
Candela, ven a cuidar del niño un momento.
Ya va.
¿Puedes parar quieto?
¿Vamos a quedarnos aquí mucho tiempo?
Supongo.
Pues a mí me gustaba más la casa del pueblo.
¿Podemos jugar otra vez?
¿Otra vez?
"Porfi"...
¿No prefieres jugar con el abuelo?
"Veo, veo".
- "¿Qué ves?". - "Una cosita".
"¿Qué cosita es?".
"Empieza... por la P".
["¿Qué seré? ¿Qué seré? ¿Qué seré?".]
- ¡Peine! - No.
Pared.
- Pelo. - No lo vas a adivinar en la vida.
Venga, dime qué es.
París.
- ¿Qué es "parís"? - Un sitio que no huele a pobre.
¡Venga ya, eso no vale! Tiene que ser algo que veas.
- Quédate aquí un momento. - Vale.
Abuelo, ¿qué hace?
¿Rafa?
Rafa, abre la puerta.
Rafael, deja de jugar, que se nos va a quedar la cena fría.
Rafa, ¿qué haces? ¿Por qué no abres?
Rafa, ¿qué haces?
- ¡Mamá, mamá, hay alguien dentro! - ¿Qué pasa? ¿Qué son esas voces?
¡Está Rafael dentro! ¡Ha cerrado la puerta, no puedo abrirla!
- ¡Rafa! ¡Rafa! - ¡Aparta!
- ¿Cómo se te ocurre dejar al crío solo? - ¡Podría haberse matado!
- ¿Dónde tienes la cabeza, Amparo? ¿Dónde? - He visto a alguien, lo juro.
¿Qué te tengo dicho? ¿Qué te tengo dicho? ¡Nada de puertas cerradas!
No quiero más tonterías en mi casa, ¿me oyes?
"Bendícenos, Señor, y bendice los alimentos que vamos a recibir..."
Que aproveche.
Pásame el aceite, Pepe.
- Padre, a comer. - Venga, Rafita, dale a esas papas.
A comer.
¿Qué pasa, Amparo?
No sé, no...
Creo que estoy revuelta del viaje, me voy a la cama.
- ¿Qué pasa, mi amor? - Me da miedo.
El abuelo no está bien, necesita esta máquina para dormir.
Son como las cigalas del pueblo.
Cierra los ojos.
Así, muy bien.
Imagina que te están cantando.
¿Mejor?
Buenas noches, tesoro.
Buenas noches, mamá.
Rafa, ¿qué estás haciendo?
Es mágica.
Mágica va a ser la factura como no la apagues.
Apaga, vamos a dormir.
Mira, Manolo, esa es la línea 25.
Aquí nos ayudamos todos. Cada dos horas puedes echar el cigarro.
Y si necesitas ir al baño, pues aviso a un compañero para que te cubra.
Cualquier duda que tengas, me preguntas, ¿de acuerdo?
- Sí, claro. - Soy Miguel. Bienvenido.
Gracias.
Bienvenidos. Que tengan unas felices compras.
- Muchas gracias. - Muchas gracias.
Lo importante es que siempre sonrías.
Eso y que cumplas con los objetivos de venta. Eso también es muy importante.
- Ah, y lleva siempre una barra de labios. - ¿También es importante?
Es importantísimo.
A ver, deja. Deja.
Así.
Pepe,
ya verás cómo vas a encontrar algo.
Esto no es como el pueblo, aquí hay sitio para todos.
Incluso para nosotros.
No... quería irme.
¿Y yo? ¿Te crees que quería irme y dejar al Mateo?
Pero aquí estamos, hay que apechugar.
Tienes leche caliente en la cocina,
por si quieres desayunar antes de que te vayas a buscar trabajo.
Rafael, ¿cuántas veces te he dicho que no se juega con la peonza aquí?
Es que, si no, no voy a aprender nunca.
Mira, estás estropeando el suelo. Se acabó, dame la peonza. Ya.
Lo siento.
¿Vamos a desayunar?
Venga, ya, Rafael, por favor, a desayunar.
- ¿Quieres que te lo dé yo? - Yo puedo solo.
Ah, vale.
Pero te lo comes todo, ¿eh?
Sí, sí.
¿Sí qué?
Rafita.
- ¿Qué dices? - Me has preguntado.
No, no te he preguntado nada.
[Me has preguntado.]
¿Abuelo?
No te muevas, ¿me has oído?
¿Qué?
Mucho.
[Un globo, dos globos, tres globos.]
[La Luna es un globo] [que se me escapó.]
[Un globo, dos globos, tres globos.]
[La Tierra es un globo] [donde vivo yo.]
[Un globo, dos globos, tres globos.]
[La Luna es un globo] [que se me escapó.]
[Un globo, dos globos, tres glo...]
[Tralará, larita, ]
[estoy muy contentita.]
[Tralará, larota, ]
[estoy muy contentota.]
[Estoy esperando] [a que vengan mis nietecitos.]
[Les he preparado galletas...]
[Pero qué niño tan guapo.]
[Y qué mayor.]
[¿Cómo te llamas? A ver.]
[¿No le vas a decir a la abuela Berta]
[cómo te llamas?]
[Me voy a poner muy triste.]
Rafael Olmedo Jiménez.
[Qué nombre tan bonito.]
[Dime una cosa, Rafael, ]
[¿te apetece... jugar?]
Abuelo, por el amor de Dios, ¿se puede saber adónde va?
A la finca.
¿Pero qué finca? Si ya no tenemos la finca, la vendimos.
Tengo que coger la escopeta.
Tu padre seguro que sabe dónde está.
Él no nos habría traído a esta casa.
También dijo que volvería a ver dónde estamos.
Abuelo, por favor, vamos a la casa.
Se lo va a llevar.
¿A quién? ¿Qué dice?
Ella.
["Veo, veo".]
-"¿Qué ves?". [-"Una cosita".]
"¿Y qué cosita es?".
["Empieza por la letra...]
[B.]
[¿Qué seré? ¿Qué seré? ¿Qué seré?".]
¿París?
[No.]
Peonza.
El Pepe sabe ponérsela en la mano y todo. Me va a enseñar.
[¿Y tú?]
[¿No quieres... probar?]
No me dejan tirarla.
[Pero ahora estás... solo.]
Amparo.
[Amparo ya no está.]
[Está solo... conmigo.]
[Voy a llamar a una amiga] [para que venga a cuidarte.]
[Ella sabe muchos juegos.]
[No te imaginas las ganas] [que tiene de...]
[conocerte.]
Abuelo, quédese aquí y no se mueva, ¿quiere?
Que bastante tengo ya.
Rafael, ¿te has acabado el desayuno?
¿Rafael?
Rafa, sal.
Deja de jugar.
¡Rafa!
¡Rafa!
[Qué buenos, ] [me han dejado unas galletitas.]
[Aquí ahora vendrán.] [Estoy muy nerviosa.]
[No, no son ellos. Tardarán mucho.]
[Ten, la pistola.] [Pim, pam, pum. Dispara sola.]
[Ay, qué nervios...]
Muy bien,
¿quiere añadir algo más?
Mi padre salió a la calle.
Se desorienta.
No está bien. Tiene algo en la cabeza, no... no rige.
- Y mi hija salió detrás de él. - ¿Y dejó solo al crío?
Buenas.
Hemos revisado el edificio de arriba a abajo: trasteros, azotea, el chiscón...
Hemos preguntado en las tiendas de la zona y tampoco saben nada.
¿Y ya está? ¿No van a hacer nada más?
Vamos a dar aviso a todas las comisarías de Madrid.
Lo mejor es que nos se despeguen del teléfono, por si acaso.
Todavía no tenemos línea, acabamos de mudarnos.
Vendremos a verles si tenemos noticias. Señor, señora, buenas noches.
Manolo, ¿no ves que...?
Ya lo sé, tienes razón. Venga.
- ¿Adónde vas? - A buscarlo, no voy a quedarme esperando.
- Y yo... también. - Voy con vosotros.
No, venimos cada poco y te vamos contando.
No pienso quedarme muriéndome de angustia.
- ¿Puedo ir yo? - No, quédate con el abuelo.
Lo vamos a encontrar.
[¿Amparo?]
Rafael, ¿dónde estás?
[No me dejéis solo.]
Cariño, no te vamos a dejar solo, pero tienes que decirme dónde estás.
[No lo sé.]
Vale.
¿Qué ves a tu alrededor?
[Shh... Que te va a oír.]
-¿Está ahí? [-Sí.]
¿Es un hombre o una mujer? Dímelo.
[Me ha visto.]
¡Rafael!
¡Mamá!
¡Rafael! Rafael, ¿estás ahí?
¡Rafael!
- ¡Ayuda, por favor! ¡Ayuda! - ¿Se puede saber a qué vienen esas voces?
- Amparo, ¿qué pasa? - Es Rafael, está ahí dentro. Escúchalo.
- ¿Rafael? - Imposible, en el tercero no vive nadie.
- ¡Mi hija dice que ha escuchado al niño! - Padre, lo he escuchado. Está ahí dentro.
Apartaos.
¡Rafael, hijo!
¡Rafael!
¿Ven? No hay nadie, el piso lleva siglos vacío.
Está aquí.
Me parece que tengo una linterna en casa.
¡Rafa!
¡Rafael, cariño!
Sal ya, niño.
Rafa.
¿Rafa?
Rafa, ¿estás ahí?
Papá.
Oh, Dios mío.
Rafa, soy yo, Amparo.
Rafa, venga, sal, que no pasa nada.
Rafa.
¿Esta pared no da a nuestra casa?
Sí.
¡Amparo!
- ¡Amparo! - ¡Amparo!
¡Amparo! ¡Amparo!
- ¡Amparo! - Amparo, ¿qué te pasa? ¿Qué te pasa?
¡Amparo, soy yo, mírame! ¡Mírame! ¡Mírame, mírame, mírame!
¿Qué te pasa?
Hija, ¿qué pasa? ¿Qué pasa?
Hija, mírame.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa, Amparo? ¿Qué pasa?
- Aquí no hay nada. - ¿Lo han encontrado?
Ayúdame a llevarla a casa, por favor.
Venga, ven aquí. Ven aquí.
Venga.
Ya está, ya está.
Ya pasó, ya pasó, ya pasó.
¿Cómo vamos a ir a trabajar sin saber que está el niño?
Solo llevamos un día en el trabajo, no podemos faltar ya.
Necesitamos el dinero para pagar la hipoteca.
Candela, tenemos que ir a trabajar. No nos queda otra.
La cría dice que está segura de que lo vio.
- No empieces otra vez, por favor. - Lo vio.
Allí no había nadie, no había nadie.
Lo que vea que vio, o se lo imaginó o...
Pues, por los nervios o...
- Yo qué sé, no sé. - ¿Pero dónde está?
Dijiste que en la ciudad nos iba a ir bien. Nos iba a ir bien en la ciudad.
No puedo salir de esta casa sin mi hijo.
Candela, mírame.
Tienes miedo, es normal. Yo también tengo miedo.
Pero no podemos perder la cabeza, ni la esperanza.
No podemos.
Me hacen herida en el talón.
Estoy seguro de que está bien.
¿Cómo lo sabes?
Porque soy su padre.
¿Hola?
¿Hablo con Susana?
Sí, sí.
No, no, no, no me conoce.
Mire,
vivo en la calle Manuela Malasaña, 32, en el tercero B.
Quería preguntarle si usted conoció al anterior propietario.
¿Oiga? ¿Susana?
Corta ya, niña.
¿Hola?
Perdone, ¿puedo ayudarla en algo?
¿Ha venido usted sola?
¿Ha venido sola?
Lola, cariño.
- Disculpe, no sé qué ha podido pasar. - ¿Cómo se llama?
- ¿Yo? - Sí.
Candela.
Disculpe a mi hija, se pone nerviosa cuando no estoy cerca.
Ha debido de ver algo en usted.
Si puedo ayudarlas en algo...
Lola quiere que le entregue esto.
Si quiere que venga mi compañera o...
Léaselo a sus hijos.
- Pero... - Les va a ayudar.
- ¿Todo bien, señora Dávalos? - Sí.
¿Necesita que se lo llevemos a la tintorería?
Ya la atiendo yo.
Sí, desde luego. Disculpe.
¿Clara?
¿Hola?
¿Clara?
Clara.
Hola.
¿Abuelo?
[Yo soy aquel]
[que cada noche te persigue.]
[Yo soy aquel]
[que, por quererte, ya no vive.]
[El que te espera, ]
[el que te sueña, ]
[el que quisiera ser dueño]
[de tu amor, de tu amor.]
[Yo soy aquel...]
Abuelo.
Abuelo, se está quemando.
[Amparo.]
[Ayúdame.]
[Tienes que sacarme de aquí.]
[Ayúdame.]
[Coge el teléfono, Amparo.]
[Cógelo.]
¿Rafael?
¡Rafa!
Rafa.
Cierra los ojos.
Rafa...
Rafa.
¿Estás bien?
¡Manolo!
- ¡Manolo! - Sí, aquí.
Tienes una llamada, algo de tu hijo.
Ahora te estoy escuchando el corazoncito.
En su estado es normal que no hable,
quizás tarde unos días en volver a hacerlo.
Yo tengo un nieto de la misma edad. Hay que tener mil ojos con ellos.
Tanto tiempo a oscuras le ha podido provocar el shock.
Cuando recupere la voz, seguro que les cuenta lo que ha pasado.
Lo mejor es que descanse y evite cualquier sobresalto.
- Muy bien. - Muchas gracias, doctor.
- De nada. - Por aquí.
Manolo.
¿Qué?
No me gusta esta casa, no me gusta Madrid.
Para mí tampoco está siendo fácil.
He pensado que puedo hablar con mi primo,
que te puede meter como temporero.
Candela, escucha. No tenemos ni un duro.
Todo lo que teníamos lo hemos metido en esta casa.
No podemos volver.
Venga, descansa.
- ¿Y si nos está castigando Dios? - ¡Ya estamos otra vez!
- Ni siquiera podemos casarnos. - No quiero volver a hablar de este tema,
¿vale?
No quiero, se acabó.
Amparo.
- ¿Qué haces levantada? - Nada.
- ¿Vas a salir? - No, no, ¿adónde voy a ir?
Estás muy guapa.
Mamá.
Dime.
Nada.
¿Qué pasa?
¿Ves algo?
Candela, se ha ido la luz.
Madre mía, esto es del año de la polca.
Amparo.
"Veo, veo."
["¿Qué ves?".]
Candela, ¿qué pasa? ¿Dónde estás?
Amparo.
Amparo, ¿qué haces?
Joder.
¡Mamá!
[Mío.]
[Mío.]
- ¡Mamá! - ¡Manolo, coge a mi padre!
¡Amparo! ¡Amparo!
¡Pepe! ¡Pepe!
[Mío.]
- ¡Amparo! ¡Amparo! - ¡Mamá!
¡Aparta!
¡Corred!
Son 360 pesetas la noche.
390 con baño. ¿Me dejan el libro de familia?
¿El libro de familia?
Creo que no lo tenemos encima. Hemos tenido que marchar corriendo.
Pues no puedo dejar que se queden si no me enseñan el libro de familia.
Yo le pago por dos habitaciones, pero deje que nos quedemos todos juntos.
Mañana les quiero fuera.
"Padre nuestro que...
que estás en los cielos,
san... tificado sea tu nombre.
Venga a nosotros...
tu reino."
"Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día dánosle hoy.
Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del mal. Amén."
¿Dígame?
Lo he consultado.
Muchas gracias.
Les dimos el dinero y ahora tienen que devolverlo.
En esa casa pasan cosas.
¿Qué cosas? ¿Tienen goteras? ¿Hay alguna plaga?
- Hay un espíri... - No nos importa perder la entrada...
ni las letras que ya se han pagado.
Seguro que hay algo que podamos hacer, vender el coche.
Señores, una hipoteca es para siempre.
Por eso firmaron un seguro de vida.
Les advierto que deberán seguir pagando rigurosamente su deuda,
vivan o no vivan en esa casa. Buenos días.
Escúcheme. Escúcheme, coño...
- Me han despedido. - ¿Cómo que te han despedido?
He desaparecido sin dar explicaciones. ¿Qué iban a hacer?
- Va, Candela, Tranquila. - ¿Cómo quieres que me tranquilice?
Dame tiempo. Ahora mismo no puedo pensar, pero voy a solucionarlo.
Te lo juro.
No voy a meter a mis hijos en ese piso.
¿Y qué hacemos, dormimos en el coche debajo de un puente? ¿Qué vamos a hacer?
Candela, ¿adónde vas?
Alguien tendrá que sacar adelante esta familia.
[Dávalos... Dávalos...]
Dávalos... Dávalos... Dávalos...
Dávalos... Dávalos.
¿Qué haces?
¿Quería entregárselo personalmente a la clienta?
Jamás se me ocurriría hacer alguna cosa así.
Estás llegando tarde y apenas tienes ventas.
A final de mes vas a tener que dar explicaciones.
- Julia... - De verdad que lo intento.
De verdad que lo intento, pero es que no me lo pones fácil.
Di tu nombre, confié en ti, aun sabiendo que no...
¿Aun sabiendo que qué?
Que no sé qué esperaba de alguien que se mete en la cama con su cuñado,
teniendo a su hermana muriéndose en la habitación de al lado.
¿No habéis tenido suficiente...?
amargándonos la vida en el pueblo,
que también tenéis que pudrírnosla aquí?
No te metas más en mi vida.
Buenas tardes.
- Buenas tardes. - ¿En qué puedo ayudarle?
- Vengo de Galerías. - Déjemela a mí si quiere.
¿Puedo hablar con la señora de la casa?
No está. Pero, vamos, que yo puedo entregárselo sin problema.
Rosario, ¿quién es?
A Lola ya la conoces, ¿verdad?
Puede oírte perfectamente.
Hola.
¿Por qué has tardado tanto en venir?
¿Qué es lo que vio cuando nos encontramos en Galerías?
¿Cómo pudo saberlo?
Lola ve cosas que los demás no vemos.
Las presencias necesitan
una mente debilitada para comunicarse,
una mente que no les ponga barreras
para entrar en ella.
Algunas personas están en el mundo por una razón.
Esa es la razón de Lola.
Debió de ser terrible lo que ocurrió en ese piso
para que el antiguo inquilino no quiera marcharse.
Pero, ¿por qué? Eso es lo que no entiendo.
Nosotros no tenemos la culpa de nada. ¿Por qué no nos deja en paz?
Lola supo verlo en ti y sigue viéndolo.
Tu marido y tus hijos ya llevan ese dolor con ellos.
¿Qué me está queriendo decir?
Podréis marcharos, vender el piso...
Es igual, ya está dentro.
El dolor os perseguirá hasta que logréis calmarlo.
¿Puede ayudarnos?
Quiere algo de tu familia, Candela.
Algo que tenéis.
Pepe, ¿dónde estabas?
¿Cómo se te ocurre dejar a tu hermano solo con todo lo que ha pasado, hombre?
Es... lo que me han dado... por el metrónomo.
¿Has vuelto a casa?
Faltan... doce pesetas
del metro.
Hola.
¿Doña Susana López García?
Por teléfono sonabas distinta.
¿Cuántos años tienes?
- Diecisiete. - Diecisiete años,
Virgen santa.
¿Está usted bien?
No. Pasa.
Gracias.
- ¿Ha hecho esto antes? - Alguna vez.
- ¿Y Amparo? - ¿No estaba contigo?
Dijo... que... iba... a buscarte.
- Tenemos que esperar a su hija. - ¿Para qué hay que esperar?
- Manolo. - No, Manolo no.
No sé a santo de qué tienen que estar aquí los críos.
Usted puede ayudarnos, ¿verdad? Haga lo que tenga que hacer, pero sola.
Esto no se hace así, señor Olmedo.
Ah, no se hace así. ¿Y cómo se hace?
Quiere que entremos.
Cada día vienen unos distintos. Me hacen compañía.
Gracias por recibirme. Pensé que después de hablar por teléfono...
No me gustan los teléfonos.
Pero pasa, pasa, que no te voy a comer.
Hoy Julia estará aquí contigo, cariño.
Mamá...
No pasa nada, hijo.
Doña Susana, no sé si usted podría decirme quién vivió en la casa.
¿Por qué quieres saberlo?
Su número de teléfono es el único que sale en el listín telefónico.
Y en las facturas.
Siempre llamaba.
Pero yo no le respondía.
¿Quién era?
¿Cuántos sois en tu familia?
Mi madre, mi abuelo,
- Manolo... - ¿Hermanos? ¿Algún niño?
- Rafael. - ¿Edad?
Cinco años.
¿Y a él qué le ha hecho?
Se lo llevó, pero ya nos lo ha devuelto.
Porque viene un niño de camino.
Todavía puedo oler las barrigas.
¿Usted no vivía sola?
Ven.
Cristo bendito.
Mi niña.
¿Doña Susana?
Creo que me voy a marchar.
No soy yo.
- ¿Qué está pasando? - No la toquéis.
No le servían los castigos.
Mi padre lo encerraba en el reloj.
Se rajaba la garganta a llorar hasta que lo sacaba.
Pero daba igual,
al día siguiente volvía a hacer lo mismo,
cogía mi vestido verde.
Mi padre se volvía loco cuando se lo encontraba paseando por el rellano,
con los tacones,
fingiendo un embarazo.
Santo Dios.
Hubo un día que mi padre se lo encontró con el vecino en el sótano.
Le dio tal paliza que a punto estuvo de matarlo.
Era su hermano.
¿Y sabes lo que decía?
Que no era Miguel,
que lo llamásemos Clara.
El niño es nuestro.
No les hagas daño,
ellos no tienen la culpa de tus desgracias.
Tienes que irte.
No se daba cuenta de que nos estaba haciendo daño.
¿Vivió solo toda su vida en esa casa?
No podíamos dejarlo salir, estaba obsesionado con ser madre.
Por eso se llevó a tu hermano.
Cuando descubrió que estabas embarazada, lo soltó.
Ahora quiere a tu hijo.
Imagina lo que hubiesen dicho de nosotros si le hubieran visto así:
vestido y maquillado.
Mis padres no lo dejaban salir ni al portal de la calle.
Cuando faltaron mis padres, dividimos el piso en dos:
el tercero A el mío y el B el suyo.
Tuve que irme de mi casa para no escuchar los chismes de los vecinos.
Qué vergüenza.
Desde entonces no he querido saber nada de él.
Llamaba constantemente hasta la noche que murió.
Y luego dejó de sonar el teléfono.
Igual lo único que necesitaba era un poco de compañía.
No,
no se lo merecía.
¿Por qué no podía ser igual que los demás?
¿Qué le hubiera costado?
Por su culpa nunca pudimos ser una familia.
- Pudieron, pero no quisieron. - ¡No!
¡Era un engendro!
Ten clara una cosa.
Si hay algo que no ha conseguido en vida,
te aseguro que lo seguirá intentando después de muerto.
"Creo en Dios padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.
Creo en el perdón de los pecados, la resurrección de la carne
- y la vida eterna. Amén." - ¡No!
"Creo en Dios padre todopoderoso..."
Rafa. Rafa.
¡Lola! Lola, no, hija.
¡Mamá!
¡Rafael!
¡Suelta a mi hermano!
Dámelo.
No.
No.
Sé que lo que hicieron fue horrible.
Te merecías una vida mejor, no todo esto.
Lo siento, Clara.
¡Dámelo!
¡Mío!
Tienes que irte.
¡Papá!
- ¡No! - ¡No!
¿Lo tienen todo?
Le avisaré si hay algún comprador interesado.
No se preocupe, que nadie se va a enterar de lo que sucedió en la casa.
Al menos con el seguro de su marido
se han podido quitar la losa de la hipoteca
y pueden volver tranquilos al pueblo.
Mándeme la máquina de coser en cuanto pueda.
- Dame. - No, que yo puedo.
- Amparo. - Pepe...
Ya está todo, mamá.
Le va a ir bien, señora.
A la estación de tren, por favor.
[Confundiste un sueño con un plan.] [Bienvenido a la gran ciudad.]
[Nadie te va a echar un cable, ] [no van ni a mirarte]
[cuando te viertas por el desagüe.]
[Ni siquiera es por mala saña, ]
[simplemente es que pareces, no eres nadie.]
[Así que entiendes que lo que tienes] [en casa es lo importante]
[o lo que venga no va a ser fácil.]
[Ni temo al fuego]
[ni a sus insultos, ]
[a lo que temo es]
[a ver un muro...]
[que crece]
[entre tú y yo.]
[Todo es tan grande, todo es tan frío.]
[El monstruo sabe]
[que divididos...]
[nos puede.]
[No te me alejes.]
[No me crees.]
[Te lo pido y no me crees.]
[Me miras y no me crees.]
[Soy yo, pero no me crees.]
[Dime que me crees y todo irá bien.]
[Dime que me crees una última vez.]
[Dime que me crees y no miénteme.]
[Miénteme. Créeme.]
[Nadie se escapa.]
[El final de todo lo que pasa ahí fuera] [siempre está en volver a casa, sí.]
[La ciudad es hostil, lo sé, pero se aguanta]
[cuando en casa las cosas van bien.]
[Nada me asusta.] [Y fuera al revés, lo que me aterra]
[es lo que pueda encontrarme al volver, ] [porque siempre voy a volver.]
[Tú y yo, créeme.]
[Tú y yo contra esta ciudad, ] [que lo demás nos da igual.]
[Debemos ser un hogar, ]
[ser nuestro oasis de paz.]
[Tú y yo contra esta ciudad, ] [que los demás nos da igual.]
[Debemos ser un hogar, ]
[ser nuestro oasis de paz.]
[No me crees.]
[Te lo pido y no me crees.]
[Me miras y no me crees.]
[Soy yo, pero no me crees.]
[Créeme.]
[Dime que me crees y todo irá bien.]
[Dime que me crees una última vez.]
[Dime que me crees y no miénteme.]
[Miénteme. Créeme.]
[Perdón, hay un error, supongo, ]
[porque creo que no la conozco.]
[¿Qué? ¿Quién es usted?]
[¿Quiere que llame a alguien?] [¿Está bien?]
[Es que no sé qué dice.]
[Perdone, pero no me grite.] [Le pido que se tranquilice.]
[¿Cómo? ¿Malasaña 32? No existe.]
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