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En 1964, yo era un joven escritor viviendo en Paris.
Había escrito algunos artículos sobre Alberto Giacometti,
uno de los más destacados y respetados artistas de su generación.
Me había hecho muy amigo de Giacometti y su hermano Diego.
Y un día luego de una exhibición me pidió que posara para un retrato.
Me dijo que no tardaría más de dos o tres horas.
Una tarde, cuanto mucho.
EL ARTE DE LA AMISTAD
La exhibición estuvo hermosa.
Creo que nunca está contento del todo.
Pero me pidió que posara para él.
Sí, exacto, voy a volver en unas...
Sí...
Dijo que sería muy breve.
Disculpe.
CALLE HIPPOLYTE MAINDRON
Está bien
¡Hola, Jim!
Hola, ¿cómo estás?
- Muy bien, ¿y tú? - Bien, gracias.
Voy a almorzar, Alberto. ¿Quieres venir?
Está bien
Voy a Le Dome. ¿Quieres acompañarme?
Me encantaría, pero creo que estamos por empezar...
Cierto, eres la próxima victima de mi esposo.
- Diviértete. - Disfruta tu almuerzo.
- Oh, Jim. - Diego, hola.
No sabía que vendrías.
- ¿Cómo estás? - Bien.
- ¿Qué es esto? - Acabo de hacer esta base,
pero puede ser un poco...
- ¿Esta? - Sí.
¿Qué tal?
La base es perfecta.
Mi escultura es una mierda.
Es inútil.
Está bien
Tienes la cabeza de un bruto.
- Oh, gracias. - Sí.
Pareces todo un matón.
Gracias.
Si te pintara como te veo ahora y un policía viera este cuadro,
acabarías en prisión, en un santiamén.
Entonces, tal vez, no deberíamos continuar.
No, está bien. Porque no podré pintarte como te veo.
- ¿Estás seguro? - Por supuesto.
Es imposible.
Y, para que lo sepas, también es imposible terminar un retrato.
¿Qué quieres decir?
Bueno...
Los retratos solían terminarse, tenían que terminarse.
Eran necesarios, como substitutos de las fotografías.
Ahora, los retratos no tienen sentido.
Así que lo que estamos haciendo no tiene sentido.
Y es imposible.
Y ni siquiera lo estoy haciendo, tan solo puedo intentar hacerlo.
Así que, con este movimiento, hemos terminado por hoy.
Es un comienzo.
Sí, sí.
Aun no está terminado. ¿Puedes volver mañana, verdad?
Sí, seguro, pero tengo...
- ¿Tienes qué? - Un vuelo al día siguiente.
Está bien.
- ¿Hay tiempo suficiente? - Sí, claro.
Así qué...
- ¿A la misma hora mañana? - Sí, gracias.
No, gracias a ti.
Ya veremos si me agradeces mañana,
después de que te torture un poco más.
Has progresado bastante.
No sé si "progreso" es la palabra adecuada.
- ¿Cual es la palabra adecuada? - ¡Asqueroso!
Exactamente, esa es.
- Hola, linda. - Hola.
Hola, mi hombrecito gris.
- Hace frio ¿no? - No, no.
Pero mira, encontré algo.
Encontré algo sólo para ti.
Sólo para ti. ¿Te gusta?
Eres traviesa.
Caroline ¿conoces a James?
¿James? no. Hola James.
Sí, un gusto verte otra vez.
- Entonces, ¿nos vemos mañana? - Sí.
Bien, bien. Gracias.
No, gracias a ti.
¿Qué pasa? ¿No quiere irse?
Y aquí.
Y aquí.
- No, no. - De nuevo, de nuevo.
Cada noche después de vernos, Giacometti trabajaba con Caroline,
una prostituta con la que salía abiertamente desde hacía tres años.
- ¿Ya está? - Sí.
Se había vuelto su modelo principal,
su compañera nocturna
y su obsesión.
También extrañaré Paris.
- Los veo en un minuto. - Hola James.
- Hola Pierre, ¿cómo estás? - James.
- Vi el retrato. - ¿Y?
Pues...
Pierre cree que nunca podrá venderlo.
Jamás dije eso.
Seguro tiene que ver mas con el sujeto que con el cuadro.
De todas formas no te lo daré a ti Pierre, se lo daré a Lord.
Está muy bien.
Está quedando genial, tal vez sea el mejor que has hecho.
Ahora que lo dices, tal vez lo destruya.
Típico.
- ¿Tomas un café? - Me encantaría, gracias.
No, tenemos que trabajar.
- Un gusto verte Pierre. - Igualmente.
- Luego nos vemos. - Nos vemos.
Buen día.
¿Que estás haciendo?
¿Te molesta?
¡Oh, diablos!
Ya no sé hacer esto.
Te puedes quedar ¿verdad?
Se supone que me vaya mañana.
Pero puedo...
¿Un día más?
Un día o dos, cuanto mucho. Y si al final no sale nada bueno
puedo renunciar a la pintura para siempre.
No te rías.
Lo siento.
¿Siempre has sido así?
¿Cómo?
- Tan inseguro de tu habilidad. - Por supuesto.
Cada año es peor.
Pero cada año te vuelves más exitoso.
Que mejor caldo de cultivo para la duda que el éxito.
No sonrías
- Tu lo hiciste. - No lo hice.
- Lo hiciste. - No sonreí.
¡Oh, maldita sea!
Esto va muy mal.
Ni siquiera tiene sentido terminarlo.
Entonces ¿por qué estamos aquí?
¿Qué?
Dije ¿por qué estamos aquí?
A mí me sirve.
Es lo que merezco tras 35 años de deshonestidad, supongo.
Eso es lo que soy, deshonesto, un mentiroso.
¿Deshonestidad? ¿Qué quieres decir?
Todos estos años he estado mostrando cosas que estaban todas sin terminar.
Tal vez no debería haber comenzado en primer lugar.
Pero si no las hubiera mostrado, me hubiera sentido un cobarde.
No lo sé. Soy neurótico.
Lo entiendo.
Tenía un amigo que era tan neurótico que terminó suicidándose.
Lo siento.
¿Alguna vez pensaste en eso?
¿El suicidio?
Todos los días. Por supuesto.
No es que sienta que la vida es mala,
pero pienso que la muerte debe ser la experiencia más fascinante.
Sólo...
Sólo tengo curiosidad.
La mejor forma sería cortarse la garganta de oreja a oreja.
No sé si tendría el valor para hacer eso.
Podrías tomar pastillas para dormir, pero eso no sería un suicidio ¿verdad?
Eso es solo dormir.
Cortarte las venas no tiene sentido.
Lo que realmente me atrae, es quemarme vivo.
Eso sería algo. Eso si me gustaría hacerlo.
Pues hazlo, o cállate.
- Tal vez lo haga. - Dios mío.
Tal vez lo haga yo, para no tener que escucharte hablar más de eso.
Por favor, hazlo.
Lo haría.
El único problema es que sólo puedes hacerlo una vez.
Aquí tienes. De la galería.
- Dios. - ¿Qué?
Dos.
Dos millones
Algo para ti.
Un poco para mí.
Y el resto...
se guarda.
Oh, Dios. Que rebuscado.
¿Qué?
Te creía menos pretencioso.
- ¿Eso fue pretencioso? - Un poco.
- Sí, pero fue gracioso. - Cierto.
Tengo varios millones escondidos aquí.
¿Dónde?
Ese es el problema, están tan bien escondidos que no sé donde están.
Entonces ¿por qué esconder dos millones más?
¿Que mas podría hacer?
Ponerlo en el banco.
No puedes confiar en los bancos.
Uds. son suizos.
No.
Suizos italianos.
Oh, por Dios.
Tal vez bajo la cama no es una gran idea ¿qué piensas?
Creo que eso es bastante obvio.
Pero quiero poder encontrarlo de nuevo.
Ponlo bajo el ropero.
- Podría pegarlo debajo. - Podrías.
- ¿Lo recordaré? - No lo sé.
¿Qué tal aquí arriba? En la viga.
Ten, hazlo tu, que eres alto.
¿Ahí?
¿Qué piensas?
Todavía puedo verlo.
Bájalo.
Veamos.
Algún lugar por aquí.
Bueno, podría ser. Creo que solo serán unos días más.
Claro que te extraño.
En serio.
Ya basta.
Creo que es importante. Quiero que lo termine.
Lo escondí en el inodoro. No adentro, arriba.
No importa.
No puedo apresurarlo.
No sé cómo.
A lo sumo serán unos días más.
DÍA 3
Entonces, hagamos el cambio.
Quisiera llevar los cuatro anteriores.
- Sí, las acuarelas. - Me encantan estos.
Sí, nos encantan estos.
- ¿Y trajo el desnudo? - ¿Perdón?
El desnudo.
Puedo quitártelo de las manos.
Sí, señora. Bien, sí.
Absolutamente.
Y pueden quedarse con estos tres.
Sí.
Y con este.
Que yo amo.
Sí. Oh, sí.
Magnifico.
- Muy bien. - Sí, perfecto.
- Gracias. - Sí señor, gracias.
Encantado.
El deseo, mira eso.
¿Cómo les fue?
Ganó como un capitalista.
No he visto estos en mucho tiempo.
No tengo muchos de estos.
Este desnudo es de la ultima vez que hice uno con modelo, en...
1935.
¿Y qué les diste?
Dibujos que eran iguales a cientos de los que ha hecho.
¿Y estaban felices?
¿Felices?, por supuesto.
Saben que eso es lo que se vende.
¡Esos son Giacomettis!
¿Y esos?
¿Estos te parecen Giacomettis?
De frente pareces un bruto. De perfil, un degenerado.
Es muy amable de tu parte, gracias.
De un lado vas a prisión. Del otro, directo al manicomio.
Tal vez nos encontremos ahí.
Dios.
Vale, sigamos.
- Te moviste. - No lo hice.
- Sí lo hiciste. - No.
Baja la pera.
Un poco a la derecha.
No tanto.
Levanta la cabeza muy lentamente.
Ahí.
No sé por qué intentas engañarme.
No sé de que estás hablando.
Ahí, quédate ahí.
¡Oh, maldita sea!
¿Vale la pena seguir?
Oh, sí.
Un amigo de verdad me diría que debería renunciar a la pintura.
¿Quien dijo que yo era un amigo de verdad?
¿Estamos listos?
- Muero de hambre. - Sí, claro.
Vayamos.
- Vamos. - Muchas gracias, no puedo esperar.
Está bien
Había una vez un joven de Ghent
- Esta no Alberto - No, por favor.
- Es horrible. - Déjame contarla.
- No cuentes esa. - Déjame hacerlo.
Un joven de Ghent cuyo pene...
No, era su "instrumento".
Su instrumento era tan largo que se doblaba.
Para evitarle problemas, hacia un dobles. Y en vez de acabar, empezaba.
Por Dios, es terrible. ¿Por qué lo dejas contarlo?
Pidamos mas vino. ¡Alphonse!
¡Mas vino!
- Discúlpenme, voy al baño. - ¿Donde aprendiste ese cuento?
Entonces, ¿cómo va?
Está yendo bien, creo.
- ¿Sí? - Sí.
¿Te gusta posar?
Me gusta, sí.
- ¿Sí? - Pero puede ser agotador.
Oh, sí, lo sé.
Me pone nervioso cuando le grita al lienzo porque las cosas no están funcionando.
¿Sabes lo que digo?
Lo que es inquietante es como el cuadro parece ir y venir
como si Alberto no tuviera ningún tipo de control sobre él.
Lo sé.
Y en otros momentos, directamente desaparece.
Sí.
Siento que esto puede seguir así por meses.
A veces lo hace.
- ¿Y nadie puede hacer nada? - No.
¿Ni siquiera Alberto?
Especialmente Alberto.
Es un terrible sentimiento...
de fatalidad. ¿Verdad?
Ya te acostumbraras a él.
¿Pedimos mas vino?
- Ya lo hicimos. - ¿En serio?
- Sí. - Iré a preguntar.
¡Oh, Alberto!
DÍA 4
GIACOMETTI
Buenos días.
¿Qué hora es?
- 2:30 PM - Mierda ¿tan rápido?
Quería tomar algo antes de empezar.
Muy bien.
¿Quieres ir?
Está bien
Vamos.
Está bien
Pediremos unos huevos y un poco de vino.
- Me olvidaba mis cigarrillos. - Tengo los míos si...
Bien, vamos.
No, vamos a trabajar. Vamos, ven.
Está bien
Sí, la nariz está en su lugar ahora.
Algo de progreso.
Tomemos un descanso ahora. Mi espalda me está matando.
Dormí muy mal anoche.
Es imposible ¿sabes? No hay sentimiento en mi obra.
Yo creo que tus obras son muy emotivas.
Bueno, si ese es el caso, no es mi intención.
Damas y caballeros.
- Buen día. - Buen día.
El plato del caballero.
- Sr. Alberto. - Hola, gracias.
Provecho.
¿Quieres algo Jim?
Una coca-cola, por favor.
Sí, señor.
Una coca, rápido.
- Aquí tiene. - Gracias.
Creo que hemos avanzado bastante hoy.
Tal vez.
Mañana será mejor.
Mañana podemos empezar de verdad.
- ¿Cuando te ibas? - El fin de semana.
Pensé que ibas a cambiar tu reserva.
Lo hice.
Vamos, rápido.
- Vale, vamos. - Esta bien.
Gracias. Adiós.
- Adiós. - Gracias.
No, no, no. Vamos a dar un paseo.
Muy bien.
Estoy confundido, ¿cambiaste tu reserva para?
- Sí, el fin de semana. - Oh, ya veo.
Puedo cambiarla de nuevo. Sólo necesito saber
cuantos días necesitas.
Oh, no lo sé.
Creo que sería genial trabajar una semana más.
- ¿Una semana? - Una semana, sí.
Creo que una semana estaría bien.
No, no. Una semana está bien.
Puedo pasar mi vuelo...
al próximo miércoles, ¿eso podría...?
¿Miércoles? Sí, el miércoles está bien.
- Digamos el miércoles. - Está bien Bien.
- Pero, ya sabes... - ¿Qué?
Es imposible que el cuadro esté alguna vez terminado, así que...
No, no, no. Por supuesto.
¿Alguna vez has querido ser un árbol?
No.
Espera. Dame un segundo.
Isaku, ¿cómo estás? Es bueno verte.
No, no, no, no te levantes.
¿Dónde has estado?
James y yo hemos salido a caminar. Me vendría bien una siesta.
Pero debo trabajar. Bien.
- Sí, estábamos hablando un poco. - Bien, querida.
¡Buu!
Hola, Caroline.
Hola, Jim.
- ¿Dónde está ese perro viejo? - Él está...
Aquí estoy. ¿Ya estás aquí?
Sí, estaba muy impaciente.
Ya conoces al tipo bajito, Martin.
Del que te hable.
Se fue a Lyon.
Así que pensé: "Tengo que ver a Alberto".
"Iré a ver a mi hombrecito gris"
"Mi pequeñito gris"
- Mira, mira. - ¿Qué haces?
- No, no, no... - Rojo, rojo.
Sí, sí, rojo.
Mira.
No, no, Caroline. Sí, sí, es rojo.
- Es un lindo color ¿no? - Sí, pero no en mi.
- Por supuesto que es un buen color. - ¿Con asientos blancos?
- Es muy caro. - Bien.
- Muy, muy caro. - Muy, muy bien.
Es un auto, un auto que a ella le gusta mucho.
No, no me gusta. Lo amo.
El vendeante dice que lo podemos tener en unos días.
¿Qué quieres decir con vendeante? No, no, no. El vendedor.
El vendedor. ¿Entonces?
Vamos, vamos. ¿Qué dices?
- ¿Lo compraremos? - Lo compraremos ¿por qué no?
- ¡¿Lo compraremos?! - Sí, sí.
Pero no ahora, en unos días ¿Vale?
¡Lo compraremos!
¡Lo compraremos!
Caroline, no. Está mal.
- ¿Me llevaras de paseo? - Absolutamente.
Esto me pone muy nervioso.
- ¡Vamos!, adiós James. - Vale, Está bien
- Lo siento James, lo siento. - Yo posaré ahora.
Te veré mañana, entonces. ¿Te llamo más tarde?
Gracias James, gracias.
Deja de moverte.
Estate quieta. No, no, Está bien
¡Tienes una boca de pescado!
Todavía tienes un poco de rojo, ahí.
- Tu cabello. - ¿Qué pasa con mi cabello?
Es sólo que...
DÍA 5
- ¿Qué tal? - ¿Cómo estás?
Bien. ¿Él está aquí?
- No, no está aquí. - Se suponía que vendría...
- ¿Sabes cuándo volverá? - No, desapareció.
- ¿Hace mucho o...? - No lo sé.
- Volverá en algún momento. - Eventualmente, supongo.
Estoy leyendo un nuevo libro.
¿Uno de los míos?
Dios no, no.
¿Cómo se llama?
Se llama "El espía que surgió del frio"
¿De qué se trata?
Es sobre un espía...
que surge...
del frio.
Tú podrías ser un espía.
Yo soy un espía.
Ey, ¿qué...?
¿Qué...?
Espera, espera. ¿Qué haces?
- ¡Tengo que tirar todo esto! - ¿Qué? No, no.
- No, espera un segundo. - Sí.
- No, no, veamos que... - ¡No!
- Diego, por favor. - Non buenos, ni útiles.
El papel es muy viejo.
- Diego. - Alberto.
- ¿Qué? - ¿Qué pasó?
Voy al litógrafo, ¿está bien?
Quiero hablar con él sobre pasar estas cosas a piedra.
El dice "Este papel es muy viejo"
Son perfectamente validos como dibujos.
¡No! Los hice como litografías. Se suponía que fueran litografías
y ya no pueden serlo.
Puede irse al diablo.
¡Oh, mierda!
Quemaste unos dibujos que estaban en papel común.
¿Lo hice?
¿En serio?
¿James?
Siéntate.
Me alegré cuando esa sesión terminó
Giacometti era miserable y su estado de ánimo era penetrante
Esa tarde descubriría que Caroline había desaparecido
- Pero ¿adonde fue? - ¿Quién sabe adonde fue?
Donde sea que su proxeneta le diga.
Salud.
Él está muy apegado a ella.
- ¿Quien? ¿Alberto? - Sí, se vuelve loco sin ella.
- Se vuelve loco a sí mismo. - Sí, ¿por qué?
Mi hermano sólo puede ser feliz cuando está desesperado e incómodo
en cada momento de su vida.
Pues debe ser muy feliz entonces.
Es como si estuviera determinado a permanecer completamente insatisfecho.
No, no completamente. Sólo perfectamente.
Sí.
- Ella es hermosa. - ¿Quién? ¿Caroline?
No, bueno sí, pero...
- El pájaro que me hiciste, gracias. - Oh, sí, de nada.
Aunque ella nunca volará.
Annette, por favor.
Ahora voy.
Hace frio. Me congelo.
No hace tanto frio.
No si estas vestido.
Levanta la cabeza.
Un poco más. No...
Un poco a la derecha.
A la izquierda.
Un poco más abajo. Oh, mierda.
- Ahí es donde estaba. - No, no exactamente.
- ¿Por qué te moviste? - No lo hice.
- ¿Está bien ahora? - Está bien.
- ¿Así? - Por favor...
- ¿Qué estás haciendo? - Me detengo.
¿Por qué?
¿Qué sucede?
Nada.
- ¿Qué más puedo hacer por ti? - Nada.
Te doy todo.
Nunca dije que quisiera algo.
¿Y qué hay de mi?
¿Que pido de ti?
Un poco de dinero para comprar ropa,
Una falda, una blusa, un vestido.
- Un abrigo para el invierno. - Ya tienes un abrigo.
¡Un abrigo! Uno sólo.
Tengo un sólo abrigo, Alberto.
¿Cuántos abrigos necesita una persona?
Me vuelves loca.
No puedo tener esta conversación ahora.
- Vale, bien. - No puedo.
No estoy pidiendo un abrigo de visón o de piel.
He dejado de pedirte cualquier cosa.
Como una casa, por ejemplo.
Cualquier cosa que parezca una casa con cocina.
Te compré un apartamento. ¿Que mas quieres?, maldita sea.
- ¡Quiero un hogar! - Es un hogar.
¡Anda, míralo!
Es tu hogar.
No, no lo es. Yo quiero un hogar contigo.
Contigo en él.
- Yo no. - Pero ¿por qué?
Por qué no, maldita sea.
Por eso.
Nunca lo he querido.
Lo sabes. Siempre lo has sabido.
¿Por qué sigues haciendo esto?
- Dios mío. - Me enfermas.
Entonces vomita y vete a dormir.
¿Adónde vas Alberto?
- ¿A buscar a esa puta de mierda? - Oh, por Dios.
Bien, ve a ver a esa puta. Dale todo tu dinero.
Dale todo lo que tienes. Te cuida muy bien, ¿verdad?
Dale todo lo que tienes. ¡Todo lo que tenemos!
- ¿Quieres dinero? - ¡Dale todo!
¿Quieres dinero?
- ¿Quieres dinero? - ¿Que estás haciendo?
Mírame. Espera, espera.
- Detente, por favor. - ¡Maldita sea!
¿Quieres dinero?
- Ten, tómalo. - ¡Alberto!
Dinero. Aquí tienes para tu abrigo.
Aquí para tu blusa.
- Para tus zapatos. - ¡Alberto detente!
Aquí para otro abrigo.
Ven aquí. Dinero, dinero, dinero.
A mí no me importa.
¿Estás feliz ahora?
¿Estás feliz con todas estas cosas?
Pequeña burguesa banal.
¿Adónde vas, Alberto?
Vuelve aquí.
- ¿Adónde vas? - A buscar prostitutas.
Quédate aquí.
¡Cientos de prostitutas!
Mierda.
¡Alberto!
¿Alguna vez has matado a alguien?
- ¿Disculpa? - ¿Alguna vez has matado a alguien?
No, ¿por qué preguntas?
Creo que eres la clase de persona capaz de hacer cualquier cosa,
y lo digo como un cumplido
Gracias
¿Qué hay de ti? ¿Alguna vez has matado a alguien?
En mi mente, he matado mucha gente.
- ¿Alguien que yo conozca? - No, tampoco yo los conocía
- ¿Quienes son estas pobres almas? - Sólo personas
Mujeres
- ¿En serio? - Sí.
Cuando era chico, antes de poder irme a dormir,
cada noche fantaseaba con matar a dos mujeres
Después de violarlas
¿Y esto te ayudaba a dormir?
Sí, me consolaba.
¡Vaya!
Deberías trabajar en el fondo o en el cuerpo por un rato.
¡No! Todo tiene que suceder a su tiempo.
Si pinto el fondo o el cuerpo sólo para hacer algo,
sólo estaría llenando espacio. Estaría mal.
Y luego tendría que abandonar el retrato por completo.
- No hagas eso, es... - Eso es lo que debería hacer.
Debería abandonar todo, toda la imagen.
Sé que está llevando mucho tiempo. Sí, sé que dije que...
Mira, si sólo vas a regañarme, voy a colgar.
Bueno...
Se cortó. Dilo de nuevo.
No, no tengo control sobre eso.
Sí, gracias. Sé que no es una cirugía cerebral.
Y gracias por minimizar el proceso.
- Sí, ¿hola? - Hola
Quisiera cambiar una reserva, por favor.
DÍA 9
- Cézanne tenía razón. - ¿Sobre qué?
Al hacer todo cuadrado.
Todo es un cono, o un cilindro o una esfera.
- Supongo que tienes razón. - ¿Tú qué?
- Dije que supongo que tienes razón. - Ya sé que tengo razón.
Cézanne fue el último gran pintor.
Es una pena que los cubistas lo hayan tomado tan literalmente.
- Los cubistas produjeron cosas muy bellas. - ¿Quien necesita belleza?
Luego notaron que habían llegado a un callejón sin salida y se rindieron.
Picasso y Braque fueron los verdaderos culpables.
Sí, pero Picasso siguió adelante.
Sí, para copiar a cada gran artista que ha existido.
- Bueno... - Es verdad.
- Lo sé, pero todos los artistas copian. - Sí, pero lo hacen como un ejercicio.
- Es sólo un ejercicio. - Oh, Alberto.
- ¿Qué? - Creo que eres un poco duro.
No, es verdad. Te lo digo, lo juro.
Picasso podía ser tan pomposo.
"Fui incapaz de alcanzar el tope de la escala de valores,
así que destruí la escala" Oh, eso es basura.
- ¿En verdad dijo eso? - Por supuesto, ¿quién mas lo diría?
Picasso siempre hacia declaraciones como esa.
Al principio sonaban como si fueran ingeniosas,
pero son pura mierda. No tienen ningún tipo de sentido.
- Pues, él te aprecia mucho. - No, no lo hace.
- Pensé que eran amigos. - Lo fuimos, por un tiempo.
Pero, ya sabes, lo dejé ir.
Sí pero, ¿él no pidió tu opinión
sobre una escultura en la que estaba trabajando y la modificó después...?
- ¿Quién te dijo eso? - Dora Maar.
¿Qué te dijo?
Dijo que el acudió a ti, pidió tu opinión y...
Déjame decirte que pasó.
El vino a mí. Dijo "Quiero tu opinión".
Yo dije, "Vale, creo que deberías hacer un cambio"
Y después hizo un cambio, opuesto al que yo había sugerido.
Porque no tenia ningún tipo de interés
en las ideas de la colaboración o la camaradería artística.
Él es muy inseguro.
Sólo le gusta robar el trabajo de otros y hacer de cuenta que son sus ideas.
El tipo es un ladrón.
DÍA 12
Decidí comenzar a nadar
como una forma de aliviar no sólo la tensión física de posar
sino también lo que se estaba convirtiendo en una tensión psicológica.
Una mañana, después de nadar,
fui invitado a ver el techo de la Ópera
que Chagall acababa de pintar.
La majestuosidad de la obra me hizo sentir más ligero de lo que me sentía hacía días.
Luego, fui a posar para Giacometti.
¡Oh, maldita sea!
- ¡Oh, diablos! - Alberto.
- ¿Qué? - Para un poco.
¿Por qué?, mira esto. Es desesperante.
La cabeza está toda torcida. ¡Es un desastre!
Vi el techo de Chagall esta mañana.
¿En la Opera?
¿Lo viste?
No puedo esperar, Alberto me llevará a la inauguración mañana por la noche.
No puedo esperar a que lo veas. Te encantará.
- ¿Es magnífico? - Exquisito.
- Estoy segura. - Es increíble.
Al parecer lo hizo todo pintando...
Deja de moverte.
Lo siento.
Y no te rasques.
- Tenía comezón. - Bueno, no tengas.
¿Sabes qué?, compré un nuevo vestido para la ocasión.
Oí que será una gala importante.
- ¡Annette! - ¿Sí, querido?
Sí, señor.
Entonces, ¿dónde compraste el vestido?
En una tienda muy bonita.
Es un vestido muy lindo. Es amarillo con un toque de rosa.
Y compré zapatos. Son muy bonitos.
¿Tienen tacón?
Sí, es amarillo con flores rosas.
Tienen tacones altos. Creo que es muy...
Hermoso.
- ¿Puedo llevarme eso? - Si ya se acabó.
Sí, se acabó.
Chagall.
Opera.
Estúpida pintura edilicia.
No puedes comparar eso con lo que intento hacer aquí.
¡Oh, maldita sea!
Vale, detengámonos aquí antes de que destruya todo.
¿Me disculpas un momento?
- Oh, Dios mío. - ¿Qué?
- ¿Cuanto más puede seguir esto? - Podría seguir para siempre.
Él dice que un retrato nunca puede ser terminado.
Puedo entender eso.
Por supuesto que no. Me sorprende haber visto un retrato suyo.
Creo que voy a morir ahí dentro. No puedo seguir así.
Tengo que volver a Nueva York.
He cambiado mi vuelo tantas veces que me está costando una fortuna.
Tal vez puedas fijar una fecha límite.
A Alberto a veces le gusta trabajar contra una fecha límite.
Sí.
Tal vez tú podrías hablar con él por mí.
No.
- ¿Por favor? - No, no, no.
En cualquier caso, no puedo seguir haciendo esto.
Parece como si posara
por horas y horas y nada pasara.
Es por eso que yo ya no poso.
¿Por qué? Gracias.
Porque te puede chupar toda la vida.
Entonces, ¿qué piensan?
- Es precioso. - Muy bonito.
Gracias, deberían ver mi bolso. Es hermoso, se los mostraré.
¡Alberto! ¡Alberto!
- Puta. - ¡Despierta!
¡Ven y echa un vistazo!
- Oh, Dios mío. - Vaya.
- ¿Te gusta? - ¿Y a ti?
- Vaya. - Es hermoso.
Es muy rojo.
Pero se equivocaron, los asientos son color negro.
Queda bien negro.
- Súbete. - No, no, ve tu.
- No tengo ganas. - ¿Qué le pasa?
Dijiste que querías que te llevara a pasear.
Daremos una vuelta. Sube al auto.
James, sube al auto.
Oh no, voy a tomar una foto del retrato.
Al diablo ese retrato. Sube al auto.
- Esta bien. - Vamos, James.
- Te veré del otro lado ¿eh? - Vamos, arriba.
No muy rápido.
Oh, son unos cobardes. Es increíble.
DÍA 13
- ¿Tienes frio? - No.
Me estoy congelando.
- Es un día muy agradable - ¿Sí?
Me estoy congelando, tal vez es por estar en ese estúpido auto.
- ¿Que estás haciendo? - Va a hacer calor.
Encendiste el radiador. Me sacaré la camiseta.
No, no, déjatela. Siéntate.
- Ponte la chaqueta. - Esta bien.
Siéntate.
Vamos.
Ha llegado tan lejos.
Y al mismo tiempo, no lo suficientemente lejos.
Nunca encontraré como salir de esto.
Podríamos simplemente parar.
No, no podemos parar.
Tengo que parar.
Está bien
Vaya.
Se ve muy bien.
¿Qué hiciste?
No tengo idea.
Tengo que recostarme.
Diego me dijo que no se sentía bien.
Tiene fiebre De 39º.
No creo que pueda ir a la Ópera.
Lo siento.
Va a ser un manicomio de todas formas.
Sí, tienes razón...
Bueno, que te mejores. Vendré a verte mañana.
Buenas noches.
¿Quieres alguna cosa?
Tal vez, algo frio.
¿Annette?
- ¿Un coñac? - Sí.
- Un pequeño coñac. - Por supuesto.
- Un pequeño coñac. - Gracias.
Suena espectacular. Pero me pone nervioso pensar en ello.
James, honestamente pensé que te encantaría venir.
Mira, no estoy diciendo que no, sino que particularmente...
- Hola, guapo. - Hola, Caroline.
- ¿Te asusté? - Pues...
- ¿Te excitaste? - Sí, hasta que vi que era una mujer.
- Déjame presentarte a... - Yo te convertiré, James.
- Te daré pelea. - Bien, me encanta pelear.
- ¡Caroline! - Sí, ¿qué?
- ¿Vamos? - Ahora voy.
Adiós, James. Dale a Alberto un beso por mí.
- ¿No vas a posar esta noche? - No, está enfermo y ya sabes.
¡Adiós!
DÍA 14
- ¿Quién es? - Soy yo, Jim.
Ah, hola Jim.
Veo que alguien se siente mejor.
- Oh sí, gracias, mucho mejor. - Sólo un poco de ternura.
Era todo lo que necesitaba. ¿Verdad?
Sí, es verdad.
Mira el árbol.
Nunca lo había visto así antes.
- ¿En serio? Lo ves todos los días. - Lo sé, pero se ve diferente.
Todo se ve diferente. Es más hermoso.
- Y tú. - Eres tan dulce.
Vale, tengo que hacer las compras.
- No, no, no. - Sí, sí, sí.
- Quédate conmigo, querida. - Basta, tengo que hacer las compras.
Gracias.
¿Y bien?
¿Empezamos?
James, espera.
Ven. Vamos a caminar.
Desearía poder ver las cosas como tú las ves.
Es lo que intento hacer.
Sólo quiero mostrar como veo las cosas.
- Pero soy incapaz de hacerlo. - No, eso no es verdad.
Cuando era joven, creía que podía hacer cualquier cosa.
Cuando crecí, me di cuenta de que no podía hacer nada.
Eso es lo que me motivó a seguir.
- Cuatro sesiones más, ¿qué te parece? - Gracias.
No, no, quiero decir que no sé como agradecerte.
No tienes por qué hacerlo. Hemos trabajado juntos.
No lo sé. Supongo que es verdad.
Sin duda no me siento como Madame Cézanne.
¿Qué quieres decir?
Al final ella dijo que se sentía como una manzana.
Ella nunca me pareció muy graciosa.
Normalmente lo hago por mar, pero es un viaje un poco más largo.
Dios mío. ¿Qué pasó?
- ¿Se llevaron algo? - No, no.
- ¿Llamamos a la policía? - No, no, no.
No fueron ladrones. Vinieron por mí.
Fueron los proxenetas de Caroline.
Es una advertencia.
James, dame una mano con esto.
- ¿Quién es él? - Mi amigo americano.
Hagamos esto.
- Será el mismo precio... - No, en inglés, por favor.
- Yo no hablo inglés. - Yo traduzco.
Será el mismo precio.
Sí.
Sea que duerma con ella o que ella pose para usted.
Ya veo.
El mismo precio por ambas.
¿No quieren cobrarme más por una de las dos?
- ¿Qué? - ¿Qué está diciendo?
Que si queremos cobrarle mas por una de las dos.
¿Por cual me cobrarían más?
- Por acostarse con ella. - Sí, por sexo.
- Para acostarse con ella... - Podríamos cobrarle más por ambas.
Podríamos cobrar más por ambas.
- Sí, porque es barato. - Está bien
- No me molesta. - Está bien
Vale, entonces...
Podríamos pedir más en ese caso.
- Otros 10 por hora por ambas. - Bien.
- Bien. - Sí, muy bien.
Más otros 20 la hora para que ella pose.
- ¿Qué? - ¿Qué dijo?
- Para que ella pose para mí. - ¿Que es lo que dijo?
- Veinte mas por posar. - Vale, sí, genial.
- Sí, sí. - No.
- ¿No qué? - No, he dicho que no.
Es muy razonable.
Lo sé, lo sé, pero dijimos diez.
- ¿Por qué dijiste eso? - Cállate, mierda.
¿Diez por sobre los otros diez por posar?
Sí, y entonces estamos bien.
- Estaría feliz de darles los 20. - No, 10 está bien.
Muy bien.
Esta pila es retroactiva.
¿Qué?
Es el pago por los últimos seis meses que he pasado con ella.
No hablo inglés. ¿Eso qué significa?
Es el pago por los últimos seis meses.
Y esta pila es un adelanto por los próximos seis meses.
Ese es un adelanto por los próximos seis meses.
- ¡Salud, salud! - Genial.
- Ha sido un placer. - Lo mismo digo.
Gracias.
- ¡Adiós! - Quítate del medio.
Parece que los hiciste felices.
Por favor, habría pagado diez veces esa cantidad.
¿Qué quieres decir?
Ella me ha dado tanto.
¡Oh, maldita sea!
- ¿Qué estás haciendo? - Trabajo negativo, tengo que hacerlo.
A veces, para hacer algo, la única forma de hacerlo es deshaciéndolo.
Sí, pero, ¿cuántas veces?
- ¿Cuántas veces? - Buena pregunta.
No siempre es tan fácil como piensas.
¿Qué cosa?
Deshacer algo.
Pensé que el retrato se veía muy bien.
- ¿Cuando? - Mas temprano, cuando empezamos.
Puede ser muy tentador satisfacerse con lo que es fácil.
Eso sucede mucho cuando la gente te dice que algo es bueno.
Listo. Así está bien.
- Peor, ¿verdad? - Pues...
¿Qué sucede?
Nada, es sólo que a veces parece que hubiera muy poca esperanza.
¿Esperanza?
¿Es eso lo que quieres? ¿Esperanza?
Pues, sería bueno.
Hemos estado haciendo esto por un tiempo.
Sí, pero, ¿sabes? Para mí,
cuando me siento más esperanzado, es el momento en que me rindo.
Es como este tipo que conocí
que cayó mientras escalaba montañas en Stampa.
Estuvo aferrado a esta roca en un acantilado muy empinado durante siglos,
hasta el momento en que llegó el equipo de rescate.
Están a punto de estirarse y agarrar su mano.
Y él se suelta.
El cayó.
Y murió.
- Pero tú no corres peligro de morir. - No.
Pero a veces se siente así.
DÍAS 15, 16 y 17
Quisiera cambiar una reserva, por favor.
DÍA 18
Pensé que habías dicho que pondrías una fecha límite.
- Lo hice. - ¿Sabes lo que significa fecha límite?
Sí, sé lo que es. Lo intenté, pero él es tan...
Lo sé. Tienes razón.
Esto es lo que quiero hacer.
¿Has visto cuando usa el pincel grande con la pintura gris
y deshace todo lo que ha hecho?
Normalmente después de eso agarra un pincel negro de punta fina
y empieza a construir la cabeza otra vez desde cero
- por centésima vez ¿verdad? - Sí, básicamente.
Después pasa a los reflejos, con el ocre
- y el gris y todo eso. - El gris, sí.
Y luego termina con los toques finales de blanco.
Entonces agarra ese pincel grande de nuevo
y destruye todo lo que ha hecho.
Cierto.
- Ahí es cuando voy a detenerlo. - ¿Que quieres decir?
Quiero decir que intentaré detenerlo.
- Está bien - Sí.
Eres muy valiente.
Me tomaré un minuto.
- Para estirar la espalda. - ¿Qué estás haciendo?
- Yo sólo... - ¿Qué? Está bien
Sólo estira tu espalda y luego volveremos a trabajar.
Está mejorando.
Está comenzando a tener posibilidades reales ¿eh?
- ¿Tú crees? - Sí.
Porque el dibujo es bueno y el espacio a su alrededor es más sólido.
Muy sólido.
Este es el momento en el que realmente podríamos empezar algo.
Cierto, cierto.
Bueno, lamento tener que irme.
Oh, no, no. ¿Tienes que irte?
Sí, ¿recuerdas que hablamos? Tengo que regresar a Nueva York.
Oh, bueno, que lastima.
Es una lástima. Hemos llegado lejos.
Podríamos haber ido más lejos, pero hemos llegado lejos.
Eso es algo.
Sí.
Pues, en serio. No sé como agradecerte.
Ha sido un honor posar para ti.
¿Has perdido la cabeza?
No dije que quería volver a hacerlo.
Al día siguiente, Giacometti y yo fuimos a caminar y nos despedimos.
Me dijo que le hubiera gustado acompañarme al aeropuerto,
pero dudaba de querer volver a subirse a un auto en un futuro cercano.
El retrato fue enviado a una exposición en los Estados Unidos
y yo regresé a Nueva York para una estadía extendida.
Giacometti y yo nos escribimos a menudo pero nunca nos volvimos a ver,
ya que el moriría poco tiempo después.
En su última carta, Giacometti me dijo cuanto había disfrutado pintando mi retrato
y que esperaba que pudiera volver pronto
así él podría empezar todo de nuevo.
Subtítulo hecho por nightpr0wler
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