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Original subtitles

RIFLES DE BENGALA

Llevadlo al puesto. ¡Rápido!

- Felices fiestas, Jeff. - Lo mismo digo.

- Manejan muy bien el cañón. - Han practicado mucho.

- ¿Coñac auténtico? - Es Navidad.

- Lo veo y no lo creo. - Lal.

Con permiso de los sahib.

Felices fiestas a todos y un espléndido año nuevo.

- Gracias. - Lo mismo digo.

Que los dioses te premien, Hari Lal, con muchos hijos.

Gracias, sahib.

- ¿Qué tal sus hombres? - Fatigados.

Desde que comenzó el asedio no han dormido.

Claybourne, son soldados. Seguirán las órdenes.

Pero están enfermos o agotados, los que quedan.

Les he llamado porque quiero usarlos hoy en un asalto.

Paz en la Tierra.

Qué remedio... Hay que acabar con esto.

Con un poco de suerte podemos aplastar a esos rebeldes.

Señor, ¿mi compañía irá al ataque?

Desde luego, Ronald.

- Pues por una buena lucha. - Que sea fácil.

¿Cómo ha llegado esto hasta aquí?

Un regalo de Vivian.

Quería que la destapara por Navidad y pensara en ella.

Pues a la salud de su hija, con cariño y respeto.

- Gracias. - Por Vivian.

Y que pronto la veamos.

- Cañones emplazados, señor. - Bien.

- Felices fiestas. - Gracias, igualmente.

- ¿Quién está bebiendo coñac? - Yo.

El ayudante del Coronel debe ayudar al Coronel.

- Sírvase. - Gracias, señor.

- ¿Ha tenido bajas? - Tres.

Fue difícil trepar con cañones por las rocas de noche.

Caballeros, vengan aquí, hagan el favor.

Ahí tienen la entrada al paso de Malakai.

Nos ha costado un mes que Siri Nath y su tribu se embotellaran ahí.

Y muchas bajas.

Pero será su último ataque en la India Británica.

Como McLeod ha dicho

hemos subido cañones para disparar desde los lados.

Muy pronto destrozarán sus defensas.

Cuando eso ocurra, iniciará el asalto con la primera compañía.

Sí, señor.

Blaine, cuando Claybourne haya pasado, entrará con la segunda compañía.

Sí, señor.

Si todo sale bien, luego atacará el resto de la tropa. ¿Entendido?

Sí, señor. ¿Avanzo un toque de corneta?

Atacará cuando derribemos la barricada.

- De acuerdo. - Blaine,

debe ir a ayudarle cuando crea oportuno.

- De acuerdo. - McLeod,

el toque de corneta dará la orden de abrir fuego.

Bien, señor.

Bueno, no es precisamente un regalo de Navidad.

Mis saludos a sus hombres y buena suerte.

Gracias, Coronel.

- Otra vez distinguido. - ¿Quién? ¿Yo?

No finjas modestia, Jeff.

Te gusta que te haya elegido para iniciar el ataque.

Tengo soldados buenos, les corresponde ese honor.

Si es un honor recibir los primeros disparos...

- Ya lo probarás después. - Después de ti. Es habitual en mí.

¿No supondrás que somos dos caballeros andantes

que luchan por conseguir el cariño de Vivian?

Claro que no. No te imagino así.

- ¡Capitán sahib! - ¿Sí?

Sería mejor tirarles piedras.

Este fusil está de parte del enemigo.

Igual que un perro viejo, está encorvado y gastado.

Pero sus dientes son fuertes. Y hoy podrá morder.

¡Sargento Puran Singh!

Sitúe al primer pelotón en el centro,

el segundo, a la izquierda, y el tercero, a la derecha.

Ya están dispuestos así, sahib.

He oído que vamos a atacar.

¿Y no ha oído que debe esperar mis órdenes?

Los pensamientos del sahib son mis órdenes.

Vamos.

- ¿Cómo va eso? - Bien, si luchamos juntos.

Le daremos al enemigo una lección de bayoneta.

Hacedle una demostración.

Esos piojosos afinan la puntería.

- Es hora de abrir fuego. - Sí.

Estoy impaciente por ver volar esas puertas.

¡Ronnie!

- ¡Capitán sahib! - ¡Estoy aquí!

Me envía el Coronel. Ha muerto el comandante McLeod.

Ud. Es ahora ayudante del Coronel. Debe ir de inmediato.

Voy enseguida.

Sargento, se hará cargo de la compañía y dirigirá el ataque.

- ¿Me ha entendido? - No se disguste.

Es bueno para el honor ser ayudante del Coronel.

Para la conciencia de uno es mejor estar entre sus soldados.

¡Primera compañía!

¡Atención, carguen bayonetas!

- Siento lo de McLeod. - Ud. Ocupará su puesto.

¿Era necesario relevarme de mi compañía ahora?

He considerado que lo era.

Eche un vistazo. Solo faltan unos segundos.

¡Adelante!

- Es una trampa. - Esperaban que avanzáramos.

¿Por qué no ataca Blaine?

- Debía seguir a mi compañía. - Debía actuar según su criterio.

No podemos abandonarlos.

Salvaremos a los que podamos. Que toquen a retirada.

No pueden volver atrás.

Ya ha oído mi orden.

¡Blaine!

- ¿Por qué no has atacado? - Es tarde, están perdidos.

No iré a por un puñado de hombres. ¿Qué quieres que haga?

¡Blaine!

¿Qué te pasa?

¡Corneta!

Orden de ataque.

El comportamiento del capitán Jeffrey Steven Claybourne,

del noveno de fusileros de Bengala

en el asedio y toma del paso de Malakai, ya fue descrito ayer.

El consejo de guerra se reanuda.

Señor fiscal, puede interrogar al testigo.

Sargento Ram Singh, cornetín de órdenes del regimiento,

nos dijo que el capitán Claybourne le ordenó que tocase para atacar.

Sí, Comandante.

Me pareció que sufría por sus soldados.

Limítese a contestar las preguntas.

¿Creyó que la orden de avanzar provenía del coronel Morrow?

- Sí, sahib. - Gracias.

No hay más preguntas.

¿Tiene algo que preguntar el acusado?

No, señor.

Nada más, Sargento. Gracias.

El siguiente testigo.

Que pase el capitán Blaine.

Capitán Blaine sahib, tenga la bondad de pasar.

Señor. Bien.

- Te rogué que no vinieras. - Perdona, papá.

- ¿De veras creías que no vendría? - Supongo que no.

Sé que significa mucho para ti. A mí me ocurre lo mismo.

- Buenos días. - Srta. Morrow.

Esperaba que podría evitarte una situación muy poco grata.

- ¿Lo decidirán hoy? - Supongo que sí.

Vivian...

El tribunal le dará las oportunidades que pueda.

Jeff hizo algo que podría haber sido un desastre.

No debe repetirlo nunca.

Dios quiera que pueda continuar su carrera.

Capitán Blaine,

basando su respuesta en su conocimiento del acusado,

¿diría que estaba en pleno dominio de sus facultades

y que se daba cuenta de sus actos en aquél momento?

Informé al capitán Claybourne

que socorrer a la compañía era un derroche inútil de vidas.

Si él discutió esto conmigo,

deduzco que se daba cuenta de sus intenciones.

Estaba bajo mucha tensión,

algo que todo oficial debe saber lidiar.

Dice que discutió con el acusado. ¿Qué ocurrió entonces?

Me abofeteó.

Nada más, capitán Blaine. Gracias.

¿Por qué no me lo dijo? Tendremos que volver a interrogarlo.

¿El acusado quiere interrogar al testigo?

No puede dejar pasar eso.

El capitán recordará su comportamiento en el paso de Malakai.

- No tengo nada que preguntarle. - Gracias, capitán Blaine.

- El siguiente testigo. - Llamen al coronel Morrow.

Durante los años que Claybourne ha servido conmigo,

siempre ha sido un oficial valeroso y competente.

¿Hasta que deliberadamente contravino sus órdenes?

- Sí. - Gracias, coronel Morrow.

¿El acusado desea interrogar al testigo?

Con la venia de la sala.

Coronel Morrow,

¿ha considerado que quizá el acusado interpretó mal sus órdenes?

- Es posible, señor. - No, señor.

No es el caso.

Se me acusa de desobedecer una orden para salvar a mis hombres.

Sí, soy culpable de ello.

Si estuviera en una situación semejante, haría lo mismo.

¡Jeff!

Si el capitán Claybourne ha acabado sus objeciones,

la sala dictará sentencia.

El tribunal, después de considerar las pruebas aportadas,

estima que el capitán Claybourne es culpable de desobediencia

a las órdenes del jefe de su unidad, que le había dado instrucciones

que debía obedecer de acuerdo con las ordenanzas.

En consideración a su brillante hoja de servicios

el tribunal ha decidido que el castigo se limitará a una amonestación

que será leída ante la oficialidad de su regimiento.

Además,

será revelado del mando y de todo servicio hasta nueva orden.

Capitán Claybourne,

¿tiene algo que decir?

Agradezco al tribunal su indulgencia

pero, como el ejército y mis compañeros repudian mi proceder en aquella acción,

no tengo más remedio que renunciar al servicio.

Desde luego recomendaremos que se acepte su renuncia.

El juicio ha terminado.

Estaba esperando.

Me lo han dicho.

No me compadezcas, Vivian.

¿No sabes la diferencia que hay entre compasión y...?

Estoy orgullosa de ti. Si hubieras rectificado...

¿Te das cuenta de lo que significa?

Claro que sí.

Cariño, el mundo no se ha terminado aún.

Desde luego, para nosotros, no.

Lo ves todo muy claro.

Yo no, ahora no.

Tenemos mucho de lo que hablar.

Hablaremos esta noche.

¿Dónde? ¿No sugerirás en la recepción de tu padre?

Solo estaré una hora.

Nos reuniremos en cualquier sitio.

¿Una cita secreta? No te conviene.

Jeff, yo no me avergüenzo de ti.

No podremos resolver nada en público.

Sé de un sitio, podremos reunirnos en La joya de los lotos.

¿En ese sitio? Ya sabes que es imposible.

Lo único que sé es lo que me han contado.

Y que jamás lo veré si no es contigo.

- Pero no es correcto. - Razón de más para ir.

Por una vez me encantará romper esas estúpidas reglas sociales.

¡Compañía! ¡Firmes! ¡Los de la primera, de frente!

¡Rifle a la derecha!

- Buenas noches. - Buenas noches.

- ¿Quieres? - Tu ponche siempre es delicioso.

El invitado de honor se retrasa.

La situación y el rango del Rajá entrañan 30 minutos de retraso.

ÉI se tomará 45.

Al parecer esta pequeña entrevista

puede tener más importancia de la que creíamos.

La renuncia de Jeff nos ha puesto en una situación embarazosa.

Creo que hay problemas en todas partes.

Razón de más para llegar a un acuerdo con el Rajá.

El Rajá y su séquito acaban de llegar a la puerta.

Gracias.

¿Has visto? No tan tarde como creíamos.

- ¿Vamos? - Si no te molesta, preferiría no bailar.

Como quieras.

Qué pena lo de Jeff, ¿no?

- Hizo lo que creyó que debía hacer. - Desde luego.

Sé lo que sientes por él.

Y me temo que esto te aleje más de mí.

¿Por qué?

- Declaré contra él. - Su Alteza, el rajá Karam Jeet.

- Sea bienvenido a mi casa. - Fue un honor que me invitara.

- Ya conoce a mi hija Vivian. - Así es.

Agradecemos que Gran Bretaña nos favorezca con tal belleza.

- Es muy amable. - Permítame presentarle.

Sir Hugh Boswell. Su Alteza, el rajá Karam Jeet.

Alteza.

- El coronel Rivers. - Alteza.

- El comandante Jennings. - Rajá sahib.

El capitán Blaine.

¿Blaine? Sí.

¿No fue uno de los que lucharon contra Siri Chandra Nath en Malakai?

Tuve el honor de luchar esa batalla.

Había otro oficial, el capitán...

Claybourne.

Amigo suyo, según creo, señorita.

Supongo que me permitirá expresar mi admiración por él.

Lástima que las cualidades que tenía hayan de malograrse ahora.

Tal vez se consuele al darse cuenta de que ahora es libre

para ver mi país como es en realidad

y no como mis amigos, los ingleses, quieren que sea.

Lo que sus amigos quieren es que continúe la paz.

Alteza.

- Una fiesta espléndida. - Gracias.

Siempre me ha parecido irónico

que aquí, en la India, sea yo el invitado y Uds., los anfitriones.

¿De veras?

A propósito, tenemos otro invitado que le sorprenderá.

¿Sí? Se lo agradezco. Disfruto con lo inesperado.

- ¿Nos disculpas? - Por supuesto.

Caballeros.

Por aquí, Alteza.

Señores, ¿tendrán la bondad de pasar al salón?

Sí, un Enfield.

Con el nuevo rayado del cañón.

Es de una gran precisión y tiene un alcance de 800 yardas.

Un arma excelente, Coronel.

Sí. Confiamos en que nunca tendremos que utilizarlo.

¿Por qué el ejército finge siempre aborrecer su misión?

Si no es por el temor de que, al excederse, se destruya a sí mismo.

¿Como en el caso del difunto Siri Chandra Nath?

ÉI se destruyó por su propia estupidez.

Creyó que podría dominar al león luchando con él.

Si Su Alteza deseara dominar al león, ¿cómo lo haría?

Pues es muy fácil, cortándole las garras, Coronel.

Contando siempre con que lo hubiese cazado primero.

El nuevo cartucho es interesante.

Según he oído, se tiene que morder el extremo al cargarlo.

Sí, está bien informado.

Está bastante engrasado.

El león británico destruirá a todos sus enemigos si posee esta arma.

- Bienvenida, memsahib. - Gracias.

Entre conmigo, por favor.

Claybourne sahib está ahí.

Vivian.

No sabía si vendrías.

Incluso creía que era mejor que no vinieras.

¿Por qué?

Porque he estado toda la tarde pensando en el futuro, en nosotros.

He intentado razonar con lógica.

Iba todo bien hasta que has llegado.

No sabía que podía haber nada ni nadie tan encantador.

Gracias.

¿Es un guerrero?

¿Crees que está enamorada de él?

¿Qué siente él por ella?

- Esta noche es perfecta. - Vivian.

Y lo será para siempre.

Compartiremos todo lo bello que exista.

Todo empieza en este momento.

Cuando estemos casados, recordaremos este instante y...

¿Qué te ocurre?

- No podemos casarnos. - ¿Por qué no? ¿Por qué no?

Por un momento he olvidado lo que soy.

No tengo derecho a que compartas mi vida.

No puedo ofrecerte nada.

Nada, aparte de tu cariño.

Sí, mi cariño, siempre.

- Amor de fracasado. - ¡Jeff!

¿Cómo viviríamos?

No sería un camino de rosas, soy consciente de ello.

Pero te quiero y no importa nada más.

Yo he tomado la decisión.

Y yo debo soportar las consecuencias.

No puedo pedirte que las compartas conmigo.

Lo siento.

¿Es que no me quieres?

Nunca dejaré de quererte.

Te acompañaré a tu casa.

No. Tengo el coche ahí fuera.

Antes he dicho que todo empezaba esta noche.

Todo es nuevo desde ahora.

Adiós, cariño.

- ¿Te vas, Claybourne sahib? - El día ha sido muy largo.

Han llegado oficiales ingleses.

Si prefieres no verlos, sal por aquí.

Encontrarás una puerta.

Sahib,

en el paso de Malakai hiciste algo magnífico por los míos.

No es justo que ahora recibas desdicha por recompensa.

Esas cosas no se hacen por la recompensa.

Perdona, sahib.

Perdóname, Latah, si he olvidado las palabras de amistad.

Dime qué piensas.

Tu corazón está triste porque has tenido que romper con tus hermanos.

Hablas como una amiga leal, pero lo hecho, hecho está.

Vete, entonces.

Y si alguna vez me necesitas,

te serviré como tú serviste a los míos.

Guarda tu vida, sahib.

Tú no la valoras y tus pensamientos están llenos de destrucción.

Sahib, ¿cuántas veces hemos ido a cazar juntos?

Muchísimas.

Un hombre no es bueno para cazar cuando su vida no le importa.

El corazón debe estar sereno para cazar tigres.

Si no, morirá en sus garras.

Está aquí.

El hombre blanco morirá sin duda alguna.

¡Dispare!

¿Es que quiere acabar con su vida?

Dale el tigre a los aldeanos.

Acamparemos aquí.

Deberías escoger mejor a tus hombres, Mahindra.

Conozco bien a Hardev, es de mi propio pueblo.

¿Qué daño te he hecho?

Estoy avergonzado.

¿Cuántas veces ha compartido mi pan?

- Ahora mismo le haré hablar. - Te pagaré con creces tu pan.

Soltadme las manos y te daré un trozo de chapati.

Viene desde muy lejos.

Debes probarlo tú también.

Soltadlo.

Del este, del sur, del norte, del oeste.

Os traigo vuestro pan.

¿Qué significa esta comedia? ¿Un trozo de esto os asusta?

¡Atadlo!

¿Ves lo que pasa? Tienen razón al tener miedo.

¿Tienes tú esa sabiduría?

Por favor, te hemos servido bien. Déjalo ir.

Está bien. Volved a dormir. Mahindra, ven conmigo.

Siempre comemos este pan sin darle importancia.

¿Qué le ocurre a este?

- En manos de él es peligroso. - ¿Por qué?

Es un mensajero.

- Perdóname, no sabía... - ¿Qué mensaje encierra esto?

Hay muchos mensajeros como él

que recorren la India llevando como señal el chapati.

No soy un hombre sabio.

Solo sé que dicen que un día correrá un río de sangre en nuestra tierra.

Sangre inglesa.

¿Por qué desean nuestra muerte?

Dicen que los ingleses quieren robarnos las almas.

¿Cómo lo sabes?

No me lo preguntes, si no quieres encontrarme muerto mañana.

Gracias, Mahindra. Ahora vete a dormir.

Regresaremos mañana a Diwanpur.

- Te saludo, Claybourne sahib. - Salud y honor.

El rajá Karam Jeet me ha elegido para que sea su voz.

Te da la bienvenida a tu regreso a Diwanpur

y te ruega que seas su huésped en su palacio.

¿Querrás ser también mi voz?

Dile a Su Alteza que acudiré cuando haya amistad entre nosotros.

- Claybourne sahib. - ¿Te va todo bien, Latah?

Te agradezco que me hayas buscado. He rezado por ti.

- ¿Podemos hablar? - Ven.

Tu camino ha sido largo.

Bebe y descansa.

¿Cómo puedo servirte?

- Diciendo la verdad. - Serás servido.

¿Qué significa este pan?

Hay una antigua profecía

según la cual el dominio inglés acabará al cabo de 100 años.

Este año es el centésimo desde que tu gente vino.

- ¿Y esto? - La marca de la profecía.

Los portadores del pan aseguran que muchos caerán.

- ¿Cuándo? - No se sabe.

- No lo puedo creer. - Créelo, sahib.

Con mis ojos veo cosas muy extrañas.

Desde hace 3 días un mendigo va a la fuente de la plaza del mercado.

Tú mismo puedes verlo. Ven, sahib.

¡Compañía, alineación izquierda!

¡Alto!

¡Compañía, izquierda!

¡Rompan filas!

Señor, estoy sediento. Dame de beber.

¿Y contaminarme con tu sarna? Apártate de mi vista.

Estúpido. ¡Si ya estás contaminado!

Todos los que mordéis los cartuchos ingleses.

Dime, soldado.

¿Qué es lo más sagrado que hay en la vida?

- La vaca sagrada. - La que nos está prohibido comer.

Dame una bala.

Los ingleses engrasan sus balas con sebo de vaca.

Mordéis los cartuchos como esclavos al cargar esos fusiles

y la grasa va a vuestros estómagos.

Cuando volváis a nacer seréis reptiles y gusanos.

¡Lárgate de aquí!

Habéis comido vuestra maldición.

¿Quién te ha dicho esas tonterías?

Al sahib le pone furioso oír la verdad.

Claybourne sahib.

¡Qué alegría ver a un viejo amigo!

Compartió el peligro con nosotros y sabe cómo nos afecta eso.

¿Es cierto? ¿Engrasan los cartuchos con sebo de vaca?

No lo sé.

Pero os digo esto como un hermano:

los ingleses no pretenden robaros las almas.

Tranquilizaos. Hablaré en nombre vuestro.

Sí, ya sabía lo de los cartuchos.

Las tropas se están enterando rápido.

Sea cual sea el motivo que le guía, le doy las gracias.

- No hay de qué. - Pero se equivoca.

No están engrasados con sebo de vaca.

Eso creen los cipayos.

Los primeros que se usaron en los fusiles nuevos

iban engrasados con grasa de vaca y de cerdo.

Como los hindúes creen que condenan su alma si comen vaca

y los musulmanes creen lo mismo si comen cerdo,

con un golpe maestro de estupidez

hemos conseguido alejar la hostilidad de todos los indígenas.

Así es, Coronel.

Pero aquellos cartuchos se retiraron.

Estos se engrasan con aceite y cera.

¿Por qué no se lo dice a sus hombres?

No tengo que discutir el régimen de armamento con los cipayos.

Esto carece de consecuencias. Gracias, Hari Lal.

No estoy de acuerdo. Sus tropas están alarmadas.

Jeff, me gustaría que brindásemos.

Bebamos por el día en que vuelva a ser quien conocimos.

¿No quiere brindar por eso?

El hombre que conoció no aceptó sus normas.

No acepto la responsabilidad de lo que ha dicho.

Pues no lo haga.

Si no quiere decir a sus hombres lo de las balas,

al menos protéjalos de sus miedos.

Recoja esos cartuchos, aunque lleven aceite y cera,

y entrégueles otros limpios para que los engrasen.

Tardaría 2 meses en llegar una nueva remesa de cartuchos

del arsenal de Dum Dum.

No voy a desarmar a mi ejército

mientras el Rajá espera cualquier signo de debilidad.

- Ud. Manda. - Eso es.

Y estoy capacitado para dirigir sin consejos de paisanos.

Quizá llegue un día en que deba agradecerlos.

¡Latah!

Seguí al mendigo. Entró en el palacio del Rajá.

Ya...

Creo que aceptaré la invitación de Su Alteza.

Gracias.

Alteza, Claybourne sahib.

¿A qué debo su invitación?

Al deseo de dar la bienvenida a un valiente.

Hay muchos hombres valientes entre sus soldados.

Pero ninguno de su calidad,

cuyo corazón está unido a los hijos de la India.

Por ello sacrificó su carrera.

Quiero ofrecerle otra, Capitán.

Solo conozco una profesión.

Necesito a alguien de sus condiciones.

Hábil en la guerra y con deseos de luchar.

Quiero que instruya a mis tropas y sea el General al mando.

¿El general de unas tropas que amenazan a mi pueblo?

Capitán Claybourne, ¿quiénes componen ese pueblo?

¿El coronel Morrow, que lo afrentó a Ud.?

¿El capitán Blaine, que lo hundió con mentiras?

¿Son sus amigos? ¿O sus amigos son los de mi raza?

Únase a nosotros, Capitán.

¿Qué me pagaría por ello?

Tendría un alto puesto y honores.

Y, mensualmente, 1.000 libras inglesas.

Considérelo.

Un General es tan bueno como lo son sus armas.

¿El más bien templado acero de Damasco no es suficiente?

No para mi mando.

¿Un arsenal lleno de estos le basta?

¿El fusil nuevo?

Llegaron hace 15 días remitidos a la guarnición inglesa.

¿Y municiones?

Con esta bala la dominación inglesa quedará aplastada.

¿El cartucho Enfield?

Sí, untado con cera y aceite.

Mis soldados lo saben.

Pero los cipayos creen que es grasa de vaca.

Convicción que no he tenido ningún interés en destruir.

¿Cuánto tiempo tendría que estar instruyendo a sus tropas?

Hay 128 guarniciones inglesas en la India.

En una de ellas, los cipayos tienen orden de sublevarse.

La noticia de su triunfo será la señal para una rebelión general.

¿Y la revuelta, dónde se iniciará?

Se le informará cuando haya aceptado el mando de mi ejército.

Entendido.

¿Podrá haber tomado una decisión mañana por la noche?

Mientras tanto será un honor que comparta mi hogar conmigo.

Su Alteza es muy generoso.

Si sigue a mi criado, hallará dispuesto su alojamiento.

Gracias.

Hoy el inglés ha hablado de Su Alteza con veneno en la boca.

- Ahora me hace falta. - Yo vacilaría en darle mi confianza.

¿Confianza? Yo no me fío. Aún no.

No permitiré que abandone el palacio.

Antes lo someteremos a una prueba mañana por la noche.

Su Alteza reclama el placer de disfrutar de su compañía.

Les presentaré a mi amigo, el capitán Claybourne.

Ya conoce a nuestros invitados.

- Así es. - Desde luego.

- Jeff, me alegra ver que está bien. - Gracias, Coronel.

He supuesto que esta reunión de amigos sería de su agrado.

Veo que se disponen a servirnos. ¿Tienen la bondad?

Srta. Morrow, coronel Morrow,

capitán Claybourne, capitán Blaine.

Caballeros.

Me has dado una sorpresa.

No sabía que tú y el Rajá fuerais tan buenos amigos.

Descubrimos que coincidimos en muchos puntos.

Siento haberte sido impuesto así. No fue idea mía.

No tiene importancia. Te lo aseguro.

Les ruego que me permitan proponer un brindis.

Alzo mi copa por el fin de 100 años de dominación inglesa en la India.

Con vuestro permiso, Rajá sahib,

brindo porque los segundos 100 años acrecienten la armonía entre nosotros.

Hay otro motivo que celebrar.

Voy a emprender lo que espero que dé más efectividad política

a las relaciones con nuestros amigos británicos.

Vuestros amigos británicos tendrán mucho gusto en oírlo.

Se ha dicho muchas veces que prepararse para la guerra

es el medio más efectivo para conservar la paz.

De acuerdo con ello, reforzaré mi ejército personal.

Muy interesante. ¿De qué modo, Alteza?

Tengo el proyecto de instaurar una nueva jefatura militar

y he pedido al capitán Claybourne que sea mi general.

Ya había atraído mi atención

por su gran devoción por el pueblo de la India.

Devoción que ha mantenido

aunque ello significara el alejamiento de sus compatriotas.

Si se uniera a mí, tal vez alguien calificase el hecho de traición.

¿Qué responde, capitán Claybourne?

La paga es buena.

Acepto.

No puedo sentarme a la mesa con un traidor.

¿Lo ve, capitán Claybourne?

Tiene un gran talento para jugar con dos barajas.

Ayer representó de maravilla

el papel de patriota íntegro e inquieto por sus paisanos y sus tropas.

Cuando me habló de los cartuchos me mostré en desacuerdo con Ud.,

pero creía que solo le movía el afán de evitar conflictos con los cipayos.

Habéis sabido elegir un espía hábil, rajá Karam Jeet.

Agradecemos a Su Alteza su amable invitación.

Vámonos, Vivian. Caballeros.

No pensó en informarme de su visita a los ingleses.

Tal vez desea hacerlo ahora.

¿Qué quiere saber?

Cuénteme sus esfuerzos para ayudar a los ingleses.

¡Qué lástima que el Coronel le haya descubierto!

Casi logró embaucarme.

Le creí capaz de unirse a nosotros.

Pero se arrastra a los pies de sus amos como un esclavo.

¡Sí, tiene talento para la traición!

Solo que traiciona a la India.

Habla como un gran patriota,

pero su amor por la India es igual al cariño de un ladrón por su víctima.

Aquí no.

Latah...

¿Cuánto tiempo hace que estoy así?

Varios días. Este es mi pueblo.

Te encontramos inconsciente y te trajimos aquí en una litera.

- Tengo que irme. - Te faltan fuerzas.

- La rebelión, hay que impedirla. - No puedes cambiar el destino.

Fuera de este hogar solo hay maldad desatada.

Los hombres hablan de odio y afilan sus cuchillos.

Mi aldea no sabe nada de estas cosas.

Quédate aquí, sahib.

Haré que te restablezcas.

Y tal vez tu vida encuentre una nueva dulzura.

Dios me bendice con una gran amiga.

Qué lejano está tu pensamiento.

Solo puedo seguir aquí hasta que me restablezca.

Reposa, entonces.

Puede que hayas descubierto una gran verdad.

Uno pertenece a aquellos con los que comió su primera sal.

Volverás con los de tu raza.

Atended a mis palabras. No temáis nada.

Solo os traigo la bendición de la libertad.

¡Acercaos!

Se cumplen hoy los 100 años de dominación inglesa

y esta noche acabará para siempre, aplastaremos a los extranjeros.

Nuestros hermanos han aniquilado a los ingleses en Meerut.

Antes de que amanezca, los ríos correrán rojos de sangre,

de sangre inglesa.

¿Hay ingleses en este pueblo?

Sí, hay uno aquí. Descansa ahí dentro.

- El inglés no está aquí. - ¡Registrad el pueblo!

¡Vivian!

No está aquí.

No seas estúpido.

¿Crees que estaría aquí si estuviera de parte del Rajá?

Baja la pistola, Ronald.

Luchamos por la misma causa

mientras nos quede vida.

- El Coronel. ¡Vivian! - Se fueron o los mataron. No lo sé.

- ¿Dónde estabas? - Se levantaron los rebeldes.

He vuelto ahora con una patrulla.

Tenemos que irnos de esta casa.

Hay que acabar con los ingleses, con todos.

¿Os he servido tan mal que cada uno se convierte en jefe?

¡Escuchadme todos! ¡Muerte a los soldados ingleses!

- ¿Cómo se ha llegado a esto? - Fuera los invasores.

- ¡Muerte a los ingleses! - No lo creíste posible, ¿verdad?

Nuestros cipayos, adiestrados por nosotros...

- ¡Perros traidores! - ¿Incluyendo tus hombres?

¿Por qué han de ser distintos?

Sahib, debes abandonar este sitio.

En toda la India no quedará ni un inglés.

- Estás herido. - Ya he probado muchas balas.

Haz lo que digo, hermano.

¡Lal!

Los dioses han hecho que nos encontremos.

- El Coronel y la señorita están a salvo. - ¿Dónde?

En el puesto de caza del Coronel, en el pantano.

- Sí, sé dónde está. - Se ocultan allí.

Me han enviado a buscar refuerzos. Por favor, reúnanse con ellos.

¿Y tú?

Debo enterarme de lo que pueda entre los soldados.

¡Coronel Morrow!

¡Coronel Morrow!

¡Coronel Morrow!

¡Vivian!

¡Coronel Morrow! Soy Blaine.

Avance recto. Siga.

- ¿Y Vivian? - Está escondida allí.

¡Jeff!

¿Puede admitir a otro soldado?

- Le agradezco que haya venido. - Gracias.

Esperamos ir a Calcuta, si hay posibilidad.

Lo sabremos cuando vuelva Hari Lal.

¿Qué suerte correremos?

Todo el país estará infectado de rebeldes.

Lo veremos cuando sea de día.

Mientras tanto, debéis descansar. Yo haré la primera guardia.

Coronel.

Escuche.

Están rodeándonos.

Lo siento, cariño, con todo el corazón.

Haría falta toda una vida para reparar el mal hecho.

¡Coronel Morrow!

Soy Hari Lal.

¡Hari Lal! Siga adelante.

Sí, mi Coronel.

Traigo refuerzos.

- ¡Lal! - Sí.

Pero desde ahora deberá llamarme capitán Hari Lal.

¡Desgraciado!

Perdone este pequeño engaño,

pero el Rajá me ordenó que le capturase vivo.

Así que tiren las armas.

¡Todos!

Usted también, Sr. Claybourne.

Qué suerte he tenido al poder reunirlos aquí a todos.

Gracias por su lealtad, Lal.

Mi lealtad solo es para la India.

La he servido del mejor modo fingiendo que le servía a Ud.

De estos perros infieles, ¿cuál te disparó?

Fue ese.

Creí que amabas mi patria, pero estás con los otros ingleses.

Muere como ellos, sahib.

Vamos.

El Rajá estará impaciente.

¡Fuego!

¡Fuego!

Tenéis que encontrar al otro inglés o deberéis responder ante el Rajá.

Yo mismo lo traeré.

¡En marcha!

Hari Lal ha hecho buena caza.

En ese caso, nuestra tarea acabará pronto aquí

e iremos a Lucknow, a reunir nuestras tropas.

- ¿Dónde está Claybourne? - Había demasiada niebla y...

¡Dónde está!

Mis hombres no le vigilaron bien. Debe castigarlos por su estupidez.

- Le has dejado escapar. - Huyó escondiéndose en el pantano.

Puran Singh salió en su busca, tal vez ya esté muerto.

Te ordené que lo trajeras vivo.

Alteza, he servido a la India con mi vida...

Presentáis la nueva libertad de la India muy gráficamente.

Con la muerte de este perro, mi pueblo aprenderá a obedecer.

Con la suya, Coronel, y la del Capitán,

aprenderán que esta victoria es dulce pero cruel.

Es un gran placer que mueran a manos de sus propias tropas.

Lleváoslos.

- Padre. - Srta. Morrow.

¿No implorará que le perdone la vida a su padre?

Es muy orgullosa.

Pero el orgullo, como la vida, puede eliminarse fácilmente.

Después de la ejecución de su padre, la llevarán a palacio.

Mis invitados gozarán de ser servidos por la hija del altivo Coronel.

¡Alto!

¡Izquierda!

- Juré que el inglés no escaparía. - Es muy oportuno, Capitán.

Su muerte será un gran espectáculo para la Srta. Morrow.

Llevadlo al paredón.

- Alteza, ¿no he ganado un favor? - Pídelo.

Ya que fue mi mano la que capturó a Claybourne,

que sea mi mando la que le lleve a la muerte.

Que así sea.

Recuerdo la batalla del paso de Malakai,

a los soldados que cayeron en una trampa

y al oficial inglés que arriesgó su vida para salvarlos.

Cuando oigáis la orden de fuego,

que cada uno decida cómo se debe pagar esa deuda.

¡Pelotón!

¡Prepárense!

¡Apunten!

¡Fuego!

¡Disparad! ¡Fuego!

Preparaos contra la caballería.

¡Acabemos con ellos!

¡Vivian!

Vivian.

Mentí en el consejo de guerra contra Jeff

porque te quería

y fui demasiado ambicioso.

- Vivian. - ¿Sí?

Jeff, sus hombres quieren que vuelva a ser su capitán.

- Yo también lo quiero. - Y yo, señor.

Con un poco de suerte, podremos unirnos a la columna del norte.

De todos modos, iremos a buscarlos.

Sahib.

Hoy hemos luchado por salvar su vida,

pero seguimos ansiando el fin del dominio extranjero.

¿Cuándo lo lograremos?

No lo sé, Puran Singh.

Pero algún día lo conseguiréis.

Algún día habrá más comprensión entre los indios y los ingleses.

Como entre tú y yo.

Debo regresar a mi pueblo.

Que nuestros buenos deseos te acompañen.

Jamás podremos pagarte lo que has hecho.

Debéis dar el pago a los dioses.

Ellos han dispuesto vuestra felicidad.

Daremos nuestro pago a los dioses. Lo haremos.

FIN

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