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El entorno de la frontera le resulta al hombre demasiado duro al principio,
pero debe aceptar las condiciones si no quiere perecer.
Díganme, idiotas, ¿quién mató a este hombre allá adentro?
¡Oye!
Ya fue suficiente.
Lefty,
¿no estás muy viejo ya para andar equivocándote así?
Para que veas.
Nunca estás conforme conmigo.
¿Estás sordo, muchacho?
Si me rindo, ¿no van a disparar?
No.
Lo que digo es que no puedes llevar a la horca a cualquiera...
cuando te venga en gana.
No lo hago por placer.
¡Vaya forma de comenzar su carrera, don Senador!
Todavía me cuesta creer que mataras a alguien...
por una apuesta de póquer de dos dólares.
No le digas nada a Laura.
Ya sabes que no le gusta que siga comportándome como Comisario.
Edward, de todas formas, ¡a mí nunca me hace caso!
No se preocupen, yo me encargo de los caballos.
Puedes llevar el ataúd, pero el cadáver caminará.
Apuesto.
¿Cuándo llegará el día en que no tenga que vivir con gente como ustedes?
El señor Johnson ya te dijo que no te llevará con él a Washington.
¿A Washington? ¿Quién habló de Washington?
Yo me refiero a la casa.
¿Y qué piensas hacer con la casa familiar?
¿Tú qué diablos crees?
Cada quien tiene sus sueños.
No pienso discutirlo.
Si Lefty se queda a cargo de la Hacienda, al regresar, no encontraremos nada.
Muy bien.
Vendrá con nosotros.
De ninguna manera.
Todo Senador necesita un ayudante.
¡Edward Johnson, no lo tomes a broma! ¡Yo necesito tranquilidad!
Me rindo, me rindo.
¡Vaya!
Baja los brazos.
Lefty se encargará de la Hacienda sin ningún problema.
Ya sabes que cabalga a mi lado desde hace 40 años.
Tu caballo también.
Siempre llegamos a acuerdos.
No sé por qué te pones tan testarudo con esto.
Aquí nadie le hará caso.
No hay en el mundo hombre más leal que Lefty Brown.
"Leal" no es lo mismo que "apto". Necesitamos a alguien como Tom Harrah.
Si pienso enfrentarme contra todo Washington,
necesitará alguien en quien confíe aquí en casa.
Y a una gran mujer a mi lado.
Siga con sus elogios todo lo que quiera, señor Johnson,
pero aquí la que tiene la aguja soy yo.
¡Qué injusticia!
¡Maldito poste! ¿Qué te hice yo?
¿Quién ganó?
Bueno, como aquel sigue de pie y yo estoy aquí, en el suelo,
yo diría que fue un empate.
Ya le ganarás. Arriba.
Pues nunca te he defraudado...
y ya estoy muy viejo para perder la costumbre.
Eso lo sé.
- Conque lo sabes... - Sí.
Como también sé que ya viene el rodeo.
¿Podrás tenerlo todo listo?
Bueno, no estaré solo.
Me ayudarán Oak y Billy Ketchum y este hombre que viene al galope...
¡Señor Johnson!
¡Señor Johnson!
El ganado.
Desaparecieron tres caballos.
¿Cuántas cabezas?
Tres caballos, por las colinas del Norte.
Que te acompañen Oak o los muchachos.
No se preocupe por eso, señorita Laura.
Este tipo no sabe con quién se metió, ¿verdad, Edward?
Silencio, Lefty.
Son muchachos capaces. No hay razón para que no te acompañen.
Con esa mirada, pondrás a temblar a medio Washington.
Andando.
¿Lo ves?
Aquí tienes dos cimarrones y tres desherrados.
De casualidad, ¿has...?
Dilo de una vez.
Es que estaba buscando las palabras adecuadas.
¿No habrás cambiado de opinión...
sobre aquello de dejarme a cargo?
¿Qué insensatez me estás preguntando?
Ya me conoces, sabes que no tengo la sensatez de callarme.
Aun así...
la manera en que Laura...
me miraba y lo que le dijiste...
sobre si estoy listo o no me puso a pensar.
Quizá deberías dejarle el mando a otro.
No vayas a empezar tú también.
Pero si no estoy empezando nada.
Era sólo un comentario.
Bueno...
O lo asumes con orgullo o no lo asumes.
Apuesto por la primera opción.
Esto no me hará falta en Washington.
¿Qué?
- Quédatela tú. - No.
No puedo aceptarla.
¿Qué?
¡No!
¡No!
El rubio aquel...
pagará por lo que hizo.
Tendrías que haberlo cuidado.
Lo lamento, pero...
De nada sirve lamentarse.
De nada sirve.
Eso lo sé.
¿Lo sabes?
Te he visto...
seguirlo de trabajo en trabajo...
sin hacer nada,
viviendo de sus limosnas.
Yo era su apoyo. Claro que...
Yo soy su esposa.
Y ahora...
él ya no está, pero tú sigues aquí.
Bueno, no pretendo...
Lefty, déjame a solas con mi esposo.
No fue culpa mía.
Nadie habría podido impedirlo.
Anduvimos juntos 40 años.
No merecías morir así.
¡El muy hijo de puta!
Me vengaré de ese hijo de puta o moriré en el intento.
Mi palabra no valdrá mucho,
pero esta vez sí.
Esta vez sí que vale.
Alto.
¿Sabes qué, Jimmy?
Esto no ha cambiado nada.
Ni un poco.
¿Y Laura?
En el corral, señor Gobernador.
Está por el corral.
No dejen que se zafe, muchachos.
¡Diablos!
Billy, hay que hacerlo bien.
Sostenla tú.
Y apúrate con las demás, que ya no queda mucha luz.
No puede ser.
Cuánto lo lamento.
Nadie merece morir así.
¡Qué orgulloso estaría el señor Johnson!
Soy Sheriff desde hace un par de años.
Gracias a Jimmy.
Me alegra que vinieras.
No estaría en otro lado.
¡Qué falta de cortesía!
¿Tienen hambre? Hay galletas en la casa.
¿La receta de tu mamá?
Ya casi todos creen que es mi receta.
¿Tienes idea de quién pudo ser el responsable?
Lefty estaba ahí y dice que vio al cuatrero.
Es alto, rubio, de cabello largo.
- ¿Estás segura? - Lefty está seguro.
Esta misma semana, medio ejército irá tras el asesino de Eddy.
¿Y Lefty?
También darán con él.
Eso creo.
Bueno...
Ya perdimos a un amigo.
No pienso perder otro más.
Lo sé.
Pero deja que se encarguen los soldados que atraparon a John Wilkes Booth.
Hablamos de Lefty Brown.
El pobre no sabe ni dónde tiene la nariz.
Debe estar perdido en el desierto pidiéndole agua a Dios.
Voy a buscarlo.
Apuesto que él lo encontraría.
Sí.
¿Nunca deseas...
que todo fuera como antes, cuando éramos sólo los cuatro?
Cuando hacíamos temblar de miedo al mundo.
Traigámoslo de vuelta.
Esta vez no te me vas a escapar.
¿Dónde te metiste, hijo de puta?
Sal a donde pueda verte.
¿Y tú quién demonios eres?
¿Dónde está el rubio?
Aquí no hay nadie más, señor.
Tú acabas de salir del vientre de mamá. No te creo que estés aquí sin compañía.
Se lo juro por Dios.
¿Y tú caballo?
Lo picó una culebra.
Tuve que sacrificarlo.
Una culebra no puede con un caballo. Esos son muy grandes.
La pierna se le hinchó como un melón.
¡Vaya, así que lo mordió una culebra!
No pienso recibir consejos de un ladrón.
Sí, pues nadie querría robarte las baratijas que tienes.
¿No has visto pasar por aquí a otro sujeto?
Es rubio.
Y tiene cara de malo, como si estuviera mosqueado y...
¿Busca a un forajido?
¿Viste a alguien o no?
¡Señor, señor!
¿Puedo pedirle, si no es mucha molestia, que me lleve al pueblo más cercano?
Puedo ayudarlo a atrapar a aquel tipo.
El muy desgraciado mató a mi compañero.
No tengo tiempo de cuidar a un mocoso que se cree Bill el Salvaje.
Tengo buena puntería.
- ¡Gran cosa! - De veras.
No es lo mismo desenfundar que disparar.
¿De acuerdo?
Eso.
Camina hacia allá.
Si te deshaces de todos esos cachivaches,
llegarás a Bannack en un día.
Tal vez, dos.
¡Ay, demonios!
¿Cómo te llamas, Billy el Salvaje?
Jeremiah.
Jeremiah Perkins.
Jeremiah Perkins.
Bueno, a mí casi todos me llaman Lefty Brown.
El señor Johnson no dejó testamento.
Según la ley, la Hacienda le queda a su heredero varón inmediato.
Por desgracia...
eso es correcto.
Esta Hacienda es mía.
Yo me sacrifiqué por ella tanto como él.
La ley es la ley.
La ley se equivoca.
Por muy cierto que sea eso, no hay nada que pueda hacer.
Puedes redactar un testamento.
Basta con que tenga fecha de hace unos meses.
- Nadie pondrá en tela de juicio... - Laura...
un testamento firmado por el Gobernador.
La gente me eligió para que defendiera la ley y el orden.
Si eso es lo que crees, eres más tonto de lo que Eddy creía.
Hace 18 años, estuve presente en Alameda.
¿Lo recuerdas?
Este tal Applegate...
era un asesino forajido,
pero yo no quería matarlo, sino meterlo en la cárcel.
Hiciste lo correcto.
Te aseguro que no todo el mundo opina lo mismo.
Esta Hacienda es mía.
Eddy me la habría dejado a mí, no a un...
primo al que no veía desde hace 30 años.
Me enfrentará al que se me oponga.
Veo que sigues con tus insensateces.
¡Tom!
¡Qué maravilla!
- ¡Ven aquí! - ¡Benditos los ojos que te ven!
Un gusto verte, Lefty. ¿Quién es el chico?
Un novato que necesita que lo cuiden.
Pero, ahora que llegaste tú, tenemos aquí todo un pelotón.
Prepararé las provisiones.
El ejército se encargará de los asesinos.
Yo sólo vine a llevarte a casa.
Pero es que yo no tengo algo que pudiéramos llamar "hogar".
Al que pudieras llevarme.
Lefty, Laura no puede encargarse dela Hacienda sin ti.
Pues, dado que no has estado mucho por aquí,
y sé que sabes muy bien a lo que me refiero,
no tienes manera de saber si eso es cierto.
Hay algo que sí sé.
No has cambiado en lo absoluto.
Bueno, escúchame,
atraparé al asesino de Edward.
No hay nada que puedas hacer para impedírmelo.
Puedo dejarte desmayado, viejito.
¿Qué le pareció ese desenfunde, señor Brown?
¿Ese niño me está apuntando?
¡Mierda!
Sí que eres un idiota rematado, Lefty Brown.
¿Por qué lo amarras?
No pensarías que lo iba a matar.
Pero es un Sheriff.
Hace años que hundió la placa en el alcohol.
¿Y eso qué es?
¡Hay que joderse!
La última vez que vi esta placa, a este hombre lo llamaban
"Tom Harrah, Don Whiskey, el nadador de la escupidera".
¿Comisario Thomas Harrah?
No, aquí dice
"Sheriff Thomas Harrah".
No he tocado la botella.
La única que me ha tocado a mí es la que Eddy me lanzaba.
- Tome, Thomas Harrah. - ¿Y esto qué es?
Bueno...
CUENTOS: LOS GUERREROS DEL OESTE
Este de aquí.
Aquí estás tú.
Y el otro...
es Edward.
¿Edward Johnson?
Esto no está nada mal. Se parece muchísimo.
Con esa sonrisa, se parece mucho.
¿Es cierto el rumor?
¿Se enfrentaron sin ayuda a los Bradford y...?
¿Qué diablos crees que haces?
¡Él es mi héroe!
Pues, ¿qué clase de héroe les da la espalda a sus amigos...
cuando más lo necesitan?
¿A qué se refiere?
El Gobernador convocó al ejército.
No nos necesita.
Así habla Jimmy.
¿Nunca pensaste que, a lo mejor, tenía razón?
Con el ferrocarril y los soldados, llega la ley y el orden.
Eso no es malo.
¡Ay, Señor mío, Señor mío!
Ya se te está dando la palabrería seductora.
¿Qué haría Edward...
si estuvieras tú ahí abajo, a tres metros bajo tierra?
¡Mierda!
¡Maldita sea, Lefty!
Desátame.
Desátame rápido, antes de que cambie de opinión, maldita sea.
Desátalo.
Pues a Tom no le gusta que lo mencione,
pero, ¿te molesta que le cuente a Jeremiah...
de aquella vez que te fuiste con...?
Me molesta. Cállate.
Es que creí que...
Si no quieres que se lo cuente, no se lo cuento.
Lefty, limítate a cabalgar.
Nos queda mucho camino.
Mi papá...
me enseñó a leer con El Jefe Seminola y Agente del Camino.
¿Con Agente del Camino?
Esos son una sarta de justicieros asesinos.
¿Verdad, Lefty?
Niño,
¿yo salgo en esos libros?
No, en ninguno. No te he visto.
Pues, a lo mejor, tienes que leer con más atención.
No he leído que lo mencionen.
- Y los he leído bastante. - Ay, Lefty...
No seríamos amigos si no tuviéramos de qué quejarnos.
Será porque lo único que te hace feliz...
es hacerme infeliz a mí y a todos los demás.
Para eso, no necesitas ayuda de nadie, viejito.
¿"Viejito"? ¡No empieces con eso!
Me llamas "viejito", pero no tenemos más de uno o dos años de diferencia.
Al menos, yo no me la pasaba borracho.
Tú pasaste los años durmiendo la borrachera.
Es un cuento.
- ¿Qué quieres decir? - Quiero decir que...
Es una fabricación.
Es un cuento para niños.
¿Y qué?
Son más los hombres importantes...
que dejaron de lado que los que incluyeron.
Y, entre ellos, estás tú. ¿Ya te sientes mejor?
No entiendo ni la mitad de lo que dices, pero creo que dijiste algo amable.
Déjame o te mato. Te mataré.
- Te disparo en la pierna. - ¿Quieres más café?
- Un traguito más. - Ya te sirvo.
Léeme un cuento de esos, niño.
La senda del pie negro,
la historia de la tribu que secuestró a la esposa del señor Johnson.
Niño...
Y usted y él pasaron dos años persiguiéndolos por todo...
¿Qué dije?
Bueno, no secuestraron a la esposa de Edward, sino a la de Tom.
Y no fueron sólo dos años de búsqueda.
Pero la rescataron.
Se enfrentaron a los pie negros en aquella gruta vieja y la rescataron.
¿Por qué crees tú que Tom acabó entregándose a la bebida?
- ¿Encontraste algo? - Sí.
¡Oye! ¡Oye, niño!
Súbete al caballo. No vayas a estorbarlo.
No se aprende sin intentar, Lefty.
¡Válgame Dios!
Este niño se está poniendo tan altanero como solía ser Jimmy.
Las rocas no permiten rastrearlos.
El sol se oculta rápido.
Acampemos.
Espera un momento. Claro que no escalaron las piedras.
Subieron aquel sendero, porque de aquel lado está el desierto.
Hay que acabar con esto, Tom. Hay que hacerlo.
Lefty.
¡Arre!
¿No irá tras él?
No.
Lo alcanzaremos por la mañana.
¡Arre!
Ni él es tan insensato. No atravesará ese camino de noche.
Más te vale hablar.
¿Dónde te metiste?
¿Los caballos tienen la marca de la J?
- ¿Lefty? - ¿Qué?
Puede ser.
Mira.
Te felicito por encontrar a estos cabrones.
Ed estaría orgulloso.
Tienen pinta de mala sangre.
¡Oye!
Este niño idiota...
¿No tienes que cuidar a los caballos?
¿Siguen ahí dentro?
No quiere hacerme caso.
Hay tres por cada uno de ustedes.
- Sí. - Sí.
Quizá tenga razón el muchacho, Tom.
Deberíamos pedirle ayuda a Jimmy...
esta vez, me parece.
Y es por eso...
que nadie ha escrito cuentos sobre ti.
¡No me vengas con...!
¡Oye, oye! ¿Qué te dije?
Cállate.
Esto es lo que vas a hacer:
Regresarás con los caballos a evitar que se asusten.
- No pienso volver allá. - Escúchame.
Necesito que procures calmarlos...
porque el tiroteo será intenso...
y no quiero que se asusten.
Regresa con ellos, ¿sí?
Lefty, tú entras por atrás,
yo, por delante.
¿Quieres que entremos ahí?
Sí, vamos a entrar.
Y recuerda,
mi sombrero es el marrón. No vayas a dispararme.
¿Cuánto tiempo hay que esperar?
¡Mierda!
- No me voy de aquí sin haber ganado. - No te hablaba a ti.
No nos esperan en ningún lado.
Dame otra carta.
¿Qué tienes?
Andando. Rápido.
¿Sheriff Harrah?
Señor Crowbley.
Nadie me comentó que usted vendría.
¡Niño, no entres!
Quédate ahí.
¡No entres, niño!
¡No entres!
¿Estás ahí, rubiecito?
Más te vale que salgas.
¡Dios mío! ¡Dios mío!
Sheriff, no permita que me maten, se lo pido.
¿Conoces a este tipo?
¿Te llamas Crowbley?
No avances más.
Cuidado, viejito, tengo el gatillo muy sensible.
- Por favor, no me dispare. - Silencio.
¿Sigue vivo el niño?
Sí.
Muy bien.
Hagamos un intercambio honorable.
Uno por el otro.
Pues, eso depende de quién sea este hombre.
Mira... Respóndele.
Pero... Si soy...
Thadeus William Crow...
- ¿Qué haces? - Cállate.
¿Tienes el dinero?
- ¿Hay más dinero? - Ahí está todo.
- A repartirlo. - No seas avaro.
¿Y el niño?
Se está desangrando. Déjenlo ahí.
¿A dónde diablos van?
Uno adelante y otro atrás. ¿No iba a ser así?
Más vale que saques la pistola.
Pero lentamente.
Porque tengo el gatillo fácil.
Muy bien.
¡Niño!
¿No has visto al niño?
No.
¡Tom! ¿No se te ocurrió buscarlo?
- ¡Maldita sea! - ¡Socorro!
¿Tom?
No, Tom está ocupadito.
Tendrás que conformarte conmigo.
- ¿Qué? - ¿Sí?
- Debí quedarme con los caballos. - Sí.
¡Ay, madre mía!
Escúchame...
se te incrustó una bala y vamos a tener que sacártela.
Así que quiero que muerdas esto.
Muy bien.
Eso. Ya casi.
¡No la encuentro!
Aguanta, aguanta.
¡No alcanzo, no alcanzo!
Tengo que sacártela.
Tengo que sacártela.
Ya la tengo.
Aquí tengo a la muy maldita.
Aquí está.
Tú descansa.
Frank Baines...
Te estaba buscando.
Y, en el camino,
me encontré a tus hermanos.
A Andy y a Dan.
Los dejé colgados de un árbol.
Quizá tú quieras morir también,
ya sea a manos de Lefty...
o del juez.
Que no te quepa duda.
Así que, ¿por qué no me cuentas...
cómo conociste al señor Crowbley?
Si no me falla la memoria,
conocí al señor Crowbley hace un par de horas...
mientras usted se escondía tras esa colina.
¡Joder!
¿Te lo trajo él?
Es muchísimo dinero.
¿Qué sucederá cuando los compañeros de tu banda...
se den cuenta de que huiste con él?
Eso no me preocupa mucho. No son muy inteligentes que digamos.
Crowbley trabajaba para el Gobernador.
Por eso es que no tenía pinta de forajido.
¿Quién te pagó este dinero?
¿Por qué mataste a Edward Johnson?
¡Vamos, Sheriff!
Uno tiene que ganarse la fama de alguna manera.
¡Dímelo!
¡Qué me lo digas!
¿Fue el Gobernador?
¿Fue Jimmy Bierce...
quien te pagó,
para que mataras a Eddy?
Oiga, Sheriff, cuando llegue al Infierno,
voy a pasar a darle un saludito a su esposa.
¿Cuándo llegó?
Un hombre del Gobernador lo dejó hace una hora. Venía desde Bannack.
- ¿Sigue aquí? - No.
¿Qué es?
Nuestra salvación.
TESTAMENTO DE EDWARD E. JOHNSON
¿Me voy a morir?
No te vas a morir.
Mira esto.
Te traje...
uno de estos.
Me imaginé que te gustaría leerlo mientras yo me preparo.
¿Me lo lees?
¿Qué te lo lea?
Es que la vista me falla en la oscuridad.
Puedo contarte una anécdota de Edward.
A ver. Una vez, iba cruzando el desierto hacia...
¿Ibas con él?
¿Yo? No, a mí me había dejado en cama una bala.
Nunca volví a caminar derecho.
¿Qué pasó?
Bueno, como te contaba, él iba por el desierto...
No, ¿qué te pasó a ti?
¿Qué, qué me pasó? Esa anécdota no es para nada interesante.
Es que hace tiempo que no pensaba en ello.
Resulta que había un carruaje que iba camino al Este...
y Edward iba a sentarse al lado del conductor...
para cuidarlo de un bandido que se llamaba Pequeño... No...
No, no era ese.
Era Hopkins "Nariz Partida".
Verlo te llenaba de miedo hasta el tuétano.
Y, como Edward tuvo que irse del territorio,
me dejó la tarea a mí.
Como era de esperarse,
tras recorrer medio día de camino,
Hopkins y su banda...
nos tendieron una emboscada.
¿Cómo la de hoy?
No, aquella fue distinta.
Les propiné un par de disparos y salimos a toda prisa de ahí.
¡Sí que tuvieron que perseguirnos!
Y casi nos escapamos,
pero acabamos arrinconados...
en un cañón más estrecho que el Infierno.
¡Qué paredes tan empinadas!
Y ahí esperamos, atrapados, durante tres días.
Pero ellos también nos esperaron...
porque sabían que no teníamos comida.
Bueno, yo me considero entre los hombres más pacientes del mundo.
Pero llegó el momento en que me llené de valor...
y no quise seguir esperando.
Y me arrastré por las paredes escarpadas.
En dos ocasiones, casi me caigo y me mato, pero llegué a la cima.
¡Ese Hopkins!
Me le escapé porque nunca miró hacia arriba.
Y yo...
llegué disparándole por detrás y...
atrapé desprevenido a Nariz Partida y lo dejé comiendo plomo.
Y yo...
Fue entonces cuando me dieron en la pierna y...
Y me...
Y me dolía muchísimo...
y los disparos de los muchachos...
ya se acercaban peligrosamente,
y yo saqué la escopeta,
que es lo más útil que he tenido.
Respiré hondo...
Yo tampoco puedo seguir esperando.
Muy bien, muchacho.
Muy bien.
¡Dios mío!
Ya pasó, niño.
Ya pasó.
¿Qué diablos haces, Tom?
Me voy.
Sí, tuviste una noche muy difícil, pero esa no es razón para abandonarnos.
- Lefty... - ¡No me vengas con eso!
Que no se te olvide la insignia que llevas en el pecho.
De estar aquí, Edward te recordaría la importancia que tiene.
Despéjate la borrachera.
Iremos por el niño y luego nos vamos de aquí.
Tú me vas a ayudar a subirlo al caballo, ya que estás entero.
Lefty.
Tom... Oye, Tom...
¡Arre!
¿A dónde vas?
Tengo...
Hay... Yo...
¿Y ahora qué hago?
¿Es su banda?
Puede ser. No estoy seguro.
Yo sí.
Salgamos del camino y regresemos por donde vinimos.
Por ahí, tardaremos otro día de camino y a ti no te sobra el tiempo.
El tonto y su tontín.
¿Sigues respirando, Bill el Salvaje?
¿No será que Tom fue a buscar ayuda y debimos haberlo esperado?
Por la cara que tenía nuestro querido Tom, me parece que iba camino a Drake.
No se acerque más.
Pues,
yo veo que nosotros somos dos y tú estás solo.
¡Mierda!
Entrégala.
Toma, toma.
Tú también, niño.
¿Qué hay, Frank?
Quítame esta porquería.
Antes de hacer nada, vamos a repartirnos el dinero.
Yo no tengo nada.
¿Dónde lo metiste?
- ¿Creíste que dejarían que me lo quedara? - ¿Dónde está?
- ¿Qué cosa? - ¡El dinero!
¿Y yo qué voy a saber de qué me estás hablando?
¡El pago por matar a Johnson!
Quiero que me digas...
que esto no es tuyo, Jimmy.
Estás borracho.
Sí.
¿Es tuyo?
No, no es mío.
Dicen por ahí que puedo comprar...
los servicios de este tal Frank Baines.
Y Frank...
Y al pobre Frank le hicieron cosas espantosas.
Crowbley tenía un pasado turbio.
Me pareció que se merecía una segunda oportunidad.
Así era.
Lo mató el hombre al que le iba a pagar.
Equivocarse es desagradable.
Por la tragedia de los nuevos tiempos.
¿Qué es lo que descubrió Eddy sobre estos nuevos tiempos?
La ley le quedaba pequeña a Eddy.
Pero era un hombre del campo.
- Y qué campo tan portentoso. - ¡Por favor!
No andes practicando tus discursitos conmigo.
Es para el entierro, para el funeral de Eddy.
No puedes dedicarle tu discurso...
al hombre que mataste.
A Eddy lo mató el tal Frank.
- Por orden tuya. - Yo no le di ninguna orden.
Eddy era mi amigo.
Quise ayudarlo a comprender que esta tierra no es la de antes.
¡Por favor, Tom!
Ahora somos gente civilizada.
El comercio prospera.
Las familias viajan sin peligro.
Los indios ya no vienen a violar a nuestras esposas.
No empieces.
Si él lo hubiera entendido y hubiera dejado ir al cuatrero,
en este momento, estaría camino a Washington.
Tu dinero.
Te lo juro por nuestra amistad.
Yo no maté a Eddy.
Por el Senador Edward Johnson.
El gran héroe de este pueblo.
Y mucho más.
Un amigo fiel.
Por Eddy.
Por Eddy.
¿Lo oíste mencionar algo...
o viste algo que te insinuara que tenían dinero?
No lo recuerdo.
Debimos estar atentos.
Debimos revisarlos.
¡Aquí no está! Vigila a Frank.
¡Oye! ¿Dónde está el dinero!
¿Tú no eras todo un parlanchín?
¿Dónde está?
¡El dinero!
¡Maldita sea!
¡Hijo de puta!
¡Joder!
Y...
¿crees que Tom se llevó el dinero?
¿Tom? No, no.
Él nunca habría hecho algo así. Él no es así.
Puede que ese dinero nunca existiera.
Tal vez por eso no lo encontraron.
Escúchame, no tiene caso andar hablando de cosas...
de las que no sabemos nada.
Rayos.
Hablamos de dinero, niño.
El dinero enceguece al hombre.
Eddy... ¿Estás bien?
Niño, aguanta.
Escúchame.
Ya no puedes seguir cabalgando.
Voy a tener que ir a buscar ayuda para sacarnos de esta.
Aquí tienes todo lo que necesitas.
Te voy a dejar la escopeta.
Muy bien.
No te me vayas a morir.
¿Me oíste?
Y aquí tengo...
No me toques.
Dejé allá a un niño moribundo. Búsquenme las medicinas del dormitorio.
No seas maleducado.
Te preparamos una buena bienvenida.
Déjense de juegos, muchachos,
que el niño se muere y me está esperando.
No tengo tiempo.
¡No tengo tiempo, muchachos!
Pues, acabemos rápido.
Oigan...
Atrapé al que mató a Edward.
Lo dejé con el niño. Lo atrapé.
Al asesino del señor Johnson...
lo tengo en frente.
¡No! ¡Eso no es verdad!
Nadie te creyó tan idiota para regresar por aquí.
Pero yo sí sabía.
¡Ya basta! ¡Deténganse todos!
"Tengo el penoso deber de informarte que Lefty Brown...
es el responsable de la muerte del Senador Johnson".
Usted sabe muy bien que ese telegrama está lleno de tonterías.
Sí.
Parece mentira que tenga tan mala imagen de mí.
¿No me dirás el porqué?
¿El porqué?
Dígamelo usted, que dice que hice algo que no he hecho.
A lo mejor te molestaste.
Quizá te dijo que no te dejaría al mando.
Pues, no.
¿Por qué habría dicho eso?
Porque yo se lo pedí.
Tom y yo cruzamos medio desierto persiguiendo a aquel hijo de puta...
y lo atrapamos, tal como lo prometí.
Ahora, venga conmigo hasta donde dejé al niño,
porque es ahí donde lo dejé.
Dime dónde está el niño y le enviaré socorro.
No puedo darle direcciones exactas. Tengo que llevarla con él.
Lefty...
¿Ese papel...
vale más que la palabra de un hombre que conoce desde hace media vida?
A Jimmy también lo conozco desde hace años.
¿Qué tiene que ver Jimmy con todo esto?
¿Eso lo escribió Jimmy?
Así es.
La mentira no le favorece.
Usted, más que nadie,
sabe que nunca tuve tiempo de aprender a leer.
Mira el sello.
¡Lefty!
No.
Ya podrás defenderte ante el juez.
No.
No.
Lo siento, Sheriff. No regalamos las bebidas.
¿Qué pasa aquí?
Hola, Jimmy.
Dame una mano.
Me pagan la semana que viene.
No vuelvas a tocar una escupidera.
Me debe lo que consumió el otro día.
Cuando se acabe, ven a buscarme.
¡Mierda!
Aguanta, niño.
Aguanta.
Lefty, aunque no fueras mi rehén...
¡Lefty se escapó! ¡Vayan tras él!
Muy bien.
Por aquí.
Listo.
¿Amarraste bien la silla?
Está apretada.
Esa silla se soltará antes del kilómetro de camino.
Un asesino cobarde como tú no tiene dónde esconderse.
Esa escopeta no tiene alcance.
¿Qué estás esperando?
Yo no maté a Edward.
Y tampoco la mataré a usted.
Debería bastar con la medicina que te di.
Tienes que tomarte un poquito... ¡Ay, mira!
Ya, tranquilo.
Eso es. Tranquilo, tranquilo.
Tranquilo, tranquilo.
Mira no más...
Bienvenido.
¿Está es la Hacienda?
No parece una Hacienda, ¿o sí?
No.
¿Cuánto llevo aquí?
Ocho días.
Tienes que comer.
Puedo intentarlo.
Claro que sí.
Pudiste haberme prevenido.
Ten cuidado, debe tener la bala adentro.
No hay ni un dentista en kilómetros.
¿Dónde estamos?
En el único lugar donde puedo estar.
Jimmy Bierce era el dueño de ese dinero.
Él mandó a matar a Edward.
Y ahora me echó la culpa a mí.
¿Qué?
Tom...
Por eso conocía a aquel tipo elegante.
Todos trabajan para Jimmy.
Eran amigos.
¿Qué?
Dijiste que eran amigos.
- Eso dijiste. - Ya lo sé.
Me equivoqué.
No fue...
Las cosas no eran como te las conté.
Para que veas cómo es Lefty Brown,
que nunca ha sabido cómo son las cosas en sus 60 años de vida.
Me salvaste la vida.
Así es.
¿Y ahora qué?
¿Qué diablos...?
¿Es un funeral?
El muy maldito mandó a matar a Edward...
y pretende hablar en su nombre.
Si lo matamos, acabaremos en la horca.
- Necesitamos pruebas. - ¡Lo sé!
Buscaré las pruebas.
¡Oye, niño!
¿Le dijiste que iría a juicio?
Es que me parece que, si fuera inocente, Lefty no habría huido.
Se llevó unas medicinas.
Quizá no tuvo alternativa.
Cada quien debe decidir.
Ya veré qué hacer después del funeral.
Eres un amigo fiel.
No he tenido la oportunidad de agradecerte por ayudarme con la Hacienda.
Así lo habría querido Eddy.
Lo que no habría querido es que pusieras al hombre al que venció...
a ocupar su puesto en el Senado.
Robert Meade es el más calificado para el puesto.
Es de la ferroviaria.
Tú y yo sabemos que Eddy no debió haberse opuesto a las ferroviarias.
Hace 25 años, en Bannack, vivían miles de personas. ¿Y ahora?
Menos de 100.
Estamos en el funeral de Eddy, no en un mitin político.
Contigo, no hay cómo ganar, ¿no?
Bueno, te confío que soy pésima jugando a las damas.
No estaríamos aquí hablando de esto si no fuera por Eddy,
que hizo cosas importantes por esta región. Eso es un hecho.
Pero oponerse al ferrocarril fue un error que desprestigiará su legado.
Y, si yo puedo arreglarlo,
lo arreglaré.
¿Vino a hospedarse con nosotros?
Firme aquí.
Con permiso.
Ven conmigo, cariño.
¿Se te ofrece algo?
Habla, muchacho.
Jim, lo estás asustando.
Sólo quería ayudarlo.
Discúlpeme, es que...
Es el primer Gobernador que conozco.
Me reconoces.
James Buckley Bierce, primer Gobernador de este gran Estado.
Es un hombre común con un discurso pendiente.
Hago lo mismo que todo el mundo.
¿Qué?
¡Tom!
¡Tom! ¡Edward estaría avergonzado!
Dame un vaso para mi amigo.
No puedo beber contigo.
Por Eddy.
No me parece que debas seguir bebiendo.
Lefty.
¡Por Eddy!
Me dijo que no necesitaba la botella...
y dijo que éramos fuertes,
pero, claro, estaba equivocado.
Y le creímos.
Son muy pocos los que llegan a creer, así que por Eddy.
¡No!
No pienso beber contigo.
- Ya. - Tom,
tienes que espabilarte y venir conmigo.
No debiste haber hecho eso.
Pero, Tom...
¡Maldita sea!
Muy bien.
Sí.
Se te cayó esto.
Toma, para que recuerdes que el hombre que te la dio...
es el mismo que mató a Edward.
Sírvele otro.
El que se los está pagando estará contento.
Si Eddy estuviera aquí,
seguramente los habría regañado por venir.
"Tienen cosas que hacer. Háganlas". Eso es lo que les diría.
Edward Johnson era un hombre de acción.
Era un hombre de campo.
Y qué campo tan maravilloso...
con trenes que cruzan llanuras y montañas,
y que unen el Atlántico al Pacífico,
que alimentan irlandeses en Nueva York con carne de Montana.
Hierro y acero.
Petróleo.
Eso nos ofrece esta bella tierra.
El orden es lo único que nos pide a cambio.
Sin Eddy, no habríamos llegado tan lejos.
No.
Pero este no es su mundo.
Ya no lo es.
Avanzamos hacia el futuro...
y nos llevamos todo lo que Eddy nos enseñó.
El hombre que tomará su puesto...
rendirá homenaje a la memoria de Edward Johnson.
Ya conocen a Robert Meade.
Estos últimos meses, he trabajado codo a codo con él...
para terminar el contrato con la Ferroviaria Pacific,
un contrato que, una vez ratificado por el Senado,
revivirá, sin duda, los pueblos como Bannack.
¡Salve, gran Gobernador!
¡Salve, gran protector!
La protegerá a usted y a su bebé.
¡Vaya! ¡Qué maravilla!
¡Felicitaciones, Jimmy! ¡Excelente!
¡Lo hiciste muy bien!
Eddy debió haber vivido tu vida, hijo de puta.
¿A dónde vas?
Baja la pistola, Tom.
Hablemos a solas.
Aquí ya no se habla más.
¡Te voy a matar, maldito!
¡Te voy a matar!
¡Basta, Tom! Está borracho. Tienes que ayudarlo.
¡Ven aquí! ¡Te voy a matar!
Lo detendré antes de que mate a alguien.
Sube. Aquí estás en peligro, Laura.
¡Jimmy! ¿Qué está pasando, Jimmy Bierce?
Hazme caso, antes de que empiece el tiroteo.
¿Qué...? ¡Jimmy!
El que se mueva lleva plomo.
Se vuelven a mover y ya verán.
Sólo...
No sean tontos. Se van a lastimar.
Todos tranquilos.
Levántate, Tom.
- ¡Jimmy! - Se fue, se fue.
- Tenemos que irnos. - ¡El muy...!
No se acerquen. No vayan a acercarse.
- No sean idiotas. - Tranquilos.
- ¡Arriba las manos! - ¡No se acerquen!
¡No toques el arma!
¡Tom!
- Abajo. - ¡Joder, Tom!
¡Mierda!
Ten cuidado. No son asesinos, son simples idiotas.
Si no son asesinos, ¿por qué nos disparan?
- Hay que ir por Jimmy. - ¡Espera!
Te dije que es por allá.
Sí, ya voy...
Levántate, vamos.
¡Mierda!
Bueno...
Alto.
Tom...
Parece que fue él quien me disparó.
Pues yo diría que tuvo suerte...
por el simple hecho de que el sombrero no se le haya caído antes.
¿No crees?
¿Tom?
¿Tom?
¿Tom?
¡Maldita sea!
Más vale que hayas encontrado algo.
Algo así.
¡Cuánto tiempo!
Sería un desperdicio que todo esto acabará en una lluvia de balas, ¿no crees?
Seguramente, Tom diría lo contrario...
si pudiera hablar.
En el bar, no corría peligro. Esto es culpa tuya.
¡En el bar, no corría peligro!
Pues, con decirlo, no lo haces realidad.
Yo quería proteger al Estado...
y Eddy me arruinó el trato.
Era un acuerdo inmejorable y lo sabes.
Montana habría podido renacer.
Este es mi trato:
Si bajas esa pistola,
te llevaré ante el juez.
Lefty...
Quizá no lo sepas,
pero, en Montana, matar al Gobernador es...
un delito federal que se castiga con la horca.
Lo sé.
¿Recuerdas cuando nos conocimos?
Estaba tirado en el bosque.
Me salvaste la vida.
Pero apostaría a que...
desearías haberme dejado ahí.
Hemos compartido mucho desde entonces.
De verdad que sí.
Pero creo que podemos compartir más.
Le abriremos al Estado las puertas del futuro.
¿Y si ahora mismo...
salimos juntos y le digo a todo el mundo...
que te inculparon?
Pero tú nunca te rindes. No, Lefty Brown nunca se rinde.
Me demostraste tu inocencia.
¿Y si te diera el puesto de Senador de Eddy?
¿Qué mejor reemplazo...
que su compañero?
Tú eras mi amigo.
Sigo siendo...
tu amigo.
Estamos en un mundo nuevo.
Y basta con que bajes...
¡esa maldita escopeta y me hagas caso, muchacho!
¿Lo escuchaste?
- Lo escuché. - Muy bien.
Lo llevaré a la cárcel.
No.
Como lo hacía Eddy.
¡De verdad lo harán!
Señorita Laura,
vamos a ahorcar al Gobernador sin haberlo enjuiciado.
Ya lo sé.
Cuando tuve la soga al cuello, fue usted quien me salvó.
Prefiero ser yo el que lo haga.
Con los años, Montana se llenará de estatuas de mí.
No es fácil.
Pero cumplí con mi labor.
Y, con el tiempo, me darán las gracias.
¿Te parece?
Con los años,
creo que el recuerdo que quedará de ti, es que acabaste en la horca.
Pero, la próxima semana, la ley vendrá por mí.
Y, si consiguen atraparme,
voy a estar donde estás tú, viendo las mismas caras.
Señora.
Lefty...
Tenías razón. Te debemos una disculpa.
Aquello no fue fácil.
Y los muchachos y yo...
te acompañaríamos.
Bueno, quédate con la señora Johnson, niño.
Con ella, aprenderás todo lo que no te puedo enseñar.
Muy pronto, ya te defenderás por tu cuenta...
Bill el Salvaje.
¡Arre!
LA BALADA DE LEFTY BROWN
LA BALADA DE LEFTY BROWN
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