Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
''Mi padre ha fallecido.
Venid, Gaveston.''
Mi padre ha fallecido.
Venid, Gaveston
y compartid este reino con vuestro estimado amigo.''
EDUARDO ll
''Mi padre ha fallecido. Venid, Gaveston,
y compartid este reino con vuestro estimado amigo.''
Palabras que me empalagan de placer.
� Qu� mayor bendici�n puede recaer sobre Gaveston
que vivir y ser el favorito de un rey?
Dulce pr�ncipe, all� voy.
Estas...
Estas l�neas amorosas me habr�an hecho venir a nado desde Francia
y como Leandro, jadeante en la arena,
para que vos me tom�is en vuestros brazos.
Londres a mis ojos de exiliado es como el el�seo
a un alma reci�n llegada.
No es que ame a la persona,
pero es lo que posee lo que pretendo tanto.
Se acab� inclinarse ante semejantes soberbios.
Mis rodillas tan s�lo se doblar�n ante el Rey.
Y la multitud, no son m�s que chispas
rastrilladas en el rescoldo de su pobreza...
que les jodan.
� Qu� sois vos?
Un viajero.
Dejadme ver.
Podr�ais servirme en la mesa y contarme mentiras en la cena.
� Qu� sois vosotros?
-Un marinero. -Un marinero.
Hay albergues para gente as�.
No acojo batallas y por tanto, se�ores, marchad.
No son hombres para m�.
Quiero poetas lascivos, complacientes.
M�sicos que, al acariciar una cuerda,
puedan atraer al d�cil rey a mi voluntad.
M�sica y poes�a son su debilidad.
Por ello tendr� m�scaras italianas por la noche,
dulces discursos, comedias,
espect�culos placenteros.
Mi se�or.
No bes�is mi mano.
Abrazadme, como hago con vos. �Por qu� arrodillaros?
�Acaso no sab�is quien soy?
Vuestro amigo,
vos mismo... Otro Gaveston.
Y desde que part� de aqu�,
ning�n alma en el infierno
ha sufrido mayor tormento que vuestro pobre
Gaveston.
�Ha vuelto ese depravado Gaveston?
S�, ilustr�sima,
y vive para vengarse de vos.
La �nica causa de su exilio.
Gaveston, si no sois reclamado...
deb�is regresar ahora mismo a Francia.
Para no ser irreverente a esos h�bitos,
no deber�ais arrastrar un pie fuera de este lugar.
Si mi dulce Gaveston se separara de m�,
esta isla se hundir�a en el oc�ano.
''Gaveston, si no sois reclamado,
deb�is regresar a Francia.''
Despojadle de su mitra dorada,
desgarrad su estola
y bautizadle de nuevo en el Canal.
Hermano, no pong�is manos violentas sobre �l
puesto que se quejar� al jefe en Roma.
Como si lo hace al del infierno.
Me vengar� de �l por mi exilio.
Perdonadle la vida,
arrebatadle sus bienes.
Sed vos el Obispo y recibid sus rentas.
Os lo entrego a vos, haced lo que os plazca.
lr� a prisi�n y morir� entre barrotes.
Confinad a este puto cura en la Torre.
Le conviene una prisi�n a su santidad.
Por esta ofensa, Dios os condenar� al infierno.
Yo os declaro Chambel�n mayor,
Secretario Jefe de Estado y M�o,
Conde de Cornualles,
Rey y Se�or de Man.
Mi se�or, estos t�tulos exceden mi val�a.
Vuestra val�a est� muy por encima de mis obsequios.
Y por ello, para igualarlo, recibid mi coraz�n.
Y si por estos honores sois envidiado,
os dar� m�s.
� Quer�is oro? Tomad mi tesoro.
Me bastar� con disfrutar de vuestro amor.
Bienvenido, amigo m�o.
Hermano.
El menor de esos t�tulos podr�a bastar para alguien
-de m�s alta alcurnia que Gaveston. -� Qu�?
�Te molesta que Gaveston se siente aqu�?
Es todo un honor y as� se har�.
Mi se�or, esos t�tulos exceden en mucho su val�a.
Basta, hermano,
no puedo tolerar esas palabras.
Primero su ropa sagrada fue rasgada y desgarrada.
Luego pusieron sus manos violentas sobre �l.
-Luego fue encarcelado. -Y sus bienes arrebatados.
Es cierto. El Obispo est� en la Torre
y todos sus bienes y posesiones entregadas a Gaveston.
� Qu�? �Es que quieren tiranizar a la lglesia?
Ah, maldito rey y maldito Gaveston.
Ni queremos ni pensamos tolerarlo.
�Es que nadie puede enfrentarse a ese esclavo?
Todos lo sufrimos, pero nadie se atreve a pronunciar palabra,
puesto que de la mano camina junto a nuestro Rey.
Es m�s, la guardia de su excelencia le aguarda
y toda la corte empieza a adularle.
Esta tierra, vilmente corrompida por sus pasos,
sin duda ser� su eterno sepulcro, o el m�o.
Lo arrancaremos del pecho del rey.
Y en la puerta del tribunal colgaremos a ese campesino
que est� inflado con el veneno del orgullo ambicioso.
Ser� la ruina de este reino y la nuestra.
Y la nuestra.
Su humor lascivo no me entristece, pero eso lo rechazo.
Que alguien de tan baja estofa, pueda, por gracia de su soberano,
-llegar a ser tan insolente. -Y llevarse los tesoros del reino.
Mientras los soldados se amotinan por su paga,
�l lleva a cuestas la fortuna de un se�or.
Y como si fuera Midas, la despilfarra en la corte.
Con gente de la peor cala�a a sus pies
cuyas vestimentas fant�sticas arman grandes espect�culos,
como si apareciera Proteo, el dios de las formas.
Mientras otros caminan por detr�s, el Rey y �l,
desde una ventana, se r�en de la gente como nosotros.
Y se mofan de nuestro cortejo
y se burlan de nuestro atuendo. Eso es lo que me impacienta.
Este Eduardo es la ruina imperial.
Vos, villano, �por qu� se habla de vos como de un rey
si apenas sois un caballero por nacimiento?
Si fuera un campesino, siendo mi sirviente,
me enorgullecer�a que os inclinarais ante �l.
-Si yo fuera rey. -Deshaceos del odioso Gaveston.
Tened, Mortimer,
llevad vos mi corona y sentaos en el trono.
�Hubo alguna vez alg�n rey tan desobedecido como yo?
Mirad donde la hermana del Rey de Francia se sienta
retorci�ndose las manos, golpe�ndose el pecho.
El Rey, me temo, la ha maltratado.
Duro es el coraz�n que hiere a una santa como �sta.
Ese Mortimer. Yo le dar� muerte.
Si nos am�is, mi se�or, odiad a Gaveston.
Estos condes, mi se�or, y yo mismo,
juramos ante el lecho de muerte de vuestro padre,
que �l jam�s regresar�a al reino.
Me quedar� con Gaveston,
y vos sabr�is qu� peligroso es oponerse al Rey.
-Bien dicho. -Se�or,
�por qu� os enfrent�is a vuestros semejantes
que por naturaleza os amar�n y honrar�n?
� C�mo os atrev�is a desafiar a un Rey en su cara?
Hermano, vengaos, y dejad que sus cabezas
prediquen sobre picotas por ofender con sus lenguas.
Nuestras cabezas.
V�monos. Dejemos a este rey enfermo.
Dos reyes en lnglaterra no pueden gobernar a la vez.
Pero no os vay�is, dejadme ser rey hasta el anochecer
para poder contemplar esa corona brillante
y que mis ojos reciban su �ltima satisfacci�n.
Mi cabeza, el �ltimo honor gracias a ella.
Y que ambos conjuntamente cedan su anhelado derecho.
Pero apenas puedo soportar perder mi corona
y mi reino sin motivo.
Pero...
Pero...
lo que el cielo dicte
debo obedecer.
Tened,
tomad mi corona.
� Qu� hac�is aqu� sentado?
Si desconfi�is, partir�, mi se�or.
No, no. No.
No.
�No!
No.
No, porque si ven�s a matarme,
deber�is regresar otra vez.
Por lo tanto, quedaos.
Se�ora,
-�ad�nde va su majestad tan deprisa? -Hacia el bosque, gentil Mortimer.
A vivir en desconsuelo y pernicioso descontento.
Porque ahora mi se�or, no me aprecia. Se recrea en el amor de Gaveston.
Acaricia sus mejillas y se reclina sobre su cuello.
Le sonr�e en su cara y le susurra al o�do.
Y, al verme, frunce el ce�o como si dijera:
''ld a donde os plazca, yo tengo a mi Gaveston.''
�No est� claro que est� embrujado?
A ese astuto y arribista lisonjero
expatriaremos o perderemos nuestras vidas.
El Rey desconf�a tanto que, si oye que he hablado con vos,
mi honor quedar� en entredicho.
Venga, vamos. Empujad, empujad. As� se hace, vamos.
Seguid as�, seguid as�. Vamos, esforzaos.
Arriba y apretad, atr�s.
Celebraciones de holgazanes, mascaradas,
espect�culos lascivos
y regalos pr�digos entregados a Gaveston
han dejado secos vuestros tesoros
y os han debilitado.
� Qui�n os ama sino una corte de aduladores?
�Es �ste el deber ante vuestro rey?
-Conocemos nuestro deber. -lndicarle sus semejantes.
�Por qu� am�is a quien el mundo tanto odia?
Porque me ama a m� m�s que al mundo entero.
Me ofend�is, Gaveston.
No solamente corromp�is a mi se�or
y sois una alcahueta para sus afectos,
sino que ahora deb�is cuestionar mi honor.
No era mi intenci�n, su alteza debe perdonarme.
Villano, sois vos quien me roba a mi se�or.
No, mi se�ora, fuisteis vos quien me rob� a mi se�or.
Suave brisa que sopl�is hacia Francia,
volveos temporal.
He aqu� la orden de expatriaci�n de Gaveston.
Os pido que suscrib�is vuestros nombres.
Permitidme.
Dadme ese papel. Anhelo escribir mi nombre.
El nombre de Mortimer estremecer� al Rey.
Deseo exiliarle de estas tierras.
A no ser que el Rey repudie a ese campesino.
Mi se�or, �os levantar�is en armas contra el Rey?
� Qu� necesidad tengo?
El mism�simo Dios ya se ha levantado.
''Mi ritroverai per una selva oscura.
Per la dirita via, dela sparita.''
''En pleno viaje de nuestra vida,
me encontr� en un bosque oscuro,
donde el camino recto desaparec�a.''
''A! Cuanto a dire cual era la cosa dura!''
Que un hombre de noble alcurnia pueda soportar esta visi�n...
Mirad con qu� menosprecio nos mira el campesino.
�Pueden los leones sentirse adulados por hormigas trepadoras?
Su ca�da es inminente.
Poned vuestras manos sobre el traidor Gaveston.
Vuestra merced hace bien en tenerlo a su lado.
Porque en ning�n otro sitio, estar� m�s seguro.
Suscribid, como hemos hecho, por su exilio.
Condenadle, si se niega y despu�s podremos destronarle
-y elegir a otro rey. -S�.
Maldecidme, destronadme,
lo peor que se os ocurra.
Vamos, vamos, firmad.
Hombres viles, salvajes y zafios buscar�an la ruina de mi Gaveston.
Vos, que sois noble, apiadaos de �l.
Vos, que nacisteis pr�ncipe, olvidadlo.
Por ello, firmad y dejad que Piers Gaveston parta.
O propondr� a los nobles del reino...
que olviden la obediencia y lealtad para con vos.
�No es cierto que est�is complacido de expatriarlo?
Estoy obligado y, por tanto, complacido.
En vez de tinta,
escribir� con mis l�grimas.
Cada vez
que nos decimos adi�s,
yo muero un poco.
Mi se�or, he o�do, aqu� y all�, que ser� desterrado.
�Es cierto?
Es cierto, dulce Gaveston.
Deb�is partir o ser� destronado.
Dulce amigo, tomadlo con paciencia.
Mi amor no disminuir� jam�s.
�Mi esperanza se ha convertido en este infierno de dolor?
Vos de esta tierra y yo de m� mismo estamos desterrados.
Viendo que debo partir, no renuevo mi pena.
�Acaso hubo rey m�s desobedecido que yo?
Es poco el tiempo que ten�is
y, por lo tanto, dejad que mi vista se recree.
Es algo digno de lamentar de un Rey.
... empiezo a cantar por ello.
No hay amor mejor.
Pero qu� extra�o el cambio,
de mayor a menor.
Cada vez
que nos decimos adi�s.
Cuando est�s cerca,
hay un aire de primavera.
Puedo escuchar a una larva
que empieza a cantar.
No hay amor mejor.
Pero qu� extra�o el cambio,
de mayor a menor.
Cada vez
que nos decimos adi�s.
Cu�nto corren para desterrar al que quiero.
No se mover�an si fuera por mi bien.
�Por qu� un rey debe estar sujeto a un cura?
En cuanto a los semejantes que apoyan as� a la iglesia,
si yo soy Rey, no vivir� ni uno.
Pero, �por qu� am�is a quien el mundo odia tanto?
Se ha ido,
y, por su ausencia, me lamento.
Jam�s la pena estuvo tan cerca de mi coraz�n.
Se ha ido.
Se ha ido.
No me adul�is, inmunda ramera.
Fuera.
�A qui�n, sino a mi marido, debo adular?
-A Mortimer. -Os equivoc�is.
�Vos familiariz�is demasiado con ese Mortimer!
Y, por ello, Gaveston fue desterrado.
Pero quiero que convenz�is a la nobleza,
o jam�s os reconciliar�is conmigo.
Su majestad sabe que no est� en mi mano.
Pues marchad.
No me toqu�is.
El cielo puede ver
que no amo m�s que a mi rey.
Cuando dej� mi dulce Francia y embarqu�,
la hechicera Circe,
caminando sobre las olas,
debi� cambiar mi apariencia.
O en el d�a de mi boda,
la copa de Himen,
estuviera envenenada.
O, con esos brazos
presionando sobre mi cuello,
me asfixiaran
y no viviera para ver,
como mi se�or
me abandona as�.
Debo suplicarle,
debo hablarle franca.
Y, poder as�,
traer a casa a Gaveston.
Y �l podr� mimar a Gaveston
y yo ser� infeliz para siempre.
Mi coraz�n es como un yunque apenado
que late como los martillos de C�clope
y, con el ruido, enloquece mi cerebro aturdido
y me desespero por mi Gaveston.
Hizo que una furia sin sangre emergiera del infierno
y, con mi cetro real, me golpe� hasta morir,
cuando me obligaron a abandonar a mi Gaveston.
� C�mo se encuentra su excelencia?
Ah, Mortimer.
En este momento, el Rey est� furioso
y confes� que no me ama en absoluto.
Ah, pues dejadlo ya, mi se�ora, no le am�is.
Querido Mortimer, se me orden� suplicaros su regreso del exilio.
Tal es la voluntad del rey y yo debo obedecer
o ser� expulsada de su presencia real.
�Eso es verdad? Fue bueno expulsarle del pa�s.
�Es cierto que debemos llamarle de nuevo?
Este motivo hace el blanco, negro y la noche cerrada, d�a.
�No desear�a ver a Gaveston muerto?
Me gustar�a.
Mis se�ores, detesto al vil Gaveston.
Espero que sus se�or�as no lo cuestionen.
Y, por ello, aunque solicito su regreso, no es por su bien,
sino por nuestro provecho y por el del reino.
Pero si estuviera aqu�, detestado como es,
cuan f�cil ser�a para mi sobornar a un siervo vil
para recibir a su se�or�a con un cuchillo.
�Por qu� no se hizo en un principio?
Porque, mis se�ores, no se nos ocurri�.
Mi buen se�or...
Mi buen se�or, he venido a traeros noticias.
�Hab�is confabulado con vuestro Mortimer?
Gaveston, mi se�or, ser� perdonado.
La noticia es demasiado buena para ser verdad.
Pero, �me amar�ais si as� fuera?
Si as� fuera, �qu� no har�a Eduardo?
Por Gaveston,
pero no por lsabel.
Por vos, bella reina, si vos am�is a Gaveston,
colgar� una lengua de oro de vuestro cuello,
viendo que hab�is suplicado con tanto �xito.
Ninguna joya cuelga de mi cuello, excepto �stas, mi se�or,
ni deseo obtener m�s riquezas que las de este tesoro.
C�mo un beso revive a la pobre lsabel.
Una vez m�s, recibid mi mano,
y que �ste momento sea un segundo enlace entre vos y yo.
Y que �ste sea m�s feliz que el primero.
El viento es bueno.
�Por qu� se demora?
Temo que haya naufragado en el mar.
-Mi se�or. -� Qu�? � Qu� nuevas?
�Ha llegado Gaveston?
No sabemos nada de Gaveston. �A qu� os refer�s?
No me aman los que odian a mi Gaveston.
Dejadle a su libre albedr�o.
Muchos reyes han tenido amantes masculinos.
El gran Alejandro amaba a Hefestion.
H�rcules el Conquistador, por Hilas lloraba.
Y por Patroclo, el duro Aquiles babeaba.
Y no s�lo reyes, sino los hombres m�s sabios.
Los romanos amaban a Octavio,
al serio S�crates, al salvaje Alcibiades.
Dejad a su alteza, cuya juventud es flexible,
y prometedle todo lo que desee,
que disfrute libremente de ese conde de pocas luces,
puesto que la madurez le har� apartarse de esos juguetes.
Vuestra ausencia me hizo marchitarme.
Pero, ahora, esta visi�n es m�s dulce que vuestra partida,
amarga e irritante para mi coraz�n.
Amado se�or, vuestro discurso me enmudece.
Aun as�, tengo palabras para expresar mi alegr�a.
El pastor castigado por la ira invernal,
no retoza m�s por ver la primavera llegar,
que yo al contemplar a su majestad.
� Qui�n sois? �La reina?
S�, Mortimer,
la reina desdichada...
cuyo l�nguido coraz�n e introspecci�n han estallado.
Y cuyo cuerpo de luto continuo, desperdiciado.
Estas manos est�n cansadas de separar a mi se�or de Gaveston,
del vil Gaveston.
Y todo en vano,
puesto que muy franca le soy,
y �l me ignora
y complace a su amado.
�Nadie de vosotros saluda a mi Gaveston?
�Saludarle?
�Saludarle?
-S�. -Bienvenido Chambel�n Mayor.
Bienvenido, es el buen Conde de Cornualles.
-Bienvenido. -Al Rey y Se�or de Man.
-Hermano, � los has o�do? -Estos condes y barones me utilizan.
-Mi se�or, no puedo soportarlo. -Atacad a sus cuellos.
Yo os autorizo.
Viles y anodinos condes,
de gloriosa alcurnia,
volved a vuestras casas a comer vuestras carnes.
No veng�is aqu� a mofaros de Gaveston,
cuyos altos pensamientos jam�s cayeron tan bajo
para posar su vista en una caterva como �sta.
Paga con tu vida.
Furioso Mortimer, �qu� hab�is hecho?
Pagar�is por este hecho criminal. Fuera de mi presencia.
No os acerqu�is a la corte.
No se me expulsar� de la corte por Gaveston.
Vigilad vuestra corona, si le respald�is as�.
Mortimer, estas palabras hieren a pesar de sus a�os.
Ahora todos conspir�is para crucificarme.
Pero si vivo, pisar� las cabezas de todos aquellos
que, con sus miradas, me pisan a m�.
Mi inflamado coraz�n, de la rabia explota.
Cu�n a menudo me han enga�ado mis semejantes.
Y no oso vengarme, puesto que su poder es grande.
Pero, �es que el cacareo de esas gallinas asusta a un le�n?
Eduardo, mostrad vuestras garras
y dejad que su sangre sacie vuestra sed de venganza.
Si soy cruel y devengo un tirano,
que se den las gracias
y se arrepientan tarde.
La corte est� desnuda, estando privada de aquellos
que hacen que un rey parezca glorioso al mundo.
Calumnias contra �l se oyen en las calles,
baladas y rimas compuestas de su destrono.
Pobre Gaveston,
no me tienes m�s que a m�.
Mortimer se ha envalentonado.
Y amenaza con guerras civiles sin pudor.
�Por qu� no le confin�is a la Torre?
No me atrevo,
puesto que el pueblo bien le quiere.
Ojal� Mortimer e lsabella lo celebren con veneno.
-�Lo conoc�is, Gaveston? -S�, mi se�or.
Se llama Spencer.
Por mi bien, dejad que sirva a su majestad.
Spencer, querido Spencer,
os adopto aqu�,
meramente por el amor de vuestro amo y se�or.
A pesar de los tiempos, a pesar de los enemigos.
Mi se�or, nada podr�a hacerme m�s feliz
que tener el favor de su majestad.
Mi se�or, veo que vuestro amor por Gaveston
ser� la ruina del reino y la vuestra.
Ahora los nobles amenazan con guerras.
Y, por tanto, hermano, desterradle para siempre.
�Sois un enemigo de Gaveston?
S�, y me duele haberle favorecido alguna vez.
Traidor.
Marchaos.
Lloriquead con Mortimer.
No me extra�a que soliviant�is a la nobleza,
si yo, vuestro hermano, soy rechazado as�.
Por amor a �sta, nuestra tierra natal,
me uno a vosotros y dejo al rey.
Me temo que sois enviado por inter�s,
para minarnos con vuestra prueba de amor.
Mi honor quedar� supeditado a mi verdad.
Nunca Plantagenet falt� a su palabra.
Por tanto, confiamos en vos.
Gaveston retoza con el rey.
Nosotros los cogeremos desprevenidos.
Nadie ser� tan osado como para tocar al rey.
Pero no interceder� por Gaveston, ni sus amigos.
Huid, aprisa. Esos condes tienen el poder.
Quedaos, mi se�or.
Nunca arremeter�n contra vos.
No conf�o en ellos, Gaveston. Partid.
Galopad deprisa, a trav�s del cielo
y la negra noche, en un herrumbroso carruaje.
Entre ambos, acortad el tiempo, os lo ruego,
para poder ver el d�a que m�s deseo,
cuando me encuentre con esos traidores en batalla.
�Por qu� el Rey y Gaveston han partido?
Vuestro ej�rcito dividido en dos direcciones perder�a fuerza.
Por esta andrajosa insignia de mis ancestros,
que barri� la costa desierta de ese mar muerto,
de donde proviene el nombre de Mortimer,
que avanzar�
y el toque a difuntos por Gaveston sonar� bien alto.
Perseguidlo r�pido y no podr� escapar.
El Rey le ha dejado y su s�quito es peque�o.
A�n as�, espero que mis penas acaben pronto.
Y que Gaveston, ese bendito d�a,
muera.
Aun as�, lujuriosos se�ores,
he escapado de vuestras manos,
vuestras amenazas,
advertencias y persecuciones encarnizadas.
Yaunque he partido del lado del Rey Eduardo,
Piers de Gaveston yace imp�vido,
respirando con esperanza.
Spencer,
ni las riquezas de mi reino podr�an rescatar a Gaveston.
Est� sentenciado a muerte. Conozco la maldad de Mortimer.
Vos, orgulloso alborotador de la paz de vuestro pa�s,
corruptor de vuestro rey, por estos motivos arder�is.
-Se�or Chambel�n. -Buen conde de Cornualles.
Se�or Gobernador de Man.
Monstruo de hombre,
no busqu�is otra fortuna, miserable, que la muerte.
Gracias a todos, mis se�ores,
Puesto que percibo que decapitarme es una muerte
y ahorcarme es la otra
y la muerte es todo.
Vamos, dejad que vuestra sombra departa con el Rey Eduardo.
Si yo fuera el Rey Eduardo, el soberano de lnglaterra,
hijo de la encantadora Leonor de Castilla,
el gran Eduardo Longshank,
� llevar�a estos andrajos, esta rabia
y sufrir�a desconsoladamente ante esos barones,
que me desaf�an as�, en mi propia tierra,
en mi propio reino?
Mi se�or, perdonad mis palabras.
�Retuvisteis la magnanimidad de vuestro padre?
�Ten�is en alta estima vuestro nombre?
�Acaso no sufr�s, majestad, al ser despojado de vuestra nobleza?
Arrancadles las cabezas y que prediquen desde las picotas.
Sin duda, tales lecciones ense�ar�n al resto,
ya que sus pr�dicas les ser�n de gran utilidad
y aprender�n a obedecer a su leg�timo rey.
S�, gentil Spencer,
hemos sido blandos, demasiado amables.
Pero ahora blandiremos nuestros aceros.
Consumad vuestra venganza ante esos barones
y no dej�is las muertes de vuestros amigos sin vengar.
Por la tierra, la madre com�n de todos nosotros,
por los cielos
y por todo el orbe que gira,
por esta mano derecha y por la espada de mi padre,
y por todos los honores pertenecientes a mi corona,
tomar� sus cabezas y sus vidas por �l,
tantas como casas, castillos,
ciudades y torres tengo.
�Traidor Mortimer!
Si soy el Rey de lnglaterra,
en lagos de sangre, vuestro tronco decapitado,
vuestro cuerpo arrastrar�.
Beber�is de vuestros despojos y os ahogar�is en vuestra sangre.
�Villanos, que hab�is matado a mi Gaveston!
''Barones alzados en armas por m�, saludan a su alteza
con larga vida y felicidad
y me piden que comunique a su majestad
que, sin derramamiento de sangre,
ten�is cura y ten�is remedio,
que de vuestra real persona expuls�is a ese Spencer,
cual rama putrefacta que mata a la vi�a real,
cuyas hojas doradas empalan vuestra principesca cabeza,
cuya diadema, el brillo de la cual a tan perniciosos arribistas ciega.
Dicen ellos, y afectuosamente aconsejan a su majestad,
que valore la virtud y la nobleza
y que tenga a los viejos senadores en alta estima
y que se deshaga de aduladores lisonjeros e hip�critas.''
Traidores. � Y siguen jact�ndose orgullosamente?
Rebeldes, que apuntar�an a su rey, a sus seguidores,
a sus amigos y a sus placeres.
Aun as�, marchad,
ved c�mo me separo de Spencer, mi amigo.
Marchad conmigo. Por Eduardo, coronado rey de nuevo.
Por San Jorge y por lnglaterra y por el bien del Rey Eduardo.
Los reyes mal gobernados son el motivo de esta ruina.
Y Eduardo, vuestra mano poco firme ha echado a perder estas tierras
y provocado que los canales del reino se desborden
con sangre de vuestro propio pueblo.
Basta asesinatos, basta mentiras. El amor libre nunca morir�.
Basta asesinatos, basta mentiras. El amor libre nunca morir�.
Y por las lesiones e injurias que Eduardo nos ha provocado,
su Reina y su tierra,
volvemos a alzar las armas para combatirlo con espadas.
Que la reina retome en paz
su credibilidad, su dignidad y su honor del Rey
que causa estragos a la salud de lnglaterra.
Bajo es vuestro orgullo.
Creo que inclin�is la cabeza.
Pero avanzaremos, traidor,
lleg� la hora de que venguemos todas vuestras bravuconer�as.
por el asesinato de nuestro querido amigo,
al cual vos bien sab�is que nuestra alma estaba unida.
El buen Piers de Gaveston,
mi dulce favorito.
Rebelde,
renegado,
vos le echasteis.
Maldito miserable que visteis al prisionero.
El pobre Piers, asesinado.
Me r�o de vuestras amenazas. Es temporal lo que pod�is infligirme.
Lo peor es la muerte
y mejor morir que vivir
bajo la infamia de un rey como vos.
� Un hermano? No, un asesino de sus amigos.
Soberbio Eduardo, �me proscrib�s de vuestra presencia?
Apoyar� a la Reina agraviada
y certificar� que no ten�is mano dura.
Rey antinatural,
matar a hombres nobles y estimar a aduladores.
Muchacho,
os sent�s decepcionado por esto
y pens�is que a�n podemos adaptarnos juntos.
No, no.
Llegamos demasiado lejos.
Maldito miserable.
�Por qu� os hab�is vos de toda la humanidad,
alzado en armas contra vuestro hermano y vuestro Rey?
No me gusta ese ablandamiento.
Lamento la mala fortuna de mi se�or,
pero el bien de este pa�s me llev� a esta horrible guerra.
Creo que el Rey Eduardo nos vencer� a todos.
Jaque mate.
Esta vida contemplativa es el cielo.
Que esta vida tranquila pudiera yo llevar.
En vuestro regazo, reclino mi cabeza,
abrumada por tantas preocupaciones.
Ojal� no volviera a abrir estos ojos,
que jam�s volviera a levantar esta cabeza inclinada,
que nunca m�s latiera este coraz�n moribundo.
Cuidado, mi se�or, esta so�era no puede ser buena.
Aqu� ten�is una litera para vuestra alteza,
que espera vuestro placer y el d�a se nos echa encima.
� Una litera, dec�s?
Tumbadme en un ata�d
y hacia las puertas del infierno, enviadme desde aqu�.
Que Plut�n toque campanadas a muerto por m�
y a�lle por mi muerte en la orilla de Caronte,
puesto que amigos, Eduardo no tiene
m�s que a �l.
Y �l
debe morir bajo la espada del tirano.
Oh, d�a,
el �ltimo de dicha en la tierra.
Batallas triunfales le dan al Dios de Reyes,
a los que luchan justamente
y temen su ira.
Desde entonces, hemos gobernado con certeza
gracias al gran arquitecto del Cielo.
Y a vos.
Se�ora, sin ofensa, si puedo preguntar,
�c�mo tratar� con Eduardo en su ca�da?
Decidme, �a qu� Eduardo os refer�s?
A vuestro padre.
No le llamar� rey.
�Basta!
El noble Eduardo ya no est�.
Parti� de aqu�, parti� de vos.
Mi alma...
Maric�n.
Continuad vos, sol celestial,
nunca dej�is que la noche posea este paraje.
Permaneced quietos, vosotros, relojes de los elementos.
Todas las horas y estaciones, quedaos donde est�is.
Que Eduardo siga siendo el justo Rey de lnglaterra.
Os merec�is todo esto, querido Mortimer.
lsabel podr�a vivir toda la vida con vos.
Quedaos convencido de que os quiero bien.
Bella lsabel, ahora tenemos nuestro deseo.
Los orgullosos corruptores de un rey d�bil de esp�ritu
han rendido tributo a la sublime horca.
El propio Eduardo resta cautivo
y nosotros gobernaremos el reino.
No es la primera vez que he matado.
Aprend� en N�poles a envenenar flores,
a estrangular con un golpe seco en el cuello,
a perforar la tr�quea con la punta de una aguja.
O mientras duermen,
a tomar una pluma y soplar un poco de polvo en sus pulmones.
O a abrir su boca y verter mercurio.
Pero tengo m�todos m�s heroicos que esos.
Yo, yo y nadie m�s deber� saber c�mo muri�.
Mientras no queden testigos, me da igual.
Encomendadme humildemente a su majestad
y decidle
que me esfuerzo en vano
para aliviar su dolor y conseguir su libertad.
Y llevadle esto, como prueba de mi amor.
Le matar�is cuando la cesi�n est� hecha.
Mi dieta diaria son llantos descorazonadores
que pudren casi el armario de mi coraz�n.
La Reina nos env�a para ver c�mo est�is,
pues ella se apiada de vuestra desdicha.
Decidle a lsabel, cuyos ojos se han tornado acero
que echar�an fuego antes que derramar una l�grima,
que esta mazmorra donde me retienen es la cloaca
a la que va a parar toda la inmundicia del castillo.
Y aqu�, inmerso en este cenagal encharcado,
he estado durante diez d�as.
Y por miedo a dormir, uno no deja de golpearse el cuerpo.
Me dan pan y agua, siendo rey.
Por falta de sue�o y sustento,
mi mente est� perturbada
y mi cuerpo entumecido.
Y si tengo extremidades o no, no lo s�.
Ojal� mi sangre se filtrara por mis venas
como el agua por estas vestiduras andrajosas.
No m�s, mi se�or, me part�s el coraz�n.
Tumbaos.
Si las palabras gentiles pudieran reconfortarme,
vuestros discursos habr�an aliviado las penas,
puesto que amable y atento siempre fuisteis.
Tened paciencia, no os lament�is.
lmaginad que esta prisi�n fuera vuestra corte.
Aqu� Londres. La vida del Rey sigue siendo...
Dejadle ser Rey. Soy muy joven para reinar.
No os quej�is, es la voluntad de vuestro padre.
Dejadme ver al Rey primero. Entonces, lo har�.
-Claro que s�, querido sobrino. -Hermano, sab�is que es imposible.
-�Por qu�? �Est� muerto? -No, Dios no quiera.
Esas palabras son muy falsas.
Mi se�or, su hermano ha traicionado al Rey y, por tanto, no os fi�is.
Venid, hijo, con este gentil caballero y conmigo.
Con vos ir�, pero no con Mortimer.
Entonces, jovencito, os llevar� a la fuerza.
Socorro, t�o Kent. Mortimer me har� da�o.
Qu� miserable es ese bienestar com�n,
donde los se�ores guardan corte
y los Reyes est�n confinados en prisiones.
�lntentasteis rescatarle?
Es nuestro Rey.
Es mi t�o.
Es vuestro enemigo.
�Sois vos Rey? �Debo morir a vuestro antojo?
Mi hermano o su hijo son reyes.
Y ninguno de ellos desea mi sangre.
�D�nde puedo buscar refugio?
No tem�is, muchacho.
Si vuestro t�o viviera, se cobrar�a vuestra vida.
Es un traidor, no pens�is m�s en �l.
Venid.
Rubrico, revoco.
Hago lo que me place.
Temido soy m�s que amado.
Pues que sea temido
y, cuando frunza el ce�o, que la corte palidezca.
Ahora soy el protector.
Lo que es seguro es que la Reina y Mortimer
gobernar�n el reino y nadie nos gobernar�.
A mis enemigos acosar�, a mis amigos promocionar�
y lo que desee ordenar�.
Querido Mortimer,
la vida de lsabel,
quedaos convencido, de que os quiero bien.
Algo sigue zumbando en mis o�dos.
Y me dice que si duermo, no despertar�.
S� que ven�s a matarme.
� Qu� le hace a su alteza desconfiar?
Perdonadme, la congoja me vuelve lun�tico.
Sabed que soy Rey.
Ese nombre... Siento una gran congoja.
� Y mi corona?
No est�.
No est�.
� Y yo sigo vivo?
Estas manos nunca se mancharon con sangre inocente.
Ni se manchar�n con la de un Rey.
Muy bien.
S� que la pr�xima noticia que traig�is ser� mi muerte.
Y bienvenida ser�.
Para los hombres desdichados, la muerte es felicidad.
Todos los lugares son iguales
y toda tierra es buena para enterrar.
Esa mirada vuestra s�lo puede augurar muerte.
Veo mi tragedia escrita en vuestro rostro.
Pero esperad, reprimid esa mano sangrienta
y dejadme ver el golpe antes de que llegue.
Fortuna cruel,
ahora veo que, en vuestra rueda, hay un punto
al que, cuando los hombres aspiran,
van cabeza abajo.
A ese punto llegu�
y, viendo que m�s alto no pod�a llegar,
�por qu� debo lamentar mi ca�da precipitada?
� Qu� son los reyes, cuando los regimientos desaparecen,
sino sombras perfectas a la luz del d�a?
No lo s�, pero de esto estoy seguro,
que la muerte todo lo acaba y s�lo puedo morir una vez.
Venid muerte
y con vuestros dedos cerrad mis ojos.
O, si vivo, dejad que me olvide de m� mismo.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.