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EL LOBO DE LA SILA
Esta inmensa extensión de bosques, rocas y lagos,
forman un lugar lleno de fascinación, La Sila, en el corazón de Calabria.
Los hombres que allí nacen y viven, son de una raza generosa y fuerte.
En ellos, el corazón permanece niño,
las pasiones son violentas y puras como la naturaleza.
El destino sigue el curso de las estaciones, del sol, de las tormentas.
En la soledad y en el silencio de La Sila,
se pierde el límite entre la realidad y la leyenda.
Esto es lo que ocurre en esta historia de amor y de sangre,
que fue trágicamente real,
y ahora es casi un sueño.
Nació en una noche de luna.
¿Qué sucede?
- ¡Pietro, vámonos! - No es nada, Orsola.
- Un guarda debe de haber disparado. - ¿Y si nos ha visto?
Mejor, ¿no?
Deberíamos tener el coraje de decírselo a todos:
que pensamos casarnos.
Mi hermano no permitiría nuestra boda.
Ya sabes cómo son los hombres de mi familia.
- Rocco es tan orgulloso, no lo aceptará. - No queremos nada de Rocco.
- Podemos renunciar a todo. - Sí.
Trabajaré. Seremos... más ricos que él.
- ¿Confías en mí? - Sí.
Haré todo lo que tú quieras, no tengo miedo de nadie.
- ¡Pietro! - ¿Qué pasa?
Y vosotros, ¿qué hacéis aquí?
¡Te están esperando!
Un momento, señora.
- Pietro, tenemos que hablar. - ¿Sobre qué?
- ¿Ahora vuelves? - ¿Por qué? ¿está prohibido?
- ¿Dónde has estado toda la noche? - ¿Y a quién le importa?
Por tu interés, Pietro, ¿dónde has pasado la noche?
¿Por qué he de decírtelo?
Han encontrado muerto a Beppe Salina cerca de la carretera.
¿Muerto?
Yo no tengo nada que ver.
Ayer por la noche en la tienda del aserradero,
os peleasteis.
Sabéis mejor que yo cómo era ese tipo, sobre todo cuando bebía.
- ¿Con quién no se peleaba? - El último fuiste tú.
Es del mismo calibre.
Todos aquí tienen el mismo calibre.
Escucha. Dime, ¿dónde has estado esta noche?
- Dando una vuelta. - ¿Dónde?
No te importa.
Pietro, ¿por qué no lo dices? ¿Qué has hecho, hijo?
Nada, mamá, no te preocupes. Yo no he matado a nadie.
Eso lo decidirá el brigada.
Mamá, ¿que pasa? ¿Por qué se llevan a Pietro?
Tranquila, Pietro no ha hecho nada.
Venga, vamos, tenemos que ir al pueblo, hija mía.
- Tengo una razón para no decirlo. - ¿Pero es que no te das cuenta?
Se han quedado tu fusil, están interrogando a todos los del pueblo.
Ellos creen que has sido tú.
¡Muy bien, pues que pregunten a todos!
¡No soy yo quien tiene que hablar, no puedo!
Yo... no lo he matado, no te preocupes.
Que no me preocupe.
Ya hace tiempo que sé dónde vas por las noches.
Pero si tú no quieres hablar, ¿qué puedo pensar?
Ya que lo sabes, no deberías entrometerte.
Esto no tiene nada que ver con nosotros.
Dios lo quiera.
¡No te abandonaré!
¿Qué vas a hacer, mamá? ¡Mamá, escúchame!
¡No quiero, no quiero!
¡Tira de las riendas! ¡Eso, fuerte, fuerte! ¡Fuerte!
Bien, así.
¡Esa espalda, Salvatore! ¡Aprieta las rodillas!
¡Fuerte, fuerte!
¡Los talones! ¡Los talones!
Así. Bien, bien.
¡La espalda recta, Salvatore!
¡Y aprieta las rodillas todo lo que puedas!
Para aprender a montar a caballo, lo primero que hay que hacer es caerse.
Quiero subir otra vez, papá.
No, por hoy será suficiente con una caída.
Llévalo al establo, vamos.
- Buenos días, don Rocco. - Buenos días.
He sabido lo de su hijo, ¿qué ha pasado?
Por favor, don Rocco, necesito hablar con usted. Ahora mismo.
¿Conmigo?
Como quiera. Pero será mejor que entremos en casa.
- ¿Es su hija? - Sí.
- Podría quedarse aquí fuera con mi hijo. - Sí, creo que será lo mejor.
Venga conmigo.
¿Sabes montar a caballo? Mírame.
¿Quieres subirte tú también? Te divertirás.
¡Déjame en paz, no tengo ganas de jugar!
No lo entiendo. ¿Y no puede decírmelo?
Muy bien.
¡Orsola!
¡Orsola!
Esta señora quiere hablarte.
A mi hijo le ha pasado una desgracia.
Es Pietro...
Le han detenido.
¿Y bien?
Esta noche en la carretera han matado a Beppe Salina,
pero yo sé que no lo ha hecho mi hijo. Pietro no estaba allí...
y tú sabes dónde estaba.
¡Orsola!
¿Qué tienes que ver tú con esto?
Ella ... lo sabe y debe decirlo.
Tú quieres a Pietro, ¿verdad?
Pues bien, eres la única que puede salvarle si dices la verdad,
pero si te callas, está perdido.
¿Qué es lo que debo hacer? No sé, dígamelo usted.
¡Cómo! ¿Yo debo decírtelo? ¡Entonces tú no quieres a mi hijo!
¿Es que no lo entiendes? ¡Se trata de su vida! ¡No lo entiendes!
¡Él ha estado contigo esta noche!
¡Basta! ¡No debería haber venido!
¡Con este cuento para salvar a su hijo
quiere avergonzar a mi familia ante todo el pueblo!
- ¡Déjame hablar! - ¡Calla!
¡No, es cierto! ¡Él no ha hecho nada, es inocente, tengo que decir la verdad!
¡Cállate! ¡Sube a tu habitación ahora mismo! ¡Basta!
¡Fuera, fuera, largo! ¡Fuera de aquí!
- ¡Orsola! - ¡Escuche...!
¡No se les ocurra ni a usted ni a su hijo difamar a mi hermana!
- ¡Yo te maldigo! - ¡Fuera!
- ¡Pietro! ¡Pietro! - ¡Rosaria!
¡He estado en su casa, no piensa hablar!
¡Tienes que defenderte!
- ¿Por qué has ido? - ¡Pietro! Pietro!
¡Pietro!
¡Iros de aquí, volved a casa!
¡Dejarán que te condenen, me han humillado!
¡Han ido a la policía, me han dicho que estoy loca!
No importa, ya sé lo que debo hacer.
¡Oh, Pietro!
¡Pietro!
Pietro... hijo mío.
Muy bien, come.
Come...
¡Oh Pietro, virgen Santa!
¡Pietro!
Rosaria, ¿has visto cómo he vuelto, eh?
¿Cómo lo has hecho?
Como tenía que hacerlo. Me he escapado.
- Me están persiguiendo. - ¿Estás loco?
- ¿Dónde vas a ir? - Ya verás.
Orsola no quiere hablar. ¡Quiero ver su cara cuando me vea!
¡No, no es ella, no es ella, no es ella, es su hermano!
- ¡Así ajustaré las cuentas con los dos! - ¡No! ¿Buscas tu ruina?
- Por favor, Pietro, déjalo. - La Sila es grande.
Todas las noches nos veíamos a esta hora.
No debes decirle a nadie que me has visto.
¡Pietro, Pietro, cuidado! ¡Cuidado, Pietro!
¡Pietro, sabemos que estás ahí, sal fuera!
- ¡Entrégate! - ¡No!
- ¡Entrégate! - ¡Antes tengo que ver a Orsola!
¡No dejaré que me cojan vivo!
¡Mamá, mamá, mamá!
Aparta, hija. ¡Debemos entregarle!
- ¡Debemos entregarle! - ¡No, no, no!
¡Por favor, no disparen! ¡Él saldrá, saldrá!
¡No disparen más! ¡No disparen! ¡No disparen!
Mamá.
Mamá.
¡Mamá...!
Mamá.
Mamá.
Mamá.
Desde aquel día, han pasado muchos años.
En la casa abandonada, la sequía del verano y el hielo del invierno,
han dejado la profunda huella del tiempo.
De la tragedia, ha quedado en la memoria de los hombres,
sólo una turbia leyenda de amor y de sangre.
Y en la tierra...
dos cruces.
PIETRO CAMPOLO, 1938 ANNA CAMPOLO, 1938
¡Gennaro!
Gennaro.
Gennaro.
Vamos...
¡Despierta! ¡Vamos, vamos, arriba!
Ya voy, ya voy, ya voy. ¿Por qué me despiertas?
¡Oh, eh, señor...!
¡Menudo guardián estás hecho! Ya pueden venir ladrones,
o lobos, tú seguirías durmiendo.
Pues que se atrevan a venir,
que encontrarán a Gennaro, y les dará su merecido.
Vamos, vamos, espabila de una vez, que este año hay mucho trabajo.
Entonces se va a hacer usted de oro,
A su hijo le trata muy bien, le da usted mucho dinero
Claro, como es joven y está en la ciudad, lo necesita.
¿Sabe? Me cae tan simpático...
- ¿Dónde está el libro? - Ahí abajo.
Ah, don Rocco...
¿Tendría la amabilidad de tirarme estas dos cartas?
- Mujeres, mujeres. - Sí, dos, dos.
Una en Nápoles, y la otra en Milán.
Acababa de casarme y tuve que ir por los negocios a Milán,
y conocí una milanesa. Mi mujer se enteró, y nos cogió in fraganti.
- Montó un escándalo... - ¿Está pagado?
Sí, está pagado, sí.
Un escándalo que revolucionó a Milán y a toda la provincia.
Y aquí estoy, en medio de la nieve y de estos tablones.
Oh, mi vida es un romance, una epopeya. ¿Sabe una cosa, don Rocco?
- Eh, sí, sí. Muy bien, Gennaro. - No se lo imagina.
¿Recuerdas todo lo que tienes que hacer? - Sí, claro.
- No te olvides de las cuentas. - Sí, señor, no se preocupe.
- Te lo repito, hay mucho trabajo. - Vaya tranquilo.
- ¡Lobo! - Lobo, te llama el señor.
Vamos, Lobo.
¡Lobo!
¡Lobo!
¡Orsola!
¡Orsola!
Ya era hora.
¿Dónde te habías metido?
- ¿Quién es? - No lo sé.
Estaba desmayada. Ten, dáselo.
Gracias, ya estoy mejor.
Has tenido mucha suerte.
Debes darle las gracias a Lobo, él te encontró.
Me bajé del coche de línea que iba a Serra.
¿Por qué no has esperado al correo? Pasa muy cerca de Serra.
No llegaba nunca, decidí ir a pie. Estaba cansada...
y no sabía que la carretera era tan larga. Ahora estoy mejor.
No sé cómo agradecérselo.
- Querría vestirme. - Tu ropa está húmeda.
Así que ibas a Serra. ¿A quién vas a ver?
A la familia Molinari, me han ofrecido un trabajo, vengo desde Cosenza.
Ah, los Molinari. Les conozco.
Irás mañana, esta noche quédate aquí. Prepara la cama.
Ven.
¿Cómo te llamas?
Rosaria... Rossi.
Y que duerma en la cama de Salvatore.
Y recuerda que mañana vendrán los hombres por los cerdos.
- Buenos días, Sr. Rocco. - Buenos días.
- Buenos días. - Buenos días.
Sr. Rocco, ¿quiere trabajar un poco para usted?
¿Y por qué no?
- ¿Y tú también colaboras? - He visto que había tanto que hacer.
¿Se te ha pasado el frío?
Con un buen descanso todo vuelve a la normalidad.
Eres muy valiente.
Si quiere puedo quedarme aquí hasta que termine todo el trabajo.
¿Por qué se ríe? También se lo he dicho a su hermana.
Ah, ¿sí?
Tira, tira. ¿Pero no habías dicho que tenías que irte a Serra?
¿No quiere que me quede?
Tullio, sigue tú.
Para mí, trabajar aquí o en Serra es lo mismo.
De acuerdo. Entonces quédate.
Este cerdo al menos pesará un quintal y medio.
¡Vamos, rápido, rápido! ¿Estáis dormidos o qué? ¡Vamos!
Muy bien, ahora carga ese. Dejadlos aquí, venga. Caramba...
11, 12, 13, 14, 15, 16...
¡Madre mía, cómo está esa!
24, 28, 35, 36...
¿Pero cómo 36? ¡Estás contando mal!
Oh, Dios mío, me he equivocado.
¡Parad todos, empezamos de nuevo!
- Perdone, me he equivocado. - No te preocupes.
¿Has visto, Gennaro? ¡Que puntualidad!
¡Salvatore! ¡Salvatore!
¡Baja por allí! ¡Por allí! Y vosotros, continuad.
¡Vamos, trabajad, adelante!
- ¡Papá! - ¡Salvatore! Salvatore, hijo mío.
¿Cómo va? ¡Tonino, ven a coger la maleta!
Tienes buen aspecto, papá, estás mucho mejor
que cuando me fui. Pareces un jovenzuelo.
Hay mucho trabajo, ya vamos por la segunda remesa.
- Y la tía Orsola, ¿cómo está? - Como siempre, en casa.
Gennaro siempre me preguntaba cuándo regresarías.
- ¿Siempre es tan divertido ese Gennaro? - Sí, desde que nació.
Bienvenido don Salvatore. Siempre tan puntual.
Cuando viene la feria, su hijo nunca falla.
- ¿Cómo te va, Gennaro? - Aah...
Dime, ¿ya has encontrado a tu tercera mujer?
Tengo aún alguna esperanza.
Aún nos queda para una hora. ¿Esperas y vamos a casa juntos?
- No, preferiría irme ahora mismo. - De acuerdo, ve.
- Adiós - Adiós.
Qué simpático.
- Vamos, vamos, a trabajar. - Sí, venga, a trabajar.
- ¡Deprisa, ya es tarde, no os durmáis! - 84, 87...
Gracias. Toma, para ti.
¡Tía Orsola! ¡Tía Orsola!
- Soy yo. - ¡Salvatore!
- Hola, tía Orsolina, ¿cómo estás? - ¡Oh, Dios mío, has crecido aún más!
He venido a pasar las fiestas con vosotros.
¿Estás contenta de verme?
¿Y me lo preguntas? Será mejor que vayas a descansar un rato.
Ah, no te preocupes, no estoy muy cansado.
Hay algo nuevo aquí dentro, no sabría explicártelo...
- Pero me gusta muchísimo - Pues yo no encuentro nada nuevo.
¿Que no?, es la primera vez que veo flores en esta casa.
- Ah... sí, puede ser. - Te he traído una cosa.
Salvatore... no tienes por qué hacerme regalos.
- ¿No te gusta? - Claro.
- ¡Es bonito! - ¿Entonces...?
Pero no son cosas para mí, no salgo nunca.
Por eso. Mira, pareces otra.
No, Salvatore, yo no me pongo estas prendas. Mira...
Le queda bien, ¿verdad?
Tú no eres de esta región. No te había visto nunca.
Lleva aquí un tiempo. Me ayuda en las tareas de casa.
Te queda muy bien.
Quizá lo que hayas encontrado nuevo aquí dentro, sea por méritos suyos.
Si quieres subir, la habitación está lista.
Sí, ahora iré.
- Yo la subiré. - No, lo haré yo.
¡Eh, papá! Le das fuerte, ¿eh?
Este año la prueba la ganas tú, lo saben todos.
Ya lo creo.
Pero llegará el día en que alguien te gane, no lo dudes.
Aún tengo cuerda para rato.
Verás, no basta con la fuerza, se necesita precisión y manos firmes.
Años de ejercicio. Saber controlar tus propios nervios.
Es una cuestión de carácter.
Dame un poco de agua.
¿Acaso tú también me quieres desafiar este año?
¿Por qué no hablas con la tía Orsola? Ella es muy amiga del párroco.
Te puede hacer una novena, seguramente me ganarás.
¡Papá!
¡Tía Orsola!
Tía.
- ¿Qué quieres? - ¿Te pasa algo?
- Nunca te había visto tan triste. - No es nada, te lo aseguro.
No puede ver reír a nadie.
Mírala ¿lo ves? Si todos hiciéramos lo mismo...
¿No te das cuenta? Ni siquiera responde.
Con esa cara que parece Santa Lucía, pero llena de veneno.
Nunca se la oye, pero siempre te la encuentras detrás de ti.
Trae malos augurios a esta casa.
Cuando venía hacia aquí pensaba que todo esto habría acabado,
pero veo que sigue igual.
Díselo a ella, díselo a tu tía.
Yo he hecho por ella todo lo que tenía que hacer, no te preocupes.
Y aún es capaz de echármelo en cara.
Sí.
¿Quiere alguna cosa mas?
- ¿Qué hacías ahí dentro? - Estaba lavando la ropa.
¿Puedo irme ya?
Ah, es usted. ¿No tiene sueño?
¿No oye a los jóvenes? Están todos enamorados.
¿Porque cantan? Usted también lo hacía.
Yo no, me contento con repetir las letras de sus canciones.
- No le creo, me está engañando - Es la verdad.
Pero nadie ha dicho que mañana en la feria no encuentre a alguien.
Ya veremos.
Bailar es algo divertido. ¿Vendrás mañana?
No, creo que yo no podré ir a la feria.
¿Pero por qué Rosaria? Me gustaría que fueras.
Se avisa a la población que por orden del alcalde,
las gallinas, cerdos y otros animales, dicho con todo el respeto,
que se encuentren en este recinto, aquí deben quedarse,
y si se les ve caminar por las calles del pueblo serán multados,
y si oponen resistencia a la autoridad, podrán ser arrestados.
- Yo, de usted, cogería a ese. - ¿Cuánto quiere por estos?
Ah, 16.000.
Pero si esta mañana me lo ofrecía por dos.
Yo no puedo bajar más el precio.
Lo hablaremos después de la misa, ¿eh?
¡Mirad que tela, es una preciosidad!
¡Os la dejaré a buen precio! ¡Es una maravilla!
¡Venid, venid, comprad aquí y saldréis ganando!
¡Las mejores telas, pura lana! ¡Mirad, mirad!
¡Encontraréis de todo, de todo!
¡Venid, venid, comprad aquí, las mejores telas!
Bonitas, muy bonitas.
Perfectas, como tus ojos.
¿No te gusta este marco?
Escuchad, galanes de esta comarca,
no paséis sin deteneos, muchachos
La historia que yo cuento es verdadera,
y ocurrió en una noche, oscura y negra.
Volvió este soldado de la cruel guerra.
Todas le llevaban en sus corazones, igual sus paisanas que las forasteras,
mas a una sola le daba sus amores.
La enamorada le correspondía, porque le amaba en verdad profundamente.
Y cuando la luna en el cielo salía, se encontraban muy ocultamente.
Hallaron en el bosque muerto a un hombre,
alguno acusó del caso al joven.
No quiso comprometer a su enamorada,
cuando ante su madre y su hermana le arrestaron.
En prisión es triste y solo, y confinado, se sintió de todos abandonado.
Tanto, que perdió hasta la razón. Rompió las rejas y abandonó la prisión.
Una noche regresó el buen muchacho a la casa de su madre junto al lago.
Madre e hija, con el corazón angustiado.
Vienen los policías, y alrededor de la casa se sitúan
Llora la madre, llora también la hija, él piensa en la ingrata enamorada,
pero su amor en ella siempre confía.
Centellean las estrellas sobre el lago, el brigadier apunta bien su disparo.
Una, dos veces, tres, hasta que cae muerto.
También la madre cae muerta al suelo.
De la escena de sangre, pobrecilla, única espectadora es la chiquilla.
Este es el triste final de este oscuro cuento.
Le mató el brigadier de un tiro cruento.
Aúlla su alma en el bosque sombrío, parece la voz de un lobo herido.
¿Te he asustado?
No, ¿por qué?
¿Qué haces sola? Ven conmigo.
- Tengo que volver, tu tía me espera - ¿Pero qué estás diciendo?
La tía Orsola siempre ha estado sola.
- ¡No puedo! - Vamos a la plaza.
Aquí está.
Dejémoslo al precio que te he ofrecido, y no se hable más.
Pero don Rocco, no encontrará dos animales como estos en toda la feria.
- ¿Tú qué dices, Gennaro? - Este... parece estar bien.
Les aseguro que son extraordinarios.
Los cuernos no son como a mí me gustan: bellos, grandes retorcidos.
- ¿A qué viene esto? - ¿Cómo que a qué viene?
¿No sabe aquello de "El hombre por la palabra, y el buey por los cuernos", eh?
Muy bien, lo dejaremos para otra ocasión.
¿Ya has vuelto, Rosaria?
- ¿No estabas a gusto en la feria? - Sabía que se quedaba sola en casa.
No debes preocuparte por lo que haga yo, las fiestas no están hechas para mí.
Pero tú eres joven. Nadie puede obligarte a que te encierres, Rosaria.
Vístete. Venga, hay baile, ve a divertirte.
¿Al baile? ¿Sola?
¿Crees que estarás mucho tiempo sola?
¿Con este vestido?
Yo te daré uno. Ven.
Pasa... pasa.
Espera.
Hace tantos años que lo hice, para un día de fiesta
Nunca me lo he puesto.
Ten.
Te quedará muy bien.
¿Te has fijado? Eres la más guapa del pueblo.
Es guapísima.
¿No te acompaña nadie?
Quiero ser tu pareja, ¿bailamos?
¿A qué vienen esos aires? ¿Quién eres, la hija del alcalde?
¡Largo, largo!
Si tenéis que decirle alguna cosa a la señorita, decídmela a mí.
¿Quién eres tú? ¿Su protector?
Han tenido miedo de ti.
Estás muy bonita con ese vestido.
¿Te quedarás conmigo toda la noche?
Ahí está.
Ahora bailarás conmigo.
¡Vamos!
¡Fuerte!..., ¡Bien!
¡Don Rocco! ¡Venga aquí, venga aquí!
¿Qué ocurre?
Su hijo se está peleando con uno de los Cariatti, ¡Están ahí!
¡Apartaos! ¡Apartaos!
¡Dejadlo!
¡Basta, basta, quietos!
¡Basta!
Estoy harto de ti, ¡vete al diablo! ¡Tú, ven aquí!
¡Ven!
¡Ven, ven, ven!... vamos.
¡Eh, que empiezan, vamos!
¡Que ya empiezan los fuegos!
Cuando una mujer está sola por la noche, no debe sorprenderse ...
si se toman demasiadas confianzas.
No estaba sola, yo iba con ella.
¡Así que fuisteis juntos!
No.
¿Y quién te ha dicho que fueras?
Yo.
Has hecho bien en salir en su defensa.
Esperaremos que no vuelva a ocurrir otra vez.
En esta casa las mujeres no salen solas.
¿Estás seguro?
¡Y tú, lávate ese vestido!
- La comida está lista. - Yo ya he comido. ¡Que os aproveche!
No tienes que hacer caso de lo que diga mi padre.
Él siempre está así.
No debería haber salido.
Yo creo que has hecho bien.
¡Eres tan bonita, Rosaria!
No te podré escribir, ¿lo entiendes?
¿Cuándo volverás?
Lo antes posible.
Y si mi padre te riñe, procura pensar en mí. Y sobre todo, aguanta.
Sí, Salvatore.
Entonces, ¿me esperarás?
Sí.
¿Qué haces aquí?
Nada.
Sólo miraba.
- ¿De quién era esta casa? - No lo sé, vamos.
¿Cómo has llegado hasta aquí?
Cuando llegué al pueblo y vi esta casa abandonada... sentí curiosidad,
y hoy he decidido verla.
Hay algo muy extraño ahí dentro, ¿no le parece?
- Me hace pensar... - ¿En qué?
No sé.
No debes volver más.
- ¿Por qué? - Por nada.
No me gusta que te alejes demasiado.
¿Cómo ha sabido que estaba ahí dentro?
No lo sabía, ha sido Lobo quién te ha encontrado.
Regresaba de la estación cuando ha empezado a correr,
y me ha traído hasta aquí. ¡Quieto Lobo!
¡Hola, Lobo!
Tú sí que me quieres, ¿verdad?
Te encontraría aunque te fueras al fin del mundo.
Sí, lo sé que estás contento de verme, y yo también.
Tú me has salvado, y yo siempre lo recordaré.
¿Me entiendes? ¡Siempre!
¿Que quieres decirme? ¿Que me quieres?
¡Vamos, habla!
¡Di que me quieres!
¡Basta!
¿Acaso he dicho algo que no debiera?
Claro que no.
Entonces, ¿por qué me mira así?
Así, ¿cómo?
Cuando me mira usted... tengo vergüenza.
Vamos, vete a casa.
Ya has dicho bastantes tonterías. Vete.
- Buenas tardes don Rocco. - Dejadlo por hoy. Podéis iros.
Ya habéis acabado.
- Gennaro, Gennaro. - Hola, buenas tardes. Le esperaba.
- Podéis marcharos. - ¿Cómo?
- ¡Se acabó! - Sí, señor, lo entiendo.
- ¡Parad todos! - ¡Iros todos!
¡Se acabó el trabajo!
- Dame un cigarro. - Sí señor.
Dentro de una hora empieza el turno de noche ¿lo sabe?
Sí, lo sé, lo sé.
Tenemos una baraja de cartas nuevas, y hay una partida pendiente.
Hoy no tengo ganas. Me voy a casa.
Pero don Rocco, siempre hacía el turno de noche con nosotros para jugar.
Ya te he dicho que hoy no tengo ganas.
No sé por qué tiene que irse a su casa, como si estuviera esperándole su mujer.
¡Déjame en paz!
Reggina.
¿Cómo estás, eh?
¡Calma, calma!... toma, come.
¡Valiente!
Pórtate bien, ¿eh?
Tranquila.
¡Eh, tú!
Quiero que te vayas.
¿Por qué?
Sí, a Serra.
He visto a los Molinari. Aún están dispuestos a contratarte.
¿Me despide?
He dicho que te irás con otra familia.
¿Acaso está descontento de mí?
¡No preguntes más!
Esta noche prepararás tus cosas...
y mañana te vas a Serra.
¿Por qué la despides?
No la necesitamos en esta casa.
La habías contratado para que me ayudase.
Encontraremos otra.
- Si es por eso es inútil que la eches. - ¡Calla!
Lo he decidido.
Hola Reggina.
¿Qué tal, eh?
Ayúdame. Coge un cubo de agua, date prisa.
Déjalo ahí.
Debemos ayudarla, es un parto difícil. Ven aquí.
Ten, y tira fuerte si se mueve.
No la sueltes.
Tira un poco.
¿Has visto, eh?
De aquí saldrá un buen trotador.
Coge el cubo.
Has hecho bien viniendo. Eres muy valiente.
Solo no lo hubiera podido hacer.
¿Por qué? ¿Por qué has venido, por qué?
¿Para esto me ha hecho quedarme en su casa?
Pues se ha equivocado.
¡Vamos, levanta, levanta!
¿Qué tengo que hacer?
¿Qué es lo que quieres de mí?
¿Que nos casemos? ¿Es eso lo que quieres?
¿Casarse conmigo?, ¿con una criada?
¡No tiene valor, sería un escándalo, y a usted no le gustan los escándalos!
Escucha, ¡Yo hago lo que quiero!
¡Si quiero casarme, pues me caso!
¿Entiendes?, ¡me caso!
No tengo miedo a los escándalos.
Ten cúbrete. Salgamos de aquí.
Si hubiera...
si hubiera sabido que mi destino era encontrarte...
Vete.
Tranquila, Reggina.
Buenas noches.
Buenas noches.
- Me parece que llegamos tarde. - Tiene usted razón, don Rocco.
- ¿Cuántos somos en la prueba? - Unos veinte, don Rocco.
Ah, muy bien. Démonos prisa, vamos.
¡Atención!
Recordad que, durante la competición,
ninguno de vosotros puede cambiar de hacha.
He dicho "ninguno", son las reglas.
Mirad este caballo.
Es mucho mejor que los de años anteriores, es extraordinario.
Sí, es excelente.
- ¿Quién podrá ganar? - Espero que sea yo.
Lo veo algo difícil.
Salud, amigos.
- ¡Buenos días, Salvatore! - ¿Cómo estás, Salvatore?
- ¿Cuánto vale esto? - Trescientas liras.
- ¿Trescientas liras? Estás loco. - ¡Anda!
¡Oh don Rocco, me alegro de verle!
Gane, don Rocco; he apostado mil liras por usted.
¡No me va a hacer perder! ¿eh?
No debes preocuparte, son unos aficionados.
¡Eh, don Salvatore!
¡Oh, Salvatore!
- ¡Salvatore! - Buenos días, papá.
¿Cómo es que has venido tan pronto, eh?
He venido a participar en la prueba, porque este año la gano yo.
Muy bien, Salvatore. Darle un hacha.
Vamos a empezar. Aún tiene tiempo si quiere participar.
Dame el hacha. Guarda mi chaqueta.
¡Rosaria!, ¡Rosaria! ¿Pero dónde te habías metido?
Ven.
- ¡Suerte, don Rocco! - ¿Ya está preparado?
¡Ah, hola!
Disculpadme si he retrasado un poco el inicio de la prueba.
Y ahora que estáis todos reunidos, debo daros una gran noticia.
¡Salvatore! ¡Ven aquí!
¡Ven aquí, ven!
Quiero que tú también lo oigas.
Dentro de poco, me caso.
¿Y quién será la esposa, don Rocco?
¡Queremos saber quién será la esposa!
- ¿Quién es? - ¿Cómo que quién es? ¡Aquí!
- ¡Guapísima, felicidades! - ¡Una gran noticia, don Rocco!
Ha encontrado a una mujer hermosa.
- Gracias, gracias. - Don Rocco sigue estando en forma.
Aunque esta vez se la ha buscado muy bonita.
¡Eh, amigos, empecemos la prueba!
- ¡Vamos, vamos! - ¡Venga, a sus puestos!
Mide este, debe ser de unos cincuenta y cinco.
Este va bien, cincuenta y cinco.
- ¡Atentos, ¿empezamos?! ¡Adelante! - ¡Eh, yo también quiero un hacha!
¡Venga, suerte!... ¡Suerte!
¿Todos listos?
¡Adelante!
¡Venga, don Rocco, con fuerza!
No olvide mi apuesta.
¡Eso es, muy bien, don Rocco! ¡Debo salvar mi orgullo!
¡Don Rocco, ya cae uno!
¡Muy bien, Salvatore!
¡Bien Salvatore, has estado fenomenal!
¡Eh...!
- ¡Bien, Salvatore! - Adiós.
Eh, ¿qué te pasa?
¿Dónde vas con esa maleta?
¿Ya quieres marcharte? ¿Eh?
Esta vez te vas muy pronto.
¿No será porque... me caso?
¿No respondes?
Podría ser.
¿Por qué? Dime, ¿tienes algo en contra de ella?
- ¿Qué podría tener contra ella? - ¡Entonces quédate!
Si te vas ahora es como si demostraras que no apruebas mi conducta,
sería la primera vez que en esta casa que hijo se comporta así.
¡Y no lo tolero!, ¿entendido?
¡No lo tolero!
La boda se celebrará lo antes posible.
- Como quieras. - ¿Qué has dicho?
Nada.
¿Te molesta verme?
Cuando me enteré de lo de vuestra boda quería irme.
Después he decidido quedarme.
Lo lamento por ti.
¿Por mí? No me molesta verte, al contrario.
¡Tienes que irte inmediatamente de aquí!
¡No permitiré que ocupes el lugar de mi madre!
Deja en paz a tu madre, no hablas precisamente por ella.
¡Estás celoso! ¡Celoso de tu padre!
¿Este es el sentido del honor de vuestra familia?
¿Quieres callarte?
¡Tú has de callarte y respetar a tu padre!
¡Víbora!
¡Canalla!
¡Quieta!
Tengo que hablar con él, tiene que saberlo todo.
No, Salvatore, no lo hagas.
¿Qué debemos hacer entonces?
¿Te das cuenta? ¡Tú eres su prometida!
Mi padre tiene que comprender.
Tú eres joven... los dos nos queremos.
- Entonces solo podemos hacer una cosa. - ¿Y qué es?
- Huir. - ¡Huir!
¿Quieres que huya como si fuera un ladrón?
¿Te has vuelto loca?
Tú eres el loco si crees que podrás convencer a tu padre.
No... no puedo irme sin que él lo sepa.
Entonces me iré yo, sola.
- No volverás a verme. - ¡Rosaria!
Todavía no sé si me quieres de verdad, o solo me deseas.
Te quiero, Rosaria.
Más de lo que hubiera podido pensar.
Yo también.
¿Pero adónde vamos?
Por aquí, cogeremos la carretera que va Consenza.
No, es mejor que no sigamos la carretera, tu padre nos alcanzaría.
Sigamos hacia el lago.
Hay una casa abandonada, nos podemos esconder.
¡Eh!, ¿Es que os habéis muerto?
¡Salvatore!
- ¡Salvatore! - No está.
Se ha ido.
Ha huido.
¿Huido?
Sí. Con Rosaria.
Han huido juntos.
¿Qué dices?
Han huido.
¿Lo entiendes?
La mujer con la que te querías casar, se ha ido con tu hijo.
¡Vaya! Esto sí que es un escándalo.
Precisamente te tenía que tocar a ti.
¡A ti!... ¡que has matado a dos inocentes,
y has destruido mi vida, para mantener el escándalo lejos de esta casa!
¡Buen resultado! ¡Estarás contento!, ¿no?
¿Adónde ha ido?
¿Realmente creías que Rosaria te quería?
¿A ti?
¡Eres viejo..., y ellos son jóvenes!
¡Suéltalo!
- ¿Adónde han ido? - No lo sé.
Y si lo supiera no te lo diría.
Lobo.
Búscala, Lobo.
Búscala.
Huele.
Quieto.
Ven, vamos. Vamos.
Rocco, ¿qué haces?
Lobo.
¡Rocco!
¡Rocco!
¡Rocco, detente Rocco!
Hay alguien en la casa abandonada.
Será el pastor. Alguna vez pasa allí la noche.
Nos hemos equivocado.
Tendríamos que haber ido a la estación, a estas horas ya estaríamos en el tren.
- Desde fuera se verá el humo. - Tú me has dicho que lo encendiera.
Oh, no tengas miedo.
Parece que en toda la Sila solo estemos tú y yo. Claro que...
¿a quién se le va a ocurrir pasar la noche aquí?
¿Te encuentras mal?
No me gusta verte tan triste.
¡No, no, aquí no!
Rosaria.
¿Ves esas dos cruces?
Es una vieja historia.
- Una historia de amor. - ¿Tú también la conoces?
La explicaba el cantor de Fusalegre.
Un hombre se dejó matar por amor.
Y por amor al hijo, también murió su madre.
Eran inocentes...
y las almas de los inocentes no descansan hasta que no son vengadas.
No creo en la venganza de los enamorados.
Te quiero tanto...
que si tuviera que morir me quedaría siempre a tu lado...
para protegerte, para ayudarte.
O a lo mejor, solo para mirarte.
¿Sabes? No quisiera que odiaras a nadie por mi culpa.
No tiene por qué ocurrir.
Rosaria, ¿por qué estás así? ¿Qué te ocurre?
Vámonos de aquí.
¿Quieres que nos vayamos? ¿Por qué?
- ¡Tu padre! - No puede saber que estamos aquí.
Seguro que vendrá.
Es Lobo.
Está guiando a tu padre.
Siempre encuentra mi rastro.
Entonces, ¿por qué has querido venir aquí?
Escucha, ve a su encuentro.
Yo saldré por el otro lado, quizás estemos a tiempo.
- Mi padre no sabe que hemos escapado. - ¡Sí lo sabe!
Ve a recibirle. Dile que he huido para no casarme con él,
y que tú me has seguido y que has intentado
convencerme para que me quedara.
¡Dile lo que quieras, pero vete!
- ¿Y tú? - No te preocupes.
¿Cómo se te ocurre decir que no me preocupe?
¡Vámonos, salgamos de aquí!
¡Te matará!
Ven...
Ven.
¡Rosaria!
Rosaria...
- Es solo un arañazo. - Tú no...
Aprieta fuerte, la herida dejará de sangrar.
Aprieta.
Estate quieta, y no te muevas.
¡No! ¡Te matará! ¡Salvatore!
¡Quieto!
¡No dispares!
¡No dispares!
¡La has herido, no dispares!
¡Mira!
¡Escúchame, Rocco!
No te enfades con tu hijo.
Él no tiene culpa,
he sido yo, ... quería vengarme de todos vosotros...
de ti...
que has matado a mi hermano,
¡que has destruido mi casa!
Yo soy Rosaria Campolo...
la hermana de Pietro.
¿Entiendes ahora?
Quería devolverte todo el daño que me has hecho.
He sido yo quien ha preparado todo esto,
quien te ha hecho creer que quería casarme,
quien ha enamorado a tu hijo Salvatore, quien le ha empujado a huir conmigo.
Quería poneros el uno en contra del otro para vengarme.
Para cubriros de vergüenza delante de todos.
¡Yo soy la culpable de todo! ¡Yo sola!
Papá...
¿Papá, estás herido?
Contéstame.
Has sido tú.
Sí, he sido yo.
Ya no le harás daño a nadie más.
Haz desaparecer este fusil.
Hazlo.
¿De acuerdo?
Hazlo desaparecer.
Nadie debe saber lo que ha ocurrido hoy aquí.
Una vergüenza como esta...
no manchará el nombre de nuestra familia.
Vámonos, ya están aquí.
Don Rocco, ¿qué ha pasado? ¿está usted herido?
Llevémoslo a casa.
Es inútil.
Ha sido un accidente.
Mientras cargaba este viejo trasto... se me ha disparado.
Me lo merezco...
por irme de caza...
en las vísperas de mi boda.
Que loco he sido.
¡Papá!
Papá.
Subtítulos por O Cangaceiro.
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