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(Caballería)
Mirad allí.
-Adelante.
-Balisten, mira, vienen los romanos.
-Hermosos caballos, por Júpiter. Te los compro todos.
No me has ofrecido ningún precio.
Amigo mío, eso no tiene importancia.
No vamos a pagarlos. (RÍE)
De acuerdo entonces.
Vamos, ven aquí a por ellos.
Vamos, cogedle.
-Pero, amo, ¿qué estás haciendo?
(Pelea)
¡Ay!
-Rodeadle.
(Pelea)
Un hombre fuerte como tú será un magnífico esclavo.
(Música cabecera)
No había visto tanta agua en toda mi vida, Emilio.
Disfrútalo ahora, Marco, porque pronto echarás esto de menos
más que los espectáculos del circo.
¿Esas atrocidades? Las detesto.
Por eso me he enemistado con el emperador.
Entonces, ¿es cierto lo que dicen? Sí, Emilio.
Alguien insinuó que yo sentía simpatía por los cristianos.
(RÍE) Típico tuyo.
Te gustan demasiado las mujeres para ser uno de ellos.
Sí, pero a veces basta con una sospecha.
En el fondo,
Nerón no ha sido tan severo conmigo.
Esta es una tierra magnífica.
Espera un poco.
¡Adelante!
Vamos.
(Música)
¡Guardias, arrestad a ese esclavo!
¡Daos prisa!
Vamos, cogedle.
-¡Canalla!
Malditos.
¿Qué vas a hacer?
(GRITA)
No es el momento.
¿Cuándo entonces? ¿Cuándo?
Pronto, estoy seguro.
Volvamos al trabajo.
(GRITA)
¿Qué ha hecho? Nada, solo quería beber.
-Yo... tengo sed.
¿Quién no tiene sed en este condenado país?
Bebe si quieres.
(Látigo, gritos, música)
Saludos, Selim.
Hoy hace un calor sofocante.
No hay un momento de paz con estos miserables.
Pero parece que te va muy bien.
¿Cómo consigues ocultarles tanto dinero?
¿Esta es mi parte?
Es mucho menos que la última vez.
Por esta porquería de grano.
Comemos lo que los cerdos rechazan.
Está bien, Gayo.
Pero si el próximo cargamento no se divide a partes iguales...
este será el último negocio que hagamos juntos. Recuérdalo.
(Música)
(Música suspense)
¿Qué es lo que os pasa? ¿Estáis agotados?
¿Exhaustos? ¿Por qué es eso?
Siempre trabajáis poco y mal. Seréis castigados.
Ahora solo tendréis media ración de agua.
(Música tensión)
Vamos, gandules. Seguid trabajando.
-¡A trabajar! ¡Vamos, seguid trabajando!
-Centurión, tenemos visita. ¡Mira!
(Música)
Tú debes de ser Lucio Emilio.
Eres el oficial que ha venido a sustituirme.
Siento decepcionarte, pero no soy yo.
El tribuno Marco Aulo será el nuevo comandante del presidio
y tú serás su mano derecha a partir de ahora.
¿Dices que debo quedarme aquí? ¿Y además como un subordinado?
Si me han enviado aquí, a este polvoriento desierto,
es para castigarme a mí, no a ti, Gayo, créeme.
Es la primera orden que ha dado el tribuno.
Tu experiencia y tu consejo me serán muy útiles.
Como tú ordenes, Marco.
Pero no me hago responsable de las decisiones que tomes, tribuno.
Siento no poder ofreceros un hospedaje digno de vuestro rango,
pero, por desgracia para todos, esto no es Roma.
Quiero enseñarte una cosa, Emilio.
Cuando regreses podrás informar al procurador.
Los planos del acueducto
y la sección que estamos construyendo.
Es importante que veas esto, Marco.
Sí, es cierto.
Ahora te importa más el progreso de las obras a ti que a mí.
Mirad, comenzamos aquí en Moeikin hace dos años en octubre.
Me ordenaron que estuviéramos hoy en Gareb, pero estamos aquí
y dejamos Gareb atrás hace tres meses. ¿Qué os parece?
Podré llegar a las cascadas... Oh, discúlpame...,
tú podrás llegar a las cascadas seis meses antes de lo previsto.
Y puede que incluso siete. Creo que has hecho un buen trabajo.
Incluso más de lo esperado.
He tenido que superar mil dificultades.
Aquí no hay agua y hay que traerla a lomos de mula.
El sol abrasa la piel.
Y el aliento es de fuego.
¿Recuerdas aquello que te dije estando en las cascadas?
Sé que muchos esclavos han muerto. Sí, es cierto. ¿Y eso qué importa?
¿Y no se rebelan?
No con los métodos que yo empleo. Nunca se atreverían.
Claro, prevenir siempre es mejor que curar. Ya nos veremos, Marco.
Cuando vuelvas a Roma
espero que hayas superado tu aversión al circo.
(Música tensión)
¿Me has mandado llamar?
¿Has probado esta comida? Es repugnante.
Ellos también lo dicen.
He revisado las cuentas, Gayo.
Con lo que pagamos deberíamos tener mejores alimentos.
Ahora que estás tú al mando consigue más dinero si puedes.
¿Algo más? No por el momento.
Dame más. -Fuera.
Gracias, Balisten, gracias.
-¡Vamos, moveos!
-¡Vamos, moveos! ¡A trabajar! -¡Seguid trabajando!
(Música)
(RÍEN)
¡Gayo!
¿Cuánto tiempo lleva aquí este hombre?
A juzgar por lo que queda de agua, diría que... unos dos días.
Así es, centurión, ha resistido menos que nadie.
Estamos decepcionados. Llévatelo de aquí, soldado.
¡Te he dicho...! Está bien. Obedece la orden.
Escúchame, Gayo, y no olvides lo que voy a decirte...
Di lo que sea, tengo buena memoria. (ENFADADO) ¡Mucho mejor!
Aquí yo soy el único que puede condenar a alguien a muerte.
Yo y nadie más. ¿Está claro?
(Látigo, gritos, música suspense)
¡Apartaos! ¡Quitados del medio!
¡Atrás! ¡Atrás todos!
-¡Tú también! ¡Vuelve al trabajo!
(SUPLICA) -Déjame vivir, tribuno. Ayúdame.
¡No!
Ahora ya no sufrirá tanto. No era necesario matarle.
No me he dado cuenta. Lo siento mucho.
¡Volved al trabajo, gandules!
-¡Seguid trabajando! ¡Vamos! ¡Más rápido!
¡A trabajar!
(Música tensión)
Espera, ¿qué estás haciendo? Vuelve aquí, vuelve aquí.
¡Guardias! ¡Guardias!
(Forcejeo)
¿Ha intentado beber? No. Este ha intentado beber.
Estaba empezando a castigarle con mi látigo
cuando este miserable se ha abalanzado sobre mí.
Supongo que ya sabrás lo que te espera.
¡Enterradle en el pozo de arena!
¡No, centurión! ¡No!
Te había dicho que yo era el único
que podía condenar a un hombre a muerte.
No he hecho más que anticiparme a tus órdenes.
El esclavo que ataca a un soldado debe morir,
¡y no puedes ordenar otra cosa, tribuno!
Soltad a ese hombre.
¡Soltadlo!
Conseguirás que nos maten a todos.
Ese hombre debe recibir el castigo que se merece.
Si no, estás animándolos a que se revelen.
En este momento eres tú el único rebelde.
Pues entonces, que así sea.
Guarda tu espada.
Tendrás que matarme antes.
No lucharé contra otro romano.
Nobles palabras, sí...,
en la boca de un bellaco.
(Música tensión)
Retira eso.
(Esclavos azuzando)
¡Atrás! ¡Atrás todos!
¡Ah!
(Música tensión)
Adelante, mátame. No...
Basta con haber demostrado quién está al mando.
Vamos, volved al trabajo. Vamos, rápido.
Has cometido un error al no matarme.
Tu visita no me sorprende, Gayo.
Eres un buen soldado, pero esta vez has cometido una falta muy grave.
Has abandonado tu puesto
sin la autorización de tu oficial superior.
No tenía otra forma de poder hablar contigo.
Te pedí audiencia muchas veces,
pero siempre has rechazado todas mis peticiones.
¿Qué es tan importante?
Tengo el deber de informarte de que la situación en el presidio
se ha vuelto muy preocupante.
Marco Aulo es débil y no sabe tratar a los esclavos.
Su presencia está comprometiendo la seguridad del presidio.
¡Ha ordenado que los esclavos puedan pasar la noche
sin estar encadenados! ¿Cómo dices? ¡Eso no es posible!
Supongo que te parecerá absurdo, ¿verdad?
Por eso tuve que enfrentarme a él.
Ahora me arriesgo a que me juzguen por insubordinación.
Pero la vida de mis legionarios es más importante para mí.
Yo conozco bien a esos bárbaros.
Se revelarán y nos darán muerte a todos.
Esperemos que no sea muy tarde.
Mañana volverás a tu puesto.
Si lo que ha dicho es cierto, es algo muy grave.
Tú le acompañarás y luego volverás aquí para informarme.
(Música suspense)
Despierta. -¡Déjame dormir!
-¿Se puede saber qué te ocurre? -Fijaos.
-¿Qué está pasando? -Chist. No, aguarda.
-Despierta, mira tus pies. Ya no tenemos las cadenas.
-Vamos. -No es un sueño, somos libres.
-¡Somos libres!
(Gritos de alegría)
(Música)
¡Alarma! ¡Alarma!
¡Alarma!
(Música tensión)
¡Dejádmelo a mí!
(Continúa la música)
Por aquí.
Nos atacaron mientras dormíamos.
Los centinelas no tuvieron tiempo de dar la alarma.
-¿Se ha salvado alguien más? -No, creo que no.
-¿Y el tribuno? -No estoy seguro.
-¡Emilio! ¿Ya lo sabes? Ha sido una carnicería.
-Es una tragedia, Terencio.
-Tú debías contradecir la orden de Marco,
aconsejarle, impedir que esto ocurriera.
Lo intenté, pero... ¡Silencio!
Hay que capturar a los esclavos.
Si hubieras estado tú con tu mejor criterio...
No me hizo caso. Tengo testigos que pueden confirmarlo.
Roma no dejará que quede impune esta masacre.
¿Hacia dónde se dirigían los rebeldes?
Hacia la costa, estoy seguro.
Les cortaremos el paso antes de que lleguen a la meseta de Émaret.
Mil cruces marcarán el final de su rebelión.
(Música tensión)
He comprobado las cadenas. Estaban intactas.
Los esclavos no hicieron nada para romperlas.
Por desgracia, la responsabilidad de Marco Aulo es evidente.
-Es mejor para él que haya muerto.
Claudia no podría habernos visitado en un momento peor.
-¿Cuando llega? -Hoy mismo.
Los vigías ya han avistado la nave.
-¿Quieres que le cuente lo que ha pasado?
-Prefiero decírselo en persona,
aunque no será una tarea fácil.
En todas sus cartas mi hija me hablaba de Marco
y tanto ha insistido en venir que ya no podía impedírselo.
Pero para ella será un golpe terrible.
(Música tensión)
Levántate.
-Déjale en paz. Tiene derecho a morir tranquilo.
-Nos equivocamos al tomar la decisión.
-Tú nos has traído aquí. ¿Qué será de los otros?
-Los otros habrán muerto antes de que lleguemos a la playa,
pero los romanos no faltarán a la cita.
-¡Tú lo sabes todo! ¡Y lo predices todo!
Pero si no hubiéramos cruzado el desierto
no estaríamos muriéndonos de sed. ¿Eso no lo habías previsto?
-¡Ey, mirad!
¡Mirad allí!
-¡Es un caballo salvaje!
-Estamos salvados. Tiene que haber agua cerca.
-Agua. -Agua.
-Agua. -Agua.
-Ey, esperad, esperadme. -Agua.
(RÍE) -¡Agua!
(Música alegre)
(RÍEN)
Ahí hay alguien. -¿Qué hacemos?
-Hay que esconderse.
-¿Pero dónde? -Debajo del agua.
-¡Balisten! -¡Cusa! ¿Cómo estás?
-Eh, venid todos. ¡Es Balisten! Vamos, venid.
(RÍEN)
Me muero de hambre. ¿Cómo estás? -¡Balisten!
Mirad, tiene una liebre. Tiene algo que llevarnos a la boca.
-¡Qué hambre tengo! -Vaya, eso es...
-Te estuvimos buscando aquella noche. Yo también te busqué.
Me dijeron que te habían visto en la tienda del tribuno.
Es posible. (VOZ MASCULINA) Balisten...
(Música suspense)
¡Cusa!
¿Por qué le has salvado? ¡Contéstame!
Porque yo le debo la vida. Pero yo no. Es un maldito romano.
¡Detente, Cusa! ¡Está herido! ¿Y eso qué importa?
Los romanos nos mataban como a perros.
Él no. Él nunca ha hecho eso. No intentes detenerme.
¡Es amigo mío! ¡Lo siento por ti!
(Música acción)
¿Pero qué modales son esos? -Vaya, parece que están discutiendo.
-Eh, id a discutir a otra parte. -Eso es.
-Son buenos, ¿eh? (ASIENTEN)
(Pelea)
(RÍEN)
Una buena pelea.
(RÍEN)
¿Os vais a sentar a comer de una vez o no?
-Vamos a ver cómo termina. -Sí, vamos.
(RÍEN)
-Vamos.
-¿Qué es lo que te pasa, Balisten?
Escuchadme bien todos:
el que toque un solo pelo al romano se las verá conmigo. ¿Entendido?
¿El romano? -¿Pero qué romano?
(Bullicio)
Saludos. Saludos a ti, Gayo.
Danos vino.
Dame, yo me encargo.
Te felicito, Gayo.
He oído que estás buscando más esclavos para el acueducto.
¿Cuántos crees que necesitarías? 4000.
Ah, un buen negocio. (ASIENTE) No es tan malo.
Pero debes darte prisa porque se avecina una tormenta.
El pueblo ya no soporta más a los romanos aquí, ni un día más.
No digas tonterías.
Tenemos a una legión aquí.
No supondría mucho esfuerzo aplastar una revuelta.
Yo te creía más inteligente.
Es muy fácil hacerse rico en tiempos revueltos,
y más para los que saben cómo.
No estoy de acuerdo.
Ahora no. Demasiado arriesgado.
No cuentes conmigo. Piénsalo bien.
Tal vez puedas cambiar de idea.
(Música suave)
Oh, es fabuloso. Me encanta.
Nunca habría imaginado que en Roma hubiera tantas cosas bellas.
Me alegro de que te sientas complacida, hija.
Oh, padre.
¿Qué noticias me traes esta mañana? ¿Hay algún mensaje de Marco?
No te ha dicho nada. ¿Pero cómo es posible?
Ya llevo aquí más de dos días. Oh, padre, estoy ansiosa de verle.
Escúchame, Claudia, es que yo...
Vamos, no te pongas tan serio, padre.
¿Es que debo pedir audiencia al procurador?
Entiendo perfectamente el lazo de amor que te une a Marco, pero...
Es que él se merece mi amor.
Es generoso y leal.
Pero no tengas celos, yo también te quiero a ti...
y no sabes cuánto te agradezco que me hayas dejado venir aquí.
Gracias, padre. Mil gracias y un millón de gracias, padre.
Discúlpame, no te dejo hablar.
Ahora te dejo decir lo que quieras. Yo me callo y te escucho.
Pero tienes que perdonarme porque soy muy feliz.
¿Con quién puedo hablar de todo esto si no es contigo?
Eres mi mejor amigo.
¿Recuerdas el juramento que hicimos cuando tenía seis años?
Que siempre nos lo contaríamos todo, fuese lo que fuese.
Yo he cumplido nuestro pacto.
¿Qué te ocurre?
¿Qué es lo que te pasa?
Oh, ¿no participas de mi felicidad?
Dime. Sea lo que sea. Entonces tienes algo que decirme...
Dilo, por favor.
No. No, padre. Intentaré adivinar.
Marco.
Marco está enfermo.
Es muy grave.
Está herido. Claudia...
No, no es posible. No puede ser cierto.
Marco está vivo.
Está vivo. Yo lo sé. Está vivo, lo sé. Lo siento.
Debemos aceptar el riesgo, amigos.
De lo contrario, pasaremos el resto de nuestras vidas en este agujero.
Yo preferiría la muerte.
Toda esta costa está vigilada por la guardia romana.
Iremos a la playa más cercana. Estoy de acuerdo con Cusa.
Aristea es la capital.
Y también es el punto más importante.
Y el más transitado.
-Así nos será mucho más fácil pasar inadvertidos.
-Solo hasta cierto punto. Habrá más romanos allí que aristeos.
-Eso no importa.
Ya tenemos a un romano entre nosotros aquí mismo.
No le hagas caso, Marco.
Podríais marcharos y dejarme morir aquí.
No sabríamos qué hacer después. Sí, ya sé lo que haríais después.
Todas las noches os escucho hablar de lo mismo.
Creéis que pronto hablaréis con Efraín.
Ya conozco de memoria vuestros discursos.
En Aristea vive Efraín, el amigo de Cusa,
es fabulosamente rico
y os dará el dinero que necesitáis para poder embarcaros, ¿no es así?
Pero hay una cosa que tú no sabes. Díselo tú, Balisten...
Tú vendrás a Aristea con nosotros. No te dejaremos aquí solo.
Pero debemos asegurarnos de que, cuando lleguemos,
denuncies a Gayo ante el procurador.
Tenéis mi palabra de honor. Palabra... de romano.
Para lo que vale...
Y hay otra cosa... No te separarás de nosotros.
De acuerdo.
Y esperemos que Efraín encuentre un barco pronto.
Le encontraremos y nos dará cualquier cantidad que le pidamos,
os lo aseguro. Efraín y yo nos hicimos hermanos de sangre
cuando combatimos en la arena.
Tiene mucho dinero y un magnífico palacio.
Ven aquí, Efraín. Contéstame.
¿Cómo es posible que hayas acabado así?
Habla, vamos, contesta.
Y pensar que nosotros contábamos contigo...
-No, no, no, no, yo os ayudaré. Puedo ayudaros. Os ayudaré.
Tenéis que creerme. ¿Cómo?
Nos necesitas más que nosotros a ti.
Bueno... Primero buscaré un lugar seguro donde podáis esconderos.
-Aquí no puede ser.
-Goliat tiene razón. -Eso es evidente.
Aquí no estarían seguros.
-Pero si un solo romano... -Descubre que estáis aquí...
(AMBOS) -Nuestras cabezas...
-No os preocupéis,
tengo muchos amigos aquí, ya lo veréis.
-¿Eres un esclavo? No.
¿Eres romano? Sí.
(GRITAN)
(RÍEN)
Mis ayudantes no son hombres muy valientes...
pero este es un pueblo miserable lleno de miserables
dispuestos a espiar a cualquiera por un pedazo de pan.
¿Es lo mejor que puedes ofrecernos? Estamos aquí atrapados.
-Bueno, yo... -¿Tú no dices nada?
¿Y qué quieres que diga?
Os he dado mi palabra de romano.
Estaré con vosotros pase lo que pase.
Hasta que zarpe el barco.
Puede llevar tiempo. No me importa.
Si es así, voy a confiar en tu palabra.
Puedes volver con los tuyos.
Ya tenemos bastantes problemas, no podemos estar cuidando de ti.
Adiós, Balisten.
Los dioses saben que estoy en deuda contigo.
Te lo agradezco, pero mi deuda era más grande.
La vida de un esclavo no vale tanto como la de un hombre libre.
¿Crees que eso es cierto? Hay muchos que no piensan así...
Y estoy de acuerdo con ellos.
(Música suave)
¡Marco!
Soy el tribuno Marco Aulo.
Quiero hablar con el procurador. Puedes pasar.
¡El tribuno Marco Aulo! -¡Se ha salvado!
-Vamos.
(Música suave)
Marco...
Marco, estás vivo. ¡Claudia!
Amor mío...
Marco...
Ya pensaba que nunca más podría volver a abrazarte.
Tienes que irte de aquí enseguida, Marco.
Rápido, huye, te arrestarán. ¿Pero qué estás diciendo?
¿No lo sabes? Hay graves acusaciones contra ti.
Ahora no hay tiempo. Vete, Marco, te lo suplico.
No te preocupes. No tengo nada que temer.
Le hemos visto con nuestros propios ojos, Gayo.
¿Estás seguro? Seguro. Iba a ver al procurador.
-Ahora nos descubrirán. Ya te lo había dicho.
¡Cállate, estúpido!
Esto no cambia nada.
Pusiste tus ideas por encima de Roma.
Es absurdo tratar a los esclavos como hombres libres.
Pero yo no ordené... Absurdo y peligroso.
Muchos legionarios han muerto por tu culpa.
Te repito que yo nunca di esa orden.
¿Quién ordenó desencadenar a los esclavos por la noche?
El tribuno Marco Aulo. ¿Por qué?
Nos pidió a todos que tuviéramos un trato más benévolo
para con los esclavos. ¡Es mentira!
¿Y tú cómo puedes creer a un desertor?
Vamos, díselo tú. Lo siento, tribuno.
Yo estaba presente cuando diste la orden.
¿Y tú? Gayo ha dicho la verdad.
¡Eso no es cierto! ¡Y estoy dispuesto a demostrarlo!
No tienes testigos. Eres el único superviviente.
-Fui a investigar al presidio por orden del procurador
y no encontré ni una sola prueba a tu favor.
¡Yo nunca di esa orden! ¿Tú también me crees culpable?
Será el tribunal militar el que te juzgue.
Y yo demostraré que soy inocente. Eso espero.
(Música suspense)
Marco...
¡Lleváoslo!
(Música acción)
¡Eh, a por él! -¡Alarma! ¡El prisionero se escapa!
¡Alerta! -¡Detened a ese hombre!
¡Detened a ese hombre! ¡Detenedle os digo!
-Esa tela la tengo en muchos colores.
Puedo ofrecértela verde a buen precio. ¿Qué te ocurre?
-¡Ah!
-Saludos, buenos días. -Saludos.
-¿Qué podemos ofrecerte? -Voy a preparar un gran banquete
para unos amigos que han venido de la Galia. ¿Tienes gallinas?
-Desde luego. Unas gallinas muy hermosas. Fíjate.
-Pero a lo mejor en la Galia no les gusta mucho comer gallina.
-Sí, puede que tengas razón. -Prefiero los patos.
-Aquí les tengo. Son hermosos. -Parece un poco enfermo.
-¿Cómo puedes decir eso? Mira qué pechugas y muslos.
-Yo creo que está un poco flaco. Es todo plumas y nada de carne.
-Estoy seguro de que tus invitados quedarán encantados. Créeme.
-¿Sí? ¿Tú crees?
-¿No quieres comprar huevos o manzanas?
-No, gracias, ya he terminado. Enséñame los quesos.
-Si quieres embutidos los tengo de una calidad excelente.
-No, eso luego. Ahora solo quiero ver los quesos.
-Aquí tienes los quesos. Los mejores de Aristea.
Curados con esmero por nuestros artesanos.
-No sé, es que creo que este queso... -¿Qué le pasa?
-Huele mal.
(Música animada)
(VOZ AUTORITARIA) ¡Eh, tú! ¡Alto! ¿Adónde vas?
-Mamá... No me arrestes, por favor. Os lo devolveré todo.
(RÍE) ¡Goliat! ¿Cómo estás, eh?
Vamos tirando. Pero no me molestes cuando estoy trabajando.
Estoy mal del corazón y es peligroso. ¿Dónde están los demás, Goliat?
La casa de Efraín está cerrada y no he encontrado a nadie.
Sí, están escondidos y me toca a mí llenar sus estómagos.
Sí, pero ¿dónde están?
Tengo que hablar con ellos urgentemente.
Ven, yo te llevaré con ellos. De acuerdo, vamos.
¡Prueba mi espada, tronco! -¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco?
-Calla y defiéndete.
(Espadas)
Ha sido idea de Efraín. ¿Mataros entre vosotros?
No, lucharemos en el circo contra otros gladiadores,
como hemos acordado.
Pero cubriremos sus rostros con un casco de cabeza de lobo.
Así nadie podrá reconoceros.
Nos llamaremos los gladiadores Cabeza de Lobo.
Y en un año tendremos dinero para poder embarcarnos.
Un año...
Yo también debería ganar algo con ello, ¿no?
Aunque así fuera, mi futuro es mucho más oscuro que el vuestro.
Marco, ¿cómo han podido culparte a ti por la revuelta de los esclavos?
Es Gayo el que me ha acusado. ¿Gayo?
¿Aún vive ese miserable? Sí, está en Aristea...
y por eso yo sigo aquí.
Por desgracia no podemos testificar a tu favor.
Yo mataría a Gayo aunque tuviera que acabar clavado en una cruz.
Lo sabéis perfectamente. Sería inútil.
Pero sí que hay algo que podríais hacer por mí.
Al primer descuido eres hombre muerto.
Tendré más cuidado.
(Música animada)
(RÍE)
Qué estás haciendo aquí, ¿eh?
-Tenía que descansar un poco. -Tú tienes que estar vigilando.
Si vuelvo a pescarte... (IRÓNICO) -Oh, no, qué miedo...
(RÍE)
Me armé de valor y me convencí a mi misma
de que todo saldría bien al final.
Pero he pasado unos días horribles pensándolo, Marco.
Hasta que por fin... te he visto.
Lástima que haya sido tan poco tiempo.
Yo confío en ti, Marco, pero debiste haber huido.
Habría sido más fácil. No, Claudia.
¿Y cómo piensas demostrar tu inocencia?
¡Tienes que estar escondido!
¡No tienes ninguna posibilidad de defenderte!
¿Crees que no lo sé? Pero ahora... es diferente.
Tengo amigos que me ayudarán. Oh, tengo mucho miedo, Marco.
No temas. ¡Hablaré con mi padre!
Verás como él te ayuda. No, Claudia.
Si supiera que estamos juntos no me dejaría volver a verte.
Tranquila, todo se arreglará
y todo volverá a ser como antes.
(Música romántica)
(Bullicio)
(Trompetas)
Los gladiadores de la arena del noble Fusar
lucharán contra los hombres de Efraín,
los gladiadores Cabeza de Lobo.
(PÚBLICO) ¡Vivan los gladiadores! ¿Quién es Efraín?
Un pobre comerciante. Tiene aquí algunos negocios,
pero sus gladiadores parecen bastante hábiles.
-¡Los gladiadores del noble Fusar!
(Vítores)
Poderosos dioses,
apiadaos de este pobre anciano y permitidles vencer.
(Vítores, lucha)
(RÍE)
¡Muerte! ¡Muerte!
¡Muerte!
¡Muerte! ¡Muerte!
(Silencio)
¡Muerte!
¡A muerte! ¡Muerte!
(Gritos)
¡Muerte! ¡Muerte!
¡Muerte! ¡Muerte! ¡Muerte!
Mátale.
Tienes que matarle.
(Gritos)
(Música suspense)
¿A qué esperas? ¡Mátame!
(Música tensión)
¡Ah!
(Gritos)
(Trompetas)
Tú mismo lo has visto. Has visto cómo nos animaban a matar.
Ellos nunca están saciados de sangre.
¿Por qué no has matado a Gayo?
Morirá en su momento.
Y pagará por la muerte de ese gladiador.
Esta noche pago yo. (RÍE) -Cuánta generosidad.
-Este vino es mucho mejor que el de la semana pasada, ¿no crees?
-¿Y mi vino? -Eh, tabernero...
-¿Pero cómo puede ser esto?
-Entonces, en ese momento,
me vi rodeado por nueve hombres armados con lanzas.
-¿Y qué pasó? -Sé que no vais a creerme,
pero conseguí desarmar al primero y cogí su lanza.
Y entonces cargué contra los que quedaban y... ¡Ay!
¿Qué quieres tú?
-Hay una mujer. -¿Pero qué haces?
-Si quieres verla ven conmigo.
Pero rápido, rápido. ¿Es que mi ama no te gusta?
-¿Tu ama dices? -Sí.
-¿Y quién es esa ama tuya?
Estaba ayer en el circo. ¿No recuerdas a la hermosa morena?
-¿La que estaba a mi lado? -Esa.
-La recuerdo. -Sí.
-No creo que le resultara muy simpático.
-Estaba con su marido, pero hoy irá sola.
-¿Sola? -Sola, sola, sola, sola.
-¿En serio? -Espera a su gran guerrero.
-Y tú irás conmigo, ¿verdad? -Claro.
(Música animada)
-¿Dónde está tu ama? ¡Goliat!
-Ahora viene, no tengas tanta prisa. -Ya...
-Bien...
-Tronco... -¿Quién me llama?
-¿Porque tardan tanto? -No lo sé.
-¡"Mamma mia"! Esto no me gusta nada.
-Ay... -¿Quién eres tú?
-Es mi hermano pequeño. No le gusta quedarse solo en casa.
-Qué familia tan extraña. -Siempre nos lo dicen.
(RÍEN)
¿Qué estás haciendo?
-Si vas a ser antipático nos marchamos.
-Claro que os marcharéis.
-Vamos, aguanta, tronco.
Sonríe. -No puedo.
-Inténtalo.
-Ahora voy a mataros a los dos aquí mismo.
¿Te acuerdas de mí? No.
¿No te acuerdas de mí? No.
Ve a decirle a Gayo que tiene los días contados.
(Música tensión)
¿Pero cómo puede acusarte un esclavo?
¿No sabes que pesa sobre él una pena de muerte?
Escucha...
Si tuvieras valor los clavarías a todos en cruces
con tus propias manos.
¿No prefieres eso? Déjame regresar a Roma, Gayo.
Encuentra tú el modo, yo solo quiero marcharme de aquí.
Mantén la calma.
Ya veré qué podemos hacer por ti.
¿Quién de vosotros lo ha visto primero?
-He sido yo.
Lo vi cuando salía de casa. Ya estaba aquí.
(Música suspense)
Era un excelente soldado.
Él siempre combatió con coraje. Estuvo 10 años a mi servicio.
Y mira cómo ha terminado: apuñalado como a un bellaco.
Marco Aulo no puede haberse convertido en un asesino.
Es el deseo de venganza lo que le ha cegado.
Y estará pensando en matarme a mí.
Soy el único testigo que aún vive.
Pero le daré un hueso duro de roer para sus dientes.
Procurador,
si me encargas la misión de encontrarlo,
te lo traeré vivo o muerto. Eso es lo que tú quieres: matarlo.
Matarlo impunemente. ¡Claudia!
Porque todo lo que tú y tus cómplices habéis dicho,
es todo mentira. ¡Claudia!
¡Yo sé por qué odias a Marco!
Porque él sabe que robabas dinero.
Él podrá demostrárselo a todos. ¿Cómo sabes todo eso?
¿Quién te lo ha dicho? No es necesario preguntarlo.
Está enamorada de Marco y cree todo lo que le dice.
¿Has visto a Marco? ¿Dónde está?
¡Contéstame!
Nadie podrá impedir nunca que ame a Marco.
¡Y que estemos juntos!
(Música suave)
(Música suspense)
Volvamos a palacio.
> (Música suave)
¿No ves venir a nadie? -No, no se ve a nadie.
No viene nadie. Todo despejado hasta el horizonte.
-Dice que está todo despejado hasta el horizonte.
Entonces tenemos que irnos ya. Venid conmigo.
Ha dicho que ya podemos irnos. -Perfecto.
Uy, madre mía.
(RÍE) -El tronco se ha caído del tronco.
-Muy gracioso.
-Somos hermanos. No puedes maltratarme así.
Uno de estos días me vengaré de ti, te lo prometo.
-Toda la ciudad está vigilada. Solo un pequeño grupo de hombres
tendría alguna posibilidad de tener éxito.
-Precisamente por eso hemos pensado en ti.
-No es tan sencillo como creéis. -Todo el pueblo está exasperado.
No pueden esperar más. A la primera señal se revelarán
y los romanos serán masacrados porque no podrán escapar del pueblo.
Tú y tus amigos seréis libres...
¡y ricos!
Porque podemos daros mucho dinero.
-Más dinero del que hayáis podido ver en toda vuestra vida.
-Arriesgamos la vida todos los días.
Ellos solo nos piden arriesgar la vida un día más.
Y yo estoy de acuerdo.
Si expulsamos a los romanos de aquí, la esclavitud se acabó
y seremos bien recompensados. Pero no será una tarea fácil.
De lo contrario no nos lo estarían pidiendo.
-Yo estoy contigo.
Prefiero una muerte rápida que rendirme a una muerte lenta.
-Y todos tenemos una cuenta que saldar con Roma.
Todos no. Os olvidáis de Marco.
Sí he pensado en Marco, pero entre la amistad y la libertad
no me temblará la mano. -No se lo diremos a nadie.
-Lo entenderá si está con nosotros.
Marco nunca nos ha traicionado.
Esta vez no nos estaría traicionando a nosotros, sino a Roma.
¿Cuándo has llegado?
Ahora mismo. No te esperábamos aquí tan pronto.
(Trompetas)
Los gladiadores Cabeza de Lobo...
(Vítores)
Ellos ya no tienen rival.
-Sería mejor que lucharán entre ellos.
Sería un mejor espectáculo.
(Gritos, espadas)
(RÍE) Sois iguales. Iguales como yo y tronco.
Dejadme a mí. -No hagas esto, Cusa.
-Quítate de en medio.
No quiero matarte a traición, Marco, defiéndete.
¿Pero qué estás diciendo? ¡Defiéndete!
-¿Pero qué están haciendo ahora?
(Música tensión)
(Vítores)
(Música)
¿Por qué has querido matarme?
¿Por qué os volvéis contra mí?
¿Qué es lo que tiene contra mí? ¡Contestad!
Márchate, Marco.
Balisten...
Vete. Vete lejos de nosotros.
Sí...
Márchate ya...
Ah...
(Música)
(Música suspense)
"No he encontrado otro medio
para comunicarte la gravedad de lo que va a ocurrir en la ciudad.
Tu propia vida y la de Claudia están en peligro.
Aunque supongo que no me creerás ahora,
como no creíste en mi inocencia".
Guardia.
Que venga Gayo inmediatamente.
(Música tensión)
(Música suspense)
(Música acción)
(Música tensión)
Perdón por interrumpir tu sueño, Marco.
Sigo siendo un tribuno. ¡Soltadme!
(RÍE)
Ríe mientras puedas...
Estoy esperando que se celebre el juicio, centurión Gayo.
Ahora ya estoy preparado
para presentar las pruebas de mi inocencia.
¿Qué pruebas tienes?
No es a ti a quien debo decírselo.
Adelante.
¡Yo soy el único que da las órdenes!
Volved a vuestro puesto.
(RÍE)
Qué curiosa es la vida, centurión.
Has venido a arrestar al hombre que al final hará que te condenen
y que te obligará a confesar los robos
y los asesinatos que cometiste solo para ocultar la verdad.
Aquí esta la confesión de uno de tus cómplices,
la del último que ordenaste matar.
Al procurador le interesará mucho leer esto.
No cantes victoria tan pronto, Marco.
Tú no saldrás vivo de aquí.
No podrás decirle a nadie lo que sabes.
No puedes matarme.
¿Cómo explicarías mi muerte al procurador?
Le diré que intentaste escapar y tuve que impedírtelo.
¡Díselo tú mismo, Gayo!
(Música tensión)
(Música acción)
¡Guardias!
(Golpes)
Selim, necesito tu ayuda. Tienes que esconderme.
Te han descubierto, ¿eh? Y ahora te están siguiendo.
No, no. Creo que he conseguido despistarlos.
Escucha, escóndeme, sálvame. Yo siempre estaré de tu parte.
Es peligroso. ¿Qué ganaría teniendo a alguien como tú aquí?
Selim, tienes que ayudarme. Ya te he dado mi respuesta, Gayo.
¡Márchate de aquí! -Espera, Selim.
Puede quedarse.
Tengo una proposición que hacerte.
(Ladridos)
De acuerdo, está decidido. Me uniré a vosotros.
Contamos contigo y tus hombres, Gayo. El plan es el siguiente:
deberás ordenar que la legión se desplace a otra zona.
En la ciudad solo quedarán 200 soldados romanos
y de nuestra parte tendremos a todos los gladiadores Cabeza de Lobo.
Pasaremos aquí la noche y tú, Gayo, tomarás el mando de nuestras fuerzas.
Guiarás a los hombres para entrar en el palacio del Procurador.
Nadie mejor que tú conoce el palacio,
los puestos de los centinelas y los de los guardias.
No sé quiénes son esos siete gladiadores,
pero los he visto luchar en la arena
y nosotros les venceremos.
Yo encontraré al procurador y a los suyos
aunque se escondan todos bajo tierra...
y acabaré con todos de un solo golpe.
Nuestros amigos llegarán dentro de poco.
Para evitar riesgos, dejaremos las armas en los sótanos del templo.
Tenemos que organizarnos.
¿Por qué lo negáis? ¡Vosotros estáis con la revuelta!
Por eso queríais que me marchara. Tú ya nos has traicionado.
No. Y no tengo intención de traicionaros.
¿Traicionarás a los romanos? No, Balisten.
¿Entonces por qué estás aquí?
Para advertiros de que la revuelta será un fracaso.
(SUSPIRA)
Sé que estoy en deuda con vosotros y no voy a olvidarlo.
He venido para salvaros. Nosotros no te creemos.
Tú tampoco...
Si yo os hubiera denunciado, los romanos ya estarían aquí, ¿no?
Estarán esperando un momento más oportuno.
¿Aún más que este?
Vamos... Os ofrezco la última oportunidad
para que podáis salvaros y la libertad.
Os he dado mi palabra.
Si no es cierto lo que digo,
podéis hacer de mí lo que queráis.
(Música suspense)
(Golpes)
Bienvenidos.
Son nuestros victoriosos gladiadores Cabeza de Lobo.
Bien. Ahora los someteremos a prueba.
Pero esta vez será contra unos adversarios distintos,
los verdaderos soldados de Roma.
(RÍE)
Aquí tienes a tus gladiadores.
(Música tensión)
¡Dejádmelo a mí!
(Espadas)
(RÍEN)
(Pelea)
(Música tensión)
(Música acción)
(Trompeta)
Salve a todos.
-Nadie saldrá por esta puerta sin recibir una patada en el trasero.
-Este alboroto no se puede tolerar a estas horas de la noche.
Veo patadas, puñetazos, bofetadas y eso no se puede consentir.
(Música acción)
Pues toma.
-Vamos, despierta, despierta, despierta, a por ellos.
(Música animada)
-¡No, la ensalada no!
-Tronco, ven aquí, rápido. Tenemos que preparar una estrategia.
Vamos, ven aquí, date prisa. -Estoy bajo fuego enemigo.
-Hay que resistir a toda costa. -Sí, mi comandante.
(Continúa la música)
(SILBA)
(Continúa la música)
No me ha hecho daño.
¡Estáis empezando a enfadarme!
(RÍE)
(Música tensión)
(Pelea)
(Trino)
(Viento)
Vete.
Pie.
Se acabó la fiesta. Buenas noches.
(Pelea)
(Música regional)
(Golpes)
(Gong)
(Redoble)
(Música acción)
(Música tensión)
¡Ah...!
Ah...
Ah...
Ah...
(Música victoriosa)
(RÍEN)
Te estamos agradecidos, Marco. Te debemos nuestra libertad.
No es a mí, es a Roma, que ahora está en deuda con vosotros.
¿Dónde iréis ahora?
Yo iré a mi granja. Ellos me ayudarán a que prospere.
Adiós, Marco. Adiós.
Adiós. Adiós, amigos.
Adiós, Claudia. Adiós.
Hasta pronto. Adiós.
¡Eh, esperadnos! -¡Estamos con vosotros!
-Adiós, Marco. (RÍE) Adiós.
Adiós, Claudia. -Adiós, adiós.
Adiós, Goliat. Adiós, adiós, adiós.
(Música romántica)
(Música créditos)
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