All language subtitles for La.Leggenda.di.Enea(1962)HDesp

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Original subtitles

"El caballo de madera,

símbolo de la traición de los griegos,

llevó el fuego y la muerte a la orgullosa ciudad de Troya.

Aquellos que pudieron escapar de las llamas

comenzaron un viaje de exilio que parecía no tener fin

conducidos por Eneas,

el último defensor de la gloriosa Troya.

Siete años a través de tierras desconocidas

y mares inexplorados,

hasta llegar a las costas violentas y hostiles de Italia".

LA LEYENDA DE ENEAS

(Música cabecera)

(GRITA) ¡Alto!

¡Alto!

No salgáis de la columna. No os disperséis.

-¡Deteneos! -¡Deteneos!

-¡Deteneos! -¡Deteneos!

¡Los del principio, esperad!

Se ha hundido.

Descargadlo.

Quitadle todo el peso.

Rápido. ¡Echadnos una mano!

Saquémoslo de aquí.

¿Preparados?

Ya está casi.

Seguid empujando.

Vamos. Hemos de continuar la marcha.

¡Padre!

¡Padre!

¿Cuánto tardaremos en encontrar agua?

Poco. Eso espero.

¿Quién es ahora?

La madre de Lisia está enferma.

Tiene fiebre y nos pide agua.

Vuelve a su lado y quédate con ella.

No queda agua, pero mi padre dice que pronto encontraremos.

-Están agotados. No pueden continuar sin comer ni beber.

No encontraremos nada en estos pantanos.

Hemos de salir de estas tierras cuanto antes

o perderán la esperanza.

Eso es lo que más temo.

Tú eres nuestra única esperanza, Eneas.

¡Eneas, Eneas!

¡Eneas! ¡Eneas!

Hemos divisado unos hombres en el bosque.

Parece un grupo de pastores.

Tal vez nos ayuden.

Ácates, Serestus.

Quedaos aquí y que nadie se aleje del grupo.

Bisia, Pándaro, venid conmigo.

Preparaos para continuar. Saldremos de esta ciénaga.

Eneas nos conseguirá agua y alimentos.

(Música)

Estamos llegando a un claro. Allí acamparemos.

(Música)

(RÍE)

Venga, bébetela toda.

¿Quieres ahogarme?

No sería una buena manera de morir después de todo.

No, si puedo impedirlo. (RÍEN)

Cuidado, que la rompes.

¡Sacad los caballos! -¡Sacadlos del agua!

-¡Fuera! -¡La estáis ensuciando!

-¡Fuera de aquí! -¡No!

¡Fuera de aquí, vamos!

¡Aparta! ¡Fuera!

¡Sacad los caballos del agua!

¡Vete!

Espera, Mesenio.

No quieren dejar beber a nuestros caballos.

No es verdad. Queríamos llenar nuestros cántaros de agua limpia.

Nuestros caballos también están sedientos.

Pero son animales.

Los hombres y mujeres de nuestro campamento necesitan agua.

¿De tu campamento? ¿Y dónde está?

Junto a la confluencia del Tíber.

Somos troyanos y nuestro jefe es Eneas.

¿Eneas?

Vuestro jefe es un hombre muy famoso.

En estos reinos también se cuentan historias sobre su gloriosa causa

y sobre sus batallas perdidas.

Es un gran honor.

El último defensor de Troya

ha dirigido sus pasos hasta nuestras tierras.

Para mí no es más que un intruso.

Eres demasiado impulsivo, Mesenio.

Si el famoso Eneas tiene sed que beba.

No pide mucho.

Dejemos que cojan toda el agua que quieran.

Gracias en nombre de Troya.

Como veis, somos más generosos con los troyanos que los griegos.

Vamos, Mesenio.

¡Vamos! ¡Seguidme!

(Música)

(RÍE)

¿Dónde está vuestro jefe?

¿Qué quieres?

Así que tú eres Eneas.

El famoso guerrero troyano.

Parece un pordiosero.

Como todos los demás.

No le hagas caso, no conoce tu fama.

Y da demasiada importancia a las apariencias.

¿Y tú?

Yo soy Turno, rey de los rútulos.

Doy la bienvenida a nuestro ilustre visitante

y ofrezco todo lo que necesite para su viaje.

No necesito tu ayuda. Nos quedamos aquí.

Ya le he pedido su consentimiento al rey Latino.

Y estoy esperando el regreso de nuestro mensajero.

Ya que rechazas mi ayuda, te pido al menos que escuches un consejo.

Coge provisiones y vete de aquí.

No parece un consejo, sino una orden.

Conoces estas tierras,

pertenecen al rey de Laurentum

y es el único que puede echarnos.

¿El único?

Echa una mirada a tus hombres.

No creo que puedan ni sostener una lanza.

¿Quieres comprobarlo?

¿Y ahora qué harán?

No lo sé.

Pero sí sé lo que haremos nosotros.

Levantemos el campamento y disfrutemos del merecido descanso.

Volved al trabajo. Vamos. Todos a trabajar.

¡Vamos, a trabajar! Ánimo.

Voy a regresar a Laurentum.

Tú ve a Rutilia

y vuelve con dos compañías de los mejores soldados.

No necesitamos a tus hombres.

Hay una forma de arrasar el campamento de esos intrusos.

En el valle pasta el ganado del rey Evandro.

Toros bravos, salvajes, enormes y violentos.

Puedo convencer a los pastores que los cuidan.

Bestias salvajes contra bestias humanas.

No tendremos que mancharnos las manos.

(Música)

¡Es Ácates! ¡Ácates ha vuelto!

¡Eneas, Eneas!

Ya viene Ácates. Ya llega.

Viene en un carro.

Buenas noticias, Eneas. El rey Latino te espera.

Serás recibido con el respeto y los honores

que corresponden a tu fama.

Es más de lo que esperábamos.

Todos los gobernantes de los reinos del Lazio

se reunirán en el palacio real para darte la bienvenida.

Todos han sido invitados por el rey Latino.

¿Qué sabes sobre Turno?

Es rey de Rutilia.

Y sobrino de la reina Ámata.

Lo trata como un hijo... -¡Mirad! Una manada de toros.

Vienen hacia aquí.

Refugiad a las mujeres y a los niños en el bosque. ¡Rápido!

(Gritos)

¡A los caballos!

Intentaremos desviarlos del campamento.

Seguidme, deprisa.

¿Qué haces aquí? Escóndete en el bosque como los demás.

(Mugidos)

(Relinchos)

¡A por los pastores, son los que guían el rebaño!

Cambian de dirección.

Sabía que Turno haría una cosa así.

Por eso te pregunté por él.

¿Qué piensas hacer, Eneas?

Prepara una escolta.

Ahora iré a ver al rey.

En Laurentum.

Hablaré con él.

De acuerdo.

-Atad las cuerdas al suelo.

¡Serestus, Serestus!

Muy bien. Bajad el armazón y dejadlo secar.

¿Sí, Eneas?

Te dejo al mando del campamento.

Cortad troncos para levantar una empalizada alta y fuerte.

No te preocupes, Eneas. Yo me encargaré de todo.

Julio.

¿Eh?

Dime.

¿Tenías miedo de los toros? ¿Yo? No.

Bueno, un poco sí.

Pero no me escondí. Bien, hijo.

Me voy a Laurentum.

Casi nunca podemos hablar como padre e hijo.

Pero yo siempre te observo.

Ya lo sé.

Y eso me da fuerzas en los momentos difíciles.

Es un honor verla aquí. -Es un gran acontecimiento.

-Pensamos lo mismo.

Por lo que veo se ha organizado un recibimiento de gala

para el extranjero.

Siguiendo las instrucciones que me ha dado el rey.

Que ha hecho caso de tus consejos, estoy seguro.

He sabido que eres el consejero más influyente que ha tenido el rey.

El más leal.

Podrías ser muy útil a mis órdenes.

Ya tienes a Mesenio.

Un consejero perfecto.

El rey ha ordenado a su pueblo que le dé la bienvenida a Eneas.

¿Y si no aparece?

¿Por qué piensas que no lo hará?

Es solo una idea.

Una posibilidad que puede darse.

Te saludo, Pallante.

Me alegra verte.

Sé que tu padre te necesita,

pero es una pena que no podamos vernos más.

Sí. Y es una pena no haber visto a tus hombres

cuando entraban en nuestras tierras y robaban el ganado.

Nuestro joven amigo tiene una lengua muy afilada.

¿Te sorprende?

Sabes que dice la verdad. ¿Esperas que te salude como humano?

Camila.

No creerás esas mentiras, ¿no?

Prefiero no creer nada.

Y menos si se refiere a ti.

Bien dicho.

Eso demuestra que no has dejado de amarme, Camila.

Tal vez, pero ¿significo algo para ti?

Mucho más de lo que te imaginas.

(Fanfarria)

(Griterío)

¿Te interesa la visita del troyano?

En absoluto. Me es indiferente.

Pero has venido y estás más hermosa que nunca.

¿Crees que me interesa especialmente?

Puede ser.

Si quieres una explicación, no olvides que soy la hija del rey

y he de recibir a sus invitados.

Es uno de mis deberes.

Naturalmente, pero cuando vengo a Laurentum

yo también soy un invitado.

(Fanfarria)

(Griterío)

Apartaos, niños.

-Eneas, es un honor recibirte.

Te presento a mi mujer, la reina Ámata,

y a mi hija, Lavinia.

No sé cómo darte las gracias por esta bienvenida.

Todos conocemos tu valor.

Y aunque estás en el exilio, la gloria de Troya vive en ti.

Mi pueblo fue expulsado de su tierra y ahora llegamos hasta ti.

Sabemos que una guerra larga y fatal destruyó tu patria.

Y por lo que hemos oído,

los vencidos se comportaron con más nobleza que los vencedores.

Tus palabras me recuerdan los gloriosos días de paz en Troya.

El destino nos ha traído hasta aquí.

Para mí es como un regreso.

Tenemos el mismo origen,

ya que el fundador de Troya era del Lazio.

Me alegra que recuerdes ese vínculo.

Y espero que mi ruego sea atendido.

Danos asilo en tu reino.

Hemos llegado al Tíber por voluntad de los dioses.

Y si tú lo permites, nos quedaremos.

Te doy mi palabra de que tu petición se considerará favorablemente, Eneas.

Y los otros gobernantes que han acudido

para ofrecerte su respeto comparten mi opinión.

Camila, reina de los volscos.

Es difícil encontrar a un hombre que la supere en valor y osadía.

Gracias por honrarme con tu presencia.

Pallante, hijo del rey Evandro.

-Te saludo en nombre de mi padre, que por su edad no ha podido venir.

Es un orgullo recibirte.

Tu padre debe de estar orgulloso. Yo se lo diré.

Y este es Turno, rey de los rútulos.

Ya nos conocemos.

He tenido el placer de visitar su campamento.

Admiro mucho a su numeroso grupo de seguidores.

Y a su jefe claro, el famoso Eneas.

Antes de irme le daré un pequeño consejo.

Ya hemos recibido una prueba de esa admiración.

Como hombre al servicio del rey me atrevo

a rendir homenaje al gran viajero y ahora ilustre huésped.

-Calcus es mi fiel consejero.

-Todos los príncipes que compiten en los juegos

han de elegir hoy sus caballos.

¿Piensas participar? Sí.

Si tú no me aconsejas lo contrario.

Solo quiero decirte,

no dejes que Turno despierte tu ira.

Muestra la misma dignidad que antes, fuera el palacio.

Admiro la calma que tuviste ante su provocación.

¿Qué pasó en el campamento?

Nada importante. ¿Estás seguro?

Conoces a Turno mejor que yo.

¿Por qué quiere que salgamos del Lazio?

Por muchas razones, supongo.

Las mismas por las que yo quiero que te quedes.

Usaré toda mi influencia para que el rey atienda tu petición.

Un griego pintó estos frescos hace algunos años.

Si quieres, entra, Eneas.

Gracias, Calcus.

He de volver junto al rey.

Esperaba que no descubrieras esta habitación.

¿Por qué, Lavinia?

Por el dolor que pueden despertar las imágenes del pasado.

Nuestro propio recuerdo puede ser más doloroso.

Todo esto vive en mi memoria.

No puedo recordar otra cosa.

Por lo menos espero que el artista fuera imparcial.

Solo el tiempo lo es.

Y la tregua entre los vencedores y los vencidos que trae la paz.

¿Me estás diciendo que no odias a sus enemigos?

Ya no son enemigos.

Luché contra ellos sin odio.

Luché por amor a la tierra que defendía.

Pero los griegos arrasaron tu patria

y os llevaron al exilio a ti y a tu pueblo.

Es verdad.

Pero esos recuerdos no provocan ninguna amargura.

Ni odio.

Me sorprende mucho oírte hablar de esa manera.

¿Qué esperabas?

Que dirías las frases vacías que usan los héroes,

que solo creen en la fuerza y en la venganza.

¿Y si no soy un héroe?

Claro que lo es, Lavinia.

Nuestro Eneas es muy modesto.

Ya has visto el recibimiento

que le han dado los campesinos y los ciudadanos, impresionante.

Y ellos son quienes crean los mitos.

Vamos, hija. Nuestro huésped necesita descansar.

Ha sido un día agotador incluso para él.

Eres muy amable.

Tu hospitalidad es bien conocida.

Te he estado buscando, Ámata.

A ti también quería verte.

Tú y yo nos hemos visto demasiado.

Has de tener un poco de paciencia, Turno.

Lavinia siempre ha sido muy obstinada.

Sí, soy paciente.

Pero ¿hasta cuándo he de serlo?

Hasta que te conozca mejor y aprecie tus cualidades.

No tenemos mucho tiempo.

¿Por qué?

¿Todavía deseas verme reinar como soberano de Laurentum?

Claro que sí. Eres mi sobrino.

Entonces hay que actuar

antes de que los troyanos echen a perder nuestros planes.

Vamos.

Fuera.

Eneas. ¿Qué te hace pensar que sea una amenaza?

Conozco su poder. Estabas allí.

Viste la actitud de Calcus y Latino y viste cómo lo aclamaba la gente.

En Laurentum siempre recibimos

a nuestros visitantes con gran protocolo.

Sí, ya lo sé.

Eneas no es un simple visitante.

Los hombres como él se creen salvadores de los oprimidos,

defensores de la libertad.

Tienen un poder extraordinario que trasmite su valor a los débiles.

Más bien parece que lo estés elogiando.

En absoluto.

Intento comprendas el peligro que supone si se queda en el Lazio.

¿Crees que le bastará esa porción de tierra junto al Tíber?

¿Qué pedirá después si su popularidad sigue aumentando?

Si lo que dices es cierto, debemos ocuparnos de él.

Y creo que sé cómo podemos hacerlo.

Dímelo.

No olvides que Latino

aún no ha tomado una decisión sobre Eneas.

Puedo convencer a mi marido

para que no le ceda las tierras que pide.

Has oído al rey.

Ha ido demasiado lejos y ya no podrá negarse.

Es posible.

¿Tienes otra solución? Explícate.

Debo casarme con Lavinia enseguida.

Escúchame, Ámata.

El tiempo va a favor de Eneas. Hay una esperanza.

Si me caso con ella podré expulsar del Lazio a esos troyanos.

Sé que te pido mucho.

Pero todo está perdido

a menos que el rey anuncie esta misma noche

nuestro compromiso.

Lavinia es mi hija.

Y su felicidad es muy importante para mí.

No te ama, me lo ha dicho.

¿Serás bueno con ella? Prométemelo.

Tienes mi promesa.

Sé muy bien lo que siente por mí.

Puedes estar segura de que haré todo lo que pueda para que me ame

y para hacerla feliz.

Dame tiempo para pensarlo.

Muy buen salto. ¿Lo has visto?

-Sí. ¿Participas en los juegos? -Claro, ya puedes prepararte.

No tienes nada que hacer.

Ataquemos a los troyanos. Esta vez con tus soldados.

Aprovechemos que Eneas no está con ellos.

No será necesario. No estoy de acuerdo.

La fuerza es siempre necesaria.

En eso estás equivocado.

Mesenio, si hubieras sabido ser más astuto y menos tirano,

todavía serías rey de los etruscos, en vez de ser solo mi consejero.

Un día volveré a ocupar mi trono. Con mi ayuda.

(Música)

Esta es otra cosa que tenemos en común.

No nos gusta nada Turno.

Si Turno te parece desagradable,

para mí ha llegado a ser una obsesión.

Perdóname, Eneas, si mis palabras no tienen sentido para ti.

Tienes derecho a tus sentimientos, Lavinia.

Y sean cuáles sean, siempre los defenderé.

¿Por qué no montas y nos demuestras tu habilidad en el salto?

No, gracias. Solo soy un espectador.

Es bien sabido que los espectadores no ganan nunca.

No es mi intención competir.

Pero si cambio de idea, lo sabrás enseguida.

Nuestros honorables invitados están llegando, majestad.

-No hay mucho tiempo. ¿Qué has decidido?

Si es que mi felicidad y mis deseos tienen algún valor para ti,

harás lo que te pido.

-No olvides que los deseos de mi hija también me importan.

-Lavinia gobernará con Turno.

Tendrá a un hombre poderoso a su lado en el trono.

Un hombre que es capaz de tomar decisiones

sin la ayuda de un consejero.

-¿Todavía no confías en mi poder?

-Careces de él.

Porque siempre haces lo que Calcus te dice que hagas.

-Siempre la violencia. No la tolero.

Yo confío en que los pueblos del Lazio sepan convivir en paz

unos con otros.

-Has de ser realista.

Cuando Lavinia se ciña mi corona quiero estar segura

que para ella será algo más que una joya, un símbolo de poder.

-Cuando hablas así me parece oír la voz de Turno.

-Y cuando tú hablas siempre es con palabras de Calcus.

¿Qué tienes contra mi sobrino? Dímelo.

-Sería una imprudencia darle a Turno más poder del que tiene.

Tengamos en cuenta a los otros pueblos del Lazio.

Recuerda, los etruscos nos odian por su culpa.

-¿Desde cuándo tienes miedo a los etruscos?

-Desde que se han levantado en armas.

Si una guerra nos divide, nos destruirán.

No sé quién es más peligroso, si Turno o Mesenio.

Creen que saben cómo usar el poder, pero son unos tiranos.

-Eso no es verdad. Turno no es un tirano.

Si le cedes a Eneas parte de tus tierras,

has de anunciar esta noche que Turno y nuestra hija Lavinia se casarán.

Si no lo haces, perderás totalmente mi respeto.

Mi marido no va a seguir tus consejos nunca más.

Es el rey quien debe tomar decisiones.

(Tambores)

(Música)

No debes preocuparte. Tendrás tus tierras.

Latino tarda en decidirse porque teme por Lavinia.

No lo entiendo.

Latino está atrapado entre la reina Ámata y tú.

Ten cuidado.

No seas imprudente.

-Tú, Eneas, has venido ante mí en buena fe para pedirme lo que,

como rey del Lazio, puedo darte a ti y a tu pueblo.

Por el poder de mi corona te cedo la total soberanía

sobre las tierras de la confluencia del Tíber.

Una soberanía que pasará de ti a tus hijos,

quienes tendrán el rango de príncipes del Lazio

a partir de este día y para siempre.

-¿Lo ves? Ya te lo dije.

Majestad, solo tengo palabras de agradecimiento.

Te doy mi palabra de que nunca te arrepentirás del regalo

que hoy les haces a los troyanos.

No tomarás en serio sus promesas, ¿verdad, Latino?

Estás cometiendo un grave error.

Dividir tu reino para dar unas tierras a unos extranjeros.

Debo advertirte que el peligro

que estás creando no afecta solo al Lazio

y puede romper nuestra alianza.

En Laurentum siempre hay lugar

para quienes quieren vivir en paz con sus aliados

aunque sean extranjeros.

Tu pueblo es uno de los muchos que habitan el Lazio.

¿Y nuestra opinión?

Nuestros reinos son fronterizos.

Pregúntanos si queremos que esa gente se quede.

¿Qué piensas tú, Camila?

Comparto con el rey Latino su respeto por Eneas,

pero mi posición ha de ser firme.

Estoy de acuerdo con Turno.

No discuto el derecho a ceder parte de tu territorio a quien quieras.

Pero tampoco olvido los posibles riesgos.

Las consecuencias de esta invasión.

-Todos te damos la bienvenida, Eneas.

Todos los que amamos la paz nos alegramos

de que seas un príncipe igual en poder

a los otros gobernantes del Lazio.

Nosotros también hemos padecido abusos y humillaciones

como las que sufrió Troya

por aquellos que gobiernan teniendo como única ley la de la violencia.

No, Pallante.

Llámalo fuerza.

Aunque digáis que no es útil, yo la ejerzo cuando es necesario

y siempre con buenos resultados.

Usa tu fuerza en Rutilia mientras puedas.

Pero en mis tierras, porque ahora son mías,

solo tienen valor las leyes y nadie las violará.

Nadie.

Música.

Eneas.

¿Qué quieres? Hablar contigo.

Puedes ahorrarte la molestia. Ya he visto estas pinturas.

¿Estás seguro?

Al contrario.

Yo creo que has olvidado completamente lo que les sucede

a aquellos que se resisten a un poder más grande que el suyo.

El rey Latino te ha dado las tierras que querías.

La multitud te ha dado su apoyo, pero eso no es bastante.

Aunque no lo creas te falta lo más importante.

Mi consentimiento.

No lo necesito.

Eso ya lo veremos.

Te has puesto en mi camino y no lo permitiré.

Te lo digo por última vez.

Vete de aquí.

¿Crees que puedes echarme de aquí?

¿Y tú puedes enfrentarte a mí, Eneas?

No admito la decisión del rey.

Me opondré con todas mis fuerzas.

¿Tienes algo más que decir?

¿Por qué no aceptas mi oferta? Alimentos, carros y oro.

Vete en paz. Continúa tu viaje.

Escúchame, Eneas.

Mañana no podré garantizarte nada. Ni tu vida.

Ahora escúchame tú.

Nos vamos a quedar en la tierra que nos han dado a pesar de todo.

Te quedarás en la tierra, pero ¿encima o debajo?

Qué impresionante aquel caballo de madera.

Hasta mañana, príncipe del Lazio.

(Música)

Habéis elegido un bello lugar para acampar, amigos.

¿Por qué habéis levantado esa empalizada?

Hemos de estar preparados -para recibir visitas inesperadas.

-¿Cómo el ganado del rey Evandro? -Guiado por hombres de Turno.

-Bueno, explícanos. ¿Dónde podemos encontrar caza?

-En los alrededores de la ciudad hay ciervos, osos y liebres.

-¿Nos llevarás hasta allí?

-Yo cuido estos pastos de la ribera del Tíber y no puedo alejarme,

pero si hacéis lo que os digo, encontraréis el lugar sin problemas.

Cuando salgáis el campamento, seguid la corriente

hasta unas piedras blancas.

A la izquierda veréis un bosque de álamos

y después un gran bosque de robles,

donde se puede encontrar toda la caza que necesitáis.

-¿Por qué nos explicas todo esto, pastor?

¿Qué quieres de nosotros a cambio?

Podéis quedaros toda la carne,

pero dadme las pieles de los animales que cacéis.

-Me parece bien. Preparaos para la caza.

¡Eh, Bisia! Julio quiere acompañarnos.

-Tengo buena puntería.

-Estira con fuerza. Has de tensar bien la cuerda.

-Ya lo sé.

-La puntería no basta. Has de llevar la cuerda hasta el hombro.

Sigue estirando. Muy bien.

(RÍE) Podrías darme al primer disparo.

Vámonos.

-Os estaremos esperando.

Será mejor que no volváis sin la caza.

-Y será mejor que acabéis pronto esas puertas.

Porque si no están cuando volvamos, os quedaréis sin cena.

(RÍEN)

(Música)

Turno le ha dado una patada.

-Mira, otra vez.

Te doy este cinto como símbolo de tu victoria.

Pero no de tu honor.

Una victoria que no mereces en absoluto.

De acuerdo, reto a todos los presentes.

Daré gustosamente este trofeo

a cualquiera que lo haga mejor que yo.

Acepto el desafío.

(Música)

¡Ha perdido! No, ha cortado la cuerda.

¿Has visto eso? La ha vuelto cortar.

-¡Dos veces seguidas!

Majestad.

Con tu permiso, me gustaría darle este trofeo a Pallante.

Es quien realmente lo merece.

Pallante.

Es Mesenio.

-¿A quién traen en las literas? -No lo sé.

Pero los dos prisioneros son troyanos.

-¿Por qué haces esto, Mesenio?

¿Es necesario interrumpir los juegos?

-Esto no puede esperar.

Dos súbditos leales han sido brutalmente asesinados

cuando intentaban defender las sagradas leyes de Laurentum.

Todos conocéis al sacerdote Tiro, guardián del Ciervo Sagrado.

Y a su hijo Bétulo.

Miradlos ahora.

¿Por qué llevas presos a mis hombres?

Porque son los responsables de la muerte

de nuestros amados sacerdotes.

Habla. ¿Eso es verdad?

No sabíamos que los ciervos eran sagrados.

Nuestro pueblo necesita comida. Dijeron que podíamos cazar.

-Eso no es lo que te pregunta Eneas.

Quiere saber quién ha asesinado a Tiro y a su hijo.

-Estaban escondidos en el bosque. Caímos en la trampa.

Eran más de 30 hombres.

Respóndeme. ¿Los matasteis?

No queríamos hacerlo. Pero ellos nos atacaron sin piedad.

Nos habrían matado a todos si no llegamos a luchar.

-Lleváoslos.

Todos habéis oído su confesión, ¿verdad?

Ya sabemos de lo que son capaces los troyanos.

Tranquiliza a tu pueblo, rey Latino.

Dame tiempo para descubrir la verdad.

Atrás. Regresad a vuestras casas.

Os lo manda el rey.

-¡El pueblo pide justicia!

-Detente. Detente, Mesenio. No sabes lo que estás haciendo.

-Esto es demasiado.

Empiezo a creer que estás loco.

Nada de eso. No había más remedio.

¡Matadlos!

Debemos acabar con ellos. ¡Haced lo que os digo!

¡Tras ellos, que no escapen!

¡Seguid! ¡Que no escape ni uno!

¡Han matado a Tiro y a su hijo! ¡Rápido!

¡Han violado las sagradas leyes! ¡Acabad con ellos!

-¡Es Pallante! ¡Pallante y su guardia!

¡Por aquella puerta!

¡No os detengáis!

¡Deprisa! ¡Deprisa!

Debemos llegar a la puerta este

antes de que nos corten todas las salidas de la ciudad.

Mis hombres nos esperan fuera con algunos caballos.

No, antes debo hablar con Latino.

Le diré que los troyanos no le hemos traicionado.

Turno no te dejará hacerlo. Toda la ciudad está de su parte.

Salgamos, rápido.

¿Qué vas a hacer? ¿Quién te protegerá ahora?

No te preocupes por mí. Debes salvar a tus hombres.

Y a ti mismo.

Eres la única esperanza que nos queda.

Debo regresar al campamento antes de que Turno ataque.

No saldrá de Laurentum hasta mañana.

Necesita tiempo para preparar el ataque.

No puedo arriesgarme.

Si ataca, he de estar junto a mi pueblo.

Pallante, ve a hablar con los etruscos.

Tal vez unan sus fuerzas a las nuestras.

Sí, se aliarán con nosotros,

pues Turno y Mesenio también son un peligro para ellos.

Los etruscos no confían mucho en mí porque fui amigo de Turno.

No será fácil convencerlos

de que ya no soy un aliado de los rútulos.

Pero lo intentaré.

Si todo sale bien,

uniremos nuestras fuerzas al gran ejército etrusco.

Ácates te acompañará.

Si fracasa tu negociación, envíalo al campamento al anochecer.

A tus órdenes, Eneas.

-Seguidme.

(Gritos)

¡Guerra, guerra!

-Es imposible. No puedo hacer lo que me pides.

Estoy seguro de que Eneas castigará a los culpables

si Mesenio dice la verdad.

Pero ¿aún no te has convencido

a pesar de que Eneas ha huido con sus cómplices?

Si es inocente, que lo demuestre.

¿Y arriesgarse a morir a manos de la multitud exaltada?

El odio que has despertado en ellos no se puede controlar.

El cuerpo del sacerdote que yace junto al de su hijo en la plaza

pesa más que tus palabras.

Fue una trampa. Los troyanos solo se defendieron.

¿Contra quién?

Desde luego no contra mis hombres.

El pueblo quiere justicia y la está pidiendo.

Escúchalos, rey Latino. Su voz es más poderosa que la tuya.

No confías en Turno,

pero Turno no te ha traicionado, sino Eneas, tu nuevo aliado.

Ya no puedes recurrir a Calcus.

Ellos han asesinado a tu consejero.

Puede que eso haya sido lo mejor.

Ya no podrá influirte con su venenosa palabrería.

Ya no serás más su peón real.

-Ni una palabra es cierta.

Dime por qué un hombre como Eneas ha de comportarse como un traidor,

rompiendo su juramento cuando siempre ha hablado de paz.

Vino aquí pidiendo hospitalidad. Y se la dimos.

-Claro que sí. Y se ha aprovechado de eso.

Eneas quiere mucho más.

Ahora que hemos descubierto su engaño, nos atacará, seguro.

Arrasaremos su campamento. Le prenderemos fuego.

No hay otra salida y lo sabes muy bien.

Esperad. Esperemos antes de derramar más sangre inocente.

Nosotros sabemos esperar, pero el pueblo no sabe.

Te pido que invoques al dios de la guerra.

Si no luchas contra los troyanos, tu pueblo se levantará contra ti.

¿Crees que mis soldados no obedecerán

la orden de acabar con los disturbios?

¿Por qué me lo preguntas?

Pregúntale a él.

Él comanda tus tropas.

Todos los soldados están de parte del pueblo.

Y el pueblo pide que el sacerdote y su hijo sean vengados.

-¿Te das cuenta por qué debemos confiar en Turno?

Defenderá Laurentum y defenderá tu trono.

Mesenio está reuniendo a mi ejército

y también Camila luchará con nosotros.

Creo que te equivocas.

¿Qué necesidad tengo de seguirte en esta locura?

¿Locura? ¿Así es como lo llamas?

Ayer me pareció que estabas de acuerdo con mis ideas.

Aclaremos las cosas.

Odias a Eneas.

Y por eso quieres que nos arriesguemos a una guerra

contra los etruscos.

Debo liberar las tierras de la ribera del Tíber

y expulsar a Eneas.

Tus soldados y los míos pueden atacar.

Y en cuanto a Camila, entrará en razón si todavía le importo.

¿Qué quieres de mí?

-Que abras el templo de Jano.

-Que lo haga Turno.

Es el único que quiere esta guerra.

La responsabilidad es suya.

Y la acepto. Toda la responsabilidad.

Que los guardias preparen la ceremonia.

Acompáñame, Lavinia.

(Música)

(Risas)

¿Cuántas hecho? Unas 200, buenas y fuertes.

Y 150 lanzas.

-Reparte también entre los más viejos.

Aún podemos luchar mejor que muchos de estos jóvenes del demonio.

Habréis de esperar hasta que no podamos sostenerla.

Entonces a lo mejor tenéis suerte.

Puede que falten armas, pero no valor.

Esperemos que Ácates regrese con buenas noticias.

Esperémoslo.

Pero casi ha anochecido

y no hay señal de él ni de los etruscos.

Por lo menos tampoco hay señal de Turno.

No creo que se arriesgue a salir de Laurentum antes de mañana.

-¡Mirad! ¡Los rútulos están aquí! ¡Los rútulos!

(Silencio)

Son demasiados para nosotros.

Romperán nuestras líneas al primer ataque.

¡Todo el mundo a cubierto!

¡A las armas, rápido!

No creo que nos ataquen ahora.

Dentro de poco será de noche.

Turno ha venido para mostrarnos su poder.

¡Eneas!

Aún no es demasiado tarde.

Te ofrezco la posibilidad de abandonar estas tierras.

Es mi última advertencia.

Si no entras en razón,

derribaremos las puertas mañana por la mañana.

Todos moriréis. Acabaremos con vosotros.

Muy bien, Eneas.

Ven y recoge a este hombre que quiere morir contigo.

Es Ácates.

Abrid las puertas.

(Música trágica)

(Silencio)

No podemos seguir engañándonos.

Sería un suicidio enfrentarnos a Turno sin ayuda.

Debo atravesar sus líneas

y regresar con refuerzos.

O mañana Turno nos destruirá.

Tal vez Pallante no ha podido convencer a los etruscos.

Y me será difícil.

Pero tengo que intentarlo.

Si me quedo aquí solo podré rendir las puertas a Turno

y suplicarle que perdone las vidas de nuestras mujeres y niños.

Ve, Eneas.

Todos sabemos que si los etruscos han de escuchar alguien, es a ti.

Tendrás problemas para salir. Las líneas de Turno son fuertes.

Necesitas que alguien te acompañe. Déjame ir contigo.

Yo también quiero ir. Preparaos.

(Relinchos)

¿Qué tienen los caballos?

¡Son los troyanos! ¡Alerta!

(Gritos)

¡Vayámonos! ¡Deprisa!

Estoy desatando los caballos para que no nos sigan.

No hay tiempo. Vamos. Es una orden.

Rápido, Niso. Vamos.

(Relinchos)

(Espadas)

Aguanta, Niso.

Dame la mano.

¡Niso!

(Música trágica)

(Música bélica)

(Cuerno de guerra)

Necesitamos flechas. Coged todas las que podáis.

-Aquí han caído muchas.

-Más. Necesitamos más.

Pallante, reúne a tus hombres.

Haz como que atacas la caballería de Turno.

En el último momento gira hacia el bosque

que está a la derecha del campamento.

No te fallaré.

Adelante.

¡Caballería! ¡Al ataque!

¡Al ataque!

-¡Encended las flechas!

¡Pallante y sus hombres atacan a nuestra caballería!

¡Id con Turno!

-Ánimo. Aprovechad bien las flechas. -Es Pallante. Viene hacia aquí.

-¡Adelante! -¡Al ataque!

¡Mesenio! Yo seguiré a Pallante. Continúa atacando el campamento.

Aquí llega el mensajero que esperábamos.

-La caballería de Turno ha perseguido a los hombres de Pallante.

Eso es precisamente lo que quería.

¡Mirad allí! Los volscos nos atacan.

Camila.

Formad una línea de defensa. Rápido.

-¡Adelante! ¡Adelante!

¡Al ataque!

¡Que no se escape ninguno! ¡Ánimo!

Pallante no resistirá mucho tiempo.

¡Dispara contra ella!

¡Vamos al campamento! Dejadlos ir.

¡La batalla está perdida! -Deteneos. Volved. ¡Cobardes!

¡Volved aquí y que luchéis os digo! ¡Traidores!

¡Volved a pelear!

(Gritos)

¡Lisia!

¡Lisia!

¡Hijo mío! (LLORA)

-Eneas.

¡Eneas!

-¡Turno!

¿Qué ocurre?

Camila se unió a nosotros con sus hombres.

Pero Eneas y los etruscos los han vencido.

Los volscos se han retirado al morir Camila.

Camila.

Ahora Eneas está atacando a los soldados

que rodean su campamento. ¡No podemos quedarnos!

¡A Laurentum!

Tenemos que defender la ciudad.

¡Lisia!

¡Lisia!

¡Lisia!

(Música suave)

Poned su cuerpo en un carro y llevadlo a su casa.

Decidle a su padre que murió como un héroe.

Y que lloro su muerte como la de un hermano.

(Música trágica)

Camila.

Demasiados muertos.

¿De qué sirve esta tregua si mañana continúa esta matanza?

Espera aquí.

Eneas.

¿Para qué has venido?

Para hablar con tu padre. Tiene que escucharme.

¿Qué puede hacer él?

Él no quería esta guerra.

Ya lo sé.

Pero debemos ponerle fin. Y él me ayudará.

¿En qué puede ayudarte?

Dímelo.

¿Qué quiere que le digas, Eneas?

A los troyanos se nos ha acusado de provocar esta guerra.

Y aún no he podido demostrar que no es cierto.

Ahora tú debes conocer la verdad

que no puede estar oculta por más tiempo.

Que la acusación contra nosotros,

que el prejuicio y el odio contra mi pueblo

viene de la ambición de un solo hombre.

Hoy, después de ayudarnos a vencer la batalla,

el ejército etrusco estaba preparado para venir sobre Laurentum.

Yo los detuve.

Pero mañana, si la lucha continúa, no podré detenerlos.

Nos defenderemos.

Los de Troya sabéis muy bien

cuánto tiempo puede resistir una ciudad el asedio.

Pero teníamos una causa y el pueblo creía en ella.

Sabían por qué luchaban.

Mira esa gente.

¿Cuánto tiempo seguirán luchando por tu causa? ¿Por tus ambiciones?

¿Qué quieres que haga yo? ¿Rendir Laurentum?

No.

He venido para ofrecerme en bien de la paz.

Si Turno acepta el duelo.

Propongo que luchemos nosotros dos

para decidir el resultado de esta horrible guerra.

Si pierdo, los etruscos han dado su palabra

de retirarse con los troyanos.

Pero supongamos que yo muera.

¿Quién te impedirá que usurpes el trono de Laurentum?

Pongo mis armas a los pies del rey.

Como prueba de amistad y respeto.

Algunos han dudado de ti, Eneas.

Pero esta es la mejor prueba de tu buena fe

y de la nobleza de tu carácter.

De acuerdo. Mañana estaré en las puertas de tu campamento.

Estate preparado, troyano,

porque será el último día de tu vida.

(Música)

He venido porque quería estar a tu lado en este momento.

No has debido venir, Lavinia.

Tenía que hacerlo. No podía soportar la idea de no volverte a ver.

Por favor, vuelve a Laurentum.

No te preocupes por nada. Tu padre te protegerá.

Pero ¿qué me importa lo que pueda pasarme si tú no regresas?

No soporto la idea de perderte.

Perdóname, Eneas.

Debes pensar que soy una tonta, pero estoy enamorada.

Y tengo miedo. No me apartes de ti. Déjame esperarte, por favor.

Quédate.

Tampoco quiero que te vayas.

¡Allí viene, miradlo!

-¡Padre, padre!

Turno se acerca.

Lo he oído. No debes preocuparte.

Tú eres Julio, ¿verdad? Sí.

Si quieres podemos esperar juntos hasta que tu padre regrese.

Ayúdame, ¿quieres?

Vamos, ayúdame.

(Música)

Abrid las puertas.

(Música)

(Música)

(Música triunfal)

"Así acaba la historia de Eneas.

La vida apasionante de un hombre

que estuvo ligada a dos hechos legendarios.

La caída de Troya y el nacimiento de Roma.

Y a medida que Roma fue creciendo con el paso de los siglos,

la leyenda se fue transformando poco a poco en historia.

Una historia de guerras civiles, de la expansión de un imperio.

La historia del nacimiento de nuestra civilización".

(Música triunfal)

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