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Queremos dar de comer a nuestros hijos, tienen hambre.
(Barullo)
¿Qué te ha pasado en la mano?
Tuvo un accidente. Hace semanas que trabaja sin parar.
Haría bien en preguntarse a quién benefició aquello.
Quizá tenga al enemigo en casa.
Este aserradero no necesita ser salvado, señora Valdés.
No sé si puede decirse lo mismo de su matrimonio.
¿Y esta? Madre le ha dado permiso para que entre en la casa.
-Algo habrá visto en ella.
¿Qué? ¿Ya te abriste de piernas?
No podemos alimentar más bocas. Que te quede claro.
Esta noche vamos a entrar en el almacén de los Barba Peláez.
Aldara es la hija de los guardeses, nos estuvo ayudando.
-¡Marchad!
Me manda a Santiago de Compostela.
A un internado donde espero que te conviertas
en la persona que no he sabido criar.
Quiero ser una mujer libre y sin miedo, como usted.
(CATALINA) "Mi queridísimo José,
te alegrará saber que el curso ha terminado y con él mi destierro.
Los largos meses en el internado,
lejos de oscurecer mi carácter, le han dado brillo.
Vuelvo a Punta do Bico
con las mismas ganas de reencontrarme contigo,
pero cambiada."
Ya están aquí. Por favor, ten paciencia con ella.
Catalina, hija. Qué pronto habéis llegado.
Parece ser que el doctor Cubedo tenía
más prisa en deshacerse de mí que las propias monjas.
-No, al contrario. Fue un placer.
Déjame que te vea.
Estás preciosa.
Tenía tantas ganas de que llegase este momento.
La he echado de menos.
A ti también, tontorrón. -Gracias.
-Renata, descuide. Esas maletas pesan muchísimo.
Yo me encargo.
Tendría que haberla mandado al internado antes.
(LEE) "Me alegra saber que te has ganado la confianza
de padre y que ahora trabajas con él.
Yo al fin sé cómo actuar para que madre
me permita volver a Cuba y reunirme contigo.
Seré amable y educada y la ayudaré con su nuevo negocio."
Hemos contratado a muchas de las mujeres
que despidieron en el aserradero.
Y Clara está en tratos con trabajadoras de la conserva.
Doña Inés, ya terminamos de montar
y ahora vamos a echar una mano con el aceite.
Me alegro de verte.
Tu madre estará contenta. Lo está.
Clara, buen trabajo.
¿Seguimos? Madre, tengo una sorpresa.
Son para la fábrica. Yo también quería colaborar.
¿Esto lo has dibujado tú?
¿Has visto Jaime?
Son deslumbrantes. Falta el nombre.
Pero como no lo mencionó en ninguna de sus cartas.
-Conservas Valdés.
A madre no termina de convencerle,
pero a mí utilizar nuestro apellido me parece perfecto.
Ya lo tengo.
La Deslumbrante.
(CATALINA) Conservas La Deslumbrante.
"El símbolo de una nueva etapa."
¿Una fábrica de conservas?
¿Y de dónde piensas sacar el dinero?
Lo que tendrían que haber hecho
es volver a Cuba tras vender el aserradero.
Mire, deme la mano de Catalina y su familia volverá conmigo.
Sé cómo hacerlo. Confíe en mí.
Invertimos mis ahorros en acondicionar el almacén
y contratar a las primeras trabajadoras.
Y esto... Esto sería la cantidad que necesitamos
para hacer frente al coste de la maquinaria.
Sí. El autoclave para esterilizar y las máquinas de cierre.
-Es una cifra elevada. Sí.
Sí, pero porque nuestras conservas
tendrán una excelente calidad.
Será un gran negocio.
Jaime, acompáñeme.
El ayudante querrá ver estos números.
-Claro.
-Agustín tiene muy buen ojo para los negocios.
Te ayudará, ya verás. Eso espero.
Por cierto, ya recibimos la invitación.
Y no faltaríamos por nada del mundo
a la comida de bienvenida de Catalina.
Muchísimas gracias.
Será la primera celebración en el pazo en mucho tiempo.
Vendrá todo el pueblo.
¿Y los Barba Peláez?
Qué remedio.
Bueno, comenzamos nueva etapa.
No hay motivo para llevarse mal.
Eres muy generosa, Inés. No estoy segura de que lo merezcan.
Supongo que todos merecemos
el beneficio de la duda, al menos, ¿no?
La banca Quiroga adelantará el dinero
siempre y cuando mis socios lo autoricen previamente.
Son tiempos difíciles y nadie quiere riesgos.
Gracias.
Bueno, les decimos algo cuanto antes.
Una última cosa. Para completar el papeleo,
voy a necesitar la autorización de su marido.
Espero que no sea un inconveniente.
En absoluto.
No convencerá a padre de que la autorice.
No necesito que lo haga.
Solo quiero su firma en un papel.
Clara, da igual las veces que vayas.
Celso no es tu marido. No te van a dejar verlo.
Ya, Esther, pero lleva un año encerrado.
A saber por lo que está pasando.
Bueno, él es fuerte. Estará bien.
Bueno, pues con Regina y la santiagueña no contéis.
Quedan en el aserradero. -Pues lo siento por ellas,
pero aquí lo que necesitamos son trabajadoras de la conserva.
Avisé a las de Barba Peláez y vendrán después de misa.
Mira.
Buenos días. (TODAS) -Buenos días.
Buenos días. Pero ¿y las demás? Las demás no pudieron venir.
¿Y eso? ¿Acordamos así? Acordamos.
Pero don Antonio Barba Peláez igualó el sueldo a la oferta de doña Inés
y dijo que nos lo pensáramos bien,
que el marido de doña Inés está en Cuba
y el día que se le dé por volver,
cierra la fábrica como hizo con el aserradero
y nos manda a todas para casa a morir de hambre,
porque él, de vuelta en su conservera, no nos quiere.
¿No tienes miedo?
Así que ahora
sí le parece importante subir el sueldo a las trabajadoras.
No se puede ser más miserable. Eso dijo.
Señora, ya está todo listo.
Toma, Clarita. Gracias, Limita.
Gracias por contarme, Clara. Y gracias por trabajar hoy aquí.
A usted, doña Inés.
Madre. Madre, ¿ha visto?
Está todo el camino lleno de coches.
(Timbre)
Señora, ya llegaron los primeros invitados.
-Antonio y Adelina Barba Peláez.
Pero qué alegría verles.
Braulio.
(Música)
-¿Estás huyendo de mí? -¿Y por qué debería hacerlo?
-Bueno, para no pagar tus deudas.
-Te equivocas de persona. Yo no le debo nada a nadie.
Si me disculpas, hay más invitados a los que debo atender.
-Te compré un billete a Cuba.
-A cambio de información para detener a un ladrón.
Estamos en paz. -No.
Justo eso es lo que tenemos pendiente.
Gracias a mí, Catalina, te deshiciste de Celso.
-No sé de qué me hablas. -Vale.
Bueno, ella tampoco.
Me puedo acercar a contárselo. -Espera.
Está bien. ¿Qué quieres?
(Campana)
Un momento de atención, por favor.
Me gustaría proponer un brindis por alguien muy especial.
Aunque no siempre hemos tenido una relación fácil.
Y supongo que todas las madres aquí presentes
entienden a qué me refiero.
(Risas)
Estoy muy orgullosa de la mujer en la que te has convertido.
Inteligente, sensible, con carácter,
pero muy talentosa.
Y estoy feliz de tenerte de vuelta.
Por mi hija, Catalina.
¿Qué pasó, madre?
(TODOS) Por Catalina.
-Inés.
La junta ha aprobado el préstamo para financiar La Deslumbrante.
No se arrepentirán. Enhorabuena.
-Le daría la enhorabuena, pero sé que se están equivocando.
No se preocupe por la competencia.
Hay negocio para todos.
Me preocupa usted.
Sé la cantidad que le ofreció a las trabajadoras.
No le saldrán las cuentas. Por lo visto, no soy la única
que ha igualado sus sueldos al de los hombres.
La diferencia, señora mía,
es que yo me puedo permitir ser generoso.
¿Usted? Si a usted le mueve la necesidad
de que los demás fracasen.
Perdió la cabeza. Esto es lo que pasa con las mujeres
cuando no tienen un marido que les meta en cintura.
-Ese es un comentario de lo más improcedente.
-Solo digo la verdad.
Gustavo no tiene lo que hay que tener para hacerle frente.
Es un cobarde. Y no soy el único que lo piensa.
No le consiento que insulte a mi marido
en su propia casa y delante de mis hijos.
Fuera.
¿Nos está echando, Inés? A su marido sí.
Si lo echa a él, nos echa a todos.
-Eres el hombre de la casa.
Aún estás a tiempo de ponerla en su sitio.
-Está en su sitio.
-Vámonos.
-¿Comemos? Por favor.
Nos vemos pronto. Que descanséis.
-Gracias. Buenas tardes.
Vuestro padre es un gran hombre.
No lo dudéis nunca.
Si me disculpan.
Siento mucho que tu fiesta de bienvenida
no haya salido como esperabas, hija. No hay nada que sentir.
Nos hemos quedado los mejores.
Gracias por organizarla y por sus palabras.
No las olvidaré nunca.
Voy al despacho a trabajar un poco.
A mí también
me gustaron las palabras que le dijo doña Inés.
Me alegro mucho de que vuelva a estar en casa.
¿Y a mí qué me importa que te alegres?
Solo eres una criada.
He estado un año encerrada por tu culpa
y no pienso olvidarlo.
Limita. -Sí, señorita.
-Una organización magnífica.
-Con muchísimo gusto, señorita. -Gracias.
(Voz en gallego)
(HABLA EN GALLEGO)
Padre.
Padre. Quita de ahí.
Vamos.
(HABLA EN GALLEGO)
(Ronquidos)
No hemos incluido los gastos de transporte.
Buenas noches. Hola, Clara.
Es que no podía dormir.
Tampoco nosotros. Pasa.
Antonio Barba Peláez es un cretino, pero tiene razón.
Si vendemos las conservas a precio de la competencia,
no salen las cuentas.
Creo que me he precipitado.
¿Va a rendirse?
No.
La gran guerra está a punto de terminar.
El mundo está cambiando.
Los clientes también.
Deberíamos hacer algo diferente.
Podríamos ofrecerles un producto único,
exclusivo, de calidad.
Con un empaquetado bonito. Y que podríamos vender más caro.
Conservas reales.
Podríamos intentar conseguir
que Alfonso XIII fuera nuestro primer cliente.
Invitarle a la conservera y que le haga...
¿Fotografías?
¿Salvo porque no conocemos a su majestad?
¿Cómo vamos a conseguir algo así? Bueno, ¿y por qué no?
Los reyes también comen.
La epidemia la inventaron
para ocultar las cifras reales de soldados caídos en el frente.
-Bueno, pues usted piense lo que quiera,
padre, pero yo aquí soy la autoridad sanitaria,
y creo que ya deberíamos estar tomando medidas.
Airear con frecuencia y evitar aglomeraciones,
sobre todo en sitios cerrados.
-Sí, todavía me va a cerrar la iglesia.
Como si lo viese.
Qué sorpresa. -Estoy ocupada.
-Ya sé qué quiero para que pagues tu deuda.
-¿Disculpa?
-Quiero que me acompañes a la feria.
-No me interesan las ferias ni pasar tiempo contigo.
Nuestras familias no se soportan.
-Bueno, pero nosotros no somos como nuestras familias.
-Yo sí.
-Que yo sepa, los Valdés no tienen ninguna deuda pendiente
y tú tienes una conmigo.
No querrás decepcionarlos.
-Acepto.
Con una condición.
-Lo que quieras.
-Que después de la feria, te olvides de mí para siempre.
Buen día.
-Buen día.
Señorita, la están esperando.
José. -Mi amor.
-¡José! ¡José!
¿Cuándo has llegado?
No me has dicho nada en ninguna de tus cartas.
-Quería darte una sorpresa.
-Renata.
¿Qué haces ahí parada? Tráele algo de beber al señor.
O mejor, avisa a Limita que se alegrará de verle.
Voy a avisar a madre. Ya verás qué sorpresa.
¡Madre! ¡Madre! ¡Madre!
Catalina, hija. ¿Has visto mi broche de zafiros?
Madre, adivine quién ha venido.
Ay, es que no puedo con la emoción.
José.
Ha cruzado el océano para estar conmigo.
¿Qué tal el viaje? -Más pesado de lo que esperaba.
Pero bueno, ya estoy aquí.
¿Y ese José por qué vino? En Cuba eran novios.
Pero a doña Inés no le hacía nada de gracia.
Pues a mí me gusta.
Pues si a ti te gusta...
-Pero cuéntanos qué te trae por Punta do Bico.
¿Negocios?
Pues... Pues algo así.
Sí, sí. Perdone la brusquedad,
pero vengo a pedirle la mano de su hija.
¿Cómo?
El señor Valdés ya me ha dado su consentimiento.
El señor Valdés no ha consultado conmigo.
Entonces, ¿nos casamos? No.
Renata, ¿a ti qué te pasa?
Últimamente está muy despistada, chica.
No hasta que os conozcáis.
Sois muy jóvenes y el matrimonio es para toda la vida.
Hay que pensarlo bien. Equivocarse causa mucho dolor.
Pues sí.
No puedo estar más de acuerdo, señora.
Sabía que contaba con el consentimiento de su marido,
pero también que usted tendría dudas.
Así que por eso he venido.
Para que me conociera mejor.
Catalina, mi amor, no pasa nada.
Esperamos lo que haga falta. Me alegra oír eso.
Limita, por favor.
El señor se va a instalar con nosotros.
Prepare una cama. Bueno, señora.
-Agradezco mucho su hospitalidad, señora.
Puede estar segura
de que me comportaré como un caballero.
(Barullo)
Estoy buscando algo especial para un vestido.
Este encaje es muy elegante.
Eh, Teresa. ¿Iréis este año a San Sebastián?
Sí.
Necesito pedirte un favor. Claro, lo que quieras.
Bueno, es que vas a pensar que he perdido la cabeza, pero sé
que normalmente coincidís allí con sus majestades.
¿Crees que me podrías ayudar a que sean clientes nuestros?
¿Que pudiéramos utilizar su imagen en La Deslumbrante?
Te parece una idea pésima. Olvídalo. Olvídalo.
No, no, no, no, no. Perdona. No quiero...
Al contrario. Estaba pensando en algo más...
Más apropiado. En algo más grande.
Proveedor oficial de las fiestas del rey.
Pero ¿eso es posible?
En unas semanas da una merienda en el palacio de Miramar.
Irá toda la prensa.
Su secretario personal es amigo mío.
Ya hablo yo con él.
No sé cómo puedo pagarte esto.
Un lote de sus conservas será suficiente.
No, no, de verdad. Muchísimas gracias.
Señoras, ya conseguí saúco y malvavisco.
¿Qué les parece si nos vamos retirando?
Pero ¿tan pronto? Bueno, hay mucha gente.
Y me preocupa el nuevo soldado de Nápoles este,
como se les va a llamar ahora a la gripe,
es más pegadizo que la canción.
¿Vamos?
¿La conoces la canción? -No.
♪ Soldado de Nápoles ♪ que vas a la guerra. ♪
¿No se acuerda de la Zarzuela?
Creí que te habías olvidado de nuestra cita.
-Braulio fue tan amable de ofrecerse a acompañarme a la feria.
¿Cómo estás?
¿Conoces a mi prometido? José Ortiz.
Braulio Barba... -Peláez.
-Barba. -Encantado.
¿Me disculpáis un momento? Ahora vuelvo.
-Ajá. Así que un prometido.
-Es ingeniero de minas. -Oh.
Aficionado a las piedras. Ya.
¿Y os dejan caminar solitos por aquí agarrados del brazo
o es que tu hermano está muy ocupado?
(RÍE)
Venga, te toca.
No te fíes de esa,
porque ahora es tu hermanito el que está colado.
Pero José puede ser el próximo en sucumbir a sus encantos.
-Con la hija de la criada ninguno de los dos caería tan bajo.
-Catalina, no la subestimes.
Los hombres como nosotros nos casamos con las señoras.
Pero sí perdemos la cabeza con las criadas.
Siempre fue así.
Mira,
ahí viene. Disfruta.
-¿Todo bien, mi amor? -Claro.
Vamos. -Vamos.
¡Toma!
Pero ¿cómo lo haces?
La primera fallé.
Erguido, miras. Oh, esa, Jaime.
Vale. -Clara.
Celso.
¿Cuándo saliste? Hace unas horas.
Ay, te fui a ver muchas veces.
Está aquí mi tío.
Nos vemos por la noche.
José,
cuando nos casemos,
¿viviremos en una casa tan grande como la de tu familia?
-Claro.
-¿Y cuántas criadas tenéis?
-Pues seis, ocho.
No sé muy bien.
-¿Y cómo son? -¿Las criadas?
Pues no sé. Trabajadoras.
-¿Guapas?
-Pero ¿por qué preguntas eso?
Pues no. Ni guapas ni feas. Son criadas.
-Ya, ya.
Deberías tener más cuidado. Punta do Bico es pequeño.
Te vi escapar de mitad de la noche y después en la playa.
Fui yo, pero podría haber sido mi madre.
¿Qué quieres, Catalina?
Nada. Ayudarte.
Mira, sé que en el pasado me he portado muy mal contigo,
y lo siento, pero he cambiado.
Y de verdad que solo quiero hacer las cosas bien.
José y yo somos como tú y Celso.
Me ahogaría si nos prohibiesen vernos.
Después de un año separados,
haría lo que fuera por reencontrarme con él.
Como vosotros anoche.
Pero necesitáis un sitio seguro. Solo es eso.
Claro. Y tú tienes uno.
La capilla del pazo.
¿Aquí? ¿En Espíritu Santo? No, es una locura.
Si lo piensas bien, es perfecto.
Jamás acude nadie allí durante la noche.
Y yo tengo la llave de la puerta de fuera.
¿A quién se le ocurriría buscaros allí?
Que la tengas tú nos compromete a las dos.
Puedes confiar en mí.
Bueno, tengo que irme. Será nuestro secreto.
Pero ¿y esas pintas? ¿De dónde vienes?
-Pues la visita ha sido más larga de lo que esperaba.
Me han puesto a trabajar. -¿En la fábrica?
-Mira. Una hora. He estado frotando y nada.
Pero bueno, a tu madre le empiezo a caer bien,
así que contento.
-Jaime. Jaime.
-¿Qué pasa?
-He oído fuera unos golpes muy fuertes.
No he querido despertar a madre,
pero alguien debe estar rondando la casa.
-¿Por dónde sonaba?
-Creo que en la capilla.
-Sí, deben haber entrado a robar el cepillo o alguno de los santos.
No te muevas de aquí. -No, yo voy contigo.
-Señorita, es mejor que no vaya.
-¡Arriba o llamo a los guardias!
¡Desgraciado! ¿Cómo te atreves? Fue mi culpa.
Le traje yo. Tú márchate.
-Tranquilo. Solo queríamos estar a solas.
Engañar así a una mujer. Te voy a denunciar a los guardias.
-Baja la vara. -No te atrevas a moverte.
Te vas a pudrir en la cárcel. Déjalo.
Fue culpa mía. Que nos queremos de verdad.
Largaos.
Pero como os vuelvo a ver juntos,
hablaré con mi madre y con tu tío.
-Cuánto lo siento.
Aquí tienes. Déjalo ahí.
A ver, Jaime. No hace falta que digas nada.
Me he equivocado contigo.
No eres como pensaba.
¿Por querer pasar tiempo con la mejor persona que conozco?
Una buena persona no te trata como a una cualquiera.
Me estás ofendiendo.
Perdón. Patrón, acaban de descargar los barcos.
-Gracias, Esther.
¿Qué pasó?
El patrón no me dejó embarcar.
Ayer mismo dijo que volviese a faenar,
que estaban en plena campaña, que me incorporase cuanto antes.
No lo entiendo. Yo sí.
Vuelvo ahora.
Fuiste tú.
Le pediste a las viudas que no contratasen a Celso.
Clara, ese hombre no te conviene. Algún día me lo agradecerás.
Que no tengo nada que agradecerte, Jaime.
No vas a conseguir separarme de la única persona
que me quiere en toda mi vida. Que no es la única.
Lo hemos conseguido.
El pedido del rey completo y a tiempo.
Gracias. Sin vosotros no lo habría conseguido.
Voy a celebrar con mis compañeras.
(JOSÉ) "Señor, todo va según lo planeado.
La Deslumbrante no tardará en ser una ruina.
Su familia regresará a La Habana.
Catalina tendrá una gran boda
y yo la parte de la compañía de alabastro que me prometió.
(RÍE)
Así que los dos tenemos motivos de sobra para celebrar."
(Tambor)
(Cantos en otro idioma)
¡Renata!
¡Renata!
(SE QUEJA)
Hermanos y hermanas,
estamos acompañando con nuestra oración,
nuestro silencio y nuestro amor
a nuestro hermano Domingo en este último adiós.
En medio del dolor y la tristeza que produce la separación,
nuestra fe nos consuela y nos recuerda
que la muerte no es el final,
sino el paso hacia la vida eterna que Dios prometió a quienes lo aman.
-Amén. -Está cianótico.
No murió de la borrachera.
Lo mejor sería taparle la boca para evitar contagios.
(REZAN EN VOZ BAJA)
Tápale la boca, por favor. Podría ser contagioso.
Confiamos en que el Señor,
que es compasivo y lleno de misericordia,
acogerá a nuestro hermano con los brazos abiertos,
perdonando sus faltas
y dándole parte en la gloria de los santos.
Nosotros quedamos aquí, peregrinos, aún en esta tierra,
pero llenos de esperanza,
sabiendo que un día nos volveremos a encontrar
en la casa del Padre.
¡Qué emoción!
Gracias. -Gracias.
-¡Guau!
-Mira a ver si comemos estas latas y nos volvemos todas unas reinas.
-Si ya eres.
-¡Viva doña Inés! -¡Viva!
-¡Viva! Compañera y patrona. -Eso es.
-A ver. Uf.
-¿Y esa peste qué es? -Mi lata.
No puede ser.
Pues será el sistema de sellado.
Esto en lo de Barba Peláez nos lo descontaban.
Uh, esta también.
-Y esta. Y esta.
Uh. Pero si el sellado está bien.
¿Y el autoclave?
Estoy seguro.
Alguien ha manipulado la temperatura del vapor a presión.
-Eres un miserable, igualito que tu padre.
-Mira, Jaime, ahora no tengo tiempo. Tengo a mi madre en cama.
-Lleváis meses haciendo todo lo posible para hundirnos.
-Para eso no tenemos que hacer nada, solo esperar.
Pero si de verdad quieres saber qué pasó con la máquina esa,
yo empezaría a preguntarle a tu futuro cuñado.
-¿José?
-No tiene sentido. ¿Qué relación podría tener?
-¿Qué relación?
Relación.
-¿De dónde lo has sacado?
Es la letra de mi padre. -Mira. José me pidió
que se la diese al mío
con una cantidad sustanciosa de dinero.
Acordaron dejar La Deslumbrante
sin mano de obra especializada que contratar.
Mi padre le subió el sueldo a sus trabajadoras.
Pero es el tuyo el que está pagando el gasto.
Cierra al salir. Anda.
(TOSE)
Doctor, estaba trabajando y se desmayó.
¿Es grave? Tiene los pulmones encharcados.
Limita, abra todas las ventanas.
Pónganle paños fríos y vapor de saúco.
Es muy importante que se mantenga hidratada.
-Sí, señor. -Gracias.
Pero ¿qué tiene?
Es la gripe.
Protéjanse con esto mientras ella esté aquí.
Los hospitales están llenos.
La epidemia se está extendiendo y los remedios
para aliviar a los enfermos se están agotando.
-Y han dicho que van a cerrar el puerto de Vigo.
-Sí. Pues me parece lo mejor.
¿Con Renata qué hacemos?
Su casa es fría. Está mal ventilada.
No la puedo enviar allí. Ya.
A muchos de mis pacientes les ocurre lo mismo.
Pero ¿qué locura es esta? ¿Cómo os vais así de repente?
Señora, no vamos a quedarnos aquí para morir contagiados.
Catalina. Madre, José tiene razón.
-No vas a irte con él, Catalina.
Ha sido él, madre.
Quien saboteó la fábrica, él y padre.
Lo planearon todo y tengo la prueba.
-¿Qué calumnia es esa?
No te consiento que hables así de mi prometido.
¿Eso es cierto? Por supuesto que no.
-¿Y esto?
-El señor Valdés únicamente quiere que vuelvan a Cuba con él,
recuperar a su familia.
-¿Y nuestro compromiso? -Te lo dije,
está prometido con padre, no contigo.
-Catalina, mi amor, escúchame.
Tendrás la boda con la que siempre has soñado.
Vámonos ahora. -No voy a irme a cualquier precio.
Ahora entiendo por qué nunca me has mirado con ojos de amor.
Solo te interesa el dinero. -No. No.
-Ojalá estés contagiado. -Catalina.
Dígale a su socio que no tiene familia que recuperar.
Fuera de mi casa.
Señora, es Renata. O hacemos algo o se nos va.
Preparen el carro. Sí, señora.
Ponedla aquí. Necesitamos meter más camas.
Hay que sacar esos carros y vaciar las mesas.
(Tos)
Es alcohol de romero, le ayudará a respirar.
Doctor.
Me gustaría dar friegas a los otros pacientes
como hago con mi madre. ¿Te encuentras bien?
Sí. Sí, estoy bien, estoy bien.
Es que estoy cansada. Solo es eso.
No, tienes algo de fiebre. Espera.
Respira fuerte.
¿Qué ocurre?
De momento, nada grave. Aunque no me gusta cómo suena.
Voy a ponerte en cuarentena, Clara, pero aquí no.
Estarás mejor sola. No, pero ¿y mi madre?
La cuidaremos. Vete.
¿Y Celso? Necesito hablar con Celso. Doña Inés, por favor.
Clara, hay que ser precavidos.
Vete, por favor. Haz caso.
Dígame la verdad.
¿Saldrá adelante?
No lo sé.
¿Andas perdido?
¿O vienes a ver con quién hablo para que me echen también aquí?
-Es Clara.
No. Tranquilo. No es grave.
Pero está en cuarentena y tiene mucho miedo.
-¿Te pidió ella que me vengas a buscar?
-Algo parecido.
(TOSE)
(Puerta)
Limita, vete. No tengo ganas de comer.
(TOSE)
No soy Limita.
¿Qué haces aquí?
¿Cómo supiste? Jaime me vino a buscar.
¿Jaime?
Celso, no, no te sientes. Te puedo contagiar y es peligroso.
Celso, que, si te contagio, prefiero morir.
Pero ¿qué dices, bandida? Yo soy un hombre de mar.
A nosotros no nos mata una gripe.
Estás guapísima.
Ven aquí.
(Tos)
(TOSE) Renata.
Renata. Renata, túmbese. No.
Doctor. Renata.
Túmbese. Túmbese. Túmbese, por favor.
Túmbese. Renata, túmbese, túmbese.
No. Tranquila, tranquila.
Mi hija.
Clara ya sabe que la quiere. No se preocupe.
No.
Mi hija tiene que saber. Sí, ya lo sabe.
Ya lo sabe. No sabe nada.
Lo sabe.
Tiene que saber. Beba esto.
Beba esto, que le ayudará a sentirse mejor.
Venga, beba, beba.
(TOSE)
Túmbese. Túmbese. Túmbese. Túmbese. Descanse.
Descanse. Inténtelo. Lo siento.
Lo siento mucho.
Doctor.
(Tos)
¿Renata?
(TOSE)
Catalina.
Catalina.
(TOSE)
Catalina.
Catalina.
Catalina. Renata.
¡Ay, Dios mío! Renata. Renata.
El día que naciste llovía mucho.
Estábamos solas.
Pensaba que no iba a poder.
Pero pude.
Claro que pude.
(TOSE)
(Tormenta)
Y te llevé para que te viese Gustavo.
Tu padre no te quiso mirar.
Te cambié con Clara al nacer
para que tuvieses la vida que merecías.
Y nunca lo supo nadie.
(TOSE)
Nadie.
Perdona.
Me equivoqué.
Perdona.
(TOSE) Renata.
Escucha, Catalina.
Eres lo mejor que hice en la vida, hija.
Lo mejor.
Te quiero mucho.
(CATALINA) "Poco a poco la vida
ha vuelto a la normalidad en Punta do Bico.
Aunque todos sabemos que nada volverá a ser como antes."
Hermanos, estamos aquí reunidos
para llorar la pérdida de nuestra hermana Renata.
"La epidemia se llevó a muchos vecinos con ella."
No dejan de golpearnos.
Señor,
rogamos por el alma de nuestra hermana Renata,
a la que llamaste de este mundo a tu presencia.
"Los guardeses de Espíritu Santo
han dejado a su hija Clara huérfana.
También Braulio perdió a su madre.
No puedo ni imaginar lo duro y doloroso que ha debido de ser.
Para José no tengo recuerdos.
Sí para ti, padre.
Nuestra vida sigue acostumbrándose a tu ausencia.
Pero por fin entiendo por qué te quedaste en Cuba.
Por qué te negaste a volver.
Renata murió en mis brazos.
Sus últimas palabras fueron para mí
y ahora...
no sé qué hacer con ellas."
Acaba de llegar esto.
Nos han propuesto para el premio a la mejor conservera.
Enhorabuena. ¿Qué dice? ¡Qué alegría!
¿A qué huele? -Alumbre.
-Ahora sí.
¿Y tu tío qué dijo? ¿Aún no se lo contaste?
-Si ya sabía yo. Pero vamos en serio.
Yo solo quiero que le des una oportunidad.
El Santa Olaya necesita un maquinista para invierno.
Solicité la plaza. Entonces, ¿te vas?
No se lo tomes a mal.
Hay turno de noche en la fábrica y está deseando pasarse por allí.
Está un poco obsesionado con el trabajo.
-O con la hija de la criada.
-Para que se cumpla, hay que cerrar los ojos
y esperar a que arda. -¿Y eso quién lo dijo?
-Padre. -Ella es Clara, mi sobrina.
La hija de Renata.
Yo no voy a impedir que veas a tus hijos.
Pero en lo que a mí respecta, tú ya no tienes una familia aquí.
Catalina Valdés, eres un misterio.
-¿Quieres ir a un sitio diferente conmigo?
Agradezco tanto lo que haces por mí.
Eres un gran amigo, Jaime.
Mira, estoy seguro de que, cuando te enamores, lo entenderás.
Ya estás enamorado.
Las viudas perdieron la flota.
Y no tienen con qué hacerle frente a la deuda.
Pero sin esos barcos, no tenemos pescado.
No. Un momento de atención, por favor.
Me gustaría decirles que lo he solucionado,
pero no ha sido así.
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