All language subtitles for A Bullet for Rommel (1969) [Operación Rommel, Uccidete Rommel, Kill Rommel!]- Jack Palance (LENGTH - 1h 35m)

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Original subtitles

¡Gol! ¡Ready!

Uno.

Fiambre preparado.

Y también fiambre de reserva.

Son dos artillerías pasadas durante un cañoneo de contrabatería. Con heridas de

metralla, precisamente lo que nos hacía falta.

Más no se podía pedir, ¿eh?

¿Encuentra usted divertida la situación, Madison?

No, señor.

He preparado personalmente sus ropas, documentos y objetos personales. Bien.

Y me he ocupado de que los falsos uniformes estén agujereados en el lugar

exacto de las heridas.

Súbanlos al jeep. Sí, señor.

Sargento.

¿Listo, teniente?

Desde hace bastante rato, capitán. No conozco las ordenanzas de su ejército.

Pero durante todo el tiempo que esté aquí a mis órdenes, le agradeceré que me

llame usted señor. ¿Me ha entendido?

Lo intentaré.

Señor.

¿Estamos en primera línea?

Digamos en las avanzadas. Es difícil hablar de primera línea en esta zona.

No me explico por qué diablos no nos disparan.

¿Ves todas esas lomas alineadas?

Casi en el horizonte. Sí. Pues los alemanes están ahí.

Entonces estamos lejos aún.

Cuestión de gustos. Para mí estamos demasiado cerca.

¿Minas?

Sí, señor.

¡Eh, Cabo! ¡Va a meterse de lleno en ellas!

Algunos campos de minas son falsos, señor. Sí, como este, por ejemplo.

No hay que preocuparse.

Pero, ¿y si este hubiera sido auténtico?

Nosotros los conocemos todos, señor.

Todos.

Siga metiéndote.

Hasta el momento oportuno. ¿Y los alemanes?

Están muy cerca.

¿A dónde vas, teniente?

A ver a los alemanes. No hay necesidad de que los vea.

Y mucho menos de que los vea a usted.

Cálmate, amigo.

Ya tendrás tiempo para verlos.

Además, no es que sean muy guapos, ¿sabes?

Buena guardia, sargento.

Por ahí no, amigo. Soplará el viento. Haz como nosotros.

Peor para ti. Ya te darás cuenta cuando te despiertes.

Y los desplazamientos se efectuarán según los planes establecidos.

Eso es todo, general Fontoma.

Está bien, Westfall.

También yo creo que es lo único que se puede hacer, pero no me gusta.

Lo que me preocupa sobre todo es la falta de carburante. La gasolina está en

camino. Tres petroleros han zarpado ya de Nápoles y de Trento.

¿Pero llegarán? Esperemos que sí. Esta es, caballeros, la principal

preocupación del mariscal de campo. Por ese motivo ha ido a Italia, para

asegurarse de que en caso extremo el mariscal Keserri nos proporcionará

abastecimiento por vía aérea. Bien, pero ¿podrán hacerlo nuestros Junkers 88?

Ese es el problema.

No es solo eso, querido Mayerlein.

Nuestro éxito depende de la velocidad con que atravesemos los campos de minas.

Llame a la 21 Brigadera. Exacto. El plan prevé que sean atravesados la primera

noche, de modo que podamos llegar en masa al alba al pie del Rubensan.

Lo intentaremos, aunque el enemigo ha hecho una siembra de minas como si

fueran patatas.

Pagaremos lo posible para ir descubriéndolas.

La 21, señor.

Oiga.

Señor.

Es la hora, señor.

¡Hey, Morris!

¡Despierta!

Nunca había pasado tanto frío.

Y pensar que estamos en África, estoy congelado.

Ser testarudo es un lujo que se paga caro.

Usted también, Cooper.

Siempre tan afortunado.

Deprisa.

Vamos, hay que meterlo en el tanque. Un momento.

Me gustaría saber para qué diablos hacemos esto. Un espía junto a las

líneas enemigas es siempre una fuente de información.

Ya me explicarás que van a espiar dos cadáveres a punto de descomponerse.

Silencio, teniente. Estamos cerca del enemigo y además procura no ser tan

curioso.

Supone que si he sido agregado a esta sección ha sido para aprender algo y no

para ser un ayudante del enterrador, capitán. Empiece por aprender a obedecer

sin discutir.

La obediencia consiste en ejecutar las órdenes aún sin comprenderlas.

Y también en no hacer nada.

...que no haya sido ordenado antes.

Vamos, no lo toques.

Ánimo.

Adelante.

Avisa a la batería. Enseguida.

Puesto uno, puesto uno.

Pero... ¿Le van a dar?

Hijo de perra, no vas a hacer nada.

¿Qué hacemos?

Que nadie se mueva.

Es inútil, señor.

Déjeme aquí.

Ya es suficiente con que uno se haya dejado ver.

No se muevan.

Pongámoslo a cubierto.

Despacio. Con cuidado.

¿Sabes que has nacido con suerte?

¿Por qué?

Toda esa zona está sembrada de minas.

No he visto ningún alambre.

No están señaladas. Solo nosotros sabemos dónde están.

¿Por qué ha disobedido al orden de no moverse?

¿De qué habla?

¿Qué orden?

¿Debo dejarlo morir como un perro?

Ponte bien en la cabeza, que un orden es un orden.

Sí, señor.

¿Qué? ¡Assasino!

No, sargento, en esta hacienda tú no entras. Soy realmente desagradable, pero

este es mi lugar, señor.

¡Lévate de los pies, te lo dije!

¡No se lo caerá así, ese tonto!

¡Déjalo inmediatamente!

Tenemos que hacer nada más que escuchar sus mentiras.

Será difícil hacerlo a pie.

Y estén calmosos.

¡Muévete, Morris!

Los tedescos están cerca.

¿No se asesinan los muertos? Lo pensarán los tedescos. No tenemos tiempo para

perder.

Esta historia no me convence, Westphal.

¿Por qué no es la primera vez que se encuentra información en poder de un

cadáver? Lo sé.

Hemos encontrado un mapa sorprendentemente preciso de nuestras

posiciones más avanzadas. Ya, y también un mapa muy preciso de sus campos de

minas. ¿No les sorprende eso?

Bueno, para alcanzar aquella posición debían atravesar forzosamente los campos

de minas.

Es lógico que tuvieran un mapa. Cierto, es lógico. Muy lógico.

Demasiado, diría yo.

Lógico que en el tanque hubiese aún municiones y que su explosión dejase

inidentificables a los cadáveres.

Lógico que el estuche de metal, por el contrario, salvase del fuego todos los

mapas. Pero por mi parte yo exijo que este mapa sea verificado punto por punto

sobre el terreno. Eso es imposible.

¿Por qué? No podríamos hacerlo sin que los ingleses lo advirtieran. ¿Qué

importa que vean una patrulla trabajando?

Comprenderían inmediatamente que el mapa se halla en nuestro poder y que lo

estamos verificando. Y entonces, adiós sorpresa. Y la sorpresa táctica es la

única esperanza que tenemos de alcanzar Alejandría antes de que los ingleses

sean demasiado fuertes. El éxito de nuestro plan depende de la velocidad con

que atravesemos esos campos minados.

Y solo un milagro nos permitiría pasarlos en menos de seis horas.

Y el milagro es este mapa general.

¿Y si por el contrario no lo fuese?

El mariscal de campo confía en nosotros. En cualquier caso, haremos lo posible

para no desilusionarle.

Que se lleve a... Sí, señor.

Le felicito, coronel. Un momento, no se retire.

Aguarde, señor. Hemos lanzado el anzuelo, pero no sabemos todavía si los

alemanes se han tragado la carnada.

Yo espero que sí.

Es indispensable que los movimientos iniciales del enemigo se puedan retrasar

para permitir que el general Montgomery reúna las fuerzas en el enclave elegido.

Desde un punto de vista deportivo, le confieso además que no me disgustará

burlar al menos por una vez al viejo Rommel.

Tantas veces nos ha burlado él a nosotros.

¿Quién ha dirigido la operación? El capitán Hull, señor.

Hull. He oído hablar de él.

Me han dicho que es un hombre muy valiente.

Cierto, señor.

Y también un hombre muy hábil.

Cualidad más apreciable aún.

Bien, la ofensiva enemiga está próxima, Stanfield.

Todo parece indicarlo.

Estamos alerta. Para empezar, hemos preparado ya una serie de incursiones en

la retaguardia enemiga.

Pequeños grupos, pero muy eficaces.

Nos serán de utilidad.

El servicio de información afirma que la vuelta de Rommel a África es inminente.

Supongo que también habrán pensado en él. Cierto, señor.

Naturalmente partiendo del supuesto de que su avión aterrice como de costumbre

en el aeródromo de Barce.

¿Quién se encargará de esa misión? El capitán Hull.

Mañana mismo lo enviaré a la base de Umerfen.

¿Está aquí de permiso?

Bueno, no, señor. Se produjo un incidente.

Tome asiento, teniente.

Teniente Morris, la comisión de investigación aquí reunida ha examinado

su declaración y ha escuchado a los testigos.

Todo ello en presencia del coronel Braddock, comandante en jefe de la

misión militar americana, aun cuando eso en realidad no era estrictamente

necesario. Pero se ha estimado oportuno ofrecer todas las garantías a quien

pertenece al ejército de un país aliado.

Esta comisión ha considerado que el comportamiento observado por el capitán

Hull ha estado plenamente de acuerdo con las órdenes recibidas.

Por el contrario, no ha considerado justificado el comportamiento de usted.

Usted ha desobedecido las órdenes de un superior. Ha puesto en peligro las vidas

de los componentes del comando al que estaba agregado.

Y ha perturbado con sus actos intemperantes la disciplina de dicho

comando. Su condición de miembro del ejército de los Estados Unidos le

sustrae a la aplicación de nuestras leyes militares.

Pero esta comisión ya no considera grata su permanencia como agregado en las

filas del ejército de su majestad.

Y hará una recomendación al alto mando en tal sentido.

Basta, Pete. Todos nos están mirando. ¿Acaso crees que me importa algo esta

manada de enchufados?

¿Mantenerte aquí aún en contra del parecer de la comisión?

Sería tanto como demostrar una crítica indirecta hacia el capitán Hull. Por

tanto, una sola persona puede interceder por ti. Él.

Sí, solamente él, el capitán Hull.

¿Tienes valor para pedirle excusas?

Preferiría ser fusilado antes de pedirle excusas a ese bastardo.

Y al diablo también, el ejército de su majestad. ¿A dónde vas, George?

Voy a embriagarme. Quiero enseñarles a todos esos medio hombres cómo se

emborracha un hombre entero.

¡Salve!

Whisky. Otro. Otro.

¿Qué tal, Richard?

¿Te parece que no estás presentable? Después de todo, tú y yo aún somos

marido y mujer.

¿Lo somos todavía?

Los procesos de divorcio contra los militares en servicio están en suspenso.

Sí, claro.

Lo había olvidado.

Bien.

Pero yo podría renunciar a esa suspensión, ¿no?

¿Es eso lo que has venido a pedirme?

No.

He renunciado yo a proseguir la causa.

No sería la primera mujer que reconoce que estaba equivocada.

Tú no estabas equivocada, Marjorie.

Desde tu punto de vista, tenías razón.

Necesitabas un hombre fuerte, un hombre de éxito en el cual apoyarte.

Y Richard Hull, empleado de la firma Strong Strong, Philip e hijo, no era el

hombre con el que tú soñabas.

Sigues mostrándote injusto. Lo que pasó es que estabas en un lugar equivocado.

¿Quieres decir que mi lugar apropiado es este?

No, Marjorie.

Un ejército que está en guerra no es lugar apropiado para nadie.

Es un ambiente excepcional que de un modo excepcional puede hacerme parecer

diferente. Qué reflexión tan extraña. No te comprendo.

Sin embargo, es fácil de comprender.

Dos cualidades son las que concurren para formar el perfecto militar.

La disciplina y el espíritu de sacrificio. Y yo poseo ambas.

Cumplo al pie de la letra lo que se me ordena.

Respeto las ordenanzas.

Respeto a mis superiores.

Y hago que mis inferiores me respeten.

Exactamente lo mismo que hacía en Strong, Strong, Philip e hijo.

Como ves, Marjorie, nada ha cambiado.

Por un momento, creí que habría hecho bien pegándole delante de todo el mundo.

Y luego te habrías arrepentido, digamos, durante un par de años.

Ya.

Ahora, en cambio, me arrepentiré durante toda la vida.

Y todavía me dicen que debería pedirle excusas. ¿Por qué no?

Yo creo que sería justo.

¿Justo? Claro.

No tiene razón, amigo.

Hull estaba cumpliendo órdenes.

Sí,

Morris.

Tú y yo quizá habríamos obrado de otra forma en su caso.

Pero eso no significa nada.

Así que debo pedirle perdón, ¿eh?

Eras en la vida civil.

¿Eh?

Periodista.

Redactor del Dallas Times.

¿Y en ninguna ocasión tuviste que rectificar?

No, jamás.

En Texas no dan tiempo a hacerlo.

Le disparan a uno antes.

Comprendo.

Aquí es diferente.

Se le da tiempo a la gente para que piense.

Ánimo, amigo.

Si consigues emborracharte lo suficiente, entonces hallarás

el valor para hacerlo.

¿Dick?

Bien, ahora si no te importa, tengo algo urgente que hacer.

¿Te parece bonito abandonarme para ponerte a charlar?

¿Cuál mujer soportaría tu calidez, tu querida indiferencia?

Estoy convencida de que nunca me has amado.

Siempre te he amado, Marjorie.

Y tú lo sabes.

Pero yo no... Pero por tus estúpidos prejuicios, por tu orgullo, el amor no

era suficiente.

No hay un verdadero amor sin estima. ¿No es así que se dice?

Cuenta conmigo a ver qué entiendes por estima.

Pero hasta que no te hayas convertido en un semidío guerrero, no te sentirás

seguro. ¿Verdad, Richard?

No, te he dicho no.

Mi situación actual...

No tiene nada que ver con mi pasado.

Esta vez no me equivoco.

Escúchame bien, Richard.

No sé qué hacerme de un semidio.

Una mujer necesita a un hombre.

A amar con todos sus defectos y todas sus debilidades.

Es esto que debes entender.

Pero yo nunca seré capaz de explicártelo.

Quizás alguien otro lo hará.

Quizás las circunstancias.

Me lo auguro por ti, Richard.

Y también por mí.

Merge.

¿Le preparo el combinado de costumbre? No, George.

Necesito algo más fuerte.

Un whisky sin agua.

¿Puedo sentarme ahí?

No.

Cuando debo emborracharme, tengo la costumbre de hacerlo solo, señora.

¿Debe usted emborracharse?

Sí, señora.

Por favor, déjete llamarme señora, se lo agradeceré.

No quiere agua en el whisky y no quiere que la llamen a usted, señora.

No hay duda, es mi alma gemela.

Siéntese.

¿Ya no quieres estar solo?

No.

Acabo de decidir que voy a llevar la contraria a mis principios. Y la voy a

admitir como excepción ocasional en la sagrada intimidad de mi borrachera.

Siéntese.

¿Ha suspendido su borrachera?

No, estoy solo tomando aire para seguir.

Motivos de tipo personal.

Me obligan esta noche a llenarme el cuerpo de whisky como una esponja.

¿Qué motivos son esos?

¿Curiosa?

No exageremos, ¿eh? Las confidencias llevan muy lejos. No son aconsejables.

¿Sabe que hasta podía ser capaz de llorar?

No querrá que lo haga, ¿verdad? Ni siquiera lo había pensado.

Podría ser muy penoso para mí porque yo tengo mi orgullo, ¿sabe?

Soy una experta en el tema del orgullo masculino.

¿Pero qué hace?

Salgamos, un poco de aire fresco le sentará bien.

No, no, el aire fresco.

Perjudica a las borracheras. Está bien, entonces sentémonos.

Espera, ¿dónde me lleva?

Estése quieto.

Estése quieto. Las piernas ya se me empiezan a doblar, pero las manos

todavía funcionan.

Bien, gatita.

La resistencia ha sido tenaz y la moral se ha salvado.

¿Dónde quieres ir con el escocciador?

Es mi marido, imbécil.

¿Todo a punto?

Sí, señor.

¿Dónde vas? ¡Cállate!

¡Esa era la jeep que tenía que llevarme al aeropuerto! No vas a ningún

aeropuerto. Vuelve a Hummerzheim con nosotros.

El comando ha pedido mi opinión en orden a su permanencia. He dado opinión

favorable.

¿No es esto lo que había pedido al colonel Braddock?

Pero yo creía que era necesario... ¿Cuándo aprenderá a obedecer sin

discutir? ¡Vuelve!

Los ojos abiertos, chicos.

Estamos en territorio enemigo. Bien, mucho cuidado.

Ahora sí está bien limpia.

Póngala en su sitio. Sí, señor.

No es muy bueno este café, pero servirá para aliviarte de la resaca que te

produjo tu exhibición de gran bebedor.

Sí.

Búrlate de mí, Madison. Me lo tengo bien merecido. Siempre a la defensiva, ¿eh?

¿Cuándo te enterarás de que nadie tiene nada contra ti?

Si es como tú dices, ¿por qué no me explicas una cosa?

¿Si puedo?

¿Por qué nadie de este comando se ha dignado decirme a dónde vamos?

Probablemente porque no lo has preguntado.

Vamos a Barce.

¿A Barce?

Sí, una pequeña ciudad en Gebel, el Axtar. Allí hay un campo de aviación.

¿Y tenemos que destruir los aviones de ese campo? Quizá, pero lo más importante

es armar jaleo y alarmar todo lo que se pueda.

Esa es la orden principal que han dado a cada uno de los comandos destacados.

¿Y está lejos, Barce?

¿Lejos?

Casi a mil kilómetros.

Mil kilómetros.

Bueno, África no es tan grande como Texas, pero tampoco es que sea pequeña,

¿sabes?

De acuerdo, yo me lo he buscado.

Mil metros.

¡A tierra!

Salam aleikum.

Aleikum el salam.

¿Qué esperáis, que os baje yo?

Que los oficiales se acerquen.

Retinelas a sus puestos.

Pronto candules, atajo de cretinos.

Armas y municiones a mano.

Atkins y Bell en aquel sector.

Venga también, Teniente Morris, esto le interesa.

Sí, señor.

Gibson y Hughes allá en lo alto. Y con los ojos bien abiertos. En este momento

nos encontramos aquí.

A 15 kilómetros de Barce, que es nuestro objetivo.

El campo de aviación está a 3 kilómetros de Barce.

¡Descarguen el material!

Y aquí hay una carretera que lo une a la ciudad.

Según mi opinión, esa carretera no debiéramos utilizarla. ¿Por qué?

Supongo que atacaremos por el exterior.

¿Qué le hace suponer eso?

¿Y por qué?

Me parece lógico.

Exacto.

Precisamente por eso actuaremos de otro modo. Fíjense bien, las fortificaciones

defensivas están todas orientadas hacia el exterior, hacia la ciudad. No hay

ninguna. Nosotros pasaremos por ese lado, siempre derecho y con decisión.

Después de haber atravesado la ciudad, agiremos de sorpresa a la máxima

velocidad. ¿Y serán aéreos a destruir?

Probablemente no muchos. Se trata solo de un campo de fortuna.

Además, nuestro objetivo principal es otro.

Matar a un hombre.

¿A un hombre?

Rommel.

¿Rommel? El mismo.

¿Pero sabemos seguro que mañana estará en marce?

Su escolta y su coche acaban de llegar a ese punto de destino. Solo sabemos eso y

debe bastarnos.

Sí, señor.

Saida.

¿Tiene algo que decir, teniente? De modo que para eso hemos venido.

Estamos aquí para matar a Rommel.

Acabo de decirlo.

Lo que significa que tendremos encima a todo el Africa Corps dispuesto a

arrancarnos la piel.

Es más que probable, teniente.

Probable solo, capitán, según mi opinión. Con toda seguridad, solo unos

pocos de sus hombres podrán escapar con vida.

Tal vez no escape ninguno, teniente.

¿Ninguno? Ni siquiera usted, si es lo que quiere saber.

No se haga ilusiones, Morris.

Me lo imaginaba, señor.

Esperemos que los datos que nos ha dado el informador sean correctos.

¿Y si no lo son?

Le cortaremos el cuello.

Suponiendo que no nos lo hayan cortado antes a nosotros.

Las bombas de mano.

¡Aprisione, general!

¡Excel, ahí va! ¡Siga al coche!

¡Sígale!

¡Malditos!

¡Este no es Rommel! ¿Quién es?

Os habéis equivocado de hombre. Él es un general de sanidad. El mariscal está ya

en el frente. Pronto lo podréis comprobar.

¡Pronto! ¡Los aviones!

Atención, un carro blindado.

Pásenlo por detrás, señor.

Vance está herido.

¡Ocúpense de Vance!

Es una fea herida, pero no parece grave. Sostenlo y oprime la herida para que no

pierda sangre.

¡Tengan prisa!

¡Nos siguen!

¡Tenemos que salir de aquí!

Ahí están, los veo.

Ve despacio, despacio. No te acerques todavía, el terreno accidentado les

favorece.

Son astutos, ¿qué hacen, dar un rodeo?

Nada de eso.

Tratan de obligarnos a salir al descubierto, al terreno o llano. Allí

nos darán lo que nos merecemos con toda comodidad.

Ahí los tenemos, avanza despacio.

No nos hace falta darnos prisa.

Adelante con cuidado.

No podremos con ellos.

Pronto estarán en campo abierto y ajustaremos cuentas.

Entendido.

¿Qué? ¿No vamos a esperarlo? No, sería inútil.

Cuidado, que no le vean.

¡Abajo! ¡A punto!

¡A la izquierda, fuego!

¡Fuego!

¡Malditos!

¿Qué hace usted aquí?

¿Ha dejado al teniente Madison solo con el herido?

¿Acaso no está usted aquí solo también con otro herido? Eso a usted no le

importa.

Me sorprende, teniente Madison. ¿Quién le ha ordenado que vuelva atrás?

Ha sido por iniciativa mía.

Llevémoslo al jeep.

Cuidado.

Cuidado.

Una señal trigonométrica de los alemanes.

¿Has oído lo que dice el prisionero?

Señor, el prisionero dice que el avión está a unos 40 kilómetros de aquí. Lo

sé.

Que allí hay un hospital militar italiano.

¿Y qué quiere decir con eso? Que si no llegamos cuanto antes, el sargento

morirá.

Por su culpa, teniente.

Por mi culpa.

Aún no ha respondido usted a mi pregunta.

¿Por qué ha vuelto atrás?

¿No le ha explicado el teniente Madison que no podemos... Claro, y también ha

intentado impedírmelo.

Pero en Texas decimos o todos o ninguno.

Eso no es más que retórica estúpida.

Si usted no hubiese vuelto atrás, solo Atwell y yo seríamos los comprometidos

en la acción.

Ahora tendríamos que entregarnos todos para socorrerle.

¿Esa táctica es la que se emplea en Texas?

Está usted en un grave error, teniente. Cree que las reglas de la guerra son

morales. Y no lo son.

Cuanto antes lo comprenda mejor para usted.

Vamos. Señor, si seguimos adelante, estos hombres morirán. Cállese,

sargento. Nadie le ha pedido su opinión.

Adelante.

Es inútil todo esto, déjalo ya en paz Hay que hacer todo lo posible

El sergente Atwell es muerto según sus órdenes, señor.

Atwell era un buen suboficial.

Él por primera vez habría desaprobado su comportamiento de crítica idiota.

Déjame, señor Tenente.

Soy más práctico.

Todos muertos.

¡Gornitsch!

Aquí está.

Gasolina. Lo que nos faltaba.

Era el grupo del mayor Stanfield.

Su cadáver está allí.

Deben de haberlo sorprendido mientras repostaban. Aunque es muy Stanfield, se

haya dejado sorprender de este modo.

Nada que pueda pasar.

No queda más que proseguir.

Los alemanes volverán.

¿Cómo lo sabe?

Es muy sencillo. No han enterrado a los muertos. Tenían prisa por socorrer a los

heridos. Pero volverán.

Tendrían prisa, pero no han olvidado agujerear todos los recipientes de agua

y de gasolina.

Nosotros habríamos hecho lo mismo.

Sí, es verdad.

Pero ¿cómo saldremos de todo esto?

La gasolina que tenemos debería bastarnos.

¿Y el agua y los niveles? ¿Y si no alcanza la gasolina? ¿Y si dejara usted

de hacer preguntas, teniente?

Si no me equivoco, he dado una orden.

Sí, señor.

Un momento, capitán.

Ustedes son dueños de adentrarse en el desierto sin agua, sin víveres y puede

que sin gasolina también.

Pero yo no quiero. Esperaré a los alemanes aquí.

Usted parece un muchacho inteligente, sargento. Y ya debería haber comprendido

que yo no tolero discusiones.

Tal vez habría sido mejor que hubiese disparado, capitán.

Y lo voy a hacer si no se pone en camino.

Vamos.

Si tiene algo que reclamar, diríjase al capitán, no a mí.

Intenta aguantar, Cabo.

Son las últimas gotas.

Ánimo.

Pide la señal de reconocimiento.

¿Qué señal?

Ojalá lo supiéramos. Hay que salvar el vehículo, sea como sea.

¡Rápido, al suelo!

No, no, es inútil.

Déjame, teniente.

Hay una reserva de agua ahí. ¡Cójala!

¿Cómo va eso, capitán?

Ninguno de los dos es capaz de caminar.

Como ve, ha sido totalmente inútil salvarnos.

Puede que no.

He decidido enviar al prisionero en busca de socorro.

Usted no decide nada mientras yo siga con vida.

Decídalo usted entonces, ya que tanto le gusta.

Si no, ¿qué podemos hacer?

De acuerdo.

Sigue pensando que soy un aprendiz.

Estoy esperando órdenes, capitán.

A pocos kilómetros de aquí, hacia el este, se encuentra la carretera que va

de Siva a Marsa Matruk, en la que siempre hay tráfico. ¿Sería mucho

pedirle que capturara un vehículo?

Lo puedo intentar.

¿Pero qué hago con ese?

Hátelo.

Sargento. ¿Has oído?

Ha habido cambio de programa.

Tengo que ir a capturar un vehículo.

Y para irme debo atarte.

¿Eh? ¿Atarme?

¿Por qué ha de hacer eso? Te dejo con dos heridos. No puedo hacer otra cosa.

¿Cree que yo sería capaz? Bueno, ¿qué hacemos?

¿Te vas a dejar atar voluntariamente o prefieres que utilice a estos sargentos?

Otra vez con la pistola. Como guste, teniente.

Espero que sepa usted lo que está haciendo.

¿Y este quién es? ¿A dónde vas con el fusil? ¿No ves que es un inglés?

¿Y vas a dispararle? No, pero lo haré prisionero de guerra.

Este se muere si no le echamos una mano. Trae el agua.

Madre mía, qué mal está.

Y deja ahí el fusil. Bueno.

Debajo del asiento hay una cantimplora con agua anisada. Trae la... Eras

sinvergüenza y decías que no tenías, ¿eh?

¡No dispara!

¿Por qué me dejaste el fusil? ¿Cómo me lo imaginaba?

Parecía medio muerto.

¿Qué hacemos ahora?

¡Las cantimplora, rápido!

¡Dámelas!

¡Estamos a 200 kilómetros del frente! ¿Qué pretendes hacer?

¡Cállate!

¿Qué vas a hacer con nosotros?

¡Atrás! ¡Atrás, he dicho!

¡Pero basta dejarnos aquí! ¡Para eso te hemos ayudado!

¡Deprisa, deprisa!

Seguro que el teniente ha muerto, ¿no?

Hace más de cuatro horas que se soltó el torniquete.

A estas alturas no le quedará ni una sola gota de sangre en las venas.

Buena la ha hecho usted atándome, teniente.

El cordero ha muerto porque el lobo estaba atado.

Resulta cómico, ¿no?

He hecho lo imposible por desatarme. Me he desollado las muñecas, pero ha sido

inútil.

Sabe hacer nudos, ¿eh?

¿También él ha muerto?

¿Cómo está el teniente Medusa?

Ha muerto.

Lo siento.

¿Y por qué no protesta usted, como de costumbre?

Esta vez soy yo quien protesta.

Bonita situación ha provocado con su tozudez, capitán.

Cállese usted, sargento. No le he pedido su opinión.

Se la doy igualmente.

¿A quién se le ocurre ordenar que me ataran?

¿Y si hubieran matado al teniente Morris?

Piense cómo habría acabado usted conmigo atado al palo, igual que un indio. ¿Sabe

qué le digo?

Que si él era el cordero y yo soy el lobo, usted no es más que un grandísimo

cabezota. ¿Me oye? Le ordeno que se calle.

¿Qué diablos te propones, sargento? ¡Cierra el pico!

Lo cierro, sí, lo cierro.

¿Qué otra cosa puedo hacer?

¡Quieto!

¿Qué pasa ahora?

Tampoco se le va a enterrar.

El señor Felmaresciallo ya está en los primeros lugares. Se espera que todas

las columnas armadas muevan a la hora establecida. De acuerdo, colonel. Sí,

claro.

¿Han sido distribuidas las copias suficientes de la carta de campos

minados? Sí, colonel.

No hay nada más que añadir, señor general. Que Dios nos la mande buena y

sin viento, como dicen los marineros.

Con este rotame no podremos pasar de la depresión al sur. Deberíamos atravesar

el capizal de los enemigos.

Y lo podremos hacer solo de noche.

Si empezamos de inmediato, tal vez lo haremos.

Ya, en el cajón, en sus espaldas, yo no puedo estar.

Pero esta vez no me voy a dedicar a ningún costo.

Él sabría cómo resolver este problema, ¿no es cierto?

Tal vez con un buen golpe de pistola en la cabeza.

O plantándome aquí.

Entonces, ¿qué espera de elegir esta solución?

¿No sería la primera vez o tal vez es malo?

Hay otra, guía tú.

¡Avante, monta!

¿Quién le dice que lo hará?

Esta.

Argumento convincente.

Y ahora, ¿dónde vamos?

Esta es la pista de alarma.

Debemos estar cerca de los avances.

Vamos adelante, entonces. No, allí hay campos minados.

Pero no podemos detenernos aquí.

¿Dónde dispara la artillería?

¿Saben que este es el paso de salida de la brigada Ramke? Por aquí solo pasan

nuestros vehículos acorazados.

Quieto. Sigue adelante.

O perezca, o disparo.

Habrá más alemanes por los alrededores.

¡Me va el pellejo!

Teniente, prepárese para tomar su puesto. ¿Ha comprendido?

¡Vamos, pasa prisa!

¡Más!

¡A la derecha!

¡Todo a la derecha!

Estamos frente a Halem Khalifa.

Siga hacia el este.

Lo siento, pero alguien no está de acuerdo.

Hay que darse prisa. Tenemos que irnos de aquí.

¡Eh, baja!

Nos arriesgamos a que nos cojan en el centro de la batalla.

Sería divertido.

¡Maldición! ¡Esto está plagado de minas!

¿Algún herido?

No, creo que no, teniente.

Lo sabía.

¿Qué te parece?

¿Aguantará con el remiendo que tú le has hecho?

Es un motor italiano y está acostumbrado a los remiendos.

Va solo con tres cilindros, pero estoy seguro de que aguantará un poco más.

Bien, ¿a dónde vamos, capitán?

Hacia el este, ya lo dije.

¡Fuera todos!

¡Fuera todos!

El paso está abierto, mi general. Demasiado tarde. Llevamos horas de

retraso. ¡Vamos! ¡Adelante!

¡Adelante! ¡Rápido! ¡No hay tiempo que perder!

Los ingleses.

¿Qué están haciendo, estúpido? Es hacia allí a donde tenemos que ir, ¿no lo

entiendes? Se nos echan encima.

No vienen por nosotros.

Tenía razón, capitán.

No vienen por nosotros.

Mire con quién se las van a tener.

Los alemanes.

¡Tire, tire! ¡De la vuelta!

¡Rápido, rápido!

¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!

¡Vamos!

¡Vamos!

¡Vas a prisa, vas a prisa!

Todo es inútil. La sorpresa ha fracasado.

Complique la orden de retirada.

Yo no he parado, se ha parado él.

¿Qué diablos le pasa ahora? Hemos fundido una biela. ¿Qué esperaban?

Demasiado ha hecho ya este cacharro. ¿Y está seguro de que no hay modo de

hacerlo andar?

¿Por qué no prueba usted con la pistola, capitán? A lo mejor se asusta y le hace

caso.

Pero si está herido.

No, no, no tiene importancia.

Mira esos impactos.

Al capitán tienen que haberle herido de nuevo.

Ven, ayúdame.

Vaya mala suerte. Lo que nos faltaba.

Trae el agua y una manta.

No hay más solución que continuar a pie.

Lo mismo creo, teniente.

Las avanzadas de su infantería deben estar en esa dirección.

Buena suerte, teniente.

Un momento, sargento. ¿A dónde crees que vas a ir solo?

Hacia el norte, allí estaré a salvo. Mi infantería está por ese lado.

Y él no puede caminar.

Que se quede ahí, puesto que no hay modo de transportarlo que se fastidie.

Las leyes de la guerra no son morales, ¿verdad, capitán?

¿Lo ve, teniente?

Al menos él es consecuente consigo mismo.

No, esos son razonamientos absurdos.

Estoy de acuerdo con usted, teniente, pero es él quien piensa así.

Y además, créame, el pellejo es el pellejo.

Ni un paso más, sargento.

¿Ya volvemos a lo mismo?

¿Piensas que todo puede resolverse con una pistola?

No, no me quedo. Vuelvo con los míos.

Si quiere puede dispararme por la espalda.

¿Qué intenta hacer?

Llevármelo conmigo.

O por lo menos intentarlo.

Tonterías. El sentimentalismo de siempre. O todos o ninguno. Que

normalmente quiere decir ninguno.

Le ordeno que me deje y se ponga a salvo, teniente.

Es una orden, teniente.

Es una orden.

Déjeme y póngase a salvo.

¿Sabe qué le digo, capitán? Que me deje en paz de una vez. Basta de órdenes.

Solo podría llegar, pero jamás conmigo.

El sargento Leques se ha demostrado ser mucho más inteligente que usted.

Sin embargo, le agradecería que me aclarase algo que no comprendo.

¿Por qué está tan empeñado en salvarme?

Se equivoca, capitán.

No tengo ningún interés.

Entonces, ¿por qué?

Solamente por desprecio.

¿Comprende?

Humanísimo y puro desprecio.

Comprendo. Y sé que está convencido usted de lo que dice.

Sin embargo, me sorprendí mucho cuando alguien me dijo que a veces no

comprendemos lo que se espera de nosotros.

Ahora sé que quien me lo dijo tenía razón, pero es necesario que otra

persona o las circunstancias nos lo enseñen.

Usted estaba convencido de que yo le readmití en mi sección para tener

ocasión de vengarme.

No.

Quería... solo demostrarle que en mi actitud no había nada

personal en absoluto.

Y en efecto sigo considerándole no apto para someterse a la disciplina de los

comandos especiales.

Vaya, veo que se divierten, ¿eh?

Mejor, a la gente alegre la suerte le ayuda.

¿Y tú por qué diablos has vuelto?

Ve, diciamo que ne pure io sono adatto ai reparti speciali.

Coraggio, diamoci da fare.

Entre dos quizá lo consigamos.

¿O todos o ninguno, eh, teniente?

Bueno, eso no solo se dice en su Texas del alma, ¿sabe?

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