All language subtitles for Mi.conejo.es.el.mejor.1982.DVDRip

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Original subtitles

¡Gracias!

Elisa. Pasa.

¿Creías que no me iba a enterar?

Yo me entero de todo.

Por lo menos de todo lo que me interesa.

No te da vergüenza.

¿Qué si se lo cuento a la directora?

Lo que has hecho es un pecado. ¡Un pecado!

No sé.

Tal vez pueda darte una oportunidad.

Por esta vez no hará falta ir a la directora.

¿Prefieres que todo quede entre nosotras?

Bien. Pero mereces un castigo. Lo sabes, ¿verdad?

Apóyate. Inclínate más.

Más.

No, así no, lavarla. Quítate la ropa. Pero... Obedece, obedece.

La ropa que nos dan es muy espera.

Me hace daño. Además desagradecida. Estás de limosna, ¿comprendes? Esto lo

pagarás también.

Espera. Te va a hacer daño.

Y yo no quiero que te haga daño.

Tranquila.

Espérame en el dormitorio.

¿Cómo han ido las cosas?

Bien. Te lo dije.

Yo no me equivoco nunca.

Ha habido un momento.

Parecía como si le gustase.

¿Y a ti? ¿Te parece mal?

Figúrate. Es como un gatito. De asilo en asilo sin saber arreglárselas.

¿Cómo tú?

¿Cómo yo?

La verdad es que la has engañado.

Nos viste.

¿Cómo nos iba a ver?

¿Te crees que soy tonta?

Para tonta ella.

Bueno, ya aprenderá.

Para salir adelante en sitios como estos, hay que saber amoldarse.

En fin, lo importante es que ya tienes un nuevo juguete.

A ver lo que tardas en romperlo.

Ninguna será como tú.

Eso, que no se te olvide.

Como yo, ninguna.

¿Cansada?

Desorientada.

Y hambrienta.

¿Por qué un bocadillo en todo el día?

¿Cómo lo sabe?

Te he seguido.

Desde que saliste de la estación. ¿Por qué?

Me interesas.

¿Es siempre así de directo?

No tiene nada de malo. Se gana mucho tiempo.

¿Para qué?

Eso, el mismo tiempo suele decirlo.

Bien, propongo una buena cena, un baño caliente y unas horas de sueño.

¿Dónde?

En mi casa, naturalmente.

¿Para qué andar con rodeos?

Usted no me conoce. Más de lo que te crees.

Te llamas... Elisa.

Elisa.

Acabas de llegar a Madrid.

Vienes de lejos porque se nota que has pasado la noche en el tren.

Huyes de algo porque has viajado prácticamente con lo puesto.

Y no es porque tuvieras prisa en llegar, porque no tienes dónde ir.

No tienes dinero.

Estás cansada.

Hambrienta y sin saber qué hacer.

Solo me falta que aceptes mi propuesta para terminar de conocerte.

¿Por qué?

Querrá decir que estás tan sola y desesperada que no te importa ponerte en

manos del primer desconocido que se presenta.

Que necesitas ayuda, pero que no te importa mucho lo que vaya a ser de ti.

¿Que prefieres dejarte llevar y que tomen las decisiones por ti?

Entregándote en manos del destino, que en este caso se llama Carlos.

Acepto. ¿El destino?

Por de pronto la cena y el baño.

Principio quiere las cosas.

Vamos.

Pasa.

¿Todo dispuesto?

Como usted ordena.

Enseña su habitación a la señora.

Por aquí.

Si necesitas algo, llámame. Gracias.

Soy virgen.

No es una enfermedad incurable.

¿Un poco más de coña?

¿Tú, Elisa?

No. Si bebo un poquito más me caeré redonda.

Retírate.

Entonces te escapaste.

¿Te estarán buscando?

De ti depende que no me encuentren.

¿Qué te hace suponer que conmigo estarás mejor?

No sé.

Creo que tú no me harás daño.

¿Cómo te lo hizo tu amiga?

Me parece que he hablado demasiado.

No estoy acostumbrada al vino.

Estás agotada.

Te conviene descansar.

Sabes bien.

Me gusta.

Todavía duerme.

Lo ha pasado muy mal.

No la despiertes hasta más tarde.

¿Se quedará?

Eso... depende de ella. Tú lo sabes.

Mejor que nadie.

Y también sabes que soy como soy.

Y no puedo cambiar.

Yo no quiero cambiarse.

Las doce.

El señor me encargó que la dejara dormir hasta tarde.

¿El señor?

¿Dónde está Carlos?

El señor no me dice dónde va.

Me encargó que le dijera que si quiere usted esperarle, se considere en su

casa.

Puede ponerse esto mientras yo arreglo un poco su ropa.

No le caigo a usted muy bien, ¿verdad?

Yo no soy quien para juzgar a la señorita.

Está bien.

Esperaré al señor.

Como guste la señoría.

¿Qué hay en ese cuarto?

El despacho del señor.

Puedo.

Está usted en su casa.

La hizo arrodillarse con la espalda apoyada en el sofá. Y para que ella se

apoyara en él, más con los hombros que con la cintura, le obligó a abrir los

muslos.

Sus manos descansaban.

Sus manos descansaban sobre sus tobillos. Su vientre estaba

entreabierto.

Y encima de sus senos distendidos, su garganta echada hacia atrás.

No se atrevía a mirarle la cara, pero veía sus manos desatar el cinturón de la

bata.

Él puso una pierna a cada lado de él, que seguía arrodillada y tomándola por

la nuca.

Se introdujo en su boca.

No pareces tener mucho que decir.

Perdona, estaba distraído.

¿Has descansado bien hoy?

Muy bien. He pasado el día leyendo.

¿Bien? Leyendo tus libros.

Bueno.

Tienes unos gustos muy raros.

¿Tú crees?

¡Gracias!

Sigue.

Temo que no estés a la altura de las circunstancias.

Nada me debes si no es mi estilo forzar las situaciones.

Estos billetes serán una ayuda para ti.

Buena suerte.

Lástima.

¿No te has ido?

No.

¿Por qué?

Quiero estar contigo.

¿Con mis gustos?

Serán los míos.

No lo resistirás.

Ponme a prueba.

Puedes irte cuando quieras.

¿Qué quieres que haga?

Parece que no lo has entendido bien.

Tienes que hacer lo que yo te diga, no lo que a ti te apetezca.

¿Pero y yo?

Extraerás tu placer del hecho de proporcionármelo a mí, de obedecerme, de

ser un objeto en mis manos, incluso de sufrir por mí.

No te lo repetiré más.

Yo no te pido nada, pero lo quiero todo.

Haré lo que tú quieras.

¿Todo? Soy tuya.

Desnúdate.

Espera.

Deja caer los brazos.

Las manos en la nuca.

Separa los codos.

Date la vuelta.

Vuelve.

Abre las piernas.

Puedes volver.

Acuéstate en la alfombra.

¿Sabes acariciarte?

El Internet.

Hazlo ahora.

No te he dado permiso para gozar.

Ya.

Tienes mucho que aprender.

Tal vez Gloria pueda enseñarte.

¡Quieta!

Estás para obedecer.

¿Y si me rebelo?

Tendré que usar el látigo.

Lo harías.

Lo voy a hacer.

Gloria, tu fusta.

Señor. Tu fusta.

Las manos.

¿Tienes miedo?

No.

¿Quieres irte? No.

¿Quieres irte? No.

No es perfecto.

La fusta es muy personal.

Cada mujer necesita la suya, pero lo arreglaremos.

¿Querrás que lo arreglemos?

Yo querré lo que tú quieras.

Bien.

¿Esa? A curarte de tu enfermedad.

Quédate, esto hará bien.

Está despierta.

¿Cómo reacciona?

Yo creo que bien.

Y en el fondo eso te molesta.

Pero aunque te moleste, las cosas son así.

Si yo la acepto, tú la aceptas.

¿Comprendido?

Bien.

Búscale algo de ropa.

Puedes irte.

Gloria.

A lo mejor es ella la que no nos acepta a nosotros.

Hoy no me subió el desayuno.

Orden del señor.

Dejarla dormir hasta la hora de aplicarle la crema.

Me ha sentado muy bien, ya no noto el esgozar.

No me extraña, es una crema muy efectiva.

¿Lo sabe por experiencia?

Sí.

Me odia.

¿Por qué tendría que odiarla?

He venido a ocupar su puesto.

Nadie ocupa mi puesto. Usted ha venido y se irá.

Otras lo hicieron.

¿Y si yo me quedase?

Será porque así lo haya decidido el señor.

Estará bien.

¿Y usted no tiene nada que decir?

¿No le molesta?

Mis sentimientos son los del Señor. Su placer es el mío.

No creo que usted pueda entenderlo.

Para mí no cuenta nada más que sus sentimientos, su satisfacción. Mi placer

está en ayudar a su placer, en obedecer sus órdenes, en adelantarme a sus

deseos, en poner mi vida a su servicio.

¿Tanto le quiere?

Soy suya.

Ya le dije que no lo comprendería.

Por eso se irá.

Como las otras.

Gracias por la ropa.

De nada.

También son órdenes del señor.

Carlos.

Lo siento.

Recógelo, Gloria.

No.

Recógelo tú.

Yo no soy tu criada.

Muy cierto.

Limpia eso, Gloria.

Carlos.

Date prisa, Gloria.

Te espero.

El desayuno, señor.

No sabía si debía servirlo para uno o para dos.

Está bien así.

Gracias. Elisa, prepárate.

Vamos a salir.

Hay algo que quiero comprarte.

Sí, señor.

Carlos, ¿cuánto tiempo?

Dos meses no es demasiado.

Para ti.

¿Visita de placer o...? Soy un cliente. Ya, en ese caso, ya conoces el camino.

¿Uso frecuente?

Normal. Ya.

Entonces este modelo es bastante pesado y no corta la piel.

¿Cuál usa Andrés contigo?

Secreto profesional.

¿Puedo?

Tal vez soportará uno más fino.

Tendríamos que probar. Probemos.

Si quieres primero probar conmigo.

Un placer inesperado.

Un poco tímido, quizás.

¿Señorita?

Silencio. Es natural, al principio.

Bien.

No hace sangre.

Tal vez aguantará una más fina.

No, no quiero pieles desgarradas.

Esta estará bien.

Hará el mismo efecto en todas las partes del cuerpo.

Compruébalo.

Desnúdate.

Desnúdate.

Tenga.

Lo estás haciendo muy bien.

¿En cuál de los dos?

En los dos.

¡Basta!

¡Valiente la pequeña!

Cierto.

Tengo que grabar esto.

Volveré, digamos, en una hora.

Utiliza ese tiempo para agradecer a Marisa las molestias que se ha tomado

por nosotros.

Marisa, dile a Andrés que me llame.

Se me han ocurrido un par de ideas.

¿Sí?

Si no quiere, lo ha pedido él.

¿Le obedeces en todo?

Sí.

Eso está bien.

Bienvenida a la cofradía. ¿A qué cofradía?

La de las que sabemos, las que hemos encontrado el placer total, someternos,

no ser nada.

El de brindar nuestro cuerpo y nuestra alma al placer de un solo dueño.

Invento de las clases dominantes.

No es única.

Cambia de acuerdo con la geografía, el sistema político e incluso la

climatología.

No se tiene el mismo concepto de moral en países cercanos, pero separados por

creencias políticas o religiosas.

¿Qué es lo que unifica a la moral?

Simplemente su existencia.

El hecho es que, no importa en qué tiempo o lugar, siempre han existido

unos seres que en virtud de extraños poderes, nunca suficientemente

explicados, se han autoconcedido la capacidad de juzgar por nosotros, de

dictaminar sobre el bien y el mal, de crear la ley y aplicar el castigo.

Y a lo largo de los siglos estos seres, gurús, sacerdotes, brujos, santones,

chamanes, rabinos, pastores, ayatolajs, etc., han convencido al Estado.

de que su visión es la acertada, haciendo así al poder civil servidor de

otro poder, en el mejor de los casos, discutible.

¿Estoy atacando al Estado?

No.

Probablemente lo necesitamos, pero no como represor, sino como servidor del

ciudadano, que no del súbdito.

¿Por qué el Estado ha de reprimir las tendencias privadas de sus ciudadanos?

¿Por qué, si no alentarlas, no puede favorecerlas?

Por bastante menos dinero del que cuesta buscar, capturar, encerrar y mantener

preso a algún reprimido sexual que estalla cometiendo alguna barbaridad.

Se le puede a tiempo facilitarle el conocimiento de sus complementarios.

No enterréis a los zoófilos.

Dadles facilidades para trabajar en granjas.

No persigáis a los homosexuales.

Ayudadles a relacionarse.

No intentéis hacer creer a un sádico que es un criminal en potencia.

Simplemente presentadle a un masoquista.

Él o ella tendrá seguramente distintas ideas sobre la materia que vosotros.

Los llamados normales.

¿Te pasa algo?

¿Qué es lo que te dictaba? ¿Un libro?

No lo sé.

Es cosa suya.

No he entendido la mitad.

No creas que yo entiendo mucho más.

¿Y no te preocupa?

¿Por qué tiene que preocupar? Yo soy feliz así.

Cuando te pega... ¿Qué?

¿Qué sientes?

También te pega a ti. ¿Qué sientes tú?

A mí me han pegado tantas veces.

Que debo estar acostumbrada.

Eso no es bastante para aguantar.

Creo que... Es que le quiero.

Siempre he necesitado a alguien a quien querer.

Tampoco es bastante.

Cuando estoy con él me siento importante.

¿Y el dolor?

Eso no importa.

Además, algunas veces siento algo... ¿Placer?

No lo sé.

Gloria.

¿Ya no me odias?

Yo no te he odiado nunca.

Solo esperaba. Si él te acepta... Yo también.

¿Podemos comenzar a servir, señor?

Cuando queráis.

¿Llamó el señor?

Pasa. ¿Te cuesta tratarme de usted?

Me acostumbraré.

Bien.

Quería darte esto.

Es tuyo.

Me ha dicho Gloria que estuvisteis hablando.

No comprendo algunas cosas.

Basta con sentirlas.

Pero... Pero es que no me entiendo a mí misma.

Por ejemplo, ¿es necesario el dolor?

No siempre.

Hazme daño, por favor.

Hazme un poco de daño.

Son los incapaces de buscar nuevos caminos.

Los asustados de encontrar nuevas vías que os saquen de vuestra rutina.

Los satisfechos con vuestra nada.

Porque a lo largo de los siglos, y en no importa dónde, siempre ha habido una

minoría.

En contra de tabúes y leyes, se ha permitido la plena satisfacción de sus

deseos.

A condición, naturalmente, de tener medios suficientes para ello

y de mantener una discreción que no alarme a los bienpensantes.

¿Tú nunca sales de esta casa?

¿Para qué? Yo estoy bien aquí.

Pero estar aquí sola, sin salir...

¿Dónde va él todos los días?

Bueno, tiene muchos negocios. Y tú puedes salir cuando quieras. No estás

prisionera, recuérdalo.

¿Querrías venir a dar una vuelta?

Te lo he dicho, yo estoy bien aquí.

¿Puedo? ¿Podría acompañarle?

Te vas a aburrir.

Cámbiate. Te espero en el coche.

Ya lo viste, don Carlos.

Habrá que poner en servicio estos barbechos.

Pero tendremos que meter tractores.

¿Cuántos? Tres, tal vez cuatro.

Cuenta con cuatro.

Es mejor hacer las cosas bien. ¿Y el ganado?

Muy bien, don Carlos.

Va a tener usted que ampliar los establos.

Te mandaré a un contratista que haga un proyecto y ya veremos.

¿Te gusta?

Hombre, don Carlos, ¿y a quién no?

¿Qué harías con ella?

¿Qué cosas tiene usted?

Pero bueno, ¿no me dices que te gusta?

Coño, don Carlos, si es una broma... Eso tú verás.

Ella no querrá. ¿Quieres tú? Claro.

Pues adelante.

¿De verdad que no le importa?

Si a ti no te importa que esté yo delante... No va a querer, se lo digo

yo.

Elisa. Sí.

Obedece o vuelve el coche.

¿A qué esperas, Antonio?

Pero...

¿A quién más esperabas?

Después de dejarte aquí volvió a irse.

Me entregó a ese bestia, como si yo fuera una cosa.

Pero has aceptado ser suya.

Suya, pero no de otros.

Suya y basta, para lo que él quiera. Pero eso... ¿Por qué aceptaste?

Podías haberte negado, haberte ido.

Él nunca ha obligado a nadie por la fuerza.

¿Cómo lo sabes?

¿Cómo sabes que me quedé?

Llevo mucho tiempo con él, Elisa.

Lo que a ti te ha pasado, yo lo pasé antes.

Y lo que te falta por pasar.

Te falta mucho, Elisa.

Pero no tiene por qué preocuparte.

Eres como yo, o por lo menos eso creo.

Y si es así, lo soportarás todo.

Sea lo que sea, porque tendrás lo más importante.

Estarás a su lado.

Yo no sé si podré soportarlo.

Yo creo que sí.

Al principio tenía mis dudas.

Al principio no podías ni verme.

Te vigilaba. Te esperaba.

¿De qué te ríes? ¿Te acuerdas de cuando te desnudaste para nosotros?

¡Sin detalle!

¿Y Elisa?

Se ha ido.

¿Cómo?

Se ha ido, no sé cómo. Yo estaba en la cocina, la llamé y ya no estaba en casa.

¿Te había dicho algo?

¿No comentó nada contigo?

Lo de esta mañana.

¿Y nada más?

No.

¿Nada más?

Hicimos el amor.

Ya.

Ella estaba muy nerviosa.

Y tú lo aprovechaste.

Le gustó, todo fue muy bien.

Y se ha ido.

Bien.

Pudo ser y no fue.

No lloraremos por ello.

Pero tendrás que pagarlo. Como ordenes.

¿Qué pasa?

La boca.

¡No!

¡No!

¡Oh!

No me lo estás poniendo fácil.

No tiene por qué ser fácil.

Estoy aquí.

No es suficiente.

No, si no estás segura.

Estoy segura.

¿Estás segura?

Sí.

Te haré sufrir.

Te haré pasar por cosas de las que todavía no tienes ni idea.

Y no tendrás nada a cambio.

Ya tengo algo.

No pido más.

Enseguida pondré todo esto en orden, señor.

Que te ayude, Gloria.

Luego podéis descansar.

Las dos.

Don Carlos, por favor. Sí.

Pase, por favor. Andrés, pasa, hombre. No te quedes ahí.

Siéntate. Elisa, di a Gloria que nos sirva algo de picar.

¿Whisky?

¿Jerez? Es igual, lo mismo que tú, pero mejor en el jardín.

Gloria.

Que prepares algo de picar. Es una visita.

¿Quién es?

¿Cómo voy a saberlo?

Espera, creo que se llama Andrés.

¿De media edad? ¿Elegante? Sí.

¿Le conoces?

Sí.

¿Quién es?

Mucho me equivoco.

O lo vas a saber muy pronto.

Vale, gracias.

Entonces, ¿estamos de acuerdo?

¿Para mañana?

De acuerdo.

¿No te importa cerrar la discoteca? ¿Para uno de nuestros encuentros?

Carlos, hombre, lo primero es lo primero.

Cada día estás más guapa, Gloria.

Gracias, señor.

¿Alguien más?

No. Tampoco quiero asustar demasiado a mi nueva adquisición. Tú y yo solos.

Bueno y... Bien.

Yo también prefiero que seamos pocos.

Mi nueva tampoco está muy acostumbrada. ¿La que me ha abierto?

Sí. No está nada mal. Te felicito.

Gracias.

¿Y la tuya qué tal? Bueno, ya verás.

O mejor, ¿por qué no vienes ahora conmigo? ¿Ahora?

Sí, hombre, comes en casa y de paso le echas un vistazo.

Bueno.

Venga, no lo pienses más. Te vienes conmigo. ¿Y los preparativos para

mañana?

Los hace Gloria.

Ya está acostumbrada.

¿Verdad, guapa?

Sí, señor.

Todo listo. ¿Andando?

Andando.

Elisa.

Señor.

Me voy.

Sigue las instrucciones de Gloria exactamente, ¿de acuerdo? Sí, señor.

Ya sabes de qué se trata.

Preparad algo que esté bien.

Perfectamente, señor.

Cuando quieras.

Hasta mañana, guapa.

¿Hasta mañana? ¿Para qué?

¿Podemos empezar?

Podemos. Te ofrezco a Marisa.

Te ofrezco a Gloria.

Te ofrezco a Carmen.

Te ofrezco a Elisa.

¿Puedo elegir? Por favor.

¿Tú?

Esto es imperdonable.

Tienes razón.

Ven conmigo.

Esto se acabó.

Largo.

Por favor, no lo comprendes.

Ella es... Sé quién es ella. Por eso te traje.

Pero... ¡Basta!

No quiero una palabra más.

Este es el final, Elisa.

O te quedas o te vas.

Ser malo se paga tarde o temprano. ¿Lo comprendes? ¿Lo comprendes?

Espera.

Prefiero que vaya Elisa.

Elisa.

Ábrete.

Buenos días.

Llego a tiempo.

En punto.

Ah, Carmen se quedará una temporada con nosotros.

Nos la envía don Andrés para su... perfeccionamiento.

Elisa, tendrás que cederle tu habitación.

Durante ese tiempo, tú puedes dormir con Gloria.

¿A qué estás esperando, Elisa?

Esa maleta.

Sí, señor.

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