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Me di cuenta de cómo me mira.
Sé oler el deseo en los hombres.
(CURA) No nos dejes caer en la tentación.
Todo lo que ha pasado ha sido un tremendo error.
Y no lo repetiré. Ese niño no puede nacer.
(GRITA)
Eso después lo vas a tener que pagar.
Y será en esta vida.
Yo también tuve una niña.
Se llama Clara.
Bienvenida, Catalina.
Hola, Renata.
No aguanto más sin conocer a mi hija. Hola, pequeña.
Telegrama de Cuba.
Prométeme que volveremos a nuestra casa y a nuestro negocio.
Pase lo que pase, volveré a estar contigo.
Y vas a saber la verdad.
"Querida Renata.
Si supiera lo mucho que valoro sus líneas.
Gracias a ellas, me siento más cerca de casa.
Después de tanto tiempo en Cuba,
todavía sueño con asomarme al mirador del pazo
y ver el faro iluminar los perfiles de la tierra.
Mi tierra."
Buena tarde. Buena tarde, señor.
"Es cierto que no puedo quejarme.
Tras años de dificultades,
el ingenio de azúcar va viento en popa.
Gustavo es uno de los hombres de negocios más influyentes
de San Lázaro.
Y Jaime, el niño amoroso que ustedes conocieron,
se esfuerza en seguir sus pasos.
Y si viera usted a Catalina...
Cuando esta carta llegue a Ponta do Bico,
mi pequeña estará a punto de cumplir 17 años
y nos tendrá locos a todos con los preparativos de su fiesta.
17 años ya.
Igual que su Clarita, quien espero que esté creciendo sana y feliz.
Hágame saber cómo se encuentra.
Seguro que ya está hecha toda una mujer,
tan fuerte y tan trabajadora como su madre.
Ay, la de veces que he imaginado el día
en que nuestras hijas lleguen a conocerse.
Deseo tanto volver a Galicia."
Paso, paso.
Perdón.
¿Adónde tú vas?
"Sé que ese momento llegará.
Gustavo es un hombre de palabra.
Mientras tanto,
seguiremos disfrutando de la paz y la bonanza
que tanto trabajo nos ha costado construir en esta isla."
No, las de dentro ya la regué toda. Pero le dije a Candela y a Yuvi
que tenían que regar las de afuera porque están secas.
Isabela, prepare algo fresco para comer.
Catalina dice que hace mucho calor y ya sabes...
Ya.
¿Qué pasa?
¡Gustavo!
¡Isabela, Limita! ¡Gustavo!
Gustavo, ¿qué ha pasado?
¿Qué ha pasado?
Podría caminar por esas calles con los ojos cerrados.
No sé cómo he podido caerme. Qué torpe.
Isabela. ¿Ajá?
Déjenos solos, por favor.
Me golpearon, sí, dos hombres,
me siguieron desde la oficina bancaria.
No te han quitado nada.
Querían dinero. Y como no llevaba nada...
Gustavo, basta, basta.
Querían cobrar una deuda.
Inés, mi hermano no murió
por una enfermedad.
Cuando llegamos a San Lázaro,
uno de los trabajadores
me dio una carta.
Se quitó la vida.
Por lo visto, llevaba meses sin levantar cabeza
por culpa de una plaga
que había secado la hacienda.
Se endeudó para reflotarlo todo.
Pero la época de huracanes no le dio tregua.
Y, durante todos estos años, yo...
yo tampoco he podido recuperar el ingenio.
Los intereses de la deuda aumentan y la verdad es que vivimos
por encima de... ¿Por qué me lo ocultaste?
Añadir tu preocupación a la mía solo empeoraría las cosas.
Además, soy yo quien lleva las riendas de este negocio.
Yo soy el responsable. Y mírate.
¿Cuánto debemos y cuánto tiempo tenemos para pagar?
¿Volverán? ¿Por ti? ¿Por nosotros?
Tranquila, lo solucionaré.
Te doy mi palabra.
¿Tu palabra?
¿17 años después?
¿Adónde vas?
A proteger a mi familia.
- Ni hablar. Solo faltan cuatro días. - Padre ha tenido un accidente.
Es mi fiesta de cumpleaños la que quiere cancelar, no la suya.
Catalina, por favor. Además, ha dicho que está bien,
que se recuperará. Sí, pero para eso necesita reposo.
Quiero hablar con él. ¿Dónde está? ¡No!
Deja a padre tranquilo, ¿eh?
Lo último que necesita tu padre ahora es satisfacer tus caprichos.
Eso tendrá que decidirlo él.
Te prohíbo que lo molestes. ¿Me has oído?
¿Me has oído?
Jaime, vigílala, que no moleste a tu padre, por favor.
¡Jaime, por favor!
Catalina. Catalina.
Debería darte vergüenza hablarle así a madre.
Llevo un año esperando esta fiesta, Jaime.
No puedes culparla a ella de un mal golpe de fortuna.
- A veces la vida... - Deja de hablar como un viejo.
¿Qué sabes tú de la vida?
Toda esta rabieta es porque ya no podrás lucirte
delante de José Ortiz, ¿verdad?
Si es que eres una ingenua,
que lo único que necesita ese oportunista es tu apellido.
Todo su patrimonio irá para su hermano mayor.
Solo busca asegurarse un futuro en este ingenio.
Vaya, vaya, vaya...
El perfecto Jaime tiene envidia.
Saca la nariz de tanto documento
y paséate por las fiestas de la isla.
Hasta un pan sin sal como tú
puede encontrar a una mujer y hacer que su mundo se detenga.
¿Han cerrado bien las puertas? Sí, señora.
Compruébenlo otra vez y vigilen las entradas.
Haremos guardia toda la noche. Gracias.
Isabela, déjalo. Yo le subo la cena.
Señora...
Las heridas del señor parecen... Parecen golpes porque son golpes.
Le ruego discreción. Si puedo ayudar en algo...
No, no, vaya a descansar. Ha sido un día largo.
(SUEÑA) "¡Maldición!
¡Gustavo, maldición!
Gustavo, maldición.
- Gustavo. - Maldición.
Gustavo, maldición.
Maldición.
Maldición.
- Maldición. - Gustavo, maldición.
- Maldición. - Maldición.
- Gustavo, maldición. - Maldición.
- Gustavo, Gustavo. - Maldición.
Gustavo.
Gustavo, maldición.
- Maldición. - Maldición.
Gustavo, maldición.
- Maldición. - Maldición.
Maldición."
(GRITA)
Gustavo.
¿Qué maldición? ¿Qué te pasa?
Una pesadilla.
Gracias.
Antonina Vargas. Un momentico.
Ay, disculpe el jaleo, pero en una casa llena de críos.
Disculpe usted, vine sin avisar.
Antonina Vargas. ¿En qué puedo ayudarla?
Mi madre me trajo ante usted cuando yo era pequeña.
Quería saber si me casaría pronto y si pariría en esta isla,
pero usted no le dijo nada. Y yo que...
Espérate, espérate. Tú eres una de las crías de doña Lora.
Si tienes su mirada.
Ay, tu madre siempre fue muy buena conmigo.
Le tenía mucho aprecio.
Pero ¿por qué no quiso usted leer mi mano entonces?
Ay, no...
Si has venido a que lo haga ahora, debes saber que dejé todo eso atrás.
Me casé con el dueño de una fábrica de rapé.
En mí ahora ya no va a encontrar a esa santera de San Lázaro.
Por favor, lo necesito más que nunca.
Veo más cosas en el miedo de tus ojos
que en las líneas de tu mano.
Mi familia atraviesa un momento complicado
y mi marido anoche en sueños habló de una maldición.
Su hermano le dejó un negocio en ruinas.
¿Qué negocio? ¿Qué negocio?
El ingenio Diana.
¿Tú estás emparentada con los Valdés?
Esa familia asesina a criados.
Señora, eso forma parte del pasado. Y fue la madre de mi marido.
Gustavo no tuvo nada que ver. No, mi hijita.
Ese pasado es una sombra que arrastrará toda tu vida.
Si a tu madre no le dije la verdad sobre lo que yo veía en ti,
fue porque no quise preocuparla.
Pero los Valdés no merecen compasión.
Y ahora tú eres una Valdés.
Escúchame bien,
porque las deudas de tu marido son el menor de tus males.
Tú tienes una hija, pero tardarás en conocerla.
Ya la pariste, pero no sabes quién es.
Limita.
Señora.
Necesito tu ayuda.
Esto es coral rojo.
Es para la protección y no se lo puede quitar.
Confíe.
¿No ibas por leña?
¿Desde cuándo me das órdenes tú a mí?
Arriba, que esto no es una pensión.
¡Oh...!
¡Oh...!
(LEE) "De...
co... con..."
¿Qué haces aquí? Te estuve buscando.
Pensé que te pasara algo.
¿Metida en el pazo todo el día?
Ya me dirás tú qué me puede pasar.
¿Y tú para qué quieres esto si no sabes juntar dos letras?
Estoy aprendiendo. Me guardo las letras de don Castor
en la memoria y luego junto a los sonidos con las letras.
¿Quieres que te enseñe?
Mucho tiempo libre tienes tú.
Pero eso se acabó.
Tira.
Lo siento, Renata,
pero no podemos contratar a nadie más.
Fermín, la niña es trabajadora como ella sola.
Lo mismo te carga cientos de tablas
que te deja el suelo del almacén como una patena.
Y lo rápido que aprende.
Dale media jornada
y la tienes manejando el puesto que quieras.
También sé leer un poco.
Fuera.
La quiero apartar del pazo,
que pase el menos tiempo posible al lado de la bestia de tu hermano.
Pero ¿por qué? ¿Pasó algo?
No.
Pero ninguno de los dos queremos que pase, ¿verdad?
Muy bien. Empieza mañana a primera hora.
Pero va a ser una más, ¿vale?
No esperéis ningún trato de favor por mi parte.
Gracias.
Hay que ver lo limpia que viene la nueva.
Limpia y bien alimentada. Mira qué buen color.
Se nota que en el pazo de los Valdés desayunan caliente.
Sí, trae la panza chea.
¿Y qué, te manda tu tío para vigilarnos?
Sí, claro, Santiaguiña.
Vigilarte a ti, como eres la reina.
La soberana de este almacén para ti.
Tú ni caso, ¿eh? Es que están muy aburridas.
Lleva mucho sin pasar nada por aquí y así están.
Por cierto, me llamo Esther.
Encantada. Clara.
Para lo que necesites, aquí me puedes encontrar.
Gracias, Esther.
El descanso llega con la comida.
La sirena avisa cuándo hay que parar,
pero hasta ese momento debes trabajar siempre al mismo ritmo.
Nada de chácharas, nada de excusas. Santiaguiña, atiende.
Ella es Clara. Empieza hoy.
Ella mide y tú cortas. ¿Estamos?
Don Fermín, ya sabe que yo me apaño mejor sola.
Y cuando estén las tablas cortadas,
las vais apilando en bloques. Y no quiero fallos.
Sí, señor. Sí, señor.
Así me gusta. Venga.
¿A qué esperas? Mide ahí.
Me dijeron que preguntaste varias veces por mí en la iglesia.
No hacía falta que se molestara en venir.
Vengo de una visita. No es molestia.
¿Qué tal Domingo? ¿Va todo bien?
Solo quería que me leyera la carta de mi señora.
¿Te llegó una nueva?
No, no, no, no. Es que no me acuerdo si me daba alguna orden
sobre el pazo y, bueno, quería estar segura.
Es de valorar que seas tan responsable.
Si llega el día en que los Valdés regresen,
me voy a ocupar personalmente de contarles
tu compromiso con el pazo.
Ese día llegará.
¿Por qué estás tan convencida?
Parece que les va todo muy bien. Y sus hijos crecieron en Cuba.
Porque volverán.
¿Me va a leer la carta? Tengo mucho trabajo.
(LEE) "Querida Renata,
si supiera lo mucho que valoro sus líneas.
Gracias a ella, me siento más cerca de casa.
Después de tanto tiempo en Cuba, todavía sueño con asomarme
al mirador del pazo y ver el faro iluminado.
Cuando esta carta llegue a Punta do Bico,
mi pequeña estará a punto de cumplir 17 años
y nos tendrá locos a todos con los preparativos de la fiesta."
Están mal medidos. No puede ser.
Míralos.
Lo siento. No sé por qué.
Yo los medí siempre de la misma manera.
Mal. Lo hiciste mal.
No, si ya sabía yo que me ibas a traer problemas
nada más verte. Los arreglo.
Los mido todos otra vez. Y, al final del día,
el trabajo estará hecho. Te lo prometo.
- Además de torpe, es parva. - ¿Qué pasa, Santiaguiña?
- ¿Qué son esos gritos? - La niña del pazo,
que no sabe hacer la O con un canuto.
Cada listón es de su padre y de su madre.
- Y, al final, la culpa será mía. - Que no. Venga, ya está.
Venga, ya está.
Venga, que entre las dos acabamos antes.
En todos los años que llevo dejándome las manos
en esta mesa nunca falté a una entrega. Nunca.
Deja de quejarte, Santiaguiña, que hoy no va a ser el día.
"Muller". Gracias.
Ya me las darás cuando lo arreglemos.
No pasa nada, ¿eh?
(Gritos)
¿Qué pasó?
¿Qué pasa, Santiaguiña?
- ¡Ah! - No, no...
- Que venga el capataz, ¡rápido! - Aprieta, aprieta.
¡Ah!
- Aprieta ahí, aprieta ahí. - ¡Ah!
Ya está, ya está. Tranquila.
Aprieta ahí, aprieta ahí.
- ¡Ah! - Ya está.
En un aserradero siempre hay accidentes, Clara.
Ya. No es el primero
ni será el último. Si yo lo hiciera bien,
Santiaguiña... ¿Qué sabes qué habría pasado
si lo hubieses hecho bien? No pasa nada.
Al igual estaba escrito que la Santiaguiña tuviera un susto.
La herida parecía muy profunda. Que no.
Sí. Clara, estate tranquila.
La Santiaguiña es dura, ¿eh?
No sabía que el trabajo aquí era tan exigente.
Bueno, las veteranas dicen que cuando lo estaban los Valdés
era distinto. Yo es que ya llegué cuando estaban los Barba Peláez,
así que no lo sé.
¿Y tengo que ser yo el que solucione esto?
No quiero tu opinión, quiero que esté solucionado
para mañana. ¿Para qué te pago?
¿Qué hacéis ahí paradas? ¡A trabajar, hombre!
Ese es Braulio, el hijo del patrón.
Desde que entró a trabajar aquí, todo ha ido peor.
Los objetivos subieron muchísimo.
Y o te dejas la piel o no llegas.
Y no creas que a este le tiembla el pulso
de ponerte de patitas en la calle o...
Pero ¿esto no era de don Gustavo?
Pues no, ya ves que cambiaron bastante las cosas por aquí.
Hablaremos más tarde. Gracias.
¿Has vendido la mitad del aserradero a los Barba Peláez?
El 40%.
Mi abogado se encargó de todo hace un año.
Y gracias a ese dinero,
podemos seguir manteniendo este nivel de vida.
Ahora los Barba Peláez llevan el negocio,
pero nosotros seguimos recibiendo parte de los beneficios.
Un año.
Me mentiste, Gustavo. Otra vez.
Primero el ingenio, ahora esto. Inés,
creo que vivirías más tranquila
si dejaras de meterte en mis negocios.
A lo mejor si lo hiciera más, no estaríamos así.
¿Sabes qué? Avisa a Jaime y a Catalina.
¿Para qué? ¡Limita!
Sí, señor. Llama a mis hijos.
Necesito hablar con ellos, por favor.
¿No me vas a responder?
Gustavo.
Voy a sacar las reservas de oro del banco
y a colocarlas a buen precio en el mercado. Eso acabará
con una parte de las deudas. ¿No te das cuenta
de que es un parche? Hay que vender el ingenio, y lo sabes.
¿Tanto te cuesta confiar en mí? Pero si no me cuentas las cosas,
¿cómo quieres...?
¿Nos habéis avisado? Sí, hijos.
Eh... Lo he estado pensando y...
no voy a permitir que un desafortunado accidente
estropee un día tan importante para mi pequeña.
Así que tu fiesta de cumpleaños sigue en pie, cariño.
Gracias, padre.
¡Gracias, gracias, gracias! Vale, vale.
¿Cuántas personas caben de invitados?
Mire, he pensado que los Basanta no pueden faltar.
Señora, yo entiendo cómo se siente, pero el señor apostó todo a Cuba
y el aserradero forma parte del pasado para él.
Es la mentira lo que me mata, Isabela.
¿Por qué me lo ocultó?
Pues porque usted quiere volver a casa.
No hay nada que desee más. ¿No ve?
No lo hubiese dejado vender parte del negocio.
Se hubiese peleado como una jabata para evitarlo.
Señora, yo es que ya estoy cansada
y noto que mi cuerpo no funciona como debiera.
A mí me gustaría pasar mis últimos años en Galicia.
Yo la verdad es que no me encuentro muy bien.
Usted me prometió que volveríamos, pero, visto lo visto...
Lo siento.
Yo echo de menos el pazo, la loma de Espíritu Santo,
los caminos de Xiabre rodeados de castañas...
Hasta a Renata y al desgraciado Domingo echo en falta.
Yo quiero morirme mirando aquel mar.
Después de agradecer esta vida tan bonita a mi Virgen del Carmen.
Así será, Isabela.
Lo prepararé todo para su vuelta.
Gracias, señora, que Dios la bendiga.
Pero tiene que prometerme que va a ser
la Inés que todos conocemos, esa mujer llena de coraje
a la que nada se ponía por delante. Ay, Isabela,
a veces creo que esa Inés se quedó en Punta do Bico.
Pues ya le digo yo que no, que está aquí más fuerte que nunca
para dejarse de lamentos y de supersticiones
y agarrar el toro por los cuernos.
Solucionará todo y volverá a su tierra. Lo sé.
Isabela, los manteles floreados van en estas mesas...
Los floreados, en estas mesas. Los de encaje,
solo en la presidencial. En la presidencial.
Quiero un centro de flores en cada mesa.
Un centro de flores en cada mesa. Los más grandes, en la entrada.
En la entrada. Y pregunta en cocina
cómo va la tarta. Tarta...
Mauro, los invitados llegarán a la finca por la puerta principal.
Necesito que me anuncien su llegada y los acompañen hasta aquí
para que sean recibidos. Sí.
Limita... Limita... Señora.
Dos invitaciones nuevas.
Llévalas a las fincas Abadía Miscay y Zulueta.
Es muy urgente. Sí, señora.
La fiesta va a ser un éxito gracias a ti.
Inés, espera, por favor. Tienes razón.
Tendría que haberte consultado la venta del aserradero.
Y los problemas del ingenio.
¿Puedes perdonarme?
No lo sé, Gustavo.
Es que ya no sé si puedo confiar en ti.
¿Por qué no?
Soy el mismo de siempre.
Mira, sé que saldremos adelante.
Y lo haremos juntos.
Confía en mí, por favor. Tengo que seguir.
Estarás preciosa.
Me muero si este vestido pasa un día más en el armario.
Menos mal que padre ha puesto las cosas en orden.
¿Y eso? Es para ti.
Mañana te colmarán de regalos y quería ser la primera.
Yo misma me regalé este libro cuando cumplí tu edad.
Bueno, en realidad, lo cogí de la biblioteca de mi padre
sin que se diera cuenta.
Tu abuelo nunca entendió mi pasión por la lectura.
Pensaba que debía dedicar mi tiempo a labores más importantes.
Así que este libro fue
como una pequeña gran victoria para mí.
Ábrelo. Te lo he dedicado.
(LEE) "Yo te daré lo que no tuve:
alas para volar. Y algún día..."
Heredarás la tierra.
Catalina,
yo siempre deseé tener una hija.
Una que desafiara la pose de las señoritas.
Que se sentara en la mesa de los varones con orgullo.
Y que leyera.
Que leyera mucho para ser libre.
Gracias, madre.
¿Me dejaría su collar de alabastro?
Es que siento que me va a quedar genial con los pendientes.
¿No cree?
Claro. Mire, mire.
(Música cubana)
Padre, ¿y Catalina?
¿Cómo que Catalina? ¿Dónde está? Dejad a la cría que disfrute,
si es su fiesta. Pero ¿dónde está la niña?
Ya empezamos. Jaime, búscala, por favor.
¿De verdad? Por favor.
Buenas tardes, caballeros.
¿Dónde está la niña Catalina?
La mimas demasiado, Gustavo. Porque se lo merece.
- Catalina, vamos, vamos. - ¿Qué pasa?
- Venga. - Ahora vengo.
- Te está todo el mundo buscando. - ¿Cómo todo el mundo? ¿Por qué?
Venga.
Aquí está.
Catalina, hija, y que siempre haya que esperarte.
Madre, es mi cumpleaños.
Tranquilícese. Estaba hablando con Micaela.
Eso le he dicho yo.
Estás guapísima. Ay, gracias, padre.
(Foto)
Pero ¿a quién tenemos aquí?
Don José Ortiz.
¿Dónde se había metido el invitado más importante de esta fiesta?
Pues en cada rincón
en el que podía admirar la belleza de la anfitriona.
- ¿Ah, sí? - Ya pensaba que me iba a tener
que ir sin decirle en persona lo bonita que está.
A ver, dígamelo usted.
Está preciosa, señorita Valdés.
Otra vez.
Eres la mujer más hermosa de todo el Caribe.
Suizo. Original. Con mis iniciales. ¿Eh?
¡Señor Abadía Miscay!
Cómo me alegro de que haya podido venir con tan poco tiempo de aviso.
Reconozco que me sorprendió su invitación.
Pensé que la intención era celebrar el cumpleaños de su hija,
pero no me imaginé que era una cita para tratar asuntos tan importantes.
Bueno... Don Manuel.
Usted por aquí. Qué alegría verle.
Gustavo, ¿qué le pasó a usted en la cara?
Ah, un accidente. Pero ya me encuentro mucho mejor.
Gracias por preguntar. Mi marido está deseando
hacer negocios con usted, por eso pensamos que esta era
una buena oportunidad para abrirle
las puertas de esta casa, y de este negocio.
Interesante.
Yo creo que es mejor que hablen en el despacho.
Van a estar más tranquilos.
Sí. Limita.
Acompañe al caballero a mi despacho, por favor.
En un momento estoy con usted. Allá lo espero.
(Música cubana)
¿Qué has hecho?
Lleva mucho tiempo interesado en esta finca.
En tu mano está sacar provecho de este encuentro.
Es una encerrona, Inés.
No, es tu oportunidad de salvar a esta familia.
He invitado también a Zulueta.
Sé listo y dile a Abadía Miscay que él también está interesado.
¿Y lo está? Ya me encargué de eso.
Querías que confiara en ti. Es el momento.
Señora, hay un problema.
(Risas)
Queremos hablar con un hombre, muchacho.
Quieren hablar con padre.
El señor Valdés está reunido.
Podemos esperar.
Es una fiesta bien agradable.
A la que no están invitados.
Debería ser usted más como su hija, señora.
Sin duda, es mucho mejor anfitriona que usted.
Tuvimos la suerte de intercambiar unas palabras con ella.
Y felicitarla.
Es una joven muy agradable, ¿no?
Isabela, busque a mi hija.
¿Está usted bien, señora Valdés?
Váyanse de mi casa o llamo a la autoridad.
Ni todos los amuletos del mundo, señora,
podrán proteger a su familia.
Dígale a su marido que volveremos cuando esté menos ocupado.
Disfrute de la fiesta.
Señora, no la encuentro.
♪ Dónde miras tú, bombón... ♪
(Música cubana)
- Tiene muchos años. - ¡Madre, ahí está!
- ¿No te parece impresionante? - ¡Catalina!
Es maravilloso. ¡Catalina!
¿Qué haces aquí?
Vuelve a casa ahora mismo.
Estábamos paseando.
¿Me has oído? Se acabó la fiesta para ti.
¿Qué? ¿Mi fiesta, por un simple paseo?
- Bueno, yo me retiro. - No, tú te quedas.
No, Catalina, yo mejor me voy.
Ha sido una fiesta maravillosa, señora Valdés.
Jaime.
¿Por qué me hace esto?
No, eres tú la que se ha ido sin avisar.
Creí que te había pasado algo. ¿El qué?
- Catalina, no le contestes. - Lleva días intentando arruinar
mi fiesta y no ha parado hasta conseguirlo. ¿Por qué, madre?
Porque no soporta verme feliz.
A tu habitación, Catalina. ¡Te odio!
¡Ahora!
Ve.
Señora. Sí.
Los invitados preguntan por usted.
Es que no hay ningún Valdés en la fiesta.
Me encargo. Vaya a descansar.
Que no, que no hace falta... Isabela, nos organizamos sin usted.
Vaya a descansar. Tiene mala cara. Gracias.
¿Cómo está?
Se puede imaginar. Muy enfadada.
No creo que me perdone nunca.
Madre, ¿me puede contar qué está pasando?
¿Quiénes eran esos hombres?
No lo sé, hijo.
Ya.
Y supongo que no tienen nada que ver con el accidente de padre.
Jaime, deja de preocuparte. Está todo bien.
Y usted deje de tratarme como un niño.
Solo quiero saber qué sucede, servirles de ayuda.
Es al lado de tu hermana donde más me ayudas.
No, yo también estoy harto de su rebeldía y sus antojos.
De verdad, y me encantaría saber qué tiene en la cabeza para...
para encontrar algo en común.
Pero, no sé, a veces, me cuesta entenderla.
Catalina es difícil para todos.
Y, sobre todo, para usted. No digas eso.
Catalina es mi hija.
Y la quiero con todo mi corazón.
(LEE) "Yo te daré lo que no tuve:
alas para volar."
¡Alas para...!
¡Ah!
¡Ah!
¿Qué, te gusta?
Es precioso, tío Fermín.
¿Y Domingo? No estuvo el día que la niña
llegó al mundo y va a estar ahora.
Buenas. ¿Se puede?
Claro. Señor Alonso.
¿Te apetece un dulce? Uy, sí.
Es Esther, una amiga del aserradero.
¿A qué viniste? A llevarme a Clara de paseo.
Otro día.
Hoy estamos de celebración.
Con más razón, Renata. Es tarde.
Pero será rápido.
Muy rápido. Un paseíto.
Un paseíto.
Venga, madre, por favor.
Te quiero de vuelta antes de que sea de noche.
¿Te quedó claro? Como el agua.
No me van a querer ver.
Qué va. Ahora eres una más.
Déjate de tonterías. Venga, vamos.
¡Carallo! ¡Qué elegancia!
Hombre, claro, está de estreno, es su cumpleaños.
- Ay, felicidades. - Muchas felicidades.
Gracias. Como Renata es la señora del pazo,
seguro que hicisteis una cena de gala.
Bueno, Regina, tengamos la fiesta en paz, ¿vale?
¿Qué tal está Santiaguiño? Ah, pero ¿te importa?
- ¡Regina! - ¿Qué quieres?
¿Hacemos como si nada después de que casi queda
sin mano por su culpa? Entiendo que estéis enfadadas
conmigo, pero es el patrón el que debería dar la cara.
Tú perdiste la cabeza.
Cometí un error, sí,
pero eso no debería poner en peligro a nadie.
La maquinaria está vieja y los tiempos son imposibles.
- Eso es verdad. - Sí, ahí...
Cada día trabajamos en peores condiciones.
¿Y tú, te ha comido la cabeza o qué?
- ¡Ay! - Es que llevan razón.
- ¿Cómo que llevan razón? - Llevamos meses diciendo
que habría un accidente, y podría haber sido mucho peor.
Sí. Si el aserradero sale adelante, es gracias a vosotras.
Os tienen que poner las cosas fáciles.
Con los Valdés era más sencillo.
¿Veis? Si se pudo una vez, es que se puede.
Hablas igual que doña Inés.
Nos animaba a pelear por lo que era justo, dentro y fuera de casa.
Ojalá fueran ellos quienes volvieran a coger el mando.
Se les echa de menos, ¿a que sí?
¿Tú crees que volverán algún día?
¿Quién?
Tus señores, mujer, tus señores.
No lo sé. Anda, ven con nosotras, mujer.
Vamos, Regina, tira.
- Que estás rabuda de todo. - Qué rabuda ni qué rabuda.
Buenas tardes.
Buenas tardes.
Espera.
No me lleves con la lengua fuera, ¿no?
¿Qué quieres?
Me preguntaba si sabías lo que hay después de la tierra.
¿Lo sabes o no?
El mar. Bien, sí.
¿Y después del amor?
Eso es más difícil, ¿verdad?
Yo sí que lo sé. Y, si tú quieres, te lo puedo enseñar.
¿Cómo te llamas?
Me podría enterar, pero prefiero que me lo digas tú.
Ya nos volveremos a ver.
Ahora que te conocí,
no voy a poder marchar sin darte un beso.
Clara, no son horas.
Un poco más. Como despiertes a tu padre...
Hoy una trabajadora me dijo que hablaba como doña Inés.
No digas tonterías.
No tenéis nada que ver.
¿Por qué nunca me habla de ellos?
No sé, cuidamos su casa. Me encantaría conocerles.
Apaga ese vela.
No te lo voy a repetir.
Voy.
Buenos días, Isabela.
¿Sabe? A pesar de lo que ocurrió con Catalina,
la fiesta fue un éxito. Gustavo pudo hablar
con dos de los hombres más importantes de aquí.
Y pronto volveremos a casa.
Isabela, volvemos...
Se veía tan cansada la pobre...
Abadía Miscay ha hecho una oferta por el ingenio y la he aceptado.
Por fin podremos saldar todas las deudas.
(SUSPIRA)
Siento que llevo aferrado a este lugar demasiado tiempo, Inés.
Y toca mirar hacia adelante.
Así que he alquilado una casa en La Habana.
Es el momento perfecto para invertir en el alabastro.
¿Qué? No, no iremos a La Habana.
Sé que el inicio será un poco...
He dicho que no, Gustavo. ¿Qué te pasa?
¿Por qué no quieres volver a Galicia? Dímelo.
Vine a esta isla por ti.
Y llevo 17 años intentando ser feliz aquí por ti.
¿Qué has hecho tú por mí?
Se acabó. Volveremos a casa, contigo o sin ti.
No puedes llevarte a mis hijos. Si intentas retenerme,
le contaré a tus hijos cómo hemos llegado a esta situación.
Inés...
Volvemos a Punta do Bico. ¿Qué?
¿Por qué? Porque vuestro padre
ha vendido el ingenio. A partir de ahora,
nos dedicaremos al aserradero.
Yo no pienso ir a ningún sitio.
Tú no tienes opción.
Padre, por favor. Volveréis pronto, hija.
En cuanto vuestra madre se dé cuenta
de lo mucho que echa de menos esta vida.
Y yo estaré aquí esperándoos. ¿Cómo esperando?
Pero ¿que usted no vendrá?
¿Estás segura de lo que vas a hacer?
Muchísimas gracias.
¿Tú sabías que venía?
Renata.
¿Recibiste mi última carta?
No. ¿No? Menuda sorpresa entonces.
Son Jaime y Catalina.
Encantado de conoceros.
Madre, ¿sabe dónde está mi pañuelo?
Esta señorita debe de ser Clara.
Sí, señora. Soy Inés Lazariego,
la señora de este pazo.
Recoja mis maletas. Con cuidado.
Señoritas, ¿me pueden ayudar, por favor?
Yo, también.
Hay que tener mucho cuidado.
"Querida Inés, espero que Punta do Bico
os haya recibido con los brazos abiertos.
Cuento los días para ver a mi familia".
Pero ¿tú qué haces aquí? Ya marcho.
Catalina, ¿qué pasa aquí?
¿Sabes leer? Sí.
Y escribir.
- Es la ley de la oferta y la demanda. - Pues esta es la ley del pueblo.
- (GRITAN) - ¡Corre, corre!
¡Guardias, guardias!
¡Celso!
¿Y esta? Madre le ha dado permiso para que entre en la casa.
Algo habrá visto en ella, ¿no?
Si mi madre pregunta,
le puedes decir que me mandaste al pueblo a por un vestido.
¿Y a dónde vas realmente,
a verte con un muchacho?
Qué alegría ver a tantas mujeres por aquí.
Sin nosotras, se pararía el país.
¿Estás bien?
Pero ¿qué es todo esto?
Un reconocimiento médico.
Usted no puede hacer nada sin el permiso de mi padre.
¿Qué hiciste, bandida?
No tienes cara de meterte en problemas.
Yo no hice nada. Que la Santiaguiña dice
que los Barba Peláez tienen un almacén lleno de comida.
Y nosotros trabajando todos los días
más horas por el mismo jornal. No es justo.
Mi hija lo que tiene que saber es cuál es su lugar.
Tú justificas mucho a Catalina.
¿Qué es esto, Catalina? ¿Ha buscado entre mis cosas?
¿Pensabas irte a Cuba sin decirme nada?
Ya soy adulta y puedo tomar mis propias decisiones.
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