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¿Habéis oído hablar del Proyecto Alexandría?
Es un proyecto de supervivencia.
-¿Por qué nosotros somos elegidos? -Casi todos.
Este barco es para elegidos y desgraciadamente tú no lo eres.
-Me estás abandonando, Gamboa. -¿Quién coño eres?
-Tu superior.
Estas son las coordenadas de la tierra.
Para asegurarnos de que va a regresar, su hija se quedará.
Cambio de planes, Ainhoa zarpa en el Estrella rumbo a tierra
y yo me voy a esperar aquí hasta que vengáis a por nosotros.
-Ha sido un beso de distracción... -Y sin sentimientos.
-Eso, lo que yo te digo. -Sol te gusta.
-Pero de qué vais?
-Te estás enamorando.
Es el osito preferido de Valeria, su primer regalo.
¿Quiere casarse conmigo? Sí quiero casarme contigo.
¡Viva los novios!
Tripulación, ponemos rumbo a tierra.
-Nunca me has dicho que eras mi hermana.
-Porque pensabas que podía estar en peligro.
-¡Roberto!
-¿Podría decirle a mi nieto que no me voy a morir?
Mi diagnóstico es que a usted le quedan
por lo menos 50 o 60 años de vida.
Quiero que organicen turnos de vigilancia en cubierta.
Te has vuelto loco, joder, te estás aliando con el diablo.
Pero ¿qué coño tienes tú que aportar?
-Para los que no lo sepan,
Estela y yo hemos empezado una relación.
-Después de todo esto me rompió los dedos.
Vivía acojonado y me despertaba
a media noche pensando que él entraría a matarme.
Fue entonces cuando me pidió hacer la bomba.
Si no la hubiera fabricado, me hubiera matado.
-Me llamo Roberto Schneider.
Soy Ulises. Garmendia.
¿Nos conocemos? No.
¿Qué es toda esta mierda? Julián de la Cuadra.
Formas parte de un proyecto que se llama Proyecto Alexandría.
Al capitán no le gusta la gente que miente.
-¿Habéis visto a Sol? -No ha empezado la noche
y ya se te está escondiendo, ¿eh?
-Tranquila, no se lo voy a contar a nadie.
"Cuando te pasas cinco horas al día en un confesionario
escuchas todo tipo de cosas.
La gente te cuenta sus miedos y sus anhelos."
-¡Sol! -¡Sol!
¡Sol!
"Y también te hacen preguntas." ¿Me oyes?
"Preguntas sobre qué hay después de la muerte.
Yo no sé qué hay después de la muerte."
Chicos, la zapatilla de Sol.
"Me gusta pensar que nos espera un mundo mejor,
un dios que distinguirá lo bueno de lo malo,
que comerá patatas fritas con mayonesa y escuchará
canciones de Bob Dylan,
Un dios que no permitirá que a una chica de 21 años
se la trague el mar,
un dios que obligará a los asesinos a pasar por el ojo de una aguja."
Abre.
"Y que se asegurará con su misericordia infinita
que la maldad no campe a sus anchas."
"-¡Sol!
-Sol, ¿dónde estás?"
Capitán, ¿se sabe algo? Pasa, Piti.
Mira, llevamos mucho tiempo buscando a Sol y no aparece.
Deberíamos empezar a pensar que se ha caído al agua.
Mañana volveremos a poner rumbo a tierra.
¿Rumbo a tierra? Pero ¿qué clase de capitán es usted?
Todo el día con la gilipollez esa de que somos una familia.
Y ahora va a dejar a Sol perdida en medio del océano.
Piti... La va a dejar morir.
Piti, entiendo muy bien lo que sientes, de verdad.
Pero llevamos demasiado tiempo navegando con rumbo fijo,
aunque virara a 180 grados, créeme, Piti.
Lo siento de verdad, pero no la encontraríamos nunca.
¿Sabe por qué no vamos a ir a buscarla?
Porque ahora que tenemos la tierra delante,
le da igual a quién dejemos atrás. ¿Eh? Es por eso, ¿verdad?
Piti, tranquilo. Dígamelo, es por eso, ¿verdad?
-Perdón, sé que estamos de velatorio,
pero le traigo dos noticias: una buena y la otra mala.
-Pero, bueno, no son horas. Venga, a la cama.
Venga. Venga.
Pero ¿y el chinito jugando con la linterna?
Eh, ¿qué haces? En Corea yo no sé el horario,
pero en Gerona y en este barco a las 12 todo el mundo está cenado,
meado y acostado.
Cariño, es "very very very" tarde. Tienes que ir a "sleeping".
"Come". Conmigo. Vamos.
-"Poteba".
-Te voy a contar yo a ti lo que es el "poteba".
Golpes de mar. Hay "very very"
muchas veces en el barco golpes de mar.
"Nothing. Here. Nothing. Come. Sleeping. Please. Come".
-"Poteba".
-La buena es que alguien se llevó una de las balsas de salvamento.
Y quien lo hizo, no supo deshacer el nudo y cortó el cabo.
La mala es que está navegando sin ningún tipo de recursos.
Si el radar no la detecta, eso quiere decir que se fue
sin ninguna baliza de seguimiento.
Flota a la deriva. Eso no tiene sentido.
¿Para qué iba a soltar una balsa
y lanzarse al mar?
En una embarcación sin timón, de noche, a merced de la corriente,
de las mareas. Es un suicidio.
-No puede ser.
Yo estuve ayer con ella todo el día, capitán.
Estaba perfectamente. Estaba bien.
Hoy teníamos una cita.
-Quizás sufrió un ataque de ansiedad.
-Pero ¿qué ansiedad? -Y quiso volver al edificio.
A fin de cuentas, es tierra firme. A ver, Piti, voy a organizar
turnos de vigilancia toda la noche a babor y a estribor.
Y voy a sentar a alguien delante del radar.
-Así no vamos a encontrar a nadie y usted lo sabe.
No pienso tirar la toalla.
No voy a rendirme.
-Vea el lado positivo, capitán.
Menos gente, más recursos para los demás.
Lárguese de aquí, Gamboa.
Es cuestión de supervivencia. Largo de aquí.
¿Estás bien? Sí.
Valeria, que tiene la manía de dejar los cajones abiertos.
Cuánto silencio.
Al principio me gustaba,
pero reconozco que ahora echo un poco de menos el ruido;
como en Madrid en hora punta. El ruido de los coches,
de las sirenas, de los perros,
de la gente fuera de los bares fumando.
No sé, me hacía sentir como en casa.
¿Tú sabes lo que yo echo de menos? No.
Nada.
La verdad, esto es todo lo que necesito.
Contarle un cuento a Valeria y darle un beso todas las noches,
acostarme a tu lado,
decirte que te quiero.
Para mí eso es paz.
Eso es lo que me hace sentir en casa.
Papi, ¿qué es eso?
Algún despistado que se ha debido dejar la música encendida.
Ahora le digo que la apague y ya está.
Valeria, no te rías, mira que te digo que cierres los cajones
y encima te ríes. Venga, a dormir, que no pasa nada.
Ahora papá va a ir y les va a decir que estamos durmiendo, ¿vale?
Ahora vuelvo.
¿Quieres un poquito de agua? Vale.
-"Me" delante, "you" aquí.
Viene gente. Fin fan. Mira.
-Se ha dormido.
Espera, un momento.
Veo que están de celebración, ¿no?
Así es, mi capitán.
Llevamos un mes saliendo y estamos celebrando
y Estelita me está enseñando a bailar merengue.
Pues las clases de baile de salón por la mañana después del desayuno.
Así que, si no le importa, apague la música.
Ha sido un día duro
por la pérdida de su compañera.
-Sí, capitán.
-Por supuesto, mi capitán, pero la vida continúa, ¿no cree?
Pues que continúe, pero sin fiestas ni guateques a las 03:30,
que tengo una niña de 6 años intentando dormir con el merengue.
Está bien. No hay ningún problema, ya está.
Que descanse, capitán.
Buenas noches.
Ya está.
Ya les he dicho apaguen la música.
No se habían dado cuenta de las horas que son.
Así que, ahora, cariño, a dormir, que es muy tarde.
Papi, no te han hecho caso.
Han puesto la música otra vez y más alta.
Sí, cariño, no te preocupes, es que no han debido entenderme,
que a veces papá se explica mal, pero ahora se lo repito y ya está.
¿Quieres que vaya yo?
No, ya me encargo yo. Esta vez se lo deletreo.
Le quedará muy clarito por dónde se puede meter el merengue.
Piti.
Si quieres suicidarte, hay formas más sencillas de hacerlo que no
lanzándote con una balsa salvavidas al océano en plena noche.
-Chicas, volved a vuestro camarote que esto no va con vosotras.
No me pienso quedar de brazos cruzados mientras Sol se aleja.
Tenía una cita con ella esta noche y el Piti
no falta a las citas. -Piti,
por favor.
-Vilma,
no me pidas que no lo haga, por favor.
Porque si fueses tú la que estuviese ahí abajo,
iba a buscarte a nado, ¿vale? Así que no me lo pidas.
Los restos de un naufragio terminan siempre en el mismo punto
porque las corrientes oceánicas son constantes, funcionan
como autopistas, siempre desembocan en el mismo punto, siempre.
Así que, si Sol está ahí fuera a la deriva,
la corriente me llevará a las mismas coordenadas.
Tiene que funcionar.
No sé qué tardaré, horas, días, semanas, me da igual, me da igual,
al final la encontraré.
¿Y vas a lanzarte al mar?
Piti, en menos de media hora tendrás hipotermia y lo sabes.
Y dará igual que hayas encontrado a Sol o no, porque no podréis volver.
¿Y qué quieres que haga? ¿Que me vaya al club a tomarme una copa?
¿Le cuento chistes a los chicos? ¿Qué hago?
-Quieres lanzarte a buscar a Sol. -No, es que voy a ir.
-Pues adelante.
Pero si lo haces, hazlo bien, no seas el chapuzas de siempre.
Llévate una radio, víveres, bengalas, un GPS y sal de día,
Piti.
Es imposible encontrarla ahora.
Si te esperas a mañana, yo te ayudo.
¿Qué pasa? ¿Estamos de cachondeo?
Es Gamboa que me quiere sacar de quicio.
Ya me encargo yo, Julián, vete a dormir que ya estoy
bastante caliente para que vengas a echar más leña al fuego.
Es que leña es lo que necesita este cabrón.
Si tú me dejas mí, a este le doy el dos por uno y se le acaban
las ganas de fiesta de un plumazo.
Prefiero estar solo, por favor.
Que abran, coño.
Puede que antes no me expresara con suficiente claridad, Gamboa.
Quiero que apague la música y termine con la fiesta, ¿me oye?
Es una puñetera orden.
-Eh, capitán, que le veo muy nervioso.
Le vendría bien una copa para relajarse.
Solo un chupito. De manzana también tengo. Melocotón.
-Se ha cachondeado en la cara.
Se lo advierto, Gamboa, se lo advierto.
Como vuelva a escuchar esta música,
le tiro la minicadena por la borda, ¿está claro o no está claro?
-Perdón, perdón, que no era mi intención reírme de usted, capitán.
Ya está. Apágala.
Ya.
¿Le parece bien que escriba cien veces "no escucharé música
en mi camarote mientras el capitán duerme"?
Eso estaría bien.
Tranquilo.
-¿No ves que se está riendo en la cara?
-¿Qué pasa, papá? ¿Quién se está riendo en tu cara?
Nadie, cariño, aquí nadie se está riendo de nadie; de hecho,
ya habíamos terminado, porque esta fiesta ya se ha acabado,
¿verdad, Gamboa?
¿Qué haces?
Es el osito de Valeria.
Y como te vea que le estás sacando las tripas,
se va a enfadar, lo quiere mucho.
-Es que Valeria me dejó jugar con su peluche.
-Eso es mentira, porque Valeria no se lo deja a nadie,
es su osito preferido.
No me lo deja ni a mí que soy su mejor amigo.
Y tú no eres su mejor amigo, seguro, yo sí.
-Vale, me has pillado.
Me has pillado.
Ya está, lo he dejado.
¿Se lo vas a contar? -Claro.
Los amigos de verdad no se mienten ni se tienen secretos
ni sacan las tripas a los ositos preferidos.
-Roberto.
Roberto, soy yo,
Max.
¿En serio no te acuerdas de mí?
Tú y yo nos conocemos.
Nos conocemos de antes de vernos en el edificio.
Roberto, ¿no te acuerdas de mí? -No.
No me acuerdo.
La burbuja me hace de tapón y no me deja recordar.
Pero a veces me vienen imágenes de antes, como fotos,
pero a veces.
-Tú y yo antes éramos amigos, Roberto,
como tú y Valeria.
Amigos.
Amigos de verdad.
-Utilizaremos una ecuación muy sencilla para definir las fuerzas
que actúan en cada tipo de acelerador de partículas.
Se trata de la ecuación de...
Lorentz.
Ahí la tenéis. -Señorita Natalia.
-Señorita Natalia.
Nada, que dice este a ver si le invitas a cenar.
Yo creo que se quiere acostar contigo y no me fiaría.
-Muy mono, pero lo de meterse en mi cama que lo discuta con mi novio.
Es superceloso. -¿Te aburre la clase, Delgado?
¿Por qué no se acerca y nos enseña lo que esconde ahí?
-No tengo nada. -Vamos.
Es un poco mayorcito para andar jugando con peluches,
señor Delgado.
¿Me lo presta?
Ah, ya entiendo, no es para usted, es para una chica.
Lleva una dedicatoria y todo.
¿Por qué no deleita a la clase con su lectura?
Por favor.
Deléitenos.
-Llevamos juntos dos años. -Pare, pare.
¿Ustedes escuchan?
Proyecte un poco más. Que se escuche.
-"Llevamos juntos dos años; o sea, 730 días,
17.520 horas,
1.051.200 minutos, 63 millones,
72.000 segundos haciéndome feliz.
Te quiero, Natalia."
-¿Cuál es la energía que mueve el mundo?
¿La fusión nuclear?
¿Los neutrinos?
No. No, señores.
El amor.
El ritmo de los latidos de un corazón enamorado,
¿no es así, señor Delgado?
Anda, siéntese.
Entonces...
Esta tarde colgaré en el corcho las primeras valoraciones
de los proyectos, ¿de acuerdo?
No se marche, por favor, quiero hablar con usted.
-Profesor, quería pedirle disculpas por lo de antes.
-Nada de disculpas, Max,
está todo entendido.
¿Se puede quedar fuera? Me quedo con la señorita Natalia.
Natalia, vamos a hablar sobre la tesis,
el modelo de partícula elemental.
Que me ha parecido...
absolutamente, tengo que decirlo, fascinante.
-Gracias. -Bien.
Y ahora dime, ¿qué planes tienes para los próximos cinco años?
-Bueno, no sé, supongo que terminar la carrera,
tener un trabajo, viajar. -Lo normal, ¿no?
Pues tendrás que decidir, Natalia.
Porque te estoy ofreciendo un beca millonaria
para el acelerador de partículas de Ginebra.
-¿Qué?
-Piénsatelo.
-¿Por qué no has subido a cubierta a hacer tu turno de guardia?
¿Qué te pasa? -Nada.
-Mírame.
Tú sabes algo.
Sabes lo que le pasa a Sol. -Sé lo que sabe todo el mundo,
que se ha fugado en una balsa salvavidas.
-Y por eso no has hecho ni un turno para avistarla, ¿no?
No la buscas porque sabes que no hay nada que buscar.
¿Es por Gamboa?
¿Qué sabes, Ramiro? Ramiro, que me contestes.
Tú lo sabes.
Lo sabes y lo estás encubriendo. -Yo no estoy encubriendo nada.
-Ramiro, me dijiste que Gamboa era un asesino.
Dímelo.
Dime que no ha matado a Sol.
-Es de Sol.
La encontré en el aula. Después de estar allí
nunca más volvió a su camarote, Palomares.
-Hay que decírselo al capitán. -Para, para. Siéntate, siéntate.
¿Decirle el qué?
No tenemos nada, es un colgante roto.
Es nuestra palabra contra la de Gamboa.
-Voy a hablar con Gamboa. -No.
-No le tengo miedo.
Quiero que sepa que lo sé.
Alguien tiene que hacerle frente.
-Deja el cuchillo, Palomares.
Estoy pensando en darle el día libre a los chavales.
Que hagan un poco de deporte, no sé, un minigolf,
algo que les distraiga un poco del mal rato que están pasando
con Sol. ¿Lo organizas? Pues no.
¿Qué? Que no, que si Gamboa
puede saltarse tus normas a la torera, yo también.
Aquí se te sube todo el mundo a la chepa y no pasa nada.
No empieces, Julián, te conozco. Te ha humillado,
además, delante de tu hija. Copón. Que has quedado como el tonto
que le roban la merienda en el colegio.
¿No vas a hacer nada? He hecho lo que debía hacer.
Gamboa no entendió una orden a la primera,
pues a la segunda le quedó clara, la orden y las consecuencias.
Ese tío se limpia el culo con las consecuencias.
Es un chulángano que te quita la autoridad siempre que puede.
¿Y por qué? Porque nadie le da un escarmiento.
¿Qué escarmiento, lo ato y le doy cien latigazos, Julián?
Que no estamos en la Edad Media, hombre.
No son latigazos, se le meten cuatro hostias y verás
como se le quita la tontería. ¿Qué quieres que haga,
saltarme mi propio código? Soy el capitán de este barco,
el primero que tiene que dar ejemplo.
¿Me dejas decirte una cosa? A ver qué te parece.
Dime. Quieres que montemos
unas actividades, ¿no? Pues las montamos.
¿Sabes cuál es la mejor actividad para liberar adrenalina
y quitarse el estrés? El boxeo. Boxeo.
Sí, si los chavales se enganchan por cuatro galletas.
Pues mejor que se peleen en un campeonato de boxeo,
organizado, con su árbitro y sus reglas.
Y ahí es donde entras tú. ¿Cómo que entro yo?
¿De árbitro? ¿Qué árbitro, copón?
De puji, Ricardo, de puji. Anda, anda.
En la competencia te llevaste el Campeonato de peso Gallo, ¿no?
¿No ves que es la oportunidad perfecta? Tú y Gamboa.
Para dejarle claro al matón de barrio que se mató el recreo.
¿Sí o no?
Anda, no me líes.
Ricardo, ¿me escuchas? Aquí el capitán.
¿Podrías venir a la cocina?
Todo es posible.
Está grabando. ¿Me ves? Sí.
Perfecto, ni se hunde ni se moja.
¿Vais a seguir las aventuras de Piti,
como si fuera Gran Hermano?
-Escúchame, vas a llevarte esa cámara contigo.
Ramiro me ha enseñado cómo hacer que la señal de vídeo
llegue al portátil. Así podremos verte.
Y, bueno, aunque tú a nosotros no, podrás hablar si te sientes solo.
O por si pasa algo.
Por si te tenemos que ir a buscar. Ok, me la llevo.
Vale. Y, bueno, te he puesto aquí hidratantes,
pastillas potabilizadoras,
ropa térmica, una radio baliza...
¿Tú estás seguro, Piti, seguro?
-Gracias.
Ven aquí.
A las dos. Ven aquí tú también.
Venga, que va a salir todo bien. ¿Vale?
-Vale. -Lo voy a encontrar, os lo juro.
Y de esto nos vamos a reír los cuatro en la playa.
¿Vale? -Más te vale,
que la primera ronda en el chiringuito corre de tu cuenta.
-Venga, chicas, ayudadme.
Coged por ahí. Vamos, venga.
Espera, espera. ¿Qué?
¿Qué pasa? ¿Qué es eso que hay ahí?
-No hay nadie.
A mí me gusta mucho que estés en el Estrella,
así podemos jugar.
Valeria tiene un osito muy parecido.
Pero el suyo es distinto porque se le rompió un brazo.
Pero la doctora Julia se lo trasplantó.
-Es mi osito preferido.
Me lo regalaron mis papás cuando yo nací.
Se llama Bobby.
-El de Vale también se llama Bobby.
Dos osos iguales que se llaman igual.
Es raro. -Bueno, pero el mío sabe hablar.
Bobby, dile hola a Burbuja.
Hola, Burbuja. -Hola.
-¿Saben adónde guardan el chocolate?
-En la cocina, en el segundo cajón de la despensa. Te acompaño.
No me parece bien que se hayan colado de polizones, Ventura.
Pero qué le vamos a hacer.
Ya son parte de la tripulación. Le vamos a habilitar un camarote.
Muchas gracias.
No voy a dejar que usted y su nieto duerman en bodega.
Sesión de boxeo esta tarde, en el comedor.
Interesados, apuntarse en la lista.
Gallinas, abstenerse.
¿Y eso del boxeo? Nada, bobadas de Julián,
ya le conoces. Sí, demasiado bien.
Esto es para Ratón. Y un poco de leche por si se le hace bola.
Discúlpeme, pero ¿en qué estaba usted pensado para meterse
de polizón en un barco?
-Pensaba que ya tengo 80 años,
he sobrevivido a una guerra mundial,
a un cáncer de colon, a dos matrimonios...
Bueno, he vivido lo que tenía que vivir.
Y antes de que se me acabe la batería, quería poner a salvo
a Ratón en tierra firme, verle jugar con la arena en la playa,
construir con él su primera casita en un árbol.
En eso pensaba. Solo tenía que esperar
a que volviéramos a por ustedes. ¿Esperar cuánto, capitán?
¿Cuánto tiempo tardarán en volver? Semanas, meses.
Eso ya no lo puede saber con seguridad.
Yo solo tengo 42 días. -Ni que viniera usted
con fecha de caducidad como los yogures.
-Algo así.
Soy diabético.
Y solo me quedan seis unidades de insulina.
Así, como esta. Una cada siete días.
Eche la cuenta.
42 días.
Eso me queda de vida.
-Abuelo, eres un mentiroso.
Me dijiste que nunca te ibas a morir, que no me dejarías solo.
¡Eres un mentiroso! -¡Ratón!
-Creo que te has dejado esto en el aula.
-Es un collar muy bonito, pero no es mi estilo.
-No. Tu estilo es más bien tirar por la borda
a la gente que te da problemas. ¿No, Gamboa?
-¿Qué pasa, padre, va de detective?
¿O es que me va a clavar ese cuchillo?
Ese collar lo habrá perdido alguna de las chicas.
No tiene nada que ver conmigo. -Tiene que ver contigo.
Sé perfectamente que Sol no está en una balsa camino del edificio,
que no está viva.
Sé que tú la has matado.
-¿Quiere jugar a los detectives, padre?
Juguemos.
Supongamos que yo soy el malo de la película
y supongamos que con la excusa de un examen me quedé solo con ella.
Y supongamos que la inmovilicé apoyando su cuello
con mi antebrazo derecho y que estuve 40 segundos oprimiéndole
la yugular evitando el riego de sangre a su cabeza.
Pero no nos quedemos ahí, supongamos
que envolví su cadáver en una sábana y, aprovechando la noche,
paseé 45 kilos por cubierta y sin ser visto la tiré por la borda.
Después solo tuve que soltar una balsa y contarles un cuento
muy bonito.
Y entonces, ¿qué piensa hacer, padre, trincharme como un pavo?
-Hombre, ¿qué pasa, páter?
¿Aquí de tertulia con Gamboa y yo buscándole?
Venga, cagando leches a la sala de máquinas que hay que petrolear
el motor y, de paso, reparar la manilla de la puerta.
¿A qué espera, al Espíritu Santo? Venga. Vamos.
Bobby, el oso de Valeria.
Bobby, el oso de Ratón.
Bobby, el oso de Valeria.
Bobby, el oso de Ratón. -Hola, Burbuja.
-Hola.
-¿Hay dos osos Bobby? -Aquí hay dos.
Pero allá hay más. Por lo menos hay tres.
El niño del barco ruso tenía uno.
Mira, él lo dibujó aquí con colorines.
Aquí.
Y eso fue antes de que se lo comiera el monstruo gris.
Es raro, porque que aparezca un oso Bobby, es normal,
pero dos es casualidad.
Y tres es un patrón.
Lo leí en un libro.
-Y cuando fuiste al barco ruso, ¿no viste el peluche?
-No lo vimos porque no había,
solo había un maniquí, un coche de bomberos, un puzle
y un oso no. Si no, se lo hubiese traído a Vale.
El niño del barco ruso se lo llevó.
Seguro que era su osito favorito.
¿Qué, seguirás haciéndote la misteriosa o me contarás
qué quería el profesor esta mañana?
-Nada, una tontería. -Nada.
Muy bien.
O sea, que una beca en Ginebra y participar en el desarrollo
del acelerador de partículas es una tontería.
¿Cuándo pensabas contármelo?
No sé, habrá que montar una fiesta o algo. Digo yo.
-No voy a ir. ¿Cómo quieres que vaya?
La beca son cinco años de dedicación exclusiva al programa.
24 horas al día, 365 días al año. Eso significa quedarme sin vida.
Quedarme sin ti. -Tú estás de coña.
Cariño, ¿no lo habrás rechazado?
¡Joder!
Pues es una pena, porque era perfecta para ti y la lotería
solo toca una vez en la vida.
Y segundo, bueno, lo segundo, lo segundo te parecerá
un poco egoísta, pero me voy a sentir muy solo en Ginebra.
-¿En Ginebra?
-Pero ¿tú qué te piensas, que eres el único cerebro de la clase?
Que aquí, tu novio,
además de sacar una matrícula de honor en el proyecto de Física,
ha conseguido su propia beca de investigación en el ECND.
-¿Estás de coña? ¿Tú?
Pero si te has apuntado a las clases de Física
para completar expediente. -Y para tenerte controlada.
Cariño, que nos vamos a Ginebra. Sí.
Ah, una cosa, te lo advierto,
la tortilla de patatas me sale un poco cruda y, bueno, a ver cómo te
puedes concentrar en los protones mientras intente meterte mano.
¿Qué tal la tertulia con el curita?
¿Os habéis contado vuestros pecadillos?
-Yo no he contado nada. -Correcto.
Porque tú no sabes nada, porque tú eres un tío de fiar
que cumple sus promesas y que paga sus deudas, ¿verdad?
Pues tú tienes una deuda conmigo, me debes una.
Me lo cobro.
Por aquí, por aquí, tu cara marcada.
Se fue de este...
El cuchillo se lo devuelves al curita,
y de paso le sacas los fantasmas que le has metido en la cabeza,
porque como se los tenga que sacar yo, se la tengo que cortar.
La cabeza.
Oye,
estamos buscando a mi nieto, a Ratón.
Por casualidad tú no sabrás dónde está, ¿verdad?
-No. -No.
-Valeria.
-No quiero verte. Me mentiste, me dijiste que nunca te ibas a ir.
Y a Salomé y al capitán les has dicho que te estás muriendo.
-Hijo, eso son cosas que decimos los viejos,
que si me duele la cadera, que pierdo la memoria,
que no veo bien de cerca... Es como un disco rayado.
Ratón, aquí dentro la maquinaria funciona.
Estoy muy bien, muy bien.
-Es mentira. Dijiste que tenías medicina para 42 días
y que después te morirás, me dejarás solo.
-Ratón, cariño,
¿me das la medicina? -No.
Y si te acercas, la rompo. Dijiste que estás bien.
Y si estás bien, no necesitas medicina.
-No. -Un momento.
¿Nos dejáis hablar a los niños solos?
Eh, Gamboa.
¿Te vas a apuntar al campeonato de boxeo?
Ah, no,
que tú eres más de curso de ganchillo.
-No me interesa el boxeo, De la Cuadra,
no soy de liarme a puños sin motivos.
-¿Qué me estás contando?
¿El profesor de supervivencia se nos ha convertido al budismo?
Pues yo aquí huelo a algo, como a gallina.
-Que se divierta con su juego.
-Igual cuando seas padre de familia,
con dos hijas como el capitán,
empiezas a tener los huevos (Gritos)
-Espero que no se eche para atrás.
Te quiero, abuelito.
-Y yo a ti, cariño. Ven conmigo.
Gracias.
-Pero, bueno, ¿qué le has dicho?
-Que mi mamá se fue a un millón de millas
y no le pude decir adiós ni darle un beso, y que su abuelito está
aquí y debería darle todos los besos del mundo.
-Bien. Guapa. Ay, mi niña guapa.
"Al habla el capitán, ¿hay alguien en la sala de máquinas? Cambio."
Capitán, soy Palomares.
¿Pasa algo?
Tranquilo, es la alarma contra incendios,
se activaría por accidente.
Sal de ahí y cierra la puerta, rápido.
Vale.
Ricardo.
¿Me quieres explicar qué haces apuntado a un campeonato de boxeo?
¿Qué pasa, eh?
¿Que tienes 20 años y las hormonas desatadas?
¿Cuándo pensabas decírmelo? Sé muy bien lo que hago.
En la universidad gané dos campeonatos.
¿En la universidad?
Ah, muy bien.
Pues yo en la universidad usaba calentadores, me ponía minifaldas,
bebía chupitos de tequila... pero ¿qué me estás contando?
¿Qué quieres? ¿Que te rompan la crisma?
A ver, a nadie le viene mal un poco de contacto físico.
Pues si es enfrente de Gamboa sí.
Capitán, está saliendo un gas por las tuberías.
-Me cago en todo, Ricardo.
Ha saltado la segunda fase
del protocolo de sofocación de incendios.
Palomares, ¿qué haces ahí todavía?
Te dije que salieras de la sala de máquinas.
Es que estoy arreglando la manilla, no se puede abrir la puerta.
Aún me quedan unos minutos para poder atornillarla.
Capitán, ¿este humo es peligroso?
Para apagar el incendio el sistema está sustituyendo el oxígeno
por dióxido de carbono.
Es un gas mortal. Venga, vamos.
Ya no puedo respirar, ¿me oyes?
Capitán, no puedo respirar, ¡capitán!
Ya estamos aquí, Palomares.
-Tranquilo, ¡te sacamos por mis cojones!
No puedo.
Ya, ya.
Julia, ¿cuánto tiempo tenemos?
Poco, muy poco, Ricardo.
El sistema indica un nivel de concentración del 6% en la sala.
Empieza a tener riesgo de asfixia a partir del 9%.
¡En cristiano, Julia!
Que le sacamos en los próximos dos minutos o Palomares está muerto.
Vamos.
No se puede, ¡espera!
Está subiendo, hay que sacarle ya.
¡Ricardo, sacadle ya!
¡Palomares!
Ya está...
Vamos, vamos.
Eso es, eso es.
Joder este chico.
Parece un gato.
Está claro que tiene enchufe allí arriba.
¿Tú qué?
El hombro, estoy bien, estoy bien.
-Pasa. ¿Te ha seguido alguien?
-No. -¿Seguro?
-Seguro.
Siéntate.
A ver, Burbuja, tú estabas cuando operaron el brazo del oso Bobby
de Valeria, ¿verdad? -Sí.
Yo era el ayudante de la doctora.
Como en las operaciones de verdad.
-Y además del brazo, le operasteis la espalda también.
-No...
El daño solo lo tenía en el brazo.
-¿Ah, sí? ¿Y esto?
¿Qué es?
Bobby no tenía ninguna cicatriz en la espalda.
Y nosotros no se la hicimos. -Pues alguien se la tuvo que hacer.
-Pero ¿quién iba a hacerle una raja a un osito de peluche?
Y después coserlo. -No sé.
No sé, alguien que quería ver lo que escondía dentro.
-A ver...
Entiendo...
El oso de Ratón pesa más que el de Vale.
Y no tiene raja.
A lo mejor esconde lo mismo que escondía el de Vale.
-¿Ah, sí? ¿A ver?
-No... -Ey, ey, ey, tranquilo.
No pasa nada.
No pasa nada.
-Oh...
Yo.
Parece un supositorio gigante.
-¿Me lo dejas ver? -No.
Es de Ratón.
Y si el Bobby es de Ratón,
lo que tenga dentro de la espalda es de Ratón.
¿No? -Pues sí, tienes razón.
Pero...
Burbuja, ¿no quieres ver lo que hay dentro escondido?
¿Seguro?
-Sí quiero.
Oh, es un papel enrollado.
Es el mapa de una isla.
Y el Estrella está navegando rumbo a una isla.
A lo mejor es el mapa de esa isla.
-Sí, Burbuja, lo es.
Estoy seguro de ello.
-¿Y cómo estás tan seguro?
-Porque no es la primera vez que veo este mapa.
Ya lo había visto antes, Burbuja.
Tú me lo enseñaste.
Tú tuviste la idea de los osos mueble.
¿Puedo hablar un momento con usted?
-Claro.
-Profesor, mire, me debe un favor.
He convencido a una de las alumnas más brillantes de esta clase
para que se vaya con usted a Ginebra.
-Salgo ganando yo, sale ganando el proyecto,
sale ganando Natalia.
El único que pierde algo aquí eres tú.
Lo que me lleva a la siguiente pregunta.
¿Qué me quieres pedir a cambio?
-Lo justo.
Que me devuelva el favor, ni más ni menos.
Mire, profesor, me he metido en un lío.
Si he conseguido que Natalia acepte
es porque le he dicho que yo también iba.
Que a mí también me concedían una beca.
-Entiendo.
¿Qué representa esta fórmula?
¿Le dice algo?
¿Y esto?
Max...
Becas como esta no se conceden todos los días.
Ni siquiera se conceden todos los años.
Y Natalia ha demostrado tener las cualidades extraordinarias.
Solo el 0,01% de los alumnos lo cumple.
Y tú tienes una media de 4, Max.
-No, un 3,5. -3,5.
-Ya, ya lo sé, pero necesito esa beca más que nada en el mundo.
-Y yo quiero ayudarte, pero no puedo concederte una beca
para la que no estás capacitado, Max.
-Profesor, ¿usted tiene novia?
¿Tiene? -Sí, Max, tengo novia.
-Pues póngase en mi lugar.
Imagine que la persona que más quiere en el mundo,
está tan cerca de cumplir su sueño
que casi lo puede tocar con la punta de los dedos.
Ahora, imagine que lo único que le frena es usted.
Natalia se merece ir a Ginebra.
Y trabajar con los mejores científicos del mundo,
y si para eso yo tengo que dejarlo todo, servir los cafés,
fregar los laboratorios o limpiar las probetas
con la lengua, lo voy a hacer.
¿Me oye?
¿Pasa algo, profesor?
¿Esto?
-Esto que me estás proponiendo,
ir a Ginebra porque está enamorado.
-Más o menos.
¿Qué es lo que dijo esta mañana?
¿Cuál era la energía que movía el mundo?
Sí, ¿cuál era? ¿Los neutrinos?
¿La fusión nuclear?
No.
El amor.
El amor es la fuerza que mueve el mundo.
-Tienes razón, Max.
Bienvenido al proyecto Alejandría.
Max...
Necesito gente de confianza.
Amigos.
Las cosas se están complicando muchísimo.
Y en Ginebra aún se complicarán mucho más.
-El profesor se nos está yendo de las manos.
Vamos a tener que darle una lección.
-¿Aun así quieres venir? -Sí.
-Tu oso.
Es la balsa de seguridad en la que saltó Sol.
Las bolsas de agua...
Los medicamentos.
Si solo estuvo en esta lancha, no tocó nada.
Nada.
-Quizá se pinchó nada más salir y no le dio tiempo a usar nada.
Si cayó en el agua, es imposible que siga viva.
-¡No!
Lo siento, Piti.
Solo lleva fuera una noche.
Igual lleva puesto un chaleco.
Y sigue allí fuera, flotando, sola.
Hemos encontrado la balsa.
No hay posibilidades.
-¡Siempre hay alguna posibilidad! Vale. Siempre.
-Piti, vale ya. Vale.
Aunque dedicásemos el resto de nuestra vida
a buscarla, no la encontraríamos.
Yo también lo siento, era mi amiga.
Pero no voy a dejar que te suicides porque eres incapaz de asumir
que está muerta.
-Yo no pienso rendirme.
Si hay una mínima posibilidad de que siga viva, una mínima,
esa cámara la encontrará.
Así que no pienso moverme de aquí hasta que está cámara
peine todo el océano.
Julián, anda. Quítate los guantes. ¿Qué dices?
Te prohíbo enfrentarte a Gamboa. No. Me puedes prohibir
muchas cosas, pero esto no, coño. Si me sacas de aquí,
será con los pies por delante. Le voy a bajar los humos
al matón este. Te recuerdo
que el que tenía que enfrentarse al chulo del barrio era yo.
Sí, con el hombro dislocado. ¿Qué quieres, matarlo a besos?
¿Qué pasa? ¿No confías en mí?
Pues nada, le voy a dar un poco del tiqui-taca este
que yo tengo, que es mi fuerte. Que el tío este es muy lento,
te lo digo yo.
Pues yo no le veo tan lento.
Vamos a ver, es una cuestión de estrategia.
Le voy a hacer la de la avispa. ¿Y qué hace la avispa?
Pues pica y luego sale por patas. -¡Eh, primer oficial!
-¿Qué? -He apostado cuatro guardias
por usted. -Pues te has quedado bien corto,
tendrías que haber apostado un mes. Te vas a arrepentir.
¡Ay!
Yo tengo preparada la toalla. En cuanto te falle la estrategia
de la avispa, la tiro rápidamente. ¿De acuerdo?
Venga.
No va a fallar.
-¡Lo ha matado!
Lo ha matado, tío, lo ha matado.
-¿Alguien más?
¿Eh?
¿Quién quiere probar?
¿Nadie?
:-O ¡Gamboa!
-Yo voy a probar.
-Con todo respeto, padre. Yo no le pego a mujeres,
ni a gente con gafas ni a curas. -Ya.
¿Así mejor?
-¡Piti! Palomares está a punto de zurrarse con Gamboa.
El cura contra la bestia, Piti. No puedes perdértelo, sube, anda.
-No voy a subir.
La he visto, Vilma.
-¿Cómo que la has visto? ¿En el agua?
-La he visto tres veces en la última media hora.
La primera era un atún.
La segunda, la espuma de una ola.
Y la tercera, el brillo del sol en el agua.
No sé si me estoy volviendo loco.
-No, Piti, no. A mí me ha pasado.
Pierdes a alguien y tienes tantas ganas de recuperarlo
que ves su cara en todas partes. Como si estuvieses atrapado
en una pesadilla.
¿Sabes cómo se sale de una pesadilla?
-¿Cómo? -Abriendo los ojos.
Piti.
Yo sé que duele mucho.
Pero tienes que despertar y empezar a asumir
que Sol se ha ido.
-¿Y si no quiero? Si quiero seguir soñando un poco más.
-Bueno.
Yo lo hago todos los días.
De 7 a 7:15 de la mañana. Abro la ducha
y me imagino cómo sería mi vida si el mundo siguiera a flote.
Por la mañana voy a clase.
Por la tarde acompaño a mi hermana a clases de ballet.
Y los sábados de compras.
Pero ¿sabes lo que pasa cuando cierro la ducha?
Que tengo ganas de llorar.
Pero
de repente entras tú en el vestuario
y le tocas el culo a Palomares,
y me parto de risa.
Sueña.
El tiempo que necesites.
Pero no te olvides que te necesitamos despierto.
-Menos mal que tirabas la toalla. No me ha dado tiempo,
te ha finiquitado en medio segundo. Pues me ha quitado media vida.
Moviéndonos, ¿eh? Eso es, dando saltos, lo que sea.
Alrededor de él, ¿eh? Cintura.
Eso, y juego de pies, la avispa. Pegas y atrás. Y que no te toque,
que a mí me ha saltado los empastes.
-Tranquilos, que en el seminario entre maitines y bienaventuranzas,
también jugábamos a esto. -Cuidado con la izquierda, ojo.
Si te ha dado con la derecha. Pero con la izquierda te despista.
Y con la derecha ¡pam! Te mete un guantazo
que te borra el disco duro.
La distancia. ¡La distancia!
Me cago en diez.
Es cura, tiene que repartir hostias como panes, seguro.
¡Eso es, ahí le has dado!
¡No te quedes, no te quedes ahí!
¡Esa es buena!
¡Vamos ahí!
¡Vamos! ¡Sí, señor, toma ya!
¡Ahí, ahí, remátalo, remátalo!
:-* ¡Dale! -¿Qué hace?
-Que Dios te perdone.
-¡Sí, señor! ¡Qué bueno es! ¡Bien!
-¡Palomares, Palomares, Palomares!
-Bueno, ¿qué, Gamboa? ¿Ahora qué?
-¡Palomares, Palomares, Palomares!
-O Tierra!
Tierra a la vista!
-¡Tierra! -¡Sí!
-¡Sí!
-A ver quién echa el primer casquete en tierra firme.
-Te quedas en el barco, vigilándole.
-¿Qué soy ahora? ¿Una niñera? -Tú serás lo que yo diga que seas.
-¿Tus niños no te pedían que les contases cuentos?
-No.
Di que me oyes, princesa, por favor. Dímelo.
-Yo ya tengo una misión en esta isla. Evitar que os maten.
:-O ¡Tío!
-No se equivoque conmigo. Si tuviera que matarle,
lo haría sin pestañear.
-No somos los primeros en llegar a esta isla.
Y ahora es una ratonera. ¿Tú cómo sabes todo esto?
No me preocupa que otro barco llegara antes que nosotros.
Me preocupa por qué se fueron. Hay que salir de aquí.
Max?
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