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Durante muchos años, en el comando en jefe del ejército departamento
Antártida, se realizaron importantes y pacientes estudios para concretar un
excepcional plan. Ir por tierra a la base general Bergano y el polo sur.
La jefatura de la expedición fue encomendada al coronel Jorge Edgar Leal,
llevando como segundo jefe al capitán Gustavo Adolfo Giró, e integrada por
hombres perfectamente seleccionados por su experiencia antártica.
Los estudios contaron con la colaboración de la Armada y la
Aeronáutica Militar.
El territorio de la Antártida Argentina posee una superficie aproximada de 1.230
.000 kilómetros cuadrados, casi la mitad de la superficie de la parte americana
de nuestra patria, que es de 2.900.000 kilómetros cuadrados. Estas cifras están
señalando la extraordinaria importancia del sector antártico argentino.
Los talleres especializados del ejército trabajaron activamente, construyendo los
trineos, preparando los equipos, ajustando los tractores y embalando los
víveres que se consumirían durante el tiempo que durara la empresa.
Simultáneamente, los institutos técnicos preparaban el instrumental, que se
utilizaría en las observaciones científicas a realizarse durante la
expedición en el territorio antártico, ya que las mismas eran uno de los
objetivos fundamentales de dicho viaje.
de navegar cinco días soportando temporales propios de los mares del sur,
el rompehielos general San Martín arriba a Ushuaia, donde se reabastece por
última vez antes de intentar la penetración a la base belgrano, la más
austral de nuestro país dentro del sector antártico argentino. El avión
para los reconocimientos, las provisiones del personal, el combustible
y los elementos de tracción y mantenimiento son cuidadosamente
acondicionados en la nave en vísperas de la partida hacia la Antártida.
Todos los estudios realizados durante meses y meses, todas las previsiones
tomadas para asegurar el éxito de esta riesgosa expedición, están ya en su paso
operativo. Ha llegado el momento de llevar a la práctica los pacientes
estudios realizados.
Navega el rompehielos general San Martín.
Su haya ha quedado atrás.
La proa empila hacia el más temido de los mares, el pasaje Drake.
Luego, al encuentro de los grandes témpanos, representan un constante
peligro para la navegación.
los tremendos obstáculos la nave llega a la base general belgrano que será centro
de operaciones de la expedición polar de inmediato comienzan las tareas de
descarga del material los tractores toman por primera vez contacto con el
terreno donde han de actuar en adelante los poderosos tractores se ponen en
marcha acarreando hasta la base todo el abastecimiento previsto para la
invernada y la expedición polar aquí puede decirse que comienza la verdadera
aventura han quedado atrás los cálculos y proyectos Hombres y máquinas se
enfrentan con el panorama donde se desarrollará su actividad futura. Cada
uno sabe que le aguardan imprevisibles obstáculos que harán más penosa su
tarea. Pero cada uno lleva dentro de sí la inalterable decisión de superarla.
Cuando amaina la tormenta, los hombres salen de las casas subterráneas de la
base y a fuerza de pala recuperan los materiales que han quedado cubiertos por
una espesa capa de nieve.
Fríos intensos de más de 50 y 60 grados centígrados bajo cero.
La fuerza inusitada de los vientos casi constantes dificultan las ya penosas
tareas a realizar.
Pero estos hombres han recogido la experiencia de anteriores campañas y
saben la obligación que les cabe.
Todas las instalaciones que componen la base general Belgrano como ser...
Casa habitación, talleres, depósitos, hangares, etcétera, están total y
permanentemente sepultados bajo el hielo.
Estas instalaciones distantes entre sí, a unos 50 metros, se intercomunican
mediante túneles cavados en el mismo hielo, túneles que a su vez sirven para
almacenar todos los elementos que componen las provisiones de uno o más
años de la base.
Es así como vemos salir de sus hangares subterráneos, tractores, trineos y
aviones.
El más importante objetivo fijado a la dotación de esta base general belgrano
era la instalación de una base secundaria de operaciones que debía
ubicarse al pie de la subida a la meseta polar, a unos 500 kilómetros de la base
y preferentemente sobre el meridiano 40.
Para cumplir este operativo ordenado como misión era fundamental estudiar el
lugar adecuado de instalación, para lo cual fue designada una patrulla de
reconocimiento al mando del capitán Gustavo Giró.
Esta patrulla contaba con tres tractores Snowcat y un avión Cessna C-180 del
ejército. Esta máquina, al mando del Teniente Acosta y Sargento Ayudante
Muñoz, incursionó y reconoció hasta los 83 grados de latitud sur.
Estas exploraciones resultaron de gran valor para el asalto al Polo Sur.
Luego de esta patrulla habrían de suceder cuatro más con materiales y
abastecimientos para la instalación de la base prevista, acarreando en total
100.000 kilogramos de carga útil.
Corre el mes de enero de 1965.
Es la punta de lanza de este importante plano.
Viendo el rumbo prefijado, la caravana avanza por la planicia helada hacia el
pie de la meseta apolada.
Tienen que cubrir unos 300 kilómetros, sometidos a bajas temperaturas y fuertes
temporales. El avión de reconocimiento les acompaña durante el trayecto en
estas latitudes, donde las distancias parecen sensuplicables.
Esa extraña motocicleta a oruga para hielo, que demuestra la agilidad para su
desplazamiento y bajo consumo de combustible, se debe al ingenio del
personal del ejército y fue utilizada para tareas de base en los trabajos
previos.
Al arribar por fin al objetivo, comienza de inmediato la tarea de instalar la
base científica de avanzada de ejército al Pérez de Navío Sobral, llamada así en
homenaje al primer argentino que allá por el año 1902 invernara en la
Antártida. Se levantan carpas para el personal, talleres, y se instalan los
equipos de observaciones meteorológicas.
Es una labor que impone esfuerzos tremendos. Tienen que superar la furia
de las tormentas de viento y nieve.
algunas de las cuales los obliga a permanecer inactivos durante días, tal
la fuerza desatada de los vientos helados en el que la temperatura oscila
en los 50 grados centígrados bajo cero.
Llega el mes de abril de 1965 y uno de los hombres sufre los efectos del
cruento frío. El sargento ayudante Sonny tiene congelado un pie.
El teniente primero médico Thomas considera que el hombre debe ser
trasladado para su tratamiento a la base general belga.
pues corre el riesgo de tener que amputar y los medios allí son precarios.
El capitán Gio, considerando que la noche es polar, está próxima y que el
riesgo de quedar aislados por la oscuridad agravaría la situación,
dispuso con sus hombres acelerar el ritmo de construcción de la base.
El personal redobló sus esfuerzos.
El 2 de abril de 1965,
ya ondeaba majestuosa la bandera argentina al tope del mástil levantado
en base sobral, a los 81 grados de latitud sur y a solo mil kilómetros del
vértice austral de nuestra patria, el Polo Sur.
Fue una verdadera carrera contra el tiempo la que libró este personal para
lograr la instalación de la base que serviría de apoyo a la expedición del
coronel Leal.
Cabe destacar este esfuerzo como homenaje a los hombres que tuvieron que
cumplir la tarea en un medio tan hostil.
De inmediato se inicia el regreso a la base general belgrano del grueso del
destacamento, quedando en Sobral una dotación de cuatro hombres para realizar
las tareas de observaciones científicas relacionadas con la expedición.
Uno de los principales pasos previstos en el plan se había cumplido.
Pasada la noche polar, arriba a la base general belgrano, el jefe de la
expedición, coronel Jorge Edgar Leal, a bordo de un avión DC-3 de la Fuerza
Aérea Argentina, una experimentada y brava tripulación, estaba al mando del
comandante Olesa, y que inmediatamente después cumplirían con la proeza del
vuelo transpolar.
El coronel Leal toma el mando del grupo en todas sus tareas. El capitán Giraud,
jefe de base general belgrano, le informa de todo lo realizado hasta el
presente, incluyendo también los reconocimientos aéreos efectuados.
Cabe destacar que la capacidad y pericia del capitán Giraud y sus hombres habían
reducido el tiempo previsto de 12 meses para las tareas previas a la expedición
a tan solo 4 meses de trabajo.
A su vez, esto posibilitaría reducir en un año... el total del tiempo
considerado para la expedición polar argentina.
El gran día ha llegado. En los talleres subterráneos brujen los motores de los
tractores para verificar una vez más su óptimo funcionamiento.
Existe el nerviosismo de toda inminente partida.
Se acondiciona la carga en los trineos, tambores con nafta, cajones con
repuestos y víveres, como así también equipos en general. Todo lo necesario
para la marcha de 3.000 kilómetros a realizarse.
Realizados los últimos detalles y contando con condiciones meteorológicas
propicias, el personal recibe órdenes de disponerlo todo para la partida.
Es el 26 de octubre de 1965.
Diez hombres rigurosamente seleccionados se despidieron de sus compañeros que
quedarán en la base general Belgrano.
Integra en la columna seis tractores Snowcat, máquinas de gran poder de
arrastre y sustentación sobre la nieve y 20 trineos de carga.
Participa de la expedición una patrulla de trineos de perros al mando del
teniente Goetz e integrada por el sargento primero Villar, el cabo primero
Álvarez y el cabo primero Guzmán. Esta patrulla...
acompañó al grupo de asalto hasta los 83 grados de latitud sur y tenía como
misión específica explorar hacia el oeste y recoger muestras geológicas de
la región.
Un tractor queda aprisionado en la fisura helada. Hay que realizar duros
esfuerzos para sacar el vehículo de esta crítica situación.
Hombres y máquinas tienen que trabajar encordados entre sí para evitar
accidentes de imprevisibles consecuencias, pues nunca se sabe qué
amplitud y profundidad puede tener una grieta. Y así...
durante kilómetros y kilómetros.
La tensión del peligro constante somete a los hombres a una durísima prueba.
El 4 de noviembre, la expedición alcanza la base Sobral, donde son recibidos con
el entusiasmo que es lógico suponer...
por parte de los cuatro hombres que habían quedado allí destacados.
En esta base se reabastecen de víveres y combustibles, a la vez que se trazan los
planes para el gran asalto final.
Las orugas de los vehículos son prácticamente desarmadas para asegurar
su correcto funcionamiento.
En la carpa taller, los vehículos son sometidos a un detallado control de
mantenimiento. No hay pausa para estos hombres.
Señala el trayecto de la última etapa hacia el polo sur.
Tormentas huracanadas y la emboscada artera de las grietas les acompañarán a
lo largo de todo el camino.
Grietas capaces de tragarse la patrulla entera.
Grietas que obligan a tantear el terreno metro a metro.
Pero a despecho de tormentas y de fríos tremendos y grietas profundas, allá van
por la Pampa Blanca diez voluntades criollas en procura de su meta.
Si no surgen dificultades e imprevisibles consecuencias, se espera
cubrir el recorrido en poco más de un mes de marcha. El ritmo no lo impondrá,
por supuesto, la velocidad de los vehículos.
El ritmo lo impondrá el terreno y la habilidad para eludir las grietas y la
fuerza de las tormentas que se desatarán a su paso.
Y la grieta está allí, arteramente escondida.
La caravana se detiene.
Esta vez, la profundidad de la fisura helada es impresionante.
La situación es comprometida para la máquina. Es necesario una habilidad
mayor para salvar el inconveniente y recuperar el valioso vehículo.
Están actuando en una zona de grandes grietas. Y aquí deben extremarse las
precauciones. El terreno ha de ser tanteado con especial cuidado.
Los esfuerzos de los hombres dan sus frutos y el tractor puede reanudar la
marcha.
Ahora son dos los trineos atrapados, uno de ellos en crítica situación.
Se procede de inmediato a su descarga para accionar luego en su rescate.
Lentamente el vehículo tracciona de la cuerda. La situación del trineo es muy
crítica. Finalmente cae destrozado al fondo del abismo.
Se perdieron 8 de los 20 trineos de carga que salieron de base general
belgrano. Algunos quedaron sepultados a cientos de metros de profundidad.
Denudada la marcha, la columna sigue inexorable rumbo hacia el polo sur.
Al alcanzar los 83 grados de latitud sur, la patrulla del Teniente Goetz se
separa del grupo de asalto, como estaba previsto, para dirigirse al oeste a
efectuar mediciones topográficas y recoger muestras geológicas, regresando
luego por sus propios medios a la base Sobral.
Mientras tanto, pocos kilómetros más adelante, La columna mecanizada debe
enfrentar tramos más difíciles.
Grandes montículos de hielo en forma de escalones, algunos de ellos con alturas
de un metro ochenta, y conocidos por la terminología antártica como sastruguis,
hicieron desesperadamente lenta la marcha, a la vez que los trineos de
arrastre iban quedando desechos en el camino.
No cabía la menor duda de que seguir así de nada serviría a los tractores y la
pericia de los hombres si no se contaba con los trineos de arrastre para
transportar el combustible.
que estos debían consumir durante su marcha.
Aproximadamente, unos 600 kilómetros del terreno fue así.
Y de los 20 trineos, porque se había salido de base belgano, sólo 6 llegarían
al polo sur en deficientes condiciones.
a 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar, los temporales se hacen
presentes con más frecuencia y gran intensidad.
En esta época del año, la patrulla va soportando 40 grados centígrados bajo
cero en esas latitudes.
Sin embargo, las tremendas condiciones ambientales, las dificultades y
accidentes del terreno no millan el espíritu de estos hombres curtidos en la
dura disciplina de salvar escollos. Ya sabían que tenían por delante una tarea
agotadora y arriesgada.
pero les anima la fe de vencer y la obligación de un deber que cumplir.
Cabe destacar que la misión científica que debía cumplir la expedición le
exigía realizar observaciones de distinto carácter cada 20 kilómetros del
recorrido. Para ello, debía detener la marcha durante lapsos que iban desde los
20 minutos hasta 4 horas.
Las tareas científicas y de técnica polar fueron uno de los objetivos
fundamentales de esta expedición.
Las experiencias sobre fisiopatología del frío que determinará el
comportamiento humano en estas latitudes.
Sobre geología, para establecer las condiciones del subsuelo helado. De
meteorología, de capital importancia para los pronósticos del tiempo. Sobre
gravimetría, para establecer el verdadero perfil del continente
antártico. Sobre geomagnetismo, para fijar la presencia de minerales. Y sobre
glaciología, para determinar la acumulación y desplazamiento de las
masas de hielo.
Cooperaron para el desarrollo de las actividades científicas, aportando
instrumental y capacitación técnica del personal.
el Instituto Antártico Argentino, yacimientos petrolíferos fiscales,
Servicio Meteorológico Nacional e Instituto Geográfico Militar. Estos
importantísimos estudios, cuyos resultados serán un aporte trascendente
de Argentina a la ciencia mundial, se realizaron durante toda la marcha de ira
y regreso.
La caravana se va acercando lentamente hacia su meta, el Polo Sur.
Corre el mes de diciembre y la columna ha alcanzado los 3.000 metros de altura
de la plataforma polar.
Es su último campamento en el viaje de ida.
Los topógrafos navegadores, según sus cálculos, aseguran que el polo está a
tan solo 44 kilómetros del campamento.
Un último descanso para luego emprender el asalto al polo.
Hemos visto...
A través de estas proyecciones, cuán difícil resulta materializar una empresa
de esta naturaleza. Para demostrarlo una vez más, basta recordar el último día de
marcha cuando la columna se pone en movimiento.
La visibilidad en un trayecto de 40 kilómetros era tan solo de 200 metros.
Apenas se veía de tractor a tractor.
Casi podemos asegurar que la expedición alcanzó el polo sur a tiendas.
Han subido 3000 metros en 45 días de marcha. El gráfico nos muestra la
parte más difícil de todo el recorrido.
Son las 9 de la mañana del 10 de diciembre de 1965.
El polo está a la vista.
La bandera que planta el jefe de la expedición...
Señala el fin del esfuerzo es una verdadera hazaña.
En la tan ansiada meta solo hay 10 hombres, pero representan a muchos más
que se vinculan a este éxito argentino.
La emocionante ceremonia de izar la bandera de la patria al tope del mástil
levantado justo en el centro del polo sur condensa todos los esfuerzos
pasados.
Allí están los diez de la hazaña.
Diez soldados criollos para recordar.
Coronel Jorge Leal.
Capitán Gustavo Giró.
Su oficial principal, Ricardo Cepi.
Sargento ayudante, Julio Ortiz.
Sargento ayudante, Alfredo Pérez.
Sargento ayudante, Jorge Rodríguez.
Sargento ayudante Roberto Carrión.
Sargento primero Adolfo Moreno.
Sargento primero Domingo Zacarías.
Cabo Ramón Alfonso.
La operación 90 al polo sur está cumplida.
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