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¡Gracias!
Gracias.
¿Qué me ves, muñeco?
No te veo.
Va, ¿quién te cae mejor?
¿Quién me cae mejor? ¿De qué o qué?
De yo, Mati. ¿Se dice de Mati o yo?
No, yo primero.
Pero, ¿quién es tu favorito?
Los dos, tontín.
Los dos son mis favoritos.
Eso es trampa.
¡Mamá! ¡Ew!
¡Mamá! ¿Qué?
¡Mamá, Emiliana agarró mis carros!
¡Yo no agarré nada!
¡Claro que sí! ¡No te hagas el loco! ¡Estaban todos regados! ¡Che, enano!
¡Matías!
¡Yo no los agarré! ¡Ay, si los agarró, ¿qué tiene? ¡No pasa nada! ¡No tiene
nada de malo! ¡No seas joista! ¡Pero mamá, papá me los regaló a mí! ¡Y ese no
cuida las cosas!
¡Claro que sí! ¡Además yo no los agarré! ¿Qué pasa?
Es que de nuevo se te putó la canica y ya no te acuerdas.
Matías.
Pues que se tome la pastilla para que se calme.
Matías Camacho, ¿en qué quedamos?
Pues para eso sirve, ¿no?
Eso sí es cierto, chaparrito. No te has tomado la pastilla todavía.
Después de la cena, ¿va?
No, señorito.
Usted se toma esa pastilla antes de que yo me vaya de esta casa, ¿sale? Sí,
mamita. Sí, mamita.
¡Oye!
Mamá, el loco de mí me quiere pegar otra vez. Ya, de pelear en este instante.
Deja de decirle así a Torma.
¡Paren ya!
Bueno.
Rebe.
¿Qué onda?
¿Cómo vas aquí?
Esperándote.
¿Qué?
¿Cómo crees?
¿Cómo crees que te voy a decir que no vengas? O sea...
Cuando tú estés distraída, voy a agarrar a Lola y la voy a disfrazar de
Donatello. ¡No, no es mía!
¿Qué no?
Sí. Y entonces la voy a rayar. No, no, no.
No, pues es que sí. De plano, ahorita ya me coatrapeaste todo.
No.
No, olvídalo. No alcanzas.
Rebe, ¿cómo crees? Ellos ni siquiera saben tu número.
Más bien, yo creo que se vacilaron a tu marido.
No te apures.
Sí, ándale, pues.
Cuídate. Te veo el martes.
Sí. De verdad que no te apures. Ya.
Bye.
Ya me desofrega.
Lleva esta chunga.
¿Alguno de ustedes le habló al marido de Rebe para decirle que no viniera a
cuidarlos? No.
¿Seguros?
Sí, sí.
A lo mejor le llamó el fantasma del señor Loera.
Me da miedo. Cállate.
Para eso. ¿Qué van a decir esas tonteras?
Agarraron mi folder, el vino, donde tengo los documentos de la casa, pues...
¿Entonces no va a venir a ver?
¡Yoko! ¡Yoko, sí!
¡Nos vamos a quedar solos! ¡Nos vamos a quedar solos!
¿Entonces nos podemos quedar solos? Por supuesto que no, señorita.
¿Creen que se van a quedar solos? Le voy a hablar a Ter para que les venga a
echar un ojito al rato.
¡No, mamá! ¡Por favor, no! Ah, bueno, entonces me quedo yo.
Decidan.
Ya nos podemos quedar solos. Yo ya voy a pasar el sexto día y me iba a cumplir
ocho.
Con ese perro, ya.
¿Qué?
Nada.
Bueno, se me duermen a las diez y apagan la tele.
Hasta las 11.
Pero ni un minuto más.
Y me dejan las luces de la casa bien apagadas porque no nos las regalan.
Mamá, ¿es en serio que nos vamos a quedar solos?
Pues sí, chaparrito.
¡Eh! ¿Ya son las palomitas en la olla? Sí. No, a ver, ni se les ocurra.
Estrictamente prohibido. No se me pueden acercar a la estufa. Mucho menos
prenderla. Bueno, y esa chimenea ni siquiera sabemos si sirve, así que
bueno.
Prohibidísimo. Ma, ¿pero podemos pedir pizza?
No, claro que no. Ya saben que está prohibido que venga alguien cuando yo no
estoy en la casa.
Además, tengo mucha comida en el refri. Se me van a echar a perder los mangos de
los Zenon.
Ay, ¿pero Lola se puede dormir con nosotros?
No, cuando tú te vayas a dormir a Lola la pones en su pecera.
¿Pero podemos jugar al Pac-Man?
No, porque el Atari está castigado, acuérdate. Y no quiero que me estén
revolviendo en las cajas. Cuando aprendan a ser compartidos y ya que se
porten bien, yo les ayudo a buscar el Atari. Y ya mañana jugamos a comer
tantas más. No, mi amor, yo soy la que no me ha tocado. Pues sí, pero no se
portan bien. Granujita, cuando yo les ayudo, no entra nadie más.
Chaparrito. ¿Qué hay ahí?
Allá no se abre, ¿eh?
Chaparrito, eso es un cochinero. Y bueno, si llegan a llamar los del señor
Loera, por favor, les dicen que ya vengan por sus cajas y se lleven al
perrito que me está moviendo loca.
¿Eh?
¿El señor Loera está muerto?
¿Qué ideas le estás metiendo a tu hermano en la cabeza, Mati?
Tú sigues así y te voy a castigar la tele, ¿eh? Que sí.
Te lo estoy diciendo en serio.
Y estrictamente prohibido salir a ese patio.
Porque ese perrito no es nada amigable, ¿eh? Sí.
Bueno, no me voy a tardar nada.
Sí, pues, también.
Dame mi besito.
¿Pero aquí yo soy tu favorito?
Ándele, pues.
Ven, te voy a dar las llaves. Por fin, el perro. Por fin, el perro. Por fin, el
perro. Les voy a dejar el número de la casa de Marquito. Yo voy a estar ahí.
Y cualquier cosa que pase, ahí me marcan. Guárdalo bien.
Prohibido subir a la azotea o acercarse a la alberca que está vacía y no
queremos una pata rota. ¿Por qué no?
Estoy hablando en serio, ¿eh?
Chistosito. Si me entero que suben o salen, los castigo y te quedas sin ir al
campamento. Ay, ya, esa es menopáusica.
¿Qué dijiste?
Nada.
Ni sabes lo que es eso.
Nomás repites lo que dicen los parados de tus amiguitos.
Pero a mí me respetas.
Papito, yo sé que te exijo de más, pero eres el hombrecito de esta casa. Tu
hermano necesita que lo cuidemos mucho.
¿Entiendes eso?
Pero ya no es un bebé y yo no soy su papá. Sí, yo lo sé, pero somos un
equipo, ¿sí o no?
Ay, ya sé lo que le pasa.
Ay, lo que tienes que estar haciendo.
Y el hombrecito de la casa.
Sí, por eso tiene esa carita. Porque en realidad lo que está haciendo es... No,
mamá, ya subo, ya.
Bueno, a las 11 de un minuto más, ¿eh?
¿12? Ay, volvemos a las 10.
¿11 y media?
A las 11, granujilla.
Mira, esta larguita es la de la puerta de madera.
La chiquita...
Es la de la reja de metal. Pero las vas a dejar pegadas en la puerta principal
para que no se nos pierdan.
Estrictamente prohibido salir o abrirle la puerta a alguien.
Estas nada más te las dejo para una emergencia, ¿eh?
Sí.
Ay, yo no había despedido.
Ay, ¿y qué? ¿Qué le haces? ¿Qué le haces, payaquito? ¿Qué le haces?
Vas a llegar tarde.
Ya quisieras.
Oye, se diviertan, pero no tanto, ¿eh? Sí.
Ya no se estén peleando. Que sí.
Te quiero. Yo igual. Yo más.
Bye.
Ah, bueno, sin piña. Grande.
¿Cuánto va a ser?
Ok,
sí.
Pero una pregunta, ¿la propina es obligatoria?
Bueno, sí, está bien. Claro.
Sí, no, no pasa nada.
Claro.
Sí,
no, no pasa nada.
Sí,
almost 87.
Ajá.
Sí. Ok, gracias.
Mamá dijo que no le veremos a nadie.
Pero la va a pasar por la rija.
¿Puedo yo también comer?
Solo un pedazo. Si quieres más, me tienes que dar de tu domingo.
Ay, Mati, deja la caricatura.
Esa ya la vimos.
Yo no, no la he visto completa.
De todos modos, te vas a quedar dormido.
Claro que no.
Ay, si no aguantas, vete a tu cuarto.
¿Cómo estás?
¡Ay! Pero quedó reventón.
Sí, ¿verdad?
Bienvenida. Pero ven, ven, ven.
Oye. Qué bien que trajiste lo del contrato. Sí, traje todo.
Qué pena, ¿no?
Venir a tu pachanga, a negociar. Pero qué pena yo contigo.
¿Por qué?
No sabes, el licenciado se tuvo que ir. Traía un cohete que para qué te cuento.
Y no regresa hasta marzo por eso de la candidatura.
¿Cómo crees? Sí.
Te lo hubiera firmado con los ojos cerrados. ¿De quién estás hablando?
Vengo exclusivamente a firmar esto. Yo no puedo pagar esa tasa, Luzardo. Pues
sí, pero ¿qué te digo?
Solamente queda que nos dejemos ir con el alcohol y disfrutar y ya.
Hijo mío.
Ay, yo dejando todo.
¿Qué?
¿Qué?
Ay, ¿te lo creíste?
Pues, por supuesto que no se ha ido. Es de carrera larga.
Ahorita lo atrapamos y vas a ver que es a toda madre.
A ver, también.
¿Pero qué quieres tomar?
No, yo agüita mineral.
¿Cómo que agüita mineral? Por supuesto que no. Tenemos que celebrar que tienes
tremenda peso. No, no la tengo. Falta firmar acá. No, nada de eso. Ya es tuyo.
No, no. Muy bien.
Así que vamos a relajarnos, vamos a pasarla bien, vamos a aprovechar ese
escote de infarto que traes para que te firmen otra hipoteca.
Eres un mento, eres una peor.
Somos, somos, Juanita, somos, sí. Pero bueno, mira, allá hay botanas, acá están
los tragos, ahorita te preparo uno.
Pero oye, ¿cómo está Em? Bien.
Le acaban de ajustar el medicamento, pero lo veo muy bien.
Oye, ¿me dejas tu teléfono para hacer una llamada rápida?
Claro, sí, ya sabes, al fondo. Gracias.
de terror otra vez.
Cholo, no aguantas nada.
Sí aguanto.
¿Y si no qué?
Me tomo la pastilla. Pero si aguanto, te la tomas tú.
Imagínate morir así despansurrado.
Así no vale.
¿Ves? No aguantas nada.
Miedos. Apenas se está poniendo buena.
Es que esa es trampa. Tú me espantaste.
Ya cámela, te voy a acusar.
¿Qué pasó?
No sé.
¿Qué fue eso?
¿Qué? ¿No escuchaste?
No.
Ya, Mati.
Eso no es verdad.
Matikis.
No puedo, ¿verdad?
Eres un tonto. Ay, ya, Emiliana, no seas llorón.
No, es que todo el tiempo me estás haciendo bromas.
Ay, ya, no pasa nada.
Sí pasa.
Perdóname, es una bromita chiquita. No, ninguna broma chiquita. Ay, ya,
perdóname.
Ya.
No, no te perdono.
¿Por qué no?
Anda, perdóname. Ya, eres el peor hermano del mundo. Ya no quiero nada.
Ay, ya, perdóname.
¿Dónde están, papi?
Bien, aquí viendo caricaturas. Llegamos a cenar.
Ay, qué bueno, papi.
Mira, yo ya estoy aquí en casa de Marquito y no me tardo.
Ya llego en un rato.
Pero necesito que me hagas un sabor muy, muy importante.
Se me olvidó darle la pastilla a tu hermano, caray. Necesito que se la des
tú ahorita. ¿Dónde está? La dejé ahí encima de mi tocador. Ahí está el
frasquito. Ok.
Pero necesito que se la des.
Sí, ahorita que suba se las doy.
¿Cómo? ¿Que suba de dónde? ¿Dónde está?
Está en la cocina, pero ahorita viene.
Matías, no quiero que estés molestando a tu hermano.
Vas, lo encuentras y le das la pastilla en este instante o no vas al campamento,
¿me oíste?
Siempre me quieres casigar por todo.
No, no se trata de eso, papito. Te estoy encargando algo realmente importante.
No le abren a nadie. Yo ya llego en un rato.
Te quiero papi. Bye.
Ay, ay, ay.
Catalina Camacho.
Sí.
Marcela Linares. Como los cadetes de Linares.
Trabajo con el licenciado.
Ay, ya me acordé.
Pues claro, de la subasta de la casa.
Ahí te vi, que traje esto. Sí, sí, felicidades. Gracias, me traje aquí todo
ahorita porque hay que resolver cositas.
Mira, aquí entre nos, yo pensaba que esa maldita casa nunca se iba a
vender, pero Dios es grande y se logró, se logró.
Así que felicidades, fue una ganga.
Sí, no, la verdad es que sí, sí lo fue.
Pero bueno, todavía no puedo decir que es mi casa, casa como tal. No, pero no,
no. ¿Ya te mudaste?
Sí, Marquito me ayudó a instalarme con el depósito de garantía, pero la verdad
es que mi contrato tiene un error en la cifra. Le dejaron la de la primera
moneda y tiene que tener la de la tercera subasta que fue por la que yo
pujé. Pero ya le hice los cambios. ¿Tercera subasta? ¡No, hombre!
Deberías decir séptima.
No, fue la tercera. Bueno, ya no sé si fue la séptima cuando salió pública al
mercado, pero el caso es que la casa nomás no se vendía. ¿Por qué?
¿Cómo no sabes?
¿Cata?
Sí, ahí voy.
Permíteme tantito. Tengo que ir, pero me interesa mucho que me cortes. Sí, sí,
sí. Y yo igual, ¿eh? Tengo que ir al baño. Ya voy.
Marcelita, no me atreves.
Ya voy, ya voy.
Tú sígueme la corriente en todo, ¿ah?
Para que se acuerde de ti.
Bueno, pues así va a estar canijo que nos prene, ¿no? Pues claro, aquí todo el
mundo le está haciendo la barba.
Como lo tienen de candidato a la Suprema. ¿A la Suprema Corte, no?
Sí.
¿Tú qué crees?
Que le estaba haciendo esta fiesta nada más porque sí.
Marquito, tú nomás no das pasos sin huarache, ¿verdad?
No te preocupes, ahorita lo quechamos.
¿Qué haces, enano?
Dice mi papá que ya no me estás molestando, que si no, vas a ver.
¿Voy a ver qué?
Me llamó mi mamá y me dijo que te tienes que tomar la pastilla ya.
No quiero.
Me dan pesadillas.
Jaime, tómatela, o si no, no te va a tocar más pizza.
¿Sabes dónde está mi chamarra de puntitos?
Hazte, andas buscando la tal.
No es cierto.
Bueno, si mamá pregunta, le voy a decir que no quisiese tomártela.
La doctora le dijo, mamá, que siempre vas a estar enferma y siempre vas a
tener que tomarte la pastilla.
Ya, Mati. Eso no es verdad.
Esto no lo regaló Marina y Lea, ¿verdad?
No, fue mi tijuana.
Ay, estás bien tonto.
Tú estás bien tonto. Si te tomas la pastilla, te ayudo a buscar el Atari.
¿En serio?
Sí.
Bueno, pero si lo encuentro primero, juego antes.
Y si tú lo encuentras, juegas.
¿Sí?
¿Y para cuándo la inauguración, Catita?
Pues para cuando quiera.
Digo, la casa está enorme, ¿no? Y además dejaron un montón de cosas en el lote
encantado, así que si se les ofrece algo, mira, ¡hasta dos niños!
De hecho, yo estaba detrás de una chiquita en bulevares, pero ahí Marquito
encontró esta joya en el muro de embargos y pues mira, la verdad, para lo
que salió, sí es regalada.
Seguramente está embrujada.
¡Ay, ya no seas payaso! ¡No me vas a dejar dormir en la noche ahora!
¿Y cómo están tus monstruos?
Ay, no son monstruos. Mis chavos se portan a todo.
Van a cagar.
¿Y si los pegamos?
¿Cómo crees? Ya valimos, enano.
Tendrás que decirle a mamá que es tu culpa.
¿Qué? No, ¿yo por qué?
Porque eres el conceptido de mamá y seguro te perdonan.
Pero si tú fuiste quien eligió esa caja.
Nel, fuimos los dos.
Y aparte ya va a ser tu cumpleaños, no te va a regañar.
Esa no es de las que compró mamá.
¿Y si la sacamos?
Sí.
No aguas, Mati. Una vez mi mamá se contó con eso. Ay, ya no seas lacatón.
Ya.
Mejor ábrela acá, que me da miedo.
Miedos.
¿Qué es todo esto?
Mati, ¿qué es?
Son cosas de brujería.
¿Como en el maleficio?
No, mejor.
No puedo creer todo lo que tenía aquí el señor Loero.
¿Qué es?
Una ouija.
La ouija es una tabla mágica que le puedes pedir cosas.
Se lee la peli de calaveras aztecas que tú... no acabaste de ver por sacatón.
Pero si le caes bien, hasta te puede cumplir un deseo.
¿Qué vas a pedir?
Ser hijo único.
Ah, ¿sí? Pues yo también.
Y ojalá te amaras y que mi mamá se olvide de ti para siempre de los
siempres. Ay, ya, Emiliana, es broma.
Además, para eso tendrías que sacrificar a un animal como Lola o hacer un pacto
de sangre.
¡Ya! Ándale, solo una gotita.
No, no quiero, Mati. Ya, Emiliana, ni te iba a hacer nada.
Ya mejor guárdale y veamos, Caris. Ándale, Rajón. Igual ya está. Nos dice
dónde está el Atari.
Pero ¿y si se nos mete el diablo?
¿Cómo crees? Esto no es el diablo.
Solo es un juego.
¿No hay turista?
Mejor ve. Se pone las manos y con la imaginación se mueve.
Solo cierra los ojos para que funcione.
Hija, ¿el Atari está en la sala?
No, no.
Tú la estás moviendo para asustarme. ¿Yo?
¿Yo? Claro que no.
Sí, sí la estás moviendo.
Eso es para darme miedo.
Ay, ya.
Bueno, está bien. Sí, fue una broma. Pero ándale, juega. Bueno, tú solito,
muévela. Para que veas que yo no la estoy moviendo.
Bueno, no, los dos, pero yo hago las preguntas.
Hija, el latario está en el... Ya no quiero,
Mati. ¿Qué tal si es un fantasma?
¡Es papá!
¡Es papá!
¡Sí, es papá! ¡Es papá, Mati! ¡Es papá!
Sí, pues ya vi, mira.
Tiene un corto.
Bueno, a ver si nos acabamos de acordar en una semana.
¿Están solos?
No, el barro acaba de llegar.
Justo ahí arriba.
Bueno, bueno, Chismiero entregó la pizza.
¡Uh, qué genio! Aquí está, pagollana sin piña.
Sótala por los barrotes.
A mí que lo fuera a asaltar, ¿o qué?
Pásala. Pero conste, que se apachurra no hay devolución, ¿eh?
No leas.
Órale, pues.
Ahí te va.
Dos mil ciento sesenta.
Uy, chao, ¿no tienes cambio?
Pues te puedo traer el cambio en un ratito.
¿Y si no me divisa?
Pues me reportas ahí en la pizzería o me acusas con tu papá.
Ya te dije que sí regreso, pues ni qué fuera qué o qué.
Bueno, pero sí regresas, ¿verdad?
Ya te dije que sí.
Cuídense, encerrense bien, no se les vaya a meter a alguien.
Vamos a ir, espérate.
Si le dices a mamá que jugamos a bujear, no os tenas, ¿estamos?
Sí. ¿Me lo prometes?
Sí, te lo prometo.
¿Me lo juras? Sí.
Si no, no se ven las pizzas, ¿eh? Que sí, ya.
Bueno, vamos arriba.
¿Ahora qué?
Nada.
Seguro ya andas viendo cosas por no tomarte la pastilla.
Ya vamos.
No, para que se entrate.
De ti, ¿no, Marcelita? ¿Otra?
Yo vengo manejando solo. Ah, ya, no te chiones.
Relájense. Hay que aflojar el esqueleto, que es lo único que vamos a dejar en
este mundo.
¡Salud! ¡Vámonos!
¡Salud! Anda, brava, Marcelita, ¿eh?
¡Habla! Como debe ser.
¿Todo bien?
¿Eh? ¿Sí?
Sí. Sí, quedé pensando.
Ya, Catita, vamos a relajarnos, vamos a advertirnos.
Seguramente tus enanos ya están dormidos.
Además, no es como que los hayas dejado solos, ¿no?
¿Ya viste quién es la jarra?
Bueno, pues ahorita lo pescamos.
¿Sí?
Pari, ¿a dónde, enano?
Ya te comiste tus dos rebanadas.
No, Mati, no seas así. Dame otra.
Bueno, solo si me sirve de refresco.
Está bien.
Aquí tienes.
Gracias, esclavo.
Ahora puedes tomar otra rebanada.
Gracias.
Pero... Lánzate por los pangos, ¿no, esclavo? No quiero.
Ándale. No, es que todavía no me acabo mi pizza.
¿Y eso qué?
Yo la pagué, así que vas. No, Mati.
Además, allí está la ouija.
La ouija está guardada. No te va a pasar nada. Me da miedo.
Bueno, chinchampú. No, soy malísimo. Siempre me ganas. Pues juega bien. Vas.
Chinchampú. Piedra, papel o tijera.
Vas, Mati, vas.
Revancha, revancha. No, yo gané, Mati, no.
No, dos de tres.
Bien.
Chin, champú, piedra, papel o tijera.
Chin, champú, piedra, papel o tijera.
¡Gané! ¡Gané, Mati, gané!
Vas, Mati, te toca ir. Vas por los mangos. Vas, Mati. ¿Sabes qué? Al cabo
ni quería.
Pero si quieres, ve tú.
Uf. No, Mati, no. Ya, quítala, Mati, no.
No quiero.
Ay, la Cuyoncita está llorando.
Ya te dije.
¡Que no cambies!
¡Me da miedo!
¡Ay, el fantasma! ¡El señor lo era! ¡Ya, Mati, ya!
Uy. Uy.
Amiga, amiga, amiga
¿Qué es eso?
Ay, ya. Te voy a poner un poquito más para que no se te infecte.
No, no quiero.
No, ya, sí.
Ay, ya.
Chillón, no aguantas nada.
Esto es una verdadera cortada.
Cuando chocamos, yo me doblé el brazo y me pegué en la cara. Y tú te
estampaste contra la puerta del coche.
Y mamá, pues, descubrió... ¡No!
¿Y te acuerdas?
¡Sí me acuerdo!
A mi mamá le escurría la sangre por toda la cara hasta acá y nos decía, es una
cortadita, es una cortadita, es una cortadita.
Y a ti te salía sangre por toda la boca.
Y a mi papá se salió por la ventana y tú lo veías.
Embarrado en el piso con toda la sangre, con la cabeza abierta y una flecha
enterrada en la nuca. ¡Cállate!
¡Ni te acuerdas! ¡Por tu culpa se murió mi papá! ¡Porque no dejaba de llorar y
no te quedabas quieto!
habla.
¿Tienes un cigarro?
Uy, gracias.
Oye, así, por favor, a detalle.
¿Por qué se tardó tanto en vender la casa?
Aquí, entrénos.
Es que tú no sabes nada, ¿verdad?
Bueno, detalle, detalle, ¿no?
Bueno, ya.
Pero tampoco es que seas supersticiosa, ¿o sí?
Lo normal, como cualquiera.
Conste. Pero yo no te dije nada.
No, no me dijiste.
que yo tuve que regresar todavía el mes pasado a la casa a sacar a una señora
que se había metido allí.
Ah, ¿y la hija de Lola?
Su hija era la amante.
Se metió a la procura para instalarse en un médico. Entonces ella es la que me
está a marca y marca, la que tiene lo del perrito. ¿Hay cosas en la casa? No,
no, no, no, reina. Nadie tiene por qué estarte marcando.
¿Qué? No, pero, mira, si yo fuera tú, no la dejaba ni pisar la casa. Hazme caso.
¿Pero por qué?
Porque es gente especialita. ¿Por qué? ¿Sabes algo?
Bueno, sé todo.
Si nosotros fuimos los que sacamos a Loera de la casa hace casi siete años.
No, hombre, fue todo un show.
Mira, desfile de abogados, periodistas, oficiales, policías.
Oye, eso no es todo.
¿Pero qué pasó?
O sea...
¿Pasó algo?
Toma esto.
¿Qué te dijo mamá que no podíamos salir?
¿Qué haces con el escote?
Mira, la caja de mi papá.
¿Y si la abrimos?
Pues te cuento, corazón.
Loera se dedicaba a la suplantación de identidad. Le hizo fraudes a
aseguradoras inmobiliarias, a un banco, hasta al colegio de sus hijas. A todos
se los bailó. Es que ese cabrón se metía en todos lados como si fuera polvo.
Y claro, al principio, pues, él era muy hábil y era muy simpático, muy
encantador y todo.
Pero de repente, ¡zas!, se las aplicaba.
¡Oh! ¡La ballesta de papá!
¿Y si la probamos?
Lo era. Era una persona de mierda.
¿Sabes qué hacía?
Enemistaba a los socios.
Hasta que quebraron las empresas para poder cobrar los seguros por follar. Era
un profesional falsificando cartas, faxes, contratos.
Hasta para fingir voces era bueno.
No, voce no, no es muy peligrosa.
Mejor déjanselo a los profesionales. Además, para eso necesitas estar muy
grande y fuerte como yo.
Está muy dura.
Solo jálale fuerte, mira.
Acuéstate, mira.
A ver si tú muy fuertote.
La bronca, pues, es que se empezó a meter con gente más pesadita.
Traficantes y esas cosas.
Políticos.
Y ahí fue donde lo pescaron. Se la quiso hacer al sobrino del licenciado, pero a
mi jefe le salió más cabrón que bonito.
Y, bueno, ya la última casa que confiscamos, pues, fue la tuya.
Licha. Sí, sí, sí.
No, pues toda una fichita.
Fichota.
¿No te digo que tenía amor lazada en el closet a la esposa?
¿Qué?
La secuestró y el muy cínico le quería pedir rescate a sus suegros. No
inventes. Sí.
Y eso no es todo, ¿eh?
Eso no es todo.
Mati, préstame la mati. Claro que no.
Siento, pero cuando los alcanzo... Una cachulito, tenemos que hablar.
¿Me quieres explicar cuándo pensabas contarme de las finísimas personas a las
que les quitaste la casa?
Pinche Marcelita Arbuender.
¿Qué te dijo?
Todo.
¿Todo, todo?
Pues, no sé si todo, todo, pero sí bastante.
A ver, Cata.
Que este tipo estuviera loco es una cosa, pero...
Que haya matado a la esposa no tiene nada que ver.
Mató a la esposa.
O sea, no solo la secuestró, también la mató. Eso es lo que dicen.
¿Y cuándo pensabas decirme todo lo que dicen?
¿Es relevante?
Te estás llevando una ganga. Y sabes que este tipo de propiedades tienen su
historia.
Dime que no pasó en la casa.
Que no la mató en la casa donde ahora viven mis hijos.
Bueno,
ahora sí a tomarse la pastilla.
No quiero y tú no me puedes obligar. Ah, ¿no?
¿Quieres ver cómo te la tomas sin que te toque un pelo?
¿Cómo? Conste, tú lo pediste.
Si te tomo la medicina, te digo dónde está Lola.
¿Qué? ¿Qué le hiciste, Mati?
Ahorita nada. Pero si no te la tomas, no la vas a volver a ver jamás. Y cuando
estés dormido, se la voy a dar a comer a Porfirio.
A ver, ¿la boca?
¿O la lengua?
¿Ves? Qué fácil.
Ahora dame a Lola.
¿La quemaste?
No seas tonta.
¿Cómo la voy a quemar?
Mamá la dejó aquí, en el canazo de ropa.
Ya sácalo, ha de estar espantada.
Ahí está, ya no.
¿Ya ves?
Si tuvieras tomado la pastilla, nada de esto hubiera pasado.
El vidrio no se había roto y la vajilla tampoco.
¿Qué le hiciste?
escuchando bien.
¿Qué te hizo tu hermano?
No quiero que se estén peleando.
Matías, ¿le diste la pastilla a tu hermano? Sí o no, contéstame, carajo.
No quiero tomársela.
Matías, te pedí que me ayudaras con esto.
No, que me eches más broncas.
Ya tengo suficiente con tu hermano. Échame la mano, carajo.
Llevo toda la pinche noche intentando dársela, pero no quiere.
Dos cosas.
Primero, tú no me hablas así. Cuando llegue a la casa, te lavo la boca con
jebol. Y la segunda, no tiene que ser tan difícil darle la mendiga pastilla a
tu hermano. Si no lo puedes hacer, te quedas en el campamento de verano. ¿Me
oíste? Pero, mamá.
No, ya me hartaste.
Estás castigado, no vas al campamento.
Pero, ¿por qué carajo?
Te calmas.
Te calmas, muchachito.
Estás castigado. Y si no le has dado la pastilla de aquí a que yo llegue a la
casa, estás castigado por el resto de tu vida. ¿Me oíste?
Matías.
¿Por qué rompiste mis fotos?
Yo no hice nada. ¿Cuáles fotos, Mati? Yo no hice nada.
¿Con quién estabas hablando, chismosa?
Con mi papá. Ya, no digas pendejadas.
Pinche mentiroso ardido.
¿Con quién estabas hablando, chismosa?
Me quiere matar.
Cállate, claro que no. Me está ahogando.
Ya cállate.
Suéltame. Ya, no se lleven tan pesado, que se les puede pasar la mano.
Estúpida, a mí va a salir sangre.
Toma.
Ey, si necesitan algo, me puedes hablar a la pizzería. Sí, va bien. Ey, ¿no
gustas dejar propina?
¿Qué te pasa? Es un idiota, Marco.
Puse todo lo que me quedaba en esa subasta. No se vale.
Por eso, piensa en tus hijos.
Piensa que es una herencia que les dejó su papá.
Y si te da mucha cosa lo de lo era, pues la vendes al año y le sacas el doble o
el triple.
Siete años se tardaron en encontrar esta pendeja que les comprará su pinche casa.
Si seguro la voy a vender.
No.
Ay, Mario.
Disculpe. ¿La está amorizando ese chamaco baboso?
Alex. No, no, lo que pasa que yo ya me iba y aquí Marquito no me deja.
¿Cómo que sí?
Con esta lluvia, ¿no?
Además es bien temprano y sobre todo no nos han presentado como se debe.
Alejandro Gaviria.
Encantado.
Encantada, licenciado, pero bueno, en realidad usted y yo ya nos conocíamos
del juicio de la casa de Olmos 87.
Claro, la postura ganadora.
Mira qué suertuda.
Muchas felicidades.
¿Contenta, no?
La casa necesita unas reparaciones, pero está muy bien. Bueno, bastantitas,
licenciado, bastantitas. Dime, Alex.
Sí, sí, sí.
Pues, felicidades por lo de su nueva candidatura, por lo de tu candidatura,
Alex. Muchas gracias, chula. Ya me tocaba, ya me tocaba. Sí.
Por cierto, me dijo Marcelita que tenías unas dudas sobre...
nuestra sentencia, pero mi gente es muy efectiva para redactar, entonces... No,
de hecho, no son dudas, es que quedó la cifra de la primer subasta y en realidad
es un error. No, no, eso sí, es una broncototota, corazón.
No, ¿cómo que?
Vamos a arreglar, faltaba más.
Por cierto, me dijo Marcelita que traes el contrato corregido. Sí, está
corregido. Sí.
Bueno, vamos a tomarnos una copa para que me cuenten todo.
Es que yo mejor no, porque vengo manejando sola. De hecho, yo ya me iba.
¿Qué importa?
Si se te sube un poquito, vamos, te llevan un chofer.
Y Marco mañana te lleva el coche a tu casa, ¿o no, Marco? Por supuesto,
licenciado.
¿Te ves algo? ¿Quieres que te quedes otro ratito?
Con esta lluvia, ¿cómo?
No te ríes.
Dejan, vengan, vengan por acá.
Ábreme, porfa. ¡No quiero!
Necesito las llaves para cerrar afuera. Si se mete alguien nos ve, peor a los
dos. ¡Que ya te dije que no!
Si te tomas la pastilla y me das las llaves, te juro que me he hecho la culpa
de todo, ¿va? ¡No quiero!
¿Por qué no?
¡Gracias!
¿Tengo un error?
Si no escriturábamos lo de la primera puja, no podíamos sacarlo de nuestra
comisión. ¿Captás?
Yo siempre pensé que compré a precios de Alemania.
Es que no lo explicaste bien, Marquina.
Eh, sí, licenciado, lo que pasa es que por la situación del difunto esposo de
Cata, mi despacho y yo estábamos de acuerdo en reducir nuestro porcentaje de
la comisión. Ah, bueno, si quieres.
Ustedes háganse bolas. Pero lo que es mi gente y yo no podemos dejar de cobrar.
Es por mi gente, ¿me entiendes, no?
No cuento con la cantidad.
Vaya, ni siquiera si meto el seguro de vida de mi marido me alcanza. No
podría... Pero mira, perdón que te interrumpa, perdón que te...
La verdad es que es un terrenazo.
Yo sé que la casita tiene su mala reputación, pero mira... Gracias,
compadre, gracias.
¿Por qué?
¿Por qué qué?
Porque la mala reputación. Y lo que pasa, licenciado, es que Marcelita la
puso al tanto de... Pues de todo.
Mira, la casita tiene sus ondas, pero la verdad es que es una gran inversión.
Te entiendo.
Y lamento lo de tu pérdida, yo también soy viudo.
Pero entiéndeme tú a mí.
Yo tengo que sacarlo de mi gente.
Y por lo que me dice Marquitos, tú eres un agente fuerte, una mujer.
Disculpe, tengo que hacer una llamada urgente.
Como ves.
¿Estás bien?
¿Qué tienes?
Es que mi coco no se iba a morir. ¿Cómo?
¿Quién se iba a morir? No sé.
¿Qué pasó, mi catita? ¿Nos dejasteis hablando solos?
Nada, disculpa, licenciado. Tenía que hablar con mis hijos.
Tienes dos, ¿no?
De siete y diez.
Esas edades son preciosas.
¿Qué, nos tomamos el último trago?
No, de verdad, muchísimas gracias, pero yo ya no... Te voy a preparar una bebida
sin alcohol mientras revisamos lo del contrato.
Mañana te vas a sentir como nueva.
Licenciado, ¿le puedo hacer una pregunta?
Dime, Alex, cariño.
¿Es cierto que Loera mató a su esposa?
Para ofrecerla como sacrificio.
Hazme un rechingado favor, qué pinche loco, ¿no?
La mayoría de las cosas que dicen son puro pinche chisme.
que si la esposa estaba embarazada cuando la mataron, que si la amante
sacrificaba animales para revivir a los jefes de loera, que si espantan.
Pura pinche marihuanada.
Pero lo que sí pasó, y me consta porque yo lo vi con mis propios ojos, es que
después de unos días de colgado, la soga ya no aguantó el peso de su cuerpo. Y
como tenían un perro para sacrificar y no había comido no sé en cuánto tiempo,
Cuando encontramos al pendejo de Luera, el animal ya se había comido su cara y
las partes blandas.
Eso sí pasó.
Eso es karma, ¿no?
¿Tú crees en las historias de aparecidos?
¿Usted sí?
No.
Pero si creyera, no me gustaría que ese cabrón fuera fantasma de mi casa.
Hay gente mierda y estaba él.
Lo hacía por joder, porque lana no le faltaba.
Pero para que ya no te sugestiones, ¿por qué no me vendes la casita?
La verdad es que no me gustaría que quedaras insatisfecha con nuestra
sentencia.
O si prefieres, vamos a mi departamento y ahí nos arreglamos.
¿Qué te pasa?
Se les acabó su pendeja y la comisión a su despacho de mierda.
Si quieres contentar a Alex o revenderle la casa, ¿por qué no te lo coges tú?
Pinche marco.
¿Está bien, licenciado?
Estoy bien, estoy bien.
por tu pinche culpa.
Gracias.
¡Ah!
¿Listo para llegar, mamá?
¿Listo para llegar, mamá? ¿Listo para llegar, mamá?
¿Listo para llegar, mamá? ¿Listo para llegar, mamá?
¡Atención!
Perdóname. No te quise hacer daño. Solo te quería espantar.
No, Mati.
Perdóname.
Tú siempre fuiste favorita de papá.
Mi papá me dijo que uno de nosotros se tiene que morir para que uno se vaya con
él y que otro se quede con mi mamá.
Por eso creo que va a ser mejor que tú te vayas con él.
Además, no lo vas a sentir.
Ya llegamos, monstruitos.
¡Múrale, qué casota!
¿Les gusta?
¡Sí! Ay, qué bueno, porque aquí vamos a vivir muy felices muchos años.
Seguro que está embrujada.
¿Maldita? O espanta.
Oye, cállate, claro que no.
Todas las casas grandes tienen fantasma o tesoros.
Matías Camacho, deja de espantar a tu hermano. ¿Podemos subir a los cuartos?
Con cuidado.
¿Puedo bajar a Lola?
Ahorita que nos instalemos, chaparro.
y se acercan, aléjense.
Está mansito, mamá. ¿Cuál mansito?
Dice que se llama Porfirio.
Gracias.
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